Czytaj książkę: «Elige solo el amor»

Czcionka:

Elige solo el amor

Libro 2: Déjate amar


Elige solo el amor. Libro II: Déjate amar

© de los textos: Sebastián Blaksley, 2019

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2020

Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu

Corrección: Noelia González Gerpe

Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo

1º edición: agosto 2020

Producción editorial: Tequisté

contacto@txtediciones.com.ar

www.tequiste.com

ISBN: 978-987-4935-38-0

Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.

LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

Blaksley, Sebastián

Elige solo el amor : libro 2 : déjate amar / Sebastián Blaksley. - 1a ed . - Pilar : Tequisté. TXT, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4935-38-0

1. Religión Cristiana. 2. Espiritualidad Cristiana. 3. Dios. I. Título.

CDD 248.4

Un mensaje de Sebastián

El amor incluye todo lo que somos. Desde nuestra realidad humana nos puede llevar más allá de nuestras ideologías, culturas, educaciones, personalidades y creencias, hacia lo que no puede ser expresado en palabras porque está más allá de todo límite. Esta es la razón por la que, en esta oportunidad, los ángeles expresan su amor universal utilizando símbolos concretos. En mi caso, los propios de una persona laica, devota del siglo XXI, nacida en Argentina y con educación católica. Sin embargo, durante las manifestaciones, se entiende con claridad que el amor es universal y su voz va dirigida a todos y todo. El amor no hace excepción de personas. Es siempre inclusivo.

Sé, por lo que escucho, veo y experimento, que los mensajes recibidos son para todo el mundo e incluso para todos los tiempos, a pesar de la dificultad que a veces experimentamos por causa de la limitación de las palabras humanas, las cuales pueden separar, a pesar de que están ahí para explorar y unir.

Espero de todo corazón que todos se sientan incluidos dentro del abrazo del amor de Dios, expresado de un modo particular en estos mensajes del cielo, no para que se entiendan estos escritos como especiales ni como un puerto de llegada, sino como un trampolín o puerto de salida desde el cual nos animemos cada día más a expresar con nuestra voz particular el amor divino que vive en nosotros. En otras palabras, dar a conocer esa parte del amor que solo cada cual puede manifestar.

Si somos capaces de entender las palabras y símbolos de esta obra como medios y no como un fin, y recibimos estos mensajes con el corazón y no con la mente pensante, podremos ir, más allá de los símbolos, hacia el amor que los suscita y comenzaremos a recordar a nuestro primer amor, es decir a Dios.

Tal como Jesús lo ha dicho en el capítulo 1 del libro 5 titulado “La dulzura del amor”:

...Antes de seguir adelante por el camino de la dulzura del amor, es importante que recuerdes que los nombres, al igual que las palabras, no tienen un significado propio en relación con el reino de la verdad divina. Sin embargo, en el plano de las percepciones, los nombres pueden significar mucho, al igual que las palabras. No te olvides que el amor no tiene palabras.

En esta obra se han utilizado deliberadamente nombres con un alto contenido emocional y dotados de muchos significados a lo largo de siglos. Nombres tales como Jesús, María, Espíritu Santo, Dios, y muchos otros pueden ser signos de contradicción.

No podemos escapar a las leyes de la percepción mientras se viva en ella. Tampoco hay por qué hacerlo. El amor de Dios no se salta nada de lo que hayas creado en tu mundo. Más bien se une a ello y, desde esa unión, lo transforma junto contigo en medios eficaces para que la verdad que está más allá de toda palabra brille libremente.

Esta obra no busca prosélitos ni seguidores. Tampoco busca evangelizar o compartir una sabiduría que otros no conocen. Si esta fuera la meta, esta obra carecería de sentido porque intentaría enseñar lo que todos saben: el amor.

Se han elegido los nombres que se eligieron y el contexto que se eligió para que esta obra salga a la luz por múltiples razones, muchas de las cuales exceden el propósito de estos escritos. Sin embargo, hay una razón que es esencial a la meta de la sanación de la memoria y el refuerzo de tu verdadera identidad...

Estos escritos son una carta de amor de Dios, el padre, para sus hijas e hijos bien amados. Va dirigida a la sanación de la memoria para que, una vez sanada resplandezca en nosotros el recuerdo de un amor que no tiene principio ni fin: el amor de Dios, en cuyo centro vive nuestro ser.

Cómo se originó

El 3 de octubre de 2018, súbitamente una presencia que era todo amor, y cuya magnificencia, belleza y benevolencia no se pueden describir, vino a mí de un modo que nunca había experimentado. Se presentó diciendo: “soy la medicina de Dios”. Se me dio a entender con perfecta claridad que era el Arcángel Rafael en toda su gloria. Me dijo que orara una oración en particular durante nueve días. También me dictó las intenciones por medio de inspiración interior. Así lo hice. La oración consistía en rezar cinco Padrenuestros, cinco avemarías y cinco glorias, tal como estas oraciones son descriptas en la Iglesia católica, a la que pertenezco.

El día 13 de octubre, al día siguiente de finalizar la novena de oración, comencé a recibir la visita gloriosa de un coro de incontables ángeles de Dios, cuyo amor y belleza son indescriptibles. En el coro viene una voz, que es la de Cristo, la cual es expresada en una forma inefable.

La voz se hace imagen y se muestra en símbolos visibles para el espíritu. Lo visto luego es puesto en palabras escritas y grabado por mi voz humana, para que también quede plasmado en la palabra dicha. Cada sesión viene a mí de esa manera. La secuencia es la siguiente: recibo las imágenes que el coro presenta, luego el coro se retira, los arcángeles Rafael y Gabriel quedan como custodios, o presencias amorosas, hasta que es transcripto el mensaje o la sesión en cuestión.

El glorioso arcángel Rafael es quien guía la transcripción, permitiendo que se reciba el mensaje y que lo mostrado se pueda pasar de imagen a palabra. El arcángel Gabriel es custodio amoroso de todo lo que atañe a la obra; no solo en referencia a la manifestación en sí y a los escritos, sino a todo lo que de ellos surge y surgirá.

Los mensajes, o sesiones, me son mostrados como en un cuadro de gran belleza en el que cada forma (que no tiene forma) es en sí una voz, un “sonido-imagen”. Es como el tañido de un arpa que se hace palabra. Este es una vibración de música celestial cuya frecuencia no es como la de los sonidos del mundo. Es una especie de “vibración- frecuencia” que el alma conoce perfectamente bien y que con perfecta certeza reconoce como la voz del cordero de Dios. Una vez que todo es transcripto, en palabras escritas y dichas, entonces el coro se presenta en toda su gloria una vez más, como si vinieran a buscar a los santísimos arcángeles Rafael y Gabriel, y todos juntos se retiran cantando un hosanna al Cristo de Dios.

Ese hosanna cantado por el coro de ángeles es un majestuoso canto de alabanza y gratitud al creador, por el misterio infinito de amor que es la segunda venida de Cristo. Es un preludio de su venida. Si los hombres fuéramos capaces de comprender, en toda su magnitud, el inefable misterio de amor que significa la segunda venida de Cristo, cantaríamos eternamente las misericordias de Dios en unión con los ángeles y toda la creación.

Durante las visiones, en ciertas oportunidades, me son mostrados textos de otros tiempos, algunos de los cuales nunca había conocido. Ellos encierran dentro de sí una sabiduría que no es del mundo. En particular me han sido mostrados los escritos de la Bhagavad Gita, Santa Teresa de Jesús, la sabiduría sufí expresada por medio de los textos de Rumi, así como pasajes específicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Todo ello unido a su significado. Lo que me fue mostrado está reflejado en esta obra. De este modo, la revelación desea expresar que la sabiduría es una y que es la misma voz de Cristo la que se expresa en toda manifestación en la que ella es plasmada, a lo largo de los siglos, sin importar el contexto cultural, religioso o mental de quienes reciben la revelación. En otras palabras, lo que se pretende expresar es que somos una sola mente, un solo corazón, un solo ser, unidos en la verdad.

