Czytaj książkę: «Hermanas»
ELOGIOS PARA HERMANAS
«En su libro Hermanas, Noemí, Kristy y Natalia, mujeres poderosas, han tejido un hermoso tapiz con las historias de varias heroínas bíblicas entrelazadas con su propia fe, liderazgo e identidad como latinas. Ellas no ignoran ni deshonran los dilemas éticos, sociales y espirituales que afectan en la actualidad a las mujeres latinas. Las autoras han sido profundamente honestas al relatar sus historias no por sentimentalismo, sino para resaltar la fidelidad de un Dios que nos hace audaces, resistentes, leales, sabios y comunitarios. Del mismo modo en que el Señor obró en las vidas de Rut, María, Débora, Ester, Rajab y Ana para cumplir Sus planes, también hoy les da Su visión, esperanza y fortaleza a las hermanas latinas. Si deseas aprender más de las heroínas fuertes en la Biblia, estudia la situación de las mujeres latinas en Estados Unidos, de modo que puedas progresar en tu liderazgo. Este libro sin duda será un recurso valioso».
—ORLANDO CRESPO, director nacional de InterVarsity Latino Fellowship [Comunidad latina InterVarsity], autor de Being Latino in Christ: Finding Wholeness in Your Ethnic Identity [Ser un latino en Cristo: Alcanzar una vida integral en tu identidad étnica]
«Hermanas es un bello tapiz de historias referidas desde la perspectiva de mujeres latinas cristianas. Puesto que soy una latina que ama a Jesús, de inmediato me sentí atraída a este libro que entreteje la Escritura con la trayectoria de las autoras. ¡No puedo esperar a compartirlo con mis amigas!».
—AVA STEAFFENS, directora ejecutiva de Christian Community Development Association [Asociación de desarrollo de comunidades cristianas]
«Este libro articula en la palabra escrita los sentimientos y las experiencias injustas que han asediado a nuestras hermanas en Cristo por tantos años. Las autoras son las guías en este viaje gracias al poder de la narrativa. En él agregan una pizca de teología y nos resumen la dificultad y la belleza de ser una latina en Cristo».
—NOEL CASTELLANOS, presidente de Christian Community Development Association [Asociación de desarrollo de comunidades cristianas]
«En Hermanas, una excepcional y creativa reflexión sobre la Escritura, las autoras nos ofrecen un análisis íntimo y preciso sobre doce heroínas bíblicas. Nuestra realidad cultural y social forja nuestra perspectiva teológica; por ese motivo es un honor tener a estas excelentes maestras que nos regalan una exégesis bíblica y una hermenéutica cultural contundentes. Ellas nos invitan a participar en un viaje con nuestras hermanas de la Biblia y reflexionan sobre las identidades de estas heroínas para utilizar su influencia y generar un gran impacto. Para las personas que enseñan y predican con base en la Escritura, tener este libro en sus bibliotecas teológicas será una gran ventaja».
—SANDRA MARÍA VAN OPSTAL, autora de The Next Worship [La nueva adoración]
«Este libro es un recurso valioso y bello para el discipulado. Las jóvenes latinas de quienes soy la mentora necesitan el fundamento, el sustento, las fuerzas y la inspiración que este libro ofrece. Lo recomiendo de todo corazón».
—ALEXIA SALVATIERRA, profesora afiliada en Centro Latino, Fuller Theological Seminary [Seminario Teológico Fuller]
«Hermanas es un texto disfrutable porque proporciona información suficiente sobre los pasajes bíblicos que utiliza. Las autoras analizan la identidad en una forma original que va más allá de la concepción clásica de identidad. Además, ellas utilizan la Escritura como herramienta para orientarnos. En sus escritos nos modelan una forma excepcional de ser guiados por el Espíritu Santo. Este libro es provocador y sin duda edificará tu vida. Es indudable que es una adición necesaria al cúmulo de escritos de las latinas evangélicas. Lo recomiendo».
—ELIZABETH CONDE-FRAZIER, coordinadora de relaciones en Theological Institutions [Instituciones teológicas] para la Association for Hispanic Theological Education [Asociación para la educación teológica de los hispanos]
«Durante mucho tiempo, la iglesia ha sufrido al ignorar e incluso sofocar voces como las de Kohn, Robinson y Vega Quiñones. Separa un tiempo y un lugar para leer este libro. En él las autoras nos refieren sus historias personales y examinan la Escritura con sabiduría e inteligencia. Ellas nos invitan a considerar la manera en que un liderazgo henchido de Cristo impacta a los individuos y a sus comunidades».
—KATHY KHANG, oradora y autora de Raise Your Voice [Alza tu voz]
«Un bálsamo edificante y oportuno que verter sobre la crisis de identidad social y de fe que abunda hoy en nuestro país. Estoy agradecida por la sabiduría y la consideración que las tres autoras de Hermanas nos ofrecen. Ellas son diferentes, pero comparten su compromiso con Jesús y la justicia social. ¡Como líder latina de fe, me llena de alegría tener un recurso como este! Si estás luchando por comprender los aspectos comunes entre la identidad social, la fe y el ser mujeres, o si estás tratando de lidiar con tu audacia y tu fe, entonces este libro te servirá».
—ALMA L. ZARAGOZA-PETTY, coanfitriona de The Red Couch Podcast [El podcast del sofá rojo], escritora, oradora, educadora y mentora

Hermanas: Profundiza en tu identidad y aumenta tu influencia
©2020 por Natalia Kohn, Noemí Vega Quiñones y Kristy Garza Robinson
Publicado por Editorial Patmos,
Miami, FL. 33169
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por InterVarsity Press InterVarsity Press P.O. Box 1400, Downers Grove, IL 60515-1426, con el título Hermanas: Deepening Our Identity and Growing Our Influence
A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas han sido tomadas de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
Las citas bíblicas indicadas con «LBLA» son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS © Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation. Usadas con permiso.
Traducido y editado por Grupo Scribere.
Diseño por Adrián Romano
ISBN: 978-1-64691-025-0
eISBN: 978-1-64691-101-1
Categoría: Vida Cristiana / Mujeres
Impreso en Brasil | Printed in Brazil

CONTENIDO

PRÓLOGO
Bienvenidas a la mesa
PARTE 1: IDENTIDAD E INTIMIDAD
1ESTER
¿Quién soy? Una mestiza en la misión de Dios
Kristy Garza Robinson
2LA MUJER SULAMITA
Amada, antes que nada
Natalia Kohn
3LA MUJER QUE PADECÍA DE HEMORRAGIAS
Liderazgo Mija
Noemí Vega Quiñones
4ANA
De desamparada a fiel
Natalia Kohn
5MARÍA DE BETANIA
Una líder vulnerable que eligió la intimidad
Kristy Garza Robinson
6RAJAB
Liberadora atrevida, aliada y fiel
Noemí Vega Quiñones
PARTE DOS: INFLUENCIA E IMPACTO
7LA MUJER CANANEA
Un logro en los límites
Natalia Kohn
8RUT
Cruzar las fronteras y la kjésed de Dios
Kristy Garza Robinson
9TABITA
Misión integral y en conjunto
Noemí Vega Quiñones
10LIDIA
Mujeres y hombres asociados en el evangelio
Natalia Kohn
11DÉBORA
Una mujer guerrera que lucha por su gente
Kristy Garza Robinson
12MARÍA
El mundo en nuestro interior
Noemí Vega Quiñones
EPÍLOGO
Levántate, hermana
AGRADECIMIENTOS
NOTAS
ACERCA DE LAS AUTORAS

PRÓLOGO
BIENVENIDAS A LA MESA

NATALIA KOHN, NOEMÍ VEGA QUIÑONES Y KRISTY GARZA ROBINSON
¡Bienvenidas a la mesa, hermanas! Pueden sentarse a nuestra mesa, dispuesta para ustedes por Jesús y las mujeres que nos han precedido. Relájense, respiren profundo y disfruten una cena preparada justo para ustedes. Sepan que Dios desea regalarles Su descanso y Su paz. Él quiere refrescarlas y fortalecerlas como nadie más puede. Deseamos que puedan sentir al Espíritu Santo dirigir sus corazones y sus mentes al leer este libro, de modo que obtengan una esperanza y una perspectiva superior y, sobre todo, que se conecten a Su amor inmenso. Esperamos que se sientan como en casa en nuestra mesa, mientras cenan y reciben lo que el Espíritu Santo tiene listo para ustedes a los pies de las mujeres bíblicas cuyas historias conoceremos más adelante.
