Czytaj książkę: «Cuestiones naturales»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 410

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARMEN CODOÑER .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2013.

López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

Primera edición: octubre de 2013

REF: GEBO475

ISBN: 9788424937720

INTRODUCCIÓN GENERAL
I. ÉPOCA DE COMPOSICIÓN

Séneca emprende la redacción de las NQ en su vejez 1 , cuando su ruptura con Nerón estaba ya prácticamente consumada 2 . Fallecido Burro 3 , el prefecto del pretorio, y vuelto Nerón hacia los peores consejeros 4 , Séneca solicita al emperador su retiro de la política, y, aunque éste se lo niega, el filósofo, sin embargo, alegando motivos de salud y de estudio, recorta paulatinamente su actividad política y social en la corte, disfrutando de una especie de semirretiro, que aprovecha para consagrarse a una intensa actividad intelectual 5 que culmina en la composición de importantes obras filosóficas; datan, en efecto, de este período las Naturales Quaestiones , las Epistulae Morales a Lucilio, probablemente el diálogo De prouidentia y algunas obras perdidas.

Resulta imposible establecer con absoluta precisión el marco temporal que Séneca dedicó a la composición de esta obra. Con todo, algunas referencias (o ausencia de referencias) puntuales a determinados acontecimientos pueden ayudarnos a fecharla con bastante aproximación.

De la falta de referencias al cometa del 64 (pese a que Séneca menciona reiteradamente los del 54 y del 60 6 ) puede deducirse que la obra (al menos el libro VII) estaba terminada hacia mediados de dicho año. Y la misma conclusión puede extraerse, quizá, de la falta de noticias sobre el terrible incendio que destruyó Roma en julio del 64 7 , teniendo en cuenta que en las NQ son mencionados otros incendios 8 . El verano o, a lo sumo, el otoño del 64 podrían así considerarse razonablemente el terminus ante quem de la composición de la obra.

Más difícil resulta establecer el terminus post quem , para lo que sería de incalculable valor conocer la fecha exacta del terremoto de Pompeya, mencionado repetidas veces por Séneca como fenómeno muy reciente 9 en el libro VI, y fechado en VI 1,2, con indicación de los cónsules, el 5 de febrero del 63 d. C. 10 Pero el problema es que Tàcito incluye dicho terremoto entre los sucesos del año 62 11 , y, además, la fecha del 63 parece a primera vista en contradicción con otras indicaciones cronológicas relativas dadas por Séneca en esta obra. Séneca habla, en efecto, en su libro VI de un terremoto que arrasó Grecia y Macedonia «el año anterior» al de Pompeya, y en el VII señala que dicho terremoto tuvo lugar dentro del año de influencia del cometa del 60 12 . La secuencia de los acontecimientos sería, pues, la siguiente: aparición del cometa (60), terremoto de Grecia y Macedonia (61), terremoto de Pompeya (62).

En función, especialmente, de esta aparente contradicción, la mayoría de los críticos se inclina hoy por dar más valor al testimonio de Tácito que al de Séneca y por considerar interpolada la mención de los cónsules en el texto de las NQ 13 . Y, en consecuencia, el terremoto de Pompeya suele fecharse en febrero del 62, que sería el terminus post quem de la composición del libro VI.

La cuestión, que parecía definitivamente zanjada, ha sido, sin embargo, reabierta recientemente por un importante artículo de Wallace-Hadrill 14 , quien defiende con numerosos argumentos la fecha del 63, reivindicando, por tanto, el testimonio de Séneca frente al de Tácito.

Considero que no es éste el lugar para la exposición detallada de los numerosos razonamientos esgrimidos a favor y en contra de dicha fecha, ninguno de los cuales puede considerarse totalmente concluyente 15 . Me limitaré a señalar, haciéndome eco de uno de los nuevos argumentos utilizados por Wallace-Hadrill 16 , que, si aceptamos, como suele ser habitual, que Séneca comenzó la composición de las NQ tras su ruptura con Nerón y su retiro de la política, a principios del 62, la fecha del 63 parece más apropiada como terminus post quem para el libro VI, puesto que Séneca necesitó tiempo para escribir, de acuerdo con el orden Non praeterit que en esta edición defendemos como originario 17 , cuatro libros, a un ritmo medio de tres meses por libro, que parece razonable 18 . El mantenimiento de dicho ritmo le llevaría a la conclusión de la obra en el invierno del 64.

Si, por el contrario, fijamos el terremoto de Pompeya en febrero del 62, y, por tanto, situamos la composición del libro VI en la primavera (o, a lo sumo, verano 19 ) de dicho año, habría que admitir o que Séneca siguió un ritmo frenético en la composición de esta obra 20 o que comenzó la elaboración de las NQ antes de su retiro de la política y compaginó su actividad en la corte con su redacción.

Dado que el prefacio del libro III, que razonablemente puede ser considerado el prefacio de la obra entera 21 , transmite la impresión de que la actividad filosófica de Séneca supone un borrón y cuenta nueva en su vida y, por tanto, hace pensar que la obra fue comenzada tras el retiro de la política, desde un punto de vista interno de la biografía de Séneca, la fecha del 63 resulta más atractiva 22 .

Pero, en todo caso, independientemente de que nos inclinemos por una u otra fecha, el fondo de la cuestión no cambia mucho y parece que la composición de las NQ ha de situarse sin reservas en los últimos años de la vida del filósofo, en la etapa de distanciamiento del emperador que culmina con su suicidio voluntario en abril del 65 d. C. Las NQ son, por tanto, una obra de madurez, escrita en unas circunstancias vitales particularmente difíciles 23 , lo que hace de ella una obra de gran intensidad y profundidad de pensamiento.

II . DESTINATARIO E INTERLOCUTOR

Las NQ , como las Epistulae Morales y el diálogo De prouidentia , están dedicadas al amigo de Séneca Lucilio Junior 24 , un caballero romano, natural de Campania 25 , algo más joven que Séneca 26 , desconocido por otras fuentes, que durante el período de redacción de las NQ desempeñaba el cargo de procurador 27 en Sicilia y que compartía con Séneca un vivo interés por la filosofía 28 y la literatura 29 . Séneca lo presenta como un novicio que, bajo la guía del maestro, avanza progresivamente por el camino de la sabiduría y de la virtud.

A lo largo de las NQ Lucilio es citado nominalmente trece veces, la mayoría en los prólogos y epílogos, donde cumple el papel formal de destinatario 30 , para desvanecerse poco después y dejar paso a un simple tú indeterminado, con el que el autor mantiene un diálogo constante a lo largo de toda la obra, y que es el principal responsable de la forma dialogada tanto de esta como de las restantes obras en prosa de Séneca. A este tú omnipresente se dirige de continuo el yo del autor con invitaciones, peticiones, observaciones, consideraciones o preguntas 31 . Pero, además, este tú con cierta frecuencia toma la palabra para formular breves objeciones y preguntas, que a continuación serán contestadas por el autor con la máxima diligencia posible 32 .

Por lo general entre este yo y este tú 33 se establece una relación similar a la de maestro/discípulo (en el que el lector puede identificarse fácilmente a sí mismo). Esta relación es especialmente perceptible en los prólogos y epílogos, en los que el tú es el destinatario de las reflexiones filosóficas o lecciones morales del filósofo. Pero una relación similar se desprende igualmente de las partes científicas, en que el yo del maestro trata de ayudar al tú del discípulo a descubrir la razón que subyace a los aparentemente anárquicos fenómenos meteorológicos.

La relación, sin embargo, que se establece entre el yo del autor y el tú del interlocutor no es unívoca a lo largo de toda la obra. En las secciones científicas esta relación con frecuencia aparece modificada y el diálogo se establece entre el filósofo-autor y los filósofos defensores (a título nominal o anónimo) de cualquiera de las distintas teorías expuestas a lo largo de la obra. También a ellos el autor, ocasionalmente, dirigirá observaciones o preguntas 34 y, llegado el caso, también ellos interrumpirán la exposición con invitaciones, sugerencias o propuestas 35 .

Pero hay más. Tan fuerte es el carácter dialogado de la obra de Séneca que a veces, incluso, cuando el autor cede la palabra a alguno de sus rivales, el uso del adversario ficticio se mantiene en la intervención de este último, aunque en este caso varía la identidad de los interlocutores, y la relación se establece entre el yo del filósofo en cuestión y el tú del autor (que puede identificarse con el lector o el alumno) 36 . Esta variación, que no está marcada desde el punto de vista léxico y cuya expresión se confía exclusivamente al contexto, no se lleva a cabo sin provocar a veces cierta oscuridad en el texto 37 .

Resulta superfluo, en todo caso, tratar de hacer una identificación demasiado precisa del interlocutor. Las NQ , como el resto de las obras en prosa de Séneca, son un falso diálogo, cuya finalidad no es otra que hacer viva la exposición y, al mismo tiempo, facilitar al autor el diálogo consigo mismo. Pese a estar formalmente dedicadas a Lucilio, en cierta medida puede decirse que el verdadero destinatario de las NQ es el propio Séneca 38 . Es por medio de este diálogo consigo mismo como Séneca pretende inculcar en el lector sus enseñanzas científicas o morales.

III . TÍTULO DE LA OBRA

Las NQ han llegado a nosotros sin título. A partir, sin embargo, de las subscriptiones de algunos códices, cabe suponer razonablemente que el título original fuese Naturalium quaestionum libri octo 39 , lo que hoy es aceptado unánimemente por todos los estudiosos. Este título parece confirmado, además, por una entrada de un catálogo del siglo IX (anterior, por tanto, en tres siglos a los primeros manuscritos) de la biblioteca de la abadía benedictina de Reichenau, donde se lee Seneca naturalium questionum I (sc. volumen) 40 .

Admitido, pues, aun con todas las reservas que dicta la prudencia, que Naturales Quaestiones sea el título originario, cabe preguntarse por las razones que llevaron a Séneca a adoptar este título y por las implicaciones que tiene en el carácter de la obra.

«PHYSIKÀ PROBLÉMATA »

Se ha señalado repetidas veces que el título de esta obra de Séneca se corresponde con títulos griegos como Physik à problémata o Zetémata, Physika ì aitíai o théseis , todos los cuales se traducen al latín habitualmente como Naturales quaestiones .

Conservamos varias obras de este tipo, entre las que destacan especialmente la colección de Problémata physiká atribuida a Aristóteles y las Aitíai physika í de Plutarco. Pero el problema es que, al menos ateniéndonos a las obras conservadas, las diferencias entre ellas y las NQ son tan notables que resulta imposible considerarlas el modelo de la obra de Séneca. No sólo se trata de obras cuyo carácter literario es prácticamente nulo 41 , sino, sobre todo, de obras cuya organización responde a un esquema compositivo mucho más simple, que difícilmente puede explicar la compleja y variada estructura de los distintos libros de las NQ . Todas estas obras, en efecto, están articuladas en pequeños capítulos de extensión variable (que va desde unas líneas hasta unas páginas) y que empiezan siempre por una pregunta específica, de carácter muy concreto, a la que se trata de dar respuesta a continuación por medio de una serie de soluciones alternativas. Las cuestiones sucesivas son generalmente independientes unas de otras, aunque también pueden organizarse en grupos de temática afín 42 .

«NATURALES QUAESTIONES » EN LA RETÓRICA ROMANA

Ante la insuficiencia de este planteamiento, es mérito de Carmen Codoñer haber propuesto relacionar el término quaestio más que con la tradición griega de los problémata o zetémata como género literario, con el valor que se le atribuía en la retórica romana 43 , donde quaestio se utilizaba como término técnico para designar las controversias de carácter general (quaestiones infinitae, théseis) , en que se discutían temas de carácter abstracto y naturaleza teórica, que no implicaban a personas o situaciones concretas 44 , por oposición a las llamadas quaestiones finitae (hypótheseis, causae ) en las que se discutían cuestiones concretas que afectaban a personas o situaciones determinadas. Entre las primeras, que son las que ahora nos interesan, se distinguían, a su vez, dos tipos: las de tipo práctico (quaestiones actionis ), orientadas a fijar normas de conducta 45 , y las de tipo teórico (quaestiones cognitionis) , cuyo objeto específico era el cultivo de la ciencia. Es precisamente a este último grupo al que pertenecerían las naturales quaestiones cuyo objetivo, al decir de Cicerón, era el de explicar «las causas y las razones de las cosas» 46 , precisamente lo que trata de hacer Séneca en su obra. Según opinión expresada por Cicerón y generalizada en la Antigüedad, mientras las quaestiones finitae son competencia del orador, estas discusiones de carácter general eran competencia exclusiva o casi exclusiva de los filósofos 47 .

De hecho, el uso de naturales quaestiones para referirse al estudio filosófico de la naturaleza está atestiguado en diversos pasajes de varios autores latinos de principios del Imperio.

El propio Séneca en epist . 88,24, tratando de precisar la relación de las «artes» (ciencias) con la filosofía y, concretamente, de señalar la utilidad que pueden prestar a esta última las primeras, recurre al ejemplo de la filosofía natural, que designa con el término naturales quaestiones: cum uentum est ad naturales quaestiones, geometriae testimonio statur («cuando el filósofo aborda las investigaciones físicas, se apoya en los datos de la geometría»). Y el mismo valor está constatado en autores como Vitrubio y Quintiliano, que subrayando la importancia de la física para la formación del arquitecto o del orador también la designan con el término naturales quaestiones 48 .

IMPLICACIONES

Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones que este título tiene en el carácter de la obra?

1. En primer lugar, su carácter dialéctico o de controversia 49 . No se trata de la mera exposición de un dogma de una escuela filosófica determinada (como hace Lucrecio) ni se trata de hacer un inventario de los conocimientos alcanzados anteriormente (como hace Plinio, con la convicción de que ya se había llegado al cénit en los distintos campos). La búsqueda de la verdad se presenta como un debate abierto, incluso, si se quiere la metáfora tan romana, como un juicio en el que Séneca, como un juez imparcial, sentencia la causa después de haber escuchado (y criticado, ratificado o refutado) los argumentos de los abogados y el testimonio de los testigos. Más aún, Séneca no sólo trata de descubrir la verdad, sino que va a guiar al lector en el proceso de descubrirla, y aunque, naturalmente, sugiere una o varias soluciones determinadas, deja el camino y la puerta abierta para otras soluciones alternativas, que no tienen que coincidir con la suya, como no siempre coincide la suya con la rígida ortodoxia de la escuela filosófica estoica a la que pertenece.

2. Pero hay más. Aunque desde un punto de vista literario la obra de Séneca no se corresponda estrictamente con el género de los zetémata o problémata , sí guarda el espíritu de ellos y creemos que su título sirve para situarla en el ámbito de la ciencia peripatética, tal como fue fundada por Aristóteles y desarrollada posteriormente por numerosos discípulos. La ciencia como investigación de problémata es propia de los peripatéticos. No sólo fue Aristóteles el que sentó las bases de este tipo de investigación, definiendo el concepto de probléma dialéctico 50 , sino que las grandes recopilaciones de problémata que poseemos, pertenecen total y exclusivamente al Perípatos . Y esto se traduce en una serie de rasgos comunes entre la investigación peripatética de la naturaleza y las NQ 51 .


a)El interés en la ciencia por la ciencia. Pese a lo que se dice frecuentemente, la ciencia para Séneca no es un medio para fundar una ética o establecer unas normas morales 52 .
b)La respuesta a un problema no tiene por qué ser única. No necesariamente tiene que ser una sola la explicación verdadera. Como Aristóteles y, sobre todo, Teofrasto, Séneca admite frecuentemente la pluralidad de explicaciones, pero no por la convicción, propia de los epicúreos, de que es imposible saber cuál es la verdadera, o, incluso, por desinterés en saberla, al pensar que es suficiente con demostrar la naturalidad de los fenómenos, sino por el convencimiento de que todas ellas son alternativas reales y el verdadero conocimiento puede ser alcanzado 53 .

3. Finalmente, una última característica que se desprende del título, repetidamente señalada, es que no se trata de un tratado completo y sistemático, como podría sugerir un título como De rerum natura o, incluso, Meteorologica , sino de una recopilación de estudios diversos, en cierta medida relacionados entre sí pero en cierta medida también independientes. La falta de un verdadero prólogo a la obra en su conjunto 54 y, sobre todo, de un epílogo 55 pueden explicarse posiblemente atendiendo a esta característica.

IV . ORDEN DE LOS LIBROS

La tradición manuscrita de las NQ ofrece la llamativa particularidad de que el orden de los libros no es el mismo en todos los códices, sino que pueden distinguirse tres órdenes diferentes: (i) en primer lugar, el orden tradicional de las ediciones (I-VII), llamado Quantum por la primera palabra del texto; (ii) en segundo lugar, el orden IVb-VII, I-IVa, denominado Grandinem por las mismas razones; (iii) y, finalmente, el orden I-III, IVb-VII, IVa, una variante del orden tradicional en la que el libro IVa se halla desplazado al final de la obra. Se plantea, por tanto, el problema de saber cuál de estas tres ordenaciones, y especialmente de las dos primeras, es la originaria; es decir, cuál era el orden de los libros del arquetipo.

Pero la cuestión del orden de los libros no se reduce ni se ha reducido a un simple problema codicológico. Desde que fue planteada por primera vez por Koeler en 1817 56 , se han sumado a la discusión una serie de argumentos que podríamos llamar internos, basados en la supuesta estructura ideal de la obra de Séneca 57 y en las referencias de unos libros a otros, argumentos que han llevado a los estudiosos no sólo a diferenciar el orden del arquetipo del orden original de composición, sino a defender numerosas propuestas de ordenación diferentes de los dos tipos señalados 58 .

Nos preguntaremos, pues, a continuación, cuál era el orden de los libros en el arquetipo para, posteriormente, discutir si hay razones suficientes para proponer un orden diferente como originario.

La respuesta a la primera pregunta, el orden de los libros en el arquetipo, ha venido viciada o, al menos, condicionada durante mucho tiempo por la reconstrucción de la historia textual hecha por Gercke, quien, por una parte, estableció un stemma bipartito, apoyándose principalmente en la distinta ordenación de los libros dentro de los mismos 59 y, por otra, conjeturó un tanto arbitrariamente 60 un orden I-VII (Quantum) para el arquetipo.

Es mérito de Hine haber establecido un nuevo stemma codicum sobre la base de nueva colación y recensión de los manuscritos, prescindiendo totalmente del orden de los libros, lo que le ha permitido, en una segunda etapa, deducir de dicho stemma el orden del arquetipo. De la coincidencia del orden Grandinem en determinados grupos de manuscritos pertenecientes a diferentes ramas (Ζ, H y π) 61 , Hine pudo deducir de manera convincente que ése era el orden del arquetipo, lo que hoy es unánimemente aceptado.

Los propios manuscritos ofrecen, sin embargo, razones para suponer que éste no era el orden originario de los libros. Estudios independientes, llevados a cabo por Carmen Codoñer 62 y el propio Hine 63 , basados en la numeración de los libros ofrecida por los códices, permiten una reconstrucción del orden originario que no coincide ni con el orden Grandinem ni con el orden Quantum . Dado que un grupo de códices primarios numeran los libros de IVb a IVa como libros 3-10, hay que suponer que ésta era la numeración del arquetipo. Y para explicar esta numeración, según la cual el libro IVb era el tercero de la obra, sólo caben dos posibilidades: (i) o bien suponer que se han perdido dos libros iniciales 64 , (ii) o bien que los dos libros iniciales han sido desplazados de su posición y situados al final de la obra como consecuencia de un accidente. Tanto Carmen Codoñer como Hine consideran que los dos primeros libros (III y IVa) se desprendieron en un momento determinado del resto y, después, fueron recolocados, por error, en la parte posterior del manuscrito. El orden original de los libros sería, por tanto, III-VII, I-II, orden que, en razón de las dos primeras palabras del libro III, recientemente B. M. Gauly ha propuesto designar como orden Non praeterit 65 .

Es ahora, una vez establecidos con criterios estrictamente codicológicos tanto el orden del arquetipo como el presunto orden original, cuando es el momento de recurrir a los criterios internos (referencias entre libros) para comprobar hasta qué punto sirven para confirmar o desmentir los resultados obtenidos.

A FAVOR DE LOS ÓRDENES «GRANDINEM » / «NON PRAETERIT »

Criterio decisivo para establecer la prioridad de los órdenes Grandinem / Non praeterit sobre el orden Quantum es I 15,4: cometas nostri putant, de quibus dictum est («los nuestros los consideran cometas, de los que ya hemos hablado»). Dado que los cometas no han sido mencionados a lo largo del libro I, la única referencia posible ha de ser el libro VII, que habría precedido al I en el orden de composición 66 .

Un segundo argumento, ya no tan categórico, pero en mi opinión válido, podemos encontrarlo en II 30,4 est enim, ut diximus, nubes spissitudo aeris crassi («pues, como hemos dicho, la nube es una concentración de aire espeso»), donde ut diximus («como hemos dicho») debería hacer referencia a un pasaje de la parte perdida del libro IVb en que se exponían las teorías sobre el origen y composición de las nubes 67 . Con este argumento quedaría establecida la anterioridad del libro IVb sobre el II y tendríamos una nueva prueba a favor de la prioridad de los órdenes Grandinem / Non praeterit sobre el orden Quantum 68 .

Descartado, por tanto, también por razones internas que el orden Quantum pueda ser el originario, más difícil resulta decidir con este tipo de criterios entre los órdenes Quantum y Non praeterit . Son pocas y discutibles las razones internas a favor de uno u otro.

A FAVOR DEL ORDEN «GRANDINEM »

En una relativamente reciente discusión del tema, Gross 69 , recuperando la mayoría de los argumentos utilizados previamente por Rehm 70 , aduce a favor de la prioridad del orden Grandinem sobre el orden Non praeterit las siguientes razones:

1. Una serie de pasajes en los que Séneca se limita a esbozar un tema tratado con extensión en un libro distinto, suponiendo que ha de considerarse anterior el libro en el que se produce el tratamiento amplio. Así, por ejemplo, la breve referencia a la definición del viento en III 12,2 si uentus est fluens aer, flumen est fluens aqua («si el viento es una corriente de aire 71 , también el río es una corriente de agua») presupondría la anterioridad del libro V sobre el III. El propio Gross reconoce, sin embargo, que las limitaciones de este razonamiento son evidentes.

2. Un famoso pasaje del libro VI en el que Séneca relata brevemente la expedición enviada por Nerón para descubrir las fuentes del Nilo y que es introducido de la siguiente manera: cf. VI 8,3 Nescis autem inter opiniones quibus enarratur, et hanc esse ... («¿Y no sabes que entre las teorías que explican la inundación estival del Nilo también está la que dice...»). En opinión de Gross, Séneca se hubiera expresado de otro modo, es decir, habría hecho referencia al libro IVa, en caso de que este último hubiera sido compuesto anteriormente al VI 72 . Resulta curioso, sin embargo, que este pasaje sea utilizado por otros autores para demostrar justamente lo contrario 73 , y Carmen Codoñer 74 ha señalado, con razón, el elevado grado de subjetividad y limitaciones que tiene este tipo de razonamiento.

En resumen, ninguno de los argumentos internos utilizados a favor de la prioridad del orden Grandinem sobre el Non praeterit puede considerarse concluyente.

A FAVOR DEL ORDEN «NON PRAETERIT »

Es verdad que tampoco hay ninguna referencia entre libros que sirva para probar la prioridad del orden Non praeterit sobre el orden Grandinem . Sin embargo, sí pueden aducirse otros argumentos internos.

Argumento decisivo constituye, en mi opinión, como ha señalado Hine 75 , el tono del prefacio del libro III que parece convenir más a una persona que emprende la redacción de una obra que a una que ya ha completado los tres cuartos de la misma 76 . En él Séneca declara expresamente su intención de poner los cimientos de una obra grandiosa, de romper con los hábitos del pasado, de querer recuperar el tiempo perdido 77 , afirmaciones que cuadran perfectamente con el prefacio de la obra entera. La tesis de Hine, que ya había sido defendida por autores como Diels 78 y Gercke 79 , ha sido apoyada por Parroni 80 con la importante observación de que el prefacio del libro III de las NQ tiene como modelo el célebre prefacio de las Res rusticae de Varrón, donde se expresan consideraciones análogas. También Varrón habla de que hay que darse prisa porque si la vida del hombre es una cosa efímera, tanto más lo es en su vejez 81 .

A este argumento fundamental podría añadirse quizás un segundo, no menos importante, utilizado por Delatte 82 para rechazar el orden Grandinem , defendido por Rehm y otros estudiosos. Dado que en IVa praef . 20 hay un claro anuncio de una correspondencia y ésta no puede ser otra que la recogida en las Epistulae Morales , Delatte entiende que este pasaje es incompatible con el orden Grandinem , que hace del libro IVa el último de las NQ , pues esta ordenación implicaría que tendría que haber sido escrito el libro IVa después de la mayor parte de las cartas, lo cual resulta inaceptable. Y, si bien este argumento es utilizado por Delatte, a favor de la ordenación y cronología de los libros propuesta por Gercke, que un tanto arbitrariamente hace del libro IVa el segundo de las NQ y que sitúa en el 62 la composición de dicho libro, con mayor razón se puede utilizar a favor del orden Non praeterit .

En conclusión, aunque la prudencia obliga a ser cautos, creemos que, en el estado actual de nuestros conocimientos, hay buenas razones para pensar que el orden original de los libros es el siguiente:

III IVa V VI VII I II

Es éste el orden de los libros que aceptaremos como originario en esta edición y sobre el que basaremos la interpretación de la obra.

V . ESTRUCTURA DE LA OBRA
ESTRUCTURA GENERAL DE LA OBRA

Una vez establecido el orden original de los libros, cabe preguntarse qué criterios presiden su ordenación en el conjunto, es decir, cuál es la estructura de las NQ , una de las cuestiones más debatidas y que más tinta ha hecho correr 83 .

II 1 como dispositio

La respuesta a esta pregunta durante mucho tiempo se ha querido ver en II 1, donde Séneca establece el programa de una obra completa sobre el universo, articulada en tres secciones diferentes: caelestia («astronomía»), sublimia («meteorología») y terrena («geografía»), correspondientes a las tres zonas en que se dividía el universo: cielo, aire y tierra, respectivamente.

Considerando que el pasaje tenía valor programático, pese a no encontrarse al comienzo de la obra en ninguno de los órdenes transmitidos de la misma 84 , numerosos estudiosos han querido ver en la alternancia caelestia, sublimia, terrena el principio estructural de las NQ . Y, como no resulta fácil adaptar a este esquema la sucesión de libros en cualquiera de dichos órdenes, muchos críticos se vieron obligados a postular una diferencia entre el orden del arquetipo y el orden de composición.

El propio Koeler, que abría este campo de investigación 85 , no sólo situaba al libro II al comienzo de la obra, sino que, para adaptar a dicho esquema la estructura de la misma, presuponía el siguiente orden original: II, I, VII, IVb (sublimia) , V, III, IVa, VI (terrena) 86 .

