Czytaj książkę: «Tarot en PHI: Paradigma Hermético Iniciático»

Leo en PHI
Tarot en PHI : Paradigma Hermético Iniciático / Leo en PHI. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: online
ISBN 978-987-87-0489-0
1. Ensayo Argentino. 2. Tarot. I. Título.
CDD 133.32424
Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
Para mis hijos, Leito y Alana, por ser el mayor Conmensurable,
cuando llegue el día de mi Juicio ante Anubis,
de que mi Vida en este plano ha Aportado Luz al mundo
a través de dos seres hermosos y maravillosos que me han Trascendido
ya en tanto, con tan pocos años.
Para Gaby Lunari, mi Amor, mi Compañera de Vida
y mi Gran Maestra, junto a la cual he Atravesado y Atravieso
mis mayores Bordes, y que siempre me ha incentivado
a Concluir mi Obra, Valorándola a veces más que yo mismo.
Para Cristian Zeballos, de cuya mano conocí este mágico
Paradigma del Hermetismo y la Iniciación,
y que ha sido mi Guía en mi Proceso de Transformación Personal,
mucho más allá de este Libro y esta Baraja, los cuales sin sus Ubicaciones, Dispositivos (¡de los que muchas veces he renegado!)
y Acompañamiento, probablemente jamás
habrían salido de la Oscuridad de mis Inseguridades.
Y Para Ti, Lector, que Apuestas a Comprenderte
y Convertirte en tu Mejor Versión.
Con Amor,
Leo En PHI
Introduccion
El Antiguo Egipto ha sido la primer Gran Civilización de nuestra Historia como Humanidad depositaria del Saber Hermético. Si bien Sumeria ostenta el título de ser la primera en términos cronológicos (a mediados del siglo IV a.C., aproximadamente, en la Mesopotamia Asiática), ya a fines de ese siglo se puede comenzar a hablar de los albores de una Civilización Egipcia en los Valles del Nilo.
Lo cierto es que, sin detrimento de una Cultura por otra, ambas han sido las primeras Depositarias y Custodias de un Saber Original (seguidas por otras grandes culturas como India, China, Grecia, Incas, etc.) que debido a su Relevancia y a su Poder, debió ser transmitido y confiado durante milenios sólo a un selecto grupo de personas que hubiesen demostrado previamente el Respeto y la Disposición necesarias para una tarea de tal índole Sagrado.
Si observamos la cosmogonía egipcia (es decir: los mitos de esta Cultura que explicaban el Génesis o el Comienzo de Todo), observaremos que más allá de las diferencias a veces considerables de las versiones entre cada ciudad principal, en casi todas ellas existe un dios (un término poco apropiado para el concepto que los egipcios realmente tenían de estos seres) que reviste una especial Consideración sobre todos los demás. Su Nombre más conocido, gracias a los griegos, es Toth o Teut, aunque aquél con el que era Nombrado por los egipcios era Dyehuty (“El de Dyehut”, ciudad del XV nomo -que eran algo así como “provincias”- del Antiguo Egipto, donde se lo adoraba y residía su principal Templo. Los griegos, que asociaron a este dios a través del sincretismo a su deidad Hermes, denominaron a esta ciudad Hermópolis “La Ciudad de Hermes”). Otro nombre con el que los egipcios también se referían a él era Semsu (“El Dos Veces Grande”); los griegos luego fueron por más y luego de asociarlo a su dios Hermes, lo rebautizaron como Hermes Trimegisto, “el Tres Veces Muy Grande”.
Toth era un dios Lunar, y existen evidencias de que las primeras concepciones místicas humanas lo eran, lo cual lo ubica anterior al culto Solar a Ra, extendido más tarde desde la gran Heliópolis. De hecho, Hermópolis parece haber sido bastante reticente a aceptar este cambio, y sostuvo su culto principal a Toth incluso en el apogeo de los faraones solares.
No importa si el mito cosmogónico situaba a Ra o Ptah como el dios Creador que surge del Caos; Toth era considerado la Mente de Ra, el Arquitecto de todas las cosas, Señor de los Inventos y la Sabiduría, y también era la Lengua de Ptah, con el Poder de propagar la Vida a lo largo del mundo. De hecho, según la versión de Hermópolis es él quien se genera a sí mismo a partir del Caos.

Toth, el dios egipcio de la Sabiduría, los Misterios y los Inventos
Este dios, representado con cuerpo humanoide y cabeza de ibis a veces, o como un babuino en otras -representación que heredó a su vez de un dios más antiguo a quien reemplazó-, es a quien le atribuían el haber enseñado a los Hombres los Misterios de la Escritura, la Música, la Geometría, el Calendario (lunar), las Artes, e incluso el Ajedrez (aunque no el que conocemos hoy). El mismo Platón, en su obra Fedro, menciona esto mismo a través de los labios de Sócrates:
Pues bien, oí que cerca de Náucratis, en Egipto, hubo un dios, uno de los más antiguos del país, el mismo al que está consagrado el pájaro que los egipcios llaman Ibis.
Este dios se llamaba Teut. Se dice que inventó los números, el cálculo, la geometría, la astronomía, así como los juegos del ajedrez y de los dados, y, en fin, la escritura. El rey Tamus reinaba entonces en todo aquel país, y habitaba la gran ciudad del alto Egipto que los griegos llaman la Tebas egipcia, y que está bajo la protección del dios que ellos llaman Ammon. Teut se presentó al rey y le mostró las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era difundirlas entre los egipcios.
Está claro que los inventos de Toth no están relacionados con lo práctico, con aquellas cuestiones densas que el ser humano debía aprender para sobrevivir. No nos enseñó la rueda, el molino, la siembra ni las artes de la guerra para defendernos del mundo que nos rodeaba. No: sus Regalos involucran precisamente el desarrollo y ejercicio de ambos Hemisferios Cerebrales: aquél de donde surge el raciocinio y aquél del cual surge la intuición. Los Regalos, los Dones de Toth son para que el Ser Humano aprenda a Trascenderse a Sí Mismo.
Y en este Libro, a través del Tarot en PHI, los alcanzo hasta Ti!
Parte I
Arcanos Mayores
El Loco

La primera Carta del Tarot en PHI se nos aparece así: sin un Número, sólo con un Nombre que tampoco parece demasiado prometedor: el Loco.
El hecho de que este Arcano Mayor no tenga número es altamente significativo. Existen varias Barajas en las cuales le asignan a esta carta el Cero (0) o el Veintidós (XXII), pero decidí respetar la esencia de este Arcano y no colocar número alguno en su parte superior. Un número es un Signo, y como tal, evoca una cualidad del mundo material o psíquico. Un Cero es un número, y por lo tanto, hace referencia -paradójicamente- a la Completud y la Nada, y colocaría al Loco en el Inicio de nuestro Viaje. El Veintidós, en cambio, es un Número Maestro, y lo situaría al Final. La esencia del Loco, sin embargo, es la Imprevisibilidad; no tiene Número porque puede aparecer en cualquier momento de nuestro Viaje. Para los egipcios, de quienes proviene esta sabiduría, no existía el número Cero.
No obstante, sí es verdad que entre el 0 y 22, la energía que mejor lo representa es la del Cero: Todas las posibilidades en estado potencial, y ninguna manifestada en lo real, simbolizadas en un signo autocontenido, que no tiene principio ni fin.
Observemos la Carta. En la imagen, un joven risueño parece disfrutar del movimiento de sus manos sobre los hilos de una marioneta, completamente indiferente del abismo que se cierne a sus pies y sus espaldas... y de la marioneta en sí. En su mundo, sólo una pluma danzante que surca el cielo; lo demás es sólo Espacio, subrayado por el símbolo astrológico de Urano (el Cielo).
Estas figuras hacen referencia a dos típicas caracterizaciones de este Arquetipo: el Osado y el Simplón, y atención que este segundo término dista años luz de tener connotaciones desdeñosas.
El Loco es un Arquetipo que expresa la máxima Libertad de la que puede disfrutar un Ser Humano, sea ésta debida a la ausencia de miedos, desconocimiento, irresponsabilidad… o bueno, locura, claro está.
Ahora bien, no significa necesariamente que este personaje carezca de límites: en su aspecto más positivo, esta carta puede señalar a una persona que carece de límites impuestos por otro a los cuales acate obedientemente y sin cuestionar. No se trata de que ese sujeto no respete la ley, ni carezca de conciencia moral: la diferencia es que él ha incorporado como Propias esas leyes externas, y las respeta y las cumple porque entiende que es una parte integrada a una sociedad a la que no debe Desplazar para alcanzar sus objetivos… así como tampoco debe permitir que esa sociedad lo Desplace a él, Desviándole de su Camino.
