Czytaj książkę: «El huerto biológico»

Título original: Le jardin potager biologique
Traducción: Alberto García (ingeniero técnico agrícola)
Revisión: Álvaro Altés (biólogo)
Diseño de cubierta: Josep Solá
Ilustración de cubierta: Illustration Stock
Dibujos y compaginación: Montse Vilarnau
© 1973, 1985, Le Courrier du Livre
© 1987, 1997, OASIS, Producciones Grales. de Comunicación, S. L.
© de esta edición., 1998, 2002, 2003, RBA Libros, S. A.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición en este formato: abril de 2014.
RBA INTEGRAL
REF.: OEBO947
ISBN: 9788491180098
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
Todos los derechos reservados.
ÍNDICE
Prólogo a la tercera edición
Prólogo a la primera edición en castellano
Introducción
PRIMERA PARTE
LA TIERRA, LAS PLANTAS Y LOS HABITANTES DEL HUERTO,
INSTRUMENTOS Y COMPAÑEROS DEL HORTELANO
1. La tierra, fuente de alimento para las plantas
Cómo se ha formado la tierra de nuestro huerto
Los constituyentes de la tierra
Los principales tipos de tierras
La tierra, una «fábrica» viva extraordinariamente compleja
¿Cómo saber si una tierra es fértil?
2. Las hortalizas y sus exigencias
Las grandes familias de hortalizas
Las necesidades nutritivas de las plantas
Las necesidades de las plantas de luz, calor y agua
3. Los habitantes del huerto
Los auxiliares
Los indeseables: plagas y enfermedades
SEGUNDA PARTE
LA PRÁCTICA DE LA HORTICULTURA BIOLÓGICA
4. Implantación y organización de un huerto
La elección del terreno
La organización del huerto
¿Cómo transformar en huerto una tierra inculta?
5. Las herramientas del agricultor
Las herramientas básicas para las labores
Algunas herramientas útiles
El material de riego
El material de lucha contra plagas y enfermedades
El motocultor
La trituradora
6. La fabricación de compost
¿Por qué hacer compost?
Las materias primas del compost
Dos reglas básicas para tener éxito en la fabricación de compost
La fabricación de compost
La fermentación
La utilización del compost
7. El acolchado (mulching)
¿Por qué practicar el acolchado?
Materiales utilizables
La práctica del acolchado
8. Los abonos verdes
¿Por qué cultivar abonos verdes?
¿Qué plantas elegir?
La práctica de los abonos verdes
La destrucción de los abonos verdes
9. La fertilización complementaria. Resumen de la fertilización del huerto
La fertilización complementaria
Resumen de la fertilización del huerto
10. El trabajo de la tierra
Los objetivos del trabajo de la tierra
El trabajo de la tierra con herramientas manuales
El trabajo de la tierra con motocultor
¿En qué momento debemos trabajar la tierra?
Las raíces y las lombrices de tierra, trabajadores gratuitos
11. Rotación y asociación de cultivos
Rotación y alternancia
La asociación de cultivos
12. Siembra y trasplante
La siembra
El trasplante de las hortalizas
13. El cuidado de los cultivos
Las binas
El aclareo
Las malas hierbas
El riego
14. Las plagas y las enfermedades
Los productos utilizados
Principales plagas y enfermedades de numerosas hortalizas
15. Camas calientes y cajoneras
Material necesario para la fabricación de cajoneras
La confección de camas calientes
La utilización de las camas y las cajoneras
16. La conservación de las hortalizas
Conservación sobre el terreno, en la misma parcela
Conservación en zanjas
Conservación en silos
Conservación en sótano
Conservación en desván o granero
La fermentación láctica
El secado
Recapitulación de los métodos de conservación en fresco
17. La influencia de la Luna. Elección de variedades
La influencia de la Luna
La elección de las variedades
TERCERA PARTE
EL CULTIVO DE LAS PRINCIPALES HORTALIZAS
Acedera
Acelga
Achicoria silvestre
Aguaturma, tupinambo o pataca
Ajo
Albahaca
Alcachofa
Apio
Armuelle
Berenjena
Calabaza y calabacín
Cardo
Cebolla
Cebolleta
Cebollino
Coles (repollos, coles de Bruselas, coliflor, col rizada, brécol, colirrábano)
Chalote o cebolla ascalonia
Chirivía
Diente de león
Endibia
Escarola y achicoria rizada
Escorzonera
Espárrago
Espinaca
Fresa
Guisante
Haba
Hinojo
Judía
Lechuga
Lenteja
Maíz dulce
Melón
Nabo
Patata
Pepino y pepinillo
Perejil
Perifollo
Pimiento
Puerro
Rábano
Rábano rusticano
Remolacha
Ruibarbo
Salsifí
Soja
Tetragona o espinaca de Nueva Zelanda
Tomate
Tomillo
Trigo
Valerianela
Zanahoria
CUARTA PARTE
EL HUERTO MES A MES
Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Septiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
APÉNDICES
Contenido en nitrógeno de algunos abonos orgánicos
Algunas características de las principales hortalizas
Superficie que debe dedicarse a cada hortaliza y cantidad de semillas que hay que sembrar
Glosario
PRÓLOGO
A LA TERCERA EDICIÓN
Si quieres ser feliz una hora, embriágate;
si quieres ser feliz un día, mata tu cerdo;
si quieres ser feliz una semana, haz un bonito viaje;
si quieres ser feliz un año, cásate;
si quieres ser feliz toda tu vida, cuida tu huerto.
Proverbio Chino
En 1973, cuando apareció en Francia la primera edición de «Le jardin potager biologique», la horticultura biológica era practicada por un reducido número de pioneros, considerados como excéntricos a los que no debía tomarse demasiado en serio. Los tiempos han cambiado y hoy en día todo el mundo habla de la horticultura biológica y numerosos horticultores la practican. Las técnicas no han cambiado fundamentalmente desde 1973, pero sí han progresado y se han enriquecido con la experiencia acumulada por los investigadores y los agricultores. La presente edición es el fruto de esta experiencia. El texto del libro ha sido revisado en profundidad y se han añadido numerosos complementos.
La primera parte del libro, que expone las bases agronómicas de la horticultura biológica, es totalmente nueva.
La segunda parte se ha enriquecido con varios capítulos.
En la tercera parte, las técnicas propias de cada hortaliza y en particular los datos sobre la elección de las variedades están más detallados y actualizados.
Si desean no solamente cultivar hortalizas, sino también plantar frutales, practicar la cría doméstica de ganado, conocer mejor la biología de los habitantes del huerto, aprender a transformar sus frutos y a utilizarlos para la curación de sus enfermedades, comunicarse con otros millares de horticultores biológicos, etc., les aconsejo que se suscriban a la revista «Les Quatre Saisons du Jardinage», la única revista francesa consagrada exclusivamente a la horticultura biológica; su dirección es: 6, rué Saulnier, 73009 París.
C.A.
PRÓLOGO
A LA PRIMERA EDICIÓN
EN CASTELLANO
Amigos lectores:
«El huerto biológico» de Claude Aubert es seguramente lo más claro, sencillo y completo que se haya escrito sobre el particular, y es válido tanto para el experto como para el aficionado.
