Czytaj książkę: «Oráculos caldeos. Fragmentos y testimonios.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 153

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., esta obra ha sido revisada por M.a VICTORIA SPOTTORNO y JAIME CURBERA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1991.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO261
ISBN 9788424931902.
ORÁCULOS CALDEOS
INTRODUCCIÓN GENERAL
I. EL CONCEPTO DE «ORÁCULOS» Y SU TRANSMISIÓN HISTÓRICA
1. Un oráculo es la respuesta que una divinidad establecida en un lugar geográfico determinado (Delfos, Dodona, Olimpia, Dídima, Claro, Oropo, Heliópolis y Hierápolis en Siria, el templo de Amón en el oasis libio de Sirah visitado por Alejandro Magno, etc.) ofrece a la pregunta de un devoto, quien formula sus dudas al dios con el fin de adaptar su conducta futura a su consejo. Es bien conocida la importancia que han desempeñado en la historia de la piedad y de la filosofía griegas los oráculos del santuario de Apolo en Delfos, interpretados por la pitonisa 1 .
La literatura griega y romana hace asimismo referencias a las sibilas, mujeres que en estado de inspiración emitían profecías extraordinarias. Las más conocidas han llegado a ser las de Eritrea y de Cumas, de inmarchitable fama esta última gracias al poeta Virgilio 2 . Una colección de estos Oráculos sibilinos, redactados en hexámetros griegos, se conservó en Roma, fue destruida en el año 405 a. C. y nuevamente restaurado el conjunto por Octavio César Augusto, quien se acogió a la antigua costumbre de consultarlos oficialmente en épocas de crisis 3 .
Por doble influencia, grecorromana, pero también persa, los judíos escribieron a partir del siglo II a. C. sus propios oráculos, en relación con temas que arraigaban en los intereses religiosos y políticos de los tiempos apocalípticos entre Testamentos 4 . Pero debe tenerse necesariamente en cuenta el significado fundamental que como instrumentos de propaganda político-religiosa asumieron los apocalipsis iranios en este período y el más importante de todos ellos, los Oráculos de Histaspes, o sea, las revelaciones proporcionadas por el dios Mitra a Vishtaspa, el casi legendario príncipe, protector y primer seguidor de Zaratustra, gracias a las cuales la díada brahman-kshatram, sacerdocio e imperio, en unidad inquebrantable, comenzaba temporalmente a cumplir las etapas finales que conducirían a la consumación de la victoria escatológica definitiva. El mitraísmo o los misterios de Mitra habrían de ser la avanzada en el Oeste de estas ideas de raíz irania, y el cristianismo, previa asimilación del judaísmo apocalíptico, las adoptaría igualmente de buen grado 5 .
Pero si Plutarco de Queronea pudo redactar una obra sobre La desaparición de los Oráculos, en la que trata de explicar los motivos de la cesación de muchos de ellos en Grecia 6 , Porfirio, fenicio de nacimiento y crianza, será difusor intelectual de los que proliferaban en el Próximo Oriente. Eusebio de Cesarea en los libros III a V de la Preparación evangélica 7 , pudo de este modo reunir y combinar oráculos de Apolo, de Asclepio, de Hermes, de Pan, de Sérapis y de Hécate, con algunos Oráculos Caldeos dudosos y auténticos que ha leído en la obra de Porfirio producida en años mozos y maduros 8 .
Según el léxico de Suda, obra elaborada en el seno de una corriente bizantina de eruditos responsables de su oficio, y que cuenta con el apoyo del testimonio de Miguel Pselo, Juliano el Teúrgo, hijo de Juliano el Caldeo, habría sido el compilador de los lógia Chaldaiká. Juliano hijo habría vivido en la segunda mitad del siglo II , bajo el gobierno del emperador Marco Aurelio (161-180). Dice el artículo 434, «Iulianós», de Suda:
Juliano, hijo del anterior, vivió bajo el reino del emperador Marco Aurelio. Escribió Theurgiká, Telestiká, Oráculos en verso (lógia di’epôn) y demás asuntos secretos relativos a esta ciencia. De él se cuenta que un día en que los romanos morían de sed, súbitamente hizo aparecer nubes, levantarse una tempestad y desatarse una lluvia violenta con truenos y rayos. Esto lo llevaba a cabo Juliano gracias a un determinado saber. Otros dicen que fue Arnufis, el filósofo egipcio quien realizó este portento 9 .
Pselo confirma y amplía brevemente la noticia de Suda en lo referente a la factura material de los Oráculos y a la fama taumatúrgica de Juliano hijo 10 . El mismo Suda (art. 433) afirma sobre Juliano padre:
Caldeo, filósofo, padre de Juliano, llamado Teúrgo. Escribió una obra Sobre los démones en cuatro libros. Para los hombres hay un amuleto que corresponde a cada parte del cuerpo, como, por ejemplo, los amuletos telesiúrgicos caldaicos 11 .
Con esta información queda ratificado el carácter de la expresión «caldeo» 12 como equivalente a «mago», pero subsisten otras pruebas que pueden ayudarnos a delimitar el significado del vocablo y el carácter del personaje. Sostiene Pselo que Juliano padre «expuso (exétheto ) en versos sus doctrinas», mientras que Juliano hijo las «escribió» también en versos. Esto torna explicable la noticia de Pselo de que Juliano padre vivió bajo el emperador Trajano (97-118). Así pues, en los mismos años en que el gnosticismo se está difundiendo por Alejandría y Roma 13 , Juliano el Caldeo expone los Oráculos que su hijo reúne, completa y registra por escrito.
El movimiento organizado de los caldeos que bajo la doble paternidad o autoría de ambos Julianos subsistirá en Occidente 14 , ya existía en el primer tercio del siglo II de nuestra era. Los caldeos constituían tanto una agrupación 15 iniciática dirigida por sus hierofantes, en este caso concreto Juliano el Caldeo, como practicantes de ritos y conservadores de doctrinas, indicadas por símbolos orales (los lógia di’ epôn o fórmulas versificadas) y físicos 16 , de naturaleza tradicional, es decir, de origen divino y regularmente trasmitidos, para poder poseer un carácter eficaz o teúrgico. Este tipo de asociación mistérica está emparentada en su aspecto litúrgico y en los puntos fundamentales de sus creencias (veneración del fuego y reconocimientos de sus diferentes formas o manifestaciones de su poder; admisión de una diosa de la fecundidad virgen: Anâhitâ, que se ciñe la cintura para revelar los atributos de su feminidad superior; Ártemis, con sus perros cazadores, o Hécate, que oculta todos estos dones y descubre nuevos; aceptación de la trasmisión de su enseñanza y ritos dentro de un grupo cerrado; importancia fundamental dada a la creencia en la ascensión del espíritu al cielo) con los magos (mágoi ) anatólicos de origen medo-persa, una vez configurada cosmográficamente su doctrina por la ciencia astral del clero babilonio. El último punto era en la época patrimonio general del mundo intelectual, tras haber sido asimilado y difundido hacia el oeste y el sur por los magos zoroástricos 17 . Es también común a los miembros de estos grupos esotéricos la incorporación de rasgos propios de las prácticas de los magos-caldeos en tierras siríacas (trashumancia ramificadora y uso de encantos y conjuros) 18 , así como la adopción filosófica de un platonismo difuso, pero de orientación pitagorizante 19 .
La figura de Juliano el Teúrgo adquiere sobre este fondo descrito particular relieve. El P. Saffrey ha recordado recientemente la importancia de un pasaje del tratado Sobre la cadena de oro de M. Pselo, que refiriéndose a nuestros dos personajes dice así:
Su padre (= Juliano de Caldeo), en el momento en que lo iba a engendrar, rogó al dios ensamblador (synocheús ) del universo un alma arcangélica para la existencia de su hijo y, una vez nacido, lo puso en contacto con todos los dioses y con el alma de Platón, quien comparte la existencia de Apolo y de Hermes, y por medio del arte hierática, lo elevó hasta la visión directa (epópteia ) de este alma de Platón para que la interrogara sobre lo que quisiera 20 .
Apoyándose lamentablemente en las tesis de E. R. Dodds 21 , subraya la personalidad mediúmnica de Juliano hijo 22 . Examinando los datos reunidos, creemos que las consecuencias que pueden extraerse son diferentes:
1) Juliano el Caldeo no es una personalidad aislada ni el primer creador de los Oráculos, sino el guía espiritual de una asociación mistérica que enseña sus doctrinas y cumple sus ritos.
2) En el marco de la disciplina de la trasmisión 23 , el nacimiento del vástago Juliano ha sido crucial: Juliano no es sólo un hijo nacido en la edad madura paterna, sino asimismo la persona esperada para sucederle al frente del patrimonio mistérico. Su preparación profesional, teórica y práctica, exigía todas las garantías. Lo que Pselo describe es esta preocupación y un rito anagógico confirmatorio celebrado por parte de Juliano padre.
3) Es posible que los cuidados puestos para el adiestramiento en el arte hierática de Juliano el menor hayan hecho de él un teúrgo consumado y que esta cualidad, agregada a sus dotes personales, le haya llevado a dar forma escrita a las enseñanzas trasmitidas por los caldeos 24 .
Las influencias mayores del gnosticismo pueden registrarse también en esta etapa. Estas razones tornan coherente el que Nicómaco de Gerasa, cuyo floruit se coloca al final del siglo I d. C., tras relacionar las siete vocales con los sonidos producidos por las esferas planetarias, interprete que estos sonidos son inefables (árrēta ) en sí mismos y en sus combinaciones, «como la mónada en el número, el punto en la geometría y la letra en la gramática», pero unidos con la materialidad de las consonantes producen:
las potencias eficaces que tienen la capacidad de iniciar en las realidades divinas. Por ello cuando los teúrgos honran a lo semejante con silbidos, chasquidos de la lengua y sonidos desarticulados y discordantes (sigmoîs te kaì poppysmoîs kaì anarthríois kaì asymphṓnois ḗchois ) están invocando simbólicamente 25 .