Sin embargo, esta concepción Iniciática del Loco no es, lamentablemente, la que más comúnmente suele señalar este Arcano.
El alpinista desprovisto de vértigo que cuelga del peñasco es absolutamente inconsciente del peligro que corre, o peor aún: lo sabe y no le importa. El Loco busca siempre su Goce, y eso estará por delante de cualquier sabia y bienintencionada advertencia que pueda llegarle desde el “mundo exterior”, la cual descartará y desestimará probablemente sin destinarle mayores miramientos. La persona que ama a su familia, pero la pone en riesgo cada vez que es incapaz de refrenar el placer de vivir una aventura, por ejemplo, podría ser un caso de este alpinista. Quien atraviesa una situación financiera delicada y sucumbe a la fascinación de los tragamonedas de un casino, podría ser otro. Esto no quiere decir, por supuesto, que cualquier acto compulsivo refleje la figura del Loco en la sombra de esa persona; se trata de ejemplos emblemáticos que, en lo particular, como siempre, hay que analizar en profundidad qué Sucede detrás de lo que en lo concreto está sucediendo.
El Simplón hace referencia a los bufones reales. Cierto es que en la época medieval este cargo muchas veces lo ocupaban personas con un intelecto por debajo de lo normal (Sally Field, en su impecable actuación como la madre de Forrest Gump, le increpa al director de la escuela, que se negaba a admitir a su hijo precisamente por esta situación: “Y dígame Usted; ¿qué significa normal, después de todo?”), pero también es cierto que el bufón era el único que podía tratar al rey como un igual sin que ello conllevara una ofensa. La frase “Los Niños y los Locos dicen siempre la Verdad” puede estar detrás de esta particular excepción. El Simplón habla de una persona que piensa en hacer algo, y directamente se dirige a hacerlo, sin planificar ni detenerse a medir los riesgos o quizás evaluar alternativas mejores a la manera en que se le ocurrió que podía lograrlo. Es importante, y en este sesgo del Arcano se suele confundir frecuentemente, entender que no estamos hablando de una persona tonta ni rústica: simplemente, es alguien que se arroja al mar sólo porque se le cayó la pelota desde la cubierta del barco. También puede representar a individuos con un gran Mundo Interior dentro del cual disfrutan perderse. Pueden parecer desconectados, inconexos incluso, eternamente ensimismados y con dificultad para enfocar su atención, pero creánme que mientras los de afuera desesperan por su aparente indiferencia -de la cual frecuentemente son totalemente ignorantes-, por dentro ellos ¡la están pasando genial!
El Loco es una Fuerza disruptora por naturaleza; es esa Energía que aparece y gira las tornas en una historia: imprevisible, indomable…, incluso travieso e irresponsable. Es ese personaje que nos cuesta clasificar como “bueno” o “malo”, porque nunca parece actuar conforme a los preceptos morales que gobiernan a los demás caracteres de la obra; no porque se rebele a ellos, sino porque es inerme a los mismos. Carl Jung, en “El Hombre y Sus Símbolos” y otras obras, nos habla de un Arquetipo llamado Trickster, que vendría a traducirse como el Tramposo, el Loco o el Bufón, presente en gran cantidad de mitos y cuentos infantiles, y responsable (si de algo puede ser responsable) de los giros y vericuetos más impensados de la trama.
Podríamos decir que las cualidades de este Arquetipo que conviene mantener e incluso cultivar son el Arrojo, el Sabor por la Aventura y el disfrute de su libertad y mundo interno. El Consejo desde el Hermetismo, para quien se identifique con esta carta es Aprender a Considerar al Otro, lo cual no significa -como el ego de una persona de estas caracterísiticas podría querer susurrarle- Desplazarse por los Demás, sino que implica Sumar una instancia de Reflexión y Evaluación antes del impulso que intenta expresarse espontáneamente. Y una vez que el resultado de dicha instancia sea que el Desde Dónde es el correcto, y de que nos hemos asegurado que no actuamos desde lo automático de nuestra Programación, podemos darle rienda suelta y utilizar toda la fuerza del Loco a favor de nuestro verdadero Deseo!
I
El Alquimista

El Uno es la primera manifestación de Todas las Posibilidades, ahora decantadas en Una. El Uno es Falo, y como tal representa al Principio Activo Masculino. Hace referencia a los Inicios, en cuanto ese Falo perfora la Completud del Cero, permitiendo atravesarlo y asomar la cabeza (como un bebé en un parto) a un mundo nuevo. Este nacimiento implica la fuerza de un verdadero estallido de energía (habrá que ver en cada caso de qué tipo de energía se trata), sin el cual este Inicio hubiera sido imposible. Sin embargo, debido también a haber sido el Primero, existe una cierta juventud, o inexperiencia, que dificulta el manejo, canalización y direccionamiento de esas energías.
Ése es el desafío del Alquimista… porque también ese es su Gran Poder. En el Tarot en PHI prescindí de denominar a esta carta como El Mago, así como en la imagen de la carta prescindí intencionalmente de recurrir al típico anciano de apariencia sabia, con el dominio consumado de su propio Poder, como tantas veces es mostrado en otras Barajas. No es una figura como Merlín, Gandalf… ni Dumbledore, ya puestos -otro célebre Mago Maestro de la ficción moderna-; no es el Arquetipo de esta carta el del Viejo Sabio. En constraste, nuestro Mago aparece como un hombre relativamente joven que recientemente ha logrado ejercer su Voluntad sobre los Elementos; sin embargo, tampoco es un aprendiz inexperto: de hecho lo vemos en la imagen combinar exitosamente los cuatro Elementos o Tattwas Alquímicos (el Fuego -representado por la Vara-, el Agua que lo rodea, el Aire -representado por la Espada- y la Tierra -las rocas sobre las que está parado-), a través tanto de lo que se concibe como Conocimiento Académico -representado por el Libro-, como por el Azar -representado por los Dados-, para generar la Gran Obra de los Maestros Alquimistas: la Piedra Filosofal, aquella que transmuta en Oro todo lo que toca.
En Hermetismo normalmente nos referimos a cuatro Figuras provenientes de la tradición chamánica: el Guerrero, el Mercader, el Sacerdote y el Mago. El Iniciado debe comenzar por el Guerrero, o todo lo que realice como Mercader o Sacerdote tendrá un Desde Dónde fallido, ya que es el Guerrero quien mantiene a raya la Falla, aquello que nuestro psiquismo pone en juego cada vez que nos acercamos a un Borde, con el fin de alejarnos de él. El Mago es la integración de las tres Figuras anteriores, y como tal es Más que la Suma de las partes. Este Mago implica y conmesura un conocimiento propio y un trabajo personal que al de esta carta le queda demasiado grande. Es por ello que en el Tarot en PHI decidí renombrarlo para que no se preste a confusión, dándole un título que se amolde más a mi entendimiento de la energía de esta carta, y que no menoscabe sino resalte el verdadero Poder de la misma: el Reconocernos como Seres Divinos, y por lo tanto capaces de Crear.
Por ello he llamado a esta carta El Alquimista, el cual es todo un Arquetipo en sí mismo. El símbolo que tiene bordado en el pecho de su casaca es el del Éter o Akash, también llamado a menudo la Quintaesencia o el Plasma. Según la Alquimia, este es el Elemento o Tattwa más Sutil, y tiene cuatro Aspectos en los que se manifiesta: el Calor, la Luz, el Tono (Sonido) y la Vida; dos masculinos y dos femeninos, como representa también su símbolo a través de los dos triángulos invertidos unidos: el del vértice hacia arriba es masculino (ya que representa el Falo), y el del vértice hacia abajo es Femenino (representando el vientre materno).
El Calor es el Aspecto Masculino del Éter que se densifica primero, en la forma del Elemento Fuego, como es de rápida asociación. La Luz da lugar al segundo Tattwa, que tiene esencia Femenina: el Agua; debido a esta asociación se dice que la Luz baña o se derrama sobre un objeto o un paisaje. El Tono, también llamado el Sonido o la Voz, es otro Aspecto Masculino del Éter que se manifiesta en el Aire, el cual es el medio mediante el cual mejor percibimos el mundo acústico. Y finalmente, la Vida, el cuarto Aspecto del Éter, pasa al mundo de lo Denso en la forma del cuarto Tattwa: la Tierra, también de carácter Femenino, ya que en la Tierra se gesta la Vida.