También Gercke, quien, ateniéndose al contenido de su prefacio, considera que el libro III ha de ser el primero de la obra 87 , para adaptar el orden de los libros al programa de II 1, se ve obligado desplazar de su posición el libro II, reconstruyendo el siguiente orden original: III-IVa (terrena) , IVb, II, V, VI (sublimia) , VII-I (caelestia) 88 .

Igualmente, A. Rehm, pese a rechazar el carácter programático de II 1, ve en dicha alternancia el criterio básico de ordenación de la obra, proponiendo, sobre la base del orden Grandinem , la estructura IVb, V, VI VII, I-II (sublimia) , III-IVa (terrena) y considerando que Séneca no llegó a escribir ningún libro de tema astronómico.

Y a estos mismos criterios permanece atada G. Stahl, quien, de acuerdo con el orden tradicional (Quantum) , considera la ordenación presidida por la sucesión alternativa de sublimia (I, II), terrena (III, IVa), sublimia (IVb, V), terrena (VI), caelestia (VII), queriendo ver en ella una «secuencia lógica» de derivación de unos temas en otros 89 .

Más recientemente, N. Gross 90 ha vuelto a reivindicar el valor programático de II 1 y, suponiendo la pérdida de dos libros iniciales sobre caelestia («astronomía») 91 , propone, sobre la base del orden Grandinem que defiende como originario, una estructura basada en la alternancia caelestia (dos primeros libros perdidos), sublimia (IVb-II), terrena (III-IVa).

Sin embargo, resulta difícil aceptar que Séneca en la clasifición de II 1 esté ofreciendo el programa de su obra, pues ni se tratan en ella todos los temas citados, ni se citan todos los tratados, ni los distintos grupos reciben un tratamiento de proporciones similares. Séneca, en efecto, en II 1 menciona numerosos tópicos que no son estudiados en las NQ , al menos en los libros conservados. Del apartado terrena sólo se trata, y parcialmente, el tema de las aguas (que, además, era incluido por Aristóteles y sucesores en la meteorología y, en consecuencia, pertenecería al apartado sublimia) pero no se dice una sola palabra sobre el tema de las «tierras», los «árboles» y las «plantas»; y del apartado caelestia , tal y como se enuncia, no se trata algún tema más que de pasada, especialmente en relación con la problemática de los cometas. Y, a la inversa, algunos de los temas estudiados en las NQ , como es el caso de los cometas o de los meteoros estudiados en el libro I, no son mencionados en II 1, como tampoco los son otros temas sí estudiados, como los vientos (V), los rayos (II) y los terremotos (VI), salvo si aceptamos una laguna en II 1,2, en la que, si bien la inclusión del terremoto parece plenamente justificada, la inclusión de los vientos y los rayos ya es más discutible. En conclusión, no hay ninguna razón para pensar que Séneca en II 1 esté ofreciendo el programa de su obra. Lo que Séneca hace, como señala Hine 92 , no es más que una clasificación lógica (una diuisio) de los distintos temas de la física, que tiene fin en sí misma y carece completamente de valor programático.

La organización según los elementos

Ante las insuficiencias de este criterio, numerosos estudiosos han querido ver en la sucesión de los cuatro elementos (agua, aire, fuego tierra) el principio organizador de la obra. Pero, tampoco en este caso las propuestas han sido unánimes.

Este criterio fue formulado por primera vez por Vottero 93 , quien, sobre la base del orden Grandinem , considera, sin mayores precisiones, que el esquema organizador de las NQ sería el siguiente: aire (IVb-V), tierra (VI), fuego (VII, I, II) y agua (III, IVa).

Las ideas de Vottero fueron acogidas calurosamente por F. P. Waiblinger 94 , a quien corresponde la hipótesis más elaborada al respecto. Partiendo del orden tradicional (I-VII), Waiblinger quiere ver en la obra una elaborada estructura artística, organizada por parejas de libros dedicados al mismo elemento (I-II: fuego, III-IVa: agua, IVb-V: aire), y presidida en su interior por el principio del contraste, que permitiría oponer los libros de cada pareja de acuerdo con los criterios de «hermoso/horrible», «maravilloso/ terrorífico», «inofensivo/violento», y similares. El mismo principio de contraste configuraría la agrupación de los libros VI y VII, aunque en ellos no se estudia el mismo elemento, pues en ellos se contrapondrían los conceptos de «tierra/cielo» o «abajo/arriba». La primera caracterización (positiva) correspondería a los libros I, IVa, IVb y VII; la segunda, al II, III, V y VI.

Estas ideas, por atractivas que sean, resultan, sin embargo, difíciles de aceptar y, de hecho, han sido acogidas con duras críticas por la mayoría de los estudiosos 95 . Pero la idea básica de buscar la estructura de las NQ en la sucesión de los elementos parece positiva y ha sido defendida convincentemente por otros autores.

Así, en su edición del libro II Hine defiende la ordenación: II-IVa (agua); IVb-V-VI (aire); VII-I-II (fuego) 96 . En mi opinión, se trata de una interpretación persuasiva. Pero todavía más convincente me parece la propuesta por Carmen Codoñer, que sólo se diferencia de la anterior en un pequeño detalle: la inclusión del libro IVb entre los fenómenos del «agua». Porque, aunque Séneca supone que las nubes, la lluvia, la nieve, etc., son aire más o menos modificado, es preferible suponer que Séneca está pensando, más que en el origen, en la naturaleza final de dichos fenómenos 97 . Y, de hecho, el propio Séneca los clasifica en la categoría de «aguas celestes», por oposición a las «terrestres», estudiadas en los libros III y IVa.

Séneca comenzaría, pues, su obra con el estudio de las «aguas terrestres» (III 98 ), al que seguiría un caso particular de las mismas, el Nilo (IVa), para abordar después el estudio de las «aguas celestes» 99 , examinado las diversas manifestaciones del agua en la atmósfera (IVb). A continuación acometería el estudio de la más importante manifestación del aire en la atmósfera, el viento (V), al que seguiría el estudio de una catástrofe natural, causada por este fenómeno, el terremoto (VI) 100 . Después del aire, Séneca pasaría al estudio de los fenómenos ígneos, comenzando por los cometas, habitualmente considerados como un meteoro ígneo en las más prestigiosas teorías antiguas (VII); seguiría con el estudio de estos meteoros desde un punto de vista general, incluyendo un grupo de fenómenos ópticos relacionados, sobre los que se discutía su verdadera naturaleza (I), para terminar con el estudio de un fenómeno de naturaleza claramente ígnea como son los rayos y los relámpagos (III).

En resumen, la estructura de las NQ podría esquematizarse de la siguiente manera:

III, IVa, IVb (agua); V-VI (aire); VII, I, II (fuego).

Se trata de un orden personal, que no se corresponde con ninguno de los órdenes en que son estudiados estos fenómenos en las obras conservadas de ciencia griega 101 y en el que la voluntad de Séneca tiene probablemente un papel muy importante. Se trata, en líneas generales, de un orden ascendente que, partiendo de las regiones más bajas del mundo, va subiendo progresivamente hasta las regiones celestes (que faltan en el estudio), un orden similar a aquel en que presenta las distintas partes del estudio de la naturaleza en el último capítulo de la Consolatio ad Helviam 102 , con el que Séneca pretende simbolizar el camino del espíritu que se eleva progresivamente, por medio del estudio de la naturaleza, desde la realidad terrena en que vive hasta las moradas celestes, donde satisface su aspiración última de entrar en comunicación con el propio Dios. En todo caso, en las NQ , esta línea de progreso es mucho menos perceptible y, desde luego, Séneca no se esfuerza en resaltarla ni en llevarla hasta las últimas consecuencias.

ESTRUCTURA DE LOS DISTINTOS LIBROS

Tan importante o, quizá, más que analizar la estructura general de la obra es considerar la estructura de los distintos libros, que en cierta medida constituyen la principal unidad estructural de la misma. Las NQ , en efecto, como ya hemos señalado 103 , más que un tratado sistemático y organizado, ha de considerarse una agrupación de libros independientes, entre los que, prescindiendo de unas pocas referencias internas, pueden establecerse escasas relaciones y paralelismos. Cada libro puede considerarse una unidad en sí mismo y, como tal, ha de ser analizado.

Prescindiendo de momento de la cuestión de los prólogos y epílogos que estudiaremos en otro capítulo 104 y, centrando la atención en las partes propiamente científicas, en general puede decirse que cada sección científica está organizada en tres apartados consecutivos: (i) la exposición doxográfica, precedida normalmente de unas breves generalidades; (ii) la opinión personal de Séneca, y (iii) algunas cuestiones complementarias. Sin embargo, la aplicación de este esquema a los distintos libros presenta notables peculiaridades, lo que permite afirmar que, aun compartiendo una misma estructura general, la exposición es enormemente variada 105 .

Repeticiones, digresiones, etc .

En todo caso, una característica principal de la exposición senecana es que dista mucho de ser lineal y bien organizada. Cualquiera que haya intentado leer las NQ conoce bien la enorme dificultad que supone en muchas ocasiones saber en qué punto exacto del esquema compositivo se halla. Aunque Séneca tiene, sin duda, un plan previo de la exposición que va a hacer, raramente se atiene a él estrictamente e, incluso, cuando lo expone abiertamente, al comienzo del libro (III 2 y VI 4), son numerosos los casos en que por diversos motivos se desvía del mismo.

En las NQ las desviaciones de la línea principal de exposición son muy frecuentes y pueden tener diferentes causas:

1. A veces es una simple asociación de ideas la que lleva a Séneca a tratar más o menos brevemente un nuevo tema. Es la exposición típica del profesor que, en su deseo de informar al alumno de todo lo que considera importante, no duda en insertar en la estructura principal datos secundarios. La explicación adquiere forma de círculos concéntricos, pero no en virtud de una planificación previa, sino del método divagatorio empleado. Séneca está sugiriendo constantemente temas paralelos que a veces se refrena de desarrollar pero otras veces no lo hace, rompiendo el esquema lineal y limpio que todos desearíamos 106 .

2. Otras veces se trata de repeticiones de temas ya sea porque Séneca desarrolla ampliamente temas que sólo habían sido esbozados, ya sea porque aporte una nueva explicación de los mismos 107 . Podría tratarse de un procedimiento de carácter pedagógico, cuya finalidad sería refrescar y grabar en la mente del lector las ideas principales, pero que también puede ser interpretado como laxitud compositiva, aun sin llegar a los extremos de Gross, que quiere relacionar la mayoría de estos ejemplos con la utilización de una segunda fuente que Séneca no habría conseguido integrar armónicamente en el conjunto.

3. A veces Séneca rompe caprichosamente la línea de pensamiento, sin otra razón aparente que la de dar un mero respiro al lector, que en algunos momentos se puede sentir abrumado por la densidad y aridez de los datos. Así, por ejemplo, en III 22-23, en medio del estudio etiológico de las particularidades de las aguas, introduce de improviso dos capítulos (22 y 23) sobre la clasificación de las aguas que, salvo error de la transmisión, difícilmente pueden tener una justificación siquiera mínima 108 .

En resumen, la exposición de Séneca dista mucho de ser lineal y sistemática. Avanza, por así decir, a trompicones. Y, desde luego, nuestro filósofo presta mucha más importancia a los episodios concretos que a su organización en un conjunto. Es posible, sin embargo, que en esta peculiaridad no hayamos de ver tanto un defecto como una característica deliberadamente buscada. Séneca, consciente de la aridez y dificultad de su materia, trata de retener la atención del lector con la variedad constante, con un continuo cambio de foco de interés, más que con una presentación metódica y rigurosa del tema tratado. Las repeticiones, además, pueden obedecer al propósito didáctico de refrescar y gravar en la mente del lector unos datos áridos, que, de otra forma, serían difíciles de recordar.

Exposición doxográfica

La misma variedad que en la composición de los distintos libros, puede apreciarse, dentro de las partes científicas, en la exposición doxográfica propiamente dicha, que en general constituye la parte principal del estudio científico 109 .

En líneas generales, sin embargo, puede afirmarse lo siguiente: Séneca comienza normalmente por las explicaciones más arcaicas y rudimentarias, o al menos las más alejadas de su teoría, para llegar a las más modernas o próximas a la suya; y termina siempre con la exposición de su propia teoría, que normalmente no se presenta como novedad absoluta, ya que en ella se recogen numerosas explicaciones ya dadas anteriormente. Con frecuencia, su teoría aparece precedida por la teoría de los estoicos, bien porque ésta sea su fuente principal, bien porque Séneca quiera marcar con precisión las diferencias de su pensamiento con el de sus correligionarios.

VI . CONTENIDO DE LA OBRA

Tal como se conservan, las NQ están constituidas por un conjunto de ocho estudios sobre diversos fenómenos naturales, cuyo contenido, siguiendo el orden Non praeterit , puede sintetizarse de la siguiente manera:


LIBROIIIOrigen y particularidades de las aguas terrestres
IVaCrecida del Nilo
IVbGranizo y, en la parte no conservada, nubes, nieve, rocío y escarcha
VOrigen y clasificación de los vientos
VITerremotos
VIICometas
IMeteoros ígneos y luminosos, con especial atención al arcoíris
IITruenos, rayos y relámpagos

Cabe preguntarse a qué rama de la física antigua pertenecen estos estudios o, al menos, qué criterios presiden la selección de temas y confieren unidad a la obra.

UNA COSMOLOGÍA

La respuesta a esta pregunta también se ha venido buscando tradicionalmente en la clasificación de los estudios de la naturaleza que Séneca hace en II 1. Sobre la base del supuesto valor programático de dicho pasaje 110 , numerosos estudiosos han querido ver en las NQ una cosmología o, al menos, una selección de temas cosmológicos, correspondientes a cada uno de los tres apartados en que se divide la física. A la astronomía (caelestia) pertenecería, según algunos autores 111 , el libro VII; a la meteorología (sublimia) los libros I, II, IVb, V,VI y, según la mayoría de los autores, también el VII, mientras que la geografía (terrena) estaría representada por los libros III y IVa. Y, dada la manifiesta desproporción en el tratamiento de las diferentes secciones, algunos estudiosos han llegado a suponer que la obra podía estar inacabada o que no había llegado a nosotros completa.

Así, por ejemplo, A. Rehm, defensor del orden Grandinem , piensa que Séneca, tras escribir seis libros meteorológicos (IVb, V, VI, VII, I, II), habría modificado su proyecto inicial y emprendido la tarea de componer una cosmología completa 112 . Ésta sería la razón que le habría llevado a realizar la clasificación de la física en II 1 y describir en la Introducción del libro III su nuevo empeño como un proyecto de «recorrer el cosmos» 113 . Séneca, tras el cambio de plan, habría compuesto dos libros sobre terrena (III, IVa), y la muerte le habría impedido terminar la obra, por lo que no habría podido tratar ningún tema astronómico.

Las ideas de Rehm han sido retomadas y desarrolladas con nuevos argumentos por N. Gross 114 , quien, apoyándose en los trabajos de Hine y, concretamente, en la numeración del 3-10 que ofrecen algunos manuscritos 115 , ha desempolvado y defendido con nuevos argumentos una antigua teoría según la cual Séneca habría compuesto, independientemente de las NQ , dos libros sobre astronomía 116 que, posteriormente, un editor, de acuerdo con el programa de II 1, habría colocado a la cabeza de la obra pero que se habrían perdido en el curso de la tradición. Hay que reconocer, sin embargo, que los argumentos utilizados por Gross son muy débiles y su hipótesis, si no descabellada, puede considerarse escasamente fundada 117 .

UNA METEOROLOGÍA

Que las NQ no tratan la física de todo el cosmos es algo que resulta evidente. Si prescindimos de los cometas (VII), que según la interpretación de Aristóteles, generalizada en la Antigüedad, son fenómenos atmosféricos y pertenecen, por tanto, al apartado de la meteorología, falta por completo la astronomía y el amplio campo de la geografía sólo estaría representado por los dos libros hidrológicos (III, IVa). El resto de los libros (I, II, IVb, V, VI) pertenecen claramente al dominio de la meteorología, en el que también podrían incluirse los dos anteriores, si nos atenemos al concepto aristotélico de esta ciencia.

Una comparación del contenido de las NQ con el de los tres primeros libros de los Meteorologica de Aristóteles, la obra que determinó el concepto y métodos de esta disciplina en los autores posteriores, demuestra:

— Que tan sólo son dos los temas tratados por Aristóteles y no tratados por Séneca: la Vía Láctea, un tema menor, al que parece que los estoicos no prestaron demasiada atención 118 , y el mar, con las cuestiones relacionadas de la salinidad, la erosión costera, etc.

— A su vez, el único tema de las NQ no estudiado por Aristóteles es el tema del Nilo, al que podría haber dedicado una monografía especial 119 , pero que, después de él, debió de convertirse en uno de los tópicos más importantes de la meteorología, pues su estudio se incluye sistemáticamente en la mayoría de los tratados conservados 120 .

En conclusión, las NQ , tal como las conservamos, han de considerarse una obra de meteorología.

SENTIDO DE LA SELECCIÓN

Ahora bien, si es cierto que los Meteorologica y las NQ coinciden en el contenido, el sentido último que tiene esa selección de temas para Aristóteles y para Séneca es muy distinto. La meteorología para Aristóteles forma parte de un programa de estudio sistemático del universo donde el campo de la meteorología es definido de acuerdo con un doble criterio espacial y material, según el cual la meteorología estudia: (i) los fenómenos que tienen lugar en el mundo sublunar; (ii) los fenómenos en que se hallan implicados los cuatro elementos (tierra, agua, aire, fuego).

Después de Aristóteles, los filósofos que, como Séneca, trataron de explicar los fenómenos meteorológicos, se movieron en un marco heredado, que definía tanto el tipo de fenómenos que se consideraban meteorológicos como los métodos de investigación y explicación adecuados. Pero, mientras para Aristóteles el objetivo de la meteorología no era otro que explicar con coherencia una parte del cosmos, los filósofos posteriores, en particular los epicúreos y los estoicos, concibieron, fundamentalmente, la meteorología como medio para alcanzar un objetivo filosófico concreto: en el caso de los primeros, liberar al hombre del miedo a los dioses y a la muerte; en el caso de los segundos, demostrar el orden y la racionalidad del cosmos y alcanzar así el conocimiento de Dios.

Demostrar el orden y la racionalidad de los fenómenos celestes resultaba innecesario por evidente 121 ; pero no sucedía lo mismo con los fenómenos que ocurren en la región sublunar, aparentemente regidos por el caos y el azar. Demostrar que también estos fenómenos están sometidos a la ley y a la causalidad (providencia divina) ha de ser, sin duda, el reto principal a que se enfrente el filósofo estoico. Y ésta es, creemos, la razón última que justifica la selección de fenómenos realizada por Séneca.

Aunque Séneca no declara expresamente las razones de su selección temática, esto es lo que se desprende indirectamente de algún pasaje de su obra.

Significativo, en este sentido, es un pasaje del prólogo del libro I, donde el filósofo trata de explicar el sentido último de su obra y, en el que, tratando de precisar el concepto de Dios, explica.

Todo él es razón, mientras que la condición humana es presa de un error tan grande que este universo, el organismo más organizado y más sujeto a un plan que existe, lo consideran los hombres regido por la fortuna y sometido al azar y, por eso, turbulento, en medio de rayos, truenos, tormentas y restantes meteoros que azotan las tierras y la zona próxima a las tierras. Y esa locura no se circunscribe al vulgo, sino que alcanza también a los que están consagrados a la sabiduría. Hay quienes piensan que ellos mismos tienen un espíritu, y, además, providente, capaz de planificar toda actividad, tanto propia como ajena; pero que este universo, en que también nosotros nos encontramos, carente de planificación, es arrastrado por una especie de azar o por una naturaleza que no sabe lo que hace 122 .

Demostrar, precisamente, la racionalidad del mundo sublunar, descubrir las leyes que rigen su aparentemente anarquía, como forma de alcanzar el conocimiento de Dios y de entrar en comunicación con Él, es, sin duda, la razón última de la selección de temas tratados por Séneca y el fin último de las NQ 123 .

Otros criterios

Es posible que a este criterio principal de selección de temas puedan sumarse otros secundarios:

1. En primer lugar, el atractivo que ejercían en Séneca algunos de estos fenómenos. Es lo que afirma en VI 4,2 y justifica que ya en su juventud hubiera escrito un libro dedicado a los terremotos 124 .

2. Es posible también que la gran dificultad de este campo de estudio, debido especialmente a los escasos medios de observación disponibles, supusiera para Séneca un importante reto intelectual 125 y le brindara, al tiempo, la ocasión de aislarse y evadirse de la triste realidad que le tocó vivir en los últimos años de su vida.

3. Y, sobre todo, puede haber influido en la selección la rabiosa actualidad de los fenómenos estudiados. Séneca va a estudiar los grandes temas de debate de su época. Lo era el tema de los cometas 126 , lo era el del Nilo 127 , lo era el de los rayos 128 , y, en una zona de alta sismicidad como era Italia, lo era, sin duda, el de los terremotos. No es éste el principal criterio de selección, como demuestra el hecho de que también se incluya en la obra el estudio de otros fenómenos, como los meteoros ígneos y luminosos, las nubes o los vientos, cuya actualidad o influencia en la vida humana resulta mucho más dudosa 129 . Pero, sin duda, es éste un importante factor que puede haber condicionado la selección temática llevada a cabo por Séneca en esta obra.

VII . CIENCIA Y FILOSOFÍA
INTRODUCCIÓN

Si prescindimos de algunas excepciones notables, en líneas generales, la crítica moderna ha querido ver en las NQ una desafortunada incursión de Séneca en los dominios de la ciencia física.

Pero este juicio tan generalizado está viciado por un doble error de partida: en primer lugar, suponer, sobre la base de la mezcla de filosofía y moral característica de esta obra, que la ciencia para Séneca es un asunto secundario, subordinado a sus intereses de moralista; y, en segundo lugar, entender que la obra no sólo aporta muy poco a la historia de la ciencia sino que, desde un punto de vista moderno, difícilmente merece el calificativo de «científica».

Prescindiendo, por el momento, del primer aspecto, que examinaremos con detalle en el capítulo siguiente, y centrando la atención en el segundo, no cabe duda de que, desde el punto de vista de la ciencia actual, las NQ son una obra en gran medida trasnochada (juicio que podría hacerse extensivo a la inmensa mayoría de las obras de ciencia griegas y romanas 130 ) y que su aportación a la historia del pensamiento puede considerarse mínima 131 . Pero, además, incluso en un aspecto en el que podía ser fundamental, dadas sus numerosas citas, como fuente para hacer la historia de dicho pensamiento (especialmente en el campo de la meteorología), ha de manejarse con suma cautela, pues sus citas distan mucho de ser exactas y precisas 132 .

Pero esto no significa que las NQ carezcan de interés como obra de ciencia. Las NQ han de considerarse, en primer lugar, un ejemplo del tipo de ciencia que se practicaba no sólo en Roma, sino en el mundo grecorromano (al menos en círculos estoicos) en la Roma del siglo I de nuestra era y, desde este punto de vista, su valor es incalculable porque se trata de un ejemplar único. Pero, además, no es cierto que Séneca carezca de un verdadero interés y espíritu científico, y una buena prueba de ello son las numerosas e importantes reflexiones epistemológicas que, como veremos, realiza a lo largo de la obra.

Si las NQ no pueden considerarse una obra de ciencia en el sentido moderno, no es tanto por el desinterés o la incompetencia de Séneca, como por la perspectiva desde la que éste se acerca a la ciencia y que era la única posible en su momento: una perspectiva filosófica. Más que de una obra de ciencia las NQ han de considerarse una obra de filosofía, de filosofía de la naturaleza 133 . Y esto se traduce en una serie de características peculiares que la definen y que trataremos de examinar a continuación.

CIENCIA Y FILOSOFÍA

Para entender la relación entre filosofía (la verdadera ciencia, a los ojos de Séneca) y las artes (nuestras ciencias experimentales) en Séneca es fundamental la discusión de la epístola 88 en que nuestro filósofo, siguiendo, probablemente, a Posidonio, rechaza la idea de que la geometría y otras ciencias formen parte de la filosofía, aun admitiendo la ayuda inestimable que pueden y deben prestarle como auxiliares. Por más que la filosofía y las ciencias compartan el campo de trabajo, ambas tienen objetivos y métodos claramente diferentes 134 .

El filósofo de la naturaleza, dice Séneca, investiga las causas de los fenómenos naturales; la tarea del científico es describirlos matemáticamente. El filósofo investiga la razón del movimiento de los astros, la causa que produce la reflexión en el espejo, demuestra que el sol es grande. Al matemático le corresponde medir esos movimientos, describir las propiedades de los espejos, determinar las dimensiones del sol 135 . La filosofía es, pues, etiológica; la ciencia, principalmente, descriptiva.

Pero hay más; mientras el científico basa su trabajo en la observación y el cálculo, el filósofo razona deductivamente a partir de sus principios o axiomas fundamentales.

Que la verdadera ciencia no es sólo ni principalmente cuestión de observación y experiencia 136 , sino, sobre todo, de razonamiento es algo que no se cansa de repetir Séneca una y otra vez a lo largo de la obra.

El filósofo de la naturaleza se distingue, precisamente, del moralista por una audacia intelectual que le impide conformarse con lo que ven los ojos y que le lleva a sospechar que existe un reino más grande situado fuera del alcance de nuestra mirada, al que sólo la razón puede acceder 137 .

Para conocer la naturaleza, dice Séneca, es preciso desvelar sus secretos, no conformarse con su aspecto exterior sino mirar en su interior y penetrar en sus misterios 138 . Dios, explica en otro lugar, no ha querido mostrar a los hombres todas las partes del cosmos; Él mismo no es accesible más que por la razón; pero también otros «muchos seres emparentados con la suprema divinidad, y a quienes les cupo en suerte un poder parecido, están envueltos en la oscuridad o quizás, y lo que es aún más asombroso, saltan a la vista y a la vez escapan de ella, bien porque son de una materia tan sutil que no pueden ser percibidos por el ojo humano, bien porque su excelsa majestad se esconde en un sagrado retiro y oculta su reino, es decir, se oculta a sí mismo, y no permite el acceso a nadie más que al espíritu 139 ». La investigación científica exige, repite en otra ocasión, «una alta dosis de audacia para sacar a la luz secretos que están tan profundamente escondidos 140 ». Y esto sólo puede hacerse con la fuerza de la razón.

Naturalmente, esta concepción de la ciencia tiene unas implicaciones muy importantes.

Aunque, como veremos posteriormente, observación y experimentación no están excluidas de las NQ , el método básico de Séneca es el razonamiento deductivo a partir de unos principios o axiomas indemostrables.

Séneca rara vez parte de la observación directa de los hechos 141 . Más que en la experiencia, se basa en una lógica abstracta que le permite, por ejemplo, explicar el origen de las aguas subterráneas recurriendo simplemente al dogma de los cuatro elementos y sus transformaciones recíprocas 142 , o que le permite ver con los ojos de la mente otro mar en el interior de la tierra 143 , o que le permite explicar el régimen horario de algunas fuentes, recurriendo al carácter cíclico de los fenómenos de la naturaleza 144 ; o que le lleva a negar la posibilidad de que el fuego del rayo descienda del éter, basándose en el principio del orden que reina en aquella región y que no permite la caída de ningún elemento 145 .