Este pasaje, en el estilo personalísimo de Nicómaco, entrelaza ideas neopitagóricas con semíticas y atribuye su conjunción a los teúrgos, con una terminología que tampoco es extraña al Plotino antignóstico 26 . Es muy posible que Nicómaco los haya conocido en el Próximo Oriente y pocas razones hay para asignar esta última parte de la noticia a Proclo, como quería Lewy 27 .
II. LA DOCTRINA DE LOS ORÁCULOS CALDEOS
Como oportunamente lo consideramos 28 , la descripción que facilita M. Pselo del orden de lo real en el comienzo de la Exposición caldaica, ratificada por otros de sus escritos, es una excelente síntesis de la cosmovisión caldaica:
Sostienen que hay siete mundos corporales, uno ígneo y primero, tres etéreos y después tres materiales, el último de los cuales se denomina terrestre y enemigo de la luz; se trata de la región sublunar, que encierra en sí, además, la materia, que denominan abismo. Creen en un Principio único de todas las cosas, y lo celebran como Uno y Bien. Después honran a un cierto Abismo paterno, compuesto de tres tríadas. Cada tríada incluye Padre, Potencia e Inteligencia. Después está la íynga inteligible, después de ella los ensambladores, el ígneo, el etéreo y el material. Después de los ensambladores, los teletarcas. Después de éstos los padres fuentes, también llamados «guías del mundo», el primero de los cuales es el que se dice «más allá unitariamente». Después de él está Hécate, después el indicado como «más allá dualmente». Después de éste tres indoblegables y en último lugar «el que está ceñido por debajo» 29 .
Los fragmentos de los Oráculos que nos han llegado, junto con sus comentarios y testimonios, nos permiten ratificar del siguiente modo esta visión global.
1. En la cima de toda realidad, como su fundamento y principio último, está el Padre (frs. 3, 4, 7, 8, 14, 22, 37, 77, 81, 115) 30 , Primero y Fuego trascendente (frs. 3, 5), Único (fr. 10) 31 , Bien (fr. 11) y Soberano (ánax ) (fr. 37), que coherentemente equivale a lo Uno del neoplatonismo 32 o Uno-Bien 33 .
2. El Padre, esencialmente incognoscible, enclaustrado en su intrínseca naturaleza, extiende desde su mismidad irrevelable la potencia o posibilidad total indistinta que puede manifestarse intelectualmente. Esta eclosión interna del Padre, esta turgencia, es lo Inteligible propiamente dicho 34 . Lo que puede ser entendido, pero no entender, para dar comienzo a una completa actividad cognoscitiva discriminada. En esta concepción en analogía con una línea de pensamiento de la Antigua Academia, representada por Espeusipo, y el gnosticismo, lo seminal significa más vida, más poder, y contiene más saber, porque cuanto se puede conocer exclusivamente es más que los actos definidos que de ahí proceden. Tal es, por lo tanto, la potencia del Padre (frs. 3, 4, 5), su silencio (fr. 16), su seno, abismo o profundidad (frs. 18, 19, 28, 29), fuente o matriz de la que proviene cuanto se puede producir o es producido (frs. 30, 37) y mónada paterna, entendida como el uno que es fuente y raíz de la serie numérica en la tradición pitagorizante (frs. 11 y 12).
3. El seno paterno inmóvil, interior al Padre o silencioso, da nacimiento a un vástago de su misma naturaleza, que es el Intelecto o Noûs paterno, la totalidad intelectual, que es inteligible e intelectiva, que entiende y al tener en sí eternamente los contenidos de su entendimiento está siempre conociendo 35 . Este Intelecto se mira a sí mismo, pero también posee capacidad activa junto con la contemplativa o de ensimismamiento. En tal sentido es intelecto agente.
4. El Intelecto agente tiene al mundo como objetivo de producción, pero lo que despliega es un cosmos viviente con un arquetipo cósmico inmutable (el «más allá unitariamente» o hápax epékeina ) que, morando en la fuente de la vida total (Hécate ), es puesto en movimiento por el «más allá dualmente» (dís epékeina ), que conoce y actúa externamente. Estos son los tres guías cósmicos supramundanos que a partir de sus principios subordinados estructurales y particulares, sin llegar a mezclar nunca lo hipercósmico con lo cósmico, ciñendo por debajo la región de las entidades supracósmicas, produce, sostiene y controla el universo 36 .
5. El universo, cuerpo del alma universal, con sus siete esferas abrazadas por la esfera de las fijas, atento al orden cosmológico introducido por la teología caldea y a la función de centro o corazón del organismo cósmico representado por el sol, abarca siete mundos. Uno de fuego (la esfera solar), tres de éter (las esferas de Saturno, Júpiter y Marte) y tres materiales (las esferas de Venus, Mercurio y la Luna, con la Tierra inmóvil en el centro) 37 . La Tierra es de este modo centro geométrico, omphalós del sistema, y el sol centro orgánico o vital, su corazón 38 .
En esta instancia es fundamental Hécate, el Alma del Universo, figura eje del sistema teológico y ritual caldaico, por ser intermediaria entre lo soberanamente trascendente y el cosmos, por lo que ocupa la región hipercósmica, que está inmediatamente sobre el mundo. Hécate, como madre virginal, es fecunda, es fuente de vitalidad, pero carece de órganos generativos. Su «cabeza» es el «más allá unitariamente» donde tiene cabida toda la realidad arquetípica o las ideas que le llegan desde el Intelecto paterno como pensamiento en sí mismo; sus «manos» son el «más allá dualmente», que ejerce la actividad demiúrgica, los proyectos de la Inteligencia paterna, pero como intelecto agente, y una vez que la diosa les da movimiento o vida. Coherentemente desde Hécate, como seno de vida, proviene toda existencia hipercósmica y cósmica.
III. DERIVACIÓN Y COMPOSICIÓN DE LO MÚLTIPLE
1. Sustancia y arquetipo
Si la cúspide y sostén desde la que penden las diversas realidades es el Padre-Fuego, como Realidad única o, dicho de otro modo, si la naturaleza intrínseca del Padre se define por la simplicidad, la de cualquier otro ser que sea diferente de él, se caracterizará por ser lo que se opone a lo simple, es decir, lo compuesto. Todo lo que no sea la divinidad altísima y alejada, escondida en sí misma, deberá su entidad a una composición de elementos. Y esos elementos provenientes de la divinidad son lo divino mismo junto con otro algo que lo acoge y al mismo tiempo lo debilita. Lo que recibe es sutrato o materia. Lo que determina es asimismo el principio originante. La materia en los Oráculos proviene del Padre en los diversos estamentos en los que aparece cumpliendo siempre la función de sustrato 39 . Se aproxima, en este sentido, a la concepción dominante en la corriente platónico-pitagorizante y preneoplatónica que desemboca en Plotino 40 , pero al mismo tiempo en su ideología más profunda que entiende a los seres como efectos del poder divino envuelto por el hálito vital, los caldeos interpretan a la materia en una línea de pensamiento afín a los gnósticos y las religiones semitas, como una sustancia pneumática. Como un soplo dócil o reacio a los designios del Dios que lo articula 41 . La doctrina estoica según se fue forjando en Posidonio de Apamea tampoco es diametralmente opuesta a este modo de pensamiento. Esta materia generada por Dios es plasmada también por él, acción que se realiza de acuerdo con su pensamiento y voluntad. El pensamiento otorga los límites paradigmáticos de lo que cada ente es, y el designio permite el surgimiento primeramente de la sustancia indeterminada y, después, su definición específica. La dualidad de materia y forma, como sustancia y arquetipo, modelo de la construcción artesanal, es de este modo la marca que ostenta constitutivamente todo ser nacido del Padre. Pero esta constitución doble por sus componentes, es al mismo tiempo triple por su interno equilibrio que la mantiene en un plano de ser determinado.
2. Las tríadas caldaicas
Como reza el Oráculo 27: «Pues en todo mundo resplandece una tríada, a la que gobierna una mónada». Dualidad de elementos en la composición unitaria y trinidad de funciones en la unidad subsistente.
El Silencio, Potencia, Abismo o Seno del Padre primero, reside en él como su autoconcepción. Es doble por ser compuesto, pero asimismo triple, para poder mantenerse junto a él. Padre en cuanto ser generante o contenido de la autoconcepción; conocimiento en cuanto intelingencia que, vuelta sobre sí, es impresionada por el ser; potencia, en tanto que autoconcepción o impresión del ser sobre la inteligencia. Potencia es así no sólo causa interior en la tríada del mantenimiento en el ser y la inteligencia sino también fuente de toda posibilidad emanativa. Lógicamente la interpretación de los aspectos triádicos exige que cada uno de ellos sea a su vez triple 42 . Es en éste el punto en que la comunicación caldaica, despejada de rasgos antropomórficos, se separa de la tríada gnóstica y es apta para influir posteriormente en el neoplatonismo, pero es también aquí en donde se confirman sus presupuestos emanativos religiosos, desentendiéndose de la preocupación filosófica de los grandes géneros del ser, tan importantes para Plotino en relación con la tríada trascendental 43 .
El Intelecto paterno, determinación total de la actividad congnoscitiva paterna, conoce conociéndose, es siendo y vive viviéndose. No es ya autoconcepción, sino autogeneración. Vive en sí mismo, no en la profundidad paterna. Es Intelecto diferente del Padre y distinto en su contenido, pero a causa de su perfección y totalidad, sus contenidos no oponen internamente entre sí límites infranqueables. Hay, pues, en el Intelecto circulación transparietal, pero también designio creativo. La tríada de contenido, giro sobre sí y actividad lograda como constitutivos funcionales, reflejos del Silencio, también está aquí, pero desplegada la multiplicidad como todo será la trinidad la que mantiene el orden total (synocheîs = potencia, generadora), que succiona hacia el Padre (íyngas = ser) y los jefes de iniciación (teletarcas = inteligencia) que, vueltos hacia las ideas, sostienen a los agentes creadores, y ella se hará visible verticalmente todavía más desconcentrada 44 .
