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Framers

TURNER NOEMA

Framers

La virtud humana en la era digital

Kenneth Cukier Viktor Mayer-Schönberger Francis de Véricourt

Traducción DE Marta de Bru de Sala


A mi esposa Heather

K. N. C.

A Hans Kraus

V. M.-S.

En memoria de Hervé Raynaud

F. V.

Ya que siempre hay luz,

si somos lo bastante valientes para verla,

si somos lo bastante valientes para personificarla.

amanda gorman, 20 de enero de 20211

1 Cita del poema de Amanda Gorman: Recitado en la investidura del presidente Joe Biden. GORMAN, Amanda (20 de enero de 2021): “The Hill We Climb: The Amanda Gorman Poem That Stole the Inauguration Show”, The Guardian. Disponible en https://www.theguardian.com/us-news/2021/jan/20/amanda-gorman-poem-biden-inauguration-transcript [consultado el 21/06/21].

Título:

Framers. La virtud humana en la era digital

© Kenneth Cukier, Viktor Mayer-Schönberger y Francis de Véricourt, 2021

Edición original: Framers. Human Advantage in an Age of technology and Turmoil, by Kenneth Cukier, Viktor Mayer-Schönberger, and Francis de Véricourt

All rights reserved including the right of reproduction in whole or in part in any form. This edition is published by arrangement with Dutton, an imprint of Penguin Publishing Group, a division of Penguin Random House LLC

De esta edición:

© Turner Publicaciones SL, 2021 Diego de León, 30 28006 Madrid www.turnerlibros.com

Primera edición:

octubre de 2021

De la traducción:

© Marta de Bru de Sala, 2021

Diseño de la colección:

Enric Satué

Ilustración de cubierta:

Diseño TURNER

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.

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(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).

ISBN: 978-84-18428-81-4

eISBN: 978-84-18895-84-5

DL: M-20305-2021 Impreso en España

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

turner@turnerlibros.com

ÍNDICE

i Decisiones

ii La capacidad de enmarcar

iii Causalidad

iv Contrafactualidad

v Límites

vi Reenmarcar

vii Aprender

viii Pluralismo

ix Vigilancia

una guía para trabajar con marcos

Agradecimientos

i

Decisiones

El poder de la humanidad no proviene ni de los músculos ni de la mente, sino de los modelos

Algunas amenazas son repentinas e inesperadas. Otras llegan más despacio y se van cociendo a fuego lento. Pero todas son un punto ciego cognitivo para el cual la sociedad no está preparada. Tanto si se trata de pandemias o de populismos, de nue­- vas armas o de nuevas tecnologías, del calentamiento global o de las enormes desigualdades, lo que marca la diferencia entre la supervivencia y la extinción es la respuesta de la humanidad. Y nuestras acciones dependen de lo que visualicemos.

Cada año mueren más de setecientas mil personas en todo el mundo debido a infecciones que antaño podíamos curar con antibióticos, pero que actualmente no reaccionan al tratamiento. Las bacterias han desarrollado resistencia a los fármacos.1 El número de muertes está aumentando rápidamente. A menos que encontremos alguna solución vamos camino de los diez millones de muertos al año o, dicho de otro modo, de una muerte cada tres segundos.2 Incluso la tragedia del COVID-19 palidece en comparación con estas cifras. Además, se trata de un problema provocado por nuestra sociedad. Los antibióticos son cada vez menos efectivos porque los hemos utilizado en exceso: el mismo fármaco que antaño era capaz de contrarrestar las bacterias ha acabado convirtiéndolas en superbacterias.

Vivimos en un mundo en el que damos por hecho la existencia de los antibióticos, pero antes de que se descubriera la penicilina en 1928 y se empezara a producir en masa más de una década después, la gente moría habitualmente por culpa de un hueso roto o de un simple rasguño. En 1924, al hijo de dieciséis años del presidente estadounidense Calvin Coolidge le salió una ampolla en un dedo del pie mientras estaba jugando al tenis en el césped de la Casa Blanca.3 Se le infectó y acabó muriendo aquella misma semana, ni su posición social ni su fortuna consiguieron salvarlo. Hoy en día casi todos los procedimientos médicos dependen de los antibióticos, desde las cesáreas hasta las cirugías cosméticas, pasando por la quimioterapia. Si su efecto sigue disminuyendo, todos estos procedimientos serán mucho más peligrosos.

Desde su colorida oficina repleta de plantas en Cambridge, Mas­sachusetts, Regina Barzilay, una profesora de inteligencia artificial (IA) del MIT, esbozó una solución. Normalmente el desarrollo de medi­camentos se centra en encontrar sustancias con una “huella” molecular similar a las que ya sabemos que funcionan. En general este método suele dar buenos resultados, pero no en el caso de los antibióticos. Ya se han examinado la mayoría de las sustancias con una composición similar, pero debido a que estos nuevos antibióticos tienen una estructura tan parecida a la de los antibióticos vigentes las bacterias enseguida desarrollan resistencia. Por ese motivo Barzilay, junto con un equipo diverso compuesto por biólogos e informáticos dirigido por Jim Collins, un profesor de bioingeniería del MIT, adoptó un método alternativo. ¿Y si en vez de buscar sustancias con similitudes estructurales se centrasen en encontrar las que logran el efecto deseado, es decir, matar bacterias? Replantearon el problema no desde una perspectiva biológica, sino de datos.

Barzilay, carismática y segura de sí misma, no parece la típica cerebrito, pero ya está acostumbrada a desafiar las categorías establecidas. Creció hablando ruso bajo el régimen comunista en lo que hoy en día es Moldavia, estudió en Israel en hebreo y continuó su carrera académica en Estados Unidos. En 2014, justo cuando acababa de ser madre primeriza a sus cuarenta años, le diagnosticaron un cáncer de mama que acabó superando después de un complicado tratamiento. Este calvario hizo que se replanteara su investigación y se centrara en la IA aplicada al ámbito médico. Con los años su investigación fue generando un interés creciente hasta recibir una Beca MacArthur, popularmente conocida como la beca de los genios.

Barzilay y su equipo se pusieron manos a la obra. Entrenaron un al­goritmo con más de dos mil trescientos compuestos con propiedades antimicrobianas para saber si alguno de ellos era capaz de inhibir el crecimiento de la Escherichia coli, una bacteria muy nociva. Luego apli­caron el mismo modelo a unas seis mil moléculas del Drug Repurposing Hub y posteriormente a más de cien millones de moléculas de otra base de datos para predecir cuáles podrían ser efectivas. A principios de 2020 por fin dieron con lo que buscaban. El algoritmo señaló una molécula a la bautizaron con el nombre de halicina en honor a HAL, el ordenador rebelde de la película 2001: Una odisea del espacio.4

El descubrimiento de un superfármaco capaz de contrarrestar las superbacterias llenó los titulares de todo el mundo. Fue aplaudido por ser un momento de progreso tecnológico, de superioridad de las máquinas frente al hombre. “La IA descubre un antibiótico para tratar las enfermedades fármacorresistentes”, rezaba el titular en primera plana del Financial Times.

Pero ese titular no reflejaba lo que había ocurrido realmente. No fue una victoria de la IA, sino un triunfo de la cognición humana: de nuestra capacidad de estar a la altura de un desafío crucial, de haber sabido concebirlo de manera diferente y alterar ciertos aspectos para abrir nuevos caminos que nos condujeran hasta una solución. El mérito no fue de las nuevas tecnologías, sino de las capacidades humanas.

“Los humanos fueron los que seleccionaron los compuestos adecuados, los que sabían lo que estaban haciendo cuando proporcionaron todo el material al modelo para que aprendiera”, explica Barzilay.5 Fueron los humanos los que definieron el problema, los que pensaron cómo abordarlo, los que eligieron las moléculas que se utilizaron para entrenar el algoritmo y los que luego seleccionaron la base de datos de sustancias que tenía que examinarse. Y cuando aparecieron algunas candidatas, también fueron los humanos los que aplicaron de nuevo su prisma biológico para comprender por qué aquellas sustancias resultaban efectivas.

El proceso para descubrir la halicina fue mucho más que un impresionante avance científico o un gran paso para acelerar y bajar los costes del proceso de desarrollo de los fármacos. Para lograrlo, Barzilay y su equipo tuvieron que utilizar su libertad cognitiva. No sacaron la idea de un libro, ni la heredaron de una tradición científica ni se les ocurrió al atar unos cabos obvios. La idea surgió porque adoptaron una facultad cognitiva única que poseen todos los humanos.

los modelos mentales y el mundo

Los humanos utilizamos modelos mentales para pensar. Son representaciones de la realidad que nos ayudan comprender mejor el mundo. Nos permiten ver patrones, predecir cómo se desarrollarán los acontecimientos y entender las circunstancias con las que nos encontramos. De lo contrario, la realidad nos parecería una avalancha de información, una maraña incompleta de experiencias y sensaciones. Los modelos mentales nos ayudan a poner orden. Nos permiten centrarnos en lo esencial e ignorar todo lo demás, como cuando en una fiesta estamos concentrados en la conversación que estamos manteniendo y omitimos el parloteo que nos rodea. Confeccionamos una simulación de la realidad en nuestra mente para anticipar cómo podría desarrollarse una determinada situación.

Utilizamos modelos mentales continuamente, incluso aunque no nos demos cuenta. Pero hay ciertos momentos en los que sí somos plenamente conscientes de estar evaluando una situación y en los que somos capaces de mantener o cambiar nuestra perspectiva deliberadamente. Suele ocurrir cuando tenemos que tomar una decisión con consecuencias trascendentales como, por ejemplo, cambiar de trabajo, tener hijos, comprar una casa, cerrar una fábrica o construir un rascacielos. En estos casos, nos resulta evidente que nuestras decisiones no se basan simplemente en el razonamiento que aplicamos, sino en algo mucho más fundamental: la perspectiva singular a través de la cual examinamos la situación, es decir, nuestra manera de percibir cómo funciona el mundo. Este nivel subyacente de cognición está compuesto de modelos mentales.

Hace tiempo que sabemos y que damos por sentado que tenemos que interpretar el mundo para poder existir en él, que nuestra manera de percibir la realidad tiene influencia directa en nuestras acciones. Y precisamente por eso el logro de Regina Barzilay fue tan impresionante. Consiguió concebir el problema correctamente. Aplicó un modelo mental; dejó de centrarse en la estructura de las moléculas (es decir, en el mecanismo que las hacía efectivas) y pasó a prestar atención a su funcionalidad (es decir, a si eran efectivas o no). Al enmarcar el problema de manera diferente, Barzilay y su equipo consiguieron realizar un descubrimiento que hasta entonces nadie había sido capaz de lograr.

Barzilay es una enmarcadora. Al enmarcar correctamente la situación, consiguió desbloquear nuevas soluciones.

Los modelos mentales que elegimos y aplicamos son marcos: determinan nuestra manera de comprender el mundo y de actuar en él. Los marcos nos permiten generalizar y realizar abstracciones que podemos aplicar a otras situaciones. Gracias a ellos podemos enfrentarnos a situaciones nuevas en vez de tener que volver a aprenderlo todo desde cero. Los marcos siempre están operando de fondo. Pero también podemos parar un momento y preguntarnos deliberadamente qué marco estamos aplicando y si es el más adecuado teniendo en cuenta las circunstancias. Y en caso de que no lo sea podemos escoger otro que encaje mejor. O incluso podemos inventar un marco completamente nuevo.

Enmarcar bien es una parte tan fundamental de la cognición humana, y hasta hace relativamente poco incluso las personas que estudian el funcionamiento de la mente apenas se habían centrado en profundizar en esta capacidad. Su importancia quedó eclipsada por otras capacidades mentales como por ejemplo la percepción y la memoria. Pero a medida que hemos ido tomando consciencia de la necesidad de mejorar el proceso de toma de decisiones, el papel fundamental que tienen los marcos a la hora de elegir y actuar adecuadamente ha dejado de estar entre bambalinas y ha salido al centro del escenario. Ahora sabemos que si aplicamos el marco correcto de la manera correcta podemos desbloquear una gran variedad de posibilidades, que a su vez pueden ayudarnos a tomar mejores decisiones. Los marcos que utilizamos afectan las opciones que visualizamos, las decisiones que tomamos y los resultados que conseguimos. Si logramos mejorar nuestra capacidad de enmarcar obtendremos mejores resultados.

Muchos de los problemas más peliagudos de la sociedad en el fondo no son más que desavenencias sobre cuál es la mejor manera de enmarcar una cuestión. ¿Debería Estados Unidos construir muros para separarse de otros países o puentes para salvar las distancias? ¿Debería Escocia quedarse dentro de Reino Unido o declarar su independencia? ¿Debería la política china de “un país, dos sistemas” aplicada a Hong Kong enfatizar la primera parte de la frase o la última? Puede que varias personas saquen conclusiones diferentes de una misma situación debido a que utilizan marcos diferentes.

El quarterback del San Francisco 49ers, Colin Kaepernick, hincó la rodilla durante el himno nacional en 2016 para llamar la atención sobre el racismo y la violencia policial, y algunos lo percibieron como una manera respetuosa de protestar simbólicamente.6 Al fin y al cabo, no había dado la espalda ni había alzado el puño (ni el dedo). Sin embargo, a otros les pareció un acto irrespetuoso y grotesco contra el país, una treta publicitaria hostil realizada por un jugador mediocre que llevó la guerra cultural hasta uno de los pocos ámbitos de la vida estadounidense que todavía no se habían echado a perder. La discusión no trataba sobre lo ocurrido, sino sobre su significado. Era como un test de Rorschach: la percepción de la gente dependía del marco que hubiese utilizado.

Cada marco nos permite ver el mundo desde una perspectiva diferente. Los marcos magnifican ciertos elementos y minimizan otros. El marco capitalista nos muestra que el mundo está lleno de oportunidades comerciales, y en cambio el marco comunista lo reduce todo a una lucha de clases. Para los empresarios industriales la selva tropical es un montón de madera que tiene un valor inmediato, mientras que para los ecologistas es el pulmón del planeta, crucial para la supervivencia a largo plazo. ¿Debería ser obligatorio llevar mascarilla en público en medio de una pandemia? En Estados Unidos, las personas que utilizaron el marco de la salud dijeron: “Sí, por supuesto”, mientras que los que utilizaron el marco de la libertad clamaron: “¡Ni de broma!”. Misma información, marcos diferentes, conclusiones opuestas.

A veces nuestros marcos no encajan con la realidad en la que los aplicamos. De hecho, no existen los marcos malos per se (salvo una excepción sobre la que hablaremos más adelante), pero desde luego sí que existen casos de enmarcación errónea en los que un marco no acaba de encajar del todo bien con la realidad. Fijémonos en el ejemplo del libro de anatomía del siglo xv titulado Fasciculus Medicinae,7 que asociaba las partes del cuerpo con los signos del zodiaco, creando así una agradable simetría entre el cielo y los órganos. Sin embargo, ese marco nunca consiguió curar a nadie, por lo que lo desestimaron en cuanto descubrieron otros más útiles.

Hoy en día seguimos cometiendo errores parecidos. En 2008 Nokia era la empresa líder mundial en la venta de teléfonos móviles. Cuando Apple presentó el iPhone, pocos creyeron que prosperaría. La tendencia en aquel momento era que los teléfonos fueran más pequeños y baratos, pero los de Apple eran más voluminosos, caros y tenían más fallos informáticos. El marco de Nokia provenía de la conservadora industria de la telecomunicación, que valoraba la practicidad y la fiabilidad por encima de todo. En cambio, el marco de Apple provenía de la entusiasta e innovadora industria informática, que valoraba que los dispositivos fueran fáciles de usar y que pudieran ampliar sus funciones con nuevos programas. Resultó que ese marco acabó encajando mejor con las necesidades y deseos de los consumidores y Apple pasó a dominar el mercado.

Sin embargo, la aplicación errónea de un marco puede acarrear terribles consecuencias. En la década de los treinta, la Unión Soviética decidió seguir la ideología del lysenkoísmo,8 una teoría de genética vegetal basada en la ideología del marxismo-leninismo, no en la botánica. Uno de sus principios dictaba que los cultivos podían plantarse más cerca unos de otros, ya que según la teoría comunista los miembros de una misma clase viven en solidaridad y no compiten por los recursos.

Tomar un marco comunista económico y aplicarlo a la agricultura es una completa locura, pero es lo que hicieron los líderes del país, que convirtieron ese marco en la base de su política agraria. El proponente de esa ideología, Trofim Lysenko, tenía el favor del propio Stalin. Los científicos que cuestionaron sus hallazgos fueron despedidos, presos, exiliados o ejecutados. El gran biólogo ruso Nikolái Vavílov criticó las investigaciones científicas de Lysenko y fue condenado a muerte. ¿Y cuáles fueron los resultados del lysenkoísmo? A pesar de que el país incrementó su superficie cultivable por cien, la cosecha disminuyó debido a que las plantas se morían o se pudrían. La aplicación errónea de un marco contribuyó a una trágica hambruna que costó millones de vidas.

Pero la buena noticia es que si un marco no encaja con la realidad podemos cambiarlo por otro distinto o incluso inventarnos uno nuevo y mejor. Algunos marcos de nueva creación son los responsables de los avances más revolucionarios de la historia. Por ejemplo, la teoría de la evolución de Darwin consiguió explicar el origen de la vida sin tener que recurrir a la religión. Asimismo, la física newtoniana sirvió para explicar los movimientos de los objetos físicos en el espacio durante siglos, pero con el tiempo se observaron fenómenos que ese marco no pudo justificar. Einstein reenmarcó la física al demostrar que el tiempo, que durante muchos años se había considerado constante, en realidad es relativo.

Resulta mucho más sencillo comprender la importancia de los marcos en ámbitos científicos, ya que en estas disciplinas son explícitos (o por lo menos deberían serlo), y además los investigadores documentan las ideas que han utilizado para sacar sus conclusiones. Sin embargo, cuando se trata de los enormes desafíos a los que la humanidad se enfrenta hoy en día, a veces somos incapaces de ver los marcos que estamos aplicando. Es vital que comprendamos la importancia que tienen los marcos en todos los ámbitos. Tenemos que aprender a ver los problemas de manera diferente para poder resolverlos. La pieza clave para preparar nuestra respuesta ante los dilemas más complicados (ya sea a nivel individual, comunitario, nacional o de toda la civilización) se encuentra en nuestro interior: es la capacidad única que tenemos los humanos de enmarcar.

