Czytaj książkę: «100 ideas para vivir sin plásticos»

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal. Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
© del texto: Martina Ferrer, 2019.
© de esta edición: RBA Libros S.A., 2019.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición: mayo de 2019.
RBA INTEGRAL
Ref.: OBDO520
ISBN: 978-84-9118-204-7
EL TALLER DEL LLIBRE • REALIZACIÓN DE LA VERSIÓN DIGITAL
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Introducción: ¿por qué un libro como este?
Sé el cambio que quieres ver en el mundo.
MAHATMA GANDHI
Soy nutricionista y especialista en PNI (psiconeuroinmunología). Trabajo con mis pacientes potenciando al 100 % el cambio de hábitos establecidos para transformar su salud y ganar calidad de vida.
La base de mi trabajo es la alimentación, pero como siempre digo: no todo es alimentación. Nuestro bienestar también depende del descanso, el deporte, la gestión que hagamos de nuestras emociones y del estrés, así como de las relaciones sociales y, por supuesto, del ambiente en el que vivimos.
Todo es importante por igual, pero voy a centrarme en esto último. Por medio ambiente entendemos la contaminación de las ciudades, del tráfico, del ruido y de las emisiones de gases.
Sin embargo, la mayoría no somos conscientes de que, en nuestro entorno cotidiano, en casa y en nuestro puesto de trabajo, también estamos expuestos a millones de sustancias tóxicas que dañan nuestra salud y bienestar. De muchas de ellas no sabemos siquiera qué consecuencias tienen a nivel orgánico.
Yo considero que, como buena terapeuta, a diario he de poner en práctica lo que predico a mis pacientes. Por eso acepté el reto que me propusieron las editoras de RBA Integral, que ya conocían mi sensibilidad hacia este tema. Una propuesta difícil pero no imposible: probar a vivir una temporada sin plástico y, al mismo tiempo, escribir un libro sobre ello: sobre las estrategias que hay que llevar a cabo para evitar este producto, las dificultades que eso comporta, así como las reflexiones que supone. Un doble reto apasionante.
Sentí mariposas en el estómago mientras una parte de mí me decía: «No, qué difícil»; pero la otra, acaso la más sabia y profunda, aceptó. De modo que investigué un poco y vi que no era la única. Que no estaba sola. Había otras personas por muchos lugares del mundo llevando a cabo el reto de vivir sin plásticos, y contaban sus experiencias en las redes sociales.
Movimientos
Plastic Free July: https://www.plasticfreejuly.org/ Cada año Plastic Free July te invita a unirte al reto de generar cero residuos plásticos. Puedes inscribirte en su web y te mandan ideas y propuestas para llevar a cabo durante todo el mes. Además te invitan a compartir tus acciones y logros en las redes sociales para difundir el reto
En cuanto empecé, me di cuenta de la verdadera magnitud del empeño: el plástico nos rodea, está en todas partes. Somos verdaderos adictos al plástico, porque aparentemente presenta muchas ventajas: es ligero, útil, versátil, fácil de limpiar, barato. De hecho, se ha vuelto tan habitual que hasta resulta difícil detectarlo. Hay plástico en el mechero que tengo en la cocina, por ejemplo. En los bastoncillos de usar y tirar para limpiar las orejas. En el cepillo de dientes y en la cajetilla de hilo dental. En los bolígrafos. En las cápsulas de café. En el vaso de agua que te sirven en una reunión. El plástico está presente en millones de pequeñas cosas que utilizamos a diario. ¿Cómo evitarlo entonces? ¿Cómo reemplazarlo?
Enseguida me topé con varias dificultades, pero superarlas fue motivador. Además, yo ya tenía cierta conciencia ecológica y estaba informada sobre la corriente residuo cero (en inglés, zero waste, véase el capítulo “Las cinco erres”). Aun así, había un montón de cosas que ignoraba pero que debía hacer para disminuir mis residuos, de modo que el reto me supuso un empujoncito.