Desde nuestro punto de vista moderno, el error de Séneca es identificar ciencia y filosofía, creer que es posible el progreso de la ciencia con la fuerza pura del pensamiento. Pero para Séneca este enfoque era el único posible. Muchas de las críticas que se han vertido sobre las NQ dependen de no haber entendido bien esta característica.

Hay, además, una segunda impliciación no menos importante, que es la renuncia expresa a las demostraciones matemáticas y geométricas, por más que en algún pasaje de la obra Séneca da a entener que es plenamente consciente de su eficacia 146 .

EL RAZONAMIENTO ANALÓGICO

Un tipo de razonamiento especialmente utilizado por Séneca es el llamado razonamiento analógico 147 . La analogía es un (falso) método de razonamiento por el cual el filósofo o científico, tras detectar (o creer detectar) un parecido entre dos objetos o procesos que no son iguales, atribuye al desconocido rasgos y características del conocido 148 .

El recurso a la analogía es constante a lo largo de toda la obra y sirve para explicar en todo o en parte la mayoría de los fenómenos estudiados 149 . Especialmente importante es, por ejemplo, para explicar los fenómenos que suceden bajo la superficie terrestre hasta el punto de que Séneca presenta como axioma el principio de la similitud entre el interior y el exterior de la tierra 150 , que va a utilizar en diversos pasajes para defender la existencia de grandes reservas de agua subterráneas 151 . Papel destacado tiene también la que se establece entre las estructuras del hombre (microcosmos) y del universo (macrocosmos) o la que se establece entre la tierra y un ser vivo y que sirven para explicar variados fenómenos naturales 152 .

La analogía, sin embargo, contra lo que en principio pudiera pensarse, no es un método peculiar de Séneca. La mayoría de las analogías científicas que se encuentran en las NQ no son invención suya, como tampoco lo son las teorías científicas basadas en ellas. Y es que el método analógico ha desempeñado un papel esencial en el pensamiento científico griego desde sus comienzos. Su uso se remonta a los presocráticos, pero es utilizado también por Aristóteles, Teofrasto, los epicúreos y, naturalmente, los estoicos.

Ya Anaxágoras había tratado de justificar teóricamente este método con la conocida máxima: ópsis adélon tà fainómena 153 : «las cosas visibles son el espejo de lo invisible». Es decir, en el estudio de la naturaleza, la analogía ofrece a la razón el medio de comprender fenómenos que se escapan a la observación. La analogía es un método que tiene su justificación en la falta de medios técnicos para observar los fenómenos atmosféricos y comprobar experimentalmente la veracidad de las hipótesis emitidas. La analogía constituía el único medio de ofrecer un soporte empírico en temas oscuros y difíciles, como los que se planteaban en los campos de la astronomía y meteorología, de la embriología y patología, en los que la observación directa era imposible.

RELATIVIDAD DEL CONOCIMIENTO HUMANO Y LA FE EN EL PROGRESO DE LA CIENCIA

Contra lo que pudiera pensarse, el propio Séneca es consciente de las limitaciones de este tipo de razonamiento. Sabe y reconoce que sólo las matemáticas pueden aportar una certeza absoluta 154 , sabe que el razonamiento analógico no lleva más allá de la conjetura 155 . Sólo los dioses poseen el conocimiento de la verdad; los científicos, para desentrañar los misterios del mundo, han de avanzar a tientas y limitarse a proponer hipótesis, sin la certeza de hallar la verdad pero con la esperanza de conseguirlo 156 .» Querer obtener la certeza absoluta es una quimera y equivaldría a condenarse al silencio, pues incluso las teorías generalmente aceptadas tienen que «defender su causa», es decir, no se imponen tanto por la rotundidad de sus argumentos como por la convicción subjetiva de que son ciertas 157 .

Esto no significa, sin embargo, que Séneca dude, como los epicúreos, de la posibilidad de alcanzar el verdadero conocimiento, sino que se limita simplemente a señalar las dificultades. Y es que Séneca, a diferencia de los epicúreos, fundamentalmente preocupados por demostrar la naturalidad de los fenómenos naturales (y así librar del miedo a los hombres) pero desinteresados en el progreso de una ciencia especulativa e incierta 158 , proclama abiertamente su convicción en el progreso de la ciencia.

Séneca reconoce el mérito de los primeros investigadores, pese a sus defectos, por creer que la verdad podía descubrirse 159 y admite expresamente que la naturaleza no desvela sus misterios de una sola vez ni a cualquiera. «Algunos los contemplará nuestra generación, otros las venideras 160 .» Pero, sobre todo, proclama su fe ciega en el constante progreso de la ciencia «en la que, incluso cuando se hayan realizado grandes avances, todas las generaciones podrán realizar alguno 161 ». Palabras que anticipan aquellas más famosas del libro VII, en que Séneca proclama la misma idea en tono profético: «Vendrá un día en el que el paso del tiempo y los esfuerzos de muchas generaciones sacarán a la luz las verdades que actualmente están ocultas... Vendrá un día en el que nuestros descendientes se extrañarán de que hayamos ignorado cosas tan evidentes 162 ». Y continúa más adelante: «Muchas cosas ignoradas por nosotros las sabrán las gentes del futuro; muchos conocimientos están reservados para las generaciones venideras, cuando ya se haya borrado nuestro recuerdo. Pequeña cosita sería el universo si todas las generaciones no tuvieran algo que investigar en él... La naturaleza no desvela sus misterios de una sola vez... Sus secretos no se revelan indiscriminadamente ni a cualquiera: están guardados y encerrados en el interior del santuario; de ellos, alguno lo contemplará nuestra generación; algún otro, la que venga detrás de nosotros 163 ».

Este sentido de la provisionalidad y de la relatividad de los descubrimientos científicos pero con la fe ciega en su progreso es, sin duda, uno de los aspectos más modernos de Séneca como científico 164 .

VIII . FÍSICA Y ÉTICA

Todos los libros de las NQ responden a una estructura repetitiva, según la cual una sección central de carácter científico, dedicada a investigar las causas de uno o varios fenómenos naturales, se halla enmarcada por unos prólogos y epílogos de carácter teológico-moralizante de considerable extensión y a veces es interrumpida en su desarrollo por excursus de carácter puramente moralizante. Es ésta una característica que salta a la vista al primer contacto con la obra y que desde siempre se ha convertido en el principal blanco de las críticas lanzadas contra su autor.

Y así, a Séneca se le ha venido criticando durante mucho tiempo por haber permitido la entrada en un tratado científico a inoportunos añadidos de filosofía moral, que no sólo romperían la unidad de la obra sino que, además, representarían la parte más interesante de la misma. Se considera que Séneca habría compuesto la obra más con espíritu de moralista que de verdadero científico, más preocupado por el perfeccionamiento moral de sus lectores que interesado por el verdadero conocimiento. La ciencia sería para él una cuestión secundaria, orientada exclusivamente al servicio de la moral 165 .

Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX y a la par del renovado interés de los estudiosos por esta obra de Séneca, las opiniones, tanto sobre la unidad de la obra como sobre el valor de las discusiones físicas, han sido mucho más positivas, siendo numerosas las voces que, en unos casos, han defendido la unidad de ambos elementos y subrayado, en otros, el verdadero interés de Séneca por la ciencia física. La crítica, sin embargo, dista mucho de ser unánime al respecto y la cuestión seguirá abierta, probablemente durante mucho tiempo, a nuevas investigaciones y puntos de vista 166 .

En nuestra opinión, para poder entender y juzgar la composición de las NQ hay que tener en cuenta dos tipos de factores: unos literarios, otros filosóficos.

Aspectos literarios

Como ha puesto de relieve recientemente F. Limburg 167 , las NQ presentan una estructura similar a otras obras de poesía didáctica, como son el poema de Lucrecio, las Geórgicas de Virgilio y los Astronomica de Manilio, obras cuyos distintos libros, como los de las NQ , comienzan y terminan por prólogos y epílogos de naturaleza similar a los de las NQ , en los que sus autores tratan de señalar la importancia y el sentido de la explicación del mundo contenida en la obra. Se trata en todo caso de pasajes claramente diferenciados del núcleo científico o técnico de la misma.

Especialmente interesante, desde este punto de vista, resulta la comparación de las NQ con el poema de Lucrecio y con el breve poema didáctico que, en parodia de Lucrecio, pone Ovidio en boca de Pitágoras en el libro XV de las Metamorfosis 168 , en el que la parte principal dedicada a la discusión de fenómenos naturales es enmarcada por sendos pasajes de carácter moralizante: XV 75-95 y 453-479.

Es verdad que, al menos a primera vista, puede apreciarse una mayor integración de los dos elementos tanto en el poema de Lucrecio como en el de Ovidio. Tanto en uno como en otro las discusiones científicas constituyen la base del mensaje ético del poema, que emana directamente de ellas. Un sencillo ejemplo nos lo puede ofrecer la comparación del libro III de Lucrecio con el libro VI de Séneca, que, aunque con distinto argumento científico (el de Lucrecio trata de la naturaleza del animus y del anima; el de Séneca, del terremoto), comparten el objetivo moral de eliminar el miedo a la muerte. Pero mientras que toda la argumentación de Lucrecio, que trata de demostrar en último extremo que nada de nuestro ser sobrevive tras la muerte, está destinada a eliminar dicho miedo, en Séneca la situación es muy distinta: la relación de las explicaciones científicas con el mensaje moral son prácticamente nulas e, incluso, si se quiere, contradictorias 169 . Tanto el prólogo como el epílogo de este libro pueden considerarse dos consolationes ante el miedo a la muerte en un terremoto (prólogo) o el miedo a la muerte en general (epílogo) y tienen una argumentación propia, totalmente independiente del estudio científico.

En Séneca, sin duda, la situación es distinta debido, entendemos, a dos tipos de motivos: en primer lugar, a las características compositivas de nuestro autor que le llevan a primar la efectividad de los pasajes concretos sobre la estructura del conjunto; en segundo lugar, a las complicadas y ambivalentes relaciones entre la física y la ética en Séneca. Del primer aspecto ya nos hemos ocupado anteriormente 170 ; del segundo, que es fundamental para poder entender la verdadera dimensión del problema, vamos a tratar a continuación.

Relaciones de la física y la ética en Séneca

Para los epicúreos la única razón para estudiar física es que ésta permite conseguir la serenidad de ánimo, la deseada ataraxía , liberando al hombre de la superstición, del miedo a los dioses y a la muerte. Para ellos la física tiene un carácter puramente utilitario y, por tanto, un papel secundario, subordinado al servicio de la ética, lo que explica la integración total de ambos elementos.

Para Séneca, en cambio, contra lo que se dice frecuentemente, la física no es la base o fundamento de la ética 171 . Pese a que algún pasaje de la obra pueda dar pie para pensar lo contrario 172 , para Séneca las reflexiones morales no son la conclusión natural y buscada de las investigaciones físicas 173 . Para Séneca la relación entre física y ética es distinta, más compleja y, si se quiere, ambivalente. Séneca se debate entre dos polos contrapuestos: en primer lugar, la íntima convicción de que la contemplación de la naturaleza (es decir, el estudio de la física) tiene un valor en sí misma, es el «bien supremo» de la naturaleza humana, la razón última de nuestra existencia, la única forma de autorrealizarse, de volver a nuestros orígenes, de alcanzar el conocimiento de Dios y entrar en comunicación con Él 174 ; en segundo lugar, un profundo y radical impulso ético, que le lleva a plantearse la utilidad moral de cualquier acción humana, incluso del propio estudio de la naturaleza, al que poco antes había puesto por encima de cualquier tipo de comportamiento 175 . De la primera convicción surgen las discusiones científicas, que para Séneca tienen valor en sí, no son algo instrumental y secundario; de la segunda surgen las reflexiones morales, que Séneca añade al tratamiento científico 176 . Y, aunque Séneca se esfuerza por integrar estrechamente ambas partes, sólo lo consigue a costa de transiciones artificiosas 177 , que delatan, en último extremo, la independencia de los elementos que unen 178 .

A mi juicio, la unidad de las NQ no hay que buscarla en la coherencia lógica de las diferentes partes (científicas y morales) que la integran 179 y, mucho menos, en las pretendidas y más o menos fantásticas e imaginarias redes de relaciones que algunos autores creyeron descubrir entre ellas 180 . Hay que buscarla sencillamente en el contexto personal de un filósofo que, aun admitiendo el valor supremo de la contemplación y de la ciencia, se resiste a renunciar a su misión de moralista y a no extraer las consecuencias éticas de todo lo que hace o dice.

Pero, además, para entender debidamente el sentido de estas partes, especialmente de los epílogos y las digresiones, no podemos olvidar la importante función literaria que Séneca les asigna y que se ha venido subrayando tradicionalmente. Es evidente que Séneca, consciente de la aridez y monotonía de sus discusiones científicas, del tedio y aburrimiento que podía provocar en el lector un tratamiento ininterrumpido, quiso entretenerlo, halagándole los oídos con unos excursus de carácter altamente literario, cuyo valor se justifica en sí mismo, independientemente del contexto en que están escritos: la descripción casi excesiva de las depravaciones de Hostio Cuadra (I 16), la vívida descripción de la muerte del salmonete (III 17-18), el dramático cuadro del mundo devorado por las aguas (III 27-30), los peligros de la adulación (IVa praef.) , la amena descripción del curso y crecida el Nilo (IVa 2,3-16), el relato de la expedición organizada por Filipo II al interior de la tierra en búsqueda de oro (V 15), la descripción de los terribles efectos físicos y psicológicos del terremoto de Pompeya (VI 1,1-7), etc., son episodios de alto valor literario que alivian al lector de la monotonía y tedio de las cuestiones científicas.

Es evidente que estos pasajes cumplen una función diferente al puro debate técnico. Si a esto añadimos la señalada tendencia natural de Séneca a primar el valor de los episodios concretos sobre el conjunto, podemos entender el porqué de las tradicionales acusaciones contra la unidad de esta obra.

Ello no implica, sin embargo, en mi opinión, que el juicio resultante haya de ser necesariamente negativo. Desde nuestro punto de vista moderno, las NQ pueden considerarse, en cierta medida, una mezcla inapropiada de ciencia y moral. Pero, en primer lugar, la obra ha de ser entendida en su contexto, en el contexto de un filósofo y de una época que, aun asignando a la contemplación el valor supremo, se siente en la obligación de preguntarse por sus beneficios éticos 181 . Y desde este punto de vista, como decíamos anteriormente a propósito de la ciencia, las NQ tienen el privilegio de ser una obra única. Pero, además, cabría considerar, como ha hecho recientemente Parroni, que en este enfoque de la ciencia radica uno de los aspectos más modernos de nuestro filósofo. «Quizá por primera vez en el pensamiento occidental —escribe Parroni— 182 se plantea con absoluta lucidez el problema de la relación entre la ciencia y la moral, el problema que tanto angustia, aunque de modo obviamente diverso, a nuestra época. Para Séneca la ciencia debe tender al progreso moral del hombre; fuera de esta perspectiva no se justifica.» Pero, añadiría yo, no tanto porque la ética sea el objetivo o conclusión buscada por la ciencia, cuanto porque es requisito indispensable de la misma. Es decir, el científico en ningún momento debe desentenderse de las implicaciones éticas de su trabajo. Y esto es algo que vio muy bien Séneca. En el campamento urbano de indignados que el pasado verano (2011) se instaló, como en toda España, en la plaza del Obelisco de La Coruña leí con grata sorpresa una pancarta en que se leía: «La ciencia sin conciencia es la ruina del alma». A falta de precisiones, en el contexto actual de crisis económica, la ciencia aludida debería ser la economía. Pero, sin duda, la frase podría aplicarse a cualquier tipo de ciencia. Estoy seguro de que nuestro filósofo hubiera suscrito alborozado al pie de la letra la citada sentencia de los indignados. Por importante que sea en sí, la ciencia que prescinde de la ética está condenada al fracaso. Haber visto esto claramente es, en mi opinión, uno de los grandes méritos de Séneca. Éste es el sentido último de la mezcla de física y ética en las NQ .

IX . FUENTES Y DOXOGRAFÍA

Las NQ tienen un carácter marcadamente doxográfico. El método de trabajo de Séneca podría calificarse de «doxografía crítica». Séneca expone y discute las teorías de una serie de pensadores del pasado para dar finalmente su propia opinión, que suele coincidir, aunque no necesariamente, con una de las teorías expuestas anteriormente.

En todo caso, este método de la doxografía crítica no es original de Séneca. Se trata de un método que se remonta a Platón y Aristóteles 183 , y que fue practicado en mayor o menor medida por autores como Teofrasto y Posidonio 184 , autor este último de quien podría haberlo tomado Séneca. Es un método que revela, más que una actitud erudita y pedante, un importante sentido del progreso de la ciencia y la profunda convicción de que el conocimiento de las teorías anteriores puede contribuir decisivamente al avance de la misma 185 .

En la práctica, Séneca es una de nuestras fuentes principales sobre la historia de la meteorología antigua. Cabe preguntarse, por tanto, cuál es el origen de esta información y el grado de fidelidad que podemos esperar de ella.

Durante mucho tiempo prevaleció la tesis de la fuente única, según la cual Séneca habría encontrado tanto la información sobre las teorías de los distintos autores como la crítica de las mismas en un único manual griego, que ha querido identificarse con una obra física o meteorológica de Posidonio, con un compendio que Asclepiódoto, discípulo del anterior, habría hecho de las obras de su maestro e, incluso, con una obra puramente doxográfica, de características similares a los Piacita de Plutarco.

Hoy, sin embargo, la tesis de la fuente única ha caído en descrédito y hay razones para pensar que las lecturas de Séneca fueron más amplias de lo que anteriormente se pensaba.

La tesis de la fuente única se basa en la falsa idea, tantas veces repetida, de que la ciencia para Séneca es un asunto de importancia secundaria, subordinado a sus intereses de moralista, e, incluso, en la extraordinaria rapidez con que a veces se supone que habría escrito la obra 186 . Para conseguir tales objetivos en un plazo mínimo le habría sido más cómodo y suficiente basarse en una obra única.

Hoy, sin embargo, resulta difícil sostener la idea de un Séneca lego en cuestiones científicas. Antes al contrario, hay razones para suponer que las NQ , aun compuestas en los últimos años de la vida de Séneca, suponen la culminación de una vida de estudios y lecturas, dedicada a las ciencias de la naturaleza. Por sus propias declaraciones sabemos que ya en sus años juveniles el filósofo había escrito un tratado sobre los terremotos (De motu terrarum) , desgraciadamente perdido 187 . Sabemos que compuso también varios escritos, todos ellos perdidos, sobre los peces (De piscium natura) , las piedras (De lapidum natura) , sobre la forma del mundo (De forma mundi) y sobre la geografía de Egipto y de la India (De situ et sacris Aegyptiorum, De situ Indiae) 188 . Más aún, en la Consolatio ad Heluiam , escrita en su destierro en Córcega, en el 41 d. C., afirma expresamente dedicarse a estos estudios, trazando el programa de una obra completa sobre el universo, una parte del cual debió de llevar a cabo en los últimos años de su vida 189 .

Pero también las propias reflexiones de Séneca sobre el papel de la lectura en el trabajo intelectual hablan a favor de una pluralidad de fuentes. Aunque en alguna ocasión previene al lector sobre los peligros de dispersarse en un gran número de lecturas y aconseja limitarse a unas pocas obras bien seleccionadas 190 , la famosa comparación del escritor con las abejas 191 , por la que le recomienda libar y clasificar primero las ideas tomadas de múltiples lecturas, para después fundirlas en el crisol de la inteligencia y así obtener a partir de diversos jugos una sustancia propia, completamente nueva, es posible que describa con precisión el tipo de trabajo realizado por Séneca en sus NQ .

Pero han sido sobre todo los estudios de A. Setaioli 192 y de N. Gross 193 los que han echado abajo la tesis de la fuente única. Este último, especialmente, ha defendido ardorosamente la pluralidad de fuentes, que quedaría demostrada por la deficiente integración de diversas partes de la obra y por no pocas contradicciones internas.

Identificar estas fuentes no es una tarea fácil, teniendo en cuenta especialmente que el propio Séneca, de manera deliberada, se esfuerza en ocultarlas, pero creemos que merece la pena intentar siquiera una mínima aproximación a ellas. A continuación, por tanto, pasaremos revista a los principales autores citados en su obra y discutiremos hasta qué punto pueden o no ser considerados fuentes de ella.

PRESOCRÁTICOS

Naturalmente, nadie pretende que Séneca pudiera conocer de primera mano las obras de los presocráticos, por la sencilla razón de que no existían. La información que nos transmite Séneca sin duda se remonta a Aristóteles o a Teofrasto, aunque probablemente no llegara directamente de ellos, sino a través de las reseñas doxográficas de autores como Posidonio y Asclepiódoto o de una obra puramente doxográfica, dependiente en último extremo de Teofrasto.

ARISTÓTELES

Séneca expone en numerosas ocasiones la teoría de Aristóteles sobre los meteoros estudiados. La comparación de dichos pasajes con el original de los Meteorológicos demuestra que, si en ocasiones Séneca parece seguir casi al pie de la letra el texto aristotélico 194 , en otros casos no ofrece más que imprecisos sumarios de su doctrina, deformados e incluso amplificados 195 . A partir de estas peculiaridades muchos críticos piensan que Séneca no conocía a Aristóteles de primera mano, sino a través de resúmenes de otros autores 196 , aunque no faltan estudiosos que admiten el conocimiento directo de Aristóteles 197 y consideran que nuestro filósofo lo utilizó de acuerdo con sus intereses, sin preocupación por la precisión y exactitud exigibles a un científico moderno.

TEOFRASTO

Séneca cita a Teofrasto en nueve ocasiones, especialmente en el libro III en relación con la doctrina de las aguas 198 . Y Steinmetz ha defendido convincentemente que de él provienen numerosas teorías expuestas o defendidas por Séneca 199 . Sin embargo, la mayoría de los estudiosos, incluido el propio Steinmetz 200 , rechazan o al menos ponen en duda la idea de que Séneca conociese a Teofrasto directamente 201 , y consideran que lo conoce a través de un intermediario, que podría ser Posidonio, Asclepiódoto u otro autor desconocido.

POSIDONIO

La influencia del pensamiento de Posidonio en las NQ es algo que la crítica reconoce de manera unánime, y que especialmente el excelente comentario de Kidd sobre los fragmentos del filósofo de Apamea ha sabido poner de relieve 202 . Posidonio es citado once veces en las NQ , no sólo como fuente de datos concretos, sino como valedor de determinadas teorías. Donde es citado, es razonable pensar que pueda serlo de primera mano; pero hay razones para suponer que Posidonio es utilizado por Séneca como fuente incluso en pasajes donde no es nombrado 203 .

En todo caso, aun admitiendo que Posidonio fue una de las principales fuentes de Séneca, más difícil resulta determinar el alcance exacto de su influencia y, en todo caso, no hay razón alguna para pensar que haya sido su única fuente. Y buena prueba de ello es la independencia de criterio que Séneca muestra a lo largo de su obra pues, si bien en ocasiones Séneca expresa su adhesión a la teoría de Posidonio 204 , en otros casos, aun aceptándola en lo fundamental, no duda en formular reservas o puntualizaciones a determinados aspectos de la misma 205 e incluso en expresar su rechazo y defender una teoría diferente 206 .

ASCLEPIÓDOTO

Estas discrepancias entre Séneca y Posidonio no pasaron desapercibidas a los estudiosos, que, convencidos de la incapacidad de Séneca para la crítica independiente, siguiendo una sugerencia de Diels 207 , propusieron como fuente única de las NQ el nombre de Asclepiódoto, un autor desconocido, que Séneca cita cinco veces en la obra 208 y al que califica en dos de ellas como «discípulo de Posidonio» (auditor Posidonii 209 ) . Sobre la base de esta denominación y por el hecho de que el nombre de Asclepiódoto aparece dos veces próximo al de Posidonio, hablando sobre el mismo tema 210 , se ha supuesto que este filósofo sería el autor de un compendio de la meteorología posidoniana, en el que habría hecho pequeñas adiciones y modificaciones a las teorías del maestro.

De los cinco menciones de Asclepiódoto, una es particularmente importante, porque en ella se ha querido ver el título o, al menos, el tema de su obra: cf. nat . VI 17,3 apud Asclepiodotum inuenies, auditorem Posidonii, in his ipsis quaestionum naturalium causis , «lo encontrarás en Asclepiódoto, discípulo de Posidonio, en estas mismas Causas de las cuestiones naturales» .

Pero se trata de un pasaje controvertido que plantea dos problemas fundamentales. En primer lugar, un título como el que se desprende del pasaje, Quaestionun naturalium causae , «Causas de las cuestiones naturales 211 », resulta absurdo 212 . Y así ha sido observado pronto por diversos autores, que, sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre la forma de solucionar el problema, aunque en general la crítica se inclina por considerar interpolada la palabra quaestionum , entendiendo que se habría colado en el texto por influencia del título de la obra de Séneca. Ello nos dejaría como título un razonable Naturalium causae , que se correspondería con un título griego como problémata physiká o physika ì aitíai 213 . Pero también la determinación in his ipsis («en estas mismas») aplicada al supuesto título de la obra de Asclepiódoto resulta difícil de explicar y ha dado lugar a diversas interpretaciones 214 .

En mi opinión, la solución más natural y sencilla del problema es suprimir la palabra quaestionum como interpolada y entender in his ipsis naturalium causis de la misma manera que ha de entenderse in his ipsis de Re Publica (sc. libris) en la carta 108 215 , con referencia a una obra que ha sido aludida recientemente y que el autor está manejando. Es verdad que en la carta señalada el libro de Cicerón ha sido mencionado en los capítulos anteriores 216 , lo que no es el caso del supuesto libro de Asclepiódoto. Pero, aunque Séneca no lo haya mencionado explícitamente, es posible que el subconsciente le esté traicionando y esté admitiendo, implícitamente, haberlo utilizado 217 . Podría tratarse de la obra de la que Séneca tomó la explicación estoica del terremoto, expuesta con detalle en el capítulo precedente (VI 16).

Ahora bien, ¿puede generalizarse esta conclusión a la totalidad de la obra y excluirse el uso de Posidonio como fuente directa de las NQ? Creemos que no. Aun admitiendo que, en el mejor de los casos, tuviésemos el título de la obra que Séneca estaba siguiendo en ese momento, difícilmente se podría concluir que fuera la fuente única de las NQ .

Desde Brennecke 218 , se ha observado que todos los pasajes en que es citado Asclepiódoto están relacionados con los terremotos o los volcanes, pero, además, Asclepiódoto sólo es mencionado a propósito de detalles concretos y, si se quiere, marginales, no de discusiones teóricas de orden general sobre el origen, el significado o los efectos de los fenómenos naturales 219 .