Pero tenemos que aprender a enmarcar mejor. Y en este libro explicaremos cómo conseguirlo.

ver lo que no está ahí

A lo largo de las últimas décadas se ha producido una revolución en el campo de la psicología cognitiva y de la teoría de la decisión que ha colocado los modelos mentales en el centro de cómo pensamos y vivimos. Normalmente enmarcamos de manera subconsciente. Sin embargo, las personas que sistemáticamente toman buenas decisiones u ocupan puestos en los que tienen que tomar decisiones importantes son perfectamente conscientes de su capacidad de enmarcar y reenmarcar. Esto afecta a las opciones que contemplan y a las acciones que finalmente llevan a cabo.

Cuando un inversor de capital examina detalladamente una inversión, un oficial militar reflexiona sobre una operación o un ingeniero aborda un problema técnico, tienen que enmarcar la cuestión. ¿Dónde deberían construir un parque eólico?, ¿o sería mejor optar por un parque solar? La información recabada es solo una parte del proceso de toma de decisiones. En muchos aspectos es mucho más importante la manera en que se evalúa una situación, es decir, cómo se enmarca.

No reservamos nuestra capacidad de enmarcar únicamente para los asuntos más importantes, sino que está presente en nuestro día a día. Todos nos enfrentamos constantemente a cuestiones que implican que tenemos un modelo del mundo en la cabeza. ¿Cómo podría llevarme mejor con mi pareja? ¿Cómo podría impresionar a mi jefe? ¿Qué podría hacer para llevar una vida más sana? ¿Y para ser más rico? Utilizar nuestra capacidad de enmarcar para resolver este tipo de cuestiones es igual de importante. Nos ayuda a apuntalar nuestros pensamientos, determinando así lo que percibimos y nuestra manera de pensar. Si logramos que nuestros marcos sean claros y aprendemos a elegirlos y aplicarlos deliberadamente, conseguiremos mejorar nuestras vidas y nuestro mundo.

En otras palabras: podemos lograr que la capacidad de enmarcar pase de ser una facultad de la cognición humana a una herramienta práctica que utilicemos para tomar mejores decisiones.

Nuestras mentes utilizan los marcos para centrarse en los aspectos más importantes del mundo e ignorar todo lo demás; de lo contrario, seríamos incapaces de comprender las intricadas complejidades de la vida. Gracias a los modelos mentales el mundo nos resulta más manejable y, por ende, podemos actuar en él. En cierto sentido los marcos nos ayudan a simplificar la realidad. Sin embargo, no son versiones simplonas del mundo; sencillamente nos ayudan a centrar nuestros pensamientos en lo más importante.

Los marcos también nos permiten aprender de una única experiencia y concebir reglas generales aplicables a otras situaciones, incluso a las que todavía no han ocurrido. Nos permiten saber cosas sobre lo que nunca hemos observado o incluso sobre lo que no se puede observar; nos permiten imaginar cosas de las que no tenemos ningún dato. Los marcos nos permiten ver lo que no está ahí. Podemos preguntarnos “¿Y si…?” y anticipar lo que podría ocurrir según la decisión tomada. Es precisamente esta capacidad de visualizar otras realidades lo que nos permite alcanzar nuestros logros individuales y progresar como sociedad.

Durante siglos la humanidad ha alzado la vista al cielo y ha deseado poder volar. Hoy en día ya podemos hacerlo, pero no de la misma manera que los pájaros. Y ni todos los datos del mundo ni la mayor capacidad de procesamiento habrían podido tomar un montón de piezas de bicicleta y crear un avión, tal y como hicieron los hermanos Wright en 1903. Para conseguirlo tuvieron que utilizar un modelo mental: un marco. Asimismo, la humanidad también soñó durante años con poder ver el interior del cuerpo sin tener que cortar la piel. Y hoy en día ya podemos hacerlo, aunque no a simple vista, sino con la ayuda de las nuevas tecnologías, como por ejemplo las máquinas de rayos X. Para lograr este avance también hizo falta una nueva conceptualización, un marco para averiguar cómo utilizar la radiación electromagnética que en 1895 se conocía como rayos Röntgen.

Algunos de los objetos que utilizamos en nuestra vida cotidiana en un principio fueron enmarcados de una manera completamente diferente, a veces hasta graciosa. Por ejemplo, inicialmente el teléfono se concibió para escuchar música en remoto: solo hacía falta marcar para escuchar un concierto. El fonógrafo se diseñó para comunicar mensajes: la idea era que el director de una empresa pudiese mandar una nota de audio grabada en un disco de vinilo y hacérsela llegar a los gerentes que estuvieran lejos.9 Pero hasta que no se le dio una vuelta a la manera de utilizar estas nuevas tecnologías la verdad es que no tuvieron mucho éxito. A principios del siglo xx, Thomas Edison afirmó que los largometrajes acabarían sustituyendo las clases presenciales, una visión que no se ha conseguido realizar hasta un siglo después, cuando Zoom se ha convertido en la nueva escuela.10

El término enmarcar está muy establecido en las ciencias sociales. Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky explicaron muy elo­cuentemente que la manera en que se presentan los resultados puede afectar al proceso de toma de decisiones, un sesgo cognitivo al que llamaron “efecto marco” y que describieron como un defecto del pensamiento humano.11 A pesar de que utilizamos el mismo término, en este caso el significado es un poco distinto: no hace referencia a la manera en que se presenta un resultado, sino al acto deliberado de utilizar modelos mentales para obtener distintas opciones antes de tomar una decisión. Aunque enmarcar erróneamente una situación puede provocar que se tome una decisión equivocada, la capacidad humana de enmarcar es empoderadora y valiosa. Nos permite comprender el mundo y reestructurarlo. Sin ella no seríamos quienes somos, ni como individuos ni como especie.

Resulta tentador pensar que cuando reenmarcamos en realidad estamos haciendo un cambio de paradigma, es decir, un cambio fundamental en las prácticas y los conceptos que predominan en un ámbito. En 1962, Thomas Kuhn, un filósofo de la ciencia, sostuvo que los cambios de paradigma impulsan los avances científicos.12 Pero la afirmación no es del todo exacta. Cada cambio de paradigma es una reenmarcación, como cuando la perspectiva heliocentrista de Copérnico se impuso al modelo geocéntrico de la Tierra y el Sol de Ptolomeo. Pero no todas las reenmarcaciones son un cambio de paradigma, ya que comparativamente reenmarcamos mucho más a menudo. A veces un acto de reenmarcación puede cambiar la concepción del mundo que tiene la sociedad entera, pero normalmente se trata de un cambio mucho más pequeño –aunque significativo– de nuestras vidas individuales. En cualquier caso, siempre que logremos reenmarcar algo correctamente estaremos tomando mejores decisiones.

Utilizar marcos puede parecer complicado y difícil. Y la verdad es que requiere cierta habilidad. Sin embargo es algo que a los seres humanos se nos da sorprendentemente bien. Llevamos haciéndolo durante decenas de miles de años, aunque no siempre nos demos cuenta de ello.

Los marcos son mucho más que la perspectiva individual de una persona: son plantillas cognitivas. Pero haber mencionado la perspectiva nos viene muy bien para crear una metáfora. Antes de que el arquitecto italiano Filippo Brunelleschi empezara a dibujar con perspectiva geométrica allá por el año 1420, los artistas dibujaban el mundo plano y colocaban los objetos según su importancia. Siguiendo el ejemplo de Brunelleschi, los artistas aprendieron a representar la profundidad y a dibujar las escenas tal y como eran realmente. Comparar los dibujos de antes y después de este cambio nos puede ayudar a comprender el potencial que puede llegar a tener un cambio de marco.13

Todos somos enmarcadores. Somos capaces de hacer predicciones, tanto de algo mundano como de algo espectacular. En cierta manera estamos constantemente viajando por el tiempo con nuestra mente. A algunas personas se les da mejor que a otras, pero todos podemos mejorar. De hecho, todos debemos mejorar.

soñar pero con límites

Los marcos nos ayudan especialmente en dos situaciones de las que hablaremos más en profundidad en el capítulo ii. La primera es cuando nos encontramos ante una nueva situación o cambian las circunstancias, ya que nuestra capacidad de elegir un marco nos proporciona nuevas opciones. Y la segunda, pero no menos importante, es cuando nos encontramos en situaciones familiares, ya que los marcos nos permiten centrar la mente, reduciendo así nuestra carga cognitiva. Es una manera increíblemente eficiente de tomar la decisión adecuada. Pero para poder hacerlo bien hay que tener en cuenta tres elementos: el pensamiento causal, la capacidad de crear escenarios contrafactuales y la capacidad de limitar y moldear nuestra imaginación acorde con un objetivo en particular.

En el capítulo iii examinaremos la causalidad. Los humanos vemos el mundo bajo un prisma de causa y efecto. Eso es lo que nos permite comprenderlo. Somos capaces de predecir anticipadamente las consecuencias que puede tener una acción dada y realizarla a nuestro favor. El razonamiento causal es la base de nuestra cognición. Los niños aprenden a pensar causalmente a medida que van creciendo, y el hecho de pensar en términos de causa y efecto ha permitido a las sociedades humanas evolucionar a lo largo del tiempo. Somos máquinas de hacer deducciones causales.

Sin embargo, nuestras deducciones causales suelen ser erróneas, ya que nuestro mundo es muy complejo. Resulta difícil comprender todos los entresijos del mundo solo con el kilo y medio de proteína y grasa esponjosa que tenemos dentro del cráneo. Hoy en día podemos apoyarnos en el método científico para evitar sacar conclusiones causales precipitadas como, por ejemplo, que si realizamos un baile concreto conseguiremos que llueva. Pero nuestra tendencia a ver causalidad por todas partes tiene una consecuencia muy positiva: nos proporciona una herramienta para comprender el mundo y para tenerlo más o menos bajo control.

El segundo elemento de nuestros modelos mentales es la capacidad de crear escenarios contrafactuales, que examinaremos más detenidamente en el capítulo iv. Consiste en imaginar realidades alternativas, en crear hipótesis del mundo con un par de cambios. Al igual que nos ocurre con el pensamiento causal, también estamos creando constantemente escenarios contrafactuales. Nos sale de manera natural. Los pensamientos contrafactuales nos permiten escapar de la cognición del aquí y ahora: no estamos atrapados en la realidad que tenemos delante, ya que podemos crear una distinta dentro de nuestra cabeza.

El pensamiento contrafactual es crucial para el progreso. Nos permite visualizar cosas que no existen, lo que nos ayuda a comprender el mundo real e imaginar cómo podría llegar a ser. Normalmente lo hacemos con preguntas del tipo “¿Y si…?”. Pero nuestras imaginaciones no son fantasías sin sentido, sino precursores esenciales para pasar a la acción, uno de los elementos clave en nuestro proceso de preparación antes de tomar una decisión. Normalmente cuando nos ponemos a visualizar y a imaginar lo que hacemos, en realidad estamos evocando y valorando escenarios contrafactuales. Eso es lo que hacen por ejemplo los niños cuando juegan simbólicamente o los científicos cuando diseñan sus experimentos.

Aunque el pensamiento contrafactual nos ayuda a mejorar el mundo, sería una locura adentrarse demasiado en el reino de lo irreal. En el capítulo v presentaremos el tercer elemento crucial para enmarcar, los límites. Los límites adecuados nos ayudan a ajustar la imaginación para que los escenarios contrafactuales sigan siendo factibles, para que nos muestren acciones realmente posibles. Enmarcar no se trata de construir castillos en el aire, sino de soñar dentro de unos límites. El pensamiento contrafactual solo nos resulta útil si está res­tringido.

Los límites son el pegamento que mantiene el modelo mental unido mientras nosotros reflexionamos sobre el “¿Y si…?” de manera estructurada y deliberada. Por ejemplo, si se nos pinchase un neumático y nunca hubiéramos cambiado uno, no se nos ocurriría utilizar la antigravedad de la Flota Estelar; echaríamos un vistazo a las herramientas del maletero (por ejemplo, un gato hidráulico y una llave inglesa) y visualizaríamos cómo utilizarlas.

Estas tres dimensiones de la cognición humana (la causalidad, la contrafactualidad y los límites) son la base para enmarcar. Son las herramientas que tenemos para poder ver más allá de lo obvio y seguir avanzando.

Sin embargo, a veces necesitamos cambiar de marco, sobre todo en el caso de que cambie el contexto de un problema. En el capítulo vi examinaremos nuestra capacidad de rebuscar entre nuestra colección de marcos para encontrar el que encaje mejor con una situación en concreto. También tenemos la opción de reconvertir un marco que ya hayamos utilizado en un ámbito y usarlo en otro distinto, expandiendo así deliberadamente nuestro abanico de marcos al modificarlos para que encajen con un objetivo y un contexto nuevo.

A medida que vamos ganando experiencia, creamos un amplio repertorio de marcos y aprendemos a elegir el que más nos conviene en cada caso, al igual que un buen pianista tiene un amplio repertorio de estilos donde elegir. Los músicos consumados son capaces de encontrar enseguida el tono, el tempo, el ritmo y la armonía subyacentes en una gran variedad de piezas que no han oído nunca. Esta es la esencia de la improvisación. Cada género es muy diferente y tiene sus propias reglas. Puede que a un pianista le resulte difícil cambiar de una pieza romántica de Chopin a una de Lady Gaga. Pero podemos reenmarcar tanto en las teclas blancas y negras como en la vida misma.

Sin embargo, elegir entre diferentes marcos tiene sus limitaciones. Puede que en algunos casos no exista el marco adecuado. De ser así, lo que necesitamos es un acto de invención, es decir, la concepción de un marco completamente nuevo. Siempre alabamos a los que consiguen crear marcos totalmente nuevos porque si tienen éxito pueden llegar a cambiar el mundo.

En el capítulo vii hablaremos de cómo podemos llegar a ser mejores enmarcadores. Aprender más sobre esta capacidad requiere adoptar una gran diversidad de marcos. Explicaremos tres estrategias que nos ayudarían a conseguirlo: expandir el repertorio de marcos, desarrollar la curiosidad mediante un proceso llamado “forrajeo cognitivo” y, si todo lo demás no funciona, tener la valentía de dar un salto a lo cognitivamente desconocido.

En el capítulo viii examinaremos la importancia que tiene la capacidad de enmarcar para las comunidades, los países y toda la civilización. El objetivo es lograr que haya pluralismo: fomentar y celebrar las diferencias en vez de aspirar a ver el mundo de manera homogénea. Tenemos que promover que haya muchos colores, no afirmar que no vemos colores creyendo que eso tiene algún tipo de valor.

Los únicos marcos que no podemos permitirnos son los que niegan la existencia de otros marcos (esta es la única excepción que confirma la regla de que no existen malos marcos). La uniformidad de modelos mentales arruina el progreso humano. Reduce a los humanos a simples autómatas que solo perpetúan el pasado porque son incapaces de ver más allá del presente. Si nuestros marcos no pueden coexistir, ¿cómo vamos a poder hacerlo nosotros?

Los verdaderos héroes enmarcadores no viven en palacios, ni dirigen grandes empresas ni dan clases en universidades de élite. Están por todas partes: somos todos nosotros. A nivel individual, nuestros marcos son muy importantes porque nos ayudan a conformar nuestra vida. Pero a nivel de la humanidad, lo que importa es la riqueza colectiva de modelos mentales. A veces los expertos sugieren que deberíamos reunirnos y acordar una única manera de abordar los desafíos más apremiantes a los que se enfrenta la humanidad. Pero se trata de todo lo contrario: nuestro poder reside en las diferencias entre los marcos humanos y nuestra capacidad de ver el mundo desde una amplia miríada de ángulos. Solamente conseguiremos concebir las soluciones originales que necesitamos para sobrevivir como especie si utilizamos el inmenso abanico de marcos humanos.

las máquinas y la turba

La confianza en el valor y el potencial de la capacidad de enmarcar está en peligro. Gente de todo el mundo está perdiendo la fe en las capacidades cognitivas de la humanidad y está recurriendo a soluciones que niegan el papel de los modelos mentales. Por un lado, tenemos a las personas que confían en las máquinas y, por otro, a las que adoptan la justicia irregular y las respuestas fáciles que les proporciona la turba.

El primer grupo son las personas hiperracionalistas que abrazan los hechos y valoran la razón.14 Están convencidas de que podemos confiar exclusivamente en los datos y los algoritmos para resolver toda nuestra miríada de problemas y se sienten tentados a ignorar la capacidad humana de enmarcar y sustituirla por la IA. No se trata solamente de una panda de cerebritos esperando a que llegue la singularidad, es decir, el momento en que las máquinas sean más inteligentes que los humanos.15 Este grupo con cada vez más adeptos confía en que la tecnología será capaz de proporcionarnos un proceso de toma de decisiones superracional, objetivo e imparcial que los humanos parecemos incapaces de llevar a cabo. Para ellos no cabe ninguna duda de que los humanos seguirán teniendo todo el poder, pero en cambio serán las máquinas las encargadas de tomar las decisiones cotidianas.

¿Necesitas ir a Delhi?, ¿luchar contra el crimen en Colonia?, ¿mandar comida a Wuhan? Seguro que existe un algoritmo para hacerlo. A medida que la tecnología evoluciona, muchos recurren a la IA para remediar los problemas que aquejan nuestra sociedad y que los humanos hemos demostrado ser incapaces de abordar. Esperan que eso logre sacar a la humanidad de la oscuridad irracional en la que se encuentra actualmente y garantice la victoria de la razón. Los simpatizantes de la IA alaban su potencial para conseguir que el proceso de toma de decisiones deje de estar en manos de los humanos y pase a estar controlado por máquinas.16

Los emocionalistas defienden su punto de vista opuesto con el mismo fervor. Según ellos, la humanidad padece de demasiada racionalidad y confía demasiado en los datos y en el raciocinio analítico, frío e implacable. Para ellos el problema real de la humanidad no es que haya demasiada pasión, sino que haya demasiado poca; estamos sufriendo porque no confiamos lo bastante en nuestra intuición e instinto. Ansían crear lazos colectivos en comunidades formadas por personas con una mentalidad similar y apartarse y distinguirse claramente de “los demás”. Apelar a las raíces emocionales es un llamamiento a aceptar la irracionalidad como una cualidad central de la humanidad.