El Intelecto paterno vuelto hacia el cosmos, en trance de producir, revelará claramente su rostro externo como la tríada de los «guías cósmicos»: el «Más allá unitariamente», firme en su trinidad intelectiva, como reflejo de los contenidos del Intelecto paterno que está detenido en su contemplación; Hécate, en cuyo seno materno se concibe el fuego del hápax epékeina, y el «más allá dualmente», que ejecuta lo que el primero contempla, generando desde el seno de Hécate. A partir de estas tres, «fuentes», siempre en organización trial, provienen los restantes principios supramundanos, separados por el Límite o cinturón que cancela el dominio de lo hipercósmico 45 .
El universo también está dividido en una jerarquía vertical de tres mundos y sobre todo está organizado trinitariamente, de manera que el poder que los mantiene unidos (synocheîs ) impide su desintegración y los teletarcas, mediante el poder de las íyngas, conducen a las almas hacia el trasmundo, hacia el seno de Hécate o Alma universal. Lo que puede lograrse gracias a que la constitución activa del alma particular es igualmente triádico (fe, verdad, amor) y de este modo equilibradas unitariamente sus funciones son, viven y conocen como originariamente en el seno de Hécate 46 .
3. Emanación
El Padre único desprende desde sí y encierra en sí su propio seno. En sus entrañas cognoscitivas profundas, sólo experiencia indistinta y poderosa de la Unidad del Fuego solitario, se cumplen los secretos de la autoconcepción en los que la apetencia del sustrato material, o díada que se siente indefinidamente apta para albergar el Fuego divino, se entumece al acogerlo sin límites y se ofrece atesorando una simiente que es Potencia estricta, Posibilidad del Todo. Este fenómeno de la autoconcepción que vincula estrechamente la noción de la mónada como potencia de los números entre los neopitagóricos y la representación del Dios encinto de los gnósticos, del Padre oculto que se encubre unitrino en su misma interioridad fecunda, es muy importante para explicar el arranque de la aparición del Fuego puro desde sí, ya que coloca la posibilidad de la emisión en el mismo Uno, pero sin alterar su mismidad. A Dios le acompaña su autoconcepción y ésta es la instancia propiamente fértil de lo divino, su naturaleza andrógina. Dios antes de querer generar ha de poseer capacidad generativa, pero ésta no forma parte de su naturaleza, que es propiamente infranqueable, anterior y libre de cualquier efecto. Este estadio es propiamente divino y sin contaminaciones de lo que no sea Dios, pero no Dios, que siempre está enclaustrado en sí mismo, sino su autoconcepción, una mónada dual, que como Potencia universal es funcionalmente tres: quien concibe-lo concebido-lo que permite concebir: Padre-Potencia-Conocimiento. O sea, la pura fecundidad que cuando el Padre quiere, produce un fruto autogenerado, una autogeneración (autogénethlos ), el Intelecto paterno, el Noûs total, la capacidad infinita de conocer que al conocerse deja de ser capacidad infinita para transformarse en Intelecto en acto, del que, por supuesto, nada escapa, salvo aquello que promueve una facultad infinita de conocer y esta misma facultad infinita de conocer. La autogeneración es ya la mente deseada del Padre con todos los paradigmas, única manera de ser intelecto paterno, pero habiendo heredado su fecundidad, por eso conoce y aspira a fabricar. Debe advertirse que hasta ahora los Oráculos se mantienen en los más puros planos de la emanación divina, escalones que gradualmente descienden, pero de naturaleza incorruptible, lo que quiere decir que el sustrato receptor cambia de índole, pero que no está sujeto a corrupción.
El Noûs paterno fundamentalmente conoce, pero está también volcado como artesano hacia la fabricación, aunque no plasma directamente, sino por medio del instrumento del Alma, fuente de vida del cuerpo animado del universo. El Alma es reflejo del Intelecto agente, luego su mente, su voluntad creadora como principio de cambio y sus extremidades ejecutoras. Y desde el Alma-Hécate, alejada, sobre el cielo, el universo de las esferas estelar y planetarias se reflejará como su orden somático inquebrantable y su potencia de vida y ordenación debilitada animará opacamente la esfera sublunar y los vástagos de la naturaleza se someterán con dificultad al orden cósmico. Las almas de los seres particulares los iluminarán con trabajo y se ofrecerá muy difícil el retorno. Pero la textura dinámica íntima de la realidad y los recursos legítimos que la pueden activar, la teúrgia, nos devolverán una fisonomía más optimista de los hechos 47 .
IV. POTENCIA Y TEÚRGIA
Porque lo cierto es que toda realidad revela una doble instancia: la estructura que es y la que la hace ser. La primera es como una coagulación estática de la segunda, la cristaliza y comprime, mientras que la causal permanece libre. Esta manera de imaginar las relaciones verticales de los planos de la realidad tiene que ver con una comprensión de los entes sonora más que visual. En una concepción metafísica de sesgo óptico, las realidades inferiores se representan como imágenes visuales de las superiores 48 , pero en una de carácter auditivo, como reflejos sonoros de lo inexpresado. Ahora la entidad se entiende dinámicamente, o sea, sostenida en el ser por un poder impronunciable e inabarcable en tanto que no puede ser articulado, mientras que en la corriente intelectual se trata preferiblemente de una realidad invisible, incognoscible y por ello también incaptable. En los Oráculos la realidad existe como nombrada, porque hay una potencia innominable que se torna nombre y que se encubre de este modo en cada ser. Aquí reside la dialéctica de la palabra y el silencio que la produce y la conserva en la existencia con tal o cual índole determinada. Coherentemente, no es necesario, pues, tanto el esfuerzo intelectual cuanto la profundización práctica, para transferirse de lo manifiesto a lo invisible que lo sostiene. Desde la fórmula verbal litúrgicamente repetida es posible concretar o ascender hacia su fuente productora y de este modo, por los ritos iniciáticos, dominar las limitaciones del alma caída. El filósofo, sin embargo, insiste en que sólo profundizando el conocimiento intelectual es posible el reencuentro.
A fines del siglo VI Olimpiodoro transmite la distinción ya consagrada por el uso:
Porque algunos como Porfirio, Plotino y muchos otros filósofos colocan en primer lugar la filosofía, otros, sin embargo, como Jámblico, Siriano, Proclo y todos los hieráticos, ponen en primer lugar el arte hierático 49 .
Los teúrgos son «quienes llevan a cabo las cosas divinas» 50 , o sea, quienes realizan actividades con elementos que son de origen divino o pertenecen a Dios por estarle consagrados 51 . La teúrgia comprende, por consiguiente, objetos, fórmulas y acciones, dirigidas por personas, y cumplidas ante un círculo de iniciados, pero provenientes de los dioses 52 . El teúrgo no obliga a los dioses. La coacción mágica se circunscribe al nivel de la naturaleza, en cuyo ámbito, por acciones y reacciones de correspondencia el mago opera sobre las energías invisibles o fuerzas ocultas, las atrae y las rechaza 53 . El mago utiliza una técnica elaborada con la que, por medio de fórmulas (voces mysticae ), artilugios (amuletos y talismanes) y prácticas determinadas (praxis ), pretende predecir o influir sobre lo oculto. Él es señor de su oficio y de este modo pone a su servicio cuanto pueda acrecentar su poder personal y profesional 54 . El teúrgo, empero, no es un mago. Opera con los elementos sagrados que le han sido trasmitidos por sucesión sabiendo que, debidamente manejados, los vehículos externos se repliegan y dejan que el núcleo interior, invisible y silencioso que encierran, puesto que son el motivo de la subsistencia de lo material, se libere y revele expansivamente en el iniciado. Por eso el teúrgo es doblemente ministro de lo divino, tanto porque, frente al teólogo, más que hablar de lo divino ejecuta acciones sagradas, cuanto porque es el que permite que durante el rito se ponga en acción o haga manifiesto lo divino, oculto para el iniciado antes del cumplimiento de las diferentes prácticas litúrgicas. Jámblico lo ratifica esclarecedoramente 55 .
Estas declaraciones nos permiten distinguir la teúrgia de la magia, de acuerdo con lo ya visto, pero también de la filosofía que remata en contacto místico como en el caso de Plotino o el extremo combinado de Porfirio 56 . También son de naturaleza distinta los sacramentos cristianos, a diferencia de los gnósticos que se aproximan más al sentido metafísico de la teúrgia 57 .
V. LOS ORÁCULOS EN LA HISTORIA
Los Oráculos Caldeos son anteriores a Numenio de Apamea, sobre quien han influido 58 y presuponen una concepción de la realidad que puede catalogarse, dejando de lado lo que les es peculiar, con las preneoplatónicas 59 . Su origen histórico debe proceder de Siria, tierra de magos (= caldeos) 60 . Su devoción por el Fuego (impregnada de especulaciones filosóficas), la importancia de los elementos astrales en la configuración de lo real, algunos de sus ritos y, especialmente, sus convicciones teúrgicas hablan de su origen oriental. Y si notable es la presencia de la filosofía preneoplatónica en los Oráculos, no menos lo es el importante influjo del gnosticismo sobre ellos, que, como ha quedado dicho, debe haber sido decisivo en el transcurso de tiempo que media entre los dos Julianos.