Mi propósito es que juntos tomemos conciencia de la cantidad de plástico que nos rodea y de lo asequible que sería oponernos a él, rechazarlo y buscar alternativas. Mientras escribo el presente libro, desearía incorporar a mis hábitos de vida las cinco erres: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y to rot, que en inglés significa «compostar».
Intentaré que este sea un libro práctico, con ideas y recursos para que tú, que has decidido empezar a cuidar el planeta, puedas hacerlo, pero también para que todo aquel que ya implemente en su día a día métodos básicos y medidas fáciles, pueda profundizar en ellos e ir más allá. Vamos a hacerlo todos juntos en lo posible, porque por poco que hagamos, cada gesto suma.
Decisiones eco en general
Un estudio de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) ha analizado qué acciones podría llevar a cabo una persona para reducir su huella de carbono. «Comer una dieta basada en vegetales, evitar los vuelos en avión, vivir sin coche y tener familias más pequeñas», apunta el coautor del estudio, Seth Wynes.
Si bien las decisiones más efectivas, tales como prescindir del coche u optar por una dieta vegetariana, exigen grandes cambios en el estilo de vida occidental, el estudio indica que hay otras decisiones personales más sencillas —como usar bombillas de bajo consumo, lavar la ropa con agua fría, o bien reciclar— y que podrían lograr un impacto importante si se tomaran de manera generalizada. Ya sean grandes o pequeñas, lo cierto es que la suma de billones de acciones individuales podría significar un cambio global de alcance considerable en todo el planeta.
Para mí, estas decisiones pasan por tomar conciencia plena del problema existente, cambiar una serie de hábitos a todos los niveles y trabajar día a día para promover una educación desde la infancia que muestre un alto respeto por la naturaleza.
Lo ideal sería conseguir que los nuevos habitantes de este planeta no contaminaran, no generasen residuo alguno y necesitaran reciclar lo menos posible. El objetivo, desde mi punto de vista, reside en transformar nuestros hábitos para vivir de forma sencilla.
Queda mucho recorrido por delante, pero discrepo por completo (o dudo mucho) en que una de las soluciones para contaminar menos sea «no tener hijos o tener menos».
Eduquemos en valores como la sostenibilidad, el consumo moderado, el respeto a la naturaleza, la importancia de mantener el medio ambiente, etc. Y la solución no pasará necesariamente por tener menos hijos.
¿Por qué evitar el plástico?
El plástico es un material muy versátil, ligero y maleable, y con él se pueden fabricar millones de objetos. Además, su coste es muy bajo. Está en todas partes. De hecho, se ha llegado al extremo de que ya no demos valor a todo cuanto es de plástico.
Decir que algo es de plástico equivale prácticamente a afirmar que es «de usar y tirar». Y eso resulta tan fácil y cómodo que ya no podemos vivir sin él.
Si presenta tantas ventajas, ¿por qué tenemos que evitar su uso?
Valoremos dos razones:
Por motivos medioambientales
Con el tiempo, la mayoría de los plásticos se descomponen formando microplásticos de 5 mm —o menos— de grosor, que los humanos no podemos apreciar a simple vista, si bien esto no quiere decir que hayan desaparecido. Por esta razón, se dice que todo el plástico que se ha fabricado en la historia sigue todavía con nosotros esparcido en algún lugar del planeta.
Desde mi punto de vista, los microplásticos representan el problema más grave hoy en día. ¿Cómo afecta esto a nuestra salud? ¿Qué consecuencias tiene? ¿De qué forma podemos evitarlos?
Se han encontrado microplásticos en muchísimos rincones del planeta, lugares bien remotos, en donde en principio no debería haberlos debido a la baja densidad de población que existe, por ejemplo, en la Antártida. Pero también en el agua potable, en el agua embotellada, en el aire y, cómo no, en los mares.
Nuestros mares reciben cada año nada menos que ocho toneladas de plásticos.
Existen islas, en medio de los océanos, que son una mera acumulación flotante de plásticos.
Todo esto está provocando la contaminación de los peces que consumimos (ya se han encontrado microplásticos en el pescado que compramos en el supermercado), además de la desaparición paulatina de diversas especies. Las tortugas comen medusas, pero como las confunden fácilmente con las bolsas de plástico, tras ingerirlas, mueren. Algunos peces se quedan enredados en las redes de pesca, por lo que mueren y se descomponen, mientras la red sigue a la deriva, lo que supone un auténtico problema. El plancton también está consumiendo partículas de plástico.