Esta correspondencia entre Aspectos del Éter (la Quintaesencia en el plano de lo extremadamente Sutil) y cada uno de los cuatro Elementos, es a lo que se referían los Alquimistas al decir su célebre frase ‘como es Arriba es Abajo, como es Abajo es Arriba’ (Correspondencia, segundo Principio del Kybalion), y representa que todo el macrocosmos está contenido en el microcosmos que es cada uno de nosotros, y viceversa. Ese símbolo en el pecho es lo que lo hace Divino, y por tanto poseedor del Poder para manejar los elementos y de la capacidad para que, al lograr el correcto Balance entre ellos, pueda Crear la simbólica Piedra Filosofal, a través de la cual todo lo mundano y rutinario transmutará a sus ojos y alcanzará el Brillo del Oro.
Que El Alquimista esté presente como la primera carta numerada de la Baraja no implica que este Trabajo -y por ende la culminación de su Obra- ya esté hecho: implica que la persona se Reconoce con el Poder para poder lograrlo, que es muy distinto. O dicho de otra manera: que puede ver en sí mismo -quizás por primera vez- ese doble triángulo bordado en su pechera que lo señala como Capaz de Alquimizar su propia Realidad. Este es el Primer Paso a dar para lograr generar tu Propia Realidad, que es a lo que el Hermetismo te invita e incentiva: saberte Capaz y reconocerte (re-Conocerte, o sea: Conocerte Nueva-Mente) como tal.
Ahora bien, como toda carta del Tarot, esta energía tiene una segunda vertiente, y la misma está reflejada en el nombre francés con el que la Baraja de Marsella la nombra: Le Bateleur, el Ilusionista de ferias, que tiene todos sus trucos dispuestos en la mesa para asombrar, engañar y embaucar a los desprevenidos paseantes. Sus Actos parecen Magia, pero no son más que distracciones cuidadosamente ensayadas para mantener la vista de los espectadores lejos de sus manipulaciones, y poder seguir hechizándolos con sus engaños. No necesariamente una persona que encarne este Arquetipo tiene malas intenciones, o engaña para aprovecharse de la situación de alguna manera; a veces, se trata solamente de personas que necesitan mantener una ficción, generar una ilusión a su alrededor que no permite que los demás vean realmente quién es. Estos Ilusionistas saben que lo que realizan no es Magia, y en el fondo de esa Ilusión generada existe una sensación de fraude donde el primer defraudado es él mismo, prisionero de ese etéreo palacio que construyó a su alrededor.
No se trata de que generar una Ilusión sea “malo” o incorrecto; debemos tener mucho cuidado cuando utilizamos palabras que puedan dar a lugar un juicio moral de manera tan liviana. Lo que es errado es el Desde Dónde esta persona que caracterizamos como “el Ilusionista” la está generando: el verdadero Mago o Alquimista genera su Magia reconociendo primero su Falla, aquello por lo que para él es imposible, generándose a sí mismo una Ilusión, una idea que Nombra e inunda su pensamiento (Sutil, Registro Simbólico), la percibe, la siente y la disfruta (Emoción, Registro Imaginario) hasta que logra densificarla en un Resultado concreto (Denso, Registro Real), conviertiendo a aquello que en un primer momento estaba en el orden de lo Imposible, en Posible y Real. Y eso, amigos míos, es Alquimia.
El Arquetipo del Alquimista también hace referencia a una persona de mucha rapidez mental, aunque más en el plano de lo intelectual que de lo emocional. Cuando está bien dirigida, esta energía favorece la autoconfianza, la mediación con diplomacia en asuntos complicados, sean negociaciones o situaciones del orden cotidiano (que también implican negociaciones, por supuesto!) . Por eso el símbolo astrológico de Mercurio acompaña a nuestro personaje en la carta: Mercurio es el nombre que dieron los romanos al dios griego Hermes. Así como el elemento químico mercurial es rápido y elusivo, así de veloz y ágil era Hermes, dios del comercio… y de los ladrones (por los dedos rápidos, seguramente), lo cual se corresponde con las dos vertientes del uso que se puede dar a esta energía. Como mencionamos en la Introducción, este dios griego de pies alados sufrió un sincretismo con el Toth egipcio, a través de su nombre Hermes Trismegistro, padre y fundador del Hermetismo tal como lo conocemos. No es casual que el dios griego de la Comunicación (Hermes era el mensajero de los dioses), esté vinculado con el dios egipcio que le enseñó a los hombres ni más ni menos que el Saber Sagrado de la Escritura!
II
La Pithia

La segunda carta del Tarot en PHI es La Pithia, llamada en otras Barajas La Papisa o la Suma Sacerdotisa. Frente al espíritu irruptor del Uno, el Dos aporta la calma, el reposo, la adaptación. Es el Principio Activo Femenino, el cual involucra conceptos como la dulzura, la intuición, el misterio y sobre todo, la Dualidad.
La Dualidad es una característica eminentemente Femenina. Astrológicamente, la energía de esta carta está gobernada por la Luna, cuerpo celeste cuyo movimiento está ligado intrínsecamente al agua en nuestro planeta, influyendo en el flujo y reflujo de mareas y en el período menstrual. La misma Luna es símbolo de lo permanentemente cambiante: no existen dos noches consecutivas en las que esté igual. Y como si necesitara un argumento más para regir esta carta, vista desde la Tierra, se puede decir que tiene dos caras, de las cuales una está siempre oculta para nosotros (o al menos a la vista humana, sin herramientas).
La mujer que se encuentra en esta carta es la Pithia o Pythia, que en nuestros tiempos denominamos “pitonisa”, e incluso con ese nombre se suele nombrar a cualquier sacerdotisa de cualquier culto, lo cual no es apropiado: Pythia se llamaba a la mujer que estaba consagrada al dios Apolo en Delfos, Grecia, y a través de la cual el dios de la Luz y la Música hablaba. El nombre Pythia proviene de Python, una Serpiente o Dragón Marino hijo de la misma Gea que vivía en una caverna de la isla, y que custodiaba el oráculo que existía en la misma. El dios Apolo lo enfrentó y venció, reclamando para sí dicho oráculo, y por esta hazaña se lo conoció también como Apolo Pitio. Las mujeres consagradas a este dios desde niñas tomaban esta función divina de por vida, recibían la consulta y se sentaban en un trípode ubicado en una zona llamada aditon (que significa “lugar sagrado del templo de acceso prohibido”), en el cual entraban en un trance inducido para dar la respuesta del dios mismo, la cual era recogida por un escriba que la entregaba al destinatario. No existe ningún registro histórico de cómo era la intimidad de esta canalización, pero durante el siglo III y IV de nuestra era, autores cristianos, con el fin de ridiculizar y desprestigiar el paganismo helénico, escribieron que la Pithia se sentaba sobre una profunda grieta de la cual salían vapores venenosos que intoxicaban su cerebro, la cual ya estaba alterada por las hojas de laurel que -también según ellos mismos- mascaban. La realidad es que ningún estudio arqueológico logró detectar fisura alguna en el suelo que dé crédito a estos escritos, pero aún así este mito sobrevivió y se fortaleció durante siglos, desprestigiando la tarea de estas mujeres cuyas profecías lograron tal nivel de acierto que aún hoy desconciertan a los antropólogos, y que en su momento hicieron que Delfos sea considerado el centro del mundo civilizado.
La Pithia en esta carta surge de las aguas tranquilas desde donde recibe la información de su dios. Los egipcios, pese a tener un gran número de mitos cosmogónicos (aquellos que explican la creación del mundo), en todos ellos de donde surgen la vida y los demás dioses es desde Nun, las Aguas Primordiales… y era una diosa. El Elemento Agua, la Luna, la Sacerdotisa y el Dos conforman una síntesis perfecta de la esencia femenina.