A. Gnosticismo y «Oráculos Caldeos »
El pensamiento especulativo de los gnósticos ha influido sobre la doctrina de los Oráculos Caldeos en sus reflexiones más eminentes, en aquellas que tienen que ver con la instancia más familiar, con la naturaleza estrictamente no revelada de Dios, y desde la que se dasata propiamente la procesión de los seres. En dos sentidos ha influido el gnosticismo en este plano: 1) introduciendo un eslabón entitativo entre el Fuego único y el Intelecto paterno: el seno, silencio, o potencia paterna, lo inteligible o mónada dual 61 ; 2) imaginando una conformación trial o triplemente funcional del Silencio del Padre, que posteriormente se proyecta en los diferentes planos jerárquicos: Intelecto, Alma universal y seres particulares 62 . Estas afirmaciones se basan en los siguientes argumentos. a) La tesis de un Pensamiento interior, colocado entre el Padre incognoscible y el Intelecto proferido ha llamado la atención y exigido el rechazo de Plotino en su famosa polémica antignóstica 63 ; también es sostenida abiertamente en los círculos gnósticos, como el Cristo en el seno paterno, comienzo y fin de la aventura del pneuma caído y se especula abiertamente sobre ella y representando incluso una preocupación de la teología patrística en sus primeras etapas 64 . Se trata, por consiguiente, de un tema específicamente gnóstico, surgido en torno a inquietudes teológicas al mismo tiempo judías y cristianas, que remontan al período intertestamentario y que ha debido pasar, por consiguiente, desde las sistematizaciones gnósticas a los caldeos. b) La constitución trial de la Potencia paterna andrógina, tridýnamis, que se explaya igualmente en el Pleroma manifestado como ser-vida-inteligencia en sentido horizontal y vertical o de ascenso y descenso, se presenta en diferentes documentos gnósticos, y particularmente en varios de los Apocalipsis conocidos por Plotino 65 . La tríada ser-vida-conocimiento bajo sus posibilidades de combinación se ofrece en las Enéadas siempre con sentido causativo o como realidad contemplativa autosubsistente. Tanto Plotino como los Oráculos Caldeos delatan una influencia gnóstica de anterior origen cristiano, que se apoya en una exegesis gnóstica de la naturaleza del Cristo (o Salvador) preexistente, garantía de estabilidad eterna por su constitución trial, que reúne los temas teológicos del Evangelio de Juan (1, 18 y 14, 6). Pruebas de lo afirmado se encuentran en el Evangelio de la Verdad (CNH I, 3) y los valentinianos 66 , y colaterales en las Odas de Salomón 67 y Orígenes 68 .
B. Preneoplatonismo y «Oráculos Caldeos »
Al preneoplatonismo o platonismo-pitagorizante anterior a Plotino deben los Oráculos el haber revestido su concepción del Fuego único y Padre con la doctrina sobre el Bien-Uno trascendente 69 , la derivación previa a la composición del ser del sustrato material como díada a partir del Padre, la determinación y equivalencia de la Potencia paterna y fuente de todo con la mónada como origen de la serie de los números naturales y su carácter dual 70 y la permanencia o estabilidad hipostática de cada instancia de la procesión mantenida en su equilibrio estático por el eros ascendente 71 .
C. El legado de los «Oráculos »
Los Oráculos Caldeos, sabia combinación de fórmulas y praxis litúrgica, han dejado una rica herencia a la posteridad y especialmente a los filósofos neoplatónicos ulteriores a Plotino, de los que llegaron a ser su Biblia 72 . Lo dicho es válido en la medida en que el neoplatonismo aspiraba a recuperar la vieja tradición práctica de los misterios. Su presencia doctrinal se revela de este modo tanto en Porfirio, Jámblico y Proclo, como en escritores cristianos: Mario Victorino, San Agustín, Arnobio, Sinesio y M. Pselo 73 .
VI. EDICIONES Y DIFERENTES POSTURAS ANTE LOS « ORÁCULOS»
Después de M. Pselo, Nicéforo Grégoras (s. XIV ) citará los Oráculos Caldeos con amplitud en su comentario al De insomniis de Sinesio, pero la primera colección de los Oráculos que se posee pertenece al siglo XIV o XV y corresponde a Jorge Gemistio Pletón (1360-1452), la que compuso bajo el título de Oráculos mágicos de los magos discípulos de Zoroastro 74 . Se carece de una edición científica de esta obra de Pletón, pero está recogida en Migne, P. G., 122, 1115a-l 122b y traducida en lengua inglesa 75 .
Francisco Patrizi y Juan Opsopoeus serán en el siglo XVI los primeros autores responsables de ediciciones impresas de los Oráculos Caldeos 76 . El último de ellos será reimpreso por Ser. Gallaeus a fines del siglo siguiente 77 .
La edición crítica príncipe es la de W. Kroll 78 . Disertación doctoral que, a continuación de F. Patrizi y teniendo en cuenta a Thilo 79 , ordena de acuerdo con su medio literario, estudia filológicamente y comenta la mayor parte de los fragmentos de los Oráculos conocidos hasta hoy (cap. II). Examina asimismo sucinta, pero doctamente, los testimonios extensos que se han conservado de Proclo 80 y de M. Pselo 81 . Señala textualmente la dependencia del Comentario de Pselo de la obra de Proclo y de Porfirio rescatando la historia de la trasmisión a partir de él en las escuelas neoplatónicas siria y ateniense (cap. I). En el capítulo final, apoyado por un artículo publicado un año después en Rheinisches Museum, ofrece sus hipótesis sobre el origen y época de estos Oráculos.
Construcción misteriosófica característica de un período en el que el sincretismo se hacía presente en la religión y en la filosofía, los Oráculos Caldeos son una combinación de elementos platónicos, pitagóricos y estoicos marcados por los signos de las creencias generales más recientes, como la distinción entre un Dios supremo y otro demiurgo (Filón, Numenio, C. H. y gnósticos). Pero el autor de los Oráculos no es un filósofo, sino alguien que cultiva la religión de los misterios y de ellos procede el culto del fuego y de la diosa Hécate. El Fuego del que aquí se trata no es el de los estoicos, se trata mejor del Fuego del culto oriental del sol y de aquél tenido en cuenta por la religión persa, y la diosa Hécate de los Oráculos Caldeos, alma y soberana del mundo y asimismo madre fecunda, es la misma que aparece en el siglo II y que está presente en La filosofía extraída de los «Oráculos » de Porfirio, en el Himno Órfico a Hécate, en los Papiros mágicos, etc. 82 . Además, construidos estos versos en el s. II , por esa misma época se encuentran los sistemas gnósticos, que les son tan parecidos que bien puede considerarse a los Oráculos como una «gnosis pagana». Las equivalencias son las siguientes: una doble vía hacia la salvación, el conocimiento y los ritos; la salvación está destinada a unos pocos elegidos; la tradición verdadera está contenida en escritos que sólo poseen estos grupos; Dios ocupa un plano supremo al que sólo llegan los iniciados; finalmente, la combinación de estas enseñanzas con la filosofía se ofrece como otra constante. Sin embargo, no es correcto sostener que los Oráculos provengan de la gnosis cristiana, porque nada de cristiano hay en estos versos y lo que puede distinguirse de origen judío, no toca al núcleo de su doctrina. Ambas gnosis tampoco difieren abismalmente del C. H. El deseo de salvación se manifiesta con energía en los tiempos de Marco Aurelio y bajo él han vivido los teúrgos (padre e hijo), ambos caldeos, de donde puede deducirse la denominación «Oráculos de los caldeos ». Han de ser, por tanto, de fines del siglo II o comienzos del III .
Hay un autor que apenas ha hecho en su obra mención a los Oráculos Caldeos, Franz Cumont, pero cuyas investigaciones y tesis seguras sobre la astrolatría y astrología oriental han dejado una huella profunda sobre Hans Lewy, a quien se debe el estudio más extenso y erudito que hasta hoy se haya escrito sobre los Oráculos Caldeos, su contenido y su contexto filosófico-religioso. Lamentablemente Lewy falleció en 1945 y su libro apareció póstumamente en 1956. Michel Tardieu en una segunda edición corregida del año 1978, le ha agregado más de doscientas páginas de Complementos con nuevos fragmentos, cuadro de erratas, agregados del manuscrito alemán, incluida la versión alemana de casi todos los fragmentos, índice de fuentes, índice de términos griegos, latinos y hebreos, índice de temas y nombres, índice de autores modernos, una concordancia de los fragmentos recogidos en los trabajos de Kroll, Theiler, Lewy, Hadot y Des Places y dos artículos de E. R. Dodds y P. Hadot a los que posteriormente nos referiremos.
La demora en la aparición del libro de Lewy impidió que A. J. Festugière lo pudiera utilizar en sus estudios sobre La Révélation d’Hermès Trismégiste, donde hay una tendencia excesiva a hacer depender los Oráculos de Numenio de Apamea, con la pérdida de muchos matices en la interpretación.
Fue E. R. Dodds quien en 1961 hizo conocer ampliamente el libro de Lewy con su recensión en The Harvard Theological Review, reeditada en la edición del libro de Lewy por M. Tardieu. Ya antes les había dedicado un extenso artículo, y su edición y comentario de la versión inglesa de los Elementa de Proclo los utilizaba con frecuencia. Algunos prejuicios del erudito inglés en relación con la psicología de Freud, puestos de manifiesto en su difundido volumen Los griegos y lo irracional y asimismo en Pagan and Christian in an Age of Anxiety, debilitan sus interpretaciones sobre el comportamiento teúrgico, como últimamente ha sido reconocido, aunque difícilmente las sabias exposiciones del helenista inglés se resientan a fondo por el motivo invocado.
Habrá de ser Friedrich W. Cremer (1969), quien por primera vez convalide sin suspicacias el sentido y valor de la teúrgia para estos escritos y autores.
