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Intranquilas y venenosas

Intranquilas y venenosas

Olivia Gallo y Tamara Talesnik


22 AUTORAS INVITADAS

SILVINA GIAGANTI - ADRIANA RIVA - TAMARA TENENBAUMMARINA MARIASCH - VALERIA TENTONI - ANA NAVAJASANA OJEDA -NADINE LIFSCHITZ- MANUELA MARTÍNEZJULIETA CORREA - LALA TOUTONIAN -VICTORIA PÉREZ ZABALAGIANINA COVEZZI - EUGENIA SANTANA GOITIA - JULIA KORNBERG GABA NAJMANOVICH - BENITA LLACH - NOELIA TORRESLUCIANA CÁNCER - VALENTINA LAMASLUNA NEUMAN - MARÍA EVA ÁLVAREZ

Índice de contenido

Portadilla

Legales

Y después pasó algo que no te conté

Ahora me rompe el corazón cualquier cosa

Esta es finalmente mi rabia

Los únicos paisajes posibles

Cómo desaproveché el principio

Es un volcán en serio

¿Por qué te sentís mal en un lugar que te hace sentir bien?

Fósiles de sentimientos

Hace diez días que no uso ropa de la cadera para abajo

Pero no lo estoy pasando mal

No sé si alguna vez voy a poder viajar a todas partes

Loca en el encierro

Mirá si me quedo así para siempre

Que todo sea a través de sonidos y cosas que ves de lejos

La angustia sorpresa y la energía volátil

Lo que te pasa más o menos por el cuerpo

Siento que me voy a quedar sola cuando se termine

Al principio, la cuarentena era perfecta

Lo de estar atraídas por cosas inexplicables

Ya es algo que nos une para siempre

La mandíbula me crece como un tiburón

Me da un poco de felicidad

Tenemos en el medio las palabras

De desgano y de culpa

Cara de algo roto

¡Qué subestimado el melodrama!

Sincronizada con el reino vegetal

¿Qué es lo último divertido que hiciste?

Dolor y vida

Sueño con fiestas

Quiero estar en algún lado

Vulnerable como una vela de cumpleaños

La mano invisible

¿Cómo voy a tener esta brecha tan grande en la personalidad?

Con los cuerpos mezclados

Nadie se arrepiente de ser valiente

Amigas como espejos mejorados

En un collar de perlas universal

Un protagonista errático es casi siempre un guión errático

Las flores son órganos fugaces

Irse o quedarse

Memorias de una señora dark

En algún momento estuvo de moda

The tyranny of these dreams of peace and quiet

Neurótica para adentro

No es que sea mi trabajo, es que es mi idioma

El arte de vivir en un mundo dañado

Como cuando alguien que te gusta te seduce

Corré de la casa de tu padre


Gallo, Olivia.Intranquilas y venenosas / Olivia Gallo ; Tamara Talesnik. - 1a ed revisada. - La Plata : Odelia, 2021.Archivo Digital: descargaISBN 978-987-47957-2-41. Narrativa Argentina. 2. Literatura Epistolar. 3. Pandemias. I. Talesnik, Tamara. II. Título.CDD A866

Copyright © 2021 Odelia editora

www.odeliaeditora.com

Tipografías: ©BigNoodleTitling ©Calistoga ©Elbrush

Foto de autor: PH Jazmín Teijeiro @jazmintph

Diseño gráfico de tapa e interiores: che.ca diseño @che.ca.dg

Digitalización: Proyecto451

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

ISBN edición digital (ePub): 978-987-47957-2-4


Intranquilas y venenosas fue un newsletter epistolar escrito durante el aislamiento obligatorio en Buenos Aires, Argentina, en 2020. Toma su nombre de una entrada de diario de Franz Kafka que no leímos, pero que Florencia Kirchner había publicado en su cuenta de Instagram el día anterior a que empezáramos este proyecto: “Estoy intranquilo y venenoso. Ayer antes de dormirme tenía en la parte superior de la cabeza una llamita vacilante y fría. Ya se ha instalado encima de mi ojo izquierdo una tensión permanente”.Enviamos el primer mail el martes 17 de marzo y el último el 3 de octubre. A veces escribimos diariamente y a veces estuvimos más de un mes sin hacerlo. Hubo casi 1000 suscriptores y 22 escritoras invitadas. Ahora es un libro. Si te spoileamos Mad Men, te pedimos disculpas.

*Este libro incluye fotos, videos y links que formaron parte del newsletter. Para verlos, escaneá los códigos QR que aparecen en cada conversación.

Y DESPUÉS PASÓ ALGO QUE NO TE CONTÉ


De: Olivia Gallo Para: Tamara Talesnik Fecha: 17 mar. 2020 22:06

Quiero empezar esto recordando la última vez que salimos juntas.No, la anteúltima. Salíamos de Los Galgos y caminamos por Callao hasta Santa Fe, donde te ibas a tomar un bondi para volver a tu casa. Era de noche y mientras bordeábamos una plaza vallada hablábamos de algunos miedos relacionados con crecer. En un momento, yo te dije algo así como que una de las partes que me daba miedo de crecer era la de tener que hacer cosas “en serio”; dejar de contar con el perdón o la condescendencia de los demás por ser pendeja.

Siento que vos me contestaste antes de que terminara de hablar; dijiste “ah, sí!!”, como si fuese algo que vos también habías pensado, y después llegamos a alguna especie de semi conclusión en relación a eso que quise retener y no pude.

Los días que le siguieron a esa salida pensé mucho en esa parte de la noche y en esa charla, porque me había parecido muy hermosa, pero ahora quiero acordarme más y no puedo. Tampoco creo que hayamos profundizado tanto, porque al toque pasamos por enfrente de un quiosco 24 hs y te pedí que me bancaras mientras compraba puchos. Quizás deberíamos profundizar ahora.

Ah, y después pasó algo que no te conté: ¿viste que nos saludamos sobre Santa Fe, medio rápido porque tu bondi ya estaba en la parada? Bueno, justo después de que te saludara, un tipo que estaba apoyado sobre el poste de un tacho de basura me tocó el culo por arriba de la pollera (¿o vestido?). Vos ya estabas lejos, casi corriendo al bondi, y yo no grité ni dije nada, solo me alejé para mirarlo y vi que estaba muy borracho y que no me miraba a mí, miraba un punto por encima de mi cabeza, un punto muy alto, como si detrás de mí hubiera un rascacielos o algo, y ni siquiera parecía consciente de haberme tocado el culo. No me quedé tanto tiempo mirándolo; me fui caminando rápido hasta lo de mi novio.

Quiero acordarme de toda esa charla porque esa noche sentí algo así como que las cosas tenían sentido. No lo digo de manera cursi, como de que le dio sentido a mi vida blablabla, sino literal; sentí que todas las cosas que hablamos en esa salida encajaban bien y que todo tenía una explicación, que la vida era como uno de esos videos de Instagram que se llaman satisfying o algo así y que son de gente que sabe, por ejemplo, cortar tortas en porciones exactas. Y pensé: re quiero escribir sobre una noche así, y no hice ninguna nota ni nada. A veces escribo las cosas que me inspiran en las notas del celular (soy muy vaga y pongo solo palabras clave de detalles que me hacen acordar a una escena, tipo “moza collar dije Nefertiti”), pero no hice ninguna de esa noche.

¿Cómo guardás vos las ideas que tenés para escribir?

X

Oli

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo
Fecha: 17 mar. 2020 22:47

Odio a la Tami de hace 15 minutos que bajó a dar una vuelta, vio el kiosco abierto y le pareció que estaba ok no comprar chocolate. Son las 21.50 y estoy tomando un Portillo que trajo ya abierto Agustina, mi mejor amiga, hoy 10 am. Recién fuimos a dar una vuelta y pensamos en sentarnos en algún lado. No está mal eso, ¿no? Por momentos pienso que decidimos autoimponernos cuarentena, hacer la full experience porque lo de un poquito o con ciertos recaudos es raro. Al final le dije que se me apresentó la cara de Alberto y me daba culpa, y ella me dijo que también le daba culpa, pero por su billetera, y nos volvimos. En la calle no había nada. Hicimos Soler por el puente, Dorrego, Costa Rica, bla. Había restaurantes y kioscos abiertos, pero estaban todos vacíos, pero 100% vacíos, eh. Estaban los empleados con el celular o hablando entre ellos o mirando a la calle. No nos convencimos si era por la pandemia, el martes o la lluvia o las tres cosas.

Aunque hoy estuve todo el día con Agus en casa, mi mayor contacto son Pablo y Lorena, mis vecinos de abajo. Espero que nunca encuentren mi vida de internet porque los menciono bastante. Pablo y Lorena son un matrimonio que debe estar por cumplir 40 y tienen dos hijos: Violeta, de cinco o seis, y Manuel de dos, creo. Quiero aclararte que ni Pablo, ni Lorena, ni Violeta, ni Manuel se llaman así, porque uno de mis objetivos para este año es no ventilar intimidad ajena. Digo mucho esto en voz alta: no corresponde opinar ni divulgar la vida de les otres, pero vos sabés muy bien que oh, cómo me fascina. Es por eso que con Pablo y Lorena tengo un romance lleno de odio. Mi balcón da a su patio de planta baja y ahora, que no hace tanto frío todavía, se la pasan con la puerta abierta. La escucho a ella hablando por teléfono con el trabajo, lo escucho a él llegar y gritar “¡Dylan!”, lo escucho estornudar y que después ella le responda a los gritos “¡ay, amor! ¡Por favor!” (esto me fascina especialmente: usa el vocativo “amor” porque bueno, la costumbre, pero está cargado de deseo de muerte). A veces también le grita “¡Pablo!” y la hija imita “¡ay, Pablo!”. Cada tanto estás haciendo cualquier cosa y terminás revoleando un plato por el sobresalto de un grito de Lorena. Hoy le dije a Agustina que no sabía si iba a sobrevivir a la convivencia obligada que me toca con esta gente y me dijo: “Bueno, ¿pero vos no te volverías loca con dos pendejos todo el día?”. Mi teoría es que hay ruidos de vecinos del mal y ruidos del bien. Del mal: portazos y gritos de resentimiento. Del bien: sexo, el último disco de Bad Bunny, mis amigas chusmeando en el balcón. Hace un tiempo que estoy esperando alguna queja, algún golpe con la escoba en su techo/mi piso para entonces bajar y decirle: “Lorena, qué me venís vos a decir a mí, si mis ruidos son todos de la alegría, de la celebración de estar viva, en cambio vos...”, y cosas así. Pero por ahora, no dice nada.

Este mail fue interrumpido por la llegada del tuyo. Me iba a poner a escribir sobre lo que realmente quería contarte que era mi casa, el departamento en el que vivo. Pero leí tu mail y te voy a tratar de contestar. Sí, me acuerdo de qué estábamos hablando y del momento antes de cruzar al kiosco. No compraste puchos. Le pediste fuego al kiosquero y te dijo que no, que te vendía un encendedor, y me pareció bastante garca. La idea era más o menos que hasta los 25 una es joven promesa y ahora arranca la cuenta regresiva hasta los 30, en la que tenemos que hacer algo relevante. Vos ya publicaste tu libro, seguro te dije eso en el momento y no me acuerdo qué me respondiste porque soy muy autorreferencial. Ahí hablamos sobre la publicación, sobre por qué compartir lo que una escribe. Y me dijiste algo que me pareció que estaba muy bien: la gente que va a danza hace muestra en diciembre, una va a talleres y pum, publicás tu libro, qué más vas a hacer. Más allá de la idea en sí, me pareció que era quitarle peso al asunto y me funcionó. Pero sí, hubo algo como de que las cosas encastraron: tampoco me acuerdo frases concretas, pero en el diálogo en Los Galgos nos repetíamos temáticamente. Un poco las cosas de siempre: las edades, los varones, la escritura, ¿no? No sé. Bueno, no puedo creer que no me contaste lo del chabón en la parada del bondi. Odio a los chabones. Hoy justo especialmente porque estoy viendo Mad Men por primera vez y ugh, qué tarado es Don (y cuánto que gusto de él, mi tipo de hombre: alto, con algo de aire en la carta astral y con la oscuridad bien a la vista). Recién, cuando leí tu mail, me fui al balcón y vi como una rata caminaba por la medianera de mis vecinxs de punta a punta.

Sobre anotar, sí, a veces anoto, pero lo tengo poco sistematizado. Algo en el chat de WhatsApp conmigo misma. Algo en las notas del celu. Algo en papel.

Me gustó lo que me dijiste hoy de empezar a concentrar durante estas semanas de mails: dejar de escribirnos por chat y hacerlo solo por acá. Me gusta, pero a la vez me da pena perder dos cosas: todo lo que no podemos ventilar en esta vía y tus stickers, porque realmente sos la mejor mandadora de stickers en mi agenda de contactos. Mis favoritos de tus envíos: el tuit de Alberto de “chau, pelotudo”; el que dice “dale, reina” con una foto de Marcelo Iripino, el coreógrafo de Susana; un caniche con lentes de sol que dice “nos vemos en Tribunales”.

Voy ya mismo al chat a contarte lo que no da por acá.

