Czytaj książkę: «Discursos XII - XXXV»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 127


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1989.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO238

ISBN 9788424931674.

XII

«OLÍMPICO» O «SOBRE EL PRIMER CONCEPTO DE DIOS»


INTRODUCCIÓN

Empieza Dión su discurso agradeciendo de una forma original el interés que el pueblo manifiesta por oír su palabra. Él es como la lechuza, sin belleza, sin atractivos, sin voz. Sin embargo, lo que ocurre con la lechuza ha ocurrido también con Dión. El pueblo acude con mayor interés que el que tendrían en escuchar a los sofistas, auténticos pavos reales.

Plantea luego la pregunta sobre el posible tema de su discurso. ¿Hablará de los misterios de las tierras lejanas que acaba de visitar? ¿O les contará de este dios de Olimpia que preside el panteón de todos los dioses de Grecia?

Como los grandes literatos de la remota Antigüedad, Dión invoca a las Musas. Y tomando como punto de partida la estatua de Zeus Olímpico, aborda el tema de la naturaleza de los dioses en general, y de Zeus en particular. Luego expone las fuentes que nos llevan al conocimiento de la divinidad. Son dos básicamente: la idea innata de Dios que poseen todos los seres racionales y la adquirida a través del magisterio de los hombres. Entre estos «maestros» están los poetas , que hablan bellamente de Dios, pero que dejan a sus lectores la libertad de seguir o no sus enseñanzas. Los legisladores , que obligan a aceptar sus normas estableciendo castigos para los desobedientes. También son «maestros» a su manera los artistas plásticos (pintores y escultores). Finalmente, los filósofos son una fuente, la más veraz posiblemente, del conocimiento de la divinidad.

Partiendo de los artistas, el autor se fija en Fidias, el más grande de todos ellos, autor, entre otras obras famosas, de la estatua del Zeus Olímpico . Un presunto interlocutor expone sus puntos de vista sobre la obra de Fidias. Pero Fidias responde subrayando las ventajas que tienen el poeta y el lenguaje frente al escultor y los materiales en los que éste plasma sus obras.

Dentro de este contexto, hace Dión un elogio de Zeus y una exposición de los distintos aspectos de su personalidad que han motivado las diversas denominaciones del dios.


«OLÍMPICO» O «SOBRE EL PRIMER CONCEPTO DE DIOS»

¿Será posible, señores, que, como suele decirse, delante [1] de vosotros mismos y de tantos otros me haya ocurrido esa extraña y paradójica experiencia que se cuenta de la lechuza? Pues no es, en absoluto, más inteligente que las otras aves ni más hermosa de aspecto, sino que es, ni más ni menos, lo que de ella conocemos. Pero cuando se pone a cantar su lúgubre y desagradable canto, la rodean las demás aves 1 . Y en cuanto la ven, unas se posan cerca de ella, otras revolotean a su alrededor. Y ello, a mi parecer, porque desprecian su vulgaridad y su torpeza. Sin embargo, suele decirse que las aves admiran a la lechuza.

Pues, con mayor razón, sentirán admiración al ver al [2] pavo real 2 , tan hermoso y tan lleno de colorido, cómo se pavonea y va mostrando la belleza de sus alas, cuando hace la rueda delante de la hembra y despliega la cola colocándola toda en círculo como un hermoso teatro o un grabado en el que aparece el cielo tachonado de estrellas. Y es, realmente, admirable por el conjunto de sus colores, que casi parecen oro engastado en lapislázuli. En la punta de las alas hay una especie de ojos o de anillos tanto en [3] la forma como en todo su parecido. Y si quieres más detalles, fíjate en que es tanta la ligereza de su plumaje que no resulta ni pesado ni penoso de llevar por su tamaño. En público, se muestra tranquilo y confiado ante los que lo contemplan y da vueltas y más vueltas como en una exhibición. Y cuando quiere llamar la atención, mueve las alas y hace un ruido gracioso como el de un viento ligero que agita la espesura de un bosque.

Pero las aves no sienten el más mínimo deseo de contemplar al pavo real ataviado con todos estos adornos, ni se inmutan ante el ruiseñor cuando oyen su canto de madrugada. [4] Ni siquiera se deleitan con la música del cisne, cuando, llegado a una feliz vejez, entona su canción postrera de puro placer por haber dejado atrás las pesadumbres de la vida. Ese cisne que canta religiosamente mientras se encamina gozoso hacia una muerte libre de penas 3 . Ni aun entonces las aves, fascinadas por esos cantos, se congregan sobre el ribazo de cualquier río, o en una lisa pradera, en las limpias orillas de un lago o en algún pequeño y florido islote de un río.

[5] En cambio, vosotros, a pesar de que tenéis tantos espectáculos divertidos 4 y tantas cosas que oír, unas veces, a hábiles oradores, otras, a escritores entretenidos tanto en verso como en prosa, otras, en fin, a numerosos sofistas como otros tantos pavos reales llenos de colorido, traídos y llevados por las alas de la fama y por los discípulos, vosotros, digo, venís a mí con ánimo de escucharme; a mí, que ni sé ni presumo de saber cosa alguna. ¿No tengo, pues, razón cuando comparo vuestro interés con el que despierta la lechuza, producto, yo diría, de un designio divino? 5 . Por el mismo designio, esta ave es, según dicen, la favorita de Atenea, la más bella y más sabia de las deidades 6 . En Atenas, la lechuza fue objeto del arte de [6] Fidias, quien la consideró digna de figurar al lado de la diosa en la consagración del templo con el consentimiento del demos. También representó en secreto, según se cuenta, a Pericles y grabó su propia imagen en el escudo de la diosa 7 .

Sin embargo, no creo que estas cosas signifiquen alguna ventaja para la lechuza, si no fuera porque reflejan una inteligencia superior. Por ello compuso Esopo 8 , según [7] creo, aquella fábula en donde la lechuza aparece como criatura sabia 9 . En ella aconseja a las aves que no permitan crecer a la encina recién plantada, sino que la destruyan de la forma que sea. Porque la encina iba a segregar un veneno inevitable del cual las aves quedarían prisioneras, a saber, la liga de cazar 10 . De la misma forma, cuando los hombres sembraban el lino, la lechuza mandó a las aves que recogieran la simiente, porque, si crecía, les causaría [8] muchos problemas. 11 En otra ocasión, habiendo visto a un hombre armado de arco, dijo profetizando: «Este hombre volará más deprisa que vosotras, pues aunque es de a pie, os lanzará dardos alados.»

Pero las aves no confiaron en sus palabras, sino que tuvieron a la lechuza como insensata, y hasta andaban diciendo que estaba loca. Pero, después, convencidas por la experiencia, la admiraron y la consideraron realmente sabia. Por eso, cuando aparece, acuden a ella como a quien lo sabe todo. Pero ya no les da consejos, sino que sólo se lamenta.

[9] Quizá vosotros habéis recibido la doctrina verdadera y los consejos convenientes que dio la filosofía a los antiguos griegos. Pero aquéllos prefirieron ignorarlos y despreciarlos, mientras que los actuales los recuerdan muy bien. Y vienen a mí por mi apariencia, honrando a la filosofía como las aves a la lechuza, aunque realmente ella sea un ave silenciosa y torpe de palabra 12 . Y estoy convencido de que ni antes he dicho nada importante, ni ahora tengo [10] más conocimiento que vosotros. Pero hay otros que son sabios y plenamente dichosos 13 . Y si queréis, yo os los puedo presentar, mencionando a cada uno por su nombre. Pues, por Zeus, creo que puedo ser útil sólo para reconocer a los que son sabios y diestros y a los que todo lo saben. Y si vosotros deseáis figurar entre ellos, debéis abandonar todo lo demás, a vuestros padres y a vuestra patria, los santuarios de los dioses y los sepulcros de los antepasados 14 . Luego, habéis de seguir a los sabios a donde os lleven, o quedaros en donde se establezcan, ya sea en la Babilonia de Nino y Semíramis 15 , ya sea en Bactria 16 , o en Susa 17 , en Palibotra 18 o en cualquiera de las ciudades célebres y prósperas. Y, dándoles dinero o granjeándoos su favor de otra manera, seréis más felices que la misma felicidad. Pero si no queréis, sino que ponéis el pretexto [11] de vuestra naturaleza, vuestra pobreza, vuestra vejez o vuestra debilidad, no sintáis envidia de vuestros hijos ni los privéis de los bienes mejores, antes bien encomendadlos a los cuidados de maestros bien dispuestos o tratad de convencer o de obligar a los que no quieran aceptarlos. Educados así convenientemente y convertidos en sabios a los ojos de los griegos y de los bárbaros, serán famosos en adelante, y destacarán en virtud, gloria, riqueza y, prácticamente, en toda clase de poder. Pues no sólo, según suele decirse, la virtud y la gloria acompañan a la riqueza, sino que también la riqueza acompaña necesariamente a la virtud 19 .

[12] Movido por sentimientos de benevolencia y amistad, os anuncio y aconsejo estas cosas delante de este dios 20 . Y pienso que debo, ante todo, convencerme a mí mismo y animarme en la medida en que me lo permitan mi salud y mi edad. Pero, a causa de mis achaques, debo buscar entre los antiguos algún posible resto de sabiduría como desechado ya y trasnochado, a falta de buenos maestros que vivan todavía 21 .

Os voy a contar también otra cosa que me pasa por la que, igualmente, me parezco a la lechuza. Y ello, aunque [13] os riáis de mis ocurrencias. La lechuza no saca ningún provecho de las aves que revolotean a su alrededor, pero resulta de la máxima utilidad para el cazador. Pues no hace falta ni que se les ponga cebo ni que se imite su canto. Basta con mostrar la lechuza para que acuda una gran cantidad de pájaros. Pues lo mismo me pasa a mí. No saco ningún provecho del interés de la multitud, ya que no trato de hacer discípulos, sabiendo, como sé, que no tendría nada que enseñarles, puesto que yo mismo no sé nada. Y para mentirles y engañarlos con promesas, no tendría valor. Pero, si me asociara con un sofista 22 , le podría prestar un gran servicio reuniéndole una gran multitud y dándole, después, ocasión para disponer a su antojo de la caza. Pero no sé por qué ninguno de los sofistas me acepta y ni siquiera se alegra de verme.

Así pues, sé por vuestra sabiduría y vuestra sensatez [14] que, de hecho, me creéis cuando os hablo de mi inexperiencia y de mi ignorancia. Y no me lo creéis a mí solo, sino que se lo hubierais creído también a Sócrates, quien, hablando de sí mismo ante el pueblo, afirmaba que no sabía nada 23 . Pero seguramente consideraríais sabios y dichosos a un Hipias, a Polo y a Gorgias 24 , los cuales se admiraban y se alababan a sí mismos más que nadie.

[15] Sin embargo, yo os aseguro que os habéis preocupado, a pesar de que sois una gran muchedumbre, por oír a un hombre que ni es hermoso de aspecto, ni fuerte, sino que ya está marchito por la edad, no tiene ningún discípulo y declara no profesar ni arte ni ciencia alguna ni de las nobles ni de las menores. Tampoco practica la adivinación ni la sofística, ni ejerce ninguna actividad de orador o adulador, ni es hábil para escribir ni desempeña cargo alguno que sea digno de alabanza o que merezca la atención. Solamente lleva cabellos largos 25 .

Pero si esto os parece mejor y más acertado 26 ,

lo haré y trataré de llevarlo a cabo de la mejor manera [16] posible. Sin embargo, no vais a oír las palabras que se acostumbran hoy en día, sino otras bastante más torpes y sencillas, tal como lo estáis viendo. Es preciso, en suma, que vosotros me permitáis seguir hablando de aquello que se me ocurra, y que no os molestéis si os parece que divago en mis palabras, lo mismo que cuando en el pasado llevaba una vida errante y descuidada. Por el contrario, tened comprensión, porque estáis oyendo a un hombre ignorante y charlatán.

Pues, en efecto, en la actualidad acabo de terminar un largo camino de regreso del Istro y de la tierra de los getas, o misios 27 , para servirme de la denominación moderna [17] de ese pueblo empleada por Homero. Y he venido no como traficante de mercancías, ni como porteador o boyero al servicio del ejército. Ni traigo una embajada de alianza o de buen augurio de parte de los que elevan sus plegarias junto con nosotros, pero sólo de boca. Vengo

desarmado, sin casco, sin escudo y hasta sin lanza 28

y no dispongo de ninguna otra arma. De modo que me [18] he quedado admirado al ver que habéis aguantado mi presencia. Pues no sé cabalgar, ni soy diestro arquero ni hoplita. Tampoco soy de los soldados ligeros, incapaces de llevar la armadura pesada, ni valgo como lanzador de jabalina ni como hondero. Ni siquiera tengo fuerzas para talar bosques o cavar trincheras, ni para segar forraje de los prados del enemigo mirando frecuentemente hacia atrás, ni para levantar una tienda o una empalizada. Eso lo suelen hacer las tropas auxiliares que siguen a los ejércitos en calidad de no combatientes. Yo, que soy un inútil [19] para todas estas cosas, he venido a vosotros, que sois hombres nada perezosos y que no disponéis de tiempo libre para oír mis palabras. A vosotros, dedicados a temas más altos y que vivís en perpetua agonía, como esos caballos atentos al golpe de la tralla, que no aguantan la demora, sino que, llevados de su ardor y su impaciencia, dan manotazos contra el suelo con sus cascos.

Allí había por todas partes espadas, por todas partes corazas, por todas partes lanzas 29 . Todo estaba lleno de caballos, todo lleno de armas, todo lleno de hombres armados. Y en medio de tantos combatientes, yo solo aparecía [20] despreocupado, con absoluta naturalidad, como espectador pacífico de la guerra, deficiente de cuerpo y avanzado en la edad. No llevaba el cetro de oro ni las cintas sagradas de dios alguno, ni llegaba para rescatar a una hija después del obligado viaje hasta alcanzar al ejército 30 . Lo único que deseaba era contemplar a unos hombres que luchaban por el poder y la autoridad, y a otros por la libertad y la patria 31 . Después, no para huir del peligro —que nadie lo crea así—, sino por haberme acordado de un antiguo voto, me desvié hacia aquí para dirigirme hasta vosotros. Pues considero que los asuntos divinos son más excelentes y provechosos que los humanos, por muy importantes que éstos sean.

[21] ¿Qué es, pues, más agradable para vosotros y más oportuno, que yo os describa lo que hay allí, las dimensiones de aquel río y la condición natural del país, el clima de sus estaciones y la raza de sus hombres o, mejor todavía, su población y su poderío? ¿O, más bien, me referiré a la vieja y gran historia de este dios junto a cuyo templo [22] estamos? Porque él es, en efecto, el rey común de hombres y dioses, su jefe, su soberano y su padre. Más aún, Zeus es el administrador de la paz y de la guerra, según la opinión de los sabios y experimentados poetas de la Antigüedad. Y también según nuestra opinión, si es que, al hablar de estos temas, acertamos a elogiar convenientemente y en pocas palabras su naturaleza y su poder, aunque lejos siempre de sus merecimientos.

Tendré, pues, que hacer como Hesíodo, varón honrado [23] y amado de las Musas, quien, muy razonablemente, no se atrevió a empezar exponiendo sus propios pensamientos, sino suplicándoles a las Musas que le contaran de su padre Zeus. Porque, en todos los aspectos, este canto es más apropiado para las diosas que la enumeración de cuantos fueron contra Ilión, tanto soldados como bancos de remeros, de los que la mayoría eran unos insensatos. Y ¿qué poeta habrá más sabio y más honrado que aquel que de este modo pedía ayuda para componer su obra:

Musas de Pieria, que dais fama con vuestros cantos , [24]

venid a cantar a Zeus, a celebrar a vuestro padre .

Por él los mortales se hacen igualmente ilustres y oscuros ,

conocidos y desconocidos, según el beneplácito del gran Zeus;

aquel que truena en las alturas y habita en mansiones etéreas ,

con la misma facilidad da la fuerza que abate al poderoso ,

humilla a los soberbios que exalta a los humildes ,

corrige a los desleales que quebranta a los orgullosos 32 ?

Respondedme, pues, hijos de la Élide, si este discurso [25] y esta canción son los más adecuados para esta asamblea. Pues vosotros sois los jefes y directores de este festejo, los inspectores y supervisores de cuanto aquí se diga o se haga. ¿O acaso los que aquí habéis venido vais a ser solamente espectadores de estos espectáculos tan bellos como famosos y, en particular, del culto al dios y a su imagen bendita? Vuestros antepasados, con generosidad en los gastos y con la más excelsa de las artes tallaron y consagraron esta estatua, la más bella y la más amada de los dioses de cuantas existen en el mundo, elaborada, según se dice, por Fidias que sacó el modelo de los textos poéticos de Homero. El dios, con un ligero movimiento de sus cejas [26] conmueve el Olimpo, como dijo el poeta de manera tan plástica como convincente:

Dijo, y el Cronida hizo un gesto con sus oscuras cejas. La inmortal cabellera se agitó sobre la cabeza inmortal del soberano, y el Olimpo todo se estremeció 33 .

¿O tendremos, acaso, que reflexionar también con mayor atención sobre detalles, como las composiciones poéticas y las ofrendas, y, de una forma más relajada, ver si hay algo que pueda condicionar o configurar de algún modo la opinión universal sobre la divinidad, como si estuviéramos en la tertulia de un filósofo?

[27] Ahora bien, acerca de la naturaleza de los dioses en general y del soberano de todas las cosas en particular, existe antes que nada una opinión y una idea común a todo el género humano, tanto entre los griegos como entre los bárbaros. Esa idea es imprescindible y natural a todo ser dotado de razón, y surge de la misma naturaleza sin necesidad de un maestro mortal ni de un iniciador, y sin riesgo alguno de error 34 . Ella sola se abre paso y pone de manifiesto nuestro parentesco con los dioses, a la vez que aclara muchos aspectos misteriosos de una verdad que no permite que dormiten o actúen con negligencia los hombres más ancianos y más antiguos. Pues, como no habitan [28] lejos ni fuera de la divinidad, sino que están enraizados en medio de ella 35 , más aún, conviven con ella en todo momento, no pueden seguir por más tiempo actuando neciamente. Sobre todo, porque de la divinidad reciben los hombres juicio y razón, como iluminados totalmente por divinas y grandiosas apariciones del cielo y de las estrellas, del sol y de la luna. Día y noche se encuentran con imágenes variadas e increíbles, descubren visiones extraordinarias y escuchan rumores de todas clases producidos por los vientos y los bosques, por los ríos y por el mar, y hasta por animales, tanto domésticos como salvajes. Los hombres mismos emiten sonidos claros y agradables, y saben apreciar el vigor y la sabiduría de la voz humna atribuyendo valores simbólicos a las cosas que llegan a los sentidos. Así pueden nombrar y señalar todo lo que entienden, y consiguen con facilidad recordar y comprender un número infinito de cosas. Por ello, estando, como [29] están, llenos de la naturaleza divina, tanto por la vista como por el oído y, en una palabra, por todos los sentidos, no podían los hombres ser ignorantes ni desconocer quién es el que les ha dado el ser y los ha engendrado, a saber, ese mismo dios que ahora los salva y alimenta. Los hombres, pues, habitan en la tierra, contemplan la luz del cielo, disponen de abundantes alimentos, porque su antepasado dios se lo prepara todo y se lo ofrece en abundancia. El primer alimento que tomaban los primitivos indígenas [30] era producto de la tierra que entonces era todavía blanda y fértil. Y lo tomaban de la tierra como de una madre, lo mismo que ahora las plantas sacan de la tierra la humedad. El segundo alimento que tomaron sus descendientes estaba compuesto de frutos espontáneos y hierba tierna con dulce rocío y

frescas aguas de las Ninfas 36 .

Además, pendientes del viento que los rodea y alimentados por su soplo continuo, aspiran el aire húmedo, como niños pequeños a quienes nunca les falta la leche, porque tienen [31] siempre a disposición el pecho de su madre. Con razón, pues, podemos decir que ésta fue la primera comida tanto para los primitivos como para los que vinieron después. Porque, cuando el bebé, tierno y débil todavía, abandona el seno materno, lo recibe la tierra que es su madre verdadera. Luego, el aire, soplando sobre él y reconfortándolo, lo reanima con un alimento más fluido que la leche y le comunica la facultad de emitir sonidos. Éste sí que podría llamarse con razón el primer pecho que la naturaleza ofrece a los recién nacidos.

[32] Al observar estas experiencias, no podrían por menos de admirar y amar a la divinidad, tanto más cuanto que percibían cómo las estaciones del año se sucedían con absoluta regularidad sin alteraciones de ninguna clase, y todo para nuestra supervivencia. Más aún, los hombres han recibido de los dioses, frente a los demás animales, la particularidad de entender y reflexionar sobre estas cosas. [33] Esto viene a ser prácticamente lo mismo que si alguien presentara a un individuo, griego o bárbaro, para ser iniciado en un santuario de misterios, espléndido por su belleza y tamaño 37 . El aspirante contempla allí muchas visiones misteriosas, oye muchos sonidos por el estilo, ve cómo aparecen luz y tinieblas alternativamente y cómo van sucediendo otros mil detalles. Y no digamos, si, como se acostumbra a hacer en la ceremonia llamada de entronización, los padrinos hacen sentarse a los neófitos y luego danzan a su alrededor 38 . ¿O es natural, acaso, que ese [34] hombre no sienta nada en el fondo de su alma ni sospeche siquiera que lo que va sucediendo es fruto de un plan y de una sabia preparación? Pues así lo entendería cualquiera, aunque fuese uno de esos bárbaros lejanos y anónimos, y no tuviese exégeta o intérprete, con tal de que estuviera dotado de sentimientos humanos. ¿O será, quizás, algo imposible de percibir? Pero ahora es toda la raza humana la que es iniciada, en público, con la iniciación más completa y perfecta, no en un pequeño edificio construido por los atenienses para recibir a un pequeño grupo, sino en este mundo, construcción artística y sabia, donde abundan por doquier infinitas maravillas 39 . Además, los iniciadores no son hombres semejantes a los iniciados, sino dioses inmortales los que inician a simples mortales. Y de noche y de día, a la luz del sol o de las estrellas —si se nos permite la expresión— danzan sin cesar a su alrededor 40 . Y de todas estas cosas, ¿no va a percibir el hombre ninguna sensación ni va a tener la más ligera sospecha, sobre todo cuando hay un corifeo que lo preside todo y que organiza el cielo entero y el universo, a la manera de un sabio timonel que gobierna una nave bella y copiosamente pertrechada?