Debemos, no obstante, hacer algunas observaciones con el fin de evitar errores. No hay que olvidar que este libro está escrito en Francia, y que por tanto comenta algunas verduras prácticamente desconocidas aquí, o trata otras tal vez superficialmente, pues el clima allí las condiciona. Respecto a las fechas de siembra, sobre todo, consultad con los agricultores del lugar; ellos saben mejor que nadie, por tradición y experiencia, cuáles son las fechas más adecuadas para cada lugar: cada valle, cada altura sobre el mar tiene sus peculiaridades.
No busquéis insecticidas naturales en el mercado español ya que lamentable e incomprensiblemente no existen. Es función de los grupos que fomentan esta agricultura (ver la última página del libro) proporcionar información acerca de semillas no-híbridas, abonos verdes, abonos orgánicos y minerales, fungicidas e insecticidas autorizados, herramientas difíciles de conseguir, etc. Cada región tiene sus formas típicas de herramientas; lo mejor es adaptarse al lugar. Las de la marca «Bellota» son de calidad insuperable. Las «Wolf», de importación, son prácticas al estar concebidas para cada tarea y por llevar mangos largos permiten trabajar en una posición bastante erecta.
Debéis tener bien presente que hacer cultivo biológico implica respetar la vocación del suelo: si vuestras tierras son para coles, sembrad coles, todo el mundo os las alabará; en cambio si plantáis gardenias todo el mundo os las despreciará. Procurad también plantar árboles o sembrar variedades que se aparten lo menos posible de su constitución genética primitiva.
Y nada más amigos lectores, aconsejaros tan solo que leáis con detenimiento, pues en este libro, encontraréis la solución a cuantas dudas se os puedan plantear.
Serafín Sanjuán Roca
INTRODUCCIÓN
El huerto biológico, salud del cuerpo y del espíritu
¿Por qué cultivar un huerto?
El cultivo del huerto familiar ha sido durante mucho tiempo una costumbre muy extendida en todos los países de Europa. Todos los campesinos tenían un huerto donde producían las hortalizas necesarias para su familia. También los obreros —casi todos de origen rural— han sentido de forma natural la necesidad de tener un pequeño huerto, de aquí las numerosas asociaciones de huertos de obreros. Una buena parte de la juventud actual parece haber decidido que es más sencillo comprar las hortalizas en el supermercado local, pero desde hace algunos años asistimos a un considerable aumento del interés por la horticultura familiar. Incluso los norteamericanos, que antes se reían de nuestros minúsculos huertecitos cuando visitaban Francia, se dedican ahora a cultivar sus propias hortalizas.
Al principio, muchos de los ciudadanos del campo cultivaban su huerto por economía. Pero los horticultores aficionados han descubierto rápidamente todo lo que la horticultura podía reportarles. En primer lugar, sin duda, la certeza de tener hortalizas frescas y sanas, algo muy difícil de encontrar en el comercio. Y también la seguridad de practicar la actividad más sana que pueda haber: sana para el cuerpo, al cual hace trabajar de manera natural y armoniosa, a su propio ritmo; y sana para el espíritu, pues el hortelano vive con las plantas, aprendiendo a conocer y respetar sus ritmos, a amar la tierra y a nuestros humildes e irreemplazables servidores, los microorganismos del suelo y las plantas de las cuales obtenemos nuestro alimento.
Nos damos cuenta también de la magnitud de nuestra ignorancia y de la necesidad de obedecer las leyes de la naturaleza. También aprendemos a respetar nuestros alimentos, ya que sabemos cuántos cuidados y esfuerzos cuesta hacer crecer una simple lechuga o una humilde zanahoria.
Finalmente volvemos a encontrar ese contacto con la tierra que en mayor o menor grado han perdido todos los ciudadanos. La horticultura familiar es la manera de seguir siendo un poco campesino aunque se ejerza otro oficio, y nosotros necesitamos, para nuestro equilibrio, ser campesinos.
Pero hay huertos... y huertos.
¿Por qué cultivar el huerto biológicamente?
La horticultura familiar no se ha escapado de la influencia de la química y de la industria. Los industriales inundan el mercado con múltiples productos milagrosos que permiten, según parece, tener hortalizas más grandes, más hermosas, que crecen más rápido y con menos esfuerzo. Algunos llegan incluso a afirmar que éstas son más sabrosas. ¿Quién puede resistirse a tantas ventajas juntas?
Abonos completos adaptados a cada cultivo, herbicidas totales o selectivos, productos químicos capaces de destruir todos los parásitos, todo el arsenal de la agricultura moderna está a disposición del aficionado que, al igual que los agricultores, no se priva de utilizarlos. Sin embargo hay una diferencia esencial: los agricultores son conscientes del dinero que les cuestan estos productos y de los peligros que corren al manipular algunos de ellos, pero el horticultor aficionado no ve más que una cosa: tener hermosas hortalizas lo más rápidamente posible y deshacerse de los parásitos con el mínimo esfuerzo. Por esto los fabricantes han elaborado para ellos productos antiparasitarios «totales», que destruyen en una sola aplicación todos los parásitos posibles. El aficionado no presta mucha atención a las dosis de empleo ni a la composición. Se pone un buen «chorro», más bien más que menos, para estar así seguros de que no se escapará ningún insecto.
El resultado es que las hortalizas producidas por los aficionados que utilizan los métodos «modernos», están a menudo más contaminadas que las que encontramos en el mercado.
Cada cual, es verdad, tiene el derecho de envenenarse, siempre y cuando no envenene al mismo tiempo a su vecino. La legislación le confiere incluso el derecho de envenenar «a fuego lento» a los miembros de su familia con los productos cargados de plaguicidas que habrá recolectado en su huerto. Debe sin embargo advertirse, a los que verían en ello un medio cómodo de desembarazarse de un abuelo que tarda demasiado en dejar su herencia, que los efectos son muy lentos y a menudo no aparecen hasta la segunda o tercera generación.
Cultivar el huerto de esta forma es también aprender a matar, a forzar la naturaleza y a infringir sus leyes. Esta horticultura es también nociva para el cuerpo y el espíritu, mientras que las otras —la horticultura «biológica» o «natural»— es benéfica.
Puntualicemos una cosa más: la horticultura biológica no nos condena a obtener cosechas escasas y hortalizas raquíticas. Si sabemos practicarla, nos proporcionará cosechas más abundantes y hortalizas más hermosas que con el uso de todos los productos químicos imaginables.
PRIMERA PARTE
La tierra, las plantas y los habitantes del huerto,
instrumentos y compañeros del hortelano
CAPÍTULO I
La tierra, fuente de alimento para las plantas
Cómo se ha formado la tierra de nuestro huerto
Desde el punto de vista agronómico, la tierra cutlivable es la delgada capa de 20 a 30 cm. que trabajan y exploran las raíces (las raíces de ciertas plantas descienden mucho más profundamente, pero la mayor parte de la masa de la «cabellera radicular» se encuentra cerca de la superficie). Esta capa es semejante a la capa sobre la que reposa el subsuelo o «roca madre», y a la vez muy diferente de ella. Semejante porque es la «hija» de esta roca madre, de la cual ha nacido. Diferente porque contiene materia orgánica y es sede de una intensa actividad biótica, que no posee el subsuelo.
