Czytaj książkę: «María Claudia Falcone»
Leonardo Marcote
MARÍA CLAUDIA FALCONE
POLÍTICAS REVOLUCIONARIAS EN BACHILLERATOS DE LOS AÑOS 70

Sobre María Claudia Falcone
"Ella (María Claudia Falcone) era una dirigente política, no era una chica que estaba pidiendo el boleto escolar nada más así como una cosa romántica".
Estela Barnes de Carlotto. Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
***
"Minuciosa investigación de un empeñoso periodista como Leonardo Marcote, graduado como tal en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo".
Jorge Falcone. Hermano de María Claudia Falcone.
***
Más de 7 años de investigación, una treintena de entrevistas a familiares directos, compañeros de estudio, de militancia, amigos, conocidos; diarios de la época, libros, documentos. La vida de María Claudia Falcone -desaparecida cuando era una joven estudiante de 16 años del Bachillerato de Bellas Artes de la ciudad de La Plata- y el contexto histórico de las formas organizativas en las luchas de los jóvenes estudiantes de los bachilleratos de los años 70 bajo un terrorismo de estado nacido en democracia con la CNU y la Triple A, y su implementación total bajo la dictadura cívico-militar desde 1976. Jóvenes militantes con diversos niveles de compromiso, desde el Medio Boleto Obrero Estudiantil, actividades de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), trabajo voluntario de alfabetización y salubridad en villas miserias, volanteadas, pintadas y una participación política emprendida desde su ser solidarios con conciencia social para subvertir una realidad plagada de injusticias.
De la nota editorial por Marcelo Cafiso