Este fenómeno se observa tanto en la derecha como en la izquierda, tanto en las democracias industrializadas como en los países en desarrollo. Normalmente se asocia con los populistas de derechas, ya que prefieren emprender acciones decisivas en vez de dedicar un tiempo a sopesar todos los datos. Gobernar es un sentimiento; el liderazgo es una emoción; las decisiones se toman en base al sentimiento innato de que sus creencias son correctas. Sin embargo, también encontramos este fenómeno en la esfera social de las izquierdas, por ejemplo cuando los activistas quieren silenciar a los críticos por su visión del mundo o deslegitimar a las personas con las que no están de acuerdo.

A pesar de que las posibilidades que nos ofrece la IA han aumentado exponencialmente en los últimos años, llevamos siglos lidiando con esta cuestión. Las tensiones entre la razón y la emoción, el artificio y la naturaleza, la reflexión y la intuición, han moldeado la manera en que organizamos nuestras vidas y gobernamos nuestras sociedades. A principios del siglo xvii, el filósofo y matemático francés René Descartes abogó por una vida de racionalidad, orden y evidencia. Los parques parisinos diseñados en perfecta simetría son un recuerdo de su influencia.

Un siglo después, Jean-Jacques Rousseau abogó por una postura distinta basada en la confianza en las emociones y la intuición, y en mirar a nuestro interior para encontrar respuestas. “Todo lo malo que he hecho en mi vida ha sido consecuencia de la reflexión –escribió–. Y lo poco de bueno que he hecho ha sido consecuencia del impulso”.17 Defendió un mundo de corazonadas, pasiones y apetitos en el que los estallidos de furia eran perfectamente excusables por ser una expresión de humanidad. Cada vez que los paisajistas británicos y estadounidenses crean parques urbanos imitando la naturaleza exuberante, en realidad están haciendo un guiño inconsciente a la visión de Rousseau.

También se observó la misma dicotomía en el mundo empresarial del siglo xx. La influyente teoría de la organización científica del trabajo de Frederick Taylor aspiraba a cuantificar todos los aspectos de las operaciones de una empresa. Los supervisores, armados con cronómetros y portapapeles, se paseaban por toda la planta de producción para garantizar un buen ritmo de trabajo. Y, sin embargo, a finales de ese mismo siglo se celebró el éxito de General Electric y de su voluble jefe ejecutivo Jack Welch, cuya autobiografía empresarial titularon muy acertadamente en inglés Straight from the Gut, cuya traducción literal sería ‘El instinto directo’, aunque en castellano se publicó bajo el título Hablando claro.18

Cuando en nuestro proceso de toma de decisiones rechazamos la racionalidad linear basada en hechos en favor de la emoción humana, nos embarga cierto sentimiento de autenticidad. No todo puede reducirse a un número o a una fórmula lógica. Pero este ethos no sirve para resolver problemas, solo para glorificarlos: puede destruir, pero no crear. Durante la última mitad del siglo pasado, los psicólogos y los economistas conductuales han ido reuniendo una montaña de pruebas experimentales que demuestran que, en la mayoría de los casos, las decisiones tomadas por instinto son peores. Puede que confiar en nuestro instinto nos dé la sensación de que estamos haciendo lo correcto. Pero en realidad no nos aporta ninguna estrategia viable para poder resolver los desafíos a los que nos enfrentamos.19

Por otro lado, puede que la IA tome mejores decisiones que los humanos y que termine por quitarnos el trabajo, pero ni los ordenadores ni los algoritmos son capaces de enmarcar. A la IA se le da muy bien responder cualquier cosa que se le pregunte, pero los enmarcadores son capaces de formular preguntas que hasta entonces nadie había planteado. Los ordenadores solo pueden trabajar con el mundo existente, pero los humanos podemos vivir en los mundos que imaginamos gracias a nuestra capacidad de enmarcar.

Vamos a examinar las carencias de los ordenadores en el campo en que normalmente reciben más alabanzas por su excelencia: los juegos de mesa. Incluso las personas más familiarizadas con esta historia acostumbran a extraer de ella la lección equivocada.

En 2018 la filial DeepMind de Google presentó un programa llamado AlphaZero que había aprendido a jugar al ajedrez, al go y al shōgi simplemente compitiendo contra sí mismo, sin ningún tipo de intervención humana salvo por la introducción de las normas del juego.20 Después de solamente nueve horas, durante las cuales jugó contra sí mismo unas cuarenta y cuatro millones de partidas, fue capaz de ganar al entonces mejor programa de ajedrez del mundo, Stockfish.21 Cuando los grandes maestros del ajedrez jugaron contra AlphaZero quedaron sorprendidos por sus extrañas estrategias. Durante más de un siglo los expertos del ajedrez habían consensuado estrategias y conceptos básicos como por ejemplo el valor de las piezas o de las posiciones del tablero. Sin embargo, los movimientos de AlphaZero eran radicales, ya que privilegiaba la movilidad por encima de la posición y no mostraba reticencias en hacer sacrificios. Era como si AlphaZero hubiera concebido una estrategia completamente nueva para jugar al ajedrez.22

Pero en realidad esto no fue lo que ocurrió.

Los sistemas de IA son incapaces de concebir nada. Son incapaces de crear modelos mentales. No pueden generalizar ni explicar. AlphaZero es una caja negra tanto para nosotros como para sí mismo. Fueron los humanos, no la IA, los que observaron los movimientos y desarrollaron el concepto de posición de tablero o sacrificio. Fueron los humanos los que enmarcaron las acciones de AlphaZero, consiguiendo así explicarlas y aplicarlas de manera generalizada. Fueron los humanos los que se volvieron más inteligentes porque fueron capaces de abstraer lecciones de los logros de la IA. La IA no puede comprender ni aplicar lecciones por cuenta propia.

Tanto los racionalistas como los emocionalistas han identificado correctamente una singularidad de la cognición humana. Pero ambas visiones nos llevan a un callejón sin salida. Ninguna de las dos es capaz de ofrecer una respuesta adecuada que resuelva los desafíos a los que se enfrenta la civilización. Tampoco podríamos esperar mucho si combinásemos ambas visiones. Si fusionamos dos visiones basadas en fundamentos precarios, como mucho podríamos conseguir mantener esta frágil tensión sin esperanzas de conseguir ningún progreso real.

Pero es fundamental que comprendamos que no estamos limitados a estas dos opciones. No tenemos que decidir entre una singularidad deshumanizadora, un tsunami de terror populista o una combinación ineficiente de ambas visiones. Disponemos de otra estrategia, otra característica humana que hasta ahora ha sido ignorada: la capacidad de enmarcar. Nuestra capacidad de aplicar, perfeccionar y reinventar modelos mentales nos proporciona los medios necesarios para resolver nuestros problemas sin tener que recurrir a las máquinas o unirnos a la turba.

Esto nos lleva de vuelta a Regina Barzilay. Nos encontramos ante una encrucijada. Se avecinan grandes desafíos. Al igual que con los antibióticos, muchas de nuestras vulnerabilidades son de cosecha propia, consecuencia de las decisiones que tomamos, de las alternativas que no supimos identificar y de las acciones que no emprendimos. Nos hemos metido nosotros solos en nuestros problemas actuales. Pero la buena noticia es que podemos resolverlos. Para lograrlo, necesitaremos una nueva mentalidad.

lo que ocurre en el exterior empieza en el interior

Existe un programa llamado Our World in Data dirigido por un equipo de la Universidad de Oxford.23 Este programa evalúa todos los aspectos de la vida humana y, tal y como su nombre indica, lo hace a través del prisma de la información. ¿Estadísticas de mortalidad infantil? Te las proporciona enseguida. ¿El PIB global? No te preocupes, el programa se encarga. Bill Gates es un gran admirador del trabajo de este equipo y, de hecho, a veces retuitea sus gráficos e incluso lo apoya a través de su fundación. Y a juzgar por los gráficos de barras y las líneas gráficas de todos los colores del arcoíris que no dejan de publicar, nunca hemos estado mejor.

Y es cierto que, según todas las estadísticas, el mundo está mejorando inexorablemente. Cada vez hay menos guerras, menos enfermedades, un mayor índice de alfabetización, más agua potable, países más ricos, personas más felices y una mayor esperanza de vida. Puede que el COVID-19 haya hecho mella en algunas de estas tendencias, pero solo de manera temporal; si alzamos la vista hacia el futuro seguro que este bache se suavizará a medida que pase el tiempo y avance el progreso.

La evolución del pensamiento humano ha desempeñado un papel crucial en todas estas mejoras, ya que antes de que se materialice ningún cambio en el mundo tiene que producirse una transformación mental. Todo lo que ocurre en el exterior empieza en el interior. Enmarcamos y reenmarcamos el mundo, y gracias a ello la civilización avanza.

Pero ese feliz optimismo puede interpretarse erróneamente. Sus defensores lo extrapolan al desarrollo del futuro. Sin embargo, su análisis oculta varios problemas. El progreso humano está enfermo; los frutos de nuestra propia creación amenazan con ser el origen de nuestra destrucción. Tenemos que aprender a enmarcar mejor para poder responder ante cualquier problema, ya sea la carrera armamentística, la subida de la temperatura o el crecimiento de la clase baja en todo el mundo.

Las estanterías se están hundiendo bajo el peso de los libros que ensalzan las virtudes del progreso humano. Pero el cerebrito acaudalado e inmortal que predice el libro titulado Homo Deus de Yuval Noah Harari24 será ridiculizado dentro de unos años al igual que lo fue el “último hombre” feliz, seguro y rico que prometía El fin de la historia y el último hombre de Francis Fukuyama.25 Si mirásemos el mundo con ojos más comprometidos y perspicaces, seguramente nos daríamos cuenta de que las cosas no se están volviendo más fáciles, sino cada vez más complicadas. Los mayores desafíos a los que se ha enfrentado la humanidad no están a nuestras espaldas, sino que todavía están por llegar.

Anteriormente la mayoría de los desafíos a los que nos enfrentábamos eran una cuestión de supervivencia individual o comunitaria, pero no de todo el planeta. Y muchos de esos desafíos tenían soluciones muy evidentes. Si teníamos hambre, cazábamos y recolectábamos. Si necesitábamos un refugio, construíamos una casa. Si se avecinaba una guerra, reclutábamos un ejército. Normalmente ya teníamos un marco listo para usar.

Pero a pesar de que nuestra capacidad de enmarcar ha mejorado el proceso de toma de decisiones, su éxito también ha sido la causa de su perdición, ya que ha generado la creencia de que existe un único mar­co verdadero. La humanidad ha creado y aplicado este tipo de marcos únicos infinidad de veces, desde la Inquisición española hasta el colectivismo soviético. Y sin embargo hemos aprendido sorprendentemente poco de estos errores. Todavía hoy en día somos propensos al pensamiento monolítico, y nos hemos convencido de que los errores del pasado los provocó el marco en cuestión, no el hecho de que hubiera un único marco.

Este es el motivo por el cual el momento histórico actual es tan precario. El destino de la humanidad depende de que aprendamos a concebir los desafíos de forma distinta. Para afrontar las crisis de la naturaleza (desde el cambio climático hasta las pandemias) y las humanas (desde las nuevas formas de tribalismo hasta la opresión violenta) no nos sirve de nada dar un salto de fe cognitivo, sino que tenemos que redoblar esfuerzos en aquello que los humanos siempre hemos sabido hacer tan bien: aplicar la imaginación dentro de ciertos límites para encontrar nuevas soluciones y comprender las consecuencias que tendrán a largo plazo.

Nos ha tocado vivir en tiempos de divisiones y paradojas: los grandes actos caritativos conviven con las tiranías cotidianas, la ciencia con la anticiencia, los hechos con las fake news. La Estación Espacial Internacional es bien visible desde todas las barriadas, tenemos cohetes listos para colonizar otros planetas y encerramos a niños y niñas inmigrantes en jaulas. Lo primitivo convive con lo transhumano; los perros con dioses.

Normalmente las especies acaban extinguiéndose porque no son capaces de adaptarse a las circunstancias. Los seres humanos podríamos ser la primera especie de la historia que aun teniendo todas las herramientas necesarias para adaptarnos perezcamos porque no sabemos utilizarlas; no por no tener ninguna otra opción, sino por no haber sabido tomar la correcta.

La capacidad de enmarcar nos ofrece una salida. Los humanos podemos conseguir adaptarnos si confiamos en nuestras capacidades cognitivas para generar modelos mentales, si aprendemos a visualizar mejor las consecuencias y a elegir opciones alternativas mejores. Sin embargo, para lograrlo necesitamos cierto grado de libertad cognitiva que actualmente está siendo atacada por todos lados. Debemos darnos cuenta de que tenemos todo lo que necesitamos para sobrevivir y prosperar siempre y cuando seamos capaces de reunir la responsabilidad, la valentía y la imaginación necesarias para aceptar nuestro papel como enmarcadores.

1 Sobre los antibióticos a lo largo de la historia y su resistencia: Organización Mundial de la Salud (OMS) (29 de abril de 2019): “Un nuevo informe insta a actuar con urgencia para prevenir una crisis causada por la resistencia a los antimicrobianos”, OMS. Disponible en https://www.who.int/es/news/item/29-04-2019-new-report-calls-for-urgent-action-to-avert-antimicrobial-resistance-crisis?utm_campaign=news&utm_medium=miragenews&utm_source=miragenews [consultado el 18/06/21]. Muertes estimadas debido a la resistencia a los antibióticos: en camino a llegar a los diez millones para 2050 según las estadísticas de la OMS.

2 Sobre una muerte cada tres segundos: MYERS, Joe (23 de septiembre de 2016): “This Is How Many People Antibiotic Resistance Could Kill Every Year by 2050 If Nothing Is Done”, World Economic Forum. Disponible en https://www.weforum.org/agenda/2016/09/this-is-how-many-people-will-die-from-antimicrobial-resistance-every-year-by-2050-if-nothing-is-done/ [consultado el 18/06/21].

3 La infección del hijo de Coolidge: FOLLETT, Chelsea (1 de marzo de 2016): “U.S. President’s Son Dies of an Infected Blister”, Human Progress (web). Disponible en https://www.humanprogress.org/u-s-presidents-son-dies-of-an-infected-blister/ [consultado el 18/06/21].

4 Utilizar la IA para identificar antibióticos: STOKES, Jonathan M. et al. (20 de febrero de 2020): “A Deep Learning Approach to Antibiotic Discovery”, Cell, vol. 180, n.º 4, pp. 688-702. Disponible en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0092867420301021 [consultado el 09/07/21].

5 Citas de Barzilay: Regina Barzilay en una entrevista con Kenneth Cukier, febrero y noviembre de 2020.

6 Sobre Colin Kaepernick: REID, Eric (25 de septiembre de 2017): “Why Colin Kaepernick and I Decided to Take a Knee”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2017/09/25/opinion/colin-kaepernick- football-protests.html [consultado el 18/06/21].

7 Fasciculus Medicinae: Para saber más sobre las partes del cuerpo asociadas con los signos del zodiaco véase “Historical Medical Library”, College of Physicians of Philadelphia. Disponible en https://www.cppdigitallibrary.org/ [consultado el 18/06/21].

8 Sobre el lysenkoísmo: KEAN, Sam (19 de diciembre de 2017): “The Soviet Era’s Deadliest Scientist Is Regaining Popularity in Russia”, The Atlantic. Disponible en https://www.theatlantic.com/science/archive/2017/12/ trofim-lysenko-soviet-union-russia/548786/ [consultado el 18/06/21]; KOLCHINSKY, Edouard I. et al. (19 de octubre de 2017): “Russia’s New Lysenkoism”, Current Biology, vol. 27, n.º 19, pp. R1.042-1.047.

9 Sobre el proceso de enmarcar el teléfono y el fonógrafo: ROSEN, Rebecca J. (7 de marzo de 2012): “The Magical, Revolutionary Telephone”, The Atlantic. Disponible en https://www.theatlantic.com/technology/archive/2012/03/the-magical-revolutionary-telephone/254149/ [consultado el 18/06/21]; “History of the Cylinder Phonograph”, Library of Congress. Disponible en https: //www.loc.gov/collections/edison-company-motion-pictures-and-sound-recordings/ articles-and-essays/history-of-edison-sound-recordings/history-of-the-cylinder- phonograph/#:~:text=The%20phonograph%20was%20developed%20as, the%20telegraph%20and%20the%20telephone.&text=Edison%20later%20changed%20the%20paper,recording%2C%20and%20one%20for%20playback [consultado el 18/06/21].

10 Sobre Edison y la educación: OPPENHEIMER, Todd (2004): The Flickering Mind: Saving Education from the False Promise of Technology, Nueva York, Random House.

11 Sobre el efecto marco de Kahneman y Tversky: TVERSKY, Amos y KAHNEMAN, Daniel (30 de enero de 1981): “The Framing of Decisions and the Psychology of Choice”, Science, vol. 211, n.º 4.481, pp. 453-458.

12 Sobre el cambio de paradigma de Kuhn: KUHN, Thomas S. (1971): La estructura de las revoluciones científicas, México, Fondo de Cultura Eco­nómica.

13 Sobre el origen de la perspectiva en el arte: VASARI, Giorgio, “Filippo Brunelleschi, escultor y arquitecto”, en (2002): Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos, Helena Aguilà, Mercedes Fernández García, Giovanna Gabriele, Javier Gutiérrez Carou, Rosario López Gregoris, María Teresa Méndez Baiges, Juan Montijano García y Scherezade Zaramella (trads.), Madrid, Ediciones Cátedra, pp. 251-277.

14 Sobre los hiperracionalistas: Nos referimos a un sentimiento general, no a un grupo específico, es decir, no a los pensadores de tecnología y sociedad estadounidenses llamados racionalistas. FINLEY, Klint (23 de noviembre de 2013): “Geeks for Monarchy: The Rise of the Neoreactionaries”, Tech-Crunch (web). Disponible en https://techcrunch.com/2013/11/22/geeks-for-monarchy/ ?guccounter=2 [consultado el 18/06/21]. Véase también, METZ, Cade (13 de febrero 2021): “Silicon Valley’s Safe Space”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2021/02/13/technology/slate-star-codex- rationalists.html [consultado el 18/06/21].

