Czytaj książkę: «La corriente del Padre»

Czcionka:

P. José Kentenich La corriente del Padre Integración, continuación, consolidación Pláticas de la Jornada de Navidad de 1967

Título del original: Vaterstroemung

Autor: P. José Kentenich

Edición corregida “Propheta locutus est”, Band XIX

Editado por Schönstattpatres, Berg Sion, Valendar, 2005

Alemania

LA CORRIENTE DEL PADRE, Integración, continuación, consolidación.

Pláticas de la Jornada de Navidad de 1967

Autor: P. José Kentenich

Derechos reservados.

ISBN impreso 956-7598-67-0

ISBN digital 978-956-7598-68-7

Editorial Schoenstatt S.A

1a edición: 500 ejemplares

Santiago, Mayo 2021

Traducción: Roberto Bernet

Revisión: Instituto Secular Hermanas de María de Schoenstatt

Composición y diagramación: Alejandra Zacarías

Diseño Portada: Bernardita Oyarzún

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com

P. José Kentenich

La corriente del Padre

Integración, continuación, consolidación

Pláticas de la Jornada de Navidad de 1967

Queridos lectores:

Me alegra hacerles llegar este valioso libro, que contiene la última jornada de nuestro Padre y Fundador.

Hace años que teníamos el anhelo de hacerles llegar este texto. Me impresiona que salga recién ahora. Detrás hay una larga historia, pero también muchas personas que, captando lo que significa este documento histórico, han colaborado de las más diversas maneras.

¡Gracias a cada uno!

Me alegra profundamente que salga a la luz ahora, en este tiempo tan especial que vivimos como humanidad, no solo por la pandemia que roba casi toda la atención, sino por tantas personas y naciones que padecen tanto por diversos motivos.

Es una jornada que ilumina el fondo de los acontecimientos que estamos viviendo, comunicándonos las razones últimas y dando valerosamente impulsos para el futuro. No es un texto de lectura fácil; hay que trabajarlo para que dé frutos. Hemos tomado la decisión de quitar todo lo que pueda disturbar la lectura, tras una excelente traducción de Roberto Bernet. Se debe considerar que se ha mantenido en muchas partes el lenguaje y el tono coloquial, familiar, que se dio en esta jornada.

Que el Espíritu Santo ayude a cada uno a entrar profundamente en el corazón paternal y tan profundamente creyente de este gran hombre que es José Kentenich, nuestro Padre y Fundador, para encendernos nuevamente en su fuego y su misión para el tiempo de hoy. Que aprendamos juntos, cada vez más, a buscar caminos que ayuden a tantos hermanos a vivir la fe con libertad interior, con magnanimidad, por amor a la Iglesia y la humanidad.

Hna. M. Asunción Bergen

Secretariado Padre Kentenich Chile

Marzo 2021, mes y año de san José.



Índice

Introducción

Primera plática

Segunda plática

Tercera plática

Cuarta plática

Quinta plática

Sexta plática

Séptima plática

Octava plática

Novena plática

Índice detallado

Introducción

Al igual que en el año anterior, también en 1967 se realizó a gran escala la Jornada de Navidad como continuación de la Semana de Octubre. Unos 1.500 miembros del Movimiento, delegados de las distintas comunidades y ramas procedentes de Alemania y del exterior, participaron en esa jornada, que se desarrolló del 27 al 30 de diciembre de 1967 dándose tres pláticas por día, una vez más, en el salón de actos de la Marienschule, el colegio de las Hermanas de María en Vallendar.

A diferencia de la Semana de Octubre, la Jornada de Navidad tenía más el carácter de una jornada de trabajo. El padre fundador retomó los temas de la Semana de Octubre, mostró en especial la integración, la continuación y la consolidación de la corriente del Padre y la colocó en el contexto del posconcilio. No eludió tampoco temas de gran controversia —la Iglesia en el posconcilio, la relación entre los sexos, la sexualidad, el celibato, la «desmitificación» de la Sagrada Escritura, el pecado original, etc.—, poniéndolos en relación con nuestros probados principios. En la audiencia podía percibirse un gran alivio. Como el mismo fundador sospechaba, ese estado de ánimo se debía a que esta podría ser la última gran jornada que él diera; tendría que preparar a su gran familia hacia un futuro sin su presencia.

Desde el comienzo de la jornada reinó una atmósfera marcadamente familiar, y todos los presentes pudieron experimentar que se les regaló de nuevo el «milagro de la Nochebuena».

Es de agradecer que, ya poco tiempo después, las Hermanas de María procurasen la primera edición de la jornada. Entretanto, se ha hecho necesaria una nueva edición literal con una profunda reelaboración y compleción del texto según las grabaciones magnetofónicas. Quiera Dios que este trabajo redunde en beneficio de la generación joven, que no ha tenido ya la suerte de escuchar y experimentar personalmente al Fundador en vida.

Padres de Schoenstatt, Monte Sion, 2005

P. Andreas Brath


Primera plática

27 de diciembre de 1967

Tras las palabras de saludo del director del Movimiento, P. Franz-Josef Bezler, el fundador comienza con la primera plática.

Mi querida familia de Schoenstatt:

El Cántico al Terruño nos ha introducido inmediatamente en la atmósfera que esperamos que reine aquí en estos días. Acabamos de escuchar que siempre deberíamos tener sed, tener hambre; así pues, veo, puedo ver y tengo que ver que mi tarea es intentar golpear con el cayado la roca, como Moisés en su tiempo y probar si es posible hacer brotar nuevas fuentes.

1. Ante todo unas palabras sobre la atmósfera. Desde luego también yo me alegro de corazón de que Mons. Wissing1 esté aquí, porque es de los nuestros; es por eso que no vale la pena que volvamos a tratar ahora expresa e individualmente sobre su persona [hilaridad]. Si uno forma parte de la misma familia, forma parte de la misma familia. Pero lo que nos alegra es justamente el hecho de que como delegados, representantes de toda la Familia, podemos celebrar nuevamente la Navidad juntos y también junto con nuestra querida Madre, la Santísima Virgen. Espiritualmente hemos traído con nosotros a todos los que pertenecen a nuestra Familia y cuando estamos de rodillas en el santuario no nos resulta difícil repetir la estrofa sobre Belén.2

Ciertamente, es verdad y acaban de hacernos ya referencia a ese hecho que, cuando pensamos en la Navidad, por lo menos desde 1941, pensamos también espontáneamente en el «milagro de la Nochebuena». Desde 1941, las gracias de Navidad son siempre para nosotros gracias de transformación. Desde entonces, año tras año se nos ha concedido de alguna forma el milagro de la Nochebuena, un milagro que sin duda lo esperamos también hoy.

¿Qué entendemos por milagro de la Nochebuena? No tiene mucho sentido hablar extensamente al respecto, así que solo vamos a recordarlo con brevedad. En ese contexto pensamos desde siempre en la irrupción de lo divino en la Familia: una irrupción extraordinaria de lo divino de arriba a abajo y de abajo a arriba. De arriba a abajo: ya sabemos lo que eso significa. Podríamos repetir la lista de todos los hitos que demuestran cuán fuerte y profunda ha sido la irrupción de lo divino en la Familia entera e incluso en cada uno de los miembros individuales de la misma. Pero la irrupción divina de arriba a abajo debe verse también de abajo a arriba; es por tal irrupción que podemos entender el brotar de lo divino en las almas individuales y, desde allí, la eclosión hacia el interior de la Familia en su conjunto.

Y hoy, o por lo menos así creo poder decirlo, cuando nuestros conocimientos sobre el acontecer actual son más profundos de lo que nunca han sido hasta ahora, hemos de recordar que todo ha sucedido en los últimos veinte años, o sea en los años en que el mundo se ha sumergido en un torbellino de caos y revuelo, en los años en que todas las revoluciones en el mundo y en la Iglesia se han centrado en última instancia —como comentamos por extenso el pasado octubre— en un movimiento de alejamiento de Dios. Hagan ustedes la contraposición: acercamiento a Dios, alejamiento de Dios.

Por eso comprendemos también la fuerte contraposición que existe entre nosotros como Familia y el mundo que nos rodea. Queremos vivir a partir de esa contraposición, cultivar cuidadosamente la conciencia de contraste, que tan importante es y debe ser para nuestro tiempo actual, como ya hemos hablado antes en numerosas ocasiones.

Si ahora esa conciencia nos pone de nuevo interiormente en movimiento para investigar qué se nos ha regalado una y otra vez desde 1941, tras considerarlo honestamente tenemos que constatar que en verdad no ha sido poco. Y creo que aquí tenemos que resaltar en especial dos años, ambos como conclusión de pruebas profundas que nos fueron deparadas de parte de… ¿qué he de decir? de parte de Dios, de parte del demonio. Nos referimos a los años de 1945 y 1965, ambos con acontecimientos que tuvieron una profunda incidencia. En efecto, no estamos hablando a extraños ni tampoco somos novatos, de modo que para nosotros expresiones de este tipo están cargadas de contenido. Por eso es evidente que ya el solo recuerdo de estos grandes hechos mueve nuestro corazón a pronunciar la sencilla oración: «Gracias por todo, Madre; todo te lo agradezco de corazón…».

Lo que ahora nos interesa es la siguiente pregunta: ¿cómo se presenta este año para nosotros el milagro de la Nochebuena? La respuesta viene a nosotros con rapidez y es también de fácil comprensión, aunque solo sea por el mero hecho de que existe una respuesta preparada. Basta con recordar la Semana de Octubre y tomar conciencia de los efectos que ha tenido: entonces sabremos cómo se presenta este año el milagro de la Nochebuena. Verdaderamente ahora ya no se trata tan solo de la corriente Victoria Patris, esa corriente está ahí, nos ha sido ya regalada y en abundancia; sino que se trata también, dicho brevemente, de la múltiple consolidación de esa gracia. Confirmatio in gratia, consolidación en la gracia: consolidación de la corriente del Padre, de la victoriosa corriente del Padre.

Podemos utilizar también otros términos, jugar con las expresiones, pero en última instancia todas dicen lo mismo. Por tanto, podemos hablar de la victoria permanente de la corriente del Padre en el ámbito de la Familia entera. En efecto, todos nosotros tenemos derecho a suponer con fe que en los últimos cincuenta años —en cifras resumidas— la Familia, sostenida y conducida por el Espíritu de Dios, por el Espíritu Santo, se ha desarrollado de forma lenta pero constante hasta esta altura de la espiritualidad. Así pues, no es en absoluto superfluo decir que todo lo que ahora estamos experimentando, lo que hemos experimentado y lo que quisiéramos o deberíamos querer experimentar en el futuro es la base para los próximos cincuenta años, los cimientos sobre los que debe erigirse de nuevo el edificio del espíritu de la Familia. Por eso recurrimos a la expresión: victoria permanente de la corriente del Padre. Se trata de la permanente victoriosidad, de este espíritu: «Lo que habéis heredado de vuestros padres conquistadlo para poseerlo» (Goethe, Fausto).