LEONARDO MARCOTE
Nació en 1984 en Temperley. Estudio Periodismo en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM).
María Claudia Falcone. Políticas revolucionarias en bachilleratos de los años 70 es su primer libro.
Índice
Cubierta
Portada
Sobre este libro
Dedicatoria
Nota editorial
Una noche y millones de lápices para escribir María Claudia
Epígrafe
Se llevaron a María Claudia
Juntos dimos por abolido el imperio de la tristeza
La generación de los sueños pendientes
Los Falcone
El Normal 2
La gordita Falcone
Hija del Aramburazo
La revolución estaba a la vuelta de la esquina
Los pendejos de Perón
El Bachillerato Bellas Artes
Fuera Anglada
La vida era una fiesta
Delegada
Su voz era muy cautivadora
Rendir tributo al difunto
AAA-CNU
Cataratas
Clandestinidad
“Comisarios de cuatro cuarteles la visitan en la rectoría”
Aprendiendo a manejar la libertad
24 de Marzo de 1975
“Los botones nos reprimen y no podemos estudiar”
El boleto estudiantil
“Eso, eso, eso, boletos a un peso”
Piezas del rompecabezas
Cine, peñas… y represión
Roberto
Resistir es organizar
Las balas empiezan a pegar cerca
Los quilomberos
Marimonia
Diciembre 1975
16 de Enero 1976
Del socialismo nacional al genocidio
El bachillerato del proceso militar
Su andar callejero era de sol a sol
“Ahora más que nunca hay que luchar”
“Nucha”
“Gracias a Guillermo se limpió de zurditos la Universidad”
El Circuito Camps
Los últimos días
La última primavera
El banco
Con los dedos en ‘ve’
La Noche de los Lápices
“Ya estoy muerta”
El destino final
Ni caperucita ni el lobo, militante
“Que me perdonen los muertos de mi felicidad”
La abuela y la tía
Nelva por Estela
Hasta la victoria final
Claudia por todos
Palabras para Claudia
Bibliografía
Agradecimientos
Créditos
Otros títulos de esta editorial
A mi hija Agustina Claudia
NOTA EDITORIAL
Nos interesa la verdad. Partimos de esa premisa para publicar los títulos de nuestra editorial. Y cuando llegan a nuestras manos textos como el presente nos adentramos en la investigación con dedicación y pasión.
Si bien cada vez más un amplio sector de la sociedad tiene conciencia de lo sucedido, sobre este retazo de nuestra historia, hay muchos jóvenes —y otros no tanto—, que desconocen, o tienen una vaga idea, o repiten la narración tergiversada: por formadores de opinión desde medios de comunicación masiva dominantes; o poseen la visión de la película de “La noche de los lápices”. Todo esto nos motiva aún más a trabajar con denodado esfuerzo para que este libro gane las calles y los lectores. Porque nuestra historia se está escribiendo y es indispensable difundir libros necesarios que enarbolen las banderas de memoria, verdad y justicia. El autor con su obra, claramente emprende ese desafío.
Más de 7 años de investigación, una treintena de entrevistas a familiares directos, compañeros de estudio, de militancia, amigos, conocidos; diarios de la época, libros, documentos. La vida de María Claudia Falcone —desaparecida cuando era una joven estudiante de 16 años del Bachillerato de Bellas Artes de la ciudad de La Plata— y el contexto histórico de las formas organizativas en las luchas de los jóvenes estudiantes de los bachilleratos de los años 70 bajo un terrorismo de estado nacido en democracia con la CNU y la Triple A, y su implementación total bajo la dictadura cívico-militar desde 1976.
María Claudia estudió en un ambiente donde muchos directores, profesores, preceptores, eran buchones, marcadores, linternas para descubrir pimpollos de subversión y podarlos de un machetazo criminal. Historia repetida en todo centro de estudio en aquellos años.
Jóvenes militantes con diversos niveles de compromiso, desde el Medio Boleto Obrero Estudiantil, actividades de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), trabajo voluntario de alfabetización y salubridad en villas miserias, volanteadas, pintadas y una participación política emprendida desde su ser solidarios con conciencia social para subvertir una realidad plagada de injusticias.
En las palabras de los entrevistados encontraremos algunas de las respuestas a las preguntas que nos hacemos sobre aquella época y las particularidades de los jóvenes estudiantes desde lo más simple y trivial hasta el compromiso político. Y es justamente la disparidad de voces sobre ese compromiso social y político, lo que nos da una visión más amplia que si escucháramos solamente las voces de familiares o compañeros de militancia de María Claudia. Todo el mosaico de opiniones y recuerdos aporta un valor extra al contenido de la obra ya que nos adentra en un maravilloso ejemplo de vida, muy a pesar de los detractores de la lucha que pretenden hacer énfasis en el desenlace. Desenlace que no es el fin de su presencia, porque su nombre, ejemplo, energía y espíritu de acción para intentar modificar algo de lo podrido del sistema ha contagiado a otros jóvenes.
Este libro tiene ese claro objetivo: contagiar con la verdad para cambiar la mentira en que vivimos.
Desde El Bohío,
Marcelo Cafiso
Marzo de 2017
UNA NOCHE Y MILLONES DE LÁPICES PARA ESCRIBIR MARÍA CLAUDIA
EL ORGULLO INDESCRIPTIBLE DE HABER SIDO LO QUE SE ELIGIÓ SER
Vivo en una quinta de City Bell (Partido de La Plata, Provincia de Buenos Aires) que mi madre me ayudó a comprar aceptando oportunamente la indemnización por el secuestro y asesinato de mi hermana. Que una luchadora comprometida con la liberación nacional fuese capturada y perdiera la vida a manos de un gobierno de facto formaba parte de los riesgos a correr, pensaba mi madre. Pero que se la torturara y violara durante meses, arrojándola finalmente a una fosa común anónima ya era una canallada digna de indemnización por parte de un Estado democrático. Así pensaba. Hoy sólo salgo de ese sitio para trabajar, hacer mi cine, o imaginar nuevos rumbos junto a los jóvenes. Porque estoy muy enojado con el mundo que nos toca. Para mantener la cordura, así como para testimoniar ante las nuevas generaciones y los Juicios de la Verdad, me he tomado el trabajo de reflexionar profundamente sobre “los años de plomo”, compromiso que no asumo como víctima sino como victimario de la injusticia.
En la era de las redes sociales, la figura de María Claudia Falcone ha venido siendo objeto tanto de devoción popular como de escarnio reaccionario. Ortega y Gasset elegía hablar de “el hombre y sus circunstancias”. Para revisar el periplo existencial de aquella joven de ojos glaucos que juzgó pertinente apostar su suerte a un orden más justo para los más humildes, bienvenida sea esta minuciosa investigación de un empeñoso periodista como Leonardo Marcote, graduado como tal en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, que con pertinacia detectivesca - y a través de la feliz iniciativa de Editorial Nuestra América -, aporta una reseña biográfica con cuya aparición da por cumplido un viejo y caro anhelo, brindándole a las nuevas generaciones una visión mucho más rigurosa de los acontecimientos abordados, y a la familia de la protagonista la oportunidad hasta ahora esquiva de completar un duelo necesario.
Yo me limitaré a analizar las circunstancias que llevaron a mi hermana a ser quien es para la mayoría de l@s jóvenes, y a reflexionar brevemente acerca de qué lección deja el legado de la generación a la que perteneció.
“SI A LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN...”
En aquel mundo bipolar pactado en Yalta, buena parte de la Generación del 70 puso en acto el belicismo expresado por un líder nacional de extracción castrense: “Por cada uno de los nuestros que caigan, caerán cinco de los suyos”, “Los vamos a colgar con alambre de fardo”, “Al enemigo ni justicia”, “La violencia en manos del pueblo no es violencia sino justicia”, “La violencia de arriba engendra la de abajo” (para muestra basta consultar el apartado “La guerra integral” del documental “Actualización política y doctrinaria para la toma del poder” oportunamente realizado por Pino Solanas y Octavio Getino)
Lamentablemente, aquel pensamiento de época derrapó hacia el breve interregno democrático reconquistado en 1973. ¿Cabía entonces en 1975 apelar a la acción directa contra un gobierno constitucional como el de Isabel - López Rega? La traición al Programa del FREJULI y el asedio paraestatal de la Alianza Anticomunista Argentina nos condicionó a entenderlo así, al punto de pasar a la clandestinidad.
Ante el saqueo y baño de sangre inaugurados en 1976 consideramos erróneamente que semejante embate no tardaría en unificar a la oposición popular. Pero aquella reacción se demoró prudentemente buscando escudriñar al gobierno de facto. La moraleja resultante fue que “cuanto peor… peor”.
El momento que atraviesa nuestro país justifica plenamente volver a preguntarse si hubo en la Argentina reciente más de UN terrorismo. La definición que otorga al término la Real Academia Española es:
1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.
Aunque no comparto la sacralización sin beneficio de inventario de una rebelión generacional fallida, estoy convencido de lo inapropiado de aplicar aquel calificativo para describir su proceder.
Pero como la memoria también es un capital en disputa, concluiremos que su abordaje quedará sujeto al devenir de la lucha política y los relatos legitimadores que esta vaya generando. Hasta que seamos capaces de construir una visión ecuánime y mayoritariamente consensuada.
SIGLO XXI: ANTE NUEVAS FORMAS DE DOMINACIÓN, NUEVAS ESTRATEGIAS DE LUCHA
Referirme a mi hermana siempre me remite a la idea de que no fue ni mejor ni peor que la Generación 2.0, sino igual a la época que le tocó vivir. Y dicha circunstancia remite a un mundo bien diferente a este. Aquel mundo resultante de la segunda posguerra mundial, con un occidente bajo la influencia norteamericana y un oriente bajo la soviética, y un sinnúmero de países no alineados de Asia, África, y América Latina en lucha por su emancipación, constituyendo el llamado Tercer Mundo. Por entonces estaba muy lejos de cumplirse el vaticinio del comunicólogo canadiense Marshall Mc Luhan acerca de la “Aldea Global”, fenómeno que gracias a las TICs ha transformado al mundo en un barrio.
La larga marcha del pueblo argentino emprendida por los malones originarios, la montonera federal, la chusma Yrigoyenista, el movimiento libertario, y los descamisados de Perón y Evita generó hacia mediados de los años 40 una inédita experiencia de organización y fortalecimiento de los sectores populares que - con sus aciertos y limitaciones - desafió a los dueños del poder, quienes hicieron sentir su escarmiento hacia 1955. Los casi 18 años posteriores de resistencia por todos los medios hacia 1973 consiguieron arrancar un breve lapso democrático, abortado en 1976 a causa de la radicalización de la lucha sindical y la creciente demanda de participación en el reparto del PBI por parte de la clase trabajadora. Como si nuestro pueblo hubiera ahorrado durante casi dos décadas un capital de experiencia dentro de una alcancía que el gobierno de facto vino a destruir descapitalizándonos de un patrimonio de lucha (repliegue del pensamiento estratégico, erosión del sentido de solidaridad, mengua del rigor organizativo). El genocidio atentó pues contra la materialidad y la subjetividad de los argentinos: Hubo que desaparecer a cerca de 30.000 personas para hacer desaparecer luego el plato de comida de la mesa de todos los argentinos. La democracia condicionada que sobrevino en 1983 inauguró un período tácitamente acordado entre la clase política y los genocidas en retirada, status quo sólo cuestionado a fondo durante el Argentinazo de 2001.
A 40 años del intento más feroz por postrar a nuestra Patria poniéndola al servicio de las grandes corporaciones multinacionales, este nuevo mundo multipolar nos enfrenta a inéditos desafíos: Ya no se trata sólo de que una clase social prevalezca sobre la otra, sino de tomar conciencia de que la humanidad toda, esclava del paradigma desarrollista del progreso ilimitado, peligra en su totalidad, como lo diagnostican numerosos científicos que vaticinan que a este tren de explotación de nuestros recursos naturales el planeta no duraría más de dos siglos. La latitud geopolítica que ocupamos remite a uno de los más codiciables reservorios de riqueza alimentaria de un mundo severamente hambreado. Como ocurre en estas horas con la Venezuela bolivariana en pos del petróleo, el poder imperial viene sin piedad por nuestras riquezas. Los grandes movimientos nacionales del Siglo XX han cumplido su ciclo ofreciendo lo mejor de sí, el compromiso perentorio de una nueva alternativa popular consiste en ajustar su diagnóstico de la crisis civilizatoria, estudiar el nuevo perfil del colonialismo (que tanto viene comprometiendo nuestra soberanía alimentaria, sobre todo a partir de la expansiva voracidad china), definir a la nueva oligarquía volcada a los agronegocios y el extractivismo, estudiar al nuevo sujeto social del cambio que - superada la era metalmecánica e imperando la telemática - seguramente ya no será exclusivamente la clase obrera industrial que protagonizara las transformaciones del pasado, y - obviamente - poner en debate las viejas ideas sobre la toma del poder. En todo caso, lo más alentador quizá sea advertir a diario que a pesar de la lección más terrorífica de la clase dominante, los argentinos no nos hemos transformado en un rebaño de ovejitas, y seguimos dispuestos a RESISTIR Y LUCHAR. -
JORGE FALCONE
Tengo curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas afinidades tan desencontradas, porque mis amigos suelen ser como las señales de mi vida, una suerte trágica, dándome todo lo que no está.
Francisco “Paco” Urondo
SE LLEVARON
A MARÍA CLAUDIA
“MI HERMANA no era un personaje épico, ni una guerrillera heroica. Era una mina común y corriente que pensaba fumarse un porro, besarse a un pibe o ir a bailar. Pero tenía –eso nos viene de familia– una enorme sensibilidad social”, dice Jorge Delfor Falcone, hermano de María Claudia y el último secretario nacional de Prensa de la organización revolucionaria Montoneros.
Aun retumban en sus oídos los golpes de su madre contra el postigo de la ventana de su casa clandestina, la madrugada del 16 de septiembre de 1976. “Se llevaron a María Claudia”, susurró Nelva Méndez de Falcone y fue suficiente para que la familia entrara en pánico.
Un mes antes de su desaparición, Claudia había estado junto a su familia celebrando su cumpleaños. Dieciséis años recién cumplidos tenía cuando los militares la secuestraron junto a su compañera María Clara Ciocchini, en el edificio de la calle 56, número 586, de la ciudad de La Plata. En el departamento número 1, del sexto piso, vivía Rosa Matera “Tata”, una tía que estaba enferma y por ese motivo, Nelva y Claudia se turnaban para cuidarla.
Para aprovechar el tiempo que dedicaba al cuidado de la tía, Claudia y María Clara Ciocchini, dirigente perseguida de la UES de Bahía Blanca, que también se refugiaba en aquel sitio, decidieron organizar allí sus reuniones clandestinas. En pocos días el departamento pasó a ser una casa operativa de la agrupación y alteró la rutina de un consorcio tranquilo, que de golpe se vio sorprendido por la cantidad de jóvenes que visitaban a la anciana.
La tarde del 15 de septiembre, Claudia se comunicó con su papá y le pidió dinero para buscar otro refugio. El viejo militante peronista que se salvó de ser ejecutado por la Revolución Libertadora, en junio del ’56, entendió de inmediato la situación y se dirigió a su encuentro. Como era común en esos tiempos, rápidamente le entregó el dinero, y luego de darle un beso, caminaron en distinta dirección.
Las chicas dieron varias vueltas por la ciudad. Cuando comenzaba a oscurecer, y al no haber conseguido otro escondite, decidieron que lo mejor era volver al departamento. No es ilógico pensar que la charla que mantuvieron aquella noche giró en torno a procurar un lugar más seguro, ya que en los últimos días habían dado muchas vueltas antes de entrar al edificio porque temían ser perseguidas. María Clara era dos años más grande que Claudia y tenía el grado de oficial dentro de la organización político-militar. En ese momento ella era la responsable política de Claudia.
Nada parecía alterar la calma aquella noche. La tía descansaba de sus dolores y es probable que Claudia se haya dedicado a terminar de diseñar unas láminas que debía entregarles a sus compañeras del Bachillerato. Ellas recuerdan que luego de despedirse de clase ese 15 de septiembre, les prometió que se encargaría de llevar los materiales que necesitaban para una de las materias. Claudia era una excelente dibujante y tenía el mejor promedio de la división. Aun en los momentos más duros de la represión disfrutaba de sus clases de dibujo.
Mientras se disponía a cumplir su promesa, la policía ya había liberado la zona que rodeaba el edificio y le daba vía libre al ejército para que actuara. En los primeros minutos de la madrugada del 16 de septiembre, un camión de la fuerza estacionó en la puerta del edificio, descendieron varios uniformados y entraron.
“El portero contó que fueron intimadas a rendición por parte de un grupo de civiles armados que irrumpió violentamente en el hall. Las chicas corrieron escaleras arriba amenazando a los intrusos con abrir fuego, pero la conciencia fatal de que se hallaban en el estrecho pasillo de un edificio de departamentos lleno de familias las hizo desistir de armar un tiroteo. Y buscaron refugio en casa de la tía “Tata”, que a esas horas descansaba ignorándolo todo. Una vez que llegaron allí, trabaron la puerta como pudieron y pensaron en arrojarse hacia alguna terraza lindera, pero estaban en un sexto piso y toda opción era muy arriesgada.
“Durante esas cavilaciones, los matones tumbaron la puerta, encerraron a la sobresaltada dueña de casa en su habitación y redujeron a ambas dirigentes de la UES para encaminarse, acto seguido, al baño del departamento. Retirando la tapa plástica del botón del inodoro, recogieron un gancho del que pendía una bolsa de polietileno que protegía varias armas cortas y algunas pepas (granada de fabricación montonera) perteneciente a la agrupación. La tía, que logró espiar sin ser advertida, pudo apreciar que se movieron con datos precisos. Por último, las sacaron a empujones conduciéndolas a un camión del Ejército apostado frente al edificio, en el que según testimonio de la peluquera del barrio aguardaba personal militar en uniforme de fajina”.1
Jorge en aquel momento estaba viviendo con su esposa Claudia Carlotto y un grupo de compañeros en una casa clandestina. Los golpes de Nelva contra la ventana lo despertaron. No lo podía creer. Quedó en estado de shock. No había certezas de que hacer en una situación así. Sólo salir a buscarla, ¿pero dónde? Salieron los cuatro juntos en el auto de Falcone padre y dieron varias vueltas por la ciudad. Se detuvieron en la Plaza Dardo Rocha. Allí Jorge les recomendó: “Vayan al regimiento 7 de infantería, vayan a la curia, vayan al Partido Justicialista, hagan un habeas corpus”.
Ellos no podían acompañarlos, los dos militaban en Montoneros y por seguridad tampoco volvieron a la casa clandestina. Decidieron ir a un hotel alojamiento. Jorge temblaba y luego de dar algunas vueltas en la habitación se acostó, cerró los ojos y se puso a pensar en María Claudia. Buscaba su sonrisa cómplice, necesitaba descansar; por eso buscó refugio en las palabras mágicas que juntos imaginaron de pequeños para conjurar la adversidad.
–Picoque –repitió–. Picoque, hermana.
Y se durmió.
1 Jorge Falcone, Memorial de Guerra Larga, Un pibe entre ciento de miles, De La Campana, 2001.