Tam

AHORA ME ROMPE EL CORAZÓN CUALQUIER COSA


De: Tamara Talesnik Para: Olivia Gallo Fecha: 20 mar. 2020 23:23

Hola, amiga. No sé cuándo voy a enviar este mail, pero ahora Fito está cantando en la tele. Recién cantó algo de Caetano y ahora un tema nuevo que ni idea. Mi favorita es la que dice tu amor abrió una herida porque todo lo que te hace bien siempre te hace mal tu amor cambió mi vida para siempre como un rayo para siempre para lo que fue y será.

Hoy tuve cinco videollamadas: dos del trabajo; una clase con Juliana, mi profe de yoga; un cumpleaños con mis amigas del colegio, y cociné con Luna y Julián.

Acá escribí tres párrafos y los borré. Decían más o menos:

+ Que cuando veo a Luna y Julián me pasan dos cosas: por un lado, me muero de angustia al ver las imágenes domésticas del amor, todas cosas que conozco muy bien y que tuve durante mucho tiempo y hasta hace muy poco; por el otro, ver a mi amiga enamorada me genera una alegría que nunca sentí por ninguna cosa ajena. Esto me hace sentir buena amiga, inteligente y aferrada a la vida en general.

+ Algo sobre reservar volverme loca para la semana que viene y que, aunque esto es un chiste, hay algo de la combinación feminidad, soledad y locura que con mis amigas vemos siempre en nuestras mamás y nos parece aterrador y también destino.

+ Algo que era muy privado, así que ni siquiera lo enuncio.

¿Viste que el drama estos días es estar muy solo o demasiado juntes? Hablando de demasiado juntes, ayer la forra de Lorena me gritó “bajá esa música, dios” y fue una gran oportunidad para decirle qué te pasa Lorena la concha de la lora, pero obviamente lo único que hice fue bajar la música. Ayer la conferencia de prensa de Alberto la vimos con Agustina comiendo una tarta de berenjenas que hizo ella y una chocotorta que hice yo. Después terminamos una botella de whisky. Pasaron varias cosas que voy a enumerar así no me hago lío:

1. Nos dimos cuenta de que no somos Peggy Olson como pensábamos, somos Megan Draper.

2. Después de esta conclusión lloré, pero prefiero no explayarme.

3. Grité cuando mostraron a Axel porque para qué me traen si ya saben cómo me pongo.

4. Once menos cuarto la acompañé a Agustina hasta la esquina y antes de que se vaya la abracé muy fuerte.

Igual lo peor que pasó en estos días es esto: una invasión de hormigas culonas se comió mi planta favorita, un jazmín del país que me regaló mi mamá para mi cumpleaños de 2018, cuando recién me mudaba. Entera se la comieron, ¿podés creer? Me rompió el corazón. Ahora me rompe el corazón cualquier cosa, como hace un rato que abrí el frasco de mix de semillas y había un gusano. La tenía a Luna en la videollamada y me gritó “¡No llores! Pero tirá el frasco”.

Lo último: me desespera saber que voy a estar varias semanas sin tener sexo, no por lo del sexo en sí, pero por lo de la falta de contacto humano. Estuve pensando algunas opciones para romance virtual. Una que me parece divertida es obsesionarme con alguna pareja heterosexual de Okcupid, chatear con ellos todos los días, ver la misma peli a la vez, aun sabiendo que al final de la cuarentena me van a dejar de hablar. Otra opción es tener un romance picante por Hangouts con un conocido que tengo en redes, uno en particular, eh, ya lo seleccioné. Lo estuve pensando mucho y no sabría cómo iniciarlo, pero sería así: sexteo, nudes, sexteo, nudes y cuando entramos en confianza cita virtual por videollamada. Y después nos bloquearemos o algo así cuando vuelve la vida normal. Hoy Juliana, mi profe de yoga, me dijo: vos exprimís las rocas, sacás un vínculo de cualquier lado. Esto no es real, pero es un mito sobre mí que me gustaría que se impusiera.

¿Viste la cantidad de gente que está conviviendo por primera vez por la cuarentena? Contame cosas de tu cotidianidad, por favor, tipo qué hiciste hoy.

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik
Fecha: 20 mar 2020 23:50

Hola, amiga:

Hasta hace un rato estuve sentada en el balcón de la casa de Rafa, que vive en un primer piso enfrente de un Disco, y vi cómo los empleados se despedían y se decían “buenas noches, que descansen”, y después vi un taxi con el cartel de libre prendido en rojo, que pasaba muy lento por la calle, y después a una señora del edificio de enfrente que quería pasear a su perro y el perro se resistía, se quedaba en el palier del edificio moviendo la cola sin bajar el escalón que lo separaba de la vereda y de su dueña, un border collie parecía, muy lindo, con el pelo bien peinado, los pelos blancos y negros alineados en la misma dirección, y después escuché pero no vi las ruedas de una bicicleta, el ruido aeróbico y coordinado, y al rato aparecieron doblando por la esquina dos colectivos 137, uno después del otro (los 137 siempre pasan así por acá; dos a la vez, muy pegados, como si fuera un colectivo siamés). Y después apagué el pucho y entré para escribir este mail.

Anoche me vine a lo de Rafa. Me traje solo dos pantalones, dos remeras, dos bombachas, dos pares de medias y un suéter. También las cosas del trabajo: la compu, la agenda, algunos libros... Vine ayer, antes de que Alberto dictara la cuarentena total, a eso de las siete de la tarde. Aunque ya medio se sabía que iba a haber cuarentena total, se estaba anunciando hacía rato.

Creo que lo que quiero decir con esto es que podría haberme preparado un bolso de ropa mucho mejor, uno que me aguantara más tiempo, porque el que me traje parece útil solo para un fin de semana largo, pero por algún motivo no me armé una mudanza más definitiva y lo dejé ahí, a la mitad. Ni siquiera me traje los aros que compré en la joyería del papá de mi amiga Andi, que son de plata y son casi los únicos que uso porque si no siempre se me cierran los agujeritos. Supongo que porque nunca pasé tanto tiempo con mi novio. Aunque nos íbamos a ir este domingo al norte, Salta y Jujuy, por el mismo tiempo que dura la cuarentena.

En fin, ahora estoy tirada en un sillón tomando vino en el living de la casa de mi novio, que canta y toca la guitarra en la cocina, y no sé qué más decir de este momento y de toda esta situación. No tengo la capacidad que sí tienen otres de explicar las cosas mientras están pasando; creo que solo puedo describir imágenes pero no procesar toda esta información y reflexionar acerca de ella, no todavía. Me imagino escribiendo sobre esto después de que pase. Pero ahora, en cambio, quiero escribir sobre el poeta alemán Hölderlin, que hoy cumpliría 250 años. Lo estudié en la facultad y preparé mi final de alemana sobre él, pero no pude dar mi tema por una historia que no vale la pena contar ahora.

Hölderlin nació en un lugar que se llama Lauffen junto al Neckar. Su mamá quería que fuera pastor protestante y lo mandó a un internado confesional luterano, pero después se fue de ahí y a los dieciocho años se hizo amigo de Hegel y juntos plantaron un árbol y bailaron alrededor de él cuando estalló la Revolución Francesa. Y un tiempo después, y después de escribir varias cosas, se volvió loco y se encerró en una torre.

En la elegía Pan y vino, que le dedicó a su amigo Heinze, escribió: “¿Y para qué poetas en tiempos de indigencia? Pero ellos son, vos decís, como los sacerdotes sagrados del dios del vino, los que fueron de un país a otro en las noches sagradas”.

Y con esta cita muy cursi cierro el mail.

ESTA ES FINALMENTE MI RABIA


De: Noelia Torres Para: Olivia Gallo y Tamara Talesnik Fecha: 21 mar. 2020 17:26

Queridas, muy queridas:

Siempre que empiezo a escribir tengo miedo. No sé si es eso, si así lo pude definir bien. Creo que más que miedo es vértigo, como un dolorcito en la panza, un calambre o un temblor. Como si tuviera dentro de mi estómago un gong milenario que me retumba agotado cada vez que tipeo palabras. Creo que me gusta más leer que escribir. Leer me da placer y salvajismo mental, puedo pensar y sentir cosas que no entiendo bien y algunas otras las entiendo perfectamente. Hace un par de años, mi mamá tuvo un infarto y mientras lloraba esperando la ambulancia no podía dejar de pensar: ¿cuándo voy a poder escribir sobre esto?

Ayer vi el video de una española a la que llevaron presa por correr. Era literal eso. Una mujer que había salido a correr por el parque en pleno estado de alarma, como le dicen allá en España a la cuarentena o aislamiento obligatorio. Las imágenes son ella llorando y gritando que la suelten. Los que la tenían que soltar eran dos policías. La que filmó el video era una vecina que gritaba desde su edificio de enfrente que se la lleven presa.

Me pasa por encima un mar de sustancias emocionales cuando veo ese video. Quiero entender. Quiero entenderlas porque creo que así también puede haber chances de que al final me entiendan a mí. Entiendo que somos individuos y comunidad al mismo tiempo. Entiendo a la runner que no puede dejar de correr porque es su placer, y entiendo a la vecina que está encerrada. Entiendo a las dos porque soy las dos al mismo tiempo. Soy la que no puede dejar de escribir ni muerta y soy la que se enoja con los que rompen las reglas que afectan a todos en la comunidad. Creo entonces que tal vez leer pueda ser algo como pertenecer a la comunidad y participar de alguna manera. Entonces escribir es salir como la runner, sola a perseguir la locura, la pulsión de lo infinito que solo se encuentra en el camino. Siempre parece que escribo sobre escribir y también el miedo. Temas únicos e indispensables de mis textos.

Aunque últimamente lo que me está salvando de la crisis mental es leer un cómic japonés que se llama Haikyuu! (“voley” en japonés) y es un coming of age disfrazado de historieta deportiva para jóvenes. La trama es: dos pibes que se conocen durante un torneo y uno pierde muy mal y jura venganza contra el otro, y como en una novela de la tarde terminan jugando juntos en el mismo equipo y deben aprender a convivir. En el último capítulo que leí de forma ilegal (perdón, señor copyright) cuentan el pasado de uno de los protagonistas. ¿Cuál fue su mito origen? Su abuelo le enseñó a jugar al voley y él amaba a su abuelo. ¿Qué me llama la atención de esto tan sencillo? La verdad no sé, pero me divierte y me emociona. Y creo que eso es todo lo que busco. Me gusta esto de escribirles porque siento que hay alguien del otro lado leyendo y no soy sola. Lo dije bien, digo soy en lugar de estoy.

Me pediste, Tam, un poema, te mando un pedazo corto de uno que escribí hace poco.

Beso grande para las dos y gracias, y a seguir encerradas apaciguando los monstruitos hechos de hilos y arena.

La quinta dirección

Es domingo a la noche

abro la heladera y no hay nada

la luz de adentro se enciende

me confirma el vacío

dónde irán

dónde vivirán

los duendes noctámbulos

que se comen mi comida

cuando no estoy

Salgo a la calle voy al chino

me gusta comprar ahí

tiene una bandera roja afuera

colgada del balcón

ellos viven arriba del negocio

ella y él son mis chinos

la pareja joven migrante fraguados

en el comercio inteligente de los víveres

la bandera tiene letras

letras chinas

que no entiendo

pero me gusta ver

tal vez diga algo así

como esperanza

Cruzo la calle la plaza

no tiene nada

solo un mástil masticado

en el cuadrado de una cuadra

por una cuadra

llena de pasto y nada de sombra

algunos bancos sin respaldo

solo cemento

sobresalen como huesos

como en un cementerio

de elefantes asiáticos

en el medio del conurbano

Es de noche

y tengo frío y miedo

y no me gusta andar

por el barrio tan tarde

pero también pienso

que cualquier lugar

es un hogar

porque vengo de acá

y todas las cuevas

se parecen

Cruzo la calle las bocinas rotas

del colectivo que pasa vacío

las luces de las calles hacen

tic toc y me apuran

mis pasos hacen acordes y eco

como mis palabras que

nadie puede escuchar

porque están adentro

en la cuarta dimensión

Soy alguien que compra

galletitas de agua sin sal

agua con gas

cantimpalo

queso de máquina

monedas de chocolate

coca cola zero

millones de fósforos

que nunca encienden

Soy la que cruza la calle

con las manos llenas de bolsas

soy la anotación insignificante del universo

soy mi propia existencia y castigo

porque el talento es

un animal enjaulado

esta es

finalmente mi rabia

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo y Noelia Torres
Fecha: 21 mar. 2020 00:38

¡Noe! Me encanta. Gracias por escribirnos. Leí tu mail a la tarde desde la bañadera y fue un momento felizemocionante del día.