15 Sobre la singularidad: KURZWEIL, Raymond (2012): La singularidad está cerca, Carlos García Hernández (trad.), Berlín, Lola Books.

16 Sobre el potencial y las limitaciones de la IA: Gary Marcus, un gran desarrollador de IA, emprendedor y científico cognitivo, también es un gran crítico de esta y señala todos los problemas que tiene actualmente. Véase MARCUS, Gary y DAVIS, Ernest (2019): Rebooting AI: Building Artificial Intelligence We Can Trust, Nueva York, Pantheon Books.

17 Cita de Rousseau: ROUSSEAU, Jean-Jacques (1963): “Correspondence Générale XVII, 2-3”, en Ernst CASSIRER, The Question of Jean-Jacques Rousseau, Bloomington, Indiana University Press, citado en Claes G. RYN (1990): Democracy and the Ethical Life: A Philosophy of Politics and Community, Washington DC, Catholic University of America Press, p. 34 [2.ª edición].

18 Sobre el instinto de Welch: WELCH, Jack (2002): Hablando claro, Lluís Delgado Picó (trad.), Madrid, Ediciones B.

19 Sobre los beneficios de utilizar datos y estadísticas: MEEHL, Paul E. (1954): Clinical Versus Statistical Prediction: A Theoretical Analysis and a Review of the Evidence, Mineápolis, University of Minnesota Press.

20 Sobre AlphaZero: Esta sección se benefició enormemente de las entrevistas de marzo de 2019 de Kenneth Cukier con Demis Hassabis de DeepMind, así como con el gran maestro de ajedrez Matthew Sadler y la maestra Natasha Regan, por lo que los autores les dan las gracias.

21 Sobre los detalles del modelo de entrenamiento de AlphaZero: SILVER, David et al. (6 de diciembre de 2018): “A General Reinforcement Learning Algorithm That Masters Chess, Shogi and Go”, DeepMind (web). Disponible en https://deepmind.com/research/publications/general-reinforcement- learning-algorithm-masters-chess-shogi-and-go-through-self-play [consultado el 18/06/21]; SILVER, David et al. (5 de diciembre de 2017): “Mastering Chess and Shogi by Self-Play with a General Reinforcement Learning algorithm”, DeepMind (web). Disponible en https://arxiv.org/abs/1712.01815 [consultado el 18/06/21]. El proyecto sucesor de AlphaZero, llamado MuZero, puede aprender las normas de los juegos de mesa por sí mismo. Véase SCHRITTWIESER, Julian et al. (23 de diciembre de 2020): “Mastering Atari, Go, Chess and Shogi by Planning with a Learned Model”, Nature, vol. 588, n.º 7.839, pp. 604-609. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41586- 020-03051-4 [consultado el 18/06/21].

22 AlphaZero y la estrategia de ajedrez: SADLER, Matthew y REGAN, Natasha (2019): Game Changer: AlphaZero’s Groundbreaking Chess Strategies and the Promise of AI, Alkmaar, New in Chess.

23 Our World in Data: Más información sobre el proyecto y sus financiadores en el apartado “Our Supporters” de Our World in Data disponible en https:// ourworldindata.org/funding [consultado el 18/06/21].

24 Sobre Harari: HARARI, Yuval N. (2016): Homo Deus: breve historia del mañana, Joandomènec Ros i Aragonés (trad.), Barcelona, Debate.

25 Sobre Fukuyama: FUKUYAMA, Francis (1992): El fin de la historia y el último hombre, P. Elías (trad.), Barcelona, Planeta.

ii

La capacidad de enmarcar

Los modelos mentales afectan a todo lo que hacemos, incluso aunque no nos demos cuenta

El domingo 15 de octubre de 2017, Alyssa Milano estaba tumbada en la cama de su casa de Los Ángeles leyendo las noticias.1 Internet ardía por las acusaciones al productor cinematográfico Harvey Weinstein. Milano había sido una estrella infantil en comedias televisivas de los ochenta y por aquel entonces era una actriz de cuarenta y pico años, por lo que conocía perfectamente todos los nombres que se estaban mencionando en las noticias. Por desgracia el acoso sexual no es algo inaudito en Hollywood; de hecho, el notorio “casting de sofá” es una institución abominable de la industria. Pero a Milano aquellas revelaciones le parecieron diferentes. No se trataban de insinuaciones indeseadas, sino de agresiones físicas, decenas de ellas, que no habían sido meramente ignoradas durante décadas, sino activamente encubiertas.

De repente, le llegó un mensaje de una amiga que sugería que, si las mujeres alzaran la voz en Twitter, el mundo comprendería la magnitud del problema. A Milano le pareció una muy buena idea; siempre había sido una persona muy comprometida. Cuando era una joven estrella de quince años, besó a un chico seropositivo en un programa de entrevistas de la televisión para demostrar que el contacto casual con personas con SIDA no suponía ningún peligro. En 2013 “filtró” en internet lo que parecía ser un vídeo sexual de ella y su marido, pero que en vez de contener escenas subidas de tono en realidad era un segmento de dos minutos explicando el conflicto de Siria; utilizó el clickbait en favor del humanitarismo.

Así que para ella recurrir a Twitter tenía mucho sentido. “Sería una muy buena manera de hacernos una idea sobre la magnitud del problema”, recuerda que pensó Milano, y también “sería una manera de quitar el protagonismo a estos hombres horribles y devolvérselo a las víctimas y supervivientes”.2 La propia Milano había sido agredida en un estudio cinematográfico casi veinticinco años atrás, pero nunca lo había mencionado públicamente.3 Así que decidió abrir Twitter y teclear: “Si te han acosado o agredido sexualmente escribe “me too” en respuesta a este tuit”.4 A continuación apagó el dispositivo, echó un vistazo a su hija de tres años ya dormida y se fue a la cama.

Cuando se despertó quedó totalmente sorprendida al ver que su tuit tenía treinta y cinco mil respuestas y no paraba de crecer. Se extendió por todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos. Al final del día, el hashtag #MeToo ya había sido utilizado en más de doce millones de publicaciones. Empezaron a llamarla los periodistas. Se convirtió en un fenómeno mundial.

El movimiento MeToo es muchas cosas, pero quizá una de las más importantes es que es un marco. Transformó la manera en que percibimos el abuso sexual; dejó de ser algo que deberíamos guardar en la esfera privada para convertirse en algo que podíamos hacer público. Las declaraciones en Twitter se convirtieron en una fuente de empoderamiento y liberación. El movimiento MeToo consiguió revertir el es­tigma; las mujeres no deberían sentirse avergonzadas y tienen todo el derecho del mundo a avergonzar a los hombres que las han agredido.

Antes del movimiento MeToo, si una mujer hablaba sobre una agresión se arriesgaba a ser vista no como una víctima, sino como una persona complaciente, cómplice o culpable. (“¿Por qué fuiste a su piso?”, “¿Por qué llevabas ese vestido tan provocador?”). Gracias a este nuevo marco, las mujeres pudieron compartir su testimonio sabiendo que no estaban solas y que tenían un grupo de apoyo mundial en la palma de su mano.

Este nuevo marco no solamente nos proporcionó una manera alternativa de reflexionar sobre esta cuestión, sino que nos abrió un nuevo abanico de acciones y decisiones posibles.

cartografiar el mundo

Gracias a los marcos, la complejidad del mundo nos resulta más comprensible, ya sea en relación con la respuesta de las mujeres ante el aco­so sexual o con la manera en que los científicos conciben las estructuras moleculares de los antibióticos. Nuestras mentes están repletas de marcos. Así es como pensamos. Los marcos pueden ser simples o sofisticados, precisos o imprecisos, hermosos o malintencionados. Pero todos capturan algún aspecto de la realidad. Y gracias a ello podemos explicar, centrarnos y decidir.5

La democracia es un marco, como también lo es la monarquía. En el ámbito de los negocios, la producción ajustada es un marco, como también lo son los OKR6 (el sistema de dirección popularizado por Intel y más tarde por Google conocido por sus siglas en inglés de Objective Key Results, objetivos y resultados clave). La religión es un marco, como también lo es el humanismo secular (es decir, la moralidad sin Dios). El Estado de derecho es un marco, como también lo es la noción de que el poder actúa correctamente. La igualdad racial es un marco, como también lo es el racismo.

Los marcos son tan fundamentales para nuestro raciocinio como versátiles. En las últimas décadas, los investigadores de disciplinas tan amplias como la filosofía y la neurociencia han estado estudiando la capacidad humana de enmarcar (aunque utilizan una gran variedad de términos para referirse a ella, como por ejemplo plantilla, abstracciones, representaciones y esquemas).

Hoy en día, la idea de que los humanos pensamos mediante modelos mentales está ampliamente aceptada tanto en las ciencias duras como en las blandas. Sin embargo, se trata de un fenómeno muy reciente. A principios del siglo xx las reflexiones sobre el pensamiento humano se dejaban en manos de los filósofos. Sigmund Freud y su interés por los misterios de la mente fueron más bien una excepción, no la regla. Durante el periodo de entreguerras, algunos filósofos como por ejemplo Ernst Cassirer y Ludwig Wittgenstein llegaron a la conclusión de que la mente se basaba en los símbolos y las palabras que podía manipular.7 Fue un gran paso en dirección a una visión más racional de la cognición, pero por aquel entonces todo era teórico, no había ninguna prueba empírica.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las ciencias empíricas centraron su atención en la mente humana. Pasó de ser un asunto de filósofos a uno de psicólogos, sobre todo cuando estos últimos empezaron a reflexionar sobre los procesos cognitivos del cerebro. Al principio equipararon estos con estrictas operaciones lógicas, pero los estudios empíricos no consiguieron respaldar esta teoría. A inicios de la década de los setenta, la idea de los “modelos mentales”8 fue ganando terreno, así como el concepto de que el raciocinio humano no opera siguiendo una lógica formal, sino que funciona más bien como si fuera un simulador de la realidad: somos capaces de valorar distintas opciones porque podemos imaginar lo que podría ocurrir.9

Hoy en día esta teoría se ha demostrado empíricamente gracias a numerosos experimentos realizados por psicólogos y científicos cognitivos. La neurociencia también ha colaborado bastante en los últimos años gracias a las resonancias magnéticas, que nos permiten visualizar la actividad cerebral de un sujeto en tiempo real. Los estudios han demostrado, por ejemplo, que cuando planificamos el futuro se nos activan las áreas cerebrales asociadas con la cognición espacial y nuestra capacidad de pensar en tres dimensiones. Es como si literalmente nos sumergiéramos en una especie de sueño intencionado y deliberado.

Todo este trabajo ha provocado una lenta transformación de nuestra comprensión del pensamiento humano. Todo apunta a que los modelos mentales son los pilares fundamentales de la cognición humana. Todo lo que vemos y sabemos, notamos y creemos, empieza por la manera en que percibimos el universo. Comprendemos el mundo en relación con cómo creemos que funciona: por qué ocurren las cosas, cómo podrían transcurrir en un futuro y lo que podría ocurrir si actuáramos. Los marcos no son ni “la imaginación” ni “la creatividad”, pero nos permiten ejercitar ambas capacidades.

La mayor parte de las personas seguramente no piensan demasiado en su estado mental cuando toman decisiones. Esto se debe a que la mayoría de las decisiones que tomamos no tienen grandes consecuencias; qué camisa ponernos, qué ingredientes añadir a una ensalada, etcétera. Pero cuando se trata de tomar decisiones más trascendentales, el proceso se ha transformado por completo gracias al concepto de los modelos mentales. Muchas personas se toman su tiempo para tomar consciencia de los marcos de los que disponen y elegirlos deliberadamente.

La importancia fundamental de los marcos no reside en lo que son, sino en lo que nos facilitan. Nos empoderan porque nos permiten centrar la mente. Cuando funcionan bien, enfatizan lo más esencial y nos permiten ignorar todo lo demás. Se trata de una herramienta del programa, no de un error de software (como dicen los programadores). Los marcos son como atajos cognitivos gigantescos y eficientes que condicionan el espacio mental donde tomamos decisiones. Consiguen que nos resulte mucho más sencillo y práctico identificar distintas opciones. Los marcos simplifican, fortifican y amplifican la manera en que concebimos el mundo para que podamos actuar en él.

Los marcos también nos proporcionan libertad, ya que podemos seleccionarlos según los aspectos de la realidad que queramos destacar. El hecho de ser capaces de probar distintos marcos intencionadamente nos permite llegar mucho más lejos que los animales, que simplemente siguen sus instintos, o que las máquinas, que se limitan a acatar instrucciones. Dado que tenemos la capacidad de ver el mundo desde distintos puntos de vista, podemos enriquecer nuestra comprensión y encontrar soluciones mejores. Cuando elegimos un marco, en realidad lo que estamos haciendo es escoger un camino por el que tarde o temprano acabaremos tomando una decisión. Para comprender mejor todo esto vamos a poner un ejemplo práctico con mapas.

Los mapas son representaciones físicas de un modelo mental.10 Delimitan los espacios y señalan localizaciones. Al igual que los marcos, los mapas satisfacen distintas finalidades. Y del mismo modo que elegimos los marcos según nuestras necesidades y las decisiones a las que nos enfrentamos, escoger un mapa también es una decisión consciente que acarrea consecuencias en nuestra manera de comprender el mundo y actuar en él. Además, también moldean nuestra percepción.

El mapa con el que estamos más familiarizados es el cartesiano, que tiene dos dimensiones perpendiculares. La ventaja que presenta este tipo de mapas es su aparente objetividad; todas las distancias son correctas en relación entre sí y cada punto tiene su propia ubicación. Los mapas cartesianos nos permiten ubicarnos y proyectarnos a cualquier punto (e imaginar cómo debe ser el mundo desde allí). Pero también dejan de lado muchas otras características. Por poner un ejemplo, normalmente los mapas cartesianos son planos, cosa que dificulta poder reflejar el desnivel (tenemos que valernos de curvas de nivel o de distintos colores para conseguirlo). Es por eso por lo que resultan muy útiles para saber dónde se encuentra algo, pero no para saber cuánto tardaremos en llegar hasta ahí. Los mapas, al igual que los marcos, son muy adecuados para ciertas circunstancias, pero no para todas.

Si estuvieras en una ciudad como Londres o Tokio y quisieras ir de una punta de la ciudad a la otra, seguramente un mapa cartesiano no te serviría de nada. Te resultaría mucho más útil un mapa de transporte. Estos mapas simplifican la complejidad del territorio de una ciudad a un diagrama de líneas y estaciones diferenciadas por colores. Consiguen que sea muy fácil identificar dónde se entrecruzan las líneas de tren o autobús. Los mapas de transporte son una verdadera obra maestra debido a todo lo que no incluyen. Están diseñados para que podamos elegir la ruta más conveniente. ¡Pero pobre del que utilice un mapa de transporte para orientarse por las calles de la ciudad!

El mapa del metro de Londres, por ejemplo, tiene la característica particular de que ignora las distancias reales en favor de la legibilidad: puede que dos estaciones que parezcan estar muy cerca en el mapa en realidad estén a kilómetros de distancia. Y la mayoría de los mapas de transporte no indican a los usuarios cuánto tiempo se tarda en llegar a una destinación; la longitud de la línea entre dos estaciones normalmente no está a escala. Los mapas de transporte suelen renuncian a representar la distancia real en favor de la comprensión.

Incluso los mapas topográficos pueden dibujarse de decenas de maneras distintas, ya que la superficie de una esfera puede proyectarse en un plano bidimensional de muchas maneras diferentes. Pero cada una de ellas tiene sus fortalezas y sus debilidades. Si elegimos la manera en que la longitud y la latitud se proyectan perpendicularmente (como, por ejemplo, los mapas realizados siguiendo la proyección de Mercator11), cuanto más nos alejemos del centro más se distorsionará el área. Es por eso por lo que Alaska parece mucho más grande que Australia a pesar de que en realidad ocupa menos de un cuarto de su superficie. En cambio, hay otros mapas que muestran las medidas correctas de las áreas, pero que en cambio distorsionan su forma. Siempre hay que sacrificar algo en favor de otra cosa.

Por lo tanto, la pregunta “¿Qué mapa es mejor?” es un sinsentido a nivel abstracto. La respuesta depende del contexto en que se utilice el mapa y de la finalidad que tengamos. Con los marcos ocurre exactamente lo mismo. No hay ningún marco que sea bueno per se. Depende de la situación y de nuestra intención. Una vez escogemos un marco y lo aplicamos se nos abren varias opciones. Si no nos decidimos a aplicar ningún marco, podemos acabar discutiendo eternamente sin pasar a la acción. Escoger y aplicar un marco (es decir, convertirnos en enmarcadores) es lo que sienta las bases para que podamos tomar una decisión y entrar en acción.

Los estadounidenses están muy familiarizados con el término enmarcadores debido a las lecciones de historia del colegio. Lo utilizan para referirse a los hombres (y, por aquel entonces, solo a los hombres) que redactaron la Constitución de los Estados Unidos.12 Se les llamaba “enmarcadores” porque estaban creando un “marco de Gobierno”. La palabra está muy bien escogida, ya que la Constitución de los Estados Unidos es efectivamente un marco que define y delimita las instituciones y los procesos del Gobierno. Este documento fue el resultado de una serie de debates intensos entre dos bandos clave sobre distintos modelos de gobierno que se alargaron durante meses en el verano de 1787.

Los federalistas abogaban por un modelo de gobierno fuerte y centralizado con un presidente ejecutivo poderoso, un Estado de derecho firme y unos derechos estatales limitados. Su marco centraba la atención en lo que necesitarían para construir un Estado nacional fuerte que pudiera llegar a convertirse en una gran potencia. El marco que proponían era “federal” porque el poder se traspasaba de arriba abajo, no “confederado”, un modelo en el que el poder proviene de los elementos que lo componen. Por el contrario, los antifederalistas querían un centro débil, un modelo de gobierno más descentralizado, garantías para los derechos individuales y una democracia más directa. Su marco priorizaba la creación de unas democracias locales fuertes que pudieran unir fuerzas y defenderse entre ellas ante cualquier amenaza externa.

