Czytaj książkę: «Enamorada De Una Estrella»

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Victory Storm


Enamorada de una estrella

Tabla de contenidos

  ENAMORADA DE UNA ESTRELLA Victory Storm

  PRÓLOGO

  1.

  2.

  3.

  4.

  5.

  6.

  7.

  8.

  9.

  10.

  11.

  12.

  EPÍLOGO

ENAMORADA DE UNA ESTRELLA
Victory Storm

Texto copyright © 2020 Victory Storm

Correo electrónico de la autora: victorystorm83@gmail.com

http://www.victorystorm.com

Traductor (inglés à español): Arturo Juan Rodríguez Sevilla

Editorial: Tektime

Este es un trabajo de ficción. Los nombres, personajes, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son producto de la imaginación del autor o se usan ficticios.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte del libro puede ser reproducida o difundida por ningún medio, fotocopias, microfilm u otro, sin el permiso del autor.

Portada: diseño gráfico Victory Storm - Enlace: https://stock.adobe.com

Leny tenía solo dieciséis años cuando se quedó sola tras la partida de su querida prima Emily y su mejor amigo Chris en busca de suerte en el mundo del cine.

Han pasado siete años desde entonces y la vida de Leny es ahora una caída al abismo después de perder su trabajo y dejar a su novio, mientras que las dos personas más importantes de su vida se han convertido en famosos de Hollywood.

Justo cuando todo parece perdido, los célebres Emily Keys y Chris Hailen regresan a su ciudad natal.

¿Podrán Leny, Emily y Chris superar esos largos años de distancia y volver a encontrarse?

¿Logrará Leny confiar en su prima y declararle por fin sus sentimientos a Chris?

PRÓLOGO

Octubre de 2011

Los conductores terminaron de cargar el equipaje en los dos coches negros, demasiado lujosos para no atraer las miradas curiosas de todo el pueblo.

―Este es el momento de la despedida ―dijo la madre de Emily con los ojos aún hinchados de llorar, después de los últimos días que había pasado discutiendo para acabar rindiéndose tristemente a la decisión de su hija y permitir que se fuera para buscar su destino y hacer realidad sus sueños.

Emily corrió hacia ella entre lágrimas de exaltación y ansiedad por esa partida inminente y bastante precipitada.

―Me encantaría que pudieras venir conmigo ―le susurró al oído mientras la abrazaba con fuerza.

―Sí, a mí también, cariño ―suspiró dolorosamente su madre, pensando en las obligaciones que la mantenían anclada a ese pequeño pueblo y sus habitantes. Tenía un trabajo y su jefe se había negado a concederle un permiso de tres meses, amenazando con echarla. No podía dejarlo y quedarse sin dinero. Tenía responsabilidades y ahora estaba sola. Además, si las cosas no le iban bien a su hija, tendría que volver a sostener económicamente a las dos. A eso se sumaba que no podía dejar sola a su hermana, cuyo marido se había esfumado, dejando de contribuir al sustento de la familia.

―Ya verás, pronto será Navidad. No habrás tenido tiempo de echarme de menos y ya estaré de vuelta―le aseguró Emily, separándose de su madre con una de esas hermosas sonrisas suyas que podrían contagiar de felicidad incluso a la persona más enfurruñada y triste del mundo.

―Por favor, ten cuidado.

―Ya tengo dieciséis años. He crecido y la señora Martens va a cuidar de mí todo el tiempo.

Después de separarse de su madre, que parecía incapaz de soltarla, corrió a abrazar a su prima, que estaba rígida y temblorosa al borde de la calle.

―¡Oh, Leny! ¡Te voy a extrañar mucho!

―Yo también ―susurró su prima intentando controlar las lágrimas con un esfuerzo casi sobrehumano. Sumergida en el pelo sedoso y rubio de Emily, olía su perfume por última vez, sabiendo que nunca lo olvidaría.

Emily había sido como una hermana para ella durante todos esos años vividos en la casa conjunta, compartida por las dos familias desde que murió el padre de Emily, cuando ella tenía solo dos años.

Desafortunadamente, la soledad también había afectado a su tía, abandonada por su traicionero y falso marido, que la dejó sola con una hija pequeña y un mar de deudas.

Así las cosas, las dos hermanas se armaron de coraje y se fueron a vivir al campo en una casita que dividieron en dos apartamentos.

Emily vivía con su madre en el piso superior, su tía y Leny vivían abajo.

Las dos niñas nacieron en el mismo año y tuvieron que compartirlo todo debido a las dificultades económicas de sus madres, por lo que se habían hecho muy cercanas y se querían mucho.

Pero ahora el destino había decidido separarlas, y aunque a Leny le hubiera gustado gritarle a su prima que no se fuera, no podía hacer eso. Ella sabía lo mucho que esa oportunidad significaba para el futuro de su prima y, en el fondo de su corazón, sentía que esa decisión llevaría a Emily a lo más alto, como ella deseaba: ¡quería convertirse en una estrella de cine!

Aunque esa inminente separación la hiciera sufrir, nunca jugaría la carta del chantaje emocional. Sabía que tenía que dejarla ir. Por su bien.

Pensando solo en eso, Leny pudo retener sus lágrimas y mostrar una de sus características sonrisas tímidas.

―Prométeme que no me olvidarás ―dijo Emily abriendo sus ojos azules con esa mirada mustia y encantadora que la haría ganar el favor del público.

―¡Eso es imposible! Siempre estarás conmigo. En mi corazón ―respondió Leny con su voz tímida y dulce.

―Sabes que me será difícil comunicarme contigo, pero te juro que cada noche, antes de acostarme, miraré al cielo y te desearé buenas noches.

―¡Oh, Emily! ―susurró su prima, volviendo a abrazarla por última vez antes de que llegara la señora Martens, preocupada por perder el vuelo.

―Emily, debemos irnos. Es tarde ―dijo en su habitual tono enérgico.

Las dos primas se miraron por última vez prometiéndose en silencio que nunca se olvidarían la una de la otra.

Leny hubiera querido seguir a Emily hasta el coche, pero el dolor por su partida no le permitió mover un músculo y la chica pronto fue escoltada por su madre y su tía para el momento de los últimos consejos.

Leny tardó un tiempo en poder moverse, y se acercó al otro coche, que estaba esperando todavía aparcado en el estrecho camino de tierra, un poco detrás del otro.

De repente, el dolor por lo que estaba a punto de pasar se hizo tan agudo que la dejó sin aliento.

Ese día no solo estaba saliendo de su vida por los próximos meses o años la que era más que una hermana para ella, sino también su mejor amigo.

Ni siquiera podía imaginar cómo sería ir a la escuela sin Emily y su aura de belleza, que solía llamar la atención de los chicos más lindos y a veces la protegía de las malas compañeras que se burlaban de ella por sus orejas, ligeramente sobresalientes.

Como si eso no fuera bastante, también se encontraría sin él.

Chris.

Su mejor amigo, con quien ella y su prima pasaban todas las tardes, a quien miraba a menudo desde la ventana de su habitación, que se abría directamente frente a la suya.

Durante toda su infancia tuvo su grupo de amigos, pero debido a su exagerada timidez, solo su prima y Chris se habían ganado su confianza.

Él era el único que la hacía reír y liberaba la charlatanería que ocultaba a todos los demás.

Tal vez porque era dos años mayor que ellas, o porque lo habían puesto al cuidado de su abuelo después de haber perdido a sus padres.

En cualquier caso, Chris era el único que podía vencer su miedo por el mundo exterior y… hacer que su corazón latiera rápido.

Cuando oyó el ruido metálico y crepitante de la vieja puerta de la casa del abuelo de Chris, el corazón de Leny dio un brinco.

Se giró y vio al chico acercarse caminando con su único pariente vivo, que le estaba dando el último consejo.