El Agua es el Elemento transmisor de información por excelencia; basta con leer los resultados de estudios recientes como el del Dr. Luc Montagnier (Virólogo a quien se le otorgó en 1998 el Premio Nobel de Medicina por el co-descubrimiento del virus del HIV), en el cual postula que el secreto de la eficacia de la Homeopatía reside en que el ADN le transmite información al agua, y ésta la mantiene incluso cuando dicho ADN ya no existe en la solución, lo cual es acorde a otros estudios que también referencian la capacidad de memoria que tiene el agua. Es decir: el agua recuerda la información de sustancias y materia (incluso materia viviente) con la que estuvo en contacto. En un contexto en el que aproximadamente el 70% de nuestro cuerpo es agua, y que vivimos en un planeta en el cual ese mismo porcentaje corresponde a lo que está ocupado por agua en la superficie, y que nos es imposible vivir sin interactuar con ella, sea consumiéndola, excretándola a través del sudor o la orina, o simplemente bañándonos o lavándonos las manos, llegamos a la interesante conclusión que la información de nuestras pequeñas Grandes Vidas está inmersa y fusionada con la de cada ser viviente, cada roca, cada grano de arena y cada partícula de sal del planeta… tanto actual como de los últimos 4400 millones de años. Quizás incluso esté en el agua la raíz de nuestro inconsciente colectivo más primario, más instintivo; el medio a través del cual un polluelo recién nacido reconoce a un zorro como un peligro y a un gusano como alimento, pese a que nunca antes vio a uno o a otro. No me refiero a que esa información no exista en el cerebro o en el ADN, pero esos son sólo los envases de la información. A lo que apunto es que en el momento de la replicación del ADN, o a un nivel superior de la formación de un ser vivo a partir de la mitosis selectiva de una única célula cigota, ambos procesos requieren un mismo elemento presente: el Agua, y en ese medio, mientras se replica y duplica cada cromosoma, cada nucleótido, necesita realizar ese intercambio de información con la Fuente, una especie quizás de reconocimiento de estar vivo y de ser parte de un Todo más grande que esa molécula de adenina, timina, guanina o citosina; un Acto donde también recibimos la información de ese agua, y a partir de ella podemos experimentar cambios, y quizás la cadena replicada no sea “exactamente” igual a la anterior, porque ya aprendió algo, aunque esto que aprendió pueda ser el reconocimiento de que algo falta y el ser del cual forma parte debe elegir el camino a través del cual incorporarlo. Quizás, ese sea el sentido de las mutaciones, tanto las vistas por la ciencia como benignas como las consideradas malignas: el imprimir en nuestras vidas la necesidad de un cambio.
El Agua es también sensible, como demuestran los experimentos de la ciencia Noética y el Dr. Masaru Emoto, en los cuales los sentimientos de un grupo de personas en la habitación inciden en los cristales que se forman en un vaso de agua colocado allí mismo. Observen en las imágenes aquí adjuntas la diferencia en armonía y diseño entre los cristales provenientes de pensar en la frase “te odio” o “me das asco” por un lado y en “gracias” por otro. Como dice la periodista Silvia Velando en la nota de su blog en la que habla de su entrevista a Masaru Emoto, este visionario “afirmaba con rotundidad que si todos dejáramos correr el agua del grifo sobre las manos y transmitiéramos amor y gratitud a través de ellas, esta vibración viajaría junto con el agua hasta alcanzar los ríos y el mar. El vapor del océano se convertiría en nubes que precipitarían su agua sobre diferentes zonas del mundo, y de esta manera, la vibración de amor y gratitud se extendería por todas partes”.

Ahora bien, esta información que transmite el agua con la que la Pithia está tan íntimamente relacionada que es casi también ella misma, no puede ser procesada por nuestro hemisferio cerebral izquierdo; no corresponde al orden de la razón o la lógica, sino al de los sentimientos, la intuición, aquello que sé pero no puedo explicar cómo ni por qué lo sé. Es por ello que en la carta su velada figura señala hacia su derecha, puesto que ese es el hemisferio de tu cerebro a través del cual ella se contactará contigo y susurrará su mensaje.
Detrás de ella se encuentran dos columnas, una blanca y otra negra. Las Dos Columnas son un símbolo poderoso para el inconsciente colectivo humano: dos eran las célebres columnas Jaquín y Boaz que enmarcaban la entrada al Templo de Salomón, en Jerusalém; son esas mismas Dos Columnas las que ordenan las séfirot del Árbol de la Vida de la Kaballah en un vector masculino y otro femenino respectivamente; dos son las Columnas de Heracles, que funda a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, una sobre la costa africana (Ábila) y otra sobre la costa ibérica (Calpe), de camino a cumplir el décimo de los terribles encargos que debía realizar para el rey Euristeo de Micenas, en este caso, rescatar el ganado de vacas y bueyes rojos pertenecientes a Gerión, un monstruo de tres torsos humanos -con sus respectivas cabezas y brazos- unidos a una misma cintura. Gerión vivía Más Allá de todo lo conocido, es decir, en alguna tierra de lo que ahora conocemos como el Océano Atlántico. El lema Plus Ultra (“Más Allá”) con el que suelen decorarse estas dos columnas, presentes tanto en el escudo de España como en los de muchos estados españoles y americanos, hace referencia a aquello que está Después de lo Conocido, de lo racional… es decir: el mundo de los Sueños, lo Intuitivo, lo Misterioso y por ende Desconocido, pero que sabemos que está allí. Estas Dos Columnas son reforzadas contundentemente por el número romano II de esta carta.
La Pithia nos habla de manera inequívoca del Arquetipo del Ánima si el consultante es un hombre, es decir: la parte femenina de su inconsciente que ofrece el contrapeso necesario a la masculinidad de su mente consciente. Nuevamente debemos aclarar que esto no tiene ninguna relación con su sexualidad, se refiere a los procesos mentales que para las mujeres son naturales y los hombres debemos esforzarnos por implementar. En el caso de que la consultante sea una mujer, puede ser un llamado de atención hacia su propia Feminidad.
Cuando la energía de Arquetipo está viciada, o aparece como una trampa, puede estar hablándonos de una faceta femenina vanidosa y superficial, o quizás incluso de algún juicio de valores equivocado, basado en percepciones erróneas, problemas en la comunicación, o incluso incapacidad para poder comunicarte efectivamente con tu mundo interior. En otras situaciones, puede ser que no exista la claridad necesaria, que las piezas del tablero se encuentren demasiado veladas para reconocerlas y no puedes estar seguro de quién es quién en esa jugada.
III
La Emperatriz

El número Tres en el Tarot en PHI nos invita a conocer cómo la energía Femenina, etérea y volátil de la Pithia madura y se afirma en el mundo denso en la figura de la Emperatriz. Figurativamente, el III en romano hace referencia al hijo naciendo entre los muslos de la Madre, puesto que Dar a Luz ha sido, es y será siempre el Gran Poder de la Mujer como género. Es por esto que el símbolo astrológico de Venus se asigna a esta carta y no, como podría también quizás podría esperarse, a La Pithia.
El número Tres representa al Hijo, es decir: el producto fruto de la unión del Uno y el Dos. En este sentido, La Emperatriz aúna la inteligencia del Alquimista con la sensibilidad de la Pithia, logrando fusionarlas en lo que se conoce como Inteligencia Emocional.
Existe, prima facie, una aparente contrariedad entre la Numerología y el Tarot al encontrarnos aquí con la Emperatriz y no con el Emperador. Es sabido que la naturaleza de los números Impares está vinculada a lo Masculino, mientras la de los números Pares lo está a lo Femenino. De hecho, el Tetragrammaton mismo hace referencia a la secuencia Padre-Madre-Hijo-Hija, lo cual refuerza esta correlatividad. Así, muchos que recién inician en esta aventura del Tarot, esperan ver aquí al Emperador y la Emperatriz -en este orden-, luego del Alquimista y la Pithia, como si una pareja deviniese en otra. Esa expectativa está basada en dos errores conceptuales.
En primer lugar, el Alquimista y la Pithia no son una “pareja” humana. Sí representa cada uno una polaridad en cuanto al Principio Activo de la Sexualidad, pero la energía más afin a ellos dos no es la del otro, respectivamente. Cuando avancemos en este recorrido, descubriremos y conoceremos al verdadero “par” de cada uno ellos. El segundo error es pensar que la Emperatriz, al representar a la Madre, se contrapone (como si estuviera “atrasada” en la serie) al Hijo que esperaríamos aquí, puesto que de él es la energía del número Tres. El Tarot nos habla de un Proceso y de Energías actuantes, y por lo tanto sus cartas son Símbolos y más aún: Arquetipos, por lo que sus significados obran en varias dimensiones interpretativas. Sin ir más lejos: ¿acaso no es precisamente el Hijo quien convierte en Madre a la Emperatriz? Observemos bien la carta: es esa Vida gestándose en su vientre el Origen y la Fuente de su Poder, aquello que la inviste como Madre. Y por otro lado, Una Mujer sola, sin la intervención masculina, no se convierte en Madre; incluso si recurre a un método de inseminación artificial, precisa de esa materia, esa semilla masculina para dar ese Paso de Transformación. De lo dicho, podemos desprender que la existencia de una Madre, da a lugar la presencia tácita de un Padre, que aún si no se revela nunca, el fruto de su acción allí está. La Emperatriz se convierte así en un Símbolo Femenino que referencia intrínsecamente a otro Masculino, y este carácter de Crecimiento de esta carta es precisamente la influencia del Tres en ella.
En el orden natural de la psiquis humana, éste es también el orden en que re-conocemos a estas figuras, como Freud y Lacan han descripto tan exhaustivamente al hablar del Complejo de Edipo: para todo niño, primero él es Uno con la Madre, luego la reconoce como un ser externo pero primordial, y tardíamente aparece la figura del Padre, aunque asumiendo una función definitiva.