¿Valdrá la pena hacer aquí por un momento una pausa? ¿Me permiten que traiga a la memoria con cuánta fuerza ha prendido esta consigna?3 Contamos con múltiples pruebas de ello. Para mencionar una vez más a nuestra nueva pars motrix et centralis —aunque solo sea por esto, si no por otros motivos— me permito traer a la memoria con cuánto éxito han actuado nuestros padres por todas partes en el país para recoger los frutos de la Semana de Octubre, para que se la asimile en la vida, para que se la deguste retrospectivamente. Y creo poder decir que lo que entretanto se ha desarrollado más allá de eso significa muchas veces también una nueva iniciativa, a saber, una nueva iniciativa desde el punto de vista de la corriente del Padre.

Uno de nuestros sacerdotes suizos,4 que desarrolla su actividad aquí, espero que no esté aquí presente; aunque de estar aquí, tampoco le hará daño [escribe]:

«Mañana, 21 de diciembre viajo con el P. Lukaschek a Suiza pues nuestros hermanos de comunidad quisieran ver a toda la familia allí reunida bajo el árbol de Navidad. Por eso quisiera desearle desde ya una Navidad con abundantes gracias y regalarle un recuerdo especial de oración en el santuario.

»Pronto se cumplirá un año desde que colaboro en la rama de varones y con la juventud masculina en Alemania. Ha sido un año precioso. Por supuesto primero escuché más de lo que intervine de manera activa. Siempre tengo primero que llevar dentro de mí mismo lo que se me ha dado como tarea. Desde hace algún tiempo puedo moverme con más libertad y facilidad en mi ámbito de trabajo y así espero poder colaborar en la construcción de la rama masculina.

»El tema que entre los varones tiene siempre buen recibimiento es el del padre. No solo escuchan con atención, sino que están cautivados por él. En no pocos cursos —me refiero a los días de retiro en parroquias— acuden también a confesarse a fondo y correspondientemente a comulgar.

»En la primera plática hablo sobre el tiempo sin padres. En las dos o tres siguientes sobre la renovación del padre y de la imagen del padre. En ese contexto, por su incremento de atención parece que les hace especialmente bien lo siguiente: en la imagen del padre hay cosas que cambian y, sobre todo, cosas inmutables. Cuando de alguna manera ilustro lo inmutable mediante una meditación sobre el Padre Dios, todos se comportan como si fueran un solo oído. Cristo aparece como la más perfecta transparencia del Padre, al que podemos captar más fácilmente en un padre, en parábolas sobre el Padre. Esto se les encarga para el trabajo ulterior.

»En la tercera plática se aborda la pregunta de cómo se presenta hoy la imagen del padre. Aquí hay cursos no schoenstattianos que se familiarizan por primera vez con Schoenstatt. Como vemos en la historia de la Iglesia, Dios envía siempre de nuevo a personas y movimientos que imprimen su rostro a la Iglesia para los siglos subsiguientes. Así sucede hoy una vez más: nuestra imagen del padre es acorde con la época en la formulación paternidad sacerdotal, es por eso que siempre tiene buen recibimiento.

»El tema se aborda también en la meditación final, que apunta a la autoeducación y que propone preguntas como: ¿cómo me educo para ser padre? ¿cómo me educo para ser hijo? La meditación sobre el hijo en sí misma breve, también es siempre singularmente actual para los varones. Al final de la meditación resuena la transición hacia el próximo curso: un hijo de Dios ejemplar tiene que contar asimismo con María, la Santísima Virgen, que es quien mejor podrá ayudarle.

»En el cuidado posterior el párroco se ocupará de que se formen grupos y registrará en especial quiénes de entre los varones están dispuestos a participar en ejercicios en Schoenstatt. Esta práctica espiritual local se convierte en un gran éxito en el plano de la gracia tal y como hemos podido experimentar una y otra vez durante este año. Desde luego el curso sobre el padre ha adquirido un carácter marcadamente schoenstattiano en los círculos de varones pertenecientes a Schoenstatt. Estos cursos no son tan exigentes. »Trabajo también de auxiliar con la juventud masculina. Allí estoy todavía en mi antigua especialidad.

»Ahora le hablaré un poco de los docentes. Actualmente se está formando una primera red en Liebfrauenhöhe. Los comienzos han sido pequeños, insignificantes y de considerable dificultad. Cuanto más tiempo pasa, tanto más va adquiriendo todo un aspecto definido. Para el próximo curso en marzo, espero a una gran cantidad de varones.

»Después, seguramente habrá desarrollos en la diócesis de Limburgo. El 17 de diciembre comencé en Schwalbach con el párroco Ries. Por el tema establecido verá usted qué es lo que está ocurriendo: el maestro como educador en la actual crisis de autoridad y la respuesta de Schoenstatt para solucionar esta crisis. Los docentes me acompañaron bien. Para el futuro tenemos prevista la formación de círculos en las zonas de Fráncfort, de Wiesbaden, de Limburgo, etc. Presumiblemente ampliaré para esos círculos el tema mencionado. En la Semana Santa preveo que tendrá lugar una jornada pedagógica de cierta magnitud; ya le hablaré en otra ocasión sobre el tema. Todo va en la misma línea; estoy pensando en el tema “padre-maestro”, “maestro con profesión principal de padre”, etc. subdividiéndolo así: verse a sí mismo a la luz del Padre, ver todo, todo a la luz del Padre. ¿Cómo me educo como hijo de forma schoenstattiana?, o algo semejante.

»Para el año próximo en nuestro equipo de trabajo de la rama de varones queremos poner acentos. Yo me he hecho cargo de Aquisgrán, Colonia, Münster y Wurzburgo. Creo que está bien así. El único problema es que para los docentes no veo todavía ningún acento marcado, pero eso se verá seguramente el año próximo.

»No debo acaparar ya por más tiempo su atención. Pero seguramente usted se alegra de que nuestra MTA en el santuario esté atrayendo a cada vez más y más varones. Ahora bien, que justamente yo esté siendo en alguna medida un instrumento para eso es más que tres veces admirable…».

Y así sigue.

Solo he querido que tomen conciencia de esto a fin de llamarles la atención sobre la fuerza con la que prende la idea del padre, y en la forma en que hemos hablado. Seguramente les interesará saber también con cuánta fuerza ha prendido la corriente del Padre en toda la Familia de Schoenstatt. En Navidad se nos llamó la atención sobre el hecho de que hemos alcanzado una cierta culminación, definida con acierto por la expresión «fusión de corazones de la Familia con el Padre Dios» o como lo formularon ya desde hace años las señoras de Schoenstatt, Patri unita. ¿Podemos alegrarnos de eso? Sí, sin lugar a duda.

Al llegar aquí me entregaron una cartita —ahora la he arrugado [risas], ya no hay nada que hacer—. Era del profesor Revers5, que señala que poco a poco ha llegado a un cierto cénit en sus estudios científicos. Subraya lo que yo dije en los años treinta sobre los vínculos emocionales en toda la educación y dice después: si eso mismo no fuera cierto en todas partes, todo humanismo religioso incluyendo el cristianismo, no sería más que un montaje engañoso. Sin embargo, con esto tocamos un tema científico del que no vamos a ocuparnos ahora. Quien tenga algo de conocimiento sobre lo que hoy en día es práctica corriente afuera en la ciencia —sobre todo cuando se trata de la pedagogía— se extrañará de oír de nuevo una vieja expresión que nosotros enunciamos innumerables veces en el pasado: que a los tres años el niño ya está educado. Completamente. ¿Qué quiere decir eso? Que a los tres años la dirección de la esfera emocional del niño tiene ya una determinada consistencia. Sin esos vínculos, sin ese organismo de vinculaciones —así lo llamamos y es tal vez la mejor forma de hacerlo— cuyas bases deben sentarse ya en la más temprana infancia, una educación permanente no sería posible de verdad. Pero como he dicho, no quiero abordar estas cuestiones científicas ahora.6

Pero todavía tengo aquí otra cartita, es del Dr. Schulte7 y si se la leo a ustedes es con una intención especial. Como habrán notado ahora se trata solamente de dejarnos rodear por la atmósfera común, para que no estemos aquí solos ni tampoco en representación de nuestras ramas, sino que tengamos la conciencia de que toda la Familia está compartiendo nuestro sentimiento. Escribe el Dr. Schulte:

«Le habría informado con mucho gusto al final del año sobre mi actuación práctica a favor de nuestra gran causa». Tal vez todos ustedes conozcan al Dr. Schulte; dirigió durante años de manera espléndida el movimiento de varones en Alemania, tiene una actitud moderna en grado sumo, ha intervenido creativamente en todas partes y ha utilizado después en todos lados nuestras viejas expresiones con el espíritu de un niño. «Pero, lamentablemente, todavía no estoy en condiciones de cooperar de nuevo de manera activa. La intoxicación renal que tuve en Bad Wörishofen era más peligrosa y el período de recuperación más prolongado de lo que yo había pensado. Así pues, solo he podido colaborar en la construcción de nuestro reino con la oración y a través de mis aportes al capital de gracias». Naturalmente esto daría ocasión para hablar sobre la depuración del lenguaje, pero no vamos a hacerlo todavía. «Con gran alegría he podido experimentar este año en el que desde Schoenstatt se ha trabajado enérgicamente en la construcción de nuestro movimiento con ideas buenas y útiles». Y ahora viene algo…: la nueva revista, ¿cómo se llama? Sí, hoy en día casi no se puede existir sin Basis. «La nueva revista Basis me da mucha alegría. Creo que de esa manera podemos llegar a mucha gente.

»De corazón le agradezco también —y sé que lo hago en nombre de muchas personas— todo lo que usted nos ha regalado en los últimos años. No hace mucho, en respuesta a una circular que yo había enviado a todos los eclesiásticos con la petición de que hubiera un diálogo lleno de confianza entre jóvenes y mayores, nuestro obispo8 me escribió diciéndome que ahora nos haría falta un Movimiento como el que era Schoenstatt en los años treinta».

Y así es: eso es lo que tenemos que volver a ser. Pero, como ustedes saben, no puedo tratar ahora mismo todo eso. ¡Cuánto significó Schoenstatt en aquel tiempo para los golpes del destino y para los destinos del mundo y de la Iglesia! Pueden estar seguros de que hoy tenemos la misma tarea. Me permito reiterar una expresión atrevida, piis auribus offensivum9: lo que los jesuitas significaron para el Concilio de Trento creemos significarlo nosotros para el Vaticano II. ¡Es en verdad una frase atrevida! Pero aguarden solo un instante. Los hilos se van entretejiendo lentamente. Y si permanecemos mutuamente fieles como hasta ahora, si formamos una falange compacta, no sabemos todavía… o mejor dicho sí sabemos para qué utilizará entonces Dios a nuestra pequeña Familia.

«Ahora nos haría falta un Movimiento como el que era Schoenstatt en los años treinta. Creo que estamos en el buen camino para anunciar al tiempo actual una verdadera buena nueva». Esto será suficiente.

¿En qué consiste lo que he dicho entonces? ¿Qué esperamos? ¿Qué esperamos de la vivencia de Navidad? La consolidación de la corriente del Padre.