En los casos en que la mismísima virgen María o Jesucristo se hacen presentes en su persona humana y divina, y se comunican en forma directa, el coro de ángeles del cielo y toda la creación quedan enmudecidos de amor. Un silencio que es sagrado y de pura expectación rodea sus presencias benditas, por decirlo de algún modo. Los ángeles inclinan sus cabezas, fijando sus miradas hacia abajo y quedan arrobados en un éxtasis de amor, veneración y contemplación. Nada ni nadie se atreve, ni puede, interrumpir el silencio santísimo en el que el universo queda sumergido ante la soberana presencia de María y de Jesús, cuando le hablan en forma directa a nuestras almas. Esto se debe a que ese espacio de dialogo, entre Cristo y el alma, es un espacio inviolable. Es el templo sagrado de la intimidad del alma con Dios.

Durante las manifestaciones, todo mi ser experimenta una gran paz y alegría. Es como si fuera abrazado por el amor universal. Al finalizar la misma, el cuerpo manifiesta un gran cansancio. Pareciera que le cuesta sostener la energía que recibe. La parte de la manifestación que incluye al coro de ángeles, la voz y las imágenes, es algo que ocurre en cualquier momento, lugar o circunstancia. Sin embargo, la transcripción de los símbolos recibidos en palabras escritas y luego dicha ocurre cuando puedo ponerme a disposición para hacerlo. Puede ser en forma inmediata o varios días después.

El mensaje principal de esta obra podría resumirse de la siguiente manera: ha llegado el tiempo de una nueva humanidad. Una humanidad que está lista para que manifieste en cada uno de nosotros al Cristo viviente. Somos Cristo. Esta es la verdad acerca de nosotros, aunque nos percibamos de un modo diferente. Ya estamos preparados para poder vivir la vida en la certeza que dice: ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ayudarnos a hacer real esta verdad en nuestras vidas, aquí y ahora, es de lo que se trata esta manifestación. Todo el cielo nos ayudará en este santo propósito, pues es en sí el segundo advenimiento.

Espero de todo corazón que quienes reciban esta manifestación se dejen amar cada día más por Dios, y de esa manera sean transformados por la belleza de un amor que no tiene principio ni fin.

Descripción de las manifestaciones

Cuando los arcángeles vienen, vienen sin alas. Son como personas (personas humanas) con túnicas. La túnica de San Rafael es verde y el borde de la túnica es dorado, la de San Gabriel es rosa, casi blanca, con el borde amarillo. Todas las túnicas son majestuosas, como si estuvieran hechas de una seda muy preciosa.

Las caras son alegres, radiantes, con una piel amarillenta muy clara y todos tienen el pelo largo hasta el hombro, como si fueran dorados, rubio-dorado... Sus ojos son verdes... Todos tienen características particulares, de modo tal que se identifican muy bien en su singularidad. Sus cuerpos están radiantes de luz en un brillo sereno que genera paz a la vista y un gran sentido de belleza y armonía.

En el coro de los ángeles hay muchos de ellos con túnicas de color rosa claro y azul claro, otros con dorado claro... Todos en colores pasteles, con una luminosidad serena. Algunos tienen túnicas verdes, como si fueran esmeraldas, pero un poco más tenues.

Sorprende la expresión de felicidad permanente. Todo es alegría en ellos, ángeles y arcángeles. Un día me dijeron que irradian felicidad perpetua porque siempre dan alegría.

La presencia de los ángeles está rodeada de luz blanca y majestuosa, como si vivieran en un mediodía eterno de amor y luz que nunca se apaga. Además, la visión se presenta con una canción que es un coro celestial, el cual suena en todos los rincones del universo. Es como el sonido de millones de arpas que suenan al unísono, formando una sinfonía amorosa de gran armonía.

Las vibraciones son de tal cualidad, que calman la mente y el corazón, dando paz a todo el ser. Uno sabe, sin saber cómo, este himno es una especie de himno-oración-alabanza que es canción inmemorial. Es el canto de gratitud de la creación hacia Dios, Padre y creador, por haberla llamado a la existencia. Es la música celestial que el alma ha dejado de escuchar y que cuando regrese a la casa del Padre, recuperará y volverá a oír. Es una canción olvidada y amada por siempre por el alma que ama a su Padre y creador.

Cabe señalar que la belleza inefable de las visiones de los ángeles y los arcángeles, la cual no puede expresarse plenamente en palabras humanas, deja al alma sumergida en un éxtasis de amor y arrobamiento, del cual participa todo el ser. No hay alegría, ni felicidad en la tierra que pueda compararse con este éxtasis que genera la visión de la grandeza, magnanimidad y hermosura de los ángeles y arcángeles.

La inteligencia angélica es de tal grado que supera todo entendimiento del mundo. Sus pensamientos viajan a una velocidad que no se puede describir, incluso más rápido que el pensamiento humano. Sus pensamientos no tienen distorsión de ningún tipo, son pensamiento puro y no hay contradicción de ninguna especie. Todos son caridad perfecta y solo expresan una cualidad de santidad. Así como un relámpago atraviesa el firmamento, tanto más rápido los pensamientos angelicales atraviesan la mente.

La humildad, prudencia y simplicidad son las características centrales de los ángeles, y su mayor alegría es servir. Servir a Dios, sirviendo a toda la creación. Aman a los seres humanos, animales, plantas, piedras, elementos y todos los aspectos materiales e inmateriales de la creación, con un amor y ternura que, cuando se experimenta, es capaz de derretir incluso el corazón más duro. Estoy convencido de que la dureza del corazón procede muchas veces de una falta de experiencia de amor perfecto. Si cada uno de nosotros conociera el amor de Dios, no solamente lloraríamos de felicidad, sino que nos haríamos uno con el amor, y de nosotros brotaría solo amor.

Si bien la belleza y la magnanimidad de las visiones angélicas son inefables, estas son solo un pálido destello en comparación con la magnificencia, grandeza y cualidad inefable de Jesús y María. Nada en el universo se parece a lo que son sus corazones en términos de su realidad indescriptible.

El corazón de Jesús y María son la belleza eterna. Son la hermosura que no puede ser nombrada. Son Dios mismo hecho hombre y mujer. Son la alegría de los ángeles y la veneración de la creación. De ellos brota toda armonía, grandeza y santidad.

Las miradas de Jesús y María derriten todo el universo, por la ternura y el amor que irradian. Sus sonrisas son la pureza en sí misma y de ahí es que brota su hermosura. En su presencia, el alma queda fascinada en un éxtasis de veneración y contemplación que la deja muda. El alma se queda sin palabras y exhala un gemido de alegría que dice algo así, como un “¡ah!”.

Personalmente creo que el cielo consiste en tener la alegría de contemplar eternamente las miradas y sonrisas de Jesús y María.

Espero que se sepa entender algo de lo que intento decir al intentar describir lo indescriptible. Solo digo lo que veo, experimento y escucho. Solo digo que el cielo existe, que Dios existe y que es amor.

Esto es lo que me es dado a ver, oír y entender.

Con amor en Cristo,

Sebastián Blaksley, un alma enamorada

Buenos Aires, Argentina, enero de 2019

Nota aclaratoria

Tal como ha sido transmitido por la voz de la conciencia de Cristo, el mensaje central de la obra que ha sido denominada Soplo de amor vivo, y de la cual Elige solo el amor es parte integral, es el siguiente:

«Ha llegado el tiempo de la relación directa con Dios, una relación sin intermediarios, tal como lo era en el origen del tiempo».