María Claudia en su habitación, 1975.
JUNTOS DIMOS POR ABOLIDO EL IMPERIO DE LA TRISTEZA
SIETE AÑOS tuvo que esperar Jorge para conocer a la más importante interlocutora que tendría en la vida. El 16 de agosto de 1960, María Claudia llegaba al mundo para poner fin a sus juegos en solitario. Y aunque al principio se molestó con sus padres por desatender su enojo por jugar con aquel bebé al que no le encontraba ninguna gracia, de a poco, a medida que María Claudia iba creciendo, la incorporó a sus juegos. La condición para ella era que interpretara personajes masculinos. Así fue como en varias oportunidades armaron un pequeño ring sobre un colchón, al mejor estilo Titanes en el Ring, en donde se lucían practicando la famosa “patada voladora”, y copiando el estilo del locutor Rodolfo Di Sarli, comentaban las alternativas del combate.
En los viajes familiares a Mar del Plata o San Clemente del Tuyú, competían acumulando marcas de autos, mientras Falcone manejaba su Ford Falcón y Nelva coqueteaba frente a su espejo de mano.
Para el matrimonio, María Claudia había sido la tan esperada hija mujer. Decidieron llamarla así porque casi nace el día de la virgen, el 15 de agosto, y porque a Nelva le gustaban los nombres que pegaban con María. Cortos, para decirlos juntos. Toda la familia la llamaba así. Con el tiempo sus amigos lo acortarían a Claudia.
Si Jorge tuviera que describir qué es la felicidad, el sonido de la risa de su hermana sería el ejemplo perfecto. Cuenta, en uno de sus escritos, que María Claudia vino al mundo dueña de un histrionismo y una gracia capaz de borrar cualquier recuerdo oscuro que quiera empañar su memoria.
“El vínculo más poderoso que teníamos era el humor. Nos meábamos de la risa, teníamos un humor muy al estilo Capusotto-Alberti, Todo por dos pesos, un humor muy bizarro. Aquel talento innato para el humor María Claudia lo utilizó muchas veces para neutralizar sistemáticamente las pautas de conducta impuestas por nuestros viejos, cargándolos, aunque ligara una paliza”.
Falcone padre era un excelente narrador, y amaba la ciencia ficción decimonónica. Eso fomentó en los hermanos el más febril despliegue de imaginación. De ella nació, en las aburridas siestas, un personaje llamado Owen Chiquituni, interpretado por María Claudia. Muy a su pesar, Jorge heredó la primera mitad de su apellido (Chiqui), que fue su apodo cuando pasó a la clandestinidad. Owen Chiquituni era un demente que se había fugado del loquero y cuya interpretación, a cargo de María Claudia, hacía que Nelva llorara de la risa, en los almuerzos familiares, antes de salir hacia el colegio primario.
Otro momento de felicidad para Jorge y María Claudia era cuando se sentaban en el comedor de la casa, mientras saboreaban las deliciosas rosquitas que preparaba Nelva, a dibujar el Subdesarrollo Cómics, “La Revolución fallida de los Mulatos Mulé”, que, al igual que el coyote con el correcaminos, siempre fracasaban en su intento de emanciparse del yugo del tirano Anastasio Garrastazú Rojas; también crearon a un personaje llamado “Milton El Uruguayo”, que contaba la historia de un desterrado que no hallaba cabida en ningún país de la región; otra creación de los hermanos fue “Santa Rosetta dil Culo”, basada en la leyenda escuchada de Santa María Goretti, una joven supuestamente abusada por bere beres del desierto que se resistió hasta la muerte a perder su virginidad.
“Nosotros teníamos una costumbre que era debatir muchos temas con María Claudia, nos intercambiábamos libros, teníamos una excelente comunicación, y veíamos juntos películas del Grupo Cine Liberación. Y emocionaba verla llorar cuando veía lo que estaba haciendo la dictadura de Onganía con los cañeros tucumanos, en el ‘Camino Hacia la Muerte del Viejo Reales’, de Gerardo Vallejos.
“La mejor cómplice que tuve en la vida podía sobrellevar muchas situaciones incordiosas, pero no el sufrimiento de un pibe”.
LA GENERACION
DE LOS SUEÑOS PENDIENTES
JORGE TENÍA 18 años cuando comenzó a militar en el peronismo revolucionario. Mientras realizaba sus estudios secundarios, especializados en artes plásticas, en la Escuela Superior de Bellas Artes, se sumó a la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN); en 1973, cuando ingresó a la Facultad de Medicina, empezó a militar en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Finalmente, en 1976, pasó a integrar el Área Federal de Prensa de la organización Montoneros, donde fue el encargado de la elaboración técnica de la revista Evita Montonera. Con sus buenas técnicas de dibujo participó en la confección de una campaña de boicot contra la dictadura militar. En 1978 tuvo que exiliarse junto con su esposa y su hija, para volver al país en la denominada contraofensiva montonera.
“Nosotros pertenecimos a una generación que entendía que tenía que superar los sueños pendientes de la generación de sus padres”, explica Jorge. “Pensá que es cierto que el pueblo trabajador, en la segunda mitad de los años ‘40, vivió el período más feliz de su vida y que los gobiernos civiles truchos y militares feroces que han venido después no hicieron más que intentar dinamitar los cimientos de esa patria con justicia social y sobre todo con inclusión y desarrollo equitativo.
“Me da la impresión de que no le perdonamos a nuestros padres el hecho de haber sido tan permisivos con el poder. De haber puesto como prioridad la negociación y una negociación en la que siempre salían perdiendo, parecía una lucha en la que terminaban dando la otra mejilla.
“También es cierto que nuestra generación crece a patadas, porque estos 18 años que atraviesan los mejores años de la vida de un joven, con restricciones, pollera larga, pelo corto, revistas pornográficas que llegaban de importación y en la mesa de revelado de fotos le borraban la rayita del pubis a las minas. O sea, un nivel de cercenamiento de las libertades públicas y de presupuestos elementales de la cultura que eran actos de violencia cotidiana muy severas.
“Entonces, esa generación responde con una carga profunda de amor, pero cuando el amor no fortalece, fortalece el odio y no un odio bíblico condenable en el fuego eterno del infierno, sino el odio merecido de un enemigo que no tiene piedad, que es capaz de bombardear con aviones de la Marina bendecidos por la curia, una plaza llena de hombres, mujeres y chicos. Un odio que es capaz de fusilar en los basurales de José León Suárez sin ninguna legalidad. Una acumulación de vejámenes, la prohibición de nombrar a Perón y a Evita, los que con su nobleza le dieron dignidad al pueblo argentino. Entonces nuestra generación crece a las patadas y con todas las puertas cerradas”.
Ernesto Guevara de la Serna, El “Che”, revolucionario que con su concepción del hombre nuevo atravesó la militancia de Jorge y María Claudia, dijo en su discurso de abril de 1967, en la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así. Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.
“Ver el dolor de mis padres, ver a mi padre con un pasaporte negado para irse de luna de miel, ver a mi madre que se quedaba después de hora educando a los pibes más cabezadura en colegios de morondanga, ver a mi padre salvado por las obras sociales del movimiento obrero organizado volver en una Ford destartalada que era de su abuelo, porque ni plata para tener un auto propio tenía. Vivíamos en una casa heredada por una generación anterior que era la generación de la prosperidad”.
Jorge se emociona hasta las lágrimas al recordar a su padre, al recordar la lucha de ambos, la lucha de una generación que se animó y creyó que la liberación era posible, que los sueños postergados eran posibles.
“Verlo a mi padre putear en voz baja y en privado los errores del peronismo, y defenderlo con hidalguía en público, aunque le llenaran la cara de dedos. Acompañarlo en ese fortacho a que le paguen una consulta médica en el suburbio con media docena de huevos o un pollo. La construcción de la autoridad de un padre y el respeto, no pasa por el chamuyo, pasa porque vos veas que ese tipo no es verso, que está ahí haciendo y poniendo el lomo.
“Para no hablar lo que hizo después, más adelante, llevado a curar, en el baúl de un auto clandestino, a un compañero herido de un cuetazo en el tobillo, o llevando gelamón (explosivo de alto poder destructivo) en el baúl de su auto, con un pobre flaco con una bicicleta que chiflaba si en las esquinas veía algún peligro. Y si veía algún peligro había que dejar el auto con la patente legal de mi viejo, irnos a la mierda y el tipo tenía que cambiar el documento. El doctor Falcone, uno de los cirujanos más prestigiosos de la ciudad de La Plata pasaba a la clandestinidad conmigo si nos cagaban, porque el auto era adquisición legal, no era un auto afanado. El tipo ponía el cuerpo. Entonces también hay una dimensión íntima, la dimensión ética de decir ‘no, no me banco que a mi pueblo le hagan esto’, que es lo principal. Pero después esta la sensación de que ese tipo no se merecía sufrir. Mi vieja y mi viejo no se merecían sufrir, y esto también multiplícalo en proyección geométrica. Al pueblo argentino le tocaron el culo muchos años, le bailaron un malambo encima y eso también te pone pila para salir a la calle y correr riesgos”.