En realidad, para tocar todos los puntos y no olvidar a nadie, ahora tendría que volver a recordar con brevedad lo que entendemos propiamente por la corriente del Padre y de la Victoria o por la corriente victoriosa del Padre. Pero estoy empezando a pensar que esto está todavía asentado con tal profundidad en la memoria y también en el corazón —ya que desde octubre hasta ahora no ha pasado mucho tiempo—, que en cierta medida se encuentra aún más o menos firme en la memoria. Al respecto diré una que otra frase.

Victoria del Padre sobre el hijo del Padre. ¿A través de qué? Por un lado, a través de las tres virtudes teologales y, por el otro, del perfeccionamiento de dichas tres virtudes gracias a los dones del Espíritu Santo.

Repito de nuevo que sin embargo movimiento del Padre, victoria del movimiento del Padre, corriente Victoria Patris significa también, a la inversa, la victoria del hijo del Padre sobre el Padre Dios. ¿A través de qué? Del cultivo de la pequeñez, un cultivo esclarecido en todos sus aspectos.

Dicho de otra manera: ¿qué pretende en sí la corriente Victoria Patris en nuestras filas? Pretende construir y desarrollar un reino universal del Padre con tintes marianos a fin de vencer, en el lado opuesto, el reino del mundo sin Dios.

Al repetir estas pocas frases lo hago con una intención muy determinada: me gustaría plantear en la plática introductoria todo aquello de lo cual más tarde pueda esperarse un desarrollo.

2. Y ahora la gran pregunta: ¿qué cosas implica lo que denominamos corriente Victoria Patris o la consolidación de dicha corriente? Les proporciono a continuación un esquema amplio y profundo:

Significa ante todo la integración de la corriente del Padre. ¿Qué quiere decir esto? En breve les daré la respuesta. En segundo lugar, significa una continuación de esa corriente del Padre. Y, en tercer lugar, una profunda consolidación.

Ahora bien, deben tener presente en todo momento que se trata de la posesión que Dios nos ha regalado. ¡No debemos perderla nunca! ¿Y cuándo no la perdemos? ¿Cuándo continúa desplegándose hasta alturas de vértigo? Respuesta: cuando los tres momentos que acabo de mencionar llegan a tener en nosotros viabilidad y vitalidad.

Tal vez para mencionar de nuevo con rapidez todo lo que presumiblemente está sucediendo en nuestros corazones, puedo plantear aquí una vez más esta pregunta: ¿no estamos acaso un poco decepcionados? ¿no esperábamos algo distinto?

La verdad es que lo que anuncié en la Semana de Octubre he tenido que tacharlo. Pero ustedes ya no lo recuerdan: probablemente hasta han olvidado lo que les había anunciado. Sin embargo, posponer no significa suprimir. Y creo que más tarde quedarán ustedes contentos, sobre todo los que querían recibir una introducción a la problemática moderna. Pero otros deseos grandes o pequeños, tal como los he guardado en mi interior, permiten reconocer que el deseo principal reside en mantener la corriente de seguimiento el año próximo. La respuesta es fácil: esta corriente está esencialmente comprendida dentro de la integración. Más tarde se les hará palpable. O bien consideremos la corriente de José Engling, que está viva aquí y allá. ¡Por supuesto! En algún que otro lugar he encontrado referencias a una frase de un hombre sabio —sí, hay libros sapienciales en la Sagrada Escritura y también existen hombres llenos de sabiduría— según la cual una vez dije que este año todas nuestras Hermanas deberían hacer una peregrinación a José Engling. De verdad lo haya dicho o no creo que todos deberíamos hacerlo. ¡Se han hecho tantas propuestas en esa dirección! A todas quisiera darles mi apoyo. Sin embargo, quisiera permanecer en todo lo que significan las tres palabras. Ustedes saben lo que habría que responder: en José Engling tenemos el espejo clásico de la integración, de la consolidación y de la continuación. O sea, todo coincide. Si tienen otros deseos… creo que ya son ustedes capaces por sí mismos de integrarlos y de incorporarlos en esta tripartición. Así pues, de todos modos ¿qué esperamos especialmente este año como milagro de gracia, como milagro de la Nochebuena? Esperamos adentrarnos y crecer más profundamente en la integración; crecer, adentrarnos y crecer más profundamente en la continuación; y crecer, adentrarnos y crecer más profundamente en la consolidación de la corriente del Padre.

En sí, con lo dicho yo ya habría terminado de cantar mi cancioncita por esta tarde, pero como solamente estaremos un par de días juntos y quiero suponer que no están ustedes demasiado cansados, quizá pueda arriesgarme a empezar desde ya a desarrollar los grandes pensamientos.

Las líneas que queremos acometer son dos.

Por un lado, dicho muy psicológicamente, queremos entrar en sintonía de forma muy general; es decir: no se trata ahora del pensamiento. Es decir, parece no tratarse del pensamiento, pero de todos modos después nos detendremos en él. No obstante, la intención del pensamiento es más el entrar en una cierta sintonía con el contenido de valores, con el contenido de sentido de las tres expresiones. Podemos hacerlo de forma relativamente breve ya por el solo hecho de que se trata de un mero trabajo preparatorio el trabajo principal se realizará después.

Por otro lado, tenemos un segundo desarrollo de ideas que complementa el primero y se trata de hacer transparente, de penetrar intelectualmente en todas direcciones qué pasa ahora con esta integración, esta continuación y esta consolidación.

Ahora voy a intentar explicarles un poco todo esto a fin de transmitir una impresión general de todo lo que nos ocupa en estos días.

Desde luego nos detenemos primero en la integración.

A. Integración de la corriente del Padre

¿Qué se entiende por integración? No quiero hablar de forma abstracta, por lo menos al principio. Quien haya participado en los cursos —sea en el curso para sacerdotes, en el curso de ejercicios o en la Semana de Octubre— y entienda más o menos lo que pretende significar la palabra «integración» podría pensar que se trata de integrar, de complementar, de completar la imagen de Dios por la cual tanto nos hemos esforzado. La imagen del Dios de la vida en dos otras direcciones, es decir girando en torno al Dios de los altares y al Dios de nuestro corazón. Este es un punto de vista, una interpretación.

Pero creo que debería escoger mejor otra interpretación y partir de otro punto de vista. Por supuesto esto entra ya más profundamente en lo que pensamos y queremos en el plano intelectual.

El segundo punto de vista cuando se trata de la integración, parte de la idea de las constantes orgánicas, o mejor dicho de las leyes de desarrollo orgánico y de la estructura integral de la corriente del Padre.

Ya sospecharán qué tan lejos y en qué dirección tendremos que movernos después, aunque vislumbrarán también que, si hacemos todo el recorrido de este discurso, si nos atrevemos a hacer esta investigación, el primer punto de vista10 no quedará insuficientemente tratado. Por el contrario: más tarde veremos cómo de ese modo resuenan todas las necesidades que de algún modo anidan en nosotros.

¿Por qué escojo este punto de vista? Creo que debería señalar dos motivos. Ahora bien, en tal caso comenzamos ya a asumir puntos de vista bien firmes. Así pues, en primer lugar, lo que propiamente me impulsa es una peculiar manera de pensar. ¿He de decir una manera de pensar primigenia, congénita? Si así es, entonces es también una manera de pensar cultivada con el mayor cuidado. Una manera de pensar pronunciadamente orgánica. Y en segundo lugar amor a la ley de contraposición. Con esto empezamos desde ya a cavar hacia lo hondo. Tal vez sea muy imprudente hacerlo ya en la primera tarde juntos. No obstante, como los pensamientos que ahora exponemos son la base para todas las investigaciones posteriores, tenemos que contar con que más tarde serán repetidos con frecuencia, de modo que al final tendremos a pesar de todo la estructura íntegra.

¿Cuáles son los dos motivos de la selección, los dos motivos del punto de vista desde el cual partimos? Permítanme repetirlo: el cultivo arraigado y cuidadoso del amor al pensar orgánico. A partir de allí procedo a desarrollar lentamente el resto.

Este pensar orgánico busca siempre reafirmar las leyes de desarrollo de un proceso de vida que actúan de forma orgánica. Después, cuando el proceso de vida se ha realizado, mantiene también de forma inconmovible la visión orgánica de conjunto de la estructura íntegra. Tienen que perdonarme si lo expreso ahora de forma un poco abstracta, enseguida lo explicaré.

¿Qué se entiende por pensar orgánico? Lo contrario es el pensar mecánico, mecanicista. Reflexionen ustedes mismos qué quiere decir todo esto. Pensar orgánico: yo pienso siempre en un organismo, en cierto sentido siempre en círculo y nótese que digo «en cierto sentido». El pensar femenino está por naturaleza predispuesto de esa manera. En cambio, el pensar masculino —como hemos dicho a menudo en el pasado— es un peculiar pensar por bloques: un bloque se agrega a otro bloque; ese modo de pensar puede tornarse problemático si no se amplía hacia un pensamiento circular. Pero en cualquier caso ya sabemos —eso supongo en todo caso— lo que tenemos que entender cuando hablamos de pensar orgánico.

¿Y qué efectos tiene esta manera de pensar orgánica? Presupone que mantenemos siempre una estructura orgánica integral. Y quiero aplicar esto enseguida al caso que estamos tratando. ¿En qué estructura nos estamos moviendo ahora? Poco a poco ya lo vamos sabiendo. Las formas de expresarlo pueden cambiar, pero el asunto al que se refieren es el mismo: aquí se trata de la disposición fundamental del movimiento del padre; en última instancia se trata de la actitud o corriente Victoria Patris. Naturalmente, ahora podría separar la corriente del Padre entera tal y como la conocemos de todas las demás cosas que resuenan con ella. Ese peligro no se da hoy entre nosotros, pero en el pensar moderno sí que existe el enorme peligro de permanecer detenido en un punto y olvidar todo lo que con él resuena.

Dicho a la manera del pueblo sencillo: supongamos que antes cuando hablábamos del ideal personal —o sea hace ya mucho, mucho tiempo, cuando nos ocupamos por primera vez o en los primeros tiempos de ese tema, solíamos utilizar a menudo una imagen. Dicha imagen debía señalarnos que en última instancia todos estamos en condiciones de reproducir todos nuestros ideales con una sola palabra. En aquel entonces utilicé como imagen un dispositivo peculiar, se lo llama «armonista». Tenemos el armonio y el armonista. ¿Cómo está construido el armonista? Tenemos dos teclados: uno arriba y otro abajo. En el teclado de arriba, el del armonista, se encuentra el tono fundamental y en el de abajo, el del armonio, está el acorde que debe relacionarse con el tono fundamental. Por lo tanto, si no sé tocar, si debo hacerlo ya mismo y tengo delante un «armonista», solo necesito tocar con él cada tono fundamental —y en realidad eso puede aprenderse fácilmente—. ¿Qué otro sonido resuena con el fundamental? ¡El acorde! ¿Comprenden lo que quiero decir con eso? Ahí tienen una estructura orgánica integral.

