Czytaj książkę: «Obra negra»

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Arango, Gonzalo, 1931-1976

Obra negra: contiene prosas para leer en la silla eléctrica y otras sillas / Gonzalo Arango. -- Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT, Corporación Otraparte, 2016.

368 p.; 20 cm. -- (Biblioteca Gonzalo Arango)

ISBN 978-958-720-325-7

1. Poesía colombiana. 2. Ensayo Colombiano. 3. Nadaísmo (Literatura). I. Tít. II. Serie

C868 cd 21 ed.

A662

Universidad EAFIT- Biblioteca Luis Echavarría Villegas

OBRA NEGRA

Contiene prosas para leer en la silla eléctrica y otras sillas

PRIMERA EDICIÓN: CUADERNOS LATINOAMERICANOS, BUENOS AIRES, MAYO DE 1974

SEGUNDA EDICIÓN: PLAZA & JANÉS, BOGOTÁ, ABRIL DE 1993

TERCERA EDICIÓN: BIBLIOTECA GONZALO ARANGO, MEDELLÍN, ABRIL DE 2016

CUARTA REIMPRESIÓN: ABRIL DE 2019

© Corporación Otraparte

© Fondo Editorial Universidad EAFIT

Carrera 48A # 10 Sur - 107, Medellín. Tel. 261 95 23

http//www.eafit.edu.co/fondo

Correo electrónico: fonedit@eafit.edu.co

© De la antología: Jotamario Arbeláez

ISBN: 978-958-720-325-7

Coordinación editorial: Felipe Restrepo David

Diseño y diagramación: Alina Giraldo Yepes

Fotografía de carátula en: http://vivisineurope.blogspot.com.co/2012/02/el-amigo-ingles-de-gonzalo-arango.html

Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la editorial.

Editado en Medellín, Colombia

Diseño epub:

Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Contenido

NOTA DEL EDITOR

Prólogo

UNA VIDA EN OBRA NEGRA

Daniel Llano Parra

Obra negra

CÉSAR O DIVINIDAD

La nueva oscuridad

LA MALVADA INTENCIÓN

PRIMER MANIFIESTO NADAÍSTA

DIARIO DE UN NADAÍSTA

MANIFIESTO AL CONGRESO DE ESCRIBANOS CATÓLICOS

TERRIBLE 13 MANIFIESTO NADAÍSTA

NADITACIÓN 14

Prosas para leer en la silla eléctrica

EL GENOCIDA DE CIELO DRIVE

EL SERMÓN ATÓMICO

ELEGÍA A DESQUITE

SERMÓN CONTRA JESÚS

ÁGUILA NEGRA

SERMÓN DE LA CIUDAD

GAITÁN

UNA COLIFLOR PARA EL IDIOTA

MANIFIESTO NADAÍSTA AL HOMO SAPIENS

TESTAMENTO

El infierno de la belleza

LOS NADAÍSTAS

MANIFIESTO POÉTICO

POEMA SER

BOLETÍN NÚMERO NADA

POEMA A MI SOBRETODO

POEMA DE LOS AMORES INVENTADOS

TU OMBLIGO CAPITAL DEL MUNDO

POEMA TRISTÍSIMO

CALI MÍO

OH, MISTERIOSA ALMA MÍA

LAS TABLAS SIN LEY

PARA ETERNA MEMORIA

UNA RELACIÓN NUEVA, UN NUEVO DIÁLOGO

FE Y FO

Sexo y saxofón

JUNTOS MI MUJER Y YO VIMOS UN JARDÍN

LIBERTAD

MEDELLÍN A SOLAS CONTIGO

EL PROFETA EN NUEVA YORK

SOLEDAD BAJO EL SOL

BATALLÓN ANTITANQUE

LOS AMANTES DEL ASCENSOR

LOS MUERTOS NO TOMAN TÉ

EL PEZ ATEO DE TUS SAGRADAS OLAS

Amor sin manzana

NO SOY CODICIOSO NI AVARO CON LO QUE AMO

MUERTE NO SEAS MUJER

CARTA A UN MANIQUÍ

MUJERES DE POETAS

LA PATADA AL PATÍBULO

LA POSIBILIDAD COMPARTIDA

EL MAR MUERTO DEL AMOR

UN SEDUCTOR DIARIO

Café y confusión

DIJE AL EMPEZAR

LOS PURITANOS Y MORALISTAS DE LA SOCIEDAD

ALGUNOS CRISTOS LOCOS

LA LITERATURA POR EL HECHO DE SER TRASCENDENCIA

EL NADAÍSMO SE FUNDÓ COMO RESPUESTA

LA ESENCIA DEL NADAÍSMO SE REDUCE A ESTO

LA TRAICIÓN DEL NADAÍSMO

LA LITERATURA, QUE ES MI OFICIO

EN NUESTRO TIEMPO LOS CAMINOS DE LA ACCIÓN

UNA LOCURA RAZONABLE

BOLSA DE VALORES

LA CORONA EN EL MONTEPÍO

POR LA ORILLA DEL MEDIO

TARJETA DE NAVIDAD PARA GOG

ENMIENDA DE PROPÓSITOS

MI VIDA EN ISLANADA

MARASMO

EN UN TIEMPO MI PASIÓN FUE EL EXISTENCIALISMO

Los días de nuestra vida

HOJAS DE VIDA

TENGO MEMORIA DE HABER DESEADO

LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA

NOSOTROS ÉRAMOS ASÍ

LOS QUE VIENEN DE MORIR

ACELERANDO LA INMOVILIDAD

PICNIC AL MÁS ALLÁ

PUNTA ARENAS

LA MONJA Y EL RÍO

LA ÚLTIMA ISLA

Prensa y sensación

MEDIANOCHE

LA LOCURA DEL PODER

TOQUE DE QUEDA

POESÍA EN ESTADO DE SITIO

REVOLUCIÓN

LA ORACIÓN POR TODOS

LA MIRA DEL SEÑOR

HUMANISMO Y CABALLO

EL ANTIHÉROE DE SAN SILVESTRE

LA PATRIA EN EXILIO

EL SEÑOR BURUNDUN BURUNDANGA NO HA MUERTO, PERO APESTA

ELOGIO DE LA OFENSA

LAS JEREMIADAS DE ZALAMEA

UN MUNDO PARA DOS

BOOM CONTRA PUM PUM

PENA CAPITAL

Adiós al Nadaísmo

CAÍDO EN EL LIMBO ESPIRITUAL SUSPIRO POR NUEVOS SUPLICIOS

NUNCA ASPIRÉ AL PODER DE HACER FELICES

MI VIDA PÚBLICA EXPIRÓ

HICE UNA GRAN HOGUERA DE PURIFICACIÓN CON MI PASADO

EL NADAÍSMO NO AHORRÓ MEDIOS SACRÍLEGOS

NO APEGARME POR EGOÍSMO A UNA RELIQUIA QUE HIZO MILAGROS

SANTO Y SEÑA

Notas al pie

NOTA DE EDITOR

El manuscrito de Obra negra llegó al Fondo Editorial por medio de la Corporación Otraparte, con quienes se coedita la Biblioteca Gonzalo Arango y cuyo primer volumen es este.

La edición que aquí se publica, selección de Jotamario, tiene como punto de partida la primera que apareció en 1974 en Buenos Aires con el sello de Cuadernos Latinoamericanos, no la segunda, de 1993, impresa en Bogotá por Plaza & Janés, en la que se incluyó un apéndice con textos del libro Todo es mío en el sentido de que nada me pertenece, además de algunos inéditos. Este apéndice no se consideró aquí, pues la intención, en principio, es ofrecerles a los lectores el libro tal cual se concibió en 1974, dos años antes de la muerte de Gonzalo Arango.

En este sentido, quien compare esta tercera edición con la primera encontrará que se han respetado los usos de las mayúsculas y minúsculas en inicios de párrafos, a veces, como continuaciones de algo inconcluso; la presencia de tildes diacríticas para potenciar algunos énfasis, así como las comillas y las cursivas para dar realce y llamar la atención a expresiones y palabras, incluso, como una forma de la saturación que parece un grito dentro del texto; aquellos textos sin título no se han intervenido pues leemos en ellos una búsqueda, explícita o no, del fragmento. También se ha conservado la ortografía de nombres propios y lugares porque reconocemos que en muchas ocasiones la motivación de Gonzalo Arango es la parodia o la ironía. Hemos querido mantener intacto el uso de comas y puntos, y puntos y coma, para que el lector mismo identifique las coherencias y contradicciones que sustentan su escritura.

En otras palabras, nuestra labor no ha sido tanto comprender su apuesta literaria para luego unificar cada uno de los poemas, cuentos, crónicas y demás textos de Obra negra a partir de una lógica deducida a posteriori, sino entregar una edición que dé cuenta de la voluntad de estilo de Gonzalo Arango, siempre íntima y muchas veces escurridiza.

Prólogo


UNA VIDA EN OBRA NEGRA

Crear una obra de arte no se mide con un reloj, es arbitrario. Cada obra se escribe durante toda la vida.

Gonzalo Arango

A poco de agotar el plazo para la entrega del prólogo a un libro de Juan de Dios Uribe, Gonzalo Arango consultó al editor si era válido remitir una presentación que justificara por qué no era recomendable leer al Indio Uribe. Para Arango se trataba de una obra que no tenía vigencia y que no podía ofrecerse a una generación que aspiraba a la renovación cultural y espiritual promovida por el movimiento nadaísta. En 1974, cuando el nadaísmo estaba completamente desintegrado y la algarabía de sus palabras se había silenciado, el poeta Jotamario Arbeláez rehusó elaborar algún tipo de introducción a la antología Obra negra, sosteniendo que Arango se refería tanto a sí mismo y a su propio trabajo que era innecesario añadir algo más. ¿Podría decirse lo mismo sobre Obra negra? ¿Cómo prologar hoy al malogrado profeta del nadaísmo? La presente reedición vuelve a poner en juego la actualidad de uno de los escritores más importantes del siglo xx en Colombia, del fundador del movimiento nadaísta, principal manifestación de vanguardia literaria en el país. Del autoproclamado “profeta de la nueva oscuridad” que estaba convencido de que podía socavar la tradición literaria, pero que a su vez se lamentaba porque sus dedos eran incapaces de excitar las teclas de su Olivetti y que ni siquiera podía asegurar que la luz de su cuarto permaneciera en su bombillo. De un poeta que no podía dejar de escribir aunque fuera consciente de que estaba lejos de alcanzar un trabajo consistente, que prefería entregarse por completo a la redacción de extensas e innumerables cartas, marcadas con coloridas secuelas (flores, corazones y garabatos) que daban cuenta de su particular ética del terror. Gonzalo Arango es autor emblemático, sin embargo, la figura profética que construyeron los propios nadaístas ha obnubilado las oportunidades de apropiación crítica de su literatura y ha influido en la poca comprensión que aún se tiene sobre su mayor creación.

La ambigüedad de Gonzalo Arango en torno a la existencia humana lo llevó a redactar, desde 1962, testamentos en los que se despojaba de sí mismo y aseguraba de forma recalcitrante no tener nada qué legar. En el “Testamento” de Obra negra, Arango fue contundente al afirmar que no debía ser tomado en cuenta como un literato ni mucho menos como un intelectual. Después de su muerte aspiraba a pasar desapercibido, estar condenado al olvido o, cuando menos, a ser odiado con furor. Entonces, ¿a qué se debe la respuesta multitudinaria a los eventos programados para evocar su nombre? ¿Cómo descifrar la atracción que aún despierta entre sus lectores? El recuerdo que se conserva de Arango es el del poeta procaz que con calavera en mano incitaba a la ignominia y ofrecía una crueldad redentora. Pero sobre todo, los actos públicos como la quema de libros al frente del Paraninfo de la Universidad de Antioquia en 1958 y el sabotaje del Primer Congreso del Pensamiento Católico de 1959, fueron los que consolidaron su figura profética. Esta reedición es la oportunidad para conocer al profeta que esperaba embellecer el mundo “bajo el rostro del exterminio”, pero también para acercarse a la vida de un poeta a través de sus convicciones y confusiones.

Entre 1957 y 1958, durante su exilio en Cali y su regreso a Medellín, Gonzalo Arango no solo escribió el manifiesto fundacional del nadaísmo, sino que se encargó de identificar la desazón de la juventud con respecto a la vida cotidiana y el hastío de una intelectualidad novel frente al marasmo cultural colombiano. Esta inconformidad generalizada tanto a nivel social como intelectual, permitió que en torno al movimiento se reunieran jóvenes que solo querían experimentar un nuevo estilo de vida y escritores que compartían el deseo de renovar la literatura. La crítica ha aseverado que el nadaísmo fue una expresión que no tuvo mayor incidencia por fuera de Medellín y que los actos exhibicionistas y escandalosos solo se comprenden como una respuesta al conservatismo de la sociedad antioqueña. Por el contrario, el grupo que se conformó en Cali desde 1959 fue el encargado de difundir la incipiente producción literaria de los nadaístas por medio del suplemento Esquirla, espacio en el que se presentaron los escritores y poetas que integraron el movimiento. A pesar de la aceptación inicial y de la pronta propagación de sus postulados entre jóvenes de clase media, al no presentarse como una manifestación meramente literaria, el nadaísmo tardó al menos cinco años (1958-1962) para proyectarse como un movimiento consistente. Durante este periodo diversas personas se adhirieron a los manifiestos y fueron colaboradores asiduos, pero los integrantes que desde la creación poética defendieron al movimiento fueron Gonzalo Arango, Elmo Valencia, Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez, Darío Lemos, Jaime Jaramillo Escobar, Amílcar Osorio y Humberto Navarro.

