Czytaj książkę: «Esperanza sin límites»

Esperanza sin límites: Cómo Dios alcanza y usa a personas imperfectas
© 2021 por Editorial Patmos
Publicado por Editorial Patmos, Miami, FL 33166.
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por InterVarsity Press, Downer’s Grove, Illinois, USA, con el título Never Beyond Hope. © 2000 por James I. Packer y Carolyn Nystrom.
El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.
Traducido por Eduardo Jibaja
Diseño de portada por Adrián Romano
e-ISBN: 978-1-64691-118-9
Categoría: Vida cristiana
Conversión a epub: Cumbuca Studio
CONTENIDO
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Contenido
5 Al Lector
6 Introducción
7 1 ESPERAR CUANDO MI FORTALEZA TRAE CONSIGO DEBILIDAD Sansón
8 2 ESPERAR CUANDO PERTENEZCO A UNA FAMILIA INFELIZ Jacob
9 3 ESPERAR CUANDO APENAS SOY RECONOCIDO Y NO SE ME TIENE CONFIANZA La Esposa de Manoa
10 4 ESPERAR CUANDO ESTOY ENOJADO CON LA GENTE Y CON DIOS Jonás
11 5 ESPERAR CUANDO PRIORIDADES FALSAS ME HAN TRAICIONADO Marta
12 6 ESPERAR CUANDO LO ENCUENTRO DIFÍCIL DE CREER Tomás
13 7 ESPERAR CUANDO HE HECHOALGO TERRIBLE Simón Pedro
14 8 ESPERAR CUANDO TODO HA SALIDO MAL Nehemías
Landmarks
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Contenido
5 Introducción
Al Lector
Escribimos este libro juntos, y nos gustaría decirles como y por qué. Carolyn Nystrom escucho hablar a J.I. Packer acerca de Sansón y preguntó si es que podía escribir lo que él dijo. El doctor Packer dijo que tenía guardados otros mensajes que exploraba el tema de Sansón, esto es, Dios bendice y usa seres humanos falibles para avanzar sus planes. Una cosa llevó a otra, y acordamos en comenzar a compartir este material, Carolyn Nystrom transcribiendo, editando, proveyendo guía de estudio, dando direcciones devocionales y diseñando el libro en su totalidad. Lo que tiene en sus manos es el producto final de esta operación combinada.
El material de J.I. Packer, aparte de la introducción, amplía discursos dados en público. No se ha hecho ningún intento de suavizar el tono de su estilo de predicación y retórica homilética. Cuando encuentre una referencia de “Yo” en el libro, entonces, es J.I. Packer el que habla. La destreza de Carolyn Nystrom aparece en las preguntas de estudio, las sugerencias de oración y las directivas de escritura. Juntos decimos con énfasis que sólo aquellos que, individualmente o como grupo, trabajan a través de estos ejercicios de aplicación, se beneficiarán completamente de lo que hemos hecho.
Urjimos que ya sea que lleve regularmente un diario o no, que use un cuaderno separado para sus apuntes. La razón es que si usted lo comienza a hacer en las páginas en blanco o las medias páginas del libro, no tendrá suficiente espacio para terminarlo allí.
Todos nosotros, de una forma u otra, somos gente con problemas, y la celebración de la gracia divina que se encuentra en estas páginas es algo que tanto usted como nosotros necesitamos a un nivel más profundo. Que este libro que sale de nuestros corazones llegue al suyo, y que Dios toque su vida a través de él.
J.I. Packer
Carolyn Nystrom
Introducción:
El regalo de Esperanza de Parte de Dios
“Que el Dios de esperanza los llene con todo gozo y paz mientras confían en él, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). Así escribió Pablo a los cristianos en Roma al completar la discusión de su carta más grandiosa. He sido un creyente por más de medio siglo, pero sólo recientemente es que he apreciado lo profundo que pastoralmente hablando fue y es la oración de Pablo.
Mientras escribo esto, las esperanzas de un año para el arreglo pacífico en Irlanda del Norte acaba de desplomarse, y una masacre revanchista de agricultores en Kosovo acaban de demostrar que las esperanzas de un pronto regreso a una paz ordenada en esa tierra de agonía deben, por el momento, ser puestas a un lado. Observadores en ambos países están viendo el sentido renovado de desdicha, entumecedor para algunos, y de pesadilla para otros, que estos giros de eventos han traído. No es de sorprenderse que tales sentimientos se levanten ya que la muerte de la esperanza tiene un efecto asesino en las mentes y los corazones humanos.
Decimos que mientras hay vida hay esperanza, pero la verdad más profunda es que sólo mientras hay esperanza hay vida. Quiten la esperanza, y la vida, con todas sus fascinantes variedades de oportunidades y experiencias se reduce a una mera existencia, se pierde el interés, no gratificante, desolada, opaca, y repelente, una carga y un dolor. La gente sin esperanza a menudo expresa su sentir de realidad y sentimientos acerca de ellos mismos diciendo que preferirían estar muertos, y algunas veces intentan quiterse la vida.
Hace años, la esposa de un hombre que había sido estudiante publicó un testimonio titulado “Hecho Redundante”. Comenzaba así: “Nunca olvidaré el rostro de Francis cuando caminaba a través de nuestra puerta del frente esa noche...Fue bastante gris y totalmente derrotado.” Despedido sin aviso, Francis (ella escribió) fue entonces rechazado por todos lados. “El estaba deseoso de hacer cualquier clase de trabajo...pero nadie lo quería. Me dolía ver a un hombre generalmente tan lleno de vigor y de ideas, silenciosamente ayudándome con los quehaceres del hogar o sentado mirando desorientadamente hacia el cielo.” ¡Cuántas parejas en el mundo occidental han conocido esa experiencia durante el pasado cuarto de siglo! Entonces, mientras que las necesidades de la familia estaban siendo cubiertas en la reunión de oración, a su mente le vino un plan para empezar un pequeño negocio. Cuando su esposa regresó, ella lo encontró sonriendo. “Mientras estuvimos orando él sintió un cambio que venía sobre él. La esperanza había brotado dentro de él y juntamente con ella, decisiones, ideas, acción.” ¡Exactamente! Eso es lo que la esperanza hace por usted. El plan demostró ser cabal, y la crisis fue sobrepasada. Su artículo terminó así:
No sé por qué Francis perdió su trabajo. No sé por qué le está yendo bien ahora. Pero sé que yo puedo confiar en Dios. Sé que él proveerá techo, calor, ropa y comida. Y él puede dar, hasta en los momentos más oscuros, esperanza; y después de la fe y el amor, la esperanza es uno de sus más preciosos regalos para la humanidad.
Nunca nadie habló una palabra tan verdadera.