Las invitamos al interior de nuestras vidas e historias y también a las de otras mujeres latinas que se nos han adelantado, pero que caminan junto a nosotras hoy. También presentaremos a las escritoras iniciales, nuestras consejeras antiguas que vivieron mucho antes que nosotras y que perdurarán cuando ya no estemos. Estas doce mujeres de la Biblia se han vuelto nuestras amigas queridas y nos han orientado y formado durante años. Esperamos que estas líderes espirituales incrementen su fe, promuevan su identidad latina y fortalezcan su liderazgo. Anhelamos que estén dispuestas a lidiar con las ideas de este libro; que hagan preguntas e inicien diálogos frente al reto que suponen las mujeres del pasado y del presente. También deseamos que su fe y sus voces latinas crezcan.
LA VISIÓN PARA HERMANAS
Este libro surgió de una serie de encargos divinos, invitaciones personales y un anhelo mutuo de producir un recurso de discipulado para líderes latinas en desarrollo. En diciembre de 2015, Natalia Kohn y Orlando Crespo comenzaron a soñar con un recurso para personas latinas con un enfoque especial en desarrollar las voces de las mujeres de esta comunidad. Ya habían transcurrido diez años desde la publicación del importante libro de Orlando titulado Being Latino in Christ [Ser un latino en Cristo] y muchos líderes que trabajaban con jóvenes latinos pedían sin cesar recursos y apoyo en su currículo, clases y conferencias de desarrollo de liderazgo. Natalia consultó con unas amigas si estaban dispuestas a escribir un libro para suplir la escasez de recursos para líderes latinas cristianas. Noemí Vega y Kristy Robinson aceptaron la propuesta, animadas a coescribir una obra que transmitiera múltiples puntos de vista.
Nuestro objetivo es que Hermanas sea un recurso para desarrollar el discipulado y el liderazgo de mujeres latinas que deseen crecer en su identidad étnica, su liderazgo y su relación con Dios. Este libro también está dirigido a hombres y mujeres que desean empoderar y avanzar junto a líderes latinas en desarrollo. Las mujeres de la Biblia son mentoras para nuestro trayecto como líderes. Esperamos que te sientas bienvenida al interior de las vidas de estas mujeres de Dios, sin importar en qué punto te encuentres en tu camino hacia Él y hacia comprender y aceptar tu identidad étnica. Quizás te sea útil conocer que nosotras tres, en algún punto del desarrollo de nuestra identidad étnica, hemos sentido y lidiado con la mentira de no ser «suficientemente latinas». Si estás frente a ese dilema, oramos para que puedas crecer en las maravillas únicas que nuestra herencia nos ofrece.
Deseamos que veas estas doce historias de la Biblia, al igual que nuestras historias intercaladas, como un cúmulo de sabiduría proveniente de otras hermanas. En este libro hallarás doce relatos que te darán fuerzas y te ayudarán a desarrollarte para el crecimiento del reino. Lo hemos titulado Hermanas porque se conforma de historias de mujeres del pasado y el presente que se entrelazan en el tiempo y el espacio. Esperamos que al leer nos veas a nosotras y a esas mujeres como hermanas queridas que avanzan junto a ti en un «momento como este». El Señor nos ha dado estas heroínas bíblicas para estimularnos. Además, Él nos ha dado las unas a las otras para despertar los tesoros que yacen dentro nuestro.
Mientras lees podrás notar nuestros diferentes estilos y personalidades. Algunas de nosotras usamos el espanglish a veces. En ocasiones profundizamos en el contexto bíblico y en otras nos enfocamos en aprender de nuestras experiencias. Fue intencional que cada capítulo presente un estilo diferente, pues así mostramos que el liderazgo es multifacético y que cada persona guía con su propia voz y personalidad. Esperamos que esta estrategia atraiga más mujeres al liderazgo. Puesto que cada una de nosotras escribió cuatro capítulos, quisiéramos presentarnos en nuestra propia voz. Gracias por unirte a nuestra mesa.
PRESENTACIONES Y SUEÑOS
DE PARTE DE NATALIA KOHN
Mientras crecía, con frecuencia me preguntaban: «¿Y tú, qué eres?». Son muchas las veces que he escuchado que mi piel es de un color «oliváceo» y que soy de «etnia ambigua». Yo solía tener una respuesta automática para esos momentos, pero mientras crecía en el sur de California mi respuesta a esa pregunta comenzó a surgir del corazón. Fui de la exasperación por mis complejidades étnicas a sonreír con confianza y responder que era argentina y armenia.
Yo crecí en Pasadena, California, en una familia pequeña que tenía comunicación constante con nuestra gran familia en Argentina. Crecí con mi papi, un inmigrante que solo habla español y que necesitaba que su esposa e hijos hablaran por él cuando se requería el idioma inglés, y una madre armenia americanizada que navegó el sistema de Estados Unidos para que sus hijos pudieran triunfar allí. Durante décadas he lidiado y crecido en estas dos culturas, que son una bendición y un reto, pero todavía tengo mucho que aprender.
Durante la universidad y en los años que trabajé con InterVarsity Christian Fellowship [Comunidad cristiana InterVarsity] comencé mi viaje étnico, donde tendría que lidiar con lo que significa ser argentina y armenia a la vez. Durante ese tiempo comprobé lo comunitario que es nuestro viaje étnico y, al igual que nuestro trayecto con Jesús, no podemos vivirlo en aislamiento: necesitamos a las demás personas. Mi confianza como latina se incrementó en comunidad, a través de mis relaciones con mis hermanas y hermanos. Ser latina pasó de ser una etiqueta a constituir una identidad que honro y aprecio.
Mi esperanza para las lectoras, para cada hermana que lee este libro, sería que avancen con Jesús en su viaje de fe y descubrimiento étnico. Estos dos trayectos deben converger, unirse y ser refinados y transformados continuamente por nuestro Padre celestial. Anhelo que puedas identificarte con nuestras dificultades, historias y deseos y que sepas que no estás sola. He conocido tantas mujeres latinas que van solas en su viaje por causa de la vergüenza, el miedo y el aislamiento, sin jamás haber experimentado la comunidad de hermanas. Espero que nos acompañes (nuestras vidas, nuestras parientes y amigas), que te acerques a Jesús y a estas heroínas bíblicas que también tuvieron que encarnar su género y su fe en relación con los demás. Aprendamos juntas a vivir confiadas como latinas y a guiar en este mundo con el amor, la vida y la luz de Cristo.
Nuestro viaje como mujeres latinas está repleto de historias; espero que puedas identificarte, conectarte y aprender de ellas. Hemos tenido el honor de orientar mujeres y hombres latinos y de otras etnias, estudiantes de universidad, creyentes de nuestra iglesia, cristianos en potencia y no creyentes; todos ellos nos permitieron entrar en sus espacios sagrados con el Señor. Como autoras de este libro sería un honor que nos consideres mentoras lejanas mientras luchas, procesas y creces con Jesús. Deseamos ser un recurso de empoderamiento que te anime a avanzar mientras profundizas en tu identidad, intimidad, influencia e impacto. Nosotras estamos vivas y continuamos aprendiendo al igual que tú. Las mentoras principales de este libro son las doce mujeres de la Biblia que nos guían y nos animan en la fe, la identidad y el liderazgo. Ellas se han convertido en hermanas queridas para nosotras; están llenas de sabiduría y el Espíritu Santo las ha utilizado una y otra vez para aumentar nuestra madurez y crecimiento. Esperamos que ellas también se conviertan en tus mentoras y hermanas.