Debemos entender que una Emperatriz no es una Reina. Lo que ella rige es un Imperio, no un Reino; estas dos palabras a menudo son usadas de forma errónea como sinónimos, pero encierran conceptos muy distintos.
Un Imperio, además de generalmente ocupar mucho más territorio que un Reino, tiene dos características que lo distinguen definitivamente del segundo. En primer lugar: su extensión: suelen regir sobre regiones y naciones situadas a una distancia considerablemente alejadas de la capital imperial. Por ejemplo, pensemos en el Imperio Británico en 1921, rigiendo no sólo sobre la próxima Irlanda, sino sobre el territorio de Canadá en América del Norte, numerosas Islas del Caribe, Guyana en América del Sur, gran cantidad de países del Este y Sur de África, India y Sur de Asia, y Australia, Nueva Zelanda, Borneo y cientos de islas en los Océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Y todo ese Poder, sobre la Corona de una sola persona (aunque incongruentemente, a pesar de que ellos se autodenominaban Imperio, siguieron nombrando a su máxima autoridad como reyes).

Imperio Británico en 1921
La segunda característica, producto precisamente de la primera, es que dentro del Imperio podemos encontrar distintas culturas e incluso distintos reinos y religiones, con sus propios líderes y gobernantes, aunque todos supeditados a la Voluntad y los Designios del Imperio.
Estas dos características producen que en la Emperatriz (y en la próxima carta, el Emperador) exista por un lado una cualidad de distancia con lo mundano; ella rige, por supuesto, su Imperio, y siente como hijo suyo hasta el último de sus súbditos, pero todo esto no es más que una sensación abstracta, pues tan vasta es la extensión de su Poder que le es imposible conocer y ser consciente de aquellos en quienes concretamente ese Poder actúa. No obstante, su figura es amada y reconocida por ellos, sin importar la distancia a la que estén de ella, y el saberlo es una fuente de retroalimentación de su Poder.
Como mencionamos antes, el Arquetipo de la Emperatriz, en esta vertiente, es el de la Madre. Probablemente no hay Arquetipo más importante para la mente del Ser Humano que éste durante sus primeros años de vida, y en muchos casos hasta su muerte. La Madre es Contención, Amor Incondicional, Refugio Emocional, Aceptación, Fuente de Alimento y de Vida; es Hacedora de Milagros, Sanadora de nuestras Heridas más profundas y una Sabia Guía en la jungla de los asuntos Emocionales. Como Energía, nos habla también del Reino Vegetal, del Crecimiento, la Expansión, el Florecimiento y la Obtención de Frutos. Observen la estrecha relación que existe entre esta acepción expansionista de este Arcano con el leiv motiv imperialista de expander sus dominios hasta el último rincón del planeta.
En la Carta vemos a la Emperatriz de pie, paseando tranquilamente por su jardín. Su actitud es completamente desprecupada: sabe de su Poder, y sólo en su Vientre está su atención. Su corona es de flores blancas, que simboliza que su Autoridad proviene de lo que es natural y puro, y sus ropas son sueltas y ligeras, puesto que no precisa ocultarse detrás de ellas ni valerse de las mismas para que la reconozcan por lo que es. El jardín en el que se recrea parece crecer con más fuerza ante su Presencia, lo cual la complace, pues todo en ella es Crecimiento, Abundancia y Nutrición.
Encontrar personajes que se ajusten al Arquetipo de la Madre que estamos describiendo no es difícil. En la Historia, tenemos por ejemplo a Isabel I de Inglaterra (pese a que no tuvo hijos en lo real, se invistió con esa imagen como Madre, regente y protectora de Inglaterra), a María en las creencias cristianas, a Nut en primera instancia, y luego a Isis -como madre de Horus- en la mitología egipcia, Gea, Rea, Hera y Démeter en la griega, Ishtar en los mitos asiriobabilónicos, Devi y sus aspectos (Durga, Laksmi y Saraswati) para los hindúes, etc. En esta última, así como en la Astarté fenicia, se puede percibir además la variante de esta energía cuando se presenta invertida: la Madre Terrible, puesto que las ideas aparentemente antagónicas de fertilidad y destrucción son dos caras de la misma moneda, o variantes de una misma energía. No es tan extraño cuando abordamos esa idea desde el concepto de que luego de un incendio, la tierra de los bosques queda mucho más enriquecida y fértil, y de hecho fue una técnica desarrollada por muchas tribus en distintas partes del mundo, como un modo de involucrarse en este proceso natural de muerte y renacimiento.
La Emperatriz nos habla de la gestación de Algo nuevo, producto precisamente de las instancias y condiciones precedentes en nuestro Proceso, lo que en Hermetismo denominamos nuestro Desde Dónde. Comprender esta coordenada, nos permitirá ver los hilos que en lo Sutil ya se están moviendo, diseñando el motivo que en el Futuro tendrá nuestra Realidad.
IV
El Emperador

El número Cuatro implica la llegada del Orden y la Estabilidad al Universo. Esta cuarta figura, como el Segundo Hé en el Tetragrammaton, indica la asimilación y convergencia de las tres anteriores letras o figuras. La Hija no es simplemente una versión femenina del Hijo, sino que ella es Tierra, es la potencialidad de los otros tres en algo nuevo, que los excede. Por eso el Tetragrammaton también se lee como Semilla - Tierra - Germen - Fruto, ya que el fin de la secuencia sagrada fue llegar a este Fruto, en el cual además de la Semilla, existen los nutrientes para que se desarrolle y la promesa, la potencialidad, de la germinación de una nueva planta en su seno. La figura del Cuatro es el Cuadrado, que habla de solidez, y conclusión de un Ciclo, y con su cuarto punto logra realizar un salto cuántico y alcanzar la Tercera Dimensión a través del más simple de los sólidos poliédricos: el Tetraedro, una pirámide con sus cuatro lados triangulares.
El Carbono, uno de los elementos químicos más presentes en nuestro planeta, es un átomo que presenta cuatro electrones en su órbita más externa. En su forma inorgánica, se encuentra simultáneamente como la sustancia más frágil (el grafito) y la más dura del planeta (el diamante). Pero es después de pasar por un proceso natural llamado hibridación, que este átomo experimenta un cambio drástico en su estructura, y se reorganiza precisamente en estructuras tetraédricas, como las de la figura. Este cambio es lo que ha abierto todo un campo de investigación llamado Química Orgánica, donde el Carbono es la estrella indiscutida de análisis, puesto que las diminutas moléculas que forma con otros elementos químicos son los ladrillos fundamentales para la construcción de todas y cada una de las macromoléculas (grasas, carbohidratos, proteínas, ácidos nuceicos como el ADN y más) que en definitiva permiten y componen la Vida en nuestro planeta, al menos tal como la ciencia la conoce actualmente.
Observemos a la imagen del Emperador: no es un hombre joven ni viejo; tiene la edad suficiente para haber vivido toda una serie de experiencias, pero aún mantiene el vigor suficiente para empuñar esa pesada arma en sus manos. Su Espada está apoyada en su boca, pues es de ella que nace la Palabra, la Ley, el Orden. Toda su postura implica Atención y Concentración, nada escapa a su percepción. Su integración y reconocimiento de las tres Fuerzas que lo preceden están representados en los tres escalones sobre los que se sitúa su Trono. Éste carece de cómodos respaldares; no es para descansar que el Emperador se sienta en él. Su formato cúbico (sólido geométrico donde cada una de sus caras es un cuadrado), hace referencia a la Piedra Filosofal de la Alquimia. La Lanza, que nos recuerda que este Emperador también es un Guerrero, no adorna muros ni es un elemento decorativo, sino que la mantiene en posición de descanso, pero a mano ante cualquier necesidad de usarla. Detrás suyo, y como remate de cada apoyabrazos de su Trono, está la imagen del León, símbolo del Elemento Fuego, regente de esta Energía, y el símbolo astrológico de Aries, primer Signo Zodiacal de Fuego.
El Emperador es quien impone Orden ante el floreciente Caos que genera la Emperatriz de manera natural. Precisamente, cuando una planta o un río se salen de cauce o crecen desmedidamente, se suele decir que se desmadran, aludiendo al carácter femenino del poder de la Emperatriz que actúa en dichas circunstancias. Su consorte imperial es quien, con el filo de su Espada, realiza el Corte necesario que redirige, encauza y direcciona ese Crecimiento, decidiendo Dónde Sí y Dónde No.