―…es importante. Ese mundo es inseguro.

―Ya me lo has dicho, abuelo.

―Recuerda siempre cuál es la verdadera brújula de la vida.

―Lo haré, abuelo.

―Tu corazón, muchacho. Tu corazón. Ni dinero ni fama, como intentarán hacerte creer ―sermoneó el viejo mientras se acercaban a la señora Martens para obtener las últimas explicaciones sobre el viaje.

Chris se detuvo.

Estaba nervioso y su cara estaba cansada y afectada. Había pasado los últimos días sin dormir tratando de decidir si esta era la elección correcta: dejar a su abuelo, a sus amigos, su casa para ir al extranjero y convertirse en actor.

Finalmente había tomado la decisión, pero ahora, frente a la mirada temerosa y desconcertada de Leny causada por la alteración y el cambio, sentía una punzada de indecisión en su corazón.

La vio acercarse a él asustada y temblorosa, ceñida en su chaqueta vaquera.

―Emily ya está en el auto ―le avisó en voz baja, tratando de no mirarle a los ojos porque temía no poder contener las lágrimas. Esa sería la última vez que hablaría con él en mucho tiempo.

¿Cómo podría dormirse sin la compañía de aquella lámpara encendida hasta altas horas de la noche o salir con el resto del grupo sin su presencia para protegerla y tranquilizarla?

Pero, sobre todo, ¿cómo podría vivir sin tenerlo cerca cada día de su vida?

De repente, abrumada por las emociones, se cierra aún más la chaqueta.

―¡Estás temblando! Deberías ponerte algo más calentito, si no quieres resfriarte ―se preocupó él inmediatamente, frotando vigorosamente sus brazos y luego su espalda para calentarla.

Pocos segundos después se sintió sobrecogida por uno de los abrazos más cálidos y dulces de Chris.

¿Cómo podría dejarlo ir?

No podía.

Presa de sus propias emociones, se encontró llorando silenciosamente contra el pecho del chico.

Lo abrazó instintivamente con todas sus fuerzas.

―Te echaré de menos, Leny ―confesó él besando su pelo castaño claro.

Ella deseaba poder decirle que también lo extrañaría mucho, pero se quedó callada temiendo no poder controlarse y acabar rogándole que no se fuera.

―Pero tengo que hacerlo. ¿Lo entiendes? ―continuó con voz decidida y seria―. Te prometo que me convertiré en un actor rico y famoso, y te compraré una casa para ti y para tu madre. Te haré feliz.

¿Pero qué sería la felicidad para ella si él no iba a estar cerca?

Lentamente se apartó de él y le miró a los ojos, a pesar de que las lágrimas le empañaban la vista.

Se perdió en esos fantásticos ojos verdes que siempre la miraban con cariño y dulzura.

Ella sabía cuántas dificultades había tenido que enfrentar en su joven vida, y ahora el destino le estaba dando la oportunidad de cambiar su futuro como a menudo había deseado.

―No me importa si te conviertes en un actor rico y famoso. Solo deseo que seas feliz.

«Incluso aunque sea sin mí».

Ella lo vio dudar y agarrarse la mandíbula con nerviosismo, sus ojos estaban acuosos por la tristeza.

A pesar de las lágrimas en su cara, con forma de corazón, ella sonrió tímida y simplemente le rozó la barbilla afeitada con las yemas de los dedos.

Sorprendido por ese toque inesperado, agarró la mano de ella y la llevó a su corazón.

Siguieron mirándose fijamente hasta que el peso del momento se hizo insoportable.

―¿Me extrañarás, Leny? ―preguntó con voz ronca, rodeando su cara con sus manos.

La pregunta entró como un tsunami en la ya débil psique de Leny, y ella estalló en un gemido incontrolado que la hizo casi caer.

Afortunadamente Chris seguía abrazándola fuerte y eso evitó que cayera al suelo.

Tan pronto como Leny volvió en sí, Chris relajó su abrazo y los dos se encontraron perdidos el uno en los ojos del otro.

Aunque se conocían desde que ella tenía solo tres años, en los últimos dos las cosas habían cambiado. Leny había empezado a mirarlo de una manera distinta y deseaba un contacto físico más cercano con él.

Como las otras chicas, ella también había empezado a mirar a los chicos bajo una luz diferente de un tiempo a esta parte, y miraba a Chris por la ventana cuando se desvestía, lo que la confundía y desconcertaba, pero nunca había querido investigar a fondo el motivo de su curiosidad, ya que le importaba demasiado su amistad y el equilibrio que existía entre Chris, Emily y ella.

Es más, rara vez había estado a solas con él, sin la presencia cautivadora de Emily, con quien Chris compartía muchas pasiones, como la de actuar. O sin la multitud de chicas que a menudo seguían a Chris tratando de captar su atención, atraídas por su buen aspecto.

Pero ahora estaban solos.

Nadie los miraba.

De repente, los ojos de Chris se iluminaron con un brillo desconocido para Leny.

―Chris… ―suspiró afligida.

Ella lo vio desviar la mirada de sus ojos a su boca, y antes de que pudiera darse cuenta, los labios cálidos y suaves de Chris estaban en los suyos, estremeciéndose.

Un beso. Ese beso fue suficiente y finalmente abrió la cerradura del corazón de Leny, que descubría el amor por primera vez. Amor de verdad. El que va con A mayúscula.

Ella sintió su boca moviéndose sobre la suya, mientras ese nuevo sentimiento inundaba su corazón hasta dejarla sin aliento.

Cuando Chris se separó de ella, se encontró jadeando.

Se pasó la lengua por los labios ardientes. Sabían a lágrimas y a él.

Nunca olvidaría aquel sabor tan dulce y masculino al mismo tiempo.

Su corazón seguía martilleando frenéticamente en su pecho, cuando escucharon la voz de la señora Martens llamándolo para que subiera al coche.

Ese momento mágico de ternura se desvaneció en un instante, dando lugar a la más oscura desesperanza.

Leny deseaba con todas sus fuerzas gritarle que no se fuera, porque lo amaba. Ahora lo sabía. Estaba muy segura, pero su mente le impedía poner fin a los sueños de Chris por puro egoísmo. ­

―Leny, ¿me extrañarás? ―le preguntó con voz rota.

―Yo…, no sé cómo podré seguir sin ti, sobre todo porque he entendido que te quiero.

―Leny, una palabra tuya será suficiente… Solo una y me quedaré aquí. Contigo.

¿Cómo podía cargarle esa responsabilidad?

¿Cómo podría ser ella la que eligiera entre hacer realidad su sueño de amor o el sueño de él de triunfar en el mundo del espectáculo?

Ella realmente deseaba declararle sus sentimientos y permanecer en sus brazos para siempre, pero se dio cuenta de lo injusto que sería cortarle las alas.

­Un prometedor director de cine había visto en él un talento natural y una futura carrera como actor. ¿Cómo podía quitarle todo eso?

Se obligó a sí misma a apartarse de él, con la certeza de hacerlo solo por el amor infinito que sentía por él, y él quedó abatido.

―Debes irte o perderás el vuelo ―logró decir ella tratando de mantener la voz firme.

―Leny, yo… te…

―Estaré bien. No te preocupes.

―¿En serio?

Lenny asintió intensamente, sentía que había perdido el control de su dolor.

―Volveré pronto ―susurró casi tan sorprendido como ella.

Ella consiguió sonreír por última vez antes de darse la vuelta y volver corriendo a casa, mientras su corazón se rompía en mil pedazos.

―Cuida de mi abuelo. ―Esas fueron las últimas palabras que escuchó de Chris antes de llegar a la puerta de su casa y cerrarla tras ella.