En la relación directa con Dios es donde se alcanza la plenitud del ser y, por ende, la plenitud del amor. Esto se debe a que es en Dios donde eres tal como él te creó para ser. Es en la relación directa entre el creado y su creador donde el ser se conoce a sí mismo en la verdad de lo que es. Conocerse a sí mismo, tal como Dios lo conoce, es un anhelo inherente del ser, porque ser y conocer son en verdad uno y lo mismo.

Dado que el amor es relación, puesto que es unión, el amor divino solo puede conocerse en la relación con lo divino, es decir, con Dios. Dicho llanamente, conocerse a uno mismo en la relación directa con Dios es conocer a Dios, fin último de todo ser. Conocer a Dios es tu meta y tu destino.

En la relación directa con Dios es donde descubres, por medio de la revelación, la verdad de lo que eres: el Cristo viviente que vive en ti. Vivir en armonía con este descubrimiento es lo que significa retornar al amor.

Preludio

Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como "el Cristo viviente que vive en ti"

Amada mía. Alma purísima.

Soy el Cristo viviente que vive en ti.

Soy la unidad del ser en la que todo existe y es.

Tú yo somos esa unidad. Somos la unión del amor.

He venido a buscarte para seguir sumergiéndonos en los abismos del misterio infinito del amor. Amor sin fronteras. Amor sin principio, ni final. Amor salvífico.

Estas palabras vienen a ti desde el cielo de tu corazón.

Soy la voz del amor. Soy la sabiduría que reside en todo ser viviente.

Recuerda que no existe un lugar donde yo no esté unido eternamente a ti en la luz de la verdad. Yo estoy en cada lágrima derramada, en cada oscuridad percibida, en cada sonrisa y cada luz. En cada sueño y cada verdad. En cada arco iris, en cada vuelo de las aves y en cada lirio del campo. Soy la voz de la consciencia de Cristo hecha carne.

Estas palabras llevan dentro de sí el poder del amor de mi divino corazón, tal como una madre encinta lleva dentro de sí a su hijo bien amado. A medida que avancemos en esta obra, irás descubriendo ese amor, el cual se yergue radiante y sereno detrás de los símbolos que las palabras representan.

Tú que has sido elegida en el designio para recibir y dar estas palabras, déjate amar. Déjate llenar por el amor de esta obra. Tu ser sabe quién es el que está hablando. Deja que tu mente se goce en la sabiduría que traen y que tu corazón descanse en el solaz que procede del recuerdo de mi voz, que estas palabras traerán a tu memoria.

Esta obra ha sido escrita para la mente y el corazón unidos en la plenitud del ser, con el propósito de alcanzar la sanación de la memoria. De ese modo, el claro recuerdo del primer amor que es Dios te llevará al recuerdo de la santidad que eres en verdad. Una vez sanada la memoria, juntos llevaremos el amor al mundo. Y una vez que lo hubiéramos llevado, retornaremos al corazón de Dios, desde donde llevaremos el amor a todos los mundos creados y por crear. Así es como retornamos a nuestro puesto dentro de la creación. Así es como continuaremos extendiendo amor.

Esta es una obra poderosa, puesto que procede de mi divino amor. Todo lo que procede de mí está revestido del poder y la gloria del cielo, tal como todo lo que procede de las profundidades de tu corazón. El poder de estas palabras reside en el amor con que son recibidas y dadas. Es decir, en la unión contigo y con mi ser. Unión esta en la que se hace presente el cielo y la tierra. Unión que es la totalidad del amor.

A ti que recibes estas palabras te digo con todo el amor de mi divino corazón, gracias por escuchar Mi voz.

Soy el Cristo viviente que vive en ti.

Soy tu verdadero ser.

Soy la voz de tu verdadera consciencia.

Soy Jesús de Nazareth.

1
Solo Dios basta

Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como "el Cristo viviente que vive en ti"

I. El amor es todo

Amados de Dios, nos queman las ansias por el deseo de pasar un tiempo de gracia y bendiciones con vosotros. No os dais una idea de cuanto os amamos. Si conocierais el amor del Padre vuestros corazones cantarían de alegría y bailarían vibrando al compás de las melodías de la creación, en una armonía cuya belleza no se sabe decir pero se sabe sentir. Si os abandonáis al amor encontraréis todo lo que vuestros corazones anhelan. Pues en verdad, en verdad os decimos, que vuestros corazones no anhelan ninguna otra cosa que no sea amar y ser amados con perfecto amor. Recordad criaturas santas que en el anhelo de amor ya hay amor. Y que en el anhelo de amor hay anhelo de ser. Se os ha dicho en reiteradas oportunidades que solo existe amor, o mejor dicho, que solo el amor es real. De esto hemos venido a hablaros hoy. Lo hacemos compartiendo la sabiduría del corazón por medio de esta mano amiga que por amor comparte con el mundo entero lo que el cielo regala a todas las almas. A ti que recibes estos mensajes te decimos una vez más: gracias por responder a nuestra llamada. Gracias por darle la bienvenida al amor.

Solo el amor es real. Esto es algo que no se puede explicar del todo, pues el amor no tiene palabras, ni es algo que pueda encerrarse en un razonamiento limitante. Esto se debe a que el amor es eterno y por ende infinito. Nunca cambia. Nada lo contiene y contiene todo en sí mismo. El amor es todo porque nada puede estar fuera de su alcance. Todo, absolutamente todo, es cuestión de amor. De amor o de falta de amor. El amor todo lo penetra. Todo lo sabe. Todo lo ve. El amor es el fundamento de la existencia de todo lo que existe y es. El amor es la fuente de la creación y todo acto verdaderamente creativo. El amor no solo es el fundamento de la vida, sino que es también la vida misma. Decir amor y decir vida es decir lo mismo. Del mismo modo en que decir verdad y decir amor lo es. Decir "yo soy el amor, la verdad y la vida" es decir "yo soy". ¿Acaso esto no es lo mismo que decir que el amor es Dios? Nada puede contener a Dios. Nada puede contenerte a ti, porque tú eres amor y nada más que amor. Esa es la razón por la que cada vez que buscas poseer pierdes de vista a tu ser. Dado que el amor no puede ser contenido, pues el amor es vida y vida en abundancia, entonces bien podemos entender de modo sencillo que el deseo de poseer encierra en sí el deseo de poseer al amor.

Poseer al amor es lo que has estado tratando de hacer desde que abrigaste la alocada idea de la separación. En efecto, este deseo fue la base que usaste para poder crear la idea de separación, participar de ella y crear todo un mundo donde poder esconderte del amor. En rebeldía ante la imposibilidad eterna de poseer a Dios. Si creabas un mundo donde pudieras separarte del amor, entonces podrías, en tu modo de pensar, crear un sustituto al amor. Tan poderoso como él pero con la condición de que pueda ser tuyo, es decir, que pueda poseerse. No compartirse. Eso, y solo eso, es el miedo. Eso, y solo eso, es la falta de amor. Eso, y solo eso, es el pecado. Eso, y solo eso, es el odio.

Si abrieras tu alma y te sumergieses en la sinceridad del corazón, podrías reconocer que cada vez que quisiste poseer algo o a alguien sentiste esa punzada de miedo que ya te es conocida. Del mismo modo te ha sucedido cada vez que sentiste que alguien o algo te estaban poseyendo o intentaba poseerte. Esto se debe a que el deseo de poseer engendra miedo en dos maneras diferentes. El deseo de poseer cosas materiales procede del deseo de poseer al objeto amado. Y si lo que se busca poseer es el objeto amado, entonces debemos concluir que lo que se busca retener es al amor.

