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Papel pintado
Diego Giacomini
Papel pintado
Giacomini, Diego
Papel pintado / Diego Giacomini. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-950-556-778-2
1. Economía Argentina. I. Título.
CDD 330.82
Diseño de portada: Margarita Monjardín
Diagramación de interior: B de vaca [diseño]
© 2020, Diego Giacomini
© 2020, Queleer S.A.
Lambaré 893, Buenos Aires, Argentina.
Primera edición en formato digital: septiembre de 2020
Digitalización: Proyecto451
Inscripción ley 11.723 en trámite
ISBN edición digital (ePub): 978-950-556-778-2
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.
Índice de contenido
Portadilla
Introducción
1. El dinero fiat: la gran estafa
2. La historia del dinero
3. La historia del sistema bancario
4. Los bancos medievales y de la Era Moderna y las crisis de “boom & bust”
5. Una estafa llamada Banco Central
6. Cómo los Bancos Centrales y el sistema bancario falsifican dinero
7. La inflación es siempre un fenómeno monetario
8. Bancos Centrales y crédito artificial: los causantes del ciclo de boom & bust
9. El Banco Central es socialismo monetario
10. Una propuesta monetaria para Argentina: dinero provisto en libertad
Epílogo: La reforma Giacomini-Milei
Primero a Mumu, el gran amor de mi vida, por acompañarme siempre en todo proyecto personal y profesional, enseñándome siempre un montón de cosas. Y también a Baco, por sentarse al lado mío acompañándome a escribir desde la primera hasta la última letra de este libro.
“…para mí el Estado es el enemigo común ahora; yo querría —eso lo he dicho muchas veces— un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Pero, quizá sea preciso esperar . . . no sé si algunos decenios o algunos siglos —lo cual históricamente no es nada—, aunque yo, ciertamente no llegaré a ese mundo sin Estados. Para eso se necesitaría una humanidad ética, y además, una humanidad intelectualmente más fuerte de lo que es ahora, de lo que somos nosotros; ya que, sin duda, somos muy inmorales y muy poco inteligentes comparados con esos hombres del porvenir…”
Jorge Luis Borges
INTRODUCCIÓN
Este libro es una dura crítica a nuestro sistema monetario, bancario y financiero, que se esparce con idéntica arquitectura por todo el globo, como si dicha arquitectura no solo fuera la única posible, sino la mejor de todas. Esto es lo que nos venden. En realidad es lo contrario: el actual sistema es el peor que podríamos tener. En las ciencias sociales —y la Economía lo es—, a diferencia de las ciencias duras, el paso del tiempo no implica necesariamente progreso. Nuestro sistema monetario y bancario, que ya cuenta con unos cien años de historia, constituye una asociación inmoral de los burócratas del Estado, los banqueros y los financieros en contra de los individuos y del sector privado. Es un juego de suma cero. Para que la perversión sea mayor, este sistema se constituye contra la esencia misma del dinero, que nació como libre elección de los individuos y se convirtió en motor de su libertad y prosperidad.
Como bien explica Carl Menger, el dinero no fue inventado por ningún político, burócrata o Estado: emergió como resultado de un proceso evolutivo, social e histórico espontáneo. A esto Von Mises lo bautizó la “acción humana”. La aparición del dinero sentenció de muerte al trueque; ese avance dio lugar a la especialización, la división del trabajo, la acumulación de capital y el crecimiento económico. En definitiva, al desarrollo de la civilización. Sin embargo, el sistema monetario actual, luego de siglos y siglos de avance de los burócratas del Estado sobre el dinero, constituye la perfecta antítesis del dinero provisto en libertad. Hoy en día el dinero es provisto monopólicamente por el Estado y carece de respaldo; así, la expansión monetaria puede tender al infinito. Al mismo tiempo, el Estado prohíbe las transacciones económicas en oro y plata, que habían sido los dos metales espontáneamente elegidos por el público como moneda. De esta manera, el Estado elimina la principal competencia de su dinero fiduciario, forzando a los individuos a comerciar y ahorrar en su moneda. Por un lado, los burócratas del Estado se aseguran el monopolio de la provisión de dinero y por el otro, una demanda cautiva para su producto monetario monopólico. Como sucede con todo monopolio no natural, los burócratas van por la renta monopólica extraordinaria, que en este caso es el impuesto inflacionario. El impuesto inflacionario no es otra cosa que una distribución de ingresos desde los privados, que generan riqueza, hacia los burócratas del Estado y sus cortesanos, que viven de la política, parasitando a los privados.
Este sistema genera dos castas sociales. Los ciudadanos de primera son los burócratas y sus cortesanos, que se enriquecen a costa de los productores de riqueza, ciudadanos de segunda. ¿A quiénes llamo cortesanos? A los banqueros y sus primos hermanos del sistema financiero (mayormente privados), que reciben una prebenda de parte de los burócratas del Estado. Estos les permiten hacer algo que los demás tienen prohibido: violar la propiedad privada. Hacen negocios y ganan dinero con capital ajeno a cambio de una porción del botín. El sistema de encaje fraccionario es esa prebenda. El sistema bancario, además, multiplica dinero sin respaldo y crédito sin contrapartida de ahorro genuino. El multiplicador monetario y el multiplicador del crédito permiten que los banqueros ganen dinero con capital ajeno y sin respaldo, pero parte del botín debe volver en forma de financiamiento al sector público, que siempre terminará siendo pagado con más impuestos o más impuesto inflacionario por parte el sector privado.
El cuadro se completa con otra figura perversa: el prestamista de última instancia, es decir, el seguro para los creadores de dinero bancario y crédito “de la nada”, que es pagado por toda la sociedad: me refiero al Estado. ¿Cómo funciona la estafa? Sencillo: los burócratas del Estado aseguran a sus socios del sector bancario y financiero que las eventuales pérdidas, debidas a una intermediación financiera errada, serán socializadas, es decir que sus costos serán pagados por la sociedad entera. El Estado salvará al sector con redescuento y expansión monetaria, es decir con un mayor impuesto inflacionario. Esto sucede tanto en Argentina como en el resto del mundo.
Contra ese sistema, este libro tiene dos propuestas para un nuevo orden monetario, bancario y financiero. Una a nivel mundial y otra para el caso de Argentina. Ambas se enmarcan en el pensamiento de la Escuela Austríaca de la Economía y se remiten al Teorema de Regresión Monetaria de Von Mises. Con estas propuestas, el Estado se aparta de la provisión de dinero, que vuelve a ser suministrado en libertad y deja, así, de ser un instrumento de la violencia estatal. Desaparecen las dos castas sociales, se desvanece el impuesto inflacionario y el perverso mecanismo que distribuye ingreso desde el sector privado hacia los burócratas del Estado y sus cortesanos. Estas propuestas —dicho sea sin falsa modestia— representarían un gran avance en materia de inflación.
Los políticos, cuidando su negocio, nos han hecho creer que en el mundo ya no hay más inflación, pero no es cierto. En los veinticinco años que van desde 1993 a 2018, la inflación acumuló 200% a nivel mundial. Si hacemos una apertura por regiones del mundo, nos encontramos que en esos veinticinco años la inflación mundial acumuló +449% (África al Sur del Sahara); +248% (América Latina y el Caribe) y +218% (Asia Oriental y del Pacífico). En pocas palabras, pese a la baja de la inflación con respecto a los años 70 y 80, el actual sistema sigue operando a favor de los políticos y en contra de los actores económicos.
Con nuestra propuesta de reforma la Argentina volvería a tener moneda; el impuesto inflacionario desaparecería y con él la perversa transferencia de ingresos hacia la casta política. Los argentinos pasaríamos a producir, ahorrar, invertir, consumir y pensar en una única y misma moneda; con esto se estimularía el ahorro, la inversión y la acumulación de capital, lo cual recuperaría el sendero del crecimiento económico que perdimos hace décadas. Se crearía nuevo empleo. Al aumentar la demanda de trabajo, mejorarían los salarios reales.
Otra virtud de la reforma que proponemos: dejaríamos atrás las recurrentes crisis de eso que se llama, en la jerga económica, boom&bust: es decir, auges artificiales y burbujas seguidas de recesión. En vez de esto, con los avances de productividad existentes, habría una suave deflación “creadora”, que permitiría tasas de crecimiento sostenidas en el tiempo, sin las recurrentes crisis monetarias y financieras destructoras de riqueza. Sobran los ejemplos: la crisis del “lunes negro” de 1987, cuando en una sola sesión bursátil se licuaron buena parte de las ganancias que se habían acumulado durante cinco años de subas en la Bolsa de Nueva York. Las recurrentes crisis de los años ‘90, comenzando por el crack bursátil (1989) e inmobiliario (1991) de Japón, seguido por el Tequila mejicano (1994), la crisis del sudeste asiático (1997), Rusia (1998), la crisis de las tecnológicas (2002-2002), Lehman Brothers (2008-2009) y COVID 19 (2020-¿?). Todas estas crisis tienen el mismo origen: el actual sistema monetario, bancario y financiero. ¿Por qué? Porque todas estas crisis se originan en la creación de dinero físico, dinero bancario y crédito sin respaldo. Esto genera un boom artificial y una burbuja financiera que inicialmente refuerza el proceso de crecimiento insostenible, pero está condenada a mutar en crisis deflacionaria. En este libro se muestra que esas grandes crisis que los socialistas llaman “crisis del capitalismo” son, en realidad, generadas por la expansión de dinero y el crédito sin respaldo.
Queremos terminar con esto.
Este sistema está conduciendo al mundo, lenta pero sostenidamente, hacia el socialismo del siglo XXI. Cada crisis trae más intervención estatal, cada vez más política monetaria expansiva. Los bancos centrales del mundo intervienen de forma cada vez más agresiva. La masa monetaria sin respaldo crece como un monstruo. El multiplicador monetario y la expansión del crédito vuelan cada vez más. Por otro lado, las regulaciones del sistema bancario y del sistema financiero son cada vez más frondosas, con el Estado monitoreando y regulando cada vez más férreamente al sector privado. La masa monetaria del mundo pasó de 100,5% (2008) a 124,4% (2018) del PBI mundial, mientras que hace décadas atrás era de 63,9% (1980) y 88,6% (1987). Paralelamente, el crédito proporcionado por el sector financiero pasó de 119,2% (2008) a 132,6% (2018), cuando en el pasado era tan solo de 73,4% (1980) y 107,7% (1987). El crédito al sector privado, por su parte, solo aumentó de 120,0% (2008) a 129,8% (2018) del PBI, mientras que el crédito a los gobiernos federales a nivel mundial aumentó a más del doble, pasando de 14,1% (2008) a 31,8% (2018) del PBI. Los Estados tienen cada vez más injerencia en la vida económica.
¿Cuándo fue más claro esto que en 2020? El COVID 19 es una fabulosa excusa para que los Estados, los burócratas y sus instituciones asociadas avancen sobre el sector privado. Esto atenta contra la libertad y la prosperidad y acelera el proceso de colectivización. La Reserva Federal de EEUU y los principales bancos centrales del mundo actúan por cuenta de los burócratas, como nunca se vio en las anteriores crisis. El resultado está cantado: compramos en cuotas otra crisis deflacionaria. En algunos países esto sucede más rápido, en otros es más leve, pero ocurre en todo el mundo. Latinoamérica en general y Argentina en particular están viajando hacia el comunismo a gran velocidad. Tampoco es de extrañar que España sea un caso emblemático en este sentido. ¿Se puede detener esta sinergia? Se puede: pero primero tenemos que tener claro qué es el Estado. ¿Por qué? Para enarbolar una idea faro que nos lleve a actuar a lo largo de toda nuestra vida: El Estado es el enemigo. Para tener una chance de escapar al socialismo, es necesario saberlo.
Así que este es un libro contra el Estado. Entendemos qué es el Estado, qué significa el Estado, cómo opera el Estado, y que su esencia se transmite a través del dinero y la arquitectura del sistema monetario, bancario y financiero. Los bancos centrales son coacción y violencia institucionalizada. El dinero fiduciario sin respaldo, el sistema de encaje fraccionario y la multiplicación del dinero bancario y del crédito son robo y saqueo. Ya dijimos que la actual organización monetaria nos divide en dos castas de ciudadanos; pero el papel de los bancos centrales y el dinero sin respaldo es más grave que el de los impuestos. ¿Por qué? Porque su trabajo sucio es menos evidente. No solo eso: ni siquiera es legislado. Y ofrece menos escapatoria. Los impuestos se pueden evadir, pero el impuesto inflacionario no. Por eso los gobiernos están más dispuestos a ceder presión tributaria que a renunciar a los bancos centrales y al dinero fiduciario. Al analizar la historia monetaria argentina, este libro muestra como la provincia de Buenos Aires, al reintegrarse en 1860 a la Confederación, estuvo dispuesta a ceder recaudación de la Aduana, pero no entregó la maquinita de emitir dinero del Banco Provincia. Así nos ha ido.
Estado y gobierno son dos cosas diferentes. El gobierno es —o debería ser— el encargado de poner en práctica los deseos de los individuos que viven en sociedad: primero velando por la libertad y en segundo lugar garantizando la seguridad. Ningún gobierno debe intervenir más allá de estos límites. Debe tener solo un pequeño aparato de códigos e instituciones cuyo único propósito es asegurar los derechos naturales del ser humano; es decir, su propiedad privada primaria (su cuerpo) y el derecho a utilizar sus energías para transformar su entorno en libertad, y así poder proveerse medios medios para alcanzar sus fines, que no son otros que sobrevivir y vivir en un marco de creciente prosperidad. Un gobierno jamás debe intervenir en positivo, sino siempre en negativo. Nunca debe usar la violencia ofensivamente, solo defensivamente. Es decir, interviene con violencia solo como respuesta a una violencia previa, y solo con un sentido reparador hacia quien recibió el daño. Un Banco Central, así como la actual arquitectura monetaria, bancaria y financiera, no tienen nada que ver con las responsabilidades de un gobierno.
El Estado es algo muy diferente de un gobierno, y hace todo lo opuesto a lo que debe hacer este. El Estado no surge del entendimiento común y del acuerdo de individuos que viven en sociedad; se origina en la conquista y confiscación y se materializa en la explotación económica a la que burócratas y cortesanos someten al sector privado. Ningún Estado se originó de otra forma. La Historia nos muestra, una y otra vez, cómo un grupo invade a otro, lo conquista, lo expolia; entonces, cuando se establece explotación económica del grupo vencido a favor del victorioso, nace un nuevo Estado. El Estado se basa en una idea fundamental: el individuo no tiene derechos, salvo aquellos que el Estado le concede provisoriamente. El Estado se ocupa de la libertad y la seguridad a condición de que no obstaculicen su intención principal, que es la explotación de la clase productora. A diferencia de los gobiernos, que (idealmente) intervienen solo en forma negativa, el Estado por naturaleza interviene sin cesar y en forma onerosa. Como sostiene Albert Nock: “Si consideramos al Estado dondequiera que se encuentre, si indagamos en su historia en cualquier momento, no hay manera de diferenciar las actividades de sus fundadores, administradores y beneficiarios de la de los criminales profesionales.” (1) El Estado usa la violencia, en forma permanente, para mantener los privilegios de casta de los burócratas. Es bueno recordar que el Estado está hecho de personas de carne y hueso, que utilizan sus estructuras, para perseguir sus propios beneficios. Este libro se propone explicar cómo sucede esto, tanto desde un enfoque moral y ético como desde una perspectiva utilitarista.
Hay dos grandes problemas cuando se plantean estos debates. Primero, la discusión se sitúa inevitablemente en el contexto de siglos de existencia y de dominio violento del Estado; estamos tan acostumbrados a este mal que no lo percibimos. En el mejor de los casos, lo consideramos un poder demoníaco, pero inevitable; lo más usual, sin embargo, es que lo veamos como algo bueno. Esta legitimación se logra a través de la educación pública, ya sea de gestión estatal o privada, que adoctrina en la religión del Estado, al tiempo que la política empodera a burócratas y políticos. El principal rol de la educación pública es propagar una fe inquebrantable en el Estado. Se nos enseña que políticos y burócratas toman decisiones en pos del bienestar general. También se nos enseña que el Estado nos expresa; que sus acciones reflejan nuestra voluntad.. Se nos enseña el republicanismo. El Estado republicano es un instrumento para convencernos de que gobernamos a través del Estado. Es su herramienta de legitimación más potente. Así nos convencemos de que es esto o el caos, el miedo, la barbarie y el descontrol. Algo similar sucede con el dinero y la organización monetaria. ¿Cuántos profesionales de la economía plantean siquiera la posibilidad de otro tipo de organización monetaria, sin el Estado de por medio? ¿Y cuántos ciudadanos la imaginan?
En definitiva, el Estado es una organización criminal que se las ingenia para obtener el respaldo de la mayoría. Tiene siempre la colaboración de intelectuales que crean opinión a su favor, desde las universidades, los colegios o los medios masivos de comunicación; son recompensados con una participación en el poder, en el botín o mediente el prestigio intelectual o social. Y en los hechos, la idea de Estado limitado, pequeño y eficiente es utópica; ninguna constitución ha podido limitar su expansión, que siempre es exponencial. Murray Rothbard, un economista que vamos a citar mucho en este libro, lo explica así: “El hecho cierto, atestiguado por la historia, es que los gobiernos no han respetado estas limitaciones. Y hay muy buenas razones para dar por supuesto que nunca lo harán. En primer lugar, porque, una vez establecido el canceroso principio de la coacción —de las rentas coactivas y del monopolio forzoso de la violencia— y legitimado como el genuino núcleo de la sociedad, existen excelentes motivos para suponer que este precedente se expandirá y se hermoseará. El interés económico de los gobernantes estatales les empujará a trabajar activamente en favor de esta expansión. Cuanto más se amplíen los poderes coactivos del Estado más allá de los límites mimosamente marcados por los teorizadores del laissez-faire, mayor será el deseo y la capacidad de la casta dominante que maneja el aparato del Estado para acrecentarlos. Esta clase dominante, impaciente por maximizar su poder y su riqueza, ampliará las facultades estatales y arrollará toda débil oposición, a medida que vaya ganando terreno su legitimidad y la de sus aliados intelectuales y se vayan estrechando los canales del libre mercado institucional opuestos al monopolio gubernamental de la coacción y al poder de tomar las decisiones últimas. En el mercado libre es una gozosa realidad que la maximización de la riqueza de una persona o de un grupo redunda en beneficio de toda la comunidad; pero en el reino de la política, en el ámbito del Estado, la maximización de la renta y de la riqueza acontece de modo parasitario, en beneficio exclusivo del Estado y de sus dirigentes, y a expensas del resto de la sociedad. Los partidarios de gobiernos limitados se refugian a menudo en el ideal de un gobierno an-dessus de la mêlée, que se abstiene de tomar partido entre las facciones enfrentadas de la sociedad. Pero, ¿por qué habría de hacerlo? Si el Estado dispone de un poder sin restricciones, sus dirigentes tenderán a aumentar hasta el máximo posible su poder y su riqueza y a expandirlos, por tanto, más allá de los supuestos límites. El punto determinante es que en la utopía del Estado limitado y del laissez-faire no existen mecanismos institucionales para mantener al Estado dentro de unos límites bien establecidos. Debería bastar, a buen seguro, el sangriento registro de los Estados a través de la historia para probar que de todo poder, una vez adquirido, se usa y abusa.” (2).
De nuevo: este libro quiere demostrar que el dinero en manos monopólicas estatales y la actual arquitectura del sistema monetario, bancario y financiero son el mejor ejemplo del abuso al cual el Estado nos condena.
Probablemente, este segundo trimestre de 2020 constituya una oportunidad única para entender cuál es la esencia del Estado y el modus operandi de los burócratas del Estado. La mayoría de los gobiernos del mundo han decretado (con diferente fuerza) cuarentenas que impiden que las personas se muevan y trabajen libremente. En Argentina, el 19 de marzo de 2020 se decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio para un período que iba del 20 al 30 de marzo. Fue extendido en tres oportunidades, prolongándose sucesivamente hasta el 13/4, hasta el 26/4 y hasta el 10/5. Más tarde se extendió hasta el 25/5 y mientras escribo esto sabemos que se prolongará hasta el 8 de junio. La “cuarentena” argentina, que ya es más que setentena, se extiende cada vez más y nadie sabe cuánto va a durar. No debería sorprender: toda intervención estatal está condenada a crecer (a proseguir su “camino de la servidumbre”, en palabras de Hayek), lo cual implica inexorablemente pérdida de libertad y bienestar para el sector privado.
La cuarentena está peleada con la ética y la moral de la libertad. Es un delito que la casta política perpetúa desde el Estado, atentando contra el derecho de cada individuo a su persona, al uso de su primera propiedad (el cuerpo) y al usufructo de su trabajo; es decir, la cuarentena va contra el derecho natural.
¿Qué entendemos por el derecho natural del hombre? Repasemos: la razón humana descubre el derecho natural, que nos proporciona un cuerpo de normas éticas en virtud de las cuales se pueden juzgar las acciones en todo tiempo y lugar. La ley natural debe juzgar si el Estado avanza contra los derechos individuales. A diferencia de los animales, el ser humano no posee un conocimiento instintivo cuando nace. En consecuencia, no conocemos nuestros fines ni los medios para conseguirlos: tenemos que aprenderlos y para esto ejercer nuestras facultades de observación, abstracción y reflexión; es decir, la razón. Que los humanos deban emplear su mente para adquirir conocimiento demuestra que son libres por naturaleza. Lo natural es que el ser humano sea propietario tanto de sí mismo como de su propia extensión de sí mismo en el mundo material: es decir, propietario del fruto de su trabajo. Una sociedad libre es aquella donde todos disfrutan de sus propiedades naturales a salvo de la agresión. Ningún otro sistema social que pueda ser calificado de natural.
Queda claro que mediante la cuarentena los gobiernos ejercen violencia contra la propiedad de las personas. En definitiva, atentan contra la vida: justo lo opuesto a todo lo que mentirosamente pregonan. ¿Cómo pueden responder los ciudadanos? La violencia puede no ser delito si es defensiva, si responde a una agresión previa. Cuando la justicia condena a prisión a una persona actúa con violencia, pero solo como respuesta a una agresión previa. Si todos tienen derecho absoluto a su propiedad natural, se considera que también tienen derecho a defenderla, incluso con la fuerza. ¿Hasta dónde alcanza ese derecho? Fácil: hasta el punto en el cual sus acciones defensivas comienzan a incidir en los derechos de propiedad de terceros. No se puede apelar a la violencia como respuesta a daños potenciales o imprecisos. La única forma de protegerse frente al despotismo es atenerse al criterio de que la invasión que se percibe debe ser inmediata y clara. En este sentido, Rothbard explica que “los inevitables casos de situaciones borrosas o confusas, tenemos que hacer todo lo posible para comprobar si la amenaza de invasión es directa e inmediata y permite, por tanto, que los individuos ciudadanos adopten las medidas preventivas pertinentes.”
En este sentido, la cuarentena utiliza violencia ofensiva por las dudas, intentando prevenir una amenaza o daño potencial. El COVID19 no produce un daño certero, uniforme, palpable y directo, que son las condiciones necesarias para que la violencia sea legítima; como está ampliamente estudiado, un enfermo puede no contagiar, o puede generar contagios asintomáticos, leves, complicados o mortales. Con el accionar frente al COVID19, la mayoría de los gobiernos del mundo han tomado el camino del despotismo. Algunos países darán unos pocos pasos por ese camino. Otros, muchos. La Argentina lo recorre en moto. Hay una provincia que no tiene un solo infectado desde hace cuarenta y seis días, pero toda su población está en prisión domiciliaria. Hay otra en la cual el viceministro de salud dice que la cuarentena debe estirarse todo lo posible, “o al menos hasta que pase el invierno o aparezca una vacuna”. Cuidado: este camino conduce a Venezuela. Si lo recorremos, implosionará el PBI per cápita, la moneda se hará pedazos y la inflación aumentará exponencialmente. El desempleo crecerá fuerte y el poder adquisitivo se derretirá como un helado al sol. La pobreza y la indigencia subirán a niveles récord.
¿Será ese momento trágico la oportunidad para aplicar la reforma del Estado, monetaria y bancaria que proponemos en este libro? Ojalá. La alternativa es una sociedad donde solo la casta política tendrá derechos, mientras el resto de nosotros vive en la esclavitud.
1. Ver “Nuestro enemigo, el Estado” de Albert Jay Nock, Unión Editorial Argentina (2013); página 61.
2. “La ética de la libertad” de Murray Rothbard, Unión Editorial Argentina (2012), páginas 236 y 237.
1. EL DINERO FIAT: LA GRAN ESTAFA
a) Por qué existe la inflación
¿Por qué tenemos inflación? ¿Por qué pierde valor el dinero? Paul Volcker (ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos) nos da una clave cuando explica que “solamente una primera derivada (inflación) del nivel general de precios igual a 0, garantiza que la segunda derivada (aceleración) también sea 0”. ¿Muy técnico? Traduzco: solo una inflación de cero garantiza que la inflación no se acelere. En otras palabras, la inflación es como el cáncer. Una vez que aparece, por su propia naturaleza tiende a acelerarse más y más.
Lo que dice Volcker está avalado por la teoría y la realidad. Desde el lado teórico, muchas explicaciones ponen de manifiesto la relación negativa entre inflación y crecimiento. Cualquiera sabe que no hay crecimiento sin inversión. Y bien: la inflación destruye el ahorro, es decir, justo eso que financia a la inversión. Es decir que perjudica la formación de capital, las mejoras de productividad y el crecimiento económico. Además, la inflación vuelve imposible el cálculo económico en general y de los retornos en particular. Esto también es veneno contra la inversión. Nadie va a invertir si no puede calcular cuánto ganará con esa inversión. Los efectos negativos de la inflación se acumulan unos sobre otros: arruinan a los individuos, al sector privado que produce bienes y servicios, al crecimiento y la prosperidad.
¿Cómo empezó en la Argentina la peste de la inflación?