Ni siquiera escuchó los coches arrancando ni las últimas despedidas a gritos de su madre y de su tía, porque en cuanto la puerta se cerró tras ella, cayó al suelo rota de dolor.

Un dolor oscuro y profundo que rompió su alma.

Y esta vez no había nadie para consolarla. Ni siquiera Emily.

1

Abril de 2018

―¡Tengo que dejar de perderlo todo! ―se dijo Leny a sí misma molesta, cerrando la sexta caja llena de las muñecas que había compartido con Emily a lo largo de su infancia.

No podía evitarlo: no podía apartarse de nada que la recordara los felices días pasados con su prima, antes de que un famoso director de cine se fijara en ella y la arrastrara al brillante mundo de Hollywood, del que nunca regresó.

Habían pasado siete años y apenas había visto a Emily y, aunque era más fácil hablar con su agente, la señora Martens, que con ella, nunca dejó de tenerla presente.

Además, la serie de televisión Love School, que la había catapultado, iba ya por la sexta temporada y Leny podía ver a su prima en la tele todos los martes por la noche.

Estaba muy orgullosa de ella y, aunque la había echado de menos durante todos estos años, era feliz por lo que había conseguido: ¡ser una estrella de cine! ¡Lo que siempre quiso!

Enjugándose las lágrimas por el recuerdo de todas las veces que había sufrido por su ausencia, tomó otra caja para meter las carpetas con todos los recortes de prensa que había guardado en aquellos años: desde las primeras reseñas sobre la protagonista de la nueva serie Love School, sobre sus apariciones en fiestas VIP, sobre sus coqueteos con algunas de las jóvenes y más famosas estrellas de la época, el anuncio que había hecho, los cientos de entrevistas en las que a veces incluso había insinuado su fantástica relación con Leny…

Desafortunadamente, en todas esas publicaciones no se hablaba solo de ella, también de Chris Hailen, el nuevo ídolo que había llevado al éxtasis a miles de fans y había vuelto locas a decenas de actrices y cantantes, incluso a la famosa Shannon de F3 y a Donna, con quien había tenido una trepidante historia de amor dentro de la serie Love School.

Tanto Emily como Chris salían guapísimos en cualquier situación y siempre aparecían junto a otras personas famosas.

Las últimas fotos los mostraban siempre juntos, después de haber anunciado su noviazgo, como si hubieran escuchado los años de rezos y oraciones de los fans para que los dos protagonistas de Love School, Sarah y Max, acabaran juntos también en la vida real.

Con manos temblorosas, Leny abrió el último álbum que había hecho para Chris.

Habían pasado siglos desde que lo había abierto por última vez, pero esa sonrisa fugaz y dulce de hacía siete años todavía estaba grabada en su mente, y aunque el refrán «ojos que no ven, corazón que no siente» fuese cierto, tampoco funcionaba para ella, porque no había ninguna revista, programa de entrevistas o de radio que no hablara de la vida del muchacho y de sus locuras y sus problemas con el alcohol.

Amar a alguien que estaba tan lejos y tan… fuera de su alcance era demasiado doloroso.

Agotada y con gran pesar, Leny cerró el álbum suavemente, tratando de no aferrarse a las imágenes del fascinante y arrebatador chico de la portada.

Puso los últimos artículos, que no estaban en la lista de la carpeta, y empujó todo contra el fondo de la caja, deseando poder enterrar sus sentimientos también. Finalmente selló la caja con doble cinta y la empujó al interior del armario junto con las otras, había estado recogiendo todo en el último mes porque tenía que dejar su piso, al haber perdido su trabajo en el bufete de abogados Marshal & Son.

Afligida por los últimos acontecimientos de su vida, que no había dejado de empeorar desde que las dos personas más importantes de su vida se marcharon, fue al baño a tomar una larga ducha revitalizante antes de salir para casa de Arthur.

Dos horas más tarde regresó a Pieville, el pequeño pueblo donde había pasado toda su infancia y adolescencia con su querida prima Emily, con la que también había compartido casa, y con Chris, que vivía en la casa de al lado con su abuelo, Arthur Hailen.

Para no levantar sospechas, Leny esperó unos minutos más antes de ir a casa de Arthur.

No le había contado a nadie su despido, con la esperanza de que pronto encontraría otro trabajo, pero no le estaba siendo nada fácil.

Habían pasado veintisiete días y ocho entrevistas, pero seguía desempleada en ese momento y si no se iba pronto de su piso, empezaría a endeudarse y perdería el coche que estaba a punto de terminar de pagar.

Con un largo suspiro, Leny salió del auto y caminó temerosa hacia la casa del abuelo de Chris.

―Arthur, soy Leny ―exclamó al entrar en la casa del viejo, preocupándose por no encontrarlo frente a la televisión viendo alguna película de detectives.

―Leny ―murmuró el hombre con voz jadeante desde el dormitorio.

Nerviosa, Leny corrió a la habitación, donde encontró a Arthur acostado en la cama con respiración irregular.

―Has estado trabajando en el huerto de la cocina otra vez, ¿verdad? ―le reprochó Leny inmediatamente, observando las botas manchadas de barro a los pies de la cama, antes de ir a la cocina a por las píldoras que le habían recetado en el hospital después de su ingreso por la grave bronquitis que le había mantenido en cama durante todo el mes de febrero.

Tan pronto como Leny le ayudó a tomar la medicina con un vaso de agua, Arthur se relajó y su respiración volvió a su cadencia habitual.

―Arthur, tienes ochenta y dos años. A tu edad no puedes permitirte hacer… ―le empezó a decir Leny, pero la mirada furiosa y despectiva que siempre mostraba cuando alguien hablaba de su vejez la interrumpió.

―Soy viejo, no discapacitado ―dijo con aspereza.

―Lo sé, pero no quiero que te esfuerces. Acabas de salir del hospital y aún no te has recuperado. Sabes que te voy a ayudar con la huerta ―le recordó ella, feliz de haber cuidado de ese pobre anciano durante todos estos años… y no solo porque Chris se lo pidiera antes de irse.

―Lo sé, pero tú trabajas y no quiero molestarte ―murmuró con una extraña luz en sus ojos.

―Aunque trabaje, vendré a verte todas las noches y pasaremos los fines de semana sembrando lo que quieras, ¿vale?

―Pero tu trabajo…

―Sí, pero no debes preocuparte por eso.

―¿No debo?

Lenny asintió alegremente, tratando de ocultar el sentimiento de culpa por la mentira que acababa de contarle a la única persona en la que le había confiado totalmente en los últimos cinco años.

―Eso es extraño… llamé a Andrew Marshall esta mañana para preguntarle por su padre, que tiene Alzheimer, y me dijo que te despidió hace un mes ―murmuró, fingiendo indiferencia, mientras que sus ojos entrecerrados connotaban algo completamente diferente.

La sonrisa de Leny desapareció de inmediato.

Debería haber imaginado que Arthur lo descubriría tarde o temprano gracias a su amistad de toda la vida con el padre de su ex jefe. De hecho, ella había conseguido ese trabajo como secretaria en el bufete nada más terminar la secundaria gracias a Arthur, en primer lugar.

―Lo siento… Te lo quería contar, pero no sabía… ―susurró Leny con culpabilidad, manteniendo la mirada baja en sus zapatos negros y pulidos.

―La gente dice que te despidieron porque le tirabas los tejos a Andrew.

―¡Eso no es verdad! ―gritó Leny indignada.

―Eso es lo que dije yo, y cuando le pedí que me explicara, empezó a murmurar algo sobre la crisis y los recortes.

―La verdad es que perdí mi trabajo por culpa de esa víbora de Pamela, la nueva esposa de Andrew Marshall. Nos despidió a mí y a Laurel porque somos jóvenes y solteras. Temía que nos acostáramos con el monstruo de su marido. Nos acusó de coquetear con él y nos despidió. Bastará con que nos dé la indemnización.