Aparte de los escándalos y las actividades extraliterarias, a los nadaístas se les reprochaba constantemente la escasa producción poética y literaria que sustentara su anunciada renovación cultural. Debido a la visibilidad que adquirió Gonzalo Arango en su rol de escritor a sueldo en Cromos y a sus permanentes ardides mediáticos —al punto de instaurar una demanda en contra de un jesuita que había calumniado a Jean Paul Sartre—, estos reclamos sobre la obra del líder nadaísta no solo se hicieron más fuertes sino que se amplificaron por la opinión crítica de lectores extranjeros. En correspondencia con Jotamario Arbeláez, el escritor venezolano Ludovico Silva se preguntaba retóricamente “¿En qué se le ha pasado su nadaísmo a Gonzalo Arango? Casi en puro programa, en proclamas; es una literatura compuesta de proyectos, con un empréstito enorme hecho al futuro”.1 A mediados de los años sesenta, cuando los nadaístas se perfilaron como poetas de vanguardia en el contexto literario de América Latina, también se encargaron de llamar la atención del profeta para que superara sus imposturas en el medio cultural colombiano. Las desavenencias de los integrantes del nadaísmo con Arango quedaron plasmadas en la novela El amor en grupo de Humberto Navarro, en la cual su nombre propio no merece ser pronunciado: “Viste a Leopoldo Augusto y sentiste un poco de vergüenza por la costumbre de hablar mal de él; pero la verdad es que escribe tanta pendejada y es feliz diluyéndose en crónicas y artículos”.2 Arango eludía este tipo de cuestionamientos al asegurar que su poesía y la del movimiento no era para ser publicada sino vivida, retomando la frase célebre del poeta maldito Darío Lemos: “Mi obra es mi vida, lo demás son papelitos”. Y aunque a comienzos de la década de 1970, reconoció su frustración por no haber concretado sus proyectos literarios, en ningún momento recuperó la capacidad reflexiva que le permitiera retomar su ejercicio de creación, de ahí que, a modo de sentencia, Navarro augurara que “al paso que dibuja, no escribirá una obra realmente seria”.3

En 1974 Jotamario logró concretar con Carlos Lohlé de Buenos Aires dos proyectos editoriales para favorecer la proyección continental de la palabra nadaísta: Obra negra de Gonzalo Arango y El amor en grupo de Humberto Navarro. El hecho de que el poeta caleño haya dirigido la edición de ambos libros y que hubiera compilado los escritos de Arango no es una cuestión menor. Trae consigo un carácter simbólico. La crisis que experimentó el nadaísmo en 1968 a partir del fracaso del cuarto festival de arte de vanguardia celebrado en Cali, las desacertadas declaraciones de Arango en apoyo al gobierno de Carlos Lleras Restrepo y la cada vez más notoria pérdida de público entre los jóvenes, llamaron la atención de sus integrantes sobre quién debía asumir el liderazgo del movimiento. Para Jaime Jaramillo Escobar, Arango ya no tenía la impronta explosiva que concitó la rebeldía de la juventud y el nadaísmo estaba quedando rezagado frente a otras manifestaciones sociales y políticas. Pese a este balance, convencido de la vigencia de su proclama de transformación cultural, sugería que Jotamario fuera el responsable de reavivar al movimiento.4 Así pues, investido al interior del nadaísmo como su nuevo líder, Jotamario se encargó de reconstruir la obra dispersa de Arango, del mismo que antes había sido el director de las publicaciones del movimiento y el coordinador de las antologías 13 poetas nadaístas (1963) y De la nada al nadaísmo (1966). A diferencia de Navarro que prefería no mencionar de forma directa al profeta, esconderlo, hacerlo pasar por alguien más, Jotamario optó por limpiarlo, restituirle su imagen, publicar su obra inacabada.

El objetivo de la antología no fue presentar a Arango, ni pretendía publicar material inédito pues, al fin y al cabo, para 1970 ya era considerado como un autor consagrado. Se trató de textos que tuvieron amplia difusión y que circularon no solo en Colombia sino también en otros países de América Latina, a través de revistas como Eco contemporáneo de Buenos Aires, El corno emplumado de México, Zona franca de Caracas, e incluso, Casa de las Américas de La Habana. Durante la edición de su primer libro, El profeta en su casa (1966), Jotamario esperaba que la disposición de sus poemas reflejara el desarrollo de su ejercicio creativo. En cambio, al preparar esta compilación, evitó de forma sistemática proporcionar un orden cronológico de los escritos de Gonzalo Arango. Obra negra fue una edición conmemorativa, una necrología anticipada, la forma de reconocerle a un desdibujado Arango su relevancia como fundador y principal exponente del nadaísmo. Marcó el inicio de la reconstrucción de la figura profética de Gonzalo Arango, labor que el propio Jotamario nutrió posteriormente con las compilaciones Memorias de un presidiario nadaísta, Reportajes y Última página, y con la donación de sus papeles personales para la creación del Archivo Nadaísta en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Sin embargo, pareciera que no quedó lo suficientemente claro por qué en la primera edición de Obra negra se prescindió de poemas y relatos elaborados después de la dimisión de Arango como profeta del nadaísmo en 1971. Plaza & Janés lanzó en 1993 una edición ampliada de este mismo libro en la que se incluyó el apartado “Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece”, en el que se incorporaron textos de su periodo místico como si se tratara de una novedad. Paradójicamente, casi veinte años antes, Jotamario había manifestado que no había nada más qué exhibir de Arango, que la escritura del profeta era incompresible sin su propio nadaísmo. En definitiva, Jotamario se encargó de exhibir el nadaísmo consecuente e irregular del profeta, lo incluyó como parte de su trabajo inconcluso, de ahí que la antología sea una muestra de una literatura extática y a su vez malograda, de una vida en obra negra.

Por momentos, pareciera que Obra negra estuviera organizada por su nivel de violencia y que se pretendiera exponer cómo la agresividad de Arango disminuye a medida que se aleja del nadaísmo. En “Prosas para leer en la silla eléctrica” —que no corresponde de forma íntegra al libro homónimo de 1966— los cuentos cortos pasan de la necrofagia de cocinar con “sangre-manteca” y del anhelo de presenciar la tortura de un genocida, al intento por comprender las condiciones sociales que llevaron a los bandoleros Desquite y Águila Negra a convertirse en seres despiadados, procurando develar su inocencia aunque sin dejar de celebrar su muerte. Esta estructura de la obra se hace evidente en los apartados “Café y confusión” y “Prensa y sensación”, en los cuales Gonzalo Arango se torna árido para un lector ajeno a la producción nadaísta. Un ejemplo de esto se aprecia en la “Tarjeta de navidad para Gog” de 1962, previa a todos libros aludidos en la compilación. En esta carta dirigida a Gonzalo González, el profeta abandona la vehemencia originaria del movimiento, expresa que la propuesta nadaísta está enfocada en la creación poética y adopta una postura humanista para enfrentar una época sin ilusiones. Del mismo modo, en uno de los artículos finales, un panfleto de 1971 en contra de Gabriel García Márquez y los escritores del boom latinoamericano por haber dado la espalda a la revolución cubana tras el polémico proceso de Heberto Padilla, se vislumbran los últimos intentos de Arango por simular la ira de los primeros años, pero alejado de las diatribas que dieron amplia resonancia al movimiento.

Obra negra es un juego que pretende engañar al lector desprevenido, mostrarle, mientras lo confunde, los vaivenes del profeta. El libro refleja claramente el surgimiento y la decadencia del nadaísmo: exhibe cuál era la nueva oscuridad, los propósitos de la revolución al servicio de la barbarie y termina diluyéndose con la abjuración mística del profeta. Permite entrever el nihilismo de Arango, su deleite con la muerte, su fascinación por el aniquilamiento, al igual que su desesperada creencia en la vida.

Daniel Llano Parra

Historiador, Universidad de Antioquia. Miembro del Grupo de

Investigación en Historia Social (GIHS) de la misma universidad.

Autor de Enemigos públicos. Contexto intelectual y sociabilidad literaria del movimiento nadaísta, 1958-1971 (2015).

Obra negra
Contiene prosas para leer en la silla eléctrica y otras sillas
CÉSAR O DIVINIDAD

Yo pasé por todos los recovecos, las guaridas elegantes, y caí ciego en las trampas del laberinto del sistema aciago.

Aprendiendo a pensar me perdí.

Experimenté todo; deserté de todo.

Me adherí con juramentos a las banderas que luego traicioné, a los credos en que nunca creí.

Desterrado de la razón vagué por los arrabales como un loco perdido. Mi hogar era los extramuros, las ruinas, los nidos de las águilas abandonados, los lechos de los ríos secos.

En las montañas adoré a los bandidos que más tarde injurié.

Las autoridades me abrumaron con su terrible falso poder, hasta el punto de desfallecer con sólo presentir un crimen, el olor de un policía.

Me sublevé, hacha en mano, contra los dogmas humillantes de la dignidad de la vida.

En los jardines del tirano nunca me invitaron a roer el pan del poder, el de la gloria. Me daban a morder, en cambio, el hueso del sacrificio.

El poder era mi sueño, pero en la vida me supo amargo y perecedero: pan de muerte.

De las iglesias me expulsaron con exorcismos de azufre de excomunión, aunque impulsado por un feroz misticismo y un deseo de salvación salvaje, por impetrar perdón me ofrendaba en holocausto para que el humo de la plegaria de mi cuerpo me trajera de la hoguera el aroma de mi condición divina: ¡El Martirio!

Merodeaba en los aleros de los palacios del poder y la riqueza, y canjeaba poemas inspirados por besos adúlteros con mujeres espléndidas. A falta de oro, Judas fue mi preceptor en el sexo.

Poseía todo lo que codiciaba, y después lo traicionaba.

Entregaba mi alma por la clave de un sésamo para espiar en los paraísos eróticos de la aristocracia: carne de carnaval, amaneceres de embriagueces turbias, lujurias grises, el tedio de la incomunicación, la muerte perfumada y desnuda, el horror en el infierno de las delicias.

Después de las orgías pactaba conspiraciones contra cualquier césar o divinidad.

La taberna fue mi templo, mi universidad.

En las antesalas de la gloria mendigué poder, santidad, heroísmo, con la abnegación de un pordiosero. Me rechazaron siempre por mi invencible aire de pureza que descubrían en el fondo de mi satanismo modelo; o en mi rojo aire libre de profeta pirómano por la cólera y la compasión del mundo.

En una edad lejana fui portero de alcobas concubinas en un prostíbulo real. Y, eunucobufón, pecaba con las llaves de oro de la imaginación inventando abracadabras para violar los secretos del sexo de la nobleza. ¡Oh jubilosas lujurias, oh satánicos éxtasis de fornicación!

Mi Gólgota fue la castidad.

En el delirio de la imaginación ascendí a tamborero del Palacio de Justicia. Mi misión era siniestra: ordenar los ajusticiamientos sin derramar una lágrima. Envidiaba el dedo en el gatillo de los fusileros: su mano firme y su corazón helado.

De ahí me trasladaron como censor al Palacio de Bellas Artes. Abrumado de méritos contra la Libertad, fui proclamado verdugo y me ahorqué por el honor de una medalla.

La bandera del Trono se enlutó por mí.

Mis mundos eran subterráneos y sinuosos como los del gusano y el topo. En la noche saltaba de cangrejo a búho. Del búho al ángel me separaba un abismo en el que sembré semillas de redención: un puñado de lujurias marchitas y derrotas frescas.

Arruiné mi vida por enriquecer el ego.

Pasé sin desgarramiento del Corazón de Jesús al comunismo; de las sosas academias a los antros de perdición; de la idolatría al sacrilegio.

De la razón degollada di a luz el Nadaísmo como tabla de salvación para cruzar la noche náufraga del materialismo del siglo, y sobrevivir a sus feroces signos.

Apuré todo lo sagrado como un tintero de veneno purificador, pero la santidad me derrotó con sus primeras espinas.

Me afilié en los bandos malditos y afilé mis garras para la barbarie. En la tensión del arco descubrí que la acción no era mi cielo.

Escapé en un velero perseguido por submarinos atómicos.

Me degradaron en público alegando mi ternura como traición a la patria.

Me rebelé contra el orden opresor que impone los privilegios del poder a los pobres.

Mordí la piedra de la derrota filosofal.

Impotente contra la iniquidad y la inmundicia, me hice bandido político, bandido lógico, y una vez me reventaron como un sapo por no llenar los requisitos de la infamia, máxima virtud de los tiranos.

Asalté los tesoros y repartí el botín entre los terroristas, las prostitutas chancrosas y los criminales en retiro.

Yo no conquistaría ningún cielo, ningún trono, por la virtud. Armado de mis feroces atavismos: el terror y la misericordia, me lancé a la aventura.

Bienaventurados los aventureros porque de ellos serán los tesoros de la Imaginación.

Fue así como derrotado de todo me hice bandido del poema, y un rayo me hirió de luz mientras miraba la gaviota de Providencia sobre una nube color naranja.

Después de tales peripecias hallé el camino al caer al abismo donde me encontré a mí mismo.

Agobiado por la felicidad di el salto a la penúltima fe: ¡El Amor! Forjar en los más altos cielos del ser su trono en la cúpula divina.

El Monasterio, 1973

La nueva oscuridad


No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será examinado y revisado. Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia la Revolución y que fundamente, por su consistencia indestructible, los cimientos de la sociedad nueva.