Una pista: desde que se creó el Banco Central de la República Argentina, la inflación creció en forma sostenida, década tras década: +59% (1935/1945); +472% (1945/1955); +1.334% (1955/1965); +2.809% (1965/1975) y +1.180.435.725.903% (1975/1991). Cuando el gobierno de Menem impuso la Convertibilidad y el patrón dólar, la inflación bajó hasta +18% (1992/2001). Más tarde, se refundó el BCRA y la inflación volvió a estar cada vez más a la orden del día, pasando de +264% (2002/2010) a +1.144% (2010/2019). Desde que se abandonó el patrón dólar y la casta política recuperó el manejo de la política monetaria, midiendo cada cuatro años, la inflación pasó de +7,3% (2003/2006); a +20,7% (2007/2010); +28,6% (2011/2014) y +35,2% (2015/2018) promedio anual. En 2018/2019 trepó hasta +50,7% promedio anual.
Un estudio del Banco Mundial afirma que cada vez que la inflación supera el 20% anual se pierde -1,58% de crecimiento. De nuevo, la Argentina avala con creces esta relación negativa. Dejando de lado a Venezuela, nuestro país tiene el peor desempeño de PBI per cápita en la región de los últimos treinta y cinco años. Repitámoslo: la Argentina es el país con peor performance de generación de riqueza desde 1998 a la fecha. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, entre 1998 y 2018 el PBI per cápita en dólares (de 2017) de Argentina creció +14%, la mitad que en Brasil (+27%); cuatro veces menos que en Colombia (+55%); Uruguay (+56%) y Chile (+65%), y siete veces menos que en Perú (+101%). Este comportamiento relativo de Argentina se agrava aún más cuando acortamos el período de análisis, lo cual muestra que tanto el problema como sus consecuencias se agravan año tras año. En 2012/2018 el PBI per cápita de Argentina cayó -8%, más que en Brasil (-5%), que es el otro país (dejando fuera a Venezuela) que tuvo performance negativa también. Del otro lado, el PBI per cápita de Chile (+13%); Colombia (+16%); Uruguay (+17%) y Perú (+23%) aumentó en el mismo período.
Si la Argentina es el país que tiene la mayor inflación de la región, no puede sorprender que tenga la peor performance en materia de crecimiento económico. Por lo tanto, tampoco puede sorprender que termine siendo el país con peor desempeño en materia de evolución de la pobreza y la indigencia.
Lo que no siempre se entiende (y con esto, poco a poco, vamos a aproximarnos al nefasto papel del BCRA) es que la inflación siempre, y en todo lugar, es un fenómeno monetario. La inflación es la pérdida sostenida del poder adquisitivo del dinero: con la misma cantidad de unidades monetarias cada vez compramos menos bienes y servicios. Y dado que en una economía monetaria todas las transacciones económicas se sostienen sobre el dinero —consumimos, ahorramos e invertimos en dinero—, la inflación termina trasladándose a todos los rincones del sistema económico y del individuo, ya que el ser humano es un ser económico.
Bien: ¿cómo se determina el poder adquisitivo del dinero? A partir del juego entre oferta monetaria y demanda. Si la oferta monetaria crece más que la demanda de dinero, hay inflación, porque el poder adquisitivo del dinero cae. Si la demanda de dinero crece más que la oferta, el poder adquisitivo del dinero aumenta y en consecuencia hay deflación. Si tanto la demanda como la oferta de dinero crecen al mismo ritmo, no hay ni deflación ni inflación.
En este contexto, es muy importante considerar que el dinero es un bien instrumental. No tiene valor (subjetivo) en sí. Por sí mismo, no sirve para satisfacer ninguna necesidad; solo lo demandamos para adquirir (a través de intercambios indirectos) los bienes y servicios que sí satisfacen nuestras necesidades. Así pues, el valor subjetivo del dinero es igual a la utilidad anticipada de aquellos bienes que se espera comprar con él. O sea, el dinero solo sirve como medio de intercambio. ¿Y cuando el dinero actúa como reserva de valor? Entonces decimos que es un medio general de intercambio en términos intertemporales; es decir, un instrumento para adquirir bienes o servicios en el futuro.
¿Qué implica esto? Que la demanda de dinero está necesariamente atada a la demanda de bienes y servicios, ya sea en el presente (medio general de intercambio), como en el futuro (reserva de valor). A mayor (menor) demanda de bienes y servicios, más (menos) demanda de dinero. Dado que, salvo desvíos coyunturales —que serán limpiados por el mecanismo del sistema de precios— la oferta y la demanda de bienes y servicios tenderán a equilibrarse, la demanda de dinero se encuentra atada a la esfera real de la economía. Más producción es más nivel de actividad económica, mayor generación de riqueza y en consecuencia, mayor demanda de dinero. Si crece la actividad, crece la demanda de dinero; si la actividad cae, la demanda de dinero también. La demanda de dinero tenderá a crecer en línea con la producción y la economía (3).
Por lo tanto, si la provisión de dinero crece al mismo ritmo al cual crece la economía, no hay ni inflación ni deflación. Si crece a un ritmo un poco más suave que la producción y la demanda de dinero, hay una suave deflación. Si crece permanentemente por encima del nivel de actividad, la inflación es sostenida. Si esta práctica se sostiene en forma permanente, la tasa de crecimiento de la economía y la demanda de dinero terminarán siendo negativamente afectadas, con lo cual la inflación sería creciente aún con un ritmo constante de expansión de la oferta monetaria. Hay un escenario peor: si en este marco de caída de la economía real y de la demanda de dinero la expansión monetaria se acelera, la inflación crece más y más, ya que el desequilibrio monetario es cada vez mayor.
Ahora que sabemos cuánto hay en juego en la provisión de dinero, la pregunta es evidente: ¿quién se ocupa de esa delicadísima tarea? ¿Qué criterios emplea? ¿Cómo está construido el sistema monetario? Todas estas variables establecerán el ritmo de expansión de la oferta total de dinero y esto, a partir de su relación con la demanda de dinero, determinará su poder adquisitivo y su variación.
b) El dinero “Fiat”
Quien se ocupa de proveer dinero es el Banco Central, que, en contubernio con los burócratas del Estado y la casta política, se vale de este poder para perpetrar una estafa monumental, que los financia a tiempo que expolia a los ciudadanos comunes. Pero no siempre fue así. El dinero es un invento privado. Más adelante en este libro desarrollaremos este punto; por ahora, baste señalar que el dinero surgió espontáneamente como resultado de la acción humana, es decir, en un proceso histórico y dinámico en el cual, a partir de un proceso de prueba y error, millones de personas a través de los siglos terminaron eligiendo el oro y (en menor medida) la plata como dinero. ¿Por qué? Porque eran los bienes más demandados.
Si todavía usáramos oro y plata como dinero, su poder adquisitivo no dejaría de aumentar. La producción total de oro crece históricamente al +1,8%/+3,0% anual, por lo que (descontando su uso industrial) la oferta de dinero oro crecería alrededor del +1%/+2% anual. Con los aumentos de productividad y de la economía real existentes, el poder adquisitivo del dinero no dejaría de aumentar, y el nivel general de precios caería secularmente al -1%/-2% anual, con lo cual la retribución de todos los factores de producción aumentaría en términos reales, mejorando su poder adquisitivo y bienestar.
Pero el mundo actual ya no cuenta ni con dinero mercancía ni con dinero provisto en libertad. Es decir, el dinero ya no es más el oro espontáneamente elegido por el público. Al mismo tiempo, el público no puede acceder al dinero que elegiría espontáneamente. El dinero ya no es privado, sino que es provisto coercitivamente y en forma monopolística por el Estado. La moneda tampoco es dinero mercancía: ya no hay respaldo de ningún tipo, mucho menos metálico. Hay un sistema monetario, bancario y financiero que domina al 99.5% de los países y se encuentra montado sobre dinero “Fiat” y a partir de un sistema de reserva fraccionaria.
¿Qué significa “dinero Fiat”? Que su uso es impuesto por decreto; es decir, del curso legal y obligatorio, o sea, de una imposición ejercida a partir de la violencia física del Estado. El dólar, el euro, el yen, la libra, el real, el sol peruano, el peso y todas las monedas son dinero Fiat; es decir que los agentes económicos no las eligen, los Estados los obligan por ley a usarlas. ¿Cómo? ¿Por qué? Porque esos Estados, al tiempo que imponen por la fuerza sus monedas Fiat, prohíben a los agentes privados hacer transacciones comerciales, económicas y ahorrar en oro y plata. Esta prohibición tiene por objetivos eliminar la competencia para sus monedas Fiat y asegurar que la casta política, al mando de la única fuente de creación de dinero, pueda obtener su renta monopolística excepcional, que no es otra que el señoreaje y el impuesto inflacionario.
Un breve repaso de nuestro sistema bancario:
El Banco Central de la República Argentina tiene el monopolio exclusivo de la emisión de papel moneda
Los bancos privados operan con un sistema de encajes fraccionarios, esto es, solo disponen de una parte del dinero que los ciudadanos o las empresas depositan y utilizan el resto para ofrecer préstamos.
El Banco Central opera como prestamista de última instancia, es decir, en caso de peligrar un banco privado (por ejemplo, porque todos los depositantes retiran su dinero al mismo tiempo), el primero puede rescatarlo mediante la inyección de dinero.
Cuando se emite dinero nuevo, su efecto inflacionario no es inmediato; esto permite a quien primero accede a él (es decir, al mismo Banco Central) comprar dinero “fuerte” (por lo general dólares) al precio que existía antes de la emisión.
El encaje fraccionario es una prebenda que el Estado y sus burócratas le otorgan a los banqueros comerciales, que no son otra cosa que sus socios inmorales y sus cómplices solidarios. Algún lector desprevenido puede pensar que estamos exagerando. Para desgracia de todos nosotros, no es así.
Algunas preguntas y respuestas para visualizar este fenómeno en toda su dimensión. El Estado les otorga a los banqueros una prebenda para que ellos también puedan crear dinero de la nada. ¿Por qué una prebenda? Porque el Estado permite que los banqueros puedan permanecer al margen de la ley, violando nuestra propiedad privada. Los burócratas del Estado permiten que los banqueros hagan negocios y ganen dinero con nuestra plata y sin nuestro consentimiento; y como si fuera poco, libres de riesgo. ¿Por qué con nuestra plata y sin consentimiento? Porque el Estado permite que los banqueros ganen dinero prestando el que les dejamos en guarda, es decir, avasallando nuestra propiedad. Hay que tener bien claro que los depósitos a la vista no son préstamos que les hacemos a los bancos, ya que no hay ninguna transferencia intertemporal del bien y, al mismo tiempo, tenemos disponibilidad permanente de nuestro dinero. En consecuencia, ese dinero debería estar encajado permanentemente al cien por ciento. Cualquier otro encaje menor e intermediación financiera emergente de dicha reserva parcial, no es otra cosa que una violación a la propiedad privada y un delito. Los banqueros ganan dinero espuriamente con nuestro dinero. ¿Por qué libres de riesgo? Porque el Estado, a través del Banco Central, actúa de prestamista de última instancia, asegurando que los banqueros no solo nunca vayan a perder dinero, sino impulsándolos a crear más y más depósitos, con el objeto de que den el mayor crédito posible. No se penaliza el crédito otorgado en forma irresponsable, todo lo contrario: se lo incentiva, asegurando evitar quiebras y socializar pérdidas. O sea, el Estado, el Banco Central y sus burócratas potencian al máximo el negocio bancario, lo cual demuestra que son socios y cómplices. ¿Por qué socios y cómplices? Porque el Estado y sus burócratas permiten a los banqueros hacer negocios y ganar dinero espuriamente violando nuestra propiedad privada solo a cambio de un porcentaje participativo en las ganancias. Parte del crédito espuriamente creado a partir de avanzar sobre nuestra propiedad privada en forma de depósitos dejados en guarda debe volver al sector público en forma de financiamiento de gasto público y/o cualquier delirio fiscal de la casta política.
c) Una estafa monumental
El Estado, el BCRA, sus burócratas y los banqueros son socios inmorales y cómplices inmorales, porque ambos ganan dinero a partir del mismo negocio, que no solo es espurio, sino que es a expensas de terceros. Es espurio porque consiste en falsificar dinero: inventarlo de la nada misma. Es a expensas de terceros, porque el retorno de negocio surge a partir de estafar a los privados. El Estado y el BCRA, a partir de la creación primaria (base monetaria) y los banqueros por medio de la creación secundaria (multiplicador monetario del dinero), ganan dinero con el señoreaje y por medio del impuesto inflacionario que cobran al sector privado. Burócratas y banqueros crean dinero de la nada y luego lo gastan, lo cual le otorga tanto al gobierno como a la industria bancaria un poder descomunal.
El Estado y los burócratas tienen este descomunal poder en base al monopolio de la fuerza, de la ley y del castigo del Estado. Los bancos, que son empresas privadas, obtienen este beneficio gracias a un extraordinario privilegio concedido por el Estado: la licencia para crear dinero a través de los sistemas Fiat y de reserva fraccionaria con los que operan. Del otro lado, los agentes privados indefensos. Es un juego de suma cero. Unos pocos ganan a expensas de muchos. Políticos, burócratas y banqueros estafan a los productores privados.
La emisión de este dinero “mágico”, sin respaldo, es una estafa como pocas. Por tres razones: primero, el gobernante falsifica dinero para cobrar impuesto inflacionario, que es el peor impuesto de todos, porque no se puede evadir, lo cual lo convierte en el instrumento más perfecto para que el gobernante expolie la propiedad privada de sus gobernados. Segundo, porque falsificando dinero el gobernante perjudica en mayor medida a los pobres. Tercero, y más grave de todo, la falsificación de dinero distribuye ingresos desde los gobernados hacia el gobierno.
El nuevo dinero fraudulento no tiene función social: solo es ventajoso para unos a expensas de otros. Ganan los que llegan temprano al dinero, pierden los que llegan tarde. ¿Quién llega primero? El burócrata del Estado llega primero al dinero recién emitido. Esto multiplica instantáneamente la cantidad de dinero físico, pero los precios suben un poco más tarde. Los gobiernos inyectan el nuevo dinero fraudulento para pagar sus gastos cuando los precios todavía no han subido, lo cual implica un beneficio neto en favor de los burócratas. Poco después, dado que hay más dinero y es fraudulento porque no tiene respaldo, su poder adquisitivo comienza a deteriorarse. Cada vez se necesita más dinero para adquirir la misma cantidad de bienes y servicios. Los agentes económicos privados, que recibimos el nuevo dinero fraudulento más tarde y cuando los precios ya subieron, perdemos. Claramente, los políticos son los grandes beneficiados por la emisión de dinero fraudulento, mientras que los agentes económicos privados somos los grandes perjudicados.
Si la emisión de dinero fuera fuente de prosperidad real, todos nos dedicaríamos a fabricarlo y todas las monedas serían aceptadas. Pero este mundo de fantasía no existe. La emisión de dinero fraudulento solo trae inflación. Si la falsificación proviniera solo de una banda de rufianes, su daño macroeconómico sería nulo. Pero la falsificación proviene del gobierno, que tiene el monopolio de la emisión. Por eso el daño es incalculable. Esta falsificación es legal y no tiene castigo. El gobierno tiene incentivos para emitir cada vez más. Así, la inflación está condenada a subir. El público se saca de encima el dinero cada vez más rápido, intentando gastarlo antes que pierda su poder adquisitivo, lo cual potencia la inflación.
d) ¿Cómo justifican la estafa?
En la Argentina (y en otras partes del mundo) existe todo un andamiaje educativo tendiente no solo a ocultar toda la realidad que explicamos más arriba, sino también a adoctrinar en el sentido contrario. La educación pública, ya sea de gestión estatal o de gestión privada, busca inculcarnos que la moneda debe ser cien por ciento estatal y monopólica. Se nos adoctrina en la religión del Estado desde pequeños, enseñándonos que los políticos gobiernan para el bienestar general, y que el dinero es algo demasiado importante para ser dejado en manos de los privados. Se nos enseña que el dinero solo puede ser estatal y monopólico porque es soberanía.
Sostener que el dinero estatal y monopólico hace a la soberanía es una de las mentiras más inmorales que escuchamos desde pequeños. Ese dinero es funcional a un Estado más grande y a un negocio mayor para la política y sus burócratas, lo cual implica mayor impuesto inflacionario, más violación a la propiedad privada, menos ahorro, inversión, acumulación de capital, crecimiento y prosperidad. En suma: menos soberanía. Todo lo contrario de lo que nos enseñaron. La soberanía no pasa por tener la cara de San Martín en los billetes, sino por una economía que crece, que ofrece prosperidad y libertad.
También nos mienten cuando nos enseñan que si el dinero no fuera estatal habría menos crédito, subiría la tasa de interés y por ende bajaría la tasa de crecimiento. De acuerdo con este mito, evitar que el BCRA y los bancos creen dinero de la nada hará subir la tasa y lesionará el crecimiento. Pero es una ficción que ante la escasez de ahorro genuino se pueda inventar crédito expandiendo artificialmente la oferta y bajando la tasa. La inversión nunca puede ser mayor que el ahorro voluntario de la sociedad. El ahorro y la inversión siempre terminan siendo idénticos. La inversión está obligada a converger en la cantidad de ahorro genuino que haya, mucho o poco. Cuando los bancos inventan crédito y financian inversión por encima del ahorro existente, los empresarios tienden a invertir mal, en proyectos desproporcionados que tarde o temprano son liquidados, obligando a la inversión a converger en los niveles de ahorro genuino y voluntario que hayan en el sistema.
e) Desarmando el mito
¿Se entiende ya que es mentira que el sistema de encaje fraccionario impulse la inversión y el crecimiento? También es falso que el crédito desaparecería en un sistema monetario en el cual todo el dinero estuviera respaldado al cien por ciento, tanto la base monetaria como los depósitos a la vista. Al contrario, seguiría habiendo crédito, pero esos fondos estarían previamente ahorrados en forma voluntaria por otros agentes económicos; no serían ficticios. Al estar previamente ahorrado, el crédito garantizaría que se mantuvieran coordinadas la oferta y la demanda de bienes presentes y futuros en el mercado, evitando los profundos desajustes que el actual sistema bancario produce y que, en última instancia, generan los booms artificiales, los procesos inflacionarios y las posteriores crisis y recesiones económicas recurrentes.
Bajo un sistema monetario sin dinero “Fiat” y con encajes del 100% se seguiría prestando aquello que se ahorre, pero con la gran diferencia de que lo ahorrado tendería a invertirse de manera proporcionada y correcta. Y si bajo ese sistema hubiese proyectos de inversión o empresariales con dificultades para financiarse, ello demostraría que el sistema goza de salud y genera anticuerpos. Serían esos mismos proyectos que bajo el sistema actual encuentran financiamiento, pero están condenados a quebrar y ser liquidados. Un sistema sin dinero FIAT y con encajes del 100% tiende a bloquear a tiempo los proyectos no rentables.
En cuanto al tipo de interés, también es mentira que si se deja de lado el actual sistema la tasa de interés subirá. ¿Por qué? Porque el tipo de interés depende de las valoraciones subjetivas de preferencia temporal de los agentes económicos, que no tendrían por qué verse alteradas por el hecho de pasar a un sistema monetario, bancario y financiero como el que propongo. Llamémosla, para mayor comodidad, la reforma Giacomini-Milei. Por el contrario, en un sistema como el propuesto por esta reforma, el tipo de interés tiende a ser siempre bajo.
De acuerdo con los lineamientos de la escuela austríaca, la tasa de interés cuenta con tres componentes básicos: i) tasa de preferencia social intertemporal; ii) inflación o deflación esperada; iii) riesgo relativo al negocio y si se quiere, se podría agregar un cuarto; iv) beneficio empresarial puro. Claramente, ninguno de estos componentes es afectado hacia la suba por el establecimiento de un sistema de encaje del 100%. De nuevo: es falso que nuestra propuesta incremente la tasa de interés.
Al contrario: en el caso de Argentina, en particular, la reforma Giacomini-Milei conduciría a una baja de la tasa de interés. ¿Por qué? Porque al quitarle financiamiento al estado, obliga a una disminución de su tamaño y a la consecuente desaparición del déficit fiscal. Menor Estado y desaparición del déficit fiscal significan más ahorro, lo cual implica una baja de la tasa de preferencia social intertemporal y reduce el primer componente de la tasa de interés. Paralelamente, con nuestra reforma el poder adquisitivo del dinero no solo dejaría de caer, sino que incluso podría aumentar, con lo cual el segundo componente de la tasa de interés también se reduciría. Este segundo componente del tipo de interés podría pasar a cero o incluso negativo, con lo cual la tasa de interés estaría cayendo no solo por su primer componente, sino por su segundo también. Es más: pasado el tiempo, y tras un período sin recesiones económicas, el tercer componente de la tasa de interés (riesgo del negocio) también tendería a reducirse.
Por lo tanto, podemos concluir que, en lo que se refiere al tipo de interés, no existe base teórica alguna para suponer que sería más elevado que en la actualidad. Al contrario, existen poderosos argumentos para considerar que tanto en términos reales como en términos nominales, la reforma Giacomini-Milei bajaría los tipos de interés de mercado. En consecuencia, con esta reforma habría más ahorro, menor tasa de interés, más inversión, mayor formación y acumulación de capital y en consecuencia, mayor crecimiento del PBI, más prosperidad individual y más progreso en la Argentina.
f) Una propuesta para terminar con el monopolio estatal en la creación de moneda
El adoctrinamiento mentiroso en la religión del Estado, que empodera a la política y sus burócratas, no termina aquí. También se nos enseña que “solo con una moneda monopolísticamente provista por el Estado, la cantidad de dinero puede crecer al ritmo que la economía necesita.” Mentira en varios niveles: para empezar, no hay una cantidad óptima de dinero, y por ende, tampoco una tasa de crecimiento óptima de la cantidad de dinero. Más adelante, con buena teoría, explicaremos por qué. En realidad, toda masa monetaria es utilizada en toda su extensión; la única diferencia es que el nivel general de precios variará para cada volumen diferente de cantidad de dinero.
Más grave aún es afirmar que “solo el Estado tiene la capacidad de hacer crecer la cantidad de dinero al ritmo que la economía necesita”: esta es una mentira destinada a ocultar el negocio de los políticos, burócratas y banqueros asociados. Se origina en el hecho de que los agentes económicos parecen no concebir un entorno distinto que la realidad inflacionaria actual, y piensan que no es posible el desarrollo económico sin cierta tasa de expansión crediticia e inflación; y también es falso. No solo es falso sino inmoral, porque la expansión crediticia y la inflación son las fuentes del negocio que tanto los banqueros como los políticos hacen a expensas de nosotros.
La reforma Giacomini-Milei, al proveer la moneda en libertad y dejar que —en línea con el Teorema de la Regresión Monetaria de von Mises— los agentes económicos elijan espontáneamente el dinero, cambia por completo el paradigma. Si eligieran el dólar como moneda, esto aseguraría un permanente crecimiento de la demanda de dinero. Dado que nuestra reforma monetaria, bancaria y financiera iría acompañada con reformas estructurales y con un achicamiento del Estado, se produciría una remonetización de la economía por repatriación de dólares y aumento del ahorro genuino. Esto provocaría una expansión de la oferta y la demanda de dinero, con lo cual la estabilidad de su poder adquisitivo estaría garantizado. La economía crecería vigorosamente. Más adelante en el tiempo, y dado que el dólar es un bien escaso, podría aparecer un aumento del poder adquisitivo del dinero, porque la producción de bienes y servicios crecería a un ritmo superior a la cantidad del mismo. El nivel general de precios podría disminuir, bajando la cantidad de dinero que se necesitaría para comprar bienes y servicios. La retribución de todos los factores aumentaría en términos reales, lo cual sería positivo para incentivar el crecimiento económico estable. En definitiva, esta reforma no traería ningún problema en cuanto a la cantidad de dinero y su impacto sobre el crecimiento económico. Todo lo contrario, nuestra reforma propulsaría la estabilidad del mercado monetario, con un poder adquisitivo del dinero fuertemente estable, que hasta podría transformarse en una suave deflación, que propulsaría un crecimiento económicos estable y sostenido con bajas tasas de interés.
Dado que nuestra propuesta apunta a desarmar la asociación inmoral entre políticos, burócratas y banqueros, dirán que esta propuesta atenta contra el negocio bancario. Sería otra mentira para proteger sus privilegios de casta. No es cierto que los bancos perderían su principal negocio y fuente de ingresos. Lo que perderían es el señoreaje, el impuesto inflacionario y la posibilidad de crear dinero y crédito sin respaldo de ahorro genuino. Esto impediría que se sobreexpanda la oferta monetaria total, generando ciclos de auge y depresión.
Los bancos seguirían teniendo activas todas sus unidades de negocio. Por un lado, seguirían contando con su banca de depósitos a la vista (con un coeficiente del 100%), por lo cual podrían cobrar un precio mensual. Este servicio podría combinarse con la prestación de otros servicios, como pagos, tarjetas, transferencias, y completarse con la custodia y gestión de valores mobiliarios, alquiler de cajas y cofres de seguridad, etcétera. Paralelamente, la intermediación financiera y el negocio de tomar dinero a una (inferior) tasa de interés pasiva y prestar a una (mayor) tasa de interés activa también continuará. Y como si todo lo anterior fuera poco, la miopía de esta potencial crítica radica en su análisis estático: no entiende que la función empresarial es permanente dinamismo y en consecuencia no contempla que los banqueros pueden desarrollar toda una serie de nuevas actividades, totalmente legítimas, que apunten a atender necesidades de los consumidores.
g) ¿Por qué nadie quiere discutir una reforma?
El mercado monetario y el mercado financiero, en Argentina y en todo el mundo, son los que sufren la mayor intervención estatal. Los bancos centrales y sus regulaciones monetarias y financieras son lo más cercano a la planificación soviética que queda en el siglo XXI. ¿Por qué no lo vemos? ¿Por qué casi nadie lo plantea? ¿Por qué no es tema de discusión?