Voy a construir un caso hipotético: podría haber una situación en la que todos dijéramos: mi ideal personal es «padre». ¿Qué presupone eso? Con la palabra «padre» tiene que resonar todo el acorde. ¿Y qué acorde es el que resuena con ella? Y se requiere un tiempo hasta que en la vida concreta yo haya establecido una relación entre la palabra «padre» y toda la originalidad que anida en mí. Pero la situación es clara. Como ven, suponiendo que así fuese, con unas palabras o con otras todos diríamos: nuestro ideal personal común, aunque suene extraño, es «padre». ¿Dónde está, entonces, la originalidad? Esta puede residir en el tinte de la imagen de padre y al mismo tiempo reside también en la originalidad del sonido que resuena con ella. ¿Ven lo que significa, lo que tiene que resonar aquí? ¿Cómo llegamos nosotros a la imagen del Padre, a la entrega al Padre? Hay estaciones, hay procesos de vida, hay acordes individuales que primero han tenido que ser tocados y ser relacionados lentamente con el padre Dios, con la imagen del Padre. Y ¿dónde han estado en nuestro desarrollo, por lo menos en general, los puntos que de alguna manera todos hemos tenido que encarnar? ¿Cuáles han sido esos puntos? Han sido la entrega a la Santísima Virgen, la entrega al Jesús, la entrega al Espíritu Santo. Entonces, ¿qué es lo que hay que mantener, lo que hemos de mantener? La integración, la estructura integral. En realidad, nunca debemos separar el amor al Padre del amor a la Santísima Virgen, nunca separarlo del amor a Cristo. Y percibirán ustedes incluso en qué tendría que consistir próximamente nuestra tarea más central: en preocuparnos de que el acorde esté siempre como corresponde. Tenemos que cuidar de no pasar nunca por alto los diferentes acentos en nuestro desarrollo. ¿Cuáles son esos acentos? Son la imagen de María, la imagen de Cristo, la imagen del Espíritu Santo. ¿Puedo suponer que lo he formulado ya con suficiente claridad para nuestros fines?

Mucho depende de que después de haber alcanzado una cierta altura, no nos arriesguemos a dar un salto de Ícaro. Pero no tenemos por qué temer. No lo digo porque exista el temor de que mañana o pasado mañana suceda tal cosa, ¡para nada! Lo digo solamente para que ahora, después de haber alcanzado un cierto punto culminante mantengamos esa altura dentro del organismo íntegro. Ahora se podría examinar si no se habla demasiado del padre, de la paternidad y de la piedad en torno al Padre. Por ejemplo, un extraño podría escucharlo y entenderlo mal. Pero si se nos escucha con atención, notarán que la palabra «padre» como tono fundamental va siempre acompañada del acorde entero.

Y tenemos que prestar atención en primer lugar a que no constituye carencia alguna que, transitoriamente, el sentimiento hacia la Santísima Virgen se haya hecho más débil. Es algo normal. O de que el sentimiento hacia Jesús se haya hecho más opaco. Todo eso es pasajero, nada más. Solamente tenemos que cuidar de que lo que Cristo es para nosotros hoy y era ayer y anteayer no sea trasladado al Padre de manera unilateral. El gran ideal, el acorde completo tiene que estar siempre en orden.

El gran ideal —también para nosotros como directores espirituales—. No debemos actuar como uno de los nuestros, oriundo de Westfalia, de Paderborn, una figura marcial11 —es algo que he contado a menudo en el pasado; se dice, por lo demás, de mortuis nil nisi bene12—: este feliz de haber sido ordenado preguntaba enseguida en el confesionario:

— ¿Dónde se encuentra usted?

— Aquí.

— No, no, tiene que bajarse de ahí. ¡Amor a María!

Por supuesto eso es erróneo. Aquí ven ustedes el organismo entero. Lo que tenemos que hacer en nosotros mismos, tanto en la dirección espiritual como en la auto educación es escuchar siempre lo que late en el alma como punto de enlace vivo: eso mismo es lo que tenemos que mantener, alentar, desarrollar. Pueden estar seguros de que si el Espíritu Santo actúa en nosotros no tardará… ¿mucho?: pues sí, en realidad también puede tardar mucho, pero seguramente llegará el tiempo en que el organismo entero se replique con todo tipo de matices.

Por eso ¿de qué se trata? ¿Comprenden ahora lo que esto significa? ¡Integración de la idea del Padre!

Así pues, estamos hablando de la integración en el sentido de esta estructura integral, que debe verse siempre como una totalidad. Por supuesto eso no impide dejar que el Espíritu Santo haga resonar una vez este tono, otra vez ese otro y otra vez aquel otro. Si hemos reflexionado alguna vez por nuestra propia cuenta estos sencillos pensamientos y podemos mantenerlos, podremos conducirnos y gobernarnos a nosotros mismos en innumerables casos sin correr el peligro de extraviarnos en modo alguno.

Pero hay una segunda cosa que he dicho. Antes he mencionado también la ley de desarrollo orgánico. Creo que también en este punto puedo decir que las constantes a las que me refiero pueden considerarse de abajo a arriba o de arriba a abajo. Todos nosotros conocemos muy bien esas leyes. Permítanme enunciarlas rápidamente de una vez:

• la ley del desarrollo lento,

• la ley del desarrollo de dentro hacia fuera,

• y la ley del desarrollo de una totalidad orgánica a una nueva totalidad orgánica: un desarrollo simultáneo, pero no parejo.

No sé si debo explayarme ahora en el tema. En este momento se trata solamente de posibilitar una captación empática en el plano del sentimiento. Sin duda también aquí creo poder decir —más tarde podré hablar más extensamente al respecto— que ahora no se trata tan solo de adentrarse y crecer en el orden sobrenatural, sino también en el orden natural. La estructura integral de un hombre religioso abarca no solamente el plano sobrenatural, sino también de la forma más amplia el plano natural. ¿Qué significa esto en la práctica? Significa un lento desarrollo del influjo de la gracia en la naturaleza y a la inversa un lento desarrollo de la disposición de la naturaleza para la gracia. Esto es hoy muy importante. Estas cosas aunque solo se las aborde brevemente son hoy de una importancia elemental ya por el solo hecho de que hoy existe un desgarro que afecta a todas las dimensiones: lo sobrenatural ya no existe más o casi y la naturaleza… ¿qué será de la naturaleza? ¿Habrá de ser quizá tocada todavía por la gracia? ¿Se ha de disponer para la gracia? Potentia oboedientialis13: ¿acaso se la ha de desarrollar para lo divino? Pienso que si ven estas cosas frente a ustedes tendrán por lo menos un concepto de lo que se está queriendo decir aquí con integración.

Pero he dicho que la integración va también de arriba a abajo. Esto es del todo posible y es también muy frecuente. A propósito: ustedes pueden encontrarlo explicado con exactitud en las viejas jornadas, desde el comienzo. Instintivamente ha sido siempre un intervenir en los engranajes del tiempo venidero: siempre hemos vivido a partir de lo que se va suscitando y hemos intentado establecer y poner de manifiesto las grandes constantes con la mayor rapidez y profundidad posibles. Es así por ejemplo en el caso del cardenal Newman. Él es uno de esos tipos de personalidad en los que se daba con una fuerza extraordinaria el camino inverso. Él llegaba de forma relativamente rápida a Dios, pero no sin la criatura, lo cual sería un error. Y cuando era anciano llegó a la integración de la idea de Dios, de la idea del Padre y descendió tanto hasta la criatura, que como anciano podía hacer celebraciones piadosas y letanías a todos los santos. Por supuesto hoy dirá todo el mundo: «esas son cosas periféricas, cosas del pasado, todo eso no es piedad ninguna, hoy hay que eliminar todo eso». Con ello toco lo que más tarde quiero exponer por extenso: un punto extremadamente candente del pensamiento actual. Quizá lo diga en otro contexto. Resumo brevemente: cuando hablé del punto de vista desde el cual queremos ver ahora la integración, hice referencia a dos puntos: al pensar orgánico y después a la ley de contraposición.

¿Qué significa ley de contraposición? También aquí podríamos detenernos larga, muy largamente. Sí, ley de contraposición. ¡Cuán a menudo han oído ustedes desde que estoy de vuelta aquí la expresión utamur haereticis14! Una frase clásica de la pluma de san Agustín. No es que hayamos sido personas que estaban constantemente sentados tras los muros. No, no. Tal vez, como pocos, nos hemos orientado siempre por las contraposiciones en el mundo actual. Utamur haereticis. Lo que san Agustín dijo en aquel entonces sobre los herejes lo hemos retomado y aplicado a todo lo que hoy está fermentando en el mundo y se establece como contraposición frente a nosotros o frente a la Iglesia.

Lo que Juan XXIII estableció una vez como ley fue para nosotros lo más evidente del mundo desde el comienzo. Ustedes lo saben porque ya hemos hecho referencia a eso con frecuencia. San Agustín piensa: por supuesto, Dios nos ha hablado a través de la Sagrada Escritura; pero quien quiera interpretar la Sagrada Escritura tiene que hacerse siempre dependiente del tiempo. Dios habla a través del tiempo. El tiempo interpreta las distintas verdades de la Sagrada Escritura. Y lo que hoy es nuevo, por lo menos en lo fundamental —y aunque ya se lo haya practicado aquí y allá— ha sido para nosotros nuestro alimento cotidiano desde el comienzo. Siempre hemos partido de la idea de que, si quiero comprender el lenguaje de Dios en el tiempo, tengo que ir al campo ajeno o sea, a los campos extra eclesiales pues estos llevan en sí de la forma más extrema, todo aquello que está fermentando en el tiempo. Aunque, desde luego, después hemos hecho siempre la distinción: a partir del espíritu negativo del tiempo tenemos que destilar, en cada caso, el espíritu positivo del tiempo.

Así pues, comprenderán ustedes que la ley de contraposición se nos ha metido en la sangre. Si lo comprenden, si lo retienen, entonces no temblarán cuando desde todas direcciones lleguen a sus oídos errores, herejías, afirmaciones que les pongan sabe Dios en qué medida los pelos de punta —si es que aún tienen pelo—. Deberíamos alegrarnos de vivir en un tiempo semejante, en el que todo es un embrollo intelectual. Hemos de tener el coraje de intentar averiguar qué quiere decirnos Dios a través de todas estas corrientes —y queremos hacerlo en el curso de los próximos días, aunque lamentablemente sean solo ocho pláticas, pero queremos al menos empezar desde ya—. Es así: no debemos pensar ni tampoco actuar como si a lo largo de estos días nos volviéramos catedráticos. Pero tenemos que llevarnos con nosotros una posición firme, una idea concreta: eso es lo más importante. Por supuesto en la medida en que las circunstancias lo permitan yo me esforzaré por hablar con mucha claridad y nitidez, también científicamente. Pero ahora la intención no estriba en que podamos resolver todas las cuestiones, porque tampoco podremos hacerlo. Habrá y tiene que haber siempre preguntas que se presentan ante nosotros como enigmas cuya respuesta vendrá solo en el futuro. Pero lo que ya es importante ahora es no esconderse en un agujero, sino alegrarse de poder participar en un embrollo semejante. ¡Dios habla! ¿Y cómo habla Dios? El único problema es que hemos olvidado cómo comprender e interpretar correctamente su lenguaje.

