Czytaj książkę: «Informes. Discursos.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 315

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por OLGA ÁLVAREZ HUERTA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2003.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO396
ISBN: 9788424936921.
INFORMES
INTRODUCCIÓN
I. VALOR DE LOS INFORMES
Gracias a los Informes, la prefectura romana de Quinto Aurelio Símaco constituye el mandato más conocido de un magistrado del Imperio tardío 1 . Sus textos no sólo nos permiten conocer la mayoría de los avatares de su ejercicio 2 , sino que nos aclaran las funciones del cargo en su época y sus tensiones con otras magistraturas, los problemas de la antigua capital y sus relaciones con la corte, la cuestión religiosa, el procedimiento judicial y otros muchos aspectos. A esta obra de Símaco no se le pueden formular los mismos reproches de vacuidad que se han dirigido en ocasiones a sus cartas.
II. LA PREFECTURA DE LA URBE 3
En época de Símaco hace ya tiempo que Roma ha dejado de ser la capital del Imperio Romano 4 . Tampoco es un centro comercial ni cuenta con una gran producción que pueda exportar. Por el contrario, depende para su supervivencia de la importación de los víveres más imprescindibles. Pero mantiene la mayoría de sus prerrogativas políticas, su brillo propio 5 y es una referencia espiritual para la romanidad 6 . Además es el centro de la religión triunfante.
No es extraño que conserve órganos de gobierno específicos, como Constantinopla, que nacida como la Nueva Roma es la capital indiscutible del Imperio Oriental y por ello la sede de la corte, el gobierno, la administración y los tribunales.
El mandatario supremo de Roma (y de Constantinopla desde 359) es el prefecto de la Urbe, al que nombra y destituye el emperador. Aunque contaba con precedentes 7 , la magistratura se remonta al gobierno de Augusto. En el siglo IV había sufrido reformas con anterioridad a su desempeño por Símaco.
Es un cargo de gran prestigio, apenas inferior a las prefecturas de pretorio 8 . En la ciudad es la autoridad judicial suprema, debe mantener el orden y encargarse de los servicios urbanos. Además dirige el senado, actúa como juez de primera instancia en Roma y en un radio de cien millas, e incluso como juez de apelación para un grupo de provincias de Italia 9 .
Su elección era comunicada oficialmente al magistrado por un diploma que le enviaba el oficio palatino. Se informaba simultáneamente al senado. El nuevo prefecto expresaba su agradecimiento a los emperadores 10 , y en una sesión del senado pronunciaba un discurso ante sus colegas. El pueblo era convocado para que conociera la identidad de su nuevo dirigente, al que aclamaba. El prefecto comparte algunos distintivos (toga pretexta, lictores, silla curul) con otras magistraturas. Llegó a ser conducido por la ciudad en una lujosa carroza oficial 11 . La ilustración correspondiente a este magistrado en la Notitia Dignitatum lo representa además con un libro de instrucciones imperiales y una efigie del emperador.
La unidad administrativa que depende directamente del prefecto es el llamado officium urbanum, que tenía su local central en el secretarium Tellurense o urbana sedes, en la zona de las Termas de Trajano. Servía igualmente de sede para el vicario, quien se encontraba a las órdenes del prefecto del pretorio. El departamento del prefecto urbano estaba dirigido por el denominado princeps officii, que era un agente nombrado por el emperador 12 . A sus órdenes se encontraban funcionarios de diversas categorías 13 .
No obstante, como el prefecto es el responsable de los servicios de la Urbe, gobierna en realidad un gran número de negociados menores con su magistrado al frente 14 . Entre tantas instancias las órdenes de la prefectura corren peligro de diluirse. Además eran frecuentes las fricciones con el vicario y con el princeps 15 . En última instancia el poder del prefecto está limitado por la corte, de quien depende su nombramiento y que dispone en cualquier momento su destitución.
III. EL MANDATO DE SÍMACO
Con su nombramiento en 384 como prefecto de la Urbe, Símaco culminaba su carrera administrativa, pues la obtención del consulado (en su caso en el año 391), era en este tiempo un remate simbólico. Nuestro autor había ejercido con anterioridad la gobernación de Lucania y el Brucio (364-365) y el proconsulado de África (373-374).
Su acceso a la prefectura se inscribe en una situación favorable para la facción pagana del senado. La política de Graciano, decididamente favorable a los cristianos, parece haber sido abandonada. Valentiniano II, o más bien quien lo asesorara 16 , había nombrado poco antes prefecto del pretorio de Italia, África e Iliria 17 al notabilísimo Vetio Agorio Pretextato, el personaje más prominente del grupo pagano 18 .
La duración exacta del mandato de Símaco es incierta: se ha propuesto una investidura en la primavera de 384, en mayo-junio o en junio-julio; para su fin se ha aceptado en general el mes de febrero de 385, aunque algunos llegan a situarlo entre el verano y el otoño del mismo año 19 . Sí hay acuerdo entre los estudiosos en distinguir dos fases: durante la primera Símaco se mantiene fuerte ante los cristianos 20 , lo que explicaría que se reclamase el restablecimiento del altar de la Victoria en el edificio del senado (informe tercero); en la segunda se ve impotente ante sus embates. La muerte de Pretextato en diciembre de 384 parece haber sido determinante para que Símaco solicitara el relevo 21 .
IV. ESTRUCTURA DE LOS INFORMES
Para designar las cartas oficiales emitidas por él mismo u otros magistrados, Símaco emplea la palabra relatio 22 . Pero puede referirse a sus informes de modo más general, litterae 23 , «carta». Las denominaciones no nos deben sugerir monótonos oficios de un funcionario a su superior: esta obra de Símaco posee una gran viveza; los textos más vehementes son el informe tercero, sobre la reposición del altar de la Victoria y de los privilegios del culto tradicional, y los que son respuesta a ataques contra el prefecto (21, 23 y 34).
Aunque los asuntos son variados, lo que provoca diferencias en la estructura, se puede distinguir una general:
Encabezamiento
1. Dirección 24 al emperador o emperadores 25 en dativo. Se nos han transmitido dos variantes:
a) A nuestro/s señor/es (nombre/s) siempre augustos. La más completa, aunque se observan errores o ausencias en la mención de los emperadores 26 . Esta dirección aparece en los informes 1-15.
b) A nuestros señores, sin otro título de respeto y sin el onomástico de los destinatarios (16-20 y 35).
El resto de informes ha perdido la dirección.
2. Intitulación del remitente. Aparecen en nominativo el nombre del remitente, su categoría y su cargo: Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe. Sólo se ha conservado en los informes que llevan la dirección a).
El formalismo de los encabezamientos amplios contrasta con la sencillez de los empleados en el epistolario del autor 27 .
Cuerpo del informe
1. Introducción de carácter general 28 . Carecen de ella los informes 42, 44, 45. La introducción suele servir de justificación de la acción del prefecto. Contiene una invocación que la cierra o aparece intercalada, salvo en 13, 45. Ésta presenta variantes, seguramente debidas en gran medida a la transmisión manuscrita:
a) Señor/es emperador/es (nombre), ínclito/s vencedor/es y triunfador/es siempre augusto/s (12, 24, 42-43, 46-47, 49). En 7 ha perdido una parte: (y triunfadores).
b) Señor/es emperador/es (1, 4-6, 8-11, 14-23, 25-41, 44, 48).
c) Señores emperadores nuestros (2, 3).
2. Núcleo. La exposición de los hechos o de la petición motivo del informe está muy bien enlazada con la introducción, por nexos de diversos tipos o por el sentido. En narraciones, como las de los avatares de procesos muy intrincados, Símaco es claro y ordenado. En sus exhortaciones a los emperadores, el autor, que como ellos sirve a la fama de una época feliz 29 , se apoya en precedentes y modelos no sólo de la Antigüedad 30 sino de tiempos próximos 31 .
Símaco emplea un tono variable de acuerdo con la índole del informe 32 : es grandilocuente en las acciones de gracias, enérgico en asuntos que le atañen directamente, más neutro, para dar sensación de ecuanimidad, al remitir algunos casos judiciales.
Esta parte de los informes no carece de elementos formularios: los títulos sacralizadores de la autoridad imperial (Clemencia, Eternidad, Majestad, Perennidad...). Lo más frecuente en los informes es que los emperadores aparezcan citados o aludidos conjuntamente, por la concepción de su poder como algo indiviso. No obstante, Símaco delimita en algunas ocasiones su referencia, algo demostrable con respecto a Valentiniano II, emperador único de Occidente 33 .
3. Cierre. Al final de la mayoría de los informes hay una conclusión, consecuencia o resumen de lo expuesto. También se puede notificar la remisión de actas y anexos que sirven de complemento o prueba de lo narrado en el informe 34 . Estos anexos se han perdido en todos los casos, según sucedía en el epistolario del autor 35 .
V. CLASIFICACIÓN TEMÁTICA Y ARGUMENTOS
El conjunto de los Informes no está ordenado cronológicamente ni por asuntos 36 . Aquí intentaremos sistematizarlos desde el punto de vista de los temas que tratan. Algunos textos deben situarse en varios apartados.
Acciones de gracias, en nombre propio o del senado y el pueblo romano:
1, 2. Por su nombramiento como prefecto. Procura comprometer el apoyo imperial a su gestión. A pesar de tratar el mismo asunto en los dos informes, el autor sabe variar la expresión con una habilidad que habíamos reconocido a menudo en sus cartas.
7. Por los regalos imperiales de año nuevo.
9. Por los juegos que han ofrecido los emperadores de Oriente. También comunica la erección de estatuas en honor del padre de Teodosio y solicita trigo de Egipto.
Peticiones. Son de diversos tipos.
— Derogación de disposiciones:
3. Pide a Valentiniano II la reposición del altar de la Victoria en el edificio del senado y al mismo tiempo la restauración de los derechos y prerrogativas de los cultos y de sus sacerdotes, que habían sido suprimidos por Graciano, a quien hace aparecer como una víctima de malos consejeros. Se trata del texto más célebre y más estudiado de Símaco, y lo ha hecho figurar en toda obra que trate acerca del Imperio romano tardío. Este memorial tan vehemente, con su tono exhortatorio y polémico, está mucho más próximo a una pieza oratoria que a un informe actual de un magistrado a su superior. La elocuente defensa de la tradición romana y de la libertad de cultos chocó con la intransigencia del cristianismo triunfante, representado por San Ambrosio, quien consagró específicamente al asunto sus Cartas 17 y 18, y volvió a recordarlo en otras obras 37 . Casi veinte años después de la polémica, Prudencio insistirá sobre el mismo asunto en su Contra Símaco 38 . Otros autores antiguos se hicieron eco del debate, siempre desde el lado cristiano pero subrayando la elocuencia del prefecto de la Urbe 39 . Irónicamente, gracias a haberse unido a las cartas de San Ambrosio, el informe de Símaco conoció la difusión más amplia. Una prueba próxima para nosotros es el pasaje del informe tercero que Fray Bartolomé de Las Casas incluyó en un tratado latino titulado por sus editores De exemptione siue damnatione 40 .
4. Rechazo de una carroza suntuosa para la prefectura, que atenta contra la tradición austera de la magistratura. El autor se mantiene fiel a sus principios.