De momento no se sabe qué consecuencias tendrá todo esto, pero desde luego no auspicia nada bueno.
Los plásticos son cadenas de polímeros a los que, además, se les añade aditivos para mejorar sus propiedades o reducir su coste.
De los 150 millones de toneladas de plástico que se calcula que hay en el océano, aproximadamente 23 millones son aditivos.
Todavía se desconoce qué repercusiones pueden tener estos aditivos en el medio ambiente y en los océanos.
Por si todo esto fuera poco, resulta que el reciclaje del plástico es un asunto bien complicado. No todos los plásticos son iguales, ni pueden reciclarse por igual debido a su elevado coste o a su gestión. A menudo, sale más económico y práctico producir plástico virgen. No debemos creer que, echando los envases al contenedor amarillo, estos vayan a pasar al círculo de reciclaje tan fácilmente. De hecho, ciertos tipos de plásticos son descartados de antemano en la planta de reciclaje.
Además, por motivos de seguridad alimentaria no se puede envasar alimentos en envoltorios de plástico reciclado, así que todas las bolsas y contenedores de alimentos son de plástico virgen.
¿Existe el plástico biodegradable?
Un producto es biodegradable cuando se puede descomponer gracias a la acción de una serie de microorganismos (bacterias y hongos) en un entorno concreto que resulte favorable para ellos en cuanto a temperatura, humedad, luz, oxígeno, etc., lo que permite su reintegración al ciclo natural del carbono.
No es lo mismo biodegradable que degradable a secas, ya que si bien todos los plásticos son degradables por la acción de la luz solar o el oxígeno, por ejemplo, estos tipos de degradación producen que el material se rompa en pedazos diminutos como la arena (microplásticos), sin llegar a ser transformados por los organismos biológicos como ocurre con los materiales biodegradables.
No en vano, los plásticos biodegradables se han fabricado con materias primas renovables como, por ejemplo, el maíz, la yuca, las patatas o el trigo. También los hay de bambú, de caña de azúcar o látex 100 % natural. Así pues, todos ellos podrán ser consumidos por los microorganismos.
En cualquier caso, el proceso de degradación de los plásticos biodegradables es muy largo. Y también hay que destacar que, a menudo, algunos plásticos producidos con materiales renovables que podrían resultar biodegradables, se procesan de una manera que los convierte en no biodegradables (al añadirles aditivos). Seguirán siendo degradables pero sin poder volver a la naturaleza ni ser procesados por microorganismos.
Además, tampoco es ninguna panacea producir plásticos biodegradables a base de patata, maíz o trigo. Porque ¿qué extensión sería necesaria para obtener suficiente patata a fin de fabricar plástico biodegradable? Creo que la idea dejaría de ser sostenible.
Desde mi punto de vista, aunque solo sea por la tardanza en desaparecer de nuestro entorno y por la necesidad de que se den unas condiciones especiales, deberíamos evitar los plásticos biodegradables o minimizar su uso. De esta forma, además, evitaríamos la generación de residuos.
Es ahí donde debemos enfocar nuestros esfuerzos con el objetivo de aprender a generar menos residuos y vivir sin plásticos.
Por motivos de salud
Otro gran problema que presentan los plásticos, especialmente los que están en contacto con bebidas y alimentos, es que muchos de sus aditivos son perjudiciales para la salud.
Se habla mucho de los disruptores endocrinos que encontramos en las botellas de agua, por ejemplo. Los disruptores afectan la correcta regulación hormonal del cuerpo, provocando una mala función de órganos tales como la tiroides, o bien alterando los ciclos menstruales de la mujer y rebajando la fertilidad en hombres y mujeres. Imitan o alteran el efecto de las hormonas, por lo que envían mensajes confusos dentro de nuestro organismo y provocan alteraciones importantes en las funciones corporales.