―Lo siento, pero no entiendo… Tú no estás soltera.

―Lo dejé con Travis hace unos días ―confesó la chica, sonrojándose por la enésima mentira de la conversación y tratando de no especificar que estaba hablando de cincuenta y seis días.

―¿Por qué no me sorprende? ―soltó Arthur, tratando nerviosamente de levantarse de la cama.

―Pensé que era el correcto, pero no funcionó. Cosas que pasan ―se justificó, esperando evitar la inminente reprimenda.

―¡Eso es lo que dices siempre, Leny! Es una pena que tus amoríos no duren nunca ni tres meses. Estaba seguro de que Travis y tú ya os habíais separado hace un par de meses.

¡Viejo zorro!

―No es fácil.

―Nunca será fácil si sigues amando a mi estúpido nieto ―gritó Arthur de repente atormentado, como siempre que hablaba de Chris.

Un nudo en la garganta le impidió a Leny responder.

―Leny, querida, yo te quiero mucho, de verdad, pero tienes que dejar de aferrarte al pasado. Chris no va a regresar y tú eres demasiado hermosa para desperdiciar tu juventud por alguien que no está aquí ―dijo Arthur con gesto dolido debido a la distancia con su amado nieto.

―Chris volverá ―susurró Leny, tratando de consolar el alma turbada del viejo.

―¡No, no lo hará! Está demasiado ocupado viviendo como una estrella de Hollywood para acordarse de su abuelo. ¡Lo único que sabe hacer es llenar mi cuenta bancaria con cantidades tan altas que no podría gastar en dos vidas! ―gruñó el anciano, que se había negado en todos esos años a gastar ese dinero en algo que no fuesen sus cuidados médicos y en una mujer que cuidaba la casa y de las comidas diarias entresemana.

―Arthur, ¿por qué no lo llamas? ¿Por qué no hablas con él? ―le preguntó una vez más inútilmente, conociendo su naturaleza terca y orgullosa.

―Absolutamente no y tú tampoco, te lo prohíbo.

Leny asintió, dándose por vencida. Era inútil hacer razonar a Arthur.

Todavía recordaba la bronca que tuvieron cuando lo llevaron al hospital por un ictus que, por suerte, solo le afectó ligeramente el funcionamiento de su pierna derecha, o la que tuvieron después de su ingreso el mes pasado.

Leny lo había cuidado y apoyado todo el tiempo. Sabía que Arthur no quería molestar a su nieto. Pero ella no estaba de acuerdo. A menudo había pensado traicionar la confianza de Arthur y llamar a Chris, pero nunca lo hizo. Solo una vez, después del ictus. Aquella vez contestó el agente de Chris, y aunque Leny insistió en hablar directamente con él por un problema familiar, el agente no la dejó.

Finalmente se había dado por vencida para hablar con Chris, y había decidido hacerse cargo de la situación y tratar de convencer a Arthur para usar el dinero de su nieto en renovar la casa y hacerla más accesible, por sus dificultades para caminar, y en contratar a un cuidador o enfermero que pudiera ocuparse de él mientras ella trabajaba.

También habían hablado de contratar a un jardinero alguna vez, pero a Leny le encantaba trabajar en el jardín, así que al final eso se había quedado en nada.

―Como quieras, pero no puedes seguir así con Chris. Él te quiere, lo sabes. Solo intenta hacer realidad su sueño y convertirse en alguien ―lo defendió Leny.

―¿Convertirse en alguien? ¿Te refieres a un actor alcohólico que entra y sale de rehabilitación?

―No podemos entender la presión a la que Emily y Chris están sujetos. No debe ser nada fácil tener éxito en ese campo y a ese nivel. Pero Chris es un chico listo y seguro que la segunda vez ha sido también la última. Hace trece meses que no tiene esos problemas ―le informó, recordando la última entrevista de Chris en la que hablaban de sus problemas con el alcohol.

Declaró que había perdido la cabeza, pero que ahora la había encontrado de nuevo. Leny recordó también cómo se puso la mano en el corazón mientras lo decía, y unos meses después, salieron unas fotos de Chris en el Caribe, saliendo entre las olas del mar con la rosa de los vientos tatuada en su pectoral izquierdo hinchado y duro, como resultado de un entrenamiento muy estricto que había fortalecido su cuerpo hasta dejarlo en perfecta forma.

―Cuando llegas a tener una adicción así, ya no estás haciendo realidad tu sueño, sino que estás cayendo en el abismo, Leny. También se lo he dicho a él ―le recordó Arthur, arrugando la frente al pensar en su última conversación, cuando claramente le había dicho que no llamara más si no quería volver a casa, y que se guardara el dinero para sí mismo.

Rindiéndose a la terquedad de Arthur, Leny terminó de prepararle la cena y ordenar su cocina y su antes de salir a ver a su madre al otro lado de la calle.

―Si necesitas dinero, yo… ―le ofreció Arthur antes de que se fuera.

―No, estoy bien. Tenía algo ahorrado ―mintió la muchacha, ya que no quería limosnas.

―No importa. Me llevas al banco el lunes y te hago un depósito ―insistió antes de dejarla marchar. Ayudarla económicamente ahora que estaba desempleada era lo menos que podía hacer después de todo lo que ella había hecho por él en todos esos años sin pedirle nada a cambio.

Tan pronto como entró en casa de su madre, Leny comenzó a zigzaguear entre las muchas cajas que llenaban el pasillo.

―¿Te mudas? ―preguntó Leny preocupada al entrar en la cocina, donde su madre preparaba carne asada para la cena.

―No. Son los últimos regalos de Emily. Puse tu nombre en los que son para ti.

―¿Más ropa? ―preguntó resoplando.

―¡Ropa, zapatos y maquillaje! ¡No puedes creer todo lo que hay ahí! También está el último disco de F3 con un autógrafo y una dedicatoria para ti ―explicó su madre, siempre alegre.

Leny intentó mostrar la misma felicidad, pero no pudo.

Odiaba ser la prima friki que siempre llevaba ropa de diseñador gracias a su prima actriz.

Nunca llegó a entender si la gente que la rodeaba la apreciaba por sí misma o por ser la prima de la famosa Emily Keys. Incluso el grupo de amigos de la escuela secundaria con los que se reunía algunos sábados por la noche nunca había mostrado interés real en ella, aparte de considerarla una fuente de cotilleos sobre la vida estelar de su prima y de Chris.

Leny cargó con los paquetes para unirlos a los que se amontonaban en el fondo del trastero.

Luego volvió a entrar y, deseando que no hubiese más sorpresas, se sentó a la mesa donde su madre ya había servido la carne asada al vapor.

―¿Cómo va el trabajo? ―preguntó su madre, antes de tomar un gran bocado de carne asada.

―Bueno… ¡esta carne está excelente! ―dijo Leny apresuradamente.

―Me alegro. Ya sabes, con esta crisis… ¿Crees que podrían contratar también a Mary, la hija del panadero, en el bufete de abogados? Lleva un año en casa y no encuentra un trabajo fijo.

―No creo. Pero preguntaré.

―Gracias. ¿Y cómo te va con Travis?

Leny hizo un esfuerzo para evitar atragantarse con la carne.

¿Era posible que su madre tuviera la capacidad de hacer las preguntas más incómodas en el peor momento?

―Muy bien ―murmuró su hija, llenando su boca con otro bocado a la vez.

―¡Qué bien! Creo que Travis es el hombre adecuado para ti y además es policía. Siempre es cómodo tener un policía en la familia.

―Claro ―dijo Leny en voz baja, sufriendo por ese interrogatorio.

Afortunadamente el teléfono de su madre empezó a sonar.

Era Rose, la madre de Emily.