(Primer Manifiesto Nadaísta, 1958, XIII)

LA MALVADA INTENCIÓN

ustedes, por estar leyendo la crónica social…

las recetas de cocina y el manual para portarse bien en sociedad…

por estar alelados mirando la televisión o las estrellas…

y baboseándose con las poesías a miss universo…

ustedes, los poetas que fabrican sobre el diccionario de rimas un poema quincenal…

ustedes, los intelectuales conformistas para quienes es muy cómodo el nihilismo…

ustedes, los burócratas liberales y conservadores que ya perdieron el sentido de lo maravilloso…

ustedes, los inspectores de la moral, que confunden el “hula-hula” con el marqués de sade…

ustedes, los sexólogos de ideas fijas que representan el “hula-hula” con un falo abstracto y circular…

(nosotros protestamos contra ustedes que se oponen a la satisfacción de los instintos naturales y al derecho a legitimar esos instintos por las vías legales de la imaginación…)

ustedes, los reales académicos y tratadistas de la forma, que no saben lo que se anida en las cloacas, y que no han mirado desde las alcantarillas el nacimiento del sol…

ustedes, los estudiantes de urbanidad y de retórica que ya saben rimarle un verso a la prostituta y limpiarse la jeta con elegancia…

ustedes, las señoras aristocráticas que bailan a Elvis Presley en el club y levantan las piernas para escandalizar a los notarios y a los senadores de la 2a república…

ustedes, magistrados y jueces que codifican la vida y asesinan con fórmulas los instintos vitales…

ustedes, los notarios que escrituran a los ricos la tierra de los pobres con manos de usureros y canas en el cerebro…

ustedes, los ciudadanos ejemplares que se emborrachan en los prostíbulos y hacen penitencia religiosa…

ustedes, los que se flagelan a la luz del sol ante los altares de piedra, y de noche cumplen funciones de pederastas…

ustedes, los de la “liga de la decencia” y la “pureza del espíritu” que se escandalizan con los senos de una escultura y no sienten horror al defecar en la bóveda celeste del sanitario…

ustedes, los predicadores, que apestan con su oratoria y con sus sotanas de terciopelo sudado…

ustedes, los políticos que no creen en la revolución y se hacen remunerar su falta de fe…

ustedes, los policías, que no saben cómo preñan los poetas a las rosas…

ustedes, los críticos de arte y literatura que han leído la citolegia y a kant, y que confunden a gonzaloarango con un paciente de la sicología, a garcilazo con don blas de lezo, la “unión libre” de bretón con la “unión nacional” de ospina pérez, un ataque al corazón con la crisis de la poesía…

ustedes, en general, no saben nada de nada…

y tienen una idea falsa de lo que es el nadaísmo cuando piensan que somos la amenaza material del orden burgués…

nosotros no vamos a robarle la chequera al capitalista, ni vamos a asaltar a media noche su despensa; que los burgueses revienten tranquilos en medio de la abundancia…

tampoco vamos a raptar en noches de luna a las colegialas del “mary mount”. el nadaísmo no es una historia prostibularia. que ellas revienten con sus prejuicios, su puritanismo angélico, y que lleven su sexo casto al matrimonio, o lo conserven como una momia para que lo consagren a san luis gonzaga…

tampoco queremos alterar sus conceptos del mundo en el que viven de tránsito a la eternidad, afianzados aquí en la estabilidad económica, la virtud y el respeto social…

nosotros no tenemos nada que ver con quienes no tienen problemas, ni dudas, ellos están salvados…

pero queremos confesarle una malvada intención a la burguesía. señores burgueses: el nadaísmo se fundó para pervertir a vuestros hijos. vamos a interrumpir vuestro sueño y a despertar en vuestras alcobas inquietantes y terribles gérmenes de zozobra. vuestros hijos regresarán una noche a pediros cuentas, ebrios y poseídos de una terrible cólera.

temedlos, yo los conozco, son peligrosos…

a mi madre de 70 años ya le advertí: nena, si no me dejas libre le diré a la policía que eres comunista… y ella dijo: “tú sabes que eso es falso, no lo hagas, porque me echarán de la iglesia…”.

PRIMER MANIFIESTO NADAÍSTA 1958 Apartes
I

El Nadaísmo es un estado del espíritu revolucionario, y excede toda clase de previsiones y posibilidades.

II

Se ha considerado a veces al artista como un símbolo que fluctúa entre la santidad o la locura.

Queremos reivindicarlo diciendo de él que es un hombre, un simple hombre, que nada lo separa de la condición humana común a los demás seres humanos. Y que sólo se distingue de otros por virtud de su oficio y de los elementos específicos con que hace su destino.

El artista es un ser privilegiado con ciertas dotes excepcionales y misteriosas con que lo dotó la naturaleza. En él hay satanismo, fuerzas extrañas de la biología, y esfuerzos conscientes de creación mediante intuiciones emocionales o experiencias de la historia del pensamiento.

Su destino es una simple elección o vocación, bien irracional, o condicionada por un determinismo bio-psíquico-consciente, que recae sobre el mundo si es político; sobre la locura si es poeta; o sobre la trascendencia si es místico.

III

Trataré de definir la poesía como toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada de presupuestos éticos, sociales, políticos o racionales que se formulan los hombres como programas de felicidad y de justicia.

Este ejercicio del espíritu creador originado en las potencias sensibles, lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil, al acto solitario del Ser.

El ejercicio poético carece de función social o moralizadora. Es un acto que se agota en sí mismo, el más inútil del espíritu creador. Jean-Paul Sartre lo definió como la elección del fracaso.

La poesía es, en esencia, una aspiración de belleza solitaria. El más corruptor vicio onanista del espíritu moderno.

VI

Rectificamos el viejo concepto americanista de que un pueblo es joven en virtud de sus paisajes. Lo es en razón de sus ideas y de su evolución espiritual. La decrepitud no es un concepto de la vejez del mundo físico, sino la caducidad del espíritu resignado, incapaz de evolucionar hacia nuevas formas de vida y de cultura.

América es vieja desde su nacimiento. Por culpa de sus descubridores y su herencia, su nacimiento significó para la Historia una especie de muerte. O más exactamente, un aborto imperfecto para la vida. En tal forma que ella no ha nacido culturalmente por su cuenta, nutriéndose como se nutre de una vejez cansada y esterilizante transmitida por el cordón umbilical de su idioma y de sus creencias.

Ante el dilema de ser o de no ser, de elegir una cultura por separado con sentido universal, ¿qué significa para la cultura de América tallar sapos, revivir mitos, incrementar las supersticiones, retener el tiempo olvidado, la prehistoria, si aún no cuenta ni determina nada su cultura en el devenir de las ideas contemporáneas?

Detenerse en el pasado con un asombro contemplativo, evidencia el complejo de América ante un mundo evolucionado que decide su destino y su supervivencia histórica y biológica, mediante las actuales revoluciones sociales y conquistas científicas del espacio que se disputan el predominio político de la Tierra.

América no puede anclarse en lo regional, en lo folclórico, en la tradición mítica. Eso sería un aspecto de su desarrollo intelectual y artístico pero no puede decidir su destino y su historia sobre estas formas inferiores de su desarrollo. América debe superar el complejo de su infantilismo espiritual. De otra manera nos quedaríamos en la Edad de la Rana y la Laguna, en tanto que la técnica científica ha fijado estrellas en el espacio cósmico.

Ningún pueblo, ningún continente viejo o nuevo puede elegir su destino por separado. La más leve onda del mar de la Historia contemporánea agita con su movimiento el porvenir de los pueblos, y decide su suerte o su desgracia.

Una cultura solitaria, desvinculada de los intereses universales, es imposible de concebir. Nadie puede evadirse, ni eludir el papel que representa en el mundo moderno. Todo se relaciona de una manera profunda en esta época en que el simple hombre encarna una misión en la historia: su acción o su indiferencia implican una conducta de inmensas responsabilidades éticas, y al aceptarla o negarla, se salva o se condena.

Ya no podemos aceptar como sentido moral de la existencia, aquel pensamiento agonista de Kierkegaard: “Sea como sea el mundo, yo me quedo con una naturalidad original que no pienso cambiar en aras del bienestar del mundo”.

VIII

Hemos renunciado a la esperanza de trascender bajo las promesas de cualquier religión o idealismo filosófico. Para nosotros éste es el mundo y éste es el hombre. Otras hermenéuticas sobre estas verdades evidentes carecen de sentido humano. Las abstracciones y las entelequias sobre el Ser del hombre, caen en el dominio de la especulación pura y del simbolismo metafísico, producto natural del anhelo del hombre por trascender su entidad concreta, y fijarla en una forma ideal, más allá de todo límite espacial y temporal. Este anhelo corresponde a su naturaleza idealista y poética que quiere cristalizar la esencia del Ser en lo Absoluto, en lo Eterno. Proponer esa ilusión para después de la muerte es la misión de las religiones.

Nosotros creemos que el destino del hombre es terrestre y temporal, se realiza en planos concretos, y sólo un dinamismo creador sobre la materia del mundo da la medida de su misión espiritual, fijando su pensamiento en la historia de la cultura humana.

El hombre es lo Absoluto en la medida casual y no necesaria entre el accidente de su principio y de su fin. Este criterio excluye toda posibilidad de trascendencia. El hombre elige sobre sus posibilidades inmediatas esta tierra: la inmanencia.

La metafísica es una investigación sobre la muerte y sobre las posibilidades trascendentes de la existencia. O mejor dicho, es una evasión del Ser hacia el mismo Ser que se conoce. Es por eso la creación de un mundo para sí, completamente ajeno al devenir histórico, que es terreno privativo de la política, que significa compartir el mundo con los otros.

Por consiguiente, la única “utilidad” de la metafísica es el pensar sobre la muerte, porque el pensar sobre la vida es, precisamente, la política.

Por su carácter esencial sobre ideas irreductibles a la vida, la especulación pura no nos interesa como aspiración de trascendencia. Pues nunca esa imagen del mundo que resulta del ejercicio metafísico conduce a soluciones sociales y terrestres de justicia, perfección o felicidad humana. Por el contrario, su consecuencia es la desesperación y el desorden.

XI

La libertad es, en síntesis, un acto que se compromete. No es un sentimiento, ni una idea, ni una pasión. Es un acto vertido en el mundo de la Historia. Es, en esencia, la negación de la soledad.

XIII

Destruir un orden es por lo menos tan difícil como crearlo. Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. La aspiración fundamental del Nadaísmo es desacreditar ese orden.

Al intentar este movimiento revolucionario, cumplimos esa misión de la vida que se renueva cíclicamente, y que es, en síntesis, luchar por liberar al espíritu de la resignación, y defender de lo inestable la permanencia de ciertas adoraciones.

En esta sociedad en que la mentira está convertida en orden, no hay nadie sobre quién triunfar, sino sobre uno mismo. Y luchar contra los otros significa enseñarles a triunfar sobre ellos mismos.

La misión es esta:

No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será examinado y revisado. Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia la revolución, y que fundamente por su consistencia indestructible, los cimientos de la sociedad nueva.

Lo demás será removido y destruido.

¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.

DIARIO DE UN NADAÍSTA

4 a.m. Un alba roja. Llego a la casa completamente borracho. En el árbol, frente a la puerta que ostenta al respaldo la leyenda: “Al Demonio, no entres”, vomito. Esta casa es mi hogar.

7 a.m. ¡Esta vida no puede seguir así!

7 y media. Mi madre me habla de la hora de la muerte. Me cuenta una pesadilla: yo estaba tendido en una mesa de cirugía. Me cortaban con un hacha de carnicero los dedos de las manos y de los pies, uno a uno. Me río a carcajadas. Mi madre se enfurece con mi cinismo y se va para una agencia funeraria donde negocia un ataúd de onda corta para mi edad. Mi madre pide ocho pesos de rebaja. El tipo acredita el cajón, la calidad de la madera, el terciopelo. Y se niega. Mi madre, ofendida, tira mi cadáver sonriente en un tarro de la basura.

8 y 17. Vomito en el retrete las flores de astromelio que comí anoche en el parque Bolívar, las que nacen al propio pie del libertador de América. Convierto el retrete en un florero.

Las 9. Me tiendo en el baño y abro la ducha. Me ahogo. El agua tibia me adormece. Pienso que algún día me suicidaré. Yo no soy poeta, no bebo ajenjo, ni me inyecto morfina. Yo soy el emperador de Roma.

9 y 15. Así las cosas, una rata de color blanco me roe el estómago en un sitio muy sensible entre el pubis y el ombligo. Como veo que no es una mujer, la tomo de la cola húmeda y peluda y la balanceo. Me mira con sus ojos azules de estrella de cine. ¿Serán los de Brigitte Bardot? He visto esos ojos en alguna parte. Recuerdo… Ah… son los ojos de mi madre.

La rata chilla. Patalea. Yo le digo: “Mi bichito, mi chiquita, mi amante…”. Y la arrojo en el retrete. Suelto el agua. La rata se ahoga. Luego desaparece en la alcantarilla. Una vez más, saca la cabeza, y sus bellos ojos azules son rojos ahora. Finalmente desaparece. Vuelvo a vomitar.

Las 10. No pasa nada.

Las 11. —Mamá, tráigame la excomunión.

—¿La excomunión?

—Sí, porque me quiero morir. Todo está listo para la hora de mi muerte.

—Será la extremaunción –dice mi madre.

—Bueno, lo que sea.

Las doce. Juliette Greco canta para mí. Tiene una linda voz erótica y cabellos largos. Me estremezco. Ahora me sonríe… ¡Retírate prostituta!

Las 12 y pico. Llamo a Sofía la sirvienta y le pido un número de cinco cifras. Ella dice:

—El cinco.

—¿Tú no sabes aritmética?

—No señor, yo soy aquí la sirvienta.

—Gracias, Sofía.

Yo mismo marco un número al azar en el teléfono, desordenadamente. Una voz dice al otro lado: “¿Aló…?”. Y yo digo: “¿Aló?”.

—¿Quién habla?

—El Diablo.

—¿Y qué quiere?

—Regalarle un collar.

—¿Usted está loco, señor?

—No me llame señor, habla con el enemigo malo.

La mujer cuelga el teléfono y éste suena bip. bip. bip.

Yo existo, porquería.

Alguna hora. Sueño. Veo un rostro desconocido, pero bello. Me escupe. La mujer se enfurece porque no despierto. Me pongo a tocar un piano de la Edad Media. Es tan dulce la melodía que me hace reír. Me descalzo. Salto sobre una pista de baile llena de clavos. Es un jazz de Duke Ellington. Los clavos me traspasan las uñas y la carne. Grito de alegría.

Las 2. Despierto. Veo sangre por todas partes, por todas partes veo sangre.

Pido el aspirador eléctrico con que barren el piso, y la empaco en latas de manteca. Lleno 16 galones. Llamo a Sofía y le digo que me prepare el desayuno y que haga el huevo en esa manteca-sangre para que sepa a cadáver empollado.

—Kikirikííí…

—Señor Gonzalo –dice Sofía–, canta usted como un gallito de pelea.

—Yo soy un pelele, Sofía.

Las 3. Yo inventé el sueño restaurador de la energía nuclear. Hay quien tiene la absurda creencia de que soy un sabio atómico. Yo tengo pruebas irrefutables para sostenerle al mundo que ésa es una abyecta mentira.