En consecuencia, no hay indicios suficientes para admitir que Asclepiódoto haya compuesto una obra sobre el conjunto de la meteorología ni para pensar que Séneca la haya utilizado como fuente principal y única de sus NQ .

OBRA DOXOGRÁFICA

Convencidos de la insuficiencia de las propuestas anteriores y dado el carácter marcadamente doxográfico de la obra de Séneca, algunos autores han querido ver la fuente de la fuente de las NQ , más que en Posidonio o Asclepiódoto, en la tradición doxográfica representada para nosotros por los Placita de Aecio 220 y derivada, en último extremo, de las Physika ì dóxai de Teofrasto.

La propuesta más documentada en este sentido ha sido realizada por D. Vottero, quien, señalando las similitudes no sólo en los conceptos expresados sino en el orden en que son enunciados entre determinados pasajes de la obra de Séneca y los Vetusta Placita 221 , tal como fueron reconstruidos por Diels en su Doxographi Graeci , quiere ver en esta obra el modelo principal de las NQ 222 .

Ahora bien, aun admitiendo que Séneca puede haber usado una recopilación doxográfica, resulta difícil admitir que ésta sea su única fuente de información. Y no se trata sólo de que el carácter de las NQ sea radicalmente distinto al de las obras puramente doxográficas, sino que no es cierto que todas las noticias doxográficas de Séneca pertenezcan a la tradición representada por Aecio, pues no pocas veces faltan paralelos entre las noticias del filósofo romano y las de esta tradición 223 .

En conclusión, es razonable pensar que Séneca se haya servido, entre sus fuentes, de una o más de una obra doxográfica, pero esto no implica que ésta sea su única fuente de información.

AUTORES MODERNOS

Cabe preguntarse hasta qué punto Séneca hace uso solamente de fuentes clásicas o recurre también a fuentes contemporáneas. Da pie a esta interpretación un pasaje del libro III en que, ateniéndonos al texto transmitido por la mayoría de los manuscritos, Séneca invoca a «autores contemporáneos» (auctores nouos) como fuente de una noticia sobre las propiedades tintoriales de determinados ríos 224 . Pero, pese a que nouos es lectura unánime de los manuscritos 225 , la mayoría de los críticos se inclina razonablemente por la enmienda de Schottus bonos , que, a mi juicio, da un sentido mejor 226 . En todo caso, algunos estudiosos, basándose en indicios más o menos débiles, han querido ver contemporáneos de Séneca en autores desconocidos como Epígenes, Apolonio de Mindos o Artemidoro de Pario. Pero no se trata de opiniones justificadas y, en mi opinión, resulta preferible situarlos entre los siglos II o III a. C 227 .

AUTORES LATINOS
Papirio Fabiano

Entre los autores latinos, prescindiendo por ahora de los poetas, hemos de citar en primer lugar a Papirio Fabiano, quien, como maestro de Séneca, debería haber ejercido una influencia importante y al que quizás habría que atribuirle el mérito de haber inculcado en su discípulo el amor por el estudio de la naturaleza. Séneca lo menciona expresamente en III 27,4 por su teoría sobre las causas de la inundación que pondría fin a nuestro mundo presente, lo que obliga a incluirlo, al menos, entre las fuentes del libro III. Pero creemos que no hay razones suficientes para ver en sus perdidas Causae Naturales el modelo de la obra de Séneca 228 .

Varrón

También Varrón pudo ser uno de los autores utilizados directa o indirectamente por Séneca, que lo menciona expresamente en su libro V como fuente de la rosa de doce puntas y de las distintas denominaciones de los vientos 229 . Pero Séneca también puede haber tomado de él alguna otra información suplementaria 230 .

Átalo y Cécina

Finalmente, en la sección etruscológica del libro II, Séneca menciona entre sus fuentes los nombres del conocido etruscólogo Aulo Cecina 231 y del filósofo estoico Átalo 232 . Dado que Átalo fue maestro de Séneca, cabe suponer que lo esté citando de primera mano, bien por haber leído sus escritos, bien por haber asistido a sus clases. En cuanto a Cécina, aunque se ha defendido un conocimiento indirecto, a través de Átalo 233 , las propias palabras de Séneca (cf. II 56,1 hoc apud Caecinam inuenio , «esta información la encuentro en Cécina»), por más que referidas a un simple detalle léxico sobre la palabra «trueno», parecen avalar un conocimiento directo de su obra sobre la Etrusca Disciplina , que sin duda ha utilizado en la sección etruscológica del libro II 234 .

USO DE LAS FUENTES

La pérdida de las fuentes, tanto griegas como latinas, de Séneca no permite ulteriores precisiones sobre la identidad de sus modelos y, al mismo tiempo, nos obliga a ser extremadamente cautos a la hora de valorar el uso que ha hecho de ellas, tanto respecto al grado de independencia como al de fidelidad a las mismas. Con todo, creemos que pueden apuntarse con altas dosis de verosimilitud unas características generales.

En primer lugar, destaca sobre las demás la independencia crítica de Séneca. En contra de lo que se ha venido afirmando tradicionalmente, Séneca no es un mero repetidor mecánico de teorías ajenas. Aun admitiendo que la mayoría de las teorías expuestas y defendidas por Séneca son de origen griego y que numerosos argumentos esgrimidos a favor o en contra pudo encontrarlos en las fuentes, no es cierto que Séneca los siga pedisecuamente, sino que las analiza y valora a la luz de sus conocimientos y experiencia, siguiendo un criterio totalmente personal que lo lleva a distanciarse de Posidonio, Aristóteles, Teofrasto o de cualquier otro de los grandes sabios griegos, incluidos los estoicos 235 .

Incluso en la exposición de las diversas teorías dista mucho de ser un mero transmisor de palabras y datos ajenos, sino que con frecuencia las revive desde el punto de vista del autor, improvisando citas (o, mejor, seudocitas) textuales 236 , exponiéndolas a su manera, adaptándolas constantemente a su estilo dialogado, que le lleva a hacer uso del adversario ficticio, incluso cuando cede la palabra a sus oponentes para exponer sus propios argumentos 237 .

Pero no sólo en la forma de la exposición sino también en el contenido se deja notar la mano de Séneca, que pone tanto calor en la exposición de las doctrinas ajenas que acaba completándolas y enriqueciéndolas con nuevos argumentos, observaciones y experiencias 238 .

Desde el punto de vista de la ciencia moderna, se trata de una característica que difícilmente puede ser calificada de positiva. Pero es que Séneca carece del prurito de la exactitud filológica. Lo que le interesa es, exclusivamente, exponer y analizar ideas, atento a su fin principal, que es descubrir las leyes eternas de la naturaleza. El resto para él es pura erudición y pedantería. Es la misma actitud que le lleva a ocultar el nombre de sus fuentes, especialmente cuando está de acuerdo con ellas 239 . Pero se trata, al mismo tiempo, de una característica que, por lamentable que sea desde el punto de vista moderno, demuestra la gran diferencia de enfoque de su obra y el de las obras doxográficas, en que, tanto estén ordenadas por autores como por materias, la atribución de cada doctrina a su autor es característica consustancial a las mismas.

Esta misma falta de rigor o exactitud se refleja con frecuencia en el contenido de las citas. Un atento cotejo de las citas senecanas de las varias teorías con otros testimonios conservados demuestra la inexactitud de la mayor parte de los testimonios doxográficos de nuestro escritor. Puede ser que este defecto dependa de que muchas de sus citas son indirectas, y cabe la posibilidad de que algunas teorías antiguas estuvieran ya deformadas en ellas. Pero no puede excluirse que fuese el propio Séneca el que las plegara deliberadamente a sus intereses 240 .

Todo esto, naturalmente, impone límites a la fiabilidad de los testimonios doxográficos de las NQ y exige grandes cautelas a la hora de usarlos para reconstruir la historia de la meteorología antigua. Y, desde nuestro punto de vista, esto es algo que no podemos por menos de lamentar. Pero, analizada en su propio contexto, creemos que esta característica no empaña el mérito fundamental de Séneca: su esfuerzo intelectual por penetrar en los secretos de la naturaleza.

X . LENGUA Y ESTILO

Una de las características más destacadas de las NQ , que llama la atención desde el primer momento, es el carácter altamente literario de su estilo, que las aproxima más, desde este punto de vista, al poema de Lucrecio o a las Geórgicas de Virgilio que a los Meteorológicos de Aristóteles o a la mayoría de los tratados técnicos romanos como son las obras de Vitrubio, Columela e incluso del propio Plinio.

Como se sabe, el estilo de Séneca, que tantos admiradores le valió pero también tantos detractores, se enmarca dentro del llamado Estilo Nuevo 241 , del que el propio Séneca puede ser considerado creador y principal representante, un estilo que se puso de moda a principios del Imperio y que, por reacción contra la cuidada y estudiada arquitectura del período ciceroniano, rompe la estructura del período, descomponiéndolo en una serie de frases breves y brillantes 242 , paralácticamente unidas unas a otras; un estilo muy efectista pero que produce la impresión de «arena sin cal», famosa imagen con la que el emperador Calígula trató maliciosamente de descalificarlo 243 .

Se trata de un estilo que podríamos calificar de «conceptista», que trata de concentrar el máximo pensamiento en el menor número de palabras, eliminando de la expresión todos los elementos superfluos, y que recurre para resaltar la idea o el concepto al arsenal de procedimientos que la retórica ponía a disposición del escritor 244 .

Piedras angulares de este estilo son la anáfora y la antítesis, que, asociadas de ordinario con el isocolon, suplen la ausencia de nexos, y juegan, por tanto, un importante papel en la ligazón de la prosa senecana. Pero Séneca, además, en su afán por dar realce al concepto va a utilizar toda otra batería de procedimientos entre los que se encuentran la aliteración, la anfibología, la paranomasia, el quiasmo, el oxímoron, la paradoja, la elipsis, el zeugma, y un largo etcétera.

LENGUAJE DE LA DOCENCIA Y LENGUAJE DE LA PREDICACIÓN

Creemos, sin embargo, que la simple enumeración de estas características, que pueden aplicarse, en mayor o menor medida, a cualquiera de las obras de Séneca, no es suficiente para dar debida cuenta del estilo de las NQ 245 .

Para entender mejor las NQ , en el marco de este estilo general que acabamos de caracterizar, hay que distinguir dos realizaciones de dicho estilo general, que, remedando la famosa distinción de Traina, podríamos designar como estilo de la docencia y estilo de la predicación .

El propio Séneca nos da la clave para justificar esta distinción en las epístolas 94-95, donde, en función del doble objetivo fundamental de la filosofía, la contemplatio ueri y la actio , distingue dos tipos de discurso filosófico: (i) la insitutio o discurso doctrinal y (ii) la admonitio o discurso parenético 246 , cada uno de los cuales tiene su propio contenido y su propia forma de expresión. La institutio se ocupa de los decreta o principios teóricos de la filosofía; la admonitio se ocupa de los praecepta , que son las normas o consejos que non llevan a la aplicación de los principios previamente fijados. El primero es apropiado para transmitir conocimientos y principios; el segundo, para que sus lectores interioricen y apliquen los principios aprendidos.

Pero, además, y esto es lo más importante, a cada uno de estos discursos le corresponde una forma o estilo particular de expresión. Característica de la institutio será la expresión objetiva y racional, tenderá a un estilo demostrativo basado en la argumentación 247 . Será la parte donde se darán los datos, se aportarán pruebas y testimonios, se desarrollarán definiciones, demostraciones, enunciados de principios. Propio de la admonitio será, en cambio, el estilo parenético del predicador. El filósofo, como dice Traina 248 , se transforma en director de conciencia, en monitor e incluso en coactor . Consiguientemente, recurrirá a todos aquellos recursos retóricos necesarios o convenientes para conseguir un efecto sobre el ánimo del lector.

Se trata, por tanto, de dos discursos diferentes, que aspiran a objetivos distintos: el uno, la institutio , busca exponer la teoría; el otro, la admonitio , mira a la práctica, a conseguir un efecto sobre el lector, a que éste interiorice los principios o dogmas fundamentales y los aplique 249 ; uno se propone docere; otro, mouere; uno habla a la razón y a la inteligencia; otro, a la voluntad y al corazón 250 .

APLICACIÓN A LAS «NQ »

Si esta distinción puede aplicarse de una manera más o menos general a toda la obra de Séneca, creemos que es especialmente útil para el análisis de las NQ y nos permite distinguir en ellas dos secciones claramente diferentes: la exposición científica propiamente dicha, por un lado, y los proemios y epílogos (y excursus moralizantes), por otra.

Prólogos, epílogos y digresiones

Es evidente que estos últimos, en su mayor parte, caen dentro del campo de la admonitio . En ellos tenemos una prosa hilvanada según las más refinadas reglas de la retórica 251 , cuya función principal es conseguir un efecto sobre el lector. El objetivo principal de Séneca es transformar al lector por medio de la palabra. No se trata de hacer al lector más docto, sino mejor 252 . Estas partes no están dirigidas a proporcionar más información, sino a lograr determinado tipo de comportamiento.

Las características fundamentales del lenguaje de la predicación han sido acertadamente descritas por Traina en su famoso libro sobre el estilo de Séneca 253 . En general, podemos decir que Séneca en estos pasajes hace un uso abundante de todos los procedimientos de estilo que la retórica ponía a su disposición y que hemos reseñado anteriormente. Tratando de precisar un poco más los rasgos característicos de estos pasajes, podríamos señalar los siguientes:

1. En primer lugar, una estructura muy relajada 254 . Se trata de textos, fundamentalmente repetitivos, que descuidan la dispositio del discurso en su conjunto, sustituida por una acumulación de datos, en que la misma o las mismas ideas se repiten machaconamente una y otra vez desde diferentes puntos de vista. Dicho de otra manera, la estructura lógica del discurso se deshace en un montón de brillantes sententiae , que sirven para condensar la enseñanza principal que el filósofo trata de transmitir y que repiten machaconamente la misma idea desde todos ángulos posibles.

2. Frecuente uso de metáforas e imágenes 255 .

3. Uso abundante de todos los recursos de la sintaxis impresiva, que se concreta en el frecuente uso de toda la gama de oraciones imperativas, que incluye las órdenes, prohibiciones, avisos, recomendaciones, perifrásticas de obligación, etc 256 .

4. Bajo grado de argumentación lógica. Los datos y testimonios de las partes argumentativas son sustituidos por exempla , que van a servir de base para dar fuerza y credibilidad a consejos, preceptos formulados. Entre ellos se incluyen no sólo ejemplos positivos de virtud, que deben ser imitados, sino también ejemplos negativos de vicio, que deben ser rechazados 257 .

Discusiones científicas

Un estilo muy diferente al de los prólogos y epílogos es el que encontramos en las discusiones científicas de los fenómenos naturales. Estas partes no están escritas en el lenguaje de la predicación, ya que no forman parte de la admonitio sino de la institutio . Su propósito no es influir el ánimo del lector, sino informar, razonar, enseñar.

Y así, aunque teñidos en el fondo por el estilo característico de Séneca, los pasajes científicos presentan rasgos especiales. En ellas tenemos un estilo plano, expositivo, argumentativo, lleno de datos e informaciones, de testimonios y, sobre todo, de razonamientos. En vez de recomendaciones, de preceptos o consejos, Séneca plantea cuestiones, expone opiniones, presenta testimonios, formula críticas, hace observaciones, transmite experimentos, organiza ideas, hace listas y clasificaciones, y, sobre todo, razona. Constantemente hace deducciones, aporta pruebas, saca conclusiones o realiza conjeturas. En resumen, se trata de un estilo didáctico, cuya finalidad es hablar a la inteligencia y conseguir que el lector consiga penetrar con la razón en los misterios de la naturaleza.

Citas poéticas

No hay que pensar, sin embargo, que las NQ estén escritas en el lenguaje frío de la ciencia. Séneca se esfuerza por elevar el estilo de sus partes científicas, que están muy lejos de la aridez que cabría esperar de un tratado técnico. En este esfuerzo por elevar el estilo y dar calor a la frialdad y aridez de los datos de la ciencia, Séneca se sirve de diversos procedimientos 258 de los que, sin duda, el más destacable es la frecuente inserción en su prosa de numerosas citas poéticas, perfectamente integradas en el contexto, que tienen como misión principal ampliar las posibilidades expresivas del texto científico, despojándolo de su frialdad y cargándolo de emotividad y tensión dramática 259 . Los autores preferidos de Séneca son Virgilio, Ovidio y Lucrecio, aunque no faltan citas puntuales de otros poetas tanto romanos como griegos 260 .

Virgilio

Virgilio, el poeta más querido y admirado por Séneca, es también el más utilizado en las NQ , como en el resto de su obra. Es citado veinticinco veces (treinta y nueve versos) 261 , la mayoría procedentes de la Eneida 262 , aunque también hay un número considerable de citas procedentes de las Geórgicas 263 y varias de las Bucólicas 264 . A diferencia de lo que sucede en el resto de la producción senecana, la mayor parte de las citas no son de carácter moralizante 265 sino ornamentales, empleadas para elevar el estilo y añadir fuerza imaginativa a la descripción de los fenómenos naturales. Citas de Virgilio se emplean, por ejemplo, para describir el rápido paso por el cielo de las estrellas fugaces 266 , para resaltar la violencia de las lluvias primaverales 267 o para describir el bramido y la violencia desencadenada del viento en determinadas circunstancias 268 .

Ovidio

Ovidio es, después de Virgilio, el poeta más apreciado y citado por Séneca. Y es precisamente en las NQ donde se concentra el mayor número de citas ovidianas 269 , prácticamente todas tomadas de las Metamorfosis 270 , especialmente del exordio cosmogónico y del discurso de Pitágoras del último libro 271 y que, salvo en un ejemplo 272 , tienen, como en el caso de Virgilio, la función de ilustrar toda la gama de los fenómenos naturales. Así. por ejemplo, Séneca recurre a una cita de las Metamorfosis (bordado de Aracne) para describir la infinita cantidad de colores del arcoíris, cuya transición el ojo humano es incapaz de percibir 273 , o para ilustrar la existencia de oscuras cuevas subterráneas 274 , o para describir la fuerza irresistible de la rotación celeste que arrastra consigo a los astros 275 .

La influencia y utilización de Ovidio es especialmente manifiesta en el epílogo del libro III, donde Séneca, en emulatio con el poeta de Sulmona, utiliza varios pasajes del relato del diluvio para describir las consecuencias de la violencia desencadenada de las aguas 276 .

Lucrecio

También Lucrecio, el gran poeta epicúreo, está presente en las NQ , aunque Séneca, a diferencia de lo que hace con Virgilio y Ovidio, no lo cita explícitamente más que en una ocasión (y eso sin nombrarlo 277 ): cf. IVb 3,4 stillicidi casus lapidem cauat , «la caída de una gota agujerea una piedra» (Lucr. I 313), palabras con que trata de corroborar, aportando un testimonio de autoridad, su explicación de la forma redonda del granizo.

En todo caso, a falta de citas explícitas, pueden percibirse ecos lucrecianos en diversos pasajes de las NQ . Ejemplos claros tenemos en la descripción del movimiento del polvillo atmosférico, que sirve a Séneca para demostrar la agitación constante del aire (V 1,2 278 ) y que evoca la famosa imagen con que Lucrecio trata de describir el movimiento de los átomos (Lucr. II 114-129); o en la comparación de la trepidación producida por el terremoto con la que afecta a los edificios al paso de carros que transportan cargas pesadas (VI 22,1), que ya utiliza Lucrecio en su sección dedicada a los terremotos (Lucr. VI 548-551). Y es muy posible, también, que la nota lexicográfica sobre la especialización en los autores antiguos de fulg ĕ re (por oposición a fulg ē re) para designar el relámpago (por oposición a un simple destello luminoso cualquiera) esté basada en el uso que Lucrecio hace de estos términos 279 . Pero, probablemente, tiene razón Parroni al afirmar que son numerosos, especialmente, en contextos técnicos, los pasajes de las NQ en que pueden encontrarse ecos más o menos precisos del poema lucreciano 280 .

Vocabulario científico

Señalaremos finalmente que un último aspecto en que se manifiesta el carácter literario de la obra de Séneca es el uso del vocabulario especializado, que difícilmente responde a lo que cabría esperar actualmente de una obra técnica o científica 281 .

Un estudio detenido de los términos que se aplican a nociones fundamentales de las teorías que Séneca expone, revela las enormes insuficiencias y limitaciones de este léxico. Consciente, sin duda, de la aridez e inoportunidad de los términos técnicos en una obra de pretensiones literarias, y en un claro intento de halagar los oídos del lector 282 , Séneca renuncia sistemáticamente al intento de construir y usar una verdadera terminología especializada, recurriendo, las más de las veces, a términos de la lengua coloquial, que se especializan provisionalmente para uno o más sentidos, pero sin abandonar, en la mayoría de sus usos, el primitivo o los primitivos sentidos de la lengua, de lo que resulta una enorme ambigüedad, impropia de la lengua científica y que sólo el contexto podrá deshacer en numerosas ocasiones 283 . Y, al contrario, en contraste con esta escasez de términos especializados, el deseo de evitar la repetición y el afán de variedad lleva a Séneca a una superposición de términos para el mismo concepto técnico, que tiene como resultado una situación de sinonimia designativa más propia de la lengua corriente o literaria que de la lengua científica.

XI . RECEPCIÓN
LA ANTIGÜEDAD

En contraste con la enorme influencia que ejercieron a través de los siglos tanto la filosofía moral como el teatro de Séneca, las NQ no gozaron ya desde la Antigüedad más que de una muy discreta fortuna 284 y es razonable suponer que su conservación depende más de sus prólogos y epílogos y de la alta reputación de su autor como moralista que de sus méritos como científico.

Son escasos, en efecto, los autores antiguos de los que se puede asegurar un conocimiento y utilización directa de las NQ , y, exceptuando el poema Aetna , cuyas relaciones con la obra de Séneca son controvertidas 285 , todos ellos comparten la característica de caer fuera del campo estrictamente científico. Merecen citarse especialmente tres.

En primer lugar Lucano, sobrino de Séneca y miembro del círculo estoico al que estaban especialmente dirigidas las NQ , que pudo conocer la obra de su tío incluso antes de su publicación 286 o, al menos, inmediatamente después. Huellas de las NQ son especialmente perceptibles en la descripción de la terrible tormenta que se abate sobre el ejército de César en España (cf. Lucan. IV 76-117 y Sen. nat . III 27-30) 287 , y en la digresión sobre la crecida del Nilo (X 219-331), que parece inspirada en la sección científica del libro IVa y podría incluso conservar alguna huella de la parte perdida de este libro 288 .

No va a ser hasta el siglo IV cuanto volvamos a encontrar ecos precisos del texto de Séneca, esta vez en varios pasajes de los libros XXII y XXIII de las Historiae de Amiano Marcelino 289 , aunque la enorme libertad con que el historiador trata el texto de Séneca da pie a la hipótesis, quizás innecesaria, de un intermediario.

Y todavía hemos de esperar hasta finales del siglo VI para encontrar nuevas huellas del texto de Séneca en el escritor bizantino Juan Lorenzo de Lidia, autor de una obra erudita sobre las principales fiestas del calendario romano, De mensibus , en la que compendió, directa o indirectamente, la doxografía senecana sobre la crecida del Nilo 290 .

Por el contrario, no hay pruebas seguras de que la obra de Séneca haya despertado interés entre los escritores científicos o, al menos, interesados en lo que podríamos llamar la «historia de la naturaleza». No consta, desde luego, que las NQ fueran utilizadas por Plinio el Viejo, que ni siquiera las cita entre sus fuentes, aunque quizás este hecho no deba extrañarnos, dada la profunda diferencia de orientación y objetivos que caracterizan ambas obras 291 . Y posiblemente son estas mismas las razones que explican que la obra de Séneca no fuera conocida por los autores de tratados y enciclopedias científicas de finales de la Antigüedad o principios de la Edad Media como son las obras de Marciano Capela, Boecio, Isidoro de Sevilla y Beda.

Resulta difícil saber, sin embargo, si esto se debe a la distinta orientación de estas enciclopedias y manuales o al poco aprecio de Séneca como científico, del que podría ser un indicio el famoso (y controvertido) juicio de Quintiliano 292 , quien, a la vez que alaba a nuestro filósofo por la magnitud de sus conocimientos, lo acusa de numerosas equivocaciones imputables a la negligencia de los ayudantes que utilizaba para sus investigaciones.

Fuera ya del ámbito estrictamente científico, se ha señalado algún eco en autores como Plinio el Joven, Tácito, Suetonio 293 y Juvenal, pero los indicios son débiles y se trata, por lo general, de semejanzas vagas o coincidencias poco significativas, que no reflejan un verdadero interés por la obra de Séneca.

Tampoco entre los autores cristianos, pese al notable aprecio que sintieron por el mensaje filosófico de Séneca, a quien llegaron a considerar casi uno de los suyos, encontramos ecos especiales de las NQ . No puede excluirse, sin embargo, completamente una utilización implícita de las mismas en autores como Novaciano, Cipriano, Arnobio, Ambrosio, Agustín y otros pero se trata de similitudes muy vagas, que podrían explicarse como simples tópicos o por la utilización de fuentes comunes.

Pequeñas huellas de las NQ se han señalado, también, en la Alethia de Claudio Mario Víctor 294 y en la De spiritalis historiae gestis de Avito de Vienne 295 pero, en conjunto, no parece que la Antigüedad tardía haya tenido en gran estima las NQ .

El Medievo

Después de varios siglos de silencio, la primera noticia que volvemos a tener de las NQ va a ser en el siglo IX , en que aparece señalada en un inventario de la biblioteca del monasterio de Reichenau 296 .

No son, sin embargo, las partes científicas, sino las partes filosófico-morales de la obra las que parecen despertar interés en esta época temprana de la Edad Media. Esto es lo que se deduce, al menos, de los excerpta de las NQ recogidos en un códice del siglo IX , escrito probablemente en Bretaña 297 . Se trata de tres breves pasajes del libro 1, todos ellos sobre la naturaleza de Dios 298 .

Este interés medieval por los aspectos éticos y teológicos de la obra es confirmado por dos florilegios, el Duacense y el Gallicum , ambos del siglo XII , que contienen una serie de extractos de las NQ tomados en su mayoría de los prólogos y epílogos, y tratan sobre diversos temas teológicos o morales 299 .

Sin embargo, desde principios del siglo XII e incluso antes, hay claros indicios del interés que suscita el contenido científico de la obra en los escritores medievales. Así, por ejemplo, es clara la influencia ejercida por la obra de Séneca en el tratado de meteorología y astronomía De mundi coelestis terrestrisque constitutione , erróneamente atribuido a Beda 300 . Y va a ser precisamente este interés en los aspectos científicos de la obra el que explica el verdadero descubrimiento de las NQ en el siglo XII , que tanto la tradición manuscrita directa como la indirecta lleva a localizar en la Francia septentrional y que, al menos en parte, pudo deberse a los intereses filosóficos y científicos de la escuela de Chartres. En una época en que todavía no se habían descubierto en Europa los Meteorológicos de Aristóteles, Séneca era la única fuente antigua disponible sobre meteorología.