Al igual que sucede con los mapas, ninguno de estos dos marcos es inferior per se; cada uno tiene sus pros y sus contras y cualquiera de los dos podría ser adecuado en ciertas circunstancias. Todavía hoy en día estos dos modelos mentales siguen estando en el centro del debate sobre cómo gobernar las repúblicas democráticas. Más de dos siglos después, al otro lado del Atlántico, las naciones europeas siguen utilizando marcos similares en el debate de si la Unión Europea debería ser un demos (un pueblo unido con un centro fuerte) o un demoi (un conjunto de pueblos con una forma de gobierno más descentra­lizada).

La existencia de múltiples marcos contrapuestos puede provocar debates interesantes y suscitar una gran variedad de opiniones diversa. Pero cuando se puede aplicar más de un marco (cosa que suele ocurrir a menudo), elegir cuál es el más adecuado para la situación en cuestión resulta muy complicado. Tomar esta decisión requiere tener un buen conocimiento de los objetivos y del contexto en que se quiere aplicar el marco. Hay mucho en juego.

la enmarcación errónea y las catástrofes

Enmarcar erróneamente puede llegar a ser catastrófico. Para darnos cuenta de la importancia que tiene escoger el marco adecuado vamos a examinar cómo los expertos y los políticos gestionaron dos pandemias distintas.

Cuando en primavera de 2014 hubo un brote del virus del ébola en África Occidental, convocaron a expertos de todo el mundo para que lo estudiaran y ayudaran a contenerlo. Las dos organizaciones principales que acudieron fueron la Organización Mundial de la Salud (OMS), una organización de las Naciones Unidas, y Médicos Sin Fronteras (MSF), un grupo de ayuda internacional. Los expertos de ambas organizaciones sabían que su primera arma para librar esa batalla era la información. Pero a pesar de tener los mismos datos, sacaron conclusiones completamente opuestas. Y no es que sus análisis fueran erróneos, sino que utilizaron marcos distintos para valorar la misma situación, cada uno basado en una perspectiva diferente de las circunstancias del brote y de su futura propagación.

La OMS basó su modelo en un marco histórico. Viendo el número relativamente bajo de casos de ébola, pensaron que el brote de 2014 sería muy similar a los que ya se habían producido anteriormente en la región y se habían logrado contener a nivel local. La OMS predijo que el brote sería limitado y aconsejó no tomar medidas internacionales drásticas. Por el contrario, MSF valoró los brotes desde una perspectiva espacial. El virus se había propagado por varios poblados que estaban relativamente alejados entre sí y que además estaban situados a lo largo de la frontera con otros tres países. Debido a esta observación, MSF llegó a la conclusión de que el virus seguramente se había propagado más de lo que los datos indicaban. Y por eso la organización abogó por tomar acciones rigurosas de inmediato.13

En el fondo las tensiones se originaron debido a que habían conceptualizado la crisis de manera diferente; unos creían que el brote estaba centralizado y otros que se había propagado. Aquella plaga corría el riesgo de acabar convirtiéndose en una catástrofe mundial. Ya habían muerto cientos de personas, pero estaban en juego las vidas de cientos de millones más. Al principio la OMS ganó la discusión y solo se adoptaron medidas locales. Pero la rápida expansión del ébola acabó confirmando la visión alarmista de MSF. Entonces se desató el pánico a nivel mundial. (Donald Trump, que por aquel entonces era un promotor inmobiliario convertido en estrella de televisión, tildó al presidente estadounidense Barack Obama de “psicópata” por no querer cancelar los vuelos provenientes de África Occidental y tuiteó: “¡no los dejéis entrar!”, (aunque en realidad no había ningún vuelo directo entre esas dos regiones).14 Solo las medidas extraordinarias que tomaron los Gobiernos consiguieron contener la propagación y, finalmente, la crisis acabó disminuyendo.

Avancemos ahora hasta 2020. Cuando las autoridades sanitarias públicas detectaron un nuevo tipo de coronavirus a principios de ese mismo año, todavía no estaba muy claro a qué tipo de enfermedad nos estábamos enfrentando. Hasta entonces se conocía la existencia de siete tipos de coronavirus que podían afectar a los humanos con una gran variedad de tasas de contagio y letalidad. Algunos tipos simplemente causaban un resfriado común. Otros, como por ejemplo el SARS (que afectó a Asia del 2002 al 2004) y el MERS (que afectó a Oriente Medio en 2012), demostraron provocar síntomas más graves, tener periodos de incubación más largos y causar tasas de letalidad del diez por ciento y el treinta y cinco por ciento respectivamente.15 Sin embargo, el mundo ya había sufrido brotes de coronavirus anteriormente y todos habían sido sofocados, igual que el ébola.

Quizá fue precisamente por este motivo que al principio los países no tenían claro si debían hacer saltar las alarmas por el descubrimiento del SARS-CoV-2 y de la enfermedad que provocaba, el COVID-19. China cerró la ciudad de Wuhan, una acción sin precedentes que parecía algo que solo un régimen autoritario querría y podría emprender. En Italia los casos empezaron a multiplicarse antes de poder percibir la gravedad del asunto. Los hospitales de la región de Lombardía se vieron tan sobrepasados que llegó un punto en que los médicos fueron obligados entre lágrimas a sedar a los pacientes de más de sesenta años para que murieran sin dolor, y conservar así los limitados recursos médicos para los más jóvenes.16

Todos los países tenían los mismos datos, al igual que había ocurrido con la OMS y MSF en 2014. Y al igual que en el caso del ébola, la manera en que los países enmarcaron inicialmente el COVID-19 afectó las opciones que concibieron, las acciones que emprendieron y cómo les fue al principio de la crisis. Las respuestas de Reino Unido y de Nueva Zelanda en particular son un buen ejemplo para demostrar que escoger marcos distintos produce resultados diferentes.

Nueva Zelanda enmarcó el COVID como si fuera SARS y decidió optar por una estrategia de erradicación. A pesar de que el país no había estado afectado anteriormente por el SARS, sus funcionarios se reunían a menudo con sus homólogos de los países vecinos que sí que se habían visto muy afectados por el virus, como por ejemplo Taiwán y Corea del Sur, y que habían creado unas políticas y unos sistemas para monitorizar enfermedades muy efectivos. Por consiguiente, al principio del brote del COVID-19 las autoridades sanitarias de Nueva Zelanda enseguida se pusieron en modo catástrofe. La primera ministra Jacinda Ardern decidió que era mucho mejor reaccionar de manera desproporcionada que no quedarse cortos. “Actualmente tenemos 102 casos, pero seguro que en algún momento Italia tuvo el mismo número de infectados”, dijo a toda la nación en marzo de 2020. El país se confinó, cerró fronteras y se comprometió a rastrear los contactos de cada caso.17

Paralelamente, en Reino Unido se enmarcó el COVID como si fuera más bien una gripe estacional y se optó por una estrategia de mitigación. Las autoridades sanitarias dieron por sentado que el virus se propagaría inevitablemente por la población y que con el tiempo adquirirían la inmunidad de rebaño. El Gobierno dejó de hacer test y de rastrear los contactos al inicio de la crisis, y tardó mucho más que sus homólogos europeos en emprender acciones como por ejemplo prohibir los eventos públicos multitudinarios o cerrar las escuelas. Las autoridades solo se decantaron por decretar el confinamiento nacional cuando los modelos epidemiológicos mostraron que el virus colapsaría su sistema nacional de salud.18 A principios de junio, la primera ministra Ardern declaró que su país estaba libre de COVID, mientras que Reino Unido registró alrededor de cincuenta mil muertes por COVID, una de las tasas más altas del mundo.19/20

Dos organizaciones. Dos países. Mismos datos y mismos objetivos, pero diferentes marcos y diferentes acciones. Y resultados muy diferentes.

Los marcos nos ayudan a llegar hasta dónde queremos ir, pero somos nosotros los que tenemos que elegir hacia dónde dirigirnos. En cierto modo resulta reconfortante, ya que significa que seguimos teniendo el control. Pero también puede resultar abrumador. Por muy poderosos y versátiles que sean los marcos, y por muy valiosos e indispensables que pueden llegar a ser, en última instancia somos nosotros los que tenemos que escoger.

visualizar nuevos mundos

Los marcos nos permiten visualizar aquello que no podemos percibir. Se trata de un superpoder que poseemos todos los humanos. Hay varios motivos que justifican que no podamos ver algo directamente; quizá no tengamos tiempo de recabar información o no queramos hacerlo o no podamos hacerlo porque los datos nos eluden. En todas estas situaciones no podemos ver directamente el panorama completo, pero nuestros modelos mentales nos ayudan a llenar el espacio en blanco. Gracias a ellos podemos ampliar nuestra capacidad de toma de decisiones mediante nuestra imaginación, que nos permite ir más allá de lo inmediato y adoptar ideas más generales y abstractas. Esto nos anima a utilizar nuestro intelecto para propósitos que de otra forma solo hubiéramos podido soñar.

Para entender hasta qué punto podemos utilizar los marcos para llenar el espacio en blanco, vamos a examinar los alunizajes. Cuando el modulo lunar del Apolo 11 se posó encima de la superficie de la Luna en el verano de 1969, fue una hazaña extraordinaria. Pero los astronautas no llegaron a la Luna gracias a los motores atronadores Saturno V ni a los nuevos ordenadores rudimentarios. En realidad, en más de un sentido, fue gracias a nuestra capacidad de utilizar los marcos para “ver” lo que no podemos percibir.

Nadie sabía cómo navegar a través de los más de trescientos cincuenta mil kilómetros de espacio vacío que hay entre la Tierra y la Luna. Los expertos de la NASA tuvieron que imaginárselo, crear un modelo mental de la navegación espacial y las herramientas que necesitarían para poder hacerlo realidad. Y no se trataba simplemente de que la brújula no funcionara, sino que los conceptos de norte y sur no tenían ningún sentido en el espacio. Asimismo, los ingenieros ape­nas tenían experiencia en construir motores que pudieran funcionar en el frío vacío del espacio y que además se pudieran activar y reactivar solo con pulsar un botón. Así que construyeron el cohete basándose en los modelos mentales de cómo operan los motores no solamente en la atmósfera de nuestro planeta, sino también en el espacio. Las pruebas que hicieron ayudaron mucho, por supuesto, pero sirvieron sobre todo para verificar lo que los científicos ya habían imaginado en su cabeza.

Cuando Neil Armstrong dio aquel “pequeño paso” en la superficie lunar, se sorprendió de su firmeza, ya que esperaba hundirse cuatro o cinco centímetros. “La superficie es fina y polvorienta –dijo el capitán de treinta y ocho años por la radio a su tripulación y al centro de control–. Solo me he hundido una fracción de centímetro, quizá apenas un cuarto”.21 Pero esta fue la única sorpresa que se llevaron en el Apolo 11. El resto de los humanos de la Tierra que se encontraban a cientos de miles de quilómetros llevaban meses y años utilizando marcos para averiguar qué se necesitaría para conseguir que los astronautas llegaran a la Luna y para traerlos de vuelta.

La capacidad de concebir algo que nunca hemos experimentado no siempre nos sale de manera innata. El día después del lanzamiento del Apolo 11, The New York Times publicó la que se considera la mejor enmienda de la historia periodística cuarenta y nueve años después de haber publicado el artículo original. “El 13 de enero de 1920”, rezaba el periódico, publicaron un artículo en que “se rechazaba la idea de que un cohete pudiera operar en el vacío”. El artículo original se burlaba de los científicos que “parecen carecer de los conocimientos básicos que se enseñan cada día en nuestros institutos”. Pero más tarde el periódico tuvo que tragarse sus propias palabras. “Sin embargo, investigaciones posteriores han confirmado las teorías de Isaac Newton del siglo xvii y han verificado que los cohetes pueden operar tanto en el vacío como en la atmósfera. The Times lamenta el error”.22

Utilizar marcos para ver lo que (todavía) no podemos percibir es muy común en ciencias. Los eruditos de 1846 predijeron la existencia de un octavo planeta, Neptuno, basándose en su modelo del movimiento de los planetas y los datos que habían recabado al observar a Urano, su vecino planetario. Cuando los astrónomos apuntaron sus telescopios en dirección a la supuesta posición de Neptuno consiguieron encontrarlo, tal y como habían predicho gracias al modelo mental.

También podríamos tomar como ejemplo el bosón de Higgs, una partícula elemental diminuta.23 En la década de los sesenta, los físicos ya predijeron la existencia de esta partícula gracias a los marcos de la física de partículas y la física cuántica. Pero se necesitaron cincuenta años más y el Gran Colisionador de Hadrones, cuya construcción costó diez billones de dólares, para poder recabar datos suficientes como para poder verificar dicha teoría. Gracias a su marco fueron capaces de predecir lo que descubrirían más adelante. Y en 2020 los científicos aplicaron el marco de Einstein sobre la relatividad para predecir el “baile” de un agujero negro alrededor de otro a billones de años luz de distancia, calentando una cantidad de materia equivalente a un billón de soles prácticamente cada hora. Así de precisos pueden llegar a ser los marcos a la hora de describir lo que todavía no podemos observar.

Eso de ver lo que no podemos percibir también se puede aplicar a otros ámbitos. En el mundo de los negocios se utiliza la llamada “estrategia del océano azul” para identificar los espacios de mercado inexplorados (como si estuvieran solos en medio del mar) que las empresas deberían explotar.24 Aprovechan minuciosamente las cualidades de la capacidad humana de enmarcar para ayudar a los directivos a visualizar los vacíos comerciales y a proponer opciones y alternativas en los mercados y los productos. La estrategia del océano azul creada por W. Chan Kim y Renée Mauborgne, dos profesores universitarios que dan clases en la escuela de negocios INSEAD, ha demostrado ser muy útil. La compañía de videojuegos japonesa Nintendo la utilizó para identificar los productos y espacios de mercado vacíos que acabarían convirtiéndose en la exitosa Nintendo DS y la Wii.

Los marcos son como navajas suizas cognitivas; nos permiten comprender y explicar el mundo, ver lo que no existe, obtener opciones y conformar nuestras decisiones. Y la capacidad humana de enmarcar es una herramienta completa y versátil que nos ayuda alcanzar las estrellas, tanto en sentido metafórico como literal. Pero ¿cómo se aplica un marco a una situación y cómo se traduce exactamente un modelo mental a una decisión?

quedarse dentro del marco

Aplicar marcos no es fácil, pero tampoco hay que ser un genio para conseguirlo. Hacerlo bien requiere la mezcla perfecta de pensamiento riguroso e imaginación restringida. En los capítulos siguientes vamos a ver cómo aplicar correctamente los marcos. Pero primero vamos a analizar cómo los elementos clave de los marcos trabajan conjuntamente y se fortalecen entre ellos. Y para lograrlo vamos a examinar un caso de innovación trascendental muy conocido: la primera vez que la humanidad levantó el vuelo.

En una mañana fría y ventosa del 17 de diciembre de 1903, Orville y Wilbur Wright se turnaron para tumbarse bocabajo y pilotar un avión de dos alas hecho de madera de abeto, muselina y partes de bicicleta en la playa de Kitty Hawk, en Carolina del Norte. Aquel día volaron menos de trescientos metros cada uno; el trayecto más largo duró solamente cincuenta y nueve segundos. Pero iniciaron una revolución.25 A finales de la misma década, una aeronave consiguió recorrer los más de treinta kilómetros del canal de la Mancha. Un siglo después del primer vuelo de los hermanos Wright, antes de que el COVID-19 hiciera decaer el tráfico aéreo, surcaban los cielos unos cuatro mil millones y medio de pasajeros anualmente.

Orville y Wilbur Wright llevaban años obsesionados con volar. Regentaban una tienda de bicicletas en Dayton, Ohio, y no tenían ninguna formación formal en física. Pero eran metódicos y organizados. Se leían todos los artículos técnicos que encontraban y estudiaban con todo detalle el vuelo de los pájaros. Consiguieron comprender el modelo básico de la aerodinámica en corrientes de aire ascendentes y lo aplicaron a la construcción de planeadores que consiguieron hacer volar. Tomaron notas exhaustivas sobre cómo los distintos diseños afectaban sus vuelos. Cuando encontraron errores en los cálculos del pionero alemán de la aviación Otto Lilienthal, construyeron su propio túnel de viento para realizar de nuevo las pruebas de rendimiento. El hecho de ajustarse rigurosamente al marco de la aerodinámica les proporcionó dos ideas esenciales en las fases iniciales de su proceso.

La primera fue que lo primordial no era la estabilidad, sino el control. Al fin y al cabo, eran expertos en bicicletas. Ir en bicicleta es intrínsecamente inestable, pero el ciclista es capaz de equilibrar y controlar la bicicleta cuando está en movimiento, por lo que era crucial que el piloto pudiera controlar y equilibrar un vehículo volador en el aire. La segunda idea partió de esta primera. Por aquel entonces, los pilotos en ciernes se lanzaban por rampas o se tiraban por acantilados para crear la corriente de aire ascendente necesaria para volar. El rival de los hermanos, Samuel Langley, creó un Aerodrome que para despegar tenía que ser catapultado desde una casa flotante. Era muy difícil conseguir la velocidad necesaria. Así que los hermanos dieron la vuelta al problema y buscaron un sitio en el que hiciera el viento suficiente como para hacer despegar su aeronave. En el año 1900 acudieron al Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos para recabar información sobre la velocidad del viento por localización y, finalmente, se decantaron por Kitty Hawk, un pueblo con rachas de viento estables de entre veinticinco y treinta kilómetros por hora.

Su marco aerodinámico los ayudó a concebir cada paso, desde la curvatura de las alas para generar aire ascendente hasta su diseño para girar basado en sus observaciones de los pájaros al que bautizaron como “alas deformables” (que luego se dejó de utilizar en favor de técnicas mejores). Pero el punto clave de su éxito fue una tercera idea: la hélice.

Hasta entonces todos los diseños de hélices para aeroplanos se habían basado en las hélices de los barcos. Pero el agua es un millón de veces más densa que el aire. Las hélices de los barcos giran bajo el agua para producir impulso. En cambio, el aire es comprimible, por lo que los hermanos Wright se dieron cuenta de que tenían que replantearse el funcionamiento de las hélices de los aeroplanos. El marco aerodinámico les proporcionó la respuesta. Tal y como explicó Orville posteriormente: “Vimos claramente que la hélice era simplemente un [ala] de aeroplano en movimiento espiral”.26 Las hojas tenían que ser curvas para poder crear una corriente ascendente, igual que las alas.