De la roca madre a la tierra
Existen muchas clases de roca madre, pero todas tienen una cosa en común: están compuestas exclusivamente por sustancias minerales y por lo tanto son inertes. Pueden estar constituidas por rocas en el sentido literal del término: granito, basalto, pórfido, arenisca, caliza, etc., pero también por arena, arcilla, limo o por mezclas diversas de estos elementos. Algunas de estas rocas son las constituyentes de la corteza terrestre —las rocas primarias—, otras han sufrido diferentes transformaciones a lo largo de los tiempos geológicos —las rocas metamórficas—, y por último otras son el resultado de la acumulación, durante millones de años, de depósitos o sedimentos de orígenes muy diversos —las rocas sedimentarias—
La transformación de la capa superficial de una roca en tierra se ha realizado a lo largo de milenios bajo la acción de agentes atmosféricos y seres vivos. A largo plazo, ninguna roca resiste la acción conjunta de los factores climáticos y de las bacterias, seguida a continuación por la de las plantas. Las bacterias son las primeras que «colonizan» una roca agrietada por el hielo o las variaciones de temperatura entre el día y la noche. Los líquenes se instalan a continuación, y a éstos les siguen las plantas superiores. Todos estos seres vivos extraen una parte de su alimento de los minerales contenidos en la roca y cuando mueren dejan residuos orgánicos que se acumulan durante milenios y forman el humus, clave de la fertilidad de la tierra. Paralelamente prosigue la acción mecánica de los agentes atmosféricos y de las raíces, las rocas continúan sufriendo transformaciones físico-químicas, los silicatos que éstas contienen dan nacimiento a la arcilla y poco a poco se forma, incluso a partir del más duro granito, una capa mullida y rica en humus: la tierra.
La tierra es más o menos fértil según la naturaleza de la roca madre de la cual proviene, y según la cantidad de humus que contiene.
Los constituyentes de la tierra
La tierra comprende dos grandes categorías de constituyentes: la materia mineral y la materia orgánica. La primera representa, con mucho, la parte más importante cuantitativamente —del 90 al 98%—, pero la fertilidad de la tierra depende principalmente de la segunda.
Los materiales minerales
La mayoría son insolubles y provienen de la descomposición de la roca madre. Los minerales no pueden ser utilizados directamente por las plantas. Se clasifican en función de sus dimensiones y de su naturaleza química.
Hay otro material mineral, la caliza, que se clasifica aparte a causa de su naturaleza química pues está formada por carbonato de calcio, mientras que los minerales antes citados —excepto las partículas gruesas de las tierras calizas— están formados a base de sílice.
Las propiedades y la fertilidad de una tierra dependen principalmente de dos factores: de su contenido en humus, como se verá más adelante, y de la proporción antre arena, limo y arcilla.
LAS PARTÍCULAS DE TIERRA, DE LAS MÁS GRANDES A LAS MÁS PEQUEÑAS
Nombre
Dimensiones en milímetros
Grava y piedras
más de 2 mm.
Arena gruesa
de 0,2 a 2 mm.
Arena fina
de 0,05 a 0,2 mm.
Limo
de 0,002 a 0,05 mm.
Arcilla
menos de 0,002 mm.
• La grava, la arena y el limo son relativamente inertes químicamente. Provienen de un desmenuzamiento mecánico de las rocas y juegan su papel principal en la circulación del aire y del agua a través de la tierra: la arena facilita esta circulación; el limo, por el contrario, se compacta cuando es comprimido y entonces el aire y el agua circulan difícilmente.
• La arcilla, al revés de las partículas precedentes, proviene de una disgregación química de las rocas. Las partículas de arcilla no son redondas como las de arena o limo, sino laminares, de tamaño microscópico y superpuestas entre sí. La arcilla es esencial para el almacenamiento del agua y de los elementos nutritivos que necesitan las plantas.
Las propiedades físicas de la tierra dependen principalmente de la proporción relativa de arena, limo y arcilla.
Cuanto más rica es una tierra en arena y pobre en arcilla, con mayor rapidez se calienta en primavera y se seca después de una lluvia, pero también más rápidamente se seca en verano.
Por el contrario, cuanto más rica en arcilla es una tierra, mayor es su capacidad para almacenar grandes cantidades de agua y de elementos nutritivos para las plantas; pero se calienta y se seca lentamente.
El contenido de caliza de una tierra, influye en sus propiedades físicas y sobre todo en su pH o medida del grado de acidez.
Como regla general, las tierras muy pobres en caliza son ácidas, es decir poseen un pH inferior a 7, mientras que las ricas son básicas, o sea un pH superior a 7. Si la tierra tiene un pH demasiado bajo, inferior a 6 ó 6,5, o demasiado elevado, superior a 7,5, algunas plantas crecen mal y asimilan con dificultad diversos elementos por hallarse bloqueados, atrapados entre las partículas minerales.
Los materiales orgánicos
Los materiales orgánicos son profundamente diferentes, tanto por su origen como por su composición, respecto a los materiales minerales. Como su nombre indica, provienen todos de organismos vivos. Contrariamente a los minerales, sus elementos principales, además del oxígeno y el hidrógeno, son el carbono y el nitrógeno, los dos elementos principales de todos los seres vivos.
La materia orgánica sólo forma del 2 al 20% del peso total de la tierra, alrededor del 5% en una buena tierra de huerto. Una tierra sin materia orgánica sería totalmente improductiva.
El componente principal de la materia orgánica de la tierra es el humus, formado por un conjunto de sustancias orgánicas complejas. El humus sirve de «despensa» para las plantas porque asociado a la arcilla (los agrónomos hablan del «complejo arcillo-húmico») almacena los elementos nutritivos que necesitan las plantas; y también sirve de «cemento» porque da a la tierra una estructura estable, permitiendo la libre circulación del aire y del agua y el almacenamiento de reservas de agua suficientes—el humus es capaz de acumular una cantidad de agua de hasta 15 veces su volumen.
El humus debe ser renovado constantemente, pues si se descuida hacerlo, como les ocurre a muchos agricultores modernos, desaparece progresivamente y la fertilidad de la tierra disminuye. Por ello es necesario aportar a la tierra constantemente materia orgánica fresca en forma de estiércol, compost, abonos verdes, residuos de cosechas, etc., que sirven para alimentar a las plantas a la vez que para enriquecer la tierra en humus.

Los principales tipos de tierras
Muy esquemáticamente se pueden distinguir cuatro grandes tipos de tierras, pero evidentemente también existe toda una gama de tierras intermedias.
LOS PRINCIPALES TIPOS DE TIERRAS

La tierra, una «fábrica» viva extraordinariamente compleja
En la tierra hay una intensa actividad biótica. La tierra está poblada por un número extremadamente elevado y diverso de seres vivos, en su mayor parte invisibles a simple vista.
• Las bacterias están presentes en cantidades de varios miles de millones de ejemplares por gramo de tierra fértil; su papel en la vida de la tierra es esencial: degradan los materiales, solubilizan los elementos contenidos en las rocas, fijan el nitrógeno atmosférico, segregan sustancias orgánicas complejas y forman simbiosis con las plantas superiores.