Resulta significativo, desde este punto de vista, que en los márgenes del Codex Leidensis (L) algún lector o copista señalase unos pasajes que aparecen copiados en un manuscrito del siglo XV y que están seleccionados en su mayor parte en función del contenido científico de los mismos 301 .

Sabemos también que Juan de Salisbury, prelado inglés que estudió en Chartres, poseía un códice de la obra de Séneca, y, además, en su Policraticus entre las obras de Séneca menciona las NQ , aunque no parece haber hecho un uso significativo de ellas.

Indicios de un mayor conocimiento de las NQ se encuentran, en cambio, en el De philosophia mundi y el Dragmaticon philosophiae de Guillermo De Conches y en las Diuinae operae de Hildegarda de Bingen, en el Proslogion de Anselmo de Canterbury 302 , en las Naturales Quaestiones de Adelardo de Bath, en el De imagine mundi de Honorio de Autún y en el Chronichon (1211-1223) de Helinando de Froidmond 303 .

En el siglo XIII el conocimiento de las NQ parece consolidado en el área inglesa y francoalemana como demuestra el elevado de número de códices conservados. Pero, además, la propia obra es utilizada y citada en el De iride de Roberto Grosseteste, en el Speculum naturale de Vicente de Beauvais, en el Opus maius de Roger Bacon, y en los Meteorum libri IV de Alberto Magno 304 .

En este siglo, la recepción de las NQ está igualmente atestiguada en Italia y en España, donde Juan Gil de Zamora las cita en su De praeconiis Hispaniae (1278-1282), aunque no hay ningún indicio de la utilización de la obra por este autor 305 .

EL HUMANISMO

Falta aún por escribir la historia de la recepción de las NQ entre los humanistas. Parece, sin embargo, que entre ellos su fortuna también fue escasa.

Es verdad que ya en el prerrenacimiento las NQ eran conocidas por Petrarca (y quizá ya antes por Dante) y también por Bocaccio y otros representantes del prehumanismo florentino, pero la presencia de citas de las NQ en los escritos de los humanistas tiene por lo general carácter episódico y poco significativo.

La menor fortuna de las NQ respecto a las obras filosóficas en el prehumanismo es acorde con el papel marginal asignado a la investigación natural en la cultura humanística, al menos hasta la segunda mitad del siglo XV . Y posiblemente tuvo mucho que ver con ello la superioridad otorgada en esa época a Aristóteles tanto en el campo filosófico-moral como, especialmente, en el científico. Los Meteorológicos de Aristóteles estuvieron disponibles en Occidente a partir del siglo XII en la traducción latina (del árabe), obra de Gerardo de Cremona, y, si bien en un primer momento, Séneca mantuvo cierta importancia no sólo por sus críticas a Aristóteles, sino, sobre todo, como fuente de información sobre pensadores antiguos, poco a poco ganaría el pulso la obra de Aristóteles, favorecida por su más riguroso tratamiento científico de la materia.

Y esta situación se mantiene, al menos, en los siglos XV y XVI . La escasa fortuna de las NQ respecto a otras obras de Séneca se manifiesta ya en el notable retraso de su editio princeps (Venecia 1490) respecto a las obras filosóficas (Nápoles 1475). Por lo demás, su presencia en la cultura humanística de la primera mitad del siglo XV es escasa. Aunque se encuentran ecos de ella en autores como Lorenzo Valla o Policiano 306 y algún otro, en conjunto las citas no demuestran un particular interés por esta obra, a la que se recurría como texto de consulta para problemas científicos y léxicos. La presencia de las NQ es, en cambio, especialmente perceptible en la Physiologia Stoicorum (Amberes, 1604) del humanista y filólogo Justo Lipsio, fundador del llamado neoestoicismo cristiano 307 . Las numerosas citas de las NQ demuestran que Lipsio estaba especialmente interesado en el concepto senecano de Dios 308 .

Y no muy diferente es la situación en España, donde son escasas las huellas de las NQ , pese a que no faltan ejemplos concretos de su conocimiento. Así, por ejemplo, Blüher, en su estudio sobre la recepción de Séneca en España, señala leves influencias en círculos teológicos del siglo XV 309 , en Luis de Granada, Pedro de Rivadeneira, Quevedo y Gracián. Esta influencia se percibe, incluso, fuera del ámbito teológico, en la obra del médico salmantino Enrique Jorque Enríquez, que en su De regimine cibi atque potus (Salamanca 1594) se sirve de la autoridad científica de Séneca (nat . 2,10) para afirmar la frialdad del aire 310 . Cabe señalar finalmente que extractos de las NQ fueron traducidos por Alonso de Cartagena a principios del siglo XV 311 , pero se echa en falta una traducción española completa de esta obra entre los humanistas.

Capítulo aparte dentro de la recepción humanística de las NQ merece la influencia que ejerció en el descubrimiento de América. Entre los diversos pasajes de obras clásicas que llevaron a Colón al convencimiento de que podía llegar a la India por el oeste destaca nat . I praef . 13, donde Séneca afirma que para ir de España a la India se requiere sólo una travesía de pocos días. Se trata, con toda probabilidad, de un error de interpretación, pues Séneca está pensando más bien en una travesía del mundo habitado del extremo occidental al oriental 312 . Pero se trata de un error que no es exclusivo de Colón 313 y que demuestra, más que un verdadero interés por el contenido científico de las NQ , el enorme prestigio de que gozaba Séneca como profeta cristiano en esta época 314 .

LA ÉPOCA MODERNA

La obra de Séneca fue sobre todo apreciada en los ambientes científicos del siglo XVII , especialmente entre los conservadores como es el caso de Liberto Fromondo, profesor de filosofía y teología en Lovaina y meteorólogo de la vieja escuela, que escribió un amplio comentario exegético y crítico sobre las NQ , publicado por primera vez en la edición senecana de Lipsio y reimpreso en ediciones posteriores. Escribió también un tratado de meteorología (Meteorologicorum libri sex , 1627, reeditado con modificaciones en 1639), en el que estudiaba la meteorología con criterios tradicionales, citando y discutiendo a Séneca entre una larga lista de autores, que iba desde los presocráticos hasta los autores contemporáneos. Pero pocos años después de la primera edición de los Meteorologica de Fromondo, la introducción de nuevas técnicas experimentales, nuevas observaciones y teorías iban a producir una verdadera revolución en este campo, dejando completamente trasnochada la meteorología antigua y haciendo que los científicos se fueran desinteresando paulatinamente de la obra de nuestro filósofo 315 .

No obstante, las NQ son también citadas y discutidas por autores modernos como Galileo, Kepler, Mario Guiducci, Pierre Bayle y otros 316 . La presencia de las NQ de Séneca se detecta, además, en diversos tratados y composiciones eruditas del campo físico, astronómico, médico, químico y geológico (sobre todo en la sección dedicada a los terremotos) 317 .

Tampoco faltan testimonios de la recepción de las NQ en el ámbito filosófico. Ecos de las NQ se perciben en filósofos como Leibnitz, Gassendi, Descartes, Pascal, Giambattista Vico y otros. Y la obra de Séneca también goza de cierto aprecio entre los filósofos franceses de la Ilustración (Diderot, Voltaire, La Metrie, etc.) y entre los filósofos alemanes del siglo XIX (Shopenhauer, Feuerbach, Shelling, etc. 318 ).

En el ámbito literario se encuentran huellas de las NQ en el Vesuuius de Martin Opitz (1633) 319 y en John Milton, que en su libro Sobre la educación (On education , 1644) recomendaba la lectura de esta obra de Séneca 320 . También el barroco español ofrece diversos ejemplos de recepción de esta obra. Por ejemplo, en la Providencia de Dios (1641) de Francisco de Quevedo encontramos la traducción de algunos pasajes conocidos sobre Dios, la fortuna y el hado (I praef . 13-14, nat . III praef . 7, II 38-3 y 45,1-3) 321 . La presencia de las NQ todavía es perceptible a finales del XVIII y principios del XIX en autores como Goethe y Leopardi. Goethe, que mostró escasísimo interés por las obras filosóficas de Séneca y que criticó las partes morales de las propias NQ , se interesó en varias ocasiones por el contenido científico de esta última obra. En su estudio sobre los colores (Zur Farbenlehre , 1810), las NQ son citadas frecuentemente, analizadas con escrupulosidad y juzgadas de modo sustancialmente positivo 322 . También el poeta, filósofo, filólogo y erudito italiano Giacomo Leopardi utilizó las NQ especialmente en dos escritos juveniles: la Storia della astronomia (1813), y el Saggio sopra gli errori popolari degli antichi (1812-1813) 323 .

A partir de este momento la fortuna de Séneca coincide, en gran medida, con la filológica 324 . Pero tampoco la filología mostró durante mucho tiempo un especial interés por esta obra de Séneca, que con razón ha sido calificada como «la menos leída y apreciada» de las obras de su autor 325 . Esta situación, sin embargo, ha cambiado radicalmente en los últimos cincuenta años, en los que no sólo han aparecido diversas e importantes ediciones y traducciones de su texto, sino que especialmente, se han publicado numerosos estudios que han servido para revalorizarla y que nos permiten un conocimiento de ella muy superior al que se tenía en épocas recientes.

XII . LA TRADICIÓN MANUSCRITA

El texto de las NQ ha llegado a nosotros en un estado calamitoso a través de un conjunto relativamente numeroso de manuscritos tardíos 326 , escritos entre los siglos XII y XV , que presentan dos notables peculiaridades:

1. En todos ellos falta el final del libro IVa y el comienzo del IVb, una laguna que demuestra su origen común.

2. El orden de los libros no es el mismo en todos ellos. Como ya hemos señalado anteriormente 327 , según la ordenación de los distintos libros, pueden distinguirse dos grupos fundamentales: (i) manuscritos que presentan el orden tradicional de las ediciones, libros I-VII (orden Quantum 328 ); y (ii) manuscritos que presentan el orden IVb-VII, I-IVa (orden Grandinem ) 329 .

Basándose, especialmente, en estas diferencias de ordenación, Gercke, el filólogo alemán a quien debemos la edición más prestigiosa de las NQ durante todo el siglo XX 330 , hasta la publicación en 1996 de la nueva edición teubneriana de Hine 331 , clasificó los manuscritos en dos grandes grupos, que designó respectivamente con las siglas Δ (mss. Quantum) y Φ (mss. Grandinem) y que hizo derivar de un arquetipo de época carolingia, que, en su opinión, tendría los libros ordenados según el orden Quantum (I-VII):


Las conclusiones de Gercke fueron aceptadas por los editores posteriores 332 , que, por lo general, se limitaron a enriquecer la edición con los resultados de la colación de nuevos manuscritos.

Va a ser Vottero, en un artículo de 1973 333 , el primero en observar que Z, un manuscrito sobre el que ya había llamado la atención Oltramare 334 , no depende directamente ni de Φ ni de Δ, proponiendo un nuevo stemma tripartito.


Pero, sobre todo, serán los estudios de Hine, que ha procedido a un reexamen de la traducción manuscrita, lo que va a provocar una modificación, hoy generalmente aceptada, del stemma de Gercke. Prescindiendo en su estudio del orden de los libros y basándose en una nueva collatio y recensio de los principales manuscritos, el filólogo inglés propone un nuevo esquema bipartito en el que una de las ramas sería ζ (representada, principalmente, por Z, que cobra una importancia capital en la constitución del texto 335 ), y la otra, Ψ, subarquetipo en que confluirían las ramas Φ y Δ de Gercke.


El detalle de los principales manuscritos pertenecientes a cada uno de los grupos sería el siguiente 336 :

A) Familia ζ


ΖCodex Geneuensis (Ginebra, Bibliothèque Publique et Universitaire, lat. 77), siglo XII .
RζUna sección del Codex Escurialensis (El Escorial, Real Biblioteca, O.III.2), manuscrito compuesto, que sólo pertenece a esta familia en la sección I 13,2-II 53,2, siglo XIII .
L2Correcciones del Codex Leidensis (L: Leiden, Bibliotheek der Rijksuniversiteit, Voss. Lat. F 69), de la segunda mitad del siglo XI .
γBreves fragmentos recogidos en el llamado Flarilegium Duacense , del siglo XII .

B) Familia Ψ

La familia Ψ comprendería tres grupos de manuscritos, cuyos antepasados son designados por Hine como α, θ y π, el primero de los cuales se corresponde con la familia Δ de Gercke, y los dos segundos con la familia Φ.

1. El grupo α estaría representado en su mayor parte sólo por δ, que puede ser reconstruido a partir de tres manuscritos:


ALeiden, Bibliotheek der Rijksuniversiteit, Voss. Lat. 0.55, siglo XII .
ΒBamberg, Staatsbibliothek, IV. 16, segunda mitad del siglo XII .
VCiudad del Vaticano. Biblioteca Apostolica Vaticana , Pal. lat. 1579, de los siglos XII -XIII .
RαTres secciones del Codex Escurialensis : 1 praef , 1-I 13,1; II 53,2 - III praef . 18; y desde VII 15,2 al final del mismo libro.

2. El grupo θ está representado por los siguientes manuscritos:


FOxford, Merton College, 250, siglo XII .
HParís, Bibliothèque Nationale, lat. 8624-1, de la segunda mitad del siglo XII .

3. El grupo π se subdivide en dos ramas: ρ y υ.

1) ρ está representado sólo por:


RρUna sección del Codex Escurialensis que va de III praef . 18 hasta VII 12,2.
ΡParís, Bibliothèque Nationale, lat. 6628, siglos XII -XIII .

2) υ, por su parte, puede ser reconstruido gracias al consenso de:


UMúnich, Staatsbibliothek, 11049, del siglo XV .
WVenecia, Biblioteca Marciana, Lat. Z. 268 (1548), del siglo XIV .

Las complejas relaciones de estos manuscritos pueden ser representadas en el siguientes stemma 337 .


XIII . EDICIONES Y TRADUCCIONES
PRINCIPALES EDICIONES 338

La edición príncipe de las NQ se publicó en Venecia en 1490 en el seno de la edición completa de las obras de Séneca cuidada por Bernardino de Cremona y Simón de Luero, reeditada en varias ocasiones 339 . A ella sigue, todavía en el siglo XV , la edición (ya independiente) de Amoldo de Colonia (Leipzig, circa 1492-1495).

Ya en el siglo XVI se publica, también entre las obras completas del filósofo, la primera edición de Erasmo (Basilea, 1515).

Un notable avance en la constitución del texto supone la sucesiva edición, independiente, de Mateo Fortunato (Venecia, 1522), cuyas enmiendas y conjeturas todavía son hoy frecuentemente citadas en el aparato crítico de las distintas ediciones. Su importancia fue reconocida públicamente por el propio Erasmo, que, además, confiesa sus deudas con ella en su segunda edición (Basilea, 1529, reimpresa con escasas modificaciones, a título póstumo, en 1537). muy mejorada respecto a la primera 340 .

Todavía dentro del siglo XVI se publican dos nuevas ediciones dignas de mención, la de Mureto (París-Roma, 1585) y la de Grutero (Heidelberg, 1593).

En el siglo XVII destacan las ediciones de Justo Lipsio (Amberes, 1605, reeditada en numerosas ocasiones) y de Gronovio (Leiden, 1649, acompañada de Notae , y, después, Ámsterdam 1658).

Durante el siglo XVIII continúan apareciendo nuevas ediciones (como la de Oleario, en dos vols., Leipzig, 1702), que no suponen avances sustanciales en la constitución del texto.

A lo largo del siglo XIX aparecen, sucesivamente, las ediciones de Ruhkopf (con comentario, Leipzig, 1811), de Koeler (Gotinga, 1819 341 ), de Fickert (Leipzig, 1845) y de Haase (Leipzig, 1852), que sería durante cincuenta años la edición canónica de las NQ , hasta la publicación, ya en el siglo XX , de la edición de Gercke (Leipzig, 1907), la primera edición crítica en el sentido moderno de la palabra, basada en una rigurosa y sistemática colación de los manuscritos 342 , que ha servido de base a la mayoría de las ediciones posteriores y que todavía hoy continúa siendo fundamental para la constitución del texto de las NQ .

Después de Gercke, las NQ han sido objeto de varias ediciones, todas ellas de gran calidad.

En primer lugar, la de P. Oltramare (París, 1929), con traducción francesa, que, aun sin presentar grandes avances en la constitución del texto respecto a la edición de Gercke, representa un innegable paso adelante, pues tiene el mérito de revalorizar las lecturas del códice Z, así como simplificar el aparato crítico y completar o rectificar numerosas lecturas del sabio alemán.

Menos novedades aporta la sucesiva edición, con traducción inglesa, de Corcoran (Londres - Cambridge, Mass., 1971-1972), basada en la edición de Oltramare, que se beneficia, especialmente, de algunos estudios críticos recientes como los de Axelson (1923, 1939) y de Alexander (1948).

En 1979 se publica en España la primera edición crítica de las NQ con traducción española y notas de C. Codoñer. Basada en la edición de Gercke, aporta la colación de ocho manuscritos (cinco de ellos españoles), incluye un importante número de conjeturas personales en el texto o aparato y contribuye a eliminar algunos pasajes corruptos así como a consolidar y confirmar el texto establecido por el filólogo alemán.

En 1989 ve la luz la edición, con traducción italiana y un amplio y erudito comentario, de D. Vottero (Turín, 1989), basada también en la de Gercke, a la que incorpora numerosas enmiendas, resultado de un profundo examen de toda la traducción manuscrita que se refleja en una amplia nota crítica de más de ochenta páginas 343 .

En el año 1996 se publica, como coronación de una larga serie de estudios críticos 344 , la edición de H. M. Hine (Stuttgart y Leipzig, 1996), que supone un mayor avance en la constitución del texto después de la de Gercke, a la que sustituye en la editorial Teubner y que se ha convenido, desde su publicación, en la edición de referencia de las NQ . La edición de Hine se impone en general por el rigor de sus criterios, aunque nos sorprende a veces con sus audaces conjeturas.

Finalmente, ya en el siglo XXI , ha aparecido la edición, con traducción italiana y comentario, de P. Parroni (Milán, 2002), basada en la de Hine, pero apoyada en una nueva colación de los principales manuscritos, que corrige en numerosas ocasiones el texto del filólogo inglés (especialmente en el caso de sus atrevidas conjeturas) con propuestas sensatas y rigurosas.

OTRAS EDICIONES

Sin aspirar a la consideración de ediciones críticas y basadas, fundamentalmente, en las ediciones de Gercke y, sobre todo, Oltramare, pueden citarse las siguientes ediciones.

La de Fr. y P. Richard, con traducción francesa, París, Garnier, 1935.

La de C. Cardó, con traducción catalana, Barcelona, Fundació Bernat Metge, 1956-1959.

La de E. Serra, Pisa, Giardini editori, 1982.

La de O. y E. Schönberger, Würzburg, 1990, con traducción alemana.

La de M. F. A. Brok, Darmstadt, 1995, con traducción alemana. La de R. Mugellesi, Milán, 2004, con traducción italiana.

EDICIONES PARCIALES

Entre las ediciones parciales de los distintos libros, destacaremos las siguientes:

Chabert, S., «L. Annaeus Sénèque. Sismologie (Questions naturelles , livre VI)» Annales de l’Université de Grenoble 15 (1903), págs. 155-190, con traducción francesa.

Traglia, Α., L. Anneo Seneca. Trattato sui terremoti. Introduzione, testo, traduzione e note , Roma, 1965, con traducción.

Hine, H. M., An Edition with Commentary of Seneca Natural Questions Book Two , Nueva York, 1981.

Marino, R., Seneca: Naturales Quaestiones, Libro II , Pisa, 1996, con traducción y comentario.

TRADUCCIONES

Entre las extranjeras, además de las mencionadas anteriormente por acompañar la edición del texto de Séneca, señalaremos:

La reedición de la traducción francesa de E. Greslou (París, Panckouche, 1833), revisada por N. Desgrugillers-Billard, Clermont-Ferrand, 2008.

La traducción italiana completa de M. Natali (Milán, 1994) y las parciales del libro III de Baldaci (Bari, 1981) y del libro VII de F. Giachino (en L’Esperidio 12, Turín, 2000).

La inglesa de J. Clarke (Londres, Macmilan and Co., 1910), recientemente reimpresa (Londres, Kessinger Publishing, 2010).

La alemana de O. y E. Schönberger (Würzburg, 1990), reproducida después en la edición bilingüe señalada anteriormente.

En España no dispusimos de una traducción completa de la obra de Séneca hasta finales del siglo XIX . Hasta ese momento sólo puede mencionarse la breve selección de pasajes traducidos a principios del siglo XV por el obispo Alonso de Cartagena para facilitar al joven monarca Juan II de Castilla la lectura de las obras latinas 345 . Se echa de menos, sobre todo, una traducción humanística de la obra, cuya falta puede explicarse en parte por la dificultad de la materia pero en parte, también, porque algunos pasajes de esta obra eran considerados heréticos 346 . En todo caso, la primera traducción completa de las NQ es la de F. Navarro y Calvo (Madrid, Biblioteca Clásica, 1884), estimable en su momento, pero hoy totalmente superada especialmente en función del texto crítico empleado 347 .

A lo largo del siglo XX se publicaron la de Lorenzo Riber (Madrid, Aguilar, 1943), la de Izquierdo Hernández (Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, 1948) y la catalana de C. Cardó, (Barcelona, 1956-1959), meritorias las tres, aunque muy dependientes de la traducción francesa de Oltramare. Finalmente, en 1979 se publicó en Madrid, en la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos, la espléndida traducción que acompaña la edición crítica de Carmen Codoñer, sin duda la mejor y más fiable, que por primera vez permitió leer con total garantía esta obra en español. De ella es deudora, en gran medida, nuestra traducción.

XIV . NUESTRA TRADUCCIÓN

En nuestra traducción hemos seguido el texto de Hine, aunque también hemos consultado las principales y más modernas ediciones (Gercke, Oltramare, Codoñer, Vottero. Parroni), así como los principales estudios para la constitución del texto como los de Axelson, Alexander y del propio Hine. Fruto de este estudio y consulta son una serie de discrepancias que señalamos al comienzo de la obra y comentamos en las notas correspondientes.

Entre las traducciones, hemos tenido muy en cuenta las españolas, especialmente la de Carmen Codoñer, pero hemos consultado igualmente las principales traducciones extranjeras, incluida la recientísima del propio Hine. También hemos consultado los comentarios que acompañan a las principales ediciones. De todos ellos nos reconocemos deudores y, especialmente, del estudio de N. Gross, que de alguna manera puede considerarse un comentario detallado a toda la obra.

Las NQ son una obra difícil. A las dificultades textuales, producto de una deficiente transmisión, se suma la dificultad del material científico, con el que por lo general están poco familizarizados la mayoría de los filólogos. Y también aporta su granito de dificultad el estilo expositivo del propio Séneca, que impide con frecuencia captar a primera vista la estructura compositiva de numerosos pasajes. En consecuencia, para facilitar la labor del lector hemos dotado a cada libro de un amplio sumario y de una breve introducción, destinados a orientarlo y a facilitarle la comprensión de la obra. Tampoco hemos escatimado notas explicativas destinadas a iluminar los numerosos puntos oscuros o difíciles.

En cuanto a la traducción, sin renunciar a la fluidez de la lengua castellana, hemos intentado respetar, en la medida de lo posible, el personalísimo estilo «conceptista» de Séneca. Y, en un campo de especial importancia en una obra técnica, como es el vocabulario científico, hemos mantenido deliberadamente la ambigüedad e imprecisión que lo caracteriza, sin caer en la tentación de precisarlo o modernizarlo.

Señalaremos, finalmente, que, siguiendo el criterio ya utilizado por Hine en su traducción, hemos decidido modificar el orden tradicional de los libros, adaptándolo al orden Non praeterit (III-VII, I-II), que hoy es aceptado como originario por la mayoría de los estudiosos. Los pequeños inconvenientes que puede causar este cambio para la consulta del texto, creemos que quedan sobradamente compensados con las ventajas que aporta, especialmente al eliminar la falsa impresión que puede causar en un lector desprevenido el mantenimiento del orden tradicional, una clara invención tardía 348 , pese a ser mantenido desde la princeps en todas las ediciones impresas.

Para terminar, dado que las normas de publicación de esta colección no permiten dedicatorias, querría expresar mi mayor gratitud y reconocimiento a Carmen Codoñer, a quien tanto debe esta edición, pues no sólo fue ella quien, con la dirección de nuestra tesis doctoral, nos inició en este campo de trabajo, sino la persona que nos ha servido siempre de guía y referente con su magisterio directo, primero, y silencioso, después, a través de sus múltiples publicaciones que hacen de ella una de las máximas autoridades en este tema. A ella queremos agradecer también que haya aceptado la ingrata tarea de revisar esta traducción.

DISCREPANCIAS DE HINE





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1 Las referencias a su vejez son numerosas en los primeros epígrafes (1-4) del prefacio del libro III. Ateniéndonos a la fecha tradicional de su nacimiento en el 4 a. C., Séneca contaría a la sazón con unos sesenta y cinco años.

2 Cf. Tac. ann . XIV 52-56.

3 A principios del 62 d. C.

4 Cf. Tac. XIV 52. Entre dichos consejeros ha de mencionarse, especialmente, al nuevo prefecto del pretorio Ofonio Tigelino, y, quizá también, a su segunda esposa, Popea. Para más detalles, cf. M. T. GRIFFIN , Seneca: a philosopher in politics , Oxford, 1976, págs. 90-91.

5 Cf. Sen. epist . 8,1-2; Tac. ann . XIV 56,3.

6 Sobre estos cometas, cf. nn. 76 y 106 de la traducción del libro VII.

7 Cf. Tac. ann . XV 41,2.

8 Cf. I 15,5; II 14,2; VI 9,3; 21,2; 32,5.

9 Cf. VI 1,13; 12,2; 25,3; 27,1; 32,2. Especialmente interesante resulta, en mi opinión, VI 1,3 «a discutir las causas de estos sucesos (sc . el terremoto y sus consecuencias) nos obliga el plan trazado de la obra y la coincidencia de los hechos», que indica inequívocamente que Séneca estaba a punto de comenzar la redacción del libro VI, cuando le llegaron las noticias del terremoto de Pompeya; cf. n. 7 de la traducción del libro VI.

10 Cf. Sen. nat . VI 1,2.

11 Cf. Tac. ann . XV 22,2.

12 Cf. Sen. nat . VII 28,1-3. Ahora bien, resulta muy dudoso que las indicaciones cronológicas de Séneca hayan de tomarse al pie de la letra.

