Czytaj książkę: «La riqueza invisible del cuidado»

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M. ÁNGELES DURÁN



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© M. Ángeles Durán Heras, 2018

© De esta edición: Universitat de València, 2018

Diseño de la colección: Enric Solbes

Coordinación editorial: Maite Simón

Maquetación: Inmaculada Mesa

Corrección: Communico-Letras y Píxeles, S. L.

Fotografías: Pep Pelechà

(Taller d’Audiovisuals de la Universitat de València)

Ilustración de la cubierta:

Libro de las maravillas del mundo y del viage de la tierra sancta de Hierusalem y de otras provincias y hombres monstruosos que hay en las Indias, de Juan de Mandavilla (John of Mandeville). Valencia, Juan Navarro, 1540. (Imagen cedida por Josep Lluís Canet)

ISBN: 978-84-9134-324-0

Índice

Presentación de Antonio Ariño

DISCURSOS PRONUNCIADOS EN EL ACTO DE INVESTIDURA

Laudatio académica a cargo del doctor Antonio Ariño

Lectio pronunciada por la doctora M.ª Ángeles Durán Heras

Palabras de clausura del Excmo. y Magfco. Sr. Rector Esteban Morcillo

BIOBIBLIOGRAFÍA de la Dra. M.ª Ángeles Durán Heras, a cargo de Irene Liberia

LA RIQUEZA INVISIBLE DEL CUIDADO

Nota previa

I El nacimiento de una nueva clase social: el cuidatoriado

II Veinte conceptos básicos y una propuesta de investigación

III La riqueza invisible del cuidado. Una visión macroeconómica

IV El mercado del cuidado

V Demanda y oferta de cuidado para los niños

VI La calidad de vida de los enfermos y de sus cuidadores

VII Las formas de envejecer

VIII El cuidado en el final de la vida

IX El futuro del cuidado

Bibliografía

Presentación

El día 3 de febrero de 2012, la catedrática de sociología del CSIC M.ª Ángeles Durán Heras fue investida como Doctora Honoris Causa por la Universitat de València. Con este acto, la UV cumplía uno de los compromisos adquiridos en su I Plan Estratégico sobre Igualdad y M.ª Ángeles Durán se incorporaba, formalmente, al claustro de doctores y doctoras, pues, de facto, hacía años que venía manteniendo una relación estrecha con grupos de investigación y docencia.

Ahora, Publicacions de la Universitat da a luz una obra magistral –La riqueza invisible del cuidado–, elaborada concienzudamente, con la que M.ª Ángeles Durán corresponde de forma generosa a sus «obligaciones» con la UV como Doctora Honoris Causa. Realmente, nos sentimos honrados con esta contribución científica de primer orden.

Digo que se trata de una obra magistral y creo justo añadir que su publicación, aunque contiene ideas que la autora viene desgranando, enseñando y publicando desde hace algún tiempo, supone un hito histórico en la visión académica y científica del trabajo de cuidado, que nunca se había expresado de forma tan sistemática y coherente.

En ella, M.ª Ángeles Durán culmina, por ahora, la aplicación de una perspectiva y una metodología de análisis preocupada por la inserción del trabajo no remunerado en la estructura social, así como por la relación entre microeconomía y macroeconomía, las relaciones de poder y los procesos de producción de conocimiento científico. Como afirma en un cierto momento, el cambio de perspectiva es necesario porque «la mayoría de los ciudadanos no tiene una idea muy clara de cómo se distribuye por edades la población de su país ni la distribución de la riqueza patrimonial o la desigualdad de ingresos. Menos conocen cómo se distribuye la necesidad y el consumo de cuidados». A su vez, la clase política asume en su agenda otras urgencias y prioridades. De ahí deriva su tesis, de la invisibilidad del cuidado como riqueza y la necesidad de una nueva economía (y política) de este. El objetivo de esta obra –afirma– «es servir de instrumento para una renovación en el modo de investigar la estructura social y económica. No es un punto de llegada, sino de partida». El trabajo de cuidado no es pretexto para analizar dichas estructuras, sino el punto de vista y la piedra de toque de una mejor comprensión de estas.

Al abordar la problemática del cuidado con una nueva mirada, sorprendente y fresca, con una perspectiva amplia, global y crítica, se impone la realización de un trabajo de desbroce y depuración conceptual, la creación de un vocabulario específico y normalizado, así como la exploración de las capacidades de información fiable (y sus límites) que proveen distintas fuentes. En especial, se utilizan la Encuesta de Condiciones de Vida, la edad-2008, la Encuesta Financiera de las Familias-2014, barómetros diversos y encuestas del cis, etc., además de construir escalas propias de medición.

Una lectura crítica de estas fuentes permite diagnosticar e interpretar la situación actual del trabajo de cuidado y los escenarios futuros en clave política. Durán comienza estudiando la evolución de las pirámides de población. En ellas, observa, como es habitual, la reducción de la natalidad y la maduración demográfica, la consiguiente reducción de necesidades de los hijos y el incremento creciente de las necesidades generadas por el volumen de personas mayores, por la dependencia y las enfermedades crónicas. En la actualidad, una persona que se jubila a los 65 años tiene una esperanza media de vida de casi 20 años, de los cuales 6 podrían ser vividos con enfermedades gravemente invalidantes.

Como sostiene Durán, «las previsiones demográficas señalan que la demanda asociada al envejecimiento va a continuar aumentando durante las próximas décadas y recaerá sobre estratos más reducidos de población de edad intermedia, que además desean incorporarse y mantenerse en el mercado de trabajo, consecuentemente con menos tiempo disponible para el cuidado».

¿Quién cuida hoy y cómo se distribuirá el cuidado en el futuro? Hasta ahora, la provisión de servicios de atención la han proporcionado, mayoritariamente, las mujeres más próximas a la persona dependiente: esposas e hijas. Pero este escenario está cambiando y va a mudar aún más por múltiples razones. Si el análisis de la estructura demográfica es un buen predictor de la demanda global de cuidados, la provisión y distribución de la producción de estos dependen de la estructura social y política. En consecuencia, si los datos relativos al trabajo de cuidado permiten sostener que este es «la gran riqueza invisible de las economías modernas», no es menos cierto que «no se distribuye por libre acuerdo sino por fuertes presiones sociales»; no es resultado de un pacto social e intergeneracional explícito, sino de fuerzas históricas coercitivas que han asignado el trabajo de cuidado a las mujeres. Pero este escenario está cambiando muy rápidamente.

En este sentido, la población femenina que en épocas anteriores «se hacía cargo del cuidado de todas las generaciones desde los hogares, actualmente se encuentra en gran parte incorporada a su propia educación y al empleo, por lo que no dispone de tanto tiempo para dedicarlo al cuidado»; por otro lado, si bien las mujeres se incorporan al mercado de trabajo y quieren mantenerse en este, los varones no practican la reciprocidad de incorporación a dicho trabajo o, al menos, no lo hacen en la medida y proporción necesarias; a su vez, la participación de las generaciones jóvenes en esta tarea es muy baja y no parece que vaya a crecer espontáneamente. A ello, se debe añadir que el cuidado ya no se resuelve en el marco de la sociedad y la economía española, sino en el de las migraciones y la economía global.

Otros datos que deben añadirse al diagnóstico son los relacionados con las redes de proximidad, aquellas que se pueden activar potencialmente para cuidar. La transformación de las estructuras familiares reduce su tamaño, mientras crece el número de hogares unipersonales compuestos por personas de edad avanzada y se produce una impregnación cultural de valores como el individualismo y la autonomía personal (¼ del total de hogares son unipersonales).

En este horizonte, M.ª Ángeles Durán introduce el concepto de cuidatoriado para referirse a la nueva clase social emergente formada por la diversidad de personas que se dedican a cuidar (a tiempo completo o a tiempo parcial, con remuneración o sin ella, con preparación profesional o de manera «informal», población autóctona o inmigrante), y efectúa un análisis comparativo con otras clases precedentes como el campesinado y el proletariado para mostrar la calidad científica del concepto, su legitimidad política y su carácter incipiente.

Hoy, el trabajo de cuidado es un componente del trabajo no remunerado. El cuidado es una formidable fuente de recursos invisibles no incorporados al análisis económico micro ni macro, que también ha de verse como un coste para los hogares y para las personas, mayoritariamente mujeres. Con el envejecimiento y el aumento de las enfermedades crónicas, este olvido tiene cada vez consecuencias más graves, especialmente de carácter político, pues no permite ver la realidad y sus tendencias de forma adecuada.

Las consecuencias políticas fundamentales tienen que ver con qué grado de calidad de vida se garantizará a las personas dependientes y cómo se distribuirán y se asignarán los servicios de cuidado que se precisan.

En cuanto al primer aspecto, se debe reconocer que la gran revolución se ha producido con la ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a la Dependencia, aprobada en 2006, que reconoce el derecho subjetivo a la autonomía personal, si bien su aplicación ha sido alicorta por carecer de recursos. En cuanto al segundo, la conversión del cuidado en problema político conlleva la asunción de la distribución de dicho trabajo por parte del Estado, pues si se deja, como ahora, al juego de las coerciones sociales, operará la lógica de la ley de hierro del cuidado, según la cual «cuanto mayor sea la necesidad de cuidado, más improbable es que quien lo necesita pueda recibirlo». No solo, como hemos visto, por la reducción del tamaño de las redes de parentesco y proximidad, sino porque la mayoría de los hogares no cuentan con recursos (riqueza y renta) suficientes para adquirir en el mercado y al precio de mercado dichos servicios y bienes. Aún cabe menos esperar una solución del tercer sector o del voluntariado, dada su debilidad estructural y su supeditación a la Administración. Para el 70% de los hogares, concluye Durán, es imposible pagar a un cuidador a jornada completa, de forma intensiva y por periodos prolongados, porque consumiría más de un tercio de los ingresos del hogar.

El cuidado puede transformarse, pero no suprimirse. Ahora bien, como acabamos de ver, las posibilidades de transformación son limitadas. Estamos asistiendo a un equilibrio cambiante (y precario) de la proporción de cuidados que realiza el mercado, los hogares, las entidades sin ánimo de lucro y el Estado. Pero, sin convertir este asunto en un problema político de primer orden, va a resultar difícil hallar equilibrios satisfactorios para las personas necesitadas de cuidados y para el cuidatoriado, que no deja de ser una forma de precariado, sublimado por la intermediación de las relaciones personales y las emociones que genera el parentesco.

Estas son las ideas y cuestiones fundamentales que vertebran esta obra de M.ª Ángeles Durán, pero no agotan el conjunto de aspectos que trata en ella, porque La riqueza invisible del cuidado tiene voluntad de ser (y es) una obra global y completa. Entre las facetas que aborda se encuentran asuntos como el anticuidado (violencia, maltrato, exclusión), las formas de envejecer, el cuidado al final de la vida o las facturas que pasa al cuidador una actividad que se halla impregnada de valores morales y emociones personales.

Y dado que el cuidado es transversal, porque afecta a todas las dimensiones de la existencia, también afecta a todas las funciones de la sociedad –desde la sanidad hasta el urbanismo, desde los servicios sociales a la transformación de los espacios residenciales, desde la formación y la educación a la proclamación de nuevos derechos– y requiere un tratamiento interdisciplinar.

Con esta obra, M.ª Ángeles Durán invita a decir «ya no más». Ha llegado el momento de abordar el cuidado desde nuevas perspectivas científicas y de convertirlo en un asunto explícitamente político.

DISCURSOS PRONUNCIADOS EN EL ACTO DE INVESTIDURA

(3 de febrero de 2012)


Excelentísimo y Magnífico Señor Rector de la Universitat de València, Ilustrísima Señora Secretaria General de la Universitat de València Autoridades Académicas,

Profesoras y Profesores, Señoras y Señores,

Ara fa un any el rector va anunciar la seua voluntat de presentar al Consell de Govern la proposta de nomenament de María Ángeles Durán como doctora honoris causa per la Universitat de València. Aquesta iniciativa va ser recolzada formalment per diverses facultats i centres, entre altres la Facultat de Ciències Socials, el Departament de Sociologia i Antropologia Social, el Institut d’Estudis de la Dona i la Unitat d’Igualtat.

Es per a mi un motiu de gran satisfacció, en nom de tots ells, presentar la trajectòria acadèmica de María Ángeles Durán i la seua contribució a la igualtat efectiva de dones i homes en la ciència, en la Universitat i la societat.

CURRÍCULO

Desde que en 1971 leyera su tesis doctoral, María Ángeles Durán ha desarrollado una intensa dedicación tanto a la actividad investigadora, como a la docencia y la gestión.

Max Weber afirmaba que en la modernidad, las universidades humboldtianas plantean a su profesorado dos exigencias: la docencia y la investigación. Y observando las tensiones que brotaban de ese doble requerimiento, concluía: «será una absoluta casualidad que las dos cualidades coincidan en una misma persona».

María Ángeles Durán, no solo ha combinado ambas, sino que las ha desbordado y lo ha hecho con innegable éxito:

– Sus contribuciones científicas sobre el trabajo no remunerado y la distribución social del tiempo, que se han plasmado en numerosos informes y publicaciones, constituyen el punto de partida inexcusable para cualquier otro estudio sobre estos temas, y le han merecido el Premio Nacional de Investigación Pascual Madoz en Ciencias Económicas y Jurídicas (2002).

– Ha recibido encargos docentes en varias universidades, ha sido la primera mujer que ha obtenido una cátedra de Sociología en España, e imparte cursos de posgrado en centros de distintos países. Actualmente, es profesora de investigación en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

– No solo no ha rehuido las tareas de gestión, sino que por el contrario ha sido pionera en la institucionalización de estructuras a favor de la igualdad en la Universidad española, mediante la creación de seminarios estables y sobre todo como fundadora del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer en la Universidad Autónoma de Madrid; además ha sido la primera mujer que ha accedido a la presidencia de la Federación Española de Sociología y formado parte del comité ejecutivo de la International Sociological Association.

– Junto a estas tres funciones –investigación, docencia y gestión–, ha cultivado una cuarta: la comunicación y divulgación científica más allá del espacio estrictamente académico, tal como muestran sus obras de éxito, con ediciones agotadas, como El valor del tiempo, Los costes invisibles de la enfermedad o La ciudad compartida.

– Todo ello no hubiera sido posible sin una pasión, una generosidad y una dedicación extraordinarias, que derivan de una concepción social y comprometida de la persona y de la ciencia. Así lo testifica su producción escrita y su constante disponibilidad para atender invitaciones y requerimientos muy diversos.

En este contexto, hay que colocar su relación con nuestra universidad, y muy especialmente su participación en la Universitat d’Estiu de Gandia, en la Cátedra Cañada Blanch de Pensamiento Contemporáneo, en la colección Feminismos y en numerosos encuentros, seminarios y jornadas promovidos por diferentes grupos y servicios de la Universitat de València.

UNA PERSPECTIVA NUEVA

La obra de María Ángeles Durán se ha caracterizado desde el principio por aportar una mirada y una perspectiva radicalmente nuevas a las ciencias sociales, mirada libre, audaz, fresca, que parecería brotar de forma espontánea de su posición como mujer y del propio objeto que le ocupó desde sus inicios: el trabajo de las mujeres y de las amas de casa. Sin embargo, siempre ha subrayado y ha mostrado mediante una sólida producción científica que su ocupación y preocupaciones tenían un alcance y carácter general: le interesaban la estructura social, la microeconomía y la macroeconomía, las relaciones de poder y los procesos de producción del conocimiento científico. Y ello era así en un contexto particularmente difícil, en el que se daba por supuesto que el sujeto que produce el conocimiento (siendo generalmente masculino) está dotado de un interés «universal, transparente y puro».

Simmel había descrito esta contradicción cuando afirmaba:

Las necesidades artísticas y patrióticas, la moralidad general y las ideas sociales particulares, la equidad del juicio práctico y la objetividad del conocimiento teorético, la fuerza y la profundidad de la vida –todas estas categorías son, sin duda, por igual humanas en su forma y en sus exigencias, pero íntegramente masculinas en su aspecto histórico y efectivo–. Si a estas ideas que nos aparecen como absolutas les damos el nombre de «lo objetivo» puede considerarse como válida, en la vida histórica de nuestra especie, la ecuación siguiente: objetivo = masculino.

María Ángeles Durán ha mostrado hasta qué punto dicha manera de proceder ha impregnado la estructura social, la vida cotidiana y la acción política. Pero, sobre todo, ha puesto en evidencia cómo ha moldeado la ciencia, y cómo resultan sesgados instrumentos de medición tan centrales para las sociedades contemporáneas como la Contabilidad Nacional o el Producto Interior Bruto.

La aventura en que se ha embarcado supone un cambio de paradigma que conlleva algunas rupturas conceptuales y epistemológicas. Dicho de una manera más sencilla: al desplazar el foco e iluminar, mediante este movimiento, todo lo que desde la perspectiva de la desigualdad de género, se encuentra en penumbra o resulta directamente invisible, emergen nuevos fenómenos sociales. El itinerario científico así emprendido ha combinado una triple tarea:

– el análisis ideológico –desvelar las trampas de los espejos con las que hemos contemplado los fenómenos y procesos sociales durante milenios–;

– la elaboración de un vocabulario adecuado, un nuevo diccionario social, tal y como ha hecho con los conceptos de economía, trabajo, enfermedad, conciliación, y

– la construcción de nuevos instrumentos de registro y medida, como las escalas (de Madrid), la contabilidad satélite o las encuestas de uso del tiempo.

En este sentido, afirma María Ángeles Durán: «Hay que cambiar la visión de qué es economía, desarrollo y progreso. No puede interpretarse el desarrollo principalmente en términos de pib, porque los Sistemas de Cuentas Nacionales actuales solo se refieren a las mercancías y no miden lo que les sucede a las personas. El cuidado, una actividad vital para las sociedades, resulta casi invisible para los instrumentos macroeconómicos en que se basan gran parte de las decisiones políticas».

Propuestas como esta –un cambio de visión– son particularmente pertinentes hoy, en un mundo en el que la crisis del modelo de desarrollo económico imperante muestra la insensibilidad de este y el des-precio hacia los costes humanos y el cálculo del sufrimiento. Tal vez, si se moviera el foco hacia las personas y hacia sus necesidades de cuidado, se podría reorientar la economía en una dirección más satisfactoria.

EL TRABAJO NO REMUNERADO Y SU CONTRIBUCIÓN AL BIENESTAR SOCIAL

De puertas adentro, el libro que marcó su consagración científica, al contrario de lo que podría hacer sospechar su título, no versa sobre las mujeres y sobre los espacios domésticos, sino sobre la estructura y la realidad social, sobre las condiciones materiales de existencia. En lugar de centrarse en las grandes instituciones públicas o en el mercado, toma como punto de anclaje y de partida, los ámbitos privativos (pero socialmente impuestos) de las mujeres (DPA: 20). Desde esa atalaya, se revela el carácter público del espacio privado. No solo porque «la construcción de la intimidad se realiza desde el poder y las reglas y las obediencias se instauran hasta en el último reducto», sino también porque sin las actividades de dicho dominio no podría sostenerse la esfera pública; sin el trabajo no remunerado, la parte oculta del iceberg no podría mantenerse a flote el sistema en su totalidad (DPA: 20).

Al identificar como trabajo el conjunto y volumen global de actividades mediante las cuales se transforma el entorno y se produce la vida social y humana, y al analizar la organización de estas en las sociedades contemporáneas, se observa que estas se diferencian en trabajo remunerado o monetizado y trabajo no remunerado o no monetizado.

La exhaustiva investigación de María Ángeles Durán ha mostrado que el tiempo destinado a trabajo no remunerado (fundamentalmente trabajo doméstico) es mayor que el tiempo dedicado a trabajo remunerado, y que la mayoría de los recursos de trabajo se aplican actualmente –de manera especial en España– fuera del ámbito del mercado de trabajo (A, 102).

El volumen y alcance del primero –el trabajo remunerado– puede conocerse bien mediante la Contabilidad Nacional; pero el segundo es un gigante escondido. El interés de María Ángeles Durán por el valor del tiempo que no tiene precio (el valor de las actividades que no se hallan insertas en el mercado) ha brotado de la insatisfacción que surge al constatar que el trabajo necesario para la atención al ser humano es ignorado por las interpretaciones económicas y políticas.

Como consecuencia de esta insatisfacción –podría decirse «de este malestar»–, que toma como punto de apoyo la experiencia y la perspectiva de las mujeres, se produce un alud de interrogantes, tan solo aparentemente ingenuos: ¿Cuánto vale cambiar el pañal de un niño? ¿Cuánto hacer una paella? ¿Y soportar un atasco? ¿Cuánto cuesta –y a quién– cuidar a un enfermo que no puede moverse de la cama? ¿Por qué los investigadores otorgan un estatuto analítico a la cañada vacuna u ovina, a la producción de minerales, a las remesas de los inmigrantes, y en cambio ignoran la producción de bienestar que se realiza en los talleres domésticos?

– Sin el apoyo de la red familiar extensa –nos dice en El valor del tiempo– «no podría entenderse el funcionamiento del mercado de trabajo español, al que la familia aporta la tranquilidad de un cuidado responsable y muy flexible en horarios y funciones» (76). «Se habla del papel de las exportaciones, de la necesidad de reformas industriales, pero se desconoce la aportación de las abuelas al mantenimiento de las redes familiares y del patrimonio rústico» (77).

– De acuerdo con el censo, en España hay catorce millones de hogares con sus correspondientes catorce millones de viviendas que limpiar y mantener. En conjunto, los hogares españoles tienen que enfrentarse a la limpieza de los más de mil millones de metros cuadrados que constituyen sus viviendas habituales. A todo ello habrá que añadir los espacios cotidianos de uso común: escaleras, patios, etc., y, por supuesto, las viviendas secundarias (124).

– El crecimiento extraordinario de la esperanza de vida nos ha dotado de una cantidad añadida de tiempo vital, pero también aumentan los años que vivimos con enfermedades y discapacidad. Por cada persona enferma que no puede valerse por sí misma se necesitan una o varias personas que le presten tiempo para atender y satisfacer sus necesidades: no solo para proveer el dinero con que pagar los gastos imprescindibles, sino el tiempo necesario para la higiene, la alimentación, el traslado a los servicios sanitarios y la ejecución de las prescripciones médicas (139).

Estos y otros tipos de trabajo no remunerado que se realizan fundamentalmente en los hogares son imprescindibles para la reproducción del sistema, para el bienestar y la sostenibilidad social, y representan en torno al 53% del pib.

En consecuencia, reducir el trabajo al empleo (que supone otorgar solamente valor social a aquello que se compra o vende en el mercado) y considerar como des-preciable todo lo demás supone negarse a ver no solo una parte de la realidad social, sino –lo que es más grave– inhabilitarse para entender cómo se halla constituida. La economía suele ocuparse solamente de los bienes a los que se ha asignado un precio, pero las familias son unidades económicas fundamentales de cualquier sistema social. Lo son, por supuesto, porque constituyen nudos de circulación de los flujos monetarios: remuneraciones, prestaciones sociales, cotizaciones, impuestos de renta y patrimonio, consumo de capital fijo, renta neta disponible, etc. Pero, sobre todo, porque la mayor parte del trabajo no remunerado se realiza en los hogares y dobla en volumen al monetizado.

LA DISTRIBUCIÓN SOCIAL DEL TRABAJO NO REMUNERADO

El trabajo remunerado se distribuye de forma desigual: las mujeres tienen mayores dificultades de acceso al mismo, sus salarios son en torno a un 20% más bajos (la media en eu es del 17% y en España de casi el 22%), y también son inferiores las remuneraciones indirectas. Como ha mostrado un reciente Eurobarómetro, su presencia en los puestos de toma de decisiones se encuentra con grandes barreras y obstáculos.1

Pero ¿cómo se distribuye el trabajo no remunerado?

Si nos fijamos, por ejemplo, en el cuidado de los niños o de las personas enfermas y dependientes, los estudios reflejan que es realizado en un 84% de los casos por la familia. Ahora bien, esta palabra –familia– no es más que un eufemismo para referirse a una mujer: la esposa, la hija o la madre.

Las mujeres han recibido la adscripción –socialmente impuesta– de atender a los demás miembros de su parentela directa y han debido asumir la realización de obligaciones de proximidad que las vinculan de por vida, en la cesión de toda su fuerza de trabajo, sin límite definido en el número de horas diarias, ni en el número de días y años (98).

La encuesta Empleo del Tiempo de 2009-2010, realizada por el ine, es concluyente sobre las resistencias que operan en la redistribución del tiempo dedicado a trabajos no remunerados y especialmente en lo que concierne a las tareas domésticas. Como en la película La fuente de las mujeres, la coerción sorda de la costumbre y de la tradición neutraliza la emergencia de cualquier innovación social.

Esto es así porque, como se desprende de la investigación realizada por María Ángeles Durán, existe un doble contrato social implícito. El primero es un contrato latente entre géneros que afecta a la distribución desigual del trabajo entre el ámbito público y el doméstico; el segundo es un contrato intergeneracional, por el que desde unas generaciones se prestan servicios y se derivan recursos a otras, que cobran mayor visibilidad en el actual contexto de creciente maduración y envejecimiento demográficos.

LA NECESIDAD DE UN NUEVO CONTRATO SOCIAL

Estos contratos –de carácter estructural y mucho más trascendentes que otros pactos institucionales formales y que las negociaciones y acuerdos adoptados entre agentes socioeconómicos– se hallan en transformación como consecuencia de diversos procesos que afectan a las demandas, a los tipos de trabajo requeridos y a su valoración social: cambios en la esperanza de vida, en la organización social del ciclo vital y en la estructura demográfica; en la tecnificación de los hogares, en la disponibilidad de empleo y en la educación formal; en la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado, la progresiva disminución del volumen de amas de casa y la externalización de servicios fuera del hogar, etc. Y también como reacción ante el gran malestar e insatisfacción que genera la escasez de tiempo propio entre quienes se ven obligadas a asumir todo o la inmensa mayoría del trabajo no remunerado.

Estos malestares pueden ser creativos, innovadores, en la medida en que se cobra conciencia de ellos y permiten transformar en cuestiones de relevancia política lo que –de otra forma– no dejarían de ser problemas individuales y aislados. A partir de esta toma de conciencia, de nuevo, brota el torrente de interrogantes de María Ángeles Durán: quién se ha de hacer cargo de la demanda de ayuda y sobre qué bases,2 cómo escapar a la psicologización y culpabilización del cuidado, cómo promover la solidaridad colectiva en tiempos de individualización, y cómo generar una eficiente red de servicios públicos para la atención a las personas dependientes.3 Más lejos aún y en última instancia: qué sucede con los derechos a la autonomía personal de los moribundos. Preguntas que no cesan de espolear el análisis y la investigación, transportándonos a las nuevas problemáticas de este siglo que ha nacido convulso.

UN MODO DE SER

La concepción de la actividad académica y científica de María Ángeles Durán se sustenta en haber hecho «del pensamiento un compromiso y un modo de ser». Al estudiar los costes invisibles de la enfermedad nos ha enseñado que no hay ciencia sin ética política; que el cálculo del sufrimiento forma parte intrínseca de la tarea investigadora.

Y este modo de ser –y una extraordinaria generosidad– se ha plasmado en una tensión vital que puede definirse –en sus propias palabras– como «sentido de urgencia, de tarea pendiente». Gracias a este sentimiento vital podemos disfrutar hoy, quienes somos sus lectores –y deudores–, de una producción bibliográfica tan extensa e intensa.

En De puertas adentro afirmaba que

La apertura de nuevos caminos en la investigación requerirá mucho tiempo y esfuerzo para luchar contra la escasez de recursos materiales e intelectuales, contra la desilusión y el desgaste. Los resultados habrán de medirse por décadas o generaciones, porque ningún esfuerzo individual puede contrarrestar el sesgo acumulado durante siglos por sucesivas generaciones de filósofos y poetas, de investigadores y humanistas, entre los que no hubo lugar para las mujeres (DPA, 19).

Estas cuatro décadas que van desde la tesis doctoral hasta hoy han sido muy fructíferas para la ciencia social. María Ángeles Durán ha sabido combinar el esfuerzo individual y la creación de redes. De hecho, ha logrado concitar en torno suyo una comunidad invisible que, con el sorprendente poder de los lazos débiles, ha modificado y está modificando el lugar de las mujeres en la Universidad y en la sociedad; que está contribuyendo, mediante la innovación social, a conciliar los mundos escindidos de la razón y del sentimiento, y a reinventar las relaciones entre el núcleo de los afectos, de la vida política y de la vida propiamente productiva. Jugando con algunos de sus títulos, podríamos decir que desde los escenarios que se hallan puertas adentro nos ha conducido a la ciudad compartida; y que al llamar la atención sobre los costes invisibles de la enfermedad nos ha ayudado a comprender la relevancia de la economía del cuidado y el valor social del tiempo que no tiene precio.

Por todo ello, estimada María Ángeles Durán, permítenos suspender esta mañana por unas horas ese sentido de urgencia y celebrar, con este ceremonial académico, tu contribución científica y cívica a la mejora de nuestra sociedad. La actividad no monetizada del ritual universitario expresa el alto valor social que tienen para nosotros tu obra y tu persona.


MÁS ALLÁ DEL DINERO: LA ECONOMÍA DEL CUIDADO

Excelentísimo y Magnífico Señor Rector de la Universitat de València,

Autoridades,

Distinguidos profesores,

Estudiantes,

Señores y señoras,

AGRADECIMIENTOS

Es de justicia que inicie mis palabras con un sincero agradecimiento hacia quienes han intervenido, de un modo u otro, en esta propuesta de concesión del Doctorado Honoris Causa por la Universitat de València. Agradezco a quienes propusieron mi nombre, a quienes dieron su apoyo a la propuesta, a quienes la sostuvieron en el largo recorrido institucional y a quienes han cuidado de que todo estuviera a punto para esta ceremonia. También agradezco y saludo a quienes hoy nos acompañan en este acto solemne y festivo, así como a quienes se han sumado a él enviando mensajes aunque no hayan podido acompañarnos personalmente.