10. Al tiempo que comunica la muerte de su valedor, el prefecto del pretorio Pretextato, Símaco pide el relevo.
20. Solicita la anulación de la exigencia de reembolso a la hacienda pública del coste de la carroza rechazada en 4.
— Concesión de privilegios:
5. Solicita una dignidad que lleve aparejada la exención de cargas para un filósofo acogido en el senado.
12. Una autorización para la erección de estatuas a Pretextato. Incluye un bello elogio del finado.
42. Una recompensa para un funcionario, otorgada habitualmente cuando concluyen el servicio los de su categoría.
— Gestiones imperiales:
6. Unos juegos para Roma.
8. Sanción para un senadoconsulto que limitará los dispendios de los nuevos magistrados.
9. Envío a Roma de trigo.
18, 35. Acicate para los responsables del aprovisionamiento de grano y aceite respectivamente.
17. Los emperadores deben elegir magistrados aptos para los cargos dependientes del prefecto de la Urbe. Apenas se encubre la queja contra los que Símaco tiene a sus órdenes.
29. En nombre de la corporación de los cambistas solicita el incremento de la tasación del sueldo.
37. Cumplimiento de la aportación de contribuciones a Roma por parte de las provincias asignadas.
44. Protección para el gremio de los arrendatarios de las salinas.
49. Clemencia para un acusador impulsivo.
Comunicaciones. Es en principio la clase de informes más cercana al concepto actual.
9. Erección de estatuas en honor de Teodosio el Mayor. Es únicamente una referencia breve dentro de un informe de acción de gracias por unos juegos, en que también se expone la aspiración de envío de trigo.
10-11. Fallecimiento de Vetio Pretextato. La pura transmisión de la noticia se ve desbordada por el afecto hacia el personaje.
14. Suspensión provisional de la aplicación de una contribución extraordinaria ordenada por el emperador. La aparente insubordinación se suaviza exponiendo los precedentes de disturbios ante una situación paralela en el reinado del padre de Valentiniano II.
36. Informe sobre el paradero de dos reos cuya llegada se retrasa. El prefecto declina toda responsabilidad.
—Alegatos. En ellos se mezcla lo público con lo personal:
21. Defensa de su actuación ante la acusación de malos tratos a cristianos. Esta especie de pliego de descargos es muy vehemente y deja clara la existencia de una oposición feroz contra él.
23. Apología de su actitud en relación con lo que juzga afrentas contra la magistratura que desempeña y en consecuencia contra quienes lo han nombrado para ejercerla, una idea presente en el informe 21.
34. Contra la reclamación a las herederas de su suegro Órfito de unas cantidades adeudadas por éste durante su prefectura 41 . Tras la exigencia se oculta una vez más un ataque contra Símaco. Posiblemente sea éste el informe más elocuente de la colección tras el relativo al altar de la Victoria.
—Remisiones de causas. En su faceta de juez, el prefecto se encuentra con pleitos embrollados por los años o por artimañas diversas, o con legislación contradictoria aplicable. El margen de acción es limitado y la sentencia puede ser comprometida: por cautela se llegan a admitir a trámite apelaciones irregulares. En esas situaciones Simaco traslada el expediente a los emperadores adjuntando la documentación complementaria, casi siempre con una referencia explícita a ella. El informe contiene la justificación de la remisión, el relato de los hechos y los fundamentos legales de la actuación judicial.
16. Pleito sobre la legitimidad de un testamento, paralizado por una apelación irregular.
19. Un litigio sobre una herencia complicado por el paso del tiempo.
25-26. Negligencia y malversación de fondos en una obra pública.
28, 32, 33, 38, 41. Pleitos por posesiones sujetos a apelaciones dudosas.
30. Deudas al fisco de personas de clase senatorial.
31. Caso de contumacia y violencia.
39. Reclamación sobre un legado afectada por el agotamiento de los plazos.
40. Disputa entre dos ciudades por las asignaciones de grano.
48. En un litigio sobre la propiedad de unos esclavos, Símaco no actúa realmente como juez sino como intercesor en favor de miembros de su clase.
49. Caso de violencia no probada.
— Consultas. Como en los pleitos, se elevan al emperador asuntos ambiguos y comprometidos, en que decisiones imperiales contradicen la norma.
22. Fecha del relevo en un cargo. Los plazos fijados por la ley se oponen a la práctica imperial de nombrar y destituir en cualquier momento.
27. Asignación de dignidad a un médico. Faltan pruebas del rango otorgado por el emperador y el colegio de médicos, con poder de decisión, no se atreve a ejercerlo.
— Cartas de acompañamiento. Los documentos u objetos que se presentan mediante ellas son la parte fundamental del envío, frente a los anexos complementarios que se anuncian en las remisiones de causas.
13, 15. De dones a los emperadores. En 13, la ofrenda de oro decenal a Valentiniano II. En 15, regalos de año nuevo.
24. De documentación relativa a la obra de Pretextato. Símaco advierte que hubiera llegado por el conducto ordinario y deja entrever que la petición es en realidad un nuevo ataque contra su gestión.
43. Del decreto del senado por el que se erigen estatuas a Teodosio el Mayor.
45, 46. De documentación administrativa del senado (relación de magistrados nombrados, altas y censo del senado).
— Congratulación:
47. Por el triunfo sobre los sármatas, celebrado en Roma con un desfile y combates. Elogio de los auspicios imperiales y de la obra de un general innominado.
VI. TRANSMISIÓN DEL TEXTO
Los Informes han llegado a nosotros fundamentalmente por dos manuscritos del siglo XII , uno hoy en Múnich (núm. 18.787) y otro que se guardaba en Metz (núm. 500), pero fue destruido en la II Guerra Mundial. Además, S. Ghelen, el primer editor, empleó un códice perdido de una tradición diferente para su edición, publicada en 1549 en Basilea.
Se ha transmitido de modo marginal el informe tercero en el corpus de textos relativos a la polémica del altar de la Victoria y gran parte del quinto se incluyó en una hagiografía del s. XII , la Vida de San Woldobón, de Rainiero de Lieja; el undécimo aparece en florilegios del epistolario de Símaco.
En cuanto a las ediciones antiguas, contamos con varias teorías. O. Seeck defiende que hubo dos, una monográfica del propio autor y una segunda de su hijo Memio, que en el libro X de las Cartas incluyó los Informes 42 . J. F. Matthews defiende una sola edición de Memio 43 . D. Vera revisa las teorías, analiza el texto y señala errores que no pueden ser atribuidos a los Símacos 44 , por lo que postula que la edición fue obra de alguien ajeno a ellos que extrajo los Informes del archivo de la familia. Cree también que es posterior a la época de Sidonio Apolinar (sobre 430-488), quien manifiesta su admiración por la obra de Símaco pero parece desconocer los Informes.
De la Edad Media, además de la copia mencionada de parte del informe quinto en una hagiografía, conservamos la referencia a la existencia de un ejemplar de los informes en un monasterio de Bamberg (Baviera) en el siglo XII 45 .
La edición más moderna de esta obra de Símaco es la de O. Seeck 46 , que no sólo emplea los códices existentes en su época sino la versión de Ghelen.
En nuestra traducción sólo nos hemos apartado de Seeck al puntuar en 33, 3, como indicaremos en una nota al pasaje.
1 En este punto se ha establecido un paralelo con la información que poseemos sobre una magistratura del Alto Imperio, la gobernación de Plinio el Joven en Bitinia. Para el Imperio tardío contamos desde luego con fuentes jurídicas o administrativas más generales: destacan los Códigos de Teodosio (II) y Justiniano, la Notitia Dignitatum (catálogo ilustrado de magistraturas), la Collectio Auellana (incluye cartas imperiales y de prefectos, como las de Aurelio Anicio Símaco, sobrino del autor y también prefecto de la Urbe en 418-420). La epigrafía es capital para el conocimiento de la administración. De menor entidad son las Varias de C ASIODORO , que contienen fórmulas de nombramiento de magistrados.
2 Algunos hechos de importancia no están recogidos en ellos, por lo que nos queda la duda de si la colección está completa. Por ejemplo no hay ninguna referencia a la expulsión de los forasteros de Roma debido a la carestía, un episodio que sí menciona S ÍMACO en Cartas II 7, 3.
3 La monografía clásica sobre la magistratura es de A. C HASTAGNOL , La préfecture urbaine à Rome sous le Bas-Empire, París, 1960; acerca de la administración de Roma y Constantinopla en el Imperio tardío, A. H. M, J ONES , The Later Román Empire (284-602). A Social, Economic and Adminislrative Survey, vol. I, Oxford, 1973, principalmente en las págs. 687-711; también tratan la cuestión los traductores de los informes: R. H. B ARROW , Prefect and emperor. The Relationes of Symmachus. A. D. 384, Oxford, 1973, págs. 1-9, y D. V ERA , Commento storico alie Relationes di Quinto Aurelio Simmaco: introduzione, commento, testo, traduzione, appendice sul libro X, 1-2, indici, Pisa, 1981, sobre todo en las págs. LXXXI y LXXXV.
4 Desde Diocieciano y Maximiano.
5 El senado romano mantiene su prestigio. Se siguen organizando grandes juegos y la Urbe es un centro educativo importante. Las cartas de Símaco nos lo atestiguan: entre Estilicón y Símaco logran que el conde rebelde Gildón sea declarado enemigo público por el senado romano (carta IV 5); los lectores del epistolario de nuestro autor saben del gran número de misivas que consagra a preparativos de juegos; muchos jóvenes acuden a estudiar a Roma (lo reflejan con seguridad las Cartas V 40, 74; VIII 38; IX 54, 77). Los emperadores la visitan admirados: la estancia de Constancio II en 357 es relatada por A MIANO M ARCELINO , XVI 10, y por el propio Símaco en el Informe 3, 7.
6 El galo R UTILIO N AMACIANO , jefe de la cancillería en 412 y prefecto de Roma en 414 compone un inspirado himno en honor de la «reina bellísima de tu mundo», «madre de los dioses y de los hombres» (El retorno I 47-164).
7 T ÁCITO , Anales VI 11, lleva hasta la época de Rómulo el nombramiento de un sustituto que en ausencia, primero de los reyes y luego de los cónsules, administraba justicia y ponía remedio a los problemas urgentes de Roma.
8 Las prefecturas de pretorio agrupaban varias diócesis, a su vez divididas en provincias. Por ejemplo las provincias de Hispania formaban una diócesis que dependía de la prefectura de las Galias.
9 Llegó a recibir en concurrencia con los vicarios apelaciones de toda Italia, Sicilia y Cerdeña. En 357, Constancio II sustrajo a su jurisdicción un gran número de provincias, aunque le dejó Tuscia, Umbria y Valeria, vecinas a Roma. En 364 fue autorizado a recibir apelaciones del vicario de la Urbe (A. H. M. J ONES , The Later Roman Empire..., vol. I, págs. 481 - 482).
10 Cf. Informes 1 y 2.
11 En el Informe 4, Símaco rechaza una carroza lujosa otorgada en tiempos de Graciano, que juzga una innovación que no se aviene con la austeridad y antigüedad del cargo.