13 Se ha argumentado que es inusual e innecesario mencionar los nombres de los cónsules del año en curso. En consecuencia, suele suponerse que se ha deslizado en el texto una nota marginal escrita por un comentarista descuidado, confundido posiblemente por la proximidad en el texto de Tácito del nombre de los falsos cónsules. Pero WALLACE -HADRILL , «Seneca and the Pompeian earthquake», en A. De Vivo, E. Lo Cascio (eds.), Seneca uomo polittico e l’ età di Claudio e Nerone , Bari, 2003, pág. 183, ha replicado a este argumento que Séneca escribe pensando en los futuros lectores (cf. epist . 8,1-2; 79,17) y que la mención de los cónsules no sólo confiere precisión a la noticia sino la solemnidad propia de un libro de anales.

14 Cf. WALLACE -HADRILL , «Seneca and the Pompeian earthquake», págs. 177-191.

15 Cf. H. M. HINE , «Rome, the Cosmos, and the Emperor in Seneca’s Natural Questions», Journal of Roman Studies 96 (2006), 72, quien, tras reexaminar minuciosamente los diversos argumentos esgrimidos en uno u otro sentido, acaba inclinándose a favor del testimonio de Tácito por la única razón de que no hay ningún motivo para dudar del testimonio de este autor, mientras sí existen indicios (indicaciones cronológicas relativas e interpolación) para sospechar del texto de Séneca.

16 WALLACE -HADRILL , «Seneca and the Pompeian earthquake», págs. 189-190; HINE , «Rome…», 71-72.

17 Cf. infra cap. IV de esta Introducción.

18 Naturalmente resulta imposible saber el ritmo con que Séneca llevó a cabo la composición de su obra. A. GERCKE , Annaei Senecae Naturalium Quaestionum libri VIII , Leipzig, 1970 [1907], págs. v-vi (cf. también A. GERCKE , Seneca-Studien , Leipzig, 1895, págs. 311 sigs.), considera que Séneca comenzó esta obra a finales del 62 y la terminó aproximadamente en verano del 63. Se trataría de un ritmo casi vertiginoso de un libro cada mes y medio, que Gercke quiere justificar apoyándose en III praef . 1-4, donde Séneca promete apresurarse para compensar el tiempo perdido anteriormente. HINE , «Rome…», 71, recordando que Séneca en el los cuarenta meses que van desde principios del 62 hasta su muerte, en abril del 65, compuso al menos treinta libros (en el sentido antiguo de rollos de papiro o pergamino) y tomando en consideración sólo las NQ y las Epistulae Morales a Lucilio, deduce un ritmo medio de un libro cada 1,3 meses. Pero en dicho cálculo no tiene en cuenta, como él mismo reconoce, que ésas no fueron las únicas obras compuestas por Séneca en dicho período ni que Séneca compaginó la composición de varias obras al mismo tiempo (cf., por ej., epist . 65,1, donde dice que la tarde del día anterior escribió unas líneas sobre una materia difícil, en la que probablemente hayamos de ver las NQ ; del mismo pasaje parece deducirse que el ritmo de composición no fue frenético) con lo que un mínimo de dos meses y medio por libro sería una propuesta más razonable. Este ritmo se acerca mucho a la cifra redonda de tres meses que hemos propuesto. En consecuencia, podríamos conjeturar que el ritmo de composición de la obra fue el siguiente: abril-junio del 62: libro III; julio-setiembre del 62: IVa; octubre-diciembre del 62: IVb; enero-marzo del 63: V; abril-junio del 63: VI; julio-septiembre del 63: VII; octubre-diciembre del 63: I; enero-marzo del 64: II.

19 Cf. supra n. 9. Señalaremos, de pasada, que durante el período de realización de este trabajo han tenido lugar en el mundo cuatro terremotos de consecuencias catastróficas, que arrasaron la zona de L’Aquila en Italia (6 de abril de 2009), Haití (12 de enero de 2010), Chile (27 de febrero de 2010) y Turquía (23 de octubre de 2011). Ninguno de ellos era recordado en la prensa más que excepcionalmente dos o tres meses después de sucedido.

20 Dado que el terremoto es calificado a lo largo del libro como un hecho muy reciente (cf. supra n. 9), ateniéndonos al orden non praeterit (cf. infra cap. IV), Séneca debería haber escrito cuatro libros (III-V) en dos o tres meses. El argumento es todavía más poderoso si defendemos el orden tradicional (Quantum) , puesto que en este caso Séneca tendría que haber escrito seis libros (I-V) en dicho período. Tan sólo, en el caso de defender el orden Grandinem , según el cual Séneca sólo tendría que haber escrito dos libros (IVb y V) antes de redactar el libro sobre los terremotos, la fecha del 62 podría encajar razonablemente con las mencionadas indicaciones.

21 Cf. infra cap. IV, pág. 26 e Introducción del libro III.

22 Cf. WALLACE -HADRILL , «Seneca and the Pompeian earthquake», pág. 188; HINE , «Rome…», 48-50.

23 Caída en desgracia ante el emperador e inminencia de la muerte tanto por edad como por los peligros procedentes del príncipe.

24 Sobre Lucilio puede verse L. DELATTE , «Lucilius, l’ami de Sénèque», Les Études Classiques 4 (1935), 367-385 y 546-590; L. HERRMANN , Le second Lucilius , Bruselas, 1958; H. G. PFLAUM , Les carrières procuratoriennes équestres sou le Haut-Empire romain , 3 vols, París, 1960-1961, I págs. 70-73, III págs. 961-962; PIR 2 V 1 (1970), 103-104, núm. 388; P. GRIMAL , «Lucilius en Sicilie», en M. J. Fontana et alii (eds.), Philias charin. Miscellanea Eugenio Manni , vol. IV, Roma, 1980, págs. 1.173-1.187.

25 Nacido quizás en Pompeya o en Nápoles; cf. epist . 49,1; 53,1; 70,1.

26 Cf. epist . 26,7. P. GRIMAL , Sénèque, ou la conscience de l’Empire , París, 1978, págs. 92-93, n. 150, estima la diferencia de edad en unos diez años.

27 Funcionario imperial, con funciones de administrador del fisco para esta provincia. Los procuradores imperiales se encargaban, especialmente, de administrar justicia en materia fiscal.

28 Cf. epist . 24,19-21; nat . IVa praef . 14. De epist . 40, 2 se desprende que Lucilio durante su estancia como procurador en Sicilia asistió a las clases del filósofo Serapión. Compuso, por lo que parece, al menos, una obra de argumento filosófico, a la que Séneca dedica encendidos elogios: cf. epist . 46,1. Por lo que dice Séneca en IVa praef . 5-17, parece que sus ideas políticas llevaron a Lucilio a entrar en contacto con grupos de la oposición al régimen imperial.

29 Cf. nat . IVa praef . 1 y 14. Lucilio también fue poeta. Séneca nos ha conservado cuatro versos suyos (cf. epist . 8,10; 24,19; nat . III 1,1). Además, a partir de un pasaje de las Epistulae (79,4-7), donde Séneca pide a Lucilio que, aprovechando una gira de trabajo por Sicilia, suba al Etna y lo describa, algunos estudiosos han atribuido al amigo de Séneca la paternidad del pseudo-virgiliano Aetna , aunque no parece que el pasaje senecano contenga pruebas suficientes para demostrar la autoría luciliana. Sobre todas estas cuestiones, cf. MAZZOLI , Seneca e la poesia , Milán, 1970, págs. 258-264. Creemos que carece de fundamento la tesis defendida por L. DURET , «Lucilius Junior, poète scientifique?», Filologia e forme letterarie. Studi offerti a Francesco della Corte 3 , vol. III, Urbino, 1987, págs. 373-385, de que el Aetna pudiera formar parte de un poema filosófico de carácter más amplio, al estilo del De rerum natura de Lucrecio.

30 En todo caso, la presencia personal de Lucilio como individuo se deja sentir pocas veces a lo largo de la obra. La única excepción importante la constituye el prólogo del libro IVa, donde Séneca sí nos proporciona una serie de detalles sobre la situación profesional, posición social, compromiso político, etc., de su destinatario. Al margen de este capítulo, sólo encontramos dos breves referencias personales a Lucilio en dos pasajes del libro III: cuando Séneca cita un verso suyo sobre la leyenda de la fuente Aretusa (III 1,1) y cuando remite al pasaje anterior (III 26,6).

31 Cf., por ejemplo, III 7,1; 10,2; 12,1-3; 14,2; 16,4; 18,1; 19,1; 20,4; etc.

32 Se trata del llamado adversario o interlocutor ficticio; cf. III 10,2; 11,1; 16,1; 18,1; 20,1; 22; 28,7; IVb 13,1; V 4,1; 8,1; etc. Sobre el adversario ficticio puede verse C. CODOÑER , «El adversario ficticio en Séneca», Helmantica 34 (1983), 131-148.

33 El yo y el tú son sustituidos a veces por un «nosotros» y (menos frecuentemente) un «vosotros», tanto en las intervenciones del emisor como en las intervenciones del interlocutor ficticio. La variación sirve para reproducir los múltiples matices que el juego de personas permite al hablante. Así, el uso de nos sirve para incluir al yo no sólo en el grupo formado por el yo y el tú, sino también en un grupo mayor representado, alternativamente, por toda la humanidad, por el pueblo romano, los filósofos estoicos, etc. Igualmente, el uso de uos , dicho por el autor, sirve para incluir al tú en un grupo más amplio formado por la humanidad, los estoicos (tú + otros) contrarios a la opinión defendida por Séneca, etc. Dicho por el adversario ficticio, incluye a Séneca en el grupo de filósofos que opinan lo mismo que él (fundamentalmente los estoicos). En general son múltiples e inabarcables los matices que refleja Séneca por este procedimiento.

34 Cf. VII 14,1; 15,1.

35 Cf. I 3,6; 4,3.

36 Cf. IVa praef . 7; I 3,6; 5,1-9.

37 Cf. esp. I 5,4; 5,6.

38 Se han señalado numerosos casos de coincidencia de las objeciones expresadas por el interlocutor con cuestiones planteadas por Séneca en primera persona en otros pasajes. Así, por ejemplo, las objeciones planteadas por el interlocutor ficticio sobre la utilidad de la física (o de cualquier discusión sutil) para el perfeccionamiento moral en II 59,1 o IVb 13,1 (cf. también epist . 65,15) son formuladas por el propio Séneca a sí mismo (valiéndose también del artificio del adversario ficticio) en epist . 109,17. El propio Séneca plantea la misma pregunta en forma personal directa sin recurrir al adversario ficticio en nat . VI 32,1; epist . 89,18; 113,26.

39 Cf. GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , pág. xii.

40 Cf. infra n. 296. Sobre el posible valor de VI 17,3 para confirmar este título cf. infra cap. IX de esta introducción, pág. 72.

41 A excepción de alguna muy concreta, como podían ser los Symposiaká problémata de Plutarco; cf. H. M. HINE , An Edition with Commentary of Seneca Natural Questions Book Two , Nueva York, 1981, pág. 28.

42 A pesar de las dificultades señaladas, se ha querido ver el modelo de las NQ en algunas obras de este tipo, todas ellas perdidas, por lo que el juicio definitivo ha de quedar necesariamente en suspenso. Así, por ejemplo, para K. REINHARDT , Poseidonios , Múnich, 1921, pág. 137, las Aitíai physikaí de Asclepiódoto, serían no sólo la principal fuente de información de Séneca, sino también el modelo literario de su obra. Reinhardt supone que la fusión de las estructuras zetemática y sistemática que caracterizaría, en su opinión, las NQ , se remontaría a Asclepiódoto, que habría dado forma de zétema (quaestio) a la obra sistemática de Posidonio. Recientemente, J. MANSFELD , «Reseña de Gauly, B. M. Senecas Naturales Quaestiones», Mnemosyne 59 (2006), 279, ha propuesto como modelo de Séneca las Physikaì théseis de Crisipo, expresando su extrañeza de que no se haya observado la correspondencia entre el título de Séneca y el de Crisipo. Creemos, sin embargo, que en el estado actual de nuestros conocimientos estas afirmaciones son totalmente gratuitas y carecen de base sólida.

43 Y griega, naturalmente. Cf. CODOÑER , Cuestiones Naturales , 2 vols, Madrid, 1979-1980, I págs. xxi-xxx; C. CODOÑER , «La physique de Sénèque: Ordonnance et structure des Naturales Quaestiones», ANRW , vol. II 36,3, 1989, págs. 1.779-1.884.

44 Cf. Quint. III 5,5; Sulp. Vict. III pág. 314, 25.

45 Cf. Cic. part . 63.

46 Cic. part . 64.

47 Cic. inu . I 6,8.

48 Cf. Vitr. I 1,7; Quint. inst . I 4,4.

49 Cf. Cic. inu . I 8,9 «por “cuestión” entiende (sc . Aristóteles) la confrontación dialéctica en que no se mencionan personas concretas». Quintiliano, por su parte, define quaestio en sentido amplio como cualquier tema de discusión que permite argumentar en dos sentidos o en varios; cf. inst . III 11,1 «se entiende por “cuestión” en sentido amplio aquella de la que se puede hablar en dos sentidos o en varios con verosimilitud».

50 Cf. Arist. top . 104b1-8.

51 Como veremos luego (cf. infra cap. IX, págs. 66 sig.), la influencia, directa o indirecta, tanto de Aristóteles como de Teofrasto en las NQ es considerable.

52 Sobre la cuestión cf. infra cap. VIII.

53 GIGON , «Senecas Naturales Quaestiones », págs. 318-319, señala otras dos características compartidas, en su opinión, por Séneca y los peripatéticos: (i) la idea de la limitación del conocimiento humano (cf. infra cap. VII); y (ii) el escaso énfasis puesto por Séneca, contra lo esperable, en los diversos aspectos de la teleología estoica.

54 Aun considerando el prefacio del libro III como la introducción de toda la obra.

55 HINE , An Edition …, pág. 32, señala que no hay nada en el libro II que nos indique que es el final de la obra, como realmente debería ser (aceptando el orden Non praeterit) .

56 Cf. infra pág. 31 y n. 85.

57 Cf. cap. V de esta Introducción.

58 Una relación prácticamente exhaustiva de las distintas propuestas de ordenación realizadas puede verse en GERCKE , Seneca-Studien , pág. 110; SCHANZ , HOSIUS , Geschichte der römischen Literatur …, II págs. 701-702; N. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones. Komposition, Naturphilosophische Aussagen und ihre Quellen , Stuttgart, 1989, págs. 310-311 y D. VOTTERO , Questioni naturali , Torino, 1989, págs. 109-110. Cf. también infra n. 83.

59 Es decir, definió las dos clases Ψ y Δ según el orden que presentaban los libros en los manuscritos, cf. infra pág. 107. En consecuencia, el stemma resultante no podía tener valor probatorio para demostrar el orden de los libros.

60 Gercke, en efecto, supuso que un manuscrito del orden tradicional se habría roto por su centro, perdiendo unas cuantas hojas. Contra la opinión de algunos autores que, como Gundermann, defendían la prioridad del orden Grandinem , argumenta simplemente que, en caso de suponer un arquetipo con dicha ordenación (con lo que se habrían perdido las hojas iniciales y finales del manuscrito, como suele pasar con frecuencia), no habría ninguna razón que explicara el corte entre los libros VII y I y el cambio de orden subsiguiente. Cf. GERCKE , Seneca-Studien , pág. 82; GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , pág. 21.

61 Cf. infra pág . 107.

62 Cf. CODOÑER , Cuestiones Naturales , I págs. xii-xxi; CODOÑER , «La physique de Sénèque…», págs. 1.784-1.795.

63 HINE , An Edition …, págs. 4-19; H. M. HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri , Stuttgart/Leipzig, 1996, págs. xxii-xv.

64 Ésta es la opinión de Gross; cf. infra pág. 42 y n. 116.

65 Cf. B. M. GAULY , Senecas Naturales Quaestiones. Naturphilosophie für die Römische Kaiserzeit , Múnich, 2004, pág. 66.

66 Carentes de justificación son los intentos interesados bien de enmendar la referencia (modificando dictum est en dicendum est ; cf. STHAL , Aufbau, Darstellungstrom und philosophischer Gehalt der Naturales Quaestiones des L. Annaeus Seneca , Tesis, Kiel, 1960, págs. 5-6), bien de suprimirla como interpolada (F. P. WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones. Griechische Wissenschaft und römische Form , Múnich, 1977, págs. 97-98). A favor de la prioridad del libro VII sobre el I habla también el hecho de que el prefacio del libro I parece escrito para desarrollar un punto dejado en el aire en el epílogo del libro VII (la posibilidad del conocimiento de Dios); cf. CODOÑER , «La physique de Sénèque…», pág. 1.814.

67 Algunos autores, como HINE , An Edition …, págs. 10 y 339, y P. PARRONI , Seneca. Ricerche sulla natura , Milán, 2002, com. ad loc ., poco convincentemente, quieren ver, en cambio, una referencia al cap. 26,1 del propio libro II.

68 Creemos, en cambio, que carecen de valor para la cuestión del orden de los libros los tiempos empleados en II 1,3; cf. n. 6 de la traducción del libro II.

69 Cf. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 315.

70 Cf. REHM , «Anlage und Buchfolge von Senecas Naturales Quaestiones», Philologus 66 (1907). 374-395.

71 Cf. V 1,1.

72 La opinión de Gross es sostenida en términos prácticamente similares por REHM , «Anlage und Buchfolge…», 386; OLTRAMARE , Sénèque. Questions naturelles, 2 vols., París, 1929, II pág. 261, n. 2 y VOTTERO , Questioni naturali , pág. 112.

73 Cf., por ejemplo, GERCKE , Seneca-Studien , pág. 122; GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , pág. ix; VOTTERO , «Problemi di critica del testo nelle “Naturales Quaestiones”. Nota I. L’ordinamento dei libri», Atti della Accademia delle Scienze di Torino , 107 (1973), 258-259; VOTTERO , Questioni naturali , pág. 112.

74 CODOÑER , Cuestiones Naturales , I pág. xxxi, II pág. 93 n. 2.

75 HINE , An Edition …, págs. 15-16; HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri , pág. xxv.

76 Es decir, seis de los ocho libros, pues, ateniéndonos al orden Grandinem , el libro III sería el séptimo y penúltimo de las NQ . Para salvar estas dificultades, algunos autores partidarios del orden Grandinem , sostienen que en este preámbulo Séneca justifica su intención de cambiar el plan de la obra y extender el estudio a todo el universo, es decir, convertir en una cosmología lo que en principio no iba a ser más que una meteorología: cf. REHM , «Anlage und Buchfolge…», 390; OLTRAMARE , Sénèque …, I pág. 109; GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 317-318.

77 Cf. III praef . 1 y 4.

78 Cf. H. DIELS , «Seneca und Lucan». Abhandlungen der Deutschen Akademie der Wissenschaften zu Berlin , 1885, pág. 28, n. 1.

79 Que en su edición califica este libro como praefatio totius operis : cf. GERCKE , Seneca-Studien , págs. 110-126; GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , págs. xii-xvi.

80 PARRONI , Seneca. Ricerche sulla natura , págs. xlviii-xlix. LIMBURG , Aliquid and mores: the prefaces and epilogues of Seneca’s Naturales Quaestiones , Tesis, Leiden, 2007, págs. 125-126, ha subrayado también que el tema de la diligencia que le lleva a trabajar de noche y de día es típico de los prefacios (cf. Lucr. 1,142 noctes uigilare serenas ; Plin. I praef . 18; Quint. inst . 6,2).

81 Cf. Varro, rust . I 1,1.

82 Cf. DELATTE , «Lucilius…», 568-569.

83 Una detallada discusión de las distintas teorías que sucesivamente fueron emitiéndose puede verse en GERCKE , Seneca-Studien , págs, 110-126; VOTTERO , «Problemi di critica del testo nelle “Naturales Quaestiones”. Nota I. L’ordinamento dei libri», 249-269; WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 90-104; CODOÑER , Cuestiones Naturales , I págs. xii-xxi: GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 306-320; CODOÑER , «La physique de Sénèque…», págs. 1.784-1.795; GAULY , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 53-67.

84 Cf. supra pág. 22.

85 G. D. KOELER , «Disquisitio de Senecae Naturalibus Quaestionibus», L. Annaei Senecae Naturalium Quaestionum Libri VII , Gotinga, 1919, págs. 250-257.

86 Cf. KOELER , «Disquisitio…», pág. 252.

87 Cf. supra n. 79.

88 Gercke incluye en la astronomía el libro I, considerando que Séneca concibió el libro como «astronómico» y que sólo en el momento de su composición se dio cuenta de que los fenómenos estudiados pertenecían al ámbito meteorológico: GERCKE , Seneca-Studien , pág. 121; GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , pág. xvi.

89 Cf. G. STAHL , «Die Naturales Quaestiones Senecas. Ein Beitrag zum Spiritualisierungsprozeß der römischen Stoa», Hermes 92 (1964), 426.

90 Cf. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 315-317.

91 Cf. infra pág. 42.

92 Cf. HINE , An Edition …, pág. 14.

93 Cf. VOTTERO , «Problemi di critica del testo nelle “Naturales Quaestiones”. Nota I. L’ordinamento dei libri», 268; cf. también VOTTERO , Questioni naturali , pág. 113.

94 Cf. WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 38-89.

95 Cf. las reseñas de Hine, Classical Review 29 (1979), 64-65; Stahl, Gnomon 52 (1980), 620-626; Strohm, Anzeiger für die Altertumswissenschaf , 33 (1980), 178-182. Cf. también las críticas de P. L. DONINI , «L’eclettismo impossibile. Seneca e il platonismo medio», en P. L. Donini, G. F. Gianotti (eds.), Modelli filosofici e letterari, Lucrezio, Orazio, Seneca , Bolonia, 1979, págs. 239-242; de GROSS , Senecas Naturales Quaestiones…, passim , y de GAULY , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 67-68.

96 Cf. HINE , An Edition …, pág. 31. Una estructura similar, sobre la base del orden Grandinem , propone ZEHNACKER , «La météorologie dans les Questions Naturelles de Sénèque», en C. Cusset (ed.), La météorologie dans l’Antiquité: entre science et croyance , Saint-Étienne, 2003, pág. 384: IVb, V, VI (aire); VII, I, II (fuego); III, IVa (agua).

97 Cf. CODOÑER , «La physique de Sénèque…», pág. 1.800.

98 Cf. III 1,1 Quaeramus ergo de aquis terrestribus …, «ocupémonos, pues, de las aguas terrestres…».

99 El término no es utilizado en el libro IVb, pero sí en III 23, donde se contraponen las «aguas celestes» a las «terrestres».

100 La sucesión viento-terremoto es habitual en la meteorología antigua.

101 Aristóteles, por ejemplo, estudia los fenómenos en un orden inverso: comienza con los fenómenos que tienen lugar en las capas altas de la atmósfera y va descendiendo progresivamente hasta los más próximos a la tierra.

102 Cf. Sen. dial . XII 20,2.

103 Cf. supra pág. 41.

104 Cf. cap. VIII de esta Introducción.

105 Ejemplos típicos de la organización señalada podrían constituirlo los libros VI y VII y, en menor medida, el libro III. A este mismo esquema creemos que puede adaptarse la estructura, aparentemente más elaborada de los libros I y II, calificada por algunos autores como composición en anillo; cf. Introducción de dichos libros. Dado el carácter fragmentario de los libros IVa y IVb, resulta difícil hacer juicios seguros.

106 Cf., por ejemplo, III 14,2-3 (teoría de Tales sobre el origen de las aguas); 16,4-19 (demostración de la existencia de grandes masas de agua subterránea por la aparición de peces, que le lleva a una condena del lujo en la mesa); IVb 6-7 (predicción y conjuración del granizo); I 1,4-5 (valor significativo de algunos ígneos), etc.

107 Cf., por ejemplo, V 14,1 (origen de los vientos subterráneos, tema ya tratado en V 4,1); VI 15 (teoría de la penetración en el interior de la tierra del aire exterior, ya expuesta en VI 12); VII 19 (nueva clasificación de las teorías de los cometas, distinta de la realizada en VII 4,1); VII 20-21 (teoría meteorológica de los estoicos, similar a la expuesta anteriormente en nombre de Epígenes: V 4,2-10,3); I 14-15 (origen de los meteoros ígneos, ya estudiados en I 1); II 54-58 (teorías sobre el origen del rayo y trueno, ya tratadas en II 12,2-30).

108 Lo mismo pasa en VII 11, donde la exposición doxográfica es interrumpida por un capítulo sobre las características generales de los cometas, que hubiera tenido un acomodo más oportuno al inicio de la sección científica. Y, finalmente, en el libro VI, donde las teorías doxográficas son agrupadas según el elemento desencadenante del terremoto, las teorías basadas en el fuego están divididas en dos bloques (caps. 9 y 11) por la introducción en medio de las teorías basadas en la tierra (cap. 10), sin que, al parecer, haya ninguna razón que lo justifique.

109 La variación afecta no sólo a la forma de la organización de las teorías, por tipos (I, III, VI, VII) o por autores (IVa), sino a la extensión mayor o menor (V) de la doxografía. Caótica y difícilmente reducible a un esquema general es la doxografía del libro II.

110 Cf. supra pág. 30.

111 Cf., por ejemplo, GERCKE , Seneca-Studien , pág. 124; GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , págs. viii-xvi; A. ROSTAGNI , Storia della Letteratura Latina , 3 vols, Turín, 1964, II pág. 506. Gercke incluye también el libro I en este apartado, pero admitiendo que se trata de un descuido de Séneca, pues el libro pertenece claramente a la meteorología: cf. supra n. 88.

112 REHM , «Anlage und Buchfolge…», 388-391.

113 III praef . 1.

114 Cf. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 118-121.

115 Cf. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 315-317.

116 Uno de ellos contendría un estudio general sobre el cielo y las estrellas; el otro, que Gross identifica con el perdido De forma mundi , citado por Casiodoro inst . I 7,1, estudiaría la forma de la tierra y su posición en el universo. Gross supone también que el prefacio del libro I habría sido concebido originariamente como introducción a esta sección astronómica y, posteriormente, fue colocado, por error, al comienzo del libro de los meteoros. Cf. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 318-319.

117 A favor de la hipótesis de la obra inacabada se expresa también A. FONTÁN , «De Prouidentia y las cronología de las últimas obras de Séneca», Emerita 367-376 (1950), 368. Esta posibilidad no es descartada completamente por HINE , An Edition …, pág. 34.

118 Cf. I. G. KIDD , Posidonius II The comentary , 2 vols, Cambridge, 1988, pág. 490, com. a F131.

119 A su nombre se nos ha transmitido en traducción latina del siglo XII un breve tratado sobre la crecida del Nilo (De inundatione Nili) . Pero se discute si es obra suya, de Teofrasto o, incluso, de otro autor.