Me agrada especialmente que semejante honor provenga de Valencia y de su universidad, por los lazos que me unen con una y otra. Nacida en Madrid, mi primer contacto con Valencia fue a los 9 años, como un regalo de mis padres por haber aprobado en circunstancias un tanto especiales el ingreso en el Bachillerato. Aquí vi el mar por primera vez y todavía recuerdo el impacto que me hicieron los puestos de flores en la plaza y la luz del aire. En mi inocencia –y bastante despiste geográfico– creí que los caracolillos que había encontrado en la arena, todavía a muchos kilómetros de la costa, los arrastraba hasta allí la marea.

No volví a tener especial contacto con Valencia durante los años de infancia, salvo por las magníficas naranjas emisarias que mi abuelo recibía por su cumpleaños y en Navidad de un cliente valenciano al que surtía de cajas de embalaje. Fue en la Universidad Complutense, en mis primeros años de estudiante, cuando Valencia se convirtió en parte de mi vida; no por motivos intelectuales, sino porque me oí llamar dona, chiqueta y otras palabras más dulces, con esa variación melodiosa, de eles abiertas y vocales intermedias que introducen en el castellano los socarraets. Fue un principio que aún no ha tenido fin y mis tres hijos y dos nietos portan un sonoro apellido valenciano.

No es de extrañar que cuando a finales de los años sesenta, ya licenciada, diseñé una encuesta para conocer las actitudes de los jóvenes universitarios, la Universidad de Valencia fuese una de las seleccionadas para realizar el trabajo de campo. Conté entonces con el apoyo del catedrático de sociología de esta universidad el profesor José Jiménez Blanco. Desde ese momento y hasta hoy mis contactos con esta universidad y la comunidad a la que pertenece han permanecido vivos: he sido miembro de tribunales de tesis, conferenciante, organizadora de cursos de verano y profesora del programa de doctorado a través de la Fundación Cañada Blanch. Con el Departamento de Sociología siempre he tenido una relación estrecha y fue uno de los primeros en prestarme su apoyo cuando concurrí a la Presidencia de la Federación Española de Sociología.

Con especial emoción recuerdo dos acontecimientos que marcaron mi vida posterior como persona, como docente y como investigadora. El primero fue a comienzos de la década de los ochenta, un acto organizado por el Movimiento Asociativo de Mujeres, cuando los movimientos sociales buscaban en la Universidad argumentos que dieran contenido conceptual a sus prácticas cotidianas. Titulé mi conferencia «Ciencia para la vida, ciencia para la libertad» y he vuelto sobre esas ideas básicas muchas veces a lo largo de mi carrera profesional. El segundo fue durante el verano de 1995. Estaba previsto que dirigiese un curso en Gandía, la sede estival de esta universidad, y en agosto me detectaron un cáncer de mama. En un primer momento hubiera desistido del empeño, pero el apoyo sin fisuras de la directora de la universidad de verano, de los colegas que participaban como profesores en él y de la profesora Pilar Folguera, de la Universidad Autónoma de Madrid, que se inscribió en el curso sin otro motivo real que acompañarme durante esos días, hizo posible que resistiese el embate de las primeras sesiones de quimioterapia. En aquel duelo entre el deseo de rendirse y el de mantener los proyectos, esos apoyos fueron decisivos y me enseñaron que la solidaridad de los demás hace posible vencer batallas que uno solo no puede.

Como ven, son muchas las entidades y las personas a quienes hoy he de agradecer, y no hace falta que cite expresamente los nombres de todos ellos porque estoy segura de que se reconocen en mis palabras. Quizá no sea una práctica habitual, pero si me lo permiten, quiero dedicar este breve discurso de investidura a un colectivo con quien no solo yo sino todos ustedes tenemos una deuda impagable. Me refiero a quienes cuidan en sus hogares a enfermos y familiares dependientes y lo hacen sin recibir remuneración alguna. A ellos les debo el mayor estímulo para mi propio trabajo intelectual y, por mucho que les dedique actos como este, nunca corresponderé suficiente a lo que ellos han hecho por mí.

EL ESTÍMULO DE LA EXPERIENCIA COTIDIANA

En enero de 1975, cuando acababa de volver del hospital de dar a luz a mi segundo hijo y a causa de una diarrea del recién nacido, en un solo día se acumularon en casa siete lavados de ropa. En la Facultad de Económicas, de la que era profesora, sucesos como este parecían carecer completamente de interés. Eran invisibles, oscurecidos por temas que mis colegas creían de mayor importancia, tales como la extracción de carbón, la importación de petróleo o el precio del trigo. Sin embargo, siete lavadoras de ropa en un solo día son un acontecimiento que deja marcado un calendario e incita a la reflexión. A mí me obligó a preguntarme quién y con qué criterios decide la relevancia de los temas. ¿Desde qué experiencias personales se han formado los marcos teóricos que utilizamos para explicar nuestra existencia? Ese día inicié una tranquila rebelión intelectual y decidí que la observación de la vida cotidiana tiene tanta o más importancia para la investigación en ciencias sociales que la reflexión abstracta. Comencé a llevar un diario en el que anotaba las experiencias domésticas y los continuos trasvases entre trabajo remunerado y no remunerado. Esa práctica me marcó y creo que me ha dado energía para ahondar en la búsqueda de las realidades que se hallan más allá de los espejos que habitualmente nos ofrece la academia para reconocernos. Por eso, desde entonces he tratado de compatibilizar diversas líneas de investigación en las que se complementan perspectivas canónicas y aproximaciones críticas. Como botón de muestra, compartiré con ustedes algunas reflexiones sobre el concepto de trabajo y sobre la economía del cuidado.

TRABAJO NO ES SINÓNIMO DE EMPLEO

La delimitación de la frontera entre trabajo y empleo no es una cuestión lingüística: es, sobre todo, una cuestión política, porque el estatuto del trabajador va asociado con algunos de los derechos y obligaciones sociales y económicas más importantes en la vida actual.

Naciones Unidas estima en el Informe 2010 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que la proporción entre trabajadores y población total para el conjunto del mundo es 60,4%. Las estimaciones se refieren a toda la población porque el criterio de «población potencialmente activa», o de quienes tienen entre 15 y 65 años, tiene poca aplicación en los países en que los muy jóvenes trabajan como ayuda familiar en las explotaciones agrarias o no existe realmente edad de retiro para la población de edad avanzada. La ratio mínima entre población y número de trabajadores se produce en África occidental (44,3) y la máxima en Asia oriental (69,9), con Latinoamérica y el Caribe en el punto medio mundial y las regiones desarrolladas cinco puntos por debajo.

En la década transcurrida entre 2000 y 2009, la ratio mundial bajó 0,8 puntos, debido principalmente a los cambios en la composición por edades de la población. Solo aumentó en algunas regiones por crecimiento de la población joven y como consecuencia de una mayor incorporación de las mujeres al empleo. Si entre el 44,3 y el 69,9% de la población mundial está directamente vinculado con el empleo, ¿cuántas de las personas restantes trabajan sin empleo? Y ¿cuántas de las que se computan como trabajadores con empleo trabajan, además, en ocupaciones no remuneradas?

Si la ratio de 60,4 se aplica a la población total, tal como estaba prevista por el World Population Prospects de Naciones Unidas para 2010 (6.909 millones de personas en el mundo), el número de trabajadores ocupados podría estimarse en 4.173 millones de personas.

De los trabajadores ocupados, Naciones Unidas estima que para el conjunto del mundo más de la mitad (50,6%) trabaja por cuenta propia o como ayudas familiares, proporción algo más elevada entre las mujeres (52,3%) que entre los varones (49,4%). En las regiones desarrolladas la proporción de trabajadores por cuenta propia o autónomos entre los ocupados es solo del 9,1% porque prevalecen las empresas medianas y grandes, así como el empleo público; en cambio, en los países menos desarrollados el 87,7% de los empleos son ocupados por trabajadores por cuenta propia o ayudas familiares.

Diversos estudios de cepal han documentado la mayor participación de mujeres que de hombres en los sectores de baja productividad; dentro de estos sectores, los salarios de las mujeres son mucho más bajos que el de los varones. La falta de tiempo para sí mismas debido a la dedicación temprana al trabajo no remunerado es una de las causas de esta desigualdad.

Aplicando diversas ratios, resulta una estimación para todo el mundo de 2.061 millones de trabajadores asalariados y 2.111 millones de trabajadores autónomos y ayudas familiares. Sin embargo, las cifras de empleo esconden profundas diferencias entre regiones y países, así como entre regiones de un mismo país y entre grupos sociales. La asalarización significa un paso en el abandono de la economía informal de subsistencia, acompañada de una mejora en la probabilidad de obtener beneficios sociales para el propio trabajador y su familia. Cuando aumenta el número de personas empleadas en una economía, aumente su PIB total, pero no sucede lo mismo de modo automático con el pib por persona empleada, ya que puede reducirse si los nuevos empleos están por debajo de la media anterior.

Por comparación con el trabajo remunerado, el trabajo no remunerado es más voluminoso, más heterogéneo y mucho más desconocido. No presenta dificultades de delimitación respecto al trabajo asalariado, pero como ya se ha hecho notar, en el mundo es por ahora más común el empleo autónomo que el asalariado, y la frontera entre el trabajo por cuenta propia y el no remunerado es permeable. Si la ausencia de fuentes hace que las estimaciones del trabajo remunerado solo sean conjeturables en gran parte del mundo no desarrollado, en el trabajo no remunerado la pobreza de investigaciones básicas es por ahora de tal calibre que cubre incluso a los países más desarrollados, de los que apenas media docena cuentan ya con varias encuestas comparables que incluyan amplia información sobre este tema. Siendo el tiempo un recurso escaso, el tiempo destinado a cuidar no podrá dedicarse simultáneamente al empleo, y muchos países tendrán que elegir entre ambas alternativas. Si se mide en horas trabajadas, el trabajo no remunerado es más voluminoso a nivel mundial que el remunerado, aunque esta afirmación haya que calibrarla con una definición precisa de qué se entiende por trabajo, especialmente en el trabajo del cuidado. Su mayor volumen viene dado por la participación intensa de la población femenina en todo el mundo, y sobre todo en las áreas menos desarrolladas y en los sectores sociales de menos recursos. A diferencia del trabajo asalariado, el trabajo no remunerado se realiza en los días festivos, en los horarios anteriores y posteriores al laboral, y lo realizan los jubilados, los pensionistas y, en muchos casos, los niños, los ancianos y los enfermos. Según un informe promovido por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas y realizado por el Institute of Political Studies of Paris,1 los datos ofrecidos por las estadísticas tradicionales infravaloran el trabajo real de hombres y mujeres al no incluir el trabajo no remunerado. Al incluirlo, el tiempo total de trabajo de las mujeres iguala o sobrepasa el de los varones.

Como resultado de la acumulación de trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres y las niñas disponen de menos tiempo para la escolarización y para el ocio, especialmente en las zonas rurales. El trabajo no remunerado contribuye a la cohesión social más que cualquier otro programa de políticas públicas. Por ello, los logros en cohesión social no pueden restringirse a la inserción en la producción, olvidando el papel clave que juegan las familias, y especialmente las mujeres dentro de ella, para la producción de bienestar social.

Igual que el trabajo remunerado, el no remunerado es heterogéneo en su composición interna: bajo esta rúbrica se clasifican desde los trabajos duros y penosos de los hogares que carecen de las infraestructuras materiales mínimas (agua potable, energía, red sanitaria y de alcantarillado) hasta los trabajos de gestión patrimonial y representación social que se realizan en los hogares de las clases acomodadas. El trabajo no remunerado es una terra ignota, un continente invisible que hasta ahora se ha explorado poco pero sin cuyo concurso no pueden entenderse las sociedades tradicionales ni, tampoco, las modernas.

Paradójicamente, y aunque no sea su propósito, la mayor fuente mundial de información sobre el trabajo es también un fuente formidable de invisibilización de las formas de trabajo que no se ajustan a una definición restrictiva del mismo. Por ejemplo, la Encuesta de Población Activa (EPA), que tanto utilizamos como guía de políticas sociales y económicas, se convierte en un agente de creación de opinión indirecto al atribuir la condición de inactivos a quienes no tienen relación personal directa con el mercado laboral, independientemente de la utilidad social de su trabajo. La existencia de un instrumento de observación tan extenso como la EPA ha oscurecido otras formas de trabajo no observadas por la encuesta. Además, su capacidad de conferir existencia simbólica a los sujetos es extraordinaria. Por poner un ejemplo, para recibir la condición de «trabajador» según la encuesta, basta con haber dedicado una hora la semana anterior a la actividad definida como tal. Si tal capacidad identificadora se aplicase a la dedicación a otras actividades, prácticamente la totalidad de la población adulta podría identificarse con la condición de «trabajador doméstico no remunerado», y una buena parte debería considerarse asimismo como «estudiante».

Según la EPA, la no-dedicación al trabajo remunerado por dedicación expresa al cuidado de dependientes (niños, adultos enfermos o discapacitados, mayores) es 22 veces más frecuente entre mujeres que entre varones (6,7% frente al 0,3%) y asimismo la inactividad por dedicación a «otras responsabilidades familiares o personales» es 15 veces más frecuente entre mujeres que entre varones.

La visibilización prioritaria del trabajo remunerado no solo se produce en la EPA. La mayoría de las investigaciones adoptan el trabajo remunerado como perspectiva principal de las actividades, oscureciendo otras formas de trabajo. Por ejemplo, en los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas dirigidos periódicamente a personas mayores de 18 años, la categoría «trabajo doméstico no remunerado» se recoge explícitamente, pero es residual respecto al trabajo remunerado. Gran parte de la población no trabaja remuneradamente o participa en ambos tipos de trabajo, pero el barómetro los identifica prioritariamente por su relación actual con el trabajo remunerado (clasificándolos como trabajadores), pretérita (jubilados, parados que han trabajado antes), futura (parados que buscan su primer empleo) o incluso por su no-relación con el trabajo remunerado (pensionistas que no han trabajado antes), primándola de este modo respecto a la identificación y la auto-identificación social mediante otras formas de trabajo.

La distribución territorial del trabajo no es homogénea, ni internacionalmente ni entre regiones de un mismo país. En España existe un marco legal homogeneizador, pero a pesar de ello la diferencia regional entre el tiempo medio semanal dedicado por los adultos (población mayor de 18 años) al trabajo remunerado y no remunerado es considerable. Entre Baleares (23,01 horas semanales dedicadas al trabajo remunerado) y Asturias (16,69 horas) hay un 38% de diferencia en la dedicación de tiempo. En el trabajo no remunerado, entre Cantabria (20,87 horas) y Andalucía (27,13 horas) hay un 30% de diferencia.

Los trabajadores ocupados solo son el 47% de las personas mayores de 16 años, y entre ellos hay un 5% que en la semana anterior no dedicó tiempo al trabajo remunerado. En el trabajo no remunerado de «un día cualquiera» participa el 91% de las personas mayores de 18 años, lo que permite decir con bastante aproximación que el número de personas que realizan trabajo no remunerado es el doble que el de trabajadores remunerados.

El tiempo de dedicación al trabajo remunerado se concentra en un período relativamente breve del ciclo vital, entre los 20 y los 65 años, y asimismo en un calendario semanal concentrado de lunes a viernes. Lo más frecuente es que los varones ocupados le dediquen entre 1.840 y 2.300 horas anuales (2.070 como punto medio), en tanto que para las mujeres ocupadas lo más frecuente es dedicarle entre 1.381 y 1840 horas anuales (1.610 como punto medio).

En cuanto al trabajo no remunerado de carácter material (excluyendo el cuidado), el 16% de los varones no le dedican tiempo, dado que solo el 2% de las mujeres quiere o puede dejar de hacerlo. El hecho de vivir en pareja, sea matrimonio o simple convivencia, tiene importantes y opuestas consecuencias para hombres y mujeres: el 31% de los varones que vive en pareja no dedican tiempo al trabajo doméstico no remunerado, circunstancia que solo se aplica al 0,9% de las mujeres casadas o convivientes en pareja. Las jornadas extralargas (más de 2.300 horas anuales) solo afectan al 11% de los que trabajan remuneradamente, pero se hallan en esas circunstancias el 27% de las amas de casa. Muchos de los trabajadores remunerados realizan también trabajo no remunerado, y su carga global de trabajo es la suma del tiempo que dedican a ambos tipos de trabajo.

Aunque se supone que los jubilados ya no trabajan, muchos jubilados realizan largas jornadas de trabajo no remunerado, especialmente las mujeres. Según la Encuesta de Empleo del Tiempo 2002-2003, el tiempo medio dedicado por el conjunto de la población adulta al trabajo no remunerado doméstico es 2,59 horas diarias en un día promedio, en tanto que la dedicación al trabajo remunerado es 2,39 horas.

Desde el punto de vista legal no resulta fácil argumentar en torno al trabajo no remunerado, porque hasta ahora ha resultado casi invisible para los legisladores.2 En España, no forma parte de los convenios colectivos, apenas existe jurisprudencia directa y no se ocupan de él los inspectores de trabajo ni los tribunales laborales.

El Código Civil obliga a compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado (art. 68). Dispone también que en el régimen económico más frecuente de los matrimonios, el de gananciales, se hacen comunes las ganancias obtenidas por cualquiera de los cónyuges y se atribuyen por partes iguales si se disuelve la sociedad (art. 1347). La idea subyacente es que dentro del matrimonio valen igual el trabajo de la mujer y el del hombre, lo que llevado a la imputación de un valor/hora al conjunto del trabajo desarrollado en los hogares equivaldría a otorgarle el valor medio del trabajo realizado fuera de los hogares. Tal vez fuese más preciso denominarlo trabajo no monetarizado para destacar que es un tipo de trabajo que no da lugar a transacciones monetarias inmediatas, pero en cierto modo está recompensado, en el sentido de que el salario medio ha de incluir el coste de reproducción (ha de bastar para el trabajador y su familia) y frecuentemente se acompaña de primas por situación familiar o reducciones fiscales, por el mismo motivo. No obstante, lo esencial de este trabajo y lo que le diferencia de otros trabajos es que no se acompaña de un pago directo, y en ese sentido es correcta su identificación como trabajo no remunerado.

En todo el mundo, la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado es realizado por mujeres, lo que reduce sus posibilidades de incorporarse al trabajo remunerado. Forma parte de una tradición de división sexual del trabajo que cobra nuevo sentido en las sociedades actuales en las que la autonomía individual se vincula estrechamente con la posibilidad de obtención de rentas laborales.

El alargamiento de la esperanza de vida, la disminución del número medio de hijos por mujer y la pérdida de importancia económica de los patrimonios familiares respecto a las rentas han dado una nueva dimensión a la división sexual del trabajo, privándola en buena parte de su legitimidad histórica. En la actualidad, la búsqueda del reconocimiento del trabajo doméstico no remunerado como «verdadero trabajo» forma parte de la lucha política de las mujeres y es la base de programas de redistribución que requieren no solo el cambio en las relaciones entre hombres y mujeres sino también en las instituciones básicas de las economías contemporáneas: los hogares, las empresas y el Estado.

EL TRABAJO INVISIBLE, NO MEDIDO Y OCULTO

En 2002, la OIT reconocía en un extenso informe que, en contra de lo esperado, la economía informal estaba creciendo rápidamente incluso en los países industrializados, por lo que no podía considerarse un fenómeno temporal o marginal. El trabajo informal es la respuesta a la incapacidad del mercado para crear empleo formal y satisfacer la demanda de puestos de trabajo. No se le denomina «sector» porque carece de estructura, y se usa la expresión «economía informal» para referirse al numeroso colectivo de trabajadores y empresarios, urbanos y rurales, que operan en este ámbito.

Paradójicamente, las tic (nuevas tecnologías de la información y la comunicación) han contribuido a flexibilizar las relaciones laborales y a informalizar la producción, permitiendo formas nuevas de descentralización internacional de la producción y distribución de mercancías. Se acepta comúnmente que la mayor parte de los nuevos empleos creados en el mundo en la última década lo han sido en la economía informal; por ejemplo, en África se han creado más del 90% de los nuevos puestos de trabajo, incluido más del 60% del nuevo empleo urbano y el 80% del empleo no agrícola.

Como el trabajo informal es un recurso de las familias ante la inexistencia de mejores alternativas, el trabajo de los niños nutre también la economía informal. La oit estima que existen 211 millones de niños trabajadores, de los que 102 son niñas. Las niñas son más vulnerables porque empiezan a trabajar más temprano, reciben menos dinero por el mismo trabajo y trabajan más horas. Si se incluyesen los trabajos no remunerados del hogar, el número de niñas trabajadoras sería, según el mismo informe, mayor que el de niños. En algunos casos asumen obligaciones domésticas antes de los 5 años. La incidencia de mano de obra infantil es dos veces más alta en las zonas rurales que en las urbanas. En Latinoamérica es un fenómeno que afecta a toda la región, ya que de cada cien puestos de trabajo creados ochenta y cinco nacen de la iniciativa propia de los desempleados. Tras la recuperación durante la década 2000-2010 estas cifras se ha reducido pero el fenómeno sigue siendo de gran amplitud. La economía informal ocupa sobre todo a mujeres, como estrategia familiar para escapar de la pobreza.

La disponibilidad de un buen Sistema de Cuentas Nacionales es condición imprescindible para la adopción de medidas políticas eficaces. Para ello hay que tener claro qué se observa, cómo se mide y qué tipo de relaciones se presupone que existen entre los temas que van a investigarse. En países como España, que para 2012 espera tasas de desempleo superiores al 23% de la población activa, y en el que los recursos sociales aplicados al alivio de esta situación consumen una porción insostenible del presupuesto del Estado, el conocimiento de la economía no visible e informal debiera ser una prioridad en la investigación sobre el empleo.

En realidad, el Sistema de Cuentas Nacionales es una convención. El modo más adecuado de interpretarlo no es considerarlo un acuerdo definitivo o un punto de llegada, sino un proceso en desarrollo en el que el trabajo no remunerado tiene un estatuto fluido que puede cambiar. O aún más, hacer cambiar al propio SNA para transformarlo desde dentro o desde fuera.

Por tratarse de un flanco frágil y lateral en la economía convencionalmente delimitada por el SNA, la economía no observada es de especial interés conceptual y metodológico para quienes investigan la otra economía, la que escapa definitivamente al sistema de las cuentas nacionales.

La economía no-observada produce incomodidad tanto a los responsables políticos y a los técnicos como a los simples usuarios de información económica. A los responsables políticos les hace recordar la existencia de zonas oscuras, delictivas o no protegidas de la sociedad que rigen, y siembra dudas sobre la eficacia de su gestión. A los técnicos les incomoda porque pone en duda su capacidad para cumplir el cometido que les ha sido asignado. O, como mínimo, hace evidentes las limitaciones del campo que dominan. El malestar se agrava por tratarse de estimaciones de fuerte proyección social, de las que técnicos y gobiernos han de «dar cuenta» y recibir evaluación externa, frecuentemente vinculada a compromisos internacionales, imagen externa, sanciones y recompensas.

Algunos de los nombres con que se identifica la economía no observada son economía escondida, en la sombra, paralela, subterránea, cash, informal y mercado negro. Al carecer de una infraestructura vigorosa, como la que en cualquier país medianamente desarrollado existe para la preparación de las Cuentas Nacionales, los escasos estudios publicados sobre la economía no-observada son parciales, discontinuos, poco contrastados o repetidos en investigaciones posteriores, así como no homogeneizables a nivel internacional. A menudo se basan en fuentes poco fiables o establecen conexiones indirectas (por ejemplo, tomando como indicador la demanda de dinero o el dinero en circulación), con indicadores que otros expertos no consideran adecuados.

La UNECE (United Nations Economic Commission for Europe) lleva intentando desde hace una década la mejora en el grado de exhaustividad de la Cuentas Nacionales, no solo en Europa sino en otros países. En la primera ronda del Proyecto Piloto sobre Exhaustividad (PPE) que se llevó a cabo en 1998-1999, Eurostat desarrolló un marco de tablas que relacionaban las áreas de la economía no observada con los principales problemas estadísticos hallados en la Contabilidad Nacional en diversos países.

En el proyecto de la UNECE sobre prácticas contables no se considera el trabajo no remunerado de los hogares porque no forma parte del tipo de exhaustividad buscado. Tampoco forma parte de sus objetivos el trabajo de voluntariado. Los informes de la UNECE son muy diferentes entre sí en extensión y procedimiento, poniendo de relieve las grandes dificultades con que tropieza la innovación y el refinamiento de las mediciones en las economías nacionales. Diversas instituciones (UNECE, UNESCAP, OCDE...) están tratando de integrar la economía no observada en los cuadros contables macroeconómicos, pero las dificultades teóricas y prácticas son considerables y parte del esfuerzo ha de dedicarse a lograr un consenso sobre qué es lo que se mide y sobre el modo de hacerlo. De eso tratan, exactamente, los proyectos de investigación que el Grupo de Investigación «Tiempo y Sociedad» del Consejo Superior de Investigaciones Científicas está desarrollando.3

ECONOMÍA DEL CUIDADO

De entre todas las tareas que se desarrollan en los hogares, las que producen mayor desazón al investigador y más debate ideológico sobre su estatuto son las de cuidar y gestar. El descenso de la natalidad en los países desarrollados es la mejor prueba de que la gestación puede considerarse colectivamente una actividad no necesaria, aunque a largo plazo suponga la desaparición del propio grupo y/o la sustitución de unos grupos por otros. La tasa de reposición para los países desarrollados se estima entre 2,1 y 2,4 hijos por mujer, pero en Europa la mayoría de los países están muy por debajo de esa cifra mínima que solo alcanza Islandia. Desde la perspectiva de la Contabilidad Nacional, el nacimiento de un niño reduce la renta per cápita, en tanto que la de un cordero la aumenta. Se considera activo al que cuida los corderos, pero al que cuida niños sin cobrar se le considera pasivo. Sin embargo, pocos podrán poner en duda que gestar y dar a luz un niño es trabajoso, que cuidarle es una ocupación absorbente y que los niños son aún más necesarios a una sociedad que los corderos.

¿CÓMO CONCILIAR LAS PERSPECTIVAS DEL MERCADO Y LAS DE LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO?

Aunque los niños no tengan precio ni su valor pueda estimarse con criterios de mercado, el esfuerzo de la gestación y el parto se incorporan parcialmente a la Contabilidad Nacional por la vía de las excedencias remuneradas, las subvenciones a la natalidad y las prestaciones sociales relacionadas con la infancia. En el extraño juego que el mercado impone al fijar distintos valores a diferentes tipos de trabajadores, el hijo de una mujer perteneciente al mundo desarrollado resulta caro, mientras el de una mujer perteneciente a los países en vías de desarrollo resulta barato. Dentro de cada país, los hijos de las mujeres muy cualificadas cuestan más –en términos de lucro cesante y en términos de permisos laborales– que los de las mujeres menos cualificadas. De manera simplificada podría decirse que las mujeres de los países desarrollados tienen pocos hijos y las de los países en vías de desarrollo muchos, que en parte emigran a los países desarrollados en los que crecen más rápidamente los mercados que la población que los sustenta.

Por otra parte, la gestación puede ser un trabajo de alto riesgo en algunas circunstancias. Solo en el África subsahariana cada año mueren a consecuencia del parto 265.000 mujeres. En los cincuenta países clasificados por Naciones Unidas como los menos desarrollados, mueren por parto una de cada 22 mujeres gestantes, mientras que en los países desarrollados el trabajo de gestar solo termina con la muerte de la madre para una de cada 6.000.

Voy a terminar con una reflexión sobre el cuidado vinculado al mantenimiento de la salud a lo largo del proceso que media entre el nacimiento y la muerte. La gráfica que pueden ver, que ha sido elaborada por el ine, dibuja las llamadas líneas de supervivencia. Las líneas de supervivencia de hombres y mujeres no son muy diferentes, pero las diferencias son reconocibles a primera vista. De las cuatro curvas, la primera es casi una diagonal y representa la probabilidad de que, llegada a cierta edad, la población disfrute de una salud excelente. La línea más alta expresa la simple supervivencia, el límite con la muerte. Las líneas intermedias reflejan niveles intermedios entre la salud y la muerte, como la supervivencia con enfermedades crónicas. Como pueden ver, hasta los 45 años la línea de la no-muerte se mantiene muy cerca del techo, pero a partir de ahí comienza un claro descenso, que se hace más acusado para los varones. A partir de los 60 años, la línea de la salud excelente se aplana, y aumenta la población con enfermedades crónicas o discapacidades. En España, según datos de Naciones Unidas, los mayores de 80 años eran el 1% de la población en 1950; en 2010 eran el 5%, y en 2050 serán el 11%. Si se traducen estas cifras en necesidades de cuidado, los mayores de 80 años requerían en 1950 el 2% del tiempo destinado al cuidado de toda la población; en 2010 requerían el 10%, y en 2050 requerirán el 21%. En un país tan distante de nosotros como China, las demandas de cuidado consumirán en el futuro gran parte de su crecimiento económico. Entre hoy y el año 2050 el tiempo que cada persona en edad activa tiene que dedicar al cuidado aumentará un 32%, y habrá que detraerlo del tiempo destinado al empleo o aumentar la carga global de trabajo hasta hacerla casi insoportable, si no se generan alternativas institucionales a la familia. El esfuerzo per cápita dedicado al cuidado de la población mayor de 80 años se multiplicará por cuatro, con el agravante de que si no cambia el modelo tradicional de cuidado este recaerá principalmente sobre una población femenina asimismo envejecida, que es proporcionalmente más reducida que en otros países como consecuencia de la planificación selectiva de los embarazos.

MORTALIDAD OBSERVADA Y CURVAS TEÓRICAS DE SUPERVIVIENTES A LA DISCAPACIDAD, MALA SALUD Y ENFERMEDADES CRÓNICAS. LÍNEAS DE SUPERVIVIENTES

La reflexión que quiero compartir con ustedes es la de quién se ocupará del cuidado de la población con enfermedades crónicas o discapacidades en el próximo futuro. Y trato de contagiarles mi preocupación por el papel que desempeñará el cuidado en el contrato social que vincula entre sí a todos los ciudadanos y a los ciudadanos con el Estado y las instituciones sociales.