El asunto es que nosotros los seres humanos estamos hechos de tal manera que vivimos en nuestro propio futuro imaginario. Esto no es una decisión de política sino simplemente la forma como somos. Para mirar hacia adelante, para soñar para que vengan cosas felices, para querer que continúe lo bueno y que termine lo malo, y para desear un futuro que sea mejor que el pasado, es tan natural como el respirar. Como dijo Alexander Pope en su estilo arrogante: “La esperanza brota lo eterno en el seno humano: / El hombre nunca es, sino para siempre ser bendecido.” De seguro, hay individuos, familias, grupos humanos y culturas enteras con mentalidades pesimistas, como si pensaran que sabiduría es no esperar nada bueno, pero tal actitud no es alegre, así que no es natural, no lo es más que el ateísmo. Ambos son el resultado de desilusión. Así como el ateísmo surje del estar decepcionado y lastimado en alguna forma por el teísmo de los teístas, o por sus expositores, así también el pesimismo fluye del quebrantamiento del optimismo natural. La esperanza genera energía, entusiasmo y emoción; la falta de esperanza engendra sólo apatía e inercia. Así que para que la humanidad esté completamente desarrollada, a diferencia de parcialmente disminuída, la esperanza necesita estar en nuestros corazones.
Si llegamos a pensar o sentir (a menudo no somos muy razonables acerca de esto) que no tenemos nada que aguardar y que sólo podemos esperar que las cosas empeoren en el futuro, inevitablemente creceremos deprimidos y hasta cierto grado desesperados. Nosotros podremos esconder nuestra condición, pero la ira desenfocada, la furia, y el odio de la vida que sentimos funciona como ácido, disolviendo todos los otros sentimientos hasta convertirse en pura amargura. La desesperanza está en la raíz de muchos de los desórdenes psicológicos de hoy en día, como la creciente frecuencia de asesinatos al azar y suicidios existentes alrededor nuestro parece indicar. Incluso cuando la desesperanza es solamente irregular e intermitente, cuando es un estado de ánimo pasajero, aún así nos hace sentir solos, temerosos y paralizados de toda acción. Nos damos cuenta que no podemos tomar decisiones ni persuadirnos a hacer cosas. La desesperanza disuelve nuestro sentir de valor personal, y lo convierte en duda de uno mismo, en desconfianza y disgusto propio; la desesperación traga a la confianza. Nos damos cuenta que estamos en un túnel sin luz al otro lado, y que sólo hay oscuridad más profunda y finalmente una pared en blanco.
Cuando el filósofo Immanuel Kant dijo que una de las tres preguntas básicas de la vida es, ¿Qué es lo que podemos esperar? Él tenía la razón. ¿Dónde buscaremos una respuesta a esa pregunta? ¿A la política y la ingeniería socio-económica que van junto con ella? Dificilmente. Los políticos saben que todos necesitamos esperanza y ciertamente sufren por ello, así que su retórica es siempre positiva. Pero para nosotros del occidente antiguo (Quiero decir Europa, incluyendo Gran Bretaña; América del Norte, incluyendo Canadá; y Australasia, incluyendo Nueva Zelanda) las promesas y predicciones de los políticos suenan huecas, ya que podemos ver claramente que éstos nunca satisfacen las esperanzas depositadas en ellos, y estamos tristemente seguros que nunca lo harán. Las políticas nacionales e internacionales del siglo pasado, junto con el desarrollo económico global, avances educativos, la creación de riqueza, los triunfos tecnológicos, las maravillas médicas, la radio y la televisión en cada hogar, y la llegada de la computadora, han erosionado las esperanzas en lugar de haberlas gratificado, debido a las nuevas posibilidades de angustia y desastre que han traído estos cambios. Las actividades políticas, tecnológicas, y empresariales se han combinado para hacer que las perspectivas de nuestro planeta para el tercer milenio sean distintivamente ominosas.
El siglo veinte comenzó con optimismo. La suposición prevaleciente en el occidente antiguo era que nosotros somos básicamente buenos y sabios, y el avance de la civilización cristiana pronto haría que el reino de Dios, entiéndase como amor universal al prójimo, fuera una realidad global. Un periódico llamado The Christian Century (El Siglo Cristiano) se fundó para canalizar estas esperanzas y escribir una crónica de su cumplimiento; aún existe, pero su título ahora parece ser tristemente inadecuado. Hemos experimentado la renovación del barbarismo global en dos guerras mundiales y en las carreras de tribalistas maniáticos por poder, y locos por el dinero, y por las obras genocidas de dictadores. Nos inclinamos temerosamente a la explotación de los grandes negocios del mundo mientras que contaminan y ultrajan el medio ambiente, destruyen la capa de ozono y desestabilizan el clima. Lamentamos nuestro naufragio de ligaduras cristianas y morales al relativismo, pluralismo, secularismo y hedonismo. Existimos en medio del aumento del comercio de armas y de la habilidad de destruir el mundo con armas nucleares. Estos eventos y muchos otros nos dicen que el siglo veinte no fue un siglo particularmente cristiano. Además, estos desarrollos del siglo veinte aseguraron que mucha gente pensadora entrara al siglo veintiuno con miedo en lugar de esperanza, preguntándose hasta dónde llegará la decadencia educada, afluente y tecnológicamente equipada del occidente y qué clase de mundo le espera a nuestros nietos. Se puede decir con bastante precisión que el utopismo marxista, con su enmarque colectivista, ha fracasado y no es probable que sea intentado en ningún lugar otra vez. Mientras comienza el tercer milenio, cualquiera que espera que la participación de los políticos y generales en el juego del poder, y de los líderes de negocios en el juego de las ganancias vaya a producir paz mundial y prosperidad, han enterrado sus cabezas profundamente en la arena. No hay esperanza realista de un mejor porvenir que se pueda extraer de la forma de actuar del mundo moderno.
¿Qué es lo que sigue? ¿No hay nada bueno que esperar en lo absoluto? Sí lo hay, pero debemos buscar esta esperanza buena fuera del proceso socio-político-económico. Y esto, por la gracia de Dios, lo podemos hacer. Ya que Dios el Creador, el que nos diseñó, el que nos sostiene y conoce nuestros corazones, nunca tuvo la intención de que los humanos vivan sin esperanza. Al contrario, él se revela a sí mismo en el evangelio como “el Dios de esperanza” (frase de Pablo, como lo vimos). Allí él invita a todo el mundo a recibir a “Jesucristo nuestra esperanza” (1 Tim. 1:1) y aceptar renovación por “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col 1:27). Así como Dios el Padre es un Dios de esperanza, así también su Hijo encarnado, Jesús de Nazaret, crucificado, resucitado, reinante, y de regreso, es un mensajero, es un medio y mediador de esperanza; y la Biblia, “La Palabra de Dios escrita” como lo describe los Treinta y Nueve Artículos, la norma doctrinal anglicana, es un libro de esperanza desde Génesis hasta Apocalipsis. La primera promesa divina registrada, que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente, fue una palabra de esperanza en el huerto del Edén (Gn. 3:15), y la última promesa registrada de Jesús, “Vengo pronto” (Ap. 22:20), fue una palabra de esperanza para las iglesias que enfrentaban persecución. Hebreos 11:1 define fe en términos de esperanza (“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera”). La esperanza, la expectación garantizada que capacita a los creyentes a mirar hacia adelante con gozo, es verdaderamente uno de los temas grandiosos del cristianismo y uno de los regalos supremos de Dios.