Los estudios modernos estiman que la eficiencia de las hélices de los hermanos Wright era del ochenta por ciento, un porcentaje muy por encima del de sus competidores. Los hermanos comprendieron que para conseguir volar con motor debían averiguar cómo convertir la potencia del motor en un movimiento hacia adelante. Eso garantizaría que hubiera suficiente velocidad aerodinámica en las alas, que se traduciría en una corriente de aire ascendente y por ende les permitiría volar. Se trataba de una cadena de causa y efecto. Otros aviadores se centraron en diseñar motores más potentes o eficientes, pero los hermanos Wright comprendieron que la cadena causal era mucho más larga y que el motor era solamente uno de los eslabones.

También se dieron cuenta de que se podían crear una gran variedad de hélices de distintas longitudes, grosores, inclinaciones y formas. Las hélices de los aeroplanos no tenían por qué ser iguales que las de los barcos. Es muy importante saber liberar la mente de las nociones preconcebidas que nos limitan demasiado. Al utilizar la imaginación, incrementamos exponencialmente las opciones que podemos considerar y eso, a su vez, puede incrementar las posibilidades de encontrar una solución que sea realmente buena.

Sin embargo, tener una imaginación vívida también tiene sus desventajas. Había tantos diseños de hélices posibles que los hermanos Wright hubieran tenido que invertir mucho tiempo en probarlos todos. Además de ampliar el espacio de búsqueda, tenemos que saber concentrarnos eficientemente en las opciones que puedan resultar viables. Y eso es precisamente lo que hicieron los hermanos; cuando dejaron volar la imaginación por primera vez, se centraron en los diseños de hélice más prometedores. Y esos fueron los que examinaron y probaron cuidadosamente.

Al aplicar su marco se les ocurrieron muchas opciones que podían causar el efecto deseado, pero supieron seleccionar acertadamente las más relevantes. Fue un proceso muy eficiente y finalmente les hizo ganar la carrera del primer vuelo a motor del mundo. Pero no triunfaron porque se les ocurriera algo completamente nuevo, sino porque aplicaron magistralmente el marco que habían llegado a la conclusión que encajaba mejor. Los hermanos Wright no eran genios, sino enmarcadores ejemplares. Lograron tener éxito por pensar en clave de causa y efecto, imaginar alternativas y aplicar los límites derivados de las leyes de la física. Estos tres elementos, la causalidad, la contrafactualidad y las limitaciones, son la base esencial para aplicar marcos.

La historia de los hermanos Wright también evidencia que el marco en sí no es una solución, sino que simplemente es un medio para encontrarla. Utilizar un marco no es un acto únicamente instintivo; también es un acto meditado. Y no es algo instantáneo ni automático, como encender un interruptor. Requiere tiempo y determinación. Enmarcar es un proceso, un método que guía la mente humana para comprender, imaginar y evaluar sus opciones.

valores y maneras de ver el mundo

Los marcos también nos ayudan a poner en práctica nuestros valores. Al obligarnos a sopesar entre varias opciones, nos fuerzan a trazar una línea entre las que consideramos buenas y malas. El momento en que tenemos que limitar nuestra imaginación de acuerdo con los objetivos es cuando nuestros valores entran en juego. Evidentemente los marcos no sustituyen los valores, simplemente encajan o no con nuestras necesidades. Son el mecanismo mediante el cual sopesamos distintas opiniones. Sin los marcos, no tendríamos manera de juntar nuestros objetivos con nuestros valores para trazar una posible línea de acción.

Los marcos no solamente nos guían hacia nuestros objetivos, sino que también moldean nuestra visión del mundo. El hecho de verlo desde una perspectiva cognitiva en particular puede provocar que esta se convierta gradualmente en una dimensión más general del razonamiento de un individuo. En un experimento de 2010 en Etiopía, los investigadores cambiaron la perspectiva de un grupo de personas para que vieran que podían controlar su futuro. En consecuencia, empezaron a ahorrar más y a invertir en la educación de sus hijos e hijas, indicando así que alterar la manera de enmarcar algo puede reportar beneficios tangibles. Ese estudio también hizo hincapié en el impacto que los modelos mentales pueden tener en el desarrollo económico.27 En cambio, si un individuo se adhiere al marco de que la Tierra es plana, chocará constantemente con varios marcos científicos. Con el tiempo, puede que ese choque constante acabe convenciéndole de abandonar el marco del terraplanismo o, por el contrario, puede que acabe convirtiéndose en un escéptico de la ciencia en general.

Podríamos incluso atrevernos a decir que, puesto que los mar­cos moldean nuestra manera de ver el mundo, en cierto modo también moldean el mundo. Un buen ejemplo de ello sería la fijación de los precios de los mercados financieros. El modelo de Black-Scholes28 (un marco matemático muy utilizado para fijar precios) provocó que los precios se fijaran muy cerca del precio que el marco había predicho, lo que a su vez hizo que las instituciones financieras promovieran la aplicación de ese marco y en consecuencia los precios acabaron acercándose todavía más a las predicciones del este. Los marcos tienen un componente de autocumplimiento: cuanto más se utilizan, más se valida su uso (hasta cierto punto).

Y no solo ocurre en los mercados financieros. Cuanta más gente se adhiere a cualquier marco, más se legitima ese marco en cuestión, ya sea el modelo mental de los derechos humanos, la filantropía, el patrón oro o las opiniones horriblemente racistas. Por ejemplo, el marco del racismo sugiere que los blancos y los negros son diferentes, y en consecuencia surgió la doctrina del “separados pero iguales”, las leyes del apartheid y los sistemas sesgados de IA, que a su vez reforzaron todavía más el marco del racismo. Asimismo, el marco de los derechos humanos hizo que los países instauraran cortes de derechos humanos y que esos derechos se enseñaran en las escuelas, lo que a su vez reforzó todavía más este marco. Y lo mismo ha ocurrido con la conciencia ambiental, que logró impulsar leyes contra la polución y subsidios para las energías renovables, que a su vez afianzaron el pensamiento sostenible. Por muy pernicioso que sea alguno de los ejemplos, todos ellos son una prueba del poder que tiene la capacidad humana de enmarcar. Y también ilustran lo difícil que resulta librarse de un marco una vez se adhiere en la sociedad.29

Los marcos sirven para mucho más que para hacernos tomar mejores decisiones. Nos ayudan a introducir nuestros valores en las decisiones que tomamos y a su vez influencian nuestra manera de ver el mundo, e incluso moldean la realidad. Nuestra relación con los marcos es intensa y multidimensional. Por lo tanto, resulta evidente que hay mucho en juego cada vez que escogemos un marco para una situación en concreto.

elegir el marco adecuado

Aplicar un marco es un proceso relativamente estructurado regido por la causalidad, la contrafactualidad y los límites. Pero elegir el marco adecuado es significativamente más difícil.

Si un individuo tiene un amplio repertorio de marcos le resultará más sencillo encontrar uno que encaje bien con la situación vigente que si tiene un repertorio más escaso o lleno de marcos parecidos. Imaginemos por ejemplo a un músico al que solo se le da bien un género en particular, pongamos que la música country. Siempre se sentirá tentado a cantar una canción deprimente con voz suave sea cual sea la ocasión e independientemente de si resulta apropiada o no. En cambio, es mucho más probable que un músico que tiene un amplio repertorio encuentre la canción que encaje perfectamente con cada momento.

Sin embargo, no basta con tener un amplio repertorio. También tenemos que conocer las cualidades de cada marco y ser conscientes de sus fortalezas y debilidades. De lo contrario no sabremos qué marco se ajusta perfectamente a nuestros objetivos y el contexto en el que nos encontramos.

Por ejemplo, los buenos oradores no solamente saben cómo expresar ideas y emociones de distintas maneras, sino que también son capaces de determinar la que se ajusta mejor a cada situación. Hoy en día todavía recordamos el famoso Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln, el de Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor que pronunció Winston Churchill ante un Reino Unido aterrorizado por la guerra y el de Tengo un sueño de Martin Luther King júnior porque dieron con el tono perfecto; pronunciaron las palabras adecuadas en el momento acertado. Pues con los marcos ocurre lo mismo: si logramos conocerlos y comprender bien sus cualidades distintivas, conseguiremos utilizarlos mejor.

Sin embargo, el primer obstáculo que nos encontramos para elegir el marco adecuado es que estamos cognitivamente sesgados para ceñirnos a los marcos que ya hemos utilizado anteriormente; tal y como reza el concepto de la ley del martillo, si tu única herramienta es un martillo, todos los problemas te parecerán clavos. Sin embargo, ceñirse a un marco que ya hayamos utilizado y que nos resulte familiar no tiene por qué ser siempre malo. De hecho, ceñirse a un marco que ha demostrado funcionar anteriormente es una buena estrategia. Nos permite tener que pensar menos en lo que tenemos que hacer y aun así obtener buenos resultados. Si aplicamos el mismo marco una y otra vez seguramente aprendamos a utilizarlo mejor, perfeccionemos nuestras habilidades y obtengamos resultados incluso mejores.

Sin embargo, ceñirse siempre a un modelo mental familiar también limita nuestra capacidad de cambiar de perspectiva utilizando un marco alternativo. Tal y como dijo el inversor de capital de riesgo Eugene Kleiner, “resulta complicado ver el cuadro completo estando dentro del marco”.30 Puede que las circunstancias cambien, que los objetivos evolucionen o que una situación que parece similar a una que ya hayamos experimentado en realidad no lo sea. Quizá nuestros marcos de confianza no encajen perfectamente en ninguno de estos casos. En momentos así lo mejor que podemos hacer es realizar un examen más exhaustivo para encontrar un marco más adecuado. Puede que lo hallemos dentro de nuestro propio repertorio si le dedicamos el tiempo necesario, nos esforzamos y rebuscamos cuidadosamente. O puede que tengamos que ir un poco más lejos.

Escoger un marco nuevo es un proceso exigente que requiere mucho tiempo, por lo que solo deberíamos hacerlo cuando sea realmente necesario. Y para complicarlo todavía más, se trata de un proceso en el que nunca podremos mejorar demasiado por mucho que practiquemos, ya que encontrar la respuesta no consiste en intentarlo una y otra vez, sino en intentarlo de manera diferente. Sin embargo, encontrar un marco mejor vale mucho la pena: requiere una inversión cognitiva sustancial y nos expone al fracaso, pero la recompensa es sustancial y duradera.

Por ejemplo, piensa en algo tan cotidiano y familiar como leer. Aparentemente leer no es más que una técnica para extraer un mensaje codificado en forma de letras y palabras. Pero si lo examinamos más detenidamente, descubriremos que nuestra manera de leer condiciona las consecuencias de nuestra lectura. Un claro ejemplo sería comparar la lectura en silencio y la lectura en voz alta, dos marcos diferentes de un mismo contenido, pero con distintos objetivos.

A principios del segundo milenio, en Europa se leía mayoritariamente en monasterios e iglesias, y se hacía en voz alta y en grupo. El objetivo principal era participar en una actividad colectiva para alabar a Dios. Pero en el siglo xi empezó a surgir otro marco de lectura: la lectura en silencio, que propiciaba un objetivo diferente. La lectura dejó de ser una experiencia comunitaria: leer en silencio se convirtió en una actividad personal e individual.31 Los lectores tenían pleno control sobre la velocidad de lectura. Podían releer pasajes o detenerse para reflexionar sobre alguna idea. A diferencia de la lectura en voz alta en comunidad, la lectura individual en silencio permitía reflexionar sobre el texto que se estaba leyendo. Estimulaba la mente y propiciaba el pensamiento independiente. Potenciaba nuevas ideas.

Pero la lectura en silencio no remplazó la lectura en voz alta de la noche a la mañana. Ambos marcos coexistieron durante siglos, sobre todo debido a la mecánica de la lectura. Los textos de los libros y manuscritos antiguos no tenían ningún tipo de puntuación al final de las oraciones y a veces incluso ni dejaban espacio entre palabras; eran una retahíla infinita de letras. Eso dificultaba mucho la lectura y provocaba que fuera prácticamente imposible leer en silencio. Leer textos de esas características en voz alta y en grupo era más sencillo, ya que era bastante probable que alguno de los presentes hubiera leído aquel texto anteriormente y recordara cómo leer y entonar las palabras, convirtiéndose en el guía de sus compañeros de lectura. La manera en que los libros estaban escritos condicionaba a los lectores a la hora de escoger un marco. Y casi todos elegían leer en voz alta.

Alrededor del siglo xi surgió una nueva innovación. Los libros empezaron a producirse dejando un espacio entre las palabras y añadiendo unos rudimentarios signos de puntuación. Aquello facilitó mucho la lectura en general, pero especialmente la lectura en voz baja, ya que esto permitió que un individuo pudiera leer un libro por sí mismo sin necesitar ningún tipo de guía. Esa innovación permitió que los lectores cambiaran su marco de lectura. El contexto había cambiado, aunque fuera solo un poco. Con el tiempo, el efecto que causó fue significativo.

Cuando en el siglo xvi Martín Lutero tradujo la Biblia del latín, un idioma inaccesible para gran parte de la población, a la lengua cotidiana de los alemanes y abogó por una nueva tradición cristiana de leer las sagradas escrituras individualmente para pensar y reflexionar sobre su significado a nivel personal, también otorgó una nueva función a la lectura en silencio. A partir de entonces se convirtió en la manera en que los creyentes podían acceder a las sagradas escrituras por su propia cuenta. Espoleada por la creciente demanda, la imprenta de Gutenberg produjo en masa millones de ejemplares de la Biblia traducida a lenguas vernáculas con espacios y puntuación para que una nueva generación de lectores pudiera disfrutarla en silencio. El contexto y los objetivos cambiaron, y con ellos el marco. Y ese marco encajó mejor con las sociedades europeas del momento. La lectura en silencio fomentó el pensamiento individual y la originalidad, lo cual transformó el mundo.

No todos los cambios son siempre monumentales, pero cambiar de marco casi siempre es algo extraordinario. Sin embargo, no es un proceso que nos salga de manera natural. Implica dejar atrás el territorio mental que conocemos y en el que confiamos. Nuestros impulsos nos animan a resistirnos, a contenernos. Muy pocas veces nos decidimos a tirarnos a la piscina.

el problema del marco

Enmarcar es una de las principales cualidades de los humanos que las máquinas no pueden emular. La idea de que los ordenadores y los algoritmos no pueden enmarcar no es nueva. En 1969 uno de los padres de la IA, John McCarthy de la Universidad de Stanford, coescribió un artículo modestamente titulado “Some Philosophical Problems from the Standpoint of Artificial Intelligence” [Ciertos problemas filosóficos desde la perspectiva de la inteligencia artificial]. Entre las dificultades a las que se enfrentaba el campo relativamente nuevo de la IA estaba lo que él denominaba “el problema del marco”.32

Los “marcos” a los que se refería son un poco diferentes a los marcos descritos en este libro, aunque están relacionados. McCarthy escribió sobre la necesidad de representar un “estado del conocimiento” en un momento concreto en matemáticas, lógica y código informático. Desde la década de los setenta hasta la de los noventa se dedicaron numerosos libros, conferencias y doctorados al problema del marco.

Una década y media después de que se publicara el artículo, el filósofo y científico cognitivo Daniel Dennett quedó fascinado por la idea de los marcos cognitivos en un sentido más amplio, una noción mucho más parecida a la que se utiliza en la ciencia de la decisión y en este libro. En un artículo titulado “Cognitive Wheels” [Ruedas cognitivas] desarrolló esa idea mediante tres vívidos escenarios.

Imaginad un robot, sugirió Dennett, cuyas únicas instrucciones sean que tiene que valerse por sí mismo.33 Entonces recibe la información de que hay una bomba programada para detonar en la misma habitación que su batería de recambio. Una vez localizada la habitación en cuestión, ve la batería encima de un carrito. Así que traza un plan para hacerse con la batería arrastrando el carrito fuera de la habitación. Procede a ejecutarlo, pero de repente, ¡BOOM!

La bomba estaba en el carrito. El robot la había detectado, pero no había procesado que al arrastrar el carrito con la batería también se llevaría la bomba. “Volvemos a empezar de cero”, escribió Dennett.

“La solución es obvia –dijeron los diseñadores del ensayo de Dennett–. Tenemos que conseguir que el próximo robot que construyamos no solo reconozca las consecuencias intencionadas de sus actos, sino también los efectos secundarios que producen. Haremos que los deduzca a partir de la información que utiliza para formular sus planes”. Así pues, en el segundo escenario, cuando el robot llega al carrito con la batería, se detiene a considerar las implicaciones de su plan. Deduce que mover el carrito no hará cambiar el color de la habitación, que mover el carrito hará que las ruedas giren, que mover el carrito… ¡BOOM!

“‘Debemos enseñarle la diferencia entre las implicaciones relevantes y las irrelevantes’, dijeron los diseñadores, ‘y enseñarle a ignorar las menos relevantes’”, escribió Dennett. Esta vez el robot se queda fuera de la habitación con la mirada reflexiva, como si fuera Hamlet. “‘¡Haz algo!’, le gritaron. ‘Ya estoy haciendo algo’, replicó. ‘Estoy muy ocupado ignorando miles de implicaciones que he determinado que son irrelevantes. En cuanto encuentro una implicación irrelevante, la pongo en la lista de cosas que debo ignorar y…’” ¡BOOM!

Los tres escenarios de Dennett reflejan los elementos clave de los marcos. En el primer escenario, el robot no supo detectar una causalidad básica. En el segundo, no supo concebir escenarios contrafactuales relevantes a tiempo. En el tercero, se quedó paralizado al aplicar demasiados límites. Según sugiere Dennett, las máquinas son capaces de realizar una gran cantidad de cálculos lógicos y de procesar un gran abanico de datos, pero no pueden enmarcar.