Molécula de gas metano (CH4): un átomo de Carbono Central, unido covalentemente a cuatro átomos de Hidrógeno, a través de enlaces hibridizados sp3.
Todo lo expuesto oportunamente respecto a las diferencias entre La Emperatriz y una Reina, aplica por supuesto también, de manera análoga, para el Emperador respecto de un Rey. En su caso, él es plenamente consciente de que cada Palabra suya rige el destino de los miles que conforman su Imperio, por lo cual no Habla sin motivo ni vanamente, y piensa detenidamente las consecuencias de cada frase que sale de su boca. Sin embargo, también se le juega que la distancia existente entre su localización y allí donde sus Palabras tienen efecto le imprimen una cierta desconexión con las cosas mundanas de la vida cotidiana.
Arquetípicamente, el Emperador representa el Arquetipo del Padre. Es la Ley del Hombre, la existencia y aplicación de Límites, de Cortes necesarios para poder seguir dirigiéndonos exitosamente a nuestro Deseo. Si la Madre es nuestro primer objeto de Amor, es el Padre el primer símbolo de Autoridad para nuestro inconsciente. La efectividad de su intervención en el tramo final del llamado Complejo de Edipo es la que permite resolver ese período y derivar efectivamente la sexualidad infantil.
Estos días está muy de moda el hablar de la Función Paterna, y de cómo ejercerla en Uno Mismo. La Prohibición, que es el establecimiento de Límites de manera firme, con su correspondiente Consecuencia (amenaza de castración) si no son cumplidos y respetados, hace referencia solamente a uno de los pilares sobre los que dicha Función Paterna se sostiene. Un segundo pilar: la Protección, nos habla de la cualidad que todo hijo ve en su padre, independientemente de su tamaño o fuerza física en lo real; siempre que existe una amenaza o un problema, en la mente del niño surge la certeza de que “papá sabrá qué hacer”. El asegurar este espacio de protección, este témenos sagrado, es otra función inherente al rol del Padre. Pero hay un tercer pilar de esta Función Paterna que es el menos reconocido y por alguna razón, el que menos importancia pareciera tener para nuestra sociedad actual, a pesar de lo decisivo que es para un niño (cuando se trata de un Padre Real) y para Uno Mismo (en este caso: el Padre Simbólico). Este tercer pilar es la Incentivación. El Padre es lúdico, es juego y diversión; y a través de los mismos, establece en el niño la existencia de reglas que determinan cómo se resuelve el juego, introduciendo el peligroso y necesario significante del éxito, aunque el significado del mismo dependerá del resultado entre cómo él lo enseñe y cómo el niño lo aprehenda.
Cuando la energía de esta carta se presenta invertida, nos habla de una falta de Ley, o peor aún, de un desafío a ella, quizás enmarcado en una situación en la cual la persona intenta imponer su propia ley en el entorno, dominando la situación o que fuerza las reglas al máximo. Otra versión podría implicar descuido o desinterés de aquellos que dependen de ella, sean seres vivos, productos o servicios, o incluso sus propias empresas; o en otra vertiente: una personalidad o actitud débil, que carece o mina incluso su propia autoridad, incapaz de generar el entusiasmo que derive las acciones del prójimo (ni las propias) a un Bien común.
V
El Chaman

La estabilidad del 4 es irrumpida por una fuerza interna que golpea el lado superior del cuadrado y le genera un nuevo vértice apuntando hacia Arriba: así nace el 5, el pentágono. El cinco es el número que define al Hombre, en tanto que sus 4 extremidades y la cabeza definen el símbolo llamado Pentagrama. Son cinco los dedos de las manos y los pies, las heridas de Jesús en la Cruz, y los pilares sagrados del Islam. Si ordenamos los nueve dígitos en tres filas de a tres, observamos claramente que el 5 está en el centro y dialoga con todos los demás; por eso también representa el Centro y la Unión Armónica entre el Yin y el Yang.

El Pentagrama en el Tetragrammaton
En las Barajas convencionales actuales de Tarot, a esta carta la denominan “El Sumo Sacerdote”, o incluso “El Papa”. En Barajas más antiguas, su nombre es “El Hierofante”, proveniente del título que recibían los sacerdotes de máximo rango que presidían los Misterios de Eleusis en el Ática, Grecia. Ellos interpretaban los misterios sagrados e instruían en esas artes a sus Iniciados. Es significativo que se denomine hierofante también a ciertas férulas o báculos papales terminados en una cruz de tres brazos, que se usan hoy día solamente en ceremonias muy particulares y solemnes. Sin embargo, ya entonces existía una condición humana para poder ser Hierofante: debía pertenecer a una antigua familia fundadora de Eleusis, que era la auténtica propietaria de este culto.
Este fue el principal motivo por el cual decidí renombrar la carta con un título tan honorable como esos, pero libre de ataduras a cultos, religiones o familias humanas: El Chamán.
El Chamán es el vínculo entre los Hombres y el Mundo de los Espíritus, el Mundo de lo Sutil. Él es la Máxima Autoridad cuando se trata de resolver una Dialéctica del Orden de lo Espiritual manifestada en la tribu.
El tocado de cornamentas y plumas es su Corona, la cual no sólo le distingue como Aquél que gobierna los corazones de la gente, sino que como toda corona, protege y enfatiza su séptimo chakra, a través del cual él se comunica con el Reino de los Espíritus. Sus ojos parecen ciegos, pero sólo lo están a las falsas necesidades humanas; él observa e interpreta perfectamente las Señales que ocurren en el mundo. Sin embargo, no olvida que él también es un Hombre, y eso es lo que le permite comprender a quienes recurren a él en busca de guía y consejo, recibiéndoles en su morada y compartiendo con ellos su fuego y sabiduría.
La Ley que imparte el Chamán no es una ley humana, sino una Ley Sagrada. Nos habla de nuestros Derechos como Seres Divinos, así como las Responsabilidades que ellos conllevan. Esa Ley proviene y se transmite a través de las mismas Aguas de las que surge la Sacerdotisa, puesto que El Chamán es la verdadera pareja simbólica de esa Carta, su contraparte masculina.
El Arquetipo evocado por el Chamán es el del Viejo Sabio, aunque aún no es Sénex (expandiremos esto más adelante). El Viejo Sabio, en este contexto, es esa figura que aparece en nuestras vidas en momentos muy particulares, y cuya Autoridad emana de él no por un título o linaje, sino por la experiencia vivida. Específicamente, esas situaciones suele ser una de las siguientes dos: o bien son etapas en las cuales nos encontramos conscientemente perdidos, en las cuales creemos hacer y haber hecho todo bien, todo según lo que había que hacer, pero el problema que deseábamos solucionar sigue manifiesto; o bien, estamos ‘perdidos en nuestra consciencia’, es decir: todo en nuestra vida parece bien, todo está donde tiene que estar, y la rutina es la que escribe la minuta de cada uno de nuestros días. Si esta situación te resuena: ¡Atento! No vinimos a esta Vida para solamente transitarla!
Un excelente ejemplo literario y cinematográfico de la energía de este Arquetipo es el personaje de Gandalf el Gris en la novela El Hobbit, de J. R. R. Tolkien (o las películas en base a estos libros, en las cuales este personaje es encarnado excelentemente por Sir Ian McKellen). En dicha historia observamos cómo un hobbit (un ser muy parecido a un humano pero de muy baja estatura y con enormes pies peludos, y que viven en cómodas casas en forma de túneles en la tierra), llamado Bilbo Bolsón, es visitado inesperadamente por un anciano “mago” y se involucra -sin ninguna intención de su parte- en una peligrosa aventura que lo arranca de la disciplinada y cultivada rutina que gobernaba la vida de cada uno de los de su especie. Cuando finaliza la historia, Bilbo regresa a su hogar, pero descubre que ya nunca más será el de antes, puesto que ha descubierto dentro suyo que su destino no es el que su sociedad desea inscribirle para aceptarlo, sino que es mucho Más que eso, aunque aún no sabe cuál. Todo este aprendizaje no hubiera sido factible sin la aparición en primera instancia de Gandalf el Gris, sin su socorro en algunos tramos… y su ausencia en otros.
Pues bien, este es uno de los aspectos del Chamán: sorprendernos un día y lanzarnos -a veces en contra de nuestro gusto personal- a una aventura inesperada que requiere que extraigamos de nosotros mismos un material que ni siquiera sospechábamos que estuviese allí. Por eso es normal que cada tanto deba apartarse y ausentarse de nuestro lado, pero es que si no lo hiciera, no necesitaríamos valernos de nosotros mismos para tomar nuestras propias decisiones y comprobar en definitiva de qué madera estamos hechos. Lo que sin embargo debemos destacar, es que no es una figura que nos lanza al abismo y ya; aparecerá precisamente en nuestros momentos de desesperación, de más profunda angustia, para hacernos comprender que no es el fin del viaje, y que en lugar de pensar en el equipaje del que debimos desprendernos para cruzar el río, debemos Valorar que ya lo hemos cruzado, que hemos llegado a un lugar en el cual nunca jamás antes habíamos logrado estar. Así, la Comprensión y la Guía en los asuntos del Espíritu son los otros dos aspectos del Chamán.