[35] No hay, pues, razón para que nadie se sorprenda de que sucedan estas cosas entre los hombres. Pero sí, y con mayor motivo, al constatar que estos sentimientos alcanzan también a los brutos e irracionales animales, hasta tal punto que reconocen y honran al dios y están dispuestos a vivir según sus preceptos. Y mayor sorpresa todavía nos causan las plantas, las cuales no tienen ningún género de inteligencia, sino que, al carecer de alma y de voz, están gobernadas por una naturaleza sencilla. Con todo, voluntariamente y de buen grado, produce cada una de ellas su propio fruto. Así la intención y el poder de este dios [36] quedan totalmente evidentes y manifiestos. Y nosotros caeremos en el colmo del ridículo y de la ingenuidad, si andamos diciendo que tal manera de sentir es para los animales y los árboles tan natural como para nosotros la estupidez y la ignorancia. Algunos hombres, que se creen más sabios que la misma sabiduría, no derraman cera en sus oídos, como, según dicen, hicieron los marinos de Ítaca para no oír el canto de las Sirenas 41 , sino más bien una especie de plomo, blando y, a la vez, impenetrable para la voz humana. Más aún, pienso que arrojan ante sus ojos una capa de oscuridad y tinieblas, como aquella, bajo la cual, según Homero, no fue posible descubrir ni reconocer a Zeus 42 . Luego, desprecian lo divino y erigen una estatua a una divinidad perversa y extraña, imagen del lujo, de la excesiva desidia y de la insensatez licenciosa, divinidad realmente afeminada a quien dan el nombre de Placer. Y la honran y la veneran con címbalos de sonido leve y con flautas tocadas en la oscuridad. Nadie podría censurar esta suerte de diversión, si no se pasara de cantar razonablemente [37] y no se tratara de suprimir y desterrar a nuestros dioses haciéndolos salir de su propia ciudad y de su reino, y hasta del universo entero, para ir a otros países extraños, lo mismo que esos hombres desgraciados que van desterrados a islas desiertas. Y andan diciendo que todas las cosas que existen no tienen conciencia, ni inteligencia ni dueño, y que sin jefe, sin guía y sin guardián, andan errantes y vagan al azar, al no haber nadie que ahora las cuide y que antes las haya creado a todas. Ni siquiera quieren reconocer que los dioses pueden hacer como los niños: que ponen sus aros en movimiento y luego los dejan rodar solos 43 .

Estas cosas las he abordado en mi discurso sin salirme [38] del tema. Lo que pasa es que quizá no resulte tan fácil seguir la línea del pensamiento o el razonamiento de un filósofo, ni saber a dónde se dirige, dado que lo que expone parece siempre lo más conveniente y hasta necesario para los oyentes. Y es que yo para nada me preocupo «ni de la clepsidra ni de las fórmulas jurídicas» 44 , sino, como alguien ha dicho, hago uso de una gran independencia y libertad. Sin embargo, no me es difícil volver sobre mis pasos, como pasa a los diestros timoneles que se desvían ligeramente del rumbo con su nave.

[39] Ahora bien, ya hemos dicho que la primera fuente de la opinión y la creencia en los dioses es, sencillamente, la idea innata en todos los hombres, formada a partir de las mismas obras y de la verdad. Esta idea se ha ido consolidando no por algún error o al azar, sino que empezó con claros perfiles y permanece constantemente a lo largo del tiempo y entre todas las gentes, siendo realmente algo común y general de los seres racionales 45 .

La segunda fuente es, a nuestro parecer, la idea adquirida 46 que se va formando en nuestras almas no de cualquier manera, sino con relatos, fábulas y costumbres, unas veces de autor desconocido y por transmisión oral, otras [40] veces por medio de escritos de autores famosos. En cuanto a la creencia en los dioses, podemos afirmar que una parte es voluntaria y fruto de la exhortación, otra es obligatoria y de precepto. Y estimo que la que contiene el aspecto de voluntariedad y exhortación nos viene por los poetas, la que contiene la obligación y lo preceptivo nos llega por los legisladores. Pero ninguna de estas dos partes podría prevalecer, si no preexistiera la idea innata sobre los dioses. Pues por ella les llegan a los que están bien dispuestos las órdenes y las exhortaciones, sobre todo cuando de algún modo las preveían de antemano. Por cierto que algunos poetas y legisladores las expresan correcta y ordenadamente, mientras que otros divagan en algunos puntos. No podría, por el momento, explicar con suficiente amplitud [41] cuál de estos dos aspectos citados —la poesía o la legislación— fue más antiguo en el tiempo entre nosotros, los griegos. Pero parece más probable que el sistema que no usa castigos, sino que se basa en la persuasión, es más antiguo que el método que funciona mediante castigos y obligaciones. Hasta ahora, pues, casi podemos decir que, [42] para el género humano, evolucionan por igual la actitud hacia el padre primero e inmortal —a quien los que nos sentimos griegos llamamos Zeus Patrio— y la actitud hacia los padres mortales y humanos. Pues, ciertamente, el primer sentimiento de benevolencia y atención hacia los padres existe en los hijos espontáneamente como un don de la naturaleza y de la práctica de la bondad. Y así el [43] que nace devuelve enseguida, en la medida de lo posible, amor y servicio a aquel que, después de haberlo engendrado, lo alimenta y lo ama. En segundo y tercer lugar, están los sentimientos suscitados por los poetas y legisladores. Los poetas exhortan a no negar la gratitud debida a quien, además de anciano y consanguíneo, es autor de nuestra vida y nuestra existencia. Los legisladores obligan y amenazan con castigos a los que no están dispuestos a obedecer. Sin embargo, no explican ni aclaran a qué clase de padres y con qué servicios debemos pagar las deudas que con ellos hemos contraído. Pero, en los relatos y en las fábulas acerca de los dioses, podemos observar que sucede lo mismo y hasta en mayor medida.

Tengo observado que en todas partes resulta molesta la exactitud para la mayoría de las personas. Y por lo que a los discursos se refiere, no les importa tanto la precisión cuanto la abundancia de palabras. Esas personas, sin exponer un plan previo ni seguir un orden temático, y sin partir de un verdadero exordio en sus discursos, se lanzan a exponer inmediatamente las cosas más obvias y evidentes, según suele decirse, «sin lavarse los pies» 47 . Ahora bien, los pies sucios no son ningún perjuicio cuando se ha de pasar a través del barro o de abundantes inmundicias. Pero una lengua ignorante se convierte en un castigo nada pequeño para los oyentes. Sin embargo, es justo que las personas educadas, a las que se debe prestar mayor atención, nos ayuden y colaboren con nosotros hasta que, como de un camino sinuoso y escarpado, logremos llevar nuestro discurso al camino recto.

[44] Hemos señalado, pues, tres razones para explicar la opinión que los hombres tienen de la divinidad: la naturaleza, los poetas y los legisladores. Ahora podemos añadir como cuarta razón las artes plásticas y artesanales en la elaboración de estatuas e imágenes de los dioses. Me refiero a los pintores, escultores, talladores de piedras y, en suma, a todo aquel que demuestra ser capaz de imitar con el arte la naturaleza de la divinidad. Unas veces se trata de un ligerísimo esbozo que fácilmente engaña a la vista. Otras veces es una mezcla de colores y un trazado de líneas que refleja casi con exactitud lo que se pretende. A veces, con el trabajo de tallar la piedra o labrar la madera, va quitando el artista lo que sobra hasta dejar la imagen que aparece al final 48 . Otro sistema consiste en fundir el bronce y otros materiales preciosos por el estilo y verterlos en moldes. Otras veces, en fin, se moldea la cera que es lo que más fácilmente se acomoda al arte y mejor admite rectificaciones. Así trabajaban Fidias, Alcámenes 49 y Policleto 50 . [45] Así también Aglaofonte, Polignoto y Zeuxis 51 y el primero de todos, Dédalo 52 . Y no les bastaba con demostrar su destreza e inteligencia en otras cosas, sino que exhibiendo imágenes y toda clase de interpretaciones de los dioses, y, tomando como mecenas tanto a personas particulares como a ciudades, lo llenaron todo de abundantes y variadas representaciones de la divinidad. Y no se apartan en absoluto de los poetas y los legisladores. De los legisladores, porque para no aparecer contrarios a las leyes, se sometían a los castigos previstos. De los poetas, porque veían que habían sido precedidos por ellos y que fueron los poetas los más antiguos forjadores de imágenes. Por ello, no querían aparecer ante la mayoría como indignos [46] de crédito y autores de odiosas novedades. Y, así, realizaban la mayor parte de sus obras de acuerdo con losmitos, pero otras las inventaban por su cuenta haciéndose en cierta manera rivales y, a la vez, compañeros de oficio de los poetas. Pues mientras que los poetas componen sus argumentos basándose simplemente en lo que se dice, los artistas interpretan la divinidad, para la mayoría de los espectadores y para los más ignorantes, mediante lo que entra por los ojos 53 . Todas estas cosas tienen su fundamento en aquel principio primero y han nacido en honor y alabanza de la divinidad.

[47] Y, por cierto, al margen de aquella simple y antiquísima idea de Dios, innata por naturaleza en todos los hombres junto con la razón, además de estas tres clases de intérpretes y maestros —los poetas, los legisladores y los artistas—, hay que añadir una cuarta que ni es indiferente en modo alguno ni carece de cierta experiencia sobre el tema. Me refiero a los filósofos, los más veraces quizás y más perfectos de cuantos interpretan y explican con la palabra la naturaleza de la divinidad.

[48] Por lo que al legislador se refiere, dejémosle ahora que se dedique a sus cuentas, como hombre formal que es y encargado de corregir a los demás. Pues conviene que mire por sus intereses tanto como por vuestras personales ocupaciones 54 . En cuanto a los restantes, elijamos a los mejores de cada clase, y veamos si se descubre que han realizado algo útil o perjudicial para la piedad en obras o en palabras, si viven entre sí en concordia o en discordia y quién de ellos está más cerca de la verdad por estar de acuerdo con el punto de vista más primitivo y sincero.

Ahora bien, todos éstos dicen lo mismo, como quienes han seguido un mismo rastro y lo conservan, aunque unos abiertamente, otros con menos claridad. Pues quizá necesite consuelo el verdadero filósofo, si se lo compara con escultores o poetas, precisamente, en un festival donde los jueces están a favor de estos últimos.

Pues supongamos que alguien lleva ante los griegos, [49] en primer lugar, a Fidias, aquel sabio y divino artífice de esta obra sagrada y hermosísima, y pone como jueces a los mismos que organizan la competición en honor del dios, más aún, al tribunal común de todos los peloponesios y hasta de los beocios, jonios y demás griegos que hay en todas partes tanto de Europa como de Asia, y no para pedir razón del dinero ni de los gastos hechos en la estatua, por ejemplo, cuántos talentos de oro y marfil se emplearon, y de madera de ciprés o de cidra, materia duradera e indestructible para el interior de la obra, ni tampoco de los gastos en comida y salarios para los obreros que trabajaron en gran número y durante mucho tiempo desde los más vulgares operarios hasta el sueldo mayor y más elevado pagado a Fidias en razón de su arte. Todo esto podría interesar a los eleos calcularlo, ya que lo habían gastado con prodigalidad y esplendidez. Pero nosotros [50] vamos a imaginarnos que el proceso se ha entablado contra Fidias, aunque sobre otros asuntos. Pues entonces cualquiera podría decirle:

«Oh tú, el mejor y más noble de los artistas, nadie podrá negar que has realizado una obra agradable y encantadora, así como una imagen extraordinariamente deleitosa para todos los que han llegado hasta aquí tantas veces y en tan gran número, tanto griegos como bárbaros. Pues, [51] realmente, hasta los mismos animales irracionales se quedarían admirados, si pudieran contemplar este espectáculo. Y no solamente los toros, llevados continuamente delante de este altar, se someterían de buen grado a los sacrificadores para agradar al dios, sino que también las águilas, los caballos y los leones, como apaciguando su furor indómito y salvaje, se quedarían tranquilos fascinados por esta visión. Y en cuanto a los hombres, todo aquel que se encuentre en estado de agotamiento después de apurar desgracias y tristezas a lo largo de su vida y de no poder ni siquiera conciliar un sueño agradable, al ponerse delante de esta imagen, se olvidará, creo yo, de todas las cosas terribles y duras que se sufren en la vida humana. [52] Así, tú ideaste y fabricaste una imagen que sencillamente

disipa el llanto y la cólera y hace olvidar todos los males 55 .

Tanta es la luz y tanta la gracia que irradia tu arte. Y no sería razonable que ni el mismo Hefesto 56 achacara defectos a esta obra, si juzgara por el placer y gusto que causa a la mirada humana.

»Examinemos ahora si tallaste una imagen adecuada y una figura digna de la naturaleza de un dios, ya que usaste una materia que resulta agradable y representaste una figura de varón extraordinaria en belleza y tamaño, aunque la verdad es que hiciste realmente una forma de varón en los demás detalles. Si haces una defensa satisfactoria de esta tesis entre los presentes y los convences de que inventaste lo más apropiado y conveniente, en forma y figura, al primero y más grande de los dioses, podrías recibir otro sueldo mayor y más justo que el que te pagaron los eleos. Ya ves, pues, que no es pequeño nuestro [53] empeño y nuestro peligro. Pues antes, como no teníamos nada claro, unos nos formábamos una idea y otros otra, y cada uno representaba y se imaginaba cualquier divinidad según su propia capacidad y naturaleza. Y si reunimos algunos modelos insignificantes y oscuros de los artistas primitivos, no es porque les demos crédito en absoluto o porque les prestemos mayor atención. Pero tú, con la fuerza de tu arte, venciste y uniste primero a Grecia y luego a los demás en el aprecio de esta estatua, pues la realizaste tan maravillosa y magnífica que ninguno de los que la han contemplado podría recibir ya una mayor sorpresa. ¿O [54] piensas, acaso, que Ifito, Licurgo 57 y los eleos de entonces instituyeron la competición y el sacrificio que más convenía a Zeus, pero por falta de dinero no lograron hallar una estatua digna del nombre y la figura del dios, y eso que eran muy superiores en capacidad a sus descendientes? ¿O temieron, más bien, que no iban a ser capaces de representar por medio de un arte perecedero la excelsa y perfectísima naturaleza del dios?»

A esto respondería probablemente Fidias, pues no era [55] precisamente mudo ni de una ciudad torpe de palabra, sino que incluso era amigo íntimo y compañero de Pericles 58 :

«Varones griegos, el concurso ha sido el más grande que ha existido. Y conste que no estoy ahora dando cuenta y razón de la forma de dirigir y gobernar una ciudad, ni de la importancia de la flota o de la infantería, si están o no debidamente atendidas, sino que me refiero al dios dominador del universo y al parecido de mi obra con él, es decir, si ha quedado decorosa y apropiada, sin que le falte nada de la semejanza que es capaz de lograr un hombre, o más bien resulta indigna e inconveniente.

[56] »Recordad que no fui yo el primero que os explicó y enseñó la verdad. Pues ni siquiera había nacido en aquellos antiguos tiempos en que Grecia todavía no tenía creencias claras y determinadas sobre estos temas. Sino que nací cuando Grecia era ya en cierto modo adulta, y tenía ideas y convicciones sobre los dioses fuertemente arraigadas. Paso por alto las obras de escultores y pintores que, siendo más antiguos que mi arte, coinciden con él, excepto en [57] aquello que se refiere a su perfecto acabado. Acepté, sin embargo, vuestros puntos de vista tan antiguos como respetables, pues no era posible ir contra ellos. Además, encontré otros artistas que hablaban de la divinidad, eran más antiguos que yo y se consideraban mucho más sabios. Me refiero a los poetas, quienes podían por medio de su poesía arrastrar a los hombres hacia cualquier opinión, mientras que nuestras obras personales ofrecen solamente [58] un parecido relativamente aceptable. Pues las representaciones divinas —me refiero a las del sol, la luna, el cielo todo y las estrellas— aparecen por sí mismas absolutamente admirables. Pero su imagen resulta simple y torpe, cuando uno pretende reproducir las fases de la luna o el giro del sol. Más aún, estas realidades están llenas de sentimiento y de intención, pero en sus representaciones no lo manifiestan en modo alguno. Por eso, probablemente, no fueron [59] veneradas por los griegos desde el principio. Pues ningún escultor ni pintor será capaz de representar la inteligencia ni la sensatez en sí mismas. Y ello, porque nadie es capaz ni de verlas ni de investigarlas en absoluto. Y no se trata de una simple sospecha, sino que, porque sabemos de qué forma han surgido estas creencias, recurrimos a lo mismo, es decir, atribuimos a Dios un cuerpo humano como sede de la cordura y de la razón. Y a falta de un modelo más apropiado, tratamos de reflejar lo invisible y lo irrepresentable por medio de algo que puede representarse y verse. Nos servimos del valor del símbolo, y no como hacen algunos bárbaros, que representan la divinidad por medio de animales partiendo de pretextos tan insignificantes como absurdos. Pero aquel hombre —Homero— que sobresalió más que nadie por la hermosura, majestad y magnificencia de sus obras, ese sí que fue prácticamente el mejor creador de estatuas de los dioses.

»Nadie podría afirmar que era mejor no haber expuesto [60] ante los hombres estatuas o imágenes de los dioses, sólo porque era conveniente que no miraran a otra cosa que al cielo. Pues el hombre, dotado de inteligencia, venera todas esas imágenes, a sabiendas de que los dioses son seres felices a los que contempla como de lejos. Pero, a causa de la opinión que los hombres tienen de los dioses, se sienten fuertemente inclinados a honrarlos y venerarlos de cerca, y se aproximan a ellos hasta tocarlos, y les ofrecen sacrificios y coronas creyendo que así los persuaden mejor. Pues, sencillamente, como los niños pequeños, cuando son [61] separados de su padre o de su madre, sienten una terrible nostalgia y deseo de ellos, y hasta en sueños tienden las manos muchas veces hacia los padres ausentes, así también hacen los hombres con los dioses. Los aman por su bondad y familiaridad, y están dispuestos a vivir de algún modo en su compañía y a conversar con ellos. Por ello, muchos bárbaros, por su falta absoluta de sentido artístico, denominan dioses a ciertas montañas, a árboles estériles y a piedras sin tallar, objetos nada apropiados para representar la forma divina.

[62] »Pero si me consideráis responsable de esta imagen, debéis irritaros antes con Homero. Pues él representó una figura muy parecida a esta obra mía, y habló de la cabellera del dios y hasta de su barbilla en el principio mismo de su poema, cuando refiere que Tetis suplicaba por la honra de su hijo 59 . Pero es que, además, atribuía a los dioses conversaciones, deliberaciones y discursos y hasta viajes desde el Ida 60 al cielo y al Olimpo, sueños, banquetes y aventuras amorosas adornándolo y sublimándolo todo con sus versos, pero sin apartarse un ápice de la semejanza humana. Así, por ejemplo, cuando se atrevió a atribuir a Agamenón los rasgos representativos del dios, diciendo que era

en ojos y cabeza semejante a Zeus que se divierte con el rayo 61 .

»Pues, por lo que se refiere a mi obra, nadie, por muy [63] loco que esté, podría compararla con cualquier objeto mortal, si examina su belleza y tamaño propios de un dios. Por ello, si, dentro siempre de las posibilidades de mi arte, no soy mucho mejor y más diestro creador que Homero —quien, por cierto, os parece igual a un dios en sabiduría—, estoy dispuesto a someterme al castigo que me queráis imponer [64]. Pues la poesía es una cosa magnífica y, se mire como se mire, resulta cómoda e independiente. Además, por la cantidad y variedad de vocabulario y de recursos lingüísticos, está capacitada por sí misma para expresar los sentimientos del alma. Y cualquiera que sea el perfil, la obra, la emoción o el tamaño que se le ocurran al poeta, nunca estará en inferioridad de condiciones, desde el momento en que la voz de un mensajero 62 podría explicar con claridad todas las cosas. El mismo Homero dice:

Una lengua voluble tienen los mortales y palabras abundantes ,

variadas y un vasto campo de palabras para oír y responder 63 .