Lo que la Biblia nos dice acerca de la esperanza, en pocas palabras, es esto: Los seres humanos fueron creados originalmente en comunión con Dios para que lo exaltemos y disfrutemos de él para siempre, primero por un período probatorio en este mundo, y luego en un lugar de “delicias eternas” (Sal. 16:11) que está fuera del mapa del universo que está determinado por el espacio y el tiempo. Cuando el pecado infectó nuestra raza, rompiendo esta comunión, robándonos de toda la esperanza del cielo y poniéndonos a todos bajo la amenaza del infierno, nuestro Creador tomó acción para formar una raza humana perdonada, renacida e interracial, es decir, la iglesia, una comunidad que debiera gozar del destino original de la humanidad y aún más por la gracia divina soberana y la fe personal en nuestro Señor Jesucristo. Así que los creyentes de todas las épocas deberían vivir sabiendo que son los hijos adoptados de Dios y herederos de lo que se dice de su gloria, su ciudad y su reino. Ellos deberían saber que Jesucristo, quien por amor entregó su vida por la iglesia en forma inclusiva (Ef 5:25) y por cada futuro creyente en forma personal (Gal. 2:20), está ahora con ellos en forma individual por su Espíritu (Mt. 28:20), para cuidar de ellos diariamente como un pastor cuida sus ovejas (Jn. 10:2-4, 11-25) y para fortalecerlos constantemente de acuerdo a sus necesidades (Fil. 4:13; 2 Tim. 4:17), y que él finalmente se los llevará de este mundo para que vean y compartan la felicidad celestial que ya es de él (Jn. 14:1-3, 17:24; Rom. 8:17). Por lo tanto, juntamente con Pablo, deberían aguardar ansiosamente por el Espíritu la esperanza de la justicia” (Gal. 5:5) – esto es, el fruto completo de ser totalmente aceptado por Dios, o como la Nueva Traducción Viva lo dice, “ansiosamente esperar para recibir todo lo que se nos ha prometido a nosotros los que somos justos delante de Dios a través de la fe.” La identidad del cristiano no es sólo la de un creyente sino también la de un esperanzado.
Ahora podemos ver claramente que la palabra esperanza significa dos realidades distintas pero relacionadas. En el sentido objetivo, significa perspectiva divinamente garantizado delante de nosotros; en el sentido subjetivo, significa actividad o hábito de mirar con expectativa al día cuando lo que se ha prometido se convertirá en nuestro en verdadero gozo. Así que es bastante distinto al optimismo. El optimismo espera lo mejor sin tener ninguna garantía de que va a llegar y es a menudo nada más que un silbido en la oscuridad. La esperanza cristiana, por contraste, es fe que mira hacia adelante al cumplimiento de las promesas de Dios, como cuando se entierra al cadáver en el servicio fúnebre anglicano “en una esperanza segura y cierta de resurrección para vida eterna, a través de nuestro Señor Jesucristo.” El optimismo es un deseo sin garantía; la esperanza cristiana es una certeza, garantizada por Dios mismo. El optimismo refleja ignorancia de si verdaderamente cosas buenas van a venir. La esperanza cristiana expresa conocimiento de que el creyente en verdad puede decir cada día de su vida, y cada momento que pase después, en base al compromiso del propio Dios, que lo mejor está aún por venir.
La mentalidad de los esperanzados cristianos está bastante atacada hoy en día. Choca con el orgulloso “este mundismo” de nuestra sofisticada cultura materialista, y eso mismo provoca resentimiento. Los marxistas se oponen a ella porque creen que la esperanza (ilusoria, en su opinión) de un “pastel en el cielo cuando te mueras” produce pasividad e impide que las masas tomen una acción revolucionaria hacia el cambio social. Algunos consejeros psicológicos se oponen porque lo ven como una forma de escapismo que evita que la gente encare las realidades de sus vidas. La verdad es, sin embargo, que el esperar cristiano, en virtud de su objeto (la garantizada, infinita generosidad de Dios), llama al amor, el gozo, el celo, la iniciativa y la acción devota, para que, como dice C.S. Lewis, aquellos que han hecho más por el mundo presente, han sido aquellos que pensaron más en el venidero.
Pablo mismo en el libro de Romanos muestra esta realidad. Él presenta a Abraham como un modelo de fe justificadora porque él creyó en una promesa de Dios que daba forma a su futuro, el cual en ese entonces parecía demasiado bueno para ser cierto. “Contra toda esperanza, Abraham creyó en esperanza...plenamente convencido de que Dios era poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Rom. 4:1-3, 16-22). Al describir la vida de aquellos que fueron justificados por fe, él escribe: “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (5:2; ver también 12:12, “Gozosos en la esperanza”). Después de decir que nosotros anhelamos la redención prometida de nuestros cuerpos, él prosigue: “Porque en [o con, o para, o por] esta esperanza somos salvos. Pero la esperanza que se ve, no es esperanza. Porque lo que alguno ve, ¿A qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (8:24-25). Aquí él le dice a sus lectores que esperen pensativa, intencional, comprensiva, y tenazmente por la culminación transformadora de la salvación que, relacional y posicionalmente, ya la han recibido. Nosotros aprendemos de Pablo que así como hemos sido salvos en cierto sentido, así también lo seremos en otro. La salvación es ambas cosas, presente y futura. Debemos agradecer a Dios por ello en el primer sentido, en el cual llegó a ser nuestra en base a nuestro creer (1:16, 6:17-18, 22-23; 11:11, 14), mientras que aguardamos su llegada en el segundo sentido, confiados que cada día está más cerca (13:11). Luego en 15:4, Pablo nos dice impresionantemente que “las cosas que se escribieron antes” – esto es, todo lo que llamamos el Antiguo Testamento – “se escribieron para nuestra enseñanza” – él quiere decir, para nosotros los creyentes cristianos – “a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” Y en 15:13, como vimos, él ora para que el “Dios de esperanza” capacite a sus lectores a “abundar en esperanza” a medida que ellos pongan estas cosas en sus corazones.
¿El énfasis que pone Pablo en la esperanza, lo cual expresa evidentemente el sentir de su propio corazón (el “nosotros” y el “nos” citados en los pasajes entre comillas lo demuestran), reduce en algo la energía y la intensidad de sus labores apostólicas? No, de ninguna manera, sino lo opuesto. El escribe a los Romanos como una persona que, después de haber evangelizado el mundo mediterráneo desde Jerusalén hasta la costa Adriática, ahora planea visitar Roma camino hacia una misión en España (vea Rom 15:15-28). Quizás él fue el misionero más empresarial que el mundo haya visto y verdaderamente tenía derecho a decir como un simple hecho, “He trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1a Cor 15:10). Su esperanza no solamente incluía su resurrección personal y una eternidad gozosa con Cristo (Fil 1:2023; 3:8-14) sino también el levantar una comunidad creyente entre los que no eran judíos, de todas partes bajo su ministerio.
Pablo fue un pionero incansable que viajaba y predicaba para hacer que esto ocurra. La esperanza de ver el cumplimiento del plan de Dios no lo condujo a relajarse en la obra, sino que le dio fuerzas para proseguir, así como el plan de Dios para traerlo corporalmente a la esfera de la resurrección lo incitó a “asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús...una cosa hago; olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:12-14). La esperanza hizo en la vida espiritual y el ministerio de Pablo lo que los atletas esperan que el entrenamiento y el levantar pesas haga en ellos físicamente: proveyó fortaleza y mejoró el rendimiento. Así debería de ser con todos nosotros. Eso nos lleva al siguiente punto, el cual tiene que ver con nuestro propio rendimiento.