Ustedes tienen consigo el librito15. No lo digo ahora para hacer propaganda, sino porque vale la pena. Acabo de hojearlo: en él se reúnen las actas de fundación. Si consideran ustedes una vez más la segunda acta de fundación, se darán cuenta de que hay en ella frases también palabras colmadas de significado. Ahí pueden ver ustedes cuán antiguas son estas concepciones, con qué soberana serenidad hemos enfrentado siempre las corrientes del tiempo y nos hemos dejado llevar por ellas con gran sosiego. Porque Dios habla. Y cuando habla tenemos que escuchar. Cuando en el ámbito de la Iglesia se suscitó resistencia contra nosotros, la ley: ¿Qué quiere Dios? Quiere que esto se acentúe especialmente16. ¿Y qué es lo que él quiere que se acentúe? ¡Él habla a través del tiempo! Escuchen de nuevo con cuánta claridad lo formuló Juan XXIII. Por eso, lo que tenemos que hacer aquí es no huir como liebres frente a esos ataques, sino escuchar: ¿qué debe acentuarse ahora de manera especial?

¿Y si aplico ahora las leyes? Léanlo ustedes mismos. Del mismo modo sería importante que todos viviéramos de vuelta y en mayor medida en el pasado de la Familia. ¡Todos esos regalos tan grandes que Dios nos ha dado, los enfrentamientos con el tiempo, que deben tomarse en serio! Verán ustedes, esto es así: imagínense que nosotros hubiésemos comprendido y dominado el tiempo hasta 1950 y que de pronto el tiempo se nos hubiese escapado. ¡Compréndanlo por favor!

Pensemos en los grandes puntos que marcan etapas en la historia del pensamiento a nivel universal, sobre todo en Europa y podría remontarme también a más atrás. ¿Creen que todas esas cosas que ya son manifiestas, han sido superadas? ¿Creen que lo que trajo la Reforma ya se ha superado? ¿Creen que ya se ha superado lo que trajeron todas las otras corrientes de pensamiento, que fueron el clímax del naturalismo, en especial la Revolución francesa? ¡Qué va! Ahora todo eso se está sumando. Y pueden retroceder hasta el gnosticismo. Hoy tienen ustedes una mezcolanza de todas esas corrientes de pensamiento y si creemos que antes logramos vivir a partir de esas corrientes, considero a priori que entonces tendríamos que aceptar que también hoy somos capaces de dominar dicha mezcolanza, y eso sin considerar todo lo que el Espíritu de Dios ha obrado en la Familia ni tampoco lo que quiere obrar todavía. Así pues, ¡ley de contraposición! Por eso hemos de tener una clara conciencia de contraposición. Verán que no es así: cuántos hay que tienen miedo y entonces gritan enseguida: ¡empatizar, empatizar! Sí, tengo que captar con empatía, pero no teniendo la intención de salir después corriendo: el captar con empatía debe ayudarme a fortalecer mi clara conciencia de contraposición. Desde luego hay que someterlo a comprobación, pero esto no tiene por qué significar que como algo está siendo atacado yo diga lo contrario. En ese caso cometeríamos el error que atribuimos hoy en día a tantos y tantos. Para estos últimos la cosa es así: lo que era antiguo es erróneo por el solo hecho de ser antiguo. No debemos decir tampoco que porque es antiguo es bueno o correcto, de ninguna manera.

Todo debe ser sopesado. Pero sí podemos decir siempre que deberíamos alegrarnos de vivir en un tiempo como este. No podemos dormir y no debemos dormir. Si me permiten expresarlo así: «como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos», y, por lo tanto, me doy la vuelta para un lado y me pongo a roncar, y me doy la vuelta para el otro lado y sigo roncando. ¡No! ¡El roncar se ha acabado! Ahora la consigna es: ¡despertad, y despertaos mutuamente!

Como he dicho antes, es cierto que no podemos esperar una respuesta claramente científica a todos los problemas morales; sin embargo, no por eso vamos a salir corriendo ante ellos. Creo que podré darles más tarde una respuesta resumida con la que por lo menos en la práctica podremos ir saliendo adelante; pero no quisiera adelantárselas ahora.

Para concluir rápidamente con este hilo de pensamiento: ¿de qué se trata? Creo que puedo decir lo siguiente: según mi manera de ver, el mayor sufrimiento, la mayor catástrofe psicológicamente hablando de hoy en día estriba en la enfermedad del pensar mecanicista. Fíjense qué lejos llega esta manera de pensar. En efecto, tenemos aquí a uno de nuestros doctores de Wurzburgo que ha escrito recientemente un artículo como respuesta a un ataque publicado en el Würzburger Sonntags-Zeitung. La dificultad era: hoy se trata siempre de lo central, mientras que lo que Schoenstatt quiere, lo mariano, es todo periférico. ¡Lo central! Sí, lo central. Pero ¿qué es lo central? De esa manera, mañana o pasado mañana tendremos la concepción protestante. Verán, en una ocasión —y ya muy a menudo en el último tiempo desde que he regresado— formulé la ley sobre la centralización17. De eso se trata hoy: todo debe estar centralizado, todo lo demás fuera, ¿verdad? Siempre he de repetirlo: creo que no encontrarán nada de lo que hoy suena, sabe Dios qué tan moderno, que no haya sido objeto de enfrentamiento por nuestra parte en el pasado más remoto, como sucedió en Alemania en los años treinta, cuando eclosionó con tanta fuerza toda la manera de pensar moderna. Por ejemplo, cuando se trataba del josefinismo, con todo lo que lo rodea. Josefinismo: quitar todo, lo que cuenta es lo esencial. Antes lo he expuesto de esta manera: sí, se trata de lo esencial; pero en un árbol ¿qué es lo esencial? ¿quién me lo indica? En la práctica: ¿pertenece la rama a la esencia? ¡Fuera con ella! ¿La rama más grande? ¡Fuera con ella! ¿El tronco pertenece a la esencia? Quizá, pero no hace falta que sea tan grueso [risas]. ¿Cuál es la esencia del cristianismo?

Ahora bien, pareciera que me lo tomo con ligereza, y no es así. Yo podría traer a colación todo el trasfondo científico de aquella época, también en lo que se refiere a la lucha en torno a la imagen de Cristo, comenzando por Harnack, con La esencia del cristianismo. La solución era siempre sencilla: ¿qué hacemos con todo lo que no parece esencial en el árbol del cristianismo?, ¿lo podamos todo? Entonces me puedo podar a mí mismo, es decir, puedo talarme yo y talar el árbol entero. Entonces ¿qué tenemos que hacer? Piensen en las ramas, en las hojas: ¡tenemos que retrotraer todo a la raíz! Esa es la respuesta: ¡regresar a la raíz! Esa tiene que ser la tarea y ninguna otra. O si piensan por ejemplo en lo que hacemos ahora en Chile o hemos hecho en Brasil.

Recuerdo bien que la primera vez que estuve en Norteamérica, fue para mí una vivencia escalofriante el notar que en Estados Unidos se habían asumido masivamente todas las modalidades alemanas de pensamiento, todas sus manifestaciones patológicas. Fue así como surgió después la idea: no solamente había que enseñar de nuevo el pensar orgánico, sino que era necesaria una acción más radical. Y así llegué a asumir el mayor riesgo de mi vida: en 1949, el ataque contra el episcopado alemán. Esto podía costarle la vida a la obra entera. Y fue realizado solamente en interés del pensar orgánico.

No es mi deseo exponer ahora todo eso. Sin embargo, como dirigentes, para recuperar nuestra firmeza tendríamos que saber todas estas cosas, conocer los aspectos que están en juego. De otro modo seremos todos derribados de un soplo. Los más sagaces, los que menos arraigados están en el pasado, también en el pasado de la Familia, son los que más en peligro están de tirar todo por la borda. ¿De qué se hacen dependientes entonces? ¿Qué es lo que puede salvar el mundo? La liturgia y la Sagrada Escritura. No quiero abordar esta cuestión ahora, pero ya daré más adelante abundantes respuestas para todos estos temas.

No estoy diciendo todo esto para, de algún modo, tachar algo de herejía, sino porque tenemos que cuidar de seguir siendo una Familia con consistencia propia —y me parece que este es el gran regalo, así como también la gran exigencia—: con firmeza, visión de futuro y amplitud, pero también firmes en el terreno de la fe y con un saber claro.

¿Qué significa todo esto? Se lo diré brevemente.

Si acabo de decir que en aquel entonces dimos la respuesta y que hoy nos encontramos con el mismo problema, ¿cuál es esa respuesta? Acabo de insinuarla.18 Hoy tienen ustedes que procesarlo de este modo: centralización, unida a aislamiento, es pasado mañana «nihilismo».19 Comprueben ustedes mismos cuán verdadero es esto por si no lo tienen claro… Y esta es la gran tragedia también para los sacerdotes: en el fondo, a pesar de todo, estamos solos. Se sufre un tremendo extrañamiento. Y no solamente en los círculos sacerdotales, sino que hoy en día se trata de algo general para las personas y agrupaciones religiosas: extrañamiento respecto de todo el entorno, personas solitarias. Y esto es consecuencia no solamente del celibato. Eso ni siquiera es lo peor. Lo peor es, hablando en términos absolutos, el aislamiento en soledad. Y está claro: si estoy tan inseguro en el pensar y sentir, mañana o pasado mañana estaré enfermo del estómago, de los pulmones y de no sé cuántas cosas más. Creo que, si queremos desarrollar una condición humana sana, deberíamos cuidar de que en general podamos mantener siempre conceptos claros y posiciones firmes.

¿Comprenden ustedes lo que esto significa? Centralización con aislamiento: el Padre solo, todo lo demás ya no existe. De ese modo, pasado un tiempo no tendré nada, pues la creación está para eso: es de Dios para Dios.

Lo mismo vale también si perdemos el contacto con la vida, con la vida habitual y cotidiana, si borramos del mapa a la creación, si no la incorporamos, sino que en la religión permanecemos ajenos al mundo. Esto significa siempre aislamiento. Y la centralización unida al aislamiento conlleva a que nos separemos del mundo. ¡No en vano hablamos de santidad de la vida diaria!

¡Cuán largamente podríamos dedicarnos a analizar ahora todas estas cuestiones! De todos modos, ya intuirán ustedes lo que yo querría decirles.

¿Por qué integración en el sentido indicado? ¿Por qué? Es por un lado el amor al pensar orgánico y por el otro lado también el amor a la ley de contraposición. ¡Qué contrapuesto está hoy el pensar orgánico al pensar mecanicista!

Ahora tendrían que preguntarse —por lo menos los círculos que ya han reflexionado un poco de forma independiente acerca de todos estos pensamientos—: ¿por qué se asumió en aquel entonces el riesgo del 31 de mayo de 1949? Visto desde aquí, tiene que haber sido algo muy importante, pues de otro modo yo no habría puesto en juego a la Familia entera.