Además, por si todo esto fuera poco, quiero hablar también de cómo nuestro cuerpo se ve altamente afectado por la exposición a ciertas sustancias derivadas de los plásticos, más allá de los envoltorios alimentarios. No en vano, la creciente exposición a plásticos, pesticidas, parabenos, etc., acaba repercutiendo en nuestra salud. Porque estos no solo alteran la correcta regulación del sistema hormonal, sino que también pueden provocar alergias. Nuestro hígado es capaz de eliminar estas sustancias tóxicas, si bien estamos expuestos a tantas y, tan a menudo, que estos pueden afectar nuestra salud a diferentes niveles.
A fin de cuentas, estas sustancias también son disruptores endocrinos, capaces de actuar como falsas hormonas y perjudicar la salud y el desarrollo, tanto en seres humanos como en animales.
Según muchos científicos, se cree que los mencionados disruptores endocrinos pueden encontrarse detrás de un gran abanico de enfermedades, ya que el sistema endocrino es crucial e indispensable para regular muchas funciones del organismo. Así pues, estas sustancias podrían ser las responsables de:
Alteraciones en la salud femenina: pubertad precoz, cáncer de mama, disminución de la fertilidad.
Alteraciones en la salud masculina: malformaciones en los genitales de bebés, disminución de la cantidad y calidad del semen, cáncer de testículo o de próstata.
Obesidad, diabetes.
Problemas cardiovasculares.
Alteraciones y enfermedades neurológicas: autismo, hiperactividad, trastorno por déficit de atención o Parkinson.
Su impacto puede resultar imperceptible durante una o dos generaciones a pesar de haber estado directamente expuestos a los disruptores.
Todos sufrimos exposición a sustancias químicas que pueden alterar nuestro sistema hormonal y causar numerosos problemas de salud de efectos irreversibles. Podemos decir que vivimos dentro de una sopa de sustancias químicas capaces de actuar como hormonas en nuestro organismo, aunque sea en pequeñas dosis. Es una contaminación invisible. Nuestro entorno está lleno de esos disruptores endocrinos: nos rodean en la calle, el trabajo, la escuela, el hogar...
Encontramos disruptores endocrinos en alimentos, en productos de higiene personal y perfumes, así como de limpieza, en insecticidas, ambientadores, elementos de construcción y decoración, en juguetes, biberones, aparatos electrónicos, ropa, velas, etc.
Algunos estudios científicos demuestran que los alimentos contienen restos de plaguicidas y residuos de origen industrial, y que estos se han encontrado en el organismo de la población tanto en el tejido graso, como en la orina y la sangre. El doctor Miquel Porta afirma que una parte de las leucemias infantiles o linfomas u otros cánceres está causada por estas sustancias.
Aun así, existen ventanas de exposición crítica. Según Nicolás Olea, catedrático de medicina en la Universidad de Granada, se ha visto que el origen de estas enfermedades se remonta a los primeros meses después de la fecundación. La madre acumula tóxicos a lo largo de los años, que traspasa a su bebé durante el embarazo y la lactancia.
Nuestro organismo nunca había estado expuesto como ahora a todo este sinfín de sustancias perjudiciales para nuestro cuerpo, de modo que no es capaz de eliminarlas. Al igual que pasa en la naturaleza, este no sabe deshacerse de todos los plásticos a los que se ve expuesto hasta su misma contaminación.
A lo largo de este libro, voy a ofrecer una serie de alternativas para minimizar la exposición que existe a estos disruptores endocrinos, presentes tanto en los alimentos como en los productos de belleza y de limpieza del hogar. El problema es que no hay ninguna normativa que obligue a especificar el material en el que aparecen envasados nuestros alimentos y bebidas. Y como consumidores, no podemos saber tampoco qué aditivos se usan para fabricar los envoltorios de plástico. También por ese motivo sería mejor evitarlos.
Para empezar, cabría poner en práctica estos cinco consejos:
1 Evita las bandejas y bolsas de plástico para transportar y almacenar tus alimentos. Rechaza el papel film o los envases de PVC.