Las 4. Me calzo los pies ensangrentados con ruedas de helicóptero. Subo al tejado volando para recibir la brisa de la tarde. Le coqueteo a un gallinazo para que venga a hacerme compañía. El gallinazo se posa sobre mis piernas huesudas y me roe brutalmente. Trato de disuadirlo de que me picotee, pero no obedece. Entonces le tuerzo el pescuezo y empieza a vomitar sangre. Me cubro el estómago del asesinato. ¿Estará tuberculoso? Cuando se desgonza y estira las patas se lo arrojo a las palomas. Hormigas de gran tamaño mecánico con alas en las que se lee “USA” acuden al banquete. Lloro desconsoladamente y me golpeo la cabeza con una teja de barro. La teja se destroza contra el occipital. Mi cabeza es genialmente sólida. ¡Soy feliz!

Un fuerte sol evapora las partículas sobrantes del gallinazo, y reintegra su esencia a la materia indestructible del mundo.

Las 5. Cae el crepúsculo.

—Baja de una vez –dice mi madre–. La rata te solicita del otro lado de la alcantarilla.

—Dígale que no tengo tiempo de atenderla.

—Dice que es urgente, de vida o muerte.

—La rata debe querer un trago de ron doble, dáselo…

—No hay ron.

—Entonces, querida mamá, dale un garrotazo…

Necesito un espejo para jugar con los últimos rayos de sol.

—Mamá, tráeme el espejo.

—El espejo se quebró.

—Entonces, sácate el ojo de vidrio, esta noche te lo devuelvo.

—Haré el sacrificio, si tú me lo pides. Pero dime, ¿qué hago con un solo ojo? —Me verás medio loco…

Las seis en punto. El amor no existe.

Las seis y 20. Luz Marina Zuluaga es la reina del Universo. Pregunta inquietante: ¿cómo sería yo casado con una reina de belleza?

Las 8 de la noche. Algo me rasca en la cabeza. Me acaricio. Puede ser una idea genial. La acaricio con ternura para que no se me escape. La tengo entre mis dedos. ¡Ya está! Dios mío, es un piojo. Lo volteo. Patalea en el centro de mi mano.

Tiene 14 pares de patas inmensas.

Le arrojo bocanadas de humo para emborracharlo. El piojo se pone a cantar el Himno Nacional de Colombia. Luego canta la Marsellesa en un impecable francés de la época de Rousseau. Y finalmente canta la Internacional. Grita como un líder obrero: “Viva Stalin, abajo Trotsky el traidor”. Como yo admiro a Trotsky, le ordeno al piojo que se suicide. El insecto me pide perdón, pero mi madre dice: “No lo perdones, es un inmundo bolchevique”.

—Mamá, ¿qué dices, le perdonamos?

—Si abdica del comunismo.

El piojo grita:

—Viva el Nadaísmo. ¡Viva Gonzaloarango!.

Mi madre dice:

—Que se suicide, ese piojo no tiene salvación.

La media noche. Me bajo del tejado por una escalera. Hay una linda luna llena. Me visto. Salgo a la calle. En la primera esquina me asalta este pensamiento tranquilizador: Hoy no hice nada.

MANIFIESTO AL CONGRESO DE ESCRIBANOS CATÓLICOS

no somos católicos:

porque dios hace 15 días que no se afeita.

porque el diablo tiene caja de dientes.

porque san juan de la cruz era hermafrodita.

porque santa teresa era una mística lesbiana.

porque la filosofía de santo tomás de aquino está fundada en dios y dios no ha existido nunca.

porque somos fieles descendientes de los micos de darwin.

porque en el infierno no hay fogones “Westinghouse” sino pailas trogloditas de la edad de piedra remendadas por los gitanos. Y a nosotros nos gusta condenarnos confortablemente al estilo yanki.

no somos católicos por respeto a nosotros mismos:

porque en Colombia son católicos el tuso navarro ospina, el general rojas pinilla, laureano gómez, mariano ospina pérez, rafael maya, darío echandía, josé gutiérrez gómez, alberto lleras, silvio villegas, pablo j. echavarría, tulio botero salazar, javier arango ferrer, fernando gómez martínez, manuel mejía vallejo, otto morales benítez, félix henao botero, carlos castro saavedra, abel naranjo villegas, nuestros padres, las prostitutas, los senadores, los curas, los militares, los capitalistas.

TODOS, menos los Nadaístas.

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ustedes ya atentaron bastante contra la libertad y la razón, ahora les decimos: ¡BASTA!

basta de inquisiciones. basta de intrigas teológicas. basta de sofismas. basta de verdades reveladas. basta de morales basadas en el terror de Satanás. basta de comerciar con la vida eterna. basta de aliarse con dictaduras militares y burguesas. basta de asistir al banquete de la Andi. basta de viajar en “Cadillacs” último modelo. basta de catolicismo…

¡BASTA…! ¡¡¡EL DIABLO NO EXISTE!!!

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ustedes fracasaron. ¿qué nos dejan después de 50 años de “pensamiento católico”? Esto: un pueblo miserable, ignorante, hambriento, servil, explotado, fetichista, criminal, bruto. ése es el producto de sus sermones sobre moral, de su metafísica bastarda, de su fe de carboneros. ustedes son los responsables de esta crisis que nos envilece y nos cubre de ignominia.

ustedes no son dignos de venir a representar intereses del espíritu. consideramos, por simples razones de ética nadaísta, que en Colombia no se puede ser escritor y católico al mismo tiempo. porque lo uno repugna a lo otro. ustedes son católicos porque no piensan. o no piensan porque son católicos. en los dos casos indica que ustedes son unos vejetes caducos y conformistas.

nosotros queremos ser libres y no tenemos miedo al infierno. consideramos que el catolicismo es una ingenuidad de la razón y una cobardía.

nosotros estamos de parte de la vida y ustedes vienen de una falsa taumaturgia a resucitar un cadáver: la máscara inmunda con que se oculta el rostro revolucionario de Cristo, quien no compró acciones en el negocio que ustedes explotan; esa bolsa negra; esos templos afiliados a la Andi y a la aristocracia que viene vendiendo a Cristo como si fuera una yarda de “Otomana” o una botella de ron medellín añejo.

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ustedes llevan dos mil años prometiendo el paraíso y la redención, la justicia y la paz. ¿no es suficiente su fracaso milenario? permitan el acceso del conocimiento, del pensamiento científico, de la lógica histórica. permitan que una política de la inmanencia restituya al hombre sus posibilidades de salvación y de solidaridad humana que ustedes le negaron… ¡Y no apesten más!

el paraíso que nos ofrecieron no existe. ustedes que saben tanto de Sagradas Escrituras, ¿no han leído en el versículo del Apocalipsis que dios se ahogó en el diluvio universal y que su cadáver no ha sido rescatado por los bomberos?

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ustedes nos proponen una fe muerta, la resignación, la culpa, el remordimiento, toda una filosofía de la muerte y el pesimismo.

no somos culpables. no tenemos remordimientos. nuestros padres gozaron al fabricarnos. nosotros estamos contentos de vivir. el mundo es bello. sabemos que vamos a morir, pero no nos creen más complejos de trascendencia. honramos con orgullo la existencia y su límite. por eso no vamos a llorar ni a suicidarnos a las 4 ni a las 5, ni ahora ni a deshoras. es interesante vivir y es interesante morir. no hagan de la vida y la muerte una desgracia. todo es simple como el huracán y la guerra.

déjennos el orgullo de la tierra y no conviertan este hermoso terrón de estiércol, oro, rosas convulsivas, hombre, energía nuclear, sexo, estroncio, brigitte bardot, verano, acetileno, catástrofe y maravilla en el valle de lágrimas y el reino triste del ascetismo.

a su ortodoxia enfermiza oponemos los poderosos instintos animales, el amor sin estatutos, la digestión, el hígado, el pulso exacto de la sangre como un reloj suizo o “bulova” y la negación creadora.

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la juventud quiere deshipotecarle Colombia al corazón de jesús, en vista de que ustedes se la han adjudicado sin nuestro consentimiento, para girar cheques chimbos sobre la eternidad, sucursal de Fenalco en el cielo.

prevenimos a la juventud para que no se deje embaucar por estos negociantes que viven cambiando pecados por limosnas, cosechas por oraciones, delitos por misericordias. ¡CUIDADO! que son los enemigos más peligrosos de la cultura.

congresistas católicos:

en nombre del NADAÍSMO les impedimos defecarse una vez más en esta pobre alcantarilla que se llama Colombia. y les manifestamos que los delitos que se cometen contra el espíritu no quedarán impunes.

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¡Vivan los cohetes victoriosos!

Viva el Sputnik ruso; arriba el Thor Able y su ratón.

Disparen contra la paloma del espíritu santo.

Que venga Satanás y alce con nosotros a los profundos infiernos. ¡El demonio será siempre bienvenido!

Cristo, resucita, ven a luchar con los Nadaístas contra los escribas y fariseos.

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Irrespetuosamente a los escribanos católicos:

SOMOS GENIALES,

LOCOS,

Y PELIGROSOS.

TERRIBLE 13 MANIFIESTO NADAÍSTA

Desde nuestra aparición nadaísta en el infierno de la sociedad colombiana, ha crecido una rosada ola de maldad en los espíritus. Una oscuridad terrible se cierne sobre nuestros corazones que encarnan el peligro de un nuevo amor hacia la historia.

A temprana edad conocimos el gusto de la grandeza y de la fama, y sin pedirle permiso a los oráculos nos erigimos en los profetas del mal y de la destrucción.

Hemos gozado de la admiración frenética de la juventud, que ve en nosotros la encarnación de un oscuro heroísmo.

Hemos desertado nuestros amores, credos, fanatismos, esperanzas, recuerdos y felicidades, no por otros idealismos, sino a cambio de nada, o por una oceánica indiferencia.

Consideramos que era ya demasiado tarde para luchar, triunfar, pensar, amar, trascender y ser formales como seminaristas, porque vivimos tiempos de terror y muerte, y las estrellas del cielo han sido sustituidas por temibles signos anunciadores de guerras atómicas y aniquilamientos terrestres.

Nos convencimos que la vida era breve y que no había tiempo sino de vivir y no complicarnos con las causas de los humanistas y los redentores.

Entonces legitimamos una vez más el sentimiento de que era el hombre la pasión y el centro del universo, y consagramos nuestra vida a rendirnos una adoración limitante con la idolatría.

A partir de esta reivindicación de nuestras prodigiosas desilusiones, hemos emborrachado nuestros cuerpos hasta la locura…

hemos crucificado nuestros sexos en las caderas de lolitas y proxenetas…

hemos viajado en alguna dirección huyendo de nosotros mismos, sin rumbo, sin destino, porque el hombre no tiene sino sus dos pies, sus zapatos rotos, y un camino que no conduce a ninguna parte…

hemos ido a reposar en los pinares nocturnos fuera de la ciudad agobiados por la angustia, la soledad y el aburrimiento…

hemos hecho fogatas en la oscuridad, y asado en las brasas un recuerdo de amor, o un pedazo de ternera…

nos hemos amado sin pasión bajo el fuego trepidante de las locomotoras, porque lo que verdaderamente amábamos no era digno de nosotros…

nos hemos desvestido bajo el foco de bujías glaciales de luz y mirado nuestro sexo como un gusanito triste…

nos masturbamos con sadismo y brutalidad y a ese acto solitario consagramos un amor puro y esquizofrénico…

hemos dormido en nuestros cuartos tristes como en las oscuridades del topo, sin importarnos que el mundo sigue girando movido por un misterioso mecanismo…

hemos bailado danzas locas con negras sudorosas bajo el resplandor de las antorchas en la selva, o bajo biliosas bujías de prostíbulo…

hemos alabado a los pederastas que se besan a la luz del sol desafiando los sexos y el rubor de los policías que guardan la moral pública…

hemos hecho conspiraciones con el hampa para que realicen impunemente sus violaciones, sus incendios, sus genocidios, sus profanaciones, sus asesinatos y sus hurtos…

hemos convidado a los garitos a nuestras amistades reputadas para que los desplumen los tahúres con barajas marcadas, y luego hemos repartido las ganancias…

hemos destruido los lampadarios del templo en la oscuridad límite del alba para esquivar la mirada iracunda de los dioses dormidos…

hemos robado en el comercio lo que necesitaba el apetito y apedreamos las vitrinas inaccesibles a nuestro deseo…

hemos asaltado en la noche a un transeúnte para conocer el rostro del miedo y luego lo pusimos en libertad. Nos hemos burlado de su miedo y del orín que destilaba por el pantalón ante la amenaza metafísica de nuestros puñales niquelados cortantes como chispas de hielo…

hemos blasfemado en el silencio para que retumbe la voz en los nidos de los rascacielos y golpee con furia las ventanas de las habitaciones donde se reza o se copula…

hemos escarbado los basureros como gatos famélicos en busca de la suciedad humana y nos ha parecido que el hombre es el animal más puerco de la zoología…

hemos fumado colillas de cigarrillos recogidas en los escupideros de los teatros, prefiriendo los de boquilla y los nimbados de colorete…

hemos hecho mixturas de sustancias viscosas y hemos transubstanciado el alcohol en una loca explosión de vértigos…

hemos bebido tragos acerados que quemarían los cinco estómagos de la vaca, y derretirían las entrañas poderosas del buitre…

hemos alucinado el espíritu con drogas y mescalinas para que sucumba la razón y flote el subconsciente tenebroso legendariamente oprimido…

hemos engañado a las amantes con votos de fidelidad, pero las traicionamos con rameras que nos aseguran bajo juramento de honor las cruces de la sífilis, y una maravillosa colección de blenorragias. En sus lechos podridos gozamos del amor impuro y de las enfermedades…

nos hemos cansado de amar en lechos católicos y en lechos mercenarios, y en el colmo del hastío ensayamos el odio y la indiferencia sádica hacia los sexos.