Anoto estas frases de tu mail para cuando tengamos que elegir asunto del mail con Oli:

un gong milenario que me retumba agotado dentro del cuerpo

la verdad no sé pero me divierte y me emociona

esta es finalmente mi rabia

Me quedé pensando en lo que decís de leer y escribir individuo/comunidad y creo que, así como después agregás que te gusta saberte leída y sentir que no sos sola, siempre hay una idea de que alguien va a leer, porque si no, no usaríamos el lenguaje. Como que de todas las actividades que uno hace solo, escribir me parece la menos solitaria por eso, porque el lenguaje siempre está dialogando con alguna cosa (con los que escribieron antes, con los que te van a leer, con destinatarios imaginarios), aunque uno no planee mostrar nunca lo que escribe. En cambio, salir a correr, ponele, ¿no es siempre solitario incluso aunque vayas con un grupo de running?, ¿qué tiene que ver con otrxs correr? (me encanta lo que contás de la runner; siento que si lo viera así nomás pensaría ay, qué forra egoísta, pero a la vez sí, lo de la pulsión, ¿cómo no estar siempre del lado de los que siguen la pulsión?).

Me llama la atención que digas lo de “siento (...) que no soy sola” porque justo ayer escribí y borré en el mail a Oli una cosa que me dijo mi ex-ex cuando le conté que me había separado este verano: “Pero vos siempre te arreglaste sola”. En ese momento, me había llevado a pensar que soy hija única y que mis papás son viejos, así que la mayor parte de mi vida adulta probablemente vaya a ser sin familia (porque la verdad hijes, no sé, no lo veo como algo que me vaya a pasar 100% confirmado). Y elegí vivir sola. Entonces, sé que esto es un esencialismo bastante pelotudo: pero puede que yo vaya a ser sola siempre, más allá de novies, amigas. ¿Viste cuando te imaginás a futuro? Hay algunas de mis amigas que ya sé que van a tener parejas que duren miles de años, tal vez bebés, y otras que no pero sí muchos novios, o sí bebés pero dentro de un tiempo muy largo. Y mientras yo pienso que es probable que mi futuro tenga más que ver con aceptar que soy sola.

Mis temas son la escritura (same Noe), la plata y el amor. ¿Los tuyos, Oli?

Por último, quiero dejar por escrito que hoy vi un episodio de Mad Men que tal vez sea mi favorito. Se llama “Far Away Places” y es el sexto episodio de la quinta temporada. (Si no llegaron, hay spoilers). Se centra en Peggy, Roger y Don (y Megan). Quise contar simplificada la línea de cada uno en el capítulo pero no podía: en Mad Men siempre parece que está pasando una cosa, pero en realidad es otra y a la vez hay algún elemento plantado que parece que no tiene nada que ver o que es como una imagen poética, una fuga y después resulta ser lo único que importaba. Bueno, quiero hablar de Megan, la esposa nueva y joven de Don. Acá él la saca de la oficina, donde ella ahora es creativa, porque una cadena de hoteles lo invita a un fin de semana largo con todo pago. Ella duda en abandonar a su equipo en un día laboral, pero él insiste: “Soy tu jefe, tomalo como una orden”. En el almuerzo vuelve a saltar que ella no quería irse y se lo dice: “Nunca sé cuándo soy tu empleada y cuándo soy tu esposa”. Ella quiere discutir, a él le parece ridículo: “¿Qué querés discutir? Entonces Don se levanta y se va, se sube al auto y la deja sola lejos de casa. Después vuelve y se sorprende porque Megan no está donde la dejó. No está en el hotel, no se fue a lo de la mamá, no llamó a la oficina, no atiende el teléfono en el departamento. Así que debe estar muerta. Cuando Don llega a su casa, la encuentra ahí y ella le dice que se tuvo que tomar un micro de seis horas y después volver desde la estación. Él la persigue por todo el living hasta que terminan los dos en el suelo. Cómo me pudiste hacer esto, le pregunta ella. Y él: fue una pelea, ya pasó. Y ella le dice que cada vez que discuten siente que se hacen más pequeños. Entonces, me encanta Megan, es mi favorita de todas las mujeres de Mad Men, lo decidí hoy. Está siempre corrida de lo que Don espera de ella, pero a la vez ahí está siendo su empleada y su esposa, subiéndose al auto cuando se lo ordena y, después de haberlo hecho, pensando qué hago acá y después, peor, pensando ¡cómo me hiciste esto!, habiendo sido dañada.

(Acabo de hacer un test que se llama “¿Qué mujer de Mad Men sos según los hombres que odiás?”)

Bueno, me duermo. Siento que todo esto es ilegible.

Besos a las dos

T

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik y Noelia Torres
Fecha: 21 mar 2020 23:50

Vi a la misma señora que vi ayer en el edificio de enfrente, la que saca a pasear al border collie. Esta vez, antes de abrir la puerta de su edificio, se agachó y puso las manos en los costados de la cara del perro. Le dijo algo. El border collie movía la cola y esperaba. Después salieron y de nuevo ella tuvo que insistirle para que bajara a la vereda. Cuando lo hizo, me di cuenta de que rengueaba. El perro, no ella. Fue dando saltitos hasta la mitad de la cuadra y ella lo esperó hasta que terminó de hacer pis. Es una señora grande, como de setenta años o más, con el pelo plateado por los hombros. Parece atlética y despreocupada. Las dos veces que la vi tenía puestas unas New Balance verde agua.

Ahora tomo whisky en el living. No puedo creer las ganas de fumar y de tomar alcohol que me da Mad Men. Me pregunto lo que se deben haber preguntado todas las personas que vieron Mad Men cuando empezaron a mirarla: ¿es verosímil que esta gente se pase todo el día en la oficina escabiando y aun así parezca bastante sobria y capaz de cumplir con su trabajo? La estoy amando, igual. Y me gusta mucho el guión: en el capítulo que vi hoy, una escort le decía a Sterling que le gustaba caminar por la calle cuando llovía porque le encantaba el ruido que hacen las ruedas de los taxis sobre el agua del asfalto. Eso también me hizo pensar: qué raro que antes salíamos como si nada y podíamos disfrutar de cosas sencillas como el ruido de los taxis sobre la calle mojada. Ahora todas las salidas se sienten como algo lejano, y vamos apenas por el segundo día de cuarentena total (yo voy como por el séptimo porque desde el lunes hago home office). No lo digo como algo nostálgico, tipo qué ganas de poder salir: al contrario, estoy bastante conforme, por ahora, con el encierro. Con Rafa estamos bien: cocinamos hamburguesas de garbanzos y escuchamos a Ray Charles. Aunque hoy me dijo que podría hacer un poco de orden, y yo le dije ok, pero ayudame a detectar el desorden porque a veces no lo veo.

Noe, yo también siento algo parecido al miedo cuando empiezo a escribir. ¿Vieron que hay gente para la que esto no pasa, que necesitan escribir como cuando te duele mucho la panza y querés vomitar y sacarte de encima esa sensación asquerosa y seguir adelante con la vida normal? Nunca entendí esto. Y me cuesta sobre todo el principio, sentarme (o acostarme con la computadora encima) y romper la página en blanco, deformarla. Es tan linda la página en blanco, pienso a veces cuando quiero ponerme a escribir: no hace falta que yo la arruine poniéndole encima mis ideas y mis metáforas, con mi horror vacui.

Las quiere, Oli

LOS ÚNICOS PAISAJES POSIBLES


De: Olivia Gallo Para: Tamara Talesnik Fecha: 23 de mar. 2020 0:12

Hay un grillo en el cuarto. Lo vi cuando llegué a lo de Rafa, el jueves. Estábamos en el living y el grillo estaba sobre una pared, quieto y callado. Con Rafa dijimos: no lo saquemos, se supone que traen buena suerte.

Ahora el grillo se mudó al cuarto y esta mañana lo escuché cantar un montón. Supongo que es el mismo grillo, pero en realidad no lo sé.

Fui a buscar qué significan los grillos en el diccionario de símbolos de Chevalier, un libro hermoso que descubrí en la facultad y que recomiendo mucho para cuando vayan quedando cada vez menos cosas para hacer (está en pdf en internet). Ahí dice que para los chinos y para algunas civilizaciones mediterráneas, la presencia de un grillo en el hogar simbolizaba “promesa de dicha”, y que los chinos ennoblecieron especialmente a los grillos cantores: los ponían dentro de jaulitas de oro en sus casas (esto se ve en Mulán) o incluso los hacían pelear (raro para las mentes en deconstrucción del 2020 que el hecho de pelear ennoblezca a alguien, sí, pero en fin).

Me sentí contenta y acompañada por ese grillo al que no podía ver, pero sí escuchar. Me levanté muy temprano, mi novio seguía durmiendo y no había ningún otro ruido a esa hora, ni de adentro ni de afuera, salvo por el canto de grillo, esa vibración aguda que se parece mucho al silencio, que es como el silencio pero mejorado. Pensé: si cierro los ojos, capaz me siento como si estuviera en el campo. Lo hice. No pasó eso, pero igual estuvo bien.

Después de un rato, empecé a sentirme mal por el grillo, para quien probablemente un departamento sea un lugar muy raro y hostil, y entonces pensé que el ruido que hacía era más como una protesta, o un llanto de angustia, y quise buscarlo para sacarlo afuera, pero aunque seguía sonando fuerte no lo encontré. Me acordé de un cuento de Miranda July en el que la protagonista ve pasar a un perro caniche con collar corriendo a toda velocidad por una calle de Nueva York, y no lo para porque, aunque obviamente es un perro que se escapó o se perdió, siente que es más feliz así, que corre rápido porque está eufórico por su libertad; un minuto después se da cuenta de que no, de que el perro corría así porque en realidad estaba desesperado.

No mucho más: vi Mad Men, como ya sabés porque te pregunto todo, y hablé por videollamada de WhatsApp con Indi como una hora. Quisimos sacar una foto a la pantalla, pero justo se cortó porque a ella se le acabó la batería. Qué angustia cuando las videollamadas se cortan de repente y no sabés bien por qué, o cuando, en el medio de una, se va la señal y la otra persona queda desfocada y borrosa, y vos le hablás y le decís “hola, ¿me escuchás?” y del otro lado nada, y estás como queriendo resucitar a alguien.

Qué lindos que son los azulejos de tu baño. Me acordé de la historia que subiste el otro día con la bañadera llena, espuma y todo. Los únicos paisajes posibles ahora son los de los departamentos y el tuyo me gusta mucho, con el piso de cerámica y las cosas rosas que tenés. Me acuerdo de que la primera vez que fui a tu casa tenías en el living una maceta con una planta muerta, y ya sé que vas a decir que qué deprimente, pero a mí me pareció al contrario, algo muy inspirador y conmovedor de tu parte aceptar la muerte de esa manera, dejándola ahí, como la gente de la Edad Media que se ponía una calavera en el escritorio.

Ahora escucho Nasty Gal, de Betty Davis, ¿vos qué hacés?

tkm

Oli

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo
Fecha: 23 mar 2020 2:02

Hola, amiga, qué divino tu mail, creo que es mi favorito hasta el momento.

Estoy hace una hora y cuarto por responderte el mail. (Acá había unos comentarios bastante innecesarios sobre mi vida sexoafectiva virtual: nudes, chats y Okcupid, pero quiero empezar a ser discreta. Que digan de mí “ella es discreta, más bien reservada”).

Quiero enumerar lo que hice hoy, pero los días ya se me están volviendo confusos. Hoy leí a alguien en tuiter decir que es todo como un solo día que nunca empieza y nunca termina. Creo que hice panqueques, pasé el trapo por los pisos de toda la casa (limpié el balcón, por ejemplo, algo que nunca hago), lavé los platos, almorcé mirando a Alberto en la tele, limpié la heladera, leí un poco, hice una clase de yoga por Skype, cociné curry de calabaza y me bañé. Me doy cuenta ahora, así, enumerando, que el día no tuvo tantos momentos, ni hice tantas cosas, y creo que ahora tengo la ansiedad por debajo del nivel habitual. No tengo que ir a ningún lado, no estoy esperando que pase nada, nadie me reclama nada, solo tengo que quedarme en mi casa. Esto no quiere decir que no haya momentos desesperantes: cuando estaba haciendo la vela en la clase de yoga, pensé hacer algunas cosas demenciales, como mandar mensajes irresponsables, motivada por “total es el fin del mundo”. Apenas bajé de la posición invertida, se me pasó. Bailé reguetón en el pasillo e hice videollamada con Julián y Luna mientras cocinaba. Él me dijo “basta, Tamara, mañana sí o sí te pedís vino por Rappi” y me pareció bien.

Me fascina que me preguntes qué va a pasar en Mad Men porque yo hago lo mismo cuando empiezo cualquier serie. ¿Vos por qué lo hacés? Yo porque si me entusiasmo, quiero saber cuáles son los hechos futuros y así entusiasmarme más no sabiendo cómo va a pasar, cómo van a elegir contarlo. ¿Tiene sentido esto que digo? También me gusta que te sientas acompañada por el grillo. Yo me siento acompañada por cosas rarísimas, como una vecina desconocida que grita por videollamada todos los días (ayer decía “se nos acabó el vino, no va a quedar otra que salir”), o por Lorena y el marido. Hoy me dieron dos momentos de ternura: el primero fue cuando trataron de darle tranquilidad a la hijita y proponerle actividades (al toque igual pensé tipo pará, viejo, ¿todo el día hay que estimularla a la piba?, dejala aburrirse, no sé, controlá tu propia ansiedad), y después cuando la nena hizo videollamada con las amiguitas.