Claudia, 16 de Agosto de 1975.
LOS FALCONE
NELVA ALICIA Méndez y Jorge Ademar Falcone se casaron el 18 de marzo de 1948, en la ciudad de La Plata.
Nelva nació el 16 de junio de 1927, hija de Manuela Ángela Domínguez y del poeta Delfor Méndez, autor de la letra del himno de Gimnasia y Esgrima de La Plata.
Jorge, también platense, nació el 26 de abril de 1918. Hijo de María Teresa Matera y de Clemente Cayetano Falcone Graniero.
Se recibió de médico en 1943, y luego realizó estudios de Escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes. Fue el primer Subsecretario de Salud Pública, 1947-1950; Intendente de la Ciudad de La Plata, 1949-1950; y Senador Provincial Presidente de la Comisión de Obras Públicas del Senado entre 1950 y 1952. Como militante de la causa nacional, se alzó junto al general Juan José Valle y el teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno el 9 de junio de 1956, cuando la denominada “Revolución Libertadora” derrocó al gobierno popular de Juan Domingo Perón.
“Fue detenido el 10 de junio a la noche, mientras me estaba contando un cuento que quedó por la mitad”, recuerda Jorge hijo. “A partir de allí lo recuerdo uniformado de gris en un lugar que después supe era el penal de Olmos. En la misma celda estaba Juan Carlos Livraga –sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez– ambos sentenciados por Pedro Eugenio Aramburu. Ante la repercusión internacional del caso, Aramburu y Rojas reconsideran la medida. Mi padre no tenía donde caerse muerto y fue el movimiento obrero organizado el que le da trabajo en los duros años de persecución”.
Con la vuelta del peronismo al poder, en 1973, Falcone ocupó el cargo de director del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP), Delegación La Plata, hasta el Golpe de Estado de 1976, cuando fue desplazado de su cargo.
Nelva era ama de casa y maestra de escuela pública. Había colaborado en la campaña por el voto femenino, siendo delegada juvenil, a mediados de los años ‘50. Con la desaparición de María Claudia comenzó a reunirse con madres que habían pasado por su misma tragedia; fue una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora. En Democracia fue secretaria de DDHH del PJ local; y en 1999 fue declarada Ciudadana Ilustre de la ciudad de La Plata.
Luego de casarse, la pareja se fue a vivir a la casa de la calle 8, propiedad de Clemente y María Teresa, muy cerca de Plaza Rocha, y a sólo dos cuadras de Bellas Artes.
En esa misma casa Nelva y Falcone padre vieron crecer y soñar a sus dos hijos, pero también vieron irrumpir a las patotas de la Revolución Libertadora primero; y luego las del Terrorismo de Estado. La casa de los Falcone fue allanada en cuatro oportunidades, el 9 de junio 1956, detención de Jorge Ademar ; dos veces en 1976, la primera luego de un incidente en la cancha de Estudiantes de La Plata, la segunda luego del secuestro de María Claudia, el 16 de septiembre de 1976 ; y el 13 de abril de 1977, en donde se produce la detención y secuestro de la pareja, a quienes– los Grupos de Tareas de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz– los trasladan encapuchados al Centro Clandestino “La Cacha”, donde permanecieron como detenidos-desaparecidos por diez días.
En tiempos de proscripciones del peronismo la economía de la familia se nutrió básicamente de los pacientes que Falcone visitaba a domicilio –muchas veces le pagaban con huevos o gallinas–; de los esporádicos honorarios de su padre, martillero público, de la pensión de su madre, docente jubilada; y del sueldo de Nelva, docente en ejercicio en una escuela pública. Vivían los seis juntos.
La relación de Nelva con su suegra no era la mejor.
“Aún recuerdo la indignación que oportunamente me causó alguna vez escuchar a esa mujer (María Teresa Matera) acunar a mi hermana bebé en su falda intercalando, en las canciones de cuna, recriminaciones a mi madre por venir después de hora de dar clase, tiempo que se tomaba para apuntalar a sus alumnos más rezagados”.
Hacia fines de 1966, María Teresa muere en la casa de la calle 8. Jorge tenía 12 años, y fue testigo de su muerte y de los inútiles intentos de su abuelo por reanimarla.
“Los Falcone éramos una familia media, pero mi viejo no era un médico multimillonario que andaba firmando autógrafos por ahí, o que hacía cirugías estéticas. Era un médico de mutuales de obras sociales metalúrgicas; mi madre ha sido una maestra de escuela pública. Entonces éramos una clase media empobrecida que nunca nos faltó lo elemental, pero que nunca nos sobró nada.
“Porque yo me acuerdo de la vergüenza de mi viejo cuando no conseguía laburo en ningún lado por ser peronista, y cuando se acabó el hábito de comer un plato de entrada antes de la sopa o del churrasco. Y se acabó, y a veces no había postre, que son pelotudeces frente al dolor y la privación que tiene hoy nuestro pueblo más pobre, desde luego, pero te quiero decir, historiando, para la proporción de lo que era el despojo en aquella época, al tipo le daba pudor, le afectaba en su amor propio esa adaptación forzada a un estándar de vida que no era el que en su apogeo profesional le había brindado a la familia”.

El 28 de junio de 1966, se produce en el país un nuevo golpe de estado que termina con el gobierno democrático de Arturo Illia. Este nuevo golpe se denominó “Revolución Argentina” y quien lo encabezaba, el dictador Juan Carlos Ongania, deseaba perpetrarse en el poder por 40 años.
Hacia fines de ese mismo año, Jorge se encuentra terminando la escuela primaria y espera ansioso los resultados de su examen de ingreso a la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales.
Mientras tanto, Nelva intentaba explicarle a María Claudia, que estaba triste por estar finalizando el Jardín de infantes, que en poco tiempo iba a volver a jugar con sus compañeritas en primer grado.

Claudia, sexto grado 1972.
EL NORMAL 2
CLAUDIA TENÍA 4 años cuando ingresó al Jardín de Infantes de la Escuela número 2 Dardo Rocha. En ese mismo colegio hizo la primaria. “El primer día de clase en el jardín muchos chiquitos lloraban. Ella, en cambio, me miró y me dijo: ‘Mamá, ¿cuándo empezamos a dibujar?’. La maestra y yo la miramos sonriendo. Allí nomás comenzó a perfilar esa personalidad tan firme que tendría”, recordó Nelva al escribir una semblanza de María Claudia.
De muy chica Claudia tenía una rutina que le fascinaba: antes de acostarse elegía un libro y se lo llevaba a su cama para leerlo. Sus favoritos eran los cuentos y las poesías. Aquel hábito de lectura facilito desde muy chica la manera de comunicarse y de expresarse verbalmente. Una vez, la maestra de quinto grado le dijo a Falcone padre: “Doctor, estoy asombrada de cómo se expresa su hija… la fluidez con la que habla”.
Por sus buenas calificaciones y el mejor promedio del curso en varias ocasiones, Claudia fue abanderada. “Era muy perfeccionista en sus trabajos de Ciencias Sociales, Matemáticas y Lengua. Era tan detallista que sus carpetas eran exhibidas frecuentemente como ejemplo ante otros cursos. Cuando cursaba su séptimo grado, el Club de Madres distinguió a los alumnos de mejores promedios de la Escuela con un libro de poemas de Miguel Cané y un diploma. En su curso ella era el mejor promedio. A fin de año hicieron una fiesta. El grupo de María Claudia eligió recrear un circo y ella se disfrazó de foca con una malla negra enteriza y una máscara de cartón confeccionada por su hermano, que cursaba el secundario en Bellas Artes y ya había formado su primer equipo de cine en Súper 8. La fiesta fue un éxito y María Claudia hizo gala del sentido del humor que la acompañaría hasta el final”.2
2 Nelva Falcone, “Una joven de ojos glaucos. Semblanza a María Claudia Falcone”. 2000. http://escuelafalcone.blogspot.com.ar/2010/10/50-anos-del-nacimiento-de-maria-claudia.html
LA GORDITA FALCONE
“DESDE PRIMERO hasta séptimo grado estuve con ella, nos sentábamos juntas”, recuerda Alejandra Rodríguez Pujol, amiga y compañera en el Normal 2. “Le decían, ‘la gordita Falcone’. Claudia era muy gordita, tenía ojos celestes y un flequillo bien tupido, era muy divertida”.
Concurrían al turno tarde del Normal 2 y a la salida solían irse juntas a tomar la leche a la casa de los Falcone. Con la supervisión de Nelva, hacían la tarea y luego se divertían jugando a las muñecas en la habitación de Claudia.
“Dibujaba muy bien, era una artista Claudia, y ella a mí siempre me retaba porque cuando había que hacer una figura humana, yo le hacía siempre los brazos cortos, y ella me decía, ‘¡No te das cuenta Alejandra que le haces los brazos cortos!’, (se ríe) me retaba mal, y entonces ella me los arreglaba y me hacía dibujar los brazos a la distancia que tenían que ser. Era excelente como alumna. Claudia era la chica diez, la que sabía todo y ayudaba a los demás. Yo la admiraba. Era la compañera de oro, y, además de ser muy inteligente y muy capaz, era muy buena compañera”.
Cuando jugaba con sus amigas, Claudia hacía un gran despliegue de personajes que ella misma había inventado. A partir de su gorrito de pompón surgió, “Ueti-Ueti”, mi pomponcito de lana amarillo; la glamorosa corista “Happyway”; o el caballo “Paisano”, héroe de las pampas. Uno de sus tesoros más preciados era su colección de cajitas de fósforos y de trapitos para vestir muñecas.
Para su cumpleaños Claudia invitaba a su casa a todos sus compañeros de la escuela. Nelva, que le encantaba festejar los cumpleaños, al culminar la celebración les entrega una bolsa con golosinas a cada chico. Jorge, que soñaba con estudiar la carrera de Cine, en la Facultad de Bellas Artes, para agasajar a la cumpleañera, era el encargado de proyectarle películas en súper 8 milímetros.
A veces también iban a jugar a la casa de Alejandra. Claudia se quedaba toda la tarde y antes de que bajara el sol, su papá pasaba a buscarla.
A partir de cuarto grado habían logrado la autorización de sus familias para regresar solas del colegio. Las pocas cuadras que caminaban eran suficientes para matarse de risa con las travesuras de su compañera Maide, calificada por la maestra como “la más traviesa del curso”. Al llegar a la casa de la calle 8 número 1334, Nelva les tenía preparada la merienda.
“Después de séptimo grado no nos vimos nunca más”. Dice Alejandra, lamentándose. “Me enteré que con un grupo de personas iba a ayudar a las villas, que estaba militando, pero no mucha más información que esa. Recuerdo un año que fui a Luján y entré a la Basílica para conocerla, y las Madres de Plaza de Mayo habían puesto todos los pañuelos con nombres de desaparecidos. Y el primer pañuelo que veo decía el nombre de mi gran amiga: María Claudia Falcone”.
HIJA DEL ARAMBURAZO
CUANDO JORGE tuvo su primera filmadora –un regalo que le hicieron sus padres– se pasaba horas frente a un cuaderno, imaginando su nuevo cortometraje. Atrás, desactualizado, había quedado su viejo proyector Ruberg de 16 milímetros. Era el momento de empezar a hacer cine “de verdad” y así fue que le propuso a María Claudia participar de un documental poético titulado “Zoológico”. Los protagonistas eran animales a los que había filmado de forma tal que no se vieran las rejas que los mantenían encerrados, fuera de su ámbito natural. También quería filmarla como si fuera una niña indecisa que dudaba si treparse o no por una escalera de soga, en un parque de juegos de Mar del Plata. Ella, por supuesto, siempre estaba disponible a la hora de imaginar historias. Así fue que intervino en un audiovisual compuesto por 36 diapositivas basadas en las ilustraciones que hacía Jorge; el trabajo se llamó “Sonia en día aburrido”. El aporte de Claudia fue el de ponerle voz a la protagonista.
Mientras Jorge iba desarrollando su pasión por el cine y Claudia se destacaba en el colegio primario, un grupo de jóvenes pateaba el tablero de la escena política de la época. El 29 de mayo de 1970, Norma Arrostito, “La Gaby”, de 30 años; Fernando Abal Medina, 23; Capuano Martínez, 21; Carlos Gustavo Ramus y Mario Eduardo Firmenich, de 22, de la Organización Político Militar Montoneros, secuestraban al teniente general Pedro Eugenio Aramburu, ex presidente de facto.
No fue casual la fecha elegida para secuestrar al responsable máximo de los fusilamientos en los basurales de José León Suarez, en junio de 1956. Un año antes, el 29 de mayo de 1969, en el Día del Ejército, en la provincia de Córdoba se había producido una de las rebeliones populares más importantes de la historia, el “Cordobazo”, que puso fin al gobierno de facto encabezado por el general Juan Carlos Ongania.
El secuestro de Aramburu fue la primera gran aparición del movimiento revolucionario peronista que impulsaba la toma del poder por parte del general Perón, quien, desde el exilio, en el año 1972, alentó las acciones de la organización: “La juventud argentina es una cosa extraordinaria, yo he estado en contacto con ellos, han aprendido a morir por sus ideales, y cuando una juventud aprende a morir por sus ideales ha aprendido todo lo que debe saber una juventud”.
El secuestro de Aramburu; los fusilamientos de militantes en la base Almirante Zar de Trelew; el regreso del peronismo al poder; la liberación de presos políticos en la cárcel de Devoto; militantes organizados y en las calles de todo el país; jóvenes que daban su vida por los más excluidos de su patria, por un país más justo. Todos estos acontecimientos no fueron ajenos al sentimiento y a la formación de Claudia, cuando terminó la escuela primaria, en diciembre de 1973. Ella había terminado esa etapa de su vida con la certeza de que “la revolución estaba a la vuelta de la esquina”. Pocos meses después ingresó al Bachillerato de la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales, en la especialidad de Dibujo Artístico.
Estaba contenta por estudiar donde lo hizo su padre y su hermano, pero también estaba preocupada por su sobrepeso. La bronquitis alérgica que padeció de pequeña, tratada con corticoides, hizo que su cuerpo engordara al punto de impedirle participar en las clases de gimnasia en la escuela. Esos kilos de más la obsesionaban.
De a poco, la niña - adolescente fue cambiando los discos infantiles por los de Sui Generis, su banda de rock preferida, a la que fue a ver en vivo más de una vez. Ella misma soñaba con armar una banda, integrada sólo por chicas, a la que pensaba llamar “Jamón Cocido”.
En su habitación comenzó a venerar una imagen de Eva Duarte de Perón, la descamisada a la que su padre, y en especial su madre, amaban. Por todo eso, resultaba imposible que no se incorporara, desde el primer día de clases, a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la agrupación peronista que en esos días contaba con una masiva participación estudiantil en sus filas. En uno de los cajones de su escritorio atesoraba su diario íntimo, y en especial las primeras indicaciones que se había anotado, a manera de “machete”, para jugar al truco.
También le gustaba guardar sus mejores dibujos, inspirados en el arte primitivo de las figuras rupestres, que pintaba con acuarelas. Sobre su escritorio tenía una muñeca negra con un vestido rosa, otra que bailaba flamenco, fotos familiares, un globo terráqueo, y una biblioteca pequeña, donde podían encontrarse obras de poetas como el uruguayo Mario Benedetti o el cubano Nicolás Guillen. Nunca se animó a recitarle versos a un vecino que le parecía muy atractivo.
“Todos los días esperaba verlo pasar sentada en la vereda de su casa”, recuerda Miriam Nocetti, amiga y compañera de Claudia en el Normal 2 y luego en el Bachillerato. “Éramos muy amigas, luego nos fuimos separando pese a que ella insistía invitándome a las reuniones de la UES, y yo lo tenía expresamente prohibido por mi padre; yo era obediente. Nelva le daba libertad a Claudia y le decía a mi padre: ‘Hay que dejarlas…ellas solas se van haciendo’. Mi padre le contesto, ‘es peligroso... todavía son chicas’. La mamá de Claudia era maestra y tenía una visión diferente del mundo, era una mujer muy solidaria.
“Con Claudia nos llevábamos muy bien, teníamos personalidades distintas, pero eso nunca dificultó nuestra amistad. Ella era una de las mejores alumnas, con una mente clara, segura, veía otras cosas que, a esa edad, yo no veía. Era atropellada, conversadora, yo era más tranquila y más tímida.
“Ella muchas veces era escolta de la bandera, pero en las pruebas dejaba copiarse a quien se lo solicitara. Nunca fue orgullosa ni competitiva. Le gustaba ayudar, tenía una concepción filosófica de apoyo a los pobres, a los desvalidos. Pero eso debe haber surgido desde la influencia familiar; su familia era igual de solidaria, desde un sentimiento que surgía del corazón”.