II. Solo el amor te hará libre

Lo que retienes lo pierdes. Lo que das lo ganas. Esa es la dinámica del reino. El reino del amor es uno de eterna ganancia, precisamente porque es un reino en el que no existe el deseo de retener nada. No existe el deseo de poseer. Solo existe el amor extendiéndose eterna e ilimitadamente en razón de lo que es. No se puede retener la verdad. No se puede retener el amor. No se puede retener el pensamiento de Dios. No puedes siquiera retener la experiencia de Dios. En efecto ni siquiera puedes retener el tiempo. Eso te causa ansiedad. Pues el deseo de controlar, que es lo mismo que el deseo de poseer, hace que te dediques a la desgastante tarea de intentar atrapar el viento con las manos. Tarea que no puede más que engendrar miedo, pues es buscar para nunca hallar. De este modo el miedo a poseer se experimenta de estas dos maneras diferentes. Por un lado, se experimenta ante la imposibilidad de no poder poseer nada verdaderamente. Y, por otro lado, porque aquello que se busca poseer no es lo que el objeto de la posesión puede darte.

Hemos hablado ya de abandonar el deseo de poseer. Aquí estamos retomando este tema, aunque desde una perspectiva un poco diferente ya que lo hacemos desde la perspectiva del deseo de poseer al amor. Cada vez que intentaste adueñarte del amor te enojaste con Dios y con la vida por el hecho de que no pudiste retenerlo. El espíritu (y el amor es espíritu) es como el viento. No se sabe de dónde viene ni a dónde va. No se puede retener. Esto lo sabes bien, puesto que ya se ha dicho y además porque lo has experimentado una y otra vez. El ser no se deja atrapar. No se deja poseer. Por ende, todo lo que es susceptible de ser poseído, o retenido, no puede proceder del amor. Dicho de otro modo, todo lo que posees te esclaviza, de un modo u otro, puesto que te retiene. Te mantiene atado a la posesión. De ese modo el poseedor y el poseído quedan atados uno al otro. El carcelero y el prisionero quedan ambos encarcelados.

Alma amada en el amor que Dios es, despréndete de todo en tu corazón y verás como levantas vuelo. Verás como vuelves a respirar libertad. La libertad de no ser esclava de nada ni de nadie, pero por sobre todo de no ser esclava de ti misma. Para poder hacer eso debemos recordar una vez más que todo es pensamiento. Por lo tanto, el verdadero camino del desapego no consiste en deshacerse de cosas materiales ni de personas o ideas. Puedes dar todos tus bienes a los pobres. Puedes irte a vivir sola a la cima de una montaña. Y aun así no desapegarte del deseo de poseer.

III. Desapego y libertad

El deseo de poseer pertenece al ámbito de la mente egoica. Y no de la materia física. Todo deseo surge en tu interior. Del deseo de poseer, cuya dinámica es siempre creciente, es desde donde surgen la envidia, la llamada codiciosa y la lujuria. Los asesinatos y toda mezquindad. Las guerras y toda falta de amor. En todo acto de desamor existe el deseo de poseer, de un modo u otro. El deseo de poseer es el deseo de ejercer poder y dominación, ya que poseer supone que ejerces una soberanía sobre aquello que posees.

Pretender poseer al amor y revelarte contra él por no poder lograrlo, es la base de la separación. De ahí que sea tan importante que renuncies al deseo de poseer. Comenzando por los asuntos materiales, mentales y humanos. No desear poseer bienes mundanos tanto materiales como inmateriales es un medio para abandonar la compulsión de poseer. En eso radica el valor del desapego. Nada más que en eso. No en lo material en sí. Cuando dejas de apegarte a las cosas, sean las que sean, dices: "soy libre, puedo abrazar esto o aquello cuando entra dentro del marco de mi consciencia. Y dejarlo ir cuando se va, sin intentar retenerlo, ni tampoco intentando que no venga. Dejo que todo venga cuando quiera y como quiera. Y dejo también que todo se vaya cuando quiera y como quiera. Y de ese modo vivo inmerso en el flujo de la vida. Pues he reconocido que yo soy la vida, por lo tanto, soy el firmamento en el que las nubes del cielo aparecen y desaparecen. Como parte de lo que soy. Soy el cielo y las nubes. Soy todo". Es también un modo de decir: "no deseo poseer nada y por ende no planifico nada. No planifico nada porque no deseo controlar nada. No controlo nada, porque ya no vivo en el miedo sino en el amor. Y reconozco que dentro del amor no existe ninguna necesidad de control pues no existe el temor"

El caminito del desapego parece difícil solo al principio. Pues tarde o temprano te darás cuenta de que no es necesario poseer nada porque no existe tal cosa como algo externo a ti. ¿Qué sentido tiene poseer aquello que no solamente ya es tuyo, sino que eres tú mismo, pues forma parte de ti? Creer que existe algo externo a ti es lo que te lleva a pensar que puedes y debes poseer algo. Tener no significa nada en el reino del amor pues en el amor solo existe el ser. Ser y tener quedan equiparados en el amor. Por ende, los que son amor lo tienen todo porque el amor lo es todo. Lo que no es amor no puede poseer nada y nunca podría, ya que lo que no es amor es nada. Recuerda que solo existe el todo y la nada. La verdad y la ilusión. El amor y el miedo. De tal manera que en un estado de consciencia eres pleno, y en el otro eres un ser incompleto. Desde esa compleción o in compleción es desde donde elaboras el deseo de poseer, el cual encierra en sí el deseo de ser.

IV. Todo es tuyo

Alma enamorada, llena tu alma de amor y verás que lo tienes todo. Llena tu alma de ser y verás que lo eres todo. Llena tu alma de Cristo y no necesitarás nada más pues él es el amor que estás buscando. Es el amor que eres y la abundancia del corazón en la que has sido creada y vives eternamente, sin importar que tan consciente o no seas de ello. Eres un alma soberana. Siempre lo has sido. Se te ha dado un reino, tu ser. Gobiérnalo en unión con el único que sabe cómo hacerlo en el amor, con el Cristo viviente que vive en ti. Dale el control a él. Dale tu vida a él pues a le pertenece. Recuerda que tú no has creado la vida. La vida se te ha dado gratuitamente. Y todo lo que Dios es, también. Todo es tuyo.

Ahora que has abierto tu mente y corazón para recibir este conocimiento, y te aseguramos que esto es conocimiento verdadero, serenamente puedes decir para tus adentros todos los días de tu vida, en alegría y verdad:

Todo es mío.

Mío es el cielo.

Mía es la tierra.

Mía es la noche y mío es el día.

Mías son las aguas cristalinas de los ríos y los mares.

Mía es la lluvia y mía es la sequía.

Mío es el silencio y mías las melodías.

Todo es mío.

Mío es el canto de las aves y míos los lirios del campo.

Mío es el viento y mía la quietud.

Mía la sabiduría y mía la ignorancia.

Mía la fortaleza y mía la debilidad.

Los santos son míos y míos los pecadores.

Mía es la belleza y mía la armonía.

Todo es mío.

Los ángeles de Dios son míos y mía es la madre de Dios.

Y el mismo Dios es mío y todo parar mí.

Porque Cristo es mío y todo para mí.

Amados de la luz, os aseguramos que los que viven conscientemente en el amor tienen en sí el poder de decirle al viento que se calle y el viento se calla. Tienen a su disposición todo el poder del cielo y de la tierra. Esto se debe a que el amor es el soberano de la creación, ya que es su fundamento. Debéis aceptar que solo en unión con el amor podéis ejercer la soberanía que es vuestra, ya que es una soberanía compartida con la totalidad que es en verdad. La soberanía del amor es libertad. Es armonía perfecta. Es perfecta plenitud y felicidad. Recordad entonces que os unís a la totalidad, y con ello a vuestro poder soberano, cada vez que permanecéis en la presencia del amor.

Ser y tener son uno y lo mismo. Sí, pero no se puede tener nada sino es en unión con el amor, pues solo el amor es. Si sois amor, y os aseguramos que eso es lo que sois, entonces lo sois todo. Por ende, lo tenéis todo. Si permanecéis en el amor sois dueños de todo, porque sois dueños de vuestro ser. No para poseerlo sino como extensión perfecta del amor de Dios. No os olvidéis nunca que cada brizna de viento y cada pétalo de cada flor, cada niño que nace a la vida, no es otra cosa que el amor del Padre extendiéndose hacia vosotros. Y dado que el Padre y vosotros sois uno, entonces lo que se extiende no es otra cosa que vuestro mismo ser.