Nota de cuarentena: estoy en un grupo de WhatsApp con los amigos de Julián, a los que no conozco, que consiste en que te abrís un vino cada una de estas noches y lo comentás en un drive. Todavía no participé porque estoy sin vino.

¡La planta muerta! No me acordaba que la había dejado ahí, capaz sí la maceta con la tierra, pero no me acordaba de la planta muerta. Sí, hubiera dicho exactamente “qué deprimente”, pero ahora contado por vos me parece hasta medio canchero. Quiero escribirte todo un mail sobre el departamento en el que vivo, algo que vengo posponiendo y es tal vez de lo que más me obsesiona en este momento. Mañana me voy a sentar a escribirte temprano y va a ser todo sobre mi casa.

Últimas cosa: a esta hora debería estar en un avión camino a Madrid con mi mejor amiga, pero en fin.

CÓMO DESAPROVECHÉ EL PRINCIPIO


De: Luna Neuman Para: Tamara Talesnik y Olivia Gallo Fecha: 23 de mar. 2020 21:50

Hola, chicas

Qué lindo leerlas. Gracias por invitarme. Estoy escribiendo poco. Me cuesta organizar lo que pienso. A veces me levanto enérgica, hago abdominales con alguna app, me ducho, me hago un café y vuelve el miedo y la ansiedad por cuándo y cómo se termina esto. Ojalá lo corten antes de mi cumpleaños. ¿Vieron ese video del pibe haciendo chin chin con un espejo en el baño varias veces? Le di play cinco veces seguidas sin parar de reír. Recomiendo.

Cuando se declaró que esto era una pandemia estaba con novio en Nueva York. Su papá nos venía avisando que volviéramos antes pero nosotros seguíamos en plan disfrute. Al final tuvimos que pagarle una torta de plata a Latam para volver haciendo dos escalas. Fue difícil la vuelta, pero acá estamos. Hace como veinte días que solo interactúo con Juli. Yo soy medio insoportable, odio que le quiera poner carne a todas las comidas y le hago bullying porque le gustan dos verduras. Por suerte al día dos decidimos que cenábamos juntos pero almorzábamos separados. Qué bueno, Tam, que te sumaste al grupo de amigues que toman vino, es una gran idea de cuarentena. Ahora estamos tomando un vino de Boca. Sin comentarios.

Tengo un grupo de WhatsApp con cuatro amigas del secundario: tres de cuatro vivíamos solas y ahora estamos inaugurando convivencia con novio o chongo sin mucho anticipo. Es raro porque sincronizar rutinas lleva tiempo y estar lejos de todo lo demás me hace extrañar mi vida pasada. Exploro mi rutina como si fuera de hace mucho. Quizás un motor importante en mi actividad habitual era tener poco tiempo y ahora que me sobra no sé bien qué hacer.

Hoy releí algo que escribí en diciembre. Estaba estresada en mi café favorito a las nueve de la mañana. Es mi café favorito porque el café viene muy caliente y tiene toda la ochava llena de ventanas. Hay aire acondicionado pero no necesitás un saquito, y los mozos una vez me prestaron un adaptador para el cargador de la compu. Lo más importante es que de lunes a viernes te pedís un desayuno y viene con refill de café. Me había pedido un día en mi trabajo de oficina para trabajar en otra cosa freelance. Una mujer detrás de mí estornudó como diez veces seguidas y pensé que era como yo, no me sale estornudar solo una vez. Cuestión que me di vuelta un poco molesta por el ruido y la vi y casi lloré. Tenía el pelo blanco, lacio y peinado. Tendría 80 años. Estaba leyendo un libro gordísimo y había sudokus sobre la mesa. Me hizo extrañar a mi abuela.

En el mismo texto de diciembre me quejo de lo ansiosa que estaba en la oficina. Tenía ganas de comer un brownie después de almorzar y tomaba agua fría pensando que era un brownie. Ahora es mucho peor. Todo gira alrededor de la comida. Creo que planeamos las cenas con un día de anticipación.

También me quejaba de estar demasiado abierta a las energías de los demás. No sabía cómo cerrarme. Ahora me pongo límites para entrar a tuiter porque si estoy con las endorfinas posabdominales lo leo lo más bien, pero si no me pega como el orto. Eso que dijo Noe de la pista de patinaje para los cuerpos me dio dolor de panza. Otra cosa hermosa que dijo Noe es que leer le da salvajismo mental, que puede pensar y sentir cosas que no entiende bien. Es tal cual. Terminé hace dos días Nuestra parte de noche, de Enriquez y extraño a los personajes. Cómo desaproveché el principio. En el primer capítulo hay un hombre con su hijo en un viaje en auto hacia Misiones. No los conocés, no los querés, no entendés nada. Creo que voy a tener que releer.

¿Les pasa que a veces no pueden incorporar información nueva? Yo ahí releeo libros o miro biografías o vuelvo a Mad Men o a Greys Anatomy. En JFK vi desde mi celular el S04E07 de Mad Men, el que me recomendaste, Tam. Es increíble porque Peggy no va a su propio cumpleaños para ayudar a Don a cerrar una campaña con Samsonite. Él está todo pachucho porque se había muerto su ex mujer (la de Los Ángeles). Peggy le dice que todos pensaban que ella había triunfado porque había cogido con él y él tiene que decirle que es atractiva pero que es respetuoso con el espacio de trabajo. Qué geminiano de mierda.

Otra cosa: mi amiga Marina, a la que iba a ver a Boston pero bueno, coronavirus, me pasó una nota del NYTimes que me hizo un agujerito en el corazón. Obvio que la leí interrumpida en cuatro veces porque estoy así de dispersa. Va la última oración: “If we want the rewards of being loved we have to submit to the mortifying ordeal of being known”. Sobre la nota: realmente lo más difícil de enamorarme y vivir con alguien y toda esta bola es que vea las cosas que no me gustan de mí. No sé si a todos nos cuesta lo mismo o es que soy muy narcisista o qué. Siento que lidio mejor con los defectos ajenos que con los propios, como que muevo la vara de distintas maneras.

Nos leemos

Lu

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo y Luna Neuman
Fecha: 23 mar 2020 23:46

Hola, amigas.

Acá sigo yo en mis 45 metros cuadrados. Ayer Agustina me dijo que probablemente en los próximos días deje su monoambiente y vuelva a lo de la mamá, y yo decidí que voy a resistir hasta el final sola en Santos. Ya está, va a ser así. Entonces, Santos, algo de lo que quiero escribir desde que empezamos estas cartitas con Oli.

En septiembre de 2018 estaba viendo si me mudaba sola o con mi marido de entonces (me encanta “mi marido de entonces” porque me siento una señora que toma vino tipo Lucia Berlin). Fui a tomar algo con una conocida, un par de años más grande, escritora ella, y le dije que cuál hay si me mudaba con mi novio, no me estaba perdiendo de nada si no me regía por esta nueva imposición de época (las chicas primero tenemos que hacer la experiencia de vivir solas). Ella me dijo: “Tamara, no seas tannnn feminista liberal, algo hay que cuestionarse”. Y al día siguiente me llegó a mi mail laboral un newsletter de una editorial publicitando un libro: El placer de vivir sola. Como soy medio mística ahí pensé: listo, tiene que ser sola. Con el deseo me rijo más o menos así: nunca estoy muy segura de nada pero tengo una sensación y voy y hago; es muy raro que me arrepienta.

Una semana después me escribió Cata, una compañera del taller de los jueves. Que se mudaba con el novio a un tres ambientes y que dejaba su casa: un dos con balcón en Palermo casi Colegiales en el que ella había vivido once años. Fui a verlo un martes 15.30 después de salir del trabajo. Me acuerdo las calles que caminé y también el momento de ver el puente de Soler por primera vez. Me dio miedo: nunca había vivido cerca de puentes (hice cálculos de hasta qué hora estaba ok, pensé en comprarme una bici, etcétera). Cuando entré después de subir un piso por escalera, supe. Es así, ya lo conocen pero les cuento: entrás y hay como un hall con una lucecita que cada vez que llego de madrugada siento como si me esperara alguien; el piso es de cemento alisado; el balcón es corrido y se arma doble circulación por la cocina; hay un pasillo; un baño de azulejos rosas como escribía ayer Oli y el cuarto que es chiquito, pero no importa. Hace unas semanas, en la ventana había unas flores rojas que habían brotado de no sé qué planta de mis vecines.

Los días que siguieron a la primera visita vi en loop el video que había grabado cuando estuve ahí. Lo veía en la oficina, en el bondi, se lo mandaba a mi núcleo duro, se lo mostraba a mi compañera de trabajo.

Me mudé el 3 de noviembre. Los tres momentos más importantes de ese día fueron estos:

1. Todavía en lo de mis papás, llené un ascensor de cosas, y mi perro se subió y se sentó, esperando bajar con todas las cajas.

2. Mientras cargaba el auto de una amiga, mi mamá estaba parada en la puerta del edificio hablando con un vecino y trabando la salida.

3. Esa tarde en el Easy, Agustina y mi marido de entonces robaron clavos para mi pared, mientras yo me hacía la que no los conocía.

Creo que lo del depto es una saga o una carta de amor muy larga, así que lo voy a retomar.

Luni, vi el video del chin chin porque me lo pasaste dos veces. Pienso mucho en lo del ritmo y las actividades. Ya hablamos muchas veces sobre mi incapacidad para el ocio: nunca me gustó, no lo entiendo, me hace sentir que pierdo el tiempo. Y ahora, que lo único que puedo hacer es estar en mi casa viendo tele, lo estoy disfrutando. Acá, cumpliendo la única tarea que nos pidió Alberto a los cuarenta millones de argentinos, etcétera. Debe ser por eso que disfruto, por lo de cumplir una tarea. Estoy siempre tan cansada y tengo tantas cosas en la cabeza que estoy un poco agradecida por esto. Como diríamos con Agustina: me siento en un crucero mental. Pero bueno, day by day esta poronga, ¿no?

Las quiero

Tam

P.D. 1: Hoy un chico me preguntó si estoy dateando virtualmente, ¿no es espectacular la idea en sí?

P.D. 2: Mañana voy a hacer la expedición al Coto y voy a comprar vino para poder participar del grupo de varones que toman vino.

P.D. 3: Quise comprar un termómetro en la tienda web de Farmacity y están agotados.

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik y Luna Neuman
Fecha: 24 mar 2020 00:05

Hola, Tami y Lu:

Acá hasta las diez de la noche, más o menos, lo único que se escucha es el ruido de la caja del Disco de enfrente. Me pregunto si realmente es lo único que se escucha o si es lo único que yo escucho porque me paranoiquea sentir que el supermercado se está desabasteciendo. Por la calle donde estoy viviendo ahora, todavía pasan bondis y autos y motos bastante seguido. También pasa el camión de la basura y hace una coreografía que, por algún motivo, me enternece.

Hoy leí algunos poemas para un festival, el festival Adentro. Como no tengo mucho más para decirles (todo lo que quiero decir ahora, todo lo que pasó hoy, no lo puedo escribir aún), voy a transcribírselos:

Mosquitos rojos

Lucrecia cumple veintidós en Tucumán.

Es febrero

y el calor genera un malestar parecido

al de las peleas de pareja

o al de pasar mucho tiempo

frente a una pantalla.

De día

nos tiramos en el pasto

los perros vienen hacia nosotras

con sus lomos peludos y calientes.

Lucrecia les dispara a los pájaros

con balas de goma.

Uno cae muerto en la pileta y Lucrecia

baja el rifle y se hace un rodete

aprieta fuerte el cigarrillo con los labios, exprime toda

la nicotina del filtro.

A la noche,

nos buscan sus amigos

y vamos a bailar.

Las camionetas blancas

atraviesan las calles vacías a los tumbos

como un animal prehistórico

inoportuno y gigante.

Esta es la tierra

de mis antepasados, pienso. Acá nació mi bisabuelo,

Luis Napoleón, y su hermano gemelo Marco Aurelio.

A mi bisabuelo Luis lo dieron en adopción

a la hermana de su madre biológica

o sea a su tía

que no podía tener hijos.

En el boliche bailo con uno

y cuando nos apretamos le siento

el pulso de la yugular acelerado

por el fernet y los anabólicos.

A la vuelta, Lucrecia y yo

dormimos en colchones sobre el piso.

Algo me pellizca.

Abro los ojos y en la oscuridad

alcanzo a ver un mosquito rojo

que se aleja volando.

Nueces

En algún momento tuvimos

nueces para el desayuno.

Las rompíamos con un martillito

de madera y ahí

sobre la mesa de la cocina

bajo la luz lenta de la mañana

quedaba expuesta

la maqueta del cerebro.

Tuvimos miles de nueces

unas sobre otras dentro de una bolsa de arpillera

en el piso de la cocina

y todas las mañanas nos exponíamos

a la excelencia del borrador

de las pruebas

de las cosas hechas a escala.

Las comimos todas hasta que se acabaron.

fuegos artificiales de fondo de pantalla

Todas las navidades te escondías

abajo de una mesa cuando empezaban

los fuegos.

Tu mamá te obligaba a salir

te decía tenés que ver esto

te va a gustar

no podés esconderte siempre

te vas a perder

las mejores cosas de la vida.

El silbido y la explosión y los colores

toda la violencia de la belleza manifestándose

y vos sin poder esconderte.