La edición que ha seguido a la de Kroll, muchos años después, pertenece a la década del 70, es la de Edouard des Places, S. J., ceñida a las normas clásicas de edición de la colección de las Universidades de Francia, a su exposición y ciencia debe mucho nuestra traducción. Hemos seguido el orden de los fragmentos de esta edición, para una referencia segura del lector al texto griego, aunque hubiéramos cambiado la ordenación de algunos de sus fragmentos debido a su significación (por ejemplo, el fr. 1 debería ser el 4, el fr. 6 ir posteriormente, y así en otros casos).
Varios fragmentos admitidos como auténticos por el estudioso francés los hemos pasado a «dudosos» y los escasos cambios introducidos en su edición de los fragmentos van señalados más abajo. Varias de estas reformas nos han sido inspiradas por M. Tardieu en los mencionados Compléments al libro de Hans Lewy y por el artículo «Oracles Chaldaïques» (1980), en el que ha ampliado los paralelos sucintamente ofrecidos por Kroll, entre Oráculos Caldeos y Gnosis cristiana, más específicamente todavía, entre los Oráculos y los gnósticos valentinianos, que según nuestro autor obedecerían a una orquestación física obra de los astrólogos que habrían invadido con sus enseñanzas a todos los pensadores cultos de la época (cf. igualmente Écrits Gnostiques, 1984, aunque S. Pètrement, Le Dieu séparé. Les origines du gnosticisme, París, 1984, p. 631, va más lejos).
P. Hadot aporta una buena síntesis de los problemas actuales que se mantienen en pie en el artículo «Bilan et perspectives» que M. Tardieu ha publicado en el aludido libro de Lewy. La nueva edición de la Teología platónica de Proclo, en curso de publicación a cargo de H. D. Saffrey y L. G. Westerink, viene facilitando en sus anotaciones valiosos elementos sobre este tema y recientemente H. D. Saffrey en un notable artículo aparecido en la Revue des Études Augustiniennes (1981), ha aportado nuevos elementos críticos sobre la identidad histórica de los Julianos y posibles restos de nuevos fragmentos 83 .
Quedaría sólo por hacer una referencia a la tesis inédita de R. D. Majercik (1982), cuyo texto crítico sigue la edición de Des Places, al que agrega la versión inglesa, y un copioso comentario en el que se usan a fondo los manuscritos gnósticos de Nag-Hammadi. Este estudio ofrece dos grandes aciertos dignos de ser advertidos, acompaña a los fragmentos del contexto literario en el que aparecen, tarea que en forma exahustiva estaba por hacerse y, además, subraya la originalidad de la conducta y significado de la teúrgia, rechazando su confusión con la magia, pero sobre todo, con las experiencias de tipo espiritista, extravío difundido por E. R. Dodds y posteriormente seguido casi por la totalidad de los autores.
VII. NUESTRA VERSIÓN
En lengua española es ésta la primera versión completa que se lleva a cabo de los Oráculos y sus testimonios anejos (faltan también las traducciones similares en alemán e italiano y la más reciente al inglés permanece inédita. Ver ahora R. Majercik (ed.), The Chaldean Oracles. Text, translation and commentary, Leiden, 1989). Pero no sólo se carecía de una versión castellana, sino que incluso el manejo de los Oráculos Caldeos, entre los estudiosos de la Antigüedad ha sido escaso. Son una excepción en las últimas décadas los trabajos de A. Orbe quien en repetidas ocasiones ha señalado analogías entre el pensamiento gnóstico y el de los Oráculos. Es oportuno señalar ab limine dos hallazgos que le corresponden: a) el descubrimiento de la potencia o seno paterno de los Oráculos como equivalente al Pensamiento en el seno divino de las emisiones gnósticas 84 y b) igualmente en confrontación con el gnosticismo, el esclarecimiento de las procesiones divinas más eminentes y la distinción, por lo tanto, entre la potencia del Padre, que sólo mira hacia él, y el segundo Intelecto o Intelecto propiamente dicho que, sin distanciarse del Padre, ya se orienta hacia el cosmos 85 . Oportunas, además, la vinculación establecida entre el alimento de Dios del Verbo en Clemente de Alejandría con el fr. 16 86 , la traducción y comentario del fr. 37 87 y las ampliaciones con notables paralelos en sentido astrológico del fr. 153 88 .
El P. Eleuterio Elorduy se nos ha anticipado también con la traducción al español de algunos fragmentos de los Oráculos (frs. 1, 34, 37, 49, 130 y 153) y sobre todo les ha dedicado algunas luminosas páginas para proporcionarles un lugar preciso entre las creencias griegas y su reacción frente al progreso del cristianismo 89 .
Por fin, más recientemente, Jesús Igal ha demostrado que el Oráculo de Amelio Gentiliano en la Vida de Plotino de Porfirio, no obedece a influjo caldaico 90 .
Nuestra traducción ha seguido la edición griega de E. des Places, las modificaciones introducidas son las siguientes, justificadas en las notas que corresponden a los fragmentos:

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… Laguna.
[ ] Conjetura; laguna suplida.
() Aclaración agregada.
(…) Pasaje omitido.
* Remite a fragmentos dudosos.

1 W. K. C. GUTHRIE , The Greeks and their Gods=Les grecs et leur dieux [trad. S. M. GUILLEMIN ], París, 1956, págs. 207 y ss. y 222 y ss.; R. FLACELIÈRE , Devins et oracles grecs = Adivinos y oráculos griegos [trad. N. MÍGUEZ ], Buenos Aires, 1965, págs. 31-65 y J. FONTENROSE , The Delphic Oracle. Its Responses and Operations with a Catalogue of Responses, Berkeley, 1978.
2 Cf. Eneida, VI, y M. DOLÇ , «Supervivencia de un mito virgiliano: la Sibila», en HUGO F. BAUZA (comp.), Virgilio, Buenos Aires, 1982, págs. 25-37.
3 Cf. A. KURFESS , «Christian Sibyllines», en E. HENNECKE , Neutestamentliche Apokryphen = New Testament Apocrypha [trad. R. MC L. WILSON ] II, Londres, 1965, págs. 703-709 [trad. esp. de E. SUÁREZ DE LA TORRE en Apócrifos del Antiguo Testamento, III, Madrid, 1982, págs. 240-396].
4 Cf. A. DÍEZ MACHO , Apócrifos del Antiguo Testamento, I, Madrid, 1984, págs. 221-227 y 369 y ss.
5 Cf. G. WIDENGREN , Die Religionen Irans = Les Religions de L’Iran [trad. L. JOSPIN ], París, 1968, págs. 228 y ss. y D. FLUSSER , «Hystaspes and John of Patmos», en SHAUL SHAKED (ed.), Irano-Judaica (The BenZvi Institute for the Study of Jewish Communities in the East), Jerusalén, 1982, págs. 12-75.
6 En torno al año 100, cf. K. ZIEGLER , «Plutarchus von Chaironeia», RE, XXI, 1 (1951), cols. 636 y ss. y ver EUSEBIO , Praep. Evang. V 1, 2 y 16, 2-17, 13.
7 Cf. EUSÈBE DE CÉSARÉE , La Préparation Évangélique, II-III (S. Ch. 228), Int., texto griego, traducción y anotaciones por E. DES PLACES , París, 1976, III, 14, 4-15, 4 (págs. 249-257); núm. 262 de la misma colección: IV, 7, 1-9, 7 (págs. 121-133); 19, 8-20, 1 (págs. 206-207); 23, 1-8 (págs. 225-231); V, 5, 5-9, 9 (págs. 277-301); V, 12, 1-16, 1 (págs. 313-327). Ver asimismo G. WOLFF , De Philosophia ex Oraculis haurienda, Hildesheim, 1962 (= Berlín, 1856). Sobre la presencia de Oráculos Caldeos en el De Phil. ex Orac., ver por la tesis afirmativa, HANS LEWY , Chaldaean Oracles and Theurgy, nueva edición de M. TARDIEU , París, 1978, págs. 43, 51 y 58-61; por la negativa a la anterior, E. R. DODDS y DES PLACES , bien resumidas las posiciones por O. ZINK , en Prép. Evang. (núm. 262), págs. 22-24.
8 Según el inventario de la nota anterior.
9 Ver ya W. KROLL , De Oraculis Chaldaicis, Hildesheim, 1962 (= Breslau, 1894), pág. 71, n. 2; H. LEWY , Chaldaean…, págs. 3-4 y H. D. SAFFREY , en Rev. Et. August. 27 (1981), 211.