12 El cometido específico de los agentes in rebus había sido el de correos imperiales. Constancio II les asignó misiones policiales.
13 Los cornicularii (el cornicularius es el jefe, sólo por debajo del princeps), commentarienses (secretarios de registro), numerarii (contables), exceptores (escribanos), nomenclátores (catalogadores), apparitores (asistentes, especie de alguaciles). Según hemos señalado en las Cartas de Símaco, los funcionarios civiles habían sido militarizados gradualmente desde Diocleciano.
14 Hay procuradores o consulares de aguas, de las riberas y lecho del Tíber, de obras públicas, de las estatuas, de los graneros llamados galbianos; prefecto de la anona (encargado del suministro de grano y pan) y de los vigilantes (jefe de policía); condes de los puertos y de las canalizaciones; tribunos como el del «mercado porcino» (responsable de este mercado, de las distribuciones de carne y del orden público), el de los «objetos brillantes» (estatuas de mármol o bronce) y el de los espectáculos. También un administrador del vino y un jefe del censo (los censuales eran funcionarios de hacienda). A. H. M. J ONES , The Later Román Empire..., vol. I, pág. 691. La mayoría de estos cargos aparecen consignados en la Notitia Dignitatum.
15 Símaco tuvo mala relación con el primero y buena con el segundo: cf. Informe 23.
16 El emperador era aún un muchacho que había nacido en 371. Entre los personajes más poderosos de su corte se hallan su madre, la amana Justina, y los generales Rumorido y Bautón (el segundo es el destinatario de las Carlas IV 15-16 de Símaco). Además ejerció una gran influencia Teodosio.
17 Era el territorio que Valentiniano II controlaba realmente. El resto del Imperio de Occidente (la prefectura de las Galias) se encontraba bajo el dominio de Magno Máximo, quien sería vencido por Teodosio y ejecutado en 388.
18 Fue un hombre muy culto y de gran autoridad. Había nacido sobre 310. Antes de la prefectura del pretorio había ejercido el proconsulado de Acaya (362-364) y la prefectura de Roma (367-368). Murió en el año 384.
19 Sobre los problemas cronológicos y las teorías enunciadas trata principalmente V ERA (Commento... alie Relationes..., págs. LX-LXVI). También B ARROW (Prefect and emperor..., págs. 11-12).
20 V ERA , op. cit., págs. XXXV-XL, procura dilucidar quiénes eran los enemigos de Símaco, algo difícil por los pocos datos que proporciona el autor. Los sitúa en la corte (el jefe de la cancillería y el conde de las dádivas sacras) y entre la aristocracia romana (el vicario de la Urbe y el prefecto de la anona).
21 Lo pide explícitamente en el Informe 10, 2-3.
22 En los Informes 23, 7; 25, 3; 26, 3; 33, 4; 34, 9, 11, 13; 40, 6; 41, 8; 44, 1, 3; 46, 2; 48, 4; 49, 4; también en las Cartas VI 33, 1 y IX 150, 3. Una forma del verbo refero, del que deriva el sustantivo relatio, en los Informes 32, 4 y 45, 1.
23 En los Informes 11, 1; 16, 2; 25, 4.
24 Se antepone el nombre del destinatario al del remitente como muestra de respeto. Sólo en tres cartas del epistolario privado del autor precede la dirección a la intitulación (1 9-12). Se dirigen a su padre.
25 Durante la magistratura de Símaco, además de Valentiniano II en Occidente, son emperadores (de Oriente) Teodosio y su hijo Arcadio (asociado al poder en 383).
26 En los informes 2-5, 8, 12, y quizá 10-11. Desde luego no son errores achacables al autor.
27 A los lectores de las cartas del autor no debe extrañarles el contraste con ellas: eran misivas privadas, para las que Símaco rechaza los encabezamientos henchidos. Llega a manifestarlo explícitamente (cartas II 35; IÍI 10; IV 30, 42). Incluso la que envía al emperador Graciano (X 2) incluye una dirección sencilla: Gratiano augusto.
28 Algo semejante se veía frecuentemente en sus cartas privadas (S ÍMACO , Cartas. Libros I-V, B. C. G. 281, Madrid, 2000, pág. 49).
29 La idea de la perfección del tiempo presente, con las exigencias de actuación que trae consigo, se repite en los textos: 3, 1, 2; 5, 1; 7, 1; 8, 2; 9, 7; 12, 5; 15, 2; 17, 2; 23, 1; 24, 1-2; 34, 1; 35, 3; 48, 5. Las medidas de los emperadores contemporáneos beneficiarán a la posteridad: 8, 1; 9, 2; 12, 5.
30 En costumbres ancestrales se fundan los regalos de principios de año (7, 1; 15, 1), el desfile triunfal y la ovación (9, 6; 47, 1), la erección de estatuas como ejemplo para las generaciones venideras (12, 2; 43, 2). La tradición determina que la carroza del prefecto sea modesta (4). Los precedentes sirven de argumento para el presente: Valentiniano II debe conformarse con el oro que se le envía, pues la cantidad es superior a la regalada a sus antecesores (13, 2); hay ejemplos antiguos de admisión de extranjeros en el senado (5, 2).
31 El prefecto presenta continuamente a Valentiniano I como modelo de su joven hijo: respetuoso con los cultos tradicionales (3, 7, 19, 20; 34, 4), sabio al rectificar (14, 2-4), gran legislador (27, 1), clemente (34, 4); fue el primero que confió en Simaco para un cargo destacado (21, 4). También son ejemplo otros emperadores (3, 3, 6, 11, 19) y su propio hermanastro Graciano (34, 6, 9, 11), que cuando se equivocó lo hizo por ignorancia de los hechos (3, 20).
32 Abordaremos enseguida la clasificación de los informes.
33 Pueden verse en el índice de nombres las citas individuales de Valentiniano II, con su onomástico o mediante títulos acompañados del posesivo en singular: tu Clemencia, tu Majestad...
34 Expresiones de adhesión de los romanos a los emperadores en 9, 8; documentación sobre un finado en 24, 2-3; actas sobre una atribución de dignidad en 27, 4; solicitud de una corporación en 29, 2; reclamación sobre una deuda en 34, 13; actas y anexos de litigios en 16, 2; 19, 2; 23, 15; 25, 4; 26, 7; 28, 11; 30, 4; 31, 3; 32, 4; 33, 4; 39, 5; 40, 6; 41, 8; 44, 3; 49, 4.
35 Pág. 50 de la Introducción a las Carlas, en el primer volumen de S ÍMACO (B. C. G. 281).
36 Algunos informes sí parecen agrupados: 1-2 (nombramiento); 10-12 (muerte de Pretextato); 25-26 (el caso del puente nuevo); 45-46 (asuntos senatoriales). Más datos en D. V ERA , «Sulle edizione antiche delle Relationcs di Simmaco», Latomus XXXV, 4 (1977), 1027.
Recordamos por otra parte que también el epistolario presentaba problemas en cuanto a su ordenación, pues los siete primeros libros se organizaban por destinatarios, mientras que los otros tres dejaban entrever sólo esbozos o restos de otros tipos de clasificación (cf. págs. 22-24 de la Introducción general del primer tomo de Símaco en esta colección).
37 Consolación por la muerte de Valentiniano II 19-20 (de 392) y Carta 57 (de 393), al emperador Eugenio, que, aunque cristiano, se mostraba complaciente con los paganos.
38 Trata de refutar algunos de los argumentos de Símaco en el libro H.
39 P AULINO DE M ILÁN en su Vida de Ambrosio 26, donde califica a Símaco de elocuentísimo. P SEUDO P RÓSPERO DE A QUITANIA (quizás el obispo de Cartago Quodvultdeus), en el Libro de las promesas y predicciones de Dios III 38, 41, al relatar la petición a Teodosio de reposición del altar (en 391); lo califica de varón de elocuencia admirable y dotado de sabiduría. P RUDENCIO procura realzar al adversario de San Ambrosio, por lo que elogia su elocuencia (I 632 y sigs.; II prefacio 56; II 10, 644). A MBROSIO , Carta 18, 2, pide que no se tome en consideración la elegancia de las palabras de Símaco, por el «poder capcioso de la lengua de los sabios eruditos».
40 Publicado por H. R. P ARÍSH » y H. E. W EIDMAN , Las Casas en México: Historia y obra desconocidas, México, 1996 (reimp. de la 1.a ed. de 1992). En el tratado defiende la inmunidad de los eclesiásticos con respecto a la jurisdicción regia y amenaza a los contraventores. Las Casas emplea el informe tercero de Símaco como apoyo de su tesis, copiando literalmente el inicio de los párrafos 11, 12, la mayoría de 13, y completos 14-18. Concluye remitiendo al lector a la pieza completa de Símaco, que hallará «entre las epístolas del divino Ambrosio». Más adelante parafrasea el texto de nuestro autor (op. cit., págs. 154-155 y 173-174).
41 El mismo asunto en Carta IX 150.
42 O. S EECK , Q. Aurelii Symmachi quae supersunt, Berlín, 1984 (=1883), págs. XVI-XVII.
43 En las págs. 65-68 de «The Letters of Symmachus», Latin Literature of the Fourth Century (ed. W. Binns), Londres, 1974 (el trabajo completo en las págs. 58-99).
44 No se sigue un orden cronológico; faltan encabezamientos originales y se observan tentativas de suplirlos que dejan errores: Commento... alle Relationes..., págs. XC-XCIV; había tratado el mismo asunto en las páginas 1012-1014 de «Sulle edizione antiche delle Relationes di Simmaco», Latomus 36 (1977), 1003-1036.
45 J. P. C ALLU , Symmaque. Lettres. Tome I (Livres TII). Texte établi, traduit et commenté , Par í s, 1972, pág. 36, nota 1. Sigue a G. B ECKER , Catalogi bibliothecarum antiqui , Bonn, 1885, pág. 193.