V. Posesividad y generosidad

Tu amor, y con ello tu ser, está en cada melodía de la creación, en cada soplo de viento, en cada rosa y en cada rayo de luz. Tu amor, y, por ende, tu ser, está presente en todo lo que es. Pues aquello que hace que todo sea es lo que hace que tú seas.

Hemos repetido en reiteradas oportunidades que esta obra va dirigida a la sanación de la memoria. De la memoria divina que vive en ti. Recordar la verdad es de lo que se trata todo esto, que hemos venido a regalaros por amor y se compila en estas palabras llamadas "La morada de la luz". Compartiendo la verdad con vosotros es como la retenemos en nuestras mentes y corazones. Compartiéndola es como hacemos que no nos olvidemos de su belleza, magnificencia y resplandor. Esta es la razón por la que siempre os estaremos agradecidos al permitirnos compartir, con vuestras mentes y vuestros corazones, la sabiduría de Dios, en cuya verdad eterna todo lo que es santo resplandece en una luz cuyo fulgor es más resplandeciente que el sol.

Amada de las alturas, lo que estamos recordando es que no necesitas poseer nada, pues todo lo que es verdad te pertenece, ya que eres la totalidad. Dicho llanamente, la creación no es otra cosa que el espejo en donde puedes ver reflejada tu belleza, vastedad y santidad pues para eso existe, para que te conozcas en Dios. Cuando mires la creación recuerda que estás viendo al Padre y con ello a ti misma, pues solo en Dios puedes verte a ti, ya que Dios y tú son uno y lo mismo.

La compulsión de poseer es lo contrario a la generosidad. Este deseo compulsivo de poseer surgió como respuesta ante la nada del ser que percibías ser. Al negar el ser, es decir, al negar el amor, consideraste que eras poco y casi nada. Y de alguna manera, utilizando tu memoria celestial, que te permitía conocer perfectamente que ser y tener son lo mismo, intentaste ser más por medio de poseer más. Siempre más, para ser eternamente más ser. Poseer para ser más es la base de los mecanismos mentales egoicos. Y como todo lo que era del ego, no funcionó. Recuerda que el ego nunca logra, ni logró su cometido. El ego prometía pero no cumplía. No porque fuera pecaminoso sino porque no podía.

El ego, y con ello la compulsión de poseer, fue un experimento fallido. Sí, eso fue. ¿Acaso la vida no es ineficiente y desordenada en cierta medida? ¿Por qué crees que los procesos creativos de Dios no pueden ser simplemente eso, procesos que vienen y van, los cuales no siempre tienen por qué ser eficaces? En fin, todo esto ya lo sabes bien. También sabes que ya no estamos en la era del ego. El ego se ha ido para siempre. O, mejor dicho, lo has abandonado. Ahora estamos desarticulando los patrones mentales que quedaron asidos como costumbres del pasado, como si fueran cadenas que cuelgan alrededor del cuello que, aunque no están atadas a la pared y, por ende, podríamos movernos libremente, nos dificultan el andar por causa de su peso y molestia. Esas cadenas son las que nos estamos sacando de encima serenamente. Se salen tan solo dejándolas a un lado. Todas se resumen en el deseo de poseer.

VI. Ámate a ti misma

La compulsión del ego de poseer surge del deseo de ser más de lo que eres. En definitiva, este deseo surge de la creencia de que puedes adherir algo al ser. Esto también procede de una memoria ancestral. Procede de tu sabiduría innata de que tu ser debe ser "adherido", es decir, "unido", a un algo para poder ser. Sabes que el ser es una tabla rasa y que debe dársele una identidad. Una individuación. Lo sabes y lo sabes muy bien. De hecho, tu deseo a veces incluso desenfrenado de poseer así lo atestigua. En su origen, el deseo de poseer está en perfecta armonía con la verdad divina porque, en última instancia, procede del deseo de unión. Siempre te unes de un modo u otro a aquello que posees, al menos en algún nivel. Si bien la idea en su origen es correcta, lo que has estado haciendo es intentar unirte a lo que no puedes unirte.

Solo a Cristo es a quien debías y debes unirte para tener una identidad real. Es decir, para darle un atributo al ser que eres en verdad. Esto se debe a que no puedes unirte a nada que no sea de tu misma naturaleza. Por ende, solo puedes unirte a lo que es santo, bello, perfecto. Es decir, al amor. Eres un ser de puro amor y eso hace que solo puedas identificarte con lo que es amor. Cristo es la identidad amor que el ser amor posee. Este poseer a Cristo, fundiéndote en él, es el único modo en que el poseer pueda tener sentido. ¿Podéis empezar a ver la diferencia entre dejarse poseer por el amor y buscar poseer lo que no es amor por vosotros mismos?

Ser más es la letanía de la locura del mundo. Es el grito ensordecedor de la llamada codiciosa. Si deseas ser más de lo que eres quiere decir que deseas ser diferente de como eres ahora. Y si deseas ser diferente de como eres ahora eso tiene que significar que no amas lo que eres. De tal modo que la compulsión de poseer no puede surgir de ninguna otra cosa que no sea una falta, una falta de amor. Esta es una gran revelación, tal como lo es toda esta obra. Se te está revelando el hecho de que toda carencia percibida procede de percibir una falta de amor. No son las cosas, ni las personas, ni las ideas, ni las capacidades lo que deseas, ni lo que necesitas.

Lo que estás tratando de hacer cada vez que deseas poseer cualquier cosa es llenar el vacío que dejó en tu corazón la ausencia de amor percibida. Ahora que puedes reconocer esto, no con la mente sino con el corazón unido en plenitud con la mente, es decir, ahora que conoces en verdad esta verdad, ahora y no antes, puedes comenzar a sonreír afablemente cada vez que camines por las calles de una ciudad atestada de cosas. O en medio de un campo donde la gente trabaje afanosamente, al observar sin juicio alguno como los hombres desde tiempos inmemoriales han estado tratando, y aún siguen haciéndolo en gran medida, de encontrar el amor que creen haber perdido, buscándolo en todo tipo de cosas que ni llenan ni se pueden retener verdaderamente.

Ahora apelamos a la compasión. Vemos cómo la humanidad busca desesperadamente retener el viento con las manos. Y pensamos en cuál sería la respuesta que daría el amor a esa desgraciada situación. Recordamos que el amor se compadece de todo y todos. Y que, en la compasión perfecta, sabe que ese mecanismo de posesividad no es otra cosa que miedo. Miedo a no encontrar nunca más el amor perdido. Miedo a no encontrar más al ser que sois en verdad. Miedo a no ser. O mejor dicho, miedo a seguir no siendo.

VII. Déjate amar

Amada humanidad, ha llegado el momento en que dejéis de vivir como si fuerais mendigos que andan recolectando los pedacitos del ser que han quedado dispersos por ahí después de un estallido. El ser que sois en verdad no se ha quebrantado, ni roto, como si fuera una vasija de muy fino cristal de la que hay que levantar las astillas que se esparcieron por el suelo para reconstruirla tras una caída que la rompió. No, vuestro ser ha sido preservado eternamente y nada ni nadie puede tocarlo, salvo el amor que Dios es. Vosotros sois lo inviolado de Dios y lo inviolable. Nunca habéis profanado la santidad de vuestras almas. Nunca habéis dejado de ser el amor que Dios es. No habéis perdido al amor. Jamás lo podéis perder.