A la luz de estos datos es fácil que se abra camino la idea de que hace falta una economía innovadora que interprete el trabajo del cuidado como una actividad productiva, y una nueva sociología que coadyuve a implantar un modelo más justo en el reparto de la carga total de trabajo.

Espero que este discurso contribuya a conseguirlo y les doy de nuevo las gracias por haberme dado la oportunidad de decirlo públicamente.


Il·lustríssima Senyora Secretària General de la Universitat de València,

Autoritats Acadèmiques,

Sr. Director General

Doctora M.ª Ángeles Durán,

Membres de la Comunitat Universitària,

Senyores i Senyors, amigues i amics:

Permeteu-me que les meues primeres paraules en aquest solemne acte acadèmic siguen per a felicitar els i les que haveu rebut hui el diploma acreditatiu del premi extraordinari de doctorat.

Vos felicite molt especialment pel vostre esforç, que ha estat guardonat amb aquest reconeixement institucional i acadèmic.

Les tesis doctorals expressen habitualment els resultats més significatius de les primeres investigacions, i consoliden el màxim grau acadèmic que es pot obtindre en la universitat.

També mostren la diversitat de camps de coneixement que es cultiven en els nostres centres.

Voldria per tant encoratjar-vos a continuar alimentant la inquietud i la il·lusió que va motivar la realització de la vostra tesi doctoral.

Rebeu vosaltres, però també els i les vostres directors i directores de tesi, així com els departaments i instituts on heu desenvolupat el vostre treball de tesi, la felicitació institucional per aquest guardó.

Enhorabona i gràcies pel vostre excel·lent treball.

Passe ara a felicitar la professora María Ángeles Durán per la seua incorporació al Claustre de doctors i doctores de la Universitat de València, en virtut de l’acord de Consell de Govern, a proposta del Rector i amb el suport, entre altres, de l’Institut d’Estudis de la Dona, de la Unitat d’Igualtat, del Departament de Sociologia i Antropologia Social i de la Facultat de Ciències Socials.

Una decisió que ha tingut en compte, com ens ha llegit la senyora secretària general de la Universitat, els rellevants mèrits acadèmics i científics que concorren en la seua persona. Una obra que ha tingut una àmplia repercussió, tant pel seu fructífer magisteri, com pel seu constant estímul i el seu exemple, i, especialment, en el nostre àmbit, per la seua significativa vinculació amb la Universitat de València.

El Vicerrector de Cultura i Igualtat, profesor Antonio Ariño, en su magnífica laudatio, nos ha sintetizado magistralmente los contenidos de la amplia producción bibliográfica así como los distinguidos reconocimientos académicos y sociales obtenidos por nuestra nueva doctora honoris causa, y ha expuesto, de manera sintética, los núcleos centrales de su pensamiento.

En la lucha por la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres en la Universidad española, María Ángeles Durán ha ocupado y ocupa un lugar preeminente.

Fue fundadora y directora del Instituto de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid entre 1978 y 1985. Y por su intensa participación en jornadas y seminarios que desde esa época han animado la investigación y la sensibilización, puede considerarse una protagonista destacada de los procesos de institucionalización de la igualdad efectiva.

Durante más de cuarenta años ha desarrollado una labor científica extraordinaria. Una parte de sus publicaciones refleja el resultado directo de su tarea investigadora; otras su compromiso con la comunicación y divulgación científica y su decidida voluntad de contribuir al cambio social.

Ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de Investigación en Ciencias Jurídicas, Sociales y Económicas Pascual Madoz; la Medalla de Oro del Trabajo; el Premio «Fernández de los Ríos» de Urbanismo; y el Premio Cultura para la Salud (adeps).

En su obra intelectual destaca el permanente esfuerzo por abrir nuevos campos a la investigación, haciendo visible la interdependencia entre la vida privada y la pública, así como la situación de grupos sociales que hasta ahora habían atraído escaso interés de la sociología y la economía.

Han sido pioneros sus estudios sobre el trabajo no remunerado, la situación social de las mujeres, los cuidadores de dependientes, los enfermos de larga duración, y la desigualdad en el uso del tiempo.

En la obra y trayectoria de María Ángeles Durán se halla la respuesta a una pregunta que ella misma ha planteado en distintas ocasiones: ¿Cómo se incorporan las mujeres a la producción de conocimiento?

Cito de su obra De puertas adentro:

El potencial creativo de las mujeres, recién incorporadas como colectivo numeroso a los ambientes y a los procesos de creación sistemática de conocimiento, radica precisamente en su capacidad de impulsar el proceso de cuestionamiento de la ciencia y del conocimiento. En la medida en que éste les es ajeno y no han podido participar en su construcción histórica, mantienen una cierta frescura de la mirada con que se acercan a la cultura, y pueden iluminar zonas y perspectivas muy descuidadas por la investigación hasta ahora.

En esto ha consistido, sin duda, su obra: en iluminar con frescura y originalidad zonas descuidadas o ignoradas por la investigación precedente.

Así, ha señalado la importancia científica de una evidencia cotidiana: las unidades domésticas constituyen la mitad de la estructura económica. De lo cual se desprende un corolario, y cito de nuevo: «La estructura global no puede explicarse ni enseñarse cuando se olvidan la mitad de los datos, la mitad de la población y la mitad de las funciones».

Y de ahí surgió toda una línea fructífera de investigación que le ha llevado a diseñar encuestas de tiempo y a explotar las que recientemente, ya en esta década, ha realizado el Instituto Nacional de Estadística.

Otro de los temas que le han venido ocupando de manera creciente en las dos últimas décadas es el relacionado con los costes invisibles de la enfermedad y muy especialmente del cuidado a la dependencia, en parte derivado de su propia experiencia personal, investigación plasmada en el libro Los costes invisibles de la enfermedad, donde ha utilizado, como suele ser habitual en ella, una abrumadora batería de encuestas y de fuentes distintas de información, procedentes del propio csic donde desarrolla su actividad académica, del INE, del CIS, del Ministerio de Sanidad, etc., con el propósito de rescatar para el análisis socioeconómico y político los aspectos hasta ahora escasamente conocidos de la demanda de cuidados, arrojando luz sobre nuevos tipos de necesidades de la sociedad española, y sobre las situaciones de desigualdad y dependencia originadas por la adscripción social del cuidado de enfermos y por las nuevas condiciones tecnológicas y demográficas.

La contabilización de los costes invisibles o de los intangibles –como dice María Ángeles Durán– no es solo una innovación técnica, sino ideológica, porque desvela mecanismos sociales de distribución y adscripción estructural de las cargas colectivas.

Otro de los asuntos que le ha ocupado es el del futuro del trabajo. Durante su estancia en la Universitat de València, patrocinada por la Cátedra Cañada Blanch de Pensamiento Contemporáneo, presentó ya unas conclusiones sobre esta problemática relacionadas con la creación de una nueva cultura del trabajo analizando la disyuntiva entre regulación legal y dinámica social, y las dificultades de crear empleo, si no hay un cambio de modelo.

Y además, aunque la crisis parece haber relegado al olvido un tema de tanta trascendencia, caminamos hacia una sociedad demográficamente madura, con altas tasas de envejecimiento demográfico y de dependencia.

En su interés por rastrear la historia de la presencia de las mujeres en todos los espacios sociales, María Ángeles Durán también ha estudiado la Universidad. Y en un trabajo titulado El renacimiento que vivimos hoy, afirma: «La búsqueda de la huella de la mujer en el primer milenio de la Universidad europea se resume en una palabra: nada».

Y en ese mismo texto afirma «no es una lamentación sobre el pasado lo que nos mueve: es el presente, y más aún el futuro, lo que nos interesa».

El recientemente publicado Libro Blanco de las Mujeres en la Ciencia en España es, a un tiempo, un índice de que el cambio está en marcha y del trecho que queda por recorrer.

La Universitat de València se halla comprometida en la promoción de esta política activa para lograr la igualdad efectiva.

Permitan que dirija a los premios de doctorado estas palabras de nuestra honoris:

No me importa reconocer que la investigación, el diálogo del pensamiento, es para mí la más apasionante aventura, que se lleva las horas por delante sin sentir y no entiende de calendarios ni jornadas. Pero no la ciencia por la ciencia, sino la ciencia humanizada, la que trata de agrandar los límites de la libertad y de la vida.

Su obra, su magisterio, pero también su personalidad, doctora Durán, nos van a recordar siempre, al tenerle en nuestro claustro, este compromiso académico con nuestra universidad, y con el que seguiremos contando ahora con más razón que nunca.

Sr. vicepresidente del Consejo, gracias por su presencia en este acto como expresión de apoyo al acuerdo de la Universitat de València, que, con este doctorado honoris causa, quiere sumarse a este proceso de reconocimiento de una obra y una vida que son ejemplares.

I el nostre reconeixement també Sr. Director General per acompanyar-nos en representació del govern de la Generalitat Valenciana.

I acabe ja.

María Ángeles Durán és una universitària compromesa, dotada d’una gran honestedat intel·lectual, que destaca per la varietat i l’amplitud dels seus interessos i els seus coneixements.

Per tot això, la Universitat de València s’honora concedint a la professora María Ángeles Durán el doctorat honoris causa que la incorpora, amb plenitud de drets, al Claustre de doctors i doctores de la nostra més de cinc vegades centenària institució. Enhorabona i moltes gràcies.

1. <http://ec.europa.eu/public_opinion/archives/eb_special_379_360_en.htm#376>.

2. «Sobre las mujeres con familiares enfermos recaen, con más dureza que sobre ningún otro grupo, las exigencias tradicionales de servicio a los demás y olvido de las propias necesidades y proyectos personales» (262).

3. «Las llamadas a la solidaridad intrafamiliar que aparecen regularmente en distintos medios de comunicación se superponen frecuentemente a otro sentimiento muy generalizado, que es la negativa a la solidaridad colectiva con todos los enfermos por la vía del reparto de la carga colectiva mediante una eficiente red de servicios financiada con fondos públicos» (23). «No hay pobreza tan rigurosa como la que aúna la pobreza de recursos monetarios con la ineludible necesidad de tiempo ajeno» (420, Aristóteles).

1. Se realizó en Benin, México e India. Los autores del anexo sobre Benin son Gabriel Brunnich y Anne-Laure Radas. Sobre India, Mehdi Ghissassi, Mercedes Johnson y Camille de Sentenec. Sobre Mexico, Pippa Druce y Pilar Rodríguez Riccheri. En Benin, el trabajo de las mujeres sobrepasa en un 43% la media del de los hombres, tanto en zonas rurales como urbanas.

2. En todo el mundo se están produciendo pequeños pasos hacia la visibilización del trabajo no remunerado en las leyes, tanto en las leyes de derechos políticos y cívicos como en la legislación de familia, y así lo reflejan los organismos internacionales (OIT y otros).

3. M. Á. Durán (dir.): «El trabajo no remunerado en la economía global», Madrid, Fundación bbva, 2012.

BIOBIBLIOGRAFÍA DE LA DOCTORA M. ÁNGELES DURÁN HERAS

por Irene Liberia Vayá

NOTA BIOGRÁFICA

María Ángeles Durán Heras (1942) estudió Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid, donde se licenció en 1964, al tiempo que cursaba simultáneamente estudios de Derecho. Obtuvo en la Universidad Complutense el doctorado cum laude en Ciencias Políticas el año 1971 con una tesis doctoral sobre «El trabajo de las mujeres», tras lo cual recibió una beca de la Comisión Fulbright para llevar a cabo estudios postdoctorales en el Institute for Social Research (ISR) de la University of Michigan (1972). A lo largo de su carrera ha realizado estancias de investigación e impartido docencia en las universidades Pontificia Universidade de Río de Janeiro (1981), University of Cambridge (1988 y 1997), University of Washington, Seattle (1989), Instituto Europeo de Florencia (1997) y Universidad Nacional Autónoma de México (2014).

Fue la primera mujer en conseguir una cátedra de Sociología en España y ha sido profesora, entre otras, de las universidades Autónoma y Complutense de Madrid, CEU, Zaragoza, Santiago de Compostela, Salamanca, Granada y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al que sigue vinculada en la actualidad como doctora Ad Honorem del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (Centro de Ciencias Humanas y Sociales).

Sus ámbitos de estudio se centran en la posición social de la mujer, el uso del tiempo, la desigualdad, la estructura social, el trabajo no remunerado, el urbanismo, la sociología de la salud, la familia y el bienestar social, temas sobre los que ha publicado más de dos centenares de textos académicos y divulgativos, entre los cuales destacan varios estudios pioneros y de referencia internacional. Algunos de ellos son: El trabajo de la mujer en España: un estudio sociológico (1972), Liberación y utopía. La mujer ante la ciencia (1982), De puertas adentro (1988), Mujeres y hombres en la teoría sociológica (1996), La ciudad compartida: conocimiento, afecto y uso (1998), La contribución del trabajo no remunerado a la economía española: alternativas metodológicas (2000), Si Aristóteles levantara la cabeza: quince ensayos sobre las ciencias y las letras (2000) o El trabajo no remunerado en la economía global (2012), entre muchos otros.

Su libro autobiográfico Diario de batalla: mi lucha contra el cáncer (2003) trata de dar voz a los enfermos de cáncer a través de la narración por parte de la autora de sus experiencias cotidianas a lo largo de la enfermedad. Recibió el Premio de la Fundación para la Educación Pública y Formación Oncológica Continuada (FEFOC) por su contribución al conocimiento y mejor comprensión de las consecuencias personales y sociales del cáncer. Pero lejos de ser esta la primera o la única vez que las circunstancias vitales de Durán se ven reflejadas en su obra, cabe señalar que ya la muerte temprana de su padre, el hecho de que su madre quedara a cargo de seis hijos y el enorme esfuerzo de esta por sacarlos adelante, marcó de manera muy notable la vida y los intereses de investigación de la futura socióloga.

Sus estudios han sido apoyados y financiados por instituciones nacionales e internacionales de alto nivel, entre las que destacan: la UNESCO, la Comisión Europea, la Organización Panamericana de la Salud (OPS-OMS), el European Network of the Parliament’s Commissions for Equality, el United Nations Research Institute for Social Development (UNRISD), la International Association for the Promotion of the Cooperation with Scientists from the Independent States of former Soviet Union (INTAS), la British Academy, la empresa Merck & Sharp Dhome, el Plan Nacional de la Ciencia, la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT), el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el Ministerio de Sanidad, las Cortes Generales de España, la Comunidad de Madrid, el Centro de Investigaciones Sociológicas, el Instituto de la Mujer, la Fundación BBVA, la Fundación Ford, la Fundación Cañada Blanch, la Fundación March, la Fundación Universidad-Empresa, la Fundación del Instituto Nacional de Industria, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, el Centro de Estudios Constitucionales y el Instituto de Cooperación Iberoamericana.

Pionera de los estudios de género en España, fue fundadora y directora del Seminario Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (1978-1985), origen del posterior Instituto Universitario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid (IUEM), uno de los primeros organismos a nivel mundial en desarrollar investigaciones rigurosas en nuevos campos relacionados con los cambios en la posición social de las mujeres.

Durán ha sido, asimismo, presidenta de la Federación Española de Sociología (1998-2001) y miembro del Comité Ejecutivo de la International Sociological Association (ISA). Entre otros méritos destacados, ha formado parte del Jurado del Premio Nacional de Investigación «Pascual Madoz» y del Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política del Centro de Investigaciones Sociológicas. La Universidad Autónoma de Madrid ha dado su nombre al Premio de Innovación Científica en el Estudio de las Mujeres, que tiene como objetivo fomentar la creatividad teórica y metodológica e impulsar la calidad de la investigación relacionada con el cambio social.

A sus actividades docentes e investigadoras se suma su dilatada labor editorial como miembro de las siguientes entidades: Publications Committee of the International Sociological Association, Consejo Editorial del e-Journal of the International Association for Time Use Research (IATUR), Consejo Asesor del Centro de Investigaciones Sociológicas (cis), Consejo de Redacción de la Revista Internacional de Sociología (RIS), Consejo de Redacción de la Revista Española de Sociología (RES) (de la que fue fundadora), Consejo Asesor de la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS), Consejo Editorial de la Revista Arte, Individuo y Sociedad (Universidad Complutense de Madrid), Consejo Editorial de Anduli - Revista Andaluza de Ciencias Sociales, Consejo Editorial de Asparkía (Universitat Jaume I, Castellón) y Consejo Asesor de Feminismos (Editorial Cátedra).

De igual manera, ha colaborado como asesora en numerosas organizaciones e instituciones científicas y sociales, tales como el Patronato de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (uimp) (2000-2008), el Consejo Rector del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (2008-2010), la Junta Consultiva de la Universidad Autónoma de Madrid (2004-actualidad), el Consejo Asesor de la Fundación Carolina (2004-2012), el Patronato de la Fundación Alares (2007-2015), la Comisión Asesora «Envejecimiento y Dependencia» del Ministerio de Sanidad y Consumo (2007-2008) y la Comisión Asesora de Política Científica del Ministerio de Economía y Competitividad.

Además, ha llevado a cabo destacadas actividades de representación profesional, entre las cuales se encuentran haber sido compareciente ante la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales para la emisión del Informe para la Conciliación de la Vida Laboral y Profesional (Congreso de los Diputados, noviembre de 2005); Compareciente ante la Comisión de Población para el Informe sobre Dependencia en España (Parlamento Andaluz, 2005) y Compareciente ante la Comisión Nacional para la Racionalización del Uso del Tiempo (Congreso de los Diputados, 2007).

A lo largo de su vasta trayectoria, María Ángeles Durán también ha realizado tareas de organización y coordinación de actividades científicas. Entre las más recientes, destacan las siguientes: ha sido cofundadora y miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnológicas (amit); fundadora y coordinadora del Grupo de Trabajo «Tiempo y Sociedad» de la Federación Española de Sociología; coordinadora de la Sesión Plenaria en la I Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Sociología en América Latina (Venezuela, 2002); coordinadora del Simposium «La sociología actual en Latinoamérica» (XIV Congreso Mundial de la International Sociological Association, Brisbane, Australia, 2002) y coordinadora, junto con R. Ramos, de la Sesión Especial «Tiempo y Vida Cotidiana» en el VIII Congreso Español de Sociología (Federación Española de Sociología, 2003).

Desde principios del siglo xxi viene desarrollando un intenso trabajo en América Latina para el fomento de investigaciones y estudios que pongan de relieve las aportaciones de las mujeres y de los trabajadores no remunerados al bienestar social. Para ello ha colaborado con instituciones y entidades como la United Nations Development Fund for Women (UNIFEM, ahora ONU-Mujeres), la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), varias ediciones de la Conferencia Regional sobre América Latina y el Caribe, el United Nations Populations Fund (UNFPA), el Foro SUR, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística IBGE (Río de Janeiro), la Bienal de Arquitectura (Santiago de Chile), la Universidad Nacional Autónoma de México, el Foro Internacional de Salud (Lima), la Secretaría de Políticas para as Mulheres (Brasil), la Comissão para a Ciudadania e a Igualdade de Género (Portugal), los centros culturales de España en Buenos Aires y Montevideo y el Instituto Cervantes de Tánger y Tetuán.

A su intensa y sólida carrera como investigadora y docente –sin olvidar su destacada labor en tareas de gestión, asesoramiento y edición–, hay que sumar una importante actividad de comunicación y divulgación científica más allá del terreno académico. Algunas de sus obras, entre ellas Los costes invisibles de la enfermedad (1999) o El valor del tiempo (2007), así como su incesante colaboración con entidades culturales y ciudadanas, constituyen una prueba irrefutable del profundo compromiso con la ciencia y con la sociedad que define la trayectoria vital y profesional de María Ángeles Durán.

PRINCIPALES PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

2017 Mención de Honor Juana Azurduy de Padilla (Senado de la República Argentina)

2016 Premio de la Federación de Mujeres Progresistas (Categoría Nacional)

2013 Colegiada de Honor del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Granada

2012 Doctorado Honoris Causa por la Universitat de València

2010 Premio Cultura para la Salud (ADEPS)

2009 Medalla de Oro de Extremadura

2008 Premio Mensajeros de la Paz Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid

2005 Medalla de Oro al Mérito del Trabajo Premio Protagonistas (Investigación y Ciencia, IX Edición)

2004 Premio de la Fundación para la Educación Pública y Formación Oncológica Continuada (FEFOC) (por la obra Diario de batalla: mi lucha contra el cáncer, 2003)

2002 Premio Nacional de Investigación en Ciencias Sociales, Económicas y Jurídicas «Pascual Madoz»

1999 Premio de Ensayo en Urbanismo «Fernández de los Ríos» (por la obra La ciudad compartida: conocimiento, afecto y uso, 1998)

BIBLIOGRAFÍA

Libros, informes y documentos técnicos

1. (ed.) (2014): Las personas mayores en la economía de Euskadi, Vitoria, Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia / Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 215 pp.

2. M. Á. Durán y V. Milosavljevic (2012): Unpaid Work, Time use Surveys and Care Demand Forecasting in Latin America, Bilbao, Fundación BBVA, Documentos de Trabajo, 7, 50 pp.

3. (dir.) (2012): El trabajo no remunerado en la economía global, Bilbao, Fundación BBVA, 507 pp. [Trad.: Unpaid Work in the Global Economy, Bilbao, Fundación BBVA, 2012, 511 pp.]

4. (dir.) (2011): El trabajo del cuidado en América Latina y España, Madrid, Fundación Carolina, 176 pp.

5. (ed.) (2010): Tiempo de vida y tiempo de trabajo, Madrid, Fundación BBVA, 192 pp.

6. M. Á. Durán y J. Rogero García (eds.) (2009): La investigación sobre el uso del tiempo. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (cis), 215 pp.

7. (dir.) (2008): La cuenta satélite del trabajo no remunerado en la Comunidad de Madrid, 2007-2008, Madrid, Comunidad de Madrid, Dirección General de la Mujer, 500 pp.

8. (2007): El valor del tiempo, Madrid, Espasa-Calpe, 285 pp. [Trad.: O valor do tempo: quantas horas te faltam ao dia?, Brasilia, Secretaria de Política para as Mulheres, 2010; O valor do tempo: quantas horas te faltam ao dia?, Lisboa, Estudos 8, Comissão para a Igualdade no Trabalho e no Emprego, 2013, 202 pp.]

9. (dir.) (2006): La cuenta satélite del trabajo no remunerado en la Comunidad de Madrid: trabajo de campo y codificación. «Encuesta CSIC sobre trabajo no remunerado en la Comunidad de Madrid 2005», Madrid, Comunidad de Madrid, Consejería de Empleo y Mujer, 131 pp.

10. J. Díez Nicolás, M. Á. Durán, L. González Seara, J. Iglesias de Ussel, J. Pérez Vilariño, J. I. Rospir Zabala, M. A. Ruiz de Azúa Antón, I. de la Torre Prados (coords.) (2004): Reflexiones sociológicas. Libro homenaje a José Castillo Castillo, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (cis), 1213 pp.

11. M. Á. Durán et al. (dirs.) (2004): Informe sobre el impacto social de los enfermos dependientes por ictus (Informe ISEDIC, 2004), Madrid, Merck Sharp & Dohme de España, Grupo msd, 174 pp. [2.ª ed., 2005]

12. M. Á. Durán et al. (dirs.) (2004): La aportación de las mujeres a la sociedad y a la economía de la Comunidad de Madrid, Madrid, Consejería de Empleo y Mujer, Dirección General de la Mujer, 367 pp.

13. (2003): Diario de batalla: mi lucha contra el cáncer, Madrid, Aguilar, 297 pp.

14. M. Á. Durán, I. Serra Yoldi y R. Torada (2001): Mujer y trabajo: problemática actual, Alzira, Germania, 119 pp.

15. (coord.) (2000): Nuevos objetivos de igualdad en el siglo XXI: las relaciones entre mujeres y hombres, Madrid, Comunidad de Madrid, Dirección General de la Mujer, 368 pp.

16. (2000): Si Aristóteles levantara la cabeza: quince ensayos sobre las ciencias y las letras, Madrid, Cátedra, 474 pp. [2.ª ed., Sevilla, Consejería de Educación y Ciencia, Junta de Andalucía, 2002, 454 pp.]

17. (coord.) (2000): El futuro del trabajo en Europa: género y distribución del tiempo, Valencia, Cátedra Cañada Blanch de Pensamiento Contemporáneo, 80 pp.

18. (dir.) (2000): La contribución del trabajo no remunerado a la economía española: alternativas metodológicas, Madrid, Instituto de la Mujer, 622 pp.

19. (dir.) (2000): Conciliación entre vida familiar y política: informe realizado para las Cortes Generales de España con motivo de la III Conferencia de Comisiones Parlamentarias de Igualdad de Oportunidades entre las Mujeres y los Hombres en los Estados Miembros de la Unión Europea y del Parlamento Europeo, Madrid, Cortes Generales, 166 pp.

20. (1999): Los costes invisibles de la enfermedad, Bilbao, Fundación BBVA, 335 pp. [2.ª ed., 2002].

21. C. García Sáinz y M. Á. Durán Heras (dirs.) (1998): Fuentes bibliográficas sobre trabajo no remunerado, Madrid, Dirección General de Economía y Planificación / Consejería de Economía y Empleo, 173 pp.

22. (ed.) (1998): La ciudad compartida: conocimiento, afecto y uso, Madrid, Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, 245 pp. [Versión revisada, Santiago de Chile, Ediciones Sur, 2008, 204 pp.]

23. (ed.) (1997): Las bases sociales de la economía española, Valencia, Universitat de València, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 156 pp.

24. (coord.) (1996): Mujeres y hombres en la formación de la teoría sociológica, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), 340 pp.

25. (ed. lit.) (1993): Mujeres y hombres: La formación del pensamiento igualitario, Madrid, Castalia, 301 pp.

26. J. M. De Miguel, F. J. Yuste y M. Á. Durán Heras (eds.) (1988): El futuro de la salud, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 145 pp.

27. (dir.) (1988): De puertas adentro, Madrid, Instituto de la Mujer, 469 pp.

28. M. Á. Durán Heras y J. A. Rey (eds.) (1987): Literatura y vida cotidiana: Actas de las Cuartas Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Madrid, 1984, Madrid / Zaragoza, Universidad Autónoma de Madrid / Universidad de Zaragoza, 491 pp.

29. (1986): La jornada interminable, Barcelona, Icaria, 74 pp.

30. (ed.) (1983): Desigualdad social y enfermedad, Madrid, Tecnos, 180 pp.

31. (ed.) (1982): La investigación sobre la mujer en la universidad española contemporánea: para un catálogo de tesis y memorias de licenciatura sobre la mujer, Madrid, Dirección General de Juventud y Promoción Socio-Cultural, Ministerio de Cultura, 159 pp.

32. (ed.) (1982): Liberación y utopía, Madrid, Akal, 230 pp.

33. (coord.) (1981): La mujer en el mundo contemporáneo, Madrid, Seminario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid, 163 pp.

34. (1978): El ama de casa. Crítica política de la economía doméstica, Madrid, Zero, 93 pp. [Trad.: A dona de casa: critica politica da economia domestica, Río de Janeiro, puc, Divisão de Intercambio e Edições, 1981, 62 pp.]

35. (1977): Dominación, sexo y cambio social, Madrid, edicusa, 236 pp.

36. (dir.) (1977): El trabajo de la mujer universitaria en la empresa, Madrid, Fundación Universidad-Empresa, 331 pp.

37. (1972): El trabajo de la mujer en España: un estudio sociológico, Madrid, Tecnos, 252 pp.

Artículos y otras publicaciones en revistas científicas

1. (2016): «El futuro del cuidado: El envejecimiento de la población y sus consecuencias», Pasajes: Revista de Pensamiento Contemporáneo, 50, pp. 114-127.

2. (2015): «Envejecimiento y Salud. De la necesidad de cuidados al derecho a una muerte digna. Entrevista con María Ángeles Durán», Encrucijadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales, vol. 10.

3. (2015): «El nuevo rostro de las familias españolas», Dendra Médica. Revista de Humanidades, vol. 14, n.º 2, pp. 282-293.

4. (2014): «El desafío de la dependencia en una proyección de futuro», Documentación Laboral, 102, pp. 39-54.

5. (2014): «La rebelión de las familias», Mediterráneo Económico, 26, pp. 45-58.

6. (2014, 6 de mayo): «Género y dependencia», Blog Envejecimiento [en-red], portal telemático del CSIC.

7. (2013): «La historia de los otros», Arenal: Revista de Historia de las Mujeres, vol. 20, n.º 1, pp. 196-207.

8. (2013): «Las mujeres y el futuro de la ciencia / Les dones i el futur de la ciència», Mètode: Revista de Difusió de la Investigació de la Universitat de València, 76, p. 3.

9. (2012): «Jubilados, pero no viejos», Lychnos, 8, pp. 82-83.

10. (2011): «España hace treinta años, dentro de treinta años», RES. Revista Española de Sociología, 15, pp. 127-134.

11. (2009): «El Ser y el Querer Ser de la sociología analítica», Revista Internacional de Sociología, vol. 67, n.º 2, pp. 463-465.

12. (2008): «El trabajo femenino no remunerado», Revista + Iguales. Instituto de la Mujer - Castilla La Mancha, 3.

13. (2008): «El estímulo de la duda», Empiria. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, 15, pp. 125-143.

14. M. Á. Durán Heras y J. L. Machinea (2007): «Presentación. Cohesión social en Iberoamérica: algunas asignaturas pendientes», Pensamiento Iberoamericano, 1, pp. XIII-XXXI.

15. (2007): «Tiempo de salud, tiempo de enfermedad: diferencias de edad, género y clase social», Inguruak: Soziologia eta zientzia politikoaren euskal aldizkaria = Revista Vasca de Sociología y Ciencia Política, 44, pp. 229-248.

16. (2007): «Las mujeres y el futuro de la salud», Eidón, 23, pp. 11-15.

17. (2006): «Los usos del tiempo y el cambio social», Crítica, año 56, n.º 933, pp. 14-17.

18. (2006): «El contrato social implícito entre cuidadores y cuidados», Abaco: Revista de Cultura y Ciencias Sociales, 49-50, pp. 89-106.

19. (2006): «Dependientes y cuidadores: el desafío de los próximos años», Revista del Ministerio de Trabajo e Inmigración, 60, pp. 57-74.