Fiesta de fin de año del Normal 2, 1973.
LA REVOLUCIÓN ESTABA
A LA VUELTA DE LA ESQUINA
EL PRIMER hecho político y trascendental del cual pudo tomar conciencia Claudia y al que se sumó al poco tiempo de cursar en el Bachillerato Bellas Artes, fue el regreso del Peronismo al poder luego de dieciocho años de proscripción y resistencia.
Por medio de sus padres había conocido los logros de los dos primeros gobiernos peronistas; Falcone padre y Nelva les inculcaron, desde muy chicos, a Jorge y a Claudia ese sentimiento de “justicia social”.
“Cada uno expresaba lo suyo, los chicos mamaron ese sentimiento de lucha y de justicia, después lo emplearon en sus vidas. Porque nosotros los peronistas no somos revolucionarios de café, como algunos de la izquierda que nomás se sientan a cambiar ideas. Los que primero damos el pecho somos los peronistas, los cabecitas negras, los grasitas, como decía Eva. Entonces, esta hija extraordinaria de la cual estoy tan orgullosa, eligió el camino más difícil”.3
Jorge ya estaba militando en el peronismo revolucionario y Claudia, sin descuidar los juegos con sus muñecas, estaba atenta a lo que su hermano conversaba con sus compañeros desde el altillo de la casa.
“Lo único que hacían nuestros padres era no autocensurar las charlas políticas delante de María Claudia y de mí”, recuerda Jorge. “Eso era lo único que hacían, no eran que nos comían la cabeza hablando de Perón y de Evita. Nos iba cayendo la ficha.
“Cuando salió todo el mundo a la calle a gritar, ‘Perón vuelve, Perón vuelve’, nosotros, ¿qué mierda íbamos a hacer en nuestra casa? Fue una marea humana que nos arrastró con mucho gusto porque hubo momentos de alto nivel festivo donde era conmovedor sentirse parte de esa marea humana”.
Afloraba la primavera camporista y con ella el sueño de la patria socialista por la que se venía luchando desde hacía dieciocho años. Era acabar con la proscripción del peronismo. La participación de cada militante era fundamental y decisiva.
El 11 de marzo de 1973, la fórmula “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, ganó las elecciones presidenciales por más del 50% de los votos. De esta manera la izquierda peronista obtuvo ocho bancas de diputados nacionales y más de cincuenta cargos electivos en las provincias y municipios.
Varios gobernadores electos eran cercanos a sus posiciones, como el de Buenos Aires, Oscar Bidegain, el de Córdoba, Ricardo Obregón Cano, el de Santa Cruz, Jorge Cepernick, el de Salta, Miguel Ragone, y el de Mendoza, Alberto Martínez Vaca. También contaron con influencia en el Ministerio del Interior dirigido por Esteban Righi, en el de Relaciones Exteriores encabezado por Juan Carlos Puig y en el Ministerio de Educación de Jorge Taiana. En la Universidad de Buenos Aires fue nombrado interventor Rodolfo Puiggrós y varios nuevos decanos y profesores también simpatizantes de montoneros.
Las movilizaciones en todo el país eran masivas. La ciudad estaba tomada por el pueblo que acompañó, aquel 25 de mayo de 1973, la Asunción de Héctor José Cámpora.
La multitud concentrada en el Congreso de la Nación cantaba las siguientes consignas:
“Juventud presente, Perón, Perón o muerte”.
“Montoneros, FAR y FAP, en la guerra popular”.
“Cámpora leal, socialismo nacional”.
“Los peronistas joda, joda, joda y los gorilas llora, llora, llora”.
“Dame una mano, dame la otra, dame un gorila que lo hago pelota”.
El “Luche y Vuelve” había llegado a su fin, muchos militantes habían quedado en el camino y otros festejaban victoriosos en las calles de todo el país. El sueño de traer a la patria al líder peronista se había hecho realidad.
3 Nelva Falcone, discurso pronunciado en la plaza Rigolleau, en el Partido de Berazategui, año 2000.

Insignia de la Unión de Estudiantes Secundarios.
LOS PENDEJOS DE PERÓN
EL 20 de abril de 1973, tuvo lugar en el salón de actos del sindicato del Calzado el acto fundacional de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). A partir de ese momento, dice el historiador Roberto Baschetti, “como una ola gigante, como un tsunami incontenible, la propuesta llegó hasta el último ámbito estudiantil de la patria”.
Cristian Caretti, “El Gringo”, representante del Colegio Nicolás Avellaneda y dirigente de la UES a nivel nacional, expresaba lo siguiente: “Nuestra lucha tiende, en lo inmediato, a lograr la participación del conjunto de los estudiantes secundarios en este proceso iniciado el 25 de mayo, ya que como dice el general Perón, esta lucha es una lucha de todos porque lo que está en juego son los supremos destinos de la Nación”.4
Los aplausos retumbaban en el amplio local de la calle Yatay, en Capital Federal. Los canticos decían, “¡Aquí están, estos son, los pendejos de Perón!”, luego de Caretti continúo haciendo uso de la palabra Juan Manuel Abal Medina, quien afirmó, “El 25 de mayo van a estar en libertad todos los compañeros presos”. A lo cual los estudiantes respondieron con aplausos y más cánticos.
La primera conducción nacional de la UES, estaba integrada por: “Él Roña” Bekerman, “El Negro”, “Barbeta” Claudio Slemenson, “El Gringo” Cristian Caretti, Liliana Fernández y Mario Moldován. Estudiantes del Nacional Buenos Aires, del Carlos Pellegrini y el Nicolás Avellaneda.
Para Roberto Baschetti, las diferencias entre la primera UES, creado por Perón en 1953 y la segunda fundada en 1973, “son abismales”. La primera “es una organización institucional formada desde el propio gobierno con la idea obviamente también de que los estudiantes secundarios tuvieran un ambiente de participación y demás, pero era un estado (el peronista) que ya estaba prácticamente consolidado, y el papel de esa UES fue mínimo, y encima cuando cae Perón (en el `55) actúan sin pena ni gloria, se disuelve y nadie pelea, ni lucha. No hay ningún elemento que diga, bueno, estos pibes siguieron en la resistencia peronista. Yo nunca encontré o no me acuerdo, podrá haber algún caso aislado, pero no en la cantidad y en la forma que hubo en esta segunda UES, que realmente si pelearon por un cambio de sistema, dentro de una organización revolucionaria. O sea, que las diferencias son el día y la noche.
“Digamos, los primeros no peleaban por cambiar nada porque todo ya se había hecho desde el gobierno peronista. Los segundos peleaban para cambiar un sistema injusto, peleaban por la liberación”.