Todo lo que habéis vivido en el mundo es neutro. No ha hecho nada en vuestro ser. Nunca habéis dejado de ser la perfecta creación santa que Dios creó desde toda la eternidad. Porque jamás habéis dejado de ser el Dios en vosotros es que no hay necesidad alguna de poseer nada. No hay necesidad alguna de buscar nada. No hay necesidad alguna.

Hermanas y hermanos en Cristo, amad lo que sois y lo que creéis ser, en todo momento y todo lugar. Amad todo lo que surja en vosotros, y veréis cómo ya no sentís carencias de ningún tipo. Al no sentir carencias, pues no las tenéis en verdad, no necesitaréis dedicaros a la desgastante actividad de la supervivencia, que es desde donde procede la compulsión de acumular. No necesitaréis poseer nada puesto que quien vive en el amor nada necesita.

Quizá te estés preguntando cómo dejar ir para siempre el miedo, y con ello el deseo de poseer, de tal modo que desde ahora y para siempre vivas en clave de dar y nada más que de dar. Es decir, cómo vivir una vida completamente carente de necesidades. A estas alturas, la respuesta es obvia. Si toda carencia es un eco de una carencia de amor percibida, entonces el camino para que no exista carencia alguna es simplemente dejarse amar.

Alma purísima. Deja que el amor de Dios y de la creación llene a raudales las arcas de tu ser. Déjate inundar por el amor. Déjate arrobar por la ternura de Dios. Permítele al universo que te muestre su benevolencia. Y a tus hermanas y hermanos también. Y retornarás a la verdad de lo que eres en verdad. Retornarás a la casa del Padre. En dos palabras: déjate amar. Esto es lo mismo que decir: únete al Cristo viviente que vive en ti y vivirás como lo que eres en verdad. Encontrarás tu ser. Encontrarás al amor que vive en ti. Y cuando lo encuentres, o mejor dicho cuando estés dispuesta a reconocerlo, tu corazón bailará de alegría y cantará un canto perfecto en el que se dice eternamente: "quien tiene a Cristo en su corazón lo tiene todo". Y tu mente se unirá a ese canto en la plenitud de la verdad y proclamará jubilosamente: "solo Dios basta".

2
Madre del Cristo viviente

Un mensaje de la santísima virgen María

I. Preludio

Amada del cielo, hija amantísima, hoy he venido en la persona divina de mi maternidad santa. Soy la madre de Dios. He venido rodeada del coro de ángeles, arcángeles, serafines y bienaventuradas almas que, en innumerables multitudes, te rodean de amor a ti que recibes mis palabras y a todo el mundo. Deja tus preocupaciones a un lado. Deja afuera las obligaciones del mundo. Deja todo pensamiento a un lado. Quédate conmigo en esta hora santa de unión, amor y verdad. Quédate un tiempo a solas con tu madre celestial. Esta madre que se deshace toda en amor hacia ti y hacia el mundo entero. Esta madre tierna como no la habido jamás en el mundo y nunca la habrá. Soy la ternura de Dios hecha maternidad. Soy María.

Hoy es preludio de la celebración de navidad. Antesala de la ceremonia de conmemoración de la divinización del universo físico y con ello de la naturaleza humana. Tiempo de alegría y de paz. Tiempo de remembranza del amor misericordioso del Padre para con sus hijos. Ya está a las puertas el recuerdo de la fiesta de la alegría del alumbramiento en la que toda la creación participa. He venido a invitarte a vivir esta navidad de un modo diferente. Quiero que en unión recordemos el amor y la gratitud que el alma siente ante semejante milagro del amor de Dios que es el nacimiento de Cristo. Hoy no celebramos el nacimiento de mi hijo Jesús propiamente dicho como persona histórica. Esta no es una fiesta de celebración de contenido social. No, eso ya lo sabes bien. Es una celebración precisamente porque en ella participa el amor. Haz que estas navidades sean para ti, y, por ende, para toda la humanidad, el medio perfecto para abrir tu mente y corazón a un mayor conocimiento del amor de Dios.

Observa al mundo en estos tiempos de la navidad y verás cómo los ánimos cambian. Multitud de seres humanos se mueven por el mundo para reunirse en la noche buena. Gran parte del mundo queda afectada por esta celebración. Esto no se debe a cuestiones sociológicas ni psicológicas exclusivamente, sino más bien a un afecto de la conciencia universal. El nacimiento de mi divino hijo Jesús no fue un nacimiento en la forma que no tuviera impacto en la totalidad. Su nacimiento fue la manifestación física del nacimiento de Cristo en la conciencia del universo material. Lo cual incluye a la conciencia humana y a cada aspecto de la creación material e inmaterial. Esto incluye desde luego al tiempo, al espacio, a las infinitas relaciones que existen y dan forma al universo físico. Nada quedó igual desde ese momento en la dimensión del tiempo y espacio.

La ansiedad y el crecimiento en el ajetreo que se manifiesta claramente en el mundo durante lo que los hombres llaman el tiempo de la navidad, estado emocional que se puede comparar al movimiento ondulante de un oleaje de sentimientos, que se eleva hasta llegar muchas veces a su cenit en noche buena. No es otra cosa que un movimiento del alma universal y particular. Movimiento que procede del recuerdo del movimiento creativo inefable que ha sido el acto creador de Dios, que llevó a la divinización de la humanidad. Dios, por puro amor de gratuidad y en el eterno gozo de crear en el amor, crea ahora al Dios humanado en el nacimiento de Cristo. Mantén el recuerdo de que somos una sola mente, un solo corazón. Recuerda que se ha dicho que somos el amor del Padre extendiéndose eternamente. Y que todos unidos somos océano insondable de amor y verdad.

II. Amor en la forma

Precisamente desde las profundidades del océano de amor infinito que es el ser, cuya vastedad no tiene principio ni fin y es pura potencialidad sin límites, es desde donde surge el Cristo viviente en el plano físico. O, dicho de otra manera, se extiende hacia la forma la identidad crística. Desde las profundidades del ser que Dios es, Cristo se extiende y esa extensión es la forma de Jesucristo. Este movimiento de expresión o manifestación ocurrió hace dos mil años en el tiempo, pues así debía ser. Ocurrió en el momento perfecto, en el lugar perfecto y en la forma perfecta, conforme lo establecía el plan de Dios en unión con todos nosotros. Nada sobra, y nada falta en la creación de Dios. Nada ocurre antes, ni después de la hora señalada. Dios no hace nada en vano. Esto es lo que se quiso dar a entender cuando se dijo que hay un tiempo para todo. No existe un solo aspecto del plan divino que no sea perfecto. Recuerda que en Dios todo es unión, por lo tanto, nada ocurre en la creación universal, incluyendo en tu vida como parte de ella, que no esté sujeto a su voluntad divina, es decir, al amor. Esto es lo mismo que decir que no cae ni un solo cabello de vuestras cabezas sin el consentimiento del Padre celestial. Dicho llanamente, no hay dos voluntades. No hay dos planes. Solo existe una totalidad de la cual tú, en unión con tus hermanas y hermanos, sois una parte inseparable. Recuerda una vez más que la voluntad de Dios no impone, dispone.

Dentro del plan de Dios existía desde siempre el plan del nacimiento de Cristo en la forma. Es decir, la extensión del "yo soy divino" en el plano de la materia, el tiempo y el espacio. El amor extendiéndose en la forma es parte del designio del Padre. El plan no quedó alterado por el hecho de que sus hijos se hubieran dispersado y buscado maneras contrarias al diseño original para llegar al mismo destino. En primer lugar, porque la idea de la separación o de la rebelión es simplemente una idea que, aunque haya tomado forma y haya costado tantas lágrimas, no es la totalidad de lo que el hijo de Dios es, ni tiene el poder de trastocar la verdadera creación. En efecto, esa parte de ti que pensó la separación y buscó experimentar un ser separado y lo opuesto al amor es una diminuta y casi imperceptible parte de ti. Esa idea es, a la mente de Cristo, menos de lo que es una minúscula gotita de agua en comparación con el océano. O si prefieres, es menos, mucho menos, que un granito de arena en relación con todos los desiertos del mundo juntos. El otro motivo por el que esa idea de separación no pudo alterar nada del plan de Dios en verdad es simplemente porque no ocurrió, salvo en sueños.