Porque la teoría monetaria, bancaria y del crédito es una de las áreas del conocimiento donde el adoctrinamiento es más invasivo. ¿Y cómo no? Después de todo, la emisión de dinero constituye la mayor fuente de poder para la casta política y sus cortesanos asociados. No puede sorprender que no escatimen esfuerzos para legitimar su mayor fuente de poder. Y tengamos presente que no hay mayor base de legitimación que el propio convencimiento. Por lo tanto, el aparato educativo construido para legitimar la idea que el dinero puede y debe ser solo estatal es de los más potentes. Solo se compara con las educaciones religiosas más dogmáticas.
¿Puede sorprender que ni los economistas más liberales planteen que la moneda debe estar exenta de intervencionismo estatal, como lo hacen para todos los restantes mercados? Por el contrario, cada vez que surgen problemas monetarios, ya sea en el escenario internacional como en el doméstico, los economistas liberales proponen más intervención gubernamental en la esfera monetaria. El escenario monetario y macroeconómico de 2020 es un gran ejemplo en este último sentido, tanto a nivel nacional como internacional.
Toda discusión monetaria está enmarcada dentro de un fuerte contexto de intervencionismo estatal, que empodera a los burócratas de turno. Las discusiones o debates monetarios se nutren de frases muy elocuentes en este sentido: el BCRA debe emitir o no emitir; el BCRA debe bajar o subir la tasa; la autoridad monetaria debe colocar más LELIQ o pagarlas; el Banco Central debe estimular el crédito; la autoridad monetaria debe orientar el crédito hacia sectores productivos; etcétera. Todas estas frases se multiplican hasta el infinito. A nivel internacional tampoco son muy diferentes las ideas. En términos generales, se propone que la Reserva Federal de EEUU debe volver a coordinar con el Banco Central Europeo, el Banco Central Inglés y el Banco Central Japonés políticas generales de salvataje, de recompra masiva de deuda, de operaciones de mercado abierto que inyecten grades dosis de liquidez. Según los banqueros, cortesanos y políticos, debe haber políticas de tasa de interés 0% que estimulen el crédito y financien las políticas fiscales expansivas. Hace falta un nuevo Q4; un Q5. Hay que replicar lo que se hizo después de la crisis de Lehman Brothers en 2008. En definitiva, se propone cada vez más intervencionismo, dirigismo y planificación monetaria y financiera central. Es decir, tanto a nivel doméstico como en el plano internacional se propone como solución el origen de todos los problemas. Así, el socialismo económico, monetario y financiero va ganando volumen.
A muy pocos economistas se nos ocurre plantear que hay que dejar el dinero librado al mercado. Muy pocos se animan a decir que hay que cerrar el Banco Central y eliminar el prestamista de última instancia, y que el dinero debe ser provisto en libertad y la moneda debe ser elegida espontáneamente. También muy pocos proponen que la banca debe ser libre y que toda la legislación monetaria y financiera actual debe ser eliminada, obligando a los bancos a atenerse a derecho, estableciendo un encaje del 100% que evite que los bancos comerciales (privados y públicos) creen dinero, depósitos y créditos artificiales sin contrapartida de (mayor) ahorro genuino.
En el último capítulo de este libro presentamos la propuesta Giacomini–Milei para la Argentina. Podría ser considerada una propuesta prima hermana de la que el profesor Jesús Huerta de Soto hace para la economía mundial. Ambas se enmarcan en del pensamiento económico y monetario de la escuela austríaca, y se encuentran en las antípodas de lo que enseña el mainstream económico.
h) Por qué la creación del BCRA fue inmoral
La visión monetaria del mainstream económico no solo es un error intelectual sino que (mucho más importante) está peleada con la moral. Conlleva una fuerte pérdida de libertad y, por ende, de prosperidad para los individuos. Es la moral la que determina, primero y antes de todo, el diseño de las instituciones. Después surgen los diagnósticos, se delinean las políticas y se obtienen los resultados.
Y bien: el BCRA es un ejemplo de cómo la falta de moral crea una institución inmoral, que conduce a pésimos resultados. En 1935 el BCRA se creó para disolver definitivamente la caja de conversión y suprimir la conversión automática al oro del peso nacional. Junto a esta inconvertibilidad del peso, se autorizó a emitir moneda nacional con respaldo de documentos comerciales, títulos del Tesoro y adelantos de recaudación impositiva. El objetivo de toda esta operatoria era interrumpir el fuerte proceso de valorización de la moneda argentina (para favorecer la exportación), que hacía años que se fortalecía como resultado del ingreso masivo de capitales al país, que era considerado refugio internacional en el difícil período de entreguerras.
En pocas palabras, el BCRA constituyó en su origen una corporación formada por el gobierno y los bancos particulares (4). Los resultados hablan por sí solos. Sin BCRA, la inflación ascendió a +3,4% promedio anual entre 1884 y 1934. Con BCRA mixto, la inflación (+6,0%) promedio anual se duplica entre 1935 y 1946. Con BCRA nacional y popular, la inflación promedio anual salta a +224,7% entre 1946 y 1991, incluyendo dos hiperinflaciones (1989 y 1991) sin guerras. Sin BCRA y con la Convertibilidad ya en funcionamiento pleno (5), la inflación bajó a +2,8% promedio anual entre 1992 y 2001. Posteriormente, luego de salir de la Convertibilidad y recuperar el BCRA nacional y popular, la inflación recupera su tendencia alcista en forma sostenida, pasando de +9,4% (Néstor Kirchner) a +19,8% (CFK I); +28,3% (CFK II) y +41,1% (Macri) promedio anual a lo largo de cuatro mandatos presidenciales. Punta a punta, la tasa de inflación promedio anual asciende a +25,1% entre 2002 y 2019 (6).
La creación del BCRA, que analizaremos en detalle más adelante en este libro, y los resultados obtenidos, no pueden sorprender. Por el contrario, el BCRA es tan solo un ejemplo más de un fenómeno que ha sido la regla a lo largo de la historia. Los gobiernos siempre se han preocupado por controlar la moneda en forma férrea. ¿Por qué? Porque los burócratas de los gobiernos siempre se enriquecieron y ganaron poder a partir del control de la creación del dinero. Primero se preocuparon por controlar la acuñación privada, lo cual les permitía lucrar con el señoreaje. Más tarde perfeccionaron la estafa y se hicieron del monopolio de la emisión, con lo cual potenciaron la estafa del impuesto inflacionario. Pero esto es tan solo una parte del “asunto”. Además, está el proceso de creación secundaria del dinero (bancario), que surge de la intermediación financiera y es más potente que la creación primaria de dinero (base monetaria).
La creación de dinero bancario, que supuestamente está controlada por los gobernantes de turno, es en realidad un proceso de monetización que surge de la asociación inmoral y la complicidad solidaria entre burócratas del Estado y banqueros. Ambos jugadores se enriquecen conjuntamente a partir de avanzar contra la propiedad privada de los depositantes que dejan su dinero en guarda en depósitos a la vista. Los políticos respaldan la actividad irregular de los banqueros, les conceden exenciones y privilegios para no encajar el 100% de los depósitos a la vista y crear (ganar) dinero artificial a cambio de que una porción del botín vuelva en forma de financiamiento de gasto público, colocación de deuda y/o pago de favores por debajo de la mesa.
La asociación existente entre Banco Central y bancos comerciales está presente en todos los países del mundo y en todos lados es tan grosera que en ningún país se la menciona, discute o debate. Vale la pena traer a colación lo acontecido en EEUU en 1993. Aquel año, el tejano Henry B. González presentó un proyecto de ley para abrir el Banco Central al escrutinio público. El proyecto de ley de González requería auditorías independientes completas de las operaciones del Banco Central, grabar en video las reuniones del comité de política monetaria y la divulgación de informes detallados de esos encuentros en el plazo de una semana. Además, se planteaba que los presidentes de los Bancos de la Reserva Federal fueran elegidos por el presidente de los Estados Unidos en lugar de, como son ahora, por los bancos comerciales de las 12 respectivas regiones.
Obviamente, el proyecto nunca se transformó en ley. Los bancos comerciales no solo fueron los principales detractores del proyecto de ley, sino que se convirtieron en los máximos operadores en su contra. De hecho, el New York Times del 12 de octubre de 1993 escribió: “El Banco Central ya está trabajando entre bastidores para organizar batallones de banqueros que ahuyenten a aullidos los esfuerzos por politizar el Banco Central”. En otro párrafo, el New York Times de ese día sostenía: “El camino seguro para minimizar la inflación es que los banqueros privados nombren a los presidentes de los bancos centrales regionales. ¿Y por qué es el papel del banquero privado un camino tan seguro? Porque, según los funcionarios del Banco Central, los banqueros privados son a nivel mundial los enemigos más fieros de la inflación”
Los argumentos contra la ley se edificaron siempre sobre el mismo pilar: dicha ley atentaba “contra la independencia del Banco Central, constituyendo esto una seria amenaza contra su lucha contra la inflación”. No sorprende que el 8 de octubre de 1993 el New York Times escribiera: “Las reformas de González, podrían ser vistas por los mercados financieros como debilitadoras de la capacidad del Banco Central para combatir la inflación”. Es decir, los bancos comerciales estaban en contra de minar la independencia del Central, porque dicha acción sería inflacionaria.
El mismo New York Times del 14 de octubre de 1993 levantaba las declaraciones de Alan Greenspan (titular de la Reserva Federal de EEUU), quien explicaba: “La falta de obligación de dar cuentas del Banco Central es un precio pequeño a pagar por evitar dejar la conducción de la política económica bajo la influencia cercana de políticos sujetos a la presión inflacionaria del ciclo electoral de corto plazo”.
En pocas palabras, se podría decir que los bancos comerciales son los principales sostenedores de la independencia de los bancos centrales basándose en la curiosa letanía que sostiene que “el público, en definitiva, está desesperadamente necesitado del control absoluto sobre el dinero por parte del Banco Central para ser salvado de sí mismo y de sus lujuriosas tentaciones proclives a la droga de la inflación”. Según este planteo, vivimos en sociedades con una fuerte adicción a la inflación, mientras el Banco Central, protegido por sus aliados los banqueros, va solo a la guerra antiinflacionaria como si fuera un incomprendido Don Quijote.
Este planteo es como mínimo curioso. De acuerdo con nuestra visión, esta lógica es hipócrita y encubridora de la verdad. Como ya dijimos, los mercados monetarios y financieros son los más intervenidos y regulados en todas las economías. Sin embargo, los regulados están luchando en favor del poder del regulador. Los bancos comerciales plantean que es imprescindible la devoción al Banco Central. ¿Alguien puede imaginar a empresas privadas alimenticias o laboratorios privados luchando por defender y otorgar poder absoluto a las agencias nacionales que los controlan y regulan? Claramente, no. Por el contrario, ¿no sería más sensato esperar que los bancos, como cualquier regulado, quisieran que el poder de su regulador, Banco Central, disminuyera?
También cabe preguntarse: ¿es verdad que los bancos centrales son los grandes luchadores contra la inflación? La respuesta es contundente: no. Ya hemos mostrado que no es cierto para el caso del BCRA, pero tampoco es verdad para el caso de la Reserva Federal de EEUU. Sin Reserva Federal, en EEUU la inflación promedió -1,0% entre 1866 y 1913. Luego, con el sistema de Reserva Federal, la inflación se cuadriplicó saltando a un promedio anual de +3,2% entre 1913 y 2018. En pocas palabras, hay más inflación con Banco Central que sin Banco Central.
Ahora bien, la inflación es un fenómeno 100% monetario. Los bancos centrales son la fuente monopólica creadora de dinero primario. Además, el Banco Central regula férreamente a los bancos que son la fuente creadora de dinero secundario. ¿Entonces quién es el responsable de la desgracia de la inflación? Simple, primero y principal, los bancos centrales que crean base monetaria y regulan férreamente la creación secundaria del dinero bancario. Luego, en segundo lugar, los bancos comerciales que multiplican dinero artificial sin respaldo.
En pocas palabras, la propaganda sostenida por los bancos comerciales de que el Banco Central nos protege de la inflación es una gran mentira, una de las mayores estafas del mundo de la ciencia económica. En realidad los bancos centrales y (sus socios) los bancos comerciales son como los ladrones que, luego de asaltar, se ponen a gritar “¡detengan al ladrón!” mientras van huyendo. Los burócratas y los banqueros son parte del mismo negocio.
La mentira es tan grande, que inclusive la independencia del poder político tampoco es 100% estrictamente cierta. Si planteamos una escala que va desde el blanco (total independencia) al negro (total dependencia política), los bancos centrales están en la zona de los grises. La falta de independencia total queda expuesta por el hecho de que los bancos centrales siempre procuran de investirse a sí mismos de un halo de misterio. Obviamente, hay grises claros, intermedios y más oscuros. Claramente, el BCRA es negro.
Al fin y al cabo, los bancos centrales, aunque lo nieguen, también tienen relaciones con el poder. El manejo del dinero no es solo una fuente de enriquecimiento para los burócratas, sino también constituye un instrumento que se utiliza para ganar elecciones y perpetuarse en el poder. A veces se utiliza, muy pocas veces no se lo usa. Depende de los jugadores y de la coyuntura económica y política. La creación de moneda y crédito artificial genera un ciclo económico en el cual hay una primera etapa de boom artificial que ayuda a ganar elecciones y es funcional al burócrata in office, pero luego sigue inexorablemente una fase recesiva que paga el sector privado como menor producción y generación de riqueza.
Pero más allá de todo, hay que entender que lo más grave de la intervención monetaria es que ensucia el proceso de la acción humana (en el sentido de von Mises). Y dado que la acción humana es el motor del desarrollo del ser humano y de la civilización, el control gubernamental del dinero atenta contra la fuerza y velocidad del desarrollo de la civilización, beneficiando a los que no producen en detrimento de los que generan riqueza y ejercen la función empresarial en el sistema de cooperación social llamado mercado. ¿Por qué? Porque la función empresarial, que consiste en identificar fines y medios que tiendan a satisfacer necesidades humanas y permitan coordinar desajustes sociales, casi siempre involucra intercambios (entre individuos) voluntarios de bienes y servicios que se pagan en dinero.
Por eso, en este marco, nosotros planteamos que el sistema monetario actual no solo es nefasto, sino que representa un paradigma socialista que atenta contra el individuo, su prosperidad y su vida en una sociedad libre. Los bancos centrales son verdaderos órganos soviéticos de planificación central monetaria (financiera) que no solo actúan en beneficio de un grupo pequeño y en detrimento de todos los restantes individuos que conforman la sociedad, sino que están condenados a fracasar.
Las autoridades monetarias gubernamentales no están en condiciones de hacerse de la información necesaria para pensar y aplicar la política monetaria más adecuada para cada momento. En este sentido, con los Bancos Centrales sucede lo mismo que con los viejos órganos de planificación económica soviética que, como explicaron Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek, no podían organizar económicamente la sociedad en base a mandatos coactivos, dado que nunca podían hacerse con la información que se necesita para dar un contenido coordinador a sus mandatos.
Por otra parte, el argumento de que “casi todos los países del mundo tienen Banco Central” no es una construcción lógica válida. Con un solo ejemplo es fácil de visualizar: nos paramos a fines del siglo XVIII y/o comienzos del siglo XIX y argumentamos: “Todos los países del mundo, incluso los más civilizados y desarrollados, tienen esclavitud; es bueno tener esclavitud, ergo; hay que tener esclavitud”. Claramente, nadie está a favor de la esclavitud a comienzos del siglo XXI. La realidad histórica ha demostrado en forma contundente (gracias a Dios) que la esclavitud está muy lejos de ser el mejor sistema de organización de la producción y de la sociedad. Estamos convencidos que sucede exactamente lo mismo con una organización monetaria construida a partir de un Banco Central estatal y monopólico (que emite moneda fiduciaria), y que actúa de prestamista de última instancia de un sistema bancario con encaje fraccionario.
En este marco, pensamos que el Banco Central y el sistema de encaje fraccionario son el corazón y la causa del problema. No hay que luchar por la independencia del BCRA. Hay que luchar para cerrar el BCRA. No necesitamos que los bancos den más crédito. Necesitamos que el crédito que den los bancos tenga respaldo en ahorro genuino. O sea, necesitamos que los bancos comerciales dejen de dar, de una buena vez y por todas, crédito inventado desde la nada misma. El crédito bancario inventado a partir del sistema de encaje fraccionario es un gran negocio para los banqueros y políticos, cuyos costos son pagados por toda la sociedad, afrontando burbujas y booms artificiales insostenibles, que inexorablemente deben ser seguidos de recesiones y/o crisis deflacionarias. Con el Banco Central, que emite dinero monopólico sin respaldo y actúa de prestamista de última instancia, y el sistema de encaje fraccionario hacen grandes negocios los políticos, burócratas y banqueros. Del otro lado estamos nosotros los agentes económicos privados, que pagamos su fiesta sucesivamente con impuesto inflacionario, mala inversión, proyectos de inversión destinados a fracasar, nivel de actividad insostenible, recesión, quiebras, crisis y deflación.
En pocas palabras, la política, sus burócratas y cortesanos asociados hacen negocios de corto plazo debido a la actual arquitectura del sistema monetario, bancario y financiero. Del otro lado, los agentes privados pagamos dichos negocios en el largo plazo, afrontando el ciclo económico de boom&bust generado por el dinero y el crédito fraudulento artificial que el sistema monetario, bancario y financiero genera en beneficio de la asociación inmoral y la complicidad solidaria existente entre políticos, burócratas y banqueros.
Por consiguiente, hay que plantearse preguntas como: ¿Puede organizarse un sistema monetario ajustado al principio de la libertad? ¿Podemos tener un mercado monetario totalmente libre, tal como existe para una gran cantidad de otros bienes y servicios? ¿Puede organizarse un sistema monetario sin Banco Central y sin sistema de encaje fraccionario; y si así fuera, qué forma se le daría? Estamos convencidos que si queremos limitar el accionar de los gobiernos y evitar los avances fraudulentos de los burócratas contra nuestra propiedad privada, libertad y (en el extremo) vida, tenemos que estudiar, pensar y proponer alternativas en este sentido.
De hecho, en este libro propondremos una reforma monetaria y bancaria tendiente a establecer y organizar un sistema monetario que se ajuste a los principios de la libertad. En este sentido, tenemos dos opciones teóricas bajo las cuales delinear nuestra propuesta de reforma monetaria y financiera: la escuela austriaca o la escuela de Chicago.
La escuela austriaca propone eliminar el Banco Central y dividir el sistema financiero en dos, estableciendo un sistema bancario para los depósitos a la vista, y otro para los depósitos a plazo. El sistema bancario para depósitos a la vista, ateniéndose a derecho y entendiendo la esencia de los depósitos en cuenta y caja de ahorro, que son un contrato de guarda, mantiene un encaje del 100%. Por otra parte, el sistema bancario para depósitos a plazo, también entendiendo la esencia de este tipo de depósitos que son un contrato de préstamo, opera con encaje fraccionario y hace intermediación financiera, canalizando el ahorro hacia la inversión. El punto es que sin Banco Central, o sea, sin prestamista de última instancia, no se socializan las pérdidas de las malas decisiones financieras.
Por otro lado, la escuela de Chicago propone un planteamiento similar a la escuela austriaca en cuanto a la organización del sistema bancario y financiero, pero mantiene al Banco Central tutelando toda la organización monetaria. ¿Qué implica? Que los referentes de Chicago como Simons, Mints, Director, Kinight; Schultz; Douglas; Douglas y Angells comprenden los problemas que trae aparejado el sistema de encaje fraccionario y la creación secundaria del dinero, pero siguen creyendo que los burócratas del Estado deben velar por la administración de la cantidad de dinero del mercado. Es decir, pretenden reducir la expansión monetaria vía multiplicador, pero continúan dejando la creación primaria de dinero fiduciario en manos del Banco Central y sus burócratas de turno, ignorando que los gobiernos y banqueros han sido socios a lo largo de toda la historia.
Nuestra propuesta de reforma monetaria y bancaria se enmarca dentro del paradigma de la escuela austriaca. ¿Por qué? Primero, porque los problemas monetarios se materializan a través de ambos canales, la creación primaria (base monetaria) y la creación secundaria del dinero (multiplicador monetario). Segundo, porque en Argentina es donde la creación primaria del dinero tiene más peso relativo en relación a la creación secundaria del dinero, ergo; no se puede dejar la emisión de base monetaria en manos de los burócratas del Estado, que siempre han emitido a mansalva para agrandar la base imponible y el producido del impuesto inflacionario. Tercero, porque los burócratas del Estado a cargo de los bancos centrales se han siempre asociado a los banqueros, brindándoles prebendas para estimular la creación secundaria del dinero a cambio de una parte de las ganancias provenientes de la intermediación financiera. Cuarto, porque en Argentina el peso no es reserva de valor, y en consecuencia siempre habrá corridas contra el sistema financiero, por consiguiente no puede haber prestamista de última instancia que socialice las pérdidas provenientes de las malas decisiones del sistema bancario y financiero.
En este marco, nosotros proponemos una reforma monetaria y financiera que elimine el BCRA y vire hacia una banca libre. La eliminación del Banco Central se terminará ejecutando estableciendo una libre competencia de monedas. La reforma bancaria y financiera establecerá dos tipos de bancos. Por un lado, habrá Bancos Almacén de Valor. Por el otro, operarán Bancos de Inversión.
En el tramo Almacén de Valor, las instituciones bancarias recibirán solo depósitos en guarda, con lo cual operarán con un encaje del 100% respetando las formas de derecho y la propiedad privada. No harán intermediación financiera, y sus ingresos provendrán solo de las comisiones cobradas por custodiar el dinero de sus depositantes. Por otra parte, el tramo Banca de Inversión operará con encaje fraccionario y sus ingresos provendrán de la intermediación financiera, pero sin BCRA que actúe de prestamista de última instancia, sus pérdidas no serán socializadas. Por el contrario, sus malas decisiones crediticias y financieras deberán ser asumidas con capital propio o con la quiebra.
Nuestra reforma monetaria y bancaria/financiera se instrumentaría en cuatro etapas. La primera etapa consistiría en separar la Banca Almacén de Valor y la Banca de Inversión. En esta etapa, los agentes económicos gozarían de un determinado tiempo para separar sus depósitos y distribuirlos entre los dos tipos de banca. El horizonte temporal de esta etapa sería establecido en función de la duración de la cartera crediticia de los bancos para minimizar el problema del descalce temporal. Luego de haber separado los dos tipos de bancos y cubiertos todos los desajustes monetarios y financieros (recordar que se trabaja con la duración promedio del sistema), en la segunda etapa se procede a eliminar toda regulación del sistema financiero.
Tercero, se lanza un sistema monetario de libre competencia de monedas en el cual los agentes económicos pueden elegir libremente cualquier moneda para hacer transacciones económicas y ahorrar. Cuarto, siguiendo el teorema de la regresión monetaria de von Mises (sostiene que una moneda se demanda básicamente porque se piensa que conservará su valor y poder adquisitivo) y la historia argentina, pensamos que los agentes económicos argentinos terminarán eligiendo al dólar norteamericano como dinero. Cuando esta (supuesta) dolarización tome lugar, se procederá a liquidar los activos y pasivo del BCRA, en donde los pasivos monetarios remunerados (LELIQ y Pases) terminarán siendo liquidados contra los créditos del BCRA contra el Tesoro, y la base monetaria irá contra las reservas de la autoridad monetaria.
En este contexto, nuestra reforma monetaria, además de defender la libertad de los individuos protegiendo su derecho a elegir y su propiedad privada, deja a los políticos sin la posibilidad de falsificar dinero y cobrar impuesto inflacionario. Se destierra la “maquinita” creadora de impuesto inflacionario. Paralelamente, nuestra propuesta deja a los banqueros sin la posibilidad de lucrar con nuestro dinero depositado en guarda, obligándolos a ser cuidadosos y responsables a la hora de prestar dinero el dinero de los plazos fijos, ya sus pérdidas deberán ser afrontadas con billetera propia y no socializadas por el BCRA. Además, se modera la creación de dinero bancario, con lo cual se reduce la creación de depósitos y crédito sin respaldo, minimizando el ciclo económico (booms artificiales seguidos de recesiones).
En este marco, se elimina la posibilidad de corrida bancaria y se crean condiciones iniciales para que aumente la cantidad de ahorro genuino. ¿Por qué? Porque si nuestra reforma monetaria y bancaria es acompañada con reformas estructurales de fondo que empiezan por una reforma del Estado que baje el gasto y los impuestos en forma permanente, gran parte del ahorro argentino en dólares volvería al sistema, propiciando un crecimiento exponencial del ahorro que se traduciría en baja (en serio) de la tasa de interés, con lo cual el crédito, la inversión, la acumulación de capital y el crecimiento podrían volar en Argentina. Más adelante en este libro vamos a ampliar la propuesta; pero antes, para entender cabalmente qué es el dinero y cómo funciona, conviene hacer un repaso de su historia.
3. Mises identifica tres motivos por los cuales la demanda de dinero puede modificarse, afectando el poder adquisitivo del dinero (valor de cambio objetivo). Primero, cuando determinados bienes son desmonetizados, o sea, pierden su demanda como dinero. Esto le sucedió a la plata a final del siglo XIX. Segundo, cuando los individuos suben su demanda de dinero como resultado de un aumento de la incertidumbre y por ende, una mayor aversión al riesgo. Esto es lo que sucede con las deflaciones post burbujas ocasionadas por la exuberancia monetaria y borrachera crediticia, como en Lehman 2008 y/o ahora en 2020. Tercero, aumenta la población, la producción y la extensión de los intercambios transaccionales. Claramente, esta es el motivo “estructural”.
4. Ver “Las raíces totalitarias del fracaso argentino” de Meir Zylberberg; Editorial Union
5. No se considera dentro del promedio a 1991, primer año de la Convertibilidad. La convertibilidad baja la inflación de 2314% (1990) a 84% (1991) en su primer año.
6. Los datos de Inflación se calculan a partir de los datos de INDEC hasta 2006. Se utiliza IPC Congreso en 2007/2016. Se vuelve a utilizar INDEC para 2017/2019.