»Y, en efecto, la raza humana será pobre en cualquier [65] cosa, pero no en voz ni en palabras. En esto solo posee una maravillosa riqueza. Pues nada de lo que llega a sus sentidos queda sin su debida expresión o denominación, sino que enseguida impone el hombre a lo que percibe el sello inconfundible de un nombre, y muchas veces hasta varios nombres para una misma cosa. De modo que, cuando articula alguna palabra, la opinión que manifiesta se acerca mucho a la verdad. Y es que el hombre tiene destreza y capacidad para expresar con palabras todo lo que se le ocurre. Pero el arte de los poetas es espléndido [66] e irreprochable, particularmente el de Homero, quien hizo uso de la mayor libertad, ya que no tomó una sola variedad de lenguaje, sino que mezcló todos los dialectos griegos 64 hasta entonces diversificados, el de los dorios, el de los jonios y hasta el de los atenienses. Homero hizo una mezcla mucho más que la que hacen los tintoreros con los colores, y no sólo de los dialectos de su tiempo, sino también de los anteriores. Pues si había sobrevivido alguna palabra, la adoptaba, como cuando se saca una moneda antigua de un tesoro sin dueño. Todo ello lo hacía por [67] su afición al lenguaje. Y tomó hasta nombres de los bárbaros sin escatimar ninguno, con tal que tuviera, según su opinión, gracia y fuerza expresiva. Aportó, además, no sólo elementos vecinos y de las cercanías, sino también los más lejanos con la intención de cautivar al oyente fascinándolo con lo inesperado. Y no los dejó tal como estaban, sino que unas veces los amplió, otras los abrevió y otras los modificó de otra forma.

[68] »Finalmente, se mostró a sí mismo no sólo como forjador de versos, sino también de palabras, dando a las cosas una denominación personal, unas veces porque aplicaba simplemente nombres a los distintos objetos, y otras porque daba nuevas acepciones a los nombres que ya las tenían, como si pusiera sobre un sello otro sello brillante y más visible. No desdeñaba ningún sonido, sino que, en resumen, imitaba las voces de los ríos, de la selva, de los vientos, del fuego y del mar, y hasta del bronce, la piedra y, en una palabra, de todos los animales e instrumentos, lo mismo de las fieras o de los pájaros que de las flautas y los caramillos. Inventó palabras para el estrépito, el zumbido, el trueno, el golpe seco, el crujido. Y, así, llamó ‘murmuradores’ a los ríos, ‘resonantes’ a los dardos, ‘rugientes’ a las olas, ‘irritados’ a los vientos, y cosas parecidas a otros fenómenos terribles y realmente admirables, con lo que provocaba en las mentes gran desconcierto y confusión. De modo que nunca le faltaban nombres terribles [69] o agradables, suaves o ásperos, como tampoco de los que ofrecen otras infinitas diferencias, tanto en sonidos como en significados. Por esa facilidad para inventar palabras, era capaz de inculcar en el alma cualquier sentimiento que quería.

»Nuestro arte, en cambio, siendo de tipo manual y artesano, en modo alguno goza de la misma libertad. Pues, en primer lugar, necesitamos muchos colaboradores y un material suficientemente sólido, para que dure, pero que no lleve demasiado trabajo en su elaboración ni sea difícil de conseguir. Además, es preciso preparar un modelo fijo [70] y permanente de cada imagen que pueda reflejar todos los aspectos de la naturaleza y el poder del dios. Pero a los poetas, les es más fácil abarcar con su poesía muchas otras formas y las más variadas figuras. Pues añaden movimientos y reposos, gestos y palabras, según lo que consideran más conveniente en cada momento. Y, así, digo yo, tienen ventaja en lo que se refiere a la dificultad y al tiempo de su ejecución. Ya que el poeta, movido por una sola idea y un solo impulso del alma, extrae, como de una fuente desbordante de aguas, gran cantidad de poemas antes de que la visión y la inspiración que tuvo lo abandonen y se disuelvan 65 . En cambio, el sistema de realizar nuestro arte es laborioso y lento, y se avanza con esfuerzo y poco a poco. Ello es debido, creo yo, a que se trabaja con materiales más duros que la piedra.

»Lo más difícil de todo es que el artista debe conservar [71] continuamente en su alma la misma imagen, hasta que consigue culminar su obra, y eso a veces durante muchos años. Y por cierto, lo que suele decirse, que los ojos son más fieles que el oído 66 , a lo mejor es verdad. Pero también lo es que son difíciles de convencer y que necesitan mayor evidencia. Pues aunque la vista se enfrenta con los mismos objetos que contempla, también es fácil de excitar y embaucar el oído, si se le envían imágenes alucinantes [72] por medio de versos y sonidos. Ahora bien, nuestro arte tiene medidas precisas en cantidad y en tamaño, pero los poetas pueden ampliar las suyas cuanto quieran. Por eso, para Homero, resultó muy fácil hablar del tamaño de Eris 67 , diciendo:

toca el cielo con la cabeza mientras anda por el suelo 68 .

En cambio, yo debo contentarme con llenar el espacio señalado por los eleos 69 o los atenienses.

[73] »Tú, pues, Homero, el más sabio de los poetas, reconocerás que, sobresaliendo con mucho por la fuerza de tu poesía y por el tiempo en que viviste, fuiste realmente el primero que ofreciste a los griegos muchas y hermosas representaciones de todos los dioses y, en particular, del más grande de ellos. Aquellas representaciones eran, unas veces, de carácter bondadoso; otras, terribles y espantosas. Pero el que yo he tallado es un dios pacífico y manso en todos los aspectos, como corresponde a un protector de una Grecia en armonía y concordia. Y gracias a mi arte [74] y a la sabiduría y honradez de la ciudad de los eleos, he decidido tallar a este dios como bondadoso, venerable y con aspecto alegre. Un dios que es el dador de la vida, de la subsistencia y de todos los bienes, y que es padre, Salvador y Custodio común de los hombres. Y lo hice en la medida en que es posible a un hombre mortal reproducir la naturaleza divina y transcendente.

»Considera, pues, si no vas a encontrar mi estatua de [75] acuerdo con todas las denominaciones del dios. Pues Zeus es el único de los dioses a quien se le da el nombre de Padre y Rey, Protector de la ciudad, Dios de la amistad y de la buena compañía, Protector de los suplicantes, Dios de la hospitalidad y de las cosechas. Recibe, además, otros innumerables apelativos, como expresión de los distintos aspectos de su bondad. Se le invoca como Rey, por su autoridad y su poder; como Padre —pienso yo—, por su solicitud y su mansedumbre; como Protector de la ciudad, por su cuidado de la ley y del bien común; como Familiar, por la comunidad de raza existente entre dioses y hombres 70 ; como Dios de la amistad y la buena compañía, [76] porque procura mantener unidos a todos los hombres y quiere que sean amigos unos de otros y que nadie sea enemigo o adversario de nadie; como Protector de los suplicantes, porque escucha propicio a los que le invocan; como Dios de los fugitivos, porque ofrece refugio contra el mal; como Dios de la hospitalidad, porque no hay que despreocuparse de los extranjeros ni considerar extraño a ningún hombre 71 ; como Protector del hogar y de las cosechas, porque es el que produce los frutos y el que da la riqueza y el poder.

[77] »Y aunque se trataba de representar algo sin palabras, ¿no ha quedado suficientemente expresado según las reglas del arte? Pues la fuerza y la magnificencia de la imagen pretenden demostrar su autoridad y su dignidad de rey; la mansedumbre y la amabilidad, su paternal solicitud; la majestad y la gravedad de la estatua ponen de manifiesto al Protector de la ciudad y de las leyes; la comunidad de raza entre dioses y hombres queda representada por el parecido en la forma que tiene carácter de símbolo. El Protector de la amistad, de los suplicantes, de los extranjeros, de los fugitivos, y todas las denominaciones por el estilo, se transparentan en la humanidad, mansedumbre y amabilidad de mi obra. La sencillez y la grandeza de ánimo reflejadas en la imagen representan al Dios del hogar y de las cosechas. Pues, en realidad, se parece muchísimo a alguien que da y reparte bienes.

[78] »Estas propiedades son las que, en la medida de lo posible, traté de representar, ya que no podía darles un nombre. Pero al dios que con sus continuos rayos provoca la guerra y la destrucción de grandes muchedumbres, o causa lluvias torrenciales, tormentas de granizo o de nieve, o que despliega el arco iris azulado, presagio de guerras, o que envía una estrella que despide continuos destellos, portento temible para navegantes y soldados, o que manda la terrible discordia a griegos y bárbaros hasta infundir en los hombres cansados y agotados un amor incesante por la guerra y el combate; a ese dios, que pesa sobre la balanza la suerte de los héroes manifestada por la inclinación espontánea de los platillos, no era posible representarlo por medio del arte 72 . Pero aunque ello fuera posible, nunca lo hubiera intentado. Pues no es posible reproducir [79] el trueno sin sonidos, ni sacar de los metales de estas minas subterráneas 73 una imagen de relámpago o de rayo sin luz. En cambio, para Homero era sencillísimo hablar de la tierra sacudida o del Olimpo conmovido por una ligera inclinación de las cejas de Zeus, o de una corona de nubes alrededor de su cabeza, pues el poeta gozaba, en todas estas cosas, de una gran libertad. Nuestro arte, por el contrario, tropieza con grandes dificultades, ya que el espectador dispone del argumento cercano y definitivo de la vista.

»Por otra parte, si alguien considera que el material [80] empleado es indigno de la dignidad del dios, tiene realmente razón. Sin embargo, no tendría motivo para criticar ni a los que lo han aportado ni al que lo ha seleccionado o aprobado. Pues no había otra materia mejor ni más ilustre que pudiera llegar a las manos de los hombres para ser transformada artísticamente. ¿O es que es posible, acaso, modelar el aire, el fuego o una fuente de abundantes [81] aguas con herramientas manejadas por los mortales? Sólo se puede trabajar lo que está contenido como material resistente dentro de todos estos elementos. Y no me refiero al oro y la piedra, que son cosas pequeñas y mezquinas, sino a toda realidad que sea fuerte y pesada. El seleccionar las figuras y combinarlas en una sola para formar todo género de animales o plantas, si no es posible hacerlo con todos los dioses, mucho menos con este dios realmente único, a quien otro poeta dirigió estas hermosas palabras:

Omnipotente padre, artista supremo de Dodona 74 ,

[82] pues él es el primero y el más perfecto artesano, y tomó como patrono de su arte no la ciudad de los eleos, sino la materia de la que se ha hecho el mundo entero. De Fidias o de Policleto no se podría razonablemente pedir más de lo que hicieron. Más aún, su obra es mayor y más [83] venerable que la obra de nuestras manos. Ni siquiera al mismo Hefesto 75 le hizo Homero sobresalir por su experiencia en otras cosas, sino que pudo presentar al dios como artista en la fabricación del escudo, pero no como inventor de nuevos materiales. Pues dice así:

Y echó al fuego duro acero, estaño ,

precioso oro y plata 76 .

Ningún hombre podrá, pues, demostrar que haya existido un artista mejor que yo. Pero no hay mortal que se pueda comparar con el mismo Zeus, creador del universo.»

Si Fidias hubiera dicho estas cosas en defensa propia, [84] estoy seguro de que los griegos lo hubieran premiado justamente con una corona.

Pero, quizá, muchos no han comprendido el tema de mi discurso, y eso que, desde mi punto de vista, era muy apropiado para que lo entendieran tanto los filósofos como los ignorantes. He tratado sobre la construcción de estatuas, y más concretamente, sobre la forma de construirlas. También he hablado sobre los poetas, si son los que mejor o peor han interpretado las cosas divinas. Y, finalmente, sobre el primer concepto de Dios, cómo fue y de qué manera surgió entre los hombres. También hablé, y mucho, sobre el poder de Zeus y sus denominaciones. Y si dijimos palabras de elogio sobre la estatua y los que la dedicaron, pues tanto mejor. Y es que, en realidad, [85] tiene una mirada tan benevolente y bondadosa, que casi parece que nos habla de este modo más o menos:

«Estas ceremonias, eleos y griegos todos, las realizáis con una ejecución tan hermosa como apropiada. Y ofrecéis sacrificos espléndidos en la medida de vuestras posibilidades. Más aún, sois los primeros que celebráis el más renombrado campeonato de resistencia, fuerza y velocidad, observando las costumbres que os han llegado de las fiestas y de los misterios. Pero tengo muy en cuenta aquello de que

A ti no te dominan grandes cuidados, sino que a la vez la vejez

penosa sobrellevas, te marchitas malamente y estás avergonzado 77 .»


1 Dión parte de un hecho demostrado por la ornitología y que él interpreta a su manera. En el mismo fenómeno basa PLUTARCO (Nicias 19) su comparación cuando dice que, al aparecer el general espartano Gilipo en Sicilia, «muchos volaron a él como cuando aparece la lechuza, dispuestos a hacer la guerra».

2 El autor se compara con la lechuza: viejo, desaliñado, con la voz cascada; pero es capaz de congregar a un auditorio numeroso. Los sofistas, verdaderos pavos reales, no despiertan el mismo interés.

3 Como los cisnes «que cantan más y mejor» cuando se acerca la hora de su muerte, dice PLATÓN que, Sócrates experimenta el gozo de la muerte cercana (Fedón 84d-85b).

4 Los juegos Olímpicos, festivales de carácter nacional, eran una ocasión propicia que aprovechaban muchos vendedores o repartidores de arte, ciencia, magia y mercancías de toda clase.

5 Desde una postura providencialista, Dión explica lo que ocurre en la naturaleza como la realización del programa trazado por los dioses.

6 La lechuza era el ave favorita en Atenas. Sus ojos brillantes recordaban los de la diosa Atenea, «la de ojos de lechuza». Figuraba en las monedas atenienses que, por ello, se llamaban también «lechuzas».

7 Fidias, al grabar la guerra de las Amazonas, se representó a sí mismo en la figura de un anciano calvo, y a Pericles en actitud de combatir con una amazona (PLUTARCO , Pericles 31).

8 Esclavo liberto, natural de Samos, vivió en el siglo VI a. C. y fue autor genial de una larga colección de fábulas.

9 Entre los animales que Esopo emplea como protagonistas de sus fábulas, algunos, como la lechuza, la hormiga, el zorro y otros, tienen cartel de sabios.

10 La caza se practicaba en Grecia como necesidad y como diversión. Para las aves menores se tendían trampas de lazo, de liga y de resortes. La liga se fabricaba con resina de los árboles.

11 El lino, en efecto, servía para confeccionar las redes de cazar.

12 Por su propio testimonio sabemos que Dión iba vestido con desaliño, barba, cabellos largos, etc. Cf. EPICTETO , Pláticas IV 8, 4-6.

13 Según la opinión de Dión, «el sabio es feliz» necesariamente. Así lo dice en el título y en el contenido del Discurso XXIII.

14 Los santuarios de los dioses de la ciudad y los sepulcros de los antepasados constituían la esencia más auténtica de la patria para un griego. Eran, igualmente, expresión de sus sentimientos religiosos nacionales.

15 Nino es un personaje legendario, esposo de Semíramis y fundador de Nínive, capital de Asiria (cf. PLATÓN , Leyes 685c). Babilonia está ubicada más al Sur, en el lugar en que el Eufrates y el Tigris se acercan.

16 Capital y provincia del Imperio Persa, en la ruta seguida por Alejandro Magno.

17 Residencia de verano de los reyes de Persia.

18 Llamada también Pataliputra, estaba situada en la confluencia de los ríos Son y Ganges.

19 El dicho es de HESÍODO , Trabajos y Días 313. En Mt . 6, 33 se dice: «Buscad el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura».

20 Con la expresión «este dios» se está refiriendo al Zeus de Olimpia, representado en la gigantesca estatua de oro y marfil labrada por Fidias. Era una estatua sedente, de marfil, con vestidos de oro, que ocupaba una tercera parte del santuario. Llevada a Constantinopla por Teodosio 1 en el año 475 d. C., desapareció en un incendio. EPICTETO consideraba una desgracia morir sin haberla conocido (Plát . I 6, 23-24).

21 Una constante en los escritos de Dión es su admiración sincera e incondicional por la cultura de los antiguos. Para él, evidentemente, «cualquiera tiempo pasado fue mejor».

22 Los «sofistas» o profesionales de la sabiduría fueron unos maestros ambulantes que, hacia mediados del siglo V a. C., produjeron cambios profundos en la cultura de los griegos. Eran algo así como profesores de enseñanza superior y enseñaban la forma de llegar al éxito en la política o en cualquier otra profesión. Escépticos de mentalidad, criticaron el orden social y los planteamientos religiosos.

23 Es la «ironía», actitud típica de Sócrates, quien fingía no saber nada sobre un tema para poder abordar a los que se consideraban a sí mismo como «expertos».

24 Hipias, Polo y Gorgias son tres famosos sofistas. Hipias (siglo V a. C.), de Élide, el polifacético, se consideraba como autárkēs , es decir, creía bastarse a sí mismo en todo. Polo, natural de Acragante en Sicilia, fue discípulo y acompañante de Gorgias. Gorgias, de Leontinos en Sicilia, fue un maestro que enseñaba, ante todo, a convencer por la palabra. El diálogo de Platón que lleva su nombre trata, precisamente, sobre la «retórica», a la que los sicilianos llamaron «maestra de la persuasión». Cuando llegó a Atenas el año 427 a. C., era ya de edad avanzada.

25 Aunque absurdo, el argumento de los cabellos largos sirve para que la gente lo reconozca como sabio y filósofo (cf. Discurso XXXV 2, y también, la n. 12 a este Discurso XII).

26 HOMERO , Odisea I 376; II 141.

27 El Istro era el nombre dado al curso inferior del Danubio. Los getas (o misios) eran uno de los pueblos que habitaban en Tracia, región que se extendía entre el Danubio y el mar Egeo.

28 HOMERO , Ilíada XXI 50.

29 El autor ha ido enumerando los distintos cuerpos de un ejército antiguo: caballería, arqueros, infantería pesada, infantería ligera, honderos, tropas auxiliares. Por lo demás, este ambiente de guerra debe situarse en el contexto de las guerras de Trajano contra los getas o dacios, cuyas escenas pueden verse en la columna dedicada en Roma por este emperador a sus hazañas.

30 Alusión al sacerdocio de Apolo, Crises, quien fue a Troya para rescatar a su hija y se vio despreciado por Agamenón (HOM ., Il . I 13-15).

31 Los romanos luchaban por extender su imperio; los dacios, por defender su tierra y su libertad.

32 HES ., Trabajos 1-8. Estos ocho primeros hexámetros de los Trabajos contienen la invocación a las Musas a la manera de los principios de la Ilíada y la Odisea . Los vv. 6-7 tienen su eco en la Biblia (cf. Luc . 1, 52).

33 Il . I 528-30. Era, al parecer, el gesto de la estatua del Zeus Olímpico de Fidias.

34 La idea innata de Dios es considerada como algo común a todos los pueblos y a las más diferentes culturas.

35 Esta simbiosis del hombre con la divinidad es materia profesada por filósofos como EPICTETO (Plát . II 8, 12 s.). Por otra parte, es una idea cristiano-bíblica ampliamente documentada en el A.T . (p. ej., Éx 13, 21; Deut 4, 7; Jer 14, 9) y en el N.T . (p. ej., Jo 14, 20, 23).

36 Son dos coriambos de autor desconocido.

37 Clara alusión a los misterios de Eleusis, ritos secretos de iniciación celebrados en honor de la diosa Démeter, de su hija Perséfone y de Dioniso. Las imponentes ruinas de los Propileos y del Telesterion —sala hipóstila de iniciación, con graderíos para unos tres mil espectadores— dan idea de la importancia, el tamaño y la belleza del santuario de Eleusis. La edificación estaba a unos 22 km. de Atenas, a orillas del mar y frente a la isla de Salamina. La escasez de noticias que tenemos sobre estos misterios es debida al secreto que pesaba sobre los iniciados y que fue, en términos generales, lealmente observado.

38 PLATÓN (Eutidemo 277d) compara la actitud de los dos hermanos, Eutidemo y Dionisodoro, frente a Clinias, con la del iniciador con sus neófitos en la ceremonia de iniciación.

39 Según SAN PABLO (Rom 1, 18-21), Dios se revela a los hombres por medio de las cosas creadas.

40 El universo recibía de los griegos el nombre de kósmos , por el orden con que está organizado. Además, el mundo es como un teatro en el que Dios es el corifeo; o una nave, en la que Dios es el timonel.

41 Od . XII 173-177. Odiseo taponó con cera los oídos de sus marinos, mientras él, atado, pudo escuchar el canto de las Sirenas.

42 Il . XIV 243.

43 Sería la postura de los deístas, quienes admiten la existencia de Dios, pero niegan su intervención en la marcha del mundo.

44 ARISTÓTELES (Constitución de los atenienses 67, 2-3) explica la función de estos relojes de agua, que servían para medir el tiempo de los oradores en un proceso. Por eso, «el agua que fluye apremia» (PLATÓN , Teeteto 172d).

45 Lo decía CICERÓN : ni hay hombre que no tenga alguna noticia de Dios, ni hay otros seres —además del hombre— que la tengan (Leyes I 8, 4).

46 Frente a la idea innata (cf. § 27, n. 34 de este discurso) está la idea adquirida (ver PLATÓN , Fedro 237d, y República 618d).

47 Expresión usual equivalente a «sin preparación».

48 Se cuenta que Miguel Ángel, cuando veía un bloque de mármol, veía ya la estatua que pretendía tallar; su trabajo, decía el artista, consistía en quitar la materia que sobraba.

49 Escultor griego (460-400 a. C.), nacido en Lemnos y discípulo de Fidias. Fue autor de una famosa estatua de Homero.

50 Escultor de la segunda mitad del siglo V a. C., natural de Argos. Son famosas sus estatuas del Doríforo , el Diadúmeno y la Amazona herida .

51 Aglaofonte, Polignoto y Zeuxis fueron tres célebres pintores del siglo V a. C. Polignoto de Tasos, hijo y discípulo de Aglaofonte, es considerado por los griegos el inventor de la pintura, que usó para decorar edificios públicos. De Zeuxis, oriundo de Heraclea en la Magna Grecia, se cuenta que era tanto el realismo de su pintura, que los pájaros acudían a comer las uvas pintadas por él.