Dicho en otras palabras, lo que estamos intentado recordar, valiéndonos de símbolos humanamente comprensible, a pesar de estar hablando de lo inefable, es que el nacimiento de Cristo es un hecho concerniente a la consciencia universal en el todo y en la parte. Este hecho ocurrió. Fue un acto creativo sin igual, concebido por la mente divina desde toda la eternidad. Fue una nueva fase en el plan creador de Dios. Sin importar qué tanto hayas sido consciente o no desde el punto de vista de la mente humana. Pues en la mente de Cristo, que es tu verdadera mente, sí que eres plenamente consciente y en ella sabes a ciencia cierta, en la perfecta certeza de Dios, que esto que se dice aquí, o mejor dicho que se recuerda, es verdad.

En efecto, el oleaje emocional que se manifiesta en estos tiempos de celebración de la navidad en el mundo así lo atestiguan. ¿Acaso el hecho de que no recuerdes las circunstancias de tu nacimiento en el plano físico hace que ese hecho no haya ocurrido? ¿Acaso dejas de respirar por no ser consciente de tu respiración? ¿Acaso el sol brilla en forma intermitente por causa de que tú cierres los ojos al pestañar?

III. Una historia de amor

El espíritu de Dios sopló sobre la tierra yerma y dijo hágase la luz y la luz se hizo. Y luego la creación comenzó a florecer y manifestarse en una explosión de vida y abundancia que llenó todo de colores, belleza y diversidad. Esa exuberancia creativa de multiplicidades cuyo número de seres es incontable es la expresión viva del canto que la creación entona por la alegría de ser. Es la expresión observable de la gratitud del creado al creador. Canto de gratitud que siempre se canta. Alegría de ser que siempre se manifiesta, pues es eterna. Y nace el tiempo. Nace el espacio. Nacen las aguas y el firmamento. Y también la humanidad representada en Adán y Eva. Todo ello surge desde un diálogo permanente pues eso es lo que la creación es, diálogo.

Aquí se intenta decir lo que en muchos mitos de la creación ya se ha dicho utilizando diversos símbolos y alegorías. Aquí y en esos mitos se intenta expresar en palabras humanas lo que ocurrió al momento de la creación de todo lo creado y también del nacimiento de Cristo en el plano de la forma. Esta expresión metafórica y alegórica refiere también a lo que ocurre en ti. Particularmente en ti. Y, sin lugar a duda, también en toda la creación física.

Hoy he venido a hablar como una madre habla a su hija bien amada. Tú que eres alma bendita, alma que escucha la voz del amor y la sigue. Alma que sabe reconocer la voz de la verdad. Alma que ha buscado y hallado. Alma que se deshace toda en amor perfecto. Alma fundida en mi ser de puro amor divino. Tú que transcribes estas palabras y tú que las recibes y las aceptas como la verdad que son, pues sabes quién es la que te está hablando, puesto que tu corazón salta y vibra de alegría al oír mi voz. A ti, mi amada hija por designio del Padre y nuestra voluntad conjunta. A ti, y también a ti, es a quien le estoy hablando. Y al hablarte a ti, le hablo al mundo entero.

La ansiedad que puedes experimentar y observar en estos días, que son preludio de la celebración del nacimiento de Cristo, es un eco que procede del recuerdo ancestral de la consciencia universal. Recuerdo que es como una marca indeleble que quedó grabada para siempre en el ser, desde aquel día glorioso donde la creación fue testigo del nacimiento de Dios en un cuerpo humano. Una nueva creación nacía. Yo, la madre de Dios, en representación perfecta de toda la humanidad, dije "hágase en mí tu voluntad" y ese "hágase" fue tomado por el mismo Dios.

Así como en el primer "hágase" se hizo la luz, en este nuevo "hágase", ya no dicho por el Dios del universo, sino por la nueva Eva, la nueva humanidad, el Dios humanado, era hecho. La naturaleza humana era reunida por el mismo Dios, sin dejar de ser la que es. Ahora la naturaleza humana se fundía en Dios. Así como toda madre siente ansiedad, angustia y un sinfín de emociones y sentimientos de gran intensidad antes del alumbramiento, así el corazón de la creación se sintió en ese tiempo en que Cristo se encarnaba. Ese movimiento creativo universal fue de tal magnitud que nunca pudo ni podrá borrarse de tu consciencia ni de la consciencia de todo el universo. Esta es la razón por la que siempre habrá celebración de navidad. Del mismo modo en que siempre se celebrará el milagro de la eucaristía, pues ambos son una unidad indivisa. Son un nuevo hágase del creador.

Cada parte de la creación, en su totalidad, ha quedado prendada por el acontecimiento del nacimiento de Cristo. Este hecho quedó registrado y quedará registrado para siempre en la memoria de la creación. Cada partícula, cada elemento, cada átomo, cada molécula y cada cuerpo físico. Cada energía, cada gota de agua. Cada flor. Cada movimiento del aire que respiras. Cada rayo de luz. Cada mañana y cada atardecer. Cada estrella y cada sonido. Cada melodía de la creación física. Todo fue alcanzado por esta explosión universal del amor.

IV. Individuo y persona

La encarnación de Cristo, si bien llegó a su plenitud en la resurrección, fue un continuo (como todo en el tiempo lo es) que tuvo su inicio en el tiempo en que se manifestó la anunciación. Desde el instante de la concepción virginal de Jesús en mi cuerpo intocado se inició un movimiento del espíritu divino, que fue en sí el mismo movimiento creativo que dio origen a la creación toda. Os dije, en la voz de la consciencia de Cristo, que es entregada a vosotros por medio del coro de ángeles del cielo, que Dios en su infinita y pura potencialidad concibió la idea de la unicidad. Así es como el creador, en una osadía creativa sin igual, por el puro gozo de crear en el amor, extendiendo el puro pensamiento de amor que es, ahora se conocía a sí mismo como una individualidad en la que siendo la parte sigue siendo el todo. Esto se perfeccionó precisamente en la encarnación de Dios. De tal manera que bien podemos reconocer que la encarnación de Cristo, y, por ende, el nacimiento de Jesús ha sido la osadía de las osadías de Dios. El creador mismo, aquello a lo que llamamos Abba, se hacia uno con la naturaleza humana. Entraba al reino de la separación. Ingresaba al sueño de Adán para despertarlo, tomando la carne. El amor se hacía forma. Lo in-atribuible tomaba atributos.

Ahora el amor ya no sería simplemente un espíritu informe. Sería un cuerpo humano, con diez dedos en las manos, y diez en los pies. Y de ese modo, se hacía visible para la consciencia del plano material. La brecha insalvable quedaba salvada. Se creaba el puente entre lo divino y lo humano que es el Cristo viviente que vive en ti. De ese modo nacía la persona. No como un ser separado del amor sino como expresión perfecta del amor que Dios es. La consciencia divina tomaba forma humana y de ese modo se restablecía la consciencia de la unidad. No en la verdadera consciencia que es la consciencia de Cristo sino en la consciencia personal. Ser individuo fue la idea del ego. Ser persona la idea de Dios.

Se os ha dicho que explicaríamos la creación en fases sucesivas. También se os ha dicho y demostrado de miles de maneras diferentes que el amor no destruye. El amor transforma. Esto es así porque el amor es Dios y, por lo tanto, es la pura abstracción y potencialidad sin límites. Es indefensión infinita. El ser de puro amor que Dios es no es solamente el acto creativo y el primer movimiento de creación sino eterna potencialidad sin límites.