Ahora en la oficina

los tenés de fondo de pantalla;

una foto de fuegos artificiales

sus luces rotas sobre el cielo negro

No estallan, no hacen

ruido. Solo están ahí

quietos.

ES UN VOLCÁN EN SERIO


De: Olivia Gallo Para: Tamara Talesnik Fecha: 25 mar 2020 0:41

Amiguita:

Empecé a escribir este mail, puse “amiguita” y después, como no se me ocurría nada, agarré el celular y me colgué mirando Instagram. La pantalla de la laptop se puso negra, en modo reposo, y empezó a hacer los ruidos que hace cuando está así, ruidos parecidos a los que hace una persona cuando le cuesta respirar. Me dio angustia y la agarré para volver a escribir.

Hoy fue mi día menos productivo desde que empezó la cuarentena: no leí, no salí a hacer compras, no escribí nada hasta ahora. Voy a listar las cosas que sí hice:

-Vi no sé cuántos capítulos de Mad Men. Casualmente, muchos hablaban del fin del mundo, o de la sensación de fin del mundo. Están todos pensando que mañana se van a morir por un misil de Fidel Castro, hablando de búnkers y cosas así.

¿Es un rasgo ególatra de la sociedad el que todas las generaciones piensen que la suya va a ser a la que le toque ver el fin de los tiempos? ¿O es que hay muchos fines de los tiempos y a todas las generaciones les (nos) toca asistir a, por lo menos, uno, que nunca es tan grandioso ni definitivo como esperamos?

Paréntesis: estoy muy de acuerdo con vos en eso de que no me importan tanto los spoilers porque finalmente lo que me gusta y me atrae es ver cómo se desarrollan las historias, mucho más que los finales en sí. ¿Esto será porque escribimos?

-Con Rafa decidimos que por estos días él se encargue de hacer todas las compras porque me está por venir y cuando me viene me bajan mucho las defensas. Lo saludé desde la ventana cuando cruzó al Disco. Estaba parado a bastante más de dos metros de distancia de la última persona que hacía la cola para entrar, afuera. Levanté un brazo y él levantó el suyo.

Anoche discutimos por primera vez desde que empezó el encierro.

-Me duché con dolor, porque ayer hice flexiones de brazos y plancha, pero como acá no tengo una colchoneta ni nada que se le parezca, los hice sobre el piso duro de madera. Desde la mañana que me duelen el pecho, las axilas y el abdomen.

-Vi en Youtube el discurso que Alfonsín dio cuando ganó en el 83.

-Hablé con mi abuela por teléfono. Me dijo que está bien y que está escribiendo mucho. Le dije que yo también pero no le hablé de este newsletter.

- Maté a un mosquito.

-Hice la cama y lavé los platos.

-Tuve sexo (sola y acompañada). (No en ese orden).

-Dormí veinte minutos a la tarde.

-Me tomé la fiebre a las ocho de la noche. Tenía 37.0. Me la volví a tomar antes de comer, casi a las diez, y tenía 36.7.

-Comimos con Rafa en el living.

-Hice un volcán de chocolate, de esos berretas que se hacen en una taza y se meten en el microondas, y que son ideales para gente pajera como yo. En la receta que encontré en internet, decía dejar en el microondas dos minutos. Al minuto y medio salía humo. Cuando lo saqué, estaba todo quemado. Rafa me dijo: “Es un volcán en serio”.

¿Qué nivel de paranoia sentís vos? El índice de mi hipocondría está ligado al de los demás. Busco gente que me diga que no va a pasar nada, que esto se va a terminar rápido, que las consecuencias no van a ser tan tremendas y que vamos a salir a festejar.

Te leo

Oli

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo
Fecha: 25 mar 2020 11:16

Amiguita, ayer casi hago caca en un árbol. Salí por primera vez desde el viernes y fui al Coto a hacer una mega compra, pero también para cruzarme con Agustina en las góndolas de limpieza. No nos saludamos ni con codazo, pero fue lo mejor del día. Cuando fuimos a buscar lavandina me hizo este chiste de siempre de que soy una adicta a la lejía y no quiero decir “mirá de quién te burlaste”, pero “mirá de quién te burlaste”. Estábamos dele riendo entre jabón en polvo y detergente y vino alguien de seguridad a preguntar si estábamos juntas, porque yo había dejado mi chango solo en un pasillo. Dijimos que no y cada una fue para un lado distinto, como si no nos conociéramos. Después me mandó por WhatsApp: “¿Nos vemos en pollos y carnes?”. Apenas pude estar en pollos y carnes porque me daba asco el olor. Fuimos a verdulería y ella me decía: no puedo creer como siempre que venimos al supermercado vos comprás el doble que yo durante el mismo tiempo. Y yo le decía: “Es que vos sos como un monje, solo lo indispensable; en cambio yo, bueno, soy hija de mi mamá, una despilfarradora”. Ser hija de mi mamá: a las plantas las ahogo; el chango hasta arriba aunque me endeude y no lo pueda pagar; y como en la canción de Lorde: “Soy hija de mi madre, te voy a amar hasta dejar de respirar, te voy a amar hasta que llames a la policía”.

Cuando me fui del supermercado, doblé por Matienzo y sentí que me cagaba encima. Corrí toda la cuadra, vi unos árboles, la calle casi vacía y pensé: ya fue, me bajo la bombacha y cago en el árbol en cuclillas, con las compras todas tiradas por la vereda. Pero no. Me imaginé la reacción de Agustina cuando le contara la anécdota. Ella siempre fue mucho más dama que yo, viene como de otro universo social: cuando estábamos en el colegio creía en Dios y jugaba al hockey y su familia tenía campos. Ahora ya es otra persona y además es mi mejor amiga, así que tenemos los cerebros un poco siameses, pero no aprobaría nunca cagar en la calle. Me parecía para un buen cuento de cuarentena: la pérdida total de civilización, la calle vacía y apocalíptica, cagar en cuclillas y en cualquier lado. Llegué a la esquina y vi a los rappis haciendo fila afuera de un local de bebidas. Le grité a la cajera por la ventana que me iba a descomponer, si podía pasar al baño. Me dijo que no, que está prohibido que entre gente. ¿No es ridículo? Para no infectarnos hay reglas. ¿Pero en ese momento, no era más probable, por ejemplo, que me desmayara toda cagada en Zapata y Matienzo, a que me agarrara coronavirus por entrar al local? Para que te despreocupes: llegué a mi casa y a mi inodoro. Después llené todo de lavandina, lavé mis verduras y cociné arroz blanco.

Algo de Santos Dumont:

+ La noche del 3 de noviembre de 2018, el día de la mudanza, nos cruzamos en una fiesta. ¿Te acordás? Te conté que era mi primera noche y me preguntaste si iba a dormir con la luz prendida. Y creo que nadie más entendió y yo te dije “sí, claro, por si vienen a matarme”, y vos me dijiste “obvio, yo haría lo mismo”.

+ El domingo 4 de noviembre de 2018 fui a hacer mi primera compra al Coto. Llené cuatro bolsas y tuve que hacer dos viajes. Mi celular se había quedado sin batería y no encontraba el cargador en ningún lado, entonces estuve varias horas incomunicada. Cuando volví, cerca del mediodía, sintiéndome la reina de las amas de casa, mi marido de entonces ya había llamado a mi mamá y a Agustina, a ver si estaba con ellas. Después vino a almorzar y cociné ravioles. No tenía cubiertos, así que no me acuerdo cómo se resolvió eso. Pero sí tenía cuchara de tuco porque mi mamá piensa que es un objeto indispensable.

Leí tu mail cuando me desperté, antes de hacer yoga, y me reí varias veces. También de mis favoritos. ¿Tu abuela escribe? Hablame de eso. Quiero que me hagas una genealogía de escritores en tu familia. Te lo propongo como proyecto de cuarentena, pero podés negarte.

Y de paranoia, no sé. Por momentos, ni pienso. Ayer me leí un hilo de prepárense para lo que se viene, las interacciones sociales como las conocíamos se terminaron, esto da para largo, y me aterroricé. Si las interacciones sociales como las conocíamos se terminaron para siempre, capaz prefiero salir a una fiesta en la calle, chaparme a todo el mundo y morir del virus. Porque realmente qué sentido tiene estar vivo y no tocar a nadie, abrazar a mis amigues, no sé.

Qué suerte que nos mandamos estas cartitas

Tam

¿POR QUÉ TE SENTÍS MAL EN UN LUGAR QUE TE HACE SENTIR BIEN?


De: Olivia Gallo Para: Tamara Talesnik Fecha: 27 mar 2020 00:00

Amiga:

Rafa tiene unos platos de una marca que se llama Corona. Me di cuenta hoy, mientras los lavaba. Son unos platos chiquitos, de loza, de fondo blanco y un estampado algo infantil de flores azules. La casa en donde estamos ahora era, en realidad, de su abuela, y casi todas las cosas que hay son de hace mucho, de la época en la que Rafa vivió acá antes, cuando se vino a estudiar a la capital.

Hoy vi el reflejo del sol sobre el edificio de enfrente, y pensé que hace mucho no veo el cielo. Hace exactamente seis días que no salgo para nada, desde que crucé al Disco el viernes pasado, porque después me vino y, como te conté antes, con Rafa arreglamos que por estos días baje él si hace falta algo. También te conté, creo, que la casa de Rafa es en un primer piso, así que si salgo al balcón tampoco puedo ver mucho el cielo, porque lo tapan los demás edificios y las copas de los árboles.

Alguien que conocí una vez, y que vivió en varias partes del mundo, me dijo que los cielos de Buenos Aires, en esos días en los que hay sol y está despejado, son los más perfectos que vio. Limpios, esa fue la palabra que usó. Trapeados.

Igual extraño menos estar afuera de lo que pensé. Siempre me gustó salir, caminar por la calle, a la noche sobre todo, ver ventanas con la luz prendida y algo del interior de los departamentos y preguntarme a) cómo será la gente que vive ahí y b) cómo sería mi vida si yo viviera ahí. Ahora solo veo a los vecinos de enfrente, como por ejemplo a un señor calvo que sale todas las mañanas y tira Lisoform en la baranda de su balcón.

Supongo que es un mecanismo de defensa, eso de no extrañar algo que sé que por el momento no puedo tener. Me pasa lo mismo cuando paso mucho tiempo sin ver a gente que quiero: me doy cuenta de cuánto lxs extrañé cuando nos volvemos a ver, pero no antes, mientras no estaban.

Pensé en el desafío que me propusiste en el mail pasado, lo de la genealogía de escritores en mi familia. Tengo ganas de hacerlo, es algo que tengo semiestudiado. Por el momento, te cuento que mi abuela es antropóloga y escribió su tesis de doctorado en contra de Levi Strauss. También algunos libros de cuentos que yo leía cuando era chica, aunque no son para chicos. Te caería muy bien mi abuela, siento. Te divertiría. Tienen algo parecido en el sentido del humor y la forma de elaborar ideas. Ya no quiero decir “cuando todo esto termine” porque siento que es yeta (la superstición la saco de esa abuela) pero, si es que todo esto termina, te voy a invitar a que vayamos a su casa a tomar vermut a la tarde.

¿Qué hiciste vos hoy?

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo
Fecha: 27 mar 2020 00:15

Hola, amiga.

Te estaba escribiendo un mail y me terminé metiendo en una videollamada rarísima del grupo de varones que toma vino, ¿te acordás? Cada noche de cuarentena, abren una botella. El otro día que fui al Coto (y no hice caca en la calle) me traje dos vinos y desde ayer estoy con un Portillo, una etiqueta muy noble, la verdad. Me gusta que en Zoom te podés poner un fondo, ¿sabías? Yo usé esta foto de Cande Tinelli que envío abajo.

Hace un rato quise poner algo de fondo en la tele antes de escribirte y encontré que en Volver pasan Para vestir santos. Era un unitario del Trece que pasaban en 2010, ¿lo viste o te acordás al menos? Yo me acuerdo de todas las tiras y todos los unitarios del 2005 para acá, creo. Cuando se emitió esto yo tenía 15 años y lo veía todos los miércoles. Va de la vida de tres hermanas luego de la muerte de la madre, que les había dicho que se iban a quedar “para vestir santos”, o sea, solteras. Pará que googleo: sí, es eso. Está la solterona, la puta y la lesbiana porque bueno, es 2010. Gabriela Toscano es Susi, Griselda Siciliani es Virgi y Celeste Cid es Male. Todo el tiempo se la pasan hablando y se la pasan hablando sobre el tema en cuestión: la soltería, la soledad, la felicidad. Nunca hablan de alguna otra cosa, de algo banal digo, ni para dar aire, nada. En este episodio van a un boliche Virgi, Male y María Eugenia, la media hermana, que es Gloria Carrá. Entonces a Malena la encara un chabón y se pone mal, hace poco que está tomando medicación. Parece que tiene un ataque de pánico o algo. Y María Eugenia le dice (esto te va a gustar): “¿Por qué te sentís mal en un lugar que te hace sentir bien?”. Al rato, Virgi y Male están juntas en la cama de una plaza y Male le dice “cantame lo que cantaba mamá”, que es una canción que se llama La chancha Soledad. Entonces Griselda Siciliani canta: “Había una chancha llamada Soledad con un complejo de inferioridad”. Bueno, es muy linda la serie, te la recomiendo. Creo que envejeció bastante bien. O sea, no muy bien, pero un poco bien.