DE PARTE DE KRISTY GARZA ROBINSON
Pasé mi niñez en Edinburg, una ciudad fronteriza en el extremo sur de Texas. Soy mexicana-estadounidense de tercera generación. Mis abuelos inmigraron de México a Estados Unidos a finales de la década de 1940. Mis padres nos criaron entre ambos mundos. Yo he sido formada e influida por los valores de la cultura mayoritaria de Estados Unidos. También me identifico como latina, con valores y una forma de ver el mundo que han sido influenciados por mi familia de origen. Toda mi vida he estado geográfica y emocionalmente a horcajadas en la frontera entre Estados Unidos y México, tratando de encontrar mi lugar, pero sintiéndome desplazada en los dos países y culturas. Esto es lo que significa ser una latina estadounidense.
Este libro trata sobre las diferentes experiencias de varias mujeres latinas con sus particulares viajes étnicos y de liderazgo. Espero que podamos aprender unas de otras y también de las mujeres de la Biblia cuyas historias examinaremos. Aunque cada una de nosotras tiene su lugar único en el mundo, también poseemos una identidad colectiva diversa que Dios está construyendo. Sin duda es algo hermoso. Por eso anhelo que este libro sea un complemento a la identidad que se está fraguando por medio de nuestras voces diferentes.
DE PARTE DE NOEMÍ VEGA QUIÑONES
¡Hola! Soy la mayor de cinco hermanos, hija de Rigo e Irma, padres inmigrantes muy trabajadores, y alguna vez fui una niña indocumentada. Nací en los barrios pobres de Guadalajara y me crie en la próspera California central, por lo que mi niñez fue multifacética. Mientras crecía, hablaba inglés con mi padre y español con mi madre, esperaba la escuela dominical y los fines de semana con ansia, hacía mandados luego de los deberes de la escuela e iba de vacaciones familiares de verano a México, en largos viajes por auto. En la actualidad, vivo en San Antonio y soy la directora ministerial de la región en InterVarsity Christian Fellowship en el sur de Texas. Aprendí mucho en la ciudad de Fresno durante quince años. Allí mi fe en Jesús se desarrolló e iniciaron mis sueños de transformar las ciudades y los campus.
Espero que este libro traiga sanidad y una poderosa transformación del Espíritu Santo a quienes lo leen. Aprender a los pies de Mija (la mujer que padecía de hemorragias), Rajab, Tabita y María la madre de Jesús ha sido un honor y un reto. Cada una de ellas me ha enseñado a confiar en el Señor con mi vida, mi ser y mis sueños futuros. Este libro está dedicado a mis hermanas que han luchado, como yo, por aceptar su voz y su liderazgo. Crecer como mexicana, latina, chica de piel morena, en Estados Unidos es tan bello como doloroso. Recuerdo ocasiones en que mi cultura fue cuestionada y deshonrada y otras en que mi liderazgo fue cuestionado más que el de mis compañeros hombres. No obstante, también hubo momentos en que mi liderazgo fue acogido y favorecido. Deseo que las lectoras experimenten la sanidad y el gozo que estas heroínas bíblicas nos ofrecen.
Me llena de esperanza saber que en algún punto de la historia Mija, Rajab, Tabita y María vivieron entre su gente e influenciaron sus comunidades. Algunas de ellas influyeron directamente, por voluntad propia, otras lo hicieron de manera indirecta, sin saberlo. Sin embargo, todas ellas generaron cambios tras haberse encontrado con el Dios vivo. Yo leo sus historias como una gentil, una extranjera que se infiltra en la narrativa, que busca comprender las experiencias de estas mujeres y compartir lo aprendido contigo. Si bien ha crecido la cantidad de mujeres como nosotras en lugares de influencia y liderazgo que buscan orientar a otras, todavía está vigente la necesidad de mentoras latinas en todas las áreas de la vida. Espero que estas mujeres puedan guiarte en tu trayecto como líder. Mi madre siempre me decía: «Mija, dedícale todo a Cristo porque acuérdate que todo lo puedes en Cristo que te fortalece», Filipenses 4:13. Hermana, recuerda que todo, absolutamente todo, lo podemos en Cristo que nos fortalece: a ti, a mí, a nosotras y a nuestras comunidades.
DEFINIR QUÉ ES UNA LATINA
El lenguaje es un instrumento poderoso que utilizamos para crear sentido y significancia. Santiago advierte que: «Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios» (Sant 3:9). Las latinas hemos sido definidas mediante el poder y el principado de la raza, por instituciones que procuran estudiar y conocer más sobre este grupo étnico y por personas en Estados Unidos que buscan un término alternativo a hispano. En primer lugar, la raza es lo que los sociólogos denominan un imaginario social, un marco operativo que hemos creado y mantenido para separar a las personas por su color de piel. La raza no tiene comprobación científica, bíblica ni filosófica, aunque tiene mucho poder en nuestra sociedad. En realidad, es una etiqueta que se le confiere a una persona solo tomando en cuenta sus características físicas: color de piel, forma de los ojos, tamaño de la nariz y la boca, y demás. Por lo tanto, las latinas somos un grupo social percibido desde la raza, lo cual nos categoriza a algunas como «latinas» y a otras las excluye, o hace sentir a unas «más latinas» que a otras en dependencia del color de su piel u otras propiedades físicas. Este concepto de «más que, menos que, exactamente» se desprende del impacto de la raza en los cuerpos.
La noción de raza construye una definición impermeable de las personas y no logra representar la realidad de la fluidez cultural. La familia de Noemí es un ejemplo de esto. Su madre tiene la piel más clara que su padre. Dos de sus hijos nacieron con la piel más clara que los otros tres; Noemí tiene la piel más oscura de todos ellos. Al considerar su raza, la gente mira como latina a la hermana de Noemí unas veces y otras no. Las personas casi siempre asumen que Noemí habla español porque ella luce como ellos piensan que se ve una latina. En realidad, los latinos son descendientes de muchos grupos humanos: africanos, asiáticos, europeos, entre otros. La raza otorga privilegios a los latinos de piel clara y deshumaniza a los de piel oscura. El prejuicio por el color de la piel existe en la comunidad latina por causa del concepto de raza.
La raza ha provocado el dolor que hemos escuchado de mujeres latinas a quienes hemos orientado, pues no «lucen» como latinas o no hablan español. Desde el punto de vista racial, se supone que las personas actúen de una cierta manera y que disfruten y apoyen cosas en particular. Vivir y actuar fuera de esta expectativa desordena la perspectiva racial. Solemos comenzar con la raza porque la creemos un poder y un principado que ha afectado todos los cuerpos. Te invitamos a vivir en la libertad de ser creación de Dios, con una historia, un trasfondo familiar y una situación actual específicas que Dios está formando. Sanemos de la herida racial y de sus expectativas; seamos personas que alteren la ilusión de la raza, que reconozcan sus efectos en nuestro cuerpo.
En segundo lugar, el término latino se refiere a personas de culturas y contextos latinoamericanos, hablen o no el idioma español. Muchos desaprobarán (y por razones válidas) el uso de este término en nuestro libro. Nosotras lo utilizamos conscientes de que es limitado e incompleto. La palabra latino no se ha desprendido de su contexto racial ni tampoco incluye del todo a personas mestizas o que no hablan español: nuestros ancestros colonizados. En este libro usamos latino como un término alternativo a hispano, que se refiere a las personas de herencia española. No obstante, el problema con hispano es similar al que existe con latino: ambos excluyen a las personas indígenas que han vivido en estas tierras durante siglos y dan prioridad al idioma español por encima de las lenguas indígenas. Además, estos términos no cubren la realidad de nuestros ancestros africanos que fueron traídos al continente americano como esclavos.
El Instituto Nacional de Estadística de Estados Unidos se refiere a todos nosotros (mestizos, boricuas, chongas, cholas) como hispanos. En ocasiones, esta institución incluso nos ha categorizado como blancos. Como autoras de este libro, utilizamos el término latina para definir nuestro trasfondo, pero reconocemos que el concepto es limitado y debe incluir descendientes africanos, asiáticos e indígenas. Como hermanas, esperamos que te sientas en libertad de identificarte con este término o no. Yo, Noemí, prefiero identificarme como mexicana estadounidense para definir mi trasfondo mexicano y mi identidad estadounidense en desarrollo. Nosotras tenemos amigos que prefieren identificarse como latina, newyorican, chicana, afrolatina y en otras formas más específicas. El pueblo de Dios es diverso y maravillosamente complejo. Esperamos poder abrir un espacio para tanta riqueza en nuestras historias. Nosotras llamamos latinas a aquellas mujeres que crecieron en Estados Unidos, que se identifican con un linaje de América, África, Asia o América indígena y que hablan español, inglés, un idioma indígena, espanglish o cualquier mezcla de estos.