La IA ha evolucionado mucho desde que Dennett escribió estos tres escenarios. Ya no hace falta que los humanos proporcionen normas abstractas a las máquinas. Los métodos más populares de hoy en día como, por ejemplo, el aprendizaje automático y el aprendizaje profundo, permiten que los sistemas sean capaces de mejorarse parcialmente a sí mismos a partir de grandes cantidades de datos. Pero, aunque ahora el proceso sea diferente, las dificultades no han desaparecido. Incluso teniendo una gran cantidad de datos para entrenarse, cuando los robots se enfrentan a una nueva situación como, por ejemplo, una bomba a punto de explotar, fracasan estrepitosamente.

Enmarcar, es decir, capturar parte de la esencia de la realidad a través de un modelo mental con el fin de trazar un plan de acción efectivo, es una capacidad humana, no de las máquinas.

siempre dentro de la caja

Siempre que los libros de crecimiento personal quieren abogar por el pensamiento creativo sin limitaciones sofocantes animan a los lectores a pensar outside the box, literalmente ‘fuera de la caja’. La frase se ha convertido en un cliché, sobre todo en el mundo de los negocios y la dirección de empresa. Esta expresión inglesa proviene de un experimento de psicología empresarial llamado “el problema de los nueve puntos”.34 El académico en dirección de empresas británico John Adair lo popularizó en la década de los sesenta, aunque sus orígenes se remontan varios años atrás. Este problema apareció en el libro titulado Los acertijos de Sam Loyd, que se publicó originalmente en inglés en 1914 en Estados Unidos y que se utilizó en experimentos psicológicos sobre creatividad en la década de los treinta. Incluso se convirtió en una técnica de dirección interna de la Walt Disney Company. Ac­tualmente todavía se siguen publicando periódicamente artículos sobre este problema.

El problema de los nueve puntos consiste en unir tres hileras de tres puntos utilizando únicamente cuatro líneas rectas sin levantar el bolígrafo. Nuestro cerebro enseguida visualiza que los puntos forman un cuadrado, pero la única manera de resolver el problema es trazando líneas fuera de los límites implícitos, de ahí la expresión inglesa think outside the box (literalmente ‘pensar fuera de la caja’). La idea de fondo es que si logramos librarnos de nuestros modelos mentales conseguiremos encontrar las soluciones más fácilmente.

Puede que el problema de los nueve puntos consiga que la gente vea opciones que no se habían planteado ni que existieran, pero eso de “pensar fuera de la caja” no es una metáfora bien fundamentada. Somos seres humanos, por lo que nos resulta imposible no enmarcar. No podemos simplemente dejar de hacerlo; estamos enmarcando constantemente. Lo único que podemos escoger es qué marco queremos utilizar y cómo usarlo. Incluso aunque pudiéramos pensar sin marcos, habría que cuestionar si esto nos aportaría algún beneficio. Los marcos nos imponen límites y sin ellos lo único que tendríamos serían fantasías vívidas que nos impedirían concebir opciones efectivas. Si nos enfrentásemos a una bomba a punto de explotar, al igual que el robot de Dennett, quizá nos quedaríamos esperando una intervención divina o que de repente apareciera un experto en desactivación de bombas, o intentaríamos convencer a la bomba de que no explotase. Todas estas opciones están “fuera de la caja”, pero no nos servirían de mucho.

La capacidad humana de enmarcar nos resulta tan útil precisamente porque permite que nuestra mente deambule pero de manera estructurada, intencionada y limitada. Dentro de la caja es donde ocurre la magia.

De hecho, el propio problema de nueve puntos nos hace llegar a esta conclusión. Este acertijo se puede resolver de distintas maneras: enrollando el papel como si fuera un tubo, doblándolo o cortándolo en pedacitos. O simplemente bastaría con imaginar el rompecabezas resuelto en un espacio de cuatro dimensiones. ¿Que eso no se vale? ¿Por qué no? Cualquier imposición o restricción no es más que otra caja, y nos han pedido deliberadamente que pensemos fuera de ella. Podemos encontrar una solución completamente disparatada y fuera de la caja mental para cada test. Pero eso no nos ayuda a resolver el problema: no nos proporciona una solución viable, una respuesta efectiva.

Para encontrarla debemos limitar nuestra imaginación. Para alcanzar el momento eureka en que encontramos la solución al problema de los nueve puntos, es decir, en que conseguimos unir todos los puntos dibujando líneas fuera de la caja que ha creado nuestra imaginación, tenemos que limitar nuestra manera de pensar a una hoja de papel bidimensional y desestimar otras opciones como por ejemplo doblar y recortar. El problema de los nueve puntos requiere límites. No es un ejemplo de “pensar fuera de la caja”, sino de la capacidad humana de enmarcar. Es un ejemplo de la necesidad de considerar nuestro modelo mental, elegir nuestros límites e imaginar escenarios alternativos dentro de ellos. Este problema es un buen recordatorio de lo importante que es elegir el marco adecuado e imaginar dentro de los límites correctos.

En la vida real nos sentimos constantemente encerrados dentro de una caja. Por eso necesitamos marcos para poder abrirnos ante nuevas posibilidades. Un buen ejemplo de ello es el marco que determinó la respuesta de Estados Unidos ante la crisis financiera mundial de 2008. El país tuvo la suerte de contar con un presidente del Consejo de Asesores Económicos que se había pasado la mayor parte de su vida profesional preparándose para una calamidad como esa. Pero llegado el momento decisivo se puso a pensar dentro de una caja alternativa y le asaltaron las dudas.

1 La historia de Alyssa Milano y el origen del movimiento MeToo: La información fue recopilada de una entrevista con Alyssa Milano realizada por Kenneth Cukier en agosto de 2020, además de los artículos siguientes: BENNETT, Jessica (25 de octubre de 2019): “Alyssa Milano, Celebrity Activist for the Celebrity Presidential Age”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2019/10/25/us/politics/alyssa-milano- activism.html [consultado el 18/06/21]; CODREA-RADO, Anna (16 de octubre de 2017): “#MeToo Floods Social Media with Stories of Harassment and Assault”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2017/10/16/technology/metoo-twitter-facebook.html [consultado el 18/06/21]; RUTENBERG, Jim et al. (16 de octubre de 2017): “Harvey Weinstein’s Fall Opens the Floodgates in Hollywood”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2017/10/16/business/media/ harvey-weinsteins-fall-opens-the-floodgates-in-hollywood.html [consultado el 18/06/2021].

2 El pensamiento de Milano: Las palabras entrecomilladas provienen de nuestra entrevista con Milano, además de una entrevista en la que le preguntaron qué estaba pensando en aquel momento. Véase SAYEJ, Nadja (1 de diciembre de 2017): “Alyssa Milano on the #MeToo Movement: ‘We’re Not Going to Stand for It Any More’”, The Guardian. Disponible en https://www.theguardian.com/culture/2017/dec/01/alyssa-milano-mee-too- sexual-harassment-abuse [consultado el 18/06/21].

3 La agresión de Milano: Dos años después de su tuit, Milano hizo pública su propia agresión. Véase ROSA, Joanne (16 de octubre de 2019): “Alyssa Milano on Sharing Alleged Sexual Assault Story 25 Years Later”, ABC News. Disponible en https://abcnews.go.com/Entertainment/alyssa-milano-sharing- alleged-sexual-assault-story-25/story?id=66317784 [consultado el 18/06/21].

4 Sobre el movimiento MeToo: El término “MeToo” fue acuñado en 2006 por la activista Tarana Burke en MySpace, una de las primeras redes sociales. La creación de una movilización popular en línea para denunciar las agresiones sexuales no tuvo demasiado éxito antes del 2017.

5 Sobre definir los marcos: No existe una definición fija, ya que la idea abarca muchas disciplinas. Tal y como dice José Luis Bermúdez de la Universidad de Texas A&M: “El concepto de un marco en sí mismo es algo que se puede enmarcar de muchas maneras diferentes”. Véase BERMÚDEZ, José Luis (2020): Frame It Again: New Tools for Rational Decision-Making, Cambridge, Cambridge University Press, p. 11. Un análisis seminal anterior es el de GOFFMAN, Erving (1974): Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press.

6 Sobre los OKR: SCHMIDT, Eric y ROSENBERG, Jonathan (2014): How Google Works (Nueva York, Grand Central.

7 Sobre Cassirer y Wittgenstein: Véase el accesible EILENBERGER, Wolfram (2020): Time of the Magicians: Wittgenstein, Benjamin, Cassirer, Heidegger, and the Decade That Reinvented Philosophy, Nueva York, Penguin.

8 Sobre los modelos mentales: La idea de los modelos mentales a veces se atribuye al filósofo de Cambridge Kenneth Craik. En un libro corto de 1943 escribió: “Si un organismo tiene un ‘modelo a pequeña escala’ de la realidad externa y de sus propias posibles acciones dentro de su cabeza, podrá probar varias alternativas, concluir cuál es la mejor para él, reaccionar ante situaciones futuras antes de que surjan… [y] ante las emergencias a las que se enfrente”. Véase CRAIK, Kenneth (1952): The Nature of Explanation, Cambridge, Cambridge University Press, p. 61. El académico Philip Johnson-Laird los describe como “unas representaciones mentales que sirven de modelo de una entidad al igual que, por ejemplo, un reloj funciona como modelo de la rotación de la Tierra”. Véase JOHNSON-LAIRD, Philip (1983): Mental Models: Towards a Cognitive Science of Language, Inference, and Consciousness, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, p. 2. Véase también JOHNSON-LAIRD, Philip (2006): How We Reason, Oxford, Oxford University Press. Los neurocientíficos defienden que el propósito principal del cerebro es crear un modelo del mundo. Para consultar un análisis reciente, véase EAGLEMEN, David (2020): Livewired: The Inside Story of the Ever-Changing Brain, Londres, Pantheon Books. Se puede encontrar un tratamiento más completo en FRITH, Chris D. (2007): Making Up the Mind: How the Brain Creates Our Mental World, Oxford, Blackwell Publishing.

9 Sobre imaginar deliberadamente: ALFRED, Katherine L. et al. (enero de 2020): “Mental Models Use Common Neural Spatial Structure for Spatial and Abstract Content”, Communications Biology, vol. 3, n.º 17.

10 Sobre los mapas y los marcos: Bas van Fraassen, un filósofo de la ciencia, argumenta que los mapas y las representaciones científicas en muchos aspectos son lo mismo. Según su punto de vista, también podríamos considerar que los modelos científicos son mapas científicos. Véase FRAASSEN, Bas van (2008): The Scientific Representation, Oxford, Oxford University Press.

11 Sobre los mapas en proyección de Mercator: NOBLE WILFORD, John (15 de noviembre de 2004): “Arthur H. Robinson, 89, Geographer Who Reinterpreted World Map, Dies”, The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2004/11/15/obituaries/arthur-h-robinson-89- geographer-who-reinterpreted-world-map-dies.html [consultado el 18/06/21]; NOBLE WILFORD, John (2 de octubre de 1988): “The Impossible Quest for the Perfect Map”, The New York Times. Disponible en https://www. nytimes.com/1988/10/25/science/the-impossible-quest-for-the-perfect-map.html [consultado el 18/06/21].

12 Los enmarcadores constitucionales: KLARMAN, Michael J. (2016): The Framers’ Coup: The Making of the United States Constitution, Nueva York, Oxford University Press; sobre Europa y demos contra demoi, véase NICOLAÏDIS, Kalypso (noviembre/diciembre de 2004): “We, the Peoples of Europe…”, Foreign Affairs. Disponible en https://www.foreignaffairs.com/articles/europe/2004-11-01/we-peoples-europe [consultado el 18/06/21].

13 Las respuestas ante el ébola de la OMS contra MSF: VÉRICOURT, Francis de (31 de marzo de 2014): “Ebola: The Onset of a Deadly Outbreak”, ESMT-317-0177-1, Berlín, European School of Management and Technology. MSF dio la voz de alarma el 31 de marzo de 2014, véase “Mobilisation Against an Unprecedented Ebola Epidemic”, comunicado de prensa de MSF. Disponible en https://www.msf.org/guinea-mobilisation-against-unprecedented- ebola-epidemic [consultado el 18/06/21]. La OMS respondió a la MSF durante una conferencia de prensa en Ginebra al día siguiente, véase el vídeo colgado por CH UNTV (1 de abril de 2014): “Geneva / Guinea Ebola”, UNifeed, minuto 2:39. Disponible en https://www.unmultimedia.org/tv/unifeed/asset/U140/U140401a/ [consultado el 18/06/21].

14 Tuit sobre el ébola de Trump: YONG, Ed (3 de agosto de 2019): “The Rank Hypocrisy of Trump’s Ebola Tweets”, The Atlantic. Disponible en https: //www.theatlantic.com/health/archive/2019/08/the-rank-hypocrisy-of-trumps-ebola-tweets/595420/ [consultado el 18/06/21].

15 Sobre los distintos tipos de coronavirus: “Coronaviruses: SARS, MERS, and 2019-nCoV”, Johns Hopkins Center for Health Security. Disponi­ble en https://www.centerforhealthsecurity.org/resources/fact-sheets/pdfs/ coronaviruses.pdf [consultado el 18/06/21].

16 La experiencia de Italia con el COVID: La noticia se publicó en los medios de Reino Unido; fue negada por el Gobierno italiano pero confirmada por los médicos italianos. Véase CRAXÌ, Lucia et al. (16 de junio de 2020): “Rationing in a Pandemic: Lessons from Italy”, Asian Bioethics Review, vol. 12, n.º 13, p. 1-6. Disponible en https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7298692 [consultado el 14/07/21].

17 La brillante respuesta de Nueva Zelanda ante el COVID: Entrevista de Kenneth Cukier con Michael Baker, asesor de salud del Gobierno, junio de 2020.

18 La patética respuesta de Reino Unido ante el COVID: (18 de junio 2020): “Britain Has the Wrong Government for the Covid Crisis”, The Economist. Disponible en https://www.economist.com/leaders/2020/06/18/britain-has-the-wrong-government-for-the-covid-crisis [consultado el 18/06/21].

19 La situación del COVID en Reino Unido en junio: (8 de junio de 2020): “Coronavirus: UK Daily Deaths Drop to Pre-lockdown Level”, BBC News. Disponible en https://www.bbc.com/news/uk-52968160 [consultado el 18/06/21].

20 Los datos de muertos y casos de Reino Unido: “COVID-19 Pandemic Data in the United Kingdom”, Wikipedia (web). Disponible en https://en. wikipedia.org/wiki/Template:COVID-19_pandemic_data/United_ Kingdom_medical_cases_chart [consultado el 18/06/21].

21 El “pequeño paso” de Neil Armstrong: GONZALEZ, Robbie (25 de agosto de 2012): “Read the New York Times’ 1969 Account of the Apollo 11 Moon Landing”, Gizmodo. Disponible en https://gizmodo.com/read-the-new-york-times-1969-account-of-the-apollo-11-m-5937886 [consultado el 18/06/21].

22 Sobre la enmienda de The New York Times de su artículo de 1920: CAREY, Bjorn (20 de julio de 2009): “New York Times to NASA: You’re Right, Rockets DO Work in Space”, Popular Science. Disponible en https://www. popsci.com/military-aviation-amp-space/article/2009-07/new-york-times-nasa-youre-right-rockets-do-work-space/ [consultado el 18/06/21].

23 Sobre el bosón de Higgs: HOSSENFELDER, Sabine (23 de enero de 2019): “The Uncertain Future of Particle Physics”, The New York Times. Disponi­ble en https://www.nytimes.com/2019/01/23/opinion/particle-physics-large- hadron-collider.html [consultado el 18/06/21]. Sobre los agujeros negros, véase AMOS, Jonathan (29 de abril de 2020): “Dancing Gargantuan Black Holes Perform on Cue”, BBC News. Disponible en https://www.bbc.com/news/science-environment-52464250 [consultado el 18/06/21].

24 Sobre la estrategia del océano azul: KIM, W. Chan y MAUBORGNE, Renée (2015): La estrategia del océano azul: Crear nuevos espacios de mercado donde la competencia sea irrelevante, Emili Atmetlla (trad.), Barcelona, Profit Editorial.

25 Sobre los hermanos Wright: JOHNSON-LAIRD, 2015, op. cit.; MCCU­LLOUGH, David (2016): Los hermanos Wright, Paloma Gil Quindós (trad.), Barcelona, La Esfera de los Libros. Véase también HALLION, Richard P. (2003): Taking Flight: Inventing the Aerial Age, from Antiquity Through the First World War, Oxford, Oxford University Press.

26 Descripción de Orville de la hélice: WRIGHT, Orville (diciembre de 1913): “How We Made the First Flight”, Flying and the Aero Club of America Bulletin, vol. 2, n.º 11. Disponible en https://www.faa.gov/education/educators/ curriculum/k12/media/k-12_how_we_made_the_first_flight_orville_wright.pdf [consultado el 18/06/21].

27 Sobre enmarcar y el desarrollo económico: World Bank Group (2006): World Development Report 2015: Mind, Society, and Behavior, Washington DC, World Bank.

28 Sobre el modelo Black-Scholes: MACKENZIE, Donald (2006): An Engine, Not a Camera: How Financial Models Shape Markets, Cambridge, Massachusetts, MIT Press.

29 Sobre la persistencia de los malos marcos: HOFF, Karla y STIGLITZ, Joseph E. (mayo de 2010): “Equilibrium Fictions: A Cognitive Approach to Societal Rigidity”, American Economic Review, vol. 100, n.º 2, pp. 141-146. Disponible en https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.100.2.141 [consultado el 18/06/21].

30 Cita de Eugene Kleiner: ABRAMS, Rhonda (1 de diciembre de 2003): “Remembering Eugene Kleiner”, Inc. Disponible en https://www.inc.com/ articles/2003/12/eugenekleiner.html [consultado el 18/06/21].

31 Sobre leer en silencio: SAENGER, Paul (1997): Space Between Words: The Origins of Silent Reading, Palo Alto, Stanford University Press.

32 Sobre el problema del marco: MCCARTHY, John y HAYES, Patrick: “Some Philosophical Problems from the Standpoint of Artificial Intelligence”, en Bernard MELTZER y Donald MICHIE (eds.) (1969): Machine Intelligence, Edimburgo, Edinburgh University Press, pp. 463-502.

33 Sobre el robot de Dennett: DENNETT, Daniel, “Cognitive Wheels: The Frame Problem of AI”, en Christopher HOOKWAY (ed.) (1984): Minds, Machines and Evolution, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 129-151. Disponible en https://dl.tufts.edu/concern/pdfs/7d279568g [consultado el 18/06/21].