46 Es anterior la de W. M EYER , Q. Aurelii Symmachi Relationes, Leipzig, 1872.
SINOPSIS
1. Símaco agradece a Valentiniano II su nombramiento y solicita el apoyo imperial. —2. Expresión de gratitud a Teodosio y Arcadio por el nombramiento. Solicitud de apoyo. —3. Símaco solicita la reposición en la curia del altar de la Victoria junto con la restauración de las prerrogativas del culto y de los derechos de sus ministros. — 4. El prefecto de la Urbe solicita que se derogue la concesión de Graciano de una carroza oficial para su magistratura. — 5. Símaco solicita que el filósofo Celso sea adscrito al orden senatorial con exención de las prestaciones obligatorias. — 6. El prefecto reclama a los emperadores de Oriente los elementos necesarios para la organización de unos juegos que habían sido prometidos. —7. Acción de gracias por un don imperial. — 8. Símaco solicita la sanción imperial para un senadoconsulto sobre los juegos de los magistrados. — 9. El prefecto agradece unos dones imperiales destinados a la celebración de juegos, comunica la erección de estatuas en honor del padre de Teodosio, expresa su confianza en el envío de suministros y adjunta las expresiones de devoción del senado y el pueblo de Roma. —10. Símaco notifica la muerte del prefecto del pretorio Agorio Pretextato y pide el relevo. —11. Notificación al emperador de Occidente de la muerte de Pretextato. —12. En nombre del senado de Roma, Símaco solicita autorización para que se erijan estatuas en honor de Agorio Pretextato. —13. El senado envía a Valentiniano II una ofrenda de oro con ocasión del décimo aniversario de su imperio. —14. Símaco solicita que Valentiniano II revoque una solicitud de caballos a las corporaciones de Roma. —15. Envío de regalos de año nuevo a los emperadores. —16. El prefecto remite al emperador un pleito acerca de una herencia. —17. Símaco ruega que se nombren personas más capaces para los cargos de gobierno de la Urbe. —18. El prefecto solicita una intervención imperial que impulse el envío de grano desde África. —19. Remisión de un pleito sobre una herencia. — 20. Símaco aclara que no se adeuda al erario imperial el coste del ornato de la carroza que se había destinado a la prefectura. —21. Símaco se defiende de las acusaciones de maltrato hacia los sacerdotes cristianos. —22. Consulta sobre la fecha de traspaso de poderes entre tribunos. — 23. Símaco expone las afrentas que ha sufrido su magistratura. —24. El prefecto notifica el envío a la corte de documentos relativos a la labor del fallecido prefecto del pretorio, Agorio Pretextato. — 25. Símaco eleva al emperador el caso del puente nuevo de Roma. — 26. Nuevo relato y envío de documentación sobre el asunto del puente. — 27. Consulta al emperador sobre la categoría que se debe otorgar a un médico. —28. Símaco remite al emperador un litigio de usurpación de propiedad. —29. El prefecto pide en nombre de los cambistas el aumento de la cotización del sueldo. — 30. Remite al emperador la causa sobre una presunta deuda. — 31. Símaco eleva el caso de un senador contumaz. — 32. Remisión al emperador de un caso por haberse recurrido su sentencia. — 33. Nuevo caso de sentencia recurrida. — 34. Símaco refuta la pertinencia de la reclamación de una deuda a las descendientes de su suegro Órfito. — 35. Símaco ruega al emperador que estimule el suministro de aceite africano a Roma. —36. Notifica la situación de dos reos cuyo juicio ha sido asignado a la prefectura. — 37. Solicita la ayuda imperial para afrontar la escasez de abastecimiento. — 38. Remisión al emperador de un caso de violencia. — 39. Símaco eleva al emperador una causa de interpretación diversa según la norma imperial que se aplique. — 40. Remite a Valentiniano II una disputa entre puzolanos y tarracinenses sobre asignaciones de trigo. — 41. Tras la apelación remite el caso de la propiedad de unos bienes supuestamente vacantes. —42. Símaco solicita para un funcionario la recompensa habitual por sus servicios. —43. Notifica a Valentiniano II, para que la transmita a sus colegas de Oriente, la decisión del senado de erigir unas estatuas en honor del padre del emperador Teodosio. — 44. Solicita ayuda para la maltrecha corporación de los arrendatarios de las salinas. —45. Una carta adjunta a la relación de magistrados designados y de nuevos inscritos en el orden senatorial. — 46. Carta adjunta al censo de senadores. —47. Congratulación por la victoria imperial sobre los sármatas. —48. El prefecto defiende la causa de unos senadores privados cautelarmente de unos siervos que habían obtenido en herencia tras sentencia firme. —49. Pide indulgencia para un joven agente expuesto a ser condenado por su impetuosidad.
1
Símaco agradece a Valentiniano II su nombramiento y solicita el apoyo imperial.
A nuestro señor Valentiniano 1 siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo 2 , prefecto de la Urbe (384).
Cuando estaba inactivo y alejado desde hace tiempo del ansia de cargos 3 , me habéis otorgado por propia iniciativa la prefectura, deseada por muchos. Agradezco a la benevolencia de los príncipes tantas bondades para conmigo, pero percibo cuántas más preocupaciones alberga una magistratura que proviene del discernimiento que la debida a una gracia. En efecto, al haber sido otorgada aquélla a los méritos debe equipararse con lo que se espera de ella, mientras que ésta, como se ha obtenido por un favor, está exenta del riesgo de la expectativa, señores emperadores. Por lo tanto, [2] ¿quién me hará estar a la altura de este cargo? Indudablemente vuestra Clemencia 4 , a la que interesa que no se piense que he sido escogido al azar; para tranquilizar mi conciencia me basta con no haber pretendido esta responsabilidad pública. En manos de las circunstancias está ya cómo seré juzgado. Sin duda es el favor de los príncipes lo que hace buenos magistrados y siempre fluyen desde vuestro carácter las [3] virtudes de los dirigentes 5 . Haced que todos comprendan que si acaso faltan a los gobernantes un vigor íntegro y una conciencia legítima, la responsabilidad es del hombre, no de la época. No soy inmoderado en mi pretensión cuando encomiendo mi cargo a sus artífices. ¿Qué valor tiene realmente que yo dé gracias a vuestro numen 6 ? Haced que también el Estado os esté agradecido por mí.
2
Expresión de gratitud a Teodosio y Arcadio por el nombramiento. Solicitud de apoyo.
A nuestro señor Teodosio 7 siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
Según muestran los hechos, hace tiempo que los pensamientos de vuestro numen se vuelven hacia mí con una inclinación favorable. Es indudable que de otra manera no hubiera acudido yo entre los primeros o el primero a la mente de unos emperadores 8 que no otorgan nada irreflexivamente. Por consiguiente, me parece que se me ha hecho esperar hasta ahora como al Estado, que cuando ha hecho acudir al celo de vuestra Majestad a partes remotas del Imperio, ha hallado en vosotros decisiones meditadas, señores emperadores nuestros. Así pues resulta pobre dar gracias a vuestra [2] Eternidad únicamente por el cargo que he recibido: habéis nombrado a menudo prefectos y los nombraréis durante un tiempo larguísimo, pero los que os ofrezcan la perseverancia y la experiencia. Habéis querido que yo, procónsul en otro tiempo 9 y alejado ya de los hábitos de quienes ejercen prolongadamente el poder, recibiera una magistratura antes de esperarla. Ahora os pido y suplico que secundéis vuestra acción con un apoyo constante. Es grato gobernar a los conciudadanos pero difícil complacerlos, pues (se arrogan) muchas (libertades) y siempre es difícil la firmeza en medio de conocidos. ¿Qué voy a decir de lo que ocurre a menudo, que 3 algunos, por el ejercicio de un poder prolongado, no saben ya (prestar obediencia a otros)? No descuidarán mi cargo quienes me lo han otorgado; yo me esforzaré, de acuerdo con mis posibilidades, en que mi reputación previa no parezca haber engañado a vuestra Clemencia. A vuestro numen le corresponderá velar por la causa común, pues con buenos magistrados la fama de la época adquiere una gloria mayor que la lograda por los gobernantes 10 .
3
Símaco solicita la reposición en la curia del altar de la Victoria junto con la restauración de las prerrogativas del culto y de los derechos de sus ministros.
A nuestro señor Teodosio 11 siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
Tan pronto como el ilustrísimo senado, que es siempre vuestro, ha sabido que los vicios han sido sometidos por las leyes 12 , y ha visto que unos príncipes piadosos purificaban la fama de los tiempos próximos, siguiendo el ejemplo de una buena época ha desahogado un dolor contenido prolongadamente y me ha ordenado de nuevo 13 que sea el legado de sus quejas 14 .
Los ímprobos 15 me habían denegado una audiencia con el divino 16 príncipe porque no hubiera debido faltarme justicia 17 , señores emperadores nuestros 18 . Desempeño por lo [2] tanto una función doble: como prefecto vuestro expongo los asuntos públicos y como legado de los conciudadanos os confío sus encargos. No hay aquí ninguna disensión en las voluntades 19 , porque los hombres, cuando discrepan, ya han dejado de confiar en apoyarse en el favor de los cortesanos. Ser amado, honrado y estimado es más importante que el poder. ¿Quién soportaría que las disputas privadas perjudicaran al Estado? Con razón persigue el senado a aquellos que han antepuesto su propio poder a la fama del príncipe. Por otro lado, nuestra labor vela por vuestra Clemencia. Efectivamente, ¿a quién favorece nuestra defensa de las instituciones de los antepasados, de las leyes y el destino de la patria más que a la gloria de la época? Tal gloria es más importante desde el momento en que entendéis que no os es lícito hacer nada contrario a la tradición de nuestros padres.
[3] Por consiguiente reclamamos la situación de los cultos que durante mucho tiempo fue beneficiosa para el Estado. No hay duda de que podrían enumerarse príncipes de una y otra doctrina, de una y otra creencia. De ellos, los más antiguos practicaron los ritos de nuestros padres, los más recientes no los suprimieron 20 . Si el culto de los antiguos no sirve de modelo, que sirva el disimulo de los más próximos. ¿Quién es tan allegado a los bárbaros que no reclame el ara de la Victoria 21 ? Somos precavidos con respecto al futuro y evitamos los portentos producidos por cambios de situación. ¡Que por lo menos se devuelva a su nombre el honor que se ha denegado a su numen 22 ! Vuestra Eternidad debe mucho a la Victoria y aún le deberá más. Que rehúsen esta fuerza aquellos a quienes no haya beneficiado nada; no abandonéis vosotros un patrocinio favorable a los triunfos 23 . Ese poder es apetecido por todos. Nadie que confiese que es deseable [4] niega que deba ser objeto de culto. Y si no fuera legítimo evitar este presagio, lo apropiado hubiera sido abstenerse por lo menos de tocar los ornamentos de la curia 24 . Conceded, os lo ruego, que en nuestra vejez dejemos a la posteridad lo que recibimos de niños. Es grande el amor a la tradición 25 ; con razón no perduró mucho tiempo la acción del divino Constancio 26 . Vosotros debéis evitar todos los precedentes que habéis sabido que fueron pronto abolidos 27 . Atendemos a la eternidad de vuestra fama y de vuestro nombre para que la época futura no halle nada que deba corregirse. ¿Dónde prestaremos juramento a vuestras leyes y palabras 28 ? [5] ¿Con qué sacrilegio se aterrorizará a un espíritu falaz para que no mienta en sus testimonios? No hay duda de que Dios lo llena todo 29 y de que no hay ningún lugar seguro para los pérfidos, pero tiene grandísimo poder con vistas a que se tema delinquir verse también abrumado por la presencia de un numen. Aquella ara guarda la concordia de todos, aquella ara está en armonía con la fe de cada uno 30 , y nada otorga más autoridad a nuestras resoluciones que el hecho de que el estamento lo decida todo como quien ha realizado un juramento. ¿Estará abierta por lo tanto al perjurio una morada sin consagrar y juzgarán aceptable esto mis ínclitos príncipes, que están protegidos por el juramento público?