Los cristianos que están creciendo saludablemente se están dando cuenta más y más de una verdad, que Dios es trascendentalmente grande y el ser humano en comparación es infinitamente insignificante. Dios, nos damos cuenta, puede proseguir muy bien sin necesidad de ninguno de nosotros. Así que esto nos debe dar un sentido abrumador de privilegio de que no sólo él nos ha hecho, amado y salvado sino que nos toma como compañeros de trabajo para el avance de sus planes. Así pues Pablo puede llamar a sus colegas y a sí mismo “Embajadores de Cristo” y “Compañeros de trabajo de Dios” (2 Cor. 3:20; 6:1), y decirnos a todos que nos veamos en nuestra propia esfera como sirvientes, ministros y trabajadores de Dios. Así como hace cincuenta años la gente sentía obtener gran dignidad al trabajar para Winston Churchill debido a lo que él era, así también nosotros debemos de obtener un gran sentido de dignidad al saber que hemos sido llamados a trabajar para Dios. Y ninguno de nosotros está excluído, ya que las Escrituras muestran a Dios usando a sus hijos más extraños, más novatos, más desequilibrados, y defectuosos para avanzar su obra, mientras que al mismo tiempo continúa con su estrategia santificadora de ponerlos en mejor forma moral y espiritual. Esto es un hecho que ofrece enorme aliento a las almas sensibles que sienten que no están calificados para servirle. En este libro vamos a ver a Dios tratar con Sansón el mujeriego, Jacob el engañador, Nehemías el temperamental, la esposa de Manoa, la tímida, Marta la mandona bullera y María la callada pasiva, Jonás el patriota terco, Tomás el tonto-listo pesimista profesional, y Simón Pedro el impulsivo, cariñoso, e inestable. Notaremos cómo Dios bendijo y usó esta gente mientras que los sacaba de la esclavitud de sus propios defectos hacia una piedad más verdadera que la que ellos antes conocían. El saber que ésta es la manera que Dios trata con sus amigos defectuosos es ofrecido aquí en la esperanza humana que despertará a la esperanza divina de ser útiles a Dios en los corazones de algunos que hasta ahora han creído ser demasiado defectuosos para tener esta dignidad.
La esperanza es una planta delicada que puede ser fácilmente aplastada y extinguida, y cada creyente tiene que prepararse para luchar por ella. Muchos son los momentos de desilusión y frustración, cuando decimos y sentimos que las cosas no tienen esperanza, y toda la esperanza se ha ido. La desilusión nos lleva, si lo permitimos, hacia una pendiente resbaladiza que va desde la desolación y la angustia hasta la depresión y la desesperación. Los discursos dados por el traumatizado Job cuando estaba sentado en medio de las cenizas, enfermo, aturdido y lastimado en su mente y en su cuerpo, expresa la muerte de la esperanza en términos clásicos. “Mis días...terminaron sin esperanza” (Job 7:6). “Las piedras se desgastan con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra; de igual manera haces tú (¡Dios!) perecer la esperanza del hombre” (14:1819). “Si yo espero, el Seol es mi casa...¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza, ¿quién la verá?” (17:13-15). “(¡Dios!) ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado” (19:10). Después de haber vivido con la suposición de que la gente devota sería materialmente enriquecida en todo momento, y antes de la revelación de la esperanza de la gloria con Cristo más allá de este mundo, Job – aunque finalmente restaurado en términos materiales (42:10) – no pudo obtener una base firme para tener esperanza de Dios aparte de: Confía en que yo sé lo que estoy haciendo; el cual es el mensaje transmitido a él a través del repaso que hace Dios referente a algunas de las glorias cósmicas y las maravillosas criaturas vivientes que él ha hecho (ver caps. 38-41). Pero los cristianos saben más que lo que Job sabía, y Pedro pone delante de nosotros los recursos para avivar la esperanza en nuestros corazones cuando quiera que se encuentre amenazada. Este es el pasaje: Vale su peso en oro.
Bendito el Dios y Padre de nuestro SeñorJesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. (1 Ped. 1:3-9)
¿Necesitamos la esperanza? Sí. ¿Pueden esperar los cristianos? Sí. ¿Estamos alguna vez sin esperanza? No. ¿Es la grandeza de nuestra esperanza un indicador de la gracia de Dios? Sí. ¿Trae nuestra esperanza de salvación un gozo, energía, fidelidad y un deseo de ser usado por Dios? Sí, sí, sí, sí. ¿Podemos esperar que Dios nos use cada día para su gloria, aún cuando todavía no estamos perfectamente santificados? Sí. ¿Es esto buenas nuevas? Sí.
¡Que tengas una buena esperanza! – o como algunos dicen, ¡He aquí, a la esperanza! – el esperar como una manera de vivir, el esperar como una fuente de fortaleza y el esperar como una fuente de gozo de corazón del cual fluyen contínuamente la alabanza y la oración.
¿Es eso lo último que tengo que decir?
No precisamente.
Yo creo que usted sabe que el mal es algo que está lejos del mundo de Dios: astuto, malicioso, destructivo, hábil e implacable, dirigido por un ángel corrupto al que las Escrituras llama Satanás (una palabra hebrea que significa “el adversario” o también “oponente hostil”). Creo que usted sabe que Satanás está aquí y que ahora lo está persiguiendo personalmente, ya que al comprometerse usted con Jesucristo, usted se ha alineado en contra de él. Al entrar en el conflicto continuo entre el Creador y el corruptor, lo cual usted hizo cuando se enlistó del lado del Señor, usted ha asegurado, quiéralo o no, el vivir el resto de su vida en un estado de guerra espiritual. Creo que usted sabe que Satanás al no haber podido mantenerlo apartado de la fe, hará lo más condenado posible (Uso esa palabra con precisión para indicar aquello que expresa e induce la condenación de Dios) para evitar que usted tenga un crecimiento saludable en Cristo y que le sea útil en obra y testimonio. Esto quiere decir que Satanás trabajará para desviarlo del camino de santidad y esperanza. Y creo que sé que algunos de ustedes que leyeron estas palabras, muy al fondo, ya se han rendido a Satanás en lo que a esperanza se refiere, para que el poder de la esperanza que da gozo, mejora la vida, y genera energía, acerca de lo cual hablan Pablo y Pedro, sea algo que usted sepa muy poco. Por favor piense conmigo por un momento en cómo puede ser cambiado esto.
Para apagar la esperanza como hábito de la mente y del corazón, Satanás explota tanto nuestras debilidades innatas de carácter como nuestros defectos de actitud y comportamiento adquiridos los cuales testifican de las relaciones malas y fracasadas de nuestro pasado. Así algunos de nosotros tenemos un temperamento que es naturalmente sombrío y melancólico (la palabra antigua que significaba depresivo), de tal modo que el absorberse en sí mismo y compadecerse de sí mismo, el sentirse varado y abandonado, y el esperar lo peor se nos hace natural a nosotros, como lo fue con Eeyore en la saga de Winniethe-Pooh. Algunos de nosotros estamos cargados de un sentimiento aplastante de timidez e incompetencia (torpeza, lentitud, falta de belleza, de cerebro, vigor y viveza) así que nos sentimos avergonzados e inferiores y nos corremos asustados, con miedo de caer atrapados en alguna tontería que no notamos. Algunos de nosotros llevamos las cicatrices del dolor que no podemos olvidar y el daño que no podemos reparar (de la mala crianza, el intimidamiento, el rompimiento de relaciones, el abuso sexual y de sustancias, etc.). Los recuerdos de culpabilidad mantienen vivas la vergüenza y el desprecio de uno mismo en el corazón de algunos de nosotros. El sentirse encarcelado en un cuerpo enfermo y desgastado, o en un hogar sin amor, o en una rutina que destruye el alma, nos anima a resentir de nuestra propia existencia y darla como una miseria total.