Aunque nos expresamos tomando en cuenta nuestro trasfondo, no pretendemos hablar por todas las latinas en Estados Unidos. Admitimos que este diálogo se hubiera enriquecido al tener más perspectivas en la autoría. Nosotras concebimos este libro como el inicio de un diálogo amplio entre aquellos en Estados Unidos que procuran aprender de mujeres líderes en la Biblia. Reconocemos que la representación que ofrecemos es limitada: tenemos dos autoras mexicano-estadounidenses, una inmigrante de primera generación, una de segunda y una de tercera. Contamos con una madre y dos mujeres solteras, todas entre los 30 y los 40 años de edad. Tenemos dos latinas de piel clara y una más trigueña. También hay dos mujeres con maestrías y una con licenciatura. Provenimos de contextos socioeconómicos de un nivel medio-bajo y somos mayoritariamente bilingües. Nuestros relatos también hubieran sido enriquecidos por personas con otras características.
Aquí entras tú, querida lectora. Te invitamos a que prolongues con otras lectoras las conversaciones que nosotras iniciamos en cada capítulo. Comparte tus historias con la comunidad, pues están llenas de riqueza y belleza. Nosotras procuramos ser mujeres que aprenden unas de otras y comparten sus historias. En las páginas siguientes hacemos justo eso.
LA AUDIENCIA Y LA ESTRUCTURA DEL LIBRO
Las autoras sentimos el llamado de Dios a escribir este libro con las mujeres latinas como audiencia principal. Buscábamos honrar, fortalecer y empoderar sus voces diversas. Sin embargo, recibimos con agrado a mujeres de otros trasfondos que buscan una buena historia y que desean lidiar con su fe y sus identidades culturales. También esperamos que los hombres lean nuestro libro y se conecten con estas doce mujeres bíblicas, con nosotras las autoras y con las demás lectoras. Anhelamos que nuestros hermanos examinen a profundidad estas historias para así lograr trabajar de manera más efectiva con sus hermanas y con Dios.
Este libro no está escrito en el orden de la Biblia, sino que tenemos dos temas principales alrededor de los cuales se organiza. Ellos son: parte uno, Identidad e intimidad, y parte dos, Influencia e impacto. Tenemos la certeza de que este orden es adecuado en el contexto del liderazgo espiritual. Solo al plantar raíces profundas de identidad e intimidad con Jesús lograremos tener impacto e influencia en el mundo. Al examinar las vidas de estas doce heroínas bíblicas, hemos comprobado la manera en que su identidad e intimidad con el Señor les permitió tener un impacto profundo y una influencia extensa en beneficio del reino de Dios. A lo largo del libro, tomamos las fortalezas de estas mujeres y las aplicamos a nuestros contextos como latinas. Anhelamos que te puedas identificar y aprender con ellas, con nosotras y con las demás mujeres modernas que mencionaremos. Esperamos que las latinas se sientan guiadas en su fe y su viaje étnico y que logren experimentar cómo estos dos aspectos colaboran para formar nuestra voz.
EXHORTACIONES INICIALES
Para ti que lees, este libro te ofrece esperanza. Hemos trabajado en oración cada capítulo. Creemos que Dios desea utilizar este texto para guiarte hacia el puesto que debes ocupar en Su plan para la humanidad. Tenemos la certeza de que eres crucial en el proceso de anunciar la venida del reino de Dios. Sin importar dónde inicies, queremos animarte a que reflexiones con curiosidad y franqueza la manera en que Dios podría transformarte en la persona que siempre deseó que fueras.
Dicho esto, adelante, hermana, y ten en cuenta al Espíritu Santo mientras lees. Esperamos que este libro revele tesoros en tu alma y nuevas posibilidades en que puedas ejercer tus dones para el beneficio del reino del Señor. La multitud de mujeres de Dios en este libro te animan a proseguir tu viaje.


ESTER
¿QUIÉN SOY? UNA MESTIZA EN LA MISIÓN DE DIOS

KRISTY GARZA ROBINSON
Una vez escuché un comentario que caló profundo en mi alma: «Es tan típico de esos trabajadores mexicanos holgazanes sentarse a la sombra en vez de trabajar duro». Escuché estas palabras de unos amigos cristianos mientras almorzaba con ellos a la mesa. Estas eran personas con las cuales me había encariñado desde que me convertí al evangelio, pero ahora se quejaban de unos jornaleros que habían visto ese fin de semana fuera de su casa almorzando a la sombra.
Recordé a mi primo que pasaba la mayor parte de la semana trabajando bajo el calor del sol y que debía calcular sus descansos para evitar desmayarse. Pensé en mi tío, que una vez sufrió un golpe de calor por estar bajo el sol a una temperatura de 105 °F (40 °C). Sobre todo, pensé en mis abuelos paternos y maternos, que eran granjeros y aparceros que cultivaban la tierra desde la mañana hasta el atardecer. Todos estos recuerdos se arremolinaban en mi cabeza. Me disculpé y dejé la mesa con un plato lleno de comida y un estómago revuelto. La experiencia fue dolorosa, aunque no era poco común.
Incluso cuando era adolescente y vivía en el sur de Texas, un sector del estado de mayoría latina, me vi en medio de una comunidad cristiana integrada principalmente por personas blancas. Lo mismo me sucedió durante el colegio, la universidad y después de cumplir los 20 años de edad. Aunque mis hermanos y hermanas blancos conocían que mi apellido era Garza, mi tez clara les hacía olvidar que hacían sus comentarios racistas frente a una mujer mexicana-estadounidense. No sabía cómo lidiar con aquellas situaciones, por lo que me limitaba a abandonar conversaciones incómodas, a evitar ciertos temas y a salir de reuniones donde aquellos que llamaba amigos revelaban sus prejuicios.
Sin embargo, era en esas comunidades donde aprendía más sobre el Dios de amor que envió a Su Hijo para borrar los pecados del mundo. Esa era la frase en español que venía a mi mente cuando la escuchaba en inglés. Era un vestigio de mi niñez, cuando a veces asistía a iglesias de mayoría latina. Sin embargo, no me atrevía a decir esa frase en voz alta. Durante esa etapa inicial de mi vida cristiana, yo solo deseaba encajar con quienes me rodeaban. No sabía cómo lidiar con las palabras hirientes que mis amigos blancos pronunciaban contra mi comunidad, de modo que soportaba sus comentarios y me alejaba lo más posible de lo que ellos consideraban «diferente». Jamás revelaba mis tradiciones familiares, evadía las preguntas sobre cultura y nunca les compartí mis historias.
Recuerdo una ocasión en que una amiga blanca visitó mi hogar por primera vez y vio las fotos de mi celebración de quinceañera enmarcadas en las paredes. Ella se sorprendió y me preguntó si estaba casada. Le respondí que no, las fotos eran de la fiesta de mis «dulces dieciséis». ¡Ah, pero yo sabía que era mucho más que eso! Sin embargo, no deseaba revelarle lo significativa que había sido aquella celebración para mí. No quería confesarle que durante la celebración me había sentido como una niñita, pero a la vez como una mujer joven rumbo a la adultez. Esos momentos eran hermosos y significativos, pero las personas que me rodeaban no los comprenderían ni los considerarían normales; y yo solo deseaba ser «normal». Entonces relegué mis historias culturales al pasado y me esforcé por alcanzar lo que estaba adelante, como afirmó el apóstol Pablo en la Biblia. Yo supuse que Pablo se refería también a mi cultura, pero a nadie en mi comunidad cristiana le pareció importante corregirme.