Mientras la UES se conformaba a nivel nacional, Claudia estaba cursando el último año de la escuela primaria en el Normal 2. Tenía trece años y parecía estar preocupada únicamente por jugar con sus amigas, por ir todas juntas a comer “Hottys”. O en las vacaciones de invierno ir al cine a ver, “Hermano Sol y Hermana Luna”, película relacionada con la vida de San Francisco de Asís. Sin embargo, la vertiginosidad del tiempo, hará que en pocos meses este militando activamente.
Jorge, por su parte, ya había terminado un año antes el secundario en Bellas Artes y se anotó en Medicina, para darle el gusto a su papá. Rápidamente pasa a militar en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), expresión universitaria de Montoneros en La Plata.
Cuando todo parecía estar en su lugar la familia sufre la muerte de Clemente.
“Mi abuelo había sido confinado a un reducido cubículo de la casa, tabique por medio de la habitación habilitada para refugiar la pubertad de mi hermana. Desde el otro lado entonces, cada noche le exigía a aquella niña-mujer que le diera lecciones de inglés. Su contumacia lo acompañó hasta el 4 de julio de 1973, circunstancia en que se lo llevó un cáncer de laringe al cabo de una penosa agonía. Siempre me arrepentí de llevarle al Hospital `San Juan de Dios´ un visor de diapositivas con las fotos que tomara en plena Masacre de Ezeiza: El referente masculino más influyente que tuve en la vida debió haberse despedido del mundo sin más sombras que su dolencia. Pero yo era bastante inmaduro aún para advertirlo, y me pudo este temprano afán de documentar la vida. Recuerdo que el día previo a su muerte, aburrido de agonizar, me dijo `yo no puedo seguir recibiendo gente así, con esta cara... mañana mismo me afeito”.
Días antes de la muerte de su abuelo, Jorge fue a recibir a Perón a Ezeiza. Era el 20 de junio de 1973, conocido luego como, “La Masacre de Ezeiza”.5
“En Ezeiza las fuerzas más conservadoras del país, comenzaron a tratar de pensar un proceso de transformación profunda”. Explica Jorge. “Yo no sé cuántos millones de personas hubo, algunos dicen dos, otros dicen tres, otros dicen que llegaba a cuatro millones. Esas personas estaban encabezadas por las banderas de las organizaciones revolucionarias del peronismo, quizás por eso o, mejor dicho, por eso se desencadenó la tragedia. Donde un agente de la CIA, como López Rega, contrató francotiradores de la OAS, organización que en Argelia había combatido contra el Frente de Liberación Argelino, para desatar la masacre que hubo.
“No veíamos por qué el General tenía que recostarse sobre los sectores más retrógradas del movimiento, pero bueno, hasta los líderes se equivocan y él no tuvo mejor tino que tratar de frenarnos apostando a gente que yo no sé si él era consciente de hasta dónde estaban dispuestos a llegar, porque yo siempre digo una metáfora que suena dura pero es la más feliz que yo he podido construir para mí, hasta ahora, ‘si el papa te excomulga del vaticano, la inquisición te aniquila’, y en la medida en que Perón a nosotros nos sacó tarjeta roja todos los sectores de derecha, que estaban agazapados para saltarnos al cuello, se sintieron legitimados. Y todavía viven de renta de ese episodio disputando si nuestra identidad era genuina o si estábamos maquillados como peronistas”.
Una vez en el poder “El tío” Cámpora se recostó sobre los sectores más juveniles del movimiento y se ganó la antipatía de la derecha peronista, sobre todo la del ultra derechista Teniente Coronel Jorge Osinde, responsable máximo de la masacre de Ezeiza.
Cámpora se vio forzado a renunciar, el 13 de julio de 1973. Tan solo 49 días duro la llamada “Primavera Camporista”. La noticia de la renuncia de uno de sus hombres más leales fue anunciada por el mismo Perón en cadena nacional.
Momentáneamente la presidencia fue ocupada por Raúl Alberto Lastiri, yerno de “El Brujo” José López Rega.
Finalmente, el 12 de octubre de 1973, después de un holgado triunfo en las elecciones del 23 de septiembre, Perón comienza su tercera presidencia.
Con el viejo líder peronista en el poder también desembarco López Rega, su secretario personal, quien mantendrá su cargo y también pasará a ocupar el máximo cargo en el Ministerio de Bienestar Social, el de mayor presupuesto de todo el gabinete.
La primavera había terminado y aquella revolución que estaba a tan solo un paso comenzaba a desandar su camino.

Para el historiador y militante montonero, Ernesto Jauretche, en “aquellos tiempos vertiginosos, el debate se saldó a través de la acción: la Juventud Peronista fue asta y bandera de jóvenes de todas las edades. Bajo sus carteles se encolumnaron niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos; hombres y mujeres; trabajadores de todos los oficios –aun militares y policías–; estudiantes – secundarios y universitarios – y profesionales de todas las ramas del conocimiento; y hasta comerciantes y empresarios.
“De esa materia prima se nutrieron las organizaciones armadas poco después. No hubo en rigor una identidad de clase, y la capacitación de un militante de la JP para ser guerrillero no estaba dada por sus grados de aprendizaje en la enseñanza formal. Se juntaron obreros y clases medias, mecánicos, jubilados, abogados, chorros comunes, estudiantes y amas de casa. Los chicos de la UES tenían 15 años, la Tía Tota 60, Abal Medina murió antes de cumplir los 30. Así fue la primera generación de Montoneros.
“Con esa composición social y de edades se llegó al 11 de marzo de 1973. Después vino el ‘engorde’.
“El ‘engorde’ tuvo tres vertientes perfectamente diferenciadas: dos, provenientes de las capas medias estudiantiles y profesionales; la otra, de las agrupaciones políticas y sindicales del peronismo combativo.
“La primera, se caracterizó por la extrema juventud del grueso de los militantes.
Es la época del florecimiento de la UES y la JUP, que más adelante nutrieron de ‘soldados’ al Ejército Montonero.
“Otra fue la llamada ‘brigada 11 de marzo’, que aludía al oportunismo de políticos, profesionales y demás recién llegados a ocupar los lugares ganados por otros en años de lucha”.
“La última, de edades algo mayores, alimentó las filas de la JP en el territorio y la JTP en las fábricas. Fueron los activistas que hicieron el ‘rodrigazo’.
“Aun así, el promedio de edades de los militantes del gran movimiento montonero impide definirlo como un fenómeno juvenil.
“Sería entonces un error identificar a la guerrilla con una franja etárea juvenil y una pertenencia social de clase media: carecemos de una estadística seria, pero sabemos que la CONADEP –insospechable de una tendenciosidad proletaria– estableció que el 30,02 % de los desaparecidos eran ‘obreros’, un 17,9 ‘empleados’, un 10,7 ‘profesionales’, un 5,7 ‘docentes’, un 3,8 ‘amas de casa’, un 1,6 ‘periodistas’ y un 1,3% ‘artistas’: esto da que más del 70% de las víctimas fueron trabajadores adultos.
“Aunque el ‘engorde’ cambió la composición social y etárea del movimiento montonero, persistió la paradoja de que las conducciones tuvieran un promedio de edades inferior al del conjunto. Era lo que en aquel tiempo se caracterizó con la frase: ‘Los montoneros fueron hijos que concientizaron a sus padres’ o, como me dijo un trabajador de Astarsa: ‘Son jóvenes que hacen cosas de hombres… y que los hombres no hacen’”.6

En eso días vertiginosos, Claudia comenzaba a mostrar la personalidad tan fuerte que tendría. Su prima hermana, Laura Dillon será testigo de ese cambio.
“Una tarde fui hasta su casa a buscar un libro que me iba a prestar Falcone (padre). Yo tenía 19 años, cursaba segundo año de Psicología y militaba en la TERS7; y María Claudia, con escasos 13 o 14 años, debatió conmigo de igual a igual y con un nivel de conocimiento político de la realidad que me sorprendió.
“Dentro de la familia Jorge (padre) y Nelva, eran considerados ‘ovejas negras’”, explica Laura. “Eran los únicos peronistas. Toda la familia era radical al mango y salió a festejar el derrocamiento de Perón en el ‘55.
“Mi tío era muy lúcido, muy inteligente. No era un tipo demostrativo, pero se notaba que tenía una cierta debilidad con María Claudia.
“Nelva era la extrovertida, un volcán siempre en ebullición, con una fuerza increíble. No tenía filtro y decía lo que pensaba.
“No es casual que Jorge (hijo) y María Claudia fueran lo que fueron. El ser contestaría, Claudia lo sacó de Nelva. Pero mi tío no se quedaba atrás; él era más de acción y no de tantas palabras”.
4 La Opinión, mayo 1973.
5 La Masacre de Ezeiza es el nombre por el que se conoce al enfrentamiento entre la izquierda y la derecha del Peronismo, en ocasión del regreso definitivo a la Argentina de Perón luego de 18 años de exilio.
6 Ernesto Jauretche, Violencia y política en los ’70, no dejes que te la cuenten, Ediciones del Pensamiento.1997.
7 Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista (TERS)