El agotamiento emocional a lo largo de cualquier período de tiempo nos deja sintiendo, como un hombre me dijo una vez, como que nuestra fe es tan frágil como papel facial, y que el esperar positivamente por cualquier cosa está simplemente más allá de nosotros. Satanás es un maestro usando estas condiciones y otras similares para apartarnos de practicar la esperanza.
Nosotros no siempre estamos en contacto tan cercano con nosotros mismos – esto es, con nuestros sentimientos, impulsos y actitudes – como lo creemos o necesitamos estar. Quizás se encuentre usted queriendo descartar lo que he estado diciendo acerca de la esperanza cristiana en Dios tomándolo como palabrería fácil. Esto puede ser porque me referí a debilidades y vulnerabilidades que usted tiene interés en negar que sean ciertas en usted. Si eso es así, le garantizo que usted conoce mucho menos del gozo de la esperanza de lo que usted cree y de lo que, francamente, quiero que usted conozca. Le ruego que en este momento se examine. ¿Cómo? Bueno, muy por encima de una reflexión honesta, le urjo a que oiga una voz del pasado. Obtenga el libro de John Bunyan, El Progreso del Peregrino (texto completo); es una alegoría pastoral clásica que ha estado contínuamente en impresión durante más de tres siglos. Cumple con el papel de guía de sabiduría puritana acerca de la vida espiritual, y en la segunda mitad de su segunda parte tiene mucho que decir acerca del Señor Desánimo y su hija Mucho Susto, que fueron rescatados de las garras de Desesperación Gigante; acerca del Señor Mente Débil y su tío el Señor Temeroso, quien hizo su peregrinaje más pesado que los demás, y acerca del Señor Listo para Parar, quien no podía avanzar sin muletas. Lea el libro entero, ambas partes, luego enfóquese en lo que se dice de estos personajes y cómo ellos fueron ministrados, y pienso que encontrará ayuda para esperar. Mientras tanto, permítame decirle algunas cosas que tuve que aprender a decirme a mí mismo en los tiempos en que me estaba convirtiendo en un cínico, sin dudar la fe bíblica pero sin gustarme mucho los himnos acerca del cielo y la manera entusiasta en que la gente los cantaba.
Primero, el corazón de la esperanza cristiana, tanto aquí como en el más allá, es la comunión amorosa del pecador salvo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, al adorar, obedecer y usar actividades para agradar a la divina trilogía a través de su servicio. Esa es la realidad esencial y eterna de la vida espiritual; de esto es lo que fundamentalmente consiste el cielo; y si soy un cristiano de verdad, mi vida actual ya comienza a consistir en esto. Aquí en el presente, la vida espiritual produce gozo, además de un sentido de paz y cumplimiento que no viene de ninguna otra fuente, y la perspectiva es que continuará así para siempre. Esto quiere decir que cada momento en el cielo será verdad el decir, junto con Robert Browning, “lo mejor está por venir,” así como cada creyente puede decir lo mismo cada momento aquí en la tierra. Sería pecadoramente tonto ser despectivo o estar ofendido por una perspectiva tan maravillosa.
Segundo, nuestro mundo ignorante, materialista, post-cristiano en realidad está haciendo desfilar su necedad pecaminosa al burlarse de la esperanza del cielo, y sería pecaminosamente tonto para un cristiano estar de acuerdo con el mundo en estos momentos. Vale la pena mencionar algunas de las declaraciones que escribió C.S. Lewis, y que yo leí, hace más de medio siglo:
La esperanza es una de las virtudes teológicas. Esto quiere decir que la continua anticipación anhelante del mundo eterno no es (como alguna gente moderna piensa) una forma de escapismo o de pensamiento deseoso, sino una de las cosas a que el cristiano ha sido llamado a hacer.
No hay necesidad de preocuparse de gente chistosa que trata de ridiculizar la esperanza cristiana del “cielo” al decir que ellos no quieren “pasar la eternidad tocando el arpa. ” La respuesta para esta clase de gente es que si no pueden entender los libros escritos para adultos, entonces que no hablen de ellos. Todas las representaciones que usan las Escrituras (arpas, coronas, oro, etc.) son, por supuesto, un mero intento simbólico de expresar lo inexpresable. Los instrumentos musicales son mencionados debido a que para mucha gente (no toda), la música es lo que más se aproxima a la idea de éxtasis e infinito en esta vida. Las coronas son mencionadas para sugerir el hecho de que aquellos que están unidos a Dios en la eternidad comparten su esplendor, su poder y su gozo. El oro es mencionado para sugerir la eternidad del cielo (el oro no se oxida) y lo precioso que es. La gente que toma estos símbolos literalmente quizás creen que cuando Cristo dijo que debemos ser como palomas, él quiso decir que tenemos que poner huevos. (Mere Christianity [Londres: Fontana, 1955], pags. 116,119)
Tercero, nuestro Dios gentil ha puesto su reputación en lo que él nos ha dicho acerca de la vida futura, a través de Cristo, de los apóstoles y de la Biblia entera, y en las promesas acerca del futuro que él ha dado a todos los creyentes (las muletas en la alegoría de Bunyan sin las cuales el Señor Listo para Parar no podía caminar). Aquellas promesas tienen al cielo constantemente a la vista. Sería pecaminosamente tonto y ofensivo a Dios el rehusar creer en esta enseñanza y en estas promesas cuando aceptamos otras cosas que Cristo, los apóstoles y la Biblia nos enseñan como verdades divinas. ¿Podemos justificar alguna vez el no apropiarse de lo que dice la Palabra de Dios acerca de todo? ¿Podemos justificar en este mismo momento el no creer en las propias promesas de Dios acerca del futuro? No, por supuesto que no. La arrogancia de no creer lo que Dios había declarado claramente fue el pecado del huerto del Edén; tal incredulidad fue injustificable en ese entonces, y sería igualmente injustificable ahora.
Un efecto notorio de la depresión es la pérdida del poder para creer que cualquier cosa buena le espera a uno, y una de las causas de la depresión es el sentir que usted es un inadaptado o un extraño o un fracasado. La depresión espiritual ocurre cuando dichos sentimientos devoran su confianza en el vasto, incalculable, ilimitado, y libre amor de su Dios. Yo sospecho que usted sabe algo acerca de estos sentimientos; muchos cristianos del occidente, quizás incluso la mayoría, pasa la vida en un estado de depresión espiritual no diagnosticada porque estos sentimientos los dominan regularmente. Pero la respuesta final a todos los sentimientos de inferioridad es recordarse a sí mismo que su Dios ama, redime, perdona, restaura, protege, sostiene y usa a los inadaptados, extraños, y fracasados no menos que a la gente bella de la clase que cruza su camino y que usted ha deseado ser. Usted verá esto en los estudios bíblicos que siguen, los cuales Carolyn y yo le ofrecimos a Dios y a usted, orando para que Dios los use para convertir a muchos en los esperanzados felices a que todos los cristianos hemos sido llamados a ser.