Hoy trabajé, me enojé con un amigo y le mandé un audio que decía: “La próxima te mando a la concha de la lora”. Después de que él me pidiera perdón le dije “Perdón yo, se me suelta la cadena a veces”. Me encanta esa expresión “se me suelta la cadena”. Ahora hice una tarta de acelga de Paulina Cocina.

(Acá escribí sobre unos audios que me mandó hoy mi papá en los que me reclama que no les escribo hace días, me cuenta que mamá y él están solos y al final se angustia después de que le ofrezco ir a acompañarlos. Que no, que no es necesario, pero solo quería que se lo ofreciera. Lo borré porque me pareció que era injusta en la manera de narrarlo y hoy estoy muy cansada para ser mejor).

Me interesa mucho lo que me contás de tu abuela y me encantaría conocerla. Me re acuerdo de la casa de Rafa. ¿Te acordás que fui el día de la presentación de tu libro? Te dije que tenías que escribir un cuento que pasara ahí adentro, pero tal vez al final son estos mails que me mandás.

No tengo ganas de escribir nada. Estoy muy cansada.

Besote

Tam

FÓSILES DE SENTIMIENTOS


De: Eugenia Santana Goitia Para: Tamara Talesnik y Olivia Gallo Fecha: 27 mar 2020 14:28

Chicas:

Hace varios días que quiero escribirles esta carta. Pero: ¿sobre qué? Solamente cocino, leo un poco y traduzco poemas otro poco. El martes hice chutney de tomate y durazno y lo envasé al vacío. Usé todos los trucos que sugería internet para comprobar que los frascos habían quedado bien sellados: presioné con la punta de un dedo para ver si la tapa se hundía hacia abajo o no, golpeé las tapas con una cucharita de metal para ver si el sonido era tintineante o sordo. Eso fue lo más divertido, y pasé unos quince indignos minutos tratando de tocar el Himno a la alegría en las tapas de los frasquitos.

Ayer tosté un poco de coco rallado una sartén, lo metí adentro de un frasco de vidrio y lo tapé con ron. Lavé y sequé unas hojas de menta, las corté en pedacitos más chicos con las manos y las metí en otro frasco y las tapé con vodka. En uno dos meses, si los frascos reposan en un lugar oscuro y les doy una sacudida diaria, voy a tener extracto de coco y extracto de menta para cocinar. Hoy, entonces, decidí trabajar con el tiempo. Como una carta, que se escribe para el futuro en el que será leída. Las cartas también son eso: formas de hablar del tiempo.

El otro día, antes de que se decretara la cuarentena obligatoria, recibí una postal que un amigo me mandó desde Suiza. Él ya está de vuelta en Buenos Aires, y siempre hace esto cuando se va de viaje. Son postales que vienen de un país tan lejano como el pasado: un mundo en el que podíamos caminar, pegar estampillas y subirnos a aviones. La limpié un poco con una solución del alcohol y agua —descubrí, para mi sorpresa, que saber la regla de tres simple es esencial para preparar las soluciones de alcohol y lavandina capaces de aniquilar al enemigo microscópico—, la sequé y después le saqué una foto.

Afuera todo sigue quieto: cada tanto se escucha una tos fea que me hace pensar que la enfermedad acecha, el vecino en el balcón de al lado hace flexiones de brazos y respira con ruido, hoy alguien escuchaba “I Wanna Hold Your Hand” a todo volumen y los gatitos de la Embajada se pelearon sin parar en la escalera de La Isla. Mi huésped de Airbnb tiene una nueva rutina: a la tarde se prepara un poco de pochoclo y se sienta en el balcón a mirar la calle vacía. Me pregunto si todavía funciona el correo. Supongo que sí.

Creo que todos estamos escribiendo cartas. Tenemos una urgencia. Queremos que una ausencia se vuelva tangible, palpable. Lo que nos falta es eso: ese mundo donde podíamos tocarnos la cara sin problemas.

Leí alguna vez un ensayo que decía que las cartas son fósiles de sentimientos. Que prueban que las cosas alguna vez nos importaron. Me gusta que les dejemos todo esto a los arqueólogos.

E.

P.D.: Les comparto una playlist sobre cartas que armé para un taller.

De: Tamara Talesnik
Para: Eugenia Santana Goitia y Olivia Gallo
Fecha: 28 mar 2020 12:12

Hola, Euge.

Gracias por escribirnos. Me acuerdo cuando leía tus diarios o historias familiares llenas de personajes y décadas y eventos y departamentos de paredes altas con tíos y sobrinos que hablan poco, excepto por alguno en particular que habla mucho, y pensaba que eras como una dama elegante de otro siglo. Yo soy muy poco elegante, así que siempre me generó mucha admiración. Creo que también es algo de tu manejo del tiempo. Como que en tus textos siempre hay espacio para las cosas chiquitas, como por ejemplo hacer una conserva o tocar 15 minutos el Himno a la alegría en las tapas de los frascos. Y creo que hay algo de la paciencia, de la falta de ansiedad que es muy elegante y muy digno de leer. Algo así como “yo me tomé el tiempo para esto, vas a tener que tomarte el tiempo para prestarle atención”. Y también me da la impresión de que solo aplica a este tipo de cosas, las cotidianas o mundanas. Porque todo lo demás por lo general tiene otra estridencia.

¿Alguna vez se comunicaron tanto con gente? Videollamadas, mails, todo el día dele que dele el chat. Por un lado, siento que todos los vínculos están parados, detenidos donde los dejamos; pero a la vez creo que en pocos días van a empezar a moverse en la virtualidad, que ahora es todo sostener lo que ya había, pero en breve las amistades y los amores y todo eso van a empezar a cambiar y seguir como si nos estuviéramos tocando las caras.

Ayer me mandó un mail (ahora solo hago eso, sí, recibo mails) mi amigue de correspondencia de Un amor de cuarentena. Con mi amigo Tomás tenemos este proyecto que se llama Un amor de verano y va de que el 31 de diciembre te asignamos a unx desconocidx para que te mandes mails durante todo enero y febrero. Y ahora estamos haciendo la edición de aislamiento. Todavía no le respondí a mi amigue, pero sí leí una nota que me pasó. Se llama “La conspiración de lxs perdedores”: Paul B. Preciado sobre la vida después del covid-19. Cuenta que está enfermo durante varios días y al despertarse en esta vida ascética, sin contacto humano, se pregunta: “¿Bajo qué condiciones y de qué manera la vida vale la pena ser vivida?”.

Tengo miedo de que esto me dañe el cuerpo de alguna manera. No puedo explicarlo bien todavía, pero siento como si se me fuera a atrofiar. Estoy haciendo yoga muchísimo más seguido que en mi vida normal, así que no es eso, no es falta de ejercicio. La piel, el pelo, esas cosas me preocupan. Que se me dañe todo por no ser mirada por otres, algo por ahí. Me voy a hacer un baño de crema por si acaso.

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik y Eugenia Santana Goitia
Fecha: 28 mar 2020 16:36

Euge, Tami:

Ya las dos me hablaron de la nota de Preciado, así que ahora la tengo que leer. Pensaba hacerlo antes de escribirles para comentarles por acá qué me pareció, pero siento que tengo tanto que leer que ya no quiero leer nada. ¿No les pasa un poco? Igual, hace dos días me enganché con Poeta chileno, la última novela de Zambra; Lu Cáncer me dijo que está gratis por treinta días en Leamos.com.

Estoy muy de acuerdo con todo lo que decís, Tami, sobre Euge: que es como de otro tiempo, como esos personajes femeninos de películas de época que son elegantes y discretos pero al mismo tiempo ocurrentes y valientes, y destacan del resto. Tipo Elizabeth Bennet (en la versión fílmica de Orgullo y prejuicio en la que la interpreta Keira Knightley; nunca leí la novela). Quiero sumarte al plan de ir a tomar vermut a lo de mi abuela cuando esto termine (sí, estos son los planes que estoy organizando, no fiestas, lo siento).

Hoy me despertó a las nueve de la mañana un señor de American Express, que me llamó al celular y me preguntó por mi papá. Le contesté “no está”, como si yo estuviera todavía en mi casa. Después me volví a dormir y me desperté a las once y media. Qué mal humor me da perderme las mañanas. Pero necesitaba dormir; anoche tomé bastante vino y me quedé despierta como hasta las tres de mañana. (Acá voy a usar un recurso muy Tamara Talesnik que me encanta, que es decir algo que escribí y borré, o sea, reescribirlo: iba a contarles cómo ayer tuve una especie de ataque de angustia, el primero que tengo de verdad desde que empezó todo esto, y me puse a llorar y le dije a mi novio que extrañaba a mis amigas, a mi familia, el contacto físico con otras personas además de él).

Vi los dos mejores capítulos de Mad Men hasta ahora: el de cuando matan a Kennedy y el de *SPOILER ALERT* (no para ustedes que van mucho más avanzadas, sino para nuestrxs lectorxs) cuando vuelven a vender Sterling Cooper y todos renuncian y hacen su propia compañía de publicidad. Me encantaron ambos. Me gusta sobre todo, en el que matan a Kennedy, cómo muestran que cuando pasan cosas de ese tipo, todas las personas empiezan a cambiar, toman decisiones que antes no habrían tomado, como por ejemplo Betty que decide ahí dejar a Don y Peter que se da cuenta de que está para más en el laburo. Lo macro metiéndose en lo micro. También voy a confesarles algo que me da un poco de vergüenza: pensé que era mala suerte ver ese capítulo, un capítulo en el que el presidente se muere, porque mirá si eso repercute en el destino actual y se muere Alberto. Ya sé que es un pensamiento delirante y supersticioso. No me juzguen.

En fin, eso es todo por hoy. Voy a leer la nota de Preciado.

Las quiere

Oli

HACE DIEZ DÍAS QUE NO USO ROPA DE LA CADERA PARA ABAJO


De: Tamara Talesnik Para: Olivia Gallo Fecha: 29 mar 2020 11:39

Hola, querida

Estoy comiendo unos panqueques que hice de avena y fingiendo que están perfectos, pero la verdad es que están crudos y esta banana definitivamente está pasada. Escucho el último disco de Conociendo Rusia. Me hace sentir medio tincha esto, pero la verdad es un discazo (si no lo escuchaste: siento que es el que más sigue la tradición nacional de todos los chicos indies, medio a lo Calamaro). Se llama “Cabildo y Juramento”, pero ahora estoy 100% convencida de que habla sobre el aislamiento. El disco abre así: Te pido la cuenta, por favor/ Hay tanto silencio en la calle vacía/ En el cine hay una de terror/ Pero a mí me asusta lo que veo en el día/ Y me gusta pensar que nos vamos a encontrar/ En la esquina de Cabildo y Juramento. Alguien tuiteó el otro día que la canción debería ser “Corrientes y Canning”, pero me parece evidente que el chico es judío de Belgrano.

Pero mi favorita de todas es “Cosas para decirte”. Estoy leyendo la letra y creo que va de que está en una fiesta y le quiere decir cosas a la chica, pero sabe bien que en realidad es decirle nada, es solo ey, escuchame. Y cuando pasa el finde: lunes en mi habitación/ canto con el corazón. O sea en realidad no tiene nada que ver con el aislamiento, al contrario, es una noche de fiesta depresiva, pero siento que el mood es parecido (a dónde fueron mis amigos, no me llaman para jugar, etc.).

Ayer con Luna hicimos videollamada durante el vivo de Juan Ingaramo, que lo queremos mucho porque nos gustan sus canciones y además tiene esos dientes espectaculares (alguien comentó: “Juan, ¿cómo tenés esos dientes tan blancos con todo el fernet que tomás?”). Hicimos todo el acting como si estuviéramos viéndolo en Niceto o en algún lado. Luna se sacó la remera y la revoleó cuando hizo un cover de “Lloviendo estrellas”, y yo me puse a llorar cuando cantó “Tus letras”, una balada de hace mil años que no canta en vivo nunca jamás. Esa dice así. Bueno, no, no la voy a transcribir porque me gusta toda entera y si no, no se entiende, pierde el sentido. Lo que quería decir en realidad: soy muy sensible y quiero mucho a mi amiga. Mi mamá me enseñó tres cosas que creo que están ok. 1) Si envidiás algo, en vez de envenenarte, accionás para conseguir lo que deseás y que antes solo tenía el otro; 2) la tarjeta siempre se paga entera aunque te quedes sin plata; 3) hacé amigas. Ah, otra cosa sobre la canción esta de Juaninga (nosotras las taradas le decimos así). Me gusta mucho cómo cuenta siempre el amor que ya pasó. En esta, por ejemplo, y sí, voy a transcribir, dice: Hoy desperté, sí/ Más calmo y bien/ Pude entender tus letras/ Pensé quizás que lo mejor sea no alejarnos tanto/ No es el dolor/Ni es posesión/Es que me cuesta mucho no tenerte más.