―¡Es Rose! ―exclamó feliz como una niña. Desde que su hermana empezara a pasar la mayor parte del año con su hija en Los Ángeles y en el set de Love School, la madre de Leny realmente esperaba con ansias las llamadas de su hermana porque la extrañaba mucho.

―Me voy ―advirtió Leny, levantándose de la mesa. Sabía que su madre desaparecería durante al menos una hora y quería huir antes de que le hicieran más preguntas incómodas.

―Termina tu cena.

―Es tarde, y le prometí a Travis que iría al cine con él esta noche ―mintió descaradamente, antes de que su madre se retirara a su habitación para hablar alegremente con su hermana.

Despejó la mesa a toda prisa y sin perder un minuto se dirigió al coche aparcado en el pequeño y mal iluminado camino de tierra.

Tan pronto como cerró la puerta, empezó a respirar de nuevo.

Ni siquiera se había dado cuenta de que había estado manteniendo la respiración todo el tiempo.

¿Cómo había llegado a aquella situación?

¿Cómo había podido mentir tan descaradamente a su madre y a Arthur?

¿Cómo podía creer que si escondía sus problemas, desaparecerían sin más?

¿Cómo creía que podría superar todo eso sola?

Lágrimas cálidas recorrieron su cara, haciendo también que el rímel waterproof finalmente se le corriera.

Mantuvo la cabeza agachada sobre el volante durante mucho tiempo, llorando desesperadamente.

No sabía por qué estaba llorando.

Solo sabía que se sentía terriblemente sola.

Soltó un quejido que había estado acumulándose los siete años que había pasado sin su prima y sin la presencia y el amor de Chris.

Se había lanzado a construir una vida falsa con un buen trabajo, un novio, una casa hermosa para que todos se sintieran orgullosos de ella, pero al final todo había caído como un castillo de naipes y finalmente se veía obligada a enfrentarse a esa soledad y desesperación a la que había tratado de ignorar todos esos años.

2

Al día siguiente, Leny se levantó tranquila, tratando de empezar con buen pie y actitud optimista, pero todavía estaba haciendo café cuando Diana, la cuidadora de Arthur, la llamó por teléfono.

―Diana, ¿qué pasa? ―Leny inmediatamente se preocupó. La última vez que Diana la llamó, Arthur estaba en el hospital por una crisis respiratoria.

―El señor Arthur… ha tenido un ataque al corazón. Lo están llevando al Hospital Federal… parece serio.

Leny no preguntó nada más.

Se vistió apresuradamente y corrió a la sala de urgencias, donde estuvo esperando al médico durante veinte minutos, y cuando llegó, en seguida le explicó que la situación era grave.

―Su edad, su insuficiencia respiratoria y ahora también su corazón… Lo siento, pero no quiero engañarte. Debes prepararte para lo peor. Deberías llamar al nieto ―dijo el cardiólogo especialista, llevándola a la habitación donde se estaba Arthur.

Leny se acercó a él y le apretó la mano, con el corazón roto al verlo tan pálido, conectado a un respirador artificial y con una docena de electrodos para controlar el ritmo cardiaco.

―Por favor, Arthur. No puedes hacerme esto ―le susurró angustiada a su cuerpo dormido.

Sintiendo que le fallaban las piernas, se sentó y dejó que la angustia la abrumara. Gracias al cielo que estaba sola.

Pasaron muchas horas hasta que Arthur se despertó, pero el respirador no le dejaba hablar y finalmente se rindió y se volvió a dormir.

Leny pasó todo el día en el hospital, tratando de encontrar una solución o una cura con los médicos, pero sin resultados.

―¿Por qué no te vas a casa y descansas? No puedes hacer nada aquí. Es sólo cuestión de tiempo ―le sugirió la enfermera.

Agotada como estaba, decidió ir a casa de Arthur a buscar un pijama y otras cosas que pudiera necesitar. No quería rendirse a lo inevitable.

Ella pelearía. Nunca se rendiría.

Aunque fuera un anciano, Arthur seguía siendo un hombre fuerte y muy vivo.

Pero tan pronto como entró en la casa, sintió que el mundo se derrumbaba sobre ella.

Trató de armarse de valor y de poner algo de ropa en una bolsa, pero a medida que avanzaba por la casa, percibía una sensación cada vez más fuerte de muerte frente a ella.

Contrariada, se dejó caer en la cama.

Abrió un cajón de la mesita de noche.

Había una foto de Arthur con Chris de bebé en sus brazos.

Tomó la foto enmarcada en sus brazos y se sintió desfallecer.

Decidió llevársela a Arthur.

Iba a cerrar el cajón cuando vio un trozo de papel con un nombre y un número, con la letra de Arthur.

Era el número de Chris.

Cuando Arthur sufrió el ictus, él le hizo prometer a ella que nunca llamaría a Chris por él y ella aceptó, aunque a regañadientes.

Pero ahora sentía que ya no podía mantener esa promesa.

Tomó el pedazo de papel con las manos temblorosas y sollozando.

Cogió su móvil y marcó el número.

Ella no había oído la voz de Chris en muchos años y su corazón empezó a latir muy rápido, pero sintió náuseas cuando pensó en lo que le iba a decir.

Después de una larga serie de tonos, Leny escuchó una voz agitada y estridente en el teléfono.

―¿Chris? ―preguntó preocupada.

―No, soy su agente.

―Lo siento. ¿Puedo hablar con él? ¡Es una emergencia! Su abuelo…

―Escucha, no tengo tiempo para tonterías. Llama a otra persona.

―¡Pero es el abuelo de Chris! Se está muriendo ―gritó Leny furiosa por la insensibilidad del hombre.

―Chris está rodando una escena en el plató en este momento.

―¡No me importa para nada! ¡Tengo que hablar con él inmediatamente! ¿Lo has entendido? ―Leny estaba cada vez más furiosa, asolada por el tipo de gente que rodeaba a Chris. No le sorprendía que hubiera empezado a beber con gente así a su alrededor.

El agente murmuró algo grosero, pero al final llamó a Chris, quien se puso al teléfono poco después.

―¿Abuelo? ―preguntó vacilante.

Escuchar la voz de Chris, aún más profunda y cálida que en el pasado, le puso el cerebro en órbita.

Era diferente de la que sonaba en las películas.

―Chris…

―¿Leny? ¿Eres tú? ―susurró el hombre débilmente.

―Sí… Lo siento, pero tu abuelo está enfermo… Muy enfermo… Tuvo un ataque al corazón y… ―intentó explicarlo, pero no le salían las palabras. ¿Cómo podía decirle que su abuelo se estaba muriendo?

―Tomaré el primer vuelo y llegaré ―contestó.

No pudo decir nada más porque la línea se cortó.

Tomaré el primer vuelo y llegaré. Pronto volvería a ver a Chris. ¿Cuánto tiempo había estado soñando con ese momento? ¿Cuánto deseaba volver a verle, abrazarle fuerte y… besarle?

Qué pena que ocurriese en una situación así.

Preferiría esperar siete años más, si eso significaba darle a Arthur más años de vida.

No pudo dormir esa noche por temor a una llamada del hospital.

Las calles seguían desiertas cuando, a la mañana siguiente, se dirigía al hospital.

Diana, que había pasado la noche allí, estaba agradecida por el relevo temprano y se marchó.

Leny se quedó sola con Arthur, que aún no se había despertado, así que empezó a deshacer la bolsa, a llenar el armario con las mudas de ropa y un pijama, y puso la foto en la mesita junto a la cama.

―Gracias ―murmuró Arthur débilmente, recién despertado, viendo a Leny poner el retrato sobre la mesa.

―¡Arthur! ―exclamó Leny ansiosa, dejando caer algunas lágrimas de alivio.

―Me estoy muriendo.