52 Héroe legendario en el que se personifican las labores artísticas y artesanas. Construyó el laberinto de Creta e ideó unas alas para huir volando de la isla con su hijo Ícaro.

53 También en el contexto de nuestra cultura, los relieves y esculturas de las catedrales tenían la misma finalidad, por lo que eran considerados como la Biblia pauperum .

54 Es decir, el legislador debe procurar, en interés de todos, que los juegos no duren más de lo conveniente.

55 Od . IV 221.

56 Dios griego, hijo de Zeus y esposo de Afrodita. Es el dios del fuego y de los metales, artista del hierro y forjador de armas y herramientas divinas. Los romanos Jo identificaron con Vulcano.

57 Ífito y Licurgo son los legendarios fundadores de los Juegos Olímpicos en el 776 a. C. Pero es extraño que Licurgo, legislador espartano, tuviera este protagonismo en Olimpia, donde nunca Esparta implantó su dominio.

58 Pericles (495-429 a. C.) encarna la idiosincrasia ateniense y da nombre al período más glorioso de la historia de Atenas. Fue excelente político, estratega y orador. Los atenienses —y Pericles lo era— solían ser abiertos de trato y buenos conversadores frente al «laconismo» de los espartanos.

59 Il . L 501-502.

60 Ibid ., VIII 20. Desde las cimas del Ida, Zeus podía contemplar directamente el escenario de la batalla que se libraba junto a Troya. Este monte no debe confundirse con el del mismo nombre, situado en Creta y donde, según la mitología, fue criado Zeus.

61 Il . II 478.

62 Cuando en las obras dramáticas hay algo interesante que no puede traerse a escena, queda siempre el recurso a un mensajero que refiera lo que ha ocurrido lejos o fuera. Así lo hicieron los dramaturgos griegos, aunque sólo fuera porque segnius irritant animos demissa per aurem quam quae sunt oculis subiecta fidelibus (HORACIO , Arte Poética 180 s.).

63 Il . XX 248-249.

64 El lenguaje de Homero, de carácter artificial, es, en efecto, una mezcla de los más importantes dialectos en la historia de la lengua griega.

65 La misma idea en PLATÓN , Ión 534ab.

66 Cf. HOR ., Art. Poét . 180 s. HERÓDOTO (I 8) refiere cómo el rey de Sardes, Candaules, quiso convencer a Giges de la hermosura de la reina mostrándosela desnuda después de ponderársela de palabra, porque «entre los hombres se da menos crédito a los oídos que a los ojos».

67 Eris, hija de la Noche, era la diosa de la discordia y compañera de Ares, dios de la guerra. Ella fue la que, en las bodas de Tetis y Peleo, arrojó la manzana entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita con la indicación: «Para la más hermosa.» Paris, hijo de Príamo de Troya, se la adjudicó a Afrodita.

68 Il . IV 443.

69 Los eleos son los habitantes de la Élide, región del Peloponeso, donde se encontraba el santuario de Olimpia.

70 En estos párrafos, nos ofrece Dión una síntesis de su pensamiento teológico acerca del que, en la mitología griega, es el primero y principal de los dioses, «Padre de los dioses y de los hombres» (HESÍODO , Teogonia 47; EPICT ., Plát . 1 19, 12; y cf. Il . I 503; etc.).

71 Según ANTÍSTENES (en DIÓGENES LAERCIO , VI 12): «nada es extraño para el hombre sabio».

72 Este párrafo está lleno de resonancias homéricas: Zeus es el que con sus rayos provoca guerras o tormentas (Il . X 5-8); el que despliega el arco iris como presagio de guerras (ibid ., XVII 547 s.); el que envía a navegantes y soldados una estrella (ibid ., IV 75-76); el que envía la terrible Discordia a las naves aqueas (ibid ., XI 3-4); el que pesa con su balanza la suerte de Aquiles y Héctor (ibid ., XXII 209-213), etc.

73 Las palabras «metal» y «mina» eran un solo término en griego. Las minas más famosas fueron las de plata del Laurio cerca del cabo Sunio, en la parte oriental del Ática.

74 En este fragmento de PÍNDARO (núm. 57 en Píndaro. Odas y fragmentos [B.C.G. 68], Madrid, 1984, pág. 338), se menciona ese misterioso lugar del Epiro, Dodona, donde existía un oráculo de Zeus, cuya voluntad se manifiesta por el ruido que producía «el follaje divino del gran roble de Zeus» (Od . XIV 327-330; cf. Il . XVI 233-235, y HERÓD ., II 55). Aunque también había otros modos de adivinar la voluntad del dios.

75 Hefesto, del que ya hemos hablado (cf. n. 56), forjó obras tan famosas como el cetro de Zeus, el tridente de Posidón, el escudo de Hércules y las armas de Aquiles.

76 Il . XVIII 474-475.

77 Od . XXIV 249-250.

XIII

EN ATENAS: SOBRE SU DESTIERRO


INTRODUCCIÓN

Una de las víctimas de la vesania de Domiciano (51-96 d. C.) fue también Dión. Aunque tuvo la suerte de contarlo. Pero su amistad con un alto personaje de los muchos que mandó ejecutar el maniático emperador le acarreó las tristes condiciones del desterrado. Sin embargo, la situación no debió de ser excesivamente penosa para un hombre naturalmente aventurero, como fue Dión. Quizás hubo de abandonar Italia, pero le quedaban abiertas muchas puertas. Así, lo encontramos en Cícico, muy cerca de su Bitinia natal, cuyas fronteras no se atreve a traspasar (Discurso XIX 1).

Bien sea porque el destierro no le fuera particularmente molesto, bien porque ya habían pasado muchos años desde entonces, el caso es que Dión habla del destierro desde un punto de vista estoico. Y toma su destierro como pretexto o punto de partida para hacer unas reflexiones personales sobre la filosofía de la vida.

Que el destierro tiene aspectos negativos es un hecho obvio. Salir de la patria y del calor de la familia supone siempre un doloroso desgarro. El mismo Odiseo sufrió con intensidad sus consecuencias. Pero el destierro no es algo intrínsecamente malo; de lo contrario, no hubiera aconsejado el oráculo de Delfos al rey Creso que se exiliara. Y a Delfos recurrió también Dión, a quien el dios brindó nuevos alientos con su respuesta.

Salió, pues, Dión hacia su destierro con unos atavíos que hicieron a los extraños tomarlo como vagabundo, mendigo y filósofo. Esta fama determinó en cierto modo su actitud. Pues quiso realizar en su vida errante lo que la gente pensaba de él. Y, en consecuencia, vivió como filósofo. Y como filósofo enseñó que lo más importante en la vida no es ser rico o aprender las artes, las letras o los deportes, sino practicar la convivencia, salir de la vulgaridad y ser bueno y honrado. La Historia, la grande, es también en este aspecto magistra vitae , y desde la plataforma de la Historia, los grandes maestros, como Sócrates, quien en una larga intervención desarrolla las ideas contenidas en el diálogo pseudo-platónico Clitofonte .

Concluye Dión que todos los ciudadanos han de hacerse discípulos de los grandes maestros hasta que alcancen la condición de «sabios y enamorados de la justicia».


EN ATENAS: SOBRE SU DESTIERRO

Yo salí desterrado por mi reconocida amistad con un [1] hombre 1 nada mezquino, sino relacionado con los que entonces eran afortunados y poderosos, un hombre que murió por las mismas cosas por las que a muchos, por no decir a todos, parecía dichoso, es decir, por el parentesco y la familiaridad que tenía con los poderosos. El único motivo de que entonces me acusaran fue el ser amigo y consejero de aquel hombre. Pues lo mismo que los escitas 2 entierran con los reyes a sus escanciadores, cocineros y concubinas, así es costumbre entre los tiranos sacrificar por cualquier causa a otros muchos con los condenados a muerte.

Entonces, pues, cuando se tomó la decisión de enviarme [2] al destierro, yo pretendía averiguar si el destierro era realmente un trance difícil y desagradable, como opina la mayoría, o todas estas cosas representan para cada cual una experiencia distinta, como se cuenta de la adivinación que practican las mujeres en los santuarios. Pues esas mujeres toman una bola o una piedra y tratan de descubrir en ella el asunto que investigan. Y cuentan que la bola es para unas ligera, pero para otras resulta tan pesada que apenas pueden moverla del sitio.

[3] Del mismo modo, el destierro, la pobreza y, por supuesto, la vejez, la enfermedad y las demás cosas por el estilo a unos les parecen pesadas y difíciles, y a otros ligeras y fáciles de soportar. En un caso, posiblemente, porque la divinidad aligera el peso según la transcendencia del tema; en el otro, creo yo, por la fuerza y la disposición del interesado.

[4] Y me acordaba precisamente de Odiseo, quien, según Homero, se lamentaba frecuentemente de su suerte, a pesar de ser un héroe enormemente capacitado para el sufrimiento. Sin embargo, decía muchas inconveniencias y se quejaba a todas horas a la orilla del mar por la añoranza de su patria 3 . Finalmente, como dice el poeta, deseaba ver subir el humo de su tierra, aunque tuviera que morir al momento. Y no le servían de consuelo ni sus anteriores hazañas ni aquella diosa tan hermosa y tan buena que tanto lo apreciaba hasta prometerle que lo haría inmortal. Pues por encima de todas estas cosas prevalecía su añoranza y [5] su amor por la patria. Y en otra ocasión evocaba yo a Electra, cuando, en uno de los poetas posteriores, iba preguntando por su hermano con tristeza, compadecida de su destierro y diciendo algo parecido a esto 4 :

¿En qué lugar de la tierra pasa el desdichado su desdichado destierro?

A lo que aquél respondía no menos lastimosamente:

Se consume contemplando diversos rincones de la ciudad .

Y ella, a su vez, preguntaba:

¿Carece, por ventura, del sustento de cada día?

Y él le contestaba de este modo:

Lo tiene, sí, pero escaso, como desterrado que es .

Además de todo esto, recordaba yo las innumerables [6] proezas y las guerras llevadas a cabo por desterrados con el fin de poder regresar a su patria, guerras agotadoras dirigidas contra los demos y los tiranos que los habían expulsado. Pues consideraban una gloria el hecho de morir combatiendo en su propia tierra.

Todas estas consideraciones me causaban sopresa y me obligaban a ver como algo horrible e insoportable lo que me había sucedido. Pero entonces me acordé de Creso 5 , rey de los lidios, a quien ante una pequeña contrariedad le aconsejó Apolo que abandonara el poder y huyera voluntariamente al destierro, y que no sintiera ninguna vergüenza si los hombres lo tomaban por un cobarde. Éstos fueron, más o menos, los términos del oráculo:

[7] Cuando un mulo llegue a ser rey de los medos ,

entonces, lidio afeminado, al Hermo pedregoso

huye, y no te quedes ni tengas miramiento de ser cobarde 6 .

Está claro que el oráculo emplea la palabra «miramiento» en vez de «vergüenza», de acuerdo con la costumbre de los poetas, y «ser cobarde» en vez de «lo que piensa [8] la mayoría». De esto saqué la conclusión de que no siempre el destierro es molesto y perjudicial, y que el permanecer en la patria tampoco es un bien de excesivo valor. De lo contrario, Apolo no hubiera recomendado y aconsejado, por una parte, ir al destierro, mientras, por otra, prohibía tajantemente permanecer en la patria. Y ello, cuando hablaba en oráculo a un hombre en extremo solícito de los asuntos de la divinidad, que ofrecía muchísimos sacrificios y había enviado las mayores ofrendas que jamás se habían presentado en Delfos 7 .

[9] Pensando estas cosas, tomé la determinación de encaminarme [9] al santuario del dios para consultar a tan experto consejero, según la vieja costumbre de los griegos 8 . Pues si es un experto consejero en materia de enfermedades, o sobre la esterilidad —cuando a un hombre no le nacen hijos— o sobre las cosechas, no iba a ser menos en un caso como este. Y a mi consulta respondió con un oráculo extraño y nada fácil de interpretar. Pues me ordenó que continuara haciendo con toda solicitud aquello mismo en lo que estoy ocupado, como si se tratase de una actividad honrada y provechosa, «hasta que —dijo— llegues al extremo de la tierra». Ahora bien, no es fácil mentir ni encaja en las costumbres de un hombre, y mucho menos en las de un dios. Consideré, pues, que Odiseo, después de [10] tantas aventuras, no vaciló en volver a navegar empuñando los remos para seguir el consejo de Tiresias 9 , difunto ya, hasta venir a dar con hombres que no conocían el mar ni siquiera de oídas 10 . Y yo, ¿no iba a hacer lo mismo si era el dios quien me lo ordenaba?

Así, después de darme ánimos a mí mismo para no tener miedo ni vergüenza de lo que hacía, me puse un humilde vestido y, mortificándome también en las demás cosas, comencé a vagar por todas partes. Los que se encontraban [11] conmigo, al verme, me llamaban unos vagabundo, otros mendigo y algunos hasta filósofo 11 . A partir de entonces me sucedió que, poco a poco, sin pretenderlo y sin que yo tuviera gran concepto de mí mismo, recibí este nombre. Por el contrario, la mayoría de los llamados filósofos se autoproclaman a sí mismos como hacen los heraldos en las Olimpíadas. Yo, por mi parte, siendo tantos los que me llamaban filósofo, no podía oponerme ni siempre ni [12] a todos. De modo que, por fortuna, conseguí algún provecho de esa fama. Pues muchos se presentaban ante mí y me preguntaban qué era, según mi opinión, bueno o malo. De este modo me veía obligado a reflexionar sobre estos temas para poder responder a los que me preguntaban. En una ocasión hasta me pidieron que hablara desde la [13] tribuna pública. En consecuencia, tuve que hablar de los deberes de los hombres y de las cosas que, desde mi punto de vista, podían serles provechosas.

Tenía la impresión de que, en general, todos los hombres son unos insensatos y de que nadie hace lo que debe ni busca la forma de librarse de los males presentes y de su mucha ignorancia e inquietud de ánimo, con el objeto de vivir de una manera más razonable y mejor. Por el contrario, todos andan revueltos y como arrastrados del mismo modo, y casi por las mismas cosas, para conseguir dinero, fama y determinados placeres del cuerpo. Pero nadie es capaz de librarse de estas cosas ni de hacer libre a su propia alma. Lo mismo, creo yo, que las cosas que caen en un remolino se ven forzadas a dar vueltas y no pueden librarse del vértigo.

[14] Estas y otras cosas parecidas se las echaba en cara de vez en cuando a todos los demás y, en primer lugar, a mí mismo. Y, en un momento de perplejidad, recurrí a una frase antigua pronunciada por un tal Sócrates, y que no cesaba nunca él de repetir gritando con insistencia a todos y en todas partes, en las palestras y en el Liceo, en los talleres y en el ágora lo mismo que un deus ex machina 12 , como alguien ha dicho. Sin embargo, nunca [15] pretendí que fuera mía la frase, sino de quien era, y consideraba lógico que se me excusara, si no podía acordarme con precisión de todas las palabras ni de todo su contenido, sino que la decía con algunas palabras de más o de menos. Ni creo que, porque digo estas cosas que ya se han dicho muchos años antes, merezca por ello menos atención. «Porque, quizá —dije—, recibiréis por ello el mayor provecho. Pues no es razonable que las palabras antiguas, evaporándose como drogas, pierdan su vigor.»

Pues aquel Sócrates, siempre que veía a muchos hombres [16] reunidos, gritaba, entre lamentaciones y reproches, con absoluta valentía y franqueza: «¿Hacia dónde os precipitáis, hombres? ¿Ignoráis, acaso, que no estáis haciendo nada de lo que debéis, sino que andáis preocupados por las riquezas, tratando de conseguirlas a cualquier precio con el fin de poseerlas en abundancia y dejarlas en mayor cantidad a vuestros hijos? 13 . Sin embargo, todos por igual anduvisteis despreocupados de esos mismos hijos; y, antes, lo estuvisteis de vosotros que sois sus padres, pues no supisteis encontrar ni un sistema de educación ni una forma de vida conveniente y provechosa para los hombres. Con esa educación podríais usar vuestras riquezas con rectitud y justicia, y no de forma que perjudicaseis injustamente a otros. Así —lo que es más importante que las riquezas— no os haríais daño a vosotros mismos, ni a vuestros hijos, hijas, mujeres, hermanos y amigos; ni ellos os lo harían a vosotros.

[17] »Ahora bien, ¿creéis que, aprendiendo de vuestros padres el arte de la cítara, la lucha y las letras y enseñando las mismas cosas a vuestros hijos, viviréis en una ciudad más morigerada y mejor? Pero si uno reúne a los tañedores de cítara, a los profesores de gimnasia y a los gramáticos 14 que mejor conocen sus respectivas materias para fundar una nación, como en otro tiempo hicisteis vosotros en Jonia 15 , ¿qué clase de ciudad os parece que sería y cuál su forma de vida? ¿No sería mucho peor y más mezquina que la ciudad de los traficantes en Egipto, donde viven toda clase de traficantes, tanto hombres como mujeres? 16 . ¿No formarán una ciudad mucho más ridícula estos maestros de vuestros hijos a quienes me refiero, es decir, los maestros de gimnasia, de cítara y de gramática, si reciben, además, a los rapsodas y a los actores?

[18] »Pues, en efecto, todo lo que aprenden los hombres, lo aprenden, precisamente, para que, cuando surja la necesidad por la que lo han aprendido, puedan actuar según sus conocimientos. Así lo hace el timonel empuñando el timón en cuanto sube a la nave, pues para eso aprendió a pilotar. Y así también el médico, cuando se hace cargo de un enfermo, lo cura con medicinas y métodos de alimentación, pues para eso aprendió la profesión. Ahora [19] bien —continuó diciendo—, cuando hay que tomar alguna decisión en interés de la ciudad, ¿os reunís, acaso, en la asamblea y empezáis unos a tocar la cítara, otros a hacer ejercicios gimnásticos y otros a leer algún fragmento de Homero o de Hesíodo? Pues bien, estas cosas las sabéis mejor que otros y, partiendo de ellas, pensáis que vais a ser hombres honrados y que vais a poder administrar correctamente los asuntos públicos y los privados. Y ahora, con esta esperanza administráis vuestra ciudad y preparáis a vuestros hijos, para que sean capaces de tratar tanto sus asuntos particulares como los públicos, con tal de que sepan tocar discretamente a la cítara aquello de

Palas, terrible destructora de ciudades 17 ,

o se dediquen por entero a la lira. Pero, por lo que se refiere a saber lo que os conviene tanto a vosotros mismos como a vuestra patria, y a llevar en concordia una vida política y social por cauces de legalidad y justicia, sin agraviaros mutuamente ni conspirar los unos contra los otros, eso nunca lo aprendisteis ni os importó para nada. Y ni aun ahora os preocupáis de ello. Y aunque estáis viendo [20] continuamente a los actores trágicos en las Dionisíacas 18 , y compadecéis las desgracias de los personajes de las tragedias, sin embargo, nunca os habéis dado cuenta de que todos esos males no les suceden a los analfabetos ni a los que desentonan cuando cantan ni a los que desconocen el arte de la lucha. Ni os habéis fijado en que nadie representa una tragedia basándose en la vida de un pobre hombre. Por el contrario, cualquiera vería con gusto todas las tragedias que traten de los Atreos 19 , los Agamenones 20 y los Edipos 21 , los cuales poseían las mayores riquezas en oro, plata, tierras y ganados. Pues bien, hasta al más desgraciado de ellos le nació, cuentan, un cordero de [21] oro 22 . Y Támiris 23 , que tan bien conocía el arte de tañer la cítara, por atreverse a competir en música con las mismas Musas se quedó ciego y, en adelante, tuvo que abandonar el oficio de citarista. A Palamedes 24 de nada le sirvió el haber sido el inventor de las letras, para librarse de morir maltratado y apedreado por aquellos mismos aqueos que habían sido instruidos por él. Y es que, mientras eran analfabetos e ignorantes de las letras, le respetaron la vida. Pero, cuando les enseñó las letras a los demás —y a los Atridas evidentemente los primeros—, y con las letras les enseñó cómo se encienden fuegos y se cuenta el pueblo, ya que antes no sabían ni siquiera contar una muchedumbre como los pastores cuentan su ganado, entonces, al hacerse más sabios y más eficientes, lo mataron.

»Pero si creéis —dijo— que los oradores son capaces [22] de tomar decisiones y que su arte puede hacer buenos a los hombres, me sorprende que no les hayáis encomendado también las tareas de juzgar sobre los asuntos públicos, en vez de asumirlas vosotros, y que no les hayáis encargado el despacho de las finanzas, si es que los consideráis los más justos y honrados. Ahora bien, habríais actuado exactamente como si hubierais nombrado timoneles y navarcas a los remeros y a los cómitres.»