¿Por qué la lucha por el pensar orgánico? Ustedes conocen la respuesta última: si tenemos la misión de hacerle un lugar a la Santísima Virgen en el mundo, en Europa y sobre todo en Alemania, entonces primeramente nuestro pensar tiene que curarse, tiene que tornarse en un pensar nuevo, íntegro, orgánico.

Si, por ejemplo, en la reseña de un librito dice: «La “biunidad” entre la Santísima Virgen y Cristo no es católica», ¿qué significa eso? Naturalmente, así es si se lo piensa desde los dogmas. Pero solo está pensado psicológicamente. ¡De eso se trata! La integración debe tener un lugar en la vida de todos.

Así pues, que yo tenga cariño a Jesús no significa que tenga que apartar mientras tanto a la Santísima Virgen y meterla en el sótano o en algún otro sitio, o que el Padre celestial tenga que ir pensando en algún lugar a donde salir a buscar a otra persona que le preste atención. Se trata siempre de que todo sea un organismo sano. ¡Y tenemos que salir en defensa de este organismo! Eso es lo que la Santísima Virgen nos ofrece en esta ocasión. ¿Y qué es lo que ella nos ofrece? Permítanme repetirlo una vez más: integración de la figura del Padre.

Espero que entiendan más o menos lo que quiero decir. Pidámosle a la Santísima Virgen que nos ayude a entenderlo y también que tengamos en cierta medida un atisbo de la estructura integral de la mentalidad moderna y la asimilemos, que intentemos dar respuestas claras y, cuando no podamos darlas, nos sumerjamos en el espíritu de la fe. En última instancia de eso depende todo.

Quizá podríamos pedirle después a la Santísima Virgen que nos ayude a comprender la pequeña y sencilla oración que dice:

«El universo entero —ahí tienen dentro también el universo entero; todo pertenece al organismo— con gozo glorifique al Padre, le tribute honra y alabanza, por Cristo, con María, en el Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amén».

1 Mons. Wilhelm Wissing (1916-1996) fue un sacerdote de la diócesis de Münster que actuó en la pastoral juvenil y que fue encargado de la pastoral juvenil rural a nivel de toda Alemania Federal. De 1958 a 1967 dirigió el Comisariato de los Obispos Alemanes en Bonn, denominado «Oficina Católica». De 1968 a 1984 fue presidente de Missio, la obra misional pontificia con sede en Aquisgrán. En 1964 fue nombrado administrador apostólico de la Obra de Schoenstatt. Intervino de forma determinante en el levantamiento del exilio del P. Kentenich y en el desarrollo posterior, y desempeñó asimismo importantes tareas en varios Institutos de Schoenstatt.

2 Se refiere al Oficio de Schoenstatt del Hacia el Padre.

3 La consigna «Victoria Patris».

4 P. Heinz Puthen.

5 Profesor de Psicología en Salzburgo, exalumno palotino.

6 En la carta que el P. Kentenich no leyó al público dice: «Acepte mi más cordial agradecimiento por sus deseos de bendición. También yo le deseo una fiesta de Navidad con abundantes gracias y, para el año próximo, la más copiosa bendición de Dios para usted y su gran obra. Según espero, en 1968 llegarán a una conclusión las primeras investigaciones sobre el problema del padre. Sin embargo, harán falta ulteriores investigaciones para esclarecer por completo este muy complejo problema, así que lo seguiremos estudiando. Cada vez veo con más claridad la importancia del problema que usted denominó en los años treinta como «participación emocional». Lo considero uno de los problemas más importantes de la psicología pastoral, pues, sin vinculación emocional, en la vida religiosa nos comportamos como actores que representan un papel que no están en condiciones de ser. La pérdida del sentimiento es siempre también la pérdida del conjunto de la realidad. La psicología ha eludido el problema, pero ahora hay que abordarlo…» Véase también la pág. 40.

7 El Dr. Caspar Schulte (1899-1980), sacerdote de la arquidiócesis de Paderborn, fue durante largo tiempo director de la oficina principal para la pastoral de hombres de las diócesis alemanas en Fulda por nombramiento de los obispos alemanes. Perteneció a la generación más antigua del Instituto de los Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt.

8 Lorenz Jaeger (1892-1975), arzobispo de Paderborn, desde 1965 cardenal.

9 Ofensiva para oídos piadosos.

10 El punto de vista de la integración de la imagen de Dios.

11 Pbro. Alois Zeppenfeld (1893-1958), sacerdote de la archidiócesis de Paderborn, párroco, cofundador de la Federación Apostólica en Hörde, en 1919. Véase la nota necrológica en Mitteilungen für die Schönstattpriester del 10-11-1954.

12 «Sobre los muertos [no se ha de decir] nada, a no ser que sea bueno». Adagio que se remonta probablemente al legislador ateniense Solón (640-559 a. C.).

13 «Potencia obediencial», apertura, capacidad para la obediencia.

14 «Aprovechémonos de los herejes», así comienza la cita del De vera religione 8,15, de san Agustín (PL 34,129): «Aprovechémonos, pues, también de los herejes, no para aprobar sus errores, sino para que, afirmando la disciplina católica contra sus insidias, nos hagamos más cautos y vigilantes, aun cuando a ellos no podamos volverlos a la salud» (cita según: SAN AGUSTÍN, De la verdadera religión, en Obras de San Agustín, t. IV: Obras apologéticas, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1956, 89).

15 Schoenstatt. Die Gründungsurkunden, Vallendar, Schönstatt-Verlag, 1967 (en español: Documentos de Schoenstatt, Buenos Aires, Editorial Patris, 2002).

16 Por ejemplo, en la Segunda Acta de Fundación, n. 60, dice: «Por eso podemos dar gracias de corazón a todos aquellos de los cuales la Divina Providencia se ha servido para procurarnos dificultades. Sin ellos no estaríamos hoy día tan firmes en nuestra fe alegre y victoriosa, en nuestra esperanza y caridad» (cita según Documentos de Schoenstatt, op. cit., 51s).

17 En la página XX se resume la ley: centralización, unida a aislamiento, es futuro «nihilismo».

18 Véase página 34 XX, nota al pie.

19 Nihilismo, de nihil: en latín, nada.

Segunda plática

28 de diciembre de 1967

Mi querida Familia de Schoenstatt:

Hasta que nos vayamos calmando y callando, permítanme ustedes que antes que nada vuelva a hacer un par de comentarios preliminares. Lo primero es una auto descripción de Monseñor [Wissing], genio y figura hasta la sepultura.20 [Escribe:]

«A pesar de que no tengo aprecio alguno por este tipo de cartas, ahora he de comunicarme yo mismo de esta forma. Así pues, lo primero que quisiera decirle es que tras este largo camino que hemos recorrido juntos, las conjeturas sobre el futuro han terminado por lo menos en lo tocante a mi nombramiento. En el anexo del boletín de la Agencia Católica de Noticias [KNA, Katholische Nachrichten Agentur] puede usted leer lo que va a ocurrir. Lo que no se indica allí es cómo va a ocurrir. En cualquier caso, esto no quiere decir que a partir de ahora nuestros caminos se separen; pero sí quiere decir que ya no será tan fácil reunirnos con tanta frecuencia. Ahora bien, según el deseo del señor obispo debo mantener simultáneamente mi labor con la radio en Sudamérica y la Fundación y es casi seguro que, en el transcurso de los próximos seis meses, se erigirá una oficina de la Fundación romana en Ginebra, concretamente. La intención de la Fundación es que yo dirija dicha oficina. Para mí esto es más o menos como si alguien cumpliera la misma tarea —por ejemplo, la de barrendero— en Münster, en Roma y en Bonn: complicado, porque desde el punto de vista regional los tres lugares quedan un tanto distantes entre sí. Pero no hay por qué rascarse hoy donde no nos picará el año que viene [risas]. Tal vez el P. Menningen entienda especialmente bien la frase, como también el hecho de que ya han desaparecido hasta las últimas grietas del estuco.


»Espero que nos veamos en la jornada de Navidad y por consiguiente a pesar del texto anterior, no muy navideño, concluyo deseándole cordialmente una Navidad bendecida con abundantes gracias».

De modo que ahora saben ustedes sobre el futuro de Monseñor aunque solo sea en parte.

A continuación, permítanme ustedes que les haga escuchar las palabras del profesor Revers de la Universidad de Salzburgo, que no he tenido a mi disposición hasta hoy21.

Estas eran un par de observaciones previas. Volvamos ahora al tema que nos atañe.

Ya sabemos qué es lo que esperamos este año como milagro de la Nochebuena: el aseguramiento, la profundización, la permanencia del efecto de la corriente del Padre. Y esto ¿desde qué punto de vista? Como aún recordaremos de ayer por la tarde, lo que esperamos más concretamente es una integración de toda la vivencia del Padre y con esa integración esperamos también una continuación y en última instancia una consolidación de dicha vivencia. Todo esto suena muy erudito, pero puede hacerse fácilmente comprensible.

En primer lugar, ayer queríamos de manera muy general entrar un poco en sintonía con todos estos pensamientos en conjunto y una vez que eso hubiera sucedido, esforzarnos en penetrar intelectualmente en toda esta problemática con mayor profundidad.

Seguramente todos recordamos aún qué es lo que puede decirse a efectos de esa entrada en una sintonía general con la integración del problema del Padre o de la vivencia del Padre. Lo que hemos de retener en la memoria es por lo menos esto: impulsados por el amor tanto al pensar orgánico como a la ley de contraposición, sostenemos que todo proceso vital en nuestra propia vida o dondequiera que lo encontremos tiene que comprenderse dentro de la estructura orgánica integral. Verán, si ya hemos ascendido poco a poco hasta la altura de la vivencia del Padre, del movimiento del Padre, queremos mantener ante todo las leyes de desarrollo que hemos seguido, pero sin perder la vivencia como totalidad, tampoco dentro de la estructura integral. Esto significa que no queremos ver esa vivencia de forma aislada, [sino] dentro de la estructura integral. Recuerden por favor la imagen que utilizamos para explicarlo: la del armonista. Ayer por la tarde les estuve explicando lo que eso significaba.

Y, sin embargo, no queremos contentarnos con esta integración.

B. Continuación de la corriente del Padre

Hay otra palabra que indica la dirección de nuestro pensamiento y de nuestra petición, de nuestro anhelo: la palabra continuación. Dos son los pensamientos que hemos de considerar aquí. Ante todo, buscamos el sentido de esta continuación y cuando lo hayamos descubierto y expuesto en una cierta medida, vamos a esforzarnos por penetrar también un poquito en su significado. ¿Qué entendemos, pues, por continuación? No me refiero ahora a continuación de la vivencia del Padre, sino a continuación de la integración. ¡Hay que mantener el conjunto en su totalidad! Cuando más tarde escuchen cómo ha de entenderse esto, les quedará claro que aquí se refleja en una expresión erudita lo mismo que el Papa requiere actualmente de todos los católicos en el sentido del catolicismo.22

¿Qué entendemos aquí por continuación de la integración? Dos cosas: primero mantener; segundo estar abiertos.