10 Escolio a Gregorio Nacianceno (pág. 172) y Sobre los géneros de discurso filosófico (pág. 170).
11 Cf. H. LEWY , Chaldaean…, pág. 4 y SAFFREY , art. cit. págs. 210-211.
12 La palabra «caldeo» (chaldaîos-chaldaeus), como señala el autor que más ha trabajado por su imposición, F. Cumont, designa a los habitantes de la baja Mesopotamia (cf. HERÓDOTO , III 155; SÓFOCLES , fr. 638; Gén. 11, 27-28; Testamento de Neftalí 1, 10) y posteriormente a los miembros del sacerdocio babilonio. De este modo durante el período de los Aqueménidas, según Quinto Curcio (V 1, 22), en las procesiones oficiales de Babilonia, los magos (los sacerdotes persas) venían primero, y después de ellos los caldeos (los sacerdotes locales). A éstos se refiere Aristóteles en el Test. 6 del Peri phil. (W. D. Ross, Aristotelis fragmenta selecta, Oxford, 1955, pág. 5), en Plutarco, De Iside et Osiride 370c, con la enmienda de Wyttenbach: «los caldeos sostienen que los planetas, a los que llaman dioses tutelares, dos son benéficos, dos maléficos y los otros tres medios», ver asimismo De animae proc. in Tim. 1028f. Las Historias caldaicas de Beroso tienen que ver también con este sentido, con ecos en APULEYO , De deo Socratis I, 117, noticias recogidas ya en Lucrecio, V, 727 y Vitruvio, De Archit IX, 2, 1 (ver J. BEAUJEU , Apulée, Opuscules philosophiques, París, 1973, págs. 20-21). El Caldeo de Plutarco, De E apud Delphos 386b, habla asimismo de los siete planetas, aunque aplica a ellos el orden griego. Con este fundamento por origen se utilizó igualmente el vocablo como un título honorífico para los griegos que habían estudiado en Babilonia y que se proclamaban discípulos de los babilonios, quienes en los templos-observatorios habían realizado estudios astronómicos que admiraron a los helenos e influyeron en ellos. Finalmente fue sinónimo de charlatanes que pretendían vaticinar el futuro por las estrellas (Cf. F. CUMONT , Astrology and Religion among the Greeks and Romans, Londres, 1912, págs. 16-17). Sexto Empírico, Adv. Math. V, recoge parcialmente esta interpretación, pero la acepción, producto de una larga aclimatación de «caldeos» como magos y astrólogos, es conservada por el Thesaurus Linguae Latinae y es la tenida en cuenta por Saffrey en el artículo mencionado (págs. 216-217). Hipólito de Roma en Elenchos IV, 1-27 y 28, respectivamente, los separa en la exposición, pero los aproxima por su sentido, ya que mientras que la astrología judicial predice los acontecimientos futuros, la natural predice los fenómenos naturales y así es afín con los ritos y operaciones mágicas (cf. The Ante-Nicene Fathers V, Michigan, 1981, pág. 35, n. 1). Porfirio, por su parte, distingue el aprendizaje de la geometría entre los egipcios, el de los números y razonamientos entre los fenicios, de las teorías sobre el cielo entre los caldeos, y de las ceremonias de los dioses y lo restante sobre las formas de vida entre los magos (Vita Pyth. 6, 27-29). En 1, 12; 4, 24; 6, 24; 10, 21, los caldeos son los más expertos en astronomía, pero en 12, 7 ss. une en Babilonia a caldeos con Zoroastro (= Zarata). Ver también Hipólito en Elenchos I, 2, basándose en Diodoro Eretriense y Aristoxeno (Cf. J. BIDEZ -J. CUMONT , Les mages hellénisés, I, París, 1973 (=1938), pág. 33 y n. 6) y la distinción del mismo autor en su testimonio sobre Demócrito (El. I, 11), que alude asimismo a caldeos y magos en Babilonia.
13 Ver Numenio, Intr., pág. 195, n. 13.
14 Cf. pág. 35, lo que se dice sobre Porfirio en San Agustín, Jámblico y Arnobio y P. COURCELLE , «Les sages de Porphyre et les viri novi d’Arnobe», en Revue des Études Latines 31 (1953), 257-271.
15 Cf. PSELO , Sobre los géneros de discurso filosófico (pág. 169): «los caldeos, turba humana singular (génos allókoton ) y politeísta». Ver igualmente las repetidas alusiones de Proclo a la «teosofía extranjera» o «bárbara» (A. J. FESTUGIÈRE , Commentaire sur le Timée, III, pág. 89; idem, Commentaire sur la République, III, pág. 214), a los «teólogos» (In Tim., III, pág. 117), a los «asirios» (In Tim., III, pág. 80, pero también, I, pág. 143) y a los teúrgos (In Tim., II, pág. 118; IV, págs. 60-61, 169 y 200). Todo esto es diferente de la expresión latina general para designar a los astrólogos: chaldaeus grex, JUVENAL , 10, 94. Cf. Oráculos 132, 133, 135, 146, 147, 148, 149, 153 y 176. Ver asimismo R. MAJERCIK , Chaldean Oracles: Text, Translation, Commentary, Santa Bárbara, 1982, pág. 7.
16 Ver más abajo, nn. 50 a 52.
17 Cf. BIDEZ -CUMONT , Les mages…, I, págs. 32-55 y WIDENGREN , Les Religions…, págs. 201-225.
18 Cf. BIDEZ -CUMONT , Les mages…, I, pág. 145. Magos y oráculos coinciden en Hierápolis, junto con el culto de Artemisa-Hécate.
19 Cf. H. LEWY , Chaldaean…, págs. 311-398, en donde, sin embargo, muchos materiales están confundidos. Ver más abajo «La doctrina de los oráculos caldeos» y «Derivación y composición de lo múltiple».
20 Ver pág. 129, n. 15 y H. D. SAFFREY , «Néoplatoniciens et Orac. Chald.», pág. 218.
21 Cf. The Greeks and the Irrational = Los griegos y lo irracional [trad. M.a ARAUJO ], Madrid, 1981 (=1960), Apéndice II, pág. 278 y ss. y Pagan and Christian, pág. 56 y ss.
22 Ver por el contrario R. MAJERCIK , Chaldean…, págs. 50-54.
23 Sobre la costumbre próximo-oriental véanse H. J. SCHOEPS , Das Juden-christentum = El judeocristianismo [trad. F. SALAZAR ], Alcoy, 1970, págs. 42-43; entre los magos, BIDEZ -CUMONT , Les mages…, pág. 176.
24 Obras en verso (los lógia chaldaiká ) y en prosa: telestiká, o sea, sobre la técnica de animación de las estatuas (cf. Numenio, fr. 53, n. 167 y MAJERCIK , Chaldean…, págs. 39 ss. y 48-49) y theourgiká (ver n. 50 más abajo).
25 Cf. Musici Scriptores Graeci, editados y compilados por C. VON JAN , Hildesheim, 1962 (= Leipzig, 1895 y sup. 1899), págs. 276, 8 ss., pasaje estudiado por S. GERSH , From Jamblichus to Eriugena (Studien zur Problemgeschichte der Antiken und Mittelalterlichen Philosophie, 8), Leiden, 1978, págs. 294-295.
26 «Cantos y gritos, aspiración y silbidos (mélē kaì ēchous kaì prospnéuseis kaì sigmoús tês phōnês )» (En. II, 9 (33), 14, 6-7), ver ya F. GARCÍA BAZÁN , en Oriente-Occidente, 2 (1981), 192, n. 27. Recogido ahora en Neoplatonismo…
27 Cf. Chaldean…, pág. 250, n. 83, y ver sobre Nicómaco, BIDEZ -CUMONT , Les Mages…, I, págs. 32-33 y II, pág. 283.
28 Cf. F. GARCÍA BAZÁN , Neoplatonismo y Vedânta. La doctrina de la materia en Plotino y Shánkara, Buenos Aires, 1982, págs. 115-116.
29 Cf. PSELO , Exposición (pág. 155).
30 Cf. PSELO , Comentario 1140d (pág. 146); ibídem, 1141d-1144a (pág. 148): «el Dios que está sobre todo, que también es llamado Padre, se hace incomprensible e inasible, no sólo a las naturalezas primeras y segundas y a nuestras almas, sino también a su propia potencia»; 1149a (pág. 153).
31 Igualmente ver PSELO , Comentario, 1144a (pág. 148) y Epístola XVII (pág. 174).
32 Cf PROCLO , Extractos caldaicos IV (pág. 118); PSELO , Exposición asiria (pág. 159); Boceto (pág. 161): «Uno inefable»; Escolio (pág. 172): «Uno… muy impronunciable»; M. ITÁLICO , Epístola XVII (pág. 174).
33 Exposición caldaica 1149c (pág. 155).
34 Cf. frs. 1, 17, 20b, 21.
35 Cf. frs. 19, 20.
36 Cf. frs. 5, 7, 37, 48, 49, 50, 53, 56, 169.
37 Cf. frs. 57, 164 y 168.
38 Cf. frs. 5, 33, conjugados con 51, 58, 59, 70 y 76.
39 Cf. frs. 5, 8, 34, 37, 88, 134, 163, 164; PSELO , Boceto (pág. 161). A lo ya dicho en Neoplatonismo y Vedânta… pág. 116, agregar P. W. VAN DER HORST -J. MANSFELD , An Alexandrian Platonist against dualism, Leiden, 1974, pág. 15, n. 44.
40 Cf. fr. 8 y nota 26.
41 Cf. F. GARCÍA BAZÁN , «Prolegómenos bíblicos y paganos de la doctrina de los trascendentales», en Revista Bíblica, 46. Nueva época, 13-14 (1984), 214 y ss., ahora en Neoplatonismo…, y nota siguiente. Según Teodoro de Asinia, «Dios está más allá del soplo», cf. PROCLO , In Parm. 50.26-52.27 (KLIBANSKY -LABOWSKY ).
42 Cf. frs. 28, 29, 31.
43 Ver las notas que siguen, S. GERSH , From Jamblichus…, págs. 143 y ss. y PLOTINO , En. VI, 2 (43), 7 y 8.
44 Cf. frs. 23 y 24.
45 Cf. frs. 48 y 50.
46 Cf. frs. 27 y 46.
47 Cf. frs. 4, 7, 10, 12, 18, 19, 20 bis, 21, 30, 32, 33, 34, 37, 39, 42, 44, pág. 12.
48 Es el caso de Plotino y de Shánkara, ver GARCÍA BAZÁN , Neoplatonismo y Vedânta…, págs. 64 y ss. y 158 y ss.
49 Cf. In Phaed. 123, 4 Norvin y ver P. HADOT , Porphyre et Victorinus, I, París, 1968, pág. 93.
50 Hoi tà theîa ergazómenoi, cf. H. LEWY , Chaldaean…, págs. 461-466; F. W. CREMER , Die Chaldäischen Orakel und Jamblich de mysteriis (Beiträge zur klassischen Philologie, 26), Meisenheim am Glan, 1969, págs. 19-23. Contrástese esta caracterización con la de Pablo de Tarso en I Cor. 9, 13: «ministros del culto» o «quienes cumplen el servicio del templo»: hoi tà hierá ergazómenoi. Cf. LSJ, s. v. ergázomai, II, 3 y el comentario de G. SHRENK , bajo el vocablo tà hierá, ThWzNT, 3, págs. 230-231. Juliano hijo parece explicar el vocablo «teúrgo», más que crear un neologismo.