Y si alguno de los políticos y de los oradores le contestara: [23] «Cuando los persas se lanzaron con tantas tropas dos veces seguidas contra Atenas y el resto de Grecia, la primera vez al enviar el rey de Persia un cuerpo de ejército con sus generales, y la segunda al presentarse Jerjes en persona con todas sus tropas de Asia, los atenienses, educados de aquella manera, los vencieron a todos ellos y fueron en todas partes superiores, tanto en el consejo como en la lucha 25 . Pero, a pesar de todo, ¿cómo iban a poder superar a tanta multitud dotada con tantos preparativos, si no fuera porque eran superiores en valor? ¿O cómo iban a sobresalir en valor, si no era porque tenían la mejor educación de todas, y no una educación vulgar y mediocre?», [24] a quien le dijera estas cosas le respondería: «Los persas no vinieron porque hubieran recibido alguna particular educación ni porque supieran tomar decisiones sobre los asuntos públicos, sino porque se habían entrenado practicando el disparo con arco, la hípica y la caza. Y, sin embargo, entre ellos la cosa más vergonzosa era desnudarse y escupir en público. Pero aquellos entrenamientos no les iban a servir de nada. En consecuencia, no había prácticamente ningún general ni rey al frente de ellos, sino que eran innumerables miríadas de hombres, los más insensatos y desgraciados de todos. Sin embargo, había entre ellos uno solo que llevaba la tiara enhiesta y se sentaba en un trono de oro. Y él, como si fuera un dios, los empujaba a todos a la lucha. Unos se lanzaban al mar, otros montañas abajo. Y aunque azotados, llenos de miedo, tropezando unos con otros y temblando, se veían obligados a morir 26 . [25] Es lo mismo que si dos hombres combatieran, ignorantes de las prácticas de la lucha. En el caso de que uno de ellos derribara alguna vez al otro, no sería por la experiencia, sino por casualidad; incluso, si el mismo combatiente lo consiguiera hasta dos veces seguidas. Es lo que pasaba cuando los persas llegaron a las manos con los atenienses. Pues unas veces vencían los atenienses, y otras los persas; como ocurrió más adelante, cuando los persas, combatiendo al lado de los lacedemonios, llegaron hasta derribar las [26] murallas de Atenas 27 . ¿Podrías, acaso, decirme que entonces los atenienses estaban peor educados y menos instruidos en letras? Y después, en otra ocasión, cuando, bajo el mando de Conón, vencieron los atenienses en la batalla naval de Cnido 28 , ¿fue porque estaban mejor entrenados en la lucha atlética y en el canto?»

De este modo, pues, demostraba que los atenienses no recibían ninguna educación provechosa. «Y ello —dijo— les ha sucedido no sólo a los atenienses, sino también prácticamente a todos los hombres tanto en el pasado como en la actualidad.

»Además —continuó—, el no haber recibido la educación [27] adecuada y el no saber nada de lo que hay que saber, ni estar suficientemente preparado para la vida, y, sin embargo, vivir y pretender emprender así asuntos de importancia, es algo que no convence a nadie y menos todavía a los mismos interesados. Y ello, aunque suelen echar en cara a los ignorantes y a los que no tienen educación que no saben vivir correctamente. Pero son ignorantes no los que no saben tejer o trabajar el cuero, o los que son incapaces de bailar, sino aquellos que ignoran lo que debe saber el que pretenda ser un hombre bueno y honrado.»

De este modo les recomendaba que pusieran cuidado [28] en atender a sus requerimientos y que se dedicaran a la filosofía. Pues sabía que, si le obedecían, no harían otra cosa que dedicarse a ella. Ya que el procurar ser apreciado y el afanarse por ser un hombre bueno y honrado no es otra cosa que vivir como filósofo. Sin embargo, no acostumbraba a usar este nombre, sino que solamente recomendaba que los hombres procuraran ser honrados.

[29] Así pues, a aquellos hombres les decía yo casi estas mismas cosas tan anticuadas y trasnochadas. Pero como no me dejaban tranquilo ni siquiera cuando me encontraba en la misma Roma, no me atrevía a pronunciar ni una palabra por mi propia cuenta. Pues tenía miedo de hacer el ridículo y de parecer un insensato, puesto que estaba convencido de ser un anticuado y un ignorante. Por eso, me hice esta consideración:

«Vamos, hombre, si remedando tales palabras las aplicara yo a las cosas que más admiración provocan entre esta gente, y afirmara que ninguna de ellas vale la pena —ni el lujo, ni el desenfreno—, sino que lo que necesitan es una educación integral y buena, a lo mejor no se burlaban de mí por decir estas cosas ni me llamaban insensato. [30] Pero si lo hacen, podré decirles que estas palabras fueron pronunciadas por un hombre a quien los griegos todos admiraron por su sabiduría y a quien Apolo consideró como el más sabio de todos 29 . El mismo Arquelao 30 , rey de Macedonia, hombre de extensos conocimientos y que había convivido con muchos sabios, solía invitarle con dones y recompensas para poder escucharle cuando hablaba de estos temas.»

[31] Así intentaba yo también hablar a los romanos, cuando me invitaron porque creían interesante que yo les dirigiera la palabra. Y no lo hacía cogiéndolos aparte de dos en dos o de tres en tres en palestras y paseos. Pues no es posible reunirse de esta manera en aquella ciudad. Pero cuando muchos estaban ya reunidos en un mismo lugar, yo trataba de decirles que necesitaban una educación mejor y más cuidada, si querían llegar a ser felices realmente y de verdad, y no, como ocurre ahora, según el parecer de la mayoría de los hombres. Y lo comprenderán mucho mejor, si alguien les hace cambiar de opinión y se encarga de enseñarles que no merece la pena ninguna de las cosas por las que se preocupan y que tratan de poseer con todo su afán, en la idea de que cuantas más posean tanto mejor y más dichosamente vivirán. Pero, por lo que se refiere [32] a la sensatez, la hombría y la justicia, si es que las practican en serio y las asumen de corazón, hallarán en alguna parte maestros de éstas como de las demás virtudes. Y no les importará si son griegos o romanos, o si entre los escitas o los indios hay alguien que sea maestro de estas materias que digo. Pues no se trata, desde mi punto de vista, de la práctica del tiro con arco o de la hípica. Sino que, por Zeus, lo que hace falta es un médico que sepa curar las enfermedades del cuerpo a la vez que esté suficientemente capacitado para sanar las del alma, un médico que pueda librar del desenfreno, de la codicia y de otras enfermedades por el estilo a los que están dominados por ellas. Ahora bien, un médico así conviene tomarlo y llevarlo [33] consigo después de convencerlo por la fuerza de la razón o de la amistad. Pues a un hombre como ése no es posible convencerlo ni con dinero ni con otra clase de regalos. Y después de colocarlo en la acrópolis 31 , hay que obligar por decreto a que tanto los jóvenes como los ancianos frecuenten su compañía, hasta que todos, convertidos en sabios y enamorados de la justicia, desprecien el oro y la plata, el marfil y los ricos alimentos, los perfumes y los placeres carnales. Entonces vivirán felices dominándose a sí mismos ante todo y sobre todo, y luego, gobernando a los demás hombres.

[34] «Pues, entonces —dije—, vuestra ciudad será grande, fuerte y verdaderamente poderosa, ya que en la actualidad su grandeza resulta sospechosa y no del todo segura. Porque —añadí— cuanto mayor sea entre vosotros la hombría, la justicia y la sensatez, tanto menor será la cantidad de plata y oro, de objetos de marfil y ámbar, de cristal, cidro, ébano, de adornos mujeriles, de bordados, afeites y, en una palabra, de las cosas que en vuestra ciudad son [35] más apreciadas y objeto de emulación. Entonces necesitaréis pocas de ellas, y cuando hayáis llegado a la cima de la virtud, ya no necesitaréis ninguna. Habitaréis en casas más pequeñas y mejores, y no tendréis que alimentar a tanta muchedumbre de esclavos perezosos y totalmente inútiles. Y lo más paradójico de todo: cuanto más piadosos y religiosos os hagáis, tanto menores serán las ofrendas de incienso, de perfumes y de guirnaldas; ofreceréis menos sacrificios y menos costosos, y la cantidad de gente que [36] ahora vive a costa vuestra será mucho menor. Toda la ciudad, en fin, como una nave a la que se aligera de lastre, saldrá a flote y será mucho más ágil y segura. Veréis cómo la Sibila y Bacis 32 os profetizan estas mismas cosas, ya que se trata de dos excelentes profetas y adivinos. Pero tal como están las cosas en la actualidad por la gran cantidad de riquezas que de todas partes afluyen a este lugar único, domina el lujo y la ambición. Por eso, ocurre lo mismo que cuando Aquiles, después de adornar la pira de Patroclo con abundante leña, con muchas telas, vestidos y, además, con grasas y aceites, derramando libaciones y prometiendo sacrificios, rogaba a los vientos que vinieran a prender fuego y a consumirlo todo 33 . Pues tales cosas [37] son igualmente a propósito para excitar la insolencia y el desenfreno de los hombres.»

Sin embargo, yo no les decía que les resultara difícil ser educados, «puesto que en lo demás, les decía, habéis aprendido todo lo que os propusisteis, aunque no fuerais por eso mejores que nadie». Me refiero a la hípica, la lucha con arco, la infantería pesada...


1 Domiciano (51-96 d. C.), según SUETONIO (Domitianus 10), mandó ejecutar por razones realmente ridículas a varios notables, entre ellos, a un primo hermano suyo, de nombre Tito Flavio Sabino, que pudo ser muy bien el «hombre nada mezquino» mencionado por Dión.

2 Eran un pueblo del SE. de Rusia, que ocupó las regiones situadas al N. del mar Negro. Tuvieron relaciones culturales y comerciales con los griegos. En Atenas, los esclavos escitas desempeñaban las funciones de policía.

3 Odisea 1 48-59; V 82-84, 151-158. Odiseo, retenido por la ninfa Calipso, añoraba su patria y su hogar.

4 EURÍPIDES , Electra 233-236.

5 Rey de los lidios y hombre proverbialmente rico. Sometió las ciudades griegas del Asia Menor a su poder y mantuvo intensas relaciones con ellas. Hacia el 550 a. C., su reino y su persona cayeron en manos de Ciro, fundador del Imperio Persa, quien le perdonó la vida en memoria de una antigua conversación de Creso con Solón (HERÓDOTO , I 30-33, 86).

6 Ibid ., 55.

7 El oráculo de Apolo en Delfos era la suprema instancia de cualquier asunto griego, ya de índole pública, ya de índole particular. El santuario recibía generosos donativos de sus devotos por sus aciertos reales o provocados. Una inscripción de Delfos nos informa de que había tarifas diferentes para los asuntos públicos (7 dracmas y 2 óbolos) y para los privados (4 óbolos). Previa purificación en la fuente de Castalia, el peregrino entraba por los Propileos y subía por la vía sagrada hasta el templo del dios. Allí una sacerdotisa, sentada sobre el trípode sagrado, recibía el oráculo que luego interpretaban los sacerdotes.

8 Entre otros devotos de Delfos, hemos de recordar a Creso, quien había hecho espléndidos regalos al santuario. Los delfios lo retribuyeron con privilegios particulares.

9 Célebre adivino de Tebas que se quedó ciego por haber sorprendido a Atenea en el baño, o porque, según la tradición, dio la razón a Zeus en una disputa conyugal con Hera. Mencionado en Od . X 492, 524, XI 139, etc., es el adivino que interviene en la solución de la tragedia de SÓFOCLES , Edipo Rey 300 ss.

10 Od . XI 119 s.

11 Esta reacción popular demuestra que la apariencia de Dión se apartaba de los cánones considerados como normales. Además, «filósofo», como insulto, significaba algo así como extravagante.

12 Cf. PSEUDO -PLATÓN , Clitofonte 407a, y PLATÓN , Crátilo 425d. ARISTÓTELES advierte en la Poética (1454ab) que el desenlace debe surgir de la acción, y no ser traído por medio de una forzada intervención divina. Cf. HORACIO , Arte Poética 191 s.

13 Cita casi textual de PS .-PLAT ., Clit . 407a-b.

14 Estos tres educadores, el gramático, el citarista y el paidotriba, estaban al frente de los tres campos en que se dividía la educación griega tradicional: lectura, escritura, cálculo (gramático), canto y manejo de un instrumento (citarista), educación física (paidotriba).

15 Región litoral del Asia Menor que mira al mar Egeo y que fue colonizada por los jonios hacia el 1100-1000 a. C. Fue el centro de una intensa actividad intelectual y científica, y de una cultura que se forjó en centros tan prósperos como Éfeso y Mileto, o en islas como Samos y Quíos.

16 Se trata de Náucratis, colonia fundada el 610 a. C. por Mileto en el brazo más occidental (Canóbico) del Nilo. Fue el principal punto de contacto entre las culturas de Egipto y Grecia. En la época helenística su importancia se desplazó a Alejandría.

17 Fragmento de un poeta lírico —Lamprocles —, citado por ARISTÓTELES , Nubes 967, en un contexto sobre la educación.

18 Había varias fiestas en honor de Dioniso. Las más importantes eran las Grandes Dionisíacas o fiestas de primavera (marzo) en las que se celebraban los certámenes de tragedias.

19 Atreo, padre de Agamenón y Menelao, vio su familia ensangrentada por horribles crímenes. Maldito por su padre Pélope, se refugió en Micenas, donde llegó a ser rey. La tumba mejor conservada de Micenas, de estilo de colmena, lleva el nombre de «Tesoro de Atreo».

20 Agamenón, rey de Micenas, fue el generalísimo de los griegos que combatieron contra Troya. Al regresar, fue muerto por su esposa Clitemestra.

21 Edipo (de pies hinchados) es el héroe de las tragedias de Sófocles Edipo Rey y Edipo en Colono . Mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta, como ya había anunciado el oráculo de Delfos.

22 La leyenda cuenta que lo que le nació a Atreo fue un cordero con vellocinos de oro, gracias a los cuales fue rey de Micenas. Pero los vellones fueron motivo de hondas enemistades familiares, una de cuyas consecuencias fue la muerte del propio Atreo a manos de su sobrino Egisto.

23 Támiris, cantor tracio, presumía de que cantaba mejor que las Musas. Castigado por ellas, fue privado de la vista y de la voz; cf. Ilíada II 595.

24 Palamedes tuvo fama de sabio y sagaz. Se le atribuye la invención del faro, la balanza, los dados, las letras del alfabeto, etc. Acusado de traición por Odiseo, fue condenado a muerte en Troya.

25 La primera de estas expediciones acabó con la victoria de los atenienses sobre los persas en Maratón (490 a. C.). La segunda, dirigida por Jerjes en persona, fue derrotada en las batallas de Salamina (480 a. C.) y Platea (479 a. C.).

26 Es la expresión de la opinión tradicional que los griegos, libres y organizados racionalmente, tenían de los persas, sometidos al poder absoluto de su rey como esclavos masificados.

27 Los persas estuvieron siempre atentos a los asuntos griegos, y se pusieron del lado de la potencia que parecía garantizar un equilibrio que los favorecía. Por eso, se inclinaron unas veces del lado de Esparta y otras del lado de Atenas.

28 Conón, el único general que se salvó del desastre de Egospótamos, venció junto a Cnido a la flota espartana. Conón combatía entonces al servicio del Rey de Persia. Era el año 394 a. C. Como Sócrates murió el 399 a. C., no es posible que pudiera hacer alusión alguna a la batalla de Cnido.

29 PLATÓN , Apología 21a-b.

30 Arquelao, rey de Macedonia del 413 al 399 a. C., fomentó la helenización de su país llamando a su corte a sabios y artistas griegos.

31 En la acrópolis o ciudadela solían estar los edificios públicos más importantes, desde donde se dirigían los destinos de la ciudad. Sus murallas la protegían en tiempos de guerra.

32 Sibila es el nombre que se daba a las profetisas, muchas de las cuales tuvieron nombre propio. Los profetas masculinos recibían el nombre de Bacis.

33 Il . XXIII 161-177, 192-216.

XIV

SOBRE LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD (I)


INTRODUCCIÓN

Dión empieza este discurso con dos afirmaciones: 1) todos los hombres desean la libertad, pero 2) ignoran, en realidad, en qué consiste ser libre. Porque muchos piensan que ser libre quiere decir no estar sometido a nada ni a nadie. Pero, en contra de este punto de vista elemental y simple, está el hecho de los soldados y los enfermos que se someten a los jefes militares o a los médicos y, sin embargo, no dejan por eso de ser libres. Los esclavos, en cambio, obedecen a pesar suyo.

En este punto de la exposición aparece un interlocutor cuya presencia da al resto del discurso perfil de diálogo. A través de la diatriba rechaza Dión la noción de esclavitud que nace del dinero pagado por el coste del esclavo. O el concepto que se deriva del poder de castigar a un hombre. La libertad o la esclavitud están más allá de estos detalles, porque tienen ambas su raíz en el alma de los hombres. La libertad es, pues, «la ciencia de las cosas permitidas y de las prohibidas», mientras que «la esclavitud es la ignorancia de las cosas lícitas y de las ilícitas».

La libertad o la esclavitud guardan proporción con la sabiduría o la ignorancia, con la prudencia o la insensatez. De ahí que lo mismo puede ser esclavo el Gran Rey (de Persia), que libre cualquier siervo cargado de cadenas. Pues la libertad verdadera nada tiene que ver ni con los títulos, ni con los cargos, ni con el peso de los grilletes ni con la clase de vestidos.

Dión pronuncia este discurso probablemente durante su destierro. Y en esas circunstancias había adoptado no sólo el hábito externo y la apariencia de filósofo, sino la profesión de maestro. Su concepto de libertad coincide con la doctrina estoica, según la cual el hombre sabio y que sabe dominarse a sí mismo es el que realmente es libre. Epicteto en sus Diatribas reconoce que «nadie es libre si no se domina a sí mismo» (IV 1).


SOBRE LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD (I)

Los hombres desean ser libres más que ninguna otra [1] cosa. Y dicen que la libertad es el mayor de los bienes, como la esclavitud es el más vergonzoso y desdichado de los males. Sin embargo, no saben exactamente en qué consiste ser libre o ser esclavo. Además, no hacen nada, como quien dice, para librarse de eso tan vergonzoso y duro que es la esclavitud, ni por poseer lo que más les merece la pena, como es la libertad. Por el contrario, practican aquellas cosas por las que necesariamente han de ser esclavos toda la vida y jamás conseguirán ser libres. Sin embargo, [2] quizá no sea normal sorprendernos porque no pueden ni conseguir ni evitar lo que realmente ignoran. Pues si casualmente ignoran lo que son un cordero y un lobo, pero consideran que uno es útil y bueno de poseer, y el otro perjudicial e inútil, no sería nada sorprendente que tuvieran miedo del cordero y huyeran de él como si fuera un lobo; en cambio, se acercarían al lobo y lo llamarían, creyendo que era un cordero. Pues la ignorancia produce estos efectos en los ignorantes, y los obliga a rechazar o a buscar lo contrario de lo que quieren y de lo que les conviene.

Veamos, pues, si la mayoría de los hombres tiene [3] ideas claras sobre la libertad y la esclavitud. Pues quizá les censuramos sin motivo, cuando de hecho conocen estas cosas mejor que nadie.

Así pues, si alguien les pregunta que en qué consiste la libertad, quizá respondan que en no estar sometido a nadie y en obrar sencillamente según el propio criterio. [4] Pero supongamos que, al que así ha respondido, le vuelven a preguntar qué pasa cuando un coreuta está en un coro y no atiende al corifeo ni se somete a él, sino que canta o desentona por su cuenta. No creo que esté de acuerdo con los que consideran hermosa y libre esa conducta, antes, por el contrario, creen que el atender y obedecer al director de coro y el empezar a cantar, o terminar, cuando el director ordena es vergonzoso y propio de esclavos. [5] Ni tampoco si uno le pregunta, en el supuesto de un pasajero que no hace caso del timonel ni cumple sus órdenes, si cree que eso significa ser libre. Por ejemplo, si a uno le mandan sentarse, y permanece de pie en la nave, sólo porque así se le ocurre; o si le mandan achicar agua o recoger las velas, y ni achica agua ni toca una cuerda, a ése tampoco se le puede llamar libre o digno de envidia [6] porque actúe según su propio criterio. En cuanto a los soldados, nadie diría que son esclavos porque obedecen a su general, y se ponen de pie cuando el general se lo ordena; y toman alimento o cogen las armas, se ponen en formación y avanzan o se repliegan, solamente si su general se lo manda. Y nadie podrá llamar esclavos a los [7] enfermos porque obedecen a sus médicos. Y eso que les obedecen en cosas nada insignificantes ni sencillas, como cuando les mandan algunas veces abstenerse de comer y beber. Así pues, si alguna vez cree el médico que debe atar al enfermo, lo ata sin más. Y cuando hay que amputar o cauterizar, amputará o cauterizará en la medida en que lo crea oportuno. Si el enfermo no obedece, todos los de la casa se pondrán del lado del médico. Y no sólo los libres, sino muchas veces los mismos criados del enfermo ayudan a atar a su amo, y traen fuego para el cauterio, y preparan lo demás. ¿Dirás, acaso, que no es libre un [8] hombre así, por tener que aguantar muchas cosas desagradables bajo la autoridad de otro? Porque entonces tampoco dirías que fue libre Darío 1 , rey de los persas cuando se cayó del caballo en una cacería y se le dislocó el tobillo. Pues tuvo que obedecer a los médicos que tiraban y retorcían para que la articulación volviera a su sitio. Y, sin embargo, se trataba de médicos egipcios 2 . Ni llamarías libre a Jerjes, cuando, al retirarse de Grecia y verse sobre la nave envuelto en una tempestad, obedeció en todo al timonel y no se permitió, contra el criterio de aquel hombre, ni hacer el más leve gesto ni modificar sus decisiones. Por consiguiente, nadie podrá seguir diciendo que la libertad consiste en no estar sometido a nadie y en hacer lo que uno quiera.

Pero, quizá, replicarán que todos éstos obedecen en [9] lo que les interesa, como, por eso, obedecen al timonel los pasajeros, los soldados al general y los enfermos al médico. Además de que los que les mandan sólo les mandan hacer cosas que también interesan a los que obedecen. Pero los amos mandan hacer a los esclavos no lo que interesa a los esclavos, sino lo que piensan que es más ventajoso para los mismos amos. Entonces, ¿qué? ¿Acaso al amo [10] le interesa que su criado se muera, se ponga enfermo o sea un granuja? Nadie, pienso yo, se atrevería a decirlo. Por el contrario, lo que le interesa es que viva, esté sano y sea útil. Y estas mismas cosas resultarán también provechosas para el criado. De manera que el amo, si es inteligente, no mandará a su criado nada más que aquello que le interese al criado, en la seguridad de que eso mismo será también útil para él mismo.

[11] INTERLOCUTOR . — Pero aquel por quien uno paga dinero es por necesidad un esclavo.

DIÓN . — Bueno, muchos hombres han pagado dinero por otros muchos que eran libres y han abonado un rescate, bien a los enemigos, bien a los ladrones, y algunos incluso han pagado su propio precio a sus dueños 3 . Sin embargo, no se puede decir que éstos sean esclavos de ellos mismos.

[12] INT . — Ya, pero si alguien tiene derecho a azotar, encarcelar o matar a otro, y a hacerle cualquier cosa que quiera 4 , es porque ese otro es su esclavo.

DIÓN . — Bueno, ¿y qué? ¿No pueden los piratas hacer eso mismo a sus prisioneros? Y tampoco, por eso, se trata de esclavos. Más aún, ¿no tienen derecho los jueces a imponer la pena de cárcel, de muerte o cualquier otra pena que quieran a muchos de los acusados? Y tampoco estos acusados son esclavos. Pero si lo fueran solamente durante el día en que cada uno de ellos se somete a juicio, eso no tendría ningún sentido. Porque ¿se ha dicho de alguien que haya sido esclavo sólo por un día?

INT . — Y bien, resumiendo en una palabra, hay que [13] reconocer que aquel que puede hacer lo que quiere, es un hombre libre, y el que no, es un esclavo.

DIÓN . — Pero no podrá hacer esta misma afirmación en el caso de los navegantes, ni de los enfermos, ni de los que prestan servicio en el ejército, ni de los que están aprendiendo las letras, la cítara, la lucha o cualquier otro arte. Pues no les está permitido hacer lo que quieren, sino lo que el timonel, el médico y el maestro les mandan. Pero es que tampoco los demás pueden hacer lo que les apetece, sino que, si alguno hace algo en contra de las leyes establecidas, será castigado.

INT . — Luego el que tiene poder para obrar como [14] quiera en todo aquello que no está prohibido ni mandado por la ley es libre y, por el contrario, el que no tiene ese poder es esclavo.

DIÓN . — Bueno ¿y qué? ¿Crees que te está permitido hacer todo lo que no está expresamente prohibido por las leyes, como cobrar impuestos, cuidar un prostíbulo y otras cosas por el estilo?

INT . — Por Zeus, no me atrevería ni siquiera a decir que tales cosas les estén permitidas a los hombres libres. Pues para estas cosas hay un castigo que es el ser objeto de odio y de rechazo por parte de los hombres 5 .

[15] DIÓN . — Bueno, ¿y qué? Todo lo que los hombres intemperantes hacen por causa de su intemperancia, y los insensatos por su ignorancia, bien descuidando su hacienda o su persona, bien comportándose injusta y desconsideradamente unos con otros, resulta perjudicial para los que lo hacen. Pues reciben daño unas veces en su persona, otras en su hacienda o, lo que es más importante, en su propia alma.

INT . — En esto que dices tienes razón.

DIÓN . — ¿Luego tampoco es lícito hacer estas cosas?

INT . — Pues claro que no.

[16] DIÓN . — En una palabra, que no es lícito hacer las cosas indignas, absurdas e inconvenientes, mientras que las justas, provechosas y buenas hay que reconocer que no sólo son convenientes sino lícitas. ¿No te parece?

INT . — Pues sí, así me parece.

DIÓN . — Por consiguiente, nadie que haga cosas indignas e inconvenientes quedará sin castigo, tanto si es griego como si es bárbaro... y tampoco aquel por quien se ha pagado su precio en dinero.

INT . — No, por supuesto.

DIÓN . — En cambio, a todos les está permitido hacer las cosas contrarias, de modo que los que hacen lo que está permitido vivirán sin castigo, mientras que los que hacen [17] lo que está prohibido serán castigados. ¿O crees tú que hacen lo que es lícito solamente los hombres que tienen conocimiento de causa, y que hacen las cosas contrarias únicamente los ignorantes?

INT . — Pues claro.

DIÓN . — Por consiguiente a los hombres sensatos les está permitido hacer cuanto quieren, mientras que a los insensatos no les es lícito hacer lo que pretenden. En consecuencia, ¿será preciso reconocer que los hombres sensatos son libres y pueden obrar como quieren y, en cambio, los insensatos son esclavos y hacen lo que no les está permitido?

INT . — Es posible.

DIÓN . — Luego es necesario afirmar que la libertad [18] es la ciencia de las cosas permitidas y de las prohibidas, y que la esclavitud es la ignorancia de las cosas lícitas y de las ilícitas 6 . Por este razonamiento, nada podría impedir que el Gran Rey, ese que lleva una enorme tiara sobre su cabeza, fuera un esclavo y no pudiera hacer nada de lo que hace. Pues todo lo haría de forma penosa y desagradable. En cambio, otro cualquiera, considerado como esclavo y llamado esclavo, que ha sido vendido no una sino muchas veces, según la oportunidad, y que eventualmente llevara los más pesados grilletes, podría ser más libre incluso que el Gran Rey.

INT . — Pues a mí me parece lo más absurdo el que [19] alguien que lleva grilletes, o está marcado o muele en el molino, sea más libre que el Gran Rey.

DIÓN . — Pero, bueno, ¿has estado por casualidad en Tracia 7 ?

INT . — Pues sí que he estado.

DIÓN . — Entonces habrás visto allí que las mujeres libres están llenas de tatuajes y tienen tantos más tatuajes y tanto más complicados cuanto más nobles son y de más nobles familias 8 .

INT . — ¿Y esto qué quiere decir?

[20] DIÓN . — Pues que, al parecer, nada impide el que la reina también esté tatuada. ¿Y crees que algo se lo podría impedir al mismo rey? Además, ¿no has oído nada de esa clase de gente cuyo rey vive custodiado en una torre altísima de la que no le está permitido ni siquiera bajar? Pero si algo has oído, sabrás que es posible que un rey viva confinado. Y seguramente verías cómo los tracios se sorprendían, si les contabas historias del rey de los persas, y no creerían que existe un rey que anda viajando en un carro y que va a donde quiere 9 .

INT . — Pero no podrías presentar a un rey que esté atado.

[21] DIÓN . — Un rey de los hombres, quizá no; pero el rey de los dioses, el primero y más anciano de todos, sí vive prisionero, según se dice y si hemos de creer a Hesíodo, Homero y a otros sabios autores que lo cuentan de Cronos 10 . Y, por Zeus, que no sufre estas penas injustamente y de parte de un enemigo, sino de parte del ser más justo y que le es más querido. De donde se concluye que le hace sufrir estas cosas por considerarlas dignas de un rey y provechosas para él. Pero muchos lo ignoran y nunca podrían [22] imaginar que un mendigo, un cautivo o una persona de mala reputación llegara a ser rey. Y, sin embargo, saben que Odiseo, aunque en traje de mendigo y pidiendo limosna a los pretendientes, no por ello dejaba de ser el rey y el señor de la casa. En cambio, Antínoo y Eurímaco, a quienes Homero llama «reyes», eran unos miserables y desgraciados 11 . Pero ellos mismos, como ya he dicho, lo ignoran y, como prendas de su dignidad, se ciñen tiaras y toman cetros y coronas para que todos vean que son reyes. Y ocurre, creo yo, como cuando los dueños marcan a sus ganados para que la marca les sirva de distintivo. Así, por ejemplo, el rey de Persia ponía mucho cuidado en ser el único que llevara la tiara enhiesta. Y al que se atrevía a ponérsela así, inmediatamente mandaba ejecutarlo. Pues no era bueno ni conveniente que entre tantos miles de hombres hubiera dos que llevaran enhiestas las tiaras. Pero, en cuanto a tener un criterio recto y en cuanto a que nadie fuera más sabio que él en prudencia, eso no le importaba nada.

Ojalá, pues, no ocurra como en otro tiempo cuando existían tales signos de la dignidad real. Y que no haga falta ahora que haya tales distintivos de la libertad, de modo que se tenga que caminar con gorro en la cabeza para que la gente pueda distinguir al que es libre del que es esclavo 12 .


1 Se trata de Darío I, rey de Persia del 522 al 485 a. C. Sucedió a Cambises y fue el gran organizador del imperio. Era el rey persa que envió la expedición frenada en Maratón. De su caída del caballo refiere HERÓDOTO en sus Historias III 129.

2 No fueron, sin embargo, los médicos egipcios los que curaron a Darío, sino Democedes de Crotona (ibid ., III 129-130). Sobre la medicina en el antiguo Egipto, cf. ibid ., II 84.

3 El esclavo, en la Grecia antigua, procedía de tres fuentes: el nacimiento (los hijos de esclavos), un juicio condenatorio por insolvencia, la guerra (los prisioneros). Jurídicamente, el esclavo era un «cuerpo» que se podía vender, legar o alquilar. El amo podía castigarlo, pero no tenía derecho de vida o muerte. Según JENOFONTE (Económico VII 37), la dueña de la casa debe cuidar al esclavo enfermo. Pero, de todos modos, la situación de los esclavos era muy variable, pues dependía del lugar de trabajo (minas, campo, industria, casa) o de la profesión, así como del carácter del amo. Particularmente triste fue la suerte de los ilotas en Esparta.— Lo sorprendente es que los filósofos no abordaron el tema en profundidad. Para ARISTÓTELES , incluso, los esclavos eran parte integrante de la familia junto con el padre, la madre y los hijos (Política I 12, 3-6). Podían conseguir la libertad de cuatro maneras: por el dinero ahorrado por el mismo esclavo, por testamento del amo, por manumisión del dueño y por manumisión pública por servicios al Estado.

4 Esta situación de los esclavos refleja un endurecimiento de sus condiciones de vida en los tiempos de Dión.

5 En el Discurso XII 15, distingue Dión profesiones nobles y profesiones inferiores. Entre éstas, y en su nivel inferior, están las ocupaciones infamantes desempeñadas por los más pobres. Recordemos que «pobre» significa, en griego, «el que se esconde por vergüenza o miedo (ptōkhós )».

6 Responde esta opinión al optimismo de la moral socrática, según la cual conocer una ley equivale a cumplirla (cf. JENOFONTE , Memorables IV 6; PLATÓN , Protágoras 332, 345, 358; ARISTÓTELES , Ética nicomaquea VI 13, 1145, VII 2, 1146).

7 Es la región situada al Este de Macedonia y al Norte del Egeo. Para los griegos era una región bárbara, es decir, de cultura no griega.

8 «Estar marcado es, entre los tracios, señal de gente noble; no estarlo es de gente vil y baja» (HERÓD ., V 6).

9 Los historiadores cuentan, de los mosinecos, que vivían en torres de madera. Eran pueblos del Ponto y de Escitia. JENOFONTE refiere el asalto de los griegos a su fortaleza, donde el rey murió sin atreverse a salir (Anábasis V 4 ss.; cf. HERÓD ., III 94, VII 78, etc.).

10 HESÍODO , Teogonia 488-506.

11 En traje y apariencia de mendigo llega Odiseo a su patria Ítaca. Y como mendigo es recibido y tratado por Antínoo, Eurímaco y otros pretendientes y criados (HOM ., Od . XIV ss.).

12 Según JENOFONTE (Constitución de los atenienses 10 ss.), no se distinguían los hombres libres de los esclavos por la forma de vestir. Más tarde, al parecer, hubo prendas que servían como símbolos de libertad.

XV

SOBRE LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD (II)


INTRODUCCIÓN

Nuevamente aborda Dión en este discurso el tema de la esclavitud y la libertad. Y lo hace desde un punto de vista en el que se manifiesta obsesivamente interesado. ¿Cómo distinguir a un esclavo de un hombre libre? Los estoicos ya han dado la respuesta. Y a ella va a llegar Dión a través del debate que mantienen dos interlocutores en un contexto privado, pero con oyentes que reparten sus preferencias entre ambos protagonistas.

Todo surge cuando el más débil, dialécticamente hablando, recurre al insulto. Sus airadas palabras «no eres hombre libre» van a provocar la diatriba. El injuriado analiza todas las etiquetas que le va presentando su rival: ni la patria, ni los padres (putativos), ni la forma de vida, ni el estar sometido son argumentos suficientes para colegir la esclavitud de una persona.

Y aunque los interlocutores se ponen de acuerdo en que es esclavo el que es objeto de una posesión, tropiezan con la misma dificultad. Porque ni el que es adquirido por dinero, regalo o herencia, ni el que nace de padres esclavos, ni el que es capturado en acción de guerra son por necesidad esclavos. Lo es, más bien, el que es servil por naturaleza. De donde concluye el discurso con la afirmación de que libre es igual que noble, como esclavo es lo mismo que grosero o servil de espíritu.

Las ideas fundamentales de este discurso coinciden con el Antístenes de Diógenes Laercio (Vidas de los filósofos VI). Antístenes, fundador de la Escuela Cínica, era también un bastardo de nacimiento, pero un noble de espíritu.


SOBRE LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD (II)

Hace poco tiempo asistí a una discusión en la que se [1] debatía el tema de la esclavitud y la libertad. Pero no era un debate ante los jueces ni en el ágora, sino sencillamente en una casa particular y sin límite de tiempo 1 . Además, estaban también presentes no pocos partidarios de cada uno de los dos contendientes. Pues me parece que habían estado antes discutiendo casualmente sobre otros temas. Vencido, pues, uno de ellos por la fuerza de los argumentos y encontrándose desconcertado, recurrió al insulto, como muchas veces suele suceder. Y empezó a echarle en cara al otro que no era hombre libre. El otro sonrió con gran amabilidad y dijo:

A. — ¿De dónde infieres eso? ¿Es posible, acaso, [2] saber quién es esclavo y quién es libre?

B. — Sí, por Zeus —contestó—. Yo sé, por ejemplo, que yo soy libre y que también lo son todos éstos. Pero tú nada tienes que ver con la libertad.

Entonces algunos de los presentes se echaron a reír, con lo que el primero ya no sintió ninguna vergüenza. Y de la misma manera que los gallos valientes se reaniman con los golpes y redoblan su coraje, así también aquel hombre se reanimó, redobló su coraje ante el insulto y preguntó al otro que dónde había aprendido lo que afirmaba sobre ellos dos.

[3] B. — Porque —respondió— sé que mi padre es ateniense como el que más, mientras que el tuyo es criado de fulano —y citó su nombre—.

A. — Según eso, ¿qué es lo que me impide ungirme en el gimnasio de Cinosarges 2 en compañía de los bastardos, si de verdad soy hijo de madre libre —y posiblemente hasta ciudadana— y del padre que dices? ¿O es que no ha habido muchas mujeres ciudadanas que, ya sea por vivir solas o no encontrar marido, han quedado encintas unas de varones extranjeros, otras de esclavos? Algunas obraban así por ignorancia, pero otras actuaban con pleno conocimiento de causa. Ahora bien, nadie de los que nacen así es esclavo, sino que sólo puede decirse que no es ateniense.

[4] B. — Pero es que yo sé que también tu madre es compañera de esclavitud de tu padre.

A. — Bueno, ¿y tú conoces a tu propia madre?

B. — Completamente. Es una ciudadana, hija de ciudadanos, que aportó a su matrimonio una rica dote.

A. — ¿Y podrías, acaso, afirmar con juramento que eres hijo de aquel de quien ella afirma que eres? Pues Telémaco no creyó que valiera la pena insistir en la defensa de Penélope, hija de Icario, considerada como una mujer discretísima, asegurando que decía la verdad al afirmar que Odiseo era el padre 3 . Pero tú, según las apariencias, no sólo te atreverías a jurar en defensa tuya y de tu madre si alguien te lo pidiera, sino también sobre una esclava cualquiera afirmarías con juramento quién era el padre de su hijo, como ocurre en el caso de la que dices ser mi madre. ¿O te parece imposible que quede encinta por [5] obra de otro hombre libre o, incluso, de su mismo señor? ¿No son muchos los atenienses que tienen relaciones con sus criadas, unos a escondidas y otros públicamente? Y no por eso son todos mejores que Heracles, el cual no se desdeñó de tener relaciones ni siquiera con la esclava de Yárdano de quien nacieron los reyes de Sardes 4 . Más aún, [6] seguramente sabes cómo Clitemestra, hija de Tindáreo y esposa de Agamenón, no sólo tuvo relaciones con su propio marido Agamenón, sino que también cohabitó con Egisto mientras su marido estaba ausente 5 . De la misma manera Aérope, mujer de Atreo, aceptó el trato con Tiestes 6 . Y otras muchas mujeres de hombres famosos y ricos, tanto antiguamente como en la actualidad, tuvieron relaciones con otros, de los que algunas veces llegaron a tener hijos. Pero esa mujer, a la que tú llamas criada, guarda fidelidad a su propio marido con tan absoluto rigor que nunca ha tenido relaciones con otro. Pero hay más todavía. Hablando [7] de nosotros dos, aseguras que somos hijos, respectivamente, de la que parece ser y es llamada nuestra madre. Sin embargo, podrías citar a muchos atenienses —y, por cierto, de los más conocidos— que resultaron no ser hijos, no ya de su padre, sino ni siquiera de aquella a la que consideraban su madre. Y, sin embargo, fueron criados como hijos legítimos. Estos detalles los ves continuamente expuestos y relatados por los autores de comedias y en las tragedias. Pero, a pesar de ello, no cejas en tus opiniones, tanto sobre ti como sobre mí, cual si supieras con seguridad [8] de qué modo y de quiénes hemos nacido. ¿No sabes que la ley ofrece la posibilidad de acusar de difamación al que habla mal de alguien sin aportar ninguna prueba definitiva de lo que afirma?

B. — Pues yo sé que las mujeres libres, cuando no tienen hijos, hacen pasar por suyos a hijos ajenos si no pueden concebir ellas mismas. Y es que cada una de ellas quiere retener a su marido y conservar su casa y, además, que no les falten medios para mantener a los hijos. Pero en el caso de las esclavas ocurre lo contrario, pues algunas se deshacen del niño antes del parto, otras después si pueden hacerlo a escondidas y, algunas veces, hasta con la complicidad de los maridos. Así no tendrán problemas al verse obligadas a criarlos para la esclavitud.

[9] A. — Sí, por Zeus, excepto en el caso de la esclava de Eneo, el hijo bastardo, según él mismo decía, de Pandión 7 . Pues el pastor de Eneo, que vivía en Eléuteras 8 , y la mujer del pastor no sólo no abandonaban a los hijos que engendraban, sino que, si encontraban en el camino niños ajenos abandonados, aunque no supieran de quién eran, los recogían y alimentaban como si fueran suyos. Y, después, nunca reconocían voluntariamente que fueran hijos de otros. Pero tú, quizás, insultarías a Zeto y a Anfión 9 antes de que se supiera quiénes eran, y serías capaz de jurar que los hijos de Zeus eran esclavos.

Y sonriendo con mucha ironía el otro interlocutor, [10] dijo:

B. — ¿Presentas como testigos a los trágicos?

A. — Sí, porque los griegos confían en ellos. Tanto que a quienes los trágicos tienen como héroes, a ésos como a héroes los griegos les ofrecen sacrificios. Y cualquiera puede ver los santuarios edificados en su honor. Del mismo modo, fíjate, si lo prefieres, en el caso de la mujer frigia, esclava de Príamo, que crió a Alejandro en el monte Ida como si fuera su propio hijo después de recibirlo de su marido, que era pastor y que no puso reparos a la crianza del niño. En cuanto a Télefo 10 , el hijo de Auge y de Heracles, dicen que fue criado no por una mujer sino por una cierva. ¿O te parece a ti que una cierva se compadecería de un recién nacido y desearía criarlo más que un ser humano, si este ser humano fuera una esclava? Veamos, [11] pues, por los dioses. Si yo reconociera contigo que mis padres son los que tú dices, ¿de dónde conoces su condición de esclavos? ¿O es que también conocías perfectamente a sus padres, de modo que estás dispuesto a jurar por cada uno de ellos que ambos han nacido también de otros esclavos, y lo mismo sus anteriores antepasados y todos desde el principio? Pues es evidente que, si alguno de la familia es libre, ya no es posible considerar con razón a sus descendientes como esclavos. Y es imposible, buen hombre, que desde todos los siglos, como suele decirse, haya una raza de hombres en la que no hayan nacido infinitos hombres libres y otros tantos esclavos. Y, por Zeus, tiranos y reyes, cautivos y esclavos marcados, comerciantes y zapateros, y personas con las demás profesiones que pueden darse entre los hombres y que han experimentado todos los trabajos, todas las formas de vida, todas las fortunas [12] y las desgracias. ¿O es que no sabes que, precisamente por eso, los poetas hacen ascender directamente hasta los dioses a las familias de los llamados héroes, para que su categoría personal ya no pueda discutirse? Y, así, dicen que la mayoría de los héroes ha nacido de Zeus, a fin de que los reyes, los fundadores de ciudades y de los héroes epónimos no caigan en actitudes que, entre los hombres, son consideradas como reprochables. En consecuencia, si los asuntos humanos son como decimos nosotros y otros más sabios que nosotros, tú no has recibido de tu familia más libertad que cualquiera de los que son considerados como siervos. A no ser que tú también te apresures a llevar tu propia ascendencia hasta Zeus, Posidón o Apolo. Y lo mismo podría yo decir sobre mi cualidad de esclavo.

[13] B. — Pasemos un tupido velo sobre el tema de la familia y de los antepasados, ya que te parece un problema complicado. Pues, quizá, va a resultar que eres otro Anfión o Zeto o Alejandro, el hijo de Príamo. Pero lo que es verdad es que todos sabemos que tú vives como esclavo.

A. — Y ¿qué? ¿Te parece a ti que todos los que viven como esclavos son esclavos? ¿Y no crees que muchos de ellos, aun siendo hombres libres, viven injustamente como esclavos? Algunos han recurrido ya hasta a los tribunales para demostrar que son libres, pero algunos han de soportar de por vida la esclavitud, porque no tienen argumentos para demostrar con claridad su categoría de hombres libres, o porque los que se llaman sus amos no son demasiado duros con ellos. Por ejemplo, Eumeo, el hijo de Ctesias, [14] hijo de Ormeno, era descendiente de un varón totalmente libre y rico; sin embargo, trabajaba como esclavo en Ítaca en la casa de Odiseo y de Laertes 11 . Y aunque pudo muchas veces regresar navegando a su casa si hubiera querido, nunca lo consideró oportuno. Y ¿qué más? Muchos de los atenienses que cayeron prisioneros en Sicilia ¿no sirvieron como esclavos en la misma Sicilia y en el Peloponeso, aunque eran hombres libres? 12 . Igualmente, los prisioneros de otras muchas batallas sirvieron como esclavos, unos durante algún tiempo hasta que encontraron quienes pagaran por ellos el rescate, otros de por vida. Fue por [15] entonces cuando, al parecer, también el hijo de Calias vivió mucho tiempo como esclavo en Tracia, después de la batalla en la que los atenienses fueron derrotados cerca de Acanto 13 . Y ocurrió que, algún tiempo después, habiendo escapado y llegado a casa, reclamó parte de la herencia de Calias con lo que causó muchos problemas a sus parientes. Pero, según mi opinión, se trataba de un impostor, pues era no hijo, sino escudero de Calis, aunque en el aspecto se parecía a aquel joven hijo de Calias que murió casualmente en la batalla. Además, hablaba griego correctamente y entendía de letras. Pero eso mismo les ha [16] ocurrido a otros muchísimos. Y hasta ahora mismo, de los que viven como esclavos estoy seguro de que muchos son libres. Pues si un ateniense, después de caer prisionero durante la guerra, es llevado a Persia o, por Zeus, a Tracia o a Sicilia para ser vendido, no por eso podremos decir que es esclavo, si ha nacido libre. Y, por el contrario, si es traído acá algún tracio o persa no sólo de los que han nacido en libertad, sino incluso aunque sea hijo de algún jefe o de un rey, nunca reconoceremos que es un hombre [17] libre. ¿No conoces la ley, vigente tanto en Atenas como en otros muchos pueblos, que no permite al que es esclavo de nacimiento conseguir los derechos de la ciudadanía? En cambio, al hijo de Calias, si es que realmente se salvó entonces entre los prisioneros, una vez que regresó de Tracia después de pasar allí no pocos años y de ser azotado muchas veces, nadie consideraría lógico excluirle de la ciudadanía. Algunas veces hasta la misma ley niega que sean esclavos los que han sido injustamente reducidos a esclavitud. [18] ¿Qué es, pues, por los dioses, lo que, según tus conocimientos he hecho, o lo que me ha ocurrido para que puedas afirmar que soy esclavo?

B. — Yo sé que tú has sido mantenido por tu amo, que ibas detrás de él y que hacías todo lo que te mandaba. Y si no lo hacías, te pegaba.

A. — Con eso demuestras que los hijos son también esclavos de sus padres. Pues también van detrás de muchos de ellos cuando son pobres, y los acompañan al gimnasio y a la comida. Además, todos son mantenidos por sus padres, son golpeados muchas veces por ellos y les obedecen [19] en todo lo que les mandan. Y si es cosa de obedecer y recibir castigos, podrías llamar esclavos de los maestros a los que aprenden en sus escuelas; lo mismo que a los paidotribas 14 y a los que enseñan cualquier otra cosa podrías llamarlos amos de sus alumnos. Pues también dan órdenes a los alumnos y castigan a los desobedientes.

B. — Por Zeus, ni los paidotribas ni los demás maestros pueden encarcelar a sus alumnos, ni venderlos ni encerrarlos en el molino. En cambio, a los amos les están permitidas todas estas cosas.

A. — Pero, quizá, no sabes que en muchos pueblos, [20] y muy bien organizados, estas cosas que dices están permitidas a los padres con respecto a sus hijos. Y, así, pueden encarcelarlos, si quieren, y venderlos, y, lo que es todavía más duro, les está permitido matarlos sin necesidad de juzgarlos ni de presentar ninguna acusación 15 . Y, sin embargo, no por eso son esclavos de sus padres sino hijos. Así pues, porque yo sirviera como esclavo y fuera realmente esclavo desde mis principios, ¿que me impide ahora ser más libre que cualquiera? Y en tu caso, por el contrario, aunque hayas sido hijo de padres enteramente libres, ¿qué te impide ser más esclavo que los demás?

B. — Pues yo no veo cómo va a ser posible que, siendo, [21] como soy, libre, pueda llegar a ser esclavo. En cambio, no es imposible que tú te hayas hecho libre al haberte dado tu amo la libertad.

A. — Pero, bueno, querido amigo, ¿es que nadie podría ser libre, si no es emancipado por su amo?

B. — Pues, ¿cómo, entonces?

A. — Como en aquella ocasión en que los atenienses, después de la batalla de Queronea 16 , propusieron mediante votación que los siervos que participaran en la guerra obtuvieran la libertad, si la guerra continuaba y Filipo no suspendía las hostilidades contra ellos. Muchos de los siervos que había en Atenas, o casi todos, habrían obtenido la libertad sin necesidad de que su amo los emancipara.

B. — De acuerdo, pero sólo si es la ciudad la que te da la libertad de manera oficial.

[22] A. — Bueno, vamos a ver. ¿No crees que yo puedo libertarme a mí mismo?

B. — Claro, si sacas dinero de algún sitio para pagárselo a tu amo.

A. — No me refiero a ese sistema, sino a aquel mediante el cual Ciro se libertó no sólo a sí mismo, sino también a todos los persas, que eran un pueblo tan numeroso. Y lo hizo sin pagar dinero a nadie ni necesitar ser emancipado por un amo. ¿O no sabes que Ciro era el criado que le llevaba la antorcha a Astiages, y cuando se hizo fuerte y le pareció llegado el momento, logró ser a la vez libre y rey de toda el Asia 17 .

B. — Ya lo sé. Pero ¿cómo dices que yo puedo llegar a ser esclavo?

[23] A. — Porque muchísimos que son libres se venden a sí mismos, con lo que se hacen esclavos por contrato en condiciones a veces nada razonables, sino en una situación de extrema severidad.

Hasta aquel momento, los presentes estuvieron atentos al debate en la seguridad de que lo mantenían más en broma que en serio. Pero, después, empezaron a surgir altercados, porque encontraban absurdo que no fuera posible hallar un argumento definitivo con el que distinguir, sin lugar a dudas, al hombre esclavo del libre. Pues, así, podían seguir fácilmente discutiendo y replicando sobre cualquier aspecto del tema. Dejando, por ello, al margen la [24] investigación sobre aquel hombre y su cualidad de esclavo, se dedicaron a indagar quién es esclavo en términos generales. Y tenían la impresión de que aquel a quien alguien posee legítimamente como posee propiedades o ganados, con derecho a usar de él como quiera, ése se llama con toda razón, y es, esclavo de su poseedor.

El que había replicado sobre el tema de su condición de esclavo suscitó, de nuevo, la cuestión sobre qué era lo más importante en el concepto de posesión. Pues, por lo [25] que se refiere a una casa, un campo, un caballo y un buey se ha descubierto que muchos de sus dueños poseyeron estas cosas injustamente durante mucho tiempo; algunos, incluso, después de haberlas heredado de sus padres. Así, también es posible adquirir injustamente la posesión de un hombre. Ya que lo mismo que pasa con las demás cosas, los esclavos pertenecen a sus dueños, unas veces porque los reciben de otros, porque alguien se los regala, porque los heredan o porque los compran; otras veces, porque han nacido en su casa —son los que suelen llamarse, precisamente, «nacidos en casa»—. Una tercera forma de posesión se da cuando alguien captura a un prisionero en una guerra o en un saqueo y, luego, lo retiene reducido a esclavitud. Es el método, creo yo, más antiguo de todos. Porque los primeros que fueron esclavos no es verosímil que nacieran de otros esclavos al principio, sino que, capturados en un saqueo o en una guerra, se vieron así obligados a servir como esclavos a sus aprehensores. En consecuencia, [26] éste es el sistema más antiguo del que dependen los demás, sistema en extremo vulnerable y de fuerza muy escasa. Pues cuando se presenta la ocasión y pueden escapar, nada impide que vuelvan a ser libres, puesto que estaban injustamente reducidos a esclavitud. Luego tampoco antes eran realmente esclavos. Algunas veces, no sólo escaparon ellos de la esclavitud, sino que lograron incluso esclavizar a sus amos. Y, entonces, según el dicho, al caer la ficha todo empieza a ser lo contrario de lo que era antes 18 .

Dijo entonces uno de los presentes que, quizás, éstos no podían llamarse esclavos, pero que sus hijos, nietos y biznietos podían ya con razón recibir este nombre.

[27] A. — Pero, ¿cómo es posible? Pues si el ser capturado convierte a un hombre en esclavo, la denominación de esclavo es más propia de los mismos que son capturados que no de sus descendientes. Pero si uno es esclavo por haber nacido de esclavos, es evidente que los que nacen de padres libres, que antes habían sido esclavos, no pueden ser esclavos ellos mismos. Así, vemos a aquellos mesenios famosos que, después de tantos años, recuperaron no sólo [28] la libertad sino también su propia tierra. Pues cuando los tebanos vencieron en Leuctra a los lacedemonios, invadieron el Peloponeso acompañados de sus aliados y obligaron a los lacedemonios a devolver el territorio de Mesenia 19 . Y volvieron a instalar en Mesenia a todos los llamados Ilotas, nacidos de los antiguos mesenios y que entonces vivían como esclavos en Esparta 20 . Y nadie puede decir que los tebanos obraran entonces injustamente, sino que obraron con toda honradez y justicia. Por consiguiente, si esta manera de lograr la posesión, de la que todas las demás se derivan, no es justa, podemos casi afirmar que no existe ninguna otra, y que hasta la misma palabra de «esclavo» no responde realmente a la verdad.

Ahora bien, posiblemente —prosiguió—, al principio [29] no recibía el nombre de esclavo aquel que era comprado con dinero, ni el que había nacido de esclavos —como piensa la mayoría—, sino más bien el que era por naturaleza grosero y servil. Pues hemos de reconocer que muchos de los llamados esclavos son, sin duda, libres de espíritu, mientras que muchos de los libres son totalmente serviles. Y es posible que ocurra lo mismo con los nobles y los aristócratas. Ya que a éstos se los llamó desde un principio «bien nacidos», pero por su capacidad para la virtud, puesto que a nadie le importaba quiénes eran sus padres. Más adelante, los hijos de los antiguos ricos y de personajes famosos recibieron de algunos el título de «nobles». La prueba [30] más clara de esto es que ese nombre se usaba en la Antigüedad para los gallos, los caballos y los perros, de la misma forma que se usaba para los hombres. Así, cuando uno ve a un caballo fogoso, arrogante y bien dotado para la carrera, no anda preguntando si su padre es por casualidad oriundo de Arcadia o de la Media 21 , o de Tesalia, sino que, juzgando al caballo por él mismo, asegura que es un caballo de raza. Igualmente, el que es experto en perros, cuando ve a uno rápido, animado y sagaz en seguir el rastro, no indaga en absoluto si es de raza caria o espartana 22 o si procede de cualquier otro lugar, sino [31] que afirma que el perro es de casta. Y lo mismo ocurre con el gallo y los demás animales. Por lo que, evidentemente, será también igual en el caso de los hombres. De modo que el que es bien nacido para la virtud debe llamarse «noble», aunque nadie conozca a sus padres ni a sus antepasados.

Pero no es posible —continuó— ser noble si no se es bien nacido, ni ser bien nacido si no se es libre. De donde se concluye que es necesario de absoluta necesidad que el hombre vil de nacimiento sea esclavo. Pues, en verdad, si tuviéramos la costumbre de hablar de libertad o esclavitud refiriéndonos a los caballos, los gallos y los perros, no podríamos decir que unos son los nobles y otros los libres, ni que unos son los esclavos y otros distintos los viles de nacimiento.

[32] De la misma manera —añadió—, con respecto a los hombres, no es lógico afirmar que unos son los nobles y bien nacidos, y otros los libres, sino que los que son lo uno son también lo otro. Como tampoco es lógico decir que unos son los viles de nacimiento y los miserables, y otros los esclavos.

Y, así, la argumentación pone de manifiesto —concluyó— que no son los filósofos los que enredan los nombres, sino la mayoría de los nombres ignorantes quienes lo hacen por su inexperiencia.


1 En la oratoria forense los discursos se medían mediante una clepsidra o reloj de agua.

2 El gimnasio de Cinosarges, en las cercanías de Atenas, fue el lugar en el que Antístenes fundó la escuela filosófica de los cínicos. En los tiempos más antiguos era el gimnasio de los bastardos, es decir, de los que no eran atenienses puros.

3 Odisea I 214-220.

4 Así lo refiere HERÓDOTO (I 7), aunque existen tradiciones divergentes.

5 El adulterio de Clitemestra con Egisto forma parte de la leyenda de los Atridas recogida por Esquilo en su Agamenón .

6 Cf. n. 19 al Discurso XIII, sobre las desgracias de Atreo.

7 Pandión, hijo de Erictonio, tuvo de Zeuxipe, hermana de su madre, cuatro hijos (Erecteo, Butes, Procne y Filomela) y un bastardo, Eneo. Murió de pena cuando sus hijas fueron transformadas en aves.

8 Ciudad de Beocia, al Sur de Tebas, junto al camino antiguo que bajaba de Tebas a Atenas.

9 Zeto y Anfión eran hijos de Zeus y Antíope de Tebas. Hermanos gemelos, eran, sin embargo, distintos de carácter. Pues, mientras Zeto era rudo y basto, Anfión tenía tal sensibilidad, que, al pulsar la lira, las piedras solas se acoplaban en los muros de Tebas.

10 Hijo de Heracles y de la sacerdotisa Auge, fue expuesto cuando era niño. Aquel abandono dio lugar a las circunstancias descritas por Dión.

11 Eumeo es el fiel porquero de Odiseo y «el que con mayor solicitud cuidaba sus bienes»; contó a su amo la historia de su vida. (Cf. Od . XIV 4; XV 390 ss.)

12 Son los atenienses que cayeron prisioneros en la desdichada expedición a Sicilia durante la Guerra del Peloponeso (413 a. C.).

13 Acanto abandonó la Confederación Ática, el 424 a. C., bajo la presión del espartano Brásidas. Pero no hay noticias de ninguna batalla.

14 El paidotriba era el profesor de educación física (cf. n. 14 al Discurso XIII).

15 Esto es verdad según el derecho romano, porque el esclavo era una «res». El amo era su propietario y podía venderlo o matarlo.

16 En Queronea, ciudad de Beocia, venció Filipo II de Macedonia a los atenienses y a los tebanos y acabó, prácticamente, con la resistencia griega a su expansión. Era el año 338 a. C.

17 Se refiere, lógicamente, a Ciro el Grande (576-529 a. C.), el fundador del Imperio Persa y del que JENOFONTE escribió la historia novelada de su educación en la Ciropedia .

18 Alusión al juego de la concha o el tejuelo expresado con al adverbio ostrakínda .

19 Las victorias de Tebas sobre los espartanos en Leuctra (371 a. C.) y en Mantinea (362 a. C.) provocaron, entre otros efectos políticos, la hegemonía tebana bajo Epaminondas y la liberación de Mesenia del poder de Esparta.

20 Dión entiende, pues, que los ilotas de Esparta eran los descendientes de los mesenios reducidos a esclavitud. La hegemonía de Tebas fue para los mesenios la hora de la libertad.

21 La Arcadia —en el centro del Peloponeso—, la Media —al Oeste de Mesopotamia— y Tesalia —en la Grecia Central— eran regiones ricas en caballos. En los ejércitos griegos, la caballería solía estar formada por tropas de Tesalia.

22 Caria era la región sita en el SO. del Asia Menor. Esparta ocupaba el cuarto sudeste de la península del Peloponeso.

XVI

SOBRE LA TRISTEZA


INTRODUCCIÓN

Una vez más parece reflejar Dión en este discurso su circunstancia de desterrado. Como hombre obligado a abandonar su patria, sabe de soledades y sinsabores. Pero, como filósofo, trata de buscar en la filosofía las raíces para un consuelo definitivo.

Parte de los hechos para llegar a teorías. Aquí, el hecho es que muchos hombres viven sumidos en la tristeza, algunas veces con ciertos visos de sádicas manías. Pero, ante la eventualidad, posible siempre, de males que se ciernen amenazadores sobre la existencia humana, propone la teoría de que el hombre inteligente no debe afligirse por nada. Pesadumbres habrá siempre, como en la guerra siempre hay disparos.

Es el otro hecho, constituido por los golpes de la vida rodeados de la incertidumbre sobre el cuándo, el cómo o el dónde. Y frente al hecho, la teoría: nada hay duro, penoso o difícil para el hombre sensato.

El remedio, pues, es el entrenamiento del espíritu, como lo es para el vigor coporal el entrenamiento del cuerpo. O en mera doctrina estoica, la virtud, que es lo mismo que la sabiduría, es la clave para resolver todos los problemas de la vida.


SOBRE LA TRISTEZA

El hecho de que la mayoría estén dominados por el [1] Placer tiene, quizás, una explicación. Y es que permanecen a su lado como hechizados y encantados. Pero el ser esclavos de la Tristeza es una cosa absolutamente absurda y sorprendente. Pues, doloridos y atormentados por el más duro de los tormentos, permanecemos en ella y no admitimos el razonamiento que podría liberarnos y alejarnos del sufrimiento. Sin embargo, ¿qué cosa hay más miserable que un hombre afligido? ¿Y qué visión puede ser tan vergonzosa? Su sentimiento, pienso yo, se refleja hasta en su cuerpo y lo deja sombrío y desagradabale de ver. Pues es [2] de una absoluta simpleza no sólo el mero hecho de ceder al impulso de la mente, sino también el afán de procurarse algunos detalles de carácter externo, como vestidos negros, apretones de mano y formas humillantes de sentarse. Y parece como si uno se viera obligado por todas estas cosas a no olvidarse nunca de que está afligido, sino a tener siempre en la memoria el dolor, aun sabiendo que el dolor cesará y que no siempre habrá un motivo de sufrimiento. Pues siempre puede suceder la muerte de un pariente o la [3] enfermedad de algunos de los allegados o de uno mismo. Además, puede surgir una mala reputación, un quebranto económico, el fracaso de algún proyecto en su totalidad o en parte, un mal negocio, un peligro y los mil detalles por el estilo que suceden a lo largo de la vida. Y casi por [4] necesidad se da siempre alguna de estas cosas. Finalmente, si llega un tiempo en el que no sucede nada molesto, a pesar de todo, el esperar que suceda y el saber que todo eso es posible pesarán sobre el ánimo de los que tienen esa manera de ser. Por lo tanto, no hay que ir buscando consuelo en cada una de estas circunstancias —pues sería la historia de nunca acabar, ya que la vida está llena de pesadumbres—. Lo que hay que hacer es arrancar totalmente del alma este sentimiento y llegar al firme convencimiento de que el hombre inteligente no debe afligirse por nada. Por lo demás, debe tener libertad de espíritu, con lo que logrará garantías frente a todas las adversidades. Pues nada es terrible por sí mismo, lo es por nuestra [5] forma de pensar y nuestra debilidad. Así, la mayoría de los hombres, si les sucede alguna cosa de las consideradas como insólitas, están siempre pensando en ella, aunque se trate de un recuerdo desagradable. Con ello les ocurre lo que a los niños, que están deseando tocar el fuego a pesar de que sienten gran daño; pero si se lo permiten, lo volverán a tocar.

[6] Es lo que ocurre a los que salen a la guerra, que de nada les sirve, si van sin armadura, querer evitar cada uno de los dardos que les lanzan. Pues no es posible guardarse de todos, sino que hace falta tener una coraza sólida y el resto de la armadura, para que, si les alcanza algún disparo, no logre herirlos. De la misma manera, a los que llegan a la vida no les es posible desviarse ni guardarse para no ser heridos por ninguno de los innumerables dardos de la fortuna que, en cantidades inmensas, amenazan a todos los hombres. Por ello, lo que se necesita es una mentalidad firme y, sobre todo, invulnerable e inaccesible al abatimiento o, por lo menos, que no acuse los golpes con facilidad, ni se rinda ante cualquier eventualidad que se presente. Pues muchas veces hay que recibir golpes y heridas innumerables. Así, los que tienen los pies tiernos [7] y mal entrenados, cuando se ponen a caminar descalzos, nunca encuentran un camino que no les hiera o les haga daño, sino que la más mínima cosa les molesta. En cambio, para los pies bien entrenados ni el camino más escabroso resulta difícil.

Así pues, siendo tantas las pesadumbres, y en primer lugar, las que causa el cuerpo, ¿qué se podrá esperar del pusilánime? ¿O cómo será posible que quien está atento a cada una de esas pesadumbres y fácilmente se desanima no sea el ser más desgraciado de todos, que anda siempre rogando a los dioses para que lo libren de esto o de aquello? Es lo mismo que si alguien va caminando bajo la [8] lluvia y, al no tener nada con qué cubrirse, rezara solamente para librarse de cada una de las gotas de agua 1 . (Por cierto, que más constantes que las gotas de lluvia son las desgracias de la fortuna.) O, por Zeus, como si uno que va navegando, en vez de atender al timón y afrontar convenientemente cualquier eventualidad rezara para que ninguna de las olas chocara contra la nave 2 . Y fíjate aún, necio, que aunque todo te sucediera a entera satisfacción, ¿qué garantía tienes de que vas a vivir hasta el día siguiente y que no vas a ser quitado de en medio juntamente con todas las cosas que consideras buenas? 3 . En consecuencia, lo primero por lo que debes afligirte y sentiŗ miedo es la incertidumbre de las cosas. Pero date cuenta de que nadie [9] es totalmente dueño de su vida, sino que todos los que se tuvieron por dichosos y muy afortunados han muerto. Ese mismo final lo tienes ya delante de ti. Y aunque llegaras a la mayor longevidad, sería una tontería y la mayor simpleza el pensar que algo de lo que sucede es realmente terrible, enorme o admirable, excepto el pasar un solo día sin tristeza, miedo y otras sensaciones por el estilo.

[10] Cuentan que Jasón se ungió con cierto ungüento que recibió de Medea y que, después —así, al menos, yo lo interpreto—, no recibió daño alguno ni de parte del dragón ni de los toros que respiraban fuego 4 . Éste es, pues, el remedio que debemos recibir de Medea, es decir, de nuestra sensatez 5 , y así despreciaremos todo lo demás. De lo contrario, todo será fuego para nosotros, y todo, dragones despiertos.

[11] Sin embargo, cada uno de los que están afligidos asegura que lo que le pasa a él es lo más terrible de todo y lo más digno de compasión. Lo mismo ocurre con los que transportan pesos. Cada uno cree que lo que él transporta es lo más pesado. Y la realidad es que todo se debe a que el cuerpo es débil y torpe. Porque el mismo peso lo levantaría y llevaría con facilidad otro hombre que fuera más fuerte.


1 Imagen de DEMÓSTENES , IX (Contra Filipo, III ) 33.

2 Ibidem .

3 Idea semejante en Le 12, 20.

4 Según la leyenda, Medea, enamorada de Jasón, le facilitó un ungüento que le hizo invulnerable frente a los bueyes lanza-llamas. Luego le reveló el remedio para vencer a los gigantes nacidos de los dientes del dragón y para adormecer al dragón que custodiaba el vellocino de oro.

5 El nombre de Medea está etimológicamente relacionado con la raíz griega que significa «pensar», «cuidar», «preocuparse».

XVII

SOBRE LA CODICIA


INTRODUCCIÓN

A modo de introducción, Dión establece la norma de que los sabios deben hablar de aquellos temas que más ignoran los hombres. Y con mayor urgencia, si se trata de temas transcendentales y útiles para la vida. Así es el tema de la codicia, de la que Dión afirma que «es causa y principio de los mayores males». Y, aunque todos lo reconocen, nadie logra verse libre de sus lazos. Una larga cita de las Fenicias de Eurípides le da pie para desarrollar una exposición de los males que la codicia acarrea.

La historia y la leyenda recogen numerosos argumentos en forma de experiencias o recomendaciones: los hijos de Yocasta, la guerra de Troya, Jerjes, Polícrates, etc., fueron otras tantas víctimas de la codicia. Y el oráculo de Delfos lo dejó bien claro al castigar a los ambiciosos: a los espartanos en la aventura de Tegea; a los atenienses en la expedición a Sicilia.

La codicia es uno de tantos casos en los que, como dice el refrán, «la avaricia rompe el saco», es decir, el exceso rompe el necesario equilibrio y lleva, o puede llevar, a la ruina. Es lo que pasa, por ejemplo, con la riqueza o con la salud. La exuberancia puede ser motivo de serios tropiezos.


SOBRE LA CODICIA

La mayoría de los hombres piensa que los sabios deberían [1] tratar aquellos temas de los que nadie tiene ideas claras. Y ello, con la finalidad de que los que oigan hablar de las cosas que ignoran las aprendan. Pues es superfluo enseñar lo que ya se sabe y lo que conocen todos por igual. Pero yo, si viera que nosotros nos mantenemos fieles a lo que consideramos justo y no hacemos nada fuera de nuestra costumbre 1 , no creería necesario alargarme sobre algo que es evidente. Ahora bien, dado que nuestro desconocimiento [2] del bien y del mal no nos hace tanto daño, según mi apreciación, como el no hacer caso de las enseñanzas sobre el tema o el no seguir nuestras opiniones particulares, considero de gran provecho refrescar vuestra memoria y recomendaros por medio de mis palabras que seáis obedientes y cumpláis de obra vuestros deberes.

Pues lo mismo, digo yo, que los médicos y los timoneles dan muchas veces las mismas órdenes, aunque ya la primera vez sus subordinados han oído lo que mandan, pero lo hacen al ver que andan descuidados y distraídos, así también es útil hablar muchas veces sobre los mismos temas a lo largo de la vida, cuando la mayoría conoce sus deberes, pero no los cumple. Pues lo importante, creo yo, no es que los enfermos conozcan lo que les conviene, [3] sino que lo pongan en práctica, ya que esto es lo que les devolverá la salud. Como tampoco importa que los demás conozcan cuáles son las cosas provechosas o perjudiciales para la vida, sino que no se equivoquen a la hora de elegir entre ellas. Y de la misma forma que los enfermos de los ojos saben que les hará daño tocárselos con las manos y, sin embargo, lo hacen sin poder evitarlo, así también, por lo que a las demás cosas se refiere, los hombres, en su mayoría, aun sabiendo perfectamente que el hacer algo no los va a beneficiar, no por eso dejan de [4] caer en ello. Por ejemplo, ¿quién ignora que la intemperancia es un gran mal para los que la padecen? Y, sin embargo, cualquiera podría encontrar a muchísimos que son unos intemperantes. Y, por Zeus, todo el mundo sabe que la pereza no sólo es incapaz de proporcionar lo necesario para la vida, sino que incluso destruye lo que ya se tiene, Sin embargo, se pueden encontrar, de hecho, más perezosos [5] que hombres dispuestos a hacer algo. En consecuencia, conviene, creo yo, que los más juiciosos hablen siempre y sin cesar sobre estos temas, por si fuera posible hacer cambiar a la gente y obligarla a ser mejor. Pues de la misma manera que en los misterios el hierofanta 2 previene a los iniciandos, y no una sola vez, sobre todo lo que hay que hacer, así también será muy útil hablar muchas veces, mejor dicho, siempre, como si se tratara de una arenga sagrada, de lo que conviene hacer en la vida. Las inflamaciones [6] del cuerpo no ceden enseguida con los primeros ungüentos, sino que si se prolonga el tratamiento, se reblandecen y mejoran. De forma parecida, debemos estar agradecidos, si alguien alivia las inflamaciones del alma de la mayoría haciendo sin cesar uso de la palabra y el razonamiento.

Acerca de la codicia, puedo asegurar que todo el mundo sabe que no es ni conveniente ni buena, sino causa y principio de los mayores males. Sin embargo, ningún hombre está libre de ella ni renuncia a poseer lo mismo que su vecino. Y a pesar de que cualquiera podría descubrir [7] que la pereza, el desenfreno y, en general y sencillamente, todos los demás vicios son perjudiciales para los mismos que los tienen, y que los que están enredados en ellos merecen, digo yo, que se les corrija y reprenda, no por ello son objeto de odio ni tenidos como enemigos del género humano. Sin embargo, la codicia no sólo es para el hombre el mayor mal, sino que, además, perjudica incluso a sus prójimos 3 . Y, por supuesto, nadie compadece al codicioso ni cree que vale la pena darle lecciones, sino que todos se apartan de él y lo consideran como enemigo. Si, pues, cada uno de los presentes quiere conocer la magnitud [8] de tal perversidad, considere cómo reacciona frente al que trata de enriquecerse por encima de los demás. Pues así podrá explicarse cómo tendrían que portarse con él los demás, si él fuera igual. Y, por cierto, Eurípides, que no es inferior a nadie entre los poetas, introduce a Yocasta cuando habla a Eteocles para recomendarle que procure no ser más rico que su hermano. Y le dice, más o menos, estas palabras:

[9] ¿Por qué te entregas, hijo, a la peor de las deidades ,

la codicia? No lo hagas. Es una deidad injusta .

A muchas casas y ciudades felices

entró, y salió tras arruinar a sus devotos .

Y tú estás loco por ella. Pero lo mejor para los mortales

es honrar la igualdad, con la que los amigos con los amigos ,

las ciudades con las ciudades, los aliados con los aliados

mantienen la unidad. Pues la igualdad es natural entre los hombres .

Y así, con el grande está enemistado

el pequeño y vive sus días en la enemistad 4 .

[10] He recogido la cita completa. Pues el hacer uso de lo que ya ha sido bien expresado es propio de hombre inteligente.

En este párrafo están contenidas todas las consecuencias de la codicia. Y es que no es provechosa ni en privado ni en público. Por el contrario, trastorna y destruye la prosperidad no sólo de las familias sino de los Estados. Además, la costumbre entre los hombres es honrar la igualdad, y con ello se consigue una amistad universal y una paz de todos con todos. Mientras que las diferencias, las rencillas internas y las guerras exteriores ocurren solamente porque los hombres desean tener más, con lo que todos [11] acaban careciendo hasta de lo necesario. Pues, ¿qué cosa hay más necesaria que la vida y qué es lo que más aprecian los hombres? Y, sin embargo, hay hombres que arruinan su vida por el dinero, y algunos han llevado, incluso a su propia patria, a la desolación. Después de estas ideas, este mismo poeta niega que entre los dioses exista la codicia. Por ello, permanecen incorruptibles y eternos, y guardan todos el orden debido día y noche y durante las distintas estaciones. Porque si no fuera de este modo, ninguno de ellos podría sobrevivir. Ahora bien, si hasta entre los dioses la codicia acarrearía la ruina, ¿qué consecuencias de esta enfermedad no sufrirán los hombres? Con razón hace mención Eurípides de pesos y medidas como si hubieran sido inventados para fomentar la justicia y para que nadie fuera más rico que otro 5 .

También Hesíodo afirma que la mitad puede ser más [12] valiosa que el todo 6 , porque tiene en cuenta, creo yo, los daños y perjuicios que pueden derivarse de la codicia. Pues, ¿qué rey, o potentado o pueblo, al intentar transgredir los límites de lo justo y alcanzar mayores ventajas, no acabó arrojando por la borda toda su anterior prosperidad y cayendo en las mayores y más inconcebibles desgracias, con lo que legó a todos sus descendientes claros ejemplos de insensatez y perversidad? O, por el contrario, todo el que se conforma con ser inferior y soporta su aparente derrota de buen grado, ¿no acaba poseyendo más bienes que los demás —bienes que le llegan de modo espontáneo y sin necesidad de esfuerzo— y no goza de prosperidad durante muchísimo tiempo disfrutando con la mayor seguridad de los bienes de la fortuna?

Sin ir más lejos, los hijos de Yocasta 7 , cuando se [13] enemistaron por aspirar a más, el uno por desear el mando, el otro tratando por todos los medios de conseguir una parte del poder, ¿no se mataron el uno al otro aunque eran hermanos, y ambos se convirtieron en motivo de grandes males para sus respectivos seguidores? Pues los atacantes perecieron al punto, y los defensores fueron derrotados poco después por no permitir que los muertos fueran sepultados 8 . [14] Igualmente, por la avaricia de un solo hombre que raptó a Helena y se llevó las riquezas de Menelao, los habitantes de la ciudad más grande de Asia perecieron con sus hijos y mujeres, y por acoger a una mujer con unas pocas riquezas, recibieron un castigo tan grande 9 . También Jerjes, señor del otro continente, cuando tuvo la intención de apoderarse de Grecia, y reunió y trajo una expedición tan grande y tantos millares de soldados, perdió vergonzosamente todo su ejército y logró apenas salvar su vida mediante la huida. Y, después, se vio obligado a ver cómo su país y las ciudades de la costa eran presa del [15] saqueo. Y de Polícrates se cuenta que, mientras gobernó en Samos solamente, fue el hombre más feliz del mundo. Pero cuando quiso entrometerse en algunos asuntos de los habitantes del continente e hizo una travesía para exigir dinero de Oretes, encontró una muerte nada digna, ya que pereció crucificado bajo el poder de aquel bárbaro 10 .

Estos detalles los he aportado para que os sirvan de ejemplos. Y los he tomado de entre los más antiguos y de otros posteriores, tal como aparecen referidos tanto en los poetas como en otros escritores. Pues vale la pena recordar [16] también que el dios 11 , por ser como es, castiga a los codiciosos. Y, así, a los espartanos que le consultaban si les entregaría la Arcadia, no sólo les rechazó la petición, sino que les reprendió su insaciabilidad diciendo de este modo:

¿Me pides la Arcadia? Mucho me pides, mas no te la daré .

Por el contrario, les impuso un castigo prediciéndoles el futuro. Pero lo hizo de forma que no lo entendieron, sino que marcharon contra Tegea y cayeron en las desgracias de todos conocidas 12 . Negándoles, pues, manifiestamente la Arcadia, tampoco les entregó Tegea, que era el lugar más fortificado y más importante de Arcadia. Pero, en términos generales, por causa de la codicia la mayoría de los hombres no tiene oídos ni se entera de lo que se dice.

En otra ocasión, a los atenienses que consultaban sobre [17] la isla de Sicilia les respondió el oráculo que anexionarían Sicilia a su ciudad. Pero «Sicilia» era el nombre de una colina situada cerca de Atenas 13 . Y, así, no pusieron atención a lo que tenían al lado y delante de los ojos. Y es que estuvieron tan ciegos por su deseo de poseer más y más, que creyeron que el dios les decía que encerrarían en una sola muralla Atenas y aquella isla situada a tantos miles de estadios. En consecuencia, habiendo navegado hasta allá, no sólo fracasaron en su intento de conquistar Sicilia, sino que perdieron el Ática y vieron que su propia ciudad caía en poder de sus enemigos 14 .

[18] Si alguien se propusiera referir uno por uno ejemplos por el estilo, seguro que no terminaría ni siquiera en un año. Reflexionad, si no, que la mayoría considera la fuerza física como uno de los bienes principales. Sin embargo, pienso yo, a los que son fuertes hasta el colmo y a los que sobresalen en exceso por el vigor del cuerpo, les convendría renunciar a una parte de ese vigor. Pues lo que excede la justa medida resulta, creo yo, problemático. De la misma manera, la riqueza que se posee, si no es excesiva, no perjudica a sus dueños, sino que, por Zeus, proporciona una vida más cómoda y despreocupada. Pero si es excesiva, causa más preocupaciones y más adversidades que la situación que consideramos placentera. Muchos se han arrepentido de haberse enriquecido demasiado, y algunos, por ello, han llegado a carecer de las cosas más elementales.

[19] Bueno, pues refiriéndonos a nosotros mismos, si cada uno de los miembros naturales de nuestro cuerpo quisiera sobresalir, ¿sería posible que sobreviviéramos ni siquiera el más corto espacio de tiempo? Digo, por ejemplo, si nuestra sangre aumentara por encima de la justa medida, o, por Zeus, nuestro aliento acrecentara el calor de nuestro cuerpo más de lo que es justo y conveniente, ¿no creéis que, por ello, tendríamos que enfrentarnos con grandes y difíciles enfermedades? Y en la armonía de estos órganos, si alguna cuerda tiene mayor tensión de la debida, ¿no acabará, por Zeus, destruyéndose toda la armonía? 15 .

Yo, por mi parte, me sorprendo muchísimo al pensar [20] qué hubiésemos hecho, si no hubiéramos recibido de los dioses con medida hasta la parte más pequeña de nuestra vida 16 . Pero, como si nos estuviéramos preparando para una vida eterna, todos ambicionamos poseer más que los demás. Así como, si alguien tiene previsto hacer una travesía de dos o, a lo más, de tres días y embarca víveres para un año, parecerá que está loco, de la misma manera si uno sabe que no podrá vivir más de setenta años y se prepara suministros para mil, ¿no será porque está posiblemente igual de loco? Y es que algunos preparan tal cantidad de cosas que, si tuvieran que viajar por mar, enseguida se hundiría su nave. Y, por Zeus, que eso les pasa a muchísimos.

Bueno, pues cuando alguien ha invitado a un banquete [21] a diez o quince huéspedes, aunque debe saciarlos a todos, si prepara comida para quinientos o para mil, ¿no parecerá que está totalmente enajenado? Así también nosotros sabemos que las necesidades del cuerpo son limitadas, pues necesitamos, creo yo, vestido, protección y alimento. Sin embargo, las ampliamos como si tuviéramos que recoger provisiones para un ejército. Y con razón, por Zeus, pues casi todos mantienen dentro de ellos mismos un ejército de deseos. Por lo que se refiere al vestido, nadie quiere tenerlo más largo que el cuerpo, pues resultaría embarazoso. En cambio, absolutamente todos desean tener más riquezas de las necesarias, y no saben que esto resulta todavía más incómodo.

[22] Pienso que Creso, el Lidio 17 , lo hizo estupendamente cuando quiso poner en evidencia la insaciabilidad de los hombres. Introdujo a algunos en sus tesoros y les permitió llevarse todo el oro que cada uno pudiera transportar sobre su cuerpo. Pues bien, muchos no solamente llenaron su regazo, sino que se llevaban pepitas sobre la cabeza y en la boca, de modo que a duras penas podían caminar, pues iban dando tumbos de forma ridícula. Así también, creo yo, caminan algunos a lo largo de la vida torpemente y haciendo el ridículo por causa de su codicia.


1 En DEMÓSTENES (Sobre la corona 228) esta expresión se refiere a la opinión que se tenía sobre Demóstenes y su adversario Esquines.

2 El hierofanta era, en Eleusis, el sacerdote que dirigía las ceremonias de iniciación en los misterios. Por ser el más alto funcionario del santuario, llevaba vestidos regios (PLUTARCO , Aristides 5) y, entre otros ritos, realizaba el matrimonio sagrado con la sacerdotisa de Deméter.

3 Entre las muchas frases de MENANDRO que se han conservado en forma de sentencias, hay una que reza: «la codicia es el mayor mal para los hombres».

4 EURÍPIDES , Fenicias 531-540. Esta larga cita del parlamento de Yocasta ha sido ligeramente retocada por Dión. Es particularmente llamativa la sustitución que hace de philotimía por pleonexía que es el título de este discurso.

5 En el nombre de la igualdad se han establecido los pesos y las medidas (vv. 541-542).

6 Trabajos y Días 40.

7 Eteocles y Polinices, hijos de Edipo y Yocasta, acordaron reinar en Tebas en años alternos. Pero Eteocles expulsó a Polinices, que regresó para hacer la guerra a su hermano en la campaña de «los Siete contra Tebas». En singular combate murieron los dos hermanos.

8 Creonte, rey de Tebas, prohibió bajo pena de muerte enterrar a Polinices. La violación de esa orden por motivos de piedad y sus consecuencias es el tema de la Antígona de Sófocles.

9 Paris-Alejandro, de visita en Esparta, raptó a la hermosa Helena, esposa de Menelao, lo que dio origen a la guerra y destrucción de Troya.

10 Polícrates fue tirano de Samos del 540 al 522 a. C. Realizó grandes obras, entre ellas, el célebre acueducto. En el 522 a. C., atraído con engaño por el sátrapa persa Oretes, fue desollado vivo y crucificado (HERÓDOTO , III 120-125).

11 Se refiere al dios Apolo de Delfos, a quien habían consultado los espartanos.

12 Según HERÓDOTO (I 66), engañados los espartanos por una respuesta ambigua del oráculo de Delfos, fueron con sogas y grilletes a conquistar Tegea. Pero fueron vencidos y reducidos a penosa esclavitud.

13 PAUSANIAS , Descripción de Grecia VIII 11, 12.

14 TUCÍDIDES narra con todo lujo de detalles la funesta expedición a Sicilia de la armada ateniense, que terminó en un completo desastre (Guerra del Peloponeso VI-VII). La caída de Atenas y la destrucción de sus murallas están descritas en JENOFONTE (Helénicas II 2).

15 En uno de los fragmentos conservados de Alcmeón de Crotona (ca . 500 a. C.), enseñaba éste que la salud depende de la armonía de los elementos del cuerpo (isonomia) , mientras que la enfermedad consiste en el predominio (monarkhía) de uno de ellos (cf. CONRADO EGGERS LAN , VICTORIA E. JULIÁ , Los filósofos presocráticos [B.C.G.], vol. I, Madrid, 1981; 2.ª reimpr., Madrid, 1986, pág. 261, fr. 431; cf. asimismo, P. LAÍN ENTRALGO , La medicina hipocrática , cap. I: R. LIVINGSTONE , El legado de Grecia , cap. VII: «La medicina» [CH . SINGER ].)

16 Según el testimonio de Mt . 10, 30, hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados por Dios.

17 Era proverbial la riqueza de Creso, rey de Lidia desde el 561-546 a. C. La escena de Alcmeón llenándose de oro las botas más holgadas que encontró al efecto, los senos y pliegues de la ropa y hasta la boca, esta descrita por HERÓD ., VI 125.

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