Hemos elegido en cambio las vulvas de las ranas o el sexo hiriente de las lechuzas por parecemos de sexualidad más idealista…

hemos prometido la desesperación y la muerte, porque la felicidad y la vida son heredad común de los idiotas y de los cocheros… creemos enormemente en la santidad del crimen y hemos crucificado en altares de sangre a nuestras vírgenes para que regresen Atila, Nerón, Eróstrato, Judas, y todos los asesinos de la historia…

hemos deseado instaurar un gobierno que sea superior en crueldad a todas las tiranías criminales…

hemos deseado que sucumban los débiles, los justos, los desheredados, los puros de corazón y los imbéciles…

hemos añorado en calidad de hombres libres el retorno implacable de la inquisición, de las persecuciones y de las pestes mortíferas que han azotado a la humanidad para que el espíritu sea ungido por la sangre y el sufrimiento…

nos hemos orinado en los asfaltos calientes para ver ascender el humo en forma de plegaria hasta cielos de creencias contradictorias…

dejamos de creer en los dioses vencidos por la máquina para revertir nuestro ateísmo militante en la adoración de las locomotoras y los cohetes de velocidades supersónicas y ultraluminosas…

hemos comulgado, orado sin fe, profanado y blasfemado para desafiar la indignación de los dioses y para que lo divino penetre nuestra carne miserable así sea a través del rayo o del remordimiento…

hemos padecido la miseria con un odio a muerte por el Capital, pero no trabajamos porque el trabajo es atentatorio contra la poesía y contra la dignidad humana…

hemos comido migajas de pan negro y bebido aguas sucias en las alcantarillas para defender el ocio contra el trabajo y la inutilidad de toda acción. Pero también nos hemos hartado de menúes europeos en los night clubs con el producto de nuestras actividades anormales…

nos hemos bebido, comido, fumado y acostado a la burguesía que ve en nosotros la continuación de los valores aristocráticos, pero nos burlamos de su admiración y de paso nos vomitamos en sus floreros y en la bóveda azul de sus retretes…

hemos abdicado los últimos gramos de amor a cambio de una nota de jazz que reviente en nuestros oídos como la trompeta del juicio final…

hemos identificado las profecías del Apocalipsis con la guerra atómica, y nos lamentamos con la cobardía de nuestros jefes de Estado que no se deciden a matarnos…

somos partidarios de las guerras termonucleares y de las armas radioactivas, y estamos políticamente de parte de la potencia que quiera destruirnos y estallarnos como una bomba de jabón en un día pálido de la primavera…

hemos dudado de toda fe, de toda verdad revelada y heredada, no creemos en nada, ni siquiera en nosotros, pero hemos ratificado la bondad de nuestros instintos insaciables, y la confusión maravillosa de la esperanza…

hemos conservado la sangre fría ante las desgracias innumerables de nuestro tiempo…

hemos predicado la necesidad del suicidio y regalamos la receta de nuestros venenos letales. Festejamos la muerte de esas víctimas que sucumben ante la evidencia de nuestras predicaciones malignas, y nos regocijamos porque no despertarán nunca más en la eternidad…

hemos hecho el amor en sitios prohibidos para prolongar el espasmo y los sacudimientos ante el peligro, y nos han encarcelado por aplicar la estética en el erotismo. Porque nos hemos amado bajo los vientres chispeantes de las locomotoras, en los confesionarios, las tumbas putrefactas, los sanitarios públicos, los ascensores, las terrazas celestes, los anfiteatros con los muertos, y bajo los semáforos que iluminan nuestros cuerpos semidesnudos en la semioscuridad acechada por los serenos y las sirenas de los altos hornos industriales…

hemos destruido ídolos de barro y plomo por el solo placer de destruir y renegar de las tradiciones, de los santos y de los héroes…

hemos hecho una literatura alucinada convocando las inmundicias, las libertades, las dudas, los furores y las iniquidades, y nos hemos escandalizado con el poder de nuestro genio negativo…

Somos de una raza nueva que santifica el placer y los instintos, y libra al hombre de los opios de la razón y de los idealismos trascendentes…

Todo lo que tenemos para ofrecerle a la juventud es la locura, pues es necesario enloquecernos antes de que llegue la guerra atómica. El hombre será aniquilado por el hombre. La humanidad borrará en un segundo la historia infame que escribió en un millón de años. Nosotros nos apresuramos a saludar regocijados su desaparición, y nos vomitamos jubilosamente en su inútil historia de miles de siglos. Estamos asqueados, y nos negamos a sobrevivir en esa ilustre inmundicia…

el sol nace siempre según su eterna costumbre sobre la cima de las cordilleras, pero nunca lo vemos porque nos levantamos cuando estalla con los últimos arreboles el alba eléctrica de la nueva noche.

Estamos aterrados de nuestra maldad y solicitamos al Estado que abra para nosotros los manicomios, los presidios y los reformatorios, porque somos geniales, locos y peligrosos, y no encontramos otros sitios más decentes para vivir en la sociedad contemporánea.

Todavía ustedes los moralistas, los racionalistas y los estetas se estarán preguntando: “Y más allá del horizonte de la locura ¿cuál es realmente el fin del nadaísmo?”. Y nosotros diremos: “El Nadaísmo no tiene fin, pues si tuviera fin, ya se habría terminado. Nosotros nos contentamos con progresar devotamente hacia la locura y el suicidio. Hacemos el mal, porque el bien no sienta a nuestro heroísmo”.

NADITACIÓN 14

Al escribir no bebo, ni me estupefaciento, ni me inspiro. A lo sumo estoy algo aburrido, o no timbró el teléfono para escuchar su voz de jazz que tanto me gusta, o estoy harto de medir la extensión tornasolada de Junín, recibiendo el homenaje indignado de los energúmenos.

el nadaísta opina

—No hay que estar orgulloso de ser hombre, ni de pensar. ¿Ves ese par de moscas que se aman? (Señala los bichos con el bolígrafo). Ese par de moscas son felices si supieran qué cosa es la felicidad.

refuta el humanista

—Pero, el hombre es el que ha inventado la palabra “mosca” y la palabra “felicidad”. En eso radica su horrible superioridad sobre los otros animales. A través del lenguaje nombra las cosas como un reclutamiento a la existencia: las convoca de la Nada al Ser.

el nadaísta cierra la discusión

—¿Qué necesidad hay de decir “mosca” si ella Es? Esas moscas hacen el amor sin saber qué es el amor. Para ellas la vida es su lenguaje. En cambio el lenguaje del hombre es un lenguaje para asesinar la vida, un lenguaje de enterradores, un lenguaje de muertos.

Declaro que no escribo mi poesía bajo ninguna influencia mágica, ni turbado por desarreglos psíquicos, ni bajo padecimientos metafísicos, ni buscando fuentes creadoras en la soledad, el platonismo o los éxtasis purificadores. A lo sumo cuento con una porción racional y equilibrada de mi locura, que es la condición insustituible del genio. Sobre mi genio no admito discusiones. Es un dogma.

No sufro éxtasis gloriosos. El misticismo siempre me pareció una enfermedad nerviosa a cuyo trance se llega mediante el ascetismo, las renuncias del placer y las flagelaciones sádicas de la carne. El misticismo es un contrabando; un comercio ilícito del Espíritu con el reino de la Nada donde habitan las esencias puras que no existen.

Maravillosamente yo no me privo de nada, no soy un renunciador; más bien soy un hedonista desenfrenado, un glotón de los sentidos, una especie de bandido de la cultura que ejerce con absoluta libertad sus oscuras y lúcidas inclinaciones al Capitalismo Erótico, o si prefieren, un técnico en la ejecución de los once pecados capitales. ¿Por qué once? Los P. C. (no se lea partido comunista) son siete y el último ha salvado a la Humanidad: la pereza.

En su novedosa aportación a la corrupción de las costumbres, el Nadaísmo ha fundado cuatro nuevos P. C. Son ellos: El Vómito, La Concupiscencia del Estiércol, La Infamia de la Belleza y La Exaltación de la Iniquidad Humana.

—Mamá, ¿qué has hecho para yo nacer?

—Nada, hijo mío, tú eres un fruto del azar.

—¿Por qué no has hecho de tu pobre hijo un Monje Pasionario o un cacharrero edificante?

—Hijo, se nace poeta como se nace con ombligo.

—Yo no soy poeta. Yo soy el Profeta de la Oscuridad Nueva.

En el Hotel. 1 de la mañana.

Acabo de perfumar la planta del pie con sándalo y esencia de tungsteno, como en las bacanales fabulosas de los sibaritas de algún imperio antiguo. Luego piso una cucaracha que es elevada por miles de hormigas atómicas sobre la gravedad terrestre hacia una bacanal zoológica.

¿Qué pasa? Mi antena de la belleza se pone a vibrar como una onda hertziana y me pone alerta porque allí está la Poesía.

Un pelito rubio que tengo en el ombligo –un pelito anglosajón pero no utilitario–, es en mí la antena de la belleza que me guía con certidumbre y adivinación en los misterios del Arte.

Cuando este pelito diminuto, sedoso, cargado de vibraciones eléctricas: conductoras y receptivas, no produce los resultados sensibles por una especie de atrofia o hiperestesia, entonces lo afeito y se produce la catástrofe: el horizonte del arte colombiano se nubla, la poesía se enlutece, Minerva toma Mejoral, se pone histérica, le regresa la mensualidad o las fiebres de la menopausia y termina en el consultorio del psiquiatra o en una clínica de maternidad.

SU PROBLEMA: los poetas nadaístas preñaron a las rosas con electrones de propulsión a chorro.

DIAGNÓSTICO: Padecimiento de complejos ultrarrománticos.

SOLUCIÓN ÚNICA: la marihuana o el suicidio.

¡Yo no tengo la culpa! Aviso a nuestros

críticos de arte que una cuchilla Gillette

azul es la causa desastrosa de nuestra crisis poética.

La poesía nace, en fin, de la Nada de mis pensamientos. De-de-ti-zo el cerebro y dejo que el agujero cerebral se inunde de una eclosión de ruidos disgustantes, olores pútridos, visiones repulsivas, audiciones maquinales, pulsaciones escabrosas, gustos escatológicos, percepciones gelatinosas, y un cierto presentimiento mágico que anuncia desde alguna lejanía que la Oscuridad Nueva se levanta dentro de la boca acerada y mugrienta de un cañón, único seno de un tanque blindado con destellos de hollín, sangre coagulada, olor a pólvora y asesinato.

(Ustedes, los que habitan el reino puro de la normalidad, ignoran los placeres inefables de un tanque blindado que procede de las batallas con licencia de amante).

—¿Cuándo te piensas morir?

—Nunca. Yo soy el Profeta de la Oscuridad Nueva.

No me hago ilusiones sobre la Eternidad. Mi Eternidad es social. Cuando incumpla la cita de amor o no se escuchen mis aplausos en el estadio; estaré difunto cuando yo no sea el motor móvil de las carambolas y del Universo. Entonces yo seré el primero en enterarme: estoy muerto. Mi aniquilamiento también será decretado cuando todas las mujeres que amo caigan como frutos podridos en los brazos de otros al día siguiente de mis funerales. Ya no será mi cielo, ni mi tierra, ni mis novias de ayer, y ellas hablarán entre sí de nuestro amor como un recuerdo sin memoria. Para ese día me doblaré sobre mí mismo como una pestaña o como una flor de aburrimiento. Y algo en mí se asqueará y tendrá horror de saludar lo desconocido.

—Camarero: tráigame un helado de fresas y los Cantos de Maldoror.

—O. Kay.

Prosas para leer en la silla eléctrica


No repartí pan a los miserables, ni fe a los dudosos, ni consuelo a los dolientes. Ejercí una rara caridad repartiendo asco a los puros y desdicha a los infelices. Contagié la desesperación como una peste sagrada, pues tal misión me fue encomendada por el Demonio…

(Testamento)

EL GENOCIDA DE CIELO DRIVE

¿Cómo podemos llegar a abatir el Establecimiento? No podemos “hechizarlo”, ya he tratado de hacerlo, he tratado de salvarles. No han querido escucharme. Ahora debemos destruirlo.

Charles Manson

Muy bien, maten si quieren al “hombrecillo” Charlie, para eso ustedes hacen las leyes y pagan los verdugos de la silla eléctrica.

¡Salven la Gran Sociedad de ese monstruo genocida!

Condenen sin piedad al bastardo al desalmado al impostor nazareno del Cañón de Topanga que se hace pasar por Jesús.

Achicharren su pellejo en electricidad hasta que hieda.

Hasta que reviente…

Cóbrenle caro a esa basura la linda estrellita Sharon Tate y su bebé y las otras celebridades de la noche horrorosa del crimen en Bel Air…

A sangre fría, a fuego lento de electricidad, con un tiro de gracia, en el patíbulo, con el tajante “corte de franela” democrático de la guillotina… ¡o en la cruz! Para escarmentar a los falsos profetas dementes de Dios: los hechizadores de almas bajo la Luz de Oriente.

¡Aticen la silla del voltaje civilizador!

Matar en nombre de la Ley no es matar. La venganza es una virtud democrática.

¡Ardan al bastardo en nombre de Dios y las estrellas tetonas de Hollywood…!

de Sinatra y la pandilla millonaria de Las Vegas…

del celeste Empire State Building y la Estatua de la Libertad…

de la negrada amotinada de Harlem y Chicago…

del Time is Money y el alunizaje triunfal…

de la tea simbólica y la llamita sepulcral de gas Eterno…

de la tumba del Soldado Desconocido muerto heroicamente en el Extranjero…

de la Cultura Occidental de la Coca-Cola y el chicle bomba de napalm…

del asesinato del Che y el Limpio Estilo Americano (Clean American Look)…

del archimillonario demócrata de los Supermercados mundiales Rockefeller y sus fundaciones para la caridad y la cultura…

de Wall Street que llena la bolsa de Judas con el oro negro de la esclavitud colonial, con el hambre de Biafra, la explotación india de Suramérica, con su industria pesada floreciente de cañones en Vietnam, con los dictadores condecorados de rodillas en el pecho de sus chequeras y sus charreteras, con las barras de acero y las estrellas de plomo de su bandera para encerrar la Libertad y eclipsarnos su Luz…

En nombre de los ángeles indios Pielrojas y los demonios negros pielesnegras exterminados por el Fascismo Blanco Encapuchado de la Casa Blanca.

En nombre de la NASA el PENTÁGONO la ONU la OEA el NEW YORK TIMES la GENERAL MOTORS el terror de la CIA y la POLICÍA y de toda la MIERDA encementada de USA etc.… Y en nombre del Honor Americano y de la Muerte: maten al “hombrecillo” que oraba por Nosotros en el monte de olivos de Topanga.