20. (2005-2006): «La anunciación según Google», Sociológica: Revista de Pensamiento Social, 6, pp. 33-74.

21. (2005): «El trabajo no remunerado y las familias». Aequalitas: Revista Jurídica de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres, 17, pp. 47-58.

22. M. Á. Durán Heras y S. García Díez (2005): «Presente y futuro del cuidado de dependientes en España y Alemania», Boletín Sobre el Envejecimiento: Perfiles y Tendencias (IMSERSO), 16, 40 pp.

23. (2005): «Le travail non rémunéré des familles», Féminisme(s). Cahiers du genre, 39, pp. 193-219.

24. (2005): «Mujeres y hombres en el siglo XXI», Cuenta y Razón, 138, pp. 45-60.

25. (2004): «Las demandas sanitarias de las familias», Gaceta Sanitaria: Órgano Oficial de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, vol. 18, n.º extra 1, pp. 195-200.

26. (2004): «La conciliación entre vida y empleo», Cuadernos de Información Económica, 183, pp. 129-134.

27. (2004): «Las múltiples caras de la economía europea», Cuenta y Razón, 135, pp. 15-24.

28. M. Á. Durán Heras y J. Rogero García (2004): «Nuevas parejas para viejas desigualdades», Revista de Estudios de Juventud, 67, pp. 25-37.

29. (2004): «La calidad de muerte como componente de la calidad de vida», Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 106, pp. 9-32.

30. (2003): «El trabajo no remunerado en la familia», Arbor: Ciencia, Pensamiento y Cultura, vol. 176, n.º 694, pp. 239-267.

31. (2003): «Los costes de la salud para las familias», Arbor: Ciencia, Pensamiento y Cultura, vol. 176, n.º 694, pp. 343-366.

32. (2003): «Relaciones familiares y vivienda», Arbor: Ciencia, Pensamiento y Cultura, vol. 174, n.º 685, pp. 115-161.

33. (2002): «La soledad de la corredora de fondo», Cuenta y Razón, 127.

34. (2002): «Veinticuatro horas de un día cualquiera», Meridiana, 24, pp. 20-25.

35. (2002): «Las familias del siglo XXI y su relación con el sistema sanitario», Revista El Médico (19-IV-02), pp. 58-67.

36. (2002): «La contabilidad del tiempo», Praxis sociológica, 6, pp. 41-62.

37. (2001-2002): «El euro en los hogares», Cuenta y Razón, 123, pp. 71-78.

38. (2001): «Empleo, remuneración y carga de trabajo de la población rural en España. Una aportación al debate sobre el nuevo contrato social», Sociología del Trabajo, 41, pp. 127-154.

39. (2001): «De la oykonomía a las ciencias económicas», Puertas a la Lectura, 12-13, pp. 158-160.

40. (2001): «Con razón, pero sin cuenta», Cuenta y Razón, 120, pp. 21-28.

41. (coord.) (2001): «Monográfico sobre “Presente y futuro de la Sociología en España”», RES. Revista Española de Sociología, 1.

42. M. Á. Durán Heras y C. Torres Albero (2001): «Presentación de la Revista Española de Sociología». RES. Revista Española de Sociología, 1, pp. 5-7.

43. (2001): «Nota introductoria al número monográfico», RES. Revista Española de Sociología, 1, pp. 9-11.

44. (2001): «La dimensión internacional de la sociología española», RES. Revista Española de Sociología, 1, pp. 61-91.

45. (2000): «Espacios de mujeres», Meridiana, 16, pp. 22-23.

46. (2000): «Los costes invisibles de las enfermedades mentales», Revista GOZE: Revista de la Academia Vasca de Ciencias de la Salud Mental, vol. 3, n.º 10, pp. 11-20.

47. (2000): «La nueva división del trabajo en el cuidado de la salud», Política y Sociedad, 35, pp. 9-30.

48. (2000): «Uso del tiempo y trabajo no remunerado», Revista de Ciencias Sociales, 18, pp. 56-70.

49. (2000): «La ciudad es mi casa», Zehar: Revista de Arteleku-ko Aldizkaria, 43, pp. 26-31.

50. (2000): «El uso de las bibliotecas en las ciencias sociales», Enredadera - Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC, 5.

51. (2000): «Introducción», Cuadernos de Relaciones Laborales, 17, pp. 9-11.

52. (2000): «Concentración y reparto del trabajo no remunerado en los hogares», Cuadernos de Relaciones Laborales, 17, pp. 91-122.

53. (1999): «Tendencias en el coste de la parentalidad en Europa», Revista de Trabajo y Asuntos Sociales, n.º extra 1, pp. 147-170.

54. (1999): «La hipoteca: ¿Cuánto cuesta cuidar a un enfermo?», Cuenta y Razón, 113, pp. 118-122.

55. (1998): «La casa del lenguaje (Sobre el sentido y significado en la toponimia urbana)», Cuenta y Razón, 107, pp. 31-36.

56. (1998): «Presentación: Monográfico sobre Sociología del Arte», Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 84, pp. 9-18.

57. (1997): «El tiempo expropiado», Meridiana, 6, p. 41.

58. M. Á. Durán Heras y R. Ramos (1997): «Bibliografía comentada», Revista Internacional de Sociología, 18, pp. 233-247.

59. (1997): «Los tiempos de la ciudad», Política y Sociedad, 25, pp. 119-133.

60. (1997): «El papel de mujeres y hombres en la economía española», Información Comercial Española, ICE: Revista de Economía, 760, pp. 9-29.

61. (1997): «La investigación sobre el uso del tiempo en España: algunas reflexiones metodológicas», Revista Internacional de Sociología, 18, pp. 163-193.

62. (1997): «Sobre ciencia, arte y movimientos sociales», Arte, Individuo y Sociedad, 9, pp. 107-128.

63. (1996): «El trabajo invisible en España: aspectos económicos y normativos», Documentación Social, 105, pp. 137-158.

64. (1996): «Torres, pirámides y estrellas (sobre las imágenes de la estructura de clases)». Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 75, pp. 29-54. [«Towers, Pyramids and Stars (The images of class structure)». Versión en inglés incluida en la selección de textos de la revista Reis publicada por el cis, 1997.]

65. (1995): «Demandas urgentes de tiempo y asistencia sanitaria», Política y Sociedad, 19, pp. 101-116.

66. (1995): «Las demandas de trabajo no monetarizado (DETRANME) de los ancianos», Política y Sociedad, 19, pp. 117-138.

67. (1995): «Familia, economía y estado», Cuenta y Razón, 91, pp. 44-48.

68. (1995): «Selección y comentario: “La abadesa preñada” de Gonzalo de Berceo», Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 70, pp. 147-148.

69. (1995): «Invitación al análisis sociológico de la contabilidad nacional», Política y Sociedad, 19, pp. 83-99.

70. (1994): «Viejas y nuevas desigualdades: la dialéctica entre observadores y observados», Revista Internacional de Sociología, 8, pp. 61-87.

71. (1993): «Building equality: An European proposal for socioeconomic research», Cadernos Condiçao Feminina, 39, pp. 29-42.

72. (1993): «Un nuevo estatuto para el cuidado», Index de Enfermería, año II, n.º 6, p. 5.

73. (1992): «El triángulo imposible», Treballs de Geografia, 44, pp. 47-62.

74. (1991): «El tiempo en la economía española», Información Comercial Española, ice: Revista de Economía, 695, pp. 9-48.

75. (1991): «Las contradicciones de la sociedad igualitaria», Investigaciones Psicológicas, 9, pp. 167-184.

76. (1991): «La conceptualización del trabajo en la sociedad contemporánea», Revista de Economía y Sociología del Trabajo, 13-14, pp. 8-22.

77. (1988): «Mujeres y hombres en el campo español», El Campo: Boletín de Información Agraria, 107, pp. 3-16.

78. (1988): «El dualismo de la economía española: una aproximación a la economía no mercantil», Información Comercial Española, ice: Revista de Economía, 655, pp. 9-26.

79. (1985): «De la Oikos-nomia: un estudio sobre el papel económico de la familia», Cuadernos Aragoneses de Economía, 9, pp. 141-156.

80. (1985): «Las mujeres en la cultura iberoamericana», Desarrollo: Revista de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, vol. 8, n.º 2, pp. 49-51.

81. (1984): «La investigación y la docencia sobre la mujer en la universidad española», Boletim da Comissao da Condiçao Feminina, 1-2, pp. 42-79.

82. (1982): «El papel de la mujer en la estructura demográfica y económica del Antiguo Régimen hasta el Renacimiento», Análisis e Investigaciones Culturales, 11, pp. 11-20.

83. (1981): «Estructura social y enfermedad en España», Revista de Seguridad Social, 10, pp. 9-11.

84. (1978): «Notas sobre la teoría marxista de la clase media», Sistema - Revista de Ciencias Sociales, 22, pp. 3-28.

85. (1978): «Universidad y lucha de clases», Sistema: Revista de Ciencias Sociales, 24-25, pp. 77-87.

86. (1977): «Ideología política y modelos familiares», Revista Española de la Opinión Pública, 50, pp. 53-74.

87. (1977): «La proletarización de los profesionales. Algunas cuestiones metodológicas», Revista de Estudios Sociales, 20, pp. 11-27.

88. (1976): «Educación, clases sociales y ocupación», Revista Española de la Opinión Pública, 44, pp. 75-99.

89. (1976): «La participación social de la mujer en España: una reflexión sociológica»,

Revista del Instituto de Ciencias Sociales, 27-28, pp. 295-311.

90. (1968): «Procedencia social de las universitarias españolas», Boletín del Centro de Estudios Sociales, año VIII, n.º 1, pp. 23-30.

91. (1965): «Motivación para la movilidad de los trabajadores españoles», Revista de Trabajo, 11-12, pp. 129-169.

Capítulos de libro y otras aportaciones en obras colectivas

1. (2017): «Ciudades que cuidan», en M. N. Rico y O. Segovia (eds.): ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad, Santiago de Chile, CEPAL.

2. (2017): «Los derechos postlaborales. Desigualdades de género», en S. Ruesga, B. Suárez y V. Gómez (coords.): ¿Cobraremos la pensión? Nueve lecciones sobre la suficiencia y la sostenibilidad de las pensiones públicas en España (pp. 39-67), Madrid, Pirámide (en prensa).

3. (2016): «Salud, sanidad y dependencia», en J. Iglesias de Ussel, A. Trinidad Requena y R. M. Soriano Miras (dirs.): La sociedad desde la sociología: una introducción a la sociología general (pp. 607-629), Madrid, Tecnos.

4. (2015): «The contribution of unpaid work to global well-being», en W. Glatzer, L. Camfield, V. Møller y M. Rojas (eds.): Global Handbook of Quality of Life (pp. 381-411), Dordrecht, Springer.

5. (2015): «IV. Relaciones de género (dir.)»: en C. Torres Albero (ed. lit.): España: Situación social (pp. 405-486), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

6. (2015): «IV. Relaciones de género: Introducción», en C. Torres Albero (ed. lit.): España 2015: Situación social (pp. 405-410), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (cis).

7. (2015): «La otra economía española», en C. Torres Albero (ed. lit.): España 2015: Situación social (pp. 472-486), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (cis).

8. (2013): «El desafío económico de las mujeres», en. C. Díaz Martínez y S. Dema Moreno (eds.): Sociología y género (pp. 153-200), Madrid, Tecnos.

9. M. Á. Durán Heras y S. García Díez (2013): «Economía del cuidado», en L. Pautassi y C. Zibecchi (coords.): Redefiniendo las fronteras del cuidado. Agenda, derechos e infraestructura, Buenos Aires, Biblos.

10. (2012): «El capital tiempo y la posición económica de los mayores», en D. Ramiro Fariñas (coord.): Una vejez activa en España: informe (pp. 41-52), Madrid, EDIMSA.

11. (2012): «Más allá del mercado: la respuesta de hombres y mujeres ante la crisis», en A. Ferrer y S. Ruesga (coords.): Objetivo, el trabajo: Anuario de relaciones laborales 2012 (pp. 266-268), Madrid, Marcial Pons.

12. (2012): «La escalera en el lenguaje, el cine y la arquitectura», en R. Johnson y M. T. Zubiaurre (coords.): Antología del pensamiento feminista español: 1726-2011 (pp. 421-430), Madrid, Cátedra.

13. (2012): «Los recursos invisibles de la economía española», en F. Abad (coord.): Gestionar sin dinero (pp. 85-99), Madrid, LID Editorial.

14. (2011): «Las personas mayores en el medio rural y urbano», en VV. AA.: Libro blanco de envejecimiento activo (pp. 461-465), Madrid, Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO).

15. (2010): «La doble jornada en la economía global», en A. Ferrer Sais (coord.), S. M. Ruesga Benito y C. Resa Nestares (eds. lit.): Anuario de relaciones laborales en España: Objetivo el trabajo, vol. 1 (pp. 242-243), Madrid, Unión General de Trabajadores, Comisión Ejecutiva Confederal.

16. (2010): «The Inclusion of Unpaid Work in the Analyses of the Health and Social Welfare Sectors», en VV. AA.: The invisible economy and gender inequalities: The Importance of Measuring and Valuing Unpaid Work (pp. 89-134), Washington, Pan American Health Organization.

17. (2010): «Ten Good Reasons for Measuring Unremunerated Work in Health Care», en VV. AA.: The Invisible Economy and Gender Inequalities: The Importance of Measuring and Valuing Unpaid Work (pp. 135-136), Washington, Pan American Health Organization.

18. (2008): «La ciencia del futuro», en F. de Pablos (ed.): Fronteras de la Biomedicina desde una perspectiva de género, Madrid, Fundación BBVA.

19. (2008): «Cambios sociales, empleo y trabajo no remunerado», en R. M. Capel Martínez (coord.): Cien años trabajando por la igualdad (pp. 223-236), Madrid, Fundación Francisco Largo Caballero.

20. (2008): «Integración del trabajo no remunerado en el análisis de los sectores de salud y bienestar social», en VV. AA.: La economía invisible y las desigualdades de género. La importancia de medir y valorar el trabajo no remunerado (pp. 99-148), Washington, Organización Panamericana de la Salud.

21. (2008): «Maternidad y violencia: una reflexión sobre Francis Bacon», en R. Valpuesta y A. M. Ruiz-Tagle (eds.): Ni el aire que respiras: pensamiento científico ante la violencia de género (pp. 109-121), Sevilla, Fundación Cajasol.

22. (2008): «El éxito, el fracaso y la esperanza», en G. Meil Landwerlin y C. Torres Albero (coords.): Sociología y realidad social: Libro homenaje a Miguel Beltrán Villalva (pp. 997-1016), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (cis).

23. (2007): «El contrato social y las ciudades del futuro», en R. del Caz Enjuto y M. Rodríguez (eds. lit.): El derecho a los equipamientos, a los edificios públicos: Informe de Valladolid 2006 (pp. 77-80), Valladolid, Universidad de Valladolid, Escuela Técnica Superior de Arquitectura.

24. (2007): «Reflexiones tras el foro», en F. de Pablo Dávila y C. Vela Olmo: Mujeres y Biomedicina. Fronteras actuales y retos de futuro (pp. 49-55), Bilbao, Fundación BBVA.

25. (2007): «El trabajo no remunerado y las cuentas de la economía», en C. Prieto Rodríguez: Trabajo, género y tiempo social (pp. 92-99), Madrid, Universidad Complutense de Madrid.

26. (2007): «Paisajes del cuerpo», en J. Nogué (ed.): La construcción social del paisaje (pp. 27-61), Madrid, Biblioteca Nueva.

27. (2007): «Los tiempos inciertos: el sueño, la memoria, la renovación y la muerte», en J. A. Roche Cárcel (ed.): Espacios y tiempos inciertos de la cultura (pp. 120-132), Madrid, Anthropos.

28. (2006): «Las fronteras sociales del siglo XXI», en I. Morant (coord.): Historia de las mujeres en España y América Latina, vol. IV: Del siglo XX a los umbrales del XXI (pp. 465-493), Madrid, Cátedra.

29. (2006): «La conquista del espacio», en VV. AA.: Mujeres: ciudadanas. La identidad de género en la construcción de la nueva ciudadanía (pp. 99-112), Córdoba, Instituto de Estudios Transnacionales (INET).

30. (2006): «Sociopsicología del trabajo no remunerado», en A. Garrido Luque (coord.): Sociopsicología del trabajo, Barcelona, Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

31. (2006): «El mercado de las palabras», prólogo, en M. J. Vara (coord.): Estudios sobre género y economía (pp. 5-21), Madrid, Akal.

32. (2006): «La población dependiente. Los límites del estado de bienestar», en E. Bericat Alastuey (coord.): El cambio social en España. Visiones y retos de futuro (pp. 235-254), Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia, Junta de Andalucía.

33. (2005): «Carta del XXV aniversario», en V. Maquieira et al. (eds.): XV Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. 25º Aniversario: Democracia, Feminismo y Universalidad en el siglo XXI (pp. 789-795), Madrid, Instituto Universitario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid.

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37. (2005): «Prólogo», en J. Giró Miranda (ed.): El género quebrantado: sobre la violencia, la libertad y los derechos de la mujer en el nuevo milenio (pp. 9-14), Madrid, Los Libros de la Catarata.

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39. (2004): «De Fra Angélico a Francis Bacon: las claves sociológicas de la Anunciación», en J. Díez Nicolás, M. Á. Durán Heras, L. González Seara et al. (coords.): Reflexiones sociológicas. Libro homenaje a José Castillo Castillo (pp. 921-956), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

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41. (2004): «Año 2050: la sociedad que nació de la inmigración», en A. Montesinos y M. Roscales (eds.): Nosotros y los Otros. Laberintos de la extranjería (pp. 127-151), Santander, Límite.

42. (2003): «El dolor, la muerte y la memoria. Modelos sociales en la iconografía religiosa», en J. Pérez Vilariño (ed.): Religión y sociedad en España y los Estados Unidos. Homenaje a Richard A. Schoenherr (pp. 73-99), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

43. (2003): «Prólogo» a La sencillez de lo difícil, La Coruña, Fundación Paideia Galiza.

44. (2003): «Mujeres y hombres ante la solidaridad», en A. Ariño Villarroya (ed.): Diccionario de la solidaridad (I) (pp. 345-362), Valencia, Tirant lo Blanch.

45. (2002): «Humanissima Trinitas. Los límites de la libertad de pensamiento», en J. Iglesias de Ussel (coord.): La sociedad: teoría e investigación empírica (pp. 183-818), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

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48. (2002): «El poder de las ideas», en T. Marín Eced y M. M. del Pozo (eds.): Las mujeres en la construcción del mundo contemporáneo (pp. 35-59), Cuenca, Diputación de Cuenca.

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53. (2001): «Producción y consumo. Las paradojas del sector hogares en la contabilidad nacional», en M. Á. Durán Heras et al. (coords.): Estructura y cambio social. Libro homenaje a Salustiano del Campo (pp. 653-672), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

54. (2001): «El programa epistémico del arte. Notas sobre la iconografía mariana», en R. Radl Philipp (ed.): Cuestiones actuales de sociología del género (pp. 43-82), Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

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56. (2001): «La actual institucionalización de la sociología en España», en S. del Campo Urbano (dir.): Historia de la sociología española (pp. 285-321), Barcelona, Ariel.

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58. (2000): «La metá dell’economia», en A. del Re (ed.): A scuola di politica. Reti di donne e costruzione dello spazio pubblico (pp. 172-181), Milán, Franco Angeli.

59. (2000): «Los derechos constitucionales de las amas de casa y los trabajadores autónomos», en T. Freixes (coord.): Mujer y Constitución en España (pp. 495-536), Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

60. (2000): «Las bases económicas de la libertad», en A. Valcárcel, M. D. Renau y S. Romero (eds.): Los desafíos del feminismo ante el siglo XXI (pp. 159-180), Sevilla, Instituto Andaluz de la Mujer.

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63. (2000): «La gestión de la cotidianeidad», en M. Á. Durán Heras (dir.): La contribución del trabajo no remunerado a la economía española: alternativas metodológicas (pp. 455-506), Madrid, Instituto de la Mujer.

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65. M. Á. Durán Heras, J. Bonke, A. Garrido, M. Maruani, H. Perista y D. Vaiou, (2000): «The Future of work in Europe (Gendered patterns of time distribution)», en European Comission: Gender Use of Time: Three European Studies (pp. 77-138), Luxemburgo, Office for Official Publications of the European Communities (opoce).

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71. (1996): «Ortega como pretexto», en M. Á. Durán Heras (coord.): Mujeres y hombres en la formación de la teoría sociológica (pp. 207-232), Madrid, CIS.

72. (1995): «Los nombres de la memoria: notas para una hermenéutica de la ciudad», en C. Tobío y C. Denche (coords.): Espacios según el género ¿un uso diferencial? (pp. 19-41), Madrid, CAM-Universidad Carlos III de Madrid.

73. (1995): «The social structure of old age in Spain», en G. Dooghe y N. Appleton (eds.): Elderly Women in Europe: Choices and Challenges (pp. 143-191), Leuven, Centrum voor Bevolkings en Gezinsstudies.

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93. (1987): «Sobre literatura y vida cotidiana (A modo de prólogo)», en M. Á. Durán Heras y J. A. Rey (eds.): Literatura y vida cotidiana. Actas de las Cuartas Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Madrid, 1984 (pp. 11-33), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid; Zaragoza, Universidad de Zaragoza.

94. M. D. Temprano y M. Á. Durán Heras (1987): «Mujeres, misóginos y feministas en la literatura española (Comentarios a/y un millar de referencias bibliográficas, a modo de epílogo)», en M. Á. Durán Heras y J. A. Rey (eds.): Literatura y vida cotidiana: Actas de las Cuartas Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Madrid, 1984 (pp. 413-488), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid; Zaragoza, Universidad de Zaragoza.

95. (1987): «La práctica del ejercicio físico del ama de casa», en VV. AA.: Mujer y deporte [Serie Debate n.º 3] (pp. 93-101), Madrid, Instituto de la Mujer, Consejo Superior de Deportes, Ministerio de Cultura.

96. (1986): «Prólogo: Sobre cuerpos y espacios», en A. García Ballesteros: El uso del espacio en la vida cotidiana. Actas de las Cuartas Jornadas de Investigación Interdisciplinaria (pp. I-XII), Madrid, Seminario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid.

97. (1986): «Las bases biológicas de la estructura social», en S. del Campo (ed.): Tratado de Sociología, vol. 1. (pp. 97-117), Madrid, Taurus.

98. Durán Heras, M. Á. y M. T. Gallego (1986): «The women’s movement in Spain and the new Spanish democracy», en D. Dahlerup: The New Women’s Movement: Feminism and Political Power in Europe and the USA (pp. 200-216), Londres, Beverly Hills, Sage Publications.

99. (1983): «Socialización diferencial de clase y sexo», en J. L. Aranguren (coord.): Infancia y sociedad en España (pp. 83-96), Jaén, Hesperia.

100. (1983): «Igualdad y desigualdad en los orígenes de la vida», en R. Conde (ed.): La familia, Madrid, CIS.

101. (1982): «Presentación: Actas de las Primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria», en P. Folguera (coord.): Nuevas perspectivas sobre la mujer: Actas de las Primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, vol. 2 (pp. 9-10), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

102. (1982): «Familia y cambio social», en R. Conde (comp.): Familia y cambio social en España (pp. 203-228), Madrid, CIS.

103. (1982): «Notas para el estudio de la estructura social de España en el siglo XVIII», en R. M. Capel Martínez (coord.): Mujer y sociedad en España: 1700-1975 (pp. 19-46), Madrid, Dirección General de Juventud y Promoción Socio-Cultural.

104. (1981): «Una ausencia de mil años: la mujer en la universidad», en M. Á. Durán Heras (coord.): La mujer en el mundo contemporáneo (pp. 53-67), Madrid, Seminario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid. [Trad.: «Uma ausencia de mil años. A mulher na Universidade», en VV. AA.: Mulher-Ciencia-Universidade, Rio de Janeiro, Pontificia Universidade Católica de Rio de Janeiro, 1987.]

105. (1981): «Liberación y utopía: la mujer ante la ciencia», en M. Á. Durán Heras et al. (eds.): Liberación y utopía (pp. 7-32), Madrid, Akal. [Reed. en M. Á. Durán Heras (ed. lit.): Mujeres y hombres: La formación del pensamiento igualitario (pp. 247-256), Madrid, Castalia, 1993 y en M. Belausteguigoitia Rius y A. Mingo (coords.): Géneros prófugos: feminismo y educación (pp. 323-349), Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1999.]

106. J. Jiménez Blanco, J. (dir.) y M. Á. Durán Heras (1976): «Sociología». Unidad didáctica 6 (Temas 1, 2, 4, 5 y 6), Madrid, UNED, Ministerio de Educación.

Para la elaboración de esta nota biográfica se han consultado las siguientes referencias e informaciones contenidas en sitios web: «Propuesta de nombramiento Doctorado Honoris Causa por la Universitat de València de María Ángeles Durán Heras» (2011); biografía de M. Á. Durán Heras en la web del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del csic; Currículum Vitae de M. Á. Durán Heras disponible en la web de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL); Decreto 176/2009, de 31 de julio, de concesión de la Medalla de Extremadura a Doña María Ángeles Durán Heras (doe, 6 de agosto de 2009); «Laudatio de la profesora María Ángeles Durán Heras por el profesor Miguel Beltrán Villalva» (Universidad Autónoma de Madrid, 2008); «Laudatio de María Ángeles Durán Heras» por el Dr. Antonio Ariño (Universitat de València, 2012); «Discurso de presentación pronunciado por la doctora doña Cándida Martínez López con motivo de la investidura como doctora Honoris Causa de doña María Ángeles Durán Heras» (Universidad de Granada, 2013) y «M.ª Ángeles Durán: La práctica de la conciliación» (entrevista realizada por Mercedes Alcañiz Moscardó a M.ª Ángeles Durán, publicada en la revista Asparkía: Investigació feminista, 20, 2009).

Bibliografía no exhaustiva. Contiene una recopilación de los trabajos más representativos en los distintos ámbitos de actuación de la doctora María Ángeles Durán.

Ponencias y comunicaciones en encuentros académicos, cursos y reuniones técnicas

1. (2017): «Care in the last stage of life cycle». Ponencia presentada en el China-Spain Research and Policy Forum – Change in a Globalized World, organizado por la Chinese Academy of Sciences y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 18 de diciembre.

2. (2017): «Desarrollo económico y cuidados en América Latina». Ponencia presentada en la III Reunión Iberoamericana de Socioeconomía: Sociedad, Cultura y Desarrollo Sostenible en Iberoamérica, Society for the Advancement of Socio-Economics (sase), Cartagena de Indias (Colombia), 16-18 de noviembre.

3. (2017): «Las cuentas del tiempo». Conferencia impartida en la Jornada anual sobre Igualdad del Tribunal de Cuentas: Conciliación y corresponsabilidad, Madrid, 5 de octubre.

4. (2017): «Twelve against eighty-eight». Ponencia presentada en la 39th International Association for Time Use Research Conference (IATUR), Madrid, 19-21 de julio.

5. (2017): «La demanda de cuidados no remunerados para enfermos mentales». Conferencia impartida en el Ayuntamiento de San Sebastián, por invitación de la Fundación Aubixa y la Asociación AFAGI, San Sebastián, 12 de julio.

6. (2017): «Las reivindicaciones de las mujeres en Europa». Ponencia presentada en la XXXVI Edición de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/ EHU), San Sebastián, 11 de julio.

7. (2017): «La dimensión económica del envejecimiento activo». Ponencia presentada en el Curso Hacia el envejecimiento saludable a través de la innovación y la investigación, XXXVI Edición de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), San Sebastián, 23 de junio.

8. (2017): «El tiempo insuficiente: tensiones para su conciliación». Ponencia presentada en el Curso Políticas públicas ante la diversidad familiar y la igualdad: perspectivas y desafíos, Universidad de Salamanca, Salamanca, 20-22 de junio.

9. (2017): «La riqueza invisible de Argentina». Conferencia pronunciada con motivo de la recepción de la Mención de Honor Juana Azurduy de Padilla, Senado de la República Argentina, Buenos Aires (Argentina), 11 de mayo.

10. (2017): Participación en el Seminario Otras formas de interpretar y medir la riqueza y la pobreza, Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (umet), Buenos Aires (Argentina), mayo.

11. (2017): Participación en la Conferencia y Reunión Técnica sobre Indicadores de Trabajo no Remunerado e Integración en la Contabilidad Nacional, Tucumán (Argentina), mayo.

12. (2017): «Los sujetos de la ciudad». Conferencia impartida en la Universidad de Córdoba, Córdoba (Argentina), mayo.

13. (2017): «La capacidad de los hogares para financiar el cuidado remunerado». Ponencia presentada en la I Jornada sobre Dependencia. Carabanchel-Latina, organizada por el Consejo de Salud de Carabanchel, Madrid, 31 de marzo.

14. (2017): «Los costes no sanitarios de la atención a los pacientes crónicos». Conferencia inaugural del IX Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico, organizado por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semfyc) y la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), Oviedo, 2-4 de marzo.

15. (2017): Comentarista al Informe sobre el progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe. onu Mujeres, Nueva York (Estados Unidos), marzo.

16. (2017): «Medicine, health organization and care system. The changing boundaries». Conferencia impartida en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Madrid, enero.

17. (2017): «La imposible neutralidad de la ciencia», en VV. AA.: Conferències de segle a segle de la Universitat Popular de València (1903-2016). La impossible neutralitat de la ciència (pp. 33-93), Valencia, Universitat Popular de València, Regidoria d’Igualtat i Polítiques Inclusives (Ajuntament de València).

18. (2016): «Las relaciones entre economía y feminismo». Ponencia presentada en las XXI Jornadas de Investigación Interdisciplinar, organizadas por el Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 10 de diciembre.

19. (2016): «Los impactos previsibles de las políticas públicas en los sistemas de cuidado». Conferencia impartida en el Seminario Economía de cuidado y política pública, organizado por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), Bogotá (Colombia), noviembre.