A ver, Mad Men. Ayer vi un episodio maravilloso. Megan es mi favorita, ¿te dije? Creo que porque soy una Megan totala. No digo esto con orgullo. Para mí todas sabemos que lo correcto es ser una Peggy, pero queremos ser la que no somos: si sos una Peggy querés ser una Joan; si sos una Joan, querés ser una Megan; si sos una Megan querés ser una Peggy. Menos Betty, nadie quiere ser Betty. ¿Los varones pensarán esto cuando ven Mad Men?, ¿o sólo querrán ser Don o pensarán que son Don en alguna escala? Siento que la masculinidad es mucho más aspiracional. De hecho, está el espejo espectacular Don-Pete que básicamente se trata sobre eso. Se trata sobre Pete queriendo ser Don y nunca pudiendo. Y nosotrxs, que lo vemos a Don mucho más completo que Pete, sabemos que en realidad Don es nada, no es nadie, no sabe quién es, es un vacío total, como un agujero y todo lo demás son proyecciones del resto sobre él.

Ah, bueno, Megan en el episodio de ayer renuncia a la agencia porque quiere ser actriz. Después de ocultarlo, se lo confiesa a Don y él la apoya aunque le parece medio un fracaso: al principio podría parecer que porque es un desperdicio de talento, porque él invirtió tiempo y recursos en ella como redactora, pero probablemente sea que ella, que va a atrás del deseo y elige algo tan volátil como ser actriz, se escapa completamente del control de él. A la vez que ella toma esta decisión, para la que según Peggy hacen falta agallas, Joan dice sobre ella: “Va a ser una actriz fracasada con un marido millonario”. Algo perfecto de Mad Men es cómo todos los personajes son espejos de los otros. Como decía antes sobre Pete y Don, pero entre las mujeres todavía más. Especialmente Megan que las fuerza a hacerse preguntas a Peggy, a Joan y hasta a Betty porque es joven, porque su papá es comunista o porque quiere ser artista.

Bueno, qué pesada con Mad Men. ¿Por dónde vas? Siento que me vas a alcanzar en cualquier momento. ¿Vos sentís que sos una de esas mujeres o te parece una simplificación medio boluda? Sé que lo es.

Besote

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik
Fecha: 29 mar 2020 22:36

Hola amiga:

Estoy hace una banda esperando que hable Alberto para decir que se extiende la cuarentena, para así empezar este mail con: “Bueno, quince días más de cuarentena”. Pero sigue reunido o no sé qué y siento que me voy a quedar dormida antes de que hable.

Me gusta mucho eso que decís sobre Don, lo de que si bien es un personaje alrededor del cual todos quieren orbitar o parecerse a él, nosotras como espectadoras sabemos que está vacío y solo. Una de las cosas que me gustan mucho de Mad Men es que ningún personaje es fácil de encasillar: por ejemplo, al principio te decía que odiaba a Pete pero ahora lo amo, y me pasa un poco lo mismo con Roger y con Betty. Y con Don también, obvio: se pasa casi toda la serie siendo un sorete pero igual lo quiero abrazar.

No conozco a Megan aún, no llegué a esa parte. De las mujeres, aspiro a ser una Peggy, pero no siento que lo sea. Tampoco siento que soy una Joan, ni una Betty. A veces me preocupa sentirme cerca de esos personajes laterales y medio odiosos, tipo Jane o la maestra de primaria con la que Don se engancha en un momento. Son personajes que me ponen de mal humor, pero después me pregunto por qué me pasa eso, y por lo general termino descubriendo que es porque en algunas situaciones actúan como actuaría yo, o sea, mal. Y peor: parecen ser conscientes de que están actuando mal. Es como esa frase hecha medio boba pero cierta que dice que a veces lo que odiás de otrxs en el fondo es lo que odiás de vos misma.

Hoy salí a la calle; hice compras y di una vuelta por el barrio. Me puse jeans. Hace diez días, creo, que no uso ropa de la cadera para abajo, salvo para cuando tengo alguna reunión de trabajo por videollamada (una vez una amiga me contó, mucho antes de esta cuarentena, que estaba reunida por videollamada con compañeros del laburo y a uno se le cayó la compu encima y se le vio el slip rojo, así que de ahí en más me aterroriza esa posibilidad).

Bueno, dejé de escribir porque empezó a hablar Alberto, así que ahora sí: oficialmente, dieciséis días más de cuarentena. Espero que los pasemos intercambiando mails, como venimos haciendo.

Besos, Oli

P.D.: La remera negra ajustada de Cafiero.

PERO NO LO ESTOY PASANDO MAL


De: Luciana Cáncer Para: Olivia Gallo y Tamara Talesnik Fecha: 30 mar 2020 17:06

Hola, chicas

Pensé en empezar esta carta diciéndoles que lo estoy pasando mal, y creerme un poco la Gastón Gaudio de estos extraños días de pandemia. Porque es lindo y porque la fragilidad emocional, cuando se transmite sin filtro, a veces, despierta cierta dosis de ternura en los corazones.

Pero no lo estoy pasando mal.

Estoy viviendo en Lobos, en la casa de mi mamá, desde que se declaró la cuarentena obligatoria. Aterricé con dos valijas llenas: de ropa de verano y de otoño, de cosméticos, de zapatos y de libros. Acondicioné la habitación que primero fue de mi abuela, después de mi hermano y después de nadie: un depósito de objetos y bolsas que representan la incapacidad que tenemos todos para adecuar los cambios familiares a la arquitectura del hogar: la muerte de la madre, la ida de los hijos, la llegada de los nietos, la vuelta de un hermano, la estadía provisoria de una hija. Mi habitación está ocupada por mi tío, que vive acá desde noviembre. Creí que me iba a costar relegar mi pequeña cama twin pegada a la ventana que da a los muñones del tronco mutilado de un olmo que se enfermaba por temporadas, y ahora lucen ahí, obstinados e inertes, como fósiles a la espera de algún arqueólogo del afecto. Pero no fue tan terrible redireccionar la necesidad de pertenencia hacia otra habitación. No es tan difícil apropiarse de algo.

El espíritu de la casa sigue intacto, eso pensé también. Mis piernas se deslizan por el piso de cerámica roja con una seguridad rotunda, absoluta: guardan, en un sistema de memoria que se fue armando y reafirmando a lo largo de los años, la coreografía de mis pies yendo a la cocina, saliendo al patio, recorriendo el jardín, volviendo a la casa a través de una puerta de chapa pintada de blanco y una cortina de cintas de plástico azul, entrando a la ducha con un movimiento coordinado de brazos y pies, recostándome en la cama grande de mamá a mirar el final de una película romántica para acompañarnos un poco, sin hablar. Todo eso sucede naturalmente, sin poner a trabajar la máquina incesante de las pequeñas decisiones cotidianas. Y ahora, mientras escribo, pienso que es una forma de alivio.

Lo más novedoso de estos días es el olor a comida cociéndose en el horno o en altas cacerolas de acero inoxidable, a toda hora. Mamá cocina para ella y para su hermano porque yo no como nada. Igual, los olores que habitan la casa actúan en mí de un modo reconfortante, me transportan a la época en la que la comida no me importaba, entonces comía cuando tenía hambre, como si el acto de comer fuera simplemente un modo de recuperar energía, de impulsar la vida hacia adelante. A veces cocino, porque cuando era chica aprendí a cocinar y tengo cierto talento para eso, lo que las madres o las abuelas denominaban con la expresión “tiene buena mano”. Me gusta cocinar, pero a veces siento que no me corresponde entregarme con placer a la elaboración de esa materia comestible que, desde hace tanto tiempo, me niego a disfrutar.

Tengo mi base de operaciones en el jardín, al lado de una pileta que, poco a poco, se va cubriendo con los pétalos fucsia que expulsa una buganvilla.

Me siento en una sillita blanca de plástico roto que pincha la carne de mi costado izquierdo. Me interno en planillas de Excel, un antídoto que encontré para alejar el tormento, la incertidumbre que nos envuelve en este tiempo. Escribo algunos textos nuevos, corrijo otros, veo películas de heroínas inglesas de otro siglo y fantaseo con el amor romántico, mi vicio favorito. A la mitad de la tarde hablo con amigos por videochat, tomo cerveza y me río.

La música de fondo son los trinos de unos zorzales, colibríes o tordos, y unas canciones indie que me copio de unos amigos que descubren música linda y apacible todo el tiempo. Me siento en paz en este búnker verde que empieza a anunciar el otoño.

Hay una conejita que conquistó mi corazón, es cachorra y tiene el cuerpo forrado por un suave pelaje marrón claro que no paro de acariciar, pero eso se los cuento en la próxima carta.

No sé cómo lo llevan ustedes, pero a mí no me llamó ningún hombre en estos días, ningún antiguo amor salió de la pantalla hermética del pasado como hacía el protagonista masculino de La rosa púrpura de El Cairo. Creo que no me importa, quiero decir: no lo esperaba, pero las redes sociales hablan de este tiempo como una especie de período propicio para el perdón y los reencuentros universales. Pensé en eso un poco, llegué a la conclusión de que no tengo que perdonar a nadie y ninguna persona necesita ser perdonada por mí. Tal vez sea eso una forma de paz.

Un beso

Lu

De: Tamara Talesnik
Para: Luciana Cáncer y Olivia Gallo
Fecha: 30 mar 2020 23:56

Hola, Lu

Hace mil años que no te leía. Siento lo mismo que siempre: las cosas que escribís siempre me resultan celebratorias de estar viva. La mamá cálida protección abrazadora, la casa de Lobos como un refugio, la risa, la cerveza, la pileta, ahora no están los sobrinos pero bueno también los sobrinos, las películas. Me da ganas de estar en un flotador de esos transparentes una tarde entera.

Supongo que cuarentena habiendo salido de la ciudad no es lo mismo que cuarentena habiéndonos metido adentro de los departamentos. Lo tuyo hasta podría pasar a futuro en la memoria como una vacación. Capaz solo the grass is greener, etcétera.

Es verdad lo que decís de apropiarse de algo, puede pasar bastante rápido. Como acostumbrarse en general. Mudarse, las rutinas nuevas, los trabajos nuevos. Dejar de ver a alguien, dejar de salir de la casa, al final es como si lo hubiera estado haciendo todo este tiempo, no me resulta algo nuevo. Y cuando volvamos a la normalidad (“si es que volvemos”, me dijo hoy Luna), creo que voy a sentir como si esto nunca hubiera pasado. Todo en la vida me parece la gran cosa (el otro día un compañero de trabajo le preguntaba a otro: “¿Qué grado de dramatismo está manejando Tamara con todo esto?”) y a la vez puedo seguir adelante como si nada. “Más o menos el de siempre”.

Hoy llamé a mis papás por videollamada. Mi mamá me dijo que está muy cansada: se despierta a las 7 de la mañana para pasar un trapo con lavandina por toda la casa. Le dije que no era necesario, que si ella no salía y nadie entraba no iba a aparecer solo el virus en los zócalos. Después me pasó con mi papá, que me dijo: “¿Cómo estás ahí solita? Estoy muy orgulloso de vos, todo lo que estás viviendo es tan distinto a lo que yo viví, los afectos, todo y lo hacés muy bien”.

Hoy terminé la quinta temporada de Mad Men. Oli no leas esto porque creo que es demasiado spoiler inclusive para nosotras que no creemos en los spoilers. En el último tramo de la temporada: Megan decide ser actriz, Peggy renuncia y Joan coge con el presidente de Jaguar para conseguirlo como cliente para la agencia. A cambio de hacer eso, acuerda con los socios que ella también va a ser socia, socia “no silenciosa”, aclara. Me fascina que todo es un doble movimiento: así como Megan elegía a qué dedicarse, yéndose lejos del camino y de la órbita de poder del marido, también aceptaba que la mantenga; y ahora Joan consigue el máximo poder que tuvo hasta ahora pero para eso tiene que prostituirse cuando todo lo que hizo hasta acá fue para que su poder, su importancia en la empresa fuera por su capacidad de gestión y no porque se la quieren coger o porque la necesitan maternando ahí (un poco su capacidad de gestión igual es maternar, ¿no?). Bueno y en medio de eso, Don le dice a las tres mujeres que no hagan eso: no dejes la agencia para ser actriz; no renuncies a trabajar conmigo; no te prostituyas por un cliente; y las tres van y lo hacen y ganan algo (y pierden otra cosa) y él se queda ahí como medio girando en círculos, en el mismo lugar.

Besos a las dos

P.D.: Hoy me animé y le grité a mi vecina Lorena, desde mi balcón a su patio, si sus hijes podían hacer silencio media hora porque estaba en el comedor grabando un podcast y el micrófono captaba los gritos de lxs pibxs; ella aprovechó y le dijo a la hija “mirá, ves, ves que tenés que hacer silencio”. Y después: “Sí, obvio, claro”, me respondió y fue raro porque se suponía que estaba siendo amable pero me pareció que me lo dijo con un odio. Y yo le dije “perdón, estoy trabajando, si no no te lo pediría”, ¡le pedí disculpas! Dios, creo que le pedí disculpas. Bueno, después puso Fito Páez, así que creo que estamos en un buen momento de la relación.