2. LA HISTORIA DEL DINERO
a) Cómo se discutieron los modelos de sistema monetario
Tendemos a creer que el sistema monetario siempre funcionó como ahora. Es decir: con un Banco Central monopólico, casi siempre cien por ciento estatal, que falsifica papel moneda fiduciario sin respaldo, y un sistema bancario con encaje fraccionario que multiplica depósitos, crédito y dinero artificial sin ahorro genuino de respaldo. Pero no es cierto.
De hecho, el modelo de Banco Central oficial con monopolio de la emisión de dinero resulta de la discusión entre la Escuela Bancaria (Banking School) y la escuela monetaria (Monetary School) en el primer tramo del siglo XIX. La primera defiende el sistema de encaje fraccionario, la segunda se opone. Para los representantes de la Escuela Bancaria, el sistema de encaje fraccionario no solo tiene sólidos pilares teóricos y legales, sino que es beneficioso para el desarrollo económico de los países, porque facilita que el aumento de la oferta monetaria se adapte a las exigencias y necesidades del crecimiento del comercio internacional, la actividad económica y el aumento de la población. Dentro de sus principales referentes hay que citar a John Fullarton (1780-1849). En su libro titulado On the Regulation of Currencies (1844), Fullarton explica que el sistema de encaje fraccionario no tiene riesgos inflacionarios. La creación de dinero bancario no sería inflacionaria, porque los billetes emitidos por los bancos se introducen en el sistema económico en forma de préstamos, no en forma de pagos directos por bienes o servicios. De esta manera, cuando la economía “necesita” más medios de pago demanda más préstamos, y cuando necesita menos, los préstamos son devueltos a los bancos, por lo que la expansión crediticia no produce efecto negativo alguno en el sistema económico.
Para la Escuela Monetaria, representada principalmente por Robert Torrens, S.J. Lloyd, J.R. McCulloch y George W. Norman, la expansión crediticia, iniciada por parte del Banco de Inglaterra y potenciada por los restantes bancos del sistema inglés, era el origen de las recurrentes fases de auge y depresión que afectaban a la economía británica en las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XIX. Justamente, es la Escuela Monetaria la que concluye que hay que conceder el monopolio de la emisión (dinero de papel) a un Banco Central de carácter oficial. ¿Por qué? Para monitorear y controlar al sistema bancario de manera de minimizar los riesgos inflacionarios que emanan del sistema de encaje fraccionario de la escuela Bancaria. Toda una paradoja. La creación de los Bancos Centrales surge como una idea para evitar justamente lo que finalmente terminaron potenciando casi hasta el infinito: mega políticas de expansión monetaria y descontrol financiero.
b) Del trueque al dinero
Para entender la inmoralidad que representa un Banco Central es necesario entender cómo surgió el dinero y por qué debe volver a sus orígenes.
Como sabemos, las primeras sociedades se organizaron en torno al sistema de trueque. Cada bien tenía un precio de trueque en términos de todos los demás bienes y cada persona salía ganando cuando intercambiaba lo que necesitaba en menor medida por bienes que necesitaba más. Así surge la economía de mercado, montada sobre un entramado de intercambios mutuamente beneficiosos para todos. ¿Por qué tiene lugar un intercambio? Porque ambos lados de la transacción atribuyen más valor a lo que reciben que a lo que entregan; y justo por eso ambos lados se benefician. ¿Y por qué es posible el intercambio? Por la variedad que existe en los hombres y en los recursos. El igualitarismo no existe ni en la naturaleza ni en el ser humano. Esta gran variedad, al tiempo que vuelve posible el intercambio, conduce a la especialización. Si todos debieran ser autosuficientes, no existiría el comercio y, obviamente, nuestra calidad de vida sería muy inferior. Como dice Murray Newton Rothbard: “El intercambio es la sangre vital, no solo de nuestra economía, sino de la civilización misma. Sin intercambio no habría prácticamente economía y tampoco sociedad” (7).
Al principio, entonces, se intercambiaban directamente bienes y servicios por otros bienes y servicios. El trueque representó un progreso modesto respecto de la autosuficiencia: más o menos como la esclavitud respecto de la matanza del rival vencido. El trueque mantenía a la economía apenas por encima del nivel primitivo, ya que enfrentaba tres grandes problemas: i) la “indivisibilidad”, ii) la “falta de coincidencia en cuanto a necesidades” y iii) el problema del cálculo económico. Esto limitaba la producción misma.
Primer problema: la cantidad de operaciones era realmente muy baja. El individuo A tenía que encontrar a un individuo B que quisiera adquirir justo lo que A tenía disponible, a cambio de algo que necesitaba B. Si un granjero que tenía huevos deseaba comprar cuchillos, debía encontrar un cuchillero que quisiera, en ese mismo momento, huevos. Si al cuchillero no le gustaba comer huevos, el granjero debía gastar tiempo y energía hasta encontrar un cuchillero a quien sí le gustaran. Como escribió Menger: “Muy raras veces se da el caso de que una persona posea un bien que tiene para ella menos valor de uso que el bien que posee otra persona y que cabalmente esta segunda opine lo contrario. Y raras veces aún ocurre que lleguen a encontrarse precisamente ellas dos” (8).
Segundo problema: la divisibilidad. Si alguien poseía solo una casa y deseaba cambiarla por diversos alimentos, ropa y utensilios, no podía hacerlo en un mundo de trueque. Debía quedarse desnudo en su casa sin acceder a los alimentos, ropa, ni libros. Este propietario inmueble enfrentaría un problema sin solución en un mundo de trueque.
Tercero y no menor, el trueque impedía el cálculo económico. Las empresas deben ser capaces de calcular si están aumentando o reduciendo sus ingresos y su patrimonio en cada transacción. Sin cálculo económico no se puede saber qué, cuánto, cómo y de qué calidad producir. El trueque no lo permitía. Por consiguiente, era un sistema adecuado solo para una sociedad muy primitiva. Las limitaciones del trueque se superaron con la invención gradual del dinero.
El dinero es una de las invenciones más ingeniosas, importantes y productivas de la historia de la humanidad. Es uno de los pilares de la prosperidad humana. Permitió dejar atrás los tres grandes problemas del truque que obstaculizaban el desarrollo de la civilización. La invención del dinero eliminó el intercambio directo y posibilitó el indirecto. Mediante el intercambio indirecto, uno vende su producto, no a cambio de un bien o servicio que se precisa directamente, sino a cambio de otro bien que, a su vez, es vendido a cambio del bien que uno necesita.
El dinero separó temporal y espacialmente las dos transacciones que, con el trueque, debían suceder en el mismo momento y lugar. Con trueque el agente A le vendía al agente B el bien X a cambio del bien Y. Se vendía X y se vendía Y en forma simultánea. Por el contrario, con la aparición del dinero, el señor A pudo venderle al señor B el bien X, pero luego pasó a poder comprar el bien Y a otro señor C en algún tiempo futuro, porque el dinero es reserva de valor (función derivada fundamental del dinero) y medio general de intercambio (función esencial del dinero). Volviendo al ejemplo de los huevos y los cuchillos: con el dinero, el granjero vendió sus huevos y resguardó el valor de su producción en forma de dinero. El cuchillero vendió sus cuchillos y resguardó el valor de su producción en forma de dinero. Ambos pudieron hacerlo porque sabían que el dinero era medio general de intercambio y sería aceptado en el futuro. No solo eso: permitió que el productor de cuchillos pudiera comprar huevos a cualquier granjero (y viceversa), independizándolos de la necesidad de buscar a alguien que deseara su producto. Esto le permitió ahorrar tiempo; lo usó para especializarse, mejorar y adquirir más ventajas comparativas. Produjo más y se generaron economías de escala. Lo mismo sucedió con todos los productores de la economía. El ahorro aumentó, la inversión creció, se acumuló capital, se ganó productividad y se apuntaló el crecimiento económico.
Así pasamos a vender nuestra producción para adquirir dinero y luego cambiarlo por cualquier otro bien que necesitáramos. Así también se superó el problema de la indivisibilidad; pudimos vender nuestra casa por dinero y luego esa cantidad de dinero intercambiarla de a “poco” por los distintos bienes y servicios que queríamos comprar. Además, esto facilitó el cálculo económico, ya que todos los ingresos y gastos provenientes de las transacciones se expresaron en términos de dinero. Las empresas pudieron calcular cuánto y cómo producir, y además calcular y averiguar si ganaban o perdían.
c) El dinero hace posible la civilización
El dinero potenció el desarrollo de la civilización. ¿Por qué? Porque permitió la división del trabajo y la especialización. Y la acción humana “trabaja sobre la división del conocimiento” (Jesús Huerta de Soto) o “la división intelectual del trabajo” (Mises), que son una versión subjetivista y muy mejorada de la división del trabajo objetivista de Adam Smith. Por otra parte, el desenvolvimiento de la acción humana genera cada vez más información, y esta solo puede ser almacenada si hay cada vez más división del conocimiento. Con esta información, la acción humana descubre y elimina los desajustes sociales. Este proceso nunca se detiene ni agota, porque la misma nueva información que se va descubriendo y creando y permite eliminar desajustes sociales, también crea nuevas descoordinaciones. Pero la función empresarial siempre se encarga de descubrir nueva información y eliminar la descoordinación. El desarrollo de la civilización no es otra cosa que este proceso de aparición y corrección constante de desajustes.
Dado que todo el proceso de la acción humana o de la función empresarial implica un conocimiento exponencialmente creciente en cantidad y complejidad, solo es posible si hay cada vez más población. Justamente, la población se sextuplicó, pasando de mil a siete mil millones en los últimos 200 años. En este período, el ser humano salió de la pobreza estructural en la cual vivió a lo largo de casi toda su historia. En este mismo período, la expectativa de vida aumentó y tanto la mortalidad al nacer como la mortalidad infantil se desplomaron. Detrás de todo este reciente y veloz progreso de la civilización está la función empresarial con uno de sus grandes inventos: el dinero. Sin dinero no habría ni progreso tecnológico ni desarrollo de la civilización.
¿Qué es la acción humana? Es una conducta deliberada y continuamente dinámica, que intenta permanentemente descubrir o crear medios que sirvan para alcanzar nuevos fines. La acción humana es ejercida por toda persona que actúa para modificar el presente y conseguir sus objetivos en el futuro. Las palabras clave son “fin” y “medio”. Cuando se encara una acción para alcanzar un determinado fin, es porque su valor subjetivo es superior al de los costos de perseguirlo. El beneficio (valor - costo) es la ganancia que se obtiene de la acción humana y el incentivo de esta. En este sentido, la acción humana es siempre racional: si se persigue un fin es porque, al menos a priori, se estima que dará beneficios. Obviamente puede haber errores. Solo los percibimos después de los hechos.
Obviamente, el dinero no surgió de un día para otro. No fue una decisión política ni mucho menos la invención de un genio o de un conjunto de mentes brillantes; surgió como consecuencia no prevista de un proceso social dinámico y espontáneo hecho de millones de esfuerzos individuales. Al igual que el lenguaje, el mercado o el derecho, el dinero fue el fruto de millones de interacciones espontáneas a lo largo del tiempo que, agregando capas y capas de información subjetiva, terminaron por dar forma al dinero.
En el capítulo VIII de sus Principios de Economía Política (9), que versa sobre la teoría del dinero, Menger explica que “el origen del dinero (que debe distinguirse del subgénero de las monedas acuñadas) es, como hemos visto, del todo natural y, por consiguiente, solo en muy contados casos puede atribuirse a influencias legislativas. El dinero no es una invención estatal ni el producto de un acto legislador.” Más abajo agrega: “El hecho de que unas determinadas mercancías alcancen la categoría de dinero surge espontáneamente de las relaciones económicas existentes, sin que sean precisas medidas estatales.” Más tarde, cuando versa sobre el dinero propio de cada pueblo y cada época, Menger sostiene que “el dinero no es el producto de un acuerdo previo de los agentes económicos y menos aún el resultado de unos actos legislativos. Tampoco es una invención de los pueblos. Dentro de cada pueblo, algunos individuos económicos aislados fueron adquiriendo, a medida que tenían una mejor comprensión de sus intereses económicos y paralelamente con ella, el conocimiento, ya casi obvio en sus circunstancias, de que al entregar unas mercancías de escasa capacidad de venta por otras más vendibles, estaban dando un paso importante por la senda de sus especiales objetivos económicos”.
Ninguna persona individual se sentó y concibió un medio universal de intercambio. Nadie habría advertido, por sí solo, el progreso que implicaba la invención del dinero. Tampoco un gobierno impuso la utilización de un determinado bien como dinero con el propósito de abandonar el trueque y pasar a una economía monetaria; de hecho, no hay registro de tal acontecimiento, aun cuando el dinero se usó en todas las civilizaciones antiguas. Además, parece poco probable puesto que un gobernante, aún asesorado por los mejores consejeros, introdujera el dinero sin haberlo puesta a prueba antes. Sin mencionar que, si el dinero hubiese surgido de algún gobernante, habría sido una gran intervención del Estado en la vida económica. Sería un caso muy extraño, porque habría sido una intervención por única vez. No habría habido “camino de servidumbre” (10), o sea, intervención seguida de más intervención. Luce poco probable. Por el contrario, si el dinero hubiese sido un invento gubernamental, luego de la invención el gobernante habría especificado también los tipos de cambio respecto a todos los bienes y servicios. El dinero habría nacido con control y fijación de precios. Con toda probabilidad habría fracasado; pero, en cualquier caso, habría registros históricos del hecho, que no es el caso.
De modo que el dinero no fue inventado por ningún gobierno. Como dice Jesús Huerta de Soto: “Se da así la paradójica realidad de que las instituciones que son más importantes y esenciales para la vida del hombre en sociedad (morales, jurídicas, económicas y lingüísticas) no son creaciones deliberadas del hombre mismo, pues este carece de la necesaria capacidad intelectual para asimilar el enorme volumen de información dispersa que las mismas conllevan y generan. Por el contrario, estas instituciones forzosamente van surgiendo de manera espontánea y evolutiva del proceso social de interacciones humanas (…)” (11).
El dinero fue surgiendo espontáneamente en diferentes sociedades y culturas. Fue adoptando diferentes formas en cada sociedad y, a su vez, dichas formas fueron cambiando. Como bien dice Menger: “El dinero es el producto natural de la distinta situación económica de distintos pueblos, o dentro de unos mismos pueblos, de distintos períodos de su historia” (12).
d) Del ganado a la moneda
El primer medio general de intercambio que surgió fue el ganado, ya que era la mercancía con mayor capacidad de venta. Poco a poco la gente comenzó a cambiar sus bienes por cabezas de ganado para luego vender dichos animales a cambio de los bienes que necesitaba para satisfacer sus necesidades. Hay que destacar que la aparición del ganado como dinero no fue de un día para otro, ni masiva. Al comienzo, un pequeño grupo advirtió que era ventajoso cambiar sus bienes por ganado; a medida que estos visionarios progresaron, sus pares les fueron imitando. Así el uso de dinero fue haciéndose masivo.
¿Por qué el ganado era la mercancía más demandada? En el Neolítico, antes del surgimiento de las primeras civilizaciones, los pueblos eran mayormente nómades. Los animales domésticos constituían la porción principal de las posesiones de cada individuo. En un entorno sin carreteras, el hecho que el ganado se pudiera autotransportar fue clave para que se convirtiera en dinero. El ganado era más fácil de transportar que cualquier otra mercancía. Y tenía otras características muy ventajosas para convertirse en dinero: suficiente capacidad de conservación, bajo costo de mantenimiento y fácil guardado al aire libre.
De modo que se acumulaba la riqueza en rebaños. Los pagos del intercambio, los precios de los bienes y servicios, así como las multas y castigos, se calculaban por cabezas de ganado en pie. Hay registros del ganado como dinero en numerosos pueblos antiguos: por ejemplo los de la península itálica, los germánicos, los asiáticos orientales o los semitas, tal como se ve en numerosos pasajes del Antiguo Testamento.
Con el florecimiento del artesanado, sin embargo, el ganado fue perdiendo capacidad de venta. Los animales constituían un problema para los residentes en los pueblos, ya que ocupaban un espacio que comenzó a ser más escaso. El ganado comenzó a dejar de ser la mercancía más vendible y así comenzó a dejar de ser dinero. Los metales pasaron a ser, progresivamente, las mercancías con mayor demanda. No cualquier metal, sino los de mayor uso: el cobre, la plata y el oro. Con el cobre los campesinos hicieron sus primeros arados de metal, los guerreros sus primeras armas y los artesanos sus primeros instrumentos. Paralelamente, el cobre, el oro y la plata fueron los primeros metales con los cuales se hicieron utensilios y adornos. De nuevo, este proceso no fue repentino ni se dio del mismo modo en todos los pueblos; la extracción de esos metales exigía esfuerzo y tiempo. Coexistió durante mucho tiempo con el ganado-dinero hasta desplazarlo definitivamente.
En definitiva, el oro y la plata se impusieron porque pasaron a tener la máxima comercialidad. Esta cualidad no cae del cielo, sino que depende de tres atributos: i) divisibilidad; ii) durabilidad y iii) portabilidad. A mayor divisibilidad, durabilidad y portabilidad de un bien, mayor capacidad para ser dinero. A lo largo de la historia hubo una importante variedad de mercancías (tabaco, azúcar, sal, té, lana, etcétera) que por su alto grado de comerciabilidad fueron utilizados, igual que el ganado, como dinero. Sin embargo, el oro y la plata desplazaron a las otras mercancías en ese rol. Su uso se fue extendiendo hasta generalizarse: eran divisibles, durables y portables. Además, su abundancia era lo bastante limitada como para tener un valor aproximadamente estable, pero no tan escasa como para que su producción y distribución fueran muy complicadas.
Dado que los metales siempre se comerciaron y valoraron en función del peso, cada unidad monetaria siempre se originó como una unidad de peso de oro o plata (13). A lo largo de la historia todas las monedas fueron concebidas como una unidad de peso de metales preciosos, equivaliendo a cierto peso en oro o plata. Sin embargo, hay que aclarar que todo el oro y la plata en existencia eran dinero. No importaba la forma en la cual estaban: un botón de oro y un prendedor de plata eran dinero. Sin embargo, algunas formas eran más cómodas que otras. Con el tiempo, el oro y la plata comenzaron a ser fraccionados en pequeñas piezas acuñadas para las transacciones menores y en barras para las operaciones importantes. Obviamente, esta acuñación demandaba tiempo, esfuerzo y recursos. Así surgió el negocio de la acuñación de moneda.
e) La producción de dinero era un negocio privado… y podría seguir siéndolo
La acuñación de monedas y lingotes de oro y plata comenzó como un negocio privado, ejercido en el libre mercado y sin intervención estatal. Los emisores sellaban las monedas y lingotes, garantizando su peso y fineza. En el siglo XXI nos parece una locura la moneda privada, ya que hace siglos que somos adoctrinados en la religión del Estado; los políticos nos metieron en la cabeza que la moneda es un asunto de soberanía nacional. Pero no es así: la moneda no tiene nada que ver con la soberanía. La acuñación privada funcionó (y funcionaría) igual que la producción de cualquier otro bien. Hubo emisores de moneda privada que acuñaban en las denominaciones y formas que el público prefería; el precio quedaba fijado por libre competencia en el mercado. Todo esto sería viable en la actualidad.
Sin embargo, los políticos, los burócratas del estado y sus cortesanos, que protegen el monopolio del dinero estatal porque lucran con esta prebenda, argumentan que el fraude sería desmedido en un sistema monetario con acuñación privada. Ante esta patraña argumental vale la pena hacer cuatro comentarios:
Primero: si la acuñación fuera privada y hubiese fraude, dicha irregularidad sería, por un lado, responsabilidad única del Estado, consecuencia del mal desempeño de los funcionarios públicos, que no cumplirían con su deber de proteger la propiedad. Bajo el sistema actual, es el Estado quien tiene a su cargo el monopolio de la persecución y castigo de toda actividad que atente contra la propiedad. Con acuñación y emisión privada en libre mercado, es función del gobierno la persecución del fraude. Toda empresa que fuera descubierta por el Estado estafando con la emisión de moneda debería ser juzgada y condenada.
Segundo: la producción y el comercio están edificados mayoritariamente sobre el sector privado y en libre mercado, donde los bienes son garantizados en su calidad por los propios productores. Pensemos en los mercados industriales y tecnológicos a nivel mundial. El Estado, a grandes rasgos, no garantiza ahí la calidad; sin embargo el sistema no solo no se ha desplomado, sino que cada vez crece más. El fraude es mínimo. El sistema se autocontrola: el que estafa, se funde. Lo mismo sucedería con moneda privada emitida en libre competencia. Cada acuñador privado estaría expuesto, día a día, al veredicto de sus consumidores, a la competencia y, en última instancia, en caso de delito, a la justicia del Estado.
Tercero: se argumenta que si se permite la acuñación privada en libre competencia “la mala moneda terminará desplazando a la buena moneda”. Otra mentira: en libre mercado, si una moneda pesa (digamos) 9 onzas en lugar de pesar 10, terminará siendo aceptada al 90%, y no solo no desplazaría a la moneda de 10 onzas, sino que no habría estafa alguna.
Afirmar que el mercado jamás podrá proveer al público de una sana y buena moneda proviene de una mala interpretación de la ley de Gresham, que demuestra que “la mala moneda desplaza a la buena de la circulación”. Como acabamos de ver, en libre mercado una moneda desgastada terminaría cotizando bajo la par, con lo cual no desplazaría a la nueva moneda. Por el contrario, el fenómeno descrito por la ley de Gresham sucede cuando el gobierno interviene en el mercado monetario, obligando a aceptar a 10 onzas tanto a las monedas desgastadas como a las nuevas. Cuando el gobierno interviene, dando igual valor a las dos monedas, está sobrevaluando la moneda desgastada y devaluando la nueva. Ejerce el control de cambios. En este escenario, todo el mundo pondrá en circulación las piezas desgastadas para atesorar las monedas nuevas. Esto sucede solo como resultado de la intervención estatal, nunca en libre mercado.
Dicho sea de paso, esto es muy fácil de entender para los argentinos: sucede cada vez que un gobierno impone el control de cambios para evitar que nos refugiemos en el dólar, procurando escapar del impuesto inflacionario de la casta política para preservar nuestro poder adquisitivo y nivel de vida. Los controles cambiarios de los gobiernos de CFK, Macri y Alberto Fernández no son otra cosa que un precio mínimo para el peso y un precio máximo para el dólar. El peso está sobrevalorado y el dólar está subvalorado. La gente corre a sacarse de encima los pesos artificialmente sobrevalorados e intenta cambiarlos por dólares al precio oficial, que irremediablemente terminará siendo más barato. Como además hay control de cantidades, la escasez de dólares se hace creciente. El dólar paralelo sube y la brecha se ensancha. El exceso de demanda de dólares se transforma en exceso de oferta en la economía real, o sea en creciente recesión. Este efecto negativo sobre el nivel de actividad será mayor cuanto más intervención cambiaria haya, más tipos de cambio se establezcan y más segmentado esté el mercado de divisas. La caída de la demanda de dinero se profundiza, la actividad cae más y la estanflación recrudece.
Cuarto: en el mejor de los casos,es cómico que los defensores del monopolio del Estado a la hora de emitir dinero ataquen al dinero privado usando el argumento del fraude. El Estado siempre fue y sigue siendo el gran estafador con la emisión de dinero. Los primeros episodios datan de la antigüedad y surgieron cuando los gobernantes, dándose cuenta de la posibilidad del señoreaje, se autoproclamaron los “custodios de la calidad de la moneda”. Entonces llamaron a cambiar las viejas monedas gastadas por nuevas monedas acuñadas con el sello real, supuesta garantía del peso del oro declarado en las caras de la moneda. En ese contexto, y siguiendo con el ejemplo anterior, los reyes llamaban a cambiar las viejas monedas de 10 onzas por nuevas monedas de 10 onzas. Hacían fundir las monedas de 10 onzas y acuñaban nuevas monedas (digamos) de 6 onzas, devolviéndolas al mercado pero con sellado de 10 onzas. Traducción: aplicaban un señoreaje de cuatro onzas con el cual financiaban sus gastos, la vida de la corte, sus flotas, guerras o sus cruzadas. La contracara del señoreaje era la emisión, la devaluación de la moneda, la pérdida del poder adquisitivo del dinero.
La antigua Roma fue un caso paradigmático en esto. Cuando el denario (nombre de una moneda romana) se creó en la época de la República romana, dos siglos antes de Cristo, su contenido en plata equivalía al 95% del peso de la moneda. Esta proporción se mantuvo durante casi trescientos años. Luego Nerón, entre el año 54 y 68 después de Cristo, empezó a degradar el contenido metálico del denario. El contenido de plata de un denario se redujo de 95% a 65%. Posteriormente, Marco Aurelio, entre el año 161 y 180 después de Cristo, redujo el peso de las monedas. El emperador Cómodo, entre el 180 y 192 después de Cristo, degradó aún más la moneda. La contrapartida del sostenido señoreaje fue una creciente y cada vez más acelerada inflación.