Mantener. Lo que habéis heredado de vuestros padres conquistadlo para poseerlo (Goethe). ¿Qué debemos mantener? Todos los principios probados que han garantizado a la Familia hasta ahora el ascenso seguro y sin peligros hacia la corriente del Padre. Por tanto, queremos mantener estos principios; en otras palabras: en el sentido del pensamiento eclesial actual queremos ser y seguir siendo siempre tradicionalistas per eminentiam.

Pero eso no basta. En efecto, lo que acabamos de decir: la continuación solamente recurre al pasado. Pero hoy se trata del carácter futuro promisorio tanto del cristianismo como de nuestra Familia. Por eso estar abiertos a lo nuevo como siempre lo hemos estado. No obstante, queremos aplicar a lo nuevo como norma esos principios probados, esos probados axiomas y actitudes fundamentales que en el pasado nos han sido siempre de ayuda en este ascenso. Y dichos principios deben aplicarse en conformidad con su sentido y con el orden del ser: deben aplicarse de modo que tanto el individuo como la comunidad se vean inspirados una y otra vez por los acontecimientos del tiempo en que vivimos, aunque también por todo aquello que mañana o pasado mañana nos traiga el futuro. Por lo tanto, nuestra tarea consiste en seguir un poco estas dos líneas de pensamiento.

I. Mantener los principios probados

Por tanto, pensamos primero en el pasado. Pensamos en todo lo que se ha probado en el pasado de la Familia como un principio claro. Quizá esto pueda relacionarse con una frase que he repetido innumerables veces desde mi regreso: ¡tenemos que adentrarnos en la historia de nuestra Familia! Otros lo han llamado ser fieles al espíritu originario. Fidelidad al espíritu originario. ¿Cómo es esa fidelidad al espíritu originario? Para saberlo debemos adentrarnos en la historia de la Familia.

1. ¿Qué es lo que se ha probado hasta ahora? Desde luego no pueden esperar que yo exponga ahora todos los elementos que se nos representan en este punto. Pienso que primeramente debo retomar lo que constatamos ayer por la tarde. ¿Y qué constatamos? Dos cosas: primero el amor al pensar orgánico y después en segundo lugar la ley de contraposición.

¿Hemos aplicado hasta ahora con éxito estas dos leyes? Todo lo que hemos podido cosechar hasta ahora ¿no se lo debemos acaso a la realización de esas dos constantes?

La ley de contraposición —por hablar de una de las dos— realmente ha acompañado a la Familia hasta ahora en todas las situaciones. En todas ellas hemos investigado qué quería decirnos Dios en cada caso a través de los acontecimientos de la época, ya fuesen el ámbito de la Iglesia, en el ámbito extra eclesial o en el ámbito más restringido de la Familia. Ahora que tenemos al alcance de nuestras manos las actas de fundación, puedo citar de forma más exacta el texto que ayer traje a la memoria23:

«¿Qué será, por consiguiente, lo que la Providencia espera de la Familia, así preparada, en el futuro próximo? Según nuestra costumbre podemos ver la respuesta en las circunstancias actuales. Pero también hay otro camino fácil que nos llevará al mismo fin: preguntarnos por las ideas y estructuras de Schoenstatt que hasta ahora fueron más ardientemente controvertidas en los círculos católicos. Partimos del pensamiento de que Dios lo ha permitido para llamar nuestra atención sobre lo que Él desea que acentuemos y realicemos con mayor eficacia. Quien ha crecido con nuestra Familia sabe que la lucha principal fue por las así llamadas “ideas propias”, o sea, por la conciencia instrumental y la conciencia de misión, por el contrato recíproco y la vinculación local, y, finalmente, por el capital de gracias de la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt.

»De allí resulta un triple imperativo para nuestra Familia en la etapa actual».

Lo afirmado en la controversia y la contraposición se condicionan mutuamente. Esto fue escrito en 1939:

1) Cuidar con gran dedicación la conciencia de misión divina y la conciencia de instrumento.

2) Conservar inquebrantablemente firme su marcado carácter mariano.

3) Colocar nuevamente en primer término las contribuciones al capital de gracias de nuestra Madre Tres Veces Admirable».24

De ese modo comprendemos cómo la contraposición era una réplica a lo afirmado. Esto se ha reiterado desde entonces muchas veces: es más, ya se había hecho antes y se hizo también después.

Los que están ya desde hace más tiempo en la Familia recordarán con cuánto ardor se luchó en la Alemania católica después de la Primera Guerra Mundial en torno al acceso a la realidad trascendente, sobrenatural. A partir de eso ganó también de inmediato muchísima fuerza la formulación de nuestra finalidad. Anteriormente decíamos que el objetivo de la Familia era «como instrumento escogido en manos de la Santísima Virgen, Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt, queremos consumirnos por la renovación moral y religiosa del mundo desde Schoenstatt». Sintonicemos ahora a partir de la conciencia de contraposición con la situación de entonces: la primera parte sigue como antes. «Como instrumentos escogidos en manos de la Santísima Virgen queremos consumirnos por la configuración mariana del mundo en Cristo desde Schoenstatt». ¿Qué significa configuración mariana del mundo en Cristo? Detrás de eso se esconde todo el mundo que se nos abrió en aquel entonces. Es el mundo de la participación en la naturaleza divina, de la participación en la vida crucificada y gloriosa de Cristo. Es el mundo de un crecer y adentrarse más profundamente y en común en el mundo trascendente, sobrenatural. Después vino el nacionalsocialismo, que trajo consigo la idea de reino en ese sentido suyo tan particular. Nuestra reacción inmediata fue: ¿qué es lo que nosotros queremos? Sin duda, seguía siendo la configuración mariana del mundo en Cristo, pero se lo rebautizó con otra expresión: «queremos consumirnos como instrumentos escogidos en manos de la Santísima Virgen por un reino universal schoenstattiano.

Tras esto fue ascendiendo cada vez con más fuerza el bolchevismo e inmediatamente, según la ley de contraposición, frente al hombre bolchevique y frente al orden social bolchevique, queremos crear y formar al hombre antibolchevique y el orden social antibolchevique.

Y ahora cuando en el mundo resuena el eco de los llamamientos en contra de la existencia de Dios, cuando el mundo entero no se cansa de dejarse engañar por ese movimiento de alejamiento de Dios, nosotros por nuestra parte no nos cansamos de hablar siempre de nuevo de un hombre divinizado en una comunidad divinizada.

¿Por qué traigo todo esto a la memoria? Porque queremos arrojar una mirada meditativa hacia el pasado, es decir, conservar todo aquello que se ha probado. Así pues, en el tema que he tratado aquí, la cuestión es atenernos a las ideas del pensar orgánico y de la estructura orgánica integral de cada proceso de vida particular, pero al mismo tiempo a la ley de contradicción.

2. Permítanme enlazar con lo dicho y avanzar mar adentro. Con el fin de fundamentar y tender puentes asociativos, por lo menos para aquellos que ya conocen a la Familia desde hace tiempo, quiero recordar los siguientes aspectos:

a) Mantener los tres puntos de contacto.

b) Mantener de forma inconmovible las fuentes de conocimiento de la voluntad divina.

c) Mantener las fuentes de comprobación y confirmación del conocimiento de la voluntad divina.

d) Mantener las fuentes de vida y las fuentes de sacrificio, que llegan cada vez más hondo.

¿Qué tienen que decirnos cada una de estas frases? Estamos hablándole a gente ya versada en el tema, así que podemos ser breves.

a) En primer lugar entonces: mantener los tres puntos de contacto.

¿Qué entendemos por los tres puntos de contacto? Las tres haches.25 Con la mayor gratitud queremos reconocer que uno de los frutos más valiosos de los últimos años es la constatación reflexiva de estos tres puntos de contacto. Esto no quiere decir que la Familia haya existido alguna vez sin los tres puntos de contacto. Pero hay una diferencia si los tres puntos de contacto actúan de forma espontánea, irreflexiva, respecto de si han entrado de forma reflexiva en la conciencia clara. ¿De qué se trata, entonces? De María, de la cabeza y del santuario. ¿Qué he de decir sobre cada uno de estos puntos? Lo que habéis heredado de vuestros padres conquistadlo para poseerlo.

Primer punto de contacto: María

Tenemos que reflexionar en qué medida y según qué leyes la Familia ha tenido desde el comienzo una disposición extraordinariamente mariana. Sabemos cuál es la razón última: con relativa rapidez reconocimos el puesto que la Santísima Virgen ocupa desde la eternidad en el plan divino de salvación en general —no quiero desarrollar ahora todo ese tema—, como también qué puesto ocupa la Santísima Virgen concretamente como fundadora de la Familia en el ámbito de la historia de nuestra Familia.

Por eso: vinculación indisoluble de la Familia entera en primer lugar con la persona de la Santísima Virgen y en segundo lugar con su actitud. En su momento acuñamos para esto las significativas expresiones «vinculación mariana» y «actitud mariana». Pero no nos quedamos satisfechos con eso, sino que buscamos vincularnos también con su misión. ¡No lo olvidemos nunca! Pero ¿cuál es su misión? Tampoco tenemos que olvidar nunca —estas palabras las dirijo a todos aquellos que nadan ahora en la corriente del Padre— que, si retrospectivamente queremos integrar nuestro espíritu también con la disposición mariana, no hemos de darnos por satisfechos solo con la actitud mariana: ni con la actitud mariana ante Dios ni con la actitud mariana ante los hombres. De otro modo podríamos sucumbir al peligro del que tan fácilmente cae víctima el movimiento litúrgico: permanecer detenido en las ideas. La gran conexión interna que en aquel entonces nos hizo tan felices fue siempre que, al estar apegados a la persona de la Santísima Virgen, mañana o pasado mañana nos llegará por sí sola su actitud. Por eso es tan importante cultivar ese vínculo con María, mantenerla a ella como primer punto de contacto y establecer una vinculación a su persona, una vinculación a su actitud, una vinculación a su misión. ¿Y en qué consiste la misión? Lo sabemos, pero es preciso recordarlo de nuevo. A ella encomendó Dios la tarea —así creemos demostrarlo con fe y por eso así podemos asumirlo— de crear desde sus santuarios el hombre nuevo y el nuevo orden social tal como Dios lo ha planeado desde la eternidad en las nuevas orillas de los tiempos. ¿Lo creemos aún? No tenemos que creerlo. Esta es una disposición específica de la Familia. Y si quiero saber si soy schoenstattiano, tengo que preguntarme si creo en esta misión de la Santísima Virgen y en la misión del santuario. Y así como todos nosotros decimos que el bautismo nos abre la puerta al cristianismo, así mismo la alianza de amor a la Santísima Virgen nos abre la puerta a nuestra Familia. De modo que, si hemos hecho la alianza de amor, ¿hemos tomado conciencia de que hemos aceptado de todo corazón esos tres elementos y de que queremos sostener esos tres elementos hasta el fin de nuestra vida?

Segundo punto de contacto: el santuario.

¿Qué significa para nosotros el santuario? Creo que para nuestros fines ya lo he recordado lo suficiente. No obstante, si es verdad todo lo que con fe asumimos sobre el santuario, entonces ¡cómo tendría que ser el santuario para nosotros un centro para toda la Familia!