De: Olivia Gallo
Para: Tamara Talesnik y Luciana Cáncer
Fecha: 31 mar 2020 00:22

Tami, Lu:

Gracias, Lu, por escribirnos y compartirnos tus postales de cuarentena familiar. Disfruté mucho, sobre todo, esas descripciones de la naturaleza: los muñones del tronco del olmo, los pétalos fucsia de la bungavilla, el pelo de la coneja. Hace mucho que no tengo contacto directo con la naturaleza y, si bien estoy acostumbrada a la ciudad —al asfalto, al viento caliente de los subtes, a los taxis con asientos que huelen a vapor humano— extraño un poco eso. Siento que lo estoy apreciando más ahora que no lo tengo tan cerca, ahora que el único contacto que tengo es con las baldosas y los azulejos y el algodón de mis remeras.

Hoy se cayó una hoja sobre la baranda del balcón, una hoja entre marrón y naranja, medio rota, y la agarré. La sostuve entre los dedos de la mano derecha y la froté un rato con el pulgar; una escena un poco triste y melancólica, pero a veces me gusta imaginarme que estoy en una de esas escenas breves de película que al principio no entendés mucho, pero después te das cuenta de que son la clave para entender la película entera. Tipo el final de El graduado, cuando ellxs dos —ahora no me acuerdo sus nombres— se suben al bondi después de fugarse del casamiento de ella, riéndose y agitados por el trote hasta la parada, y se sientan en los asientos del fondo y, de a poco, van dejando de reírse, no dicen nada y se quedan serios.

Me acordé de la coneja de una amiga, a la que yo bauticé. Mi amiga dijo que quería que tuviera nombre de señora elegante y yo le dije: “Ofelia”, y a ella le gustó y se lo puso. La pasamos de brazo en brazo entre todas, una vez que fuimos a previar a su casa. La coneja era escurridiza y miedosa, como creo que son todos los conejos, y se nos escapaba dando saltitos. Los conejos son un poco como las ardillas, pienso: esos animales chiquitos y peludos que parecen tiernos y dóciles, pero en realidad son unos anarquistas desconfiados.

Hoy no hice mucho, además de trabajar, hacer veinte minutos de ejercicio y ver Mad Men (Tami, leí todo tu spoiler y lo único que espero es que esto signifique que Joan cortó con ese marido de mierda que tiene).

Con Rafa comimos un ramen de paquete y, de postre, una torta de chocolate que él hizo a la tarde. Le quedó muy negra y esponjosa, al morderla se siente un ruido de aire comprimido.

Las quiero

Oli

NO SÉ SI ALGUNA VEZ VOY A PODER VIAJAR A TODAS PARTES


De: Valeria Tentoni Para: Olivia Gallo y Tamara Talesnik Fecha: 30 mar 2020 20:58

Queridas amigas:

Soy una evasora profesional y no tengo ninguna gana de enterrarme en esta tortilla inmunda en la que se convirtieron mis esperanzas, rompiendo su cáscara una a una, día tras día, todos iguales y distintos, emparejados por titulares que esquivo como una alpinista a las piedras flojas. La cáscara sucia y perfecta de mis esperancitas secretas, ¿y adentro qué había?

Hay huevos diseminados por los cuadros de Leonora Carrington, los hay por casi todo lo que leí de Marosa di Giorgio, y sé que abundan en las pinturas de Remedios Varo, que deben estar durmiendo una siesta infinita en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y no alcancé a ir a ver. Los había además en cada punta de una de las casas de Dalí: una vez un hombre me habló de esos huevos enormes de cemento y yo no me reí. En cambio, lo envidié con toda mi alma, porque hubiese querido verlos y treparme, y despreciarlo desde la altura para después arrepentirme. Porque no sé si alguna vez voy a poder viajar a Port Lligat, que es como decir no sé si alguna vez voy a poder viajar a todas partes, y menos ahora, que me distribuyo en sesenta metros cuadrados y simulo estar viva, tan viva como un copo de nieve artificial en una de esas bolas de plástico transparente que venden en el barrio chino.

Del catalán, cuyas pinturas ya no me gustan nada, tengo un libro de entrevistas que me gustan mucho. En una le preguntan qué piensa de sí mismo.

“Que voy al mundo”, responde.

Así que googleo los huevos de Dalí: “Por su parte, el huevo es un símbolo positivo y representa la vida, la renovación, la continuidad y el futuro”, dice internet, que además de para aterrarse se puede usar como oráculo. Hace días pienso en tirarme el I Ching, pero estoy enamorada del último hexagrama que me dedicó y no quiero pasar al que sigue. Un árbol crece en lo alto de una montaña: crece lento, lento, lento. Hace tres mil años que no alcanza su altura final. ¿Cuántas fiebres, pandemias, contagios, cataclismos y tragedias soportó ese árbol, y siempre creciendo? Quizás, si le doy más tiempo, logre encantar a algún pájaro. Además, cuando lo consulto demasiado seguido el libro se repite, como una persona harta de decir lo único que tiene para decir. Pero, si quieren, se los puedo tirar a ustedes, en agradecimiento por esta invitación tan amorosa.

De: Olivia Gallo
Para: Valeria Tentoni y Tamara Talesnik
Fecha: 1 abr 2020 23:45

Amigas:

No volví a releer el hexagrama del I Ching que me tiraste hoy, Vale. Me parece que lo voy a dejar reposar un rato, hasta mañana a la tarde, en principio, a ver qué le dice a la versión de mí de mañana.

Hace poco estoy empezando a escuchar a las cosas que no son concretas, de este mundo, a las cosas que no se pueden ver o tocar o entender del todo. Hace poco me gusta la poesía, también.

A eso de las siete, últimamente, me agarra un cansancio que me hace paranoiquear, porque no entiendo bien por qué estoy tan cansada. O sea: sí, trabajo mucho durante el día y desde temprano, pero es como si el cansancio no estuviese relacionado con eso, sino con otra cosa que no logro descifrar bien qué es. Algo que viene de otra vida, de una vida pasada. Un cansancio ancestral, heredado, que por algún motivo se manifiesta con más fuerza a eso de las siete de la tarde. El resto del tiempo (desde que me levanto, tipo ocho y media, hasta que me voy a dormir, tipo doce y media) me siento bastante enérgica.

¿Qué me pasó en mi vida anterior a las siete de la tarde? No creo tanto en eso de las vidas pasadas, igual. Y, como no creo tanto, un poco también creo.

Tami: MAD MEN. Vi el capítulo que se llama “The Suitcaise”. Euge ya me había avisado que era el mejor de la cuarta temporada, que aún no terminé, pero sin dudas me parece el mejor hasta ahora, seguido del capítulo en el que matan a Kennedy. No voy a describir el capítulo entero porque paja, pero me quedaron un par de frases que voy a tratar de transcribir de memoria (porque cuando la escuché, pensé: acordátela para el newsletter); Peggy, en un momento, le dice a Don que cree que ya no sabe distinguir, entre lo que escribe, lo que es bueno de lo que es horrible. Y Don le responde que esas dos cosas, lo bueno y lo horrible, están bastante cerca.

Las quiere

Oli

De: Tamara Talesnik
Para: Olivia Gallo y Valeria Tentoni
Fecha: 2 abr. 2020 0:12

Queridas amigas:

Hoy cuando Vale nos tiraba el iching por videollamada quería acordarme cada una de sus frases, anotármelas bien en la cabeza. Me acuerdo, por ejemplo, algo de que si hay algún error, en la lectura o en la pregunta o lo que sea, está bien, es parte de lo que tenés que recibir en este momento (¿era así?, ¿lo inventé?). Y que el hexagrama de una es un hexagrama para todas. También fue lindo que nuestros hexagramas fueran casi iguales: los mismos números en el mismo orden, excepto por uno. A mí me resonó más el tuyo, la transformación, que el mío, la perseverancia. Voy a releerlo mañana a la mañana.

Creo que fue mi momento favorito del día. Cada vez que hablo con Valeria, pienso que hay otra manera de vivir, una con menos ansiedad y concentrada en lo importante (el amor, la escritura, el disfrute). Con menos distracciones de lo importante. Por eso siempre que me imagino tu casa, Vale, imagino que es un lugar sin ruidos. Con sonidos sí, pero sin ruido.

Les pido disculpas que me fui de forma abrupta, pero tocan mucho las cacerolas acá y anoche había decidido que hoy sí, hoy iba a responder. Los días anteriores había puesto la marcha peronista, pero es algo que me hace sentir un viejo. Acá viene mi segundo momento favorito de hoy miércoles. Salí al balcón gritando presidente Alberto presidente. Había cacerolas y un vecino gritaba gorilas gorilassssss garcassss. Otro vecino de a dos edificios, joven y más o menos potro, se asomó a la ventana. Al rato puso la marcha peronista, nos miramos y cantamos juntos la parte de “sos el primer trabajador”. Espero que ya sepa que mañana, cuando cantemos el feliz cumpleaños, Alberto, me voy a haber peinado para ir a hacerle ojitos.

Ayer aproveché el feriado para ordenar mi biblioteca. En realidad, son cuatro estantes que ya estaban cuando le alquilé el depto a Cata. Cuatro tablas de melamina que flotan arriba de unas ménsulas a las que no están atornilladas. Me había olvidado de esa palabra y recién me vino así no más: ménsulas. Encontré un montón de papeles. Tickets de compra, el analítico del secundario, altas laborales (la del canal, antes la del diario, antes la de la librería). Cuando estaba terminando y había pasado el trapo, encontré arriba de todo una carpeta azul con unos papeles laborales de ex marido. Los tiré, pero guardé la última hoja porque la había firmado y abajo había escrito su nombre.

Oli, estoy rara con Don: ya sé que la sexta temporada no va a estar a la altura de la cuarta y la quinta y además (spoiler) le empieza a ser infiel a Megan, mi spirit animal. Sé que no es para tanto la infidelidad, pero me pone un poco triste: para él sí es para tanto, si se la pasa tratando de controlarlo; y eso hace que sea una traición, lo es para él en su sistema de creencias. En la temporada anterior, por ejemplo, tiene una pesadilla en la que asesina a una amante a la que se quiere volver a coger; literalmente sueña que mata al deseo.

Bueno, amigas, qué lindo lo de hoy. Besos a las dos

LOCA EN EL ENCIERRO


De: Olivia Gallo Para: Tamara Talesnik Fecha: 2 abr. 2020 22:15

Hola, amiga:

Hoy decidí irme a dormir más temprano porque estoy cansada, así que te escribo este mail y me voy a lavar los dientes.

Vienen algunos ruidos de la calle. Ahora, por ejemplo, suena la alarma de un camión de bomberos. Antes de eso, alguien que caceroleaba en el balcón. Hoy el cacerolazo duró mucho menos que los otros días, y solo una persona se quedó tocando sola hasta hace un rato. Pasan bastantes autos, motos y colectivos. Sus motores suenan como bostezos y se siente el agua de la lluvia en las ruedas. Cuando me meto en Zoom para las reuniones de laburo o para hacer taller, tengo que estar casi todo el tiempo con el micrófono muteado porque las otras personas escuchan el ruido de los autos como si les estuvieran pasando por al lado. En los audios de Whatsapp que mando se escuchan muy fuerte también, y siempre me imagino que quien los recibe debe pensar que no estoy respetando la cuarentena para nada. Después pienso: no, pueden pensar que fui a hacer compras y ya. O pueden no pensar nada.

Entre ayer y hoy, escuché mucha gente pelearse. Ayer, varios de balcón a balcón a las nueve y media, y antes, a la tarde, a dos personas que hacían fila para entrar al Disco. Creo que eran un hombre y una mujer, pero no los veía bien. Escuché que la mujer le decía judío de mierda y después algo difuso, que sonó a “andá a darle clases al carnicero, a mí no me jodas”.

Tengo miedo de que la gente se vuelva loca en el encierro.

Tengo miedo de volverme loca en el encierro.

Hoy tuve taller y una amiga que es psicóloga contó en su texto que el otro día llamó a una señora que necesitaba asistencia terapeútica porque tiene demencia y estar encerrada se le hace particularmente difícil. La señora le preguntaba a mi amiga de qué signo era.

Me escribió mi amiga Rita, con quien hablo solo unas cinco o seis veces por año pero igual nos queremos mucho y nos conocemos desde los cinco. Me dijo que necesitaba un mimo y entonces se puso a ver Diario de una princesa y se acordó de mí. “Te daba mucha risa”, me dijo. No me acuerdo de que me diera risa, pero sí de haberla visto con ella y de que copiamos el saludo que hacían Mia y su mejor amiga, que terminaba con un escupitajo. Hacíamos mucho ruido con la garganta antes de escupir aunque lo que salía después era apenas un hilito de baba. Mi papá nos miraba de lejos y se reía.

Comimos pasta con Rafa en el living mientras veíamos Campo minado. Definitivamente siento que es una obra para ver en teatro.

Bueno, estas son mis anotaciones desordenadas del día de hoy. ¿Qué tal tu día? ¿Te miraste fijo con tu chico del balcón en el feliz cumple a Alberto?

Besos

Oli

Darmowy fragment się skończył.

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
15 listopada 2024
Objętość:
310 str. 51 ilustracji
ISBN:
9789874795724
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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