1
ESPERAR CUANDO MI FORTALEZA TRAE CONSIGO DEBILIDAD
Sansón
JUECES 14 – 16
NADIE, SIN DUDA, PUEDE LEER LA HISTORIA DE SANSON SIN dejar de pensar, Esto es una tragedia. Tragedia es un desperdicio de algo bueno, un despilfarro de potencial, y Jueces 14 – 16 es una trágica historia de cómo muchas cosas buenas se desperdiciaron por la manera en que Sansón se dejó actuar como un tonto.
Sin embargo, Sansón es un héroe de la fe. Lo sabemos porque en el capítulo once de Hebreos él es nombrado específicamente: “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas” (Heb. 11:32). El autor de Hebreos prosigue a decir que estos fueron hombres que “por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros” (vers. 33-34). “Sacaron fuerzas de debilidad” -fuerzas, esto es, para un servicio que de otra manera no hubieran podido ofrecer. Esa es parte de la historia de Sansón – así como también es parte de la historia de mucha más gente imperfecta de Dios.
Así que Sansón fue un héroe de la fe. De hecho, un tema central de la historia de Sansón es que Dios lo había elegido para servir como un salvador. Cuando el ángel del Señor anunció el nacimiento de Sansón a su madre, el ángel dijo que su hijo sería “apartado para Dios desde su nacimiento,” y que “él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos” (Jue. 13:5). Y así fue. Leemos que él dirigió y gobernó a Israel como su juez durante veinte años, y es evidente que sus obras debilitaron el control palestino sobre el pueblo de Dios.
La historia de la vida de Sansón, como lo narra el autor de Jueces, sin embargo, es muy parecida al tipo de cosas que se leen en los libros de suspenso: mujeres y peleas de principio a fin. Sansón fue sin lugar a dudas una persona al estilo Rambo, pero él no tiene toda la culpa de ello. El libro de Jueces nos cuenta que la gente que vivió en una sociedad permisiva, y una cultura permisiva conduce naturalmente a un comportamiento irresponsable y sin dirección. Hoy en día lo sabemos por experiencia propia. “La sociedad permisiva” es una descripción que se aplica directamente a la Norte América moderna. Nosotros los occidentales vivimos en días post-cristianos, y así como en la época de Sansón, las reglas viejas no se toman en cuenta. Cada uno hacía lo que bien le parecía (ver Jue. 17:6; 21:25). Toda clase de locuras que se han hecho hoy en día incluye toda clase de desperdicio de lo que es bueno. Debemos darnos cuenta que vivimos en una época y en un lugar que es un posible fondo para precisamente el tipo de tragedia que vemos en la vida de Sansón, así que tengamos cuidado.
El punto principal de la tragedia, como dije, es el desperdicio de lo que es bueno, la anulación de potencial. Y desperdicio es lo que describe la vida de Sansón, como lo estudiamos aquí. Sansón fue un tipo de héroe raro, era tan descarriado e incorregible como cualquier delincuente juvenil. El recibió una fortaleza física enorme para luchar contra los filisteos, y los combatió exitosamente. La Escritura dice que el Espíritu del Señor venía sobre él una y otra vez (Jue. 13:25; 14:6,19; 15:14). Y justo al final de su vida Sansón oró y recibió fuerzas para derrumbar el templo de Dagón. Murió con los filisteos – como él lo había pedido en oración. En ese momento el narrador comenta que los que Sansón mató al morir fueron mucho más que los que había matado durante su vida (16:30). El tema en común que atraviesa las partes oscuras de la historia de Sansón es su poder subyugante sobre los filisteos. Conjuntamente con las travesuras de Sansón, como lo notamos, se encontraba el líder reconocido de Israel durante veinte años. Nosotros sólo podemos especular lo que él hubiera logrado si sus debilidades no hubieran sido lo que fueron.
SEXUALIDAD DEFECTUOSA
Como una advertencia para nosotros, ahora debo ser específico en cuanto a los defectos que veo en el carácter de Sansón.
Primeramente, Sansón no pudo resistir a una muchacha. Cuando era un joven él le dijo a sus padres, para mucho dolor de ellos, “Hay una muchacha filistea con la que me quiero casar.” Él cortejó esta mujer pagana al comienzo de su carrera, y terminó con otra mujer pagana llamada Dalila. Entre las dos, la Escritura nos cuenta de sus visitas a una prostituta en Gaza. Ni el casarse con paganas ni el acostarse con prostitutas pueden agradar a Dios, pero claramente vemos que cuando el impulso sexual de Sansón era estimulado, nada lo podía detener. Esto tampoco se nos hace difícil de entender. Hombres de poder y éxito todavía piensan que el placer sexual físico es una recreación a la que tienen derecho por sus logros, y aún actúan como si las limitaciones y restricciones impuestas a otros no se aplican a ellos. No es necesario dar ejemplos, aunque éstos se vienen a la mente. La experiencia nos ha enseñado a todos nosotros que esto es cierto.
HUMOR DEFECTUOSO
Sansón tampoco pudo resistir las bromas. Él era, entre otras cosas, un payaso orgulloso de ser un comediante, que se ganaba la admiración y el respeto al hacer reír a la gente con su humor extraño y su ingenio. He conocido gente como esa, y espero que usted también. Como ejemplo tenemos uno de sus enigmas. Él arruinó su propio desayuno de bodas al presentarles a los jóvenes filisteos (sus invitados de bodas) el siguiente enigma:
Del devorador salió comida;
Y del fuerte salió dulzura.
“¿De qué estoy hablando?” preguntó. La respuesta era, como sabemos, que Sansón se acordó de cuando encontró abejas haciendo su panal y fabricando miel en el cadáver de un león que él había matado. Naturalmente, él no esperaba que nadie hubiera sabido esto. Los jóvenes (no estaban deseosos de ser avergonzados por este forastero, especialmente después que todos ellos apostaron un juego de vestidos a que sí podían descifrar el enigma que les había propuesto) presionaron a su novia para que él le diera la respuesta correcta. Ella hizo como se lo pidieron, luego le dió la respuesta a los jóvenes, y ellos inmediatamente le dieron la respuesta a Sansón. Al darse cuenta de lo que habían hecho, Sansón se enojó, arruinó la fiesta de bodas y se fue furioso a casa.
¿Por qué se enojó? Bueno, porque se suponía que nadie podía superar las bromas de Sansón. Le descifraron su enigma, había sido desairado por estos filisteos, y esto no le gustó. Lastimaron su vanidad de payaso, de tal manera que su euforia se convirtió en furia. Al no tener éxito con esa broma, Sansón inmediatamente continuó con un humor más destructivo involucrando animales, incendios y campos de grano. Él atrapó trescientas zorras (me pregunto, ¿cómo?), las amarró por la cola en pares, les sujetó una antorcha prendida a cada par de colas, soltó a las criaturas aterrorizadas y de esta manera quemó completamente la cosecha filistea. Me imagino que mientras que las zorras corrían, Sansón estaba al borde del campo matándose de risa. Como cualquiera lo hubiera anticipado, la secuencia de bromas aumentó con la pérdida innecesaria (y trágica) de vidas (Jue. 15: 3-17).