• Los hongos que no forman setas visibles a simple vista, se hallan presentes en proporciones de varios millares de ejemplares por gramo de tierra, aunque esto es aventurado decirlo por su estructura de filamentos interconectados, que pueden sobrepasar los cinco metros por gramo de tierra. Contribuyen a proporcionar estabilidad estructural a la tierra, a la degradar los materiales orgánicos y a formar el humus.
• Los actinomicetos, en proporciones de 100.000 a 10 millones por gramo de tierra, segregan antibióticos que inhiben a los gérmenes patógenos.
• Las algas microscópicas pueden alcanzar cantidades de varios millones por gramo de tierra.
• La fauna de la tierra comprende numerosas especies:
— los protozoos, 1.000 a 100.000 ejemplares por gramo de tierra;
— los nemátodos, hasta 20 millones por m2 en las praderas;
— los enquítridos, hasta 150.000 por m2 en las praderas;
— los tardígrados, hasta 300.000 por m2 en las praderas;
— los ácaros, hasta 150.000 por m2 en las praderas;
— los colémbolos, cerca de 40.000 por m2;
— las lombrices de tierra, de 100 a 250 ejemplares por m2 en las praderas, y hasta 100 por m2 en las tierras cultivadas que reciben un buen abonado orgánico.
Encontramos en la tierra gran número de otros artrópodos arácnidos, miriápodos y todo tipo de insectos. En las praderas hay cerca de mil millones de insectos por hectárea.
Esta biomasa o cantidad de seres vivos de una tierra alcanza alrededor de 2.500 g. por m2 cuando es fértil, repartiéndose como sigue:
Las funciones de estos innumerables seres vivos son múltiples y complejas. A continuación se resumen las más importantes:
Bacterias
1.000 g.
Actinomicetos
300 g.
Hongos
1.000 g.
Protozoos
10 a 20 g.
Lombrices
100 a 200 g.
Otros grupos
50 a 100 g.
• La transformación de la materia orgánica en humus y el suministro de elementos nutritivos para las plantas:
Todos los materiales orgánicos frescos presentes en la tierra, como residuos de cosechas, estiércol, compost, abonos verdes, etc., sirven de alimento a los seres vivos de la tierra y especialmente a los microorganismos, que, después de una larga cadena de reacciones bioquímicas, transforman una parte en humus —los llamados procesos de humificación— y otra parte en sustancias asimilables por las plantas —los llamados procesos de mineralización.
• La solubilización de los elementos contenidos en las rocas:
Las rocas contienen numerosos elementos nutritivos, como fósforo, potasio, magnesio y los oligoelementos, en forma no asimilable por las plantas. Ciertas bacterias son capaces de extraerlos y así pasarlos a formas utilizables por las plantas cultivadas.
• La fijación del nitrógeno atmosférico
Hay dos categorías de microorganismos capaces de fijar el nitrógeno del aire: unos viven en estado libre y otros en simbiosis con las plantas superiores.
Los fijadores libres son principalmente los Azotobacter.
Los fijadores simbióticos son los Rhizobium asociados a las leguminosas, que pueden fijar de 50 a 200 kg. de nitrógeno por hectárea y año.
• Los microorganismos de la rizosfera
La rizosfera es la zona de contacto entre la tierra y las raíces, es allí donde la planta absorbe los elementos nutritivos que necesita. En la zona próxima a las raicillas, es tal la densidad de microorganismos, que aquellas están rodeadas de un verdadero manguito microbiano.
Las interacciones entre los microorganismos de la rizosfera y las plantas son numerosas y benéficas. Las raíces excretan sustancias que favorecen el desarrollo de las bacterias, y las bacterias participan activamente en la nutrición de las plantas superiores y les proporcionan ciertos elementos que necesitan, como también les protegen de ciertos hongos y bacterias patógenos.
• El papel benéfico de las lombrices de tierra
Su acción mecánica se conoce bien: son verdaderas trabajadoras gratuitas. Por medio de sus galerías facilitan la penetración del aire y el agua bajo el suelo; ingieren restos vegetales que luego excretan después de haberlos reducido a finas partículas y mezclado con tierras; mezclan los diferentes constituyentes de la tierra y devuelven a la superficie los elementos que toman de las capas profundas.
Su acción bioquímica es importante aunque menos conocida: la tierra, durante su paso por el interior del cuerpo de las lombrices, se enriquece en elementos asimilables por las plantas, como nitrógeno, magnesio, potasio y fósforo.
Una lombriz de tierra activa ingiere diariamente un peso de tierra igual a su propio peso, esto es, alrededor de 300 g. por año. En una pradera, el peso de tierra que pasa a través del cuerpo de las lombrices puede alcanzar las 60 toneladas por año.
¿Cómo saber si una tierra es fértil?
Al agrónomo, cuando va a evaluar la fertilidad de una tierra, lo primero que se le ocurre es tomar una muestra de tierra y llevarla a un laboratorio para analizarla. Pero existen medios más simples, aun que no excluyen recurrir al análisis de tierra para descubrir ciertas carencias.
El comportamiento de las plantas cultivadas
La planta sigue siendo el mejor juez del estado de fertilidad de la tierra.
• Si las plantas son vigorosas, tienen pocas o ninguna enfermedad, los ataques de los parásitos son poco virulentos, las cosechas son abudantes y los productos de nuestro huerto son sabrosos y se conservan bien, entonces nuestra tierra se encuentra sana.
• Si nuestras hortalizas son de color verde claro tirando a amarillo, si les falta vigor y crecen con una lentitud anormal, existen bastantes posibilidades de que sufran una falta de nitrógeno. Esta coloración anormalmente clara se aprecia principalmente en las hortalizas de hoja exigentes en nitrógeno, especialmente las espinacas, las acelgas, los puerros y también en el maíz. Este síntoma puede indicar que no hay suficiente nitrógeno en la tierra o está en forma poco asimilable.
• Si por el contrario las hojas son de color verde muy oscuro y si al mismo tiempo las plantas crecen muy rápidamente, es que tiene suficiente nitrógeno y tal vez hasta demasiado. Nos arriesgamos a ver llegar todo un regimiento de pulgones, muy golosos del nitrógeno del cual están ahítas las hojas de nuestras hortalizas, así como algunos otros parásitos indeseables. Nuestras hortalizas también corren el riesgo de ser demasiado ricas en nitratos y de conservarse mal.
• Para elementos diferentes al nitrógeno, como el fósforo, el potasio, el magnesio y los oligoelementos, es más difícil diagnosticar una carencia según el aspecto de la vegetación, pues a menudo las carencias son múltiples y síntomas semejantes pueden corresponder a carencias diferentes.
La flora espontánea
El poder juzgar las carencias de la tierra observando la flora espontánea es el sueño de todos los agrónomos «ecológicos», pero todavía está lejos este sueño de la realidad. La flora espontánea es el reflejo de las condiciones de la tierra y del clima; deberemos por lo tanto poder deducir no solamente la naturaleza de la tierra, sino también sus desequilibrios eventuales. Pero la fitosociología, que estudia las asociaciones de las plantas espontáneas, es una ciencia muy joven que se ha desarrollado independientemente de la agronomía. Es también una ciencia muy compleja y todavía es necesaria mucha investigación para precisar las relaciones entre la tierra y la flora espontánea. De todas formas, se sabe que ciertas plantas son características de tierras ácidas y otras lo son de las calizas, como también las hay típicas de tierras pobres en nitrógeno y viceversa, de ricas en este elemento.