2 Usa envases de vidrio para evitar que haya liberación de BPA o ftalatos de los plásticos a los alimentos.
3 Cambia el chupete de tu bebé por uno libre de bisfenol A.
4 Procura disminuir el consumo de comida enlatada, porque la capa plástica interior libera bisfenol A en los alimentos contenidos.
5 Rechaza los tiques de compra en los supermercados, porque liberan bisfenol A que entra en el organismo a través de los poros de la piel.
Estas son las fuentes de disruptores endocrinos según el científico Nicolás Olea, uno de los máximos expertos sobre el impacto de los tóxicos en el sistema endocrino:
DDT y sus metabolitos. Plaguicidas. Fueron prohibidos en 1972, pero siguen apareciendo en la sangre y en los tejidos humanos.
Dieldrín. Plaguicida prohibido en Estados Unidos en 1974.
Clordecona. Plaguicida prohibido en Estados Unidos en 1977, endosulfán y compuestos relacionados. Plaguicidas actualmente en uso.
Toxafeno. Plaguicida prohibido en Estados Unidos en 1982.
Alquilfenol polietoxilatos. Surfactantes industriales presentes en detergentes, componentes de plástico con propiedades antioxidantes y/o maleables.
Ftalatos. Ablandadores del plástico en chupetes y mordedores. También están en el papel film, en plastificantes del PVC, cosméticos y muchos más.
Bisfenol A. Precursores de las resinas epoxi. Subproductos de plásticos tras una digestión microbiana y degradación. Aparece en el recubrimiento interior plástico de las latas, en las férulas de descarga para el bruxismo, etc. Se hidroliza a elevadas temperaturas, en condiciones ácidas o alcalinas.
Butilhidroxianisol. Antioxidante.
PCB. Transformadores eléctricos, prohibidos en 1970.
Fenilfenol. Limpiadores, desinfectantes.
Bifenilos polibromados. Retardadores de la llama, usados por ejemplo en espumas para los colchones.
Perfluorados. Recubrimientos en sartenes y utensilios de cocina.
Parabenos. Cosmética.
Benzofenonas, canfenos y cinamatos. Filtros UV empleados en cosmética.
Las cinco erres
Bea Johnson, impulsora del movimiento residuo cero (zero waste), nos propone llevar a cabo cinco acciones que empiezan por erre: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y to rot (que en inglés significa «compostar»).
1. Rechazar
Me refiero a rechazar en dos sentidos: rechazar el plástico, pero también ciertas comodidades, lo que implica un cambio de hábitos.
Para poder empezar a evitar el consumo de plástico, es necesario renunciar a la comodidad adictiva propia de su empleo: pesa poco, es fácil de limpiar, es económico, tiene millones de utilidades...
Vivimos muy cómodamente aceptando todo tipo de cosas que no necesitamos, que son superfluas o que pronto se convertirán en basura. Pero ahora ya es imprescindible para el planeta cambiar nuestros hábitos. Así como desde hace tiempo vamos a la compra con nuestra bolsa de tela, habría que hacerlo extensivo a los demás ámbitos de la vida (ya se trate del hogar, del trabajo, de la compra, cuando vamos de viaje, etc.). En un inicio, el esfuerzo resulta evidente —y lo digo por mi experiencia mientras escribía este libro—, debido a que no lo hemos incorporado todavía a nuestras rutinas, pero poco a poco, poniendo atención a nuestros actos y tomando muchas decisiones, podemos ir cambiando nuestros hábitos. Cuando eso sucede, la recompensa personal y ecológica es elevada.
Veremos cómo existen usos alternativos para todo.
Mientras tanto, ya puedes empezar a decir que no al plástico.
2. Reducir
Cuando hayas rechazado todo lo que no necesites, significará que ya has tomado conciencia y te darás cuenta de que aún es posible reducir su empleo en mayor medida.
Hasta hace poco, desde la conciencia ecológica, se hablaba mucho de reciclar. Ahora se le está dando la vuelta a este concepto, incluso relativizando la utilidad del mismo. De hecho, hay una corriente que apuesta por que no recicles en favor de reducir, en el sentido de «minimizar». Y es que, en realidad, deberíamos aprender a generar menos residuos, con independencia de que estos sean reciclables o no. Basta con reducir el consumo de productos y simplificar nuestras vidas y la gestión de nuestros hogares para reducir la generación de desperdicios.