51 Cf. H. KLEINKNECHT , s. v. theîos, ThWzNT, 3, págs. 122-123.
52 Cf. frs. 108, 109.
53 Sobre el límite natural de las artes mágicas, cf. PLOTINO , Enéada 11, 9 (33), 14.
54 Cf. GARCÍA BAZÁN , en Oriente-Occiente, 2 (1981), 191-193 y las sutiles distinciones de A. F. SEGAL , «Hellenistic Magic: Some questions of definition», en R. VAN DEN BROEK -M. J. VERMASEREN , Studies in Gnosticism and Hellenistic Religions , Leiden, 1981, págs. 351-366 y PSELO , Comentario (págs. 131-132).
55 Cf. De mysteriis II, 11 (DES PLACES , pág. 95-97) y fr. 110.
56 Cf. GARCÍA BAZÁN , «Gnosis y teúrgia», Nao. Revista de la Cultura del Mediterráneo VI-39 (1986), 3, 210-211.
57 Cf. ibídem, págs. 203-205.
58 Cf. NUMENIO , «Int.», págs. 193-195.
59 Así en relación con Plotino podemos destacar: emanación de las realidades superiores, origen divino del sustrato material, doctrina hipostática y, en relación con ella, una concepción del eros que estabiliza a los seres y les permite el ascenso y retorno del alma a su origen.
60 Cf. págs. 12-17. H. D. Saffrey ha explicado muy claramente el significado de la interpretación de PROCLO del pasaje del Parménides 147a 3-4 en la versión latina medieval In Parm. 46.21-60.14. Ha puesto asimismo particular hincapié en 58.25-30 y 58.30-60.9, tratando además, de rescatar dos nuevos Oráculos, ambos admitidos por R. Majercik. En el primer caso, fr. 9, sin embargo (cf. pág. 101), veríamos, mejor, un comentario próximo al fr. 37, al que sigue otro, fr. 9A, que recuerda igualmente al Or. 112. En el segundo caso se nos proporcionaría un comentario sobre lo Uno-Primero, denominado por estos teólogos Ad y sobre el Intelecto demiurgo o Dios, llamado también por ellos Adad (lo que podría traer a la memoria en esta exclusiva oportunidad al Or. 169 completo). Este Ad-Ad (= Adad) es Hadad, el Dios único, sumo o por excelencia, del culto sirio y primer miembro de la tríada de Heliópolis Hadad-Atargatis-Simios (= Júpiter, Venus, Mercurio). Esta tríada divina está asimismo debajo de las tríadas propiamente caldaicas técnicamente influidas por el gnosticismo. Como el P. Saffrey admite, hay datos que abogan por el origen sirio de estos intérpretes. Ver Ibídem, pág. 224, asimismo el correcto comentario de MACROBIO , Saturnalia I, 23, 17 y F. CUMONT , Oriental religions in Roman paganism, Nueva York, 1956 (= 1911), págs. 104, 111, 123 y 133.
61 Cf. frs. 8 y 12.
62 Cf. frs. 23, 28 y 29.
63 Cf. Enéada II, 9 (33), 1 y 6.
64 Cf. pág. 19, 1, y GARCÍA BAZÁN , en Revista Bíblica 43 (1981), pág. 237, n. 9.
65 Cf. fr. 4.
66 Cf. Evangelium Veritatis 36, 33-41, 3 y nuestros comentarios en Revista Bíblica 46 (1984), págs. 214-217 y Extracto de Theodoto 61, 1.
67 Oda 3, 3, 5, 7 a 10; Odas 11 y 18 y GARCÍA BAZÁN , ibídem, págs. 231-232.
68 Cf. Contra Celso II, 9; II, 25 y VII, 16.
69 Cf. fr. 1, n. 7 y frs. 10 y 11.
70 En este punto coinciden asimismo con la androginia gnóstica, cf. frs. 4, n. 15 y 8, n. 26.
71 Cf. fr. 39 y nota 94.
72 Sobre la función de inspiración y factor de unidad de los Oráculos Caldeos entre los neoplatónicos, cf. REX E. WITT , «Iamblichus as a forerunner of Julian», en De Jamblique à Proclus, (Entretiens sur l’Antiquité Classique XII), Ginebra, 1975, págs. 35-67.
73 Cf. F. GARCÍA BAZÁN , «El legado de los Oráculos Caldeos. Sobre la tríada “fe, verdad y amor”», Oráculos 46 y 48, Homoousios I (1986), 2.
74 Cf. BIDEZ -CUMONT , Les Mages…, I, págs. 158-163.
75 Cf. A. V. W. JACKSON , Zoroaster the Prophet of ancient Iran, Nueva York, 1928, (=1898), págs. 259-273.
76 Cf. Nova de universis philosophia… quibus postremo sunt adjecla: Zoroastris oracula CCCXX, ex Platonicis collecta, Ferrara, 1591; reimpresión, Venecia, 1593, y Oracula magica Zoroastris, editado por primera vez con escolios de Pletón y Pselo, París, 1599.
77 Sibyllina oracula…, Amsterdam, 1689.
78 Ver n. 9.
79 De caelo empyreo, Halle, 1839-40.
80 Pág. 4.
81 Exposición caldaica, Boceto (editado en páginas 73-76) y Epístola XVII, obra, en realidad, de M. Itálico (ver págs. 174-178).
82 Cf. KROLL , De Oraculis…, págs. 66-72.
83 Cf. pág. 16 y n. 60 de esta «Introducción».
84 Cf. fr. 3, n. 14.
85 Cf. Estudios Valentinianos, IV, Roma, 1966, págs. 139-142. Ver ya la noción como Lógos en Est. Val., II, Roma, 1955, pág. 111 y n. 27b y ratificaciones en Cristología gnóstica, passim.
86 Ver n. 34 al Oráculo y ORBE , Est. Val. I-1, Roma, 1958, pág. 347, n. 23.
87 Cf. Est. Val. I-2, Roma, 1958, págs. 596-598. Ver asimismo Cristología gnóstica, I, pág. 465, n. 106.
88 Cf. Cristología gnóstica, I, págs. 191 y ss. y asimismo II, págs. 475-476.
89 Cf. E. ELORDUY , El pecado original (B. A. C.), Madrid, 1977, págs. XXXIX-LIX.
90 Cf. J. IGAL , «El enigma del oráculo de Apolo sobre Plotino», Emerita 52 (1984), págs. 83-115 y poco antes, en sentido contrapuesto, RICHARD GOULET , «L’oracle d’Apollon dans la Vie de Plotin », en LUC BRISSON y otros, Porphyre. La Vie de Plotin, París, 1982, págs. 371-412.
ORÁCULOS CALDEOS
1 Hay una realidad inteligible que debes comprender por la flor del intelecto 1 , pues si inclinas hacia ella tu intelecto y tratas de concebirla como un objeto determinado, no la comprenderás, ya que es como la potencia de una espada resplandeciente 2 que ilumina con cortes intelectivos 3 . No se debe, por lo tanto, concebir a este Inteligible con vehemencia, sino 4 por la llama alargada de un intelecto extendido 5 que todo lo mide, salvo a este Inteligible. Por ello, lo que se necesita no es concebirlo con obstinación, sino, apartando la mirada pura de tu alma, tender hacia lo Inteligible un intelecto vacío 6 , hasta que aprendas a conocer lo Inteligible, puesto que está fuera del Intelecto 7 .
2 Equipado de cuerpo entero con la fuerza de una luz muy viva 8 y armado en intelecto y alma con una espada de tres puntas 9 , arroja en tu inteligencia el signo 10 total de la tríada 11 y no frecuentes los canales de fuego dispersamente, sino con concentración 12 .
3 … el Padre se ha sustraído 13 , sin encerrar en su Potencia intelectiva el Fuego propio 14 .
4 Pues la Potencia está con Él, pero Intelecto procede de Él 15 .
5 … Pues lo Primero, Fuego trascendente 16 , no encierra su Potencia en la materia por sus operaciones, sino a causa del Intelecto. Porque el artesano del cosmos ígneo es un intelecto de Intelecto 17 .
6 Pues, como una membrana intelectiva ceñida por debajo 18 , (Hécate) separa a un fuego primero y a un fuego segundo que ansían mezclarse 19 .
7 Pues el Padre ha concluido todas las cosas 20 y las 21 ha entregado al Intelecto segundo 22 , al que vosotros llamáis primero, en la medida en que pertenecéis a la raza humana 23 .
8 24 … Junto a Él 25 reside la díada, puesto que ella tiene dos funciones 26 , retener los inteligibles en el Intelecto, pero introducir la sensación en los mundos 27 .
9*
10 … Todas las cosas en tanto que engendradas pertenecen a un Fuego único 28 .
11 La que comprende al Bien mismo, en donde se encuentra la mónada paterna 29 .
12 … Es una mónada extensa y engendra dos 30 .
13 Pues del principio paterno nada imperfecto corre rápidamente 31 .
14 El Padre no inspira temor, sino que infunde persuasión 32 .
15 Quienes no sabéis que cualquier dios es bueno ¡Ah, desgraciados, moderaos…! 33 .
16 … En el Silencio 34 de los padres 35 alimentado por Dios…
17 … Para quien comprende 36 es alimento lo inteligible 37 .
18 Quienes conocéis 38 , al concebirlo, el Abismo paterno supramundano 39 .
19 Todo intelecto concibe a este Dios… 40 .
20 Pues el Intelecto no es con independencia de lo inteligible, ni lo inteligible existe aparte del Intelecto 41 .
20 bis (El Padre es) un Inteligible, que tiene en sí mismo lo que concibe 42 .
21 … Pues es todas las cosas, pero inteligiblemente 43 .
22 Pues el Intelecto paterno dijo que todas las cosas fuesen divididas en tres, gobernándolas todas por el Intelecto del siempre [primerísimo Padre] 44 ; todavía no 45 había indicado su voluntad con un signo de cabeza, y ya 46 se encontraban divididas todas la cosas 47 .
23 Para que una tríada tenga en sí 48 todas las cosas midiéndolas 49 todas 50 .
24 (Dividiendo la continuidad) en principio, fin y medio, según el orden que corresponde a la necesidad 51 .
25 El Padre pensó esto y al punto ante él 52 un mortal estaba animado 53 .
26*
27 Pues en todo el mundo resplandece una tríada, a la que gobierna una mónada 54 .
28 Porque todas las cosas están sembradas en el seno de esta tríada 55 .
29 Porque a partir de esta tríada el Padre ha mezclado todo soplo vital 56 .
30 Fuente de las fuentes, matriz que contiene todas las cosas 57 .
31 Desde estos dos deriva el lazo de la tríada primera, la que no es primera, sino en donde 58 los inteligibles son medidos 59 .
32 [Esta] 60 es laboriosa 61 , dispensadora del fuego portador de vida y, llenando el seno fecundo 62 de Hécate…, extiende sobre los ensambladores 63 la fuerza vivificante 64 del fuego muy poderoso 65 .
33 … Artífice 66 , obrero del mundo ígneo 67 …
34 De allí 68 brota 69 la génesis de la materia multifacética 70 ; de allí el torbellino ígneo se arroja violentamente y debilita la flor del fuego 71 al lanzarse a las cavidades de los mundos; porque desde aquí todo comienza a tender hacia abajo rayos admirables 72 .
35 Desde él se arrojan rayos indoblegables 73 , senos capaces de contener el torbellino ígneo del resplandor brillantísimo 74 de Hécate nacida del Padre, y la flor del fuego ceñido por abajo, y el soplo poderoso más allá de los polos de fuego 75 .
36 El Intelecto paterno llevado por guías indestructibles 76 que resplandecen de modo indomable 77 por surcos 78 de fuego inflexible 79 .
37 El Intelecto paterno, una vez que concibió con designio vigoroso 80 a las ideas de todas las formas, se lanzó sibilante 81 , y todas estas 82 se arrojaron desde una misma fuente, porque desde el Padre venían no sólo el designio, sino también la perfección. Separadas, no obstante, por el fuego intelectivo, se dividieron en otras ideas intelectivas; porque el Soberano 83 ha hecho preexistir al mundo multiforme un modelo intelectivo incorruptible, y persiguiendo ordenadamente 84 su huella, se mostró con su forma, grabado 85 por ideas de todo tipo. La fuente de ellas es única y de ella se lanzan silbando otras ideas, repartidas, inabordables, fragmentándose sobre los cuerpos cósmicos, las que semejantes a un enjambre, se mueven alrededor de un seno imponente, reflejando 86 por doquier pensamientos intelectivos que cosechan 87 en modo abundante en la fuente paterna, flor de fuego, en el más alto punto del tiempo que no reposa. La fuente primera paterna perfecta en sí misma 88 ha hecho brotar estas ideas primordiales 89 .
38 Estos son pensamientos paternos, tras los cuales mi fuego se enrolla 90 .
39 Porque, una vez que concibió obras, el Intelecto paterno engendrado por sí mismo 91 sembró en todas las cosas el lazo cargado de fuego 92 del amor para que todo continuara amando por un tiempo ilimitado y no sucumbiera lo que estaba tejido por una luz intelectiva paterna; con la ayuda de este amor los elementos del cosmos 93 persisten fluyendo 94 .
40 … A los principios 95 , que al pensar las obras inteligibles del Padre, las han cubierto con acciones sensibles y cuerpos 96 .
41 … Conociendo lo sensible como algo que puede tocarse 97 .
42 … por el lazo del amor admirable 98 , que brotó 99 el primero del Intelecto habiéndose vestido 100 con fuego que está ligado con el fuego (del Intelecto) para mezclar las cráteras-fuente poniendo en ellas la flor 101 de su fuego 102 .
43 … por el amor (desplegarse) las profundidades de su alma 103 .
44 … habiendo mezclado la chispa anímica con dos términos concordantes, intelecto y asentimiento divino 104 , a los que agregó, como tercero, el casto amor, lazo venerable que domina a todas las cosas 105 .
45 … sofocación del amor verdadero 106 .
46 … fe, verdad y amor 107 .
47 Y que te alimente una esperanza cargada de fuego 108 …
48 Porque todas las cosas en estas tres se gobiernan y son 109 .
49 … luz engendrada del Padre; pues sólo 110 (la Eternidad), tras haber cosechado de la fuerza del Padre la flor del Intelecto, tiene al Intelecto paterno para pensar [y] dar [inteligencia] 111 a todas las fuentes y principios, hacerlos girar 112 y permanecer siempre en incesante torbellino 113 .
50 … el centro de Hécate se mueve en medio 114 de los padres 115 .
51 Porque de su flanco derecho, donde los cartílagos forman cavidad, brota con generosa abundancia la corriente líquida del alma primordial que anima completamente luz, fuego, éter y mundos 116 .
52 En el costado izquierdo de Hécate reside la fuente de la virtud, que permanece íntegra en el interior sin dejar escapar la virginidad 117 .
53 … después de los pensamientos del Padre habito yo, el alma, que animo con calor todas las cosas 118 .
54 Sobre las espaldas de la diosa se balancea una naturaleza inmensa 119 .
55 Pues sus cabellos hieren la mirada con una luz que se estremece 120 .
56 Rea verdaderamente es fuente y efusión de los intelectivos bienaventurados, porque ella es la primera en potencia que habiendo concebido el nacimiento de todos en su seno inefable, lo extiende, rápido en su carrera, sobre todo 121 .
57 Pues el Padre infló los siete firmamentos de los mundos 122 .
58 Fijó sólidamente (el fuego solar) en el lugar del corazón… 123
59 (El) mundo solar (y la) luz total… 124
60 Fuego canal 125 de fuego… y administrador de fuego 126 .
61 a) El curso del éter y el impulso inmenso de la luna y las corrientes de aire…
b) Eter, sol, hálito de la luna, guías de aire…
c) De los círculos solares y de los resonantes sonidos lunares 127 y de los senos aéreos…
d) … parte del éter y del sol y de los canales de la luna y del aire…
e) [Una parte] del éter y del sol y de la luna y de cuanto nada en el aire… 128
f) … y el aire espacioso y el curso de la luna y el que siempre gira del sol 129 .
62 (Los) éteres de los elementos… 130
63 Arrastrado en forma convexa… 131
64 El curso lunar y la procesión astral 132 .
65 Y hay en medio, en quinto lugar, otro canal conductor de fuego, desde donde desciende [también] un fuego portador de vida hasta 133 los canales materiales 134 .
66 Cumpliendo las obras cuando se mezclan los canales del fuego imperecedero 135 .
67 De fuego y de agua, de tierra y de éter 136 que todo lo alimenta 137 .
68 Porque aunque existiera una masa ígnea diferente, cualquiera que 138 fuese, no obstante fabricaría con sus propias manos el todo, para que el cuerpo cósmico se completara y para que el cosmos se manifestara y no pareciera membranoso 139 .
69 Porque subsiste como una imagen de Intelecto, pero el producto 140 tiene algo de cuerpo 141 .
70 Porque la naturaleza inagotable 142 gobierna los mundos 143 y las obras, para que el cielo arrastrándolo todo recorra una carrera ininterrumpida y el sol vaya rápido alrededor del centro según su hábito 144 .
71 (Apolo) que se jacta 145 de la armonía luminosa… 146
72 Pues también yo, divina 147 , he llegado 148 como un guerrero armada de todas las armas 149 .
73 En ellos 150 está un primer curso sagrado, en medio el aéreo, en tercer lugar, finalmente, aquel que por el fuego calienta a la tierra. Porque todo sirve a esos tres principios poderosos 151 .
74 … principio-fuente 152 .
75 Se inclina bajo ellas 153 un canal soberano 154 .
76 Éstas, puesto que son muchas las que se lanzan con ímpetu, se aproximan a los mundos brillantes. Entre ellas hay tres que son las cimas, [la del fuego, del éter y de la materia] 155 .
77 Las que, siendo pensadas 156 desde el Padre, piensan a su vez también ellas 157 , movidas a pensar por sus designios indecibles 158 .
78 … Estando firmes como trasmisores de mensajes… 159
79 Todo mundo 160 tiene pilares intelectivos inflexibles.
80 Pero también cuanto se somete a los ensambladores materiales 161 .
81 Todo cede a los torbellinos ígneos intelectivos del fuego intelectivo, sometido al designio persuasivo del Padre 162 .
82 Ha encomendado a sus torbellinos ígneos vigilar las cimas, tras mezclar en los ensambladores un ardor de fuerza propio 163 .
83 … hacedores del todo 164 .
84 Porque el que ensambla a todos 165 , ése subsiste íntegro fuera.
85 … ala del fuego… 166 .
86 … teletarca soberano de almas 167 .
87 Pero el nombre venerable es también 168 el que en un circuito incansable 169 se lanza 170 sobre los mundos al mandamiento impetuoso del Padre 171 .
88 [La naturaleza] 172 invita a creer que los démones son puros, y que los vástagos de la materia mala 173 son útiles y nobles 174 .
89 … bestial y desvergonzado 175 .
90 … del seno de la tierra se lanzan perros terrestres que jamás muestran un signo verdadero a un mortal 176 .
91 Conductora de perros del aire, de la tierra y del agua 177 .
92 … acuáticos 178 .
93 … tribus que se derraman en oleadas 179 .
94 180 El Padre de los dioses y de los hombres ha colocado el intelecto en el alma, pero a nosotros en un cuerpo perezoso 181 .
95 … habiendo puesto en el corazón 182 .
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