El examen visual de la tierra
Cuando se tiene práctica, puede obtenerse mucha información examinando la tierra a simple vista.
• El color de la tierra nos informa principalmente de su contenido en materia orgánica: cuanto más oscuro sea, más elevado será tal contenido. Si nuestra tierra es negra como el mantillo del bosque, entonces ciertamente no le falta humus. Si por el contrario tiene el color de un ladrillo de arcilla, o el de la arena de playa, entonces ya podemos hacer grandes montones de compost, porque nuestra tierra los necesitará.
• La estructura de la tierra. Tomemos un terrón, partámoslo en dos y si observamos que está principalmente constituido por numerosos agregados redondeados de tamaño variable y atravesado por cabelleras de pequeñas raíces, entonces tiene buena estructura. Si por el contrario se rompe en trozos compactos y angulosos y está poco penetrado por las raíces, o si se desmenuza en partículas tan finas o más que la arena, entonces tiene una mala estructura: le falta humus y su actividad biótica es insuficiente.
El análisis de la tierra
Un análisis completo proporciona numerosas indicaciones sobre la fertilidad.
A) El análisis físico comprende:
— El análisis granulométrico, es decir la proporción de piedras, arena, limo y arcilla.
— La determinación del pH, que mide el grado de acidez o de alcalinidad de la tierra. El pH, o «potencial Hidrógeno», mide la concentración de los iones hidrógeno en la solución acuosa presente en la tierra. Teóricamente puede variar de 0 a 14. De 0 a 7 es ácido, en 7 es neutro y de 7 a 14 es alcalino o básico. En la práctica, el pH de las tierras oscila entre 4,5 y 8,5. El pH óptimo es teóricamente 7, pero en la práctica, según el tipo de tierra, puede variar entre 6,2 y 7,4. Como regla general, cuanto más arcillosa sea una tierra, más elevado debe ser su pH. Para una tierra arenosa, el pH óptimo está alrededor de 6,5, mientras que para una tierra muy arcillosa está comprendido entre 7 y 7,4.
— El contenido en caliza o carbonato cálcico (CaCO3) juega un papel muy importante en la tierra, pues libera calcio a medida que se va descomponiendo. Si se añade un ácido al carbonato cálcico, éste se descompone y libera dióxido de carbono gaseoso y calcio. De esta forma cualquiera puede saber si posee una tierra caliza: se vierte un poco de ácido, como vinagre, sobre una muestra de tierra seca; si se produce una efervescencia es decir una formación de burbujas a causa de la liberación de CO2, ello significa que la tierra es caliza en mayor o menor grado. Esta reacción explica por qué la adición de una enmienda caliza aumenta el pH: el pH es tanto más bajo cuanto más elevada es la concentración de iones hidrógeno y al entrar en contacto con la tierra ácida, el calcio de la enmienda sustituirá a una parte del hidrógeno. También por esto todas las tierras que tienen caliza en grandes cantidades son neutras o básicas.
La caliza tiene también una acción importante sobre la estructura de la tierra: en presencia de calcio la arcilla se flocula, es decir sus partículas se agrupan en agregados estables. E inversamente, en ausencia de calcio la arcilla tiene tendencia a «dispersarse», sus finas partículas entorpecen la circulación del aire y del agua y la tierra se compacta. Las tierras muy ricas en caliza tienen generalmente el pH muy elevado, lo que es difícil de corregir.
— El contenido en materia orgánica y en humus
La mayoría de los análisis de tierras dan el contenido de materia orgánica total presente en la tierra. La mayor parte de la materia orgánica, cerca del 85%, está en forma de humus o materia orgánica estable; el 15% por ciento restante son las raíces de las plantas, otros seres vivos y los materiales orģanicos en curso de descomposición, también llamados sustancias transitorias.
Una buena tierra de huerta debe contener al menos un 5% de materia orgánica. En una tierra arcillosa el contenido puede ser un poco menor, pero en una tierra arenosa es preferible que sea superior.
B) El análisis químico
Tiene por finalidad determinar las cantidades de elementos nutritivos presentes en la tierra y que son utilizados por las plantas. Los métodos de análisis químico de tierras son numerosos y complejos, por lo que sólo nos limitaremos a proporcionar algunas indicaciones prácticas que permitan al agricultor interpretar, desde una óptica biológica, los análisis que recibe del laboratorio. No daremos las normas, ya que éstas varían según los métodos de análisis utilizados y según la naturaleza de la tierra. Normalmente los laboratorios proporcionan la interpretación de los resultados de sus análisis.
— El nitrógeno. Ciertos laboratorios dan los contenidos de nitrógeno amoniacal y nítrico. Estos datos, aunque teóricamente parecen muy útiles, pues se trata de formas de nitrógeno asimilables por las plantas, son en realidad difíciles de interpretar, ya que varían enromemente de un día a otro en función de la humedad y la tempatura de la tierra. Sin embargo, estos datos pueden indicar una mala nitrificación o, por el contrario, un exceso de nitrógeno a causa de un abonado demasiado generoso.
— El fósforo es el segundo elemento de la trilogía N-P-K (nitrógeno-fósforo-potasio) que constituye la base de la fertilización en la agricultura convencional. Este elemento está presente en la tierra bajo formas muy diversas, algunas totalmente inutilizables por las plantas, otras inmediatamente disponibles, otras no disponibles pero pudiendo serlo rápidamente. Según los reactivos utilizados, los laboratorios se esfuerzan en medir una o varias de estas diferentes formas.
Ciertos análisis dan varios valores para el contenido de fósforo, que corresponden a formas más o menos asimilables. Esto permite saber si la carencia de fósforo, cuando se tiene, proviene realmente de una escasez de fósforo o más bien del hecho de que el fósforo presente no es asimilable. En el segundo caso se sabrá que el remedio a largo plazo no es el de aportar más fósforo, sino de volver asimilable el que ya se tiene, especialmente mediante una mejora de la actividad biótica de la tierra.
— El potasio, tercer elemento de la trilogía, falta raramente en los huertos. La mayoría de las tierras son ricas de forma natural en este elemento, el cual es un constituyente de numerosas rocas y arcillas. Pero este potasio se solubiliza muy lentamente y pueden aparecer carencias cuando la actividad de la tierra es insuficiente o cuando entran con excesiva frecuencia en la rotación cultivos muy exigentes en potasio. La mayoría de los laboratorios miden el potasio «intercambiable», es decir, el que está fijado sobre la arcilla y el humus y puede pasar rápidamente al agua de la tierra y a las plantas.
— El calcio (o la cal). Ciertos laboratorios dan, además de los contenidos de caliza total y de caliza activa1, el contenido de calcio (Ca) o de cal (CaO) intercambiables. En prácticamente todos los casos, las tierras ricas en caliza (CaCO3) están bien provistas de calcio y viceversa.