34 Sobre el problema de los nueve puntos: ADAIR, John (1971): Training for Decisions, Londres, Macdonald. Como libro de acertijos, véase: LOYD, Sam (2011): Los acertijos de Sam Loyd, Mirta Rosenberg (trad.), Barcelona, RBA. Sobre los experimentos psicológicos sobre la creatividad, véanse MAIER, Norman (1930): “Reasoning in Humans: I. On Direction”, Journal of Comparative Psychology, vol. 10, n.º 2, pp. 115-143; MAIER, Norman (1931): “Reasoning in Humans: II. The Solution of a Problem and Its Appearance in Consciousness, Journal of Comparative Psychology, vol. 12, n.º 2, pp. 181-194.

iii

Causalidad

Somos máquinas de sacar conclusiones causales y a menudo nos equivocamos, pero no pasa nada

“Todavía puedo frenar esto…”, recuerda pensar Ben Bernanke.1 El martes 16 de septiembre de 2008 al atardecer, se puso a dar vueltas por su oficina de la Reserva Federal y se detuvo frente a un gran ventanal. Observó el tráfico de la Constitution Avenue y las oscuras siluetas de los olmos a lo largo del National Mall. Los días anteriores habían sido muy intensos. Pero intuía que lo peor todavía estaba por llegar.

Bernanke llevaba dos años siendo el presidente de la Reserva Federal y se encontraba en medio de una crisis. Justo el día anterior el gran banco de inversiones Lehman Brothers se había declarado en bancarrota, derrotado por las tóxicas hipotecas de alto riesgo. Su fallida hizo caer los mercados en picado. Sin embargo, aquella noche acechaba una amenaza todavía mayor.

Una empresa de seguros que cubría todos los bonos hipotecarios de Wall Street llamada AIG también estaba a punto de quebrar. La toxicidad de las hipotecas de alto riesgo rezumaba por todas partes. Bernanke se había pasado el día entero explicando al presidente George W. Bush y al Congreso lo crucial que era el rescate de AIG; no para ayudar la empresa, sino para salvar la economía. Mientras miraba por la ventana, se tomó un momento para volver a reflexionar sobre su decisión de intervenir en los mercados con la maquinaria de la Reserva Federal.

Hace tiempo que entendemos la economía en términos causales.2 Pero algunos de los marcos que se han utilizado a lo largo de la historia no siempre han encajado del todo bien. Por ejemplo, a finales del siglo xvii se adaptaron los principios de la inercia y de la gravedad de Isaac Newton para explicar la competitividad del mercado. A mediados del siglo xviii, un grupito de economistas franceses que inicialmente habían estudiado para convertirse en médicos decidieron hacerse llamar “fisiócratas”. Para ellos el flujo de dinero que circulaba por la economía era muy parecido a la sangre que circulaba por el sistema circulatorio. Pero ninguno de estos dos marcos reflejaba toda la complejidad de la situación, aunque durante cierto tiempo funcionaron.

En el siglo xx, una nueva generación decidió concebir la economía con modelos matemáticos, pero poniendo un ojo en la ingeniería mecánica. Ben Bernanke fue uno de los miembros de esa generación. Dedicó toda su carrera a estudiar las crisis financieras y los momentos de pánico de los mercados a pesar de que estas áreas se consideraban un páramo académico.

Uno de sus mayores hallazgos fue que el crac del mercado de 1929 en realidad no fue lo que provocó la Gran Depresión, sino la respuesta del Banco Central. Esta institución decidió restringir la circulación del dinero, que a su vez provocó la caída de los precios y la inflación. Luego permitió que miles de pequeños bancos de todo el país quebrasen, cosa que acabó con los ahorros de la gente. Lo que podría haber sido una simple recesión se convirtió en una depresión que duró una década entera. Bernanke se dio cuenta de que se tendría que haber tomado la decisión contraria: inundar el mercado de capital.3 En un discurso de 2002 utilizó una hermosa metáfora para ilustrar su idea: tirar dinero desde un helicóptero. Esa imagen quedó grabada en el imaginario colectivo y le ganó el sobrenombre de “Helicóptero Ben”.4

Aquel atardecer de septiembre, mientras miraba por el ventanal de su oficina, Bernanke comprendió que sus preocupaciones no eran las mismas que las de los legisladores de su alrededor. Ellos estaban enmarcando la cuestión centrándose en los incentivos para las empresas individuales; les preocupaba que rescatar una empresa alentara a las demás a exhibir un comportamiento todavía más arriesgado. Pero Bernanke no lo veía de la misma manera. Su modelo mental se centraba en la relación causal entre la disponibilidad de capital, la confianza en el sistema y la salud de la economía. Las pérdidas de los bancos por las hipotecas no eran nada en comparación con todo el mercado financiero: una caída de cientos de miles de millones de dólares no era más que un mal día en Wall Street. Pero Bernanke sabía que aquello podía llegar a minar la confianza en el sistema, y esa falta de confianza impediría que los bancos se ofrecieran crédito entre ellos, lo que a su vez acabaría sumiendo la economía en el caos.5

Era precisamente este delicado y arcaico sistema de préstamos interbancarios lo que atormentaba a Bernanke. Si se perdía la confianza en los bancos, el impacto acabaría afectando a la gente de a pie y a los negocios. De hecho, ya estaba empezando a ocurrir. Una de las mayores franquicias de McDonald’s de Estados Unidos no sabía si podría hacer frente a las nóminas de aquel mes porque los bancos no le proporcionaban crédito.6 Incluso se dudaba de si los cajeros automáticos del banco tendrían liquidez suficiente.7

Teniendo en cuenta todas sus investigaciones, Helicóptero Ben se centró en evitar una crisis de crédito en todo el sistema, no en salvar de la quiebra a las empresas individuales. Y ese marco le dio una idea. Compraría esos activos tóxicos de los bancos, eliminándolos de su balance general. Luego los bancos podrían utilizar ese dinero saneado para hacer préstamos, inyectando así capital en el sistema. Entre 2008 y 2015 el balance general de la Reserva Federal pasó de tener novecientos mil millones de dólares mayoritariamente en bonos del Tesoro de gran calidad, a cuatro billones y medio de dólares compuesto de activos mayormente de riesgo.8

Y funcionó. La crisis financiera fue dolorosa, pero el sistema no colapsó. El marco de Bernanke, imbuido de pensamiento causal, le permitió ver la economía de una manera distinta a los demás. Incluso en los momentos de incertidumbre del mercado el raciocinio humano es capaz de comprender el sistema, la anticipación humana es capaz de predecirlo y la mano humana de controlarlo. Aunque a veces esas manos estén ocupadas lanzando fajos de billetes desde un helicóptero.

plantillas y abstracciones

Los humanos vemos el mundo bajo el prisma de las relaciones de causa y efecto. Eso hace que nos resulte predecible. Nos ayuda a comprender cómo funcionan las cosas y lo que podría ocurrir a continuación. Nos permite planificar, ya sea para cazar animales, subirnos a un árbol, tirar una piedra, cruzar una calle, construir un puente o escribir una constitución. La causalidad es una de las primeras cosas que aprendemos cuando somos pequeños; nos permite sobrevivir.

Miremos donde miremos vemos relaciones causales.9 Sin embargo, puede que a veces estas relaciones en realidad no existan; quizá alguien perciba erróneamente una conexión entre el precio de las acciones y las tormentas solares o entre beber detergente y curar el COVID-19. Si no fuéramos capaces de considerar las posibles relaciones entre las acciones y las consecuencias ni pudiéramos explicar estas relaciones, no sabríamos ni por dónde empezar a vivir en este mundo. La causalidad nos ayuda a comprender la realidad y a predecir las consecuencias de nuestras decisiones. Es un elemento esencial de la capacidad de enmarcar.

La relación causa y efecto está profundamente arraigada en todos los seres vivos. Las euglenas, unos organismos unicelulares microscópicos que se encuentran en estanques, tienen unos fotorreceptores rudimentarios. Cuando esos fotorreceptores captan fotones, se activa una señal que provoca que el organismo se mueva en dirección a la luz. Para las euglenas esto no es una decisión consciente: es una reacción codificada en su ADN y no pueden evitar seguir la luz. Pero no hay duda de que las euglenas, al igual que otros organismos, reaccionan ante los estímulos de su ambiente, creando así una relación de causalidad entre el estímulo y la respuesta.

Los mamíferos también responden inconscientemente ante ciertos estímulos. Los monos nacidos en un laboratorio que nunca han visto un reptil de verdad en toda su vida muestran miedo si se topan con una serpiente falsa de goma negra. También reconocen más deprisa las imágenes de serpientes que las de otros objetos no amenazantes.10 Y los niños en edad preescolar hacen exactamente lo mismo.11 Los humanos nacemos con varios modelos causales del mundo de manera innata. Incluso los bebés saben que si sueltan un objeto caerá de golpe.12

Los organismos complejos no siempre tienen codificadas las reacciones que deben exhibir ante ciertas causas. Los perros pueden llegar a aprender que si dan la patita recibirán un premio. Así pues, accederán a dar la patita porque esperan recibir un premio. La relación causal que el perro percibe entre la patita y el premio influencia su comportamiento; condiciona su decisión a actuar.

Los humanos también extraemos conexiones causales de nuestras experiencias; de hecho, lo hacemos constantemente sin ni siquiera pensarlo. Cada vez que reaccionamos ante las estructuras causales que percibimos a nuestro alrededor, ya sea el rugido de un león, una brasa ardiente o un cumplido de nuestra pareja, perfeccionamos nuestras decisiones. Prestar atención a la causalidad es una buena táctica, ya que ayuda a los organismos a encontrar comida, a evitar predadores y a encontrar parejas para aparearse.

Por eso la causalidad está tan extendida entre todos los seres vivos, desde las microscópicas euglenas que habitan en nuestros pantanos hasta las gacelas del Serengueti o los niños que estudian para un examen (o los que deciden desafiar la fría mano de la causalidad y hacer el vago). Los seres vivos que basan sus acciones en la mejor manera de aprovechar las estructuras causales que tienen a su alrededor suelen estar en mejores condiciones que los organismos que se preocupan menos por la relación de causa y efecto.

El razonamiento que hizo Ben Bernanke también fue causal. Pero hay una diferencia fundamental entre el marco de Bernanke y la manera en que la mayoría de los organismos reaccionan ante las estructuras causales. La mayoría de los animales, incluso los que son más próximos a los humanos como por ejemplo los chimpancés, solo se centran en las conexiones causales que pueden observar directamente; les cuesta mucho imaginar causalidades que no sean obvias e inmediatas. Aunque los perros comprenden que dar la patita comporta recibir un premio, son incapaces de razonar que cualquier otro comportamiento afectuoso, como por ejemplo dar vueltas, también les haría recibir un premio. Tienen que aprender estas relaciones causales una y otra vez a través de la experiencia inmediata. Los perros, al igual que los chimpancés, no tienen la capacidad de crear un marco abstracto y comprender que les dan premios por su simpatía, no por dar la patita.

En cambio, los humanos han adquirido la capacidad de generar abstracciones y transformar sus inferencias causales en marcos. Estos modelos mentales nos proporcionan una plantilla reutilizable para comprender el mundo desde una perspectiva causal. Por eso cuando nos damos cuenta de que tocar un trozo de carbón ardiente nos produce dolorosas quemaduras, somos capaces de generalizar a partir de esta experiencia y aprender que no debemos tocar nada que esté ardiendo, tanto si está al rojo vivo como candente o a cualquier temperatura intermedia.

Tener la capacidad de abstraer una lección del aquí y del ahora y crear una plantilla causal general tiene grandes ventajas. Estas plantillas son muy versátiles. Son flexibles e intercambiables, puesto que po­demos aplicarlas a nuevas circunstancias. De hecho, los humanos pode­mos incluso inferir conexiones causales que no hayamos observado nunca antes, como por ejemplo entre la mantequilla derritiéndose en un fogón caliente y el zinc derritiéndose en una fragua caliente.

Las plantillas causales son como agarrar una herramienta específica y darse cuenta de que se puede utilizar de muchas maneras distintas. Si no fuera así, cada vez que cambiase el ambiente o nos enfrentásemos a nuevas circunstancias, tendríamos que empezar de cero a deducir causalidades y a hacer predicciones. Pero gracias a las plantillas causales disponemos de una estructura adaptable. Puede que no sean perfectas, pero definitivamente son mucho mejores que tener que empezar de cero.

Los marcos causales nos ahorran un tiempo crucial al acelerar nuestro proceso de aprendizaje, especialmente en situaciones que requieren tomar decisiones rápidas. Sin las plantillas perderíamos un tiempo precioso explorando paso a paso el llamado espacio de búsqueda de las decisiones potenciales, del mismo modo que el robot obsesionado con las bombas de Daniel Dennett del capítulo anterior se quedó atascado contemplando todas las posibles relaciones causales porque no era capaz de generalizar sus conocimientos.

La suma de las ventajas de la adaptabilidad y la velocidad de aprendizaje nos proporciona versatilidad y eficiencia. Pero el beneficio más importante es la capacidad de abstracción. Es lo que nos evita tener que reaccionar solamente ante las causaciones más sencillas igual que lo hacen las plantas o los animales más simples, ya que eso nos enca­denaría al presente. En cambio, podemos ir más allá. Nuestra capacidad de abstracción nos permite dar un salto cognitivo fundamental hacia el pensamiento causal libre a partir de lo concreto, lo contextual y lo observable. Con los marcos ya no tenemos la necesidad de “hacer el experimento” por así decirlo, de tener que pasar por el proceso de prueba y error cada vez que nos enfrentamos a una nueva situación.

Nuestros antepasados se beneficiaron enormemente de la capacidad de enmarcar con las plantillas causales. Se dieron cuenta de que lo que les funcionaba para cazar algún tipo de animal también podía funcionarles para otro tipo de animales. Gracias a las plantillas causales mejoraron sus habilidades de caza y su pericia para evitar que los mataran. Cuando alguno de nuestros ancestros desarrollaba esta capacidad, se transmitía mediante la selección natural y la comunicación cultural. Con el tiempo, el razonamiento causal se convirtió en un rasgo compartido por todos los humanos.

Sin embargo, los humanos no somos únicos en este aspecto. Los estudios han demostrado que hay un puñado de animales, en particular los cuervos, que tienen una capacidad limitada de razonamiento causal abstracto.13 Son capaces de planificar y de comerciar. Incluso un estudio ha demostrado que son capaces de tirar guijarros dentro de un jarrón para elevar el nivel del agua y así poder beber, igual que en la famosa fábula de Esopo.14 Los cuervos son así de especiales: por eso aparecen en las portadas de las revistas científicas mientras que otros pájaros terminan en la cazuela.15 Pero la capacidad que tiene el ser humano de ver relaciones causales, de extraer generalizaciones y de comunicar sus abstracciones a los demás no tiene parangón en todo el reino animal. Los primeros humanos construyeron pequeñas cabañas; ahora construimos rascacielos. En cambio, los castores llevan miles de generaciones construyendo presas de madera y no han creado ni un solo castillo, por no hablar de monumentos en honor a los grandes castores de la historia.

Si nos despojaran de nuestra habilidad de generalizar, de pensar a niveles cada vez más abstractos, nos estarían despojando de toda ambición y trascendencia. Nos quedaríamos estancados como los castores, haciendo solamente lo que ya sabemos hacer, sin esforzarnos, sin experimentar y sin desarrollar nuestro conocimiento en nuevos planos de pensamiento. La vida sería estática; no habría ni historia ni visión de futuro.

lo cognitivo y lo cultural

¿Cómo se originó esta ventaja evolutivamente crucial? Al fin y al cabo, nuestros cerebros no son los más grandes y nuestras neuronas no son radicalmente distintas a las de otros mamíferos. La respuesta se encuentra en nuestra cognición, es decir, en el proceso de nuestro pensamiento.

A los cerebros humanos se les da bien reconocer patrones, especialmente los visuales. En el fondo, reconocer patrones se trata de generalizar a partir de algo específico. El dicho de que los árboles no nos dejan ver el bosque nos toca especialmente de cerca, ya que es precisamente lo que hace nuestro cerebro con todo el alud de estímulos visuales que recibe. Construye una realidad en nuestra mente que va más allá de lo que podemos ver.

En los albores de la historia de la humanidad algunos de nuestros antepasados tomaron esta capacidad de abstracción que inicialmente aplicaban solamente al dominio limitado pero útil de nuestros sentidos y la readaptaron a propósitos más grandes y conceptuales. Esto nos proporcionó la capacidad de crear una colección de herramientas más amplia y de adaptarnos a una gran variedad de hábitats. También contribuyó a la evolución de la comunicación humana. Hasta donde sabemos, muchos animales se comunican entre ellos por cuestiones que atañen meramente al presente, como por ejemplo una amenaza inminente o la presencia de comida. Pero nuestra capacidad de abstracción nos permitió crear un lenguaje gramatical que a su vez nos proporcionó la habilidad de coordinarnos más allá del parentesco inmediato y a través del tiempo y del espacio.

Los estudios innovadores de los últimos años han arrojado luz sobre los elementos que están detrás del éxito de los marcos. Sobre todo, destaca el trabajo de dos profesores en particular. Uno es Steven Pinker, el neurocientífico y polímata de Harvard cuyas ideas son tan características como su melena grisácea. El otro es Michael Tomasello, un floridano que da clases en la Universidad Duke (y para que conste en acta, lleva el pelo grisáceo recortado y bien pulido).

Según Pinker, los elementos más importantes incluyen la capacidad de utilizar nuestras habilidades cognitivas para el pensamiento abstracto, el desarrollo del lenguaje gramatical y la tendencia social de la humanidad que nos anima a compartir ideas. Además, hace especial hincapié en el papel que desempeñan las metáforas para permitirnos comprender, recordar y comunicar explicaciones abstractas. Las metáforas “reflejan una habilidad de la mente humana para conectar enseguida ideas abstractas con escenarios concretos”,16 escribió en un artículo académico publicado en 2010 titulado “The Cognitive Niche” [El nicho cognitivo].17

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
22 października 2025
Objętość:
371 str. 2 ilustracji
ISBN:
9788418895845
Wydawca:
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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