El amor es eterna creación. Crea y recrea sin dejar nada creado, sin un espacio donde poder ser, dentro del universo de la verdadera creación divina, que es siempre puro pensamiento. Este es un modo diferente de decir que el amor hace nuevas todas las cosas. No existen límites para crear en la pura potencialidad del ser que Dios es, ni en ti, pues eres uno con él. De tal modo que lo impensable ocurrió. La nueva creación nacía. Esa nueva creación de puro amor perfecto es literalmente Jesucristo. Forma visible de una realidad invisible. Forma observable del amor que Dios es, cuya magnificencia ningún ojo humano vio, ni oído oyó. Realidad que abarca lo conocible y lo incognoscible. Nadie podrá decir jamás lo que Jesucristo es en toda su extensión.

V. Una nueva creación

Jesús vino al mundo en mí, pues es uno conmigo, tal como lo es contigo. Como se ha dado a entender, antes de la concepción virginal hubo un diálogo y en ese diálogo hubo un Fiat. Eso fue así para que puedas recordar a nivel de la conciencia que Dios, que es amor perfecto, siempre respeta la libertad. Cristo, que es la extensión del Padre, solo nace en ti cuando así lo dispones. No te olvides que la paciencia de Cristo es infinita y, por ende, bien pudo esperar eras geológicas completas para que la evolución de la conciencia en el plano físico llegará al punto exacto desde el que podía pegar otro salto cuántico, que es el paso de la conciencia puramente humana, a la conciencia humana cristificada. Esto no es algo tan difícil de entender si piensas en la creación material como un continuo de evolución de conciencia. La creación es el camino. Podemos decir también que es una historia que se va viviendo, una de amor. Historia que no terminará jamás. En ella se recorre un camino, o se manifiesta una evolución. Hay movimiento.

El camino de la creación es un camino evolutivo de toma de consciencia. Camino que va desde el estado de inconciencia plena, que es lo que se intentó expresar al decir "tierra yerma", hacia un estado de conciencia plena. Todo en el plano material es consciencia materializada. Es conciencia expresada en la forma. Desde aquellas formas que manifiestan de modo observable lo inconsciente. Hasta las que manifiestan lo que sí es consciente. Es decir, lo que tiene consciencia de ti mismo. Lo que está en la luz del autoconocimiento, caminando hacia el conocimiento perfecto del amor de Dios.

En el instante perfecto. Ni un minuto antes y ni un minuto después. Cuando tenía que ser. Se echaba a andar, por decirlo de algún modo, el movimiento de cristificación de la consciencia física. Comenzaba una nueva fase en la creación. Fase creada por el Padre en unión con el hijo. Ahora la micropartícula de agua cristalina estaba lista para regresar a la ola, conociéndose a sí misma. Y regresaba. Ya no se perdería en la nada de la inmensidad del océano de ser, en el que creía poder perderse.

Ahora la gotita de agua sabía con perfecta sabiduría que no sería engullida por el océano infinito de amor que Dios es. El todo no anularía jamás a la parte, ni la parte tenía por qué estar en pugna con la totalidad. Ahora la gotita retornaba a las serenas aguas de vida eterna, sin dejar de ser la que es. Ella regresaba siendo consciente de que era igual que el amor, es decir, que el océano, pues podía seguir extendiéndose a sí misma dentro del amor sin dejar de ser la que es. Ya no necesitaba abandonar al Padre para poder encontrarse a sí misma. Ahora comprendía que ser uno con el Padre no significaba que dejara de ser la que es. Pues ahora sabe que es eternamente libre. Ahora el miedo comienza a ceder. El miedo a no ser comienza a desvanecerse. Comienza así un nuevo movimiento. Continúa la historia de la creación. Ahora el alma emprende el retorno a la casa del Padre. No en soledad y con esfuerzo, sino en unión con Cristo, quien levanta al alma con toda su ternura y la carga en sus hombros gozosos retornándola al amor. Lo perdido es encontrado. Ahora el alma regresa a Dios.

VI. Maternidad divinizada

Si Cristo no se hubiera hecho uno con la naturaleza humana, jamás el hombre hubiera podido regresar a la casa del Padre. Esto es lo que se intenta dar a conocer cuando se utiliza la expresión "la montaña ha venido a ti y no tú a la montaña". Si bien esa es una expresión literaria, refleja muy bien la verdad. Dios viene al hombre en el día en que Cristo nace en la tierra. A partir de ese instante comienza una nueva fase de la evolución del plano de la consciencia en el mundo físico. Ya nada queda igual. Vuestros científicos han dado maravillosas pistas acerca de lo que estamos hablando, aunque sea en el plano de la materia. Ellos reconocen que la vida, tal como es concebida en eso que llamáis vuestro planeta, ha sufrido cambios, modificaciones, saltos evolutivos. También enseñan que, si bien en general esos cambios evolutivos suelen ser continuos e imperceptibles, existen saltos evolutivos que, por sus implicancias y alcances, pueden ser considerados como saltos cuánticos o disruptivos en la línea de la evolución.

No pocas veces estos cambios tienen incluso impacto a nivel cósmico. Esos grandes saltos de la evolución siempre han sido como consecuencia de un acontecimiento cuya magnitud hace que todo quede transformado. Imagínate por un instante el impacto cósmico que podría haber si tu sistema planetario dejara de existir súbitamente. Bueno, un impacto de mucha mayor escala es que el nacimiento de Cristo generó en la consciencia universal y particular. El impacto fue de tal magnitud que no quedó ni un solo rincón del universo sin ser iluminado por el estallido de luz de consciencia divina que acaeció en el momento del alumbramiento de mi divino hijo Jesús. Un resplandor sin igual iluminó al universo.

Hoy, amada humanidad. Quiero pediros en amor perfecto que os sumerjáis en las profundidades del misterio del nacimiento de mi divino hijo Jesús. Aquel que es vuestro más íntimo amigo, vuestro salvador y el amor de vuestras almas. Aquel que es vuestro ser verdadero.

Quiero invitaros a sumergiros en los abismos insondables del amor misericordioso del Padre y comencéis a recordar aquella melodía de amor perfecto que fue cantada por los ángeles hace dos mil años, cuando brotó en la tierra el bendito retoño del amor, que es el Cristo viviente. Trascended las formas e id conmigo hacia la verdad que los símbolos sagrados representan. Recordad y sentid en vuestros corazones la inefable verdad de que Cristo ha nacido y con ello ha nacido una nueva humanidad. Y no solo eso, sino que en el nacimiento de Cristo nació la maternidad divinizada. Os estoy invitando a que a partir de ahora comencéis a vivir la nueva vida que se os ha dado, en el pleno conocimiento de vuestra unión con el espíritu, en la que vuestro ser vive para siempre. Ya no sois la estéril. Ya no sois tierra yerma. Ya no sois la embarazada que va a dar a luz. Ya no sois la mujer en cinta que va a engendrar al hijo. Ya no sois el sol que concebirá a la luz del mundo. No. Desde ahora, sois la madre.

Hijos e hijas mías. Os invito a que, a partir de hoy, comencéis a vivir como la madre del amor que también vosotros sois. Sois madre. Sí, lo sois porque yo soy. Y no hay nada en mí que no sea de mis hijos. Haceos conscientes de vuestra maternidad espiritual. Dejad que el espíritu de Dios os fecunde. Dejaos penetrar por el amor. Dejaos amar y dad a luz lo santo, lo perfecto, lo bello siempre. Meditad acerca de esto y cantad un himno de alabanza al Cristo de Dios. Dad gracias a Dios por la maternidad divinizada que os ha sido dada. Vosotros dais a luz al Cristo viviente que vive en vosotros. Vosotros sois la pura potencialidad del amor. Hija de Dios, haz valer tus derechos como madre del amor.

Darmowy fragment się skończył.