Czytaj książkę: «Historia evangélica»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 249


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por VICENTE CRISTÓBAL LÓPEZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1998.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO341

ISBN 9788424932701.

INTRODUCCIÓN

1. Contexto histórico

Tras el conflictivo siglo III , en el que el Imperio había atravesado una crisis profunda que estuvo a punto de hundirlo por completo (235-285), en el comienzo del siglo IV los emperadores se imponen como tarea primordial el salvarlo del desastre. Pero con el fin de superar los peligros que lo amenazaban, el mundo romano tuvo que someterse a una disciplina férrea, a un despotismo intransigente, dando lugar así a un Estado totalitario que se esfuerza por controlar todas las energías de sus súbditos. El emperador, señor absoluto que ejerce su autoridad mediante un aparato administrativo sabiamente jerarquizado, aparece envuelto por una aureola divina que lo eleva por encima del común de los hombres. Sin embargo, la estabilidad política proporcionada al Imperio por este nuevo sistema trajo como consecuencia una relativa prosperidad económica y una paz social que permitieron una vez más el cultivo de las letras hasta niveles inimaginables en la centuria anterior.

Fue en primer lugar Diocleciano (284-305) el que se propuso ante todo esta obra de restauración. Fiel a las antiguas tradiciones de Roma, se entregó enteramente a la reorganización del Imperio y marcó con su impronta personal las instituciones imperiales. Pero el ingenioso sistema tetrárquico por él ideado no logró funcionar y surgieron de nuevo las luchas por la púrpura imperial, de las que Constantino (306-337) logrará emerger en el 324 como dueño único y absoluto del Imperio. Este emperador 1 , al que podemos considerar como el verdadero creador del Bajo Imperio, continuó la política centralizadora de Diocleciano e intentó adaptar mejor las instituciones a las necesidades de la nueva sociedad.

Fue precisamente bajo el mandato de Constantino cuando tuvo lugar uno de los cambios más trascendentales que ha conocido la historia de la Iglesia. Si la persecución de Diocleciano (303-305) intentó, con una violencia no igualada hasta entonces, aniquilar totalmente el cristianismo, la progresiva ascensión de Constantino (306-312-324) dio lugar a un cambio completo en la situación jurídica de la nueva religión. El famoso Edicto de Milán (promulgado el 15 de junio del 313) les concedía a los cristianos una plena y total libertad de culto y la restitución inmediata de todos los bienes confiscados.

Aunque la tolerancia y la libertad de cultos eran en principio la doctrina oficial, en modo alguno se mantuvo equilibrada la balanza entre paganismo y cristianismo, pues la política imperial favoreció claramente a la nueva religión (aparición de los símbolos cristianos en las monedas, concesión de un estatuto jurídico privilegiado a la Iglesia católica, multiplicación de los centros de culto, aparición de las primeras medidas restrictivas contra las prácticas paganas, etc.).

Así pues, se había entrado en una fase totalmente nueva de la historia del cristianismo. La Iglesia ha logrado que se supriman los obstáculos que dificultaban hasta entonces la evangelización y todo parecía empujar a la cristianización del Imperio romano en su totalidad (al final de la centuria el cristianismo acabaría siendo la religión del Estado, la única legalmente reconocida).

Es precisamente en este contexto político —una relativa paz y prosperidad del mundo romano unificado bajo la autoridad de un solo emperador— y religioso —verdadero triunfo del cristianismo como religión privilegiada y favorecida dentro del Imperio— en el que debemos situar la figura de Juvenco.

2. Datos biográficos y cuestiones generales

De Gayo Vetio Aquilino Juvenco no sabemos prácticamente nada, salvo unas breves noticias que sobre él nos aporta S. Jerónimo 2 y unos escasísimos datos que el poeta mismo nos ofrece en los versos finales de su obra 3 .

Con todo, estas concisas manifestaciones nos revelan la patria del poeta (Hispania), su noble linaje, su condición de presbítero, el tema de su obra (una traducción casi literal y en cuatro libros de los Evangelios 4 ) y la época en que vivió y llevó a cabo su composición (en tiempos del emperador Constantino 5 ).

La concesión de la libertad religiosa otorgada por el Edicto de Milán (313) produjo como consecuencia inmediata un considerable aumento del número de cristianos cultos y un clima eclesiástico diferente. En este ambiente de libertad ilimitada y absoluta de confesión religiosa, la cultura cristiana sintió rápidamente la necesidad de que su poesía desempeñara en la educación cristiana un papel similar al que venía ejerciendo tradicionalmente en la escuela pública la poesía pagana de los grandes autores de época augústea y especialmente de Virgilio 6 . En estas circunstancias no resulta extraño en modo alguno que un autor como Juvenco se propusiera verter el Evangelio en los moldes tradicionales de la poesía épica y que el modelo indiscutible para esta tarea fuese precisamente Virgilio.

Así pues, podemos decir que Juvenco es el primer poeta cristiano conocido que aborda, en la primera mitad del siglo IV , la creación de un lenguaje épico para transmitir los hechos e ideas de la nueva religión. Él es el pionero de la épica cristiana. Y el éxito de su empresa fue indiscutible, a juzgar por la gran cantidad de citas y alusiones que de su epopeya nos han transmitido autores del final de la Antigüedad, así como de toda la Edad Media y del Renacimiento 7 .

3. Obra

Aunque la tradición ha atribuido a veces a nuestro poeta otras composiciones (así por ejemplo S. Jerónimo 8 alude a ciertos escritos sobre los sacramentos y el célebre renacentista Pedro Crinito 9 sostiene que Juvenco compuso también algunos himnos), lo cierto es que de él sólo conservamos una obra que los mejores manuscritos nos transmiten con el título de Liber evangeliorum o Libri evangeliorum quattuor, y que más comúnmente conocemos con el nombre de Historia evangélica , si bien éste es un título que probablemente tan sólo remonte a la edición que de la misma llevó a cabo Aldo Manuzio y que se publicó en 1502 10 .

La obra se nos presenta como un conjunto de 3211 hexámetros distribuidos en un prefacio de 27 versos y en cuatro libros de 770, 829, 773 y 812 versos respectivamente 11 . La estructuración de la Historia evangélica en cuatro libros parece obedecer única y exclusivamente a un deseo del poeta de constituir partes que, presentando un número de versos muy similar al que encontramos en los cantos de la Eneida, tuviesen todas más o menos la misma extensión 12 .

En el pequeño prefacio Juvenco muestra su epopeya como superior a todas las paganas que la han precedido, pues él no va a celebrar las mentiras de la mitología sino la verdad del Evangelio, las hazañas de la vida de Cristo; es esto precisamente lo que le proporcionará al poeta no sólo la gloria inmortal obtenida por Homero y Virgilio, sino también aquello que es más importante, la salvación eterna 13 .

Para cantar las hazañas de la vida de Cristo (praef. 19: Christi vitalia gesta) , Juvenco sigue como fuente primordial el relato evangélico de Mateo. Hay que decir sin embargo que cuando en Mateo no se encuentra un episodio que el poeta considera importante, entonces éste recurre a los otros evangelistas, en especial a Lucas o a Juan, ya que de Marcos sólo encontramos en la Historia evangélica pequeños detalles. Las correspondencias de la obra juvenciana con sus fuentes evangélicas podemos esquematizarlas en líneas generales 14 del siguiente modo:

Libro I:

vv. 1-132 …………… Lucas I.

vv. 133-143 …………… Mateo I 19-24.

vv. 144-223 …………… Lucas II 1-39.

vv. 224-277 …………… Mateo II 1-23.

vv. 278-306 …………… Lucas II 40-51.

vv. 307-770 …………… Mateo III 1-VIII 15.

Libro II:

vv. 1-98 …………… Mateo VIII 16-1X9.

vv. 99-242 …………… Juan I 43-III 21

vv. 243-346 …………… Juan IV.

vv. 347-636 …………… Mateo IX 10-XII 37.

vv. 637-691 …………… Juan V 19-47.

vv. 692-829 …………… Mateo XII 38-XIII 35.

Libro III:

vv. 1-773 …………… Mateo XIII 36-XXII 14.

Libro IV:

vv. 1-305 …………… Mateo XXII 15-XXV 46.

w. 306-402 …………… Juan XI 1-46.

vv. 403-801 …………… Mateo XXVI 3-XXVIII 20.

Es decir, si bien el poeta ha seguido en su paráfrasis fundamentalmente el evangelio de Mateo, sin embargo ha parafraseado también a veces a Lucas y a Juan. Al primero de ellos ha acudido en todo lo referente al anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y la concepción del mismo, la Anunciación, la visita de la virgen María a Isabel, el nacimiento de Juan el Bautista, el nacimiento de Jesús y la adoración de los pastores, la circuncisión de Jesús y la presentación de éste en el templo. De Juan ha tomado los siguientes episodios: el encuentro de Jesús con Felipe y Natanael, las bodas de Caná, la expulsión de los profanadores del templo, la entrevista con Nicodemo, la estancia de Jesús entre los samaritanos, la curación del hijo del funcionario real de Cafamaúm, el discurso de Jesús sobre la unidad del Padre y el Hijo y la obra de éste, y la resurrección de Lázaro.

Aunque es muy poco lo que del relato evangélico de Marcos encontramos en la Historia evangélica , no podemos decir sin embargo que nuestro poeta lo haya ignorado totalmente, pues Juvenco ha tomado pormenores de este evangelista en algunos pasajes de su obra, entre los que se suelen destacar el episodio de la tempestad calmada (II 25-42) y el del geraseno endemoniado (II 43-74) 15 .

El texto evangélico manejado por Juvenco debió de ser el de alguna de esas versiones cuyo conjunto constituyen lo que conocemos como Vetus Latina 16 ; es decir, el poeta utilizaría como fuente una o varias de las versiones latinas de la Biblia anteriores a la Vulgata o versión jeronimiana 17 .

La obra se cierra con un epílogo personal del poeta (IV 802-812) en el que primeramente Juvenco se nos presenta como versificador de los textos sagrados iluminado por la gracia de Cristo y en segundo lugar hace una alabanza del emperador Constantino, bajo cuyo gobierno el poeta compuso su obra.

La Historia evangélica ha surgido en ese ambiente propicio de época constantiniana en el que los cristianos, convencidos de que mediante la poesía podían dar a conocer las ideas y los sentimientos más profundos de su fe, han creado una poesía propia sirviéndose para ello de las formas tradicionales de la poesía pagana 18 . La obra de Juvenco pretende ser una síntesis entre la cultura pagana de un lado y la cristiana de otro, centrada esta última exclusivamente en la figura de Jesús de Nazaret. Y verdaderamente se percibe en la obra juvenciana una auténtica tensión entre estos dos polos tan dispares. En absoluto encontramos en ella una perfecta cohesión entre forma y contenido, sino que a un significado ya establecido —la vida y los hechos de Jesús— se le aplica un significante generado a partir de otros contenidos bien diferentes —los moldes tradicionales de la épica clásica—. Juvenco utiliza los recursos estilísticos de la épica como adornos de la sobriedad del texto evangélico 19 .

Aunque el deseo de verter el contenido cristiano en la tradición literaria clásica hizo que la nueva poesía evitase rigurosamente todos los elementos lingüísticos específicamente cristianos, sin embargo en Juvenco, tal vez debido a su carácter de iniciador de la poesía épica cristiana, no se produce de forma sistemática esta sustitución léxica, sino que en su Historia evangélica alternan vocablos procedentes de esas dos esferas en las que se mueve su creación poética 20 .

4. La imitación de Virgilio

Aunque en la Historia evangélica encontramos elementos tomados de los poetas más destacados de la Antigüedad clásica (Ennio, Ovidio, Estacio, Lucano, Horacio, Catulo, etc.), sin embargo Juvenco, al intentar verter la prosa del Evangelio en los moldes tradicionales de la épica, ha tenido como maestro fundamental a Virgilio, que era el modelo por excelencia dentro de este género poético.

En líneas generales podemos decir que la imitación de Virgilio por parte de Juvenco gira en tomo a cuatro aspectos fundamentales 21 :

a) Elección del vocabulario.

b) Incorporación de iuncturae 22 .

c) Imitación de tramos más o menos largos.

d) Trasposición temática.

Examinamos a continuación brevemente cada uno de estos procedimientos utilizados por nuestro poeta.

a) La utilización del léxico virgiliano por parte de Juvenco es constante 23 . En la mayoría de las ocasiones nuestro poeta no se limita a tomar de diferentes hexámetros virgilianos las palabras que constituyen cada uno de sus versos, sino que además las coloca en la misma posición métrica en la que aparecen en su fuente. Así pues, al observar en los hexámetros virgilianos los elementos con los que Juvenco ha logrado formar un verso concreto de su obra, tenemos la impresión de encontramos ante una auténtica escalera en la que cada una de las palabras representa un peldaño. Ejemplo:

Juv., I 67: Nuntius haec contra celeri sermone profatur

En. XII 75: Nuntius haec, Idmon, Phrygio mea dicta tyranno

En. XII 790: adsistunt contra certamina Martis anheli

En. V 485: Protinus Aeneas celeri certare sagitta

En. VIII 468: aedibus et licito tandem sermone fruuntur

En. IV 364: luminibus tacitis et sic accensa profatur

Más frecuentes todavía son sin embargo los casos en los que a esta escalera le falta un peldaño, es decir, aquellos casos en los que una palabra de un hexámetro concreto de Juvenco no la encontramos nunca en esa posición en Virgilio 24 . Ejemplo:

Juv., I 37: auribus ingratis hominis visuque receptus

En. VI 497: auribus et truncas inhonesto vulnere naris

En. VII 425:I nunc , ingratis offer te, inrise, periclis

Geórg. IV 444: in sese redit atque hominis tandem ore locutus

En. XI 527: planities ignota iacet tutique receptus

b) Uno de los procedimientos más simples seguido por Juvenco para imitar a Virgilio consiste en incorporar en sus hexámetros iuncturae del poeta de Mantua 25 . Son numerosísimos los ejemplos de iuncturae virgilianas que encontramos en el comienzo de los hexámetros juvencianos:

Juv., I 12: nuntius et soli iussas perferre loquellas

En. XI 897: nuntius et inveni ingentem fert Acca tumultum

Juv., I 175: Et simul his dictis caeli secreta revisunt

En. V 357: Et simul his dictis faciem ostentabat et udo

Juv., I 235: imperio accitos iubet omnia quaerere legis

En. XI 235: imperio accitos alta intra limina cogit

Y muy frecuentes también son los hexámetros que contienen un final tomado de Virgilio:

Juv., I 111: ingeminat. Placuit multi tunc iussa parentis

En. VII 368: idque sedet, Faunique premunt te iussa parentis

Juv., I 145: Caesaris Augusti iussis per plurima terrae

Geórg. I 184: inventusque cavis bufo et quae plurima terrae

Juv., I 153: Hospitio amborum Bethleem sub moenibus urbis

En. XII 116: campum ad certamen magnae sub moenibus urbis

Pero hallamos igualmente iuncturae en interior de verso (Juvenco, I 73: Sic cognata tibi , sterilis quae credita cunctis / Geórg. II 53: Nec non et , sterilis quae stirpibus exit ab imis) , versos con iuncturae virgilianas al principio y al final de los mismos (Juvenco, I 2: sub quo servator iusti templique sacerdos / En. X 167: sub quo mille manus iuvenum, qui moenia Clusi ; En. VII 419: fit Calybe Iunonis anus templique sacerdos), iuncturae con inversión del orden de palabras (Juvenco, I 191: caelestes voces , cui quondam praescia rerum / En. XII 392: Iasides, acri quondam cui captus amore) , creación de nuevas iuncturae a partir de la contaminación de dos o más iuncturae virgilianas 26 , etc.

c) Es también frecuente en Juvenco la imitación de tramos largos de Virgilio 27 . Un ejemplo de este tipo de imitación puede ser el discurso del ángel a Zacarías en I 10-26, el primero de los discursos que encontramos en la Historia evangélica y en el que se transmite a Zacarías lo dispuesto por Dios 28 .

El discurso guarda estrecha relación con el que encontramos en En. IV 219-237, discurso éste de gran importancia por ser el segundo de la Eneida en orden de aparición y longitud y por tener como objeto el recordar a Eneas que es su deber gobernar Italia y dar sus leyes al orbe entero 29 .

La comparación de los dos discursos nos permite establecer un paralelismo entre los personajes que encontramos en ambos: Júpiter-Dios, Mercurio-ángel, Eneas-Zacarías, Ascanio-Juan Bautista.

Pero es que además Juvenco ha adaptado el texto virgiliano desde la misma introducción de su discurso, recogiendo las palabras esenciales y los elementos definidores del discurso fuente. Así, el sustantivo nuntius que en Virgilio (v. 237) parece referirse al mensaje mismo lo encontramos también en Juvenco referido al ángel mensajero (v. 12); la expresión virgiliana genetrix pulcherrima (v. 227), referida a Venus, la madre de Eneas, se convierte en Juvenco en cara tibí coniuge (v. 18), referida a Isabel, la esposa de Zacarías; hay coincidencia de sílabas entre la orden dirigida a Mercurio al final del discurso virgiliano (v. 237: hic nostri nuntius esto) y la orden, también en el mismo fin del discurso, del ángel a Zacarías (v. 26: tu vocitare memento) , donde Juvenco incluso conserva la forma del imperativo futuro; el epíteto Omnipotens referido a Júpiter (v. 222) se transforma en Juvenco en la perífrasis rerum pater unicus (v. 16) referida al Dios cristiano; la expresión tantarum gloria rerum (En. IV 232) tiene su correspondencia en grandis rerum gloria (Juvenco, I 19), donde el adjetivo tantarum , referido a rerum , es sustituido por grandis , referido a gloria' , etc.

Otro ejemplo de imitación de un tramo largo de Virgilio puede ser la descripción juvenciana de la tempestad marina (II 25-32), donde nuestro poeta utiliza el léxico y las imágenes de la famosa tempestad virgiliana de En. I 81-156 30 .

d) Son también numerosos los pasajes en que Juvenco no se limita a tomar de Virgilio una serie de elementos léxicos, sino que lleva a cabo una verdadera trasposición temática más o menos elaborada de episodios virgilianos. Y es que cuando el tema sagrado presenta de algún modo cierta similitud con determinado pasaje de la épica virgiliana, nuestro poeta intenta acomodarse al tópico y añade notas y matices ajenos al Evangelio, logrando así introducir y recrear en su Historia evangélica escenas y situaciones de la obra del mantuano.

Un buen ejemplo de trasposición temática pueden ser los versos 403-405 del libro IV, con los que el poeta da comienzo a la pasión de Jesús 31 :

Ergo ad concilium scribae, plebisque vocatur

iam gravior numerus, qua vatum principis alte

pulchra Caiphaeae conlucent atria sedis.

En este pasaje 32 , además de que la expresión concilium... vocatur (v. 403) no es sino una adaptación de la iunctura virgiliana concilium vocat 33 , observamos fundamentalmente una gran similitud con el pasaje de En. XI 234-235, donde el rey Latino convoca en asamblea a los principales de los suyos:

Ergo concilium magnum primosque suorum imperio

accitos alta intra limina cogit 34 .

Las semejanzas se dan en cada una de las tres partes que podemos distinguir en ambos textos:

1) Convocatoria de la asamblea, para lo cual encontramos en Virgilio la perífrasis ergo concilium... / imperio accitos... cogit , y que Juvenco resuelve con la simple expresión ergo ad concilium vocatur a la que ya hemos aludido anteriormente.

2) Asistentes a la asamblea e importancia de la misma, que el texto virgiliano expresa de modo sencillo mediante concilium magnum primosque suorum , mientras que Juvenco acude a la perífrasis encabalgada scribae, plebisque... / iam gravior numerus 35 .

3) Lugar de celebración de la asamblea, donde Virgilio utiliza la sencilla expresión alta intra limina , en tanto que Juvenco describe más ampliamente el lugar con una oración de relativo (qua vatum principis alte / pulchra Caiphaeae conlucent atria sedis ) 36 .

Pero son en verdad numerosos los pasajes en los que podemos señalar una trasposición temática virgiliana: I 75 (Geórg. IV 438), I 84 (En. XII 411), I 122-124 (En. II 664-667), I 243-246 (En. II 693-698), IV 588-589 (En. II 57 ss.), etc.

5. Procedimientos de composición

Juvenco realiza con frecuencia su paráfrasis mediante un cierto número de procedimientos estandarizados que repite una y otra vez con insistente frecuencia. Sin pretender hacer un análisis exhaustivo, sino tan sólo intentando dar una visión muy general de los mismos, enumeramos a continuación aquellos que nos parecen esenciales 37 :

1.°) El procedimiento parafrástico fundamental en lo que al sustantivo se refiere consiste en sustituir el sustantivo del Evangelio por otro de mayor colorido y perteneciente a la lengua poética. Pero dentro de este procedimiento encontramos dos maneras típicas de parafrasear:

a) A un sustantivo del Evangelio, generalmente en caso recto, corresponde el mismo sustantivo en genitivo (sustantivo este último que a veces forma parte de una aliteración y en algún caso va acompañado de un adjetivo), con lo cual el concepto se hace más recargado. Ejemplos: Mt V 13: Vos estis sal terrae — I 472: Discite vos hac in terra salis esse saporem; Mt VI 20: fures — I 615-616: horrida furum / factio; Jn III 15: habeat vitam aeternam — II 223: sublimis capiat donum inviolabile vitae; etc.

b) Juvenco sustituye un sustantivo evangélico por un sinónimo del mismo más un adjetivo. Ejemplos: Le III 4: parate viam — I 314-315: amplas / instruite stratas; Jn II 15: eiecit de templo — II 159: sancta proturbat ab aede; Mt XIII 38: zizania — III 7: lolium infelix; Mt XV 19: adulteria — III 170: furta nefanda tororum; etc.

2.°) En lo que se refiere al adjetivo, aunque la prosa del Evangelio es pobre en ellos, Juvenco los emplea abundantemente en su Historia evangélica. Nuestro poeta los usa para darle a su obra más colorido y dramatismo, para hacer su poesía mucho más rica en detalles y dotarla de mayor expresividad. Aparecen constantemente epítetos para caracterizar a los personajes, lo cual era algo corriente en toda la tradición épica; son muy abundantes como epítetos los adjetivos en -tor: legum completor (II 568), leti victor (II 405, IV 770), mentis perspector (II 274), etc. Gusta también el poeta de utilizar de los adjetivos compuestos tan frecuentes en la poesía épica (algunos de ellos son creaciones analógicas suyas): omnigenus (IV 154), septemplex (I 356), velivolus (II 11), flammipes (II 546), flammivomus (praef. 23), altithronus (zpraef 24), glaucicomans (III 623), ignicomus (III 1), flammicomans (IV 201), etc. El adjetivo puede cumplir en Juvenco diversas funciones:

a) Con mucha frecuencia nuestro poeta añade a un sustantivo del Evangelio un adjetivo que tiene simplemente una función decorativa. Ejemplos: Mt II 2: stellam — I 230: stellae fulgentis·, Mt XXIV 27: adventus — IV 148: rapido adventu ; Mt XXIV 29: stellae — IV 151: ignicomaeque stellae', Jn XI 41: gratias — IV 387: eximias grates ; etc.

b) Otras veces el adjetivo acentúa y enriquece de modo preciso el significado del sustantivo al que acompaña, en concordancia con el sentido general del contexto en el que aparece. Así, en el episodio de la matanza de los inocentes, el simple Herodis, regis Iudaeae de Le I 5 va acompañado en Juvenco de cruentus en I 1 (rex cruentus) y de ferus en I 257 (At ferus Herodes ) 38 .

3.°) En lo que se refiere a las formas verbales, es frecuente, en el contexto de elaboradas amplificaciones, que Juvenco las explicite mediante un sustantivo de la misma raíz del verbo, acompañado a su vez de uno o más adjetivos. Ejemplos: Le I 21: plebs mirabantur — I 43: populus miracula longa trahebat·, Mt VII 26: qui audit verba mea haec, et non facit ea — I 721-722: Qui vero auditu tantum mea iussa tenebit / diversisque procul factis per lubrica perget; Mt XXI 6: discipuli fecerunt sicut praecepit — III 630: discipuli celeri complent praecepta paratu; Mt XXIV 26: nolite credere — IV 144: longe credulitas absit vanissima vobis; etc.

4.°) Cuando el poeta participa de modo particularmente intenso y personal en el texto que parafrasea, se suele expresar normalmente en forma interrogativa, y por consiguiente con frases mucho más elaboradas, con el fin de atraer la atención del lector hacia aquellas enseñanzas que quiere resaltar. Ejemplo: Mt VI 26: Respicite volatilia caeli, quoniam non serunt, neque metunt, neque congregant in horrea: et pater vester caelestis pascit illa — I 634-637: Aerias spectemus aves: num vomere presso / terga soli subigunt, iaciunt aut semina farris, / aut segetum culmos incurva falce recidunt? / Proveniet tamen his satias potusque cibique 39 . Y en el episodio de las negaciones de Pedro, cuando una de las criadas se dirige a éste acusándolo de que también él era compañero de Jesús (cf. Mt XXVI 69: et accessit una ex ancillis, dicens: Et tu cum Iesu Galilaeo eras), Juvenco transforma esta afirmación en una interrogativa directa, con lo cual parece quedar mejor recogida la intención de la mujer, que no era otra sino la de atraer la atención de todos los presentes (cf. Juvenco, IV 570-572: At Petrum mulier tristem quod viderat intus, / «tune etiam, iuvenis, fueras comes additus», inquit, / «isti, quem ludens procerum sententia damnat?») 40 .

Todos estos procedimientos que hemos señalado demuestran que Juvenco no se ha limitado a traducir al lenguaje de la poesía clásica latina los conceptos expresados en el Evangelio, sino que con muchísima frecuencia ha procurado que sus términos guarden una estrecha relación con los empleados en su fuente cristiana.

Por lo general Juvenco tiende a hacer más expresivo y emotivo el relato evangélico, explicitándonos rasgos psicológicos y estados de ánimo que el Evangelio sólo deja entrever, utilizando también una abundante adjetivación que enriquece de detalles su paráfrasis.

6. Los vocablos técnicos

Juvenco muestra un especial cuidado en la traducción de todos los vocablos técnicos del Evangelio: grecismos (synagoga, baptismus, baptizaré) , palabras que designan grupos de personas (pharisaei, sadducaei) , términos característicos del culto y la doctrina de los cristianos (fides , poenitentia), nombres comunes del latín clásico que en el contexto cristiano adquieren significado nuevo (dominus, deus) , etc.

Dado que nuestro poeta se propone fundamentalmente trasladar el contenido de los Evangelios a la lengua clásica latina, pone una atención especial en este tipo de términos. Son más bien raros los casos en los que un término del Evangelio se sustituye sistemáticamente por otro perteneciente al lenguaje de la poesía. Lo más normal, especialmente cuando se trata de términos muy frecuentes, es que unas veces el poeta sustituya el sustantivo evangélico por otro o por una expresión compuesta y otras lo deje tal cual aunque especificándolo normalmente con una serie de detalles que no tienen paralelo en su fuente. Hay que añadir además que la variatio es un criterio básico en la técnica parafrástica de Juvenco. Examinemos brevemente los más importantes de estos términos 41 :

En cuanto al término Deus , el poeta se limita en muchas ocasiones a trasladarlo tal cual, sin modificación alguna 42 . Y en verdad son mucho más numerosos los pasajes en los que se conserva el término que aquellos otros en los que el poeta lo sustituye de un modo u otro 43 .

El término Dominus (que en el Evangelio se utiliza referido tanto al Padre como al Hijo y que en la tradición cristiana se convierte en uno de los términos más usuales para designar a Cristo), Juvenco lo utiliza en su obra tanto referido a Yahveh como a Jesús. A veces, cuando el término se refiere a Dios, le suele añadir otros elementos 44 . En líneas generales podemos decir que este término es muy del gusto del poeta, lo cual concuerda con las preferencias del lenguaje cristiano de su tiempo.

El poeta evita sistemáticamente el adjetivo Altissimus, bien porque lo considerase demasiado prosaico, bien por razones métricas 45 . Para reproducir ese concepto de grandeza y trascendencia divina Juvenco recurre a otras expresiones 46 .

En lo que se refiere a Pater , Juvenco no habría tenido dificultad en insertar siempre en sus hexámetros este término tal cual, pero su gusto por la variatio ha hecho que también recurra a otros procedimientos. Así, unas veces el poeta se limita a tomar el término del Evangelio (IV 65: Unus item pater est, caeli qui in culmine regnat) 47 , otras le añade un adjetivo (II 552: Iam mihi regnantis sunt omnia tradita patris) 48 , pero en muchísimas ocasiones lo sustituye por genitor , palabra mucho más poética y expresiva 49 .

Christus (cf. nota 34 de la traducción) había llegado a ser en la época de Juvenco el término más corriente para referirse a Jesús. Es esto precisamente lo que explica que este vocablo sea en nuestro poeta mucho más frecuente que en el texto evangélico. Son muy abundantes los lugares en los que Juvenco emplea Christus cuando en el Evangelio encontramos Iesus 50 . Y más numerosos aún son aquellos pasajes en los que el poeta especifica con el término Christus una expresión pronominal del texto evangélico 51 . Pero se utiliza también para sustituir a magister 52 , a Dominus 53 , a Filius hominis 54 y lo encontramos además en una serie de pasajes que parafrasean muy libremente expresiones evangélicas breves 55 . Hay ocasiones en las que el poeta realza de diversos modos el hondo significado que el término Christus tenía en su origen («ungido por Dios», «Mesías»), haciendo hincapié en el carácter y las consecuencias de la obra redentora de Jesús 56 . La frecuencia con la que Juvenco se sirve de este vocablo nos hace pensar que quería subrayar con él la doble dimensión humana y divina de la figura de Jesús.

Frente a la reiterada utilización de Christus , el término Iesus se emplea mucho menos en la Historia evangélica. Si en muchos casos, como ya hemos dicho, se sustituye por Christus , en otros sencillamente se omite 57 , o bien es reemplazado por salvator o servator 58 . Precisamente el hecho de que nuestro poeta haya considerado a Iesus menos significativo que Christus explicaría también el que en numerosas ocasiones refuerce el término mediante la adición de sustantivos o adjetivos: mundi regnator Iesus (II 265); mentis perspector Iesus (II 274); largus miserator Iesus (II 293); legum sed tum completor Iesus (II 568); terrarum lumen Iesus (II 733); clarus Iesus (IV 790); etc.

A propósito de Filius referido a Cristo, podemos hacer más o menos las mismas consideraciones que hemos hecho respecto a Pater , si bien Filius es un término mucho menos utilizado. A veces Juvenco lo sustituye por términos más usados en poesía como natus y suboles 59 . Es muy utilizada la expresión Filius hominis , que pone de relieve al mismo tiempo la humanidad de Cristo y su divinidad 60 .

En cuanto al término Rabbi («maestro»), apóstrofe respetuoso dirigido casi siempre a Jesús 61 , Juvenco lo sustituye normalmente por Sancte 62 , en algunas ocasiones por magister 63 y en otras sencillamente lo omite 64 .

El término Spiritus (que en la Praefatio de la obra lo utiliza Juvenco sustituyendo a las Musas paganas como fuente de inspiración 65 ) lo conserva el poeta en su paráfrasis la mayor parte de las veces que lo encuentra en la fuente evangélica 66 . Pero por el contrario no gusta Juvenco de la expresión evangélica Spiritus sanctus y cuando la encuentra en su fuente sólo conserva Spiritus en tanto que sanctus lo prafrasea de diversos modos, aunque intentando siempre poner de relieve la excelencia del Espíritu divino 67 . A veces sustituye el término Spiritus por flatus 68 , flamen 69 y spiramen 70 ; y estos tres términos sí suelen ser especificados por Juvenco mediante el adjetivo sanctus.

En cuanto a angelus , hay que decir que nuestro poeta ha omitido sistemáticamente este grecismo propio del lenguaje cristiano. Unas veces lo sustituye por la correspondiente palabra latina nuntius 71 ' , otras por minister 72 y en otras ocasiones lo omite por completo y sólo hace referencia al mandato divino transmitido por el ángel 73 .

El término evangélico diabolus lo sustituye a veces Juvenco por el más clásico daemon , aunque convenientemente reforzado 74 ; en otras ocasiones lo que encontramos en lugar de diabolus son verdaderas abstracciones perifrásticas como horrendi sceleris fallacia (I 374), furibunda fallacia (I 398), pestiferi rabies vesana veneni (1404), vis sola nocendi (II 59), etc.

El poeta evita en su obra el empleo de publicani y por ello se ve obligado a recurrir a perífrasis como ésa de amplias dimensiones que encontramos en II 348-349 (publica conductis qui vectigalia lucris / professi rapiunt alieno nomine praedam) 75 y que los describe con precisión, o aquélla otra mucho más genérica de I 571 (gens dedita lucris) 76 .

Continuamente utiliza Juvenco tal cual el vocablo evangélico propheta. Por otra parte, el término compuesto pseudoprophetae (Mt XXIV 11 y 24) se convierte en Juvenco sencillamente en falsi prophetae (IV 113 y 138).

El término synagoga , que aparece en algunas ocasiones en el evangelio de Mateo (IV 23, IX 35, XIII 54, XXIII 6) no lo encontramos nunca en los correspondientes pasajes de Juvenco (I 435, II 422, III 18, IV 59) 77 .

Sí encontramos en la Historia evangélica el vocablo sabbata , aunque el poeta se esfuerza por explicar y aclarar el significado de dicha palabra 78 .

No emplea Juvenco la palabra ecclesia , que se sustituye por concilium 79 , multi 80 y aedes 81 .

El término baptismus , a pesar de tener una gran importancia en el léxico cristiano, tampoco lo encontramos en nuestro poeta, que lo sustituye por paráfrasis 82 . E igualmente se omiten y se desarrollan mediante perífrasis el término Baptista 83 sobrenombre aplicado a Juan, y el verbo baptizo 84 .

Fides , palabra fundamental en el léxico cristiano, es muy utilizada por nuestro poeta en su paráfrasis, pues hay que tener en cuenta que también era un término común en el latín clásico, tanto en prosa como en verso. E incluso en algunos casos Juvenco utiliza fides para sustituir otros términos evangélicos 85 .

En cuanto al término resurgere , palabra fundamental en el cristianismo, Juvenco utiliza a veces el simple surgere 86 , en tanto que otras veces recurre a expresiones elaboradas en las que aparecen verbos o sustantivos que comienzan por re- , tratándose por lo general de términos poéticos muy utilizados 87 . El poeta evita igualmente el término resurrectio 88 .

7. Recursos compositivos y estilísticos

Si bien la poesía de Juvenco se caracteriza esencialmente, en concordancia con su fuente evangélica, por su sobriedad, no es menos cierto sin embargo que también encontramos en nuestro poeta toda una serie de recursos compositivos y estilísticos que, pretendiendo la vinculación del poema con la tradición literaria pagana y el embellecimiento del mismo, hacen que éste se aparte un tanto del escueto y sencillo relato evangélico y muestre elementos característicos de la tradición épica clásica. A algunos de estos recursos ya nos hemos referido en las páginas anteriores 89 . Conviene sin embargo resaltar también éstos otros:

A) Juvenco, en su intento de acomodar el texto evangélico al lenguaje épico, utiliza profusamente las llamadas «fórmulas de transición» 90 . Dentro de estas fórmulas las más importantes sin duda en Juvenco son las de introducción (aquellas que sirven para introducir las palabras de un personaje), en tanto que son muchísimo menos frecuentes las de conclusión (las que recogen las palabras de un personaje) 91 .

Atendiendo a la extensión de las fórmulas, podemos distinguir en la Historia evangélica entre fórmulas breves y fórmulas largas.

Las fórmulas breves contienen el mínimo de los elementos posibles (su extensión no sobrepasa por tanto el medio verso) y suelen aparecer en la inmensa mayoría de los casos en el comienzo mismo del hexámetro. Como es lógico, no encontramos en ellas epítetos referidos al personaje en cuestión, pero no es raro que lleven una marca temporal. Son éstas la fórmulas más estereotipadas y las más frecuentes. Ejemplos: Olli Christus ait 92 , Christus ad haec 93 , Ille sub haec 94 , Talia tum Christus 95 , Et Iudaeus ad haec 96 , etc.

Las fórmulas largas, que normalmente ocupan todo un verso, son mucho menos estereotipadas. Llama la atención de ellas su variedad, debida en gran parte a los elementos modificantes que contienen, entre los que destacan las marcas temporales y los participios 97 . Ejemplos: Olli confusa respondit mente sacerdos (I 27), Ad quem virgo dehinc pavido sic inchoat ore (I 64), Ac sic discipulis gremium cingentibus inftt (I 453), Quem miserans animo verbis compellat Iesus (II 79), Olli respondit mundi regnator Iesus (II 265), Tunc sic prosequitur mentis perspector Iesus (II 274), Christus ad haec contra placido sic ore profatur (II 365), Hoc super ad populum depromit talia Christus (II 527), Olli confidens respondit talia Petrus (III 110), Tum sator aeternae respondit talia vitae (III 161), Crebrius instanti tum talia fatur Iesus (III 185), Sed Christus cernens fallacia pectora fatur (III 223), Ille sed ad Petrum conversus talia fatur (III 384), Tum sic discipulis vitae spes unica fatur (III 521), Tum Petrus fidei munitus moenibus infit (III 534), Post Sadducaei hinc inde latratibus urgent (IV 14), Talia tum Christus depromit pectore verba (IV 459), etc.

Por lo que respecta a las fórmulas de conclusión, suelen contener por lo general anafóricos y se trata normalmente de construcciones participiales o breves frases temporales: Talibus adloquiis comitum dum pectora complet (II 321), Talia discipulis bis sex cum iussa dedisset (II 509), Talibus excussus (I 408), Talia dicentem (I 728), Haec ubi dicta dedit (III 316), Talia dum loquitur (III 330), etc.

Para pasar de un tema a otro, de un milagro a otro o para marcar un cambio de ciudad o viaje se utilizan muy frecuentemente como fórmula inde (que alterna en ocasiones con tum e interea) y ecce , siempre en principio de verso. Hay que resaltar que ecce se utiliza muchísimo en el texto evangélico. Las fórmulas introducidas por esta partícula tienden a presentarse con la estructura ecce + participio en dativo + sujeto, y suelen extenderse hasta la cesura heptemímera: Ecce sed egresso iuvenis (II 44), Ecce revertenti iuvenis (II 76).

En modo alguno podemos decir que Juvenco se limite exclusivamente a tomar de Virgilio sus formas de transición sin cambio alguno. Bien es verdad que encontramos en nuestro poeta una serie de fórmulas calcadas de Virgilio 98 (Christus ad haec; Dixerat; Dixit; Talia dicenti; Talia dicentem·, Haec ubi dicta dedit; Talia fatur, Haec ait et; , etc.), pero un buen número de ellas son el resultado de la fusión o contaminación de dos o más fórmulas virgilianas 99 y otras pueden considerarse verdaderas innovaciones de Juvenco bien porque introduce en ellas nuevos términos como promere, depromere 100 °, cachinnat, inchoat, inclamat, superincrepitans , etc., bien porque se trata de construcciones originales como Respondit dominus 101 , Tum Christus fatur y Talia tum Christus (con inclusión de marcas temporales), Tunc e discipulis unus , etc.

B) En la tradición épica existían una serie de fórmulas estereotipadas para señalar el tiempo en el que transcurrían las acciones, fundamentalmente el momento del amanecer y del anochecer 102 . Característico de estas fórmulas es la personificación mítica del Sol, la Aurora y la Noche así como una gran abundancia de notas cromáticas. Por el contrario el texto evangélico era muy escueto en sus indicaciones temporales. Así pues, Juvenco se hallaba también en este caso entre dos extremos y parece haberse decidido por el término medio. Aunque por lo general este tipo de fórmulas no contienen en nuestro poeta las personificaciones mitológicas que aparecen en la tradición, sin embargo son más extensas e imaginativas que las evangélicas, presentando mayor número de adjetivos y más notas cromáticas que éstas. Como ejemplos de estas fórmulas podemos destacar: Fuderat in terras roseum iubar ignicomus sol (III 1) 103 , Sidera iam luci concedunt et rapidus sol / progreditur radiis terras trepidantibus implens (IV 586-587) 104 , Iamque dies rutilo complebat lumine terras (IV 727) 105 , etc. La más extensa de ellas es la que abre el libro II (w. 1-3: Iamque dies prono decedens lumine pontum / inciderat, furvamque super nox caerula pallam / sidereis pictam flammis per inane trahebat 106 ), donde el poeta nos llega a presentar a la noche personificada.

C) Pero también Juvenco, con el fin de no tergiversar lo más mínimo el mensaje evangélico, prescinde casi totalmente de ciertos procedimientos tradicionales de la épica clásica. Es por ello por lo que no encontramos en la obra juvenciana las comparaciones o símiles tan propias y características del género épico, aunque sin embargo hay que destacar como notable excepción el símil de I 687-689, donde el poeta, intentando ilustrar la manera como serán arrebatados y arrastrados los perversos, recoge tres famosas comparaciones de la épica clásica 107 .

Y por la misma razón tampoco encontramos en su obra écfrasis descriptivas de paisajes, personas y objetos, recurso tradicional en el género épico 108 . Dado que el texto evangélico carecía de estas écfrasis, nuestro poeta prescinde igualmente de ellas, aunque también aquí hay que resaltar como excepción una pequeña écfrasis sobre los Magos en I 224-228 109 : Gens est ulterior surgenti conscia soli , / astrorum sollers ortusque obitusque notare; / huius primores nomen tenuere Magorum. / Tunc hinc delecti Solymos per longa viarum / deveniunt regemque adeunt orantque doceri... 110 °. Con esta écfrasis Juvenco amplía notablemente la escueta afirmación de Mateo (cf. II 1: ecce Magi ab oriente venerunt Ierosolymam). Y vemos cómo la descripción se introduce con la fórmula usual del verbo sum en presente 111 y cómo se concluye con la acostumbrada fórmula que contiene el demostrativo hic o algún adverbio de él derivado 112 .

D) En lo que respecta a los recursos fónicos 113 , tenemos que destacar la aliteración, con la que Juvenco pretende darle relieve y sonoridad a su lenguaje y de cuyo empleo abusa en no pocas ocasiones. Dentro de ella habría que distinguir:

a) Aliteraciones que comprenden dos palabras, aliteraciones muy frecuentes pero poco laboriosas: genitore gemens (I 297), iustus Iohannes (II 510), famuloque fatigans (IV 191), laetitia attonitis (IV 764), etc.

b) Abundan también las aliteraciones que implican a tres palabras, de carácter menos fortuito y que demuestran un mayor esfuerzo por parte del poeta. Ejemplos: talia tractanti torpescunt (I 137), malis mentem maculaverit (II 237), conscendunt culmina cuncti (IV 458), caeco corde sacerdos (IV 561), etc.

c) No faltan ejemplos de aliteraciones yuxtapuestas, es decir, dos o tres palabras en las que se repite un sonido seguidas de otras dos o tres en las que se repite otro diferente: Vitalis vastis stipatur semita saxis (I 683), quondam cooperta canens vox vera (IV 637), etc.

Juvenco hace también uso tanto de la paranomasia como del poliptoton: lumina luna (I 51), dona dabant (I 251), facit faciat (I 577), defunctis defunctos (II 24), etc.

E) Es frecuente en nuestro poeta, como en la poesía latina en general, la disiunctio entre adjetivos y nombres. Mediante este procedimiento Juvenco construye quiasmos simples y quiasmos con enmarcamiento (normalmente del verbo), los denominados «versos áureos». En el primer caso presentan la estructura ABBA: dominus caeli terraeque repertor (I 35), auricolor caeli septemplicis aethra (I 356), Herodem pestis novissima regem (III 40), etc. En lo que respecta a los versos áureos, los encontramos con la estructura ABCBA (I 28: Aemula promissis obsistit talibus aetas ; I 215: femineam sancto complet spiramine mentem; I 670: homines natis panem poscentibus omnes; II 152: perpetuam stabili firmavit robore mentem; II 625: vocibus insana laceretur mente profusis; III 57: compositas cantu iungit modulante choreas; IV 399: qui tanti Mariam fuerant Marthamque secuti ) y con la estructura ABCAB (II 399: ultima supremae celebrabant munera pompae; IV 437: insano tantum cepisset corde venenum).

F) En lo que a la métrica se refiere 114 , los hexámetros de Juvenco, muy influenciados por los virgilianos, tienen por lo general un ritmo pesado y lento debido a la presencia mayoritaria de espondeos. Son extraordinariamente abundantes los hexámetros que contienen sólo dos dáctilos (primer y quinto pie), pero también son muy frecuentes aquellos que sólo presentan un dáctilo (quinto pie): I 15: visus, cum laeti sermonis gratia placat?; II 510: iustus Iohannes caeci de carceris umbris; IV 114: Haec inter si quis protectum a vulnere pectus; IV 204: Stultarum vero non est prudentia talis; etc. La verdad es que el empleo abusivo de estos versos de estructura fundamentalmente espondaica y la utilización de versos holospondaicos (cf. IV 233: certatim duplis auxerunt incrementis) no parecen obedecer en Juvenco a una razón estilística particular, aunque tal vez pueda pensarse bien en un deseo de expresar la gravedad y solemnidad del relato evangélico, bien en una pretensión de arcaísmo.

8. Transmisión del texto

Son numerosos los manuscritos de la obra de Juvenco que han llegado hasta nosotros. De entre ellos los más valiosos sin duda son los más antiguos, pero también otros muchos pueden sernos de utilidad a la hora de restablecer el texto de la Historia evangélica 115 . Estos son, por orden cronológico, los más importantes 116 :

1.°) El Codex Collegii corporis Christi Cantabrigiensis 304 (C). Está en escritura uncial y remonta al siglo VII . Es éste el más antiguo y el mejor de los manuscritos que nos conservan la obra de Juvenco.

2.°) Del siglo VIII:

a) El Codex Musei Britannici 15 A XVI (R )

b) EI Codex lat. Monacensis 6402 (M ). Anteriormente se llamó Codex Frisingensis 202.

c) EI Codex Augiensis —también llamado Karoliruhensis — 112(A).

3.°) Del siglo IX :

a) Codex Karoliruhensis 217 (K1 , y K2 ) , llamado anteriormente Codex Augiensis. Se trata de un único manuscrito donde se nos ha conservado por dos veces, en distintos lugares, el poema completo de Juvenco.

b) Codex Laudunensis 101 (L).

c) Codex Montepessulanus 362 (Mp).

d) Codex Parisinus 9347 (P) , llamado anteriormente Codex Remensis.

d) Codex Turicensis C 68 (T).

4.°) Conservamos también una serie de manuscritos interesantes que debieron de escribirse en los siglos IX o x:

a) Codex Bernensis 534 (B).

b) Codex Ambrosianus C 74 (Bb ), llamado en otro tiempo Codex Bobiensis.

c) Codex Vaticanus Reginensis 333 (V ,).

d) Codex Vaticanus Ottobianus 35 (V).

e) Codex bibliothecae nationalis Matritensis 10.029 (Matr .).

5.°) Del siglo XI hay que destacar:

a) Codex Helmstadiensis 553 (H).

b) Codex Harleianus 3093 (Hl).

6.°) Del siglo XII habría que resaltar el Codex Neoclaustroburgensis 1243 (N).

7.°) Del siglo XIII proviene el Codex Gedanensis XVIIA 9.66 (G).

9. La presente traducción

Hemos seguido para nuestro trabajo la edición de J. HUEMER , Gai Iuvenci Evangeliorum libri quattuor, CSEL XXIV, Praga-Viena-Leipzig, 1891 (= Nueva York-Londres, 1968). Sólo nos hemos apartado de este texto en dos ocasiones: 1 .a ) En I 418 seguimos la lectura voluptas (K„ T) frente a la lectura voluntas propuesta por Huemer; 2.a ) Del mismo modo, en IV 717, frente al cum (C, M, P ) propuesto por el editor, seguimos la lectura tum de la mayoría de los códices. Hay también en la edición de Huemer un reducido número de versos que el editor considera espurios y que no presenta en el texto propiamente dicho, sino que sólo los va recogiendo en el aparato crítico. En nuestra traducción estos versos los incluimos en el texto, pero los ponemos siempre entre corchetes y los señalamos con un asterisco en la numeración.

Las traducciones de la obra de Juvenco son escasísimas. En realidad sólo conocemos la antiquísima traducción francesa en verso de P. Tamisier, Lyon, 1591, y la versión alemana de A. Knappitsch, Graz, 1910-1913. Es la nuestra, por tanto, la primera traducción de la Historia evangélica que ve la luz en español. En ella hemos procurado mantenernos fieles al texto latino, intentando también al mismo tiempo lograr una versión inteligible en nuestro propio idioma.

Con el fin de hacer la obra más manejable para el lector y facilitarle la consulta de la misma, cada uno de los pasajes va precedido de un encabezamiento que contiene: 1°) Un epígrafe que resume el contenido del mismo; 2.o ) Los versos que comprende dicho pasaje; 3.°) La fuente concreta utilizada por el autor (la primera cita dada es la fuente propiamente dicha, en tanto que las otras señalan los pasajes evangélicos paralelos).

En lo que respecta a las notas, la mayoría trata sobre el contenido mismo del Evangelio, siendo especialmente abundantes aquellas que intentan aclarar aspectos del AT, de las tradiciones y costumbres del pueblo judío, su país, sus grupos sociales, sus fiestas, etc. Para elaborarlas hemos manejado varios diccionarios y enciclopedias, pero nos ha sido especialmente útil el magnífico Diccionario enciclopédico de la Biblia (Barcelona, Herder, 1993).

En cuanto a los textos bíblicos que se encuentran a lo largo de la obra (en la «Introducción» y en las notas), los latinos se citan según la edición ya mencionada de P. Sabathier (Bibliorum sacrorum latinae versiones antiquae, 6 vols., Reims, 1743-1749) y los castellanos según la edición española de la conocida Biblia de Jerusalén (Bilbao, 1975). Los diferentes libros bíblicos aparecen citados de acuerdo con el modo habitual en tal tipo de textos 117 .

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C. WEYMAN , «Zu Juvencus», en Beiträge zur Geschichte der christlich-lateinischen Poesie, Múnich, 1926, págs. 21-28.


1 Para el cual, cf., además, nota 352 de la traducción.

2 Cf. JERÓNIMO , De Vir. Ill . 84: «Juvenco, hispano de muy noble linaje, presbítero, escribió cuatro libros casi traduciendo literalmente en hexámetros los cuatro evangelios, y también en el mismo metro algo relativo al orden de los sacramentos. Floreció en tiempos del emperador Constantino». Además, el ilustre padre de la Iglesia habla de nuestro poeta también muy brevemente en alguna otra ocasión; así, en el Chron . (Olimpíada 278 = 333 d. C.) podemos leer: «El presbítero Juvenco, natural de Hispania, expone en versos épicos el Evangelio»; y en Ep . LXX (ad Magnum ) nos dice: «En el reinado de Constantino el presbítero Juvenco expuso en verso la historia de nuestro Señor y Salvador y no le dio miedo el someter la majestad del Evangelio a las leyes de la métrica». Es verdad que conservamos también testimonios de un gran número de autores sobre Juvenco, pero en realidad todos tienen como fuente al autor de la Vulgata . Así, FRECULFO (muerto en el año 850), obispo de Lisieux, no hace sino recoger tal cual en su Chronicon II 21 (cf. J. P. MIGNE , PL 106, col. 1201) lo que sobre nuestro poeta ya había dicho S. JERÓNIMO en De Vir. Ill . 84; en el Chronicon de ADÓN DE VIENNE , arzobispo de esta ciudad de la Galia en el 875, leemos (cf. J. P. MIGNE , PL CXXIII, col. 92): «Se tiene en grandísima estima a Retio, obispo de Augustoduno, y a Juvenco, presbítero hispano que compuso en hexámetros cuatro libros de tema evangélico»; JUAN TRITEMIO (1462-1546), en su De scriptoribus ecclesiasticis LXII, ha ampliado, parece que con generalidades muy subjetivas, los datos ofrecidos por S. Jerónimo: «El presbítero Juvenco, natural de Hispania, varón noble y filósofo muy docto, poeta, rétor y teólogo insigne, y venerable no menos por su elocuencia que por su conocimiento de las escrituras de la Iglesia, publicó para formación de los lectores, tanto en metro como en prosa, muchos libros excelentes, pero sólo he llegado a saber de unos pocos de ellos. He leído una obra célebre que escribió en hexámetros y pentámetros, cuatro libros sobre los cuatro evangelios, dos libros sobre los sacramentos; los restantes libros que se dice que compuso no han llegado a mis manos. Alcanzó la fama en tiempos del gran Constantino y sus hijos, en el año del Señor 330»; el célebre renacentista Pedro Crinito (1465-1507), en su De poetis Latinis V 88, tampoco dice nada realmente nuevo: «El poeta Juvenco, de origen hispano, nació de una familia distinguida y muy ilustre, según cuenta Jerónimo. Sobresalió especialmente siendo emperadores Constancio y Constante: en esta época fueron famosos en elocuencia entre los latinos Tiberiano Nazario y Flavio Vopisco, que compuso unos libros sobre las hazañas de los emperadores romanos. Entre otras composiciones poéticas que se dice que publicó Juvenco, escribió cuatro evangelios en hexámetros… Juvenco compuso algunos himnos, con los que demostró de modo evidente que fue completamente digno de la religión cristiana. Y no hay duda de que él estuvo entre los sacerdotes cristianos, según atestiguan los autores antiguos. El divino Jerónimo reproduce en algún lugar poemas de Juvenco y lo estima poeta erudito y elegante»; etc.

3 Cf. JUVENCO , IV 806-808: Haec mihi pax Christi tribuit, pax haec mihi saecli, / quam fovet indulgens terrae regnator apertae / Constantinus, adest cui gratia digna merenti , es decir, «Esto [la posibilidad de componer mi obra] me lo ha concedido la paz de Cristo, esto a mí la paz del mundo, a la que favorece el benévolo emperador de la tierra abierta, Constantino, a quien le asiste justamente el reconocimiento porque lo merece».

4 Pues en el caso de que fuera cierto lo que nos transmite S. Jerónimo sobre el hecho de que Juvenco compuso otra obra acerca de los sacramentos (cf. n. 2), hay que decir que nada nos ha llegado de ella.

5 Es con toda probabilidad en torno al año 330 (esto es, en los años subsiguientes al concilio de Nicea, en los que se crearía un ambiente propicio para el cultivo de este tipo de literatura) cuando nuestro poeta alcanzaría su máximo esplendor y cuando debió de ver la luz por primera vez su Historia evangélica .

6 Los grandes poetas como Virgilio y Horacio ocupaban un lugar preeminente en el sistema pedagógico romano. Y durante siglos los jóvenes cristianos habían recibido su educación en las escuelas paganas. Es decir, la formación intelectual de los cristianos conservaba un carácter más o menos pagano. Tanto para el hombre cristiano como para el pagano, Virgilio era la fuente principal de todo conocimiento humano. Pero desde el momento en que los cristianos se dieron cuenta de la existencia de una cultura cristiana, comprendieron la necesidad de una enseñanza cristiana adicional. Y es entonces cuando emprendieron la tarea de versificar los relatos bíblicos, que constituían el elemento más importante de esta enseñanza cristiana adicional. Cf. CHR . MOHRMANN , «La langue et le style de la poésie chrétienne», Rev. Étud. Lat . 25 (1947), 280-297, especialmente págs. 283-284.

7 Así por ejemplo VENANCIO FORTUNATO (c . 530-600) nos dice en su De vita sancti Martini I 14-16 (cf. J. P. MIGNE , PL LXXXVIII, cols. 365-366): «Pues Juvenco fue el primero que, distinguiendo su poema con ágiles versos, cantó con el arte del metro la obra de la divinidad. Luego también resplandeció la lengua del ilustre Sedulio»; también en unos dísticos elegiacos atribuidos comúnmente a S. Isidoro (cf. J. A. FABRICIO , Bibliotheca Latina mediae et infimae aetatis V, pág. 301) podemos leer: «Lee el erudito poema del elocuente Avito. Mira, tienes a mano a Juvenco y a Sedulio; los dos en su lengua iguales, florecientes en sus versos los dos, beben de la fuente evangélica copas en abundancia. Así pues, deja de ser esclavo de los poetas paganos. Si te son posibles tan grandes bienes, ¿por qué para ti Calírroe?»; el mismo PETRARCA lo cita expresamente en su Ecloga X (Laurea occidens ): «Voy a decir cosas admirables y más allá de lo creíble, pero vi aquí al hispano Juvenco cantando en nuestra lengua los versos del hombre y del águila al mismo tiempo, del buey y del león»; etc.

8 De Vir. Ill . 84. Cf. n. 2.

9 De poetis Latinis V 88. Cf. n. 2.

10 Cf. C. MAROLD , C. Vettii Aquilini Iuvenci libri evangeliorum IIII, Bibliotheca Teubneriana, Leipzig, 1886, pág. VI.

11 Los vv. 802-812 del libro IV constituyen en realidad un epílogo personal del poeta.

12 De hecho el final de cada uno de los tres primeros libros de la obra no coincide ni tan siquiera con final de capítulo de la fuente primordial de la misma (evangelio de Mateo), llegándose a dar incluso el caso llamativo de que la parábola de la cizaña se encuentra prácticamente cerrando el libro II (vv. 795-811) y la interpretación de la misma abre el libro III.

13 Cf. praef . 15-24.

14 Decimos «en líneas generales» porque hay ocasiones (aunque éstas en verdad son escasísimas) en las que Juvenco, que normalmente suele seguir el relato evangélico sin omitir nada, no parafrasea algún pequeño episodio de su fuente y se salta un reducido número de versículos de la misma. Así ocurre por ejemplo en el libro II en el tramo que comprende los vv. 347-636, paráfrasis de Mt IX 10-XII 37, donde el poeta prescinde del pasaje correspondiente a Mt XI 16-24 en el que Jesús juzga a su generación y maldice a las ciudades impenitentes; o al comienzo del libro III, donde se deja a un lado a Mt XIII 44-52, pasaje evangélico sobre las parábolas del tesoro, de la perla y de la red, parábolas no incluidas por Juvenco en su obra; etc. En cualquier caso, en la tradución hemos ido incluyendo siempre la fuente exacta seguida por Juvenco en cada uno de los pasajes, con lo cual resalta a primera vista cuándo el poeta no ha parafraseado uno de estos pequeños episodios a los que nos estamos refiriendo.

15 Para los detalles tomados del evangelio de Marcos por parte de Juvenco, cf. A. CUSTODIO VEGA , «Capítulos de un libro: Juvenco y Prudencio», Ciudad de Dios 157 (1945), 209-247, esp. págs. 237-238.

16 Cf. P. SABATHIER , Bibliorum sacrorum latinae versiones antiquae , 6 vols., Reims, 1743-1749.

17 Y ello resulta evidente si tenemos en cuenta que el autor de la Vulgata vivió entre los años 340-350 y 420 y es él precisamente, según hemos recogido ya en las páginas anteriores, quien nos da las primeras noticias sobre la vida y la obra de Juvenco.

18 Pues para la creación del nuevo lenguaje poético sólo había dos posibilidades: crear ex nihilo unas nuevas formas literarias, tarea prácticamente imposible, o acudir a la prestigiosa poesía de la Antigüedad, a la que el público cristiano había tenido en cierta medida acceso en la escuela. Cf. E. BORRELL VIDAL , Las palabras de Virgilio en Juvenco , Barcelona, 1991, pág. 11.

19 El mismo autor así lo reconoce en la conclusión de su obra. Cf. IV 803-805: el in tantum lucet mihi gratia Christi , / versibus ut nostris divinae gloria legis / ornamenta libens caperet terrestria linguae («y tanto me ilumina la gracia de Cristo, que la gloria de la ley divina acoge de buen grado en mis versos los terrenales ornamentos de la lengua»),

20 Cf. CHR . MOHRMANN , «La langue et le style de la poésie chrétienne», Rev. Étud. Lat . 25 (1947), 280-297 (= Études sur le latin des chrétiens I, Roma, 1958, págs. 151-168), especialmente págs. 284-285.

21 En este punto seguimos esencialmente a E. BORRELL VIDAL , Las palabras de Virgilio en Juvenco , Barcelona, 1991, págs. 19-91.

22 Consideramos iuncturae un conjunto de al menos dos palabras ubicado la mayoría de las veces en principio o en final de verso, aunque también puede aparecer en otras posiciones.

23 Cf. E. BORRELL VIDAL , op. cit ., págs. 27-30.

24 Muchas veces incluso tal palabra juvenciana ni siquiera aparece en el corpus virgiliano por tratarse de un arcaísmo, un término cristiano, un neologismo o un vulgarismo.

25 Cf. E. BORRELL VIDAL , op. cit. , págs, 31-66, cuyas ideas resumimos brevemente en nuestra exposición.

26 Así ocurre por ejemplo con los bloques et servare diem y permissa parentum que encontramos en JUVENCO , I 56 (et servare diem iussis permissa parentum ). La primera de estas cadenas léxicas (et servare diem ) es la síntesis de la contaminación de VIRGILIO , En . X 502 (et servare modum rebus sublata secundis! ) y En . VIII 269 (servavere diem, primusque Potitius auctor ). La segunda iunctura (permissa parentum ) debe de haberla obtenido Juvenco a partir de la combinación de elementos léxicos y fónicos de VIRGILIO , En . IX 97 (Aeneas? Cui tanta deo permissa potestas ?), VIII 531 (agnovit sonitum et divae promissa parentis), XI 45 (Non haec Evandro de te promissa parenti), a lo que hay que añadir además el hecho de que parentum se halla siempre en VIRGILIO en final de verso (cf. En . II 681 : Namque manus inter maestorumque ora parentum ).

27 Cf. E. BORREL VIDAL , op. cit. , págs. 67-79.

28 Este discurso es a su vez paráfrasis de Lc I 11-14.

29 «Prestó oídos el Omnipotente a quien le suplicaba con tales palabras y abrazaba sus altares, y volvió sus ojos a las murallas reales y a unos amantes olvidados de mejor fama. Entonces habla así a Mercurio y le da tales órdenes: ‘Ea, ve, hijo, convoca a los Zéfiros y déjate caer con tus alas y al caudillo dardanio, que ahora se entretiene en la tiria Cartago y no se preocupa por la ciudad que le ha asignado el destino, háblale y llévale mis palabras a través de las rápidas brisas. No nos lo prometió así su hermosísima madre ni para esto lo salvó dos veces de las armas de los griegos, sino que sería quien gobernaría Italia preñada de imperios y agitada por la guerra, propagaría el linaje nacido de la ilustre sangre de Teucro y sometería el orbe entero a sus leyes. Si no lo enciende el honor de tan grandes hazañas ni afronta la tarea por su propia gloria, ¿va a privar como padre a Ascanio de la ciudadela romana?, ¿qué trama? o ¿con qué esperanza se detiene en un pueblo enemigo y aparta sus ojos de la prole ausonia y los campos lavinios? ¡Que se haga a la mar! Esto es todo, sea éste mi mensaje’».

30 Para un análisis de esta imitación, cf. nota 86 de la traducción. El tema de la tempestad como «topos» de la epopeya lo tenemos tratado detalladamente en V. CRISTÓBAL , «Tempestades épicas», Cuad. Inv. Fil 14 (1988), 125-148.

31 El análisis de estos versos que exponemos a continuación es un breve resumen de E. BORELL VIDAL , «Un ejemplo de trasposición temática virgiliana en Juvenco», Anuari Fil . 14 (1991), 11-17.

32 En él se hace referencia a la asamblea del sanedrín que tiene lugar en el palacio del sumo sacerdote Caifás y que es a su vez paráfrasis de Mt XXVI 3: Tunc congregati sunt principes sacerdotum, et Scribae, et seniores populi in atrium principis sacerdotum, qui vocatur Caiphas .

33 Cf. VIRGILIO , En . X 2: conciliumque vocat divum pater atque hominum rex .

34 «Así que reúne en el interior de su elevado palacio una gran asamblea y a los principales de los suyos hechos venir por orden suya».

35 El adjetivo magnum , que hace referencia a la importancia de la asamblea, parece haberlo recogido Juvenco en el comparativo gravior· , los asistentes, especificados por Virgilio con la expresión primos suorum , aparecen en Juvenco desglosados en scribae, plebisque.. . / iam gravior numerus (cf. Mt XXVI3: Scribae, et seniores populi ).

36 Donde Juvenco ha sustituido la preposición intra por el adverbio qua , el adjetivo alta (que en el texto virgiliano hace referencia al interior de la mansión) por las palabras pulchra, conlucent y alte que aluden respectivamente a la belleza, resplandor y grandeza del lugar de reunión, y el sustantivo lmina por atria sedis , con lo cual nuestro poeta se aproxima al texto evangélico (Mt XXVI 3: congregati sunt… in atrium principis sacerdotum ). Juvenco nos especifica el ocupante (vatum principis Caiphaeae ), cosa que en el texto virgiliano hay que deducir del contexto (Latini regis ).

37 Seguimos en nuestra exposición el análisis también muy general de G. SIMONETTI ABBOLITO , «Osservazioni su alcuni procedimenti compositivi della tecnica parafrastica di Giovenco», Orpheus 6 (1985), 304-324.

38 Del mismo modo, cuando el ángel anuncia el nacimiento de Jesús a los pastores que dormían al raso y guardaban por turno durante la noche su rebaño (Lc II 8: vigilantes, et custodientes vigilias noctis supra gregem suum ), Juvenco utiliza el adjetivo sollicitae (noctis ) para expresar la agitación que se apodera de todo el mundo (I 158-159: Circa sollicitae pecudum custodia noctis / pastores tenuit vigiles per pascua laeta ). Y en el episodio de Jesús y Nicodemo (cf. Jn III 19: quia lux venit in mundum, et dilexerunt homines magis tenebras, quam lucem ), la adjetivación que encontramos en II 235-236 (Adventum lucis miseri fugere superbi / et magis amplexi caecas tenuere tenebras ) tiene como finalidad resaltar la gravedad que supone el hecho de que los hombres rechacen el mensaje de Jesús.

39 Pasaje en el que además Juvenco sustituye el pronombre de segunda persona del texto evangélico (Respicite volatilia caeli ) por el de primera persona (Aerias spectemus aves ), presenta los tres verbos de la interrogación con homeoteleuton (subigunt, iaciunt… / recidunt ), todos con su complemento directo expreso, e introduce una insistente aliteración del sonido de la sibilante: spectemus… soli subigunt… semina… segetum… satias . Todos estos artificios que acompañan a la interrogativa acentúan el efecto del cuadro pictórico de los campesinos realizando sus trabajos.

40 Los ejemplos se podrían multiplicar. Algunos de estos casos los iremos analizando individualmente en las notas a pie de página correspondientes.

41 En nuestra exposición sobre estos términos especializados seguimos fundamentalmente a G. SIMONETTI ABBOLITO , «I termini ‘tecnici’ nella parafrasi di Giovenco», Orpheus 7 (1986), 53-84.

42 Cf. III 471-472: Quod Deus ergo iubet proprio concrescere verbo , / inlicitum es! hominum foedo secernere luxu (Mt XIX 6: Quod ergo Deus iunxit, homo non separet ).

43 Cf. I 117-118: Concelebrent cuncti laudes grotesque frequentent / astrorum et terrae, pontique hominumque parenti (Lc I 68: Benedictus est Deus Israël ), donde Deus del Evangelio aparece sustituido por astrorum et terrae, pontique hominumque parenti; IV 692: Et Christus magna genitorem voce vocabat (donde genitor sustituye a Deus de Mt XXVII 46); IV 553-554: Adiurabo tamen summi per regna Tonantis / ut fateare palam, si fas te credere Christum (Mt XXVI 63: Adiuro te per Deum vivum, ut dicas nobis si tu es Christus Filius Dei ), donde Juvenco hace la máxima concesión al lenguaje épico romano sustituyendo Deus por Tonans , que es un epíteto tradicional de Júpiter.

44 Así, el Dominum de Lc I 46 se convierte en JUVENCO (I 97) en inmensi Domino mundi; el Dominum Deum de Mt IV 10 y XXII 37 lo convierte nuestro poeta en caeli Dominum (I 406) y sublimem caeli Dominum (IV 40); etc.

45 Aunque no en correspondencia con el Altissimus evangélico, Juvenco utiliza a veces el adjetivo altithronus , acuñado por él mismo y que tiene un mayor carácter épico. Así ocurre en praef . 24, II 62 (Mt VIII 31), III 409 (Mt XVIII 10).

46 Cf. I 68: Virtus celsa Dei circumvolitabit obumbrans (Lc I 35: et virtus Altissimi obumbrabit tibi ); I 173: Gloria supremum comitatur debita Patrem (Le II 14: Gloria in altissimis Deo ); etc.

47 Cf. Mt XXIII 9: unus est enim Pater vester, qui in caelis est .

48 Cf. Mt XI 27: Omnia mihi tradita sunt a Patre meo .

49 Cf. II 553-555: Nec quisquam Domini poterit cognoscere natum , / ni solus genitor; genitorem mente videbit / filius (Mt XI 27: Et nemo novit Filium, nisi Pater: neque Patrem quis novit, nisi Filius ).

50 Cf. II 599-600: Talia perspiciens procerum molimina Christus / discedit (Mt XII 15: Iesus autem sciens secessit ).

51 Cf. II 78: ante pedes Christi lecto posuere cubantem (Mt IX II: Et ecce obtulerunt ei paralyticum ).

52 Cf. III 382-383: Convenere Petrum, quibus instat cura tributi, / solvere poscentes solitum pro nomine Christi (Mt XVII 23: Magister vester non solvit didrachma? ).

53 Cf. I 219-220: quae numine iussa / cognovit Christum (Lc II 38: Et haec… confitebatur Domino ).

54 Cf. IV 148: sic rapido adventu clarebunt lumina Christi (Mt XXIV 27: adventus Filii hominis ).

55 Cf. II 7-8: Sed verbum Christi tanto languore remoto / omnibus indulgens praebebat munera Patris (Mt VIII 16: omnes male habentes curavit ).

56 Cf. II 291-292: Illa dehinc: «Scimus, quod Christus nuntius orbi / adventu proprio vitalia saecula pandet» (Jn IV 25: Scio quia Messias venit [qui dicitur Christus] ).

57 Cf. III 93: Discipulis tunc inde iubet conscendere navem (Mt XIV 22: Et statim Iesus iussit discipulos suos ascendere in naviculam ).

58 Cf. II 247: Sederat hic rapido salvator anhelus in aestu (Jn IV 6: Iesus ergo fatigatus ex itinere, sedebat sic super fontem ); III 195: Inde Galilaeas repedat servator in oras (Mt XV 29: … Iesus, venit iterum secus mare Galilaeae ).

59 Cf. IV 45: Sed vobis cuius suboles ventura videtur (v. Mt XXII 42); IV 713: et subolem dixere Dei Christumque fatentur (v. Mt XXVII 54).

60 Cf. III 4-5: Optima qui farris commendat glebis , / Filius est hominis (Mt XIII 37: Qui seminavit bonum semen, Filius est hominis ); III 587: Filius hic hominis prodetur ad ultima mortis (Mt XX 18: Filius hominis tradetur principibus sacerdotum ).

61 Cf. nota 256 de la traducción.

62 Cf. II 180-181: Haut dubium est, quod larga Dei te, Sancte, voluntas / humanis lucem concessit surgere rebus (Jn III 2: Hic [Nicodemo] venit ad eum nocte, et dixit ei: Rabbi, scimus quia a Deo venisti magister ).

63 Cf. IV 60-62: Et nomen sublime volunt gestare magistri . / Sed vos noluerim praecelsi nominis arcem / adfectare (Mt XXIII 6-8: amant… vocari ab hominibus Rabbi. Vos autem nolite vocari Rabbi ).

64 Cf. II 302: Discipuli interea rogitabant, sumeret escas (Jn IV 31: rogabant eum discipuli, dicentes: Rabbi, manduca ), donde mediante el discurso indirecto se evita el término hebreo.

65 Cf. praef . 25-26: Ergo age! sanctificus adsit mihi carminis auctor / Spiritus .

66 Cf. II 466: Spiritus in vobis pro vobis digna loquetur (Mt X 20: Non enim estis vos qui loquimini, sed Spiritus Patris vestri, qui loquitur in vobis ).

67 Cf. I 69: Spiritus et veniet purus, lectissima virgo (Lc I 35: Et respondit Angelus, et dixit ad illam: Spiritus sanctus superveniet in te ).

68 Cf. II 193-195: Liquido si quis de fonte renatus / et flatu sancto rudibus consistere membris / coeperit (Jn III 5: nisi quis renatus fuerit ex aqua, et Spiritu ).

69 Cf. I 85: divinae vocis completa est flamine sancto (Lc 141: repleta est Spiritu sancto ).

70 Cf. 1 340: Abluet ille hominis sancto spiramine mentem (Mt III 11: ipse vos baptizabit in Spiritu sancto ).

71 Cf. IV 746-747: caelo lapsus discendit aperto / nuntius (Mt XXVIII 2: Angelus enim Domini descendit de caelo ).

72 Cf. II 124-125: Cernetis pariter totum se scindere caelum / atque Dei celeres aethram penetrare ministros (Jn I 51: videbitis caelum apertum, et Angelos Dei ascendentes ).

73 Cf. I 255: monitis caelestibus actus (Mt II 13: ecce.angelus Domini apparuit)· , I 272: urgetur monitis (Mt II 19: ecce angelus Domini apparuit in somnis loseph in Aegypto ).

74 Cf. IV 286-287: quas paler horrendi barathri per stagna profundis / daemonis horrendi sociis ipsique paravit (Mt XXV 41: Discedite a me maledicti, ite in ignem aeternum, quem paravit Pater meus diabolo, et angelis eius ).

75 Cf. Mt IX 10: ecce multi publicani et peccatores venerunt, et recumbebant cum lesu .

76 Cf. Mt V 46.

77 Al parafrasear a Mt X 17 (in conciliis, et in synagogis suis flagellabunt vos ), JUVENCO (II 461: conciliisque hominum statuentur corpora vestra ) ha conservado conciliis pero ha omitido synagogis , cuyo significado podría hasta cierto punto estar contenido en concilium .

78 Cf. II 564-568: Ille dies veteri poscebat lege quietem , / sabbata nam priscis repetebant otia iussis . / Ecce Pharisaei coram reprendere Christum , / quod sanctae legis calcarent iussa metentes / discipuli (Mt XII 2: Ecce discipuli tui quid faciunt, quod non licet eis facere sabbatis ).

79 Cf. III 426: tunc ad concilium referantur crimina plenum (v. Mt XXVIII 17).

80 Cf. III 428: Sin et multorum contempserit efferus ora (v. Mt XVIII 17).

81 Cf. III 279-280: Hac in mole mihi saxique in robore ponam / semper mansuras aeternis moenibus aedes (se trata del famoso pasaje de Mt XVI 18 en el que Jesús le dice a Pedro: super hanc petram aedificabo ecclesiam meam ).

82 Cf. I 309-311: omnes / ad deponendas maculas clamore vocabat , / fluminis ut liquidis caperent miranda lavacra (v. Lc III 3); III 680-681: Nuper Iohannes, puro qui gurgite lavit / sordentis populi maculas (v. Mt XXI 25).

83 Cf. III 38-39: erroris labem puris quod solveret undis / iustus Iohannes (Mt XIV 2: Hic est Iohannes Baptista ). Tan sólo en una ocasión utiliza el poeta el término Baptista , en II 541-542: Lex omnis summam Baptistae ad tempora cepit / atque prophetarum finis concluditur idem (Mt XI 13: Omnes enim prophetae et lex, usque ad Iohannem, prophetaverunt ).

84 Cf. I 321-322: Ergo aderant populi passimque hinc inde ruentes / complebant ripas avidique lavacra petebant (Lc , III 7: Dicebat ergo ad turbas quae exibant ut baptizarentur ab eo ).

85 Cf. III 365: O gens nullius fidei (Mt XVII 16: O generatio incredula ), donde nullius fidei sustituye a incredula; II 209: Ecce fides nulla est (Jn III 11: testimonium nostrum non accipitis ), donde fides sustituye a testimonium .

86 Cf. III 589: adfixusque cruci post tertia lumina surget (Mt XX 18-19: Filius hominis… tertia die resurget ).

87 Cf. IV 464: Post ubi vita novos caeli mihi reddet honores (Mt XXVI 32: Sed postquam resurrexero) ;, IV 734-735: e mortis sese tenebris ad lumina vitae / cum trino solis pariter remeare recursu (Mt XXVII 63: Post tres dies resurgam ).

88 Cf. I 209-210: Hic puer ad casum populi datur, iste renasci / concedet populos (Lc II 34: Ecce hic positus est in ruinam, et in resurrectionem multorum ).

89 Así por ejemplo hemos destacado la profusa adjetivación (cf. págs. 26-27) como uno de los rasgos esenciales de la Historia evangélica .

90 Para estas fórmulas juvencianas, cf. V. RODRíGUEZ HEVTA , «Las fórmulas de transición en Juvenco», Stud. Phil. Salm . V (1981), 255-271.

91 En realidad sólo una parte de las intervenciones y discursos está encuadrada a la vez por una fórmula de introducción y otra de conclusión. Y además esto suele ocurrir generalmente en los discursos e intervenciones de Cristo, como si el poeta quisiera destacar mediante una perfecta delimitación cada una de las intervenciones del héroe.

92 Cf. II 4; 252; III 659; IV 29.

93 Cf. II 23; 121; 184.

94 Cf. II 193; 259.

95 Cf. II 205.

96 Cf. II 204.

97 Mediante las marcas temporales (tum, tunc, post, dehinc , etc.) las fórmulas dejan de ser algo que está fuera del tiempo y de los personajes, convirtiéndose por el contrario en algo concreto y situacional. Los participios a su vez convierten a las fórmulas en pequeños cuadros descriptivos que nos van detallando las cualidades de los diferentes personajes, sus reacciones ante los hechos, sus estados anímicos, etc.

98 Especialmente fórmulas de conclusión, un tipo de fórmulas muy estereotipadas y que no tienen correspondencia en el Evangelio, tratándose casi siempre de fórmulas breves que han sido utilizadas por toda la tradición épica (Homero, Ennio, Virgilio, etc.).

99 Juvenco muestra también una gran originalidad al incluir en sus fórmulas de transición elementos que en Virgilio se encuentran en otros contextos. Así, en la fórmula de I 64 (Ad quem virgo dehinc pavido sic inchoat ore ), todos los elementos que la integran son virgilianos, pero sólo tres de ellos (dehinc , sic y ore ) aparecen en fórmulas virgilianas.

100 Virgilio utiliza depromere con el significado de «tomar», sacar» y llevando como complemento tela o sagittam (cf. En . V 501: depromunt tela pharetris ), mientras que Juvenco lo utiliza en fórmulas de transición, con el significado de «decir», «expresar» y llevando como complemento dicta, talia, verba, vocem , etc. (cf. IV 348: Christus item sancto depromit pectore vocem ).

101 Determinada sin duda por la abundante utilización de respondit en el Evangelio.

102 Cf. M.a D. CASTRO , V. CRISTóBAL , S. MAURO , «Sobre el estilo de Juvenco», Cuad. Filol. Clás . 22 (1989), 133-148, especialmente págs. 137-138.

103 «El sol de ígneos cabellos había esparcido su rosada luz sobre las tierras».

104 «Ya las estrellas se retiran ante la luz del día y el sol sale rápidamente llenando las tierras con sus rayos temblorosos».

105 «Y ya con su brillante luz había llenado las tierras el día».

106 «Y ya el día retirándose con su luz declinante había caído en el mar y desde lo alto la oscura noche arrastraba a través del vacío su manto sombrío adornado de estrellados fuegos».

107 Cf. nota 78 de la traducción.

108 Para las características particulares de la écfrasis, su utilización como recurso estilístico, su evolución desde las primeras obras griegas, etc., cf. M.a A. ZAPATA FERRER , La écfrasis en la poesía épica latina hasta el siglo I d. C. inclusive , tesis, Madrid, 1986, esp. pág. 10 ss.

109 Cf. M.a D. CASTRO , V. CRISTÓBAL , S. MAURO , op. cit ., pág. 137.

110 «Hay en comarcas lejanas una raza conocedora del sol naciente, experta en observar el nacimiento y el ocaso de los astros. Sus príncipes tuvieron el nombre de Magos. Entonces unos escogidos de entre éstos llegan hasta los sólimos a través de largos caminos, se dirigen a su rey y piden que se les muestre…».

111 Cf. VIRGILIO , En . I 530: Est locus .

112 Cf. VIRGILIO , En . I 16: Hic illius arma,… .

113 Cf. M. DONNINI , «L’alliterazione e l’omeoteleuto in Giovenco», Ann. Fac. Lett. Per . 12(1974-75), 128-159.

114 Cf. A. LONGPRÉ , «Aspects de métrique et de prosodie chez Juvencus», Phoenix 29 (1975), 128-138.

115 Hay que resaltar el hecho de que la obra juvenciana se nos ha transmitido la mayoría de las veces en manuscritos en los que se encuentra también la obra de otros poetas cristianos y especialmente junto con el Carmen Paschale de Sedulio.

116 En nuestra exposición sobre los manuscritos de Juvenco resumimos brevemente lo dicho por HUEMER al respecto en el prólogo de su edición ya citada, especialmente págs. XXIII-XLIII.

117 Así, a manera de ejemplo: I Cró = 1° Crónicas; Dt = Deuteronomio; Lev = Levitico; I Re = 1° Reyes; Sal = Salmos; etc.

PROEMIO

Mateo estableció las normas en el camino de las virtudes y proporcionó en justo orden las reglas de la vida correcta 1 . Marcos gusta de volar entre la tierra y el cielo y lo surca todo en rápido vuelo como un águila impetuosa 2 . Lucas describe [5] con gran profusión las luchas de Cristo; con razón sagrado novillo, porque relata los deberes de los sacerdotes. Juan ruge por su boca como un león; semejante a éste en sus rugidos truena exponiendo los misterios de la vida eterna.


1 En su edición de la Historia evangélica J. HUEMER (cf. Prolegomena XXIV-XXV), siguiendo a C. Marold, considera que estos versos no son de Juvenco. Como prueba de ello aduce toda una serie de razones: 1.a ) Estos versos sólo se encuentran en un número reducido de códices (C, C2 , Mp, P, T, V1 , B, H ), en tanto que faltan en los restantes; 2.a ) En los códices Mp y T los precede un poema sobre los cánones eusebianos compuesto por Laurencio Escoto (s. VII ); 3.a ) En dos códices (codex Musei Britannici [s.X ] y codex Sangallensis 197 [s. IX-X ]) los leemos al final de la Historia evangélica; 4.a ) En el códice C , el más antiguo de los manuscritos juvencianos, este proemio antecede al nombre mismo de nuestro poeta, y en C 2 (codex Cantabrigiensis, [s. IX ]) se le atribuye al papa Dámaso (366-384); 5.a ) Los evangelistas no aparecen enumerados en el orden usual, que sería: Mateo, Juan, Lucas y Marcos; 6.a ) Como ya señaló correctamente C. Marold, el término Mattheus está considerado en este proemio como bisílabo, y el término Iohannes como trisílabo y con «i» consonántica, particularidades ambas en contradicción con el tratamiento métrico dado normalmente a estos nombres en la obra de Juvenco. Así pues Huemer piensa que estos versos son de los que llamamos «versos memoriales» e insinúa que tal vez se compusieran en época carolingia, época en la que fue muy frecuente tal tipo de versos. F. Arévalo por el contrario cree que estos versos son del propio Juvenco, a pesar de que no era costumbre en la época escribir dos proemios. Por su parte A. Knappitsch, dado que el símbolo de Marcos es en este proemio el águila y el de Juan el león, mientras que en S. Jerónimo (entre 340 y 350-420), S. Agustín (354-430), Sedulio (mitad del siglo v), el papa S. Gregorio Magno (590-604), etc. encontramos ya la asignación más habitual —el león como símbolo de Marcos y el águila como símbolo de Juan—, piensa (cf. C. Vetti Aquilini Iuvenci Evangeliorum libri quattuor, 4 vols., Graz, 1910-1913, vol. I, págs. 10-11) que el proemio ciertamente no es de Juvenco, pero que se escribiría en época anterior a la caroIingia, no mucho después de la composición de la Historia evangélica.

2 La representación de los evangelistas mediante el símbolo de los cuatro seres vivientes de Ez 1 5-14 («Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno... En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila...») y Ap IV 7 («El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto Viviente es como un águila en vuelo») remonta a Ireneo, el obispo de Lyon martirizado en el año 202. Sin embargo la aplicación de cada uno de los seres vivientes (hombre, león, toro, águila) a los respectivos evangelistas no ha sido siempre la misma. En Occidente terminó por generalizarse la llevada a cabo por Jerónimo, que se basó para tal atribución en el modo de comenzar de cada uno de los evangelios: a Mateo le aplicó el hombre, pues su relato comienza con la genealogía humana de Jesús; a Marcos el león, animal de las estepas desérticas, pues su evangelio comienza por la predicación de Juan el Bautista en el desierto; a Lucas el toro, el animal de los sacrificios, dado que su evangelio comienza con la evocación del sacerdote Zacarías oficiando en el templo de Jerusalén; y a Juan el águila, ave admirada por su vuelo majestuoso y raudo y por las alturas vertiginosas en las que anida, pues da comienzo a su obra con un grandioso himno cristológico que anuncia los grandes temas evangélicos. Pero frente a esta asignación jeronimiana de emblemas iconográficos a los cuatro evangelistas, en este proemio, como ya hemos indicado en la nota anterior, el águila y el león son símbolo de Marcos y Juan respectivamente.

PREFACIO 3

Nada inmortal se encuentra en la estructura del universo: ni el orbe, ni los reinos de los hombres, ni la áurea Roma, ni el mar, ni la tierra, ni los astros resplandecientes del cielo. Pues el Padre de todas las cosas ha fijado el tiempo [5] irrevocable 4 en el que el último fuego abrasador asolará al mundo en su totalidad. Pero sin embargo sus acciones sublimes y la gloria de su valor acompañan a lo largo de los tiempos a innumerables hombres cuya fama y alabanzas aumentan los poetas. A unos los celebran los elevados cantos que [10] fluyen de la fuente de Esmirna 5 , a otros la dulzura del Mincíades 6 Marón. Y no discurre menor la gloria de los poetas mismos, que permanecerá semejante a la eterna, mientras los siglos se sucedan volando y el movimiento rotatorio del mundo, según las leyes establecidas, haga girar al cielo estrellado [15] alrededor de tierras y mares. Pero si fama tan duradera alcanzaron poemas que entrelazan falsedades con las hazañas de los héroes antiguos, la decidida confianza en una alabanza eterna para la posteridad me proporcionará gloria inmortal y recompensará mi mérito. Pues mi canto serán las [20] hazañas de la vida de Cristo, regalo divino para los pueblos, sin atisbo de engaño. Y no tengo miedo de que el incendio del mundo arrastre consigo esta obra; pues ella tal vez me sustraerá al fuego entonces, cuando de una nube que vomite llamas descienda relumbrante el juez, la gloria del Padre que se sienta en el alto trono, Cristo. Así pues, ¡venga!, que el Espíritu Santificador me asista como inspirador del canto [25] y rocíe el alma del poeta con la corriente pura del dulce Jordán para que podamos decir cosas dignas de Cristo.


3 Este prefacio comprende un total de veintisiete hexámetros y estructuralmente puede dividirse en dos partes casi simétricas (vv. 1-14 por un lado y vv. 15-27 por otro). En la primera parte domina el contenido pagano, en tanto que en la segunda destacan los elementos cristianos (cf. E.MURRU , «Analisi semiologica e strutturale della praefatio agli Evangeliorum libri di Giovenco», Wiener Studien n. f. 14 [1980], 133-151). Una gran parte del mismo se dedica al tema tradicional de la fama eterna de los poetas ilustres y de los personajes celebrados por ellos en sus composiciones (cf. vv. 6-14). Y Juvenco se augura a si mismo una gloria inmortal por el tema de su canto: frente a las falsedades insertas en los poemas paganos (v. 16: quae veterum gestis hominum mendacia nectunt), su obra versará sobre «las hazañas de la vida de Cristo» (v. 19: nam mihi carmen erit Christi vitalia gesta ), muy lejos de cualquier engaño. Las epopeyas clásicas comienzan con un proemio en el que suele bosquejarse la temática de la obra junto con una invocación a las Musas, y Juvenco se ajusta al molde tradicional, con la particularidad de que el poeta cristiano invoca para que lo inspire, no a la Musa, sino al Espíritu Santo (vv. 25-26: sanctificus adsit mihi carminis auctor / spiritus). En realidad en el prefacio se manifiesta ya la tensión de los dos polos entre los que se mueve el quehacer poético de Juvenco (cf. Introducción , págs. 16-17). Para una mayor profundización en cuestiones relativas al prefacio, cf. P. G. VAN DER NAT , «Die Praefatio der Evangelienparaphrase des Iuvencus», en W. DEN BOER , P. G. VAN DER NAT , C. M. J. SICKING y J. C. M. VAN WINDEN (eds.), Romanitas et Christianitas. Studia I. H. Waszinka. d. VI kal. Nov. a. MCMLXXIII XIII lustra complenti oblata, Amsterdam, 1973, págs. 249-257, y F. QUADLBAUER , «Zur Invocatio des Iuvencus (praef. 25-27)», Grazer Beiträge 11(1974), 185-212.

4 En el v. 4 de este Prefacio (Nam statuit genitor rerum inrevocabile tempus ) hemos interpretado rerum como determinante de genitor («el Padre de todas las cosas»). Esta juntura aparece en otros lugares de la obra de Juvenco (cf. I 16: rerum pater unicus ). No obstante, cabe también la posibilidad, más lógica desde el punto de vista del orden de palabras, de interpretar rerum como determinante de inrevocabile tempus. En ese caso la traducción sería: «Pues el Padre ha fijado el tiempo irrevocable de las cosas...».

5 Alusión a Homero. Aunque eran varias las ciudades que se disputaban el haber sido la cuna del gran poeta, los espíritus más privilegiados de la Antigüedad sostenían que la patria de Homero debió de ser o Quíos o Esmirna.

6 Esto es, nacido en las riberas del rio Mincio, el río de la Galia Transpadana cercano a Mantua, la patria de Publio Virgilio Marón.

LIBRO I

Sobre el nacimiento de Juan el Bautista, precursor de Jesús, y sobre su concepción (vv. 1-51). Lc I 1-25.

En el pueblo de Judea 7 hubo un rey sanguinario, Herodes 8 , bajo el cual vivió Zacarías 9 , observador de la justicia y sacerdote del templo, a quien, de acuerdo con el orden establecido entre los sacerdotes escogidos, le correspondía el cargo de cuidar en su tumo [5] el templo 10 . Estaba unida a su lecho una esposa dignísima. Ambos tenían igual preocupación por el camino de la justicia, a ambos los mantenían unidos los preceptos de la ley. Y no tuvieron ellos, ya entonces en edad avanzada, descendencia con el fin de que, no esperándolo ya, fuese más grato 10 el don. Pero cuando por casualidad Zacarías llevaba el incienso al santuario y al altar 11 , pareció descender del cielo abierto un ángel 12 y decirle a él solo las palabras que le habían sido ordenadas (pues el resto del pueblo oraba entonces tendido en las puertas): «¿Qué temor provocó en tu corazón la espantosa visión, cuando el favor de un mensaje dichoso [15] produce sosiego 13 ? Pues a mí, enviado desde el alto trono del cielo, el Padre único de todas las cosas me ordena dirigirte ahora la palabra y te promete de tu querida esposa pronto un hijo, al que aguarda una gran gloria por sus hechos, quien con su nacimiento procurará grandísimo gozo a [20] los pueblos. Permanecerá siempre sobrio; a él, encerrado en el vientre mismo de su madre, el Espíritu Santo lo llenará de una luz brillante. Mediante sus enseñanzas conducirá a la mayor parte de este pueblo hacia el camino verdadero, inmediatamente [25] reconocerá el primero a su Señor y Dios y transformará a la multitud. Tú recuerda darle el nombre de Juan 14 ». A él le respondió el sacerdote con su mente confundida: «La vejez envidiosa se opone a tales promesas y no podrá tocar en suerte a unos fatigados ancianos el hijo que [30] Dios, apartándoselo, les negó en la flor de la juventud». Estas palabras dijo el sacerdote estremeciéndose; a él le añade tales otras el ángel: «Si algún mortal te hubiera prometido descendencia, tal vez la vacilación de tu mente hubiera debido, de acuerdo con la desconfianza, insistir dudando [35] de tardías promesas. Ahora yo, de quien el señor del cielo y creador de la tierra ha querido que me mostrara como servidor ante su rostro, recibido de modo ingrato por los oídos y los ojos de un hombre, he cumplido los menospreciados mandatos de Dios supremo. Por ello con la promesa [40] permanece irrevocable el regalo, pero a ti se te cortará la voz, mensajera del rápido pensamiento, hasta que os sean confirmados todos los favores de Dios». Así habló y se mezcló con las suaves brisas.

Entretanto el pueblo se maravillaba desde hacía largo tiempo de por qué quería el sacerdote detenerse tanto en el templo. Saliendo temblorosamente, hizo saber mediante gestos que había visto una fuerza superior, y evidenció la pérdida de su desdichada voz. Luego el sacerdote, tras haber cumplido rigurosamente el servicio, regresa a casa y la promesa alivia la privación del habla. Y no tardando mucho, llegó el regalo de la descendencia. Pero la esposa ocultaba [50] angustiada el gozo de su vientre, hasta que cinco ciclos de luz llenaron la cóncava luna.

El ángel Gabriel es enviado por Dios a la virgen María (vv. 52-79). Lc I 26-38.

Entonces el mismo ángel, enviado para que fuese escuchado por la virgen María, le anunció a conti. nuación resoluciones mayores 15 . Ella, prometida ya a su debido tiempo a un pariente suyo, maduraba castamente recluida en los habitáculos [55] de las vírgenes y aguardaba el día del casamiento cuando se lo permitiesen las órdenes de sus padres 16 . Para ella el mensajero divino comienza apaciblemente el discurso: «Salve tú, que vas a servir a la tierra con un hijo provechoso, deja de perturbar tu espíritu por la sobrecogedora aparición. Pues tus entrañas concebirán por mandato divino [60] un hijo, del que Dios se alegra, y ordena que gobierne por todos los siglos y sea considerado Hijo suyo propio. Cuando lo hayas dado a luz, sea llamado Jesús». A él comienza la [65] virgen después a hablarle así con tímidas palabras: «Dicen que sin marido no puede producirse concepción alguna. Así pues, ¿de dónde esperaré yo que me venga un hijo?». El ángel a su vez dice estas cosas con rápidas palabras: «El poder excelso de Dios volará a tu alrededor cubriéndote de sombra, el Espíritu llegará puro, virgen excelentísima, y luego [70] te ordenará con su casta palabra engendrar un niño poderoso para los pueblos, al que es necesario considerar sagrado y llamarlo Hijo de Dios supremo. Así la esposa de Zacarías, pariente tuya, a la que todos creían estéril, mediante semen mortal ha experimentado hace poco el prodigio en sus miembros [75] agotados por la edad. Se acerca el sexto mes: todo obedece así a los mandatos divinos». Después la virgen: «Ahora ya me ves dispuesta a servir como esclava el mandamiento del Señor, conforme proclaman tus palabras». El ángel, retirándose, desapareció en las espaciosas brisas.

María visita a Isabel (vv. 80-104). Lc I 39-56.

Ella, después, con rápidos pasos [80] se dirige a una ciudad de Judea, entra en la casa de Zacarías y saluda a la embarazada Isabel 17 , cuando al punto los miembros del hijo contenido en su vientre saltan inquietos en el seno de su útero con un movimiento mayor. Y al mismo tiempo saltó la madre sacudida por un temblor, quedó llena de la palabra [85] divina por obra del Espíritu Santo y dijo exclamando con gran voz: «Oh mujer dichosa, salve, tú que llevas un fruto dichoso en el seno de tu vientre. ¿Por qué ha querido Dios benévolo iluminar con tan gran honor mi casa, de modo que la visitara la madre de la poderosa divinidad? He aquí que mi [90] hijo salta alegrándose en mis entrañas cuando ha oído las primeras palabras de María. Dichoso el que cree que pronto llegará el cumplimiento para las palabras que con gran condescendencia pronuncia Dios para sus siervos». Ella, agitando su espíritu con gozo mezclado de pudor, deja oír las [95] temblorosas palabras de su voz retenida 18 : «Espléndidas alabanzas y gracias devuelve mi espíritu al Señor del mundo infinito. Apenas este espíritu puede contener tan gran gozo, porque Dios justo, habiendo condescendido a ello, me levanta [100] excelsa al cielo desde mi humilde condición y ha querido que sea considerada dichosa por todas las gentes y siglos. He aquí que les quitó el trono a los despiadados y abatió a los soberbios, a los humildes necesitados los enriqueció con bienes en abundancia». Entonces permaneció allí tres meses sucesivos, y a su propia casa regresa ya segura de lo que iba a ocurrir.

Nacimiento de Juan el Bautista (vv. 105-132). Lc I 57-80.

Y ya se acercaba el tiempo en el que el transcurso de los días obligaba a Isabel a hacer salir a las regiones de la luz al hijo prometido 19 . A la noticia del parto acudió deprisa, conjuntamente, la multitud de parientes; entonces celebran en grupo el prodigio admirable y disponen que [110] tenga el nombre de su progenitor. Se niega a ello la madre e insiste, en cambio, en que se llame Juan. Pareció bien entonces consultar los deseos de su padre mudo y le piden que indique el nombre por escrito. Pero, ¡ah, fe admirable!, cuando intenta escribir en la tablilla, rompe el impedimento de [115] su lengua con palabras resonantes. Luego penetra también el Espíritu en su mente acostumbrada a recibirlo y, lleno de él, profiere palabras sabedoras del futuro 20 : «Que todos hagan alabanzas y den gracias al Padre de los astros y la tierra, del mar y los hombres, porque ha querido visitar a su propio pueblo y liberarlo. Mirad, hace dichosa a su vetusta raza y [120] con el cuerno de la salvación erguido proporciona una luz en la estirpe de David. Esto es lo que vaticinaron sucesivamente los antiguos profetas, ésta es aquella salvación mediante la cual nos arrebata de los espantosos enemigos para que podamos servir justamente a la justicia 21 . Pero tú, niño pequeño, serás considerado profeta sagrado y digno, pronto [125] precederás al Señor en su camino y conducirás a tu pueblo a través de la luz abierta: gracias a ti despreciarán el error y dispersarán las tinieblas de la muerte todos los que sigan tus preceptos».

Luego el muchacho tuvo siempre una vida apartada en valles [130] retirados hasta que, como lo exigían sus años, creció y llegó a la madurez de su edad para cumplir el quehacer de profeta 22 .

José pretende repudiar a María (vv. 133-143). Mt I 19-24.

Entretanto el prodigio agita el espíritu del prometido de María porque vio la carga manifiesta de su vientre, y piensa consigo mismo de qué modo puede encubrir el deshonor de su prometida mantenido oculto y rehusar el matrimonio 23 . Mientras medita tales cosas, se le entorpecen los miembros con el sopor y en medio de sueños horrendos escuchó la voz de Dios: «Acepta el casamiento con tu prometida exenta de delito, cuyas entrañas llenó el Espíritu Santo 140 uo con un fruto sagrado. El profeta vaticinó que llegaría, y de una virgen, este hijo cuyo nombre es DIOS CON NOSOTROS 24 ». Al punto él, obedeciendo estos preceptos, mantiene los esponsales convenidos.

Edicto de revisión del empadronamiento. Nacimiento de Jesús (vv. 144-157). Lc II 1-7.

Pero entonces, por casualidad, las órdenes de César Augusto exigían en la mayor parte de la tierra [145] una revisión de las personas según un nuevo censo. Entonces gobernaba Siria legítimamente Quirino, a quien por todas las ciudades las gentes le daban cuenta de las tierras de su propiedad, sus bienes, su nombre y su linaje 25 . Hay en Judea una ciudad, [150] Belén, que engendró al melodioso David y que reclamaba según la ley el censo de su linaje 26 . Aquí José, de la estirpe de David, dio cuenta de María inscribiéndola como prometida suya y declarándola embarazada. Unas construcciones muy pequeñas de un campo angosto al pie de las murallas de la ciudad de Belén habían servido de albergue de [155] ambos. Allí la virgen, tras haber llegado al fin de su gestación, se libera de su fruto primerizo, envuelve al niño un lecho de paños viejos y se le da un duro pesebre como cuna.

El ángel anuncia los pastores el nacimiento de Cristo (vv. 158-180). Lc II 8-20.

En los alrededores la custodia de los ganados a lo largo de la noche llena de zozobras mantuvo vigilantes a los pastores en los frondosos [160] pastos. He aquí que pareció descender del cielo un ángel por orden de Dios, pero el terror postró súbitamente en la verde tierra a los cuerpos de los pastores temblorosos de miedo 27 . Y enviada del cielo corrió volando para los atónitos tal voz: «Pastores, dejad a un lado el terror de vuestro espíritu, escuchad mis palabras, con las cuales os traigo este gozo ingente. Pues ha nacido [165] un niño de la ilustre estirpe de David, que pronto propagará entre las gentes la luz y la alegría. Os daré esta señal: que podréis ver a un niño llenando con su tierna voz un pesebre». Mientras dice tales cosas se le unen miles de la multitud [170] celeste, todos alaban y suplican a Dios y tales palabras del ejército reunido inundan el aire 28 : «La gloria debida acompaña al Padre supremo; en la tierra seguirá a los hombres justos la paz que se merecen». Y al mismo tiempo que pronuncian estas palabras se retiran de nuevo a los lugares [175] apartados del cielo.

Los pastores acuden apresuradamente y ven al niño que yace en el hueco del pesebre. Luego desde allí difunden en gran número por toda la comarca las primicias de una noticia que se extiende rápidamente. Lo elogian con admiración, [180] y quedan pasmados de alegría, porque todo coincide con las predicciones nocturnas.

Circuncisión de Jesús y presentación del mismo en el templo (vv. 181-223). Lc II 21-39.

El niño había visto la luz del octavo día; he aquí que es necesario, según la costumbre de la ley, que se le circuncide y se le dé un nombre 29 . Le fue impuesto el que por requerimiento divino le ordenó en otro tiempo a María la voz enviada por Dios: Jesús 30 .

[185] Moisés había escrito los preceptos de la antigua ley 31 , entre los cuales estableció cumplir con la presentación, para que fuesen consagrados, de los primogénitos nacidos de la vetusta estirpe de los profetas y al mismo tiempo llevar al santuario palomas implumes 32 . Cuando María lleva al templo esta ofrenda mantenida según la tradición, he aquí que se explicaba en su pensamiento las palabras divinas el digno [190] anciano Simeón 33 , a quien la fuerza conocedora del porvenir le había predicho una vez que, libre de la cárcel abandonada de su cuerpo enfermo, vería la muerte y el descanso tan pronto como hubiese visto que llevaba las acostumbradas palomas al templo la gloria del cielo y la salvación de la [195] tierra, a quien todos los oráculos de los profetas presentan como Cristo 34 . Y cuando él, abrumado por lo encorvado de su cuerpo, penetra bastante debilitado ya en el templo, cosa a la que lo había inducido la resolución de su espíritu, he aquí que al mismo tiempo se dio cuenta de que había llega200 do al templo en el regazo de su madre el pequeño Jesús, cogió al niño en sus temblorosos brazos y profirió alegre estas palabras 35 : «Ahora, ahora a mí, su siervo, ahora el Señor me libera de las negras cadenas del cuerpo y se digna, según sus palabras, otorgarme con paz el fin. He aquí que circunda nuestros ojos y resplandece con sus rayos tu briliante [205] luz, que la gloria del pueblo engrandecido de los israelitas proporciona a todas las naciones de los hombres a las que aquella ha iluminado. ¿Por qué quedó tan estupefacto el corazón de María su madre? Este niño se otorga para infortunio [210] de pueblos, éste permitirá que renazcan pueblos; su palabra llegará como señal para contradicciones, pagando su deuda para con la muerte y recorriendo el alma de su madre con un puñal de hierro refulgente, para que se muestren claramente los tenebrosos repliegues del oculto corazón».

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