Para la democracia de América da lo mismo que la víctima se llame Jesús, José, Mary, Manson, y que el suplicio sea cruz, bala, río, electricidad. Ante todo el Dólar y la Gran Sociedad.

Man-son: Hijo del Hombre: hijo de putica de Cincinnati, 16 años. (“Los periodistas le dicen puta pero ella es una niña flor”.) El “hombrecillo” mide 1,50, tiene peso de asceta y 34 años de los cuales 22 pasó en cárceles y reformatorios del Estado.

Man-son: Hijo del Hombre como su antepasado que iba a purificar su alma y orar a Dios en los desiertos judíos por la salvación del mundo.

Mátenlo también pero recuerden lo que hacía en el Cañón de Topanga:

—Yo había decidido ir a las montañas para hablar a Dios y excusarme ante Él por estos 19 siglos de fango.

Mátenlo aunque diga a su abogado en la Cárcel Más Grande del Mundo:

—No pueden hacerme nada.

Mátenlo aunque él cree que es imposible.

—Pueden destruir mi cuerpo, pero no pueden matarme.

Mátenlo, pero escuchen su última canción hippie:

—Dicen que no soy bueno pero a mí me da igual,

retírate de la corriente no perteneces a nadie.

Maten al asesino mesiánico que mataba religiosamente por Amor para salvar al Hombre de los Poderes Tenebrosos del Imperio.

Mátenlo pero recuerden su Filosofía de Calabozo:

—22 años bajo las botas y las porras con que me han aplastado.

Mátenlo pero bien matado en nombre del Limpio Estilo Americano. Y después de la ceremonia, ¡Comed hamburguesas MacDonald: hasta hoy hemos servido mil millones!

Gud bay Manson, pobre hijo de puta.

EL SERMÓN ATÓMICO

Un poeta nadaísta, ni amargo ni alegre, sin fe pero sin desesperación, definió el mundo con una frase feliz. Dijo que: “El mundo es verde, y sin embargo no hay esperanzas”. Y es verdad. ¿Qué necesidad hay de esperanzas si estamos vivos? Vivir es en sí el acto más esperanzado del mundo. Sólo en la muerte no existe la esperanza.

El Nadaísmo es la apoteosis del milagro de vivir. Es una liberación y al mismo tiempo una afiliación a la Vida, partiendo de la muerte del viejo Ser del hombre, todo esto realizado en una Revolución Reconstructiva en sí misma, y en sus relaciones con el mundo.

Crecer bajo el sol

bendecir este mundo

vivir en la plenitud de la conciencia

colmar los apetitos del deseo

realizar los impulsos vitales de nuestro ser

rebelarnos contra los dogmas opresores de la razón

negar la moral ascética que predica la resignación

romper las cadenas que nos esclavizan a la tiranía del maquinismo

renunciar a los falsos dioses del Paraíso para salvar nuestra vida

salvarla afirmando nuestra rebelión, reivindicando en la protesta los prestigios de la Gloriosa Aventura Humana.

Por eso somos profetas y religiosos, depositarios de un nuevo fervor cósmico, portadores de fulgurantes verdades para dar el salto a la salvación. La pasión de nuestro pensamiento gira en una órbita de santidad.

La revolución que predicamos es humilde y orgullosa: no pretendemos conquistar el mundo, sino conquistarnos a nosotros mismos mediante un alto sentido espiritual, un sentido que unifique nuestro ser terreno y eterno.

Predicamos la conquista absoluta de la vida. Predicamos la conquista absoluta del pan sin excluir el paraíso. Predicamos una Revolución espiritual en la que el valor más sagrado del hombre lo constituya la dignidad de su cuerpo. Sólo así, bajo el peso de la soledad de la cruz, se podrá marchar a la redención del hombre y del mundo.

Practica como verdad universal la verdad de tu vida

no sigas banderas de partidos idiotas

no rijas tu vida por credos que te fabrican unos canallas que no creen en nada

no te rindas a las leyes de hierro de una moral que sólo quiere encadenar tus impulsos

no ingreses al orden de esta sociedad fabricada por fariseos y mercenarios

no ofrezcas tu cuerpo sagrado para que te entierren en las bóvedas confortables del conformismo y la resignación.

¡Sublévate!

¡Estalla la bomba de tu ternura aterradora!

¡Sacude tu humanidad humillada, pues hay un dios oprimido dentro de ti! Libera a tu dios. Despierta a tu dios para que sueñe. Préstale tu voz para que cante. Tus poderes son infinitos. Libera tu energía y conquista la Tierra.

No reconozcas el poder de los poderosos. Ellos sólo cuentan con las armas. Pero hay en ti un poder indestructible. Te pueden acribillar a balazos, aprisionar, degradar, pero serás invencible si no te rindes a su mentira.

No te humilles. No te dejes abofetear por segunda vez. Escupe la cara del verdugo. Muérete de risa antes de que esta Civilización criminal te decapite. Que tu última palabra en la horca no sea para pedir perdón, sino para cantar o maldecir.

No creas en la dulce mansedumbre del Cristo. Los verdugos son insaciables y crueles. Por eso abusan de nuestra paciencia y nuestra fe.

¡Contesta con bofetadas a las bofetadas!

¡A la muerte con la muerte!

Convierte el Terror, si es necesario, en una ética de salvación.

No conquistes tu Reino con oraciones, sino con violencia. Pues con la violencia los Césares nos han subyugado. Y Césares son hoy todos los que dominan el mundo con Razones Atómicas, con Razones imperiales. Sus tronos están levantados sobre tumbas, tanques, oro, brutalidad, y un poder infinito de destrucción. Y también sobre el miedo y la miseria de los pueblos.

Ellos son poderosos porque nos han robado nuestra fuerza. Con nuestra fuerza los hemos empujado al trono. Pero nos han traicionado. Nos han capado la dignidad y el coraje.

No te hagas trampas, ni juegues más a la inocencia. Cada pelo de tu ser es responsable del destino del mundo. Tus actos son soberanos y tienen el poder infinito de elegir el mundo que sueñas, en el que anhelas vivir. Sólo de ti depende vivir en una tumba o en un templo, digno o envilecido. En tus manos está elegir tu destino y el de tu patria.

No seas canalla eligiendo para tu patria a los canallas. No te entierres eligiendo para ti un mundo donde sobrevivir significa renunciar a vivir. Tu libertad puede ser sagrada o maldita si ella exalta la vida o la deshonra.

No olvides que la vida es un milagro, que tu vida es lo único nuevo y absoluto que existe bajo el sol, y que sólo eres inmortal en la medida en que estás vivo. Y que sólo estás vivo si eres consciente, si eres libre, si das a la tierra que te legaron un sentido maravilloso, y a tus actos un valor sagrado: honrar al hombre como si fuera un dios.

Porque tú eres el Mundo, y debes estar orgulloso de que cada acto tuyo sea responsable de la tierra y el cielo. Tú no tienes jefes. Tú no tienes más jefes que tu conciencia, que tu responsabilidad absoluta. Acepta por jefe, nada más, aquel que encarne la revolución espiritual de que te hablo. A ése síguelo como a ti mismo, pues hablará con tu voz, decidirá con tu voluntad, elegirá con tu libertad. Ése tomará el poder para ser la conciencia de la vida, identificar tu Ser con el del Universo, y dar una oportunidad a las posibilidades infinitas del hombre.

No te dejes urbanizar la conciencia. No olvides que eres un Milagro con pantalones. Mas nunca es tarde, ni todo será consumado, si comprendes una cosa: que posees el secreto de la Naturaleza, que estás vivo, y eres el hijo predilecto de las estrellas.

Tu vida es bella, tu vida es santa, y la salvación está en el mundo. Yo te amo desde el fondo de mi desesperación, pero también sería capaz de odiarte si eres la amenaza y la negación de la vida. Por eso te recuerdo la única verdad que merece ser recordada, y es ésta: hoy o mañana vas a morir, solo y sin esperanzas como se mueren los vivos. Pero sé de una cosa que derrota a la muerte, y esa cosa es tu propia vida.

Entonces, no te queda sino un camino, y es éste: entrégate a vivir mortalmente, en cuerpo y alma. Sólo eso te salvará. A esa pasión de vivir y de morir yo la llamo inmortalidad.

Ya sabes cuál es el destino de tu ser divino: serás un dios cuando seas verdaderamente un hombre. Cuando resucites del foso pútrido de resignaciones y cobardías que es tu vida, en la que ese hombre posible que eres, yace cautivo.

En ese instante la revolución del hombre dejará de ser histórica para volverse historia sagrada. ¡No lo olvides, y asciende! ¡Nosotros somos hijos del sol!

ELEGÍA A DESQUITE

Sí, nada más que una rosa, pero de sangre. Y bien roja como a él le gustaba: roja, liberal y asesina. Porque él era un malhechor, un poeta de la muerte. Hacía del crimen una de las bellas artes. Mataba, se desquitaba, lo mataron. Se llamaba Desquite. De tanto huir había olvidado su verdadero nombre. O de tanto matar había terminado por odiarlo.

Lo mataron porque era un bandido y tenía que morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del poder.

Al ver en los diarios su cadáver acribillado, uno descubría en su rostro cierta decencia, una autenticidad, la del perfecto bandido: flaco, nervioso, alucinado, un místico del terror. O sea, la dignidad de un bandolero que no quería ser sino eso: bandolero. Pero lo era con toda el alma, con toda la ferocidad de su alma enigmática, de su satanismo devastador.

Con un ideal, esa fuerza tenebrosa invertida en el crimen, se habría podido encarnar en un líder al estilo Bolívar, Zapata, o Fidel Castro.

Sin ningún ideal, no pudo ser sino un asesino que mataba por matar. Pero este bandido tenía cara de no serlo. Quiero decir, había un hálito de pulcritud en su cadáver, de limpieza. No dudo que tal vez bajo otro cielo que no fuera el siniestro cielo de su patria, este bandolero habría podido ser un misionero, o un auténtico revolucionario.

Siempre me pareció trágico el destino de ciertos hombres que equivocaron su camino, que perdieron la posibilidad de dirigir la Historia, o su propio Destino.

Desquite era uno de ésos: era uno de los colombianos que más valía: 160 mil pesos. Otros no se venden tan caro, se entregan por un voto. Desquite no se vendió. Lo que valía lo pagaron después de muerto, al delator. Esa fiera no cabía en ninguna jaula. Su odio era irracional, ateo, fiero, y como una fiera tenía que morir: acorralado.

Aun después de muerto, los soldados temieron acercársele por miedo a su fantasma. Su leyenda roja lo había hecho temible, invencible.

No me interesa la versión que de este hombre dieron los comandos militares. Lo que me interesa de él es la imagen que hay detrás del espejo, la que yacía oculta en el fondo oscuro y enigmático de su biología.

¿Quién era en verdad?

Su filosofía, por llamarla así, eran la violencia y la muerte. Me habría gustado preguntarle en qué escuela se la enseñaron. Él habría dicho: “Yo no tuve escuela, la aprendí en la violencia, a los 17 años. Allá hice mis primeras letras, mejor dicho, mis primeras armas”.

Con razón… Se había hecho guerrillero siendo casi un niño. No para matar sino para que no lo mataran, para defender su derecho a vivir, que, en su tiempo, era la única causa que quedaba por defender en Colombia: la vida.

En adelante, este hombre, o mejor, este niño, no tendrá más ley que el asesinato. Su patria, su gobierno, lo despojan, lo vuelven asesino, le dan una sicología de asesino. Seguirá matando hasta el fin porque es lo único que sabe: matar para vivir (no vivir para matar). Sólo le enseñaron esta lección amarga y mortal, y la hará una filosofía aplicable a todos los actos de su existencia. El terror ha devenido su naturaleza, y todos sabemos que no es fácil luchar contra el Destino. El crimen fue su conocimiento, en adelante sólo podrá pensar en términos de sangre.

Yo, un poeta, en las mismas circunstancias de opresión, miseria, miedo y persecución, también habría sido bandolero. Creo que hoy me llamaría General Exterminio.

Por eso le hago esta elegía a Desquite, porque con las mismas posibilidades que yo tuve, él se habría podido llamar Gonzalo Arango, y ser un poeta con la dignidad que confiere Rimbaud a la poesía: la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero la vida es a veces asesina.

¿Estoy contento de que lo hayan matado?

Sí.

Y también estoy muy triste.

Porque vivió la vida que no merecía, porque vivió muriendo, errante y aterrado, despreciándolo todo y despreciándose a sí mismo, pues no hay crimen más grande que el desprecio de uno mismo.

Dentro de su extraña y delictiva filosofía, este hombre no reconocía más culpa, ni más remordimiento que el de dejarse matar por su enemigo: toda la sociedad.

¿Tendrá alguna relación con él aquello de que la libertad es el terror?

Un poco sí. Pero, ¿era culpable realmente? Sí, porque era libre de elegir el asesinato y lo eligió. Pero también era inocente en la medida en que el asesinato lo eligió a él.

Por eso, en uno de los ocho agujeros que abalearon el cuerpo del bandido, deposito mi rosa de sangre. Uno de esos disparos mató a un inocente que no tuvo la posibilidad de serlo. Los otros siete mataron al asesino que fue.

¿Qué le dirá a Dios este bandido?

Nada que Dios no sepa: que los hombres no matan porque nacieron asesinos, sino que son asesinos porque la sociedad en que nacieron les negó el derecho de ser hombres.

Menos mal que Desquite no irá al Infierno, pues él ya purgó sus culpas en el infierno sin esperanzas de su patria.

Pero tampoco irá al Cielo porque su ideal de salvación fue inhumano, y descargó sus odios eligiendo las víctimas entre inocentes.

Entonces, ¿adónde irá Desquite?

Pues a la tierra que manchó con su sangre y la de sus víctimas. La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.

Los campesinos y los pájaros podrán ahora dormir sin zozobra. El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe.

Los soldados que lo mataron en cumplimiento del deber le capturaron su arma en cuya culata se leía una inscripción grabada con filo de puñal. Sólo decía: “Ésta es mi vida”.

Nunca la vida fue tan mortal para un hombre.

Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?

Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.

SERMÓN CONTRA JESÚS

Cultiva una risa saludable para espantar las enfermedades del espíritu: suicidio y locura.