Cuando la Energía de esta carta se presenta invertida, podría estar hablándonos de un espíritu débil, dominado por la rutina y las obligaciones que los demás depositan sobre él; o una etapa de absoluta confusión, demandando la ausencia de este Gran Guía. En ciertos casos, podría hacer referencia a una derivación del arquetipo del Viejo Sabio, que nos habla de una persona mayor que no se acepta como tal y que cree mantener su juventud a través de la compañía de personas más jóvenes que él o ella. Este es un tema muy complejo que no implica necesariamente una perversión ni un carácter sexual (aunque no los excluye), sino que puede remitirse simplemente a compartir reuniones, deportes y actividades con personas mucho más jóvenes para sentir dentro suyo que él (o ella) también lo es. El problema en este caso no está en lo que hace en lo real (claramente tener una vida activa, saludable y divertida no está vedada a una persona mayor!), sino Desde Dónde Hace lo que hace; muy distinto sería, por ejemplo, una persona que tiene este comportamiento pero lo que la motiva es verse bien en el espejo, o una forma de declararle la guerra a los prejuicios sobre cómo debe ser la vida de una persona mayor, o que participa de determinadas reuniones con jóvenes porque le interesa el tema y la cuestión de los co-participantes es totalmente secundaria. Cada uno de estos ejemplos tiene sus bemoles y sus sostenidos, pero en definitiva, sirven para ejemplificar cómo sería hacer lo mismo en lo Real sin estar Haciendo lo mismo desde lo Simbólico: en ninguno de estos ejemplos recientes aplicaría esta variante del Viejo Sabio, ya que en ellos la compañía joven es un derivado asociado al verdadero Qué que lo motiva, mientras que para el Falso Joven Eterno, el Qué es precisamente el verse rodeado de personas de menor edad.
Otro ejemplo del Chamán en oposición podría estar ejemplificado doblemente en la mitología griega tanto a través del mito de Urano (dios del Cielo) como por el mito de Cronos, dios del Tiempo e hijo de Urano. Tanto el padre como el hijo muestran el pánico a la descendencia, pues ven a ésta como amenaza a su autoridad y por ello intentan evadirla por todos los medios. En el caso de Urano, negó a sus hijos que salgan del vientre de su madre (Gea, la Tierra), y en el de Cronos… bueno…, él se los comía. Lo que también queda demostrado en estos mitos es la futilidad de estas artimañas, ya que ninguno de los dos logró sostener su ‘trono’ más allá de lo que era natural que lo haga… con el adimento de un final traumático en ambos ejemplos: en el caso de Urano, fue castrado por su propio hijo Cronos desde dentro del vientre de su esposa -en el momento en que tenía relaciones con ella-; y en el de este último, fue engañado por su esposa Rea (con ayuda de su propia madre, Gea) y luego derrotado por sus hijos Zeus, Poseidón y Hades, hasta ser desterrado al Tártaro por ellos, quienes asumieron respectivamente el poder sobre los Cielos, las Aguas y el Inframundo.
El entendimiento de que existe una Ley que rige sobre las cuestiones del Espíritu y el Universo Sutil, y la cual no está ni por encima ni por debajo de la Ley Simbólica que nos enseña el Emperador, es la Gran Lección que aprendemos del Chamán. El Mundo de los Espíritus está al alcance de la mano, ¡sólo hay que dejar de buscarlo Afuera!
VI
El Enamorado

Esta Carta del Tarot en PHI ha manifestado su Energía perfectamente en cuanto a su propio diseño: en el corto lapso de tiempo entre que fue concebido y editado por primera vez para su venta al público, la Carta ha tenido siete motivos distintos.
La presencia de este Arcano nos hace ver que hemos llegado en nuestro recorrido a un punto clave de nuestro desarrollo espiritual e intelectual. Hasta aquí, cada carta nos mostraba a un Arquetipo que tenía una enseñanza para nosotros, algo de qué apropiarnos. En cambio, con la llegada del Enamorado, ya no se trata de consultar y aprender a partir de una respuesta; a partir de esta carta, la respuesta deberemos darla nosotros mismos, puesto que la forma que toma aquí es la de una Decisión, y nadie más puede tomar una decisión por nosotros. Otra cosa muy distinta es que las opciones que veamos sean tan dispares que dicha decisión parece ya tomada, pero en esa misma palabra se enconde precisamente el factor Imaginario de la frase.
La Escena Arquetípica encerrada en esta carta es el joven atrapado en un conflicto ante el cual debe Decidir, sabiendo que esa decisión deja por fuera las demás opciones. Muchos de nosotros, sino todos, en algún momento hemos atravesado una situación de estas características con distintos grados de profundidad.
En la imagen está representado el instante que decidió el destino de Troya y de todos los participantes (humanos y dioses) en ese épico conflicto; vale la pena tomarnos unos minutos en repasarla.
Todo comenzó en una gran fiesta en la que se celebraba la boda de Peleo (uno de los Argonautas) con la nereida Temis (que comparte el nombre pero no es la diosa de la Justicia), a la cual habían invitado a una gran cantidad de mortales y dioses. A mitad del festejo, todos quedaron asombrados cuando ven llegar, sucia y vestida con harapos, a la diosa Eris, personificación de la Discordia, quien no había sido invitada debido al ambiente conflictivo que solía generar.
Parándose en mitad de la gente, Eris extrajo una manzana de oro del prohibido jardín de las Hespérides (se guardó muy bien de mencionar su procedencia, sin embargo), con la palabra grabada kallisti (“para la más hermosa”), y la extendió en dirección donde estaban las diosas mirándola con desconfianza. Entonces, simuló tropezar y la manzana quedó suspendida en el aire, a dos pasos de donde ellas estaban. Inmediatamente, Hera (esposa de Zeus y diosa de la Familia y el Matrimonio), Afrodita (hija de Zeus y la ninfa Dione, y diosa del Amor Físico) y Palas Atenea (hija partenogénica de Zeus –literalmente surgió de la cabeza de su padre… ¡cosas de los mitos griegos!- y diosa de la Sabiduría y la Guerra Estratégica), dieron un paso adelante extendiendo la mano para tomar el obsequio… dado que cada una de ellas se pensaba la más hermosa. Ante esa incómoda situación, las tres comenzaron a discutir satisfaciendo así a Eris, quien se alejó con una amplia sonrisa y su propósito cumplido, puesto que las semillas de una discordia mucho mayor ya habían sido sembradas y comenzaban a germinar. Cuando el nivel de la discusión escaló, fue pedida la intervención de Zeus para dirimir y poner orden; y entonces él determinó que debería hacerse un juicio pero que él no podría presidirlo, ya que una de las querellantes era su esposa y las otras dos sus hijas… y el rey de los dioses sabía con qué fuerzas mejor no medirse. Delegó rápidamente la resolución a su hijo Hermes, quien eligió entonces como jurado entre los mortales a un pastorcillo muy joven llamado Paris -el cual sin saberlo era legítimo príncipe de Troya-, para que tome esta difícil decisión.
Lo cierto es que aparentemente, mientras el joven meditaba sobre su voto, las tres diosas consiguieron un momento a solas con él y cada una le prometió un favor divino a cambio de que la elija a ella. Hera le ofreció el poder político, ser soberano sobre todas las naciones de la tierra; Paris se tentó y le prometió su voto, imaginándose en un alto trono desde el que miraba a todos los mortales desde arriba. Luego, Atenea le prometió que con su don sería invencible en las guerras; Paris entonces reconsideró su elección, dado que su corazón era joven y la pulsión por las batallas y la gloria le resultaron más atrayentes que un aburrido trono donde ya no quedaba nada por conquistar, así que le prometió su voto a la diosa de la Guerra. Pero fue entonces que se acercó Afrodita, y con su dominio sobre las pasiones humanas, tocó la fibra más pulsante de ese joven que apenas se había convertido en hombre, ofreciéndole a cambio de su elección el corazón y el deseo de la mujer más hermosa sobre la faz de la tierra: Helena, reina de Esparta y esposa de Menelao. Una visión de la belleza de esta hija de Zeus fue suficiente para que Paris olvide todas sus aspiraciones como glorioso comandante, y decida ante todos y a viva voz que la más hermosa de las tres era sin duda Afrodita. Puesto que la Ley estaba establecida, el Juicio era inapelable; y la diosa de las Pasiones Humanas tomó la manzana jactanciosamente ante sus adversarias, quienes no perdonaron ni a la elegida ni al juez que las traicionó. Y cuando luego, durante un viaje de Menelao a Creta, Helena huye con Paris a Troya con los tesoros de su reino y se desata la Guerra de Troya, Hera y Atenea fueron las primeras que tomaron partido a favor de los ultrajados aqueos, como una forma de saciar su sed venganza.