Mi propuesta se inclina por disfrutar de la vida con menos.
Llegados a este punto, es preciso reflexionar sobre lo que realmente necesitamos en nuestro día a día, de modo que siempre que vayas a adquirir algo, pienses en si de verdad lo necesitas y durante cuánto tiempo vas a darle uso.
Te invito a reducir tu consumo.
3. Reutilizar
Resulta cuando menos una paradoja que hayamos convertido el plástico, ese material casi eterno, en el principal de los objetos de un solo uso o «de vida limitada». Es cierto que vivimos en la cultura del usar y tirar.
A veces, no hay más remedio que utilizar el plástico, porque no existe otra opción a mano. En estos casos, tiene sentido que reutilicemos al máximo estos artículos, hasta agotar su vida útil. Busquémosles nuevos usos incluso. El simple hecho de comprar pensando en que podremos volver a utilizar dicho envase resulta básico e imprescindible para minimizar el impacto medioambiental.
Dale un segundo o tercer empleo a cualquier botella de plástico o tetrabrik. Si te gusta plantar flores, puedes hacerte un jardín reutilizando envases de usar y tirar. Busca formas y mecanismos para sacar partido y dar segundas oportunidades a tus productos usados para crear una economía circular.
A veces, quizá no se pueda reutilizar el objeto entero, pero no por ello habrá que desecharlo. Antes bien, plantéate si puedes quedarte con alguna de sus partes y reutilizarla.
Pero, mejor que eso, habría que procurar evitar todos aquellos productos de plástico denominados de usar y tirar. Veremos a lo largo de este libro cómo existen alternativas y soluciones. Así, por ejemplo, utilizar otros materiales u optar por materiales 100 % biodegradables representa una opción hasta cierto punto, ya que cambiar de hábitos y dejar de consumir dichos productos va a generar muchísimo menos residuo; esta es, pues, la solución.
¿Qué hacen en Europa?
https://zerowasteeurope.eu/
La ciudad de Friburgo es considerada la ciudad más verde de Alemania. Se recicla un 70 % de los residuos, posee proyectos innovadores en energía renovable, movilidad ecológica y ahorro de energía, y hace poco desarrolló una propuesta para reducir los vasos de café de plástico. Muchas cafeterías se sumaron al movimiento FreiburgCup, donde el consumidor deja un euro en depósito, se lleva su café y cuando devuelve la taza en cualquiera de las cafeterías involucradas en el proyecto, recupera el euro. Una maravillosa forma de reducir el aumento de residuos.
En Suiza, Recircle, una empresa social, ofrece una alternativa sostenible a los envases desechables de alimentos para llevar: un sistema de fiambreras reutilizables que los restaurantes pueden ofrecer a partir de un pequeño depósito. Actualmente, además de funcionar en Suiza, también funciona en Stuttgart (Alemania).
En junio del 2017 tuvo lugar el primer festival Cero Residuo en Irlanda, tras seguir los pasos de la ciudad de París y Roubaix. Fue un éxito total y quieren repetir esos certámenes en más ciudades europeas.
Asimismo, en diferentes ciudades de Europa se está velando por eliminar las incineradoras de residuos, ya que son una gran fuente de contaminación medioambiental. En el norte de Europa aún existen muchas de ellas, según Joan Marc Simon (el director de Zero Waste Europe), dado que, a pesar de que algunas ciudades europeas del norte hagan las cosas bien, no sucede lo mismo en todas.
El 31 de marzo del 2017 se llevó a cabo en Madrid la conferencia «La solución: residuo cero», donde se trataron temas como la gestión de residuos, la importancia de reutilizar y reciclar, o de qué forma los sistemas de depósito pueden ser una opción para reducir residuos, etc. Cabe decir que se trata de una conferencia que se celebra anualmente en una ciudad europea con el fin de que todas las instituciones y gobiernos puedan reunirse y plantear retos de residuo cero y objetivos que cumplir año a año.