Obras de Claudia.
EL BACHILLERATO
BELLAS ARTES
TRES FUERON los años que Claudia pudo concurrir al Bachillerato Bellas Artes, pero sólo completó los dos primeros, 1974 y 1975. En 1976, Claudia asistió hasta el 15 de septiembre, porque en los primeros minutos de la madrugada del 16 la secuestraron y desaparecieron.
Las dos cuadras que separaban su casa del Bachillerato eran una comodidad que compartió con compañeros y amigas que en varias oportunidades se quedaron en su casa a almorzar o a tomar la merienda. Nunca se le decía no a nadie no tuviera las monedas suficientes para regresar a su casa. Muchos estudiantes asistían doble turno y era muy costoso el regreso a sus casas. Nelva sabía que eso era así, y por eso siempre esperaba la llegada de María Claudia para poner la mesa, nunca se sabía con cuantos compañeros podía llegar a entrar y desde el zaguán gritarle, “mamá, vine con dos amigas” o “mamá, vine con tres compañeros”.
Los pocos meses que Claudia concurrió al secundario en 1974, por distintos acontecimientos que la marcaron, fueron suficientes para que se acercase a la UES. Allí conoció a Alejandro Efraín Ford, “El Negro”,8 referente de la agrupación estudiantil que respondía a Montoneros. Ford era más grande en edad, pero eso no impidió que Claudia se acercará a uno de los militantes más carismáticos y respetados entre las distintas fuerzas políticas que convivían a pesar de las diferencias.
Todos los estudiantes que ingresaron aquel 1 de abril de 1974 lo hicieron sin restricciones y sin examen de ingreso. Cuando históricamente debían hacerlo mediante un sorteo. Fue el único año en que ingresaron todos los alumnos que se anotaron y fueron divididos en cuatro divisiones: A, B, C y D, un total de aproximadamente 30 alumnos por cada división. Primer y segundo año debían cursar por la tarde, en el horario de 13 a 18 horas; tercero, cuarto y quinto año, de 07:40 a 12 horas; turno noche, de 19:30 a 22:10. Para los días sábados el horario era de 07:40 a 11:45 horas.
Debido a los acontecimientos trágicos que ocurrirán sólo pudieron terminar el primer año con el segundo trimestre cumplido y la eximición fue con nota 4.
“María Claudia entró a la escuela de Bellas Artes y estaba muy contenta porque era su vocación, ella seguía la especialidad en dibujo artístico y manejaba muy bien los colores, dibujaba muy bien. Porque salieron, en ese aspecto, al padre porque mi marido era retratista, trabaja muy bien como pintor, hizo pintura en Bellas Artes y Escultura. Y bueno, los chicos tenían esa facilidad”.9

Eran muy pocos los estudiantes que no participaban o no sentían afinidad por algunas de las organizaciones políticas que se manifestaban dentro del Bachillerato. La más numerosa en aquel momento era la UES. En menor cantidad, pero con gran participación también estaban: el Grupo de Estudiantes Secundarios Antiimperialista (GESA); la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR); la Federación Juvenil Comunista (FJC); y la Juventud Guevarista (JG), entre otras.
Aquel estudiante que no participaba de alguna de estas organizaciones era considerado “anormal” o un “gorilón”. “Era preguntarte: nombre, colegio y en qué agrupación militabas. La cuarta pregunta era qué música escuchabas.” Recordó una ex alumna.
Los pasillos del Bachillerato eran especiales, era frecuente encontrar a militantes de las distintas fuerzas debatiendo, discutiendo, conversando, conociéndose. Otros en cambio aprovechaban los recreos para dibujar, para tocar algún instrumento, para besarse. Siempre con cigarro y mateada de por medio. Los pasillos y el buffet eran lugares de encuentro entre los secundarios pero también entre los universitarios. El Bachillerato y la facultad convivían en el edificio de una manera especial en aquellos años, lo cual permitía a los secundarios profundizar aún más sus conocimientos políticos.
Por esos pasillos comenzó a transitar Claudia, a observar las distintas banderas de las organizaciones revolucionarias, a escuchar lo que sus nuevos compañeros conversaban. Allí, sentadita y mirando todo lo que sucedía a su alrededor, comenzó a dialogar con Silvia Fernández, quien estaba cursando el cuarto año del Bachillerato y militaba en la UES junto a Ford.
Una de las acciones que le habían encomendado era la de conversar con los estudiantes del primer año y lograr que se acerquen a militar. Fue así como le entregó a Claudia un volante con algunas consignas y algunos textos de John William Cooke10. La respuesta de Claudia no se hizo esperar y a los pocos días comenzó su militancia estudiantil en una agrupación peronista, como no podía ser de otra manera. Luego vendrán las reuniones en la casa de la calle 8, allí Nelva observará encantada el entusiasmo de su hija por la política, y entre lectura y lectura les acercaba algunas galletitas y algo para tomar.
“Las charlas que teníamos en esas reuniones eran acerca del peronismo, de política latinoamericana, del movimiento obrero”, cuenta Silvia Fernández. “Textos que de alguna forma te ayudaban a entrar entusiasmado en la militancia”.
Aquellos eran tiempos en los que para salir al recreo había que esperar que suene la marcha peronista en los pasillos, y desde las aulas los estudiantes salían cantando y con sus dedos en “V”.
“Participábamos en actos relámpago que eran dirigidos por oficiales Montoneros, teníamos cierta producción en la guerrilla, pero mientras fueran acciones de protesta uno las veía potables, armar bombas molotov, pintadas, volanteadas, de esas acciones participábamos”.
Durante ese año los militantes secundarios solían encontrarse en la casa de la UES, que quedaba sobre calle 45, casi esquina 6.
“El año ‘74 no fue un año de mucho estudio”, recuerda Silvia. “Todo era clima de militancia y de acciones permanentes. El estudio no estaba en un segundo plano, estaba en un cuarto o quinto”.

“Fundamentalmente la UES era el brazo secundario de Montoneros”. Explica el historiador Roberto Baschetti, a la pregunta de qué representaban los militantes secundarios para la organización. “La idea era organizar a los estudiantes de sus colegios secundarios, con el fin de integrarlos en otros ámbitos a medida que fueran creciendo. Muchos de esos chicos se irían a la Universidad y pasarían a la Juventud Universitaria Peronista (JUP), como sucedió, y muchos otros se integrarían en trabajos y ahí pasarían a ser lo que era la Juventud Trabajadora Peronista (JTP).
“Era una manera de encuadrarlos y tenerlos prestos para activar a nivel estudiantil secundario. Pero obviamente manteniendo o reconociendo o buscando potenciar todas aquellas cosas que podían llegar a nuclear a los estudiantes secundarios, de cosas tan tontas o pueriles pero que eran importantes en la época. Como que te permitieran ir con el pelo largo, que no sea causal de amonestaciones no ir con el uniforme al colegio. Todas esas cosas represivas o dictatoriales que se venían arrastrando, hasta cosas más importantes como lograr beneficios para las escuelas nocturnas porque generalmente el que estudiaba en los colegios nocturnos trabajaba de día. Entonces lo que se trataba era de facilitarles el estudio para que se pudieran recibir, y de eso de alguna manera se ocupaba la UES y Montoneros a su alrededor. O sea, que era un trabajo grande, importante, inclusive, tan importante que muchos cuadros de la UES que iban a colegios más ‘privilegiados’ como el Colegio Nacional Buenos Aires o el Pellegrini, como un acuerdo entre esos militantes secundarios, dejan de ir a esos colegios de elite y van a otros colegios de la periferia o del Gran Buenos Aires para también organizarlos y poder sumarlos a esa lucha de liberación”.

El mismo día del comienzo del ciclo lectivo de 1974, asumió el nuevo rector de la Universidad Nacional de La Plata, doctor Francisco Pablo Camperchioli, quien se comprometió a respetar un petitorio de diez puntos que le entregaron varias agrupaciones peronistas cuando ingresó a la Universidad a dar su discurso inaugural:
“Las organizaciones peronistas abajo firmantes, garantizadoras del proceso abierto en esta Universidad el 25 de mayo (de 1973), ante el inconsulto nombramiento de que usted fue investido.
Esto no lo hacemos caprichosamente sino que entendemos que este planteo resume en líneas generales los aspectos esenciales que definieron a la gestión anterior, con la cual nos identificamos plenamente.
“Solamente con la aceptación por parte suya de estos planteos, entendemos que es posible continuar implementando el proyecto de liberación nacional en la Universidad. De lo contrario no vamos a acatar de ninguna manera que en nombre del Movimiento Justicialista se retroceda en la universidad a cuestiones ya superadas.
“Los puntos son los siguientes: 1) Estabilidad del personal docente y no docente, hasta la realización de concursos; 2) Respetar la bolsa de trabajo de ATULP, para la designación del personal no docente; 3) Garantizar el uso irrestricto por los estamentos universitarios (docentes, no docentes y estudiantes) del Comedor Universitario y todos los servicios sociales de la Universidad; 4) Garantizar el desarrollo del curso de Realidad Nacional; 5) Continuar el proyecto de la universidad y como consecuencia todos los planes de estudio en marcha y a aplicarse; 6) Respetar la transformación por la cual, con una materia por año (aprobada), se mantiene la condición de alumno regular; 8) Cumplir con la pronta terminación de las obras de ampliación del Comedor Universitario para satisfacer las necesidades reales; 9) No interferir en la libre expresión de todas las agrupaciones políticas; 10) Repudiar el ataque a la Universidad por parte del grupo armado CNU, como un intento continuista para impedir la definitiva transformación de la Universidad.
“Para garantizar la continuidad del accionar popular, hemos decidido tomar el control de todas las facultades que conforman esta universidad y para demostrar también el apoyo masivo que recibe esta política de parte de todos los sectores que componen la comunidad Universitaria.
“Firman: Agrupación `Sabino Navarro´, ATULP, adherida a la JTP, Agrupación Peronista de Trabajadores Docentes de la Universidad y Juventud Universitaria Peronista (JUP)”.11

Apenas asume como rector, Camperchioli se comunica con Jorge Ademar Falcone, un viejo amigo, y le ofrece ser su asesor en la flamante función.
Falcone en ese momento era Delegado Regional del Instituto de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados. Era muy respetado entre sus compañeros y riguroso en su trabajo. Le gustaba recorrer las oficinas y comprobar que las órdenes de pago de los jubilados salieran al cobro con celeridad.
Bajo el título, “El día que repudiamos a mi viejo”, Jorge recuerda –en su libro: Memorial de guerra larga, un pibe entre cientos de miles– el momento en que la izquierda del peronismo no solo repudió a Camperchioli en su día de asunción en la UNLP, sino también a las nuevas autoridades, entre las que se encontraba su papá.
“Bajo las pancartas de la Facultad de Ciencias Médicas, yo apenas era uno más de los presentes, que había recomendado a su padre sustraerse de aquella interna. Cuál no fue mi sorpresa cuando, al presentarse en público las autoridades recién designadas, escuché mencionar el nombre de mi viejo. Pero peor la pasé aun cuando la multitud, acicateada por algún desavisado con las mejores intenciones de favorecer a nuestro sector, atronó al grito de Falcone, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor.12 El rostro de mi padre se descompuso en el palco y yo me abrí paso desesperadamente entre la abigarrada multitud para frenar aquel linchamiento inminente. Debo haber llegado a tiempo ante uno de mis referentes –Carlitos Sanguinetti–, ya que el furor previo se fue disipando gracias a la oportuna intervención del dirigente Carlos Starita. Contrariamente a lo que aquel incidente hacía prever, el ex funcionario insurrecto, preso y luego confinado en múltiples obras sociales, que por un instante fuera burócrata a defenestrar, llegaría más tarde a ser un aliado incondicional de esa generación que irrumpía a los tumbos en la vida política del país”.
8 Alejandro Efraín Ford (20) luego de militar en la UES pasó a las filas del PST, fue detenido-desaparecido el 11/5/77 en Tolosa, La Plata. Al momento de su secuestro se encontraba con su compañera Mónica de Olaso “Moniquita” (18), que estaba embarazada de 2 meses; junto a la pareja también estaba, Julio Matamoros (21). Los tres militaban en el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Los cuerpos de los tres militantes fueron encontrados en el Cementerio de Ezpeleta, 37 años después de los secuestros, por el Equipo de Antropología Forense (EAAF).
9 Adrián Figueroa Díaz, entrevista a Nelva Falcone, 2000.
10 John William Cooke, Político, abogado y profesor argentino. Figura destacada de la izquierda peronista.
11 El Día, abril 1974.
12 Augusto Timoteo Vandor “El Lobo”, líder sindical del gremio de los metalúrgicos. Su figura es conocida por proponer un “peronismo sin Perón”. Fue acribillado por el Ejército Nacional Revolucionario (ENR), el 30 de junio de 1969.