En otra ocasión, después de pasar un tiempo con la prostituta de Gaza y sabiendo sin lugar a dudas que abría un intento para evitar que saliera, Sansón pensó que sería espantosamente divertido levantarse a medianoche, sacar del suelo las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, echárselas al hombro treinta millas, y plantar toda la estructura sobre una cumbre pulida y lisa que estaba delante del Monte de Hebrón, totalmente alejado de cualquier vivienda humana. Una vez más vemos a Sansón permitiendo que su sentido del humor lo conduzca a un comportamiento fantástico.
Al final encontramos a Sansón fastidiando a su chica Dalila con cuentos tontos acerca de lo que a él lo hacía fuerte. Ella estaba maquinando su caída mientras que él se burlaba de ella. Cuando finalmente él le dijo su secreto (que como nazareo, su cabello nunca había sido cortado), su bromear tuvo resultados fatales – esta vez para él mismo (Jue. 16:4-30).
El humor incontrolado de Sansón lo hicieron comportarse repetidamente como un payaso infantil, irracional e irresponsable, y esto fue una verdadera debilidad de carácter. El humor, como tal, es un endulzador de la vida dado por Dios y que protege nuestra sensatez, pero tenemos que controlar nuestro sentido del humor, y no dejar que nos controle a nosotros.
ENOJO DEFECTUOSO
Sansón también tuvo problemas, como lo hemos visto, para controlar su temperamento. El enojo es una incitación a golpear, lastimar y destruir, y la historia de Sansón lo presenta como un hombre que está constantemente enojado. Él no podía soportar una expresión de menosprecio. Una de sus ideas fijas, al parecer, era que él tenía que retribuir a la gente. Ojo por ojo era la regla de la vida de Sansón. Él trataría a otros de la manera como ellos lo trataron a él, sólo que peor, así él obtenía una revancha victoriosa y terminaba como el más listo. Esta actitud aparece en su última oración: “acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos” (Jue. 16:28). Sansón no vió que la vida consiste en algo más que vengarse por los males que se nos hacen. El no ser capaz de controlar su temperamento era otra debilidad en el carácter de Sansón; en lugar de ello, él permite que el enojo y el orgullo abunden una y otra vez para lastimar a otra gente. (El amor al prójimo, tal como lo enseñó Jesús y los apóstoles, hace exactamente lo opuesto: ver Mt. 5:38-48; Lc. 10:25-37; Rom. 12:17-21; 1 Jn. 3:11-24; 4:7-21.)
En vista de esto, mire nuevamente las bromas pesadas de Sansón. La gente todavía cree que al hacer reír a otros ellos están reafirmándose como miembros de la sociedad, así que si sus bromas expresan malicia y enojo, eso será perdonado y olvidado porque han hecho divertir a la gente. Sansón era evidentemente esa clase de hombre. Como vemos, sus acciones cómicas realmente tienen un lado detestable. Son bromas crueles y descorazonadas. Son bromas que expresan un deseo de estar por encima de la gente a la que se les está burlando. Tales bromas no son expresiones de benevolencia. Son graciosas, pero la gracia es una gracia fea. Las bromas son enojos disfrazados. Fue un defecto en Sansón el que su conciencia parece no haberle molestado por esto.
Critico las bromas de Sansón con cierta vacilación porque cuando comencé a predicar, yo era súper serio. El ministro principal con el que trabajaba me dijo un día: “Mira, eres demasiado serio cuando predicas como para que la gente te tome en serio. Dios te dió el sentido del humor. ¡Úsalo!” (Él era en realidad un irlandés, así que él dijo yummor [rima con tumor]. He estado introduciendo bromas en mis sermones desde ese entonces, y pienso que es una buena idea. Pero trato de evitar que sean maliciosas o degradantes. Yo veo a Sansón como a un hombre dominado por su sentido del humor, un hombre que tenía la costumbre de actuar como tonto y pensar que el propio hecho de estar haciendo algo gracioso justificaba su mal comportamiento.
LA PERSONA DE DIOS
Sin embargo Dios escogió a Sansón para que fuera su sirviente especial. De vez en cuando surge en la historia de Sansón un recordatorio del hecho que Sansón era un hombre de Dios, apartado para la obra de Dios, y que es Dios quien está controlando el curso de las acciones y experiencias de Sansón. Esta es la parte de la historia de Sansón que nos da esperanza. Nosotros también vivimos vidas tragicómicas defectuosas, vidas llenas de errores y deficiencias, vidas en las cuales lo que creemos que son nuestras cualidades alimentan nuestro ego y se convierten en nuestros verdaderos defectos. Pero Dios fue Dios para con Sansón – y es Dios para con nosotros.
En cierta forma extraña, hay cosas en la historia de Sansón que nos recuerdan al Señor Jesucristo – otra persona nacida milagrosamente para los propósitos del reino de Dios. Jesús también tenía sentido del humor. Ciertamente, era un sentido del humor bastante firme e inteligente. Seguramente nos sonreimos un poquito de la idea de un camello pasando por el ojo de una aguja, o un hombre con una viga saliéndole de su ojo tratando de quitar una paja del ojo de otra persona. Sin embargo, Jesús no estaba esclavizado a su humor. El fue un hombre de cortesía, sabiduría, benevolencia y prudencia en una manera como Sansón nunca lo fue.
En lo que respecta al dominio propio, al no perder el control, Jesús fue vituperado pero él no vituperó en respuesta. Él se encomendó al que juzga justamente. Eso es verdadera madurez humana, una madurez a la que todos los que somos de Cristo hemos sido llamados a aspirar (ver 1 Ped. 2:19-23). En este aspecto, Jesús y Sansón eran diametralmente opuestos.
ADVERTENCIA CRISTIANA
La historia de Sansón es una historia de advertencia, y es propio que los cristianos tomen la biografía de Sansón como un aviso para nosotros mismos. Sansón fue fuerte físicamente, eso es cierto. En los momentos en que el Espíritu de Dios posaba sobre él, Dios le daba una fuerza increíble. Pero esta misma fuerza trajo consigo debilidad – las debilidades específicas de egocentrismo, confianza en sí mismo, desenfreno y satisfacción de sí mismo. Todas estas cuatro áreas están claramente aquí, en el registro de la trayectoria de Sansón. Si él hubiera sido menos espectacularmente fuerte, él hubiera sido menos vulnerable a estas actitudes. Así fue que él peleó bien con los filisteos pero parece que no había progresado en la guerra contra el pecado – lo que quiere decir que durante toda su vida él era débil por dentro.
Nosotros los cristianos evangélicos también somos fuertes en por lo menos un sentido, esto es, en el numérico. Cuando los estadistas cuentan números, nos dicen que hay aproximadamente cuarenta millones de nosotros tan sólo en los Estados Unidos. Tenemos seminarios, tecnologías y el movimiento de mega-iglesias. El ministerio y el impacto de un tremendo líder sureño bautista llamado Billy Graham, capellán honorario de Norte América, ha sido incalculable, y él es, como decimos, “uno de nosotros”. Nuestro ministerio de literatura se expande y se expande. Dios le ha dado a los cristianos una fuerza impresionante, sin embargo nuestra propia fuerza nos hace vulnerables. ¿Estamos en peligro de caer víctimas de algunas de las mismas debilidades autodestructivas que vemos en Sansón? Esa, creo, es una pregunta que debemos encarar muy seriamente.