20. (2016): «La crisis de los cuidados: aspectos sociales y demográficos». Conferencia impartida en el Foro Internacional de Economía del Cuidado e Igualdad Laboral, Ciudad de México (México), noviembre.

21. (2016): «La emergencia de una nueva clase social: el cuidatoriado». Ponencia presentada en la XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) - Naciones Unidas, Montevideo (Uruguay), octubre.

22. (2016): «El desafío de la investigación interdisciplinar sobre envejecimiento. Economía, sociología y demografía». Ponencia presentada en el Encuentro Una mirada interdisciplinar a la investigación sobre envejecimiento, organizado por la Fundación CSIC, Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Santander, 5-6 de septiembre.

23. (2016): «Economia do Dinheiro, Economia do Cuidado». Conferencia impartida en el Seminario Tempos que correm, Universidad de Coimbra, Coimbra (Portugal), septiembre.

24. (2016): «La demografía del trabajo no remunerado». Conferencia impartida en la XIII Reunión Nacional de Investigación Demográfica en México, organizada por la Sociedad Mexicana de Demografía, Ciudad de México (México), 22-24 de julio.

25. (2016): «La ciudad compartida: urbanismo y movimientos sociales». Ponencia presentada en las Jornadas Género y política urbana. Arquitectura y urbanismo desde la perspectiva de género, Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio (GVA), Instituto Valenciano de Edificación (IVE) y Universidad Politécnica de Valencia (UPV), Valencia, 5-13 de julio.

26. (2016): «El trabajo no remunerado en la economía global». Conferencia online impartida en el Curso online Why We Care about Care, organizado por el Training Center, onu Mujeres, mayo.

27. (2016): «Vivienda y tercera edad: los retos de la arquitectura». Conferencia impartida en el Ciclo Tercera Edad: Los retos de la arquitectura, organizado por la Fundación Arquitectura y Sociedad, Madrid, 12-14 de abril.

28. (2016): «El trabajo no remunerado en la economía global: una reflexión sobre América Latina». Conferencia impartida en el I Seminario Internacional de Seguridad Social en el Ecuador, organizado por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y la Organización Internacional del Trabajo, Quito (Ecuador), 26-27 de enero.

29. (2015): «Causas estructurales del maltrato a los mayores». Conferencia impartida en el Seminario Estrategias contra el maltrato de las personas mayores, organizado por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid, 26 de noviembre.

30. (2015): «Longevity, health and dependency in Spain». Comunicación presentada en el Seminario Internacional Socio-Demographic Impact of Longevity: Evolution and Emerging Characteristics of Ageing Population, organizado por la Dirección General del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid, 20 de octubre.

31. (2015): «La familia como factor de cohesión social». Conferencia impartida en la IX Conferencia Iberoamericana sobre la Familia, Madrid, 14-17 de octubre.

32. (2015): «The present and future demand for care in China and Spain». Conferencia impartida en el Seminar on Social Politics, organizado por la Chinese Academy of Sciences, Pekín (China), octubre.

33. (2015): «El abandono de los cascos históricos en la Sierra de Gata (Una reflexión desde la sociología urbana)». Ponencia presentada en las I Jornadas sobre Historia y Cultura, organizadas por el Ayuntamiento de Cilleros, Cilleros, 9-10 de agosto.

34. (2015): «Os usos e a valorizaçao do tempo». Conferencia impartida en el Encontro Internacional do Banco de Tempo Cidadania e Igualdade, Sao Joao de Madeira (Portugal), 15-20 de junio.

35. (2015): «Un nuevo pacto social para el cuidado de los enfermos mentales». Conferencia impartida en la Jornada La salud mental, un desafío para la Enfermería, organizada por el Colegio Oficial de Enfermería de Navarra, Pamplona, 7 de mayo.

36. (2014): «El impacto social del daño cerebral y el valor de su cuidado». Conferencia inaugural del Congreso Nacional ADACEN Nuevos retos en la atención al daño cerebral adquirido, organizado por la Asociación de Daño Cerebral de Navarra, Pamplona, 27-28 de noviembre.

37. (2014): «El futuro de la asistencia a la salud». Conferencia inaugural del XIX Congreso de la Sociedad Andaluza de Calidad Asistencial Calidad sostenible, Sevilla, 19-21 de noviembre.

38. (2014): «Los años 70: la conquista de las libertades básicas». Conferencia impartida en el Ciclo de Conferencias Feminismos de ayer, feminismos de hoy, XX Aniversario del Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer (siem), Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 13-20 de noviembre.

39. (2014): «Las bases económicas de la libertad». Conferencia Magistral pronunciada en el Acto de Apertura de Curso, Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, 28 de octubre.

40. (2014): «El valor del tiempo». Conferencia Magistral pronunciada en el Acto de Apertura de Curso de la Facultad de Educación, Economía y Tecnología, campus universitario de Ceuta, Ceuta, 21 de octubre.

41. (2014): «Repensando la ciudad desde la mirada y las necesidades de las mujeres. Estrategias integrales». Conferencia Magistral impartida en el Seminario International Ciudades seguras libres de violencia contra las mujeres, Instituto de las Mujeres - Distrito Federal, Ciudad de México (México), 1-3 de octubre.

42. (2014): «Autonomía en el uso del tiempo y reconocimiento del trabajo doméstico no remunerado». Conferencia impartida en el I Encuentro Internacional de Intercambio de Experiencias sobre Valoración Económica y Cuenta Satélite del Trabajo Doméstico no Remunerado, organizado por el Instituto Nacional de las Mujeres de Costa Rica (INAMU), San José (Costa Rica), 9-10 de septiembre.

43. (2014): «Mujeres y hombres ante la situación de dependencia». Ponencia presentada en el Seminario Políticas públicas de atención a personas mayores dependientes: Hacia un sistema integral de ciudadanos, organizado por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), Madrid, 19-21 de mayo.

44. (2014): «La ciudad compartida». Conferencia online impartida en el Diploma Superior en Desarrollo y Políticas Locales con enfoque de Igualdad de Género y Derechos Humanos (FLACSO), Buenos Aires (Argentina), mayo.

45. (2014): «El perfil sociológico del paciente y de sus cuidadores en el horizonte del año 2020». Ponencia presentada en los XVI Encuentros Triangulares, Cantabria: Los retos de la Cronicidad en el horizonte del 2020, organizados por la Consejería de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Santander, 12 de marzo.

46. (2014): «La dimensión social, política y económica del uso del tiempo en América Latina». Curso impartido en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Ciudad de México (México), 25 de febrero - 3 de marzo.

47. (2014): «La agenda futura de investigación sobre trabajo no remunerado y familia». Conferencia impartida en el marco de la celebración de los 50 años del Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales, Colegio de México, Ciudad de México (México), 28 de febrero.

48. (2014): «El tiempo como unidad de análisis social y económico». Conferencia Magistral impartida en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Ciudad de México (México), 24 de febrero.

49. (2013): «Consecuencias sociales y económicas del envejecimiento en España y Portugal». Conferencia impartida en el Encuentro Hispanoluso Investigación y envejecimiento: Una respuesta multidisciplinar, Universidad de Salamanca, Salamanca, 4 de diciembre.

50. (2013): «Yo cuido, tú cuidas... nadie nos cuida». Conferencia pronunciada en La Nau - Centre Cultural, organizada por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad de la Universitat de València, Valencia, 20 de noviembre.

51. (2013): «Las Cuentas Satélites sobre valoración del trabajo no remunerado. Retos metodológicos». Conferencia impartida en el Seminario Internacional Trabajo no Remunerado y Cuentas Nacionales: El aporte invisible de las mujeres a la economía nacional, organizado por el Movimiento Manuela Ramos, el Instituto Nacional de Estadística e Información y onu Mujeres, Lima (Perú), 22-23 de octubre.

52. (2013): «La ciudad compartida. Género, diseño y gestión». Conferencia impartida en la II Cumbre Iberoamericana de Agendas Locales de Género: Repensando las ciudades desde los derechos de las mujeres, organizada por SEGIB, UIMP, UIM y FENAMM, Aguascalientes (México), 23-27 de septiembre.

53. (2013): «Democratización de las relaciones familiares». Panelista en el Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres: Compartiendo avances para nuevos desafíos, Mar del Plata (Argentina), 12-13 de septiembre.

54. (2013): Sesión Especial: «La dependencia. El surgimiento de una nueva clase social en las sociedades avanzadas». Ponencia presentada en el XI Congreso Español de Sociología: Crisis y cambio: propuestas desde la Sociología, organizado por la Federación Española de Sociología, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 10-12 de julio.

55. (2013): «Man and his quality of life as a starting point for health research. A programmatic approach». Conferencia impartida en el Congreso Health Care Research: Prospects of the Social Sciences, organizado por la Academia Suiza de Ciencias Humanas y Sociales, University of Freiburg, Friburgo (Suiza), 14 de junio.

56. (2013): «La atención primaria y comunitaria. Una perspectiva sociológica. Conferencia inaugural del VII Congreso de la Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y Atención Primaria: “La salud de las personas: nuestro compromiso”», organizado por FAECAP, Palma de Mallorca, 11-13 de mayo.

57. (2013): «La economía de los mayores: propiedad, deudas y aportaciones socioeconómicas». Conferencia impartida en el Seminario El desarrollo humano en una sociedad de mayores, organizado por el Capítulo Español Club de Roma y FUNCAS, Madrid, 9 de abril.

58. (2013): «El uso del tiempo en Extremadura. Diferencias entre hombres y mujeres». Conferencia pronunciada en el Ayuntamiento de Badajoz, organizada por la Casa de la Mujer con motivo del Día Internacional de la Mujer, Badajoz, 5 de marzo.

59. (2012): «El envejecimiento en Europa». Docente en el Programa Ageing and Social Innovation: Lessons learnt and consultation on future work, Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa (Portugal), noviembre.

60. (2012): «La medición del tiempo y las políticas públicas de cuidados». Conferencia Magistral impartida en la X Reunión Internacional, Encuestas de Uso del Tiempo y Trabajo no Remunerado: La economía del cuidado y el trabajo no remunerado en las políticas públicas, organizada por ONU Mujeres, CEPAL, INEGI e INAMU, Ciudad de México (México), 12 de octubre.

61. (2012): «Los costes invisibles del cuidado. Alternativas futuras para las familias y otras instituciones». Conferencia Magistral impartida en el marco del Programa de Investigación Ciencia y Tecnología, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Posgrado de Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Aguascalientes (México), octubre.

62. (2012): «El tiempo expropiado. El desafío democrático de la distribución del trabajo no remunerado». Conferencia Magistral impartida en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), Aguascalientes (México), octubre.

63. (2012): «El trabajo no remunerado en la economía global: envejecimiento y transición epidemiológica». Presentación en el Seminario El trabajo no remunerado en la medición de la actividad económica y el bienestar: las encuestas de uso del tiempo como insumo para el cálculo de la cuenta satélite del trabajo no remunerado en los hogares, organizado por CEPAL, INEI, PAHO y el Ministerio de la Mujer de Perú, Lima (Perú), octubre.

64. (2012): «La obligación de cuidar y sus límites». Conferencia de clausura de las Jornadas Internacionales de Ética Aplicada: Bioética y salud. Perspectivas feministas y ecofeminismos, organizadas por el CSIC y el Instituto de Filosofía, Madrid, 10-11 de septiembre.

65. (2012): «Is Ageing a Chance in a time of Crisis? (Spanish Case Study)». Panelista en el 8th World Demographic & Ageing Forum, University of St. Gallen, St. Gallen (Suiza), 27-30 de agosto.

66. (2012): «Demografía y crisis económica». Ponencia impartida en el Curso de Verano Demografía en tiempos revueltos, Universidad de Oviedo, Piedras Blancas (Asturias), 16-20 de julio.

67. (2012): «La racionalización de los horarios y de la situación socio-laboral de las mujeres en Galicia». Conferencia pronunciada en la Comisión no Permanente para la Igualdad y para los Derechos de las Mujeres, Parlamento de Galicia, Santiago de Compostela, junio.

68. (2012): «La medición y valoración del trabajo no remunerado para las políticas públicas». Comunicación presentada en Pan American Health Organization (PAHO) - Revisión de Grupo de Expertos, Washington (Estados Unidos), marzo.

69. (2012): «El tiempo como campo de las políticas públicas». Conferencia marco impartida en el Taller Trabajo no remunerado y protección social de las mujeres, organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), San José de Costa Rica (Costa Rica), 9-10 de febrero.

70. (2011): «Nuevos retos y necesidades de las sociedades contemporáneas respecto a la realidad de la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Incidencia de las políticas públicas en esta materia», en VV. AA.: Hacia una revisión de las políticas públicas de apoyo a la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. XXIX Cursos de Verano de Donostia-San Sebastián - XXII Cursos Europeos - UPV/EHU 2010 (pp. 29-41). ARARTEKO - Defensoría del Pueblo del País Vasco, Colección «Jornadas sobre derechos humanos», n.º 14.

71. (2010): «España hace treinta años, dentro de treinta años». Conferencia inaugural del X Congreso Español de Sociología, Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 1-3 de junio.

72. (2008): «El futuro de las familias», en I. Arriagada (ed.): Futuro de las familias y desafíos para las políticas (pp. 19-22), Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe - Naciones Unidas [Reunión de especialistas de la División de Desarrollo Social en la sede de la CEPAL, Santiago de Chile, 22-23 de noviembre de 2007].

73. (2007): «El desafío de una innovación necesaria. El análisis del trabajo no remunerado en las economías actuales», en R. Aguirre (coord.): Reunión Técnica Subregional: Encuesta sobre uso del tiempo y trabajo no remunerado (pp. 33-61), Montevideo, Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).

74. (2006): «El futuro del trabajo en Europa: el cuidado de las personas dependientes», en L. Mora, M. J. Moreno Ruiz y T. Rohrer (coords.): Cohesión social, políticas conciliatorias y presupuesto público. Una mirada desde el género (pp. 39-73), Ciudad de México, United Nations Population Fund [Reunión Internacional de Expertos/as, 24-26 de octubre de 2005].

75. (2005): «Humanissima Trinitas», en J. A. Roche Cárcel y M. Oliver Narbona (eds. lit.): Cultura y globalización: entre el conflicto y el diálogo (pp. 307-446), Alicante, Universidad de Alicante, Servicio de Publicaciones [Encuentro de Antropólogos y Sociólogos, Alicante, 2003].

76. (2004): «Espacio físico y simbólico en el uso de la vivienda», en VV. AA.: Libro de ponencias. II Congreso «La familia en la sociedad del siglo xxi» (pp. 129-133), Madrid: Fundación de Ayuda a la Drogadicción (fad).

77. (2003): «El papel de los poderes públicos en las políticas de natalidad», en VV. AA.: La natalidad en España: situación y estrategias socioeconómicas, vol. I (pp. 249-261), Madrid, Ministerio de la Presidencia; Universidad Internacional Menéndez Pelayo [Ponencias presentadas al Seminario sobre Natalidad en España, celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, del 2 al 4 de septiembre de 2002].

78. (2003): «Lo que falta por conseguir. Reflexiones ante una audiencia amiga», en VV. AA.: Una nueva sociedad: mujeres y hombres a partes iguales [curso organizado por la Dirección General de la Mujer en la Universidad Complutense de El Escorial (29 julio - 2 de agosto de 2002)] (pp. 37-56), Madrid, Dirección General de la Mujer.

79. (2002): «Producción y distribución de la riqueza. El papel económico de las mujeres», en L. Ruano (coord.): La violencia contra las mujeres y los derechos humanos: XVII Congreso de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas (pp. 103-142), Barcelona, Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas.

80. (2002): «La contabilidad del tiempo», en VV. AA.: III Jornadas Técnicas de Estadística Pública en Andalucía, Sevilla, Instituto de Estadística de Andalucía.

81. (2001): «Atención a la diversidad para superar la desigualdad en un mundo globalizado», en Encuentro Red Estatal de Ciudades Educadoras, Perspectivas locales ante el proceso de la globalización: 5.º Encuentro Estatal de Ciudades Educadoras (pp. 5-16), Córdoba, Universidad de Córdoba.

82. (2000): «La familia del futuro. La previsión de la demanda de cuidados en Europa, años 1999-2050», en J. F. Tezanos Tortajada (coord.): Escenarios del nuevo siglo: Cuarto Foro sobre Tendencias Sociales (pp. 401-418), Madrid, Fundación Sistema.

83. (1999): «A la búsqueda del sujeto del conocimiento de la arquitectura», en C. García-Rosales y A. Estirado Gorría: II Encuentro de Mujeres en la Arquitectura: La mujer construye (pp. 63-68), Madrid, Comunidad de Madrid, Dirección General de la Mujer.

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94. (1991): «Imágenes de clase en la España de los noventa». Ponencia presentada en el Simposio Hispano-Soviético, organizado por la Academia de Ciencias de Moscú, Moscú (Rusia), 14-22 de abril.

95. (1991): «Las paradojas de la economía española: sobre la interdependencia entre trabajo mercantil y no mercantil en la planificación económica». Comunicación presentada en las III Jornadas Parlamentarias, Madrid.

96. (1991): «La transferencia social de la enfermedad», en C. Bernis Carro, V. Demonte, E. Garrido González, M. T. González Calbet e I. de la Torre Prados (eds. lit.): Los estudios sobre la mujer: de la investigación a la docencia: Actas de las VIII Jornadas de Investigación Interdisciplinaria (pp. 159-174), Madrid, Instituto Universitario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid.

97. (1991): «Los destinatarios de la comunicación audiovisual», en A. López Blasco (ed.): ¿Qué miras?: Textos. Primer Congreso Internacional sobre Infancia, Juventud y Comunicación Audiovisual (pp. 167-183), Valencia, Generalitat Valenciana.

98. (1991): «L’ús de l’espai urbà en la vida qüotidiana», en A. San Martín (ed.): Públic-privat: un debat obert: VII Universitat d’Estiu a Gandia, 1990 (pp. 227-240), Gandia, Ajuntament de Gandia.

99. (1989): «El trabajo no mercantil en España», en VV. AA.: Mujer y Socialismo. III Jornadas Parlamentarias, Madrid, Grupo Parlamentario Socialista.

100. (1989): «El dualismo de la economía española. Una aproximación a la economía no mercantil», en C. Sánchez (ed.): Mujeres y hombres en la formación del pensamiento occidental. Actas de las VII Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, vol. I (pp. 387-416), Madrid, Instituto Universitario de Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma de Madrid.

101. (1988): «Hogares y familias: dos conceptos en busca de definición», en J. Iglesias de Ussel (coord.): Las familias monoparentales: Seminario hispano francés, celebrado en Madrid, diciembre de 1987 (pp. 11-22), Madrid, Ministerio de Trabajo e Inmigración, Instituto de la Mujer.

102. (1986): «Convencionalidad e innovación en la economía de los servicios sociales: El papel económico de las mujeres en los servicios públicos y en la familia», en G. Rodríguez Cabrero (ed.): Segundas jornadas de economía de los servicios sociales [Madrid, 26 al 29 de noviembre de 1984], Madrid, Consejo General de Colegios de Economistas.

103. (1986): «El papel de las mujeres en la economía de los servicios sociales», en G. Rodríguez Cabrero (ed.): Segundas jornadas de economía de los servicios sociales [Madrid, 26 al 29 de noviembre de 1984], Madrid, Consejo General de Colegios de Economistas.

104. (1986): «Ciencia para la vida. Ciencia para la libertad», en F. Chinchetru (dir.) y B. Sagasti (coord.): Mujer y Sociedad. IV Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco (pp. 91-97), San Sebastián, Universidad del País Vasco.

105. (1985): «La desigualdad por motivos de sexo y familia», en VV. AA.: Igualdad, desigualdad y equidad en España y México: IV Encuentro Hispano Mexicano de Científicos Sociales, Toledo, 1983 (pp. 57-86), Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana: El Colegio de México.

106. C. Cámara y M. Á. Durán Heras (1985): «El paper de la dona en la cultura de la salut», en VV. AA.: Actes de les Primeres Jornades Catalanes de Sociologia (1981) (pp. 251-256), Barcelona, Institut d’Estudis Catalans.

107. (1985): «La mujer en la universidad: una ausencia de mil años», en I. Alberdi (coord.): Primeras Jornadas Mujer y Educación [Serie Documentos 3] (pp. 43-46), Madrid, Ministerio de Educación, Instituto de la Mujer.

108. (1982): «Notas para una ruptura paradigmática», en P. Folguera (coord.): Nuevas perspectivas sobre la mujer: Actas de las Primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, vol. 2 (pp. 13-16), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

109. (1982): «Lectura económica de Fray Luis de León», en P. Folguera (coord.): Nuevas perspectivas sobre la mujer: Actas de las Primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, vol. 2 (pp. 257-273), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

110. (1982): «Notas sobre equidad y salud», en VV. AA.: Economía de la política sanitaria. II Jornadas de Economía de la Salud (pp. 179-192), Bilbao, Servicio de Publicaciones del Gobierno Vasco.

111. (1978): «El tercer ciclo: una perspectiva sociológica», en VV. AA.: Ciclo de Conferencias sobre Educación Universitaria en España (pp. 115-139), Madrid, Asociación Cultural Hispano-Norteamericana (achna).

Discursos de investidura

1. (2013): «Discurso de Investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Granada», en VV. AA., Discursos pronunciados en el acto de investidura de Doctora Honoris Causa de la Excelentísima Señora D.ª María Ángeles Durán Heras, presentado por Dra. Cándida Martínez López (pp. 23-41), Granada, Universidad de Granada.

2. (2012): «Más allá del dinero: La economía del cuidado», en Investidura como Doctor «Honoris Causa» por la Universitat de València a M.ª Ángeles Durán Heras. Discurso de aceptación, 9 de marzo de 2012, Valencia, Universitat de València.

3. (2008): «Discurso de Investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid», en VV. AA., Discursos de investidura como doctores honoris causa de los profesores Godfrey Mathew Hewitt, Francisco Quirós Linares, María Ángeles Durán Heras, 8 de mayo de 2008 (pp. 107-121), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

Tesis doctorales dirigidas

1. Cerri, C. (2015): Envejecer(se) y cuidar(se): Una aproximación antropológica al mundo de los mayores, Madrid, Universidad Complutense de Madrid (codirigida junto a R. Martín Arce).

2. Rogero García, J. (2009): Los tiempos del cuidado. El impacto de la dependencia de los mayores en la vida cotidiana de sus cuidadores, Madrid, Universidad Complutense de Madrid.

3. Zambrano-Álvarez, I. (2004): La responsabilidad pública en el cuidado de la salud: una aplicación al cuidado de las personas con discapacidad, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

4. Delicado Useros, M. V. (2003): Familia y cuidados de salud. Calidad de vida en cuidadores y repercusiones sociofamiliares de la dependencia, Alicante, Universitat d’Alacant (codirigida junto a A. Reig Ferrer).

5. García Díez, S. Y. (2002): Análisis socioeconómico de la estructura productiva de los hogares (la experiencia española en la última década del siglo XX), Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

6. García Sáinz, C. (1999): La carga global de trabajo. Un análisis sociológico, Madrid, Universidad Complutense de Madrid.

7. Pérez Pérez, G. (1997): Inmigración y redes sociales, Madrid, Universidad Complutense de Madrid.

8. González Suárez, M. (1987): Sexismo y educación escolar en Costa Rica, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid.

LA RIQUEZA INVISIBLE DEL CUIDADO

Nota previa

Esta obra es el resultado de toda una vida de investigación y especialmente recoge los estudios del último quinquenio. Durante este periodo han ido apareciendo en distintos medios anticipos del trabajo que estaba realizando, y soy deudora de los numerosos debates en los que he participado y recibido el estímulo de compañeros de mesa y asistentes. Cada artículo publicado a lo largo de casi medio siglo forma parte de una cadena que arrancó en las inquietudes intelectuales y sociales de mi época universitaria y llega hasta ahora.

El primer capítulo es una revisión de la teoría de las clases sociales en las sociedades contemporáneas, ante la aparición de la nueva clase social de los cuidadores, que he denominado el cuidatoriado. Aunque los datos empíricos en los que se apoya se refieren a España, puede aplicarse a cualquier país con una estructura productiva y demográfica similar. Sus antecedentes son de varios tipos. El principal, los muchos años de docencia e investigación sobre estructura social, desigualdad social, cambio social y sociología del trabajo en las universidades Complutense, de Zaragoza y Autónoma de Madrid, así como en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha sido un estímulo importante la demanda de diversos movimientos sociales a la que he tratado de dar respuesta en congresos, jornadas, seminarios y todo tipo de eventos. Entre ellos, organismos internacionales y nacionales, investigadores de campos ajenos al propio, sindicatos, organizaciones de mujeres y de consumidores, colegios profesionales y asociaciones de enfermos. A lo largo de medio siglo, diversas entidades públicas y privadas, españolas e internacionales, han posibilitado mi dedicación a la investigación de estos temas y se han hecho eco de sus resultados. Quiero agradecer especialmente al Centro de Investigaciones Sociológicas, a la editorial Tecnos y a la Fundación BBVA, que acogieron textos precursores.

El segundo capítulo es simultáneamente un análisis y una propuesta de consenso metodológico internacional. Nace de la constatación del uso heterogéneo del concepto de cuidado y de la necesidad de ponerse de acuerdo en su definición. Para ello he explorado sus usos más frecuentes y su utilización en diversos estudios empíricos relevantes. Sus antecedentes son, por una parte, las grandes encuestas que incorporan entre sus objetivos el cuidado y, por otra, un sinnúmero de seminarios de investigación, congresos y talleres en los que se han debatido este y otros conceptos conexos. De especial relevancia han sido los seminarios promovidos desde distintas entidades de Naciones Unidas en los que he participado, y que han dado a conocer los resultados a través de páginas web, videoconferencias y otros medios de comunicación. Entre ellos UNESCO, OMS, UNIFEM, ONU-mujeres, OIT, CEPAL, UNFPA y UNRISD.

Como antecedentes más inmediatos, tengo que citar diversos foros convocados por el Colegio de México, el Gobierno de Ciudad de México, el Gobierno del País Vasco, el Gobierno de la Comunidad Valenciana y la International Association for Time Use Research. He de agradecer el estímulo de los estudiantes de diversos cursos en las universidades Autónoma de Madrid, Granada, UNAM de México, Valencia, Oviedo, Menéndez Pelayo, Pompeu Fabra y otras muchas.

El capítulo tercero se dedica al concepto de riqueza, y es un análisis del desencuentro entre los distintos conceptos de riqueza y el que maneja la Contabilidad Nacional, incluso en sus marcos extendidos. He de agradecer el apoyo de numerosas entidades, tales como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Plan Nacional de la Ciencia, el Instituto Europeo de Florencia, la Fundación Ford, la Fundación Santamaría, el Instituto de la Mujer, la Fundación Ingema, la Comunidad de Madrid, el Tribunal de Cuentas, los institutos de estadística de España, México, Brasil y otros muchos países latinoamericanos, así como otras tantas instituciones cuya mención sería excesivamente prolija.

Del capítulo cuarto al octavo se centran en el cuidado a niños, ancianos y enfermos. Comparten muchas fuentes, y soy deudora de diversas asociaciones y entidades sanitarias que a lo largo de medio siglo han contado conmigo como conferenciante en sus congresos y actividades de investigación. Entre otras, la Asociación de Familiares de Enfermos Mentales, la Asociación contra el Cáncer, la Asociación de Enfermos y Familiares de Alzheimer, de Enfermos Crónicos, y diversas asociaciones profesionales de enfermería y medicina. Muchas de las conferencias que he pronunciado en sus seminarios han sido publicadas de forma resumida en distintos medios de comunicación o en las actas de sus congresos. La Society for Quality of Living se hizo eco, en el congreso celebrado en Frankfurt, de mis investigaciones sobre la calidad de vida en el momento de morir, y la ponencia fue posteriormente publicada.

Finalmente, los capítulos sobre el mercado y el futuro del cuidado son deudores de numerosos encuentros con profesionales de los servicios sociales, del trabajo doméstico, de la sanidad, así como con amas de casa y otros agentes sociales. Este libro también es deudor de las publicaciones de Naciones Unidas, especialmente las demográficas del World Population Prospects, que vengo usando asiduamente desde hace décadas.

A todos ellos agradezco que me hayan proporcionado el estímulo necesario para continuar la trayectoria de investigación que culmina ahora con esta obra.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar aquí a Marga Suazo, por los muchos años en que ha cuidado la preparación de mis publicaciones desde el CSIC, y a Leyre Carcas, doctoranda de la Universidad Autónoma de Madrid, por su ayuda con las nuevas tecnologías informáticas durante la fase final de composición de este libro.

1. EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA CLASE SOCIAL: EL CUIDATORIADO

1. LAS PIRÁMIDES DE POBLACIÓN SE CONVIERTEN EN TORRES

Las pirámides son iconos fáciles de identificar y reproducir. Cuando los demógrafos comenzaron a representar gráficamente la estructura de edad y género de las poblaciones humanas, la imagen de estas pirámides se popularizó rápidamente, hasta el punto de que hoy se sigue hablando de pirámides de población a pesar de que para la mitad del mundo ya no reflejan su realidad demográfica. La baja natalidad y la alta esperanza de vida han limado las bases y han estirado la altura de las extintas pirámides. En las regiones en que el desarrollo económico y la transición demográfica se inició tempranamente (siglos XVIII-XIX), el perfil de su representación ha ido atravesando un nuevo abanico de figuras: el diamante, el barril, el huso, la torre y, en algunos casos, el champiñón.

Las migraciones masivas han hecho que en algunos países broten ensanchamientos en la zona central de la expirámide, los comúnmente llamados michelines, que tienen su correspondiente reflejo en los huecos o mordiscos de la demografía de otros países. No siempre son simétricas las figuras, el género afecta de modo visible a los nacimientos, a las migraciones o a la esperanza de vida.