[6] Pero se dirá que el divino Constancio hizo eso mismo. Imitemos más bien los demás actos de aquel príncipe, que no hubiera emprendido nada semejante si algún otro se hubiera descarriado antes que él, pues el error del anterior endereza al siguiente y de la censura del ejemplo precedente nace la enmienda. Fue lícito que aquel predecesor de vuestra Clemencia no se precaviera contra el resentimiento en un asunto novedoso entonces. ¿Puede acaso acomodarse también a nosotros esta justificación si imitamos lo que recordamos [7] que fue reprobado? Asuma vuestra Eternidad otras acciones del mismo príncipe para encaminarlas a un empleo más apropiado. Aquél no sustrajo ninguno de sus privilegios a las vírgenes sacras, proveyó de nobles los sacerdocios, no rechazó el desembolso de las ceremonias romanas 31 y, siguiendo al alegre senado por todas las vías de la Urbe eterna, contempló con plácido semblante los santuarios, leyó los nombres de los dioses inscritos en los frontones, preguntó por los orígenes de los templos, manifestó su admiración por sus fundadores y, aunque personalmente él era seguidor de otros cultos, preservó éstos para el Imperio 32 .
Lo cierto es que cada uno tiene sus propias costumbres, [8] sus propios ritos 33 : la inteligencia divina ha asignado a las ciudades cultos diversos para su protección; como las almas entre los que nacen, los Genios 34 del destino se distribuyen entre los pueblos. Está además el interés, que es lo que más une al hombre con los dioses 35 . En efecto, cuando todo razonamiento está velado, ¿de dónde puede provenir un conocimiento más recto de los númenes que del recuerdo y de los testimonios de prosperidad? Además, si un tiempo prolongado da prestigio a los cultos, debemos preservar una fe de tantos siglos y seguir a nuestros padres, que venturosamente siguieron a los suyos 36 .
Imaginemos ahora que Roma se presenta y se dirige a [9] vosotros con estas palabras 37 : «¡Vosotros, que sois los mejores entre los príncipes, los padres de la patria, respetad mis años, a los que me ha conducido la piedad de unos ritos! ¡Que pueda seguir las ceremonias ancestrales, puesto que no me pesa! ¡Que pueda vivir de acuerdo con mi costumbre, porque soy libre 38 ! Este culto sometió el orbe a mis leyes, estos ritos sagrados alejaron a Aníbal de las murallas, a los sénones del Capitolio 39 . ¿Así que para esto he sido preservada: [2] para ser vituperada en mi vejez 40 ? Veré qué clase de cambios se piensa que han de emprenderse; no obstante, la enmienda en la vejez es tardía y afrentosa».
Por eso os rogamos que haya paz para los dioses patrios, para los dioses Indígetes 41 . Es razonable considerar único lo que todos honran. Contemplamos los mismos astros, el cielo es común a todos, nos rodea el mismo mundo. ¿Qué importancia tiene con qué doctrina indague cada uno la verdad? No se puede llegar por un solo camino a un secreto tan grande 42 . Pero éste es un debate propio de desocupados; ahora exponemos ruegos, no controversias.
¿Cuánto beneficio ha obtenido vuestro erario sacro despojando [11] a las vírgenes vestales de sus prerrogativas? ¿Se deniega bajo los emperadores más desprendidos lo que otorgaron los más ahorrativos? Su única recompensa se encuentra en aquella especie de tributo a su castidad: así como las cintas sirven de ornamento a su cabeza, se considera que estar libre de cargas es una distinción del sacerdocio 43 . Reclaman un título de inmunidad que está, por decirlo así, vacío, dado que por su pobreza están a salvo de desembolsos 44 . En consecuencia, quienes les sustraen algo contribuyen en mayor medida a su enaltecimiento, puesto que la virginidad consagrada al bienestar público crece en mérito cuando carece de recompensas. ¡Esas economías han de apartarse de [12] la pureza de vuestro erario! ¡El tesoro de unos príncipes buenos no debe acrecentarse con los perjuicios de los sacerdotes sino con los despojos de los enemigos! ¿Compensa esa débil ganancia el resentimiento? Por otra parte, la avaricia no se aviene con vuestro carácter. Por esto son más desgraciados aquellos a los que les han sido arrancados sus antiguos subsidios. Efectivamente, bajo unos emperadores que se mantienen alejados de la propiedad ajena, pues resisten a la codicia, se efectúa la sustracción sólo para agraviar al que sufre la pérdida, porque el móvil no es el ansia de rapiña. El [13] fisco retiene también los campos legados por voluntad de los agonizantes a las vírgenes y a los ministros del culto 45 . Os ruego, sacerdotes de la justicia, que se restituyan a los santuarios de vuestra Urbe las herencias procedentes de particulares. Que dicten confiados sus testamentos y sepan que bajo unos príncipes sin codicia es firme lo que hayan escrito. Que os complazca esa dicha del género humano. El ejemplo que representa esta causa ha comenzado a inquietar a los moribundos. ¿Así que no conciernen a las leyes romanas los cultos romanos? ¿Qué nombre recibirá la supresión de unos derechos que ninguna ley, ninguna circunstancia ha derogado? [14] Los libertos reciben legados, no se deniegan los beneficios legítimos de los testamentos a los siervos. ¿Sólo unas nobles vírgenes y los ministros de los cultos señalados por el destino van a ser excluidos de los subsidios que se adquieren con una herencia 46 ? ¿De qué vale consagrar un cuerpo casto al bienestar público, sostener con los auxilios celestiales la eternidad del Imperio, ejercer unas virtudes propicias a vuestras armas, a vuestras águilas, hacer votos que sean eficaces en favor de todos, si no tienen los mismos derechos que todos? ¿En estas condiciones no es preferible la esclavitud que se consagra a los hombres? Dañamos al Estado, al que nunca ha convenido ser ingrato.
[15] Que nadie piense que yo velo únicamente por la causa de los cultos: de hechos de esta clase han surgido todas las calamidades de la raza romana. La ley de nuestros padres había honrado a las vírgenes vestales y a los ministros de los dioses con un sustento modesto y unos privilegios razonables; este don se ha mantenido en su integridad hasta que ha llegado a unos indignos cambistas, que han convertido el sacro sustento de la castidad en salario de viles esportilleros 47 . Ha seguido a este hecho el hambre del pueblo y una cosecha dañada 48 ha frustrado la esperanza de todas las provincias 49 . Esto no es culpa de las tierras; no achaquemos [16] nada a los austros 50 ; ni es el tizón lo que ha perjudicado las mieses, ni la avena lo que ha matado el grano. La cosecha se ha agostado por el sacrilegio 51 . Ha sido sin duda forzoso que se perdiera para todos lo que se había negado para los cultos. Si realmente hay algún precedente de este mal, achaquemos un hambre tan grande a las vicisitudes de la cosecha. Una grave causa ha producido esta esterilidad. Se prolonga la vida gracias a los arbustos silvestres y la penuria de la plebe del campo la ha hecho reunirse precipitadamente de nuevo ante los árboles de Dodona 52 . ¿Soportaron algo semejante [17] las provincias en la época en que el respeto público sustentaba a los ministros de los cultos? ¿Cuándo se sacudió una encina 53 para remediar las necesidades de los hombres? ¿Cuándo se arrancaron las raíces de las hierbas 54 ? ¿Cuándo faltó a las carencias sucesivas de unas provincias la fecundidad que le prestaban otras en los tiempos en que el abastecimiento de víveres era común al pueblo y a las vírgenes sacras? Sin duda el sustento de los sacerdotes abogaba por la producción de las tierras y era un remedio más que una liberalidad. ¿Hay duda acaso de que se había dado siempre en beneficio de la riqueza general lo que la penuria de todos ha reclamado ahora?
[18] Alguno dirá que se ha denegado el dinero público a los costes de una religión ajena. Debe apartarse de unos buenos príncipes el criterio consistente en considerar que es del fisco lo que en otro tiempo se otorgó de la propiedad común a determinadas personas. En efecto, como el Estado se compone de individuos, lo que sale de él se convierte de nuevo en propiedad individual. Lo regís todo, pero respetáis a cada uno lo suyo e influye más en vosotros la justicia que el libre albedrío. Preguntad cuando menos a vuestra liberalidad si quiere que se considere aún público lo que habéis transferido a otros. Las ventajas concedidas una vez para honrar a la Urbe dejan de ser de los otorgantes y lo que en principio fue un favor, con el hábito y con el tiempo se convierte en una [19] deuda. Por lo tanto, intenta infundir un miedo vano en vuestro espíritu divino quien afirme que sois cómplices de haberlas proporcionado si no afrontáis el resentimiento por haberlas sustraído. Que sean propicios a vuestra Clemencia los auxilios ocultos de todas las doctrinas, y especialmente los de aquellas que en alguna ocasión han ayudado a vuestros mayores. Que os defiendan a vosotros y sean honradas por nosotros 55 . Reclamamos aquella situación de los cultos 56 que preservó el Imperio para el divino padre de vuestro numen y que proporcionó al afortunado príncipe unos herederos legítimos 57 . Aquel divino anciano 58 contempla desde el [20] estrellado alcázar 59 las lágrimas de los sacerdotes y juzga que se le ha culpado de la violación de una costumbre que él mismo había preservado gustoso. Proporcionad también a vuestro divino hermano 60 la corrección de una decisión ajena; ocultad un hecho que ignoró que hubiera desagradado al senado, puesto que es sabido que la legación fue rechazada para que no llegase a su conocimiento el juicio del pueblo 61 . En nombre de la reputación de la época anterior no debéis dudar en abolir unas medidas que se debe admitir que no fueron responsabilidad del príncipe 62 .
4
El prefecto de la Urbe solicita que se derogue la concesión de Graciano de una carroza oficial para su magistratura.
A nuestro señor Teodosio 63 siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Lo que no omitiríamos ante el divino príncipe, hermano de vuestra Clemencia, si el mundo romano gozara de su presencia 64 , lo hago saber a los custodios de su fama con la adhesión con que vuestro prefecto debe anteponer la lealtad a los halagos, señores emperadores 65 . Se ha creído erróneamente que el uso de un vehículo extranjero y suntuoso elevaría el nivel de la autoridad urbana 66 ; la única razón que entonces indujo a una personalidad bondadosa a instituir la novedad fue que un cortejo opulento condujera a una vieja [2] magistratura. Un cargo austero, al que nunca le pesa su esencia, rechaza un ornato de esa clase. Y si permitimos que se le añada algo, admitimos que hasta ese momento le había faltado. Por lo tanto, los ojos de la ciudadanía buscan la noble modestia de un vehículo particular 67 y el pueblo romano juzga envilecida la prefectura que ha tomado para sí modelos posteriores. Evítese que el gobernante de una ciudad libre y por ello bien dispuesta sea transportado como si fuera Salmoneo de Élide 68 . Las maravillas exóticas no nos interesan en absoluto. Vuestra Roma no consiente que se estimule [3] la insolencia, sin duda porque recuerda a sus buenos padres, a quienes ofendieron la soberbia de Tarquinio 69 y el carro del mismísimo Camilo. Efectivamente, un tiro de cuatro caballos blancos ocasionó a aquel varón tan grande un triste exilio 70 . Mas por el contrario la disminución del poder de la magistratura proporcionó honra a Publícola. Así fue: abatió la segur consular ante la asamblea de ciudadanos y doblegó el remate de su cargo para enderezar la libertad de la ciudadanía 71 . En consecuencia, seamos más estimados por nuestra conducta que por nuestros distintivos. No censuramos el nuevo beneficio pero preferimos nuestras buenas costumbres. Haced retirar el vehículo que posee un lujo más brillante; hemos preferido el que cuenta con un uso más antiguo 72 .