Joan Marc Simon, ahora residente en Bruselas, dice que hay que cambiar el estilo de vida para modificar el medio ambiente, y que una muy buena forma consiste en hacerlo en comunidad. Brindando, por ejemplo, información a tus vecinos, o bien promoviendo una recogida conjunta de los envases de plástico de la escalera, con el objetivo de garantizar un correcto reciclaje, o hacer compras conjuntas para evitar residuos extra, además de fomentar actividades para los niños en las que se trabaje la reutilización de productos, envases, etc.
Zero waste significa «residuo cero». Y aunque sea un objetivo un poco utópico, sí puede servir de guía a los ciudadanos para evitar la generación de residuos. La intención es aprender a respetar los ciclos naturales sostenibles donde los recursos se reutilicen y sea posible cerrar el círculo de consumo.
Empieza a ser imprescindible diseñar productos y generar procesos para reducir el volumen y la toxicidad de los desperdicios y materiales producidos, conservar y recuperar todos los recursos, en lugar de quemarlos o enterrarlos.
Si fuéramos capaces de llevar a cabo al 100 % el residuo cero se podrían eliminar todos los vertederos de la tierra, el mar o el aire, que ya representan una seria amenaza para la salud humana, animal, vegetal y del planeta entero.
Estos son solo algunos de los ejemplos que podéis encontrar en esta web; hay un sinfín de artículos relacionados con el medio ambiente y la revolución de los residuos cero que se está llevando a cabo en Europa: https://zerowasteeurope.eu/my-zero-waste-city/
4. Reciclar
Este debería ser el último paso, puesto que en realidad antes habíamos optado por rechazarlo. En caso de que no haya habido más remedio que usarlo, tendremos que valorar si lo podemos reutilizar, y solo si al final no lo volvemos a usar para darle otra oportunidad, entonces sí, mejor reciclarlo.
A menudo vemos anuncios publicitarios que promocionan el reciclaje, cuando en realidad se debería favorecer la generación de menos residuos. La empresa privada que se encarga de reciclar los envases en España, por ejemplo, la pagamos todos nosotros cada vez que compramos envases de plástico. Sin embargo, no se están reciclando todos los envases que se consumen, aun cuando la empresa en cuestión diga que los porcentajes son elevados.
Europa ya apuesta por la denominada economía circular. Para conseguirlo, es necesario el reciclaje, una de las asignaturas pendientes del gobierno español.
El objetivo persigue que los fabricantes conciban, ya desde el momento en que elaboran un producto, qué van hacer con él cuando acabe su vida útil. Habría que apostar por su reutilización, de modo que, desde el principio, supieran qué partes podrán recuperarse para fabricar nuevas piezas.
Porque, además, no todos los plásticos son reciclables. Echar los envases en el contenedor amarillo no es garantía de reciclaje al existir en su interior diferentes tipos de plástico y envases mezclados con materiales diversos, por lo que las posibilidades de reciclaje son muy bajas.
En 1988 la Sociedad para la Industria del Plástico creó un sistema de identificación destinado a los distintos envases plásticos que hoy en día sigue en vigor.

Este símbolo con el número dentro indica qué tipo de plástico es, y no quiere decir estrictamente que se pueda reciclar.
Los números van del 1 al 7:
1 PET: lo encontramos en las botellas y en los envases de plástico. Lo más común es que acabe convertido en tejido sintético.
2 HDPE (PEAD): se usa en las botellas de los productos de limpieza, cremas, cartones de leche o formando parte de los tetrabriks.
3 PVC: también es muy frecuente y lo podemos encontrar en las tuberías, los canalones, cables, botellas de detergente, algunos films transparentes, etc. Pero es uno de los más peligrosos tanto en su producción como en su empleo y posterior eliminación. Así que lo mejor sería evitar su uso y consumo.
4 LDPE (PEBD): se usa en el film adhesivo, en botellas de plástico blando, bolsas...
5 PP: de este tipo de plástico están fabricados los tapones de las botellas, los botes de mostaza o kétchup, los yogures... Junto al PET (n.º 1), son los plásticos más fáciles de reciclar, y pasan a convertirse en cajas, contenedores o muebles. Esta es la razón por la que se organizan recogidas solidarias de tapones. También, por su dureza, se usan en la fabricación de automóviles.