Obra de Claudia.
FUERA ANGLADA
CORRÍAN LOS primeros días de abril dentro del Bachillerato cuando llegó a manos de un grupo de estudiantes una edición del libro Carta a una maestra, alumnos de la escuela Barbiana. Dicha publicación hizo pensar a los referentes de cada agrupación política en la posibilidad de implementar en el Bachillerato la acción originalmente llevada a cabo en Italia, Florencia, entre los años 1954 - 1967, por el párroco Lorenzo Milani.
Para comenzar con tal experiencia debían expulsar a la actual rectora, Elsa Dattoli de Anglada, y elegir como nueva responsable del Bachillerato de la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales a la compañera y profesora de historia Irma Ángela Zucchi, a la que todos admiraban.
“A nosotros se nos antojaba que tal persona era piola y nosotros la queríamos poner en un lugar que capaz esa persona no quería, o no tenía ganas”. Recuerda Enrique Tellechea, ex alumno y militante de la UES. “Era todo así, todo impulso, una política hormonal, digamos”.
Anglada era acusada por los alumnos de “gorila”. Años más tarde y consultados para este trabajo, la gran mayoría de los entrevistados afirmaron no conocer los cargos que le imputaban a la rectora. Un ex alumno llegó a confesar: “Yo alguna vez levanté la mano para expulsar a una señora que ni siquiera sabía quién era”.
Los estudiantes tomaron el Bachillerato por tiempo indeterminado y eligieron ellos mismos a quienes serían las nuevas autoridades. Se sentían victoriosos y saludaban desde la ventana del rectorado a sus compañeros que los vivaban desde la calle. A alguien se le ocurrió tirar por la ventana los legajos del personal y de todo el alumnado. En pocos minutos las calles quedaron invadidas de hojas blancas.
“Los más grandes les enseñábamos a los más chicos y a los más grandes no nos enseñaba nadie. Y manteníamos el funcionamiento de la escuela, teníamos las clases, los recreos y cada dos o tres días teníamos asambleas de padres que nos querían cagar a patadas”. Se ríe al recordar ese momento Gustavo Zurbano, referente de GESA, que además de ser portavoz en las asambleas, junto a Alejandro Ford, era también el encargado de tocar la guitarra a la hora de amenizar la toma.
Fue un comienzo agitado para todos: alumnos, docentes y padres, que les exigieron a las autoridades del Bachillerato “el normal desarrollo de las clases”. En su ejemplar del jueves 4 de abril de 1974, el diario El Día tituló, “Irregular actividad docente en los colegios de la universidad”. En la bajada decía: “Rechazaron los alumnos del colegio Nacional la nueva vestimenta. Manifestación de apoyo a las autoridades en el Liceo. Reunión del Consejo de padres en el Bachillerato de Artes”.
A una semana del inicio de clases un grupo de padres se entrevistó con Camperchioli y le acercaron las inquietudes correspondientes. El Día tituló: “Fue impuesto el rector de la Universidad sobre la situación en tres colegios. Los padres de alumnos hicieron constar serias deficiencias en la faz disciplinaria y en planes de estudio. El doctor Camperchioli anticipó que habrá solución en los próximos días”. Continúa diciendo: “Un crítico panorama sobre la situación imperante en los colegios secundarios dependientes de la Universidad local expusieron los padres de alumnos concurrentes a estos establecimientos. Antes de entrar a dialogar con el funcionario los padres dijeron que ‘no hay disciplina’. Prácticamente los chicos no estudian y es alarmante la cantidad de asambleas que se realizan, que suelen durar hasta altas horas”. La nota, extensa, tenía como subtítulo: “Quebrar la familia” y aseguraba que “las madres, con evidente preocupación” señalaban que “se está quebrando la unidad familiar. Nosotros no enviamos un hijo a la escuela para que se convirtiera en nuestro enemigo, sino para que se capacite como corresponde. En algunos casos los chicos regresan a sus hogares porque se vive un estado de asamblea permanente y no se estudia. En muchos casos, hay que reconocerlo, se quedan porque a esa edad les atraen las movilizaciones y las asambleas tumultuosas”.
Por la tarde del 17 de mayo, los alumnos resolvieron, mediante una asamblea, ocupar por tiempo indeterminado el Bachillerato. Dijo El Día: “La toma del establecimiento se concretó en instantes en que la rectora Blanca Dattoli de Anglada se encontraba reunida con el rector normalizador de la Universidad doctor Francisco Pablo Camperchioli considerando precisamente la necesidad de normalizar totalmente el establecimiento”.
Aquella reunión fue repudiada por los alumnos y lo expresaron en las distintas paredes del edificio, “Fuera Anglada”. Los días de la rectora estaban contados.
Pese a las presiones, Anglada se niega a dejar su cargo. La situación es conflictiva y las reuniones de padres son frecuentes. Los alumnos no permiten el ingreso de la rectora al Bachillerato.
La división ‘C’ del primer año se suma a la protesta que llevan adelante los alumnos de cuarto y quinto año. Claudia ya se había incorporado a la UES y junto a sus compañeros colabora en la recaudación de dinero para poder llevar adelante la toma.
Finalmente, en su edición del 28 de mayo de 1974, el mismo periódico informó: “Interviniose el Bachillerato de la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales local. El decano de la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales, licenciado Jorge Abad, dispuso ayer la intervención de Bachillerato de esa institución y designó para esa función a la profesora Irma Ángela Zucchi”. Los secundarios habían logrado su objetivo.
“La decisión de que Irma fuera rectora fue de las agrupaciones”, explica Estela Tanevich, preceptora del Bachillerato y militante de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). “Ella no quería aceptar el cargo y fue una insistencia nuestra. Ella decía que su lugar era otro, desde más abajo y desde el contacto directo con la enseñanza diaria a los alumnos”.
Como resultado de las presiones coincidentes de las autoridades educativas, la prensa y sus propias familias, los estudiantes finalmente decidieron levantar la toma y volver al funcionamiento normal de las clases, sin poder imaginar entonces que la respuesta institucional tendría como resultado meses oscuros y violentos poco propicios para las utopías.

Trabajo de caligrafía de Claudia, 1975.
LA VIDA ERA UNA FIESTA
“HACE POCO limpiaron la última pintada que decía ‘Fuera Anglada’”, recuerda Martín Barrios, quien ingresó a Bellas Artes en 1973. “El Bachillerato dependía de la Universidad, esto era una escuela superior. Es más –señala la entrada principal del edificio– todavía dice ‘Escuela superior’, luego pasa a ser ‘Facultad de Artes y Medios Audiovisuales’, y nosotros éramos el Bachillerato especializado de la Facultad de Artes y Medios Audiovisuales. No era fácil que un pibe quiera entrar acá porque era doble turno, los sábados también tenías clases y la tradición en La Plata era que ‘los hijos de los ricos van al Colegio Nacional, los hijos de los laburantes van al Industrial y al Bellas Artes van los putos y los drogadictos’ (se ríe); en aquella época se jodía con eso”.
Martín militó en la Juventud Guevarista (JG) hasta 1976, luego tuvo que dejar la militancia e irse del Bachillerato. “Teníamos una actividad política muy fuerte, y se nos mezclaba la cosa de que por un lado queríamos andar con un chumbo y por otro lado había compañeros que coleccionaban autitos. Esa es la verdad. Ibas a cagarte a piedrazos con la policía y cuando volvías a tu casa tu vieja te cagaba a pedos porque no fuiste a tomar la leche”.
En Bellas Artes conoció y forjó una gran amistad con Alejandro Ford, militante y referente de la UES. “El Negro Ford era un referente político fuerte dentro del Bachillerato y además era muy querible, porque había compañeros que eran difíciles. Claudia era difícil, era muy buena mina, pero te llevaba puesto, y el Negro tenía otra actitud. El recuerdo más fuerte que tengo de Claudia es que era una mina que se plantaba, iba para delante y te pasaba por arriba, con una actitud fuerte, convencida. Era difícil encontrar gente con esa solvencia y con esa actitud, y Claudia la tenía. Tenía una presencia muy fuerte.
“Yo te voy a decir algo que seguramente te va a sonar a clisé pero que era así, para nosotros la vida era una fiesta porque íbamos a cambiar el mundo. Había un contexto social que te invitaba a eso, todo era agitación, por lo menos hasta mediados del ‘75. Como estudiante te sentías partícipe y con ganas de dar vuelta la cosa. Además, eso pasaba con una alegría bastante rara. Yo nunca más volví a ver pibes con esa alegría y ese empuje, en ningún lugar del mundo, salvo en Managua o en Cuba, pero porque había triunfado la revolución.
“Teníamos la sensación de que estábamos construyendo un mundo nuevo. Nosotros sentíamos que estábamos haciendo la revolución, mezclado con la producción artística, con la sexualidad, una serie de cuestiones que no eran joda para un adolescente. Pasamos de la primaria y de la maestra que te cagaba a pedos a hacernos cargo de la vida, y estaba bien. Nosotros creíamos que estábamos cambiando al mundo, y de hecho lo estábamos haciendo. Una vez estábamos con el ‘Tata’ Cedrón y me dijo, ‘lo que pasa es que nosotros no apuntamos mal…erramos el tiro’. Y a mí me parece que fue así”.
Darmowy fragment się skończył.