5
Símaco solicita que el filósofo Celso sea adscrito al orden senatorial con exención de las prestaciones obligatorias.
A nuestro señor Teodosio siempre augusto 73 , de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Entre nuestros cometidos principales nos hemos ocupado a menudo de hacer venir del Ática a preceptores de filosofía para instruir a los nobles 74 , y del mismo modo también la autoridad pública 75 ha llamado a algunos para provecho de nuestra Urbe 76 , señores emperadores. Ahora, la virtud de vuestra época ha asignado espontáneamente un aristócrata de la sabiduría a las academias romanas. Así es: Celso, [2] vástago de su padre Arquetimo 77 , al que la memoria de los eruditos reconoce haber estado casi a la altura de Aristóteles, promete la enseñanza de las artes liberales a nuestra juventud sin aspirar a ninguna ganancia por su profesión, y por eso es merecedor de ser escogido para el ilustrísimo orden 78 , para que recompensemos con el premio de una dignidad un espíritu libre del vicio de la codicia 79 . Hay precedentes ilustres de esta acción, que puede emular una imitación juiciosa: efectivamente, la curia ateniense se dignó admitir como miembros al cireneo Caméades y al cartaginés Clitómaco, de la misma manera que los nuestros obsequiaron con la ciudadanía a Zaleuco, el que promulgó las leyes de los [3] locrios 80 . Por lo tanto es digno de la eternidad de vuestro numen que adscribáis a la nobleza a Celso, merecedor de estima por su cuna, erudición y buena disposición, por medio de la prenda de una dignidad, naturalmente con las prerrogativas consulares 81 , para que no parezca que más que su magisterio hemos buscado sus desembolsos, sin contar con el estigma de la codicia si reclamamos prestaciones públicas 82 a aquel que promete enseñanzas gratuitas.
6
El prefecto reclama a los emperadores de Oriente los elementos necesarios para la organización de unos juegos que habían sido prometidos.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio siempre augustos (384-385).
El pueblo romano espera ciertamente favores señalados 83 de vuestro numen, señores emperadores, pero reclama al instante como si fuera una deuda lo que vuestra Eternidad ha prometido espontáneamente, no porque desconfíe de que se le vaya a otorgar —desde luego en nada hay mayor (confianza) que en la promesa de unos príncipes buenos—, sino por evitar el pensamiento de que si no exige porfiadamente lo que se le ha ofrecido, es que lo espera con desdén. [2] Por lo tanto ruega a vuestra Clemencia que tras aquellos auxilios que vuestra generosidad ha concedido para nuestro sustento 84 , también traigáis al circo y al graderío de Pompeyo 85 la diversión de unas carreras y unas representaciones, puesto que con ellas se regocija la Urbe, y la habéis incitado a desearlas con vuestro ofrecimiento 86 . Se espera cada día a [3] unos mensajeros que confirmen que se aproximan a la Urbe los dones prometidos; se recogen rumores sobre aurigas y caballos; se divulga que cualquier vehículo o embarcación ha transportado a los artistas escénicos. Y con todo, no es la avidez de entretenimientos sino el amor a vuestra Perennidad lo que ha agudizado los deseos de la plebe. Por consiguiente, concededles ahora lo que piden con el fin de que haya lugar para los demás dones que otorgaréis sin cesar.
7
Acción de gracias por un don imperial.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio siempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
La antigüedad consagró las calendas iniciales del año, con las que se abre un nuevo ciclo de meses, a repartir regalos 87 , señores emperadores Teodosio y Arcadio, ínclitos vencedores siempre augustos 88 . Con vuestra rápida generosidad os anticipáis a la práctica de esta costumbre, por juzgar que es tardía la liberalidad estimulada por unas fechas establecidas. ¡Feliz la época, por Hércules, en que los príncipes no saben retener mucho tiempo lo que han de otorgar a sus incondicionales, mientras difieren exigir lo que se les [2] debe! En consecuencia, ¿qué proclamaré primero o especialmente? ¿La resuelta y rápida liberalidad de vuestro numen? ¿Vuestra atención, que se acuerda de los ausentes? ¿O el incremento de vuestro don sacro con el honor de unas palabras? Diré, puesto que es la verdad, que vuestra Clemencia se ha ocupado de que disfrutara de las palabras de los príncipes y de que venerara en los propios regalos vuestros rostros augustos 89 como si hubiera estado ante vuestra presencia. ¿Cuándo me tocará recibir más bien gozos expresos y vivos de vuestra parte? ¡Qué grande es el valor de una realidad cuyo aspecto e imagen son admirables! Por consiguiente [3] os doy gracias y os guardo reconocimiento, y delego en los poderes celestiales mi pago, que no soy capaz de satisfacer. Que vuestra Clemencia sea recompensada por aquéllos con los éxitos merecidos; nosotros os honramos, os amamos, lo cual sabéis que es superior a todas las cosas, pues para obtener únicamente esto regís vosotros saludablemente el Estado.
8
Símaco solicita la sanción imperial para un senadoconsulto sobre los juegos de los magistrados.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio 90 siempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
La duración de todos los beneficios que una fortuna superior otorga a los sujetos a ella es limitada, señores emperadores. Únicamente las leyes que se encaminan al bien común no sufren nunca su ocaso. Por lo tanto el orden venerable da gracias a vuestras divinas sanciones también en nombre de la posteridad, a la que se legará un Estado reformado. En efecto, como una indigna ostentación había abrumado con gravosos dispendios las prestaciones senatoriales, habéis devuelto nuestros hábitos y gastos a su antigua cordura, para evitar que una celebración pobre demudara a los colegas con menores fortunas o que un derroche irreflexivo hundiera a los que por vergüenza hubieran hecho una tentativa [2] mayor que sus recursos 91 . Además, gracias a la utilidad del mismo discurso 92 se ha restaurado la antigua forma de expresar las opiniones, en el sentido de que no fuera el cómputo de los espectáculos sino la suerte de las magistraturas lo que proporcionase a cada uno la posición preeminente en la decisión, y la adhesión de los demás no siguiera aun de mala gana el criterio que hubiera expresado antes que el resto el más afortunado 93 . En consecuencia creemos que una vez eliminadas estas prácticas, las virtudes han regresado a su reino; se mantendrá el ahorro en los espectáculos y el orden en el senado, y no se hará ostentación de la opulencia, que siempre tiene poco valor en los buenos tiempos.
[3] Queda que una vez conocido el senadoconsulto, una ley augusta confirme lo que vuestra Serenidad ha encomendado a la deliberación de los padres 94 . Se ha determinado, sin que realmente nadie disintiera, la cuantía de bienes < que es obligatoria> para la ejecución < de espectáculos> en una o más ocasiones, la moderación que se debe aplicar < a los preparativos> de las exhibiciones, los límites de gasto que son convenientes para los juegos gladiatorios y las diversiones escénicas, la libertad en el desembolso que le corresponde a quien esté presente, la pena que deben sufrir los ausentes por su contumacia 95 .
Al encomendar al senado el establecimiento de estas medidas, [4] vuestra Eternidad venerable ordenó que se le remitieran de inmediato para que se confirmase por medio de una ley inmortal lo que ha parecido oportuno a todos. Hemos obedecido vuestros mandatos; esperamos un oráculo 96 con el que confirméis benéficamente, como es habitual en vuestro numen, las decisiones de los padres, añadiendo una conminación para el caso de que alguna vez una intriga altere estas o aquellas medidas que con celestial designio habéis sancionado en favor de la dignidad del estamento.
9
El prefecto agradece unos dones imperiales destinados a la celebración de juegos, comunica la erección de estatuas al padre de Teodosio, expresa su confianza en el envío de suministros y adjunta las expresiones de devoción del senado y el pueblo de Roma.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio siempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Así como es una cortesía digna de aprobación, igualmente constituye una audacia excesiva agradecer vuestros favores a la Urbe de Roma, porque las palabras no se avienen con la grandeza de los hechos y ningún discurso representa el papel del pueblo romano, señores emperadores; pero dado que en tales cometidos se toma en consideración más la intención que el talento, no temo ser juzgado incapaz con tal de evitar el título de ingrato.
[2] ¡Urbe grata al cielo y a los astros! Le habéis proporcionado un cúmulo de bienes de todas las tierras y consideráis que lo que Roma ha obtenido es una ganancia especial para vosotros. Hemos recobrado la confianza, la seguridad en un antiguo privilegio, puesto que es manifiesto que bajo vuestro imperio pertenece al pueblo romano todo buen producto que en cualquier parte engendra la naturaleza o modela la laboriosidad. Habéis dado ciertamente un ejemplo excelente a la posteridad: sólo de este modo sabrán los hombres futuros que las diversiones públicas abundan si la corte no las busca. Es una prueba de austeridad de espíritu negarse a sí mismo lo que se otorga a otros y anteponer la alegría de los demás a los esparcimientos propios. Ésta es la práctica que conviene a unos buenos príncipes, pues el placer de los oídos [3] y de los ojos es caduco, el de la liberalidad eterno. Otros 97 hubieran reservado estos dones 98 a sus triunfos, para que el proscenio de Pompeyo 99 resonara con nuevos actores una vez que se hubieran dejado los laureles 100 , para que precedieran al carro bestias índicas 101 en vez de tetrarcas cautivos, para que se condujera una larga hilera de caballos a la manera de naciones. Vuestro triunfo acogerá a los arsácidas con las manos atadas a la espalda y los tesoros de la vencida Babilonia 102 . No hay duda de que una ostentación afectada no encaja en espíritus grandes. No sabéis aplazar lo que vais a otorgar 103 ; todo lo que os ofrecen las naciones sometidas es público de inmediato.
Razonablemente el senado y el pueblo os celebran con [4] la voz, os veneran con devoción, os acogen con amor. Creedme: sois dueños de las profundidades de todos los corazones, esas sedes de los vínculos nobles, donde reside el afecto hacia los hijos y los padres. Y puesto que toda recompensa resulta escasa al compararse con vuestros favores, el ilustrísimo orden ha hallado un pago digno de estimación, con el que puede probar su agradecimiento. En efecto, por medio de unas estatuas ecuestres ha consagrado entre añejos nombres al fundador de vuestra familia y de vuestra estirpe, que en otro tiempo fue general en África y en Britania 104 , y que con su fecunda simiente engendró un numen saludable para el Imperio 105 . Así se honra a aquellos cuyos [5] hijos han nacido para el bien público. Por su parte el pueblo, colmado de dones de la generosidad imperial, se ha abandonado a vuestro amor con resuelta inclinación. Y cuando se ha enterado por mi aviso de que iban a llegar los regalos de los padres del pueblo, se ha precipitado fuera por todas las puertas, diseminándose en una gran extensión, por juzgar que era más dichoso que los demás quien viera el primero vuestras muestras de bondad. Por consiguiente, aunque los beneficios de los príncipes suelen hacerse esperar, ahora han venido al ser solicitados. Paso por alto aquel día en que una procesión precedió a los elefantes regios situados en medio [6] de unas apretadas formaciones de caballos de raza 106 . Prefiero referir el clamor del valle de Murcia 107 y aquella distribución de las cuadrigas en la que aun cuando se consideraba más afortunado aquel al que la urna le otorgaba elegir pronto, quedaba a la misma altura o por encima aquel a quien la suerte hacía el último 108 . ¿Cuántas veces envidió el primero al siguiente? Es dudosa la elección cuando se juzga acerca de cosas similares. Y no penséis que un placer de esa clase le parecía pequeño a la plebe de Marte 109 , a la que el encanto de los espectáculos de circo le proporcionó casamientos con los vecinos 110 , a la que pareció el honor sumo que quienes obtenían la ovación fueran llevados a lomos de caballos y que un carro transportara a los que lograban el triunfo 111 . Por ello, que recompense a vuestra Clemencia la Victoria, familiar al pueblo de Rómulo, de acuerdo con el voto de todos. Habéis hecho que una urbe encanecida 112 florezca [7] por haber sido devuelta a su alegría originaria y a aquella primavera de su edad vigorosa de entonces. Me atrevo a esperar dones aún mejores: enviaréis también una flota regia que acreciente los alimentos de vuestra devota plebe con los recursos de la cosecha 113 . La recibirá por cierto en las bocas del Tíber 114 el senado mezclado con el pueblo; veneraremos como si fueran sagradas las naves que transporten la feliz carga de grano de Egipto 115 . No son producto de la codicia unos deseos que la humanidad de la época ha despertado: esa confianza proviene de los precedentes 116 ; como hemos recibido grandes dones, presumimos que habrá otros mayores.
[8] Leed ahora las felices expresiones de aprobación del senado y el pueblo 117 —aunque sé que se halla en los espíritus más de lo que se expone con la voz—, y recibid algunas primicias del amor público hacia vosotros. Si hasta ahora se han dicho cosas de poca entidad, achacadlo a lo maravilloso de vuestros dones, pues la magnitud del asombro no da lugar a muchos aplausos.
10
Símaco notifica la muerte del prefecto del pretorio Agorio Pretextato y pide el relevo.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio siempre augustos 118 , de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
Hubiera preferido revelar hechos alegres, señores emperadores, pero la consideración de mi deber público me ha impuesto la necesidad de comunicar una triste noticia. Vuestro Pretextato 119 , Pretextato el defensor del bien y de la antigua honradez, nos ha sido sustraído por la envidiosa Suerte. Era un varón dotado de todas las virtudes privadas y públicas, e incluso para vuestra Eternidad, que sabe elegir a los mejores, es extremadamente difícil nombrar a otro semejante para su puesto. Así pues ha dejado en el Estado una [2] añoranza extrema de su persona y en los ciudadanos agradecidos un gran dolor. En efecto, tan pronto como se hubo propagado por Roma el amargo rumor acerca de su persona, el pueblo rehusó los placeres teatrales habituales y, testimoniando con una gran aclamación el brillante recuerdo que tenía de él, se mostró severo con la malignidad de la Fortuna 120 por haberle arrebatado los beneficios de los ínclitos príncipes 121 . Y sin duda aquél ha cumplido con la ley natural, pero a nosotros, que estamos unidos a su espíritu y a vuestro juicio, nos ha perturbado con un dolor tan grande [3] que aspiramos al remedio del retiro. Guardo silencio sobre las demás circunstancias que no me permiten sobrellevar con paciencia la prefectura 122 : aun sólo esta pérdida de un compañero es suficiente para alcanzar la dispensa. Amen otros el ejercicio perpetuo del poder. Para mí el fruto supremo de la felicidad es venerar personalmente vuestro numen, admirar los astros bondadosos de mi seguridad. Sólo esto deseo con fervor en vez de todos los dones que me habéis otorgado. Mi petición es sincera y no se encamina a obtener un cargo; con certeza quedará claro de una vez por todas que no deseo ninguna otra cosa cuando devuelvo con súplicas mi magistratura.
11
Notificación al emperador de Occidente de la muerte de Pretextato.
A nuestro señor Valentiniano siempre augusto 123 , de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
Aunque juzgo que los mensajeros o los rumores se han adelantado a mi carta —en efecto, ¿qué puede ser más veloz que la Fama 124 , señores emperadores?—, no obstante, por obligarme las exigencias de mi deber público no guardo silencio, cuando el dolor está aún reciente, sobre la partida de un varón ilustre. A Vetio Pretextato, semejante a los antiguos 125 , un varón con todas las virtudes, lo ha arrebatado el hado con el más profundo sollozo de la patria, a la que prestaba una dignidad insigne. Yo paso por alto sus alabanzas y merecidos elogios debido a la consternación de mi espíritu, y sin duda no hay lugar para el testimonio de nadie cuando los juicios de vuestra Clemencia atestiguan la gloria de su vida, y el dolor de todos ha hecho célebre su muerte.
12
En nombre del senado de Roma, Símaco solicita autorización para que se erijan estatuas en honor de Agorio Pretextato.
A nuestros señores Teodosio y Arcadio 126 siempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Aunque Vetio Pretextato haya desaparecido de acuerdo con la ley natural, no obstante vive en el recuerdo y en el afecto de todos, más dichoso con las lágrimas de los conciudadanos que ninguno con sus propias alegrías, y sólo con esto se venga del odio en contra suya 127 , porque la muerte le ha aportado tanta gloria 128 que hasta la malignidad de la Fortuna debe envidiársela, señores emperadores Valentiniano, Teodosio y Arcadio, ínclitos vencedores y triunfadores [2] siempre augustos. Efectivamente, aparte de aquel inusitado dolor del pueblo romano, también el senado, que no soporta su pérdida, busca un consuelo honrando su virtud y suplica a vuestro numen 129 que la perdurabilidad de unas estatuas transmita a los ojos de la posteridad a un varón admirable de nuestra época, no porque desee recompensas terrenales aquel que hasta cuando era un ser humano pisoteó los goces corporales por caducos 130 , sino porque la imitación se estimula por los ornamentos de los buenos, y la virtud, que es émula, se alimenta con el ejemplo del honor ajeno 131 . De ello ha resultado que aun en las épocas agrestes los ciudadanos más notables eran modelados con mano maestra y destinados a producir un largo recuerdo. ¡Y ojalá la ligereza de los aduladores no hubiera menoscabado luego nada a este honor, aunque no sea igual lo que se obtiene con una conducta desigual 132 !
Por lo tanto es justo que esté en boca de los pueblos [3] quien permanece en los corazones de todos: aquél fue siempre más sublime que sus magistraturas; moderado con los demás, severo consigo; accesible sin producir desdén, venerable sin infundir terror; cuando le correspondió algún bien en una herencia, lo devolvió de inmediato a los más allegados al testador; no se abatió por la prosperidad de nadie, no se rió de las adversidades de nadie; aquel a quien siempre siguieron los honores sin quererlos, desconoció la liberalidad deshonrosa, < el lucro injusto> : todos los vecinos confiaron a su equidad sus linderos. Quisiera, debiera decir más [4] cosas acerca de él, pero todas deben reservarse al testimonio de vuestra Clemencia, pues es más brillante la alabanza procedente del juicio celeste.
Por consiguiente, como protectores de la honradez, ofreced [5] también a la posteridad las virtudes de vuestros tiempos dignas de contemplación. Sin duda en ese caso está Pretextato, al que razonablemente habíais hecho cónsul para que la memoria de los anales propagara su célebre nombre. Reparad con otros títulos los daños del destino 133 . Aunque la recompensa se haya ido con el hombre, que persevere tras él el juicio que la motivó. Probad que las desgracias no pueden nada contra la gloria, pues es excepcional lo que ha merecido de sus conciudadanos y común a muchos lo que ha perdido.
13
El senado envía a Valentiniano II una ofrenda de oro con ocasión del décimo aniversario de su imperio.
A nuestro señor Valentiniano siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Si se piensa en los méritos de tu divina Clemencia, ninguna riqueza de las que proporciona la naturaleza o lleva de un lado para otro la Fortuna igualará la gratitud de nuestro afecto hacia ti, pero según me dicta mi opinión, no se debe estimar el juicio acerca de un emperador óptimo en función [2] de los dones. Con todo, el senado, que está inclinado a la obsequiosidad, asume espontáneamente cualquiera de las actitudes de cortesanía con las que se muestra el afecto y ruega a tu numen benefactor que entiendas que en esta ofrenda, que algo ha sumado a las anteriores 134 , se ha procurado no dar la sensación de tener una capacidad menor bajo tu gobierno. En efecto, con ocasión de su decenio se asignó una suma menor a cada uno de tus divinos padres 135 ; incluso el divino hermano de tu Mansedumbre 136 , al cumplir el tercer lustro de su imperio, se declaró gratificado por una liberalidad más moderada. Ahora se ha incrementado nuestro afán por tu afecto 137 : el orden, entregado a ti, ha prometido mil seiscientas libras de oro para las festividades decenales de tu imperio 138 , que se fijarán con los pesos de la Urbe, es decir, con el fiel de una balanza más generosa.
Y si el senado hubiera contado con unas fuerzas a la altura [3] de su ánimo, sabrías que las riquezas de tu Perennidad residen en el amor del pueblo. Pero ha preferido complacer a tu Clemencia con un pago fiel antes que con una promesa grandiosa pero pérfida. En lo sucesivo, bajo un emperador en la flor de la edad, la moderación juiciosa en el don es un voto por su realización frecuente. Que no ocurra que ofrezcamos a un príncipe bueno más de lo que podemos, porque no es razonable que la generosidad de los que aman debilite a los que la ofrecen. Por consiguiente, recibe ahora de buena gana con destino al erario sacro los recursos que se han decretado, y con vistas al discurrir futuro de tu imperio conserva tu esperanza en complacencias semejantes.
14
Símaco solicita que Valentiniano II revoque una solicitud de caballos a las corporaciones de Roma.
A nuestro señor Valentiniano siempre augusto, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384-385).
Aunque las obligaciones públicas entrañen una incitación frecuente a lo imposible, señor emperador, hay que precaverse para que la dificultad de la tarea no atraiga, por la esterilidad del resultado, únicamente las incomodidades que por ninguno deben ser más evitadas que por un joven 139 , además príncipe, cuyo favor debe crecer con la edad. Consecuentemente, al pensar en el buen nombre de vuestro numen y a la vez en lo arduo del asunto, no me he decidido a convocar a las corporaciones de negociantes, que son parte de la Urbe eterna, para la contribución de caballos que habéis ordenado en vuestra carta, no fuera a ser que una queja pública se anticipara al examen de vuestra Clemencia. El asunto está abierto: aún aguarda el remedio de una decisión más cuidadosa 140 . Otorgad a la justicia lo que sustraeréis al resentimiento.
[2] Las precauciones que tomamos provienen de un precedente, ya que el padre de vuestra Clemencia, que tiene parte en el cielo, en una ocasión en que había intentado asignar una modesta prestación a esta clase de hombres, renunció a ello impulsado por las expresiones de libertad de la plebe. Y lo cierto es que aquel asunto exigía la atención de unos pocos y se precisaba más un servicio de gestión del dinero público que la pérdida de su desembolso. Sin embargo miró por su propia gloria al no imponer nada a quienes estaban renuentes, y como un amigo del pueblo, el diligentísimo y serio emperador fue indulgente con la ganancia que había esperado.