En este Mito está encriptada la energía de esta carta, especialmente en el momento en que Paris es elegido como árbitro y se ve sopesando las distintas alternativas y sus consecuencias.
La toma de decisiones es un factor crucial de nuestro crecimiento; no podemos vivir sin hacerlo. Todos los días de nuestras vidas realizamos elecciones de menor o mayor envergadura, y con menor o mayor impacto (aparente) en nuestra vida. Y cada una de ellas representa un momento de crisis que (cuando por ejemplo esa decisión se toma una y otra vez de manera rutinaria) en algunos casos ya ni siquiera la experimentamos conscientemente.
El gran problema con esta cuestión de elegir es precisamente lo que acosa a Paris: optar por una implica renunciar a las otras. Es esa sensación de perder la que nos provoca ese sabor agridulce incluso cuando disfrutamos de los resultados de una buena elección, porque el ser humano lo quiere TODO (aunque es incapaz de soportarlo, pero esa es otra cuestión), y es frecuente que se pregunte ocasionalmente qué hubiera pasado si su decisión hubiera sido otra, si estaría mejor o peor que ahora, etc. Y es esa nota de amargura la que muchas veces no le permite ser completamente feliz y saborear los frutos que con su elección ha cosechado.
El nombre del Arcano es El Enamorado porque en los asuntos del corazón, en los que se pone en juego el amor propio, el amor hacia el otro y el amor del otro hacia mí, es donde estas elecciones suelen dejar las cicatrices más profundas. Y en mi opinión, en el planteo general en cuanto a si la persona tomó o no la decisión correcta, se esconde el error fundamental, ya que lo fallido, como decimos en Enseñanza, es el Desde Dónde. Nunca se trata de si la tuya fue una buena o mala elección: se trata Desde Dónde la efectuaste. Una elección no es buena o mala, esas son adjetivaciones que pone en juego nuestro yo; simplemente tiene un Desde Dónde correcto o fallido, incluso independientemente a veces de los resultados obtenidos.
El caso de Paris es el arquetipo de una elección con un Desde Dónde fallido: el joven simplemente decidió siguiendo sus impulsos, desdiciendo su Palabra y sin ningún tipo de evaluación sobre las consecuencias ni aspiraciones a largo plazo, y muchísimo menos Desde Dónde llegaba él a esa situación y hacia Dónde estaba direccionado su verdadero Deseo.
Pero hay que reconocerle algo al pobre Paris, juzgado de manera tan poco favorablemente a lo largo de los siglos: al menos, decidió y se hizo cargo de su elección. Porque otra variante de esta energía, cuando está invertida, es cuando la persona no se hace cargo, y se sitúa en una imagen de conveniente Víctima. Cuando el ser humano se encuentra ante una escena de conflicto, muchas veces se miente y se convence de que puede escapar de esa situación si no realiza en realidad ninguna elección.
Hay otro gran Mito que habla de esto, y “casualmente” también tiene como protagonista del conflicto a una manzana de un árbol prohibido. Me estoy refiriendo, por supuesto, al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, también llamado Árbol del Conocimiento. Según el mito, Adán y Eva, moradores del Jardín del Edén, tenían permitido comer de cualquier fruta excepto de la que ofrecía este árbol. En realidad, en ningún lado se menciona que este Árbol fuera un manzano, y de hecho Enoch menciona que sus frutos parecen uvas, pero en el mito establecido (probablemente por la raíz latina de manzana –mallum- y siendo conocido como el Árbol del Bien y del Mal), el fruto ha sido representado hasta el cansancio como una manzana.
Pero volvamos al punto que nos interesa: la cuestión de la Responsabilidad que es inherente a una elección. Sin entrar en juicios respecto a la validez o las intenciones de por qué ese fruto estaba prohibido, ni de por qué la serpiente –o Lilith- le ofrece a Eva comer del fruto, cuando más tarde Dios encuentra a estos dos seres cubriéndose con hojas y les interroga sobre lo acontecido, Adán sólo dice: “Eva me convidó”, mientras que Eva dice “la Serpiente me engañó y me ofreció el fruto”. Es decir: “Yo no decidí, sólo soy una víctima de la situación”. Aparentemente, jamás cruzó por la frente de nuestros padres ancestrales que alguno de los dos podía decir: “No, gracias”. Esta es una vertiente muy común de esta carta cuando la energía de la misma está invertida: delegar nuestras decisiones en el otro, para después poder quejarnos de las malas elecciones que ese otro (gracias a mi transferencia de poder), aparentemente realiza por mí. Y digo aparentemente porque incluso cuando cedemos dicho poder, estamos optando por hacerlo. Jamás un “otro” puede tomar una decisión por nosotros, no importa ni siquiera el grado de poder o dependencia que exista, y aceptar esa responsabilidad es un trago muy amargo a veces para algunos paladares.
El quid de la cuestión, entonces está primero en asumir esta Responsabilidad, y luego enfocar la decisión con un Desde Dónde adecuado, lo cual implica un proceso de evaluación y madurez emocional. Esto no implica, lamentablemente, que haciendo esto la decisión sea la mejor, ni asegura el éxito en la empresa o en la relación, dependiendo de lo que se trate. Pero sí significa (y es una diferencia abismal respecto de otro Desde Dónde), que la elección de una opción por sobre las demás será realizada de manera madura, respetuosa y sana, considerando cuidadosamente mis actitudes negativas, esas programaciones automáticas que suelen jugársenos de distinta manera en distintos aspectos de nuestras vidas, pero que en definitiva son distintas expresiones del mismo rostro: el de nuestro ego. Y entendiendo además que la forma de honrarla es ponerle diariamente toda la energía necesaria para ayudar a que esa semilla crezca fuerte y vigorosa, desde el amor hacia lo Elegido. Una Elección con estas características jamás puede provenir de nuestro centro egoico.
Antes de cerrar este Capítulo, centrémonos un segundo en el número que lleva en su parte superior. El Seis es un número perfecto para Pitágoras, proveniente de la suma de las componentes de la Tríada: 1 + 2 + 3 = 6. Numerológicamente, el Seis nos habla de dualismo y ambigüedad, al ser conformado también por dos 3 enfrentados: el poder para crear el Bien como para crear el Mal. Desde otro punto de vista: el Seis es Equilibrio, y se representa geométricamente a través del hexagrama usado en el Sello de Salomón: la estrella conformada por la intersección de dos triángulos: uno masculino, con el vértice hacia arriba –simbolizando el elemento Fuego de la Alquimia-, y otro femenino, con el vértice hacia abajo –simbolizando el elemento alquímico del Agua. Es a través del sabio uso de estos dos elementos que el Enamorado deberá sopesar su decisión, Considerando tanto sus pasiones como sus deseos (no se deben confundir unas con otros), sus emociones como sus sentimientos.
En la Cábala, la sexta séfira es Tiferet (Belleza), la cual es muy particular por numerosas razones: es la única que se conecta con todas las demás séfirot, excepto Malkut y Daat (aunque pasa por donde esta última está), y se sitúa en el pilar central y Neutral del Árbol de la Vida, el del Equilibrio; simboliza la Síntesis entre las polaridades de Hesed (Bondad, Compasión) y Geburah (Fortaleza, Severidad), representando así Tiferet la Sabiduría de cuándo actuar amistosamente y cuándo con dureza, pero desde una cosmovisión superior y en equilibrio, donde cualquiera de ambas manifestaciones es sólo un medio puesto en juego para un objetivo superior. La Belleza, entonces, no es un concepto rígido, sino una fuerza integradora de estos dos poderes que la rodean, utilizando a una u otra no mediante fórmulas o límites preestablecidos, sino dando y reteniendo a medida que es necesario para el equilibrio. Aplicado a lo que recorrimos hasta ahora, Tiferet nos aconseja a que cuando tomemos nuestras decisiones, lo hagamos no desde la rigidez de rencores o pautas preestablecidas, pero tampoco sin memoria, destruyendo la experiencia. Se trata de un delicado arte que implica ni más ni menos que Aceptar, Considerar, Evaluar, Decidir… y Sostenerse.
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