Es interesante que haya escuchado por primera vez la historia de Ester durante la preparación de mi quinceañera en la iglesia de mi familia, varios meses antes de mi conversión a Cristo. Yo tenía una madrina llamada Ester, ¡pero no tenía idea de que también había una mujer de la Biblia con ese nombre! En ese entonces no podría haber imaginado cómo Dios utilizaría la vida de Ester para orientar mi vida, pero Él sí lo sabía.
UNA IDENTIDAD OCULTA Y LAS PUERTAS ABIERTAS: LA HISTORIA DE ESTER Y LA MÍA
Ester era una mujer judía que se crio con su primo Mardoqueo. Los judíos eran una minoría desalojada y dispersa por las provincias del rey Jerjes de Persia. La historia inicia describiendo cómo era la vida de una reina ante los caprichos de un rey ególatra. La trama dio un giro desafortunado cuando la reina Vasti se negó a exhibirse frente a un grupo de hombres posiblemente borrachos por petición del rey. Entonces el rey Jerjes la destituyó y procuró reemplazarla con otra mujer. Ella era la reina de Persia, pero seguía siendo una mujer prescindible y reemplazable dentro de una sociedad patriarcal. Aunque la destitución de la reina Vasti fue injusta, su acto de resistencia permitió que Ester llegara al palacio del rey.
Al principio, Mardoqueo le pidió a Ester que ocultara su identidad étnica de los demás. De esto colegimos que ella podía adaptarse bien a las costumbres persas. Ester era una mujer mestiza en medio de dos mundos.1 Ella calzaba en la cultura dominante de la época y Dios le otorgó Su favor en una situación compleja y opresiva.
El hecho de que no me hacía escuchar cuando la mayoría cultural de mi comunidad atacaba mi grupo étnico, era una señal de que me había adaptado a la cultura dominante a mi alrededor. Como mujer mestiza y bicultural que vivía en dos mundos diferentes, yo también entendía cómo adaptarme a la cultura mayoritaria mientras crecía en una familia mexicana-estadounidense. Las personas no se daban cuenta de inmediato que yo pertenecía a una minoría, como también sucedía con Ester. Si yo no revelaba la información pertinente, mi piel clara y mi español pobre hacían que las personas asumieran mi identidad y mi situación de vida.
Por otro lado, en mi familia latina, mi complexión clara y mi español deficiente me enajenaban. Cuando visitaba a mis parientes en México, me veían como una extranjera. Sin embargo, en Estados Unidos tampoco encajaba del todo, aunque superficialmente pareciera que me acoplaba a la cultura general de este país. A pesar de que estaba cómoda y me identificaba con ambos contextos, no me sentía como en casa en ninguno de los dos. Vivir en ese punto intermedio puede ser difícil. Sin embargo, así como Ester, yo descubrí que me abrió nuevas puertas.
Al ser una recién convertida en una comunidad cristiana de mayoría blanca, me solían preguntar: «¿Y tú eres mexicana, blanca o ambos?». Aunque yo lucía como ellos físicamente, podían notar que mi apellido era distinto. Con el propósito de categorizarme, me sometían a preguntas incómodas como esa. Sin embargo, la respuesta era sencilla: sí, soy latina, pues mis padres son latinos.
Es probable que haya heredado el color de mi piel de mi familia materna. Ya de adulta, le pregunté a mi madre en una ocasión por qué su piel era más clara que las de sus hermanos. Ella respondió que mi abuela le decía que su piel era más clara porque cuando la tenía en el vientre consumió muchas sales de Epsom. Si bien esta historia parecía un relato inofensivo de una mujer anciana, fue devastador descubrir que ese era el método que les recomendaban a las mujeres latinas pobres para que abortaran a un hijo no deseado. Fue por historias como esta que mi madre no conoció mucho sobre su propio linaje, excepto que mis abuelos trabajaban en una granja con dueños blancos y que jamás aprendieron a hablar inglés. Mi madre relataba con cariño historias de su niñez, pero yo sabía que existían ciertas experiencias atroces que ella guardaba en su corazón. Nunca más pregunté por el color de mi piel.
Esa historia revela un pecado terrible perpetrado contra mi madre. Fue el acto cruel de comunicarle que no era valiosa ni querida. Esto fue un daño hacia la imagen de Dios en ella desde pequeña. La historia de Ester también versa sobre los daños internos y el pecado que la rodeaba. Ella vivía en una sociedad que consideraba inferiores y remplazables a las mujeres. No obstante, Dios, en medio de aquella injusticia, le abrió las puertas a Ester.
A pesar de que la historia detrás de mi color de piel estaba marcada de dolor, aún era parte de mí. Así, cuando mis amigos blancos me hacían sus preguntas inquisitivas, yo respondía de manera ambigua y cambiaba de conversación, ansiosa por ocultar que, en efecto, yo era de muchas formas diferente a ellos. Al igual que Ester, yo quería mantenerlo en secreto.
LA SOLIDARIDAD, UNA OPCIÓN RIESGOSA
Puesto que Dios le otorgó gracia a Ester ante las personas del palacio real, ella logró conseguir el afecto del rey y ser coronada reina de Persia. Ella mantuvo su identidad étnica en secreto como le había instruido Mardoqueo. Todo marchó en orden hasta que Amán, uno de los aliados de confianza del rey Jerjes, decidió que la destrucción de todos los judíos era la venganza perfecta contra su enemigo Mardoqueo, al cual odiaba porque jamás se inclinaba ante él como lo hacían los demás. Mardoqueo solo se inclinaba ante Dios y por eso Amán convenció al rey de aniquilar a los judíos, pues, según él, no eran súbditos leales.
Cuando Mardoqueo descubrió la treta, decidió acudir a la prima que había criado como a una hija y que ahora vivía con el rey. Tanto su primo como los demás judíos requerían que Ester ya no ocultara su origen, sino que lo aceptara por el bien de su pueblo, incluso si ello suponía un gran riesgo para ella. Ester sabía que eso le costaría todo lo que había alcanzado. Sin embargo, Mardoqueo le habló de este modo: «¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!» (Est. 4:14). Quizás ese fue el motivo de que Dios le otorgara tanto favor. ¿Puede ser que todo esto ocurriera con el propósito de rescatar al pueblo del Señor? La respuesta parece ser afirmativa cuando examinamos las acciones y los riesgos que tomó Ester para salvar a los judíos.
El erudito bíblico Walter Kaiser afirma que si el Antiguo Testamento tuviera un versículo donde se exprese la gran comisión, ese sería Génesis 12:3: «¡Por medio de ti [Abram] serán bendecidas todas las familias de la tierra!». Kaiser percibe en este versículo «la primera articulación del propósito y el plan de Dios de ver que el mensaje de Su gracia y Su bendición alcanzara a todas las personas de la tierra».2 El papel de Ester en esta comisión del Antiguo Testamento no fue pequeño. Dios usó a Su reina de Persia mestiza en un momento crítico de Su plan redentor y ella aceptó la responsabilidad con dignidad.
Tras convertirme a Cristo, seguí viviendo en el mundo al que me había adaptado. Cuando me mudé fuera del país junto a mi esposo Eric, el Señor me recordó mi identidad étnica y cultural. Al inicio de mi matrimonio, nos fuimos a vivir al mundo árabe para servir en un ministerio paraeclesiástico junto a otros creyentes locales en el norte de África. Algo en la cultura árabe me recordaba a mi familia en el sur de Texas. El amor leal con que las personas se relacionaban con sus familiares y amigos y los valores que determinaban cómo ellos interactuaban con el mundo me recordaron el contexto donde crecí. Esto me permitió rápidamente entablar amistades profundas con mis vecinos árabes. Sin duda fue un regalo de parte de Dios.
Entonces, por primera vez tras aceptar a Jesús, me cuestioné si mi cultura era una carga que debía abandonar a los pies de la cruz. Quizás Dios me había hecho latina por una razón. ¿Sería en beneficio de Su gloria y Sus propósitos para el mundo? Esta revelación me llevó a ejercer el ministerio entre latinos universitarios cuando regresé a Estados Unidos después de un año. Quizás era tiempo de aceptar la totalidad de mi identidad por el bien de la misión de Dios.