En 268 después de Cristo, cuando comienza la era llamada “de los emperadores ilirios”, el contenido de plata de la moneda romana cayó 1/50.000 de su nivel original. Treinta y siete años después, se requerían 20 millones de denarios para una libra de plata. En pocas palabras, el señoreaje destruyó a la moneda, y sin moneda prácticamente desapareció el sistema monetario, volviéndose al trueque, con lo cual el nivel de actividad se destruyó. Este derrotero monetario termina con el Edicto Diocleciano en el año 301 AD. Menos de cuatro años después, el precio del oro en términos de denarios había crecido +250%. El efecto inflacionario del señoreaje y la destrucción de la moneda del Imperio Romano queda resumido en dos frases del libro 4000 años de Controles de precios y salarios, de Robert Schuettimger y Eamonn Butler, cuando explican que “Egipto fue la provincia del imperio más afectada, pero su experiencia se vio reflejada en menor grado en todo el mundo romano. Durante el siglo cuarto, el valor del solidus de oro cambió de 4000 a 180 millones de dracmas egipcias.” y que “el precio del trigo creció en Egipto de 6 dracmas en el primer siglo a 200 en el tercero; en el año 314 el precio ascendió a 9000 dracmas y a 78.000 en 334; poco después del año 344 el precio se disparó a más de 2 millones de dracmas.” (14)
En definitiva, el dinero privado acuñado y emitido en libre competencia no solo no es imposible, sino que es la condición natural del dinero, su esencia y origen. El dinero es un invento privado, que nació y prosperó en libre mercado, potenciando la acción humana y el desarrollo de la civilización. El oro y la plata se convirtieron en dinero por elección espontánea y voluntaria de la gente. Y la gente los eligió porque eran los dos bienes más demandados, lo cual les confería máxima comerciabilidad. Es decir, el oro y la plata eran los dos bienes que se podían vender más rápida y fácilmente. A su vez, dado que ambos metales eran los más comerciables, pasaron a ser atesorados para servir como medio general de intercambio para operaciones futuras (reserva de valor). Posteriormente, y solo como consecuencia espontánea de ser medio general de intercambio, el oro y la plata pasaron a ser unidad de cómputo para los precios presentes y futuros (numerario).
Ningún burócrata del Estado estuvo detrás de la invención del dinero. Si hubiese nacido de la intervención estatal, jamás habría tenido el éxito que tuvo. Toda imposición representa una solución “sub óptima”, es decir, una que conlleva pérdida de bienestar con respecto a la solución de libre mercado; solo la adoptamos por miedo al castigo de los burócratas a cargo del Estado.
Siguiendo la clasificación de las intervenciones estatales de Murray Rothbard, la emisión de dinero estatal y monopólica es una intervención triangular (15). De acuerdo con Rothbard, las intervenciones triangulares son aquellas en las cuales “el Estado obliga o prohíbe un intercambio entre par de sujetos, o puede obligar a hacerlo a determinado precio, en determinadas cantidades y bajo determinadas normas de calidad”. En este caso puntual, el Estado obliga a que los intercambios comerciales se hagan en base a las monedas emitidas por el rey, lo cual es una pérdida de libertad que redunda en pérdida de bienestar y eficiencia. Además, el manejo monopólico y espurio de los burócratas estatales, que pretenden determinar la cantidad de dinero en forma discrecional, conduce a otra intervención binaria que adiciona más pérdida de bienestar: impuesto inflacionario. Siguiendo a Rothbard: “Las intervenciones binarias son aquellas en las cuales el Estado obliga al individuo a hacer un intercambio compulsivo con él.”
El rey falsifica monedas de oro dinero para cobrar impuesto inflacionario, que es el peor de todos porque no se puede evadir. Falsificando moneda, además, el rey perjudica en mayor medida a los pobres. Por último, el señoreaje y la falsificación de monedas distribuye ingresos desde los súbditos hacia la corona. En resumen: el hecho de que la emisión y acuñación de moneda se encuentren en manos del Estado no es un seguro en favor de la salud del dinero y del sistema monetario, sino todo lo contrario. La moneda debería retornar a su génesis. Debería volver a ser privada y acuñada en libre mercado.
7. “¿Qué le hizo el gobierno a nuestro dinero?; Capítulo 1; Unión Editorial (2019).
8. Capítulo VIII “Teoría del Dinero” del libro “Principios de Economía Política” de Carl Menger, Union Editorial (2012).
9. Capítulo VIII “Teoría del Dinero” del libro “Principios de Economía Política” de Carl Menger, Union Editorial (2012).
10. “Camino de Servidumbre”, F.A. Hayek; Obras Completas Volumen II, Unión Editorial Argentina (2017). La idea núcleo de esta obra es que la diferencia entre socialdemocracia, socialismo y comunismo es una diferencia de escala, pero no de esencia. Para Hayek toda planificación económica, por leve que sea, conduce necesariamente a más planificación y en definitiva hacia el totalitarismo y a la pérdida de las libertades individuales. Hayek argumenta que el órgano planificador e interventor, bienintencionado o no, será incapaz de obtener y procesar toda la información necesaria para llevar a cabo la tarea como se espera y obtener los resultados. En este marco, el error del planificador es la regla. Ante los malos resultados, el planificador procura corregir su error con más planificación y más intervención, incrementándose el grado intervencionismo, violencia, totalitarismo y de pérdida de libertades individuales. Justamente, este proceso de destruccionismo social (frase acuñada por von Mises en su libro “Socialismo. Análisis Económico y Sociológico”) es el camino de servidumbre que da nombre al libro.
11. “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, de Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial Argentina (sexta edición), página 24.
12. Última frase de la sección “Sobre el dinero propio de cada pueblo y cada época” del capítulo VIII “Teoría del Dinero” del libro “Principios de Economía Política” de Carl Menger, Unión Editorial Argentina (2012).
13. En “’¿Qué le hizo el gobierno a nuestro dinero?” de Murray Rothbard; Unión Editorial (2019) se explica que “La libra esterlina debe su nombre a que originariamente, en la edad media, era una libra de peso de plata. El dólar comenzó en la Bohemia del siglo XVI como una moneda de una onza de plata, apreciada y de extensa circulación, acuñada por el Conde de Schlick, que vivió en Joachimsthal. Se hicieron conocidos como Joachimsthalers, o Schlichtenthalers, y siendo la naturaleza humana como es, pronto fueron abreviados a “thalers,” para más tarde convertirse en “dólares” en España. Cuando los Estados Unidos fueron fundados, cambiamos de la moneda de libra británica al dólar, definiendo el dólar como aproximadamente 1/20 de una onza de oro, o 0,8 onzas de plata.”
14. “4000 años de Controles de precios y salarios” de Robert Schuettimger y Eamonn Butler, Unión Editorial Argentina (2016).
15. Ver Capítulo III del libro “Poder y Mercado” de Murray Rothbard, Unión Editorial Argentina (2015).
3. LA HISTORIA DEL SISTEMA BANCARIO
a) El Antiguo Egipto y Grecia
Hay que remontarse al antiguo Egipto, hace más de 5000 años, para encontrar la génesis del sistema bancario. Las cosechas se centralizaban en almacenes estatales donde los lotes de grano se retiraban a cambio de órdenes escritas del depositante, que luego se usaban para pagar deudas o impuestos. Un poco más tarde, 2000 años antes de Cristo, también aparece la génesis del sistema bancario en la antigua Mesopotamia. Estas instituciones predecesoras del sistema bancario hacían préstamos de granos a agricultores y mercaderes de las ciudades de Babilonia, Fenicia y Asiria. Las mercancías se guardaban en templos y palacios, que eran los lugares más seguros, ya que eran respetados por la religiosidad. Las operaciones se anotaban en tablillas de barro y los depósitos eran solo custodiados; es decir, no había intermediación financiera.
Siguiendo el hilo cronológico, el siguiente mojón temporal es la banca helenística en la antigua Grecia. Los templos también eran los lugares que actuaban como banca, ya que por razones filosóficas eran los lugares que inspiraban más confianza. De acuerdo con las investigaciones históricas, parece que la banca de la antigua Grecia era también en origen y filosóficamente, al igual que los bancos de Egipto y la Mesopotamia, una banca más de guarda que de intermediación financiera. Es decir, los banqueros griegos debían mantener un coeficiente de encaje del 100% en relación con los depósitos a la vista recibidos. En otras palabras, los bancos helénicos antiguos no se dedicaban a la intermediación financiera, no eran agentes de crédito. Solo se dedicaban a la guarda y custodia y ofrecían el servicio de caja y pagos a terceros con documentos.
Ahora bien, el hecho de que los principios de la antigua banca griega fuera el negocio de custodia y guarda y encaje del 100% no implica que todos los banqueros hayan honrado siempre el contrato. Justamente, en el antiguo mundo helenístico aparecen los primeros registros documentados de actividades ilícitas de los banqueros. En Grecia los banqueros se dan cuenta de que, generando y manteniendo confianza, para asegurarse que la gente no fuera a buscar su dinero depositado en guarda, podían no respetar el encaje del 100% y lucrar prestando dinero ajeno en forma irregular, generando un boom artificial de crédito y dinero bancario artificial sin respaldo de ahorro genuino detrás.
En definitiva, en Grecia por primera vez aparece la asociación inmoral y la complicidad solidaria entre burócratas del Estado y banqueros que genera el boom & bust, es decir, el auge artificial del nivel de actividad con inflación que finalmente se revierte en forma de recesión y crisis, llevando a la quiebra a banqueros y bancos. En este sentido afirma Huerta de Soto: “Así Raymond Bogaert se ha referido a las crisis periódicas que afectaban a la banca en la Grecia clásica y en concreto a las recesiones económicas y financieras que se produjeron en los años 377-376 A.C. y poco después en el 371 A.C., en las que quebraron los banqueros Timodemo, Sosínomo y Aristolocos, entre otros, y que aunque tuvieron como detonantes el ataque de Esparta primero y la victoria de Tebas después, surgieron tras un claro proceso de expansión inflacionista en el que los bancos fraudulentos jugaron un papel protagonista. También está documentada la grave crisis bancaria que se produjo en Éfeso tras la revuelta contra Mitrídates, y que motivó que las autoridades concedieran el primer privilegio expreso a la banca que consta históricamente, en virtud del cual se estableció una moratoria de diez años para la devolución de los depósitos” (16).
De hecho, hay un discurso de Isócrates, (17) “Sobre un asunto bancario”, del año 393 antes de Cristo, en el cual, defendiendo los intereses de un depositante, acusa a Pasión, banquero de Atenas, de haberse apropiado indebidamente de un depósito confiado en guarda. En el discurso se relata como Pasión se apoderó de los depósitos que no eran suyos, engañando y falsificando contratos. También pone en evidencia cómo los banqueros utilizan todas sus influencias, sus relaciones con el poder y su posición social para mantener y expandir su actividad fraudulenta basada en privilegios de casta. O sea, en su discurso Isócrates no solo documenta la estafa, sino que pone sobre la mesa la asociación inmoral entre burócratas del Estado y banqueros cuando dice que “los tratos con gentes de banca se celebran sin testigos, y tienen por fuerza que arriesgarse los perjudicados ante tales gentes, que tienen muchos amigos, manejan mucho dinero, y parecen de confianza por razón de su oficio”.
Es más, la asociación entre burócratas y banqueros fue tan sólida y floreciente para los banqueros de la antigua Grecia que en el Egipto de los Ptolomeos apareció por primera vez en la historia un banco estatal. Los burócratas se dieron cuenta de que los banqueros privados, a partir de las prebendas estatales, ganaban mucho dinero, con lo cual decidieron dejar de ser asociados y pasar a ser socios plenos, creando el primer banco estatal para ampliar el negocio. De acuerdo con Huerta de Soto, basado en Rostovtzeff, “los banqueros aceptaban depósitos de distinta clase, ya fueran a la vista, o ya fueran a plazo y sujetos al pago de un interés. Estos últimos se invertían, en teoría, en operaciones de crédito de distintos tipos: préstamos con garantía colateral, hipotecas, y un tipo muy especial y popular de préstamo a la gruesa. Los bancos privados guardaban en depósito el dinero de sus clientes y a su vez depositaban su propio dinero en el banco del Estado” (18).
La banca pública estatal al servicio del enriquecimiento de los burócratas a cargo del gobierno es descrita por Huerta de Soto: “La principal novedad de la banca en Egipto fue, por tanto, su centralización, es decir, la creación de un Banco Central del Estado en Alejandría, con sucursales en las capitales de provincia y en los pueblos más importantes, de manera que los bancos particulares, cuando existían, jugaban un papel secundario en la vida económica del país. De acuerdo con Rostovtzeff, este banco custodiaba el dinero recaudado en forma de impuestos y también aceptaba fondos privados y depósitos de clientes particulares, invirtiendo en beneficio del Estado los fondos que no se gastaban. Es, por tanto, casi seguro que se mantuvo un coeficiente de reserva fraccionaria y que los grandes beneficios que se obtenían se los apropiaban los reyes ptolomeicos.” (19)
El sistema bancario de los Ptolomeos perduró, con pequeñas modificaciones, en Egipto, prolongándose en tiempos de la administración del Imperio Romano. El derecho romano es clave para entender, por un lado, cómo debería funcionar la banca, y por el otro para comprender las irregularidades y vicios de la actividad bancaria. Entender el tratamiento que el derecho romano le da a los depósitos nos permite visualizar las malas prácticas bancarias y sus peores consecuencias. Nos permite visualizar que el sistema de encaje fraccionario para depósitos a la vista no se atiene a derecho y es una violación a la propiedad privada. Nos permite comprender que la intermediación financiera con prestamista de última instancia es un fraude social.
En el derecho romano los banqueros no disponían de los depósitos de dinero recibidos, que solo debían custodiar y guardar con la máxima diligencia. Por este motivo los depósitos de dinero no devengaban intereses, ni en teoría debían utilizarse para ser prestados, aunque el depositante podía ordenar a los banqueros que hicieran pagos por su cuenta. No obstante, los banqueros aceptaban «depósitos» a plazo, que no eran sino préstamos al banco o contratos de mutuo, que sí devengaban intereses y daban derecho a que el banco los usara a su total conveniencia mientras durase el plazo prefijado. O sea, en el derecho romano estaba bien diferenciado el contrato de depósito en guarda por un lado, y el depósito en préstamo, por el otro. El primero debe guardar encaje del 100%, mientras que el segundo tiene encaje fraccionario. En el primer tipo de contrato está prohibida la intermediación financiera. Por el contrario, el segundo tipo de contrato está hecho y pensado para la actividad crediticia. Los depósitos en guarda son lo que actualmente llamamos depósitos a la vista. Los contratos de préstamo son los plazos fijos. Son dos contratos muy diferentes, ergo, no pueden funcionar con la misma operatoria y marco legal similar. Por el contrario, si lo hacen, hay un avance contra la propiedad privada, por ende una inmoralidad a partir de la cual ganan unos a expensas de otro.
b) El contrato de depósito en guarda (a la vista) versus el contrato de préstamo (plazo fijo)
El contrato de depósito es un contrato de guarda, es decir: no se transfiere la disponibilidad de lo depositado. En este tipo de contrato el depositante entrega una cosa al depositario para que sea guardada, custodiada y restituida en cualquier momento cuando el depositante así lo deseara.
En otras palabras, la cosa mueble depositada está siempre y en forma total disponible en favor del depositante, que en ningún momento cede la disponibilidad de la misma. O sea, el depositante puede pedir la restitución del depósito en cualquier momento, en forma total o parcial. Como contrapartida tiene la obligación de retribuir, si así ha sido pactado, los gastos del depósito al que lo recibe. Del otro lado, el depositario tiene la obligación de guardar y custodiar la cosa recibida con máxima responsabilidad. A su vez, deberá restituirla inmediatamente cuando el depositante así lo solicite.
En este marco, está más que claro que en el depósito no existe plazo de duración durante el cual se transfiera la disponibilidad de la cosa, sino que esta siempre está custodiada y disponible en favor del depositante. Justamente, el depósito se extingue tan pronto como el depositante exija la devolución total de la cosa al depositario.
Dado que el dinero es fungible, un determinado depósito en guarda queda indisolublemente entremezclado con otros depósitos en guarda del mismo género. Por ejemplo, se puede dejar depositado en guarda soja, trigo, maíz y dinero. En este caso, nuestro depósito se mezclara con soja, trigo, maíz y dinero de la misma especie o calidad de otros depositantes. El depositario no deberá restituir exactamente la misma unidad cuando se lo exijamos, simplemente debe devolver unidades similares del mismo valor. Por ejemplo, si depositamos mil dólares en 10 billetes de 100 dólares cada uno, no tendrá que devolver exactamente las mismas notas, ni tendrá que restituir el depósito en la misma cantidad de billetes. Por el contrario, puede devolver 50 billetes de 20 dólares cada uno. Y el depositante debe conformarse con tan solo recibir el equivalente exacto, en cuanto a su cantidad y calidad de aquello que originariamente depositó, pero en ningún caso puede exigir recibir las mismas unidades específicas que entregó.
En resumen, la obligación de guarda y custodia, más la completa e inmediata disponibilidad en favor del depositante, son los rasgos esenciales del contrato de depósito. Justamente, el centro neurálgico del contrato de depósito consiste en la obligación de tener siempre a disposición del depositante una cantidad y calidad igual a la recibida de las cosas depositadas, lo cual en el caso del dinero exige mantener en todo momento de un coeficiente de encaje del 100% a disposición del depositante. Por el contrario, si no se cumple con el contrato de inmediata y completa disponibilidad, el depositario tiene la obligación de indemnizar al depositante. Si tal incumplimiento tiene origen doloso, entonces supone un delito de apropiación indebida. En pocas palabras, si un banquero recibe un depósito en custodia pero en lugar de guardarlo lo usa o presta en su propio beneficio, dicho banquero comete un delito.
Del otro lado está el contrato de mutuo o préstamo. En este tipo de contrato hay una persona (mutante) que entrega a otra (mutuario) o una determinada cantidad de cosas fungibles, con la obligación por parte de esta de, transcurrido un determinado plazo, restituir una cantidad equivalente en cuanto a su género y calidad. El contrato de mutuo más extendido es el préstamo de dinero.
En el préstamo de dinero se entrega en el presente una determinada cantidad de unidades monetarias a otra persona, trasladándose la propiedad y la disponibilidad del dinero desde el mutante hacia el mutuario. El que recibe el préstamo está facultado para hacer uso del dinero, ya sea para aplicarlo al consumo de bienes y servicios o para darlo en crédito. Esta disponibilidad es por tiempo limitado y acordado.
El plazo de devolución es el elemento esencial del contrato de préstamo o mutuo, ya que mientras no haya expirado, el prestatario tiene plena disponibilidad de la cosa recibida en préstamo, beneficiándose temporal pero en forma completa de su propiedad. Del otro lado, el prestamista deja de tener disponibilidad y no puede hacer uso de la cosa prestada. No hay préstamo sin establecimiento de plazo. Una vez transcurrido el plazo, el mutuario deberá devolver la suma original más (generalmente) un interés al mutante. Es decir, lo normal es que los préstamos tengan pago de intereses pactado entre las partes.
c) ¿Por qué los contratos de préstamo tienen pactado pago de intereses?
¿Por qué los contratos de préstamo tienen pactado pago de intereses? Porque el contrato involucra un intercambio de bienes “presentes” a cambio de bienes “futuros”. El mutante, al otorgar el préstamo, pospone consumo presente hacia el futuro. Es decir, está eligiendo no consumir en el presente para consumir más en el futuro. Del otro lado, el mutuario que recibe el préstamo está optando por adelantar consumo futuro al presente, ya que sin el préstamo debería ahorrar y solo podría consumir en el futuro.
Claramente, en el contrato de préstamo se encuentra presente la preferencia temporal. A igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se prefieren a los bienes futuros. Los seres humanos solo están dispuestos a renunciar hoy a una determinada cantidad de unidades de un bien fungible a cambio de recibir un número superior de unidades del bien fungible en el futuro. Al mismo tiempo, las personas están dispuestas a pagar para poder adelantar consumo desde el futuro hacia el presente. Justamente, el interés, que es la tasa de preferencia temporal, es la variable que coordina las decisiones entre consumo presente y consumo futuro. Mayor (menor) ahorro reduce (incrementa) la tasa de interés como consecuencia de mayor preferencia temporal por consumo futuro (presente).
En efecto, al no poder exigirse, en términos estrictamente jurídicos y por razones de imposibilidad física, la devolución de las unidades concretas depositadas, puede parecer necesario considerar que se produce una “traslación” de la propiedad en cuanto a las unidades específicas e individualizadas que se depositaron por no ser estas distinguibles. De manera que el depositario o almacenista se convierte en “propietario”, pero solo en el sentido de tener libertad para, siempre que mantenga en todo momento el tantundem, distribuir las unidades específicas e indistinguibles que recibió como quiera. Es a esto, y solamente a esto, a lo que alcanza la traslación del derecho de propiedad en el caso del depósito irregular y no, como ocurre en el caso del contrato de préstamo, a la completa disponibilidad de la cosa prestada mientras no haya vencido el plazo de duración del contrato.
d) Diferencias entre contrato de depósito en guarda y préstamo
Quedan en claro las profundas diferencias que existen entre un contrato de depósito en guarda y un préstamo, es decir, entre un depósito a la vista y otro a plazo fijo. En primer lugar, en el depósito en guarda no hay transferencia de propiedad, mientras que en el contrato de préstamo sí la hay por un plazo prefijado. Segundo, en el depósito de guarda el depositante tiene disponibilidad permanente por la suma total o parcial de dinero entregada al depositario. Por el contrario, en el plazo fijo el depositante hace una renuncia total a la disponibilidad de la suma depositada por un lapso prefijado en el contrato. O sea, en el depósito en guarda no hay una transferencia intertemporal de bienes presentes a cambio de una cantidad superior de bienes futuros, sino que hay un cambio en la forma de la cual se dispone los bienes, optando, por ejemplo, tener el dinero en cuenta corriente en lugar de tenerlo en efectivo en el bolsillo. Por el contrario, en el depósito a plazo fijo el depositante no solo le transfiere bienes al depositario durante el tiempo que dura el contrato, sino que hay una transferencia intertemporal de recursos desde el presente hacia el futuro de su parte. Es por esta transferencia intertemporal que en el depósito a plazo fijo debe haber sí o sí tasa de interés, mientras que en el depósito a la vista la tasa de interés no tiene razón de existir. Tercero, en el depósito a la vista no hay plazo, ya que hay permanente disponibilidad y por ende, no hay transferencia de propiedad. Por el contrario, en el depósito a plazo fijo sí o sí debe haber pactado un plazo, ya que durante ese marco temporal hay transferencia de propiedad y por ende, renuncia a la disponibilidad.
Estas diferencias económicas se encuentran reflejadas en la naturaleza jurídica de cada uno de los dos tipos de contrato. En el depósito a la vista, la esencia jurídica es la guarda o custodia del dinero. Por el contrario, en el depósito a plazo fijo, la esencia jurídica es transferir la disponibilidad de lo prestado para que el prestatario lo use durante el tiempo contractual. Estas diferencias esenciales hacen que la obligación del depositario en el contrato de depósito a la vista sea cuidar lo depositado y tenerlo siempre a disposición del depositante, mientras que en el contrato de depósito a plazo dicha obligación no está presente y el depositario puede hacer uso del dinero que se le prestó con total libertad.
En este marco, y teniendo en cuenta las diferencias en materia de esencia jurídica y en términos económicos existentes entre los depósitos a la vista, que son un contrato de guarda o custodia de dinero, y los depósitos a plazo fijo, que son un contrato de préstamo, está claro que estos dos tipos diferentes de depósitos no pueden tener el mismo tratamiento legal, ni formar parte del mismo sistema bancario. En este sentido, no hay duda que los depósitos a la vista deben estar respaldados en un 100% y la banca de guarda y custodia no puede funcionar con sistema de encaje fraccionario.
Del otro lado, los depósitos a plazo fijo pueden operar con encaje fraccionario, pero deben hacerlo en un sistema de banca libre, o sea sin prestamista de última instancia. Es decir, sin Banco Central estatal monopólico que termine socializando las pérdidas de una política crediticia irresponsable y mega expansiva, que maximiza las ganancias de los banqueros en un marco de bajísimo riesgo, ya que la amenaza de quiebra (casi) siempre termina siendo despejada por el salvataje público. En este sentido, hay que siempre remarcar que el sistema de encaje fraccionario operando con Banco Central (prestamista de última instancia) es el responsable del ciclo económico del boom&bust, es decir; de las expansiones artificiales no sustentables inflacionarias que irremediablemente son seguidas de fuertes recesiones deflacionarias o estanflacionarias que en muchas oportunidades terminan en fuertes crisis. De este tema ya nos ocuparemos más adelante en este mismo libro.
Pero volviendo a los depósitos a la vista, tanto desde un punto de vista jurídico, como desde un punto de vista económico, hemos dejado bien en claro las razones por las cuales los depósitos en guarda o custodia deben estar 100% encajados. No hay otra alternativa posible. Por el contrario, aplicar el sistema de encaje fraccionario a los depósitos a la vista no se sujeta a las normas del derecho y es una violación a la propiedad privada, ya que el banco está prestando dinero del cual no es propietario y en realidad, es propietario un tercero que exige su permanente disponibilidad, lo cual es posible solo con encaje del 100%.
e) La posición del derecho romano
No sorprende que el derecho romano tuviera muy en claro esta cuestión y estableciera que los banqueros debieran siempre y en todo caso guardar encajado el 100% de lo depositado en guarda o custodia. De hecho, el derecho romano caratulaba de delito hurto el no cumplimiento del encaje del 100%, obligando al pago de intereses por mora. ¿Por qué no sorprende? Porque el derecho romano tenía gran comprensión de las principales problemáticas que rodeaban a las relaciones humanas, ya que sus normas no se debían a la creación personal de un hombre o de un grupo de iluminados, sino de cientos y miles de hombres a través de las décadas, generaciones y siglos. Es decir, el derecho romano era cien por ciento resultado de la acción humana.
El tratamiento general del contrato de depósito a la vista se encuentra incluido en el apartado III del libro XVI del Digesto, que se titula De la acción de depósito, directa o contraria. En el número 31 del título II del libro XIX del Digesto se establece que la única obligación del depositario “es la devolución en cantidad y calidad a lo inicialmente depositado.” En pocas palabras, el derecho romano establece que hay una contrapartida dual de parte del depositario: la guarda y la obligación de inmediata devolución (permanente disponibilidad para el depositante). Además, en el párrafo 24 del título III del libro XVI del Digesto se establece la obligación “de entregar al que había realizado el depósito un certificado o resguardo, hecho por escrito.” O sea, el derecho romano establecía que se le debía extender un documento de resguardo al depositante, y que este documento, al ser presentado, es lo que otorgaba la inmediata disponibilidad del dinero resguardado.
Es más, en el párrafo 2 del número 7 del título III, libro XVI del Digesto se escribe que “siempre que los banqueros se presentan en quiebra, se suele en primer lugar tener cuenta de los depositantes, esto es, de aquellos que tuvieron cantidades depositadas, no las que empleaban a interés en poder de los banqueros, o con los banqueros, o por sí mismos; y así, pues, si se hubieren vendido los bienes, antes que los privilegios se tiene cuenta de los depositantes, con tal que no se tenga cuenta de los que después recibieron intereses, como si hubieren renunciado al depósito.” En este párrafo queda de manifiesto que el depósito en guarda (a la vista) no recibe pago de intereses y que es diferente al préstamo (depósito a plazo), que sí recibe pago de intereses. Paralelamente, también queda expuesto que en caso de quiebra tampoco reciben trato similar. Los depositantes en grada son los primeros acreedores en la cola por cobrar.
En libro XLVII, título II, número 78 del Digesto se menciona expresamente que el que recibe una cosa en depósito en guarda y la utiliza en otra forma que lo que estipulaba el contrato queda sujeto a la acción de hurto (20). En otras palabras, en el derecho romano la actual figura delictiva de apropiación indebida quedaba englobada dentro de la figura criminal del hurto. Luego, en el número 3 del título XXXIV del libro IV del Código del Corpus iuris civilis, se establece que en el caso que el depositario prestara a otras personas el dinero recibido en guarda con el objeto de alcanzar un beneficio propio, este comportamiento debe ser alcanzado tanto por la acción de interés como la acción de hurto, poniendo en evidencia que este comportamiento era usual y debía ser castigado. O sea, no guardar el encaje, no cumplir con la permanente disponibilidad del dinero para el depositante además de ser hurto, daba lugar a la obligación de pagos de intereses por mora.
En pocas palabras, el derecho romano tenía bien claro que son dos negocios muy diferentes, por un lado, la recepción de depósito en guarda y, por el otro, hacer intermediación financiera y dar crédito. En el primer caso, por un lado, no se tenía derecho a intereses, y había la obligación de mantener la plena y continua disponibilidad en favor de los depositantes que tenían un derecho privilegiado absoluto en caso de quiebra. El segundo caso era dar crédito a los banqueros, lo cual sí generaba la obligación de pagar intereses por parte del banquero a los que le habían entregado el dinero a préstamo, pero no tenían privilegio en caso de quiebra.
f) Por qué debe haber dos sistemas separados
En definitiva, nuestro planteo, que sostiene que el depósito a la vista es de esencia jurídica y legal totalmente diferente al depósito a plazo, y en consecuencia es necesario que haya dos sistemas bancarios separados, uno para cada tramo de depósito, está avalado por el derecho romano, que tiene en cuenta todas las diferencias de fondo existentes entre estos dos tipos de contratos. En este marco, el encaje del 100% para los depósitos a la vista no es nada novedoso, ni revolucionario, sino que simplemente es retornar al estado original y normal de las “cosas”. Por el contrario, el sistema actual de encaje fraccionario aplicado a los depósitos a la vista es tan solo resultado de que el sistema se fue corrompiendo paulatinamente a lo largo de los siglos como consecuencia de la asociación inmoral y la complicidad solidaria de los burócratas del Estado y los banqueros.
Huerta de Soto explica: “La tentación era muy grande: sin que los depositantes se dieran cuenta, los banqueros podían disponer de importantes sumas que, bien utilizadas, podían generar cuantiosos beneficios o intereses, de los que podían apropiarse sin perjudicar a nadie aparentemente. Esta tentación casi irresistible a que, dada la debilidad de la naturaleza humana, se ven sometidos los banqueros explica que ya desde sus orígenes, de manera encubierta, se violaran los principios tradicionales de custodia en los que se basa el contrato de depósito irregular de dinero. Además, el carácter abstracto y difícil de entender del contenido de las relaciones monetarias hizo que este fenómeno, salvo en circunstancias excepcionales, pasara inadvertido para la mayor parte de los ciudadanos y autoridades encargados de controlar el cumplimiento de los principios morales y jurídicos. Y cuando los abusos y fraudes empezaron a ser detectados y mejor entendidos, la institución bancaria llevaba funcionando ya tanto tiempo y había adquirido tal poder que fue prácticamente imposible poner coto a los abusos de una manera efectiva. Es más, el descubrimiento paulatino por parte de las autoridades del inmenso poder de creación de dinero que tenía la banca explica por qué, en la mayor parte de las ocasiones, los gobiernos terminaron convirtiéndose en cómplices de los fraudes cometidos, concediendo privilegios a los banqueros y legalizando su irregular actividad, a cambio de poder participar directa o indirectamente en sus inmensas ganancias, instrumentando así una importante vía alternativa de financiación estatal. Esta corrupción en la función pública tradicional de definición y defensa del derecho de propiedad se vio, además, impulsada por las repetidas situaciones de necesidad agobiante de recursos en que se vieron comprometidos los gobiernos por su irresponsabilidad y falta de disciplina financiera en muchos momentos históricos. Se va forjando así una cada vez más perfecta simbiosis o solidaridad de intereses entre gobernantes y banqueros, que en gran medida se ha mantenido hasta hoy.” (21)
En definitiva, los burócratas del Estado y los banqueros se llenaron sus bolsillos a partir de una asociación ilícita cuyo negocio consistía en violar contratos, generando moneda fraudulenta y expandir crédito en forma artificial a expensas de generar ciclos de boom&bust, es decir: auges económicos artificiales con crecientes inflaciones que indefectiblemente siempre terminan seguidos de recesiones deflacionarias o estanflaciones que en muchas oportunidades devienen en crisis.
En el siguiente capítulo vamos a explicar a fondo este fenómeno.
16. “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta edición, página 44.
17. Jesus Huerta de Soto, basándose en Juan Manuel Guzmán Hermida, explica que “Isócrates vivió casi 100 años (entre los años 436 y 338 A.C.). Su padre Teodoro era un ciudadano de clase media que se había enriquecido gracias a su fábrica de flautas, lo que le permitió dar a sus hijos una esmerada educación. Según parece, fueron maestros directos de Isócrates Terámines, Gorgias y, sobre todo, Sócrates (hay un pasaje de Fedro en donde Platón pone en boca de Sócrates un elogio, al parecer irónico, del joven Isócrates, en el que Sócrates hace una profecía sobre el gran porvenir del mismo). Isócrates se dedicó a la actividad de logógrafo, es decir, a escribir discursos jurídico-forenses para otros (que demandaban o defendían sus derechos) y después abrió una escuela de retórica en Atenas”. Ver pie de página de la página 39 en “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta edición.
18. Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta edición, página 45.
19. “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta edición, página 46.
20. Se define hurto como “el apoderamiento fraudulento de una cosa, para realizar lucro, ya sea de la misma cosa, ya también de su uso o posesión; lo que por ley natural está prohibido hacer».
21. “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta edición, página 36.
4. LOS BANCOS MEDIEVALES Y DE LA ERA MODERNA Y LAS CRISIS DE “Boom & Bust”
Con la caída del Imperio Romano de occidente, los flujos comerciales se desplomaron y la actividad bancaria y financiera despareció. Recién a finales del siglo XI y principios del siglo XII apareció un tímido resurgimiento comercial, principalmente concentrado en las ciudades de la península itálica como Venecia, Pisa y Florencia, que empezaron a establecer lazos comerciales con Constantinopla y Oriente. En este contexto, la actividad bancaria comenzó a resurgir.
En principio, los bancos resurgieron cumpliendo los principios jurídicos del derecho romano. El negocio bancario resurgió con dos bancas bien separadas, la que recibía depósitos en guarda y mantenía encaje del 100% por un lado, y la banca que aceptaba préstamos y hacía intermediación financiera. Sin embargo, más temprano que tarde, los banqueros volvieron a empezar a quebrar contratos y comenzaron nuevamente a usar dinero ajeno en su propio beneficio, prestando de manera fraudulenta lo que no se podía prestar. Obviamente, este delito resurgió con la aprobación implícita de los burócratas de turno que, en general, desistieron de controlar y hacer cumplir los principios del derecho, concediendo privilegios y prebendas para que los banqueros actuaran irregularmente a cambio de una participación del negocio, que era transferida como préstamos hacia los reyes o ingresos fiscales.
a) Los Templarios
Los templarios se crearon en Jerusalén en el 1119 como orden religiosa y militar. El hecho de que fuera militar les daba seguridad y la religiosidad los dotaba de autoridad moral, por lo cual comenzaron de recibir depósitos en guarda a cambio de un fee. A su vez, como eran militares y estaban armados, comenzaron a ofrecer el servicio de traslado de dinero también contra el pago de honorarios. Con el resultante de su negocio comenzaron a dar préstamos, es decir; empezaron a dar crédito sin violentar los principios básicos del derecho. No era crédito fondeado con el dinero recibido en custodia. El rey de Francia Felipe IV (el Hermoso) disuelve la orden con el objeto de apropiarse de sus riquezas en 1311.
De acuerdo con A.P. Usher (22) ya a comienzos del siglo XIII aparecieron las primeras señales de que los banqueros privados comenzaron a no guardar el encaje del 100%, violar la propiedad privada comenzando a utilizar en su propio beneficio el dinero de sus depositantes dejado en guarda, lo cual dio lugar a la banca con reserva fraccionaria, y a la expansión del crédito artificial sin respaldo de ahorro genuino. O sea, surgió primero la actividad ilegal de conceder préstamos contra depósitos a la vista y solo más tarde la actividad bancaria de emitir billetes moneda sin respaldo, que apareció recién en el siglo XVII. Igualmente, es muy importante que en términos de impacto económico, los efectos macroeconómicos de dar crédito artificial y de emitir papel moneda sin respaldo son exactamente los mismos; ambos generan boom&bust: auges económicos artificiales con crecientes inflaciones que indefectiblemente siempre terminan seguidos de recesiones deflacionarias o estanflaciones que en muchas oportunidades devienen en crisis.
b) El primer banco medieval
Aproximadamente en el año 1100, una asociación voluntaria (compagna) de todos los ciudadanos creó la República independiente de Génova; el poder ejecutivo fue concedido a un número de cónsules elegidos anualmente en una asamblea popular. El poder legislativo estaba en manos de pequeños nobles y burgueses influyentes. En ese marco, surge la Gran Tavola, que fue “el banco más grande del siglo XII”. En su surgimiento, este banco tenía dividido con claridad por un lado, el negocio depósito a la vista y, por el otro, el negocio de depósito a plazo, dejándose en claro que este segundo tipo de depósito consistía en un préstamo. O sea, el banco genovés se atenía a derecho y respetaba la propiedad privada en sus primeros días de existencia.
Sin embargo y de acuerdo con Usher, los banqueros paulatinamente y en forma creciente empezaron a prestar el dinero ajeno persiguiendo su propio beneficio, con lo cual empezaron a crear depósitos y crédito artificial sin contrapartida de ahorro, ya que las autoridades no ponían mucho fervor en que se mantuviera encajado el 100% de los depósitos recibidos a la vista. Por el contrario, es más, las autoridades terminaron concediendo el encaje fraccionario, ya que fueron los primeros y los que en mayor medida se aprovecharon de la actividad bancaria fraudulenta. Según Usher, pareciera que a los banqueros se les concedió el privilegio de lucrar con el dinero que sus clientes le depositaban a vista, a cambio de financiar al rey, sus cortes, guerras, cruzadas, etc.
c) La Banca en Florencia
A comienzos del siglo XIII se fue desarrollando una incipiente banca en Florencia. Las bancas más importantes fueron las de los Acciaiuoli, los Bonaccorsi, los Cocchi, los Antellesi, los Corsini, los Uzzano, los Perendoli, los Peruzzi y los Bardi, entre otros. Estas bancas privadas comenzaron a ganar trascendencia y volumen en el siglo XIV. A partir de los trabajos de Carlo Cipolla (23), se conoce que estos bancos empezaron a hacer uso fraudulento de sus depósitos a la vista, expandiendo crédito artificial sin contrapartida de ahorro. Esta política generó boom & bust. En principio hubo un auge económico artificial que luego fue seguido con una profunda recesión con fuga de depósitos y caída masiva de la deuda pública del gobierno de Florencia, que se había financiado espuriamente con los préstamos fraudulentos de la banca. Entre 1341 y 1346 quebraron todos los bancos y los depositantes recibieron entre un quinto y la mitad de los depósitos originales con quiebras entre ellos artesanos, talleres y comerciantes.
El Banco de los Médici duró 97 años, de 1397 a 1494. En sus primeros días del siglo XIV, la banca Medici solo operaba con depósitos a plazo y no aceptaba depósitos a la vista. Por contrato, el banco podía invertirlos libremente dentro del plazo del contrato de depósito recibido. Como contrapartida, el banco le pagaba interés a sus depositantes. A partir de un determinado momento del siglo XV, el banco Medici comenzó a aceptar depósitos a la vista. De hecho, en documentos descubiertos del propio banco correspondientes a marzo de 1442, se encontraron anotaciones de probabilidad estimada que se consideraba que existían de tener que devolver el correspondiente depósito al cliente. De acuerdo con estimaciones de Raymond de Roover, los depósitos a la vista estuvieron respaldados en un 50% por reservas inmovilizadas, lo cual implicaba una expansión del crédito espurio de 2. Estos ratios fueron empeorando con el tiempo, sobre todo después de 1464, cuando la política crediticia expansiva se volvió desmedida. En este sentido, el banco llegó a operar con encaje inferior del 10%.
Esta expansión crediticia también dio lugar a boom & bust. Primero hubo un boom artificial basado en el crecimiento artificial de la cantidad de dinero con creación de depósitos y créditos sin contrapartida de ahorro genuino. Luego, más entrado en la segunda mitad del siglo XV aparece la recesión. Finalmente, el banco Medici terminó quebrando y todos sus activos cayeron en manos de sus acreedores, por las mismas razones por las que quebraron también el resto de sus competidores, es decir, por los inevitables efectos de expansión artificial y posterior recesión económica que siempre genera la violación de los derechos de propiedad privada y se hace intermediación financiera con los depósitos a la vista.
d) Barcelona: de la banca privada a la Taula de Canvi (24)
En Barcelona, al igual que lo acontecido en las ciudades italianas, los bancos privados aparecen en el siglo XIII. La regulación bancaria es de 1300/1301. Se estableció que cualquier banquero que quebrase sería declarado infame mediante un vocero público a lo largo de toda la ciudad de Barcelona, siendo castigado a mantenerse con una dieta estricta de pan y agua mientras no devolviera a sus acreedores el importe íntegro de sus depósitos. A su vez, en 1301, se estableció la obligación de conseguir avales o garantías de terceros para desarrollar la actividad bancaria, estableciéndose un mecanismo de diferenciación entre los banqueros con avales y los banqueros sin avales con el propósito de que los clientes pudieran identificar quiénes eran más (ponían mantel en su mesa) y quiénes eran menos solventes (no podían poner mantel en su mesa); respectivamente. Cualquier banquero que incumplía esta norma era juzgado y condenado por fraude y estafa.
Está claro que en los comienzos, las autoridades de Cataluña tenían un fuerte afán por defender la propiedad privada y que la banca privada no fuera fraudulenta. Tanto es así, que cuando comenzaron a aparecer algunos fraudes, las normas se pusieron todavía mucho más duras. Concretamente, en 1321 se estableció que los banqueros que no honraran sus compromisos con carácter inmediato serían proclamados en bancarrota y, en caso de no satisfacer sus deudas en el plazo máximo de un año, serían decapitados justo delante de su mesa y su propiedad vendida para hacer frente a sus obligaciones con los acreedores.
Más allá de las fuertes regulaciones, en Barcelona también se comenzó a violar la propiedad privada en forma generalizada y los banqueros comenzaron a crear crédito artificial con el financiamiento de los depósitos a la vista, es decir; artificial y sin contrapartida de ahorro genuino. El boom artificial se convirtió en bust y los bancos privados catalanes quebraron en masa, al igual que en Italia, bien entrada la segunda mitad del siglo XIV.
Estas crisis del sistema bancario catalán de fines de siglo XIV, llevó a que en 1401 se creara la Taula de Canvi de Barcelona, que se creó con la finalidad de aceptar depósitos y financiar con ellos los gastos municipales y la emisión de títulos de deuda pública de la ciudad de Barcelona; o sea, un banco creado por los burócratas públicos con el fin de lucrar a partir de los manejos fraudulentos de la actividad bancaria. En Valencia, se creó otra Taula de Canvi similar en 1407. La Taula de Canvi de Barcelona suspendió pagos en 1468 cuando sus reservas bancarias ascendían al 29% de los depósitos totales y por ende, la expansión del crédito era 3,3 veces el dinero metálico en caja del banco. La Taula de Canvi valenciana cerró mucho antes en 1419, obligando a la hacienda municipal a recurrir a prestamistas particulares con el consiguiente quebranto en la hacienda municipal.
e) Los Bancos de Sevilla (25)
En el siglo XVI, en época de Carlos V, los principales banqueros de Sevilla eran los Espinosa, Domingo de Lizarrazas, Pedro de Morga, Cristóbal Francisquín, Diego Martínez, Juan Íñiguez y Octavio de Negrón. En las primeras décadas del siglo, la actividad bancaria fue floreciente. A medida que más oro ingresaba de América, más floreciente se hacía. Así se generó un boom económico. Sin embargo, todos estos banquero terminaron quebrando por no poder hacer frente al retiro de depósitos a la vista entre 1553 y 1579, lo cual demuestra que actuaron fraudulentamente utilizando encaje fraccionario en un marco de asociación inmoral y complicidad en primera instancia con los burócratas de Sevilla y en último término con Carlos V, quien financiaba su política imperial con el producido fraude de la actividad bancaria. En pocas palabras, otra demostración más de que la política de expansión artificial de la cantidad de depósitos y crédito sin respaldo de ahorro genuino terminó generando en España, al igual que en Italia, un boom & bust en el siglo XVI. Hubo un auge artificial con aceleración inflacionaria en la primera mitad del siglo XVI que luego devino en recesión y crisis con quiebras bancarias.
f) El Banco de Amsterdam
Se creó en 1609 y surgió como contra respuesta al caos bancario acontecido en la segunda mitad del siglo XVI en toda Europa, pero especialmente en Italia y España, en donde la violación del encaje del 100% y la práctica bancaria fraudulenta que expandió el crédito en forma artificial, generó auges económicos artificiales que inexorablemente condujeron a fuertes recesiones posteriores con quiebras masivas y generalizadas de bancos.
En este contexto, desde su fundación uno de los pilares del banco de Amsterdam era mantener en todo momento un coeficiente de caja del 100 % para los depósitos «a la vista». Según Huerta de Soto, “se pretendía con esta medida desarrollar la actividad bancaria de forma legítima, y también evitar los abusos y quiebras que históricamente se habían venido produciendo en todos los países en los cuales el Estado, no solo no se había preocupado de declarar ilegal y prohibir la apropiación indebida del dinero depositado a la vista en los bancos, sino que por el contrario, y en la mayor parte de los casos, había terminado concediéndoles todo tipo de privilegios y licencias para su fraudulento actuar, a cambio de poder aprovecharse fiscalmente del mismo” (26).
Durante los primeros 150 años de existencia, el banco de Amsterdam guardó una relación de prácticamente 1 a 1 entre sus depósitos y reservas bancarias, manteniendo con gran celosía el encaje del 100% para los depósitos a la vista. Así los depósitos como las reservas en metálico pasaron de 1 millón de florines durante 1610/1616 a cuatro millones de depósitos a tres millones quinientos mil entre 1619 y 1635. Luego, pasivos y activos se vuelven a equilibrar perfectamente en poco más de 11 millones ambos en 1645. En 1772, tanto los depósitos a la vista como las reservas ascendían a 29 millones de florines, lo cual muestra que siempre se guardó el encaje del 100%.
Esta política de respetar el encaje del 100% le permitió al Banco de Amsterdam poder enfrentar sin ningún inconveniente todas las corridas bancarias (generadas en diferentes contextos de crisis) que se suscitaron honrando hasta el último centavo todo pago de depósito requerido. Por ejemplo en 1672, ante el pánico por amenaza francesa, hubo una retirada masiva de depósitos que llevó a que los bancos de Rotterdam y de Middleburgo suspendieran los pagos. Por el contrario, el banco de Amsterdam pagó todos los depósitos.
Sin embargo, atenerse a derecho y el encaje del 100% sobre los depósitos a la vista no le duró toda la vida al Banco de Amsterdam. A partir de el año 1780, aproximadamente, con el estallido de la guerra entre Holanda y Gran Bretaña, el Banco de Amsterdam empezó a, en forma encubierta, no cumplir con el encaje del 100%. Este comportamiento se fue prolongando con la extensión de la guerra que duró hasta 1784. Al término de la guerra, el coeficiente de encaje estaba en 25% y, en consecuencia, la multiplicación del crédito en 4. Una vez más, el financiamiento del aumento desmedido del gasto público y del déficit fiscal por causa de una guerra habían violado los contratos y avasallado los derechos de propiedad. Una vez más, los delirios fiscales de la casta política asociada inmoralmente con los banqueros se llevaron puesto una institución bancaria que por más de un siglo y medio se había atenido a derecho. Este comportamiento destruyó la reputación del banco, que empezó a sufrir un drenaje constante y creciente de sus depósitos hasta cerrar en 1819. La caída del Banco de Amsterdam fue un mojón histórico, ya que fue el último banco fundado para operar con coeficiente de caja del 100%. A partir de ese momento, todos los bancos empezaron a operar con sistema de encaje fraccionario, abandonando los principios generales del derecho para dedicarse a la intermediación financiera y a la expansión artificial de los créditos y los depósitos sin ahorro genuino de respaldo. Además, ya había empezado una nueva era en Inglaterra, la era del papel moneda.
g) El Riksbank sueco o Banco de Estocolmo
El banco sueco tiene una de las historias de degradación bancaria más rápidas y pronunciadas de la historia. En su fundación en 1656, el banco fue concebido coma una institución modelo, que había sido creada para atenerse a los principios generales del derecho y del respeto de la propiedad privada, trabajando con un encaje del 100% para los depósitos a la vista. De hecho, el banco operaba con dos unidades de negocios bien separadas: un almacén de valor con encaje del 100% y una banca destinada a la intermediación financiera con toma y otorgamiento de préstamo. Sin embargo, más temprano que tarde, el banco dejó de respetar el encaje del 100% y terminó absorbido por el Estado sueco en 1668.
Una vez absorbido por el Estado sueco, el Riksbank inventó la peor estafa de todas, la mayor estafa de la era bancaria moderna: la emisión de billetes de banco o certificados de depósito por un importe superior a los depósitos en metálico realmente recibidos. Nació un nuevo y lucrativo negocio, el dinero papel (27) por un monto superior al dinero “de verdad” recibido. Nació en el Estado, en un banco estatal. En pocas palabras, el Riskbank es un eslabón más en la cadena de perfeccionamiento de la asociación inmoral y complicidad solidaria entre burócratas del Estado y banqueros. No solo es un banco que crea créditos y depósitos en forma artificial para obtener ganancias espurias y financiar las actividades gubernamentales, sino que el Estado era su único accionista (ya estaba inventado) e imprimía papel falsificado al cual llamaba dinero (novedad).
h) El Banco de Inglaterra
Es interesante analizar el caso del banco inglés, por dos motivos. Primero, porque el Banco de Inglaterra puede ser considerado la prehistoria de los Bancos Centrales como son conocidos hoy en día. Su evolución en el tiempo es la que termina dándole forma al concepto actual de Banco Central. Primero con la ley Peel de 1844. Finalmente con su nacionalización en 1946. De hecho, fue el modelo que otras grandes naciones copiaron durante los subsiguientes doscientos años cuando crearon sus propios “bancos de bancos”. Segundo, porque a solo veintiséis años de su creación, el Banco de Inglaterra fue uno de los generadores, junto a la Compañía de los Mares del Sur y la casta política, de la emblemática burbuja financiera de 1720, sentando precedente de la gran capacidad de generación de ciclos de boom&bust que iba a tener la actual organización monetaria.
El Banco de Inglaterra se creó en 1694 y desde el primer momento abandonó los principios generales del derecho, ya que desde su inicio tuvo como objetivo primordial financiar el gasto público y la actividad gubernamental. Sin embargo, no era ni un banco estatal, ni de la corona, sino que era privado y pertenecía a la familia Rothschild, que era una familia de origen judeo alemán que, asociados Kuhn, Loeb, Lehman, Warburg, etc, eran los dueños de las instituciones financieras más importantes del siglo XVIII. Luego, en el siglo XIX, los Rothschild se convirtieron en la familia banquera, tal vez, más importante del mundo.
En este marco, hay que aclarar que el banco de Inglaterra gozó de la concesión máxima de privilegios por parte de las autoridades: monopolio de depósitos oficiales, monopolio de la emisión de billetes, concesión de préstamos y adelantos a la hacienda pública con cargo a los mismos y prebendas para no respetar el encaje del 100% para los depósitos a la vista y así crear dinero y depósitos artificiales sin respaldo de ahorro a cambio de multiplicar sus ganancias. Con esta intermediación financiera espuria, el Banco de Inglaterra, junto a la Compañía del Mar del Sur, contribuyó a crear un boom & bust que creó un auge económico y financiero artificial que devino en crisis en 1720. A esta burbuja se la conoció como “La Burbuja del Mar del Sur” en 1720. En esta burbuja subieron las acciones, bonos y propiedades inmobiliarias. Hubo alzas de ´900%. El boom empezó en enero de 1720. Los precios subieron hasta septiembre. La corrección se hizo toda en los últimos tres meses de 1720.
Es muy interesante detenerse en la burbuja financiera del Mar del Sur acontecida en 1720, porque muestra a las claras la asociación inmoral y la complicidad solidaria entre burócratas del Estado y sector financiero, que lucran creando dinero desde la nada misma, generando burbujas insostenibles que indefectiblemente terminan estallando, y llevando a la economía hasta el abismo. En este sentido, es interesante presentar la historia previa a la burbuja, su creación y también sus consecuencias.
La Compañía del Mar del Sur se fundó en 1711. Su principal objetivo era colocar y gestionar la deuda del Imperio Británico que estaba en guerra con España. O sea, su propósito inicial fue financiar la deuda del gobierno británico en período de guerra. Ergo, su actividad principal era atraer inversores a que financien letras y bonos del Estado británico. Como contrapartida, el gobierno inglés le concedió a la Compañía del Mar del Sur los derechos exclusivos de comercio con las colonias americanas de España.
El acto de fundación de la compañía radicó en que sus accionistas asumieran un total de 10 millones de libras esterlinas en deuda del estado a cambio de acciones en la Compañía. Como contrapartida, el gobierno concedió a los bonistas una anualidad a perpetuidad por valor del 6% de interés sobre los 10 millones. El gobierno tenía intención de financiar la operación por medio de las tasas y tarifas comerciales sobre los bienes importados de Sudamérica por la propia Compañía. Este arreglo inicial hizo muy atractiva la inversión en la Compañía.
Sin embargo, en 1713 se adicionó otra nueva unidad de negocios a la Compañía. Esta nueva unidad de negocios impulsaba la facturación y el valor de las acciones de la firma a partir de una nueva asociación inmoral con los gobernantes: se le concedió el derecho a importar esclavos a las colonias españolas del Caribe, y a enviar un barco comercial al año. Como contrapartida, la Compañía asumió otros 2 millones de libras de deuda del gobierno en 1715.
En este marco, en 1717 el pago de los bonos estatales se había convertido en una carga onerosa para el tesoro británico. Al mismo tiempo, los gastos del Estado se habían incrementado a unos 65 millones de libras anuales sin contrapartida similar en la expansión de la recaudación. Más deuda se necesitaba. Puntualmente, en 1719 el gobierno británico tenía una deuda de unos 50 millones de libras, de la que unos 4 millones estaban controlados por el Banco de Inglaterra, 3 por la Compañía Británica de las Indias Orientales y 12 por la Compañía de los mares del sur.
Las necesidades financieras del Imperio Británico y la asociación inmoral y solidaria entre burócratas, financistas y banqueros hicieron que la Compañía Mar del Sur adquiriera un poco más de la mitad de toda la deuda pública con una ampliación de su propio capital accionario. Es decir, la Compañía emitió nuevas acciones para hacerse de ahorro con que financiar al Estado. Parte de esta compra de acciones estuvo financiada por crédito artificial del Banco de Inglaterra.
Con esta operatoria, la Compañía se aseguró un cash flow a perpetuidad de parte del Estado imperial, garantizándose una fuente de ingresos constantes para los nuevos accionistas de la Compañía. Así, la aparente estabilidad de los ingresos de la Compañía fue el primer factor desencadenante de la llamada burbuja de los mares del sur.
En segundo lugar, la Compañía comenzó a divulgar rumores de que su comercio internacional con las Américas crecería exponencialmente incluyendo altas remesas de oro y plata. Así el precio de la acción de la Compañía se elevó aún más retroalimentando la burbuja, que además también se vio potenciada adicionalmente por otra acción impulsada por la política y financiada por el Banco de Inglaterra: a comienzos de 1720 la Compañía recibió una línea de crédito del propio Parlamento Británico, financiada también por el crédito espurio del Banco de Inglaterra, por valor de 70 millones de libras para expandir sus actividades comerciales. Todas estas acciones causaron un impresionante boom entre los inversores británicos que hizo que el valor de cada acción saltara de 128 libras (enero) a 550 libras (mayo) en los primeros cinco meses de 1720. A principios de junio de 1720 la acción llegó a 890 libras.
La creación de depósitos y crédito artificial del Banco de Inglaterra, con su artificial monetización de la economía estuvo detrás de la creación de esta burbuja de la cual participaron masivamente los burócratas del Estado. De hecho, muchos inversores fueron destacados políticos ingleses. Se les había ofrecido la opción de comprar las acciones a precio de mercado, asegurándoles el derecho a vendérselas a la propia Compañía a una fecha posterior embolsándose la ganancia. Este rulo financiero infló aún más el valor de las acciones de la Compañía ofreciendo un claro incentivo para la especulación financiera que, al mismo tiempo, estaba apuntalada por el prestigio social y económico de los agentes intervinientes, los cuales estaban todos entrelazados a través de la política y sus prebendas para con el sector banquero y comercial.
El rápido aumento del valor de la acción provocó y generó un boom bursátil especulativo en todo el mercado accionario a lo largo y a lo ancho de todo el Reino Unido. A principios de agosto de 1720 la acción de Mares del Sur alcanzó las 1000 libras. Sin embargo, no tardó en cambiar la tendencia. Hubo toma de ganancias masivas, la acción comenzó a no parar de caer. La crisis se propagó a los bancos que se habían endeudado fuertemente para adquirir y especular con acciones. Esta propagación al sistema bancario no tardó en contagiarse hacia la economía real dando lugar a bancarrotas comerciales.
La cotización de la acción bajó hasta 100 libras antes de fin de 1720. Al año siguiente en 1721 se publicó un informe en el cual se reveló todo el fraude financiero organizado por los directores de la compañía que fueron arrestados. Paralelamente, se anunciaron una serie de medidas para restablecer la confianza pública y la solvencia de la compañía. La Compañía continuó con su comercio hasta el final de la Guerra de los Siete Años en 1763 (28). Sin embargo, su principal función fue siempre manejar la deuda gubernamental, más que comerciar con las colonias españolas. Tanto es así que luego de dejar la actividad comercial, continuó administrando parte de la deuda pública británica hasta su cierre en 1850.
Más allá de ser partícipe importante en la burbuja financiera de 1720, el Banco de Inglaterra pudo surfear la ola del boom&bust de 1720, y siguió operando siempre bajo el sistema de encaje fraccionario, creando depósitos, crédito y dinero artificial sin respaldo de ahorro genuino. A lo largo de todos sus días, el Banco de Inglaterra siempre financió al Tesoro. Con el pasar de las décadas, el coeficiente de encaje fue bajando, la relación reservas/depósitos cayendo y la multiplicación del crédito aumentando. Tanto es así, que el Banco de Inglaterra suspendió el pago en metálico de sus depósitos en 1797. Al mismo tiempo, se declaró que los billetes de papel emitidos por el Banco de Inglaterra tenían curso forzoso para pagar impuestos y deudas.
i) La otra estafa: el Banco Real Francés
Esta performance del Banco de Inglaterra no fue aislada. Por el contrario, del otro lado del Canal de la Mancha sucedió un fenómeno similar con el Banco Real Francés (29), que también impulsó una burbuja financiera, generó boom & bust y terminó declarando la inconvertibilidad metálica de los depósitos y el curso forzoso del dinero papel. Sin embargo, en Francia la situación fue aún más obscena que en Inglaterra. ¿Por qué? Porque a diferencia del Banco de Inglaterra que era privado, el Banque Royal francés era estatal, con lo cual las prácticas inmorales fueron llevadas hasta un extremo aún más aberrante. Si a esto se le suma la revolución francesa, no sorprende que “todo” haya terminado en hiperinflación hacia fines del siglo XVIII.
El dinero sin ningún respaldo más que “el del rey de Francia” más la inconvertibilidad de los depósitos en oro y plata devino en hiperinflación, lo cual no solo no debe sorprender, sino que era el resultado más probable. En este sentido, vale citar las palabras de Murray Rothbard cuando explica que “la manera más directa en que un gobierno puede fomentar la inflación, es otorgar a los bancos el privilegio especial de rehusarse al pago de sus obligaciones, en tanto que siguen en funcionamiento. Mientras todos los demás tienen que pagar sus obligaciones o ir a la quiebra, se permite a los bancos que rehusen el pago de lo acreditado en sus recibos y, al mismo tiempo, puedan obligar a sus propios deudores a cancelar sus deudas a su vencimiento. El nombre usual que esto tiene es “suspensión de pagos en metálico”. Sería una denominación más adecuada: “licencia para robar”; porque, ¿de qué otra manera podemos llamar a un permiso del gobierno para continuar operando comercialmente sin cumplir lo pactado por uno mismo?” (30)
Gráfico 1: burbuja accionaria creada por compañías y bancos con prebendas políticas


Fuente: Francois Velde para Compañía del Misisipi y Economipedia para Compañía del mar del sur
j) El siglo XVIII, la expansión del abuso
En definitiva, la alianza inmoral y la complicidad solidaria entre burócratas, políticos y banqueros, si bien se habían manifestado (con diferente fuerza) a lo largo de toda la historia, nunca habían estado tan presente y con tanta fuerza como en la Gran Bretaña y la Francia del siglo XVIII. A lo largo de ese siglo, la violación del encaje del 100% y la banca con reserva fraccionaria alcanzaron límites nunca vistos en las dos máximas potencias europeas. La actividad fraudulenta de los banqueros y la complicidad de los correspondientes gobiernos y de la casta política batió todos los récords, logrando fabricar las burbujas financieras y los boom & bust más grandes de la historia de la humanidad nunca antes vistos.
Además, tanto la experiencia inglesa como francesa del siglo XVIII agregaron un nuevo eslabón escala a la cadena de la estafa fraudulenta, los burócratas y banqueros ya no se conformaron con utilizar en beneficio propio el dinero de sus depositantes creando depósitos, dinero y crédito artificial sin respaldo de ahorro genuino, sino que decretaron la inconvertibilidad de los depósitos en oro y plata defaulteando masivamente a sus depositantes y, además, crearon la banca de emisión de dinero papel. Ambos bancos empezaron a emitir papelitos de colores que se sabían que no tenían respaldo en oro y plata o que, como en el caso de Francia, solo tenían “el respaldo del rey”. Obviamente, la multiplicación artificial del dinero y del crédito alcanzó niveles nunca vistos antes. Los resultados negativos también.
Sin lugar a duda, toda esta dinámica acontecida en Gran Bretaña y Francia fue el caldo de cultivo necesario para que terminara emergiendo la discusión teórica entre la Banking School y la Monetary School en el siglo XIX. La primera escuela defendía el encaje fraccionario en sistema de banca libre. La segunda escuela se oponía al encaje fraccionario y proponía abandonar la banca libre, es decir; proponía crear bancos centrales oficiales a los cuales había que concederles el monopolio de la emisión y el control de la intermediación financiera para poner un freno o límite al negocio bancario y a la creación espuria de dinero artificial, y depósitos y crédito sin respaldo.
En pocas palabras, la coyuntura monetaria de Gran Bretaña y Francia de finales del siglo XVIII preparó el terreno para que en el siglo XIX se discutieran los fundamentos teóricos que terminaron dando forma al andamiaje monetario del siglo XX y XXI: Banco Central Estatal con monopolio de la emisión monetaria y sistema de encaje fraccionario regulado por el propio prestamista de última instancia que crea dinero sin respaldo y cobra el impuesto inflacionario.
22. Ver “The Early History of Deposit Banking in Mediterranean Europe” de A.P. Usher, Harvard University Press (1943).
23. “El gobierno de la moneda: ensayos de historia monetaria”, Editorial Crítica, Barcelona (1994).
24. Ver “The Early History of Deposit Banking in Mediterranean Europe” de A.P. Usher. Harvard University Press (1943).
25. Ver “Carlos V y sus banqueros” de Ramón Carande. Editorial Crítica (1987).
26. “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial (2016), sexta ediciónen 1645, página 81.
27. En realidad, el dinero papel se crea en China en el siglo VII, pero su uso recién se oficializa en 812 después de Cristo.
28. La guerra de los Siete Años se libró entre 1756 y 1763 e implicó a la gran mayoría de las grandes potencias de la época. Los dos principales oponentes fueron Francia y Gran Bretaña. Sin embargo afectó a Europa, Norteamérica, Centroamérica, la costa occidental de África, la India y las Filipinas. Es considerada la primera guerra a gran escala librada en varios continentes dentro de un conflicto global. El móvil del litigio fue el control del comercio internacional proveniente de las colonias. Los dos eran: por un lado, el Reino de Prusia, el Reino de Hanóver, Gran Bretaña y su aliado Portugal; y por la otra parte el Reino de Sajonia, el Imperio austríaco, el Reino de Francia, el Imperio ruso, Suecia y España.
29. En su origen, el Banco Real Francés había sido fundado con el nombre Banco General Privado por John Law en 1716. Desde el comienzo no guardó encaje del 100% para los depósitos a la vista, porque se consideraba que “usando el dinero depositado se incrementaba la cantidad de dinero en circulación y se estimula el nivel de actividad y el desarrollo de la economía.”
En agosto de 1717, el Banco General Privado compró la Compañía del Misisipi para ayudar a la colonia francesa de Luisiana. Luego, a través de prebendas y favores de los burócratas del gobierno francés, la firma accedió al monopolio del comercio con las Indias Occidentales y América del Norte. Sin embargo, el banco se convirtió en el Banque Royale (Banco Real) en 1718, lo que significó que sus billetes pasaron a tener el respaldo y a estar garantizados por el rey Luis XV de Francia. Casi instantáneamente el banco comenzó a emitir más billetes en forma exponencial. Paralelamente, y al igual que en el caso de la Compañía de los Mares del sur en Gran Bretaña, se inflaron las supuestas ganancias comerciales de la Compañía del Misisipi. En 1720, el banco y la compañía estaban fusionados y John Law fue nombrado Controlador General de Finanzas por parte de Felipe II de Orleans, en ese entonces regente de Luis XV de Francia. La popularidad de las acciones de la compañía creció exponencialmente. El Banco Real Francés imprimió billetes para que las personalidades acomodadas de la época compraran acciones de la próspera compañía. La burbuja explotó a finales de 1720 cuando los agentes económicos intentaron trataron convertir sus billetes en monedas y el banco decretó la inconvertibilidad del dinero papel en oro y plata. En este caso, las pérdidas generadas fueron tan cuantiosas que en la Francia del siglo XVIII se llegó a utilizar la palabra “banco” como sinónimo de “fraude”.
30. “¿Qué le hizo el gobierno a nuestro dinero?” de Murray Rothbard, Unión Editorial (2019).
5. Una estafa llamada Banco Central
a) Un mal generalizado
Hoy en día casi todos los países del mundo tienen una organización monetaria y bancaria similar que se encuentra basada en los bancos centrales. Hay un Banco Central a través del cual el Estado ejerce el monopolio de crear dinero fiduciario imprimiendo papeles sin respaldo (creación primaria del dinero). Al mismo tiempo, hay banca mayormente privada, en la cual también operan bancos estatales, que crea dinero a partir del encaje fraccionario y la intermediación financiera, expandiendo el crédito artificial y los depósitos sin respaldo (creación secundaria del dinero).
Esta banca cuyo negocio es la intermediación financiera no es libre, sino que se encuentra fuertemente intervenida por los burócratas del Estado, que por medio del Banco Central regulan a todo el sistema financiero, fijando coeficientes mínimos de liquidez, tasas, etc. A su vez, el Banco Central opera como prestamista de última instancia, es decir; emite dinero artificial y se lo presta a las entidades bancarias en caso de iliquidez momentánea o riesgo de quiebra. Además, en caso de que el riesgo sea mayor y afecte no a uno o dos bancos sino a todos (riesgo sistémico), el Banco Central suele intervenir con programas de salvataje que no son otra cosa que megaprogramas de emisión monetaria que socializan la quiebra del sistema bancario.
En pocas palabras, en casi todos los países del mundo, el Estado y el sistema bancario crean dinero sin respaldo. Por un lado, los bancos centrales crean base monetaria sin respaldo y dan lugar al impuesto inflacionario que distribuye ingresos en favor de la casta política. La única diferencia es de orden de magnitudes. Algunos países lo hacen menos, otros más. Por el otro, los bancos crean dinero por medio del multiplicar monetario, lo cual no solo también es inflacionario, sino que origina el ciclo económico; es decir, los booms artificiales que necesariamente están condenados a ser seguidos por recesiones y crisis recurrentes.
Como ya hemos mencionado, la mayoría de los bancos centrales del mundo son 100% estatales. Es más, la estatización de los bancos centrales fue ganando peso con el paso del tiempo. Tal vez, el caso más paradigmático en este sentido fue Gran Bretaña, cuyo Banco Central se estatizó recién en 1946 luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo y tal vez paradójicamente, el Banco Central más importante del mundo, la Reserva Federal de EEUU (31), pertenece a un conjunto de bancos privados.
No obstante, pasado poco más de un siglo desde la creación del Banco Central de Estados Unidos, se podría decir que la composición privada del paquete accionario de la Reserva Federal terminó siendo prácticamente una anécdota. ¿Por qué? Porque el gobierno terminó siendo determinante en la designación de los funcionarios del Banco Central. No solo esto, la autoridad monetaria terminó, en numerosas ocasiones, coordinando internacionalmente su política monetaria con otros gobiernos del mundo, amén que son los burócratas del Estado quienes declaran su moneda de curso legal, con fuerza cancelatoria obligatoria, y además, aceptan sus billetes en pago de impuestos.
El poder de los Bancos Centrales radica en dos fenómenos. Primero, tienen el monopolio de la emisión de billetes que fue concedido por el gobierno. Los bancos comerciales no pueden emitir billetes. Los bancos comerciales solo pueden otorgar créditos en forma de depósitos, y si sus clientes quieren los billetes, los banqueros tienen que ir a obtenerlos al Banco Central. O sea, a los bancos comerciales no les queda otra alternativa que operar con la autoridad monetaria. De aquí se deduce la trillada frase “El Banco Central es el banco de los banqueros”. O su otra versión “El Banco Central es el Banco de bancos”.
Es más, los Bancos Centrales prácticamente no dejan que los bancos comerciales tengan reservas “de verdad”. En los Estados Unidos, la ley de la Reserva Federal obligó a los bancos comerciales a mantener una proporción mínima de reservas en relación con los depósitos y, a partir de 1917, esas reservas tuvieron que consistir únicamente en depósitos en el Banco de Reserva Federal. El oro no pudo ya ser parte de las reservas legales de los bancos; sino que tuvo que ser depositado en el Banco de Reserva Federal. En Argentina, el BCRA regula que los bancos comerciales no pueden tener dólares por más del 5% de su patrimonio computable a noviembre de 2001.
Esta organización del sistema monetario en torno a un Banco Central con el monopolio de la emisión de dinero y el monopolio de la regulación bancaria es un tipo de organización que se expande homogéneamente a lo largo y a lo ancho de todo el globo terráqueo. Los datos son contundentes en este sentido. Comenzando la tercera década del siglo XXI, se puede decir que más del 99% de la población mundial vive bajo la órbita de un Banco Central. En este sentido y sin miedo a exagerar, se podría decir que la expansión del sistema del Banco Central ha sido casi mágica. Los bancos centrales le han sido impuestos a la mayor parte de los habitantes del planeta, bajo el pretexto de que las cuestiones monetarias son “demasiado importantes” para ser objeto de la política y que la única solución es tener un grupo de banqueros no electos que controlan el progreso de la economía sin nadie que se lo pueda discutir.
Los bancos centrales se han convertido en organismos verdaderamente intocables en el mundo actual, lo cual realmente sorprende, ya que sus efectos han sido altamente nocivos para la economía y la vida de las personas de a pie. Desde la creación de los bancos centrales se multiplicó la inflación y el endeudamiento público, mostrando que los bancos centrales han sido principalmente un (gran) vehículo para financiar las actividades gubernamentales y a sus burócratas. Hoy en día, la relación deuda-PIB para todo el planeta se acerca al récord del 300%.
Los bancos centrales son siempre una estafa en contra del individuo y el productor privado, ya que irremediablemente están para generar inflación y distribuir ingresos desde los que generan riqueza hacia la casta política. Lo único que varía es la fuerza e intensidad de los procesos inflacionarios generados, pero la esencia es siempre la misma.
Abajo se aprecia que entre 1866 y 1913 (sin Reserva Federal), la inflación promedió -1,0% anual en EEUU. Luego, con sistema de Reserva Federal, la inflación saltó a un promedio anual de +3,2% entre 1913 y 2018. Es decir, la Reserva Federal más que cuadriplicó la inflación anual en EEUU. Paralelamente, en Argentina, entre 1866 y 1935 (sin BCRA) la inflación ascendió a un promedio anual de +0,9%. Más tarde, entre 1935 y 2018 (con BCRA) saltó a un promedio anual de +137%.
Gráfico 2: inflación en EEUU y Argentina, antes y después de los Bancos Centrales.

Fuente: elaboración propia.
b) Los vicios del sistema de Banco Central y sistema de encaje fraccionario en la Argentina
Está más que claro que todos los vicios de este sistema, todos sus riesgos y malos (potenciales) resultados se potencian casi hasta el infinito en Argentina. Por un lado, tenemos un BCRA cooptado por la clase política que siempre ha expandido no solo la base monetaria en forma exponencial, sino también los pasivos no monetarios remunerados (LELIQ, Pases y antes LEBAC, etc) que son promesa de emisión de base futura. Ambos fenómenos son inflacionarios y saquean el poder adquisitivo (empobrecimiento) de la gente. Por otro lado, tenemos un sistema bancario con una cantidad importante de bancos públicos, que con fines electorales dan crédito artificial en forma recurrente. No solo es inflacionario, sino que alimenta el ciclo económico, generando (cada vez más) pequeños booms seguidos de (cada vez más prolongadas y recurrentes) recesiones y crisis. De hecho, las experiencias de 2015/2016 y 2017/2018 son dos buenos ejemplos en este sentido. Además y como si todo esto fuera poco, el sistema bancario privado financia siempre en forma mayoritaria al Estado argentino, ya sea a nivel nacional como provincial. Adicionalmente, tenemos un BCRA quebrado con patrimonio neto relevante (32) negativo, lo cual es promesa certera de más devaluación (e inflación) a futuro.
Gráfico 3: patrimonio neto de un BCRA quebrado

Fuente: elaboración propia en base a BCRA
¿Cómo es que el balance del BCRA se traduce en devaluación e inflación? El dinero, las LELIQ y los Pases Netos son un pasivo del Central. Como todo pasivo, se honran con el capital (reservas de “verdad”) que el deudor (BCRA) tiene en su activo. En este sentido, cuanto mayor sea el activo en relación al pasivo, mayor será la capacidad de repago y por ende más alto el valor de mercado de la deuda. Por el contrario, a menor activo y mayor pasivo, menor capacidad de repago y consecuentemente menor valor de la deuda.
El punto es que la deuda del BCRA no es otra cosa que el dinero. Y el valor del dinero no es otra cosa que su poder adquisitivo. El dinero tiene solo valor instrumental, es decir; su valor está expresado en términos relativos, o sea; en términos de su capacidad para comprar bienes y servicios. En este escenario, si por un lado las reservas (activo relevante) caen y por el otro, la base monetaria, LELIQ y pases netos (pasivo relevante) crecen, el balance (patrimonio neto) del Central se quiebra cada vez más y consecuentemente, el valor de su deuda se reduce. Esta caída del valor de su deuda no es otra cosa que la pérdida del poder adquisitivo del dinero. Con el deterioro del balance se necesitan más unidades de peso para comprar la misma cantidad de dólares (devaluación) y de bienes y servicios (inflación).
Los datos confirman la relación entre deterioro del balance del BCRA, devaluación e inflación. Luego del 28/12/2017 se inicia un creciente deterioro de la relación pasivo / activo del Central y un aumento de la inflación. El dólar sube más que el nivel general de precios porque la divisa norteamericana es un activo financiero que, al ser la contracara de la caída de la demanda de dinero, pica en punta (devaluación) para equilibrar el exceso de demanda en el mercado cambiario. Por el contrario, la inflación sube menos porque hace el catchup (incompleto) más lentamente. En este marco, se experimenta una suba del tipo de cambio real que refleja la falta de solvencia intertemporal de la deuda, el creciente riesgo de default (total con el FMI y bonistas) y la imposibilidad (descontada) de crecer.
En Argentina todo el mundo sabe que los papelitos fiduciarios emitidos por los burócratas del Estado no sirven como reserva de valor. De hecho, por esto último en Argentina hay una demanda de dinero condenada a caerse. Esto se entiende cuando se considera que la gente demanda dinero en función de: i) expectativas c/r a su precio futuro y ii) la incertidumbre. Si la gente tiene expectativa de que el precio del dinero bajará en el futuro, el dinero se gastará “ahora”, cuando tiene más valor, procediéndose a “desatesorar” y a reducir su demanda de dinero. Con respecto a la incertidumbre, cuanto más (menos) incierto sea el futuro, más (menos) dinero en efectivo se demandará.
Utilizando tanto un modelo de expectativas adaptativas, como un modelo de expectativas racionales, la gente espera más inflación a futuro. Los “números” y la nula reputación del BCRA juegan en este último sentido. Por el lado de los números, el BCRA está cada vez más quebrado. Los pasivos monetarios relevantes (BM + Leliqs + Pases) multiplican por 4,43 a las reservas de libre disponibilidad en noviembre’19. Un BCRA quebrado es promesa certera de más devaluación e inflación para licuar los (muchos) pasivos en pesos y ponerlos en línea con los (pocos) activos en dólares.
Por otro lado, el BCRA tiene nula reputación, ya que no solo ha convalidado diez años de tendencia inflacionaria creciente, sino que ha dinamitado las tres alternativas de política económica (control del tipo de cambio; control de la tasa de interés y control de la cantidad de dinero) que se conocen para bajar la inflación. Sin reputación, el BCRA no tiene credibilidad, y en consecuencia la gente no cree que el BCRA vaya a bajar la inflación en el futuro inmediato. Es más, teniendo en cuenta los fundamentos macro (intenciones de expandir el gasto y más déficit fiscal), la gente descuenta más política monetaria expansiva y más inflación en el mediano plazo. Si se espera más inflación, la demanda de dinero caerá más, y se terminará dando la profecía autocumplida: más inflación.
Si se descuenta más inflación, también se espera más incertidumbre a futuro, con lo cual la demanda de dinero por motivo precaución se incrementará. Sin embargo, no aumentará la demanda pesos, sino que crecerá la demanda de dólares, que es el dinero en el cual el público argentino confía como reserva de valor. Está claro que un aumento de la demanda de dólares es más caída para la demanda de pesos. En pocas palabras, tanto las expectativas de inflación, como los grados de incertidumbre operan para que la demanda de dinero (inflación) siga cayendo (acelerándose) en Argentina.
Además, está el CEPO, que potencia todos los problemas relacionados con el balance del BCRA, los pesos, la demanda de dinero, el dólar y la inflación. El CEPO no solo no parará la dinámica bajista de la demanda de dinero, sino que la incentivará. El CEPO es poner un precio máximo al dólar (subvaluado) y un precio mínimo al peso (sobrevalorado). La gente correrá a sacarse los pesos de encima que están artificialmente sobrevalorados para intentar cambiarlos denodadamente por dólares oficiales baratos.
Como hay escasez de dólares, el paralelo subirá más y aumentará su demanda. Este exceso de demanda de dólares se transformará en exceso de oferta en la economía real, o sea recesión, y todavía menos demanda de dinero por motivo transaccional y total. Menos demanda de dinero será más inflación. De hecho, nada de esto puede sorprender. Entre 2012 y 2015 el CEPO deterioró el balance del BCRA, generó pérdida de reservas y deterioró el poder adquisitivo del dinero, generando aumento del dólar y más inflación. En ese período, las reservas internacionales del BCRA cayeron -46,2% perdiéndose –usd21.960 millones. El dólar paralelo subió +225% y el dólar oficial +171%. La inflación se aceleró, pasando de un promedio mensual de +1,7% a +2,2%. Entre octubre de 2011 y diciembre de 2015 la inflación acumuló +192%, un +80,2% más que en el período similar previo de abril de 2008 / octubre 2011 (+107%). Paralelamente, las reservas cayeron –usd21.960 MM (-46,2%) en el mismo período. De acuerdo con las palabras de Albert Einstein, si buscas diferentes resultados, procura hacer distintas cosas. De aquí que si siempre haces lo mismo, los resultados son similares (ver gráfico 4). Ahora bien, si haces lo mismo pero en contextos cada vez más difíciles, los resultados solo podrán ser peores.
Gráfico 4: tipo de cambio, inflación y CEPO en 2012/2015


Fuente: elaboración propia en base a BCRA
Por otra parte, en Argentina también toda la gente tiene bien en claro, y tal vez mejor que en ninguna otra parte del mundo, que el sistema de encaje fraccionario funciona mientras que toda la gente no vaya en forma masiva a buscar su dinero a los bancos, porque el dinero “no está”. Este fenómeno ha acontecido en forma recurrente en Argentina, mucho más que en todos los países del mundo. Dado las malas políticas fiscales y monetarias, y teniendo en cuenta que el BCRA no puede emitir dólares, la gente suele correr con el peso contra el dólar y retirar sus divisas norteamericanas del sistema bancario. Ha sucedido recurrentemente en la historia argentina. Tenemos una historia con varios episodios en los cuales el BCRA pone trabas a la conversión del peso al dólar, pone un BONEX, un corralito, otro corralón o CEPO.
En este contexto, no puede sorprender la dinámica de los depósitos en el sistema cambiario a lo largo de 2019. La gente desarma sus depósitos a plazo fijo en pesos, los pasa a depósitos a la vista para comprar dólares y transformarlos en depósitos en moneda dura. Posteriormente, los agentes retiran del sistema bancario los depósitos en moneda norteamericana, lo cual implica pérdida de reservas. El BCRA pierde reservas vendiéndole dólares a la gente cuando pasa de pesos a dólares. Más tarde, pierde más reservas encajadas cuando los agentes retiran sus dólares. En este marco, los depósitos en dólares cayeron -37,4% entre agosto 2019 y mayo 2020. Del otro lado, las reservas internacionales del BCRA cayeron más de usd 20.000 (33) en el mismo período (ver gráfico 5).
Gráfico 5: pérdida de depósitos en dólares y reservas 2019/2020


Fuente: elaboración propia en base a BCRA
En este marco, hay que recordar que el dólar es el dinero en Argentina. ¿Por qué? Primero y principal porque el dólar es lo que elije masivamente el público. La acción humana y su natural proceso selectivo han hecho que nosotros escogiéramos el dólar como moneda, porque la divisa norteamericana es el bien más comerciable de todos en nuestra economía. El dólar es el bien que más fácil y rápidamente se puede vender en nuestra economía, lo cual lo convierte en el bien más demandado. Así, el dólar pasó a ser atesorado para servir como medio general de intercambio para operaciones futuras (reserva de valor). Posteriormente, y solo como consecuencia espontánea de ser medio general de intercambio, el dólar pasó a ser unidad de cómputo para los precios presentes y futuros (numerario). Por el contrario, el peso no tiene estas características.
En pocas palabras, el BCRA quebrado, su mala política monetaria y su permanente coacción por intentar imponer una moneda rechazade por el público, conduce al sistemático fracaso monetario que se refleja en la inconvertibilidad de los depósitos; moneda corriente en Argentina. El sistema colapsa y los ahorristas terminan indefectiblemente privados de sus ahorros y/o con su poder adquisitivo licuado.
Ahora bien, lo que casi casi todo el mundo desconoce, es que este sistema de encaje fraccionario es el responsable no solo de la “corrida”, sino también del ciclo económico; es decir, de los booms artificiales seguidos de las crisis y recesiones recurrentes. Y lo que todo el mundo sí desconoce, es que este riesgo está potenciado a la “N” por la existencia de un Banco Central, que estimula y retroalimenta todo el círculo vicioso que da lugar a que las crisis y recesiones se materialicen. Peor aún, la gente desconoce olímpicamente que los bancos centrales fueron originalmente pensados e ideados para evitar todos estos efectos negativos, pero en realidad terminaron logrando exactamente lo opuesto a lo que se buscaba.
En este contexto, solo basta mencionar que debe ser difícil encontrar un país en el mundo en el cual los agentes tengan menos confianza en el sistema bancario que en Argentina. Paralelamente, tampoco hay otro país como Argentina, en el cual los agentes ahorran masivamente en una moneda (dólar), y el sistema bancario da crédito y depósitos en otra moneda (pesos). No hay otro país en el mundo que tenga un Banco Central tan monetariamente piro maníaco como el BCRA. Ergo, no hay otro país en el mundo en el cual haya más probabilidad de que todos los agentes acudan conjuntamente a buscar sus depósitos que Argentina.
Explicado este escenario, es interesante estudiar la evolución y la discusión histórica entre los representantes del sistema de encaje fraccionario y los que se oponían al mismo. También es muy importante saber cómo y por qué razones se terminó aceptando e implementando un Banco Central monopólico. En otras palabras, es importante tener en claro cómo se llegó al actual régimen monetario predominante en el mundo. Esta discusión permitirá tener en claro que no es la única alternativa, y mucho menos la mejor opción.
c) Banking school vs monetary school
Hay que saber que en el siglo XIX hubo un debate entre dos escuelas opuestas. Por un lado, la Escuela Bancaria (Banking school) y por el otro, la Escuela Monetaria (Monetary school). La primera defendía el sistema de encaje fraccionario, la segunda se oponía al mismo.
El sistema bancario basado en el encaje fraccionario ganó popularidad en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX. Fue durante ese período cuando teóricos como Parnell, Wilson, MacLeod, Tooke, Fullarton fundamentaron y recomendaron su aplicación. Los representantes de la Escuela Bancaria, que procuraban defender su negocio en asociación inmoral y complicidad solidaria con los burócratas del Estado y la casta política, tenían bien en claro que necesitaban dotar al sistema de encaje fraccionario una sólida justificación moral, teórica y legal.
En este marco, la Escuela Bancaria dedicó grandes esfuerzos en diseñar una justificación del encaje fraccionario más allá de los usos y costumbres, más allá de la existencia de una simple situación de hecho. O sea, la Escuela Bancaria tenía conciencia que había que vestir con un ropaje de respetabilidad jurídica a esta práctica viciosa que los banqueros, en asociación con los burócratas del Estado, venían efectuando hace siglos. En este sentido, no sorprende que los banqueros se rodearan de intelectuales que procuraran justificar la irregularidad jurídica del encaje fraccionario que a todas luces atentaba contra los principios generales del derecho. Había que darle un marco teórico y legal a la irregularidad que había surgido como resultado de la falta de control, producto de la asociación inmoral entre banca y Estado.
Las justificaciones que se pretendieron dar se dividieron en dos grandes bloques. El primer grupo de justificaciones ahondó esfuerzos en pretender hacer creer que el depósito en guarda era un contrato equivalente o similar al contrato de préstamo. Claramente, y como ya hemos explicado en este mismo libro, tal equivalencia es imposible de hacer. Este tipo de intento de justificación fracasó y terminó siendo dejado de lado.
El segundo grupo de justificaciones pivoteó sobre el concepto de disponibilidad, intentando pasar del concepto de disponibilidad permanente, que tiene el contrato de depósito en guarda, a una disponibilidad “laxa” de manera que el banquero “podía guardar solo un encaje fraccionario, pero siempre y cuando calculara bien las probabilidades de retiro e hiciera inversiones prudentes alineadas con las buenas formas de la regulación y administración bancaria”
En otras palabras, este pretendido segundo tipo de justificación tenía intenciones de redefinir el concepto de disponibilidad, aduciendo que no había que ser tan estricto y exigir que el dinero estuviera siempre 100% inmovilizado, sino que en realidad era mejor y se debía trabajar con el concepto de “solvencia bancaria para hacer frente a los compromisos de retiro de depósitos” que es un concepto de disponibilidad más laxo, pero aplicable en forma exitosa todo el tiempo.
Poniendo blanco sobre negro, se pretendió justificar intelectualmente la eliminación del encaje del 100% recurriendo a la teoría de los grandes números, la probabilidad y la estadística. Según esta visión, el banco cumpliría con solo guardar la cantidad de dinero suficiente para poder satisfacer las «probables» demandas de retiro de fondos de sus clientes. O sea, se reemplaza el encaje del 100% por un cálculo de probabilidades con respecto al retiro de los depósitos. Es decir, según este andamiaje teórico, el contrato de depósito en guarda vira hacia un contrato probabilístico en el cual la disponibilidad permanente del dinero del depositante pende de la probabilidad del volumen del retiro de depósitos.
Sin lugar a duda, esta justificación está mal tanto desde lo moral, como desde lo técnico. Desde lo moral está mal porque se cambia el espíritu y filosofía del contrato. Desde lo técnico es un error intelectual, porque el cálculo de probabilidades está sujeto a error por el inherente riesgo moral que hay en todo sistema de encaje fraccionario. En otros términos, el propio encaje fraccionario hace que dichas probabilidades terminen estando mal calculadas. ¿Por qué? Porque el encaje fraccionario genera indefectiblemente el ciclo de boom&bust, y es este ciclo, en su fase recesiva, quien hace que las probabilidades de retiro de los depósitos hayan subestimado las demandas de depósitos de parte de los clientes. Esto último se entiende considerando que en toda fase recesiva del ciclo, cuando la tasa de interés ya subió se liquidan (malos) proyectos de inversión, se cancelan préstamos y se retiran depósitos. Y dado que las probabilidades son calculadas en la fase expansiva del ciclo, no hay encajes suficientes, los banqueros no pueden hacer frente al éxodo de depósitos y terminan siendo insolventes.
Sin lugar a duda, John Fullarton (1780-1849) fue uno de los principales referentes de la Escuela Bancaria. En su libro titulado “On the Regulation of Currencies” (1844), Fullarton explica que el sistema de encaje fraccionario no tiene riesgos inflacionarios. Según Fullerton la creación de dinero bancario no es inflacionaria, porque los billetes emitidos por los bancos se introducen en el sistema económico en forma de préstamos, no en forma de pagos directos por bienes o servicios. De esta manera, cuando la economía «necesita» más medios de pago demanda más préstamos, y cuando necesita menos, los préstamos son devueltos a los bancos, por lo que la expansión crediticia no produce efecto negativo alguno en el sistema económico.
Sin embargo, la postura de la Escuela Bancaria es errónea. Su error tiene origen en el profundo desconocimiento de los fundamentos de la teoría monetaria y del capital. Los representantes de esta escuela se equivocan porque en el “fondo”, no entienden qué implica en términos intertemporales emitir créditos fiduciarios. En este sentido, hay que tener presente que cuando un banco descuenta una letra u otorga un préstamo, está concediendo un bien presente a cambio de otro bien futuro.
Si asumimos que la creación de bienes futuros está limitada, la creación de medios fiduciarios que pueda crear la banca también debería estar limitada. Sin embargo, como bien ha puesto de manifiesto Ludwing von Mises, tal límite no existe. En efecto, los bancos pueden expandir ilimitadamente su crédito simplemente reduciendo el tipo de interés que piden en los correspondientes préstamos. Y es un problema, como bien explica von Mises, ya que se pasa por alto la posibilidad de que el deudor pueda obtener la cantidad necesaria de medios fiduciarios para el reembolso mediante un nuevo préstamo. De no hacerlo, el sistema se resquebraja o incluso derrumba.
La creación (expansión) de dinero (crédito) bancario sin límites es el grave error fundacional de la Escuela Bancaria. Sin embargo, esta escuela tiene un acierto: sugiere dar el mismo tratamiento a los depósitos bancarios que a la emisión de billetes de papel-moneda sin respaldo. Para la Escuela Bancaria, los depósitos y todo dinero bancario juegan un papel idéntico al que tiene la emisión de billetes de banco sin respaldo.
Sin embargo, con independencia de este aporte correcto de la Escuela Bancaria en lo referente al redescubrimiento de que los depósitos bancarios y el papel moneda cumplen exactamente la misma función económica y dan lugar a los mismos problemas que el dinero metálico, el resto de la doctrina de la Escuela Bancaria está, como indica Ludwing von Mises, errónea. Una gran muestra de los errores conceptuales de la Escuela Bancaria es que no pueden desarrollar una teoría acabada de la tasa de interés y, además, intentan refutar la teoría cuantitativa del dinero.
Del otro lado del debate, como ya dijimos, está la Escuela Monetaria. Los principales teóricos de la Escuela Monetaria en el siglo XIX son Robert Torrens, S.J. Lloyd, J.R. McCulloch y George W. Norman. Esta escuela y sus teóricos proporcionan una explicación correcta de las fases recurrentes de auge y depresión que afectan a la economía británica en las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XIX: los booms tienen su origen en la expansión crediticia que se iniciaba por parte del Banco de Inglaterra y era seguida por el resto de los bancos del sistema inglés.
Más allá del acierto de identificar a la expansión artificial del crédito bancario bajo encaje fraccionario como el responsable del ciclo económico, no se puede dejar de mencionar tres grandes errores de la Escuela Monetaria. Primero, la Escuela Monetaria no se da cuenta que los depósitos bancarios cumplen un rol similar a los billetes de papel emitidos sin respaldo metálico. Por el contrario, la Escuela Bancaria sí se da cuenta, y es en lo único que acierta. Segundo, si bien identifican las causas del ciclo económico, no logran integrarlo correctamente a su teoría monetaria. ¿Por qué? Porque no desarrollan una teoría completa y sistemática de la teoría del capital. No identifican que la expansión artificial del crédito bancario destroza los mecanismos de asignación de recursos entre consumo presente y futuro, entre ahorro e inversión. Por el contrario, hay que esperar recién hasta 1912 cuando Ludwing von Mises integra la teoría Monetaria con la teoría del capital y el ciclo económico. Tercer y mayor error de la Escuela Monetaria, concluye que hay que conceder el monopolio de la emisión (dinero de papel) a un Banco Central de carácter oficial. ¿Por qué? Para minimizar los riesgos inflacionarios que emanan del sistema de encaje fraccionario de la escuela Bancaria.
Toda una paradoja. La creación de los Bancos Centrales surge del seno analítico de la Escuela Monetaria. En este sentido, se puede decir que los Bancos Centrales aparecen por recomendación de la Escuela Bancaria, que estaba muy preocupada tanto por los efectos inflacionarios de la emisión monetaria, como por el ciclo económico de boom&bust generado por la creación irresponsable de dinero. Es decir, aunque cueste creerlo hoy en día, los Banco Centrales son el instrumento ideado por la Escuela Monetaria para combatir la inflación y evitar la generación de auges artificiales seguidos por inexorables recesiones y/o crisis correctoras.
Sin embargo, paradójicamente, los Bancos Centrales terminan siendo el instrumento que materializa todo aquello a lo cual la escuela Monetaria se oponía y para lo cual los bancos centrales habían sido ideados y pensados. De hecho, los bancos centrales terminan siendo utilizados para justificar e impulsar megapolíticas de expansión monetaria y descontrol financiero, cuando en realidad la Escuela Bancaria había propuesto su implementación para prevenir justamente todo esto.
Puntualmente, las recomendaciones de la Escuela Bancaria se pusieron en práctica con la ley de Peel, que fue promulgada el 19 de julio de 1844. Es decir, se podría considerar que el actual sistema de organización monetaria con Banco Central monopólico tiene solo 176 años de vida. Por medio de la ley de Peel, se le prohíbe a los bancos comerciales emitir billetes, otorgándole el monopolio de la emisión monetaria al Banco de Inglaterra. Previo a la ley de Peel, los bancos comerciales del Reino Unido emitían sus propios billetes. Los billetes emitidos por el Banco de Inglaterra no llegaban al 65% de la masa monetaria total en circulación.
Básicamente, la ley de Peel convertía al Banco de Inglaterra en un Banco Central con el monopolio de la emisión de dinero. Dicho dinero debía estar 100% respaldado por dinero metálico. Sin embargo, la ley de Peel dejaba vía libre para que los bancos privados crearan nuevo dinero sin respaldo mediante la concesión de nuevos créditos y la creación de depósitos. O sea, más allá de las denuncias de la Escuela Monetaria contra la irresponsabilidad monetaria, el instrumento legal que pretendía implementar y aplicar sus ideas y recomendaciones de política económica terminó dejándole el negocio servido en bandeja a los banqueros. ¿Cómo fue posible? Primero y principal, la ley de Peel pecó de ingenua. Segundo, se equivocó técnicamente.
La ley de Peel pecó de ingenua, porque no se dio cuenta que los bancos centrales con el monopolio de la emisión no poseen el sistema de incentivos adecuados para no emitir de más y guardar siempre el respaldo en metálico. Por el contrario, un banco favorecido (sostenido) por el Estado con el monopolio de emisión terminará siempre no respetando la regla del 100% de respaldo metálico y abusando de la emisión irresponsable. Segundo, la ley de Peel se equivocó técnicamente cuando no contepló que los depósitos forman parte de la oferta monetaria y tienen los mismos efectos que los billetes. Por el contrario, la ley de Peel, siguiendo los lineamientos de la Escuela Monetaria, concebía que los depósitos eran crédito no monetario, por lo que no se preocupó en absoluto por impedir su expansión con un encaje del 100%. En este sentido, la ley de Peel reflejaba la concepción de la Escuela Monetaria que solo consideraba que la emisión espuria de billetes sin respaldo tenían efectos perniciosos que generaban inflación y boom&bust.
El resultado de este trágico error respecto de la naturaleza de los depósitos bancarios fue alarmante. No solo no se desterró el sistema de encaje fraccionario, sino que se lo potenció exponencialmente. Por un lado, los banqueros siguieron haciendo los mismos negocios espurios de siempre, con la sola diferencia de que su “core business” mutó de la emisión de papelitos sin respaldo a la emisión de depósitos y créditos sin respaldo. Por el otro lado, el negocio ganó volumen y bajó su riesgo, lo cual mejoró la ecuación de los banqueros. ¿Por qué? Porque antes de la ley de Peel, cuando no podían hacer frente al pago de los depósitos se decretaba la inconvertibilidad de los mismos en metálico o se caía en quiebra. En el primer caso, se lesionaba su reputación, y por ende su negocio. En el segundo caso, desaparecía el negocio. Por el contrario, con prestamista de última instancia dotado por la ley de Peel, siempre iban a poder hacer frente al pago de los depósitos y evitar las quiebras.
Como era de esperarse, la intermediación financiera sin respaldo generó sucesivos booms expansivos artificiales con procesos inflacionarios que inexorablemente devinieron en bust recesivos. Estas depresiones hicieron que el Banco de Inglaterra tuviera que emitir el papel moneda para atender (evitar) la demanda de liquidez de los bancos privados (quiebra). El Banco de Inglaterra consiguió que el Parlamento “suspendiera” la vigencia de la ley de Peel y que le autorizase a emitir tantos billetes de curso legal como fuera necesario para salvar al sistema bancario.
Puntualmente, la ley de Peel fue suspendida periódicamente en 1847, 1857, 1866 para permitirle al Banco de Inglaterra emitir papel moneda sin respaldo para salvar a los banqueros. Luego, terminó siendo suspendida en 1914 cuando se abandonó el viejo sistema patrón oro con el objeto de la Primera Guerra Mundial; es decir, para financiar gasto público y delirios bélicos de la casta gobernante. Nada cambió para mejor. Lo que cambió fue para peor.
Resumiendo, la escuela triunfó supuestamente en la práctica logrando que se promulgara una ley monetaria con “su” filosofía, pero terminó perdiendo en términos de idea y, sobretodo, en términos de resultado. La creación de moneda artificial prosiguió, pero más fuerte que nunca, ya que el “combo” creación de crédito bancario artificial y de depósitos sin respaldo más prestamista de última instancia generó boom&bust como nunca antes. En este marco, el ciclo económico desprestigió las propuestas y teorías de la Escuela Monetaria, triunfante en el campo de las ideas. De esta forma las demandas populares a favor de la inflación y la expansión crediticia, respaldadas por las siempre prestas teorías mercantilistas de la Escuela Bancaria, encontraron un terreno abonado en el sistema bancario basado en el Banco Central que, en última instancia, terminó siendo utilizado como instrumento esencial de una política intervencionista y planificada del crédito y del dinero, siempre dirigida hacia una expansión monetaria y crediticia prácticamente descontrolada.
El Banco Central, avalando el sistema de encaje fraccionario y la creación de crédito artificial y depósitos sin respaldo, está en el centro de las tormentas inflacionarias y los booms artificiales seguidos de recesión y crisis. En este marco y siguiendo a Ludwing von Mises, la mejor y única manera de lograr los solventes principios monetarios de la Escuela Monetaria es con un sistema de banca libre; es decir, sin Banco Central, y con coeficiente de caja del 100 por cien.
d) El debate entre Banca Libre y Banco Central
La discusión banca libre versus Banco Central tuvo lugar en el siglo XIX. A la luz de los procesos inflacionarios disparados por los bancos centrales en el siglo XX y con casi veinte años de siglo XXI ya transcurridos, se podría decir que los roles estaban trastocados en aquella discusión del siglo XIX. La escuela Monetaria, rígida y responsable en términos monetarios, estaba a favor de un Banco Central. Por el contrario, la escuela Bancaria, más flexible y a favor del sistema de encaje fraccionaria, del crédito artificial y la creación de depósitos sin respaldo, estaba a favor de la banca libre.
Sin embargo, parándonos en el siglo XIX, los roles ya no lucen tan trastocados. Por el contrario, se entiende que la escuela Bancaria estuviese a favor de la Banca Libre, y la escuela Monetaria a favor de un Banco Central. En efecto, es fácil de comprender que los teóricos de la escuela Monetaria, siempre recelosos de la actividad de los banqueros, se inclinasen ingenuamente a favor de la regulación estatal, en forma del establecimiento de un Banco Central que evitara los abusos que la Escuela Bancaria pretendía justificar. No sorprende que los teóricos monetarios propusieran un Banco Central que cortara los negocios que propulsaba la Escuela Bancaria. Para la Escuela Monetaria se necesitaba un Banco Central que cortara la exuberancia monetaria sin control propulsada por la Escuela Bancaria. Por el contrario, también se entiende que la escuela Bancaria propulsara un sistema de banca libre sin regulación. Tampoco sorprende que los teóricos de la escuela Bancaria, que vivían de la intermediación financiera, defendieran una banca libre de todo tipo de interferencias y con encaje fraccionario. No querían que le cortaran el negocio.
Sin embargo, lo primero que hay que resaltar, es que la propuesta de banca libre (sin Banco Central) de la Escuela Bancaria solo tenía dos argumentos válidos. El primer argumento teórico de valor, como ya mencionamos, fue el correcto reconocimiento de que los depósitos jugaban económicamente un papel idéntico a los billetes emitidos sin respaldo. El segundo y último argumento válido en favor de la banca libre, que fue levantado por Parnell (uno de los principales referentes de la escuela Bancaria), sostenía que los bancos de un sistema sin Banco Central no podrían expandir ilimitadamente su base de billetes sin que ello diera lugar a que sus competidores demandaran el pago a través de la correspondiente cámara de compensación. De esta manera, ante el temor de no poder hacer frente a las correspondientes salidas de oro, los bancos establecerían (por su propio interés) un límite muy estricto a la emisión de medios fiduciarios.
Por el contrario, el sistema de banca libre era criticado por la Escuela Monetaria. Sus principales referentes, como McCulloch y Longfield, argumentaban que un sistema de banca libre era inflacionario. ¿Por qué? Porque la esencia del negocio bancario era expandir el crédito artificial y los depósitos sin respaldo. De hecho, Longfield fue aún más lejos que McCulloch, argumentando que, en un sistema de banca libre, si un banco expandía sus billetes, los otros bancos estarían obligados también a hacerlo. ¿Por qué? Para no perder su participación en el mercado financiero y ver reducidos sus beneficios.
Sea cual sea la base teórica de los argumentos de la Escuela Bancaria (Parnell), por un lado, y de la Escuela Monetaria (McCulloch y Longfield) por otro, lo cierto es que la discusión entre ambas escuelas y sus respectivos autores desembocó en el peor de los escenarios posible: encaje fraccionario + Banco Central.
Esta discusión terminó generando el peor marco; es decir, el contexto más adecuado para generar fuertes procesos inflacionarios con ciclos económicos potenciados (booms más artificiales seguidos de recesiones/crisis más fuertes): Banco Central monopólico con sistema de encaje fraccionario que crea crédito artificial y depósitos sin respaldo. Por el contrario, el escenario óptimo habría sido el opuesto: libre banca con encaje del 100%.
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