— El magnesio. Se mide, al igual que en el caso del potasio y el calcio, como la cantidad de magnesio intercambiable. El magnesio es un elemento muy importante que falta a menudo en las tierras que han sido fertilizadas durante muchos años con abonos químicos. Ciertas tierras son naturalmente ricas en magnesio, pero como ocurría en el caso del potasio, su solubilidad está ligada a la actividad biótica de la tierra.
— Los oligoelementos. Las carencias en oligoelementos son raras en los huertos que reciben un abonado orgánico abundante. Por el contrario, estas carencias son muy frecuentes en las tierras que han recibido durante mucho tiempo abonos químicos sin aportes orgánicos suficientes. En el caso de que queramos establecer un huerto en una tierra de este tipo, es indispensable que nos dirijamos a un laboratorio que también analice los principales oligoelementos, como cobre, zinc, boro y manganeso.
(1) La «cal activa» mide la concentración de iones calcio libres en la solución de la tierra, que se corresponde con el grado de alcalinidad de ésta (N. de T).
CAPÍTULO II
Las hortalizas y sus exigencias
Las grandes familias de hortalizas
Es útil saber a qué familia botánica pertenece cada hortaliza, para establecer las rotaciones (ver el capítulo XI) y también porque las hortalizas que pertenecen a una misma familia tienen a menudo características comunes.


Las necesidades nutritivas de las plantas
Las plantas encuentran los elementos que necesitan en el aire y en la tierra.
El aire proporciona el oxígeno, el carbono y a las leguminosas el nitrógeno.
La tierra proporciona los demás elementos: nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, calcio, hierro, azufre y oligoelementos.
En la práctica, el agricultor no tiene que preocuparse del carbono y el oxígeno, pues están presentes en cantidad suficiente en el aire en forma de dióxido de carbono o anhídrido carbónico (durante el día las plantas enriquecen el aire con oxígeno mientras absorben dióxido de carbono). Por el contrario, debe vigilar que las plantas sean alimentadas correctamente en lo que respecta al nitrógeno y a otros elementos.
La alimentación de la planta con nitrógeno
Todos los agricultores —y la mayoría de los horticultores— saben que es principalmente el nitrógeno el elemento que hace crecer las plantas, y por esto, para tener productos más tempranos en la temporada o rendimientos más elevados se ven tentados a aumentar sus aportaciones de este elemento.
Las plantas absorben la mayor parte del nitrógeno que necesitan en forma de nitratos (NO3) y una pequeña parte en forma de compuestos amoniacales (NH4) y de sustancias orgánicas complejas.

Los abonos químicos aportan el nitrógeno en forma nítrica, directamente asimilable, o amoniacal, rápidamente asimilable a través del proceso de la nitrificación.
Principalmente cuando los aportes de abonos son fuertes, esta fertilización conduce a excesos de nitrógeno en la tierra, lo que presenta múltiples inconvenientes: exceso de nitratos, mala conservación, mayor sensibilidad a las plagas, mayor contenido en agua y menor valor nutritivo de las hortalizas.
En horticultura biológica el nitrógeno es suministrado únicamente mediante la materia orgánica y la fijación bacteriana del que está presente en el aire.
• El nitrógeno suministrado por los materiales orgánicos de la tierra proviene de su mineralización, es decir de la transformación, bajo la influencia de los microorganismos de la tierra, de los componentes nitrogenados orgánicos en compuestos amoniacales y después en nitratos.
Esta mineralización afecta por una parte al humus, el cual se mineraliza a razón de aproximadamente el 2% cada año, y por otra a la materia orgánica fresca, como residuos de cosechas, abonos verdes, estiércol, compost, acolchado, abonos orgánicos, etc., de la cual una parte se mineraliza y otra se transforma en humus.
La materia orgánica rica en carbono y pobre en nitrógeno, como la paja, ramas, serrín, etc., proporciona mucho humus y poco nitrógeno; por el contrario, la materia pobre en carbono y rica en nitrógeno, como la procedente de plantas jóvenes, deyecciones animales o abonos orgánicos comerciales, proporciona poco humus a la tierra pero mucho nitrógeno para las plantas.
• La segunda fuente de nitrógeno para los horticultores biológicos es la fijación biótica del nitrógeno del aire, ya sea por bacterias libres como el Azotobacter, o por simbióticas con las leguminosas (ver el capítulo I).
En la práctica, si el horticultor quiere proporcionar nitrógeno a las plantas, deberá:
— aumentar los aportes de los materiales orgánicos ricoa en nitrógeno;
— practicar el cultivo de abonos verdes a base de leguminosas;
— a más largo plazo, enriquecer la tierra en humus.
Pero debe tener cuidado con el exceso de nitrógeno, que puede conducir, a causa de un abonado orgánico excesivo, a los mismos inconvenientees que los abonos químicos.
La alimentación de las plantas con otros elementos
Fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, hierro y oligoelementos, a diferencia del nitrógeno, presente únicamente en la materia orgánica, se encuentran además en los minerales de la tierra y del subsuelo. La mayor parte se encuentra bajo forma insoluble, no directamente asimilable por las plantas, las cuales sólo pueden utilizar los elementos en forma de iones, es decir, en la práctica, en forma de sales solubles. Por ejemplo encontramos potasio en numerosas rocas, pero se halla en forma de silicatos (compuestos a base de sílice) insolubles. Para que se vuelvan asimilables, los silicatos deben descomponerse y el potasio pasar a la forma de sal como cloruro, sulfato, etc.; proceso que se produce lentamente en la tierra y es de naturaleza físico-química y biológica. En agricultura y horticultura «química», los elementos minerales se aportan bajo forma de sales directamente asimilables por las plantas. En agricultura biológica, los elementos minerales son proporcionados a las plantas:
— por los materiales orgánicos;
— por la solubilización de los minerales presentes en la tierra;
— por las aportaciones de minerales triturados como fosfatos naturales, rocas silíceas, algas calcáreas, etc.
En un huerto abonado regular y abundantemente con materia orgánica, los complementos minerales raramente son necesarios.
Las sustancias orgánicas complejas
Al contrario de lo que se ha enseñado durante largo tiempo en la agronomía clásica, las plantas son capaces de absorber, no sólo las sales, sino también moléculas orgánicas complejas, sobre todo aminoácidos, antibióticos e incluso moléculas de ácidos húmicos. Estas sustancias, cuyo papel en la nutrición de las plantas es todavía mal conocido, sólo están presentes en la tierra en cantidades suficientes si ésta tiene una buena actividad biótica.
Las necesidades de las plantas de luz, calor y agua
La luz
El crecimiento de las plantas, y en nuestro caso las hortalizas, está condicionado por el proceso fundamental del reino vegetal: la fotosíntesis, por la cual las plantas son capaces de sintetizar los glúcidos o hidratos de carbono (compuestos orgánicos formados por carbono, oxígeno e hidrógeno, como el azúcar, el almidón y la celulosa) a partir del dióxido de carbono presente en el aire, utilizando como fuente de energía la luz del sol. Este proceso también se denomina función clorofílica, pues es en la clorofila —sustancia verde presente en las hojas— donde tiene lugar la fotosíntesis.
El crecimiento de las plantas está por lo tanto ligado a la cantidad de luz que reciben, y por ello en un lugar oscuro las plantas se marchitan y pierden su color verde.