Y no debe juzgar vuestra Eternidad que un varón próximo [3] a un dios desistió de su propósito irreflexivamente; sabía que es la actividad de estas corporaciones lo que soporta el peso de tan gran Urbe. Uno trae el ganado lanar, otro reúne los rebaños de reses para el sustento del pueblo, a otros los ocupa la responsabilidad sobre la carne porcina, una parte transporta la leña que ha de quemarse para los baños 141 , hay quienes prestan sus manos de operario a las obras augustas 142 , por medio de otros se atajan los incendios fortuitos 143 . Es fastidioso enumerar ahora a los taberneros, los que atienden las panaderías, los transportistas de grano y de aceite, y muchos servidores de la comunidad de esta clase 144 . En suma, está claro que el antiguo privilegio les cuesta a los romanos un gran precio; han comprado una inmunidad [4] nominal a cambio de una servidumbre permanente 145 . Y si se añaden cargas inhabituales, se suspenderán tal vez las acostumbradas 146 . Por eso presentamos a tu Clemencia el ejemplo paterno. He puesto por delante su oráculo para que lo imites como el piadoso sucesor suyo que eres. Os pido y suplico que no pongáis a la altura de las demás urbes al pueblo que honráis a menudo en vuestros triunfos. Una fortuna mejor os otorgará todo lo que exigen las necesidades castrenses 147 ; por el valor de vuestra bondad se mitigará vuestra carencia.
15
Envío de regalos de año nuevo a los emperadores.
A nuestros señores Valentiniano, Teodosio y Arcadio siempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384).
La práctica de las estrenas se desarrolló casi desde el nacimiento de la Urbe de Marte 148 por el impulso del rey Tacio 149 , quien fue el primero que aceptó unas ramas de un árbol fructífero del bosque sagrado de Estrenia como auspicio del año nuevo 150 , señores emperadores. El nombre indica que las estrenas casan con los hombres estrenuos 151 debido a su valor, y por eso se debe una distinción de esta clase a unos seres como vosotros, cuyo espíritu divino aguarda más bien un testimonio de su vigilancia que un presagio. Recibid por ello, defensores del bienestar público, unos modestos [2] dones trabajados en oro, según la costumbre, no porque gocéis con una ofrenda de metal precioso, sino por atestiguar con nuestra entrega la opulencia de una época feliz. Consagramos unos dones bien adquiridos a unos príncipes buenos. Vosotros que condenáis los pagos ocultos 152 , recibid de los dignatarios una obsequiosidad manifiesta. Os ofrecemos con razón, por ser los númenes de nuestra incolumidad, las páteras tradicionales con cinco sueldos cada una. Con ellas no se ven abrumados ni vuestro pudor ni nuestras haciendas. Que persista largo tiempo esta práctica de consideración [3] hacia vosotros y que una sucesión interminable de años renueve el homenaje a vuestra Clemencia. La prefectura, que ha de ser otorgada a hombres estrenuos, satisfará de buen grado las estrenas tradicionales.
16
El prefecto remite al emperador un pleito acerca de una herencia.
A nuestros señores (384) 153 .
Declaro espontáneamente lo que sé que puede responderme vuestra Clemencia: sin que hubiera sentencia he admitido una apelación, y esto más por discreción que por su legitimidad 154 , no se me fuera a juzgar molesto por haberse interpuesto un recurso sin duda libre pero intempestivo, señores emperadores. Así es: como se desarrollaba un pleito sobre la legitimidad de un testamento entre los parientes de Eufasio, de clarísima memoria 155 , y los herederos inscritos —que disfrutan desde hace tiempo de las partes por una gracia del pretor 156 —, y reclamaban vivamente una sentencia sobre la posesión aquellos a quienes no correspondía en absoluto tal posesión de los bienes intestados, porque se veía que había sido concedida a los herederos inscritos de acuerdo con las tablillas testamentarias 157 , Prisciano y Polemoniano, por el aplazamiento del asunto hasta la notificación 158 [2] han apelado, y al preguntárseles el motivo han atestiguado que otros habían llevado la voz cantante por ellos, como mostrarán las actas unidas a la carta 159 . Mi departamento 160 no ha faltado a su responsabilidad de recordar la multa que corresponde por una acción previa a la sentencia, pero ha parecido oportuno que un gobernante de vuestra época reservara el vigor del dictamen para un oráculo sacro 161 , dado que los peticionarios han alegado que ha sido una exhortación ajena lo que los ha empujado a una apelación imprudente.
17
Símaco ruega que se nombren personas más capaces para los cargos de gobierno de la Urbe.
A nuestros señores (384-385).
En mi lealtad confluyen el amor por vuestra época y la preocupación por el Estado para que no pase por alto lo que se debe enmendar, señores emperadores. Aunque conciernen a la prefectura urbana los asuntos cívicos en su conjunto, algunas parcelas determinadas se confían a cargos menores 162 , y para su gobierno convenía emplear hombres laboriosos y acreditados con el fin de que cada uno impulse su tarea con una prontitud irreprochable. La necesidad pública espera [2] ahora del juicio de vuestro numen unas personas de esta clase 163 . Pero no quiero inculpar a las actuales, pues para mi inquietud basta con que encomendéis a varones mejores los cargos que se ejercen dentro de los muros, porque sobre mis hombros descansa el peso de todos los asuntos, mientras que abandonan los demás a los que la múltiple dedicación de vuestra Clemencia no ha podido someter a prueba 164 . La felicidad de la época cuenta con personas más dignas; el filón de varones buenos es rico. Con vistas al futuro tomaréis una decisión mejor para vuestra Urbe si elegís a gentes en contra de su voluntad 165 .
18
El prefecto solicita una intervención imperial que impulse el envío de grano desde África.
A nuestros señores (384-385).
No hay duda de que vuestra dicha garantiza a la Urbe eterna el acopio de los alimentos habituales 166 , señores emperadores, pero debemos estar más resguardados por hechos que por esperanzas, algo que es fácilmente realizable si el cuidado de vuestra Clemencia mira también por este cometido. Lo cierto es que como desde los puertos africanos se [2] han efectuado unos transportes mínimos y el verano está avanzado, se apodera de nosotros un miedo que no es vano a que el suministro se vea reducido a una grave estrechez, y por eso pido y suplico un remedio salvador de vuestra Perennidad: que unos escritos más severos estimulen a los gobernantes de África 167 y al notario al que vuestra Eternidad ha encomendado el aprovisionamiento de trigo, y se envíen hombres resueltos para este cometido que aporten las cargas acostumbradas para el sustento de la Urbe 168 , en tanto la navegación esté practicable 169 . Es digno de vuestra época, digno [3] de vuestras virtudes divinas que consideréis entre vuestras principales y primeras preocupaciones la seguridad del pueblo romano. Llegarán las naves llenas tras una grata travesía y arribará a los puertos romanos 170 una flota numerosa y cargada si sopla a su favor el sostén propicio de vuestro numen.
19
Remisión de un pleito sobre una herencia.
A nuestros señores (384-385).
Es difícil terminar con disputas antiguas; en efecto, un asunto debatido en muchos procesos se enreda por la variedad de procedimientos, la mudanza de instructores y los cambios de protagonistas, señores emperadores 171 . Así me sucede ahora a mí, al entender como juez en la añeja lucha entre Gaudencio, administrador de la clarísima Marciana, y Liberio, procurador de su tía paterna, llamada con el mismo nombre mientras vivió.
[2] Lo cierto es que al comienzo mismo del examen de la causa, al declararse nula la representación que había confiado Marciana la mayor, de clarísima memoria, porque antes se había encomendado a un tal Principio 172 , cuando averiguamos que las acciones habían sido devueltas a la titular y que a su vez se habían remitido justamente a Liberio por un auto del pretor, eliminamos el impedimento de una alegación inconsistente.
[3] Entonces la defensa de la parte adversaria no admitió que compareciera una persona cuya procuraduría no conservaban las actas del proceso anterior 173 . Desde el lado contrario sostenían que no se había llevado a cabo previamente la lectura del mandato 174 y que por acuerdo de las partes se había concedido al procurador el beneficio de una renovación. La disputa se demoró en este punto más de lo conveniente. Pero puesto que el instructor anterior 175 le había renovado como a un defensor legítimo la secuencia de plazos, lo que no puede obtenerse por medio de los querellantes, y se podía leer la gestión del procurador porque había sido aducida en la sentencia del pretor, también esta alegación se paralizó.
Sucedió otro hecho: por el fallecimiento de Marciana, [4] de clarísima memoria, se decía que se había extinguido el mandato. Pero en contra de esto, una norma del venerable Juliano 176 había dispuesto la vigencia de las gestiones judiciales de los procuradores que se hubieran incoado en vida de los titulares. En consecuencia, como Liberio había logrado en vida de Marciana la renovación y una citación a la parte contraria para la valoración de los bienes, sentenciamos que el mandato no había caducado.
Como el peticionario se apresuraba a que según una [5] constitución de vuestro numen se actuara sobre la parte de la madre 177 para preservar lo adeudado, porque la contraria 178 , al ser citada, no había querido evaluar los bienes, se le respondió que antes se debía tratar del fundamento de la súplica. Como esto me parecía aceptable, lo admití.
[6] Y cuando se dio ocasión a las peticiones sobre el objeto de debate, al defensor de la clarísima Marciana 179 le pareció oportuno señalar la falsedad del suplicante 180 , porque cuando había dicho que las nietas, hijas de Placidiano, habían adquirido la herencia por el testamento de su madre Prisca 181 , no había probado que todas las nietas hubieran sido consignadas como herederas por aquélla. Se replicó que se había presentado la súplica únicamente con respecto a las que la abuela había declarado herederas y que en ningún caso se había hecho mención de todas sino de aquellas a las que se había otorgado la sucesión.
[7] La defensa del administrador 182 , derribada en este punto, comenzó a exigir que el demandante declarase de qué motivos derivaban las acciones judiciales que se habían planteado. Entonces, yendo en direcciones opuestas, respondió 183 que había surgido una causa por donaciones excesivas a propósito de Placidiano, de clarísima memoria, que fue padre de la joven 184 ; por otro lado sostuvo la solicitud de una compensación por la doceava procedente del título de heredera que correspondía a Plácida 185 , a la que su hermana Marciana había sucedido. El adversario refutaba esto hasta el punto de decir que la clarísima Marciana la menor no sólo había obtenido la herencia de su padre Placidiano sino de su hermana Plácida según las doceavas fijadas, y que sin embargo no se incluía mención alguna de Plácida en la serie de peticiones 186 .
Pero cuando el alegato de la parte contraria añadió que [8] perseguía un patrimonio sujeto a las motivaciones señaladas para las acciones y que la clarísima Marciana poseía una parte determinada del objeto de litigio, y cuando mostró además que el nombre de ésta había sido incluido en las peticiones junto con la indicación de las causas, se paralizó la deliberación de mi juicio, al sostener una parte que la persona de Plácida hubiera debido añadirse a la súplica y negar la otra que se debiera indagar nada tras señalarse el objeto y la persona que en la actualidad disfruta de la posesión de los bienes.
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