―No digas eso. Ya se te pasará.

―Soy viejo, Leny. No le temo a la muerte. Por fin podré volver a abrazar a mi hijo y a mi esposa.

―Oh, Arthur…

―Solo lamento no poder volver a ver a Chris, pero si lo ves, dile que lo amo. Siempre lo he amado y solo deseo que sea feliz.

Leny se agradeció a sí misma en silencio por haberlo llamado.

―Estoy segura de que volverá pronto y que podrás contarle todo eso.

―Le has llamado, ¿verdad?

Leny asintió lentamente, intentando enjugarse las lágrimas de la cara con la manga de la sudadera.

―Prométeme que le dirás lo que sientes cuando… ―le intentó decir ella antes de que una nueva crisis respiratoria hiciera sonar la alarma del aparato conectado a su corazón.

Leny, asustada, salió corriendo de la habitación para pedir ayuda y unos segundos después, un médico y una enfermera entraban, pidiéndole a ella que esperara fuera.

―Por favor, no te mueras ―repetía Leny mientras caminaba por el pasillo de un lado a otro como un animal en una jaula.

Pasaron unos minutos antes de que la puerta de la habitación volviera a abrirse.

―Lo siento, pero no creo que el señor Hailen sobreviva el día ―le advirtió el médico, antes de que lo llamaran para una nueva emergencia.

Leny decidió pasar el resto del día en el hospital rezando para que Chris llegara lo antes posible.

Afortunadamente, a la hora del almuerzo, su madre le avisó que iba al aeropuerto a buscar a Chris, Emily y su hermana Rose.

Parecía que todo el mundo quería estar cerca de Chris en un momento tan difícil.

Aunque Leny no había desayunado, no tenía ganas de comer ni una rebanada de pan. Un té aguado y demasiado dulce de la máquina fue suficiente.

Estaba a punto de sentarse junto a la cama de Arthur cuando se despertó de nuevo.

―Leny, querida… ―murmuró con voz áspera.

―¡Arthur! ¿Cómo te sientes? ―preguntó Leny inmediatamente, acariciando su rostro hundido y arrugado.

―Tengo… sed ―consiguió decir.

Leny le sirvió un poco de agua fresca en un vaso de plástico del hospital.

Luego se acostó en la cama, haciendo espacio con la rodilla y ayudándole a levantar la cabeza.

Debido a su peso, ella lo ayudó con las almohadas, y luego lo sostuvo con su delgado brazo para que pudiera tomar pequeños sorbos.

Unas pequeñas gotas cayeron de las comisuras de su boca, mojando las sábanas.

―Te traeré una servilleta o formaremos un lago ―susurró suavemente, tratando de estirarse aún más hacia el otro lado, donde estaba la mesita.

―Te ayudaré ―una voz familiar prorrumpió detrás de Leny. Una voz que reconocería entre mil gritos.

Nerviosa y feliz, se dio la vuelta y se encontró a un metro del cuerpo alto y fuerte de Chris.

Buscó sus ojos esmeralda, pero un enorme par de gafas de sol escondían su mirada y no dejaban vislumbrar su estado de ánimo.

―Las servilletas están en el primer cajón de la mesita ―pudo decir ella intentando concentrarse en el peso de Arthur, que le cansaba el brazo.

Como hipnotizada, vio a Chris moverse rápido hacia la mesa de noche y tomar unas servilletas de papel, que luego puso en el pecho de su abuelo.

Distraída por los ataques de tos del viejo, Leny puso toda su atención en él.

―Arthur, bebe un poco más ―lo invitó, tratando de que se incorporara.

Chris entendió sus intenciones y la ayudó a levantar a su abuelo para que pudiera beber más fácilmente.

Arthur pudo entonces beber más cómodamente y mantener la mirada en el último en llegar, aun estando agotado por la enfermedad.

En cuanto terminó de beber, Leny lo hizo recostarse de nuevo, colocándole mejor las almohadas y tratando de tantear cortos roces con el brazo de Chris, que todavía sostenía los hombros del anciano.

―Chris ―murmuró Arthur, una vez acomodado.

―Abuelo. ¿Cómo estás? ―preguntó el nieto quitándose las gafas y agachándose sobre él para besarle la frente.

―Soy viejo.

―Os dejo solos ―Leny interrumpió, sonriéndole.

―Chris, gracias por pedirle a un ángel que me cuidara todos estos años.

Leny quería darle las gracias, quería decirle que lo amaba, pero el dolor de la situación le impidió decir nada. Esbozó una sonrisa que apenas concordaba con las lágrimas que salían de sus ojos hinchados, fruto de los últimos acontecimientos.

Intentó mirar a Chris, pero sus lágrimas se lo impidieron.

―Estaré fuera.

Cuando salió, Leny se encontró en los brazos de Emily.

―¡Leny, mi niña! ―exclamó su prima feliz, envolviéndola en una nube de perfume.

―Em… Emily… ―murmuró Leny, impactada por el contacto con la chica que quería más que a una hermana.

Cuando se separaron, se miraron felices y preocupadas.

―Leny, te extrañé tanto.

―Yo también te he echado de menos. ¿Cómo estás? ―le preguntó, sintiendo que sus ojos temblaban por la emoción.

¡Emily había vuelto! ¡Estaba con ella otra vez!

Había deseado tanto tenerla cerca de nuevo.

¡Necesitaba tanto sentirse querida y escuchada!

¡Ella se había sentido tan sola últimamente y por fin la chica que más amaba en el mundo estaba de vuelta con ella!

Sonrió con confianza: las cosas mejorarían ahora. Estaba segura de eso.

―¡Me siento genial! ―exclamó Emily eufórica, envuelta en su aspecto de superestrella, con los altos tacones de sus Jimmy Choo―. No te pregunto lo mismo, ¡porque te ves terrible!

¡Tan terrible como han sido estos siete años!

Ella deseaba responder a su prima, pero Chris salió entonces de la habitación de Arthur.

Volvía a llevar gafas de sol, pero una lágrima solitaria mostraba su dolor.

―Está muerto.

―¿Muerto? ―Leny se sintió perdida.

Se habría caído al suelo si su madre no hubiera corrido para sujetarla, mientras Emily abrazaba al chico en sus brazos para consolarlo.

Ella deseaba poder abrazar fuerte a Chris también, pero no podía, era evidente que Chris y Emily habían estado comprometidos durante años, aunque fuera entre altibajos.

¿Quién era ella para estar al lado del famoso e inalcanzable Chris Hailen?

Todo lo que sucedió después fue una sucesión de acontecimientos rápidos que terminaron con el entierro de Arthur.

En los días siguientes, Leny vio a Chris solo una vez en casa de su abuelo, donde había decidido quedarse lejos de los paparazzi y los cotilleos.

Dejó los documentos del deceso sobre la mesa. Deseaba hablar con Chris, pero Emily nunca lo dejaba solo y sus móviles siempre sonaban frenéticamente, así que era imposible para ella ir más allá de la cortesía.

―Gracias por todo lo que hiciste por mi abuelo. Habló de ti antes de… ―le susurró Chris después de que ella se despidiera.

Un nudo en la garganta le bloqueó el aliento mientras intentaba no perderse en esos ojos llorosos y sufrientes, siempre tan hermosos.

―Yo quería a tu abuelo.

Una semana después del entierro, Rose y la madre de Leny decidieron organizar una cena para volver a estar todos juntos, como antes.

―¡Dios mío, no recordaba lo pequeña que es esta casa! Esta cocina es como el baño de la suite del Hotel Richmond en Nueva York donde estuve mes pasado ―comenzó Emily, después de haber comprobado en detalle la cantidad de grasas que comería durante la cena―. Tía, ¿cómo puedes vivir aquí con Leny? ¿No es demasiado pequeño para dos personas?

―Pero Leny ya no vive aquí. Tiene su propia casa en la ciudad. Sin embargo, me gusta una casa pequeña, así no nos perdemos.

―Por supuesto, como nos pasó a mamá y a mí en la nueva villa que compré. Tiene cuatro pisos y veinte dormitorios que se abren a un jardín maravilloso ―se rio Emily sirviéndose ensalada sin aderezo.

En esos días que pasaron juntas, Leny se dio cuenta en seguida cómo el mundo del cine y la fama habían hecho cambiar a su prima. Aunque la amaba y estaba orgullosa de su éxito, no podía evitar sentir rechazo ante su nuevo lado esnob.

Si su prima supiera que pronto iba a perder la casa también…

No, todavía tenía orgullo y dignidad y haría todo lo posible para evitar la compasión de los demás por sus desgracias.

Si al principio había pensado en abrirle su corazón a Emily, ahora estaba segura de que no quería encarnar la figura de la pobre chica de campo.

―Leny trabaja en el bufete de abogados de Andrew Marshall. ¡Ha tenido suerte! Ya sabes, con esta crisis, encontrar trabajo es muy difícil ―continuó elogiándola su madre, haciendo que se agobiara y se sintiera como un gato en un tejado de hojalata caliente.

―Leny, ¿eres abogada? ―dijo Emily sorprendida.

―No, es secretaria ―la corrigió Claire, la madre de Leny, antes de que su hija pudiera abrir la boca.

―¿Andrew, el hijo del amigo de mi abuelo? ―intervino Chris, volviéndose directamente hacia Leny, después de haber guardado religioso silencio hasta entonces.

―Sí ―le dijo la joven, levantándose de inmediato para ir a la cocina―. Voy a revisar el pavo en el horno―. ¿Cómo podía mentirle a esos ojos… a Chris? Sintió que le temblaban las manos.

Empezó a respirar y a rezar hasta que la conversación cambió de tema.

Mientras giraba la carne y comprobaba la cocción de las patatas, Leny suspiró aliviada: Emily finalmente había empezado a contar sus aventuras en el plató y la posibilidad de trabajar en una nueva película en la que interpretaría el papel de Catwoman, la protagonista.

―¡Puedes entender eso! ¡Podría interpretar a la heroína! Y lo que es más, ¡trabajaría con John Mess! Dios mío, ¡lo estoy deseando! ―exclamó Emily, emocionada, mientras Leny se sentaba de nuevo tratando de mantener los ojos en su prima y concentrarse en lo que decía.

Fingió no darse cuenta de la mirada dolida y ofendida de Chris. Su corazón quería pedir perdón, pero el sentimiento de culpa la paralizó.

Incluso cuando él la ayudó a limpiar la mesa y a cargar el lavaplatos, como hacían cuando eran niños, no pudo mirarle a la cara.

―Gracias ―murmuró, con el corazón a mil pulsaciones, cuando él le quitó los últimos platos de las manos para enjuagarlos en el fregadero.

Sus dedos se rozaron por un momento, haciendo que el cerebro de Leny cortocircuitara.

―¿Pasa algo malo? ―preguntó él, de pronto.

―No, todo está bien ―contestó ella apresuradamente mientras terminaba de limpiar la cocina.

Cuando eran niños, ella solía contarle todo. Él era el único a quien ella podía abrir su corazón, y ahora la idea de mentirle le hacía sentirse miserable.

―¿He hecho algo…?

―No, para nada. Solo estoy cansada ―dijo Leny en voz demasiado alta debido a la tensión.

Afortunadamente, Emily acudió en su ayuda, llevándose a Chris y dejándola así respirar tranquila al fin.

Aprovechó la distracción de todos para despedirse y huir de allí.

En cuanto se subió al coche, volvió a sentirse al borde del abismo.

Se estaba dejando abrumar por la tristeza, cuando oyó que alguien golpeaba la ventanilla del coche.

Asustada, se frotó los ojos y trató de concentrarse en la silueta que sobresalía en la oscuridad.

Chris estaba allí, mirándola con preocupación.

Ella abrió la ventana.

―¿Está todo bien?

―Claro ―contestó ella sonriendo débilmente―. ¿Necesitas algo?

Por un momento, Chris se quedó mirándola fijamente, indeciso, y luego suspiró.

―Solo quería que le dijeras hola y gracias a Andrew Marshall y a su padre de mi parte, por todo lo que han hecho por mi abuelo.

Ella no se atrevió a decirle que no veía a Andrew desde hacía un mes, así que asintió con la cabeza y se despidió.

Solo cuando llegó a su casa, o mejor dicho, a la casa que debía considerar suya pero ya no reconocía, porque ya no había nada que probara que estaba habitada, se dejó caer en su cama, donde empezó a rezar a Arthur para que la ayudara.

3

Leny se quedó consternada y fue de mal en peor hasta el sábado siguiente.

Tuvo tres entrevistas de trabajo esa semana y no ninguna salió bien: la pastelería Sweety Sweety la consideró demasiado cualificada para el trabajo de dependienta, mientras que para el bufete de abogados de William Jerks, era demasiado poco competente, aunque hubiera estado trabajando en el mismo puesto en otro bufete durante los últimos cuatro años.

Buscando un vestido para la reunión con algunos amigos de la escuela secundaria y Emily, Leny se dio cuenta de que solo dos de los cientos de vestidos que Emily le había enviado equivalían a su salario.

Debería empezar a ser más práctica y vender ropa en Ebay.

De hecho, la mayoría de ellos eran tan sofisticados y provocativos que nunca se atrevería a llevarlos en público.

Exasperada, finalmente eligió un vestido negro ajustado con pedrería strass y un par de zapatos muy bonitos. Regalo de Emily.

Se maquilló con mucho cuidado, repitiéndose a sí misma que no lo hacía solo para estar más guapa a ojos de Chris.

La reunión fue en el pub de la ciudad. Emily iba con Chris y llegarían en su coche.

Se miró a sí misma una vez más antes de irse, bastante satisfecha con su imagen.

El corrector cubría las sombras bajo sus ojos y el colorete ocultaba perfectamente la palidez y la tensión de su rostro.

Se subió al auto tratando de sonreír y deseando que todo saliera bien.

Ella sabía que todas las personas que estarían, incluyendo a Sheila, Brad y Tom, seguían siendo sus amigos más por su relación con Emily que por cualquier otra cosa, pero esperaba que no la ignoraran completamente ahora que su prima había vuelto.

Se esforzaba por sonreír y estar alegre.

No quería mostrar a Chris que seguía siendo la chica tímida y silenciosa que solía ser.

Con paso firme se subió al coche, pero en cuanto giró la llave, el coche hizo un extraño ruido sordo que terminó con un golpeteo y luego… silencio.

Intentó hacerlo arrancar, pero no pudo.

Lo intentó una y otra vez.

Nada.

El coche no daba señales de vida… como todo lo demás.

No pudo evitar gritar con toda su rabia y frustración.

Después de haber ventilado bien su rabia golpeando el volante hasta que le dolieron las manos, Leny decidió contarle a Emily lo que había pasado.

―Por favor, debes venir. ¡Estoy sola! ¡Chris me ha dejado plantada! Por favor… ―le suplicó como si no fuese ya el centro de atención de todo el pub.

―Ok, tomaré un taxi ―se rindió Leny, tratando de calcular cuánto le costaría esa noche: el taxi, la reparación del coche y, finalmente, el pub.

No se podía permitir todo eso, así que decidió ir en taxi solo hasta la mitad del trayecto y se prometió a sí misma que no tomaría más de un trago… o no podría pagar la siguiente letra del coche.

Veinte minutos después con esos zapatos asesinos, se dio cuenta de que quería darle la vuelta a sus buenas intenciones.

Le dolían los pies y necesitaría algo más que un trago si quería superar la noche y soportar el dolor, pero sobre todo para enfrentarse a la conversación que hacía reír a todo el mundo cuando llegó.

―¿Con Ethan? ¡No puedo creerlo! ―Emily estalló a carcajadas.

―Sí, estaba tan borracha que al día siguiente nos preguntó si había pasado algo ―dijo Sheila, divertida.

Leny sintió que se moría: hablaban del día en que perdió la virginidad. Aquel recuerdo era suficiente para provocarle una náusea capaz de hacerla sentir enferma de inmediato.

Nunca olvidaría el día después de la fiesta de despedida del instituto, cuando se levantó sintiendo dolor en todas partes y con el pelo embarrado y lleno de hierba.

Nunca antes había sentido ese dolor en sus muslos, por lo que inmediatamente comprendió que alguien se había aprovechado de ella.

Después de un tiempo se dio cuenta de que fue Ethan, pero cuando expresó sus temores de haber sido violada, todos le dijeron que estaba borracha, aunque ella siempre dijo que quería perder la virginidad con el hombre de su vida.

Ese fue un golpe realmente terrible para ella, tardó tres años en dejar que otro hombre se le acercara, después de dejar el alcohol definitivamente.

Emily se dio cuenta de que su prima estaba allí.

―¡Leny, por fin! ¡Ven aquí y cuéntanos todo!

―No hay nada de qué hablar. Fue una locura de juventud ―Leny desistió de intentar ocultar su aflicción.

―¿Pero con Ethan? ¿El que siempre se burlaba de ti en la universidad por tus orejas de soplillo? ―preguntó Emily.

―Bueno… estaba tan borracha que ni siquiera me di cuenta de que había perdido la virginidad ―se rio Leny, mirando hacia otro lado para no mostrar la angustia que le producían esos malos recuerdos.

¡Afortunadamente Chris no estaba allí para escucharla! No habría podido superar esa humillación.

Estaba dando gracias mentalmente a su destino por esa pequeña suerte cuando, al volverse para ir a buscar algo de beber, se encontró de frente con la cara petrificada de Chris.

Por su mirada asqueada, ella entendió de inmediato que lo había oído todo.

Fue al mostrador trastabillándose, tras saludar a Chris con la cabeza.

Deseaba con todas sus fuerzas poder desaparecer de la faz de la Tierra antes que recibir esa mirada del único hombre al que había amado.

Iba a pedir algo de beber, cuando sintió la desafiante presencia de Chris a su lado.

―Dos aguas tónicas, por favor ―pidió al camarero con una voz que no permitía objeción alguna― …o si prefieres algo más fuerte, tal vez algo que te emborrache tanto como para acostarte con alguien.

Profundamente dolida, cometió el error de mirarle a los ojos furiosos.

Intentó hablar, pero no pudo pronunciar una sola palabra.

Afortunadamente el camarero les sirvió y Leny cogió su vaso con manos temblorosas, como si fuera su única salida.

―¡Entonces, ven aquí! ―Emily se entrometió arrastrándolos hacia el grupo―. Leny, ¿recuerdas cuando dije que sólo haría el amor con J.F. de Punks Up? Bueno, perdí mi virginidad con él y fue genial ―le susurró su prima al oído, eufórica después de la tercera ronda de tequila.

―Emily, lo siento, pero no me siento muy bien. He estado trabajando duro esta semana y estoy muy cansada.

Tenía que salir de esa situación cuanto antes… antes de que Emily empezara a contarle cómo era Chris en la cama, dándole el golpe de gracia.

―¡Pero es muy pronto! ―se lamentó Emily, tropezando y cayendo en los brazos de Tom, que la cogió orgulloso como un pavo real, con la famosa estrella de cine en sus brazos.

―La próxima vez ―se fue rápido, dejando algo de dinero sobre la mesa.

Ni siquiera se detuvo para despedirse de los presentes y menos aún para mirar a Chris, que parecía tener una máscara de hielo.

Sin embargo, una vez fuera se volvió a enfadar.

¡El coche! ¡No tenía coche!

Había pensado en pedir que la llevaran, pero la idea de volver a entrar y pedirle ayuda a sus amigos la detuvo.

Estuvo de pie en la acera durante mucho tiempo, respirando hondo para tratar de borrar los acontecimientos de la noche.

¿Por qué todo lo que le pasaba se convertía en una pesadilla?

Empezó a caminar descorazonada, tratando de ignorar el dolor de pies por aquellos zapatos asesinos.

―¿Adónde vas tan sola por la noche?

La voz de Chris la hizo reaccionar.

―Mi coche se ha averiado, pero voy a llamar a un taxi ―tartamudeó asustada al verle acercarse.

―Olvídalo. Te llevaré ―decidió Chris con voz áspera y enfadada.

―¡No lo necesito! ―contestó Leny a la defensiva.

―Vamos ―dijo él enfadado, cogiéndola del brazo y arrastrándola hasta su coche de alquiler.

Finalmente se rindió, resoplando, y subió al coche, pero cambió de opinión tan pronto como sintió el latido de su corazón galopando como un caballo juguetón.

El coche arrancó rápido en dirección a la casa de Leny.

―¡No puedo creerlo, Leny! ―gritó Chris en cuanto el coche salió del aparcamiento―. ¡Te acostaste con Ethan! Cuando pienso que incluso le di un puñetazo el último año de colegio, cuando viniste a mi casa llorando por los malos ratos que te hacía pasar en clase.

Leny recordaba perfectamente ese día y eso solo ahondaba en su dolor por lo que había sucedido.

Había llegado a dudar si se acostó voluntariamente con ese idiota, pero ¿cómo podía dudarlo? ¡Estaba demasiado borracha aquella noche!

Lo único que recordaba era que la dejaron sola en la fiesta de despedida, que deseaba haber podido celebrar junto a Emily y Chris.

―Sucedió ―susurró tratando de mantener los ojos en la carretera.

―¿Ah sí? Lo siento, pero estas cosas no suceden si no quieres ―soltó Chris tomando el último desvío para llegar a su casa.

―Ni siquiera sé si quería ―murmuró en voz tan baja que pensó que en realidad no lo había dicho.

―¿Qué quieres decir? ¿No querías? ¿Él te…? ―Chris trató de entender, impactado. No podía creer que Leny se hubiera rendido a los avances de un tipo como Ethan, pero pensando en violencia… ¡No, no podía ser! ¡No pudo pasar eso!

―¡No, no es eso! ―contestó inmediatamente Leny, asustada. No podía enfrentarse a un tema semejante con el único hombre que deseaba ver a su lado en la cama―. Estaba tan borracha que ni siquiera recuerdo cómo sucedió. Eso es todo.

Chris sacudió la cabeza y se frotó la frente con la mano como si quisiera borrar las malas imágenes que lo habían abrumado.

―Leny ―suspiró, abatido mientras aparcaba el coche debajo de la casa. ¿Por qué se sentía tan culpable?

―Gracias por traerme. Buenas noches, Chris.

Ni siquiera esperó a que Chris apagara el coche, sino que salió a toda prisa, corriendo hacia la puerta principal, que por suerte algún vecino había dejado abierta.

―Espera ―le gritó Chris, pero ella fingió que no lo había oído y cerró la puerta por dentro, corriendo escaleras arriba.

Cuando llegó a casa, empezó a llorar de nuevo.

Pero no quería pensar en la razón de esa nueva tristeza y culpó a las ampollas de sus pies de provocarle un dolor capaz de romperle el corazón.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
07 kwietnia 2020
Objętość:
150 str. 1 ilustracja
ISBN:
9788835403524
Właściciel praw:
Tektime S.r.l.s.
Format pobierania:

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