Esto explica por qué incluso en un invernadero con calefacción el crecimiento de las plantas disminuye en invierno, y por qué sus hortalizas son mucho más ricas en nitratos que las hortalizas de temporada, pues la síntesis de proteínas a partir de los nitratos absorbidos por las raíces disminuye ya que está ligada a la fotosíntesis.
Otro efecto importante ligado a la iluminación es el fotoperiodismo. Para llegar a la madurez ciertas plantas tienen necesidad de días largos; otras están mejor adaptadas a días cortos, y finalmente otras son indiferentes a la longitud del día.
El calor
Las plantas crecen tanto más rápidamente cuanto más elevada es la temperatura, aunque cierto límite, en general de 25 a 30 °C. Esta tempratura límite es evidentemente más elevada para las plantas originarias de los países cálidos. Pero para el horticultor tiene más importancia el límite inferior, es decir, la temperatura por debajo de la cual no germinan las semillas, o el crecimiento de las plantas se detiene o disminuye notablemente. Esta temperatura permite determinar las épocas de siembra y de plantación, así como la eventual utilización de camas calientes o de un invernadero.
Las hortalizas se pueden clasificar en dos grandes categorías: las que necesitan calor y las que, por el contrario, les afectan negativamente los calores fuertes. Las primeras obtienen siempre dificultades para crecer en las regiones frías y es necesario reservarles los emplazamientos mejor expuestos y las tierras más ligeras; también es necesario saber esperar que las condiciones climáticas sean favorables para su desarrollo, ya que si se siembran demasiado temprano vegetan y son frecuentemente presa de plagas y enfermedades.
| Hortalizas que necesitan calor | Hortalizas que soportan mal los calores fuertes |
| AlbahacaMelónBerenjenaPepinoCalabazaPimientoGarbanzoSandíaJudíaSojaMaízTomate | AchicoriaLechugaEscarolaNaboEspinacaRábanoGuisanteValerianelaHaba |
El agua
Todas las plantas necesitan agua, pero en cantidades muy variables según las especies. Por ejemplo, el maíz neceesita unos 340 litros para fabricar 1 kg. de materia seca, 570 el tomate, 700 el calabacín y 800 litros el pimiento.
Si consideramos el volumen de agua necesario por superficie cultivada, hemos de tener en cuenta que la cantidad de materia seca producida por m2 es mucho mayor de 6 a 8 toneladas de materia seca por hectárea, que para la lechuga, que sólo produce 1 ó 2 toneladas.
La necesidad de agua de una planta durante un período dado depende también de su velocidad de crecimiento. Las plantas d edesarrollo rápido, como el maíz, durante los meses de verano necesitan mucha más agua que las plantas de desarrollo lento, como el puerro o la zanahoria.
La resistencia de las plantas a la sequía está por último ligada a la profundidad de su enraizamiento. Las hortalizas con raíz pivotante, como la zanahoria, la chirivía o el salsifí, sufren menos a causa de una sequía momentánea que las hortalizas de enraizamiento superficial como las lechugas, las cucurbitáceas o el tomate.
CAPÍTULO III
Los habitantes del huerto
Los auxiliares
Los auxiliares son todos los seres vivos del huerto que nos ayudan contra las plagas. Son muy numerosos y sólo mencionaremos los principales.
Vertebrados
Hay varias especies de mamíferos que son grandes devoradores de insectos, de ratones o de babosas y caracoles.
El erizo es uno de los animales más útiles del huerto. Se alimenta principalmente de babosas, caracoles, orugas y ratones. Desgraciadamente está siendo diezmado por los automóviles, los insecticidas y los venenos contra las babosas y los caracoles.
La musaraña, que se distingue del ratón por su hocico alargado, come grandes cantidades de insectos y babosas.
La comadreja es uno de los principales enemigos de ratas y ratones.
El topo es más útil que perjudicial, pues come muchas lombrices de tierra pero también insectos y larvas del suelo que atacan habitualmente a las plantas cultivadas, como gusanos de alambre, gusanos blancos, gusanos grises, etc.
El murciélago es otro animal fascinante. Es el único mamífero volador y es totalmente inofensivo y muy útil. Consume gran cantidad de insectos perjudiciales.
Numerosas especies de pájaros son insectívoras. Los estudios han demostrado que en los huertos donde abundan los pájaros, los daños causados por los insectos son menos frecuentes. Entre los pájaros más útiles deben citarse los páridos (carboneros, herrerillos, mitos, pájaros moscones), que se alimentan en la primavera principalmente de orugas, larvas e insectos adultos, aunque en invierno consumen principalmente semillas. Para atraerlos es necesario instalar nidos artificiales y proporcionarles alimento en invierno, como semillas oleaginosas y materias grasas.
Los pitos, picos, petirrojos, colirrojos, estorninos, mirlos y gorriones también comen insectos.
Los batracios, especialmente los sapos, las ranas y los tritones, son muy útiles, pues se alimentan de gusanos, babosas y todo tipo de insectos. Podemos aclimatarlos construyendo un pequeño estanque dentro o en el borde del huerto.
Entre los reptiles debe citarse el lución, que no es una serpiente a pesar de las apariencias, sino un lagarto sin patas. Igual que los lagartos, se alimenta de babosas, insectos, larvas y orugas.
Invertebrados
La lista de insectos útiles es larga; veamos los principales.
La mariquita es sin duda el más conocido y nadie ignora que es una gran devoradora de pulgones, tanto en estado de larva como en estado adulto. Una larva de mariquita devora, justo hasta su ninfosis, entre 200 y 600 pulgones.
La crisopa es otra enemiga de los pulgones. La larva de crisopa devora casi tantos pulgones durante su desarrollo como la de la mariquita.
Los sírfidos son moscas que se asemejan a las avispas y son el tercer gran enemigo de los pulgones; sus larvas pueden devorar hasta 900 desde la eclosión hasta la ninfosis.
Las avispillas parásitas se parecen a las avispas, pero son mucho más pequeñas; algunas miden menos de 1 mm. Las hembras ponen sus huevos en el interior de los pulgones y las larvas se desarrollan dentro del pulgón del cual se alimentan. Cada avispilla parasita de 200 a 1.000 pulgones.
Los cárabos, que no deben confundirse con los escarabajos, comen todo tipo de insectos, larvas y babosas. Desarrollan su actividad principalmente durante la noche.
Las tijeretas comen trozos de plantas pero también insectos.
Ciertas especies de chinches, los antocóridos, se alimentan de ácaros y ocasionalmente de pulgones.
Las arañas capturan y comen numerosos insectos; por lo tanto tampoco deben matarse.
Los ácaros depredadores devoran a los ácaros parásitos (arañas rojas).
Microbios
Numerosos microorganismos nos auxilian contra los parásitos y principalmente contra las enfermedades. Este es el caso de algunos microbios presentes en la tierra, que inhiben el desarrollo de otras bacterias y hongos, especialmente segregando antibióticos.
Los indeseables: plagas y enfermedades
A las plantas que cultivamos no les faltan enemigos: insectos, ácaros, babosas, nemátodos, hongos, bacterias, virus, etc. ¿Pero son verdaderamente nuestros enemigos?