Los que hacen melodrama con la Literatura terminan en el Calvario, la droga, el manicomio. Porque la peor locura del hombre es amar al hombre, salvarlo. Pues el hombre es irredimible.

La risa sigue siendo mi tabla de salvación para no caer al precipicio (evasión y muerte), y preservar un mínimo de optimismo vital necesario al espíritu.

A los futuros calvarios hay que subir en helicóptero para evitar delirios redentores y, de paso, la caída.

¡Basta de masacres y horrendos martirios!

Jesús ahogó en sangre el Espíritu. Aún nos aplasta la crueldad de su cruz. Su dolor nos esclaviza a la piedad, nos hace cómplices culpables de su revolución fracasada. Víctimas de su idealismo que ya dura veinte siglos sin Sol.

Es hora de que estalle la aurora de una conciencia libre, hija del Universo, sin chantajes ni terrores metafísicos, sin remordimientos ni esperanzas, sin verdugos ni crucificados.

Desclavemos al Mártir de su símbolo oxidado, despertemos de su sueño imposible. Sólo así la humanidad podrá salvarse de su Salvador.

La cruz cristiana cumple dos mil años de arrodillar el alma, esterilizarla en la ilusión, el arrepentimiento. Hemos vivido infernalizados en la expiación, el miedo, la castración del espíritu, el complejo deicida. Su moral ha embarrotado la conciencia del hombre, atándolo a los laberintos ciegos de la razón, retardando su fulgurante despertar cósmico.

Avasallados por ídolos de oro y santos de palo, limosneando perdón y misericordia a deidades misteriosas, tiranas, a cambio de la más cobarde traición a la tierra y al hombre mismo. ¡Basta del terrorismo celestial! Todos los altares son patíbulos. Todas las iglesias son tumbas. Los sacerdotes son mercenarios de Dios o del Poder.

Vivimos en los subterráneos de la mente, ser-vil-mente, a la sombra del Hombre, ocultándonos de él. El fantasma de Cristo empavorece las almas, eclipsa la Tierra. Aún no hemos asomado la verdadera cara al verdadero Sol.

Amigo Jesús: me saco tus clavos, deja ya de atormentarme con tus promesas. Devuélveme la tierra y el ímpetu solar. Quédate con todo el Cielo. Yo te perdono por querer redimirme. Perdóname Tú por hacerte sufrir.

Descendamos juntos del Peñasco, mi buen crucificado, y vámonos por las praderas en busca del Sol. Respiremos el aire purificador, lavemos nuestras heridas en el lodo de los cráteres, en los mansos lagos; despojémonos de ilusiones y paraísos, exprimamos el jugo de los trópicos, reventemos la coraza del almendro y comamos su corazón de carne. Acostémonos sobre la hierba a contemplar este crepúsculo que puede ser el último de la tierra y el primero de nuestro nacimiento cósmico.

… Te he querido tanto, mi pobre Redentor, pero debo dejarte, salvarme solo. Olvídame, yo también te olvidaré.

Del dolor que me dejaron tus clavos brotarán alas en mi espíritu. Me esperan mundos boreales, alboradas en otros planetas, músicas desconocidas, barcas de adorables monstruos, alondras que vuelan sobre la gravedad de Newton, emplumadas serpientes diseminando cantos floridos en el firmamento de los Rayos Gamma. ¡Aleluya, la tierra resucita, nada está vacío de Dios, todo está poblado de vida eterna! Su eterno rumor es un canto de cuna que despierta los cielos y enciende los astros apagados. ¡Yo mismo soy un planeta muerto en la noche racional, en busca de la Luz Demente donde todo ES en incesante reflujo bajo el relámpago exterminador!

Adiós, carpinterito, toma tu cruz y déjame. Tus idealismos me tuvieron crucificado veinte siglos viejos. Me arranco tus clavos, me libero. No doy la medida del hombre. Me voy a fertilizar la carne con polen de planetas vírgenes. El Universo es mi destino y mi lecho. Mi conciencia se desnuda de viejos harapos, de tus virtudes descarnadas. Estoy listo para las Nuevas Fornicaciones. Que me preñe el Ojo Centella del Dios Terrible. Que rujan en mi mente los orgasmos de Dios. Quiero morir definitivamente ¡en lo que Ser!

ÁGUILA NEGRA

Le decían Águila Negra. Me tocó el honor aterrador de compartir con él dos metros de ladrillo en una prisión, una mañana de domingo. Yo ni siquiera sabía que era un bandido. Lo supe después cuando vi su foto en el periódico abaleado, muerto en la Ley de Fuga.

Esta es la imagen imborrable que tengo de él: muy alto, cetrino, ojos tristes de fiera acorralada, esquelético, torturado como un asceta, limpio. Aunque no miraba a nadie el contorno de esa mirada era su reino. Hipnotizaba, fulminaba, atrapaba. Pienso que ninguna mujer podía decir no a esa mirada, o lo pagaba con su honor. Desarmaba toda resistencia física o moral. Era, tal vez, el bastardo de un dios.

Estaba sentado al sol en un banquito de madera. No hacía nada, pero ser le bastaba. Pertenecía a la familia de los Absolutos: solo, solemne, soberano. No tenía amigos, no necesitaba nada de nadie, no hacía intimidades ni las exigía de otros. Parecía tan irreal, como de otro mundo.

Sin referencia a su pasado –que luego supe tenebroso– irradiaba cierta pureza, un misticismo negro. Lo circundaba un aire misterioso que infundía respeto, temor, veneración. Era hermosa su indiferencia por todo, menos por sí mismo, por su mundo interior, fantástico, en el que realmente estaba cautivo. Pues vivía más allá de los muros y los carceleros, en la imaginación. Su paz era sólo apariencia, fatiga, desolación. En el fondo se fermentaba el drama, y este drama hundía sus raíces en la muerte.

Su rostro tenía la dignidad de un líder. Con sacrificios había fabricado las perlas para su aureola de terror. En su mutismo, en su quietud, resplandecía la lucidez, la inteligencia fría del que mata para ganarlo todo, o perderlo todo.

No deja nada a medias: ni se resigna, ni perdona, ni transige. No es una lucidez racional, sino de vitalidad cósmica.

Espíritu Absoluto, de pasiones satánicas limitantes en lo religioso. Lo arrasará todo a su paso: hombres y cosas. Sin piedad, sin remordimientos, enceguecido por su ideal pánico destructivo. Es el enviado de la muerte, y a su paso sembrará muerte, desolación, caos. Todo es violado: la inocencia, la pureza, el dolor, las vírgenes. Será olvidado por sus víctimas pero recordado por quienes sobreviven y dan fe de sus hazañas.

Tales los imperativos de su acción: cambiar el orden, y si no es posible, destruirlo. No es consciente de su misión, pero como es un Iluminado, la adivina. Su misión no es histórica sino religiosa, mejor dicho, satánica. Por eso no apela a razones sino a sus delirios, a sus éxtasis donde oye voces y escucha órdenes del misterio como un poseído.

Ahora este genio del mal está enjaulado y agoniza. Su enfermedad mortal se llama desesperanza.

Deseaba meterme en su universo sellado por el silencio y su aire desdeñoso, olímpico, de superioridad. Primero lo contemplé desde varios ángulos sin que me viera. De todas partes su perfil era profético, azaroso, espectral. Sin duda era grande en su perversión y en su delirio. Estar junto a él era quedar anonadado, sin ser. Su presencia era todo, y todo era él. Todo existía para que él existiera, para que él ordenara y se obedeciera, para que él hablara y todo fuera silencio.

Su nombre era tan famoso como su efigie, y sin embargo nadie lo reconocía, parecía olvidado. Las autoridades le habían concedido un privilegio: le habían desocupado una celda colectiva para él solo. No porque significara un peligro para los demás, sino porque los demás no soportaban su presencia. Era aplastante, exasperante. Este solitario tenía bien ganada la soledad. Y con su soledad no se metía la justicia, era su ley.

La naturaleza de Águila Negra había dejado de ser humana. Por el terror se había conquistado las alturas donde moran los dioses, o sus abismos. Vivía más allá de la expiación y la pena. Su brutalidad había rebasado los límites de un código, ya no cabía en sus castigos. Sus culpas exigían nuevas leyes. Yo pensé que esa de su soledad era la peor. ¡Qué lejos, qué honda y qué sola erraba ahora su mirada dentro del alma! A su manera era un místico.

Este asesino fue mi mejor experiencia, aunque no hablamos. Me bastó conocerlo para no olvidarlo. Me acerqué con indiferencia, con frivolidad, dando la impresión de que su existencia no me interesaba. Al pasar a su lado dije para mí:

—Ah, qué sabrosa esta sombrita…

Y me senté a dos metros de su banco. Todo el contorno estaba desierto, y un sol cegador se derramaba en el cemento. El bandido no dijo nada, ni siquiera miró. Parecía sumergido en sí mismo, como sonámbulo, pero estaba despierto y miraba la lejanía, esas lejanías donde sucedieron: su infancia, sus sueños, sus aventuras, las azules montañas al atardecer, las cometas, la luna llena, una muchacha de nube su amada, un regimiento, una ráfaga mortal, un alarido, mil ráfagas, el rostro de su padre muerto, las arrugas de su madre, la huida, el desarraigo, la soledad, el cansancio, el coraje, las canciones guerreras, el arco iris, el trueno, la muerte y su legión de cadáveres, la nada, el cielo otra vez, siempre el cielo a la altura de sus ojos…

Y ahora estaba aquí enjaulado, solo, sin porvenir, sin un amigo, sin un árbol, sin estrellas para atacar al enemigo, sin un alba, sin el rocío, sin los ríos salvajes, sin la selva, sin pájaros cantando, sin sus aleteos, sin la luna llena derramándose en el follaje, sin el dulce nombre de Dios, sin la carne asada en hogueras bajo las estrellas, sin su ametralladora que era la ley en su vasto imperio de terror, sin ron, sin risas de mujer, sin el cuerpo caliente de la hembra sobre la hierba, sin los tallos erguidos de los girasoles que son planetas, sin esos hombres que conducía a la muerte y a quienes llamaba “mis muchachos” con ternura; sin ellos que olían a toro, a sudor de macho, a peligro, sin la luz errante de las luciérnagas en noches oscuras, sin el chillido de los grillos en celo, sin perfumes agrestes, sin aromas, sin esa flor roja llamada “veranera” y que tal vez le recordara la sangre y era bella a sus ojos alucinados; sin su libertad, sin él mismo que ya no era nada ni nadie: sólo silencio, nostalgia y pesadilla…

Después de media hora hice un comentario idiota sobre el verano, que el sol calentaba horrible o algo así. Claro que calentaba, y eso no tenía importancia. Me sentí derrotado. Ya había agotado los pretextos del fósforo y el verano, y la comunicación fue inútil. Con este bandido no se podía intentar una intimidad por vías humanas, por el trato social convencional. Este asceta trágico y solitario rechazaba la intimidad con aquellos que no fueran de su raza, que era raza de duros como el acero.

Como era amante de lo Absoluto, había cambiado el lenguaje de los disparos por el silencio. Pues con las balas se mata, y con el silencio también. Las palabras apenas hieren. Las olvidó. Sin su ametralladora se defendía en el silencio. Este silencio era mortal y nadie osaba turbarlo impunemente.

¡Qué ignominia la prisión para este bandido! Si era justa desde el punto de vista de las leyes sociales, no lo era desde la Naturaleza, pues atentaba contra sus fuerzas invencibles. Águila Negra era de la estirpe de los cataclismos, los terremotos, las hecatombes: fuerzas brutas, torrentosas y ciegas que ninguna ley racional puede dirigir. Sólo dejar que cumplan su ciclo de destrucción y se aniquilen o sean aniquiladas.

Por eso no perdonaba al bandido su rendición. Mi devoción a la fuerza que adoraba como un mito, le exigía morir en combate, o eliminarse antes de claudicar. Con su entrega a la justicia había hecho el juego estúpido de los valores civilizados, y estos le dieron a beber su cáliz de humillación. En ese momento de debilidad fue miserable, indigno de su mirada aterradora y negrísima.

Me sublevaba verlo en la impotencia sudando como un condenado bajo un sol burgués entre los altos y poderosos muros. Había traicionado su destino épico, guerrero. Ahora se devoraba en silencio, rumiaba su historia con pesadumbre, abatido por el peso de tanta gloria. Su vida se apagaba parejo con su roja y fulminante estrella de aventurero.

La imagen de esta decadencia sería un águila prisionera en la jaula de un canario. Para encerrarla le habían cortado sus gigantescas alas. Ya no volaba. Pero tampoco se arrastraba, es cierto. En este orgullo volvía a florecer su estirpe de epopeya. Para no arrastrarse prefirió la quietud. Esa serenidad aún evocaba la dignidad del vuelo, la majestad del águila abatida que fue gloriosa en una época, en espacios de luz, en los oscuros dominios del relámpago.

Águila Negra pasó del vuelo a la quietud como las altas palmeras doblegadas por la tormenta. Un coloso animal, no héroe sino bárbaro. El oscuro barro del hombre divinizado por la fuerza, alimentando su alma en los oscuros manantiales del terror, del fuego, hasta llegar hondo a los yacimientos de luz.

Derrumbado en su banco, aunque erguido, Águila Negra era un alto esqueleto forrado en piel marchita, amarillenta. Dramático en su mutismo, azaroso en su indiferencia. Semejaba un estoraque o algo así colosal que desafiaba las alturas y los abismos. Algo necesario para medir las profundidades de lo tenebroso y lo celeste, del Bien y del Mal, de los extremos. Ser arriba o abajo era la oscilación de su destino. No en la mitad, no en la ley, sino en la Nada o en la Eternidad, como en un asalto armado a las Tinieblas y el Misterio del Ser.

Renuncié definitivamente a oír su voz. Lo preferí a que lo que dijera destruyera la leyenda. Ya el sol había invadido mis dos metros de sombra. Sudaba a chorros. Me levanté. Pasé frente al bandido. De sus labios resecos colgaba un tabaco mascado, sin fuego. Lo único humano que noté fue su dentadura de oro. Lo demás era el espectro de un dios que había divinizado el mal.