6 PS: este es el típico Porexpán con una función aislante muy importante y que se usa en los supermercados como bandeja para contener pescado, fruta, etc., comida preparada, pero también en los envoltorios de los electrodomésticos. Puede servir de tapa de un CD.
7 Otros (también marcados por la letra O): en este apartado, entrarían todos los demás tipos de plástico cuya composición se desconoce y, por consiguiente, no son reciclables. Cada vez más, está aumentando esta clase.
Siempre que un objeto reúne diferentes tipos de plástico, como sus componentes no se reciclan por igual, se acaba por no reciclar ninguno. De ahí que sea necesario fomentar una correcta separación de los mismos, lo que supone un coste elevado. En cuanto a algunos de los plásticos sí reciclables, si se mezclan con otros materiales como el pegamento o el aluminio (es el caso de los blísteres de los medicamentos), dejan de ser reciclables. como tampoco lo son aquellos plásticos que hayan sido pigmentados.
Por otro lado, algunos plásticos se incineran, lo que provoca una contaminación atmosférica importante. La incineración no debería ser la solución empleada para eliminar estos envases.
Asimismo, muchos de estos residuos europeos o de origen occidental acaban en China, un país que ya ha declarado que no acepta más residuos. Una vez allí, se desconoce cómo son gestionados estos desechos.
5. To rot: «compostar»
Cada día generamos una enorme cantidad de residuos orgánicos en nuestras casas que podrían tener un segundo uso si optáramos por compostar: se trata de una forma de reciclar los residuos orgánicos que los transforma en abono nutritivo para la agricultura. Llegados a este punto, acude al consejo 80 si quieres aprender cómo hacer tu propio compost.
6. Otras erres: rellenar, reparar, reconectar
Juega con todo lo que tengas de plástico en casa para sacarle partido y haz juguetes, envases, etc.
Rellena una y otra vez tus botellas y garrafas de jabón, por ejemplo.
Rellena los tetrabriks cuando hagas tus pastillas de jabón casero; úsalos como moldes. O llénalos de tierra y planta flores para crear tu jardín o elaborar tu huerto urbano.
Fabrica tus paneles para lámparas en casa. Con diferentes tipos de papel y listones de madera, puedes realizar preciosas decoraciones para tus lámparas. Solo tendrás que comprar el cable, el aplicador y la bombilla. Si es de bajo consumo, mejor.
Repara. ¿Has probado a coser unos pantalones? Antes de tirar algo a la basura, piensa si se puede arreglar. Ponte manos a la obra y busca cómo hacerlo.
Reconecta. Siempre que vayas a dar una vuelta por el bosque, llévate una cesta para recoger los residuos que encuentres, así obtendrás dos beneficios: gozarás de la naturaleza a la vez que la cuidas.
Pasear por el bosque, salir a comer al campo, estar en contacto con la naturaleza, caminar por la playa, te ayudará a conectar contigo mismo y a relajarte. Es muy necesario sobre todo si vives en una ciudad.
Reordena: pon orden en tu vida, esto es, evita el desorden a tu alrededor. Ordenar tu casa, deshacerte de todo aquello que ya no usas, limpiar habitación por habitación, tirar todos los papeles que no son necesarios, etc., te reordenará también la mente. Estoy segura de que podrás pensar con más claridad, tendrá mejores ideas y sacaras más provecho de tu tiempo.
100
IDEAS PARA VIVIR
SIN PLÁSTICO


COMPRAS
Evita tirar comida y sé consciente de qué alimentos ingerir para evitar la contaminación del planeta: compra productos locales y de temporada. Somos los consumidores quienes tenemos la sartén por el mango. Cada pequeño gesto que hagamos es importante, por más simple que nos parezca. Lo que decidamos comprar y cómo lo llevemos a cabo irá marcando poco a poco la diferencia hasta alcanzar, día a día, una repercusión mayor en el medio ambiente.

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