Los cambios en la estructura demográfica repercuten en todos los aspectos de la vida social, económica y política. El tipo de cuidado que una sociedad necesita y/o ofrece no solo depende de cómo sea y cómo se distribuya su población sino de la estructura demográfica en otras regiones próximas, o incluso lejanas, porque el trabajo del cuidado genera potentes flujos migratorios. La gráfica 1.1, elaborada por la División de Población de Naciones Unidas (2017), muestra las estimaciones y proyecciones de población para el periodo 1950-2100 en Asia, África, Europa, Latinoamérica y Caribe, Norteamérica y Oceanía. Aunque dentro de cada región exista gran variedad, las diferencias entre regiones son patentes. Asia destaca por su enorme volumen, su fuerte crecimiento y la previsión de que dentro de algunas décadas se ralentizará para iniciar el descenso hacia 2050. África, que en el siglo XX estaba menos poblada que Europa, acumula setenta años de crecimiento y mantendrá el ritmo alto durante todo el siglo XXI. Las curvas de población de Asia y África atraviesan la gráfica casi en diagonal, como poderosas fugas hacia delante, mientras el resto de continentes mantienen la horizontalidad casi a ras de suelo. Europa, que fue una potencia demográfica, se identifica desde hace décadas por una línea semiplana, sostenida en buena parte por las inmigraciones (que no se reflejan por separado en la gráfica). América Latina y el Caribe han duplicado su población en poco más de medio siglo, pero en conjunto han tocado techo aunque algunos países todavía se encuentren en fase expansiva. Norteamérica ha crecido moderadamente, y es en algunos aspectos excepcional porque combina crecimiento demográfico con alto desarrollo económico. Finalmente, Oceanía resulta imperceptible en la representación de los continentes debido a su bajo peso demográfico comparativo y a su relativa estabilidad.

En las sociedades de demografía joven, con una población expansiva, son los niños quienes absorben la mayoría de los recursos de tiempo y dinero destinados al cuidado. Las actividades relacionadas con la supervivencia tienen en estas sociedades un carácter más perentorio, directo y activo (nacimientos, primera infancia, riesgos elevados). La madurez demográfica se alcanza cuando una sociedad estabiliza la población, supera la esperanza de vida al nacer en 80 años y rebasa la esperanza de vida a los 75 en otros 20 años. Para ello, las sociedades maduras tienen que haber logrado reducir a tasas muy bajas la mortalidad infantil, juvenil y en edades centrales, lo que se traduce icónicamente en el abandono de las formas de pirámide y su paulatina sustitución por otros perfiles. La madurez implica altas proporciones de población de edad avanzada y la reducción de la población de edad intermedia por comparación con el total de la población dependiente. Esto solo se consigue cuando el acceso a los bienes básicos y a la sanidad está garantizado para la gran mayoría de la población. En realidad, madurez y envejecimiento son dos maneras de nombrar un mismo fenómeno desde diferentes perspectivas. La madurez contempla el cambio demográfico como el vaso medio lleno y el envejecimiento como el vaso medio vacío. A la madurez se llega por plenitud y se acepta como un estado natural al que se aspira, mientras el envejecimiento se presenta como una situación eludible, de la que hay que huir aumentando las tasas de natalidad y fomentando el crecimiento de la población. Por ahora, al menos expresamente, ningún movimiento social propone combatir el envejecimiento demográfico por la vía de eliminar a los envejecidos.

GRÁFICA 1.1

Proyecciones de población para grandes regiones, 2015-2100


Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Economía y Sociología, División de Población: World Population Prospects: The 2017 Revision, 2017. Para 1950-2015 son estimaciones. Para 2015-2100 son proyecciones.

En las sociedades demográficamente maduras se produce una inversión de la relación tradicional entre cuidadores y cuidados: los hijos que han de cuidar a sus padres directa o indirectamente son tan numerosos como los padres que cuidan a sus hijos. En estas sociedades de demografía madura o envejecidas alcanzan mayor intensidad las formas pasivas del cuidado, y el cuidado de las personas mayores se convierte en una ocupación cotidiana para los hogares que afecta también de modo importante a las políticas públicas. Por ejemplo, el crecimiento de la esperanza de vida cambiará la organización del matrimonio y la familia, los diseños urbanos, el tráfico y el transporte. El diseño urbano se adaptará a la presencia de numerosos ciudadanos con las facultades de ver, oír y moverse disminuidas y técnicamente modificadas. El empleo tendrá que integrar y adaptarse técnicamente a un sector creciente de trabajadores maduros, con algunas discapacidades o dolencias crónicas. La atención sanitaria y el cuidado también sufrirán grandes cambios; la población ya no estará tan afectada por enfermedades agudas que se superan como por enfermedades degenerativas que se prolongarán sin sanar durante muchos años, y de las que solo podrá aspirarse a ralentizar su progresión o minimizar sus síntomas.

Las consecuencias de la desaparición de las pirámides demográficas no se han asimilado todavía. Las instituciones sociales se crean mediante lentos procesos y una vez creadas son difíciles de modificar. Así sucede con las formas de organización para la producción y el consumo, las leyes y los valores sociales. Incluso la cultura, la ética y la estética se construyen desde condicionantes sociales en los que la estructura etaria de la población deja su huella. Del mismo modo que los derechos reproductivos fueron inseparables de la conquista de bajas mortalidades, los derechos sociales relacionados con la muerte serán una conquista relacionada con el envejecimiento.

Un cambio en la estructura demográfica, al igual que en cualquier otro aspecto básico de la vida social, requiere el reajuste de todas las instituciones; ninguna escapa a la necesidad de cambio. Los ajustes al cambio demográfico son simultáneos e inseparables de los inducidos por otros factores, como el cambio tecnológico o la implantación de nuevos valores y derechos sociales. Se producen con distinta intensidad en todas las instituciones sociales, aunque algunos van dirigidos a fomentar el cambio y otros a contrarrestarlo, a ofrecerle resistencia (blindajes). Cuando los gobiernos asumen la necesidad del cambio social, inician modificaciones en varios niveles de la vida política: entre otros, el legislativo, el presupuestario y el organizativo. Para que las medidas resulten eficaces necesitan consenso y apoyo social, de lo contrario quedarían en meras declaraciones de intención, sin efectos reales. Cuanto más sacrificio, pérdida o riesgo para algunos sectores sociales conlleven las medidas, mayor garantía de apoyo social tendrán que lograr previa y posteriormente a su implantación.

La transformación de la antigua pirámide de población española en una torre se ve claramente en la proyección de población elaborada para el INE para el periodo 2009-2049 (gráfica 1.2). En 2009, el estrechamiento de la base ya era muy evidente, para el 2019 el tronco será más alto y la copa ligeramente más estrecha, y para 2049 se habrá acercado a la forma de champiñón, aunque con un tronco algo más robusto de lo que suelen tener estos hongos.

GRÁFICA 1.2

Pirámides de población en España


Fuente: INE: Pirámides de población española 2009 a 2049. Disponible en línea: <https://enveje cimientoenred.wordpress.com/2015/02/04/sheaging-o-el-siglo-femenino/>.

2. LA CONVERSIÓN DE LAS NECESIDADES DE CUIDADO EN DEMANDAS ORGANIZADAS

El concepto de necesidad es menos sencillo de lo que su frecuente uso podría hacernos pensar. La rae lo define como «la carencia de las cosas que son imprescindibles para la conservación de la vida». Su conversión en una demanda organizada y en un reto social no es automática, y a poco que se le someta a un proceso analítico, conduce a un largo hilo de cuestiones: quién sufre la necesidad, grado de consciencia y gravedad de esta, elementos precipitadores y externos que facilitan la aparición de la consciencia, medios de expresión, alianzas y conflictos que suscita.

La necesidad no siempre es percibida por quienes de hecho la padecen; existen sujetos instalados en la no consciencia, así como en la consciencia falsa, y esto se aplica tanto a quienes padecen la necesidad como a quienes dicen representarles. En el proceso de conversión de la necesidad en demanda aflora todo tipo de sentimientos y actitudes: el abandonismo, la resignación, el acatamiento, el temor, la aceptación del riesgo, el resentimiento, la compasión, la rebeldía ante la coacción, la creencia en la obligatoriedad ética de algunas conductas, la exaltación del sentimiento de orgullo o de superioridad moral. Además de quienes padecen la necesidad, en el proceso de su conversión en una demanda organizada intervienen otros sujetos. Son, principalmente, aquellos a quienes se dirige la propuesta de actuación.

A menudo se produce una intermediación de terceros agentes entre quienes padecen la necesidad y a quienes se dirige la acción para resolverla: técnicos, expertos, movilizadores sociales, antagonistas, aliados potenciales. El liderazgo de la demanda suele derivar hacia sujetos distintos de quienes padecen directamente la necesidad. Los objetivos de los líderes no siempre permanecen fieles a la necesidad que les da origen, son interceptados por otros actores sociales (secuestro de la demanda) que los utilizan para resolver sus propios propósitos. La necesidad puede expresarse en forma de petición, pretensión, solicitud o súplica. Pero solamente se convierte en una demanda explícita y una exigencia cuando va respaldada por un grupo social coherente, fidelizado a medio plazo y con estrategias definidas de actuación. Es entonces cuando puede considerarse que ha alcanzado el grado de demanda organizada y con posibilidades reales de lograr sus objetivos mediante acciones sociales.

Las necesidades de cuidado familiar se producen en contextos cada vez más difusos; las sufren sujetos con escasa capacidad de vertebración social y de defensa de sus reivindicaciones (niños, enfermos, ancianos), pero también sujetos adultos y relativamente autónomos. Incluso la demanda de cuidado puede proceder de adultos autónomos que no la necesitan y exigen descargarla sobre el ámbito familiar o íntimo como condición para el mantenimiento de una distribución de papeles que no es aceptada por mutuo acuerdo (tensiones conyugales y de pareja). Los receptores de las demandas de cuidados son diferentes en los entornos laborales o extradomésticos que en los ámbitos familiares y personales: unas veces reciben la demanda gustosamente, pero con frecuencia la interpretan como origen o consecuencia de un antagonismo larvado o explícito.

Territorialmente, la necesidad de cuidado puede plantearse en un nivel y buscarse la solución en un nivel distinto. O a la inversa. En los países pertenecientes a la Unión Europea, no obstante disponer de avanzadas políticas sociales, es frecuente la falta de consistencia entre las actuaciones políticas relativas al cuidado a niveles local, regional, nacional y europeo. En cualquier caso, por encima de la condición territorial priman las diferencias de género, es común en todos los países que los varones dediquen más tiempo al trabajo profesional remunerado, que facilita el acceso a más y mejores derechos sociales, que al trabajo de cuidar no remunerado.

Como entidad de la que emanan normas a nivel planetario, es relevante el papel de las Naciones Unidas o la oit; pero sus mandatos tienen un carácter más programático que real, y la puesta en práctica de su doctrina depende de la aquiescencia de las autoridades nacionales y locales, que con frecuencia es más teórica que práctica. En los países en que la mayor parte de las actuaciones políticas y presupuestarias están transferidas a nivel autonómico, las actuaciones en el campo del cuidado son heterogéneas y especialmente difíciles de gestionar para quienes se vinculan simultáneamente con distintas administraciones autónomas, algo bastante frecuente en el caso de las personas de edad avanzada que no residen en la misma comunidad o país que sus hijos/as.

3. ESPLENDOR Y FRACASO DE LAS LEYES SOBRE CUIDADOS

3.1 El derecho y la obligación del cuidado

3.1.1 Cinco cuestiones básicas

El sujeto político que sirve de referencia a las constituciones democráticas contemporáneas es un sujeto individual y autónomo, que toma decisiones por sí mismo y está en condiciones de ejecutarlas. Es a este sujeto individual a quien se refieren básicamente los principios generales de libertad, igualdad y justicia que dan sentido al ordenamiento jurídico en los países democráticos. Sin embargo, la dependencia es, por definición, una situación en que una persona precisa de otras. Hay dos sujetos principales implicados en la relación; el que necesita y el que es necesitado.

Así como la proporción de niños y jóvenes (los que aún no han conquistado plenamente el ejercicio de la ciudadanía, en especial los derechos políticos) disminuye constantemente por comparación con el conjunto de la población, la proporción de personas dependientes por razones de enfermedad física o mental y por otros tipos de marginalidad física y social, crece de modo imparable. La población femenina que en épocas anteriores se hacía cargo del cuidado de todas las generaciones desde los hogares, actualmente se encuentra en gran parte incorporada a su propia educación y al empleo, por lo que no dispone de tanto tiempo para dedicarlo al cuidado. En cambio, la población de edad avanzada ajena al mercado de trabajo, en condiciones relativamente buenas de salud, es la nueva proveedora de gran parte del cuidado que consume este mismo grupo de población, cooperando también de modo importante al cuidado de la población infantil y al de la población de edad intermedia que soporta mayor presión por su alta carga total de trabajo (remunerado y no remunerado). Los varones de edad avanzada son un colectivo muy numeroso y disponen de mucho tiempo no comprometido, tiempo liberado del que en la etapa anterior de su ciclo de vida dedicaban al empleo.

Lo que este cambio estructural pone en cuestión es la base en que se asientan las relaciones entre las personas dependientes y su entorno familiar y social. Se resume en cinco cuestiones:

1. ¿Quién tiene el derecho/obligación de cuidar a quién?

2. ¿Sobre qué bases legales, morales, sociales y económicas?

3. ¿Hasta qué límite?

4. ¿Con qué contrapartidas?

5. ¿Cuáles son los mecanismos sociales y legales que garantizan/premian/castigan el incumplimiento de estos derechos y obligaciones?

Existen muchos tipos de dependencia y de cuidadores, y la opinión pública, igual que la legislación y la jurisprudencia, reflejan la heterogeneidad característica de un proceso de cambio social acelerado en que conviven actitudes y valores dispares. La respuesta a estas preguntas no es sencilla ni única, y de su solución depende el sistema de protección a los necesitados de cuidado que se construya en el futuro.

3.1.2 El cuidado y su valor, según el Código Civil

Igual que la de cualquier país, la legislación española sobre el cuidado está condicionada por su evolución histórica, especialmente por el peso de las épocas en que el patrimonio agrario era más importante que las rentas del trabajo, y la esperanza de vida mucho más corta que en la actualidad. Consecuentemente, algunas disposiciones legales de máxima importancia social, como el Código Civil promulgado en 1889 (que salvo algunas modificaciones sigue en vigor en el siglo xxi), están más orientadas a regular las acciones relativas a los bienes que a los servicios, y a las obligaciones de los padres respecto a los hijos dependientes que a la inversa.

El cuidado recibe escasas menciones en el Código Civil. Una excepción es el artículo 68, que regula las obligaciones entre cónyuges: «Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deberán, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo».

Como corresponde a una ley nacida en una sociedad de demografía joven, tampoco plantea cuestiones relativas al derecho a no recibir cuidados (que en 2002 introdujo la Ley de Autonomía del Paciente en el Ámbito Sanitario) ni el derecho a ofrecer cuidados, que en cierto modo ha ido introduciendo paulatinamente la legislación laboral, en algunas circunstancias, para los trabajadores asalariados.

Todavía hoy las obligaciones económicas de ayuda entre parientes siguen denominándose «deber de alimentos» (arts. 142 a 153) porque en la época de promulgación del Código Civil los alimentos constituían el núcleo del consumo en los hogares. El Código Civil impregna el concepto «deber de alimentos» con su monetarización a modo de pagos o pensiones, estipulando sus plazos con claridad (art. 148).

La herencia es una institución central en las sociedades en que el patrimonio desempeña un papel económico importante. En tanto que forman parte de un mismo tipo de institución económica familiar, alimentos y herencia van inseparablemente unidos; por ello el Código Civil dedica a la herencia más de 400 artículos, los que median entre el art. 657 y el 1087.

Lo que quizá resulte sorprendente para muchos economistas, estadísticos o responsables de políticas públicas, es que el Código Civil español ofrece una base legal para la valoración económica del cuidado. Por influencia de este código, la legislación vigente en muchos países latinoamericanos contiene disposiciones semejantes. El régimen económico matrimonial más frecuente en España, donde tradicionalmente la incorporación de las mujeres casadas al mercado laboral ha sido escasa, es el de sociedad de gananciales (regulado por los artículos 1344 a 1410 del Código Civil) y sigue siéndolo en la actualidad. Históricamente, el modelo de estricta división del trabajo no se producía entre los campesinos más pobres, y tampoco entre los pequeños comerciantes o artesanos, pero sí en los estratos sociales que acumulaban pequeños o grandes patrimonios y necesitaban normas que lo regulasen. Entre la detallada reglamentación del Código Civil destacan los artículos 1344 («Mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, que les serán atribuidos por mitad al disolverse aquella») y 1379 («Cada uno de los cónyuges podrá disponer por testamento de la mitad de los bienes gananciales»). Si, por poner un ejemplo, se disuelve por fallecimiento o divorcio el matrimonio compuesto por un exitoso cirujano y un ama de casa sin empleo, la legislación española entiende que ambos han aportado la mitad al patrimonio obtenido en común. En esencia, lo que esos artículos fijan es la equiparación, dentro de cada matrimonio, del valor del trabajo de ambos cónyuges; llevado a sus últimas consecuencias, y con independencia del grado de cualificación, la cantidad de tiempo dedicado, o la tecnología utilizada para desarrollar el trabajo, según el Código Civil el valor atribuido al esfuerzo aportado por ambos cónyuges a lo largo del ciclo matrimonial tiene idéntico valor económico. Lógicamente, lo que es equiparable dentro de cada hogar habría de ser equiparable para el conjunto de los hogares. Si se partiera de la hipótesis de que todas las mujeres casadas trabajasen exclusivamente para la unidad económica familiar y todos los hombres casados trabajasen exclusivamente para el mercado, el valor del trabajo de unas y otros sería el mismo. Y si se supusiera que el tiempo dedicado al empleo y al hogar es el mismo, el valor estimado para la hora de trabajo remunerada por el mercado laboral (incluyendo las rentas mixtas de trabajo y capital) sería idéntico al de la hora de trabajo no remunerado destinada a los hogares. Aunque ambas hipótesis pueden refinarse, resulta innegable que la legislación vigente ofrece una base para la valoración igualitaria del trabajo producido para el mercado (remunerado) y para el hogar (no remunerado).

3.1.3 Prioridades y límites en la obligación de cuidar

En cuanto a la ejecución del contrato familiar implícito, el Código establece los criterios de prioridad entre las relaciones fa miliares, asimilando el deber de alimentar y cuidar con el derecho a heredar patrimonio (art. 144):

La reclamación de alimentos, cuando proceda y sean dos o más los obligados a prestarlos, se hará por el orden siguiente:

• Al cónyuge.

• A los descendientes de grado más próximo.

• A los ascendientes, también de grado más próximo.

• A los hermanos, pero estando obligados en último lugar los que solo sean uterinos o consanguíneos.

• Entre los descendientes y ascendientes se regulará la gradación por el orden en que sean llamados a la sucesión legítima de la persona que tenga derecho a los alimentos.

El Código Civil no hace ninguna mención al género de quienes sufren la necesidad o al de quienes han de hacer frente a la obligación del deber de alimentos, estableciendo implícitamente que es condición independiente o no relevante para ello. El artículo 144 dice expresamente que cuando haya más de un obligado a la prestación de alimentos, en la relación entre descendientes y ascendientes «se regulará la gradación por el orden en que sean llamados a la sucesión legítima de la persona que tenga derecho a los alimentos» (art. 144). Si sobre una misma persona recae la obligación de atender a varios alimentistas y no puede abarcarlos a todos, se seguirá el mismo criterio de priorizar el orden de sucesión (art. 145). En este aspecto, el Código Civil necesita complementarse con otras perspectivas de análisis como la demográfica y sociológica, que muestran la incidencia del género tanto en la formación de los caudales como de las necesidades.

Llevado al terreno del cuidado, hay que establecer un paralelismo entre la salvaguardia de la fortuna personal y el derecho al propio tiempo, a la vida propia. ¿Hasta dónde llegan los derechos y obligaciones del que necesita cuidados respecto a sus familiares, amigos, vecinos, conciudadanos (vía impositiva), Administración Pública y localidades propias y ajenas?

El deber de proporcionar alimentos tienes límites, tanto por el esfuerzo que exige al que ha de prestarlo como por la justificación moral de quien los necesita, y el paralelismo con el cuidado es evidente. El Código reconoce que la cuantía de los alimentos es variable (arts. 146 y 147), establece límites de edad para el deber de proporcionar educación («mientras sea menor de edad», art. 142), de capacidad económica («si la persona obligada legalmente a darlos no tuviere fortuna bastante», art. 145) o esta se redujera («hasta el punto de no poder satisfacer sin desatender sus propias necesidades y las de su familia», art. 152). El código también marca los límites de adecuación moral; el derecho a recibir alimentos (cuidados) se pierde si «la causa de la necesidad es imputable a quien los necesita» (arts. 142 y 143), «proviene de mala conducta o de falta de aplicación al trabajo» (art. 152), o «hubiera cometido alguna falta de las que dan lugar a la desheredación».

El cuidado es equiparable, aunque no idéntico, a la prestación material de alimentos o al abono de los gastos de educación, habitación, vestido y asistencia médica. A pesar de que puede trasladarse a terceros y monetarizarse, el cuidado consiste básicamente en asumir responsabilidades y en la cesión del tiempo propio. Los criterios de «disponibilidad de fortuna» no tienen correspondencia exacta en la prestación de cuidados, ya que son los criterios de disponibilidad de tiempo y buenas condiciones físicas y mentales los que mejor podrían asimilarse al «caudal» al que el Código Civil se refiere.

De especial interés para la determinación de las reglas de prestación del cuidado son los artículos 145 y 148, que prevén la contingencia de que no existan familiares fácilmente identificables y dispuestos a asumir el deber de alimentos; esta circunstancia se presenta con relativa frecuencia en los hospitales, por ejemplo en pacientes que han sufrido un ictus u otra enfermedad o lesión que les deja gravemente incapacitados y con la perspectiva de un largo período de supervivencia en condiciones de absoluta dependencia. El artículo 145 plantea la posibilidad de que haya dos o más personas con igual obligación de dar alimentos, por lo que los cuidados/alimentos se repartirán en cantidad proporcional a su caudal respectivo. En circunstancias especiales o por urgente necesidad, el Código admite que el juez podrá «obligar a una sola de ellas a que los preste provisionalmente, sin perjuicio de su derecho a reclamar de los demás obligados la parte que les corresponda». Si los obligados a proveer alimentos falleciesen, «el juez, a petición del alimentista o del Ministerio Fiscal, ordenará con urgencia las medidas cautelares oportunas para asegurar los anticipos que haga una entidad pública u otra persona y proveer a las futuras necesidades» (art. 148).

A modo de conclusión, hay que destacar que la preocupación por los alimentos y los bienes que permiten la subsistencia es característica de las sociedades demográficamente jóvenes. La adscripción a sus propios familiares de la solución de los problemas de quienes carecen de los alimentos imprescindibles es también característica de una sociedad poco individualizada, en la que la economía de los hogares gira en torno a los patrimonios en lugar de las rentas. Ni una ni otra condición se producen ya en la sociedad española del siglo xxi, una sociedad devenida individualista, postindustrial, sumamente envejecida, en la que los jóvenes conviven sin formalizar las relaciones matrimoniales y el número de hijos de madre no casada crece constantemente (45% en 2016). Por ello fue necesario pactar entre grupos políticos en 2006 la Ley de Dependencia y es imprescindible avanzar en el análisis de las implicaciones de todo tipo que conllevan los derechos y deberes relativos al cuidado, tanto si en el plano macroeconómico se esperan años de crecimiento y expansión como si, aún con mayor motivo, se atraviesan años de estancamiento y de reducción de las rentas públicas y privadas.

El artículo 142 provee una definición amplia del «deber de alimentos», como «lo indispensable para el sustento, habitación, vestido y asistencia técnica». A lo que este artículo denomina «indispensable», los artículos 143 y 148 se refieren de un modo más estricto, como «auxilios necesarios para la vida» (art. 143), los que se «necesitan para subsistir» (art. 148). Sin embargo, el código reconoce la relatividad del concepto de necesidad, ya que la cuantía destinada a satisfacerla «será proporcionada al caudal o medios de quien los da y a las necesidades de quien los recibe» (art. 146) y se ajustará a las variaciones en las necesidades, igual que en la fortuna de su proveedor. No es a la necesidad vital de sobrevivir a lo que el código se refiere, sino a las necesidades socialmente definidas; y esta distinción echa por tierra la idea de igualitarismo en la valoración de las necesidades de servicios en distintos tipos de hogares. Además de los servicios básicos, cada hogar necesita y produce otros servicios que se corresponden con su «caudal y medios», o lo que es lo mismo, con su estrato social de pertenencia. Por tanto, previsiblemente el valor de la producción es diferente en cada hogar. Esta perspectiva añade una nueva visión a las de estudios realizados hasta ahora sobre el valor de lo producido en los hogares, que se han centrado en el número de horas de trabajo dedicadas, la cualificación de quienes le dedican su tiempo, el coste de oportunidad y la proporcionalidad entre el valor de lo producido en el hogar y los ingresos obtenidos fuera del hogar mediante rentas del trabajo, del capital y otras rentas.

El Código Civil se refiere principalmente al cumplimiento del deber de alimentos por medio de dinero, ubicándolo en una economía monetarizada en la que se aplican conceptos como gasto (art. 142), pago (art. 145) o ahorro (arts. 148 y 149), y en la que se establecen plazos y previsiones contables (arts. 145 y 148). Pero el Código Civil también reconoce la posibilidad de cumplir con el deber de alimentos mediante una fórmula más tradicional y ajena al mercado: «el obligado a prestar alimentos podrá, a su elección, satisfacerlos, o pagando la pensión que se fije, o recibiendo y manteniendo en su propia casa al que tiene derecho a ellos» (art. 149). En resumen, el Código Civil reconoce que el hogar es un taller que legítimamente produce bienes y servicios al margen y como alternativa del mercado.

3.2 La alegalidad del trabajo de cuidado

Los avances tecnológicos y la producción en cadena han permitido grandes avances en la productividad de las actividades industriales y en algunas actividades del sector servicios, pero la tecnificación no alcanza a los servicios personales directos de cuidado, o servicios de proximidad. La regulación del mercado laboral fija estándares mínimos de salarios, seguridad social y otras condiciones de trabajo para todos los trabajadores, y lo hace sobre la base de la productividad media de los puestos de trabajo. Ningún empresario contrata trabajadores para producir bienes o servicios que no vaya a revender por encima del coste de producción, y cualquier actividad cuyo coste de producción sea superior a lo que los consumidores pueden pagar por ella está destinada a desaparecer (agricultura, artesanía, etc.), a hacerse ilegal, o a forzar a los trabajadores a convertirse en falsos autónomos para que asuman personalmente las malas condiciones de su trabajo. Salvo que sea subvencionada por otros cauces o se convierta en un servicio público, la tendencia a la informalidad y alegalidad del trabajo del cuidado es común a todos los países, como también lo es el recurso al mercado de trabajo internacional. Las actividades de cuidado son consumidas principalmente por unos usuarios o clientela con escasos recursos monetarios (niños, enfermos, ancianos) que no pueden competir con el resto de los consumidores de bienes y servicios que se compran y venden a través del mercado. La desaparición de actividades no rentables forma parte de la competencia del mercado, pero el cuidado no puede desaparecer porque es una necesidad básica. Si el mercado regulado no puede absorberlo, se genera inevitablemente un subsistema económico ilegal o, en el mejor de los casos, alegal, en que trabajadores y contratantes de trabajo pactan condiciones inferiores a las requeridas por la ley, convirtiendo a unos y otros en alegales o ilegales. Para los gobernantes, la opción de financiar el cuidado significa un cambio de prioridades que no siempre están dispuestos a asumir, pero tampoco pueden extremar la presión sobre un mercado sumergido porque el conflicto social latente de quienes no reciben cuidado público se haría explosivo.

Una ilustración: los enfermos gravemente dependientes que cuentan con una pequeña pensión o ayuda para la atención a su dependencia, apenas pueden pagar con ella el equivalente a unos pocos días de cuidado completo durante las veinticuatro horas, si se atienen a las condiciones y precios legales del trabajo asalariado. ¿Qué hacer con el resto del tiempo que necesitan ser cuidados? Sus alternativas son:

a) Renunciar al cuidado que no pueden pagar.

b) Transferir el cuidado a personas de su entorno que lo hagan sin recibir remuneración a cambio.

c) Contratar un trabajador remunerado muy por debajo de las condiciones legales estipuladas.

d) Solicitar que les sea proporcionado un cuidador gratuito o muy subvencionado por la Administración Pública u otra entidad ajena al mercado.

La primera opción es inadmisible, porque conlleva un daño extremo para el dependiente, y en ocasiones su propio fallecimiento. La segunda opción es la que favorece la estructura social en casi todos los países, pero se sostiene solamente por un contrato social implícito que obliga a las mujeres al cuidado de sus familiares. Este contrato social implícito ha entrado en crisis en las modernas sociedades a causa de las nuevas estructuras demográficas, en las que no solo ha perdido la validez moral sino la posibilidad de llevarse a la práctica. La tercera opción es muy habitual, pero los trabajadores que aceptan condiciones por debajo del mercado reivindican, naturalmente, unas condiciones similares a las del resto de los trabajadores. Generan a medio plazo conflicto social y dado que sus ingresos son muy bajos, consumen una elevada proporción de bienes públicos: lo que no pagan los contratantes usuarios es en cierto modo pagado por el resto de los ciudadanos por la vía de los impuestos que sufragan los servicios públicos. En cuanto a la cuarta opción, diversos intentos que han tratado de potenciarla, como la Ley de Dependencia de 2006 de España, solo han conseguido un éxito muy moderado.

Los trabajadores contratados por la Administración Pública para prestar servicios de cuidado están en mejores condiciones que cualquier otro trabajador del cuidado para reivindicar y conseguir mejoras en sus condiciones laborales para asimilarse al resto de trabajadores (legalidad, concentración, fácil antagonización respecto al empleador), por lo que resultan más costosos que los que trabajan alegalmente. Las residencias y los trabajadores a domicilio costeados por la Administración Pública o las organizaciones sin ánimo de lucro solo cubren una pequeña porción del cuidado que necesitan los enfermos o dependientes.