Los cristianos evangélicos viven en un enclave. Es un enclave grande, pero es un enclave como todos. No podemos escapar de nuestra relación familiar con cada uno de nosotros. Quiénes somos y qué somos individualmente nos impacta a todos nosotros. Y las cosas en nuestro enclave no son siempre como deberían de ser. Necesitamos pureza de corazón – especialmente en asuntos sexuales. Sabemos que hoy en día hay gente en nuestros círculos cristianos cuyas vidas sexuales se parecen demasiado a la de Sansón. Más allá de la pureza sexual había cierta calidad alta de carácter que Sansón nunca obtuvo, y que en círculos evangélicos no siempre obtenemos. En algunos de nuestros ministerios cristianos vemos que hay una falta de deseo de aceptar responsabilidad, hay un deseo de mandar a otros y de ser nuestros propios jefes, y así lo hacemos. Vemos actitudes emocionales – resentimiento, mal temperamento, venganza, descortesía, falta de amor – que indican la misma falta de madurez y santidad mostrada por Sansón. Los cristianos somos pleitistas. Los cristianos somos engreídos. Los cristianos somos egoístas hambrientos de poder; construimos imperios. Esto ocurre una y otra vez.
Estos defectos de carácter (de Sansón y nuestras) son verdaderas debilidades – debilidades que pueden tener un efecto trágico tanto en nuestras vidas personales como en el impacto que hace nuestra fuerza evangélica en Norte América hoy en día. Los defectos de carácter destruyen la credibilidad al instante. En mis viajes he hablado muchas veces acerca del carácter de Sansón. Cada vez que hablo de él, veo en él un espejo perturbador de lo que realmente observo alrededor mío. Así que ahora ofreceré algunas lecciones de Sansón, este hombre de carácter defectuoso, vocación divina y de fe verdadera aunque tambaleante.
ACERCA DE SER DÉBIL Y SER FUERTE
Donde nosotros nos sentimos ser fuertes, allí podemos ser fácilmente débiles. Las Escrituras dicen: ‘Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Cor. 10:12). Todo el que ame ser independiente en Cristo reconozca el peligro de ser independiente de Cristo. Sansón era un solitario; él pensaba por su propia cuenta. Pero ese no era el camino de bendición desde cualquier punto de vista. Si él hubiera escuchado más a sus padres (note Jue. 14:2-4) y si él se hubiera sujetado a los ancianos y amigos (note 15:7-13), de seguro hubiera hecho mejor las cosas y hubiera honrado más a Dios. Así que desconfíe de su propio sentido de fortaleza y reconozca su propia necesidad de comunión y sujeción. Todos necesitamos eso para mantenernos en orden.
Además hay que reconocer que Dios en su misericordia pueda que eventualmente tenga que tratar con nosotros como trató con Sansón. El fue llevado cautivo por los filisteos por medio de la traición de Dalila. Perdió la vista; le cortaron su cabello; la fuerza que Dios le había dado parecía haberse ido para siempre; su utilidad parecía haberse ido también. Por la bondad de Dios Sansón recobró suficiente fuerza para el acto final de su vida. No podemos evitar el pensar, sin embargo, qué tanto mejor hubiera sido si Sansón nunca se hubiera involucrado con Dalila en primer lugar.
Pero aquí hay un mensaje para nosotros. Dios quizás tenga que debilitarnos y traernos abajo en las áreas donde creemos estar fuertes para que podamos llegar a ser verdaderamente fuertes en dependencia real de él mismo. El ha hecho eso antes, y quizás tenga que hacerlo de nuevo – tal vez en gran escala con los cristianos de Norte América, quizás a nivel personal con usted y conmigo. Si así lo hace, habrá misericordia en ello. Será Dios trabajando para dar sentido a nuestras vidas errantes que llegaron al punto donde parece que ya no puede salir nada bueno de ellas.
Otro pensamiento alentador que obtenemos de la historia de Sansón. Dios nos usa. Él nos usa ahora mismo a pesar de nuestros defectos. Él es un Dios gentil y usa gente defectuosa como parte de su agenda regular. No importa qué tan conscientes somos de nuestras propias limitaciones, deficiencias y pecados, nosotros podemos acudir a Dios para que nos vuelva a usar – y él lo hará en su grandísima misericordia.
Los cristianos viven por fe en Jesucristo, lo cual quiere decir que vivimos para ser perdonados. Y los cristianos (pecadores perdonados) reciben una porción en la obra de Dios de una manera que, una y otra vez, va más allá de cualquier cosa que podríamos esperar – ciertamente cualquier cosa que merecemos. La historia de Sansón no es todo ruina, oscuridad y desesperación. Muestra que servimos a un Dios de gracia que pudo usar y usó hasta a un hombre violento como Sansón. Así que a pesar de todos nuestros defectos, hay esperanza de que Dios revelará un rol positivo en los asuntos de su reino a usted y a mí.
Así que tengamos ánimo y aprendamos de la historia de Sansón las lecciones que tiene para nosotros. Debemos de buscar el tener – y mantener – nuestras vidas en una forma que vaya a glorificar a Dios. Eso no es fácil. Significa luchar con nuestros pecados, disciplinar nuestros pensamientos, cambiar nuestras actitudes y criticar nuestros deseos en una manera que Sansón no intentó. Pero confiémos en el Señor que usa material humano defectuoso para su gloria, y por fe busquemos fortaleza para servir a Dios en buenas obras y buenas actitudes que en este momento sentimos que están más allá de nosotros. Aquellos que buscan encuentran; ya que el Dios de Sansón, el cual es Dios nuestro, es un Dios de gran paciencia y de gracia inmensa. De este modo hay gran esperanza para todos nosotros. Alabado sea su nombre.
Padre Santo, tú nos conoces, tú nos has amado y redimido a través de la sangre derramada de tu Hijo, y nos has exaltado a la dignidad gloriosa de ser tus hijos y herederos. Recuérdanos de tu identidad privilegiada, y enséñanos a vivir vidas que sean como Cristo en madurez de fe y esperanza, en consistencia de aspirar el complacerte, y en su humildad en acudir a tí para la ayuda que siempre necesitamos. Haznos honestos en reconocer nuestras debilidades de carácter y conducta, y a arrepentimos de nuestros pecados. No nos dejes caer en la tentación mas líbranos del mal. Para que podamos imitar a tu siervo Sansón en luchar por el bienestar de tu gente, y por tu gracia ir más allá que él en abnegación, pureza de corazón y vida. A través de Jesucristo, nuestro Salvador y nuestro Señor. Amén.
ESTUDIE
1 Lea el relato bíblico de la vida de Sansón en Jueces 14-16.
2 ¿Qué evidencias de la bondad de Dios ve usted en esta descripción de la vida de Sansón?
3 Repase las maneras en que Sansón usó su enorme fuerza física. ¿Qué debilidades de carácter sugieren estas acciones?
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