«En el santuario estamos congregados,

allí nuestros corazones arden en amor

por la Madre tres veces Admirable…».

¿Es así? ¿Aún es así hoy en mí? ¿Es el santuario realmente el punto de unión de nuestros corazones?

Si tenemos en cuenta la carga simbólica de ambos, de María y del santuario, sabremos que aquí se trata de lo que antes llamábamos y también hoy podemos seguir llamando el misterio de Schoenstatt. ¿Estamos vinculados al misterio de Schoenstatt, a la alianza de amor original entre nosotros, la Familia y la Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt? Ahora bien, si vemos esta alianza de amor en el contexto universal —la alianza de amor como sentido de todo el acontecer universal, la alianza de amor como sentido de todo el acontecer salvífico trátese del Antiguo o del Nuevo Testamento— o sea, si vemos nuestra Alianza de amor en esta amplitud y solo agregamos los elementos concretos —es decir concretamente la vinculación local de la Santísima Virgen a nuestro santuario— si vemos todo eso de esta manera como parte de una estructura integral, creo que a partir de aquí tendríamos que decir, como dijimos anteriormente, que esta alianza de amor nuestra es, quiere ser y tiene que ser la norma fundamental, la base fundamental y el sentido fundamental de toda nuestra vida. Por lo general en este punto se dividen también los espíritus. Hay espíritus en nuestras filas que pueden hablar brillantemente sobre Schoenstatt, pero hay también espíritus que hablan desde Schoenstatt desde la vivencia profunda y universal de esas verdades tal como las hemos esbozado. Por eso cabe hacer un examen de conciencia también hoy donde se trata de tantos nuevos aspirantes, donde se trata de que se refresque el antiguo espíritu: ¿cómo están estas cosas en mí y conmigo?, ¿hablo desde Schoenstatt o hablo sobre Schoenstatt?, ¿vive Schoenstatt conquistándolo todo de esta forma en mi corazón? ¡Sí, en mi corazón! Acabamos de escuchar la expresión vinculación emocional. La pregunta es: ¿vive en mi corazón aquello que me dicen los puntos de contacto en primer lugar, los dos puntos de contacto mencionados? ¿Viven de tal forma que llega hasta mi vida psíquica subconsciente? Si no es así, podré dar las jornadas de introducción más brillantes, pero todos los que conocen Schoenstatt dirán después: bonitas palabras, pero a mí no me han tocado.

Estas son cuestiones en sí muy, muy serias; cuestiones que como es natural nos interesan a todos, en especial, a nuestra Parte central y motriz y lo digo sin puntada ninguna, sino solo de forma objetiva— tiene que ser en esto un modelo en todo sentido. Naturalmente si la educación no penetra hasta este mundo o sea, si no llegamos a ser schoenstattianos de esta manera tan pronunciada según la ley de los casos preclaros no podremos cumplir nunca nuestra misión, sobre todo no como Parte central y motriz.

Pero tenemos también un tercer punto de contacto: la cabeza de la Familia.

Dios ha hecho de Schoenstatt su ocupación predilecta —así lo creemos, siempre lo hemos creído y no en vano permitió que estallaran desde 1949 las grandes luchas que tenían como objeto una y otra vez la cabeza de la Familia. No hemos de extrañarnos de eso. El ataque iba dirigido no solamente hacia el principio paterno en sí a pesar de que es también de una importancia extraordinaria, sobre todo si lo vemos en el plano sobrenatural y en el natural sino también hacia el portador del principio paterno. Si Dios sometió a semejante examen este objeto, este proceso de vida, es evidente que el hecho debe tener un sentido especial.

De nuevo entonces: se trata del tercer punto de contacto, de la cabeza supra temporal de la Familia. No podemos negarlo: difícilmente el principio paterno y la corriente del Padre habrían entrado tan profundamente en el espíritu, en el alma, en el alma comunitaria de la Familia, si no hubiesen venido antes estas duras luchas. ¡Cuántas cosas debieron revisarse! Cuando el enfrentamiento se hace agudo en una afirmación, se es cuidadoso. O sea, si Dios ha querido un enfrentamiento semejante, entonces es evidente que la cabeza supra temporal de la Familia debe mantenerse como punto de contacto para todos los tiempos. Todos aquellos que a lo largo de los últimos años se comprometieron luchando, sangrando y sufriendo pueden estar seguros de que han servido a una idea de Dios.

No sé en qué detalles podría y debería detenerme al respecto. Recordemos cómo todos los últimos papas afirmaron que toda comunidad religiosa tiene que someter a revisión su espíritu en el contexto de la figura de su fundador. Es por eso que la consigna es siempre: ¡volver a la figura del fundador! También sabemos que el Santo Padre quiere que en la revisión y renovación de las Constituciones se dé especial importancia a dos aspectos: el primero, si las Constituciones se corresponden con el espíritu del fundador, y segundo si el origen de las Constituciones en sus distintas disposiciones puede atribuirse de manera suficientemente clara a la Sagrada Escritura. Esto no tiene que ver aquí, después hablaré más extensamente al respecto.

A menudo he hablado ya con anterioridad —hace ya mucho, mucho tiempo que lo mencioné por primera vez— sobre cómo se conserva entre los salesianos la memoria de Don Bosco, su fundador. Fue en un tiempo en el que me dijeron que todo salesiano tenía que haber estado al menos una vez en Turín. Según me decían, los salesianos no tenían un sistema pedagógico elaborado, pero dentro de los muros de Turín habitaba el espíritu de Don Bosco. Y así me contaban, cuando se le preguntaba a Don Bosco cuál era su sistema daba solamente dos respuestas; la primera: «¡Aprended a amar!» En La santificación de la vida diaria26 podemos leer su testamento. La segunda respuesta: «Fijaos cómo lo hago yo e imitadme».

¿Comprenden ustedes lo que esto significa? Sin embargo, últimamente se ha producido en cierto modo un cambio en la comunidad de los salesianos, ya que se ha hecho demasiado grande. Por eso ya casi no es posible que todos puedan sentir al menos una vez en la vida el soplo del espíritu de Don Bosco desde esas murallas. Eso motiva la afirmación del profundo apego de cada salesiano al fundador, la cabeza supra temporal.

¿Por qué les cuento esto? Simplemente para poner de relieve que todo aquello que nosotros queremos en ese sentido no es nada nuevo. Según me parece, a lo sumo tendríamos que decir que es novedoso para el tiempo actual. Y como la humanidad actual es tan extraordinariamente esquiva frente a la autoridad, Dios ha tenido que hacer un montón de experimentos, dar numerosos golpes a la Familia hasta que esta recobró la sobriedad y volvió a reconocer completamente la importancia de este tercer punto de contacto. No olviden que antes hemos dicho que estos tres puntos de contacto, sobre los que ahora se tiene un conocimiento reflexivo claro, son un producto de nuestras luchas; eso significa que tenemos que distinguir siempre entre aquello que funcionaba de forma obvia y aquello que se ha elevado a una seguridad reflexiva y que por tanto debe mantenerse también como una meta reconocida con claridad y examinada reflexivamente.

¿Recuerdan todavía en qué contexto estamos enfatizando todo esto? ¡Continuación27! No solo integración28 sino también continuación29. ¿Y qué significa continuación? Que tenemos que mantener lo que Dios le ha regalado hasta ahora abundantemente a la Familia.

b) En segundo lugar: mantener no solamente los puntos de contacto sino también las fuentes de conocimiento de la voluntad divina. En este punto tengo que hacer una aclaración: las fuentes de conocimiento de validez general las hemos considerado siempre como evidentes. Aparte de las de validez general, Dios, en su solicitud y su amor infinitos, nos ha regalado y abierto fuentes de conocimiento específicas.

Fuentes de conocimiento de validez general

En primer lugar, tenemos la Sagrada Escritura. Que hemos tenido por norma la Sagrada Escritura pueden ustedes inferirlo, entre otras cosas, a partir de que hemos visto en cada caso las fuentes específicas colocadas en relación con la Sagrada Escritura. Ya lo hemos puesto de relieve un par de veces sobre todo desde el punto de vista destacado por Juan XXIII: Dios habla a través de la Sagrada Escritura; pero si queremos interpretarla tenemos que aprender del acontecer del tiempo y este tal como lo hemos interpretado, presupone esta fuente general de conocimiento.

Asimismo, otra fuente general de conocimiento ha sido siempre para nosotros el magisterio de la Iglesia. También al respecto habría que decir en otra ocasión unas palabras. Si bien durante largos años nos hemos enfrentado con la autoridad eclesiástica, siempre ha sido una acción creadora hecha por amor a la Iglesia como también por amor a la jerarquía.

Ya lo destaqué ayer un par de veces y quisiera hacerlo ahora una vez más: todos los errores, toda la efervescencia que hay en el mundo intelectual de hoy en día consiste en una cierta presión que sube por la fermentación de todo aquello que desde hace siglos fue mantenido bajo tierra en el ámbito de la Iglesia y del mundo. Si quisiéramos reducir a tres momentos todo lo que tenemos aquí en mente, tendríamos que pensar ante todo en la Reforma, también en la Ilustración que experimentó su punto culminante en la Revolución francesa y en el modernismo y neo modernismo. ¿Por qué digo esto? Para recordarles que ninguno de los momentos de efervescencia que están relacionados con estas expresiones está superado en modo alguno.

Sobre todo, en cuanto a la Reforma, se afirma que un estallido retardado de esta en el ámbito de la Iglesia católica es no tanto la fe fiducial, no tanto el relieve que se le ha dado últimamente al Dios infinitamente misericordioso, sino todo aquello que está hoy en efervescencia en torno a la eucaristía. Por lo tanto, lo que querríamos hacer después es reconquistar todas las imágenes de Cristo que están hoy vacilando y tambaleándose en el ámbito de la Iglesia, que son no solamente la imagen histórica de Cristo, sino también y sobre todo su imagen eucarística y su imagen mística. Así pues, habrán notado ya que todo el curso está dispuesto nuevamente de forma universal, tan universal que después, al final, podamos decir: apenas le hemos dado un sorbo. Y es que todo lo que decimos ahora son principios generales; es una doctrina de los principios que queremos aplicar después a todas las grandes cuestiones concretas.

Lo mismo hay que decir si se trata de todo aquello que nos enseña el Catecismo holandés, todo lo que hoy está en efervescencia por todas partes. Más tarde queremos —o deberíamos— aprender nuevamente a tomar posición acerca de todas esas cosas sobre la base de los principios que he expuesto.

Pensemos ahora en todo lo que nos ha traído la Ilustración. Estamos en el mismo punto que antes: el de las fuentes de conocimiento de índole general, entre tales fuentes está la autoridad de la Iglesia. Este era el sentido de la Ilustración: naturalizar todo ¡fuera con todo lo supra temporal, con todo lo sobrenatural!

Si pensamos en la consigna que proclamó la Revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad, casi podría uno decir que todo lo que se afirma actualmente en la literatura sobre el estallido retardado de la Reforma en el ámbito del catolicismo se aplica también al estallido retardado de este triple lema.

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277 str. 13 ilustracji
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9789567598687
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