Cuando adquirí esta nueva perspectiva, me comprometí con la comunidad latina e inicié mi progreso hacia la compleción de mi identidad étnica. Fue una etapa de mi vida importante y de mucha sanidad. Sin embargo, el contexto en Estados Unidos empeoró cuando la situación con la comunidad latina cambió y los problemas de inmigración alcanzaron nuestro ministerio.
Yo ejercía el ministerio con estudiantes latinos en una universidad conservadora y había presenciado cómo el Señor hizo crecer el ministerio de 10 a 150 personas en solo tres años. Al profundizar más en mi propia comunidad, las dificultades de nuestros estudiantes indocumentados suscitaron tensión y dolor. El 10 % del liderazgo de nuestro ministerio eran personas indocumentadas. Estos eran hombres y mujeres que amaban a Dios y les apasionaba trabajar para Él. No obstante, se estaba aceptando una legislación en nuestro estado que les dificultaba la vida a ellos y a sus familias. La actitud en el campus también sufrió cambios y los estudiantes latinos se convirtieron en el blanco de mucha de la frustración y la ansiedad presentes en la sociedad en general. Recuerdo que una vez varios de nuestros líderes latinos participaron en una «sentada» en el campus y ciertos estudiantes blancos pasaban y gritaban obscenidades raciales. Uno de ellos gritó: «Son todos unos cerdos y deberíamos fusilarlos».
Uno no podía mirar a nuestros amigos y descifrar su estado migratorio. Estos insultos de odio e instinto asesino se dirigían a toda persona de piel trigueña en los alrededores. Como latina de piel clara debía tomar una decisión. ¿Seguiría con mi timidez de años atrás y permitiría que esas actitudes continuaran? ¿Entonces debía sacrificar mi reputación para ser solidaria con mi comunidad? ¿Me atrevería a proclamar la verdad y afirmar que las personas latinas también fuimos hechas a la imagen de Dios y no es correcto afrentar contra este hecho?
Para mí, una mujer líder mexicana-estadounidense, ya no era una opción esconderme detrás de mi tez clara. Dios me había llamado a aceptar la totalidad de mi identidad por el bien de Su misión y por el bienestar de Sus hijos. Así lo hice: me convertí en defensora de la comunidad latina para luchar contra las dificultades que nos afectan. Miré a los ojos a mi equipo de latinos indocumentados y les prometí que sus batallas también serían mías sin importar el costo. Aunque no conocía sus historias a cabalidad, yo los apoyaba y estaba dispuesta a ejercer mi influencia para efectuar un cambio.
Me esforcé por explorar mis posibilidades en el ministerio a gran escala e incluso más allá para defender a mi pueblo. Esto suponía riesgos para mí, pero, así como Ester, yo consideraba esta causa digna de mi vida misma. Además, mi riesgo no podía compararse con las dificultades que enfrentaban los estudiantes latinos indocumentados. Tanto ellos como sus familias requerían asistencia y un cambio.
UNA LÍDER EN LA MISIÓN DE DIOS
Ester utilizó su influencia en beneficio de su pueblo y en el proceso aceptó su identidad. Me encanta que el libro termina no solo con el pueblo judío fuera de peligro, sino también con Ester transformada y diferente de aquella que vimos en el primer capítulo. Al principio, Ester era una novia judía que escondía su identidad. Al final, ella utilizó su poder para instituir la celebración del Purim, cuyo propósito era convertirse en parte integral del pueblo judío para recordarles cómo el Señor los había rescatado. Ella se había convertido en una líder dispuesta a entregar todo su ser a Dios para favorecer Su voluntad para el mundo.
DE LA HISTORIA DE ESTER A LA TUYA
¿Y tú? ¿De qué manera te pide el Señor que aceptes tu identidad por el bien de Su misión? Tengo la certeza de que Él te invita a encarnar tu identidad como lo hizo Ester, sin importar en qué punto de tu viaje de identidad étnica te halles. Quizás seas como yo y te ocultes detrás de tu capacidad para adaptarte a la cultura que te rodea. Dios te anima a que tomes el siguiente paso y descubras ese aspecto de quien eres, siempre con la seguridad de que Él te creó con intención y un propósito. Es posible que siempre hayas aceptado tu identidad étnica y que la veas como un regalo de Dios. ¿Crees que sea un obsequio útil para Su plan para el mundo? ¿Qué podrías hacer para consagrar este aspecto de ti en beneficio de la obra del Señor en tu vida y en la de quienes te rodean?
En la historia de Ester, Dios intervino para rescatar a Su pueblo elegido y así poder cumplir Su objetivo para la humanidad. Como mujer bicultural en la narrativa bíblica, Ester siempre será considerada una pieza imprescindible en la obra todavía inconclusa de la expansión del reino de Dios. ¿Quiénes serán las latinas multiculturales que Dios llamará «para un momento como este» en cada generación? Espero que seas tú, yo y todas nosotras juntas alzando nuestra voz en honor del legado de Ester.

LA MUJER SULAMITA
AMADA, ANTES QUE NADA

NATALIA KOHN
¡Cuán bella eres, amada mía!
¡Cuán bella eres!
¡Tus ojos son dos palomas! (Cant. 1:15)
Paloma mía, que te escondes
en las grietas de las rocas,
en las hendiduras de las montañas,
muéstrame tu rostro,
déjame oír tu voz;
pues tu voz es placentera
y hermoso tu semblante. (Cant. 2:14)
Cautivaste mi corazón,
hermana y novia mía,
con una mirada de tus ojos;
con una vuelta de tu collar
cautivaste mi corazón. (Cant. 4:9)
Permite que estos versículos refresquen tu corazón y revitalicen tu alma como una cascada. Este pasaje, esta antigua y hermosa canción posee verdades de lo que siente Jesús por ti. Tú le robaste el corazón y ahora gozas de su cuidado. Eres Su amada.
Lo ha cautivado quién eres, tu amor, tu devoción y tu amistad. Tu belleza lo impresiona y ha quedado encantado por tu amor. Continuamente pronuncia versos de amor para ti. ¿Cómo te sientes al leer y recibir estas verdades? ¿Qué significaría para ti ser amada por Jesús? ¿Cómo afectaría esta intimidad tu relación con Él y tu vínculo e influencia con las demás personas?
La mujer sulamita en esta historia de amor del Cantar de los cantares de Salomón es un ejemplo excepcional de la manera en que el amor dirige. Ella sabe que es amada y desde esa perspectiva guía a sus amigos hacia el amor de Jesús.
DE OBREROS A AMANTES
Cuando leí Cantares por primera vez y comencé a profundizar en ese mundo de intimidad con Jesús, descubrí con asombro que yo podía cautivarlo y que Él se deleita en mí. Yo sabía que Jesús me cuidaba y que murió para salvarme, pero no imaginaba que Él pudiera disfrutar mi ser y mi compañía. La faceta de cortejador y pretendiente de Jesús le parecía extraña a esta mente trabajólica mía. Jamás había escuchado el concepto de Cristo como novio en las múltiples iglesias que visité de niña, de adolescente y de joven adulta. Jesús, el que ama mi alma, era una realidad espiritual que no me habían enseñado durante mi educación y crianza cristiana.
El ministerio del que yo formaba parte enseñaba que Jesús era el eterno novio, como lo muestran los Evangelios. Sin embargo, yo nunca había comprendido la relevancia de esto para mi relación con Cristo y mi liderazgo. En su lugar, adopté con denuedo la identidad de obrera por Jesús. Con el tiempo, esto provocó que yo viera al Señor como mi director, mi jefe y mi supervisor en este gran proyecto de cosecha en la tierra. Yo disfrutaba trabajar y me apasionaba la misión. Trabajaba para Él más de 70 horas a la semana, procurando agotar las entradas a Su venida y determinada a producir lo más posible para el Señor. El proyecto me consumía y no me dejaba tiempo para cuidar de mi relación personal con Jesús: Ser Su amada, escuchar Su voz, conocer Su corazón, invertir en nuestra intimidad. Había mucho trabajo por hacer.
Nosotros los latinos trabajamos duro y comprendemos la palabra esfuerzo. Nos es familiar trabajar a medio tiempo, en condiciones difíciles, varios empleos a la vez para que el dinero alcance en nuestro hogar, pagar la cuenta del teléfono y ahorrar un poco para cuando nos agobie una crisis. Nuestros padres, tíos, hermanos, primos y amigos se reúnen afuera de Home Depot o en los parques para obtener algún trabajo ese día o toda la semana. En cada ciudad, la gente sabe dónde hallar jornaleros; esos son nuestros hombres proveyendo un servicio. Somos muy creativos e ingeniosos cuando de empleo se trata. Si un trabajo no nos conviene, nos contactamos con un familiar o un amigo para que lo intente. Nuestra gente es trabajadora y sentimos un orgullo sano al respecto.
No hay nada de malo en trabajar para mejorar la situación de nuestra familia. Sin duda tampoco es erróneo esforzarse para que el evangelio alcance comunidades, subculturas, familias, ciudades y naciones que no lo han experimentado. Sin embargo, es peligroso cuando nuestra identidad yace en el trabajo y en ser obreros de Jesús. ¿Qué crees tú? ¿Te identificas con ser una obrera o alguien amada por Jesús?
EL PARADIGMA DEL OBRERO
En la Biblia abundan los paradigmas y el del obrero es uno desde el cual operan muchos creyentes y líderes espirituales. Solemos referenciar pasajes bíblicos cargados de visión, acción y verdad; versículos que nos inspiran a unirnos a un ministerio y expandir el reino de Dios. Esos textos nos revelan la necesidad de guiar a más personas hacia la gracia y el amor de Jesús, entonces se convierten en la misión de nuestras iglesias y en nuestro propósito de vida. Esto es bíblico y santo; sin embargo, corremos el peligro de trabajar por la misión y soslayar a Cristo. Podemos llegar a obsesionarnos con estos proyectos y a olvidar a Aquel quien es la razón de nuestra obra. A continuación, encontrarás pasajes bíblicos donde Jesús trata el paradigma del obrero: Mateo 9, Mateo 28 y Hechos 1.
La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—. (Mat. 9:37)
Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. (Mat. 28:19-20)
Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hech. 1:8)
Estos pasajes muestran el preciso e increíble plan de Dios para redimir y rescatar a Su pueblo, Su creación. Son textos cargados del anhelo del Señor de traer el cielo a la tierra. Esa necesidad puede motivarnos a participar en el proyecto, a asociarnos con Dios para efectuar un cambio en el mundo. El paradigma del obrero es verdadero y bíblico. No obstante, debemos entender que Dios no basa nuestra identidad en ese concepto. Él no nos ve como empleados, trabajadores o sirvientes. Jesús es el nuevo pacto, que nos trajo un nuevo método de salvación: una relación personal con Él, mas no la religión, la cultura cristiana ni nuestros esfuerzos por ser los mejores obreros.
Cristo vino para reconciliarnos con el Padre y con nuestra identidad como hijos de Dios, Su novia y los coherederos del paraíso. Él vino como un novio para rescatar, redimir y alistar a Su novia para Su regreso. Estos pasajes sobre la obra inconclusa nos motivan, pero si nuestro acercamiento al plan de Dios no es mediante el paradigma de la novia, podemos quedar desconectados de nuestra fuente de vida y amor. Corremos el riesgo de olvidar por qué creemos en estas verdades y albergar resentimiento hacia Jesús, el empleador. No debemos olvidar que gozamos de la amistad y del amor de Cristo.
Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. (Juan 15:15)
Nuestra intimidad, amistad y amor por Él nos impulsan a cosechar la mies, a trabajar con intrepidez hasta los confines de la tierra. Sin embargo, nuestra identidad no puede fundamentarse en el trabajo o el servicio, sino en Jesús, el novio, que nos llama Su amada. A los 34 años de edad, me sentía completamente agotada por el ministerio. Pronto noté que trabajaba para expandir el ministerio de Jesús, pero que lo había soslayado a Él. En el quebrantamiento de mis oraciones comencé a aprender lo que significa ser la amada de Jesús.
EL PARADIGMA DE LA NOVIA
No sé en qué momento adopté la noción errónea de que Cantares era un «manual matrimonial» solo dirigido a personas casadas y que no aplicaba a mí, una mujer soltera en el ministerio. Esta alegoría, el canto más bello del rey Salomón de Israel, data de entre 971 y 931 a.C. El «Cantar de los cantares» fue la composición favorita y más excelente del rey, única entre las 1005 que escribió durante su vida (1 Rey. 4:32). Esta historia de amor es una alegoría cuyo propósito es que ahondemos en nuestra relación con Jesús. Los judíos conciben este canto como una representación del amor de Dios por Israel. La mayoría de cristianos creen que se trata de un símbolo del amor entre Cristo y la Iglesia, Su novia. Durante gran parte de la historia de la Iglesia, este texto estaba vedado a las mujeres porque lo creían demasiado erótico para ellas.
El Cantar de los cantares de Salomón no es un manual matrimonial, sino una guía para la Iglesia y el creyente sobre cómo adoptar la identidad y la intimidad de la novia de Cristo. Salomón, el rey, el novio, simboliza a Jesucristo y Su amor vigoroso, nuestro novio eterno. La mujer sulamita no representa una mujer en particular en la vida de Salomón; en realidad es una doncella cautivada por el amor de su rey. Este poema o canto no detalla la historia de la heroína, pero sí la describe con precisión, ya que nosotros debemos identificarnos y confrontar su nostalgia por su novio. Antes de profundizar más en este canto de amor sagrado, examinemos el paradigma de la novia.
Este importante marco operativo bíblico es un tema recurrente a lo largo de toda la Escritura. Se encuentra en Génesis 1, cuando Dios crea al hombre y a la mujer a la imagen de la Trinidad. Aquí Él presenta el modelo de esposo y esposa cuando afirma que Adán no debe estar solo en la Tierra, aunque tuviera perfecta comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Luego Dios creó a Eva y se la entregó a Adán como compañera y ayudante. Dios disfruta el amor, pues Él creó tanto el amor divino como el humano.
También vemos el paradigma de la novia en la historia de amor entre Dios e Israel. Él se llama a sí mismo el novio de Israel, Su novia que continuamente lo abandona. Durante siglos, Israel acudió y abandonó a Dios múltiples veces. En Isaías (capítulos 61 y 62) y Jeremías (capítulos 2 y 32) Dios afirma su conexión con Israel y declara que está casado con ella. Después, la alegoría se torna personal cuando Dios le pide al profeta Oseas que se despose con la prostituta llamada Gómer. Esto era una metáfora de la relación del Señor con Israel, que lo abandonaba por otros amantes y rechazaba Su amor, deslumbrada por lo que otros tenían. En el Antiguo Testamento, el paradigma de la novia se nos presenta en que Dios es continuamente rechazado por Israel, su novia.
En el Nuevo Testamento, percibimos este paradigma con mayor claridad en los cuatro Evangelios cuando Jesús se identifica como el novio.
Jesús les contestó:
—¿Acaso pueden ayunar los invitados del novio mientras él está con ellos? No pueden hacerlo mientras lo tienen con ellos.
Pero llegará el día en que se les quitará el novio, y ese día sí ayunarán. (Mar. 2:19-20)
Jesús se concibe como el novio: encarnado, el perfecto cortejador y pretendiente del mundo. Hay muchos pasajes bíblicos que describen el paradigma de la novia. Con el propósito de comprender más a profundidad este concepto, examinaremos el quinto libro sapiencial en el Antiguo Testamento. Dicho libro ilustra con detalle la verdad eficaz de concebir a Jesús como el novio y a nosotros como Su novia. A lo largo de este texto, tradicionalmente desconocido y enigmático, se describe el romance entre Salomón, que representa a Jesús, y la mujer sulamita, que nos representa a nosotros, la novia. Esta mujer es la protagonista del texto y nos muestra la pasión y la devoción que alberga por su amado, una fascinación por él y un anhelo ferviente por su amor. Estudiemos con detalle a esta líder poco convencional; aprendamos cómo este amor, esta intimidad, nos pueden orientar para convertirnos en líderes enamorados.
EL AMOR DE LA MUJER SULAMITA
Cantares es un libro que alberga increíbles riquezas y tesoros disponibles para el lector. En el texto conocemos a la mujer sulamita, que está obsesionada con su amado. Este viaje de amor abarca varias estaciones y lugares. Ello simboliza nuestra relación con el novio eterno; relación que puede parecer cíclica, pero está repleta de aventuras. Un momento ellos escalan una montaña, al siguiente exploran un jardín. Esta alegoría e historia de amor nos revela mucho sobre la identidad de novio de Jesús, quien ama con amor inagotable, y sobre nuestra identidad como Su novia, que recibe y responde con amor.
El libro inicia con el anhelo de la mujer sulamita de profundizar en esta relación, de experimentar más del amor de su novio, amor más grato que el vino.
Ah, si me besaras con los besos de tu boca…
¡grato en verdad es tu amor, más que el vino!
Grata es también, de tus perfumes, la fragancia;
tú mismo eres bálsamo fragante.
¡Con razón te aman las doncellas!
¡Hazme del todo tuya! ¡Date prisa!
¡Llévame, oh rey, a tu alcoba! (Cant. 1:2-4)
Ella está desesperada por Su amor y no se siente avergonzada. ¿Te identificas con esto? ¿Anhelas experimentar no solo el ministerio y las personas, sino a Jesús mismo?
A lo largo del texto, este amor es descriptivo, barroco y poético, tanto en el aspecto físico como en el emocional. En esencia, nos ilustra la intimidad entre dos amantes. En esa relación, ambos toman la iniciativa, responden y reciben al otro. Ellos van del banquete del amado a los árboles, se resguardan en las grutas entre rocas, pasean por viñedos, visitan el desierto y mucho más. En los capítulos 4 y 5 encontramos la imagen del jardín, que simboliza el corazón de la amada.
Jardín cerrado eres tú,
hermana y novia mía;
¡jardín cerrado, sellado manantial! (Cant. 4:12)
Unos versículos más adelante, ella describe con más detalle su corazón, el jardín de su amado.
¡Viento del norte, despierta!
¡Viento del sur, ven acá!
Soplen en mi jardín;
¡esparzan su fragancia!
Que venga mi amado a su jardín
y pruebe sus frutos exquisitos. (Cant. 4:16)
Salomón responde que disfruta mucho su jardín y ha quedado satisfecho.
He entrado ya en mi jardín,
hermana y novia mía,
y en él recojo mirra y bálsamo;
allí me sacio del panal y de su miel;
allí bebo mi vino y mi leche. (Cant. 5:1)
En el capítulo 5, la relación experimenta un cambio. Salomón, el novio, le pide a la mujer sulamita en el versículo 2 que salga de su aposento y que lo acompañe a subir una colina. Ella responde que permanecerá allí la noche y que está lista para dormir. Después se levanta y abre la puerta, pero él se ha ido. Ella lo rechaza y luego lo busca desesperadamente. Su corazón busca a su amado.
Le abrí a mi amado,
pero ya no estaba allí.
Se había marchado,
y tras su voz se fue mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé.
Lo llamé, y no me respondió. (Cant. 5:6)
Ella busca ayuda para encontrarlo y sus amigos la auxilian.
Dinos, bella entre las bellas,
¿en qué aventaja tu amado a otros hombres?
¿En qué aventaja tu amado a otros hombres,
que nos haces tales ruegos? (Cant. 5:9)
Los amantes están separados y los amigos de la mujer le preguntan: ¿Por qué él es el indicado? ¿Por qué es su amor superior a otros y amerita tal búsqueda?
Más adelante, los amantes se rencuentran. Cada capítulo contiene símbolos de su amor, devoción y compromiso. Ella aprende a seguir a su novio, a escuchar sus palabras, consejos y deseos. En el capítulo 8, vemos que el amor de la novia madura, pues ha soportado las estaciones, las transiciones, la distancia y la intimidad. Los amigos, testigos de este amor, hacen un comentario interesante:
¿Quién es esta que sube por el desierto
apoyada sobre el hombro de su amado? (Cant. 8:5)
Ella les responde a sus amigos con seguridad y con un mayor conocimiento de su relación.
Grábame como un sello sobre tu corazón;
llévame como una marca sobre tu brazo.
Fuerte es el amor, como la muerte,
y tenaz la pasión, como el sepulcro.
Como llama divina
es el fuego ardiente del amor.
Ni las muchas aguas pueden apagarlo,
ni los ríos pueden extinguirlo.
Si alguien ofreciera todas sus riquezas
a cambio del amor,
solo conseguiría el desprecio. (Cant. 8:6-7)
Esta historia de amor representa la intimidad con Jesús. El propósito de nuestro amado es que crezcamos en Su amor y que conozcamos más sobre Él. Jesús desea inspirar en Su amada una mayor dependencia y confianza en Su amor y liderazgo. Él quiere que la intimidad y el amor guíen nuestro pensamiento, emociones, convicciones y liderazgo.
DEL ESFUERZO A LA BÚSQUEDA
Marisol le entregó su vida a Jesús en su primer año de universidad. Yo percibí esa decisión en su rostro y en su comportamiento diario. Ella resplandecía de tal forma que su nueva relación con Cristo despertó la curiosidad de los demás. Ella ayudó a que amigos del colegio, de la universidad y miembros de su familia conocieran a Jesús. Marisol era una evangelista nata. La salvación y el gozo de Jesús brotaban de ella y esta nueva relación permanecía en su discurso.
Con el pasar de los años, como su amiga y mentora, pude ver el crecimiento de su influencia espiritual. Ella se convirtió en una líder en su universidad, fundó ministerios, viajó un verano a Turquía para interactuar con estudiantes universitarios musulmanes y aprendió y acompañó a muchos en las áreas urbanas marginales de Los Ángeles. Ella era una líder latina apasionada por Jesús.
Sin embargo, en unos años esa pasión desapareció gradualmente. Marisol se hizo más tensa y ansiosa. Su energía disminuyó y participaba en actividades cristianas (conferencias y estudios bíblicos) porque se suponía que debía hacerlo. Lloraba en su habitación y clamaba: «No puedo sentirte, oh, Dios». Asistía a la iglesia en busca de aquel sentimiento de amor que experimentó al entregarse a Jesús por primera vez. Marisol se encontraba a la merced de un vaivén incómodo en su relación con Jesús. Su estado alcanzó el punto crítico unas vacaciones de invierno, cuando regresó a casa deprimida, llena de la cultura cristiana, pero sintiéndose alejada de Dios y con el deseo de revivir su primer amor.
El siguiente semestre, ella se tomó un descanso del ministerio para enfocarse en Jesús. Ese año, Marisol descubrió que solo Cristo podía llenarla. Durante años, se había enfocado en estar cerca de Jesús en el ministerio, en lugar de estar con Él. Acudió a líderes, pastores y experiencias espirituales para saciar su sed, pero los talleres sobre sanidad no enmendarían su condición, sino estar con Jesús, escuchar Su voz y dedicarle tiempo. Marisol encontró su lugar secreto en Cristo. Ella afirmó: «Descubrí Su amor profundo por mí en la oración. Desde que me convertí, siempre he orado por otras personas y sus problemas y no por la intimidad con Jesús, por nuestra relación». Ella sintió el abrazo de Dios, que la atraía y la conquistaba hasta hacerla sentir como al principio, cuando descubrió el amor de Jesús por primera vez.
Marisol sabe que ese romance es eterno y que mientras más se acerque a Jesús, más crecerá la intimidad entre ellos. Esto ha fortalecido su liderazgo: ya no se compara con los demás tan a menudo, ni se deja guiar por sus inseguridades, ni tampoco espera que otras personas la llenen. Ella ora cada día y busca estar primero con Jesús, para luego poder orientar con ese amor a otros. Es increíble haber visto cómo su confianza en Jesús y en sí misma creció en tal magnitud en tan poco tiempo. Marisol está experimentando su primer amor y desea ser la amada de Cristo antes que todo lo demás.
Darmowy fragment się skończył.