3.3 La conciliación entre el cuidado y la vida personal y laboral

Los medios empleados en las políticas públicas de conciliación son principalmente de tres tipos: a) creación de opinión, b) impulso de nuevas condiciones normativas y c) dotación presupuestaria. Las políticas de mayor impacto utilizan intensivamente los tres tipos citados. Desde la perspectiva de los sujetos individuales, la conciliación se ha producido tradicionalmente en España por la división del trabajo y separación de papeles entre hombres y mujeres. Los varones han asumido el trabajo remunerado de puertas afuera y las mujeres el trabajo no remunerado de puertas adentro. Su mejor expresión legal es la sociedad de gananciales, que concede igual valor al trabajo desarrollado dentro y fuera del hogar. Una segunda vía de supuesta conciliación ha sido la acumulación de tareas; sigue utilizándose por muchas mujeres que no encuentran otra solución para resolver la antítesis entre el mundo laboral y la familia. La mayoría de la población rechaza tanto la segregación del ámbito doméstico como la sobrecarga de la doble jornada, por ello se están generalizando otras estrategias de ajuste que se dirigen a:

a) la reducción de objetivos,

b) la delegación,

c) la secuencia temporal,

d) la derivación hacia el mercado y las instituciones, y

e) el reparto de tareas.

La reducción de objetivos afecta tanto a la vida familiar como a la laboral. La delegación consiste en interrumpir la producción de un servicio para trasladarlo a otra persona o grupo social, por ejemplo a las administraciones públicas. En España, la delegación colectiva de funciones más espectacular de las últimas décadas es la de reproducción, que se ha trasladado en buena parte a los países en vías de desarrollo. Los trabajadores no se producen, sino que se importan cuando ya han alcanzado la edad de incorporarse al mercado laboral. La secuencia temporal consiste en alternar la producción para la familia y para el mercado, de modo que no coincidan en el tiempo. Este es el tipo de conciliación que buscan las excedencias y permisos parentales. A corto plazo son eficaces, pero resultan poco atractivas para los empleadores, desempleados o trabajadores precarios y para los trabajadores que tienen aspiraciones profesionales elevadas, porque dañan sus expectativas a medio plazo.

La derivación del cuidado hacia el mercado sigue en auge, pero solo está al alcance de las familias con suficiente poder adquisitivo: guarderías, transporte escolar, residencias para familiares ancianos, empleados de hogar, uso intensivo de servicios de alimentación, limpieza y gestión. En cuanto a la derivación hacia las instituciones no mercantiles, solo es posible en la medida en que existan servicios públicos y voluntariado; pero las familias no pueden decidir unilateralmente las prioridades presupuestarias de los gobiernos ni el alcance de los servicios garantizados. Por mucho que mejore la eficiencia en la administración de los recursos públicos, en la práctica en España ya se ha tocado techo respecto a los servicios que pueden ofrecerse a la población: subir el nivel de tributos o mejorar unos servicios a costa de suprimir otros.

Finalmente, queda como vía de conciliación el reparto de tareas, reparto que habría de producirse no solo entre hombres y mujeres, sino intergeneracionalmente. Por ahora, la redistribución de las tareas que tradicionalmente se hacían en el hogar ha variado muy poco, las mujeres siguen haciendo en torno al 80% del trabajo no remunerado del cuidado. La gestación de nuevas vidas y el cuidado de los niños ya no consumen tantas horas como antes en los hogares españoles, pero en cambio aumenta imparablemente el número de horas dedicadas a la población discapacitada por razones de edad. Para el año 2050, los mayores de 80 años se habrán triplicado y ni el modelo actual de familia ni el actual sistema de pensiones, organización sanitaria y servicios sociales están preparados para hacer frente a este colosal desafío.

3.4. La aplicación de las leyes de cuidados y las restricciones presupuestarias

Las medidas a favor del cuidado y su conciliación tienen que tener un reflejo presupuestario además de legal y organizativo.1

La iniciativa de CEPAL de constituir un observatorio específico sobre leyes que incorporan monográfica o parcialmente el tema del cuidado (<http://oig.cepal.org/es/leyes/ leyes-de-cuidado>) es una indicación de cómo el cuidado ha entrado a formar parte, por sí mismo, de las políticas públicas. Por ahora, y dada su reciente creación, este observatorio incorpora información respecto a lo que las leyes dicen, pero es de esperar que pronto incorpore también información sobre el grado de cumplimiento de las leyes y los principios programáticos, especialmente respecto a los más recientes y ambiciosos. La información del observatorio se clasifica por países. Ha incorporado por ahora 221 registros de muy diferente calado (septiembre de 2017). Ocho se refieren a España y entre estos se incluye la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, de 2006.

Esta ley marcó un hito en la concepción del cuidado en España e influyó posteriormente en la legislación de otros países. Su título pone el énfasis en el logro de la autonomía para las personas con algún tipo de dependencia, pero el lenguaje cotidiano la ha abreviado, resumiéndola en una sola idea esencial, y es comúnmente conocida como «Ley de Dependencia». Se aprobó por amplio consenso parlamentario y en un buen momento económico, con crecimiento, escaso desempleo y buenas previsiones. Fue el reconocimiento más claro hecho hasta entonces sobre la existencia de un amplio y creciente sector de la población con necesidades especiales de cuidado, debido en parte al envejecimiento y a la mejora en las probabilidades de supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades graves que en épocas anteriores habrían fallecido prematuramente. La ley también reconoció la dificultad o incapacidad de las familias para resolver por sí solas el aumento de la demanda de cuidados para personas dependientes y convirtió en un asunto público lo que hasta entonces se había mantenido en el ámbito privado. Al convertir lo privado en público se abrió una vía de conexión entre el sector no monetarizado del cuidado en los hogares y el sector monetarizado de los servicios públicos. La ley levantó enormes expectativas, tanto entre los discapacitados o dependientes, que esperaban un beneficio directo, como entre sus familiares, así como en todo el sector de servicios de cuidado (cuidadores, residencias, etc.). Puede decirse, sin exageración, que el inicio de la ley fue esplendoroso.

Pocos meses después de su entrada en vigor, cuando se estaban poniendo en marcha las estructuras organizativas para su puesta en práctica, se hicieron evidentes dos tipos de barreras que trababan la ley: la primera fue la grave crisis económica que se inició en 2007 y ocasionó una pérdida masiva de puestos de trabajo, con una tasa de paro oficialmente reconocida que llegó al 26,94% (EPA, primer trimestre de 2013). Los presupuestos públicos sufrieron grandes recortes y no solo se cortó la expansión del gasto en nuevos servicios sino que se redujo en cantidad y calidad el nivel previamente ofrecido. El segundo frente de problemas vino de la propia ley; no se había previsto con suficiente exactitud el coste en tiempo y dinero de la gestión (sistemas de localización, evaluación y reconocimiento de derechos; tramitación y traspasos entre el Estado y las comunidades y entre comunidades; ejecución de ayudas, vigilancia y control) ni se había anticipado la magnitud y elasticidad de la demanda potencial de cuidado frente a la rigidez de la oferta de servicios públicos.

En su conjunto, la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia ha sido una de las grandes leyes producidas en el periodo que comenzó en 1978 con la instauración de la Constitución democrática, y sus efectos han sido beneficiosos. Sin embargo, su aplicación puso de relieve que los problemas son más graves y difíciles de resolver de lo que se preveía, especialmente por la enorme magnitud del trabajo no remunerado de cuidado desempeñado en los hogares y el alto coste de su sustitución, aunque solo sea parcial, a precios de mercado.

4. EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA CLASE SOCIAL: EL CUIDATORIADO

4.1 Sin nombre y sin cifras. Un colectivo social creciente pero todavía poco identificado

La imagen de una estructura de clases es la representación del modo en que una población se distribuye según algunos criterios: los más utilizados son la relación con los medios de producción (trabajo, capital, tecnología), el nivel de ingresos y patrimonio (alto, medio, bajo) y el nivel educativo. En algunas sociedades son importantes otros criterios como la etnia, el linaje o la condición ciudadana. En el siglo XIX, al inicio de la industrialización, los movimientos sociales revolucionarios promovieron imágenes dualistas de la estructura de clases, con solo la burguesía y el proletariado como protagonistas/ antagonistas. Sin embargo, a finales del siglo XX el proletariado se había transformado, trasladándose en buena parte como nueva clase social a los países en vías de desarrollo. En la Europa occidental todos los estudios empíricos coincidían en la consolidación de una estructura en que la clase media era la más numerosa tanto de hecho como por la aspiración a formar parte de ella. La expresión «clase social» era multívoco, contenía una gradación de conceptos que iban desde una definición muy restringida y fuertemente politizada hasta otras versiones que en nada se diferenciaban de un mero agregado estadístico. Al uso de esta expresión se añadió o superpuso el de «grupo de estatus»: el grupo de estatus era característico de sociedades con alta movilidad social, en el que no se era de una clase social sino que se estaba en ella en tanto se mantuviesen los niveles de ingresos, estilo de vida o prestigio. El concepto hizo fortuna, corroboraba el sueño de la igualdad de oportunidades y la posibilidad del ascenso social. Lo que no era tan explícito en el concepto es que igual que podía ascenderse en la escala del prestigio o las recompensas sociales, también se podía bajar. Esta constatación se hizo evidente con las crisis económicas (en España, en 2007) y con el proceso de envejecimiento. Ambos factores crearon millones de inconsistencias de clase entre los parados, los jubilados y los insatisfechos con los servicios públicos relacionados con el cuidado.

Las clases sociales, al menos así ha sido para gran parte de la investigación y de la acción social en los últimos cien años, no se «construyen» con instrumentos estadísticos. Tienen una existencia real, socialmente construida, previa a que los investigadores pongan su mirada en ellas. Lo que sucede es que la observación y el análisis le añaden reconocimiento, fortalecen su capacidad de consciencia, la despiertan. En ese sentido, la investigación social construye la realidad cuando la estudia, dar nombre es una forma de crear.

Quien nombra aporta herramientas para la acción; de ahí la avidez de palabras de los movimientos sociales, que necesitan vocabulario y teorías que los interpreten. A diferencia de la física o la biología, en las ciencias sociales la frontera entre el análisis y la acción es siempre frágil, porque el sujeto observado responde a la observación externa modificándose. Pero quizá sea injusto llamar fragilidad a lo que no es sino vitalidad, capacidad de trascender las supuestas barreras que separan obligatoriamente la ciencia de la política.

La capacidad de nombrar es desigual. El lenguaje ofrece una riqueza de matices extraordinaria para referirse a la posición que el sujeto ocupa en la estructura social, y es dinámico, se modifica constantemente; pero mientras algunos apenas consiguen que sus palabras se acepten y extiendan, otros no solo generan palabras sino que disponen de suficientes recursos para imponerlas, para nombrarse a sí mismos y a los demás del modo que desean ser nombrados. Los nombres no son gratuitos ni neutrales, todos tienen una historia detrás que los carga de significados invisibles a la mirada superficial. La investigación empírica extensiva no suele entrar en matizaciones sobre el significado de las palabras con las que se pide a los observados que se identifiquen y, sin embargo, las respuestas se refieren a un contexto sobreentendido. Los cuestionarios emplean lenguajes «normalizados», pero sus palabras evocan promedios o ideas-síntesis cuyos componentes no están especificados en ningún sitio; los entrevistados las toman y devuelven dándoles a su vez significados propios, relativamente homogéneos, pero sometidos a subculturas de grupo y a idiosincrasias personales.

Para que una clase social se consolide dentro de una estructura social tiene que existir un gran grupo de población con una relación específica respecto al proceso productivo, con un estilo de vida similar y cuyos miembros sean conscientes de sus semejanzas y coincidencia de intereses. También es necesario que este grupo tenga una imagen clara de cuál es su posición en la estructura social y cuáles son sus relaciones de antagonismo respecto a otros grupos sociales. Tanto la concentración en el espacio como la existencia de agentes movilizadores favorecen la creación de una clase social.

La existencia de relaciones asimétricas de cuidado no es una novedad social, siempre existieron personas que recibían cuidado y otras que lo proporcionaban. Lo novedoso es el volumen y tipo de cuidados requeridos, así como la relación que se establece entre los cuidadores y los receptores del cuidado. En las sociedades desarrolladas industriales y postindustriales del siglo XXI existen suficientes recursos económicos colectivos como para permitir que grupos importantes de población permanezcan durante muchos años ajenos a la producción directa de bienes y servicios para el mercado. Los trabajadores se incorporan tarde al mercado de trabajo, tras un largo proceso de escolarización, y el aumento de la longevidad ha hecho que entre la edad de jubilación y la de fallecimiento medien más de veinte años de vida, durante los cuales los extrabajadores están desligados de la producción directa de bienes y servicios para el mercado. Su subsistencia depende de la gestión del ahorro obtenido (en su mayor parte de modo obligatorio) durante los años de participación en el mercado de trabajo, que son mayoritariamente gestionados por el Estado en forma de pensiones públicas.

Los principales proveedores de trabajo de cuidado son distintos para la población infantil y la anciana o enferma, aunque en ambos casos sean sobre todo mujeres. Para la población infantil son mujeres de edad joven e intermedia, en tanto que las mujeres de edad intermedia y avanzada son las principales proveedoras de trabajo de cuidado para la población enferma o anciana. ¿Cómo se mantienen los/as cuidadores?

La cobertura de las necesidades económicas de la población dedicada al cuidado se realiza por tres vías, cada una de ellas con su propio punto débil:

a) Son cubiertas por otros miembros del propio hogar o de la familia inmediata como manifestación de un proceso de división del trabajo dentro de los hogares y familias. Este tipo de soporte económico está condicionado por la pervivencia de unidades familiares, que sin embargo se disuelven fácilmente mediante divorcios, fallecimientos o traslados laborales.

b) Cubren sus necesidades consumiendo sus propios recursos:

b.1. Los ingresos que obtienen de su trabajo personal en el mercado de trabajo, simultaneándolo con las actividades de cuidado. Su punto débil es que la acumulación de funciones conlleva el cansancio, la sobrecarga, pero frecuentemente el cuidador no dispone de otra opción.

b.2. Consumen los ahorros obtenidos anteriormente a título personal por trabajo, herencia u otras vías. El patrimonio es una protección muy débil frente a la demanda continuada de dedicación; tras un periodo largo, el cuidador queda económicamente exhausto y desconectado del mundo laboral, al que no le será fácil retornar.

c) Son financiadas con fondos gestionados por la Administración Pública que compensan su trabajo del cuidado, generalmente complementando la cobertura económica que le proporcionan quienes reciben el cuidado. La legislación laboral reconoce algunos derechos al cuidado a los asalariados, sobre todo con motivo de los nacimientos de hijos, que financian parcialmente las empresas. Pero el cuidado de los dependientes o personas de edad avanzada apenas está cubierto, el número de plazas de atención es reducido y las subvenciones directas para el cuidado son en su mayoría de escasa cuantía.

Los fenómenos nuevos no pueden identificarse claramente mientras no existan palabras que los definan, y por ello se acuñó el término cuidatoriado. Se utilizó por primera vez en 2013 durante una sesión monográfica dedicada a la dependencia, en el XI Congreso de la Federación Española de Sociología, en una ponencia titulada «La emergencia de una nueva clase social en los países desarrollados» (Durán, 2013).

Es un concepto creado por paralelismo con campesinado y proletariado, con el objetivo de terminar con la consideración de «los cuidadores» como un conglomerado disperso de individuos que cuidan. Trataba de favorecer la conversión de este conglomerado poco activo en un verdadero agente social, consciente de su papel en la estructura productiva. El estímulo inmediato a la creación del concepto fue la retirada del derecho a recibir gratuitamente la inscripción en la Seguridad Social por derecho propio a los cuidadores no remunerados de dependientes, que desde algunos años antes habían estado recibiendo en aplicación de la Ley de Dependencia de 2006. Aquello evidenció la desprotección de este colectivo y su situación de exclusión de los beneficios del estado de bienestar. Los cuidadores cumplían la importante función económica de atender a los expulsados del proceso productivo, trabajaban más y en peores condiciones que ningún otro tipo de trabajadores, pero solo tenían obligaciones. Reunían todas las condiciones que teóricamente debe reunir una clase social para convertirse en un agente social revolucionario, excepto la conciencia de serlo. Ni siquiera disponían de un nombre que los identificase.

Se tomó como referencia histórica el término campesinado, que describe al conjunto de trabajadores que viven del cultivo de la tierra y acoge tanto a los jornaleros agrarios como a los pequeños propietarios. A diferencia de «los campesinos», que solo son una agregación estadística de sujetos individuales, el campesinado es un conjunto con entidad propia. Su entidad puede apoyarse en el auto-reconocimiento, una consistencia que le sirve de base para entablar acciones colectivas o, por el contrario, provenir solamente del observador externo que lo percibe como una unidad real. La mayor dificultad para que el campesinado se reconociese como clase social fue la heterogeneidad entre pequeños propietarios y jornaleros, así como su dispersión espacial. Desde el punto de vista ideológico, la extendida creencia en la naturalidad de su relación respecto a la tierra y su relación con los grandes propietarios de la tierra y otros grupos sociales con mayor poder dificultó el cambio social.

Al cuidatoriado, igual que al campesinado, le debilita su dispersión espacial, que no existan lugares ni tiempos de encuentro obligados en los que conocerse y reconocerse para poder actual después conjuntamente. También como el campesinado, el cuidatoriado contiene dos grandes subclases: la de quienes no reciben remuneración directa por el trabajo de cuidar y la de quienes sí la reciben. Los intereses de estos dos grandes grupos son a veces coincidentes y a veces opuestos, lo que acrecienta el riesgo de fracturas internas. Pero incluso cuando los intereses coinciden, los motivos y la ideología que vincula a unos y otros con el cuidado son muy diferentes.

En cuanto al término proletariado, de antiguo origen latino, designó en el siglo XIX a los trabajadores industriales que no poseían otro medio de producción que su propio trabajo, ni otro patrimonio que su prole, sus propios hijos, convertibles a corto plazo en mano de obra o fuerza de trabajo. La concentración espacio-temporal en las fábricas favoreció la consciencia de pertenecer a un mismo grupo social y la reclamación del derecho a participar en los beneficios que generaba la industria. Así como el campesinado acumuló siglos de cultura adaptativa y de instituciones creadas para garantizar la estabilidad de sus funciones, el proletariado se formó en un periodo relativamente breve en términos históricos, no hubo de enfrentarse a una cultura de la resignación ni de la pertenencia al lugar. El alto valor añadido por la tecnología a la producción industrial y la organización temprana de grandes sindicatos con ramificaciones internacionales y vinculados con los partidos políticos facilitó la movilización social y propició el éxito de muchas de sus reivindicaciones sociales, no sin arrastrar grandes conflictos que con movieron todas las instituciones sociales durante el siglo XIX y buena parte del siglo xx. La formación histórica de los grupos sociales que pueden integrarse en el cuidatoriado ha sido muy rápida por comparación con otros grupos sociales, está vinculada con el envejecimiento, el desarrollo y la vigencia de los estados de bienestar.

Igual que el proletariado, los cuidadores a tiempo completo no tienen medios de producción. Su propia fuerza de trabajo, en la mayoría de los casos, no pueden incorporarla al mercado laboral porque la absorbe el cuidado de los ancestros y otros familiares dependientes. Su organización del tiempo viene dada por las demandas de quienes reciben el cuidado. No disponen de descansos garantizados semanales ni anuales ni nocturnos. Su jornada de trabajo (la disponibilidad y la atención activa o intermitente) es mucho más larga que la de los asalariados. Carecen de Seguridad Social y otros derechos inherentes al trabajo remunerado (sanidad, jubilación), especialmente si se comparan con los derechos de los asalariados en la economía formal.

El cuidatoriado no tiene posibilidad de movilidad geográfica para acceder a mejores condiciones de vida porque le ata la permanencia de quien recibe su cuidado a un lugar y una residencia administrativa. Tampoco tiene posibilidades de ascenso económico o social. Debido a su falta de tiempo para sí mismo, frecuentemente los pertenecientes al cuidatoriado tienen mermadas sus posibilidades de acceso a la vida de ocio, educación, cultura, sexualidad o participación política.

El cuidatoriado, a diferencia del proletariado, no tiene clase social antagónica. Toda clase social construye relaciones de conflicto y alianza con otras clases sociales y sus luchas se encaminan a lograr una redistribución de los recursos colectivos. Para conseguirlo, antes han de imaginar o interpretar cuáles son esos recursos, y cómo se ha de decidir el modo y las razones que justifican su adscripción a unos y otros. Dicho en otras palabras, han de despojar a su visión de la estructura social del sentido naturalista (el argumento de que es «natural» y por tanto inmodificable), que estabiliza las clases o condiciones sociales para convertirlas en esencia y destino en lugar de circunstancia. La imaginación es previa a la acción, pero las interpretaciones complejas son poco operativas a la hora de la acción social, que requiere imágenes simples. De ahí la importancia de hallar una clase social antagónica en la que centrar, como un ariete sobre la diana, todo el peso del conflicto social latente.

Por ahora, existe escasa conciencia de clase entre los colectivos sociales que se dedican al cuidado. La pequeña parte de este colectivo que realiza su trabajo de cuidado de modo remunerado suelen recibir una remuneración escasa y situarse en el sector más desfavorecido del mercado de trabajo. Con alta frecuencia se trata de inmigrantes y mujeres. Tanto su condición de inmigrantes como su dispersión espacial, su relación personal estrecha con las personas a las que prestan cuidados y el hecho de ser mujeres, dificulta que se constituyan en organizaciones sindicales de carácter reivindicativo. En cuanto a la gran mayoría de quienes realizan el trabajo del cuidado, los que lo hacen sin recibir remuneración con ello y en el marco de un contrato social implícito, se basan en condiciones más morales que económicas respecto a sus familiares. La interpretación de su situación como natural y la fuerte inercia de la división tradicional del trabajo entre hombres y mujeres dificultan su organización con fines reivindicativos. Los cuidadores perciben su relación con los sujetos cuidados como una relación fundamentalmente individual, interpersonal, y no como una condición estructural imprescindible para garantizar la subsistencia de un sistema económico y social. Las ideas de destino, inevitabilidad, obligación, desgracia y resignación, son mucho más comunes en este colectivo que las de explotación, reivindicación, derechos, redistribución o lucha social. La dispersión espacial, y las condiciones en las que desarrollan su trabajo (privacidad, afecto hacia quien recibe su trabajo, largas horas de dedicación, apartamiento de otras actividades sociales, y con frecuencia salud precaria), dificulta la emergencia de una conciencia de clase.

A diferencia de los trabajadores remunerados, especialmente de los trabajadores de la Administración Pública, los trabajadores no remunerados del cuidado carecen de un claro antagonista, porque no pueden antagonizar con las personas que reciben su trabajo de cuidado. Si lo hicieran, no solo irían en contra de principios morales muy arraigados, sino que las probabilidades de conseguir éxito en sus reivindicaciones sobre las condiciones de trabajo serían remotas, ya que en la mayoría de los casos se trata de personas dependientes no solo física sino también económicamente. A diferencia del proletariado, el cuidatoriado carece de armas de reivindicación eficaces, tal como ha sido el derecho a la huelga en la historia de los movimientos de los trabajadores durante los siglos XIX y XX. Si el receptor del trabajo no tiene capacidad de mejorar las condiciones de quien le cuida, no tiene sentido antagonizar con él. Una excepción son las expectativas de recibir o heredar patrimonio, que en otras épocas históricas dieron una base económica sólida a las relaciones intergeneracionales. Sin embargo, en los países de economía desarrollada moderna, el patrimonio familiar y personal es irrelevante para la mayoría de la población si se compara con el coste del cuidado.

La única posibilidad de lograr un antagonista fuerte con quien dialogar es derivar la responsabilidad del cuidado hacia el Estado o alguno de sus niveles de Administración Pública (comunidades, ayuntamientos, etc.). Pero esta posibilidad es claramente percibida por las administraciones públicas, que han tenido experiencia de conflictos laborales con los trabajadores de grandes empresas nacionalizadas y con los funcionarios de servicios públicos, por lo que favorecen estrategias de dispersión tales como la subcontratación y los conciertos con empresas privadas.

4.2 ¿Para qué sirve un concepto? Alternativas en la delimitación teórica del cuidatoriado

Los conceptos no se crean en un solo acto. Siguen procesos en los que se afinan, redefinen, se abandonan o consolidan. En la medida en que se exponen, los conceptos reciben la influencia de las audiencias, su estímulo o rechazo. Entre su creación en 2013 y el momento actual, el concepto cuidatoriado ha sido expuesto en una docena de eventos académicos y sociales internacionales. Por ahora, el cuidatoriado es un concepto abierto, en construcción, que requiere consensos para consolidarse. Como las matrioshkas, a partir de un pequeño núcleo homogéneo puede desplegarse en capas cada vez más amplias y heterogéneas. No obstante, el proceso es en sí mismo un objetivo, una llamada de atención conceptual y política sobre la necesidad del cuidado y la necesidad de políticas eficaces para garantizarlo.

Como concepto de nueva creación, el cuidatoriado tiene que definir sus límites, y para ello ha de optar entre algunas alternativas teóricas de inmediatas consecuencias sociales y políticas. Cualquiera de las alternativas es conceptualmente correcta, porque describe un colectivo necesitado de mejor identificación y de un nombre que induzca a su análisis, pero cada una de ellas cumple distintos objetivos estratégicos de cambio social, favorece distintas alianzas y antagonismos entre grupos sociales:

a) Aplicación del concepto exclusivamente a los cuidadores no remunerados que carecen de ingresos propios o integración de quienes reciben ingresos por otros motivos (pensiones, salarios, subvenciones, rentas inmobiliarias o de capital, etc.).

b) La integración, o no, en el mismo concepto de los productores y receptores del cuidado.

c) La integración, o no, en el mismo concepto de los cuidadores no remunerados y los cuidadores remunerados.

d) Integración, o no, en un mismo concepto de quienes tienen el cuidado como actividad principal y de quienes solo lo tienen como actividad secundaria.

e) Aplicación del concepto exclusivamente a quienes subjetivamente se sienten identificados por su función de cuidadores y miembros de un grupo social, o no.

f) Ubicación del cuidatoriado en el conjunto de la estructura social y, más específicamente, en la estructura de clases sociales.

a) Los cuidadores no remunerados sin ingresos propios ni expectativas de cambiar de situación son el núcleo conceptual del cuidatoriado, no se superponen con otras categorías ocupacionales. Ellos constituyen la referencia conceptual innovadora como elemento de distorsión e incongruencia dentro de las sociedades desarrolladas y envejecidas del estado de bienestar. Sin embargo, aunque sean el subgrupo de mayor interés conceptual, su fuerza numérica es relativamente escasa, con frecuencia tienen una edad avanzada y baja capacidad reivindicativa. Debido a sus malas condiciones de vida, la llamada de atención conceptual sobre su existencia tiene como objetivo precisamente conjurar el riesgo de que se expanda como tal grupo social. Por ello, en este estudio se le otorgará un trato detallado, aunque integrado simultáneamente en categorías conceptuales más amplias que acojan sectores de población más numerosos.

b) Si se integran en el concepto de cuidatoriado tanto a los productores como a los receptores del cuidado, el conjunto es más numeroso y gana visibilidad social. Previamente hay que optar entre una definición de cuidado restringida (que incluya solamente los cuidados personales directos) o amplia (también los indirectos). En este caso, el cuidatoriado se asimilaría a un sector económico que reúne a productores y consumidores, a empresarios, trabajadores y usuarios; pero perdería similitud con el concepto de clase social activista. El término común para definirles sería el de afectados, o el de interesados, que ya se aplica para otras situaciones sociales. El interés teórico se centraría en las relaciones internas dentro del sector y en la relación de este sector con otros sectores.

c) Si solo se incluye a los cuidadores no remunerados, se referiría a un colectivo más homogéneo y tendría mayor consistencia lógica. Y si el cuidatoriado solo se refiriese a los cuidadores remunerados, también sería más homogéneo y fácil de identificar, aunque es un colectivo que tiende a trasladarse a otros sectores laborales mejor remunerados. Habría que optar entre incluir a todos los trabajadores del cuidado o solo a los que prestan cuidado personal directo, con bajo nivel de cualificación. Además, habría que optar entre incluir solamente a los que prestan cuidados domiciliariamente o también a los que lo hacen en instituciones. La ventaja de reunir a ambos grupos sociales bajo un mismo concepto responde a criterios lógicos (ya que desempeñan una función social similar) y estratégicos. La vitalidad reivindicativa y la visibilización de las condiciones de trabajo de los cuidadores remunerados aportan dinamismo y eco social al grupo relativamente átono de los cuidadores no remunerados. Pero no puede olvidarse que entre ambos colectivos hay relaciones de potencial antagonismo, además de complementariedad y cooperación. La integración en un mismo concepto no anularía el interés por las relaciones internas entre los dos subgrupos, pero haría más fácil el estudio de sus relaciones con otros grupos o fuerzas sociales, y muy especialmente con las administraciones públicas o representaciones del Estado.

d) Los cuidadores a tiempo completo son en algunos aspectos similares a los trabajadores de cualquier otro sector. Sin embargo, la proporción de cuidadores a tiempo completo no remunerados es pequeña en relación con el número total de cuidadores no remunerados. Los instrumentos de observación del trabajo remunerado tropiezan con este mismo problema aunque con menor magnitud; por ejemplo, definen como activos a los que no tienen empleo pero lo buscan, o a los que han trabajado remuneradamente un exiguo número de horas la semana anterior. El problema teórico radica en que la mayoría de los trabajadores remunerados dedican muchas horas diarias a su empleo, mientras que los cuidadores son mucho más numerosos y su ciclo como cuidadores es más largo que el laboral, pero la mayoría solo le dedica pocas horas diariamente. Si se incluyen en el cuidatoriado solamente los cuidadores a tiempo completo, el concepto gana en claridad y consistencia, pero su fuerza numérica y el peso de su función en la estructura social y política se reducen tanto que resulta muy debilitado.

e) La consciencia de pertenecer a un grupo social no es automática, requiere una experiencia cognitiva y afectiva. Puede modificarse, favorecerse o luchar contra su nacimiento. Actualmente existe conciencia de pertenecer al colectivo de cuidadores en los asalariados de bajo nivel de cualificación, especialmente entre los cuidadores a domicilio. Hay conciencia de pertenencia entre algunos cuidadores no remunerados de enfermos gravemente discapacitados y larga duración, e igualmente entre algunas amas de casa y cuidadores a tiempo parcial de niños y adultos sanos, pero no es mayoritario. Es una consciencia a menudo ligera, difusa, compartida o superpuesta con la consciencia de pertenencia a otros grupos sociales. Todos los grupos sociales que pretenden acciones colectivas desarrollan mecanismos para fortalecer la consciencia de grupo, pero el cuidatoriado todavía no ha desarrollado estos mecanismos aunque podría hacerlo. Tampoco ha desarrollado fuertes y eficaces instrumentos de acción política en cuanto colectivo, como asociaciones, sindicatos, medios de expresión o partidos políticos.