Lo imaginé muerto. Era ridículo. Hasta en la muerte este hombre era imposible, extraordinario. Para su estatura formidable no existía ataúd. Muerto sería inhumano. Él sería un cadáver grande como la grandeza. ¡Su tumba sólo podía ser el mar, la colina, el olvido de Dios!

SERMÓN DE LA CIUDAD

La verdad no es eterna.

Donde la verdad muere nace otra verdad a la vida.

Hay que aceptar estas muertes y resurrecciones que son procesos naturales del Ser.

Reprimir esas renovaciones inherentes al hombre y lo social, es un pecado mortal contra la naturaleza y el espíritu.

Pues ningún don se nos legó como gratuito y absoluto: ni la tierra ni el cielo.

Nada es de nadie.

La tierra es una fiesta a la que fuimos invitados, y nadie tiene derecho a usurpar el pan, el vino, las rosas.

Todo lo que existe es Nuestro por el tiempo de la jornada que nos asignó la vida.

Lo que queda del sudor y los frutos retorna a los que empiezan, que a su vez gozarán, sudarán, y legarán lo que heredaron: el vivificante polvo que abonará la vid y la espiga para festejar a los futuros celebrantes.

Cada uno traerá su ansia, su sed, su porción de felicidad por vivir, sus sueños por realizar, sus ojos hechos a la luz, su alma en un cuerpo bendito.

La chispa de la vida es inmortal, y todo el oro es poco comparado con su luz. Pues lo que vale del oro no es el oro, sino el milagro de la chispa que lo hizo posible.

Hombres: el dinero es la muerte, y vosotros estáis dedicados al dinero y no a vivir.

Estáis cometiendo un crimen horrendo y seréis castigados implacablemente.

El fin apocalíptico se aproxima.

Esta civilización será vuestra ruina.

Asesinasteis el alma para meter vuestros cuerpos en tumbas confortables con aire acondicionado, colchones de plumas, televisores para mirar el desfile demente de fantasmas, la muerte en tecnicolor.

¿A esta agonía lenta, este afán de dinero, de poder, de perder el tiempo de vivir acumulando muerte, a esta maldita manía capitalista llamáis Progreso?

¿Será progreso esclavizarnos al trabajo, a la necesidad de consumir y consumir, envenenarnos el aire, prohibirnos el cielo, disfrazarnos de militares, overoles, sotanas, condenados a muerte?

Avaros y codiciosos: cerrad vuestras fábricas-prisiones,

vuestros templos del becerro de oro,

vuestros bancos de usura,

vuestras universidades de rebaños lógicos,

vuestros cuarteles de lobos obedientes,

vuestros sindicatos de esclavitud remunerada,

vuestras academias de lenguas muertas y mentiras de la historia,

vuestras oficinas de Sísifo burgués,

vuestras alienadas salas de cultura,

vuestros salones de belleza y pompas fúnebres,

vuestros libros de melancolía y maldiciones,

vuestros códigos de injusticias,

vuestros parlamentos de loros amaestrados,

vuestros prostíbulos de carne podrida y maquillada,

vuestras notarías para autenticar el pillaje y la propiedad robada,

vuestras cajas fuertes de vicios solitarios y pecados capitales,

vuestras habitaciones atiborradas de bienes materiales y egoísmos incurables,

vuestros monederos falsos de caridad farisea,

vuestras alcobas de concubinas enjoyadas, perfumadas y preñadas de pus,

vuestras gerencias de celestinos de la imperial ramera del capitalismo con su millón de candados y cadenas para computarnos el pan, la vida, la libertad…

Sepultureros, carceleros, economistas mercenarios, asesinos de uniforme, predicadores de mentiras, sabios del genocidio, capataces borrachos de poder, sacristanes de Jesucristo el Sedicioso, Estadistas de la estafa, doctores de la Iglesia del César, cerebros electrónicos de la Muerte Universal: ¡BASTA!

El juicio final os ha llegado.

Nos declaramos en libertad.

Asumimos el mando de nuestra vida.

Declaramos la guerra a muerte al poder de vuestras máquinas, vuestras armas, vuestras constituciones, vuestras chequeras, vuestras razones de Estado, vuestros verdugos… hasta hundir en los infiernos el Arca monstruosa de esta civilización con todos sus crímenes tecnológicos y pecados capitalistas.

Rescatemos al hombre del imperio de la necesidad al reino de la libertad, para que vuelva a ser hombre en los reinos naturales, hermoso, feliz, fiel al espíritu del Día Siete que liberó la vida de los terrores de la Nada y el Caos.

La misión del hombre es ser humano, y su destino la libertad.

Arrojemos al infierno esta civilización condenada por sus crímenes: los enemigos de la vida no pueden convivir con los enemigos de la muerte.

Los enemigos del amor no pueden convivir con los enemigos del odio.

Los verdugos no pueden convivir con sus víctimas.

El poder no es compatible con la libertad.

El dólar mata con su beso de Judas.

Compatriotas de la Tierra: la hora de vivir, es ahora.

El Árbol de la Vida está lleno de frutos.

Cualquier día es Domingo de Resurrección para los que no estáis muertos.

¡Feliz noche bajo las estrellas rojas, que preceden las auroras del hombre!

GAITÁN

9 de abril: la misteriosa madeja del destino. La muerte de este hombre altera mi vida. Cuando lo mataron, yo ni siquiera había nacido a una conciencia de ser. Era el fruto bastardo de unas bodas entre la ignorancia y una ideología fetichista fundada sobre el mito y la mala fe, que lo único que tenían de bueno era la inocencia en que se inspiraban.

Yo contaba entonces 16 años y tanto el pensamiento como la vida me eran frutos prohibidos. Lo poco que sabía entonces se me había enseñado partiendo de una moral basada en el terror al infierno. Quizá Gaitán había sido arrojado del altar de mi familia como un camarada del demonio, pues sólo hasta ese viernes de 1948 oí por primera vez mencionar su nombre: habían asesinado a un caudillo en Bogotá. ¡Se llamaba Jorge Eliécer Gaitán! Y la radio empezó a tronar los ecos fatídicos de una revolución tardía y frustrada cuyos himnos eran de muerte.

La belleza de la revolución se revolcaba en el lodo de la demencia y el crimen: el aborto era bautizado por el diablo. Esa tarde, la Revolución se resbaló y cayó en el infierno de la violencia. Después supe por qué. Aquella tarde no lo comprendí. Mi padre nos encerró en un cuarto oscuro y nos rezó como siempre que había tormenta: “Aplaca Señor Tu Ira, Tu Justicia y Tu Rigor…”. Y también: “Señor Dios de los Ejércitos, llenos están los Cielos y la Tierra de la Majestad de Vuestra Gloria…”. Para mí esas oraciones eran el fin del mundo, el diluvio y la guerra. Yo rezaba y lloraba de espanto al mismo tiempo.

Cuando después me gaitanicé, o sea me hice revolucionario y ya no rezaba por miedo a los relámpagos ni al granizo, comprendí que el drama de aquel viernes de dolores no era sólo el de un líder sacrificado, sino el drama de millones de hombres, el drama de todo el continente suramericano.

Porque Gaitán tenía la talla de un héroe y de un profeta. En ese espíritu ardía la llama mística del hombre predestinado a la liberación de un pueblo: el hombre que era reclamado desde el fondo del dolor y la desesperación popular. Pues él era un Poeta del Poder. Nunca antes hubo otro más grande en las repúblicas americanas como no fuera aquel que las fundó con su soplo de libertad, del que heredó el fuego sagrado.

Él lo habría cambiado todo en Colombia con su hermosa Revolución, pues tenía la visión y el sentido heroico del Poder. Yo sé que los poetas no se entregan sino a la verdad que encarnan, a la verdad de amor a sus ideas. Y mueren por ellas si tienen que morir. Por eso precisamente son poetas. Porque la verdad es su fin, y su gloria. En esto Gaitán se diferencia de todos los políticos colombianos. Estos toman la política como un fin. Lo que para Gaitán era sólo un medio para realizar los grandes ideales de su pueblo: su glorioso Destino.

Lo que teníamos que esperar de él era su gran fe en el destino de Colombia a través de su Revolución política, que al mismo tiempo era una revolución moral.

Con su muerte, a la que advino una feroz tiranía de plebeyos y reaccionarios capitalistas, Colombia ingresó o fue arrojada a la oscuridad del infierno por las brechas abiertas de la violencia oficial. Esa horripilante tarde de abril Colombia perdió su camino y perdió históricamente el privilegio de haber guiado los destinos de Suramérica y sus revoluciones nacionalistas, inspiradas en la nuestra.

Pues el pensamiento de Gaitán distaba de los extremos ominosos de los imperialismos para definirse en un nacionalismo orgulloso y soberano integrado con las fuentes vivas del pueblo y la nación. Gaitán no buscaba la tierra prometida ni lejos ni fuera de Colombia. Todos sabemos que la tierra prometida es la tierra que amamos, la nuestra, la que cada día santificamos con el amor y la creación, la que también se llama Patria cuando somos dignos de ella: ésa de la que estamos desterrados hace ya largos años, en la que vivimos cautivos y muertos, a la que estamos atados por una cadena interminable de opresión, dolor, disolución y miseria.

Quiero añadir que Gaitán, en su fervor nacionalista, habría ajustado la nación a una síntesis creadora sin lo malo de los imperialismos, y con lo mejor de ellos integrado a la esencia del ser colombiano.

Todos los que en aquella época tenían derecho al uso de la esperanza –ya que el de la razón estaba custodiado por las armas– esperaban de Gaitán la conquista del Poder, que habría significado para Colombia la conquista de su Destino. Pero ese Destino fue abatido a la vez que su vida, en el umbral del poder.

¿Por qué dije antes que la muerte de Gaitán influyó en mi vida de una manera tremenda? Afirmo que la muerte de ese hombre es “responsable” de lo que yo soy. Pues ni en la vida de los hombres ni en la de los pueblos, sucede nada por azar. Las fuerzas históricas son determinantes, son causas “racionales” a las que no puede escapar nuestro destino.

Si Gaitán no hubiera muerto, yo no sería hoy Gonzalo Arango. ¿Quién o qué sería? No lo sé. No juego a la nostalgia ni a la profecía. Pero sí tengo la certeza de que si Gaitán viviera, el Nadaísmo nunca habría existido en Colombia. Entonces, ¿dónde estaríamos y qué estaríamos haciendo los escritores nuevos? Es casi seguro que hoy estaríamos al lado de Gaitán, con Gaitán a la carga, defendiendo sus banderas revolucionarias. No hipotecando nuestro arte a la política ni al Poder, sino dignificándolo y haciéndolo libre en el aire puro de la vida y de la Revolución del pueblo. (No pueblo como masa amorfa y borracha, sino como conciencia de vida, amor solidario y pasión creadora de su propio destino histórico).

Hoy nos hace falta en Colombia para vivir y crear el aire jubiloso de la Revolución. Nos ahogamos en la podredumbre que hoy ahoga a Colombia; nos asfixiamos en su rara atmósfera de sacristía y de tumba; estamos secos en este desierto de la vida y del alma colombianas. Estamos estériles por falta de un verdadero amor a Colombia. Somos intelectuales amargos, beatos, derrotistas, indiferentes y sofisticados. Nos hemos vuelto inmunes a la alegría y al dolor de la Patria. Los escritores nuevos hemos desterrado esta palabra de nuestro lenguaje, sentimos vergüenza al evocarla o al mencionarla. Escribimos y vivimos en el exilio de la imaginación; exploradores estéticos de la nada y el vacío. Hace muchos años que los artistas no nos acostamos con la Patria. Haría falta una verdadera posesión carnal con ella que revitalizara nuestro espíritu y lo hiciera florecer. Quiero decir un coito verdadero y espléndido. No basta el amor platónico ni la piedad. Tales amores conducen al onanismo y la impotencia, a veces también al convento y al suicidio.

Lo que necesitamos es una verdadera revolcada física sobre la sufrida y bendita tierra de Colombia, bajo sus cielos azules y el sol que nos queme y dé sentido a nuestra vida y a nuestros tristes pensamientos abstractos de cloaca e invernadero.

Fuego que purifique con su vida y con su luz. No la que guía hoy los destinos de Colombia que parece la luz de un cirio de sacristía o de velorio, ésa no resplandece: chisporrotea, huele a sebo y amancebamiento del Poder con los Poderosos del Templo.

Gaitán habría encendido otra llama en el Poder: ¡la de Prometeo! Porque no sólo era un gran caudillo sino un gran poeta. No porque hiciera versos sino porque su palabra era el fuego de la vida, de la creación, del amor y de la esperanza del hombre. Su ademán era una invitación al canto y a la alegría de vivir. Hoy 9 de abril siento que nos hace falta el poeta Gaitán para cantar la belleza del mundo y el orgullo de tener una Patria nuestra, creada por nuestro amor y para nuestro amor.

Con él, los intelectuales no seríamos hoy esta plebe de sicópatas ambulatorios que no sabemos qué hacer con el poder de la palabra, como no sea degradarla en el desprecio, la calumnia, el derrotismo, el conformismo y la autodestrucción. Por eso erramos sin destino por el desierto de Colombia, oscilando entre la indiferencia y la nada: porque no hay ninguna fuerza viva que nos apasione, que seduzca nuestro espíritu a la acción militante, y nos libre de esta inercia oprimente que se parece a la muerte del alma.

Salgo a la calle. Tengo la ilusión de encontrar una fiesta de muchedumbres, de esas mismas que una vez deliraron con la magia profética de la Revolución gaitanista. Pero no hay fiesta en la ciudad. Todo lo que veo son fusiles, soldados, perros y caballos alimentados con el pan de los pobres y los perseguidos.

Veo también un pueblo muerto de miedo y hambre que se emborracha en las tabernas, que se envilece para recordar aquel 9 de abril y para olvidar que hubo una vez –como en los cuentos fantásticos– en que pudo de verdad ¡SER UN PUEBLO!

Y veo por último tres coronas ajadas, las que cada aniversario deposita el pueblo sobre la tumba de sus ilusiones.

Porque Gaitán fue asesinado yo soy Nadaísta. Y mi protesta la dedico a su memoria, y a la promesa viva de su Revolución.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
22 października 2025
Objętość:
310 str. 17 ilustracji
ISBN:
9789587203257
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

Podobne książki