120 Cf. Lucr. VI 712-737; Aet. placit . IV 1.

121 Cf. Sen. dial . I 1,2.

122 Sen. nat . I praef . 14-15. Séneca repite la misma idea en dial . 1 1,4.

123 Cf. WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 23-24; WEBER , «Ethik und Naturwissenschaft. Die Praefatio zu Senecas Naturales Quaestiones », en H. Shawabl (ed.), Zur Philosophie der Antike , Viena, 1995, pág. 90. Dando un paso más allá, B. INWOOD , «God and human knowledge in Seneca’s Natural questions», en Reading Seneca: Stoic Philosophy at Rome , Oxford, 2005, págs. 155-200, considera que el verdadero centro de interés de la obra no son las cuestiones meteorológicas sino las importantes reflexiones teológicas (relaciones entre Dios y el hombre) y epistemológicas (limitaciones del conocimiento humano) que realiza a lo largo de la obra. Séneca habría preferido desarrollar estos temas en un tratado meteorológico, en vez de dedicarles una obra independiente, como simple reto, para demostrar sus cualidades literarias.

124 Cf. VI 4,2.

125 Cf. Sen. nat . III praef . 18, dial . XII 20,1.

126 Cf. Introducción del libro VII.

127 Cf. VI 8,3-4, donde Séneca nos da noticia de la expedición enviada por Nerón a descubrir las fuentes del Nilo. Cf. también n. 57 de la traducción del libro VI.

128 Como prueba el gran prestigio de que gozaban en Roma en tiempos de Séneca los adivinos etruscos y su ciencia fulgural: cf. HINE , An Edition …, págs. 340-342.

129 No creo, en cambio, que, como afirma OLTRAMARE , Sénèque …, I pág. xi, Séneca haya seleccionado estos fenómenos con criterios de moralista. Si Séneca estudia el tema de los terremotos, no es para liberar al pueblo de su miedo, sino que, tras decidir el estudio de los terremotos, considera no ha de limitarse a su estudio sino que ha de sacar consecuencias morales del mismo: liberar al hombre de su miedo. Lo mismo puede decirse de los demás libros.

130 Cf. las interesantísimas reflexiones, a este respecto, de S. SAMBURSKY , El mundo físico de los griegos [trad. de M.a J. Pascual Pueyo], Madrid, 1990, págs. 252-275, sobre los límites de la ciencia griega.

131 Como mucho, podría atribuírsele a Séneca el mérito de haber anticipado algunos de los descubrimientos de la ciencia moderna, especialmente en su teoría de los cometas, a los que, contra la opinión de Aristóteles y de sus correligionarios los estoicos, va a considerar verdaderos astros.

132 Cf. infra cap. IX.

133 Cf. CODOÑER , «La physique de Sénèque…», pág. 1.782; LIMBURG , Aliquid ad mores …, págs. 77-80.

134 Cf. I. G. KIDD , «Philosophy and science in Posidonius», Antike und Abendland 24 (1978), 7-15; KIDD , Posidonius II …, págs. 359-365, com. a F90; LIMBURG , Aliquid ad mores …, págs. 77-80.

135 Cf. Sen. epist . 88, 26-27.

136 Séneca expresa una y otra vez sus reservas sobre la fiabilidad de la visión; cf., por ejemplo, nat . I 2,3; 3,9-10; dial . II 1,2; epist . 118,7.

137 Cf. nat . I praef . 1.

138 Cf. nat . VI 5,2.

139 Cf. nat . VII 30,3-4.

140 Cf. nat . VII 30,2.

141 Lo dicho anteriormente no implica, sin embargo, que la observación y la experimentación estén totalmente ausentes de su obra. Pero no se trata de una observación sistemática, sobre la que basar unas conclusiones, que después deberían ser comprobadas, sino de una observación espontánea que generalmente sirve de base a un razonamiento analógico pero también puede servir de testimonio a favor o en contra de una hipótesis previamente formulada. En todo caso, lo cierto es que en las NQ se mencionan numerosas observaciones y experimentos, la mayoría ajenos, pero también se puede encontrar un cierto número de observaciones personales; cf., por ejemplo, III 7,1, donde, para rechazar la teoría pluvial sobre el origen de las aguas subterráneas, apela a su experiencia de viticultor y niega (equivocadamente) que el agua de la lluvia penetre a más de 10 pies de profundidad en el terreno. Otras observaciones personales de Séneca pueden hallarse en I 1,3; 2,1; II 26,6; III 25,8; IVb 3,3; VI 1,3; 8,3-5; en el libro VII menciona repetidas veces los cometas del 54 y del 60 d. C. (VII 6,1; 17,2) y describe con cierto detalle sus trayectorias (VII 21,3-4).

142 Cf. nat . III 12,2-3.

143 Cf. nat . VI 7,5.

144 Cf. nat . III 16,1-3.

145 Cf. nat . II 13,3-4.

146 Cf. por ejemplo I 4,1.

147 Sobre la analogía en el pensamiento antiguo son fundamentales H. DILLER , «Opsis adelon ta phainomena», Hermes 67 (1932), 14-40; G. E. R. LLOYD , Polarity and Analogy: Two Types of Argumentation in Early Greek Thought , Cambridge, 1966. Sobre la analogía en el pensamiento de Séneca, cf. M. ARMISEN -MARCHETTI , Sapientiae facies: etude sur les images de Sénèque , París, 1989, págs. 283-311.

148 Cf. II 22,1-2, donde Séneca describe y aplica este tipo de razonamiento.

149 Un catálogo exhaustivo de las analogías empleadas por Séneca en las NQ puede verse en ARMISEN -MARCHETTI , Sapientiae facies …, págs. 287-295.

150 «Cree que sucede abajo todo lo que ves arriba», afirma Séneca rotundamente en III 16,4.

151 Cf., por ejemplo, III 15; 16,4; 19,4; V 14,2; 14,6; etc.

152 Así, por ejemplo, la analogía entre el microcosmos y el macrocosmos sirve para explicar, por ejemplo, el régimen de las aguas, la evolución del mundo, el origen de los terremotos, etc. Cf. J. ALTHOFF , «Vom Schicksal einer Metapher. Die Erde als Organismus in Senecas Naturales Quaestiones , en K. Döring et alii (eds.), Antike Naturwissenschaft und ihre Rezeption , vol. 7, Trier, 1997, págs. 95-110.

153 DK 59 B 21a

154 Cf. nat . I 4,1.

155 Cf. nat . I 3,14.

156 Cf. nat . VII 29,3.

157 Cf. nat . IVb 5,1.

158 Cf. C. GARCÍA GUAL , Epicuro , Madrid, 1981, págs. 126-127.

159 Cf. nat . VI 5,2.

160 Cf. nat . VI 30,6.

161 Cf. nat . VI 5,3.

162 Cf. nat . VII 25,5.

163 Cf. nat . VII 30,5-6; epist . 33,11; 64,7; Med . 374-379.

164 Cf. PARRONI , «Scienza e produzione letteraria», en G. Cavallo et alii (eds.), Lo spazio letterario di Roma antica I , Roma, 1989, págs. 475-477; P. PARRONI , «Les Questions Naturelles de Sénèque et les sources grecques: la méthode de la démonstration», Pallas 69 (2005), xx-xxi.

165 Así, por poner un ejemplo, I. LANA , Lucio Anneo Seneca , Turín, 2010 (= 1955), pág. 2, afirma: «E’ chiaro che Seneca non cerca la scienza per la scienza…, ma soltanto la scienza como mezzo per la liberazione dell’uomo dalla supersstizione: ed in particolare dal timore della morte».

166 A favor de la unidad de la obra y de la subordinación de las discusiones científicas a las consideraciones morales se expresan, entre otros, G. STAHL , Aufbau …, y F. R. BERNO , Lo specchio. Il vizio e la virtù. Studio sulle «Naturales Quaestiones» di Seneca , Bolonia, 2003. También a favor de la unidad, pero rechazando la idea de la subordinación de la ciencia a la moral, se posicionan CODOÑER , «La physique de Sénèque…», y G. D. WILLIAMS , The cosmic viewpoint. A Study of Seneca’s Natural Questions , Oxford, 2012. Otros autores, sin embargo, se muestran escépticos sobre el grado de integración de ambos elementos: entre ellos, HINE , An Edition …, págs. 31-32, y GROSS , Senecas Naturales Quaestiones … para quienes la mayoría de los prefacios y epílogos estarían sólo superficialmente conectados con el núcleo científico del libro. Y, a conclusiones parecidas llega LIMBURG , Aliquid ad mores …. esp. págs. 56-83, quien, aun admitiendo que desde el punto de vista de la intención del autor puede hablarse de integración de las partes éticas y morales, señala que en la realización concreta de esa intención, la unidad es menos perceptible, pues los prólogos y epílogos siguen un desarrollo autónomo. La independencia y falta de unidad de las partes físicas y morales ha sido defendida recientemente por GAULY , Senecas Naturales Quaestiones …, esp. págs. 73-85, quien, sin embargo, valora positivamente esta situación, entendiendo que en la obra se daría un interesante «diálogo» entre las discusiones griegas de los fenómenos naturales y los pasajes moralizadores romanos.

167 LIMBURG , Aliquid ad mores …, págs. 47-55.

168 Ov. met . XV 75-479.

169 Así, por ejemplo, mientras Séneca en el prefacio del libro VI, tratando de amplificar retóricamente los peligros del terremoto (cf. VI 1,10-15; 2,1), asegura que éstos pueden suceder en cualquier lugar y momento, en los capítulos científicos afirma que sólo pequeñas partes de la tierra están expuestas a los terremotos y deja entender que unas regiones son más seguras que otras (cf. VI 25,3-4; 26,3-4); cf. GAULY , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 232; LIMBURG , Aliquid ad mores …, pág. 309 y n. 28.

170 Cf. supra pág. 37.

171 Esto puede apreciarse perfectamente, por ejemplo, confrontando los epílogos de II y VI y el prefacio de este último libro con el contenido científico del libro correspondiente. Las investigaciones físicas aportan muy poco a la liberación del miedo y los argumentos consolatorios contra éste en el prólogo y epílogos tienen muy poco que ver con las investigaciones físicas, llegando en ocasiones a ser contradictorios.

172 Así, por ejemplo, en VI 3,1-4 (en que, al estilo lucreciano, se habla de la importancia de la ciencia para liberar al hombre del miedo a los dioses y a la superstición); VI 32,1 (donde se presenta la contemplación de la naturaleza como base de nuestro vigor moral); IVb 13,1 (donde se explica un provecho puntual que la ciencia de la naturaleza puede aportar al comportamiento ético). Pero creemos que se trata de pasajes secundarios, si se quiere oportunistas, condicionados por el contexto, que no responden al valor principal que Séneca da a los estudios de física ni en sus reflexiones teóricas y ni en la práctica.

173 Esto no significa, sin embargo, que para Séneca la física no tenga o pueda tener consecuencias éticas, que las tiene: (i) en primer lugar, alejamiento del mundo y alejamiento de uno mismo, lo que significa alejarse de las pasiones y de los malos deseos, situarse por encima de los golpes de la fortuna, etc. (cf. esp. III praef . 18, IVa praef . 20-21), (ii) en segundo lugar, una elevación moral que permite valorar en su justa medida la vileza de la cosas terrestres (I praef . 8) y, (iii) en tercer lugar, un entrenamiento para la inteligencia, que, tras enfrentarse a los difíciles problemas de la física, sabrá enfrentarse con facilidad a los problemas éticos (III praef . 18). Para Séneca, sin embargo, la ética en sentido estricto es más bien el punto de partida y no de llegada de la física: cf. I praef . 6-7.

174 Sobre el valor supremo de la contemplación de la naturaleza es fundamental el prefacio del libro I: cf. Introducción del libro.

175 Es lo que dan a entender algunas transiciones como II 59,1 «Prefiero, me dirás, no temer a los rayos que conocerlos»; IVb 13,1; VI 32,1. Cf. epist . 65,15 (donde se cuestionan las disquisiciones lógicas); 109,17. Cf. también 89,18; 113,26; 117,18.

176 Cf. «Pues todas nuestras acciones y todas nuestras conversaciones deben ir acompañadas de alguna enseñanza saludable», dice Séneca casi programáticamente en el epílogo del libro II, al comenzar su consolación sobre el miedo a la muerte provocada por el rayo (II 59,2). Cf. también epist . 58,2: «Esto es, Lucilio, lo que acostumbro a hacer: de toda conversación, aunque carezca de relación con la filosofía, me esfuerzo en extraer alguna enseñanza moral»; 89,18: «No te impido, Lucilio…, que leas estas cosas (sc . la dialéctica), con tal que de todo lo que leas saques consecuencias morales». En la práctica, el tema del espejo sugiere una reflexión sobre el mal uso de los espejos, el tema del rayo y terremoto sobre el miedo a la muerte, el tema de la nieve, sobre la moda de comprarla, etc. Séneca está poniendo bajo una perspectiva ética los temas científicos, no sacando consecuencias morales de los mismos.

177 Cf. por ejemplo, IVb 13,1; II 59, 1, pasajes citados en n. 175.

178 Una cosa es el estudio de las causas, y otra, el fortalecimiento de las almas, como el propio Séneca precisa en nat . VI 32,1: «Esto, Lucilio…, por lo que respecta a las causas en sí; ahora las reflexiones dirigidas al fortalecimiento de las almas». Esto no significa, naturalmente, que ambas partes no estén relacionadas. Como señalamos en la nota anterior, Séneca saca una conclusión moral relacionada con la materia científica objeto de estudio. El concepto de espejo deformante, manejado, en la parte científica del libro I para explicar el origen del areoíris, lleva a Séneca en la conclusión de dicho libro a combatir el mal uso de los espejos, y especialmente de aquellos que incrementan las proporciones del cuerpo humano; en el libro II, tras haber estudiado detenidamente el origen de los rayos, explica por qué los rayos no deben temerse; en el epílogo del libro III, que trata de las aguas terrestres, Séneca describe y estudia la inundación que pondrá fin al presente mundo. No cabe duda de que si en este epílogo renuncia a la teoría de la conflagración de los estoicos es para dotar al libro III de una conclusión adecuada. Lo mismo puede decirse del resto de los libros.

179 En el sentido de que la discusión científica sea la base o fundamento de los preceptos morales.

180 Me refiero a las obras de STAHL , Aufbau …; BERNO , Lo specchio …, y WILLIAMS , The cosmic viewpoint …

181 Cf. G. CAMBIANO , «Seneca scienziato», en I. Dionigi (ed.), Seneca e la coscienza dell’Europa , 1999, pág. 429

182 PARRONI , «Le “Naturales Quaestiones” fra scienza e morale», en P. Parroni (ed.), Seneca e il suo tempo , Roma, 2000, pág. 444.

183 Cf. TAUB , Ancient Meteorology , Londres-Nueva York, 2003, págs. 93-96.

184 Sobre el uso de la doxografía por Posidonio cf. KIDD , Posidonius II …, pág. 87 com. a F101, F102, y pág. 798 com. a F222.

185 Cf. KIDD , Posidonius II …, págs. 86-87, que señala una actitud similar en Posidonio.

186 GERCKE , Seneca-Studien , págs. 311 sigs. (cf. también GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , págs. v-vi), por ejemplo, considera que la escribió a un ritmo vertiginoso entre el otoño del 62 y el verano del 63.

187 Cf. nat . VI 4,2.

188 Sobre estas obras cf. M. LAUSBERG , «Senecae operum fragmenta : Überblick und Forschungsbericht», ANRW , vol. II 36,3, 1989, págs. 1.926-1.937.

189 Cf. dial . XII 20,2.

190 Cf. epist . 2; 45,1-2; dial . IX 9,4-5.

191 Cf. epist . 84,3-5. En el epígrafe 6 de esta misma carta, Séneca compara el trabajo intelectual con la labor del estómago, que transforma los alimentos en sustancia propia.

192 Cf. A. SETAIOLI , Seneca e i Greci. Citazioni di prosatori greci nelle opere filosofiche , Bolonia, 1988, págs. 375-452. Según Setaioli, además de servirse de una fuente estoica (se inclina a pensar en Asclepiódoto), Séneca habría utilizado también una obra de carácter doxográfico, perteneciente a la tradición representada por los Placita de Aecio y los Philosophoúmena de Hipólito.

193 GROSS , Senecas Naturales Quaestiones…, passim , esp. págs. 322-325.

194 Cf. J. J. HALL , «Seneca as a Source for earlier thought», Classical Quarterly 27 (1977), 410-413 sobre II 12,4-6 y I 3,7-8.

195 Cf. HALL , «Seneca as a Source…», 410-413; HINE , An Edition …, págs. 232-253; GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 44-46, 99, etc.

196 Cf. OLTRAMARE , Sénèque …, I pág. xvii; CODOÑER , Cuestiones Naturales , I pág. xxxi; SETAIOLI , Seneca e i Greci …, págs. 388, 397, 407-408, etc.; GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 323, etc.

197 Cf. HALL , «Seneca as a Source…», 413 n. 1, 415-416.

198 Cf. III 11,2; 11,4; 11,5; 16,5; 25,4; 25,7; 26,1. Cf. también IVa 2,16, VI 13,1 y VII 28,3.

199 Cf. STEINMETZ , Die phusik …, págs. 16-17,32,39,48-49,100, 139-140, 147, 194-195, 197,217-219.

200 Cf. STEINMETZ , Die Physik …, págs. 72-73.

201 SETAIOLI , Seneca e i Greci …, págs. 432-440, esp. 434; GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 323; KIDD , «Theophrastus’ Meteorology , Aristotle and Posidonius», en W. W. Fortenbaugh, D. Gutas (eds.), Theophrastus. His psychological, doxographical and scientific writings , New Brunswick-Londres, 1992, pág. 298, n. 2.

202 Cf. KIDD , Posidonius II …, com. a T41a, T41b, F52, F132, F134, F135, F136,F230,F228,F232.

203 Cf. II 54,1 y n. 130 de la traducción.

204 Cf. I 5,13 (origen del arcoíris); II 54,1-55,3 (origen de los truenos y rayos: cf. KIDD , Posidonius II …, págs. 503-509, com. a F135); IVb 3,2 (teoría del granizo).

205 Cf. I 5,10 (admite la teoría especular de la formación del arcoíris de Posidonio, pero rechaza sus argumentos contra la teoría de la coloración); IVb 3,1 (parece cuestionar burlonamente la fiabilidad de teorías que no se basan en la observación directa de los fenómenos).

206 Así, por ejemplo, como explicamos en la introducción y notas de los libros respectivos, Séneca se distancia de Posidonio en la explicación del origen de las aguas subterráneas (III), de la crecida del Nilo (IVa) y de los cometas (VII).

207 Cf. DIELS , «Seneca und Lucan», pág. 384.

208 V 15,1; VI 17,3; VI 22,2; II 26,6; 30,1-2.

209 II 26,6 y VI 22,2.

210 Cf. II 26,4-6 sobre la erupción que originó la isla de Hiera, y VI 21,1-22,1 sobre los tipos de terremotos y sus respectivas causas.

211 Que en griego rezaría algo así como physikôn zetemáton (o problemáton) aitíai (o aítia): cf., por ejemplo, S. SUDHAUS , Aetna , Leipzig, 1898, pág. 61.

212 Cf. HINE , An Edition …, págs. 24-25.

213 Cf., por ejemplo, WAIBLINOER , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 23: HINE , An Edition …, pág. 24; VOTTERO , Questioni naturali , pág. 30.

214 Véase un resumen de las diferentes interpretaciones propuestas en HINE , An Edition …, págs. 25-26.

215 Cf. Sen. epist . 108,34 esse enim apud Ciceronem in his ipsis De re publica hoc epigramma Enni «pues en Cicerón, en estos mismos libros Sobre la República , encontramos este epigrama de Ennio».

216 Cf. epist . 108,30.

217 Podría tratarse de una pequeña deficiencia producto de la doble redacción del libro.

218 BRENNECKE , Animadversiones ad fontes naturalium quaestionum Senecae , Tesis,Greitswald, 1913, págs. 5-17.

219 Cf. KIDD , Posidonius II …, pág. 31. La única excepción relativa sería VI 22,1, donde se cita a Asclepiódoto como valedor de la explicación del movimiento vertical de la tierra.

220 Doxógrafo del siglo I o principios del II d. C., cuyos Placita fueron reconstruidos por DIELS , «Doxographi Graeci», a partir, fundamentalmente, de los Placita de Plutarco y las Eclogae de Estobeo.

221 Supuesta recopilación doxográfica de principios o mediados del siglo I d. C. conjeturada por Diels y abreviada por Aecio en sus Placita .

222 Cf. D. VOTTERO , «Fonti e dossografia nelle Naturales quaestiones di Seneca», Rendiconti dell’Accademia di Archeologia. Lettere e Belle Arti di Napoli 61 (1987-88), 5-42; VOTTERO , Questioni naturali , págs. 32-39, que atribuye esta obra al filósofo alejandrino Ario Dídimo.

223 Así, por ejemplo, la selección y organización de la reseña doxográfica sobre el origen del trueno y el relámpago de II 17-20 no tiene paralelos en nuestra tradición doxográfica: cf. HINE , An Edition …, pág. 267.

224 Cf. III 25,4.

225 Defendida calurosamente por GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 138, 146, quien sugiere los nombres de Varrón, Soción y Licinio Muciano, aun admitiendo que se trata de una hipótesis difícil de demostrar.

226 Aparte de que es sostenida por Z, cuya lectura es bono uos .

227 Cf. detalles en las nn. 16 (Epígenes), 17 (Apolonio de Mindos) de la traducción del libro VII, y 76 (Artemidoro) de la del libro I.

228 Los escasos fragmentos conservados sirven de poca ayuda para apoyar esta suposición; cf. HINE , An Edition …, pág. 29. GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 325, en cambio, piensa que Papirio Fabiano, en su calidad de maestro de Séneca, hubo de ser una de las principales fuentes de su obra.

229 Cf. V 16,3-4.

230 Así, por ejemplo, GROSS , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 234, piensa que la noticia sobre el Yápige de V 17,5 puede derivar de su De ora maritima .

231 Sobre Cécina, cf. n. 101 de la traducción del libro II.

232 Sobre Átalo, cf. n. 116 de la traducción del libro II.

233 K. HOLL , Die Naturales Quaestiones des Philosophen Seneca , Jena, 1935, págs. 49-50.

234 Cf. HINE , An Edition …, pág. 62.

235 Paradigmático el caso de los cometas, en que Séneca se opone a la teoría meteorológica, la más extendida en su época, defendida por Aristóteles y sus correligionarios los estoicos. Pero los ejemplos son muy numerosos. H. M. HINE , «Tradition and Originality in Seneca, Natural Questions Book 2», en M. Beretta et alii (eds.), Seneca e le scienze naturali , Florencia, 2012, págs. 31-47, señala que, desde el punto de vista de Séneca, la independencia de criterio es mucho más importante que la originalidad.

236 Es el caso, por ejemplo, de las citas directas de los presocráticos, que no dejaron escritos; cf., por ejemplo, III 13,1; IVa 2,22; VI 6,1; etc. Pero, incluso, de las citas textuales de Aristóteles (cf., por ej. SETAIOLI , Seneca e i Greci …, pág. 390) y otros escritores cabe pensar lo mismo.

237 Cf., por ejemplo, I 5, 1-9, donde Séneca expone en estilo directo las objeciones a la teoría especular hechas por un partidario de la teoría de la coloración.

238 Así, por ejemplo, la referencia a los cometas del 54 y del 60 d. C. en la exposición de las teorías de Epígenes (VII 6,1) y Apolonio de Mindos (VII 17,2), que ha hecho pensar a algunos estudiosos que se trata de contemporáneos de Séneca, se explica más fácilmente, suponiendo que son datos añadidos por Séneca en la exposición de teorías ajenas. Obsérvese, también, cómo en VI 13,5 Séneca inserta una cita de Virgilio en la exposición de la teoría de Estratón. HALL , «Seneca as a Source…», 413-416, 426-432, defiende esta peculiaridad para un gran número de citas de Aristóteles y presocráticos.

239 La mayoría de las citas son presentadas a título anónimo y atribuidas a unos indefinidos quidam, nonnulli, sunt qui , etc., que nos ocultan a los defensores de la teoría expuesta.

240 Cf. supra n. 238.

241 Sobre el estilo de Séneca, cf. W. C. SUMMERS , Selected Letters of Seneca , Londres, 1910, págs. xv-cxiv; A. BOURGERY , Sénèque Prosateur. Etudes littéraires et grammaticales sur la prose de Sénèque le philosophe , París, 1922; A. M. GUILLEMIN , «Sénèque, second fondateur de la prose latine», Revue des Études Latines 35 (1957); OROZ RETA , «Séneca y el estilo nuevo», 295-325; A. TRAINA , Lo Stile ‘drammatico’ del filosofo Seneca , Bolonia, 1974; A. SETAIOLI , «Seneca e lo stile», ANRW , vol. II 32,2, Berlín y Nueva York, 1985, págs. 776-858; etc.

242 Son las minutissimae sententiae criticadas por Quintiliano (inst . X 1,130).

243 Cf. Suet. Cal . 53,2.

244 Cf. A. ALBERTE GONZÁLEZ , «Séneca, un conceptista ante litteram», Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos 24 (2004), 5-27.

245 El único estudio específico sobre la lengua y el estilo de las NQ , prescindiendo de las breves notas de la introducción de algunas ediciones (cf., por ej., SCHÖNBERGER , Lucius Annaeus Seneca. Naturwissenschaftliche Untersuchungen in acht Büchern , Würzburg, 1990, págs. 538-539; PARRONI , Seneca. Ricerche sulla natura , págs. xxvi-xxxv), es el de D. VOTTERO , «Nota sulla lingua e lo stile delle Naturales quaestiones di Seneca», Atti della Accademia delle Scienze di Torino, classe di seienie morali … 119 (1985), 61-86, resumido en VOTTERO , Questioni naturali , págs. 42-54. Este estudio, sin embargo, adolece del importante defecto de considerar unitario el estilo de esta obra, sin distinguir entre el estilo de los prólogos y epílogos y el de las partes científicas, que, como veremos, es fundamental para entenderla.

246 Séneca dedica al primero la carta 95 y al segundo la 94.

247 Cf. epist . 95,61.

248 Cf. TRAINA , Lo Stile «drammatico» del filosofo Seneca , págs. 39-40.

249 Cf. epist . 94,45 «La virtud comprende dos aspectos: la contemplación de la verdad y la acción; la primera se alcanza con la enseñanza (institutio) ; la segunda, con la predicación (admonitio) .

250 Cf. TRAINA , Lo Stile «drammatico» del filosofo Seneca , pág. 39.

251 C. CODOÑER , «Séneca y el discurso filosófico», en M. Rodríguez Pantoja (ed.), Séneca, dos mil años después. Actas del Congreso Internacional del Bimilenario de su Nacimiento, Córdoba, 1996 , Córdoba, 1997, pág. 302.

252 Cf., por ejemplo, IVb 13,1: «¿Por qué, me dirás, gastas tanto esfuerzo en investigar estas tonterías, que hacen a uno más culto, no más virtuoso? Nos dices cómo se forma la nieve, cuando sería más importante que nos dijeras por qué no debe comprarse nieve».

253 TRAINA , Lo Stile «drammatico» del filosofo Seneca , págs. 25-41. Cf. también TRILLITZSCH , Senecas Beweisführung , Berlín, 1962; H. CANCIK , Untersuchungen zu Senecas Epistulae Morales , Hildesheim, 1967, esp. págs. 22-27; LIMBURG , Aliquid ad mores …, págs. 84-110.

254 Cf. CODOÑER , «Séneca y el discurso filosófico», pág. 303.

255 Sobre las metáforas de Séneca en general y de las NQ en particular, cf. M. ARMISEN -MARCHETTI , Sapientiae facies …, París, 1989.

256 Cf. CANCIK , Untersuehungen …, pág. 23.

257 Es el caso, por ejemplo, de Hostio Cuadra, descrito con todo lujo de detalles por Séneca en I 16.

258 Otro de los rasgos estilísticos más notables y característicos es aquel por el que el filósofo o científico se convierte en protagonista del fenómeno natural descrito o explicado. «Algunos —dice Séneca refiriéndose a los epicúreos— trocean el aire y lo dividen en partículas, mezclándolo con el vacío» (II 7,1). Se trata de una construcción inesperada pero corriente, que sirve, sin duda, para subrayar la implicación del científico en los fenómenos naturales y lo presenta no como simple observador o estudioso, sino como verdadero protagonista de los mismos. Cf. también I 1,6; 3,1; II 6,2; 12,3; 13,1; VI 26,2; VII 14,1; 14,2, etc. Destacan también en las NQ las vivas descripciones del poder omnímodo de la naturaleza, que tanto llamaron la atención de Goethe: cf., por ejemplo, la descripción de la furia desencadenada de las aguas que pondrá fin al mundo presente (III 27-28). Sobre la importancia de las cláusulas métricas en las NQ , cf. B. AXELSON , Seneca-Studien. Kritische Bemerkungen zu Senecas Naturales Quaestiones , Lund, 1923, págs. 7-16; ALEXANDER , Seneca’s Naturales Quaestiones. The Text Emended and Explained , Berkeley-Los Angeles, 1948, págs. 241-244; J. SOUBIRAN , «Sénèque prosateur et poète: convergences métriques», en P. Grimal (ed.), Sénèque et la prose latine. Neuf exposés suivis de discussions (Entretiens sur l’antiquité classique: 36) , Ginebra, 1991, págs. 347-384.

259 Cf., sobre la cuestión, A. DE VIVO , Le parole della scienza. Sul trattato De terrae motu di Seneca , Salerno, 1992; P. PARRONI , «Il linguaggio ‘drammatico’ di Seneca scienziato», en M. Beretta et alii (eds.), Seneca e le scienze naturali , Florencia, 2012, págs. 26-27.

260 Entre los romanos son citados Nerón (I 5,6), Lucilio (III 1,1) y un desconocido Vagelio (VI 2,9 y, quizás, III praef . 3; cf. n. 5 de la traducción). Sobre la atribución equivocada a Ovidio de un verso de Tibulo, cf. IVa 2,2 y n. 42 de la traducción. Entre los griegos son citados Homero (VI 23,4; 26,1), Arato (I 13,3), Calímaco (IVa 2,16), los tres grandes trágicos griegos (IVa 2,17), Píndaro (VI 26,2) y Menandro (IVa praef . 19). Sobre la cuestión, cf. MAZZOLI , Seneca e la poesia , págs. 157-181: SETAIOLI , «Seneca e i poeti greci: allusioni e traduzioni», Giornale Italiano di Filologia 37 (1985), 161-200; SETAIOLI , Seneca e i Greci …, págs. 47-90.

261 Una útil estadística de las citas virgilianas en Séneca puede verse en MAZZOLI , Seneca e la poesia , págs. 300-303.

262 Catorce citas, veinticuatro versos, tomadas especialmente de los libros I y VI.

263 Ocho citas, once versos, tomadas todas del libro I.

264 Tres citas, cuatro versos: cf. III 26,6 (ecl . 10,4); V 1,1 y I 17,5 (ecl . 2,25-26).

265 Con excepción de IVa praef . 19 y VI 2, 2.

266 Cf. I 1,5; 14,2; VII 20,1.

267 Cf. IVb 4,2.

268 Cf. VI 13,5; 17,1; 18,2; 18,4, etc.

269 En las NQ encontramos un total de diecinueve citas y treinta y ocho versos frente a las catorce citas y treinta y tres versos del resto de su obra.

270 Con la única excepción de IVb,3,4 en que se cita un famoso dístico del Ars amandi (I 475-476). Una útil estadística de las citas ovidianas en Séneca puede verse en MAZZOLI , Seneca e la poesia , pág. 240.

271 XV 75-479.

272 IVa praef . 19, en que Ovidio es citado junto a Virgilio y Menadro como fustigadores del vicio humano.

273 Cf. nat . I 3,4 y met . VI 65-7.

274 Cf. nat . V 14,1 y met . I 388.

275 Cf. nat . VII 10,1 y met . II 71.

276 Cf. III 20,5-6; 26,6; 27,13-14; 28,2.

277 Séneca se limita a introducir la cita indicando «como dice otro poeta».

278 Cf. Lucr. II 114-129.

279 Cf. II 56,2 y n. 138 de la traducción del libro II.

280 Aparte de los dos ejemplos citados anteriormente (V 1,2 y VI 22,1), Parroni quiere ver ecos lucrecianos en la descripción de voz que pasa a través de las paredes (II 9,4 y Lucr. I 354-355; 489-490; VI 951-952), de la inflamación del aire con su propio movimiento (II 15 y Lucr. VI 279-280), de la fusión de diversos objetos por el rayo (II 31,1 y Lucr. VI 231 sigs.). También señala un importante eco de Lucrecio en nat . I praef. 5 (portenta uincimus) , que dependería de Lucr. V 37-38; cf. n. 7 de la traducción del libro I.

281 Cf., sobre la cuestión. C. CODOÑER , «Traducción de la terminología científica en Séneca». Actas del III congreso español de estudios clásicos , 28 de marzo - I abril de 1966 , vol. 2, Madrid, 1968, págs. 55-60; CODOÑER , Cuestiones Naturales , I pág. xxix; J. R. BRAVO DÍAZ , Estudios sobre vocabulario técnico (Naturales Quaestiones de Séneca) , Tesis, Salamanca, 1984; J. R. BRAVO DÍAZ , «Spiritus . Estudio de un término cientifico (Naturales Quaestiones de Séneca)». Mnemosynum C. Codoñer a discipulis oblatum (1991), 15-28; J. R. BRAVO DÍAZ , «Aer, aether, caelum, sublimis : estudios del vocabulario técnico utilizado para designar el “cielo” en las Naturales Quaestiones de Séneca y otros escritores científicos», Voces 6 (1995), 9-39.

282 El propio Séneca lo reconoce expresamente en II 2,4 a propósito del adjetivo unita (referido a la propiedad de los cuerpos «continuos» que gozan de «unidad») que sustituye sistemáticamente por una según sus propias declaraciones, en consideración con los oídos del lector.

283 Así, por ejemplo, caelum y caelestis son especializados en algunos contextos para referirse al mundo supralunar (por oposición a la atmósfera o mundo sublunar), lo que no impide que en otros muchos conserven el primitivo valor de la lengua que los hace neutros a esa distinción y que permite emplearlos, en contra de la especialización anterior, para designar la zona sublunar. Algo similar sucede con spiritus que es especializado por Séneca, por oposición a aer (y a uentus) , para designar el aire en su aspecto activo y violento, en equivalencia del pneuma estoico, pero que al mismo tiempo es utilizado como mero sinónimo de aer o de uentus . Pero, además, Séneca no sólo mantiene su valor corriente de lengua (con sentidos próximos al de «respiración» y «exhalación») sino que, a partir de él, incluso llega a redefinir este término como «viento de menor intensidad» (V 13,4).

284 GERCKE , Seneca-Studien , págs. 90-110; W. TRILLITZSCH , Seneca im literarischen Urteil der Antike. Darstellung und Sammlung der Zeugnisse , 2 vols, Amsterdam, 1971; VOTTERO , Questioni naturali , págs. 54-68; H. M. HINE, «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», en L. Ayres (ed.), The passionate intellect: essays Professor I. G. Kidd , New Brunswick, New Jersey, 1995, págs. 203-211; F. STOK , «La discreta fortuna della Naturales Quaestiones», Giornale Italiano di Filologia 52 (2000), 349-373; PARRONI , Seneca. Ricerche sulla natura , págs. xxxv-xl; HINE , «Seneca’s Naturales quaestiones 1960-2005 (part 2) with Addenda covering 2006», Lustrum 52 (2010), 124-157; F. R. BERNO , «Seneca d. J., Naturales Quaestiones », en C. Walde (ed.), Die Rezeption der antiken Literatur. Der Neue Pauly Supplements vol. 7, Stuttgart-Weimar 2010, cols. 876-891; F. NANNI , D. PELLACANI , «Per una rassegna sulla fortuna delle Naturales Quaestiones », en M. Beretta et alii (eds.), Seneca e le scienze naturali , Florencia, 2012, págs. 161-252.

285 Aunque la existencia de estrechas relaciones entre el Aetna y las NQ es incuestionable, la naturaleza de estas relaciones es objeto de importante controversia; cf. F. R. D. GOODYEAR , «The Aetna : Thought, Antecedents, and Style», ANRW , vol. II 32,1, 1984, págs. 344-363. Últimamente, A. DE VIVO , «Considerazioni sull’Aetna. Rapporti con Seneca, epoca della composizione», Vichiana 18 (1989), 297-305, ha subrayado los fuertes paralelismos existentes entre esta poema y las NQ , concluyendo que el Aetna habría sido escrito tras la muerte de Séneca y antes de la erupción del Vesubio del 79 d. C.

286 Cf. GERCKE , Seneca-Studien , págs. 108, 131-132.

287 P. GRIMAL , «Lucain et Sénèque a propos d’une tempête», Cahiers des études anciennes 14 (1982), 173-178.

288 Cf. DIELS , «Seneca und Lucan», págs. 379-408; C. HOSIUS , «Lucanus und Seneca», Jahrbücher für classische Philologie 96 (1892), 337-356. A. EICHBERGER , Untersuchungen zu Lucan: Der Nilabschnitt im zehnten Buch des Bellum Civile , Tubinga, 1935, defiende que en este pasaje Lucano sólo puede haber utilizado el perdido escrito juvenil de Séneca, De situ et sacris Aegyptiorum , pero cf. G. PFLIGERSDORFFER , «Lucan als Dichter des geistigen Widerstandes», Hermes 87 (1959), 375.

289 Cf. Amm. XXII 15,9 y nat . IVa 2,5 (pueblo obligado a cambiar de residencia por el estruendo de las cataratas); Amm. XXII 15,20 y nat . IVa 2,15 (naturaleza del cocodrilo); Amm. XXIII 5,13 y nat . II 39,1 (fulmina consiliaria) ; Amm. XXIII 5,14 y nat . II 51 (definición de rayo y dirección de su movimiento).

290 Cf. Introducción del libro IVa.

291 No puede excluirse, en todo caso, que las haya consultado, especialmente, para la composición del libro II, que trata los mismos temas que las NQ . GERCKE , Seneca-Studien , pág. 106, por ejemplo, quiere ver en Plin. nat . II 220 (la leyenda de los bueyes del Sol) un eco de Sen. nat . III 26,7, y PARRONI , Seneca. Ricerche sulla natura , págs. xxxv-xxxvi y com. ad loc . subraya la fidelidad con que Plinio sigue el texto de Séneca, hasta el punto de utilizarlo para solucionar las dificultades textuales del pasaje. Para otros posibles ecos, cf. H. ZEHNACKER , «Pline l’Ancien, lecteur d’Ovide et de Sènéque», en H. Zehnacker, G. Hentz (eds.), Hommages à Robert Schilling , París, 1983, págs. 437-446.

292 Cf. Quint. inst . X 128-129.

293 GERCKE , Seneca-Studien , págs. 103-104 (GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII , págs. xviii-xix), señala el parecido entre uita. Hor . pág. 47,13-15 Reifferscheid, donde se narran las excentricidades eróticas del poeta que le llevaban a hacer el amor en una habitación recubierta de espejos para poder contemplar el acto sexual, con nat . I 16 en que Séneca relata en términos parecidos lo mismo de Hostio Cuadra. Se ha pensado, incluso, que la noticia de Suetonio podría ser el fruto de una confusión entre los nombres de Horatius y Hostius .

294 Cf. C. CODOÑER , «Un pasaje de Alethia, 2,456-481 (comparaison avec NQ III, 27)», Helmantica 28 (1977), 87-96, señala la posible influencia del epílogo del libro III en la descripción del diluvio bíblico.

295 Cf. A. ARWEILER , Die Imitation antiken und spätantiken Literatur in der Dictung «De spiritualis historiae gestis» des Alcinus Avitus , Berlín-Nueva York, 1999, págs. 239-245.

296 Cf. P. LEHMANN , Mittelalterliche Bibiothekskataloge Deutschlands und der Schweiz , vol. I, Múnich. 1918, pág. 266.

297 Múnich, Bayerische Staatsbibliothek Clm 18961-II; cf. B. M. OLSEN , L’étude des auteurs classiques latins aux XIe e XIIe siècles , 3 vols, París, 1982-1989. III 1, pág. 422.

298 Cf. HINE , «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», pág. 206.

299 Cf. HINE , «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», págs. 206, n. 11 y 12.

300 Cf. H. M. HINE , «Seneca and Anaxagoras in Pseudo-Bede’s De mundi celestis terrcstrisque constitutione», Viator 19 (1988), 111-127.

301 Cf. HINE , «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», pág. 207, n. 13.

302 Se ha señalado especialmente el enorme parecido de la definición de Dios en Proslogion 1,2 aliquid quo nihil maius cogitari potest con nat . I praef . 14 magnitudo… qua nihil mains cogitari postest . Sin embargo, se discute el grado de influencia del pasaje de Séneca en Anselmo.

303 E. MERENDA , «La presenza delle Naturales Quaestiones di Seneca nel Chronicon di Hélinand di Froidmont», Miscellanea Bibliothecae Aposlolicae Vaticanae XIII , Ciudad del Vaticano, 2006, págs. 435-492.

304 Pequeños ecos de las NQ se han detectado también en obras del erudito Alejandro Neckam, del clérigo Geraldo de Gales, y de los dominicos Tomás de Cantimpré y Esteban de Borbón: cf. BERNO , «Seneca d. J., Naturales Quaestiones », col. 882.

305 Cf. K. A. BLÜHER , Séneca en España. Investigaciones sobre la recepción de Séneca en España desde el siglo XIII hasta el siglo XVIII [trad. de Juan Conde], Madrid, 1983, págs. 85-86.

306 Cf. D. VOTTERO , «Angelo Poliziano lettore delle Naturales Quaestiones di Seneca», De tuo tibi. Ommagio degli allievi a Italo Lana , Bolonia, 1996, págs. 501-523.

307 Sobre la influencia de las NQ en otros representantes del neoestoicismo cf. HINE , «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», págs. 150-153; BERNO , «Seneca d. J., Naturales Quaestiones », cols. 884-886.

308 Cf. H. HIRAI , «The World-Soul, Providence and Eschatology: Seneca’s Naturales Quaestiones in Justus Lipsius’s Physiologia Stoicorum», en Marco Beretta et alii (eds.), Seneca e le scienze naturali , Florencia, 2012, págs. 117-140.

309 Así, por ejemplo, en la acogida e interpretación de los conceptos estoicos del hado y la fortuna por Alonso de Cartagena y Pedro Díaz de Toledo: cf. BLÜHER , Seneca en España , págs. 217, 221.

310 Cf. J. I. BLANCO PÉREZ , «Séneca en los textos de los autores médicos castellanos del siglo XVI », en M. Rodríguez-Pantoja (ed.), Séneca, dos mil años después. Actas del Congreso Internacional Conmemorativo del Bimilenario de su Nacimiento, Córdoba 1996 , Córdoba, 1997, pág. 659.

311 Cf. infra n. 345.

312 Cf. n. 14 de la traducción del libro I. Otros pasajes que influyeron en Colón fueron Arist. cael . II 14,298a; mu . III 392b y Sen. Medea 375-376, pasaje en que Séneca, por boca del coro, profetiza el descubrimiento de un nuevo mundo. Pero no es seguro que Colón conociese este último pasaje antes del descubrimiento y parece más bien que lo utilizó a posteriori en su Libro de las profecías para demostrar el carácter providencial de su periplo.

313 El error se remonta a Roger Bacon, quien en la parte cuarta de su Opus maius escribe: «Séneca, en el libro quinto (orden Grandinem , sin duda) de su obra Sobre la naturaleza , dice que este mar (sc . el océano Atlántico) se recorre en pocos días, si el viento es favorable». Es muy probable que Colón conociera a Bacon a través de Pedro d’Ailly, quien en su Imago mundi (1410), obra muy difundida en toda la Europa del siglo XV gracias a la imprenta, de la que Colón poseía una copia, reproduce literalmente el pasaje de Bacon.

314 NORMAND , «Sénèque et la découverte du Nouveau Monde», en R. Chevalier, A. Piganiol (eds.). Présence de Sénèque , París, 1991, págs. 194-195. Para más información y bibliografía, cf. GAULY , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 176-181; HINE , «Seneca’s ‘Naturales quaestiones’ 1960-2005 (part 2)», 147-150.

315 Cf. HINE , «Seneca’s Natural Questions . Changing Readerships», págs.

316 Sobre la posible influencia de Séneca en la formulación de la teoría de la gravedad de Newton, cf. L. Russo, La rivoluzione dimenticata: il pensiero scientifico greco e la scienza moderna , 2.a ed., Milán, 2001, págs. 337-341.

317 Datos detallados pueden verse en NANNI , PELLACANI , «Per una rassegna…», 212-219, 223-226 y 231.

318 Cf. NANNI , PELLACANI , «Per una rassegna…», 208-210, 220-223, 226-229.

319 Cf. M. v. ALBRECHT , «Momenti della presenza di Seneca nella letteratura tedesca», Seneca nella coscienza dell’ Europa , 1999, págs. 271-272.

320 Cf. WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones …, pág. 4.

321 Citas y ecos de las NQ se encuentran, también, en el Libro de la erudición poética (1611) de Luis Carrillo y Sotomayor. Se han señalado, además, pequeñas huellas en Gracián (cf. BLÜHER , Séneca en España , pág. 559, n. 251) y en Calderón de la Barca (cf. FOTHERGILL -PAYNE , Seneca and Celestina , Cambridge, 1988, pág. 37).

322 WAIBLINGER , «Goethe und Seneca. Zur Rezeption der “Naturales Questiones”», en A. Patzer (ed.), Apophoreta. Für Uvo Hölscher zum 60. Geburtstag , Bonn, 1975, págs. 188-205; WAIBLINGER , Senecas Naturales Quaestiones …, págs. 188-205; ALBRECHT , Momenti …, págs. 278-285.

323 Sobre la influencia de Séneca en estos autores, cf. VOTTERO , Questioni naturali , págs. 65-67. Señalaremos también que M. BIZOS , «A propos d’une source probable dans Sénèque d’un vers de La mort du loup». L’information littéraire 16 (1964), 116-118, quiere ver en el verso 85 del poema La mort du Loup (1838) de Alfred de Vigny (Gémir, pleurer, prier est également lâche) un eco de nat . III praef. 12 flere, queri et gemere desciscere est .

324 Con todo, se han señalado algunos ecos esporádicos de las NQ en el siglo XX fuera del contexto filológico. Cf. NANNI , PELLACANI , «Per una rassegna…», 232-235. Limitándonos a ejemplos españoles, recordaremos que María Zambrano en la antología que acompaña su ensayo El pensamiento vivo de Séneca (1944) incluye varios pasajes de las NQ (sobre el concepto de Dios y el miedo a la muerte: I praef . 13-14; II 59, 2-13; VI 2,1-3 y 6-9 y VI 32,4-12), y que I. DEL ÁRBOL FERNÁNDEZ , «Séneca en la obra de Camilo José Cela», en Miguel Rodríguez-Pantoja (ed.), Séneca, dos mil años después , Córdoba, 1997, pág. 730, sugiere que las ideas de Cela sobre el destino podrían derivar, entre otros, de nat . II 36.

325 AXELSON , Seneca-Studien …, pág. 1.

326 Una relación exhaustiva de los mismos puede verse en VOTTERO , Questioni naturali , págs. 91-106, que enumera más de cien manuscritos. Una relación selectiva puede verse en HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri , págs. vii-xxi.

327 Cf. supra pág. 22.

328 En la mayoría de estos códices la laguna que afecta al centro de la obra es más amplia, comenzando en III praef . 25,6.

329 Como indicamos previamente (cf. supra pág. 22), en algunos manuscritos de este tipo el libro IVa está situado al final de la obra, resultando, por tanto, un orden I-III, IVb-7, IVa.

330 Cf. GERCKE , Naturalium Quaestionum libri VIII . Su edición había sido precedida por dos importantes estudios sobre el texto y la tradición manuscrita de las NQ ; cf. GERCKE , Seneca-Studien y A. GERCKE , Studia Annaeana , Greifswald, 1900.

331 HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri . También la edición de Hine fue precedida por numerosos trabajos sobre el texto y tradición manuscrita de las NQ , que citamos en la Bibliografía.

332 Cf. OLTRAMARE , Sénèque …, I págs. xxix-xxxi; CORCORAN , Seneca. Natural Quaestions , 2 vols., Cambridge (Mass.), 1971-1972, I págs. xxvi-xxvii; CODOÑER , Cuestiones Naturales , I págs. xxxv-xli y MARINO , Seneca: Naturales Quaestiones. Libro 20 , Pisa, 1996, págs. 11-38.

333 Cf. VOTTERO , «Problemi di critica del testo nelle “Naturales Quaestiones”. Nota I. L’ordinamento dei libri», 264-267. Al mismo criterio se atiene en su edición de 1989, pág. 111.

334 Cf. OLTRAMARE , «Le Codex Genevensis des Questions Naturelles de Sénèque», Revue de Philologie 45 (1921)». 5-44. La importancia de Z fue destacada a continuación por AXELSON , Seneca-Studien …, págs. 3-4; B. AXELSON , Neuc Seneca-Studien. Kritische Bemerkungen zu Senecas Naturales Quaestiones , Lund, 1939, págs. 234-235.

335 El papel fundamental de Z y el nuevo stemma bipartito de las NQ han sido confirmados, posteriormente, por los trabajos de PARRONI , «Sul contributo del Genevensis lat. 77 al testo delle Naturales Quaestiones di Seneca», Revista di Filologia e di Instruzione Clasica 120 (1992), 165-173, y «Problemi testuali nelle Naturales quaestiones di Seneca» en S. Sconocchia y L. Toneatto (ed.), Lingue tecniche del greco e del latino , Trieste, 1993, págs. 43-47. Cf., sin embargo, las reservas del propio Hine quien, en su reseña de la edición de Parroni (Classical Review 55 [2005], 545-546) recuerda la observación de M. REEVE , «Cuius in Usum ? Recent and Future Editing», Journal of Roman Studies (2000), 201-202 de que ζ es conjeturado sobre la base de un número muy reducido de manuscritos.

336 Aparte de la extraordinaria importancia concedida a Z en la constitución del texto, otra característica de la edición de Hine es la reducción del número de manuscritos considerados útiles para la reconstrucción del arquetipo: diez manuscritos principales (Z, R, A, B, V, F, H, P, U, W), además de tres fragmentarios (Y, L2 , γ).

337 Cf. H. M. HINE , «The Manuscript Tradition of Seneca’s Natural Questions», Classical Quarterly 30 (1980). 196; HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri , pág. xiii.

338 Una relación completa de las ediciones de las NQ puede verse en VOTTERO , Questioni naturali , págs. 71-75. Cf. también HINE , L. Annaei Senecae Naturalium quaestionum libri , pág. xxxv.

339 Sobre esta edición y la reimpresión de 1492, cf. I. OPELT , «Seneca bei den Humanisten», Res Publica Litterarum 10 (1967), 253-256.

340 Cf. W. TRILLITZSCH , «Erasmus und Seneca», Philologus 109 (1965), 274-280.

341 En ella se incluye la famosa Disquisitio de Senecae Naturalibus Quaestionibus , en que se plantea por primera vez el problema del número y orden de los libros.

342 Gercke observó personalmente los manuscritos más importantes y otros los hizo colacionar por colaboradores, de acuerdo con la costumbre de su tiempo. Para la emendatio del texto se sirvió de la estimable colaboración de grandes latinistas de la época como Leo, Skutsch, Kroll, Rossbach.

343 VOTTERO , Questioni naturali , págs. 120-204. Este estudio estaba precedido por VOTTERO , «Problemi di critica del testo nelle “Naturales Quaestiones”. Nota I. L’ordinamento dei libri». 249-269: D. VOTTERO , «Emendamenti al testo delle Naturales Quaestiones di Seneca». Atti della Accademia delle Scienze di Torino, classe di scienze morali 114 (1980). 323-367.

344 Cf. Bibliografía.

345 Se trata de una pequeña selección de pasajes (II 32,3-8; 35; 38,2-4; III praef . 7-9; IVb 13,5-6; VII 25,1-3) intercalados en un florilegio de la obra entera, publicada con el título Compilación de algunos dichos de Séneca , que, en realidad, no era producto de una selección original, sino una traducción selectiva de la Tabulatio et Expositio Seneca , compilación temática de la obra de Séneca, publicada a mediados del siglo XIV por el dominico italiano Luca Mannelli. Sobre Alonso de Cartagena y sus traducciones de Séneca, cf. BLÜHER , Seneca en España , págs. 133-148, quien señala (pág. 133) que las traducciones de Alonso de Cartagena fueron las únicas traducciones del siglo XV hechas directamente del original latino de obras auténticas de Séneca; FOTHERGILL -PAYNE , Seneca and Celestina , págs. 5-6, 11-16. CODOÑER , Cuestiones Naturales , I, pág. xliv. destaca la elegancia de esta traducción así como la habilidad de su autor para soslayar las dificultades planteadas por algún locus corruptus .

346 FOTHERGILL -PAYNE , Seneca and Celestina , págs. 13-14, explica que mientras el concepto estoico de logos era perfectamente compatible con las enseñanzas critianas, la doctrina de Séneca sobre la participación del hombre en el origen divino de la creación y la equiparación del hombre sabio y virtuoso con Dios podrían haber parecido heréticas. En consecuencia, era más seguro limitarse a la traducción de los pasajes de las NQ que habían sido seleccionados por Luca Mannelli para uso general.

347 Como curiosidad señalaremos que, siguiendo la costumbre de las ediciones decimonónicas de la obra, engloba en el mismo libro (IV) los libros IVa y IVb. Esta obra ha sido reeditada recientemente, junto con otras obras de Séneca, sin indicación de autor, y con modificaciones que empeoran, más que benefician la traducción en Séneca, colección «Los libros que cambiaron el mundo», Madrid, Prisa Innova, 2009. También está disponible, en su versión original, en la biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y en InterClassica.

348 Recordaremos que hoy es aceptado unánimemennte que el orden del arquetipo es el orden Grandinem .

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