El sujeto que se siente de una clase determinada en gran medida lo es, aunque contradiga indicadores materiales más objetivos como el nivel educativo, el nivel de renta o las expectativas de ascenso social. ¿Puede crearse o favorecerse el sentimiento de identificación con una clase social, en este caso el cuidatoriado? O, a la inversa: ¿existen estrategias para que no aparezca una identidad y un sentimiento de pertenencia al cuidatoriado, como medio para evitar que inicie acciones reivindicativas y exija cambios sociales profundos?

f) Los grupos sociales no son ordinales, las clases sociales sí. Los esquemas más simplificadores (por ejemplo, el utilizado por la Encuesta Nacional de Salud, basado en ocupaciones) se limitan a clasificar las clases como si fueran percentiles o sextiles (clase I, II, etc.). Los esquemas más ideológicos y combativos tienden a establecer un esquema aún más simplificado, con solo dos clases o grupos protagonistas y antagónicos. ¿Qué ubicación obtendría el cuidatoriado en estos esquemas de interpretación de la estructura social y económica? ¿En qué lugar de la escala de poder y prestigio se colocaría? ¿Se fundiría en alguno de los grupos ya existentes, se repartiría entre varios o daría lugar a un nuevo grupo? La respuesta, evidentemente, depende de la imagen previa de la estructura social por la que se haya optado.

4.3 ¿En qué posición se ubica el cuidatoriado en la estructura social?

Actualmente, los cuidadores remunerados que forman parte del cuidatoriado son en su inmensa mayoría cuidadores asalariados de baja cualificación que comparten origen social y étnico, aspiraciones, condiciones de trabajo y normas reguladoras con los trabajadores asalariados de otros sectores. Pueden subdividirse en categorías por múltiples criterios. Uno de los más claros es que su salario lo paguen quienes reciben sus servicios, o lo hagan otras entidades, como el Estado o las empresas suministradoras. En este aspecto se aproximan al proletariado, aunque no al proletariado industrial sino al del sector servicios, ahora llamado por algunos analistas «el nuevo proletariado». A diferencia de los cuidadores asalariados, la mayoría de los cuidadores no remunerados no tienen conciencia de pertenecer a un grupo social ni de cuál es su lugar en la estructura productiva. Son los cuidadores de enfermos discapacitados gravemente y de larga duración, por ejemplo los de enfermos con síndrome de Down o de Alzheimer, quienes más desarrollan movimientos asociativos que crean conciencia de grupo y una visión general de su situación. Su vinculación con el trabajo del cuidado es principalmente moral, y no esperan una contraprestación monetaria de las personas que reciben sus servicios, al menos no directa ni inmediatamente. Sí esperan, en cambio, que el Estado asuma mayor responsabilidad respecto a estos enfermos.

Por la relación con el cuidado, los cuidadores pueden clasificarse en múltiples subgrupos; entre otros, según el grado de responsabilización y voluntariedad respecto a la situación que origina el cuidado. Actualmente el cuidado de los propios hijos es un trabajo elegible y salvo en caso de violencia puede ser planificado, al menos en los países en que la tecnología y la legislación han favorecido la parentalidad responsable. El cuidado de enfermos, ancianos y dependientes no tiene el mismo rango de planificación ni voluntariedad que el cuidado de niños. Son circunstancias no elegidas ni perfectamente previsibles las que determinan el momento e intensidad con que aparece la necesidad de cuidado. Se conoce de antemano el riesgo de que acontezca el infortunio de la enfermedad, pero no puede anticiparse sobre quién recaerá, ni cuándo, ni durante cuánto tiempo.

Como el concepto cuidatoriado es de reciente acuñación, todavía no ha dado lugar al debate académico ni político que sin duda lo enriquecerá.

4.4 Las imágenes de la estructura de clases en España, 1950-2015

Un Informe del año 1994 (V Informe Sociológico sobre la situación social en España, Foessa) iniciaba el análisis de la desigualdad social en España con ocho estudios realizados entre 1950-1981 que ofrecían una buena panorámica de las imágenes de clase. Mostraban que las perspectivas teóricas o metodológicas no coincidían, por lo que los resultados eran dispares y difícilmente comparables. En 1994 un esquema de clasificación de quince estudios empíricos sobre clases sociales que aglutinaban a la población en grandes estratos siguiendo diversos modelos (Wright, Goldhorpe, nuevas categorías socioeconómicas), arrojó diferencias de volumen de cinco veces mayor entre unos estudios y otros para el estrato más alto, cuatro para el intermedio y casi dos para el más bajo (Juarez y Renes, 1994).

La inmensa mayoría de los estudios sobre clases sociales ha tomado como criterio básico la ocupación, identificada por la relación con el mercado laboral. Desde la perspectiva de las posibilidades de movilización política o de generación de conciencia de clase, las clasificaciones puramente relacionales tienen menos interés que otras categorías con más contenido ideológico, como «trabajador» u «obrero», que conservan un prestigio asociado a los movimientos sociales históricos, especialmente a los movimientos sindicales. Pero es dudoso que la relación laboral pudiera utilizarse todavía como criterio decisivo para la estructura de clases en España en 1994, cuando solo el 39% de la población mayor de 18 años tenía un empleo y solo el 25% tenía empleo a tiempo completo. En 2017 el porcentaje de ocupados ha aumentado por la incorporación de las mujeres al mercado laboral, es el 48% entre los mayores de 16 años (EPA, 2.º trimestre) y el 41% tienen un empleo a tiempo completo. A pesar de ello, en la mitad de los hogares la «persona de referencia» (proveedor principal) no está ocupada y en el 35% de los hogares no hay ninguna persona ocupada.

Aunque la ocupación sea sin duda un factor importante para definir la posición de un individuo en la estructura social, en las sociedades desarrolladas solo por inercia puede seguírsele dado el peso que tuvo en otras épocas. La ventaja de definir las clases sociales solamente por ocupación, y lo que explica su amplio uso, es su simplicidad y el bajo nivel de rechazo que provoca la identificación por ese criterio, pero eso no garantiza que sean eficaces para la comprensión de importantes fenómenos sociales.

La imagen subjetiva de clase muestra en las encuestas una forma de estrella con amplísimo sector intermedio y dos puntas estrechas arriba y abajo, en el lugar correspondiente a las clases alta y baja. A pesar de que los ingresos personales de las mujeres son muy diferentes de los de los hombres, ya que un 27% no tienen ingresos propios (Barómetro cis, julio de 2017) y los ingresos de las que tienen son más bajos de media que los de los hombres, apenas hay diferencia, según las encuestas, entre la posición subjetiva de clase de hombres y mujeres. Los ingresos del hogar muestran una distribución bastante parecida para hombres y mujeres, actúan como igualadores estadísticos y también, en gran parte, como igualadores reales.

Con esperanzas de vida que, a los 65 años, superan con creces otras dos décadas de vida, no tiene sentido definir a un sector tan grande de la población como el de los jubilados por lo que fueron hace muchos años, sino por lo que son ahora. E igual sucede con los parados. Tiene poco sentido que la ocupación del «sustentador principal» del hogar se propague como definición de clase a todos los miembros del hogar, sean cónyuge o hijos, y se aplique asimismo a otros parientes convivientes más lejanos que carezcan de ocupación propia por enfermedad u otras causas. Los hogares se asumen como unidades sociales tan sólidas y compactas que dentro de ellos no hay diferencias de clase, todos caben en la misma categoría social; pero esto es un desiderátum o una inercia ideológica más que una realidad.

En los estudios realizados a partir de 2015, el análisis de la estructura de clases en términos exclusivos de ocupación ya resulta imposible de sostener. No solamente porque la estructura social se asienta cada vez menos en el empleo sino porque la precarización dio voz a colectivos sociales jóvenes y dinámicos que fueron el embrión de nuevos movimientos políticos. No llevaban en sus siglas referencias de clase pero cosecharon grandes éxitos electorales (Tezanos, 2015: 749-750).

4.5 La imagen de la estructura social de clases en España, 2017

La imagen proyectada por las ocupaciones se complementa con la distribución por niveles de ingresos. Las mejores fuentes son las fiscales (declaraciones del irpf) pero dejan fuera a los no obligados a declarar y no agregan los ingresos de los miembros del hogar. En las fuentes de encuesta, más de un tercio de los entrevistados se niegan a responder sobre sus ingresos o dicen no saberlo y la falta de respuesta es alta en todos los grupos ocupacionales. Aun así, suponiendo que la distribución de la no-respuesta afecte por igual a todos los tramos de ingresos dentro de cada condición socioeconómica, se constatan grandes diferencias entre grupos ocupacionales. La más llamativa es la carencia de ingresos personales propios, que entre parados es del 44% y entre estudiantes del 88%. Los grupos en que más abundan los cuidadores de larga duración a tiempo completo, como amas de casa, jubilados y pensionistas, tienen unos ingresos personales y familiares por debajo de la media de los ocupados. Los jubilados y pensionistas reciben, por definición, un ingreso periódico; como la media de la población incluye a los estudiantes, amas de casa y parados, en épocas de crisis los ingresos de los jubilados y pensionistas son más altos que la media de la población. En cambio sus ingresos por hogar son inferiores a la media de hogares, y, en cualquier caso, no son suficientes para pagar cuidado remunerado. Las amas de casa son un caso extremo de grupo social carente de ingresos personales (80%). No pertenecen, como mayoría, a grupos adinerados; los ingresos de sus hogares son un 24% más bajos que la media de hogares y casi igual a los de los jubilados.

TABLA 1

Ingresos netos mensuales


Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos cis, Barómetro 2.º tr. 2017. // La media ponderada se ha realizado asignando a las categorías «Más de 6.000 €» = 6.000 €; «De 4.501 a 6.000 €» = 5.250,5 €; «De 3.001 a 4.500 €» = 3.750,5 €; «De 2.401 a 3.000 €» = 2.700,5 €; «De 1.801 a 2.400,5 €» = 2.100 €; «De 1.201 a 1.800 €» = 1.500,5 €; «De 901 a 1.200 €» = 1050,5 €; «De 601 a 900 €» = 750,5 €; «De 301 a 600 €» = 450,5 €; «Menos o igual a 300 €» = 300 € y a «No tiene ingresos de ningún tipo» = 0 €.

Si el valor del cuidado ofrecido por jubilados y amas de casa se mide por sus ingresos o por el valor potencial de su tiempo en el mercado laboral, es más bajo que el de los trabajadores con empleo. Pero si se mide por el impacto que tendría en sus ingresos la sustitución por cuidadores asalariados a precio de mercado, su valor relativo es mucho más alto que el de los trabajadores ocupados.

¿Qué utilidad tiene una clasificación que deja fuera a más de la mitad de la población que quiere clasificar? Según los resultados de seis estudios muy recientes (2012-2017) sobre la estructura de clases de España (tabla 2) realizados por dos grandes entidades públicas de investigación, el CIS y el INE, resulta evidente la dificultad de encajar el cuidatoriado en la estructura social, a menos que se le defina como una nueva clase social y se le asigne su propio lugar.

Las imágenes proporcionadas por las seis encuestas son en realidad adaptaciones de los entrevistados a los esquemas de clasificación que les ofrecían los cuestionarios. La única clasificación que recoge el numerosísimo grupo ocupacional (57% de los entrevistados) de quienes no tienen relación actual con el mercado laboral y les reconoce entidad por sí mismos es la «Condición socioeconómica + inactivos» (columna A). Es la que más se aparta de las restantes clasificaciones y la que mejor refleja la estructura social actual. Los cuidadores no tienen un lugar claro, aunque se corresponderían principalmente con el «trabajo doméstico no remunerado». En esta categoría ocupacional se refleja la resistencia simbólica a llamarles trabajadores y les citan como «trabajo» y no como trabajadores. Una parte importante de los jubilados y pensionistas son cuidadores a tiempo completo, y casi todos los trabajadores de las restantes ocupaciones son cuidadores a tiempo parcial. La clasificación se refiere a los inactivos por su inactividad respecto al empleo, cuando gran parte de ellos deberían definirse por su actividad respecto al trabajo no remunerado del cuidado.

Las grandes encuestas sanitarias (columnas B1, B2, B3), como la Encuesta Nacional de Salud del INE, utilizan la escala propuesta por la Sociedad Española de Epidemiología, basada en seis niveles ocupacionales. Que la proponga una entidad sanitaria permite suponer que se considera la más útil en relación con la salud o la enfermedad. Los cuidadores remunerados se corresponden en su mayoría con la quinta categoría, la de trabajadores/as no cualificados, pero los cuidadores no remunerados solo tendrían algo de encaje entre los trabajadores por cuenta propia (clase III).

La clasificación denominada «estatus económico» (columna C) es un híbrido de referencias a las clases sociales («alta», «nuevas clases medias», «viejas clases medias»), y a las categorías ocupacionales, pero solo reserva esta última para los obreros (cualificados y no cualificados). Tampoco aquí pueden visibilizarse los cuidadores. La mayoría de los cuidadores remunerados podrían asimilarse a obreros no cualificados (en realidad, trabajadores no cualificados de los servicios) o nuevas clases medias, pero por salarios y nivel de estudios no se corresponden con la clase media.

TABLA 2

Diversidad de la imagen de las clases sociales en España circa 2017 (%)


Fuente: Elaboración de M. A. Durán sobre datos A), C) y D) cis, Barómetro 2.º tr. 2017 y B) B1. ine, Encuesta Nacional de Salud 2012, B2. ine, Encuesta Europea de Salud 2014, B3. ine, Utilización de servicios sanitarios. (Última consulta: 13 de septiembre de 2017).

Finalmente, la última clasificación (columna D), empleada por el cis en 2017, es una combinación de criterios ocupacionales y sectoriales (agricultura, industria, artesanado, militares, etc.). Se sobreentiende que se trata de ocupaciones u oficios remunerados, por lo que la única en que podrían encajar los cuidadores no remunerados sería en la de «sin ocupación. Vive de las rentas»; pero esta evoca un estilo de vida holgado que no se compagina con el de los cuidadores. Tampoco pueden integrarse en los trabajadores de los «servicios personales» a los que en principio sí se asimilan los cuidadores remunerados, porque la mayoría de los cuidadores no reciben remuneración por cuidar. Esta clasificación es la única que muestra una preocupación lingüística por el género de los trabajadores, aplicando el criterio de los dobles plurales (os/as), pero no ofrece una categoría específica a las amas de casa.

Coinciden todas las clasificaciones basadas en la ocupación en que la clase o grupo de los trabajadores manuales absorbe entre el 43 y el 60% de la población. Por ello destaca la clasificación por «condición socioeconómica e inactivos», en la que solo representan el 17,2%.

4.7 La fuerza numérica del cuidatoriado: veintiocho millones de empleos a tiempo completo

La fuerza de un sector productivo o de una clase social se mide, entre otros indicadores, por el número de trabajadores que la integran. En las sociedades de demografía madura este criterio tiene cada vez menos relevancia por el peso numérico de la población no vinculada con el empleo. En las estimaciones del volumen de trabajo se utilizan, junto al indicador del número de trabajadores, el de puestos de trabajo y el de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo. Se obtienen dividiendo el total de horas trabajadas por la media anual de los puestos de trabajo a tiempo completo en el sector o lugar de referencia (tabla 3).

Para el sector servicios, basándose en varias fuentes, el ine estima que el número de horas de trabajo anuales correspondientes a un puesto de trabajo a tiempo completo es 1.782 (2016). No hay información similar para el tiempo dedicado al cuidado en 2016, pero sí para el año 2010, en la Encuesta de Empleo del Tiempo realizada por el propio ine. Si se convierte el tiempo anual dedicado al cuidado en su definición extensa en empleos equivalentes de tiempo completo en el sector servicios, la cifra resultante es 28.143.097 empleos. Con los mismos criterios, el tiempo dedicado al trabajo remunerado se convierte en 22.246.426 empleos equivalentes a tiempo completo en el conjunto de todos los sectores. Es un resultado más alto para ambos que el que arroja la Encuesta de Población Activa, pero eso no desvirtúa lo principal; que la fuerza numérica del cuidatoriado como productor de servicios no remunerados de cuidado es extraordinaria, casi un tercio superior a la de toda la población ocupada en el mercado de trabajo.

Bien se merece un nombre propio y el esfuerzo de añadir a su nombre algunas cifras.

TABLA 3

Conversión del tiempo de cuidado (definición extensa*) en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo


A. Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos de Contabilidad Nacional en España 2016 (avance)
A1. N.º empleos equivalentes a tiempo completo, total sectores en miles = 17.417,7
A2. N.º empleos equivalentes a tiempo completo, sector servicios en miles = 13.450,6
A3. N.º empleos asalariados equivalentes a tiempo completo, total sectores en miles = 15.033,4
A4. N.º empleos asalariados equivalentes a tiempo completo, sector servicios en miles = 11.603,3
A5. N.º horas/año por asalariado equivalente a tiempo completo en total asalariados en 2016 = 1.810
A6. N.º horas/año por asalariado equivalente a tiempo completo en total asalariados sector servicios = 1.782.
B. Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos del ine, Población por edad, 2016 (última consulta: 14 de septiembre de 2017).
B1. N.º de personas de 10 o más años en 2016 = 41.905.044.
C. Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos del ine, Encuesta de Empleo de Tiempo 2010
C1. Minutos dedicados diariamente por población de 10 años y más a «Hogar y Familia» = 223 min. % de participación = 83,8%. Tiempo social = 186,87 min.
C2. Minutos dedicados diariamente a «Ayuda informal a otros hogares» = 133 min. % participación = 7,4%. Tiempo social = 9,84 min.
C3. Minutos dedicados a «Hogar y Familia» + «Ayuda informal a otros hogares». Tiempo social = 196,71 min.; horas y centésimas de hora: 3,27.
C4. Minutos diarios dedicados al cuidado (definición extensa) por la población mayor de 10 años (B × C3) = 8.243 millones; en horas, 137,4 millones.
C5. Horas anuales dedicadas al cuidado (definición extensa) por la población mayor de 10 años (C4 × 365) = 50.151 millones de horas.
D. Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos del ine, Encuesta de Empleo de Tiempo 2010 y Contabilidad Nacional 2016
D1. Conversión del tiempo de cuidado (C5) en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en total sectores: 27.707.734
D2. Conversión del tiempo de cuidado (C5) en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en sector servicios: 28.143.097
D3. Porcentaje puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en cuidado sobre puestos de trabajo asalariados equivalentes a tiempo completo en total sectores (D1 / A1) = 159%
D4. Porcentaje puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en cuidado sobre puestos de trabajo asalariados equivalentes a tiempo completo en sector servicios (D2 / A4) = 243%
E. Fuente: Elaboración de M. Á. Durán sobre datos del ine, Encuesta de Empleo de Tiempo 2010
E1. Porcentaje población que participa en trabajo remunerado = 33,4%; tiempo diario = 457 minutos. Horas y centésimas de hora = 2,53. Tiempo social = 152 min.
E2. Minutos diarios dedicados al trabajo remunerado por la población mayor de 10 años (E1 × B) = 6.369.560 miles; horas = 106,2 millones.
E3. Horas anuales dedicadas al trabajo remunerado por la población mayor de 10 años (E2 × 365) = 38.748 millones.
E4. Conversión del tiempo de trabajo remunerado en empleos asalariados equivalentes a tiempo completo, total empleo, total sectores = 22.246.426 (E3: A5)
E5. Porcentaje del tiempo social dedicado a cuidado (definición extensa) sobre tiempo social diario dedicado al trabajo remunerado (C3 / E1) = 129%

* La definición extensa del cuidado incluye todo el tiempo dedicado a «Hogar y Familia» + «Ayuda informal a otros hogares». Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (ETC) se obtienen por el total de horas trabajadas dividido por la media anual de las horas trabajadas en puestos de trabajo a tiempo completo en el territorio económico.

1. F. Filgueira y E. Espíndola: «Toward a system of basic cash transfers for children and older persons. An estimation of efforts, impacts and possibilities in Latin America», Social Policy Series 216, eclac, marzo de 2015, Santiago de Chile. ISSN: 1564-4162.

2. VEINTE CONCEPTOS BÁSICOS Y UNA PROPUESTA DE INVESTIGACIÓN

1. LA BÚSQUEDA DEL CONSENSO EN VEINTE CONCEPTOS BÁSICOS DEL CUIDADO1

El objetivo de esta obra es servir de instrumentos para una renovación en el modo de investigar la estructura social y económica. No es un punto de llegada, sino de partida. Algunos conceptos son simples o han alcanzado ya un alto nivel de consenso, pero otros son más complejos o se usan de modo dispar y requieren mayor debate. En lo posible, la definición del concepto se ilustra con la referencia a un estudio empírico en que se haya operativizado.

La dificultad mayor para lograrlo es la disparidad y matices de conceptos, cada uno acompañado por su correspondiente polémica, que se esconden detrás de cada cifra. En la era de la globalización, la investigación en ciencias sociales ha de ser comparada; pero si dentro de un mismo país no hay acuerdo en las definiciones operativas de cada concepto relacionado con el cuidado, nuevos aún a escala internacional. Por ello, el primer propósito de estas páginas iniciales es tratar de exponer los conceptos más utilizados por la literatura sobre el cuidado, con el fin de llegar a un consenso internacional sobre su uso. En esta relación se han seleccionado veinte conceptos, que en algunas ocasiones se despliegan como un abanico en otros conceptos afines o consecuentes.

1.1 El cuidado

El concepto cuidado deriva del latín cogitus, ‘pensamiento’, y no es tanto una actividad física como mental. La Real Academia de la Lengua Española lo define como «la solicitud y atención para hacer bien algo»: en su Diccionario de Uso del Español, Moliner destaca su relación con «prevenir riesgos, atender a alguien para que esté bien y no sufra daños». Ambas definiciones coinciden en lo esencial, pero la primera destaca más el hacer y la segunda el evitar que suceda lo indeseado. En síntesis, podría decirse que el cuidado es la gestión cotidiana del bienestar propio y ajeno; contiene actividades de transformación directa del entorno, pero también actividades de vigilancia que principalmente requieren disponibilidad y resultan compatibles con otras actividades simultáneas.

No existe por ahora una definición consensuada para el concepto, es un término polivalente sometido a grandes variaciones culturales. En tres lenguas tan próximas como el español, el inglés (care) y el francés (soins), existen sutiles diferencias, que hacen difícil la comparación de resultados entre estudios que aparentemente emplean idénticas metodologías. En inglés, care deriva del antiguo vocablo caru, que significaba ‘tristeza’ o ‘preocupación’. Se utiliza como nombre y como verbo. El Cambridge Dictionary lo define como preocupación, protección o atención y muestra su versatilidad al asociarse con otras palabras, fusionándose en una sola o por separado. Puede ser sinónimo de precaución, y también de la expresión «prestación de servicios», pero en general es más frecuente que se utilice en el sentido de una actitud que de una transformación del entorno o prestación física. Algunas de las acepciones dobles más usadas son «healthcare» (‘cuidado de la salud’), «childcare» (‘cuidado de niños’), «intensive care» (‘cuidado intensivo’) «in care» (‘a cargo de’), «easy care» (‘de fácil mantenimiento’) y «take care» (como sinónimo de autocuidarse o prestar mucha atención a una actividad). Incluso existe la expresión «devil may care» (‘que el diablo lo cuide’) para significar, en sentido contrario, la falta absoluta de cuidado o responsabilidad por las propias acciones. Para las acepciones «day care» (cuidados prestados durante el día, generalmente en una institución) y «care home» (institución que presta cuidados a personas de salud frágil internadas, generalmente ancianos o enfermos mentales), ambas relacionadas con cuidados institucionales, no suele utilizarse en español el término cuidado, sino que se describen por una referencia espacial u organizativa, como centros de día, residencias u hogares de mayores. En francés, soin es también utilizado de múltiples modos, pero lo más frecuente es hacerlo en plural, «les soins», con un sentido más aplicado a tareas físicas concretas, por ejemplo de enfermería. Tal riqueza de acepciones no facilita su incorporación inequívoca a un listado de actividades que puedan medirse por el tiempo invertido en su desarrollo.

El término cuidado está comenzando a aparecer en primer plano en las grandes líneas de las políticas públicas, y ya se trasluce fácilmente tras las políticas sanitarias, educativas, de servicios sociales y de pensiones. También es clara su conexión con las políticas laborales, de transporte, alimentarias, de seguridad u orden público y de urbanismo.2 A las políticas públicas les corresponde priorizar objetivos, asignar recursos, decidir cómo se obtienen y cómo han de redistribuirse. Sin embargo, el cuidado es una actividad que necesita mayor desarrollo teórico y propuestas de consenso para homogeneizar definiciones e índices, tal como propone el documento de ONUMujeres Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (ONUMujeres, 2016). También la CEPAL ha dirigido al cuidado una atención creciente, promoviendo estudios y publicaciones (Ullmann, Maldonado y Rico, 2014) y organizando eventos, especialmente desde la Conferencia Regional de la Mujer en Quito de 2007 hasta la muy reciente de Montevideo en octubre de 2016.

Aunque se haya producido un florecimiento de las investigaciones sobre trabajo no remunerado y cuidado, desde el hito de la declaración de la Plataforma de Acción de la Conferencia de Naciones Unidas de Beijing 1995 hasta la actualidad, la mayoría de los estudios son poco comparables entre sí y no generan series temporales que permitan analizar su evolución. El volumen del trabajo de cuidado varía en proporción de uno a cinco según la definición y fuentes utilizadas; en algunos estudios el abanico es aún más amplio. Son necesarias nuevas definiciones, tales como disponibilidad e intensidad del cuidado, y un mayor énfasis en la perspectiva del receptor de cuidados en lugar de la del productor. La estructura demográfica es el mejor predictor global de la demanda de cuidados, pero la estructura social y política condiciona fuertemente la distribución de la producción de cuidados.

La investigación sobre el cuidado, con tal nombre, es relativamente reciente. A medida que se transforman los sistemas productivos, la demografía y las estructuras familiares, el cuidado adquiere una relevancia que antes pasaba desapercibida, se configura como una necesidad colectiva que requiere una respuesta política eficaz. Sobre el cuidado confluye el interés de los proveedores institucionales (el Estado, el Mercado y las organizaciones de voluntariado) con el de los prestadores de cuidado individuales no organizados, a través de los hogares. En Latinoamérica se ha producido una rica corriente de pensamiento y debate sobre este tema desde hace dos décadas, muy vinculada con los estudios sobre uso del tiempo y las cuentas satélites del trabajo no remunerado.3

La investigación sobre el cuidado institucional pertenece sobre todo a la sociología de las organizaciones, con importantes aportaciones del derecho administrativo y de los estudios presupuestarios. Entre el cuidado institucional, el provisto por el mercado laboral y el cuidado en los hogares hay una relación dinámica: cualquier cambio en uno de los subsistemas del cuidado afecta inmediatamente al otro y al conjunto. Esta interdependencia solo se ha hecho evidente hace algunos años, debido principalmente a los movimientos reivindicativos de mujeres. Finalmente, la OIT ha reconocido que el trabajo no remunerado es también trabajo y lo ha incorporado a sus programas (Chamorro, 2016).

En Latinoamérica, la época del bono demográfico ya ha terminado para los países que comenzaron más tempranamente la transición demográfica, y hacia mediados de siglo es previsible que toda la región la habrá completado. En España, en la última década, según datos proporcionados por el INE, «la carga del cuidado a otras personas en los hogares ha aumentado un 46%» (Angulo y Hernández, 2016) sin que sea fácil atribuir tan enorme crecimiento a un aumento real o a un cambio en los estándares de lo políticamente correcto declarado en las entrevistas, sobre todo por parte de los varones. Es previsible que parte del incremento se deba a una retracción de los servicios públicos y de la capacidad de los hogares para comprar servicios en el mercado a causa de la crisis económica, pero no puede, por ahora, cuantificarse en qué proporción contribuye cada factor. Para ese mismo periodo y fuente, debido principalmente a cambios legales con relación al trabajo doméstico remunerado, el valor atribuido al trabajo doméstico no remunerado se ha duplicado, pasando de 4,63 a 8,65 dólares/hora (según tasa de cambio respecto al euro en diciembre 2016). La tendencia al crecimiento de la demanda de cuidados se refleja en todos los estudios realizados a partir del año 2000, aunque existan diferencias metodológicas que afectan a los resultados. Este es un dato de primera magnitud social, política y económica. Las previsiones demográficas señalan que la demanda asociada al envejecimiento va a continuar aumentando durante las próximas décadas, y recaerá sobre estratos más reducidos de población de edad intermedia, que además desean incorporarse y mantenerse en el mercado de trabajo, y consecuentemente con menos tiempo disponible para el cuidado.

Para los proveedores estatales de cuidado, los más poderosos e institucionalizados, también es necesaria una labor de clarificación conceptual. El cuidado resulta difícil de deslindar de la sanidad, la educación, los servicios sociales y los sistemas de pensiones, ya que se trata de una evolución de conceptos vinculados al de estado del bienestar. Países como Uruguay han llevado el término cuidado a la cabecera de nuevas instituciones públicas con objetivos integradores, mucho más ambiciosos, transversales y universalistas que los anteriores servicios de atención a diversos colectivos en riesgo o necesitados de especial atención por su edad o circunstancias de salud, pobreza o marginalidad social. Son los llamados «sistemas nacionales de cuidados», que otros países están tratando de implantar (por ejemplo, Colombia, 2016) o de reconocer como derecho al nivel constitucional (por ejemplo, el proyecto de Constitución para la Ciudad de México, en proceso de aprobación en 2017).

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