Ningún horticultor ve con agrado que las plagas y enfermedades se multipliquen a expensas de las hortalizas que cultiva, sin embargo las plagas y enfermedades no son siempre tan indeseables o dañinas como solemos pensar. Por supuesto que conviene disponer de medios lo menos tóxicos posible para desembarazarse de estos parásitos (ver el capítulo XIV), pero las invasiones masivas de plagas y enfermedades son siempre el signo de un desequilibrio, ya sea en la tierra o en el ambiente del huerto, y nos advierten de que alguna cosa no funciona bien en el mismo. A menudo una fertilización excesiva o desequilibrada es la causa principal.
Como regla general, existe una correlación estrecha entre la gravedad de los ataques parasitarios y la cantidad de sustancias solubles presentes en las plantas, como el nitrógeno no-proteico y los azúcares. La acumulación de sustancias solubles es el resultado de un desequilibrio fisiológico y especialmente de una disminución de la síntesis de proteínas, pues esta última es perturbada por numerosos plaguicidas (insecticidas, fungicidas y herbicidas), por una fertilización desequilibrada hacia un exceso de nitrógeno y que provoca carencias de oligoelementos, por un trabajo de la tierra realizado en malas condiciones, por una elección de variedades mal adaptadas al clima, etc.
Numerosas observaciones, realizadas principalmente por horticultores y agricultores «biológicos», han confirmado que las plantas cultivadas en una tierra equilibrada y de buena calidad biótica, son mucho menos atacadas por los parásitos que las mismas plantas cultivadas en tierras desequilibradas y pobres en humus.
Se denominan plagas a todos los parásitos que causan daños en los cultivos, pero reciben este nombre especialmente los animales, del más grande al más pequeño. Enfermedades son las manifestaciones de los hongos y bacterias parásitas y virus. También se llama plagas a las malas hierbas.
La descripción detallada de las plagas y enfermedades se saldría del marco de esta obra. Los medios de lucha contra los principales parásitos se dan en el capítulo XIV, junto con las hortalizas que son atacadas. Ahora nos limitaremos a mencionar los grandes grupos de plagas y enfermedades que causan daños en el huerto.
Los grandes grupos de plagas
Los insectos constituyen, y con mucho, el grupo que abarca el mayor número de plagas. Los insectos adultos o sus larvas —a veces ambos— se alimentan de la savia o de los tejidos de los vegetales.
Las orugas son las larvas de las mariposas; los «gusanos» de las frutas, el puerro, la zanahoria, etc., son también larvas de insectos.
Los ácaros o arañas rojas no son insectos, sino arácnidos. Tienen cuatro pares de patas, mientras que los insectos tienen tres pares, y son muy pequeños, de alrededor de medio milímetro. Se alimentan del contenido de las células superficiales de las hojas.
Los nemátodos son animales muy pequeños, de alrededor de 1 mm. desprovistos de miembros para trasladarse y de esqueleto; son extramadamente numerosos en la tierra. La mayoría intervienen en la formación del humus, pero algunas especies atacan a las plantas cultivadas.
Las babosas, como los caracoles, son moluscos. Existen numerosas especies. Atacan a todas las plantas cultivadas y pueden causar daños graves.
Los ratones de campo son los únicos mamíferos realmente temibles en el huerto y causan grandes daños principalmente en los lindes con las praderas. Se multiplican muy rápidamente: tienen cada año de 4 a 5 camadas con 5 a 10 pequeños cada una.
Las enfermedades criptogámicas reciben su nombre por los hongos cuyos filamentos microscópicos invaden los tejidos de los vegetales de los que se alimentan. Las más conocidas y devastadoras en el huerto son el mildiu y el oidio, pero existen otras muchas. Se combaten con los fungicidas.
Las enfermedades bacterianas son menos numerosas, aunque algunas de ellas, como la grasa de la judía o la bacteriosis del pepino, pueden causar daños importantes. No debe olvidarse que en la tierra se encuentran un gran número de bacterias útiles, las cuales juegan un papel esencial en su fertilidad y en la nutrición de las plantas.
Las enfermedades víricas están producidas por los seres vivos más simples y pequeños, sólo visibles con ayuda del microscopio electrónico. Son particularmente difíciles de combatir.
SEGUNDA PARTE
La práctica de la agricultura biológica
CAPÍTULO IV
Implantación y organización de un huerto
La elección del terreno
No siempre podemos elegir el emplazamiento de nuestro huerto, pero en la medida de lo posible tendremos en cuenta los siguientes factores:
• La distancia respecto a la vivienda. Evidentemente es muy deseable que el huerto esté lo más próximo posible a la vivienda. Resulta preferible tener un pequeño huerto cerca, que un gran huerto demasiado lejos.
También podemos adoptar una fórmula mixta: un pequeño huerto contiguo a la casa para las hortalizas que requieren una vigilancia o una cosecha muy frecuentes, o exigen ser consumidas muy frescas, como rábanos, lechugas, tomates, judías verdes, perejil, hierbas condimentadas, etc.; y un gran huerto para los cultivos que necesitan menos cuidados o se conservan más tiempo.
• La superficie del huerto depende del número de personas a alimentar, del régimen alimenticio de la familia, de la variedad de hortalizas que deseemos cultivar y del tiempo que podamos dedicarle.
Se pueden dar, a título indicativo, unas cifras que son válidas para un huerto con buena tierra (ver la tabla de la página siguiente).
Estas cifras, lógicamente, sólo indican órdenes de magnitud. Podrán variar según la calidad de la tierra —y bastante más— según la competencia del hortelano.
• La orientación y la pendiente. Los terrenos llanos o con pendientes muy ligeras son los más fáciles de cultivar. Si el terreno está en pendiente, deberá ser orientado al sur; la orientación al norte debe excluirse.

El establecimiento de un huerto sobre un terreno con fuerte pendiente es posible cuando no se tenga otra alternativa, pero exige ciertas precauciones y hay que saber que el trabajo será siempre más difícil, sobre todo si utilizamos un motocultor, y más fatigoso que en terreno llano.
Si la pendiente es muy fuerte es indispensable cultivar en terrazas, lo que supone mucho trabajo si las terrazas no están ya construidas.
En el caso de una pendiente mediana, las parcelas se dispondrán siempre siguiendo las curvas del nivel, es decir perpendicularmente a la pendiente, con el fin de limitar los riesgos de erosión.
• El medio. El huerto deberá, en la medida de lo posible:
— estar protegido de los vientos fríos, generalmente del norte y del este;
— no estar rodeado por árboles demasiado grandes;
— estar apartado 100 m. como mínimo de carreteras de mucha circulación, a causa del riesgo de contaminación por los gases de los tubos de escape;
— estar apartado de fábricas contaminantes;
— no estar rodeado de tierras cultivadas químicamente.
Si no es posible satisfacer esta última condición, se protegerá con setos.
• La naturaleza de la tierra. Vale más tener un huerto pequeño con buena tierra, que otro grande con tierra mediocre.
Si embargo, es posible hacer horticultura incluso sobre una tierra muy mala, siempre con la condición de ser paciente y estar dispuesto a gastar el dinero y sobre todo la energía necesarios para su mejora. No obstante, hay dos tipos de tierras que debemos evitar dentro de lo posible:
– las demasiado poco profundas, es decir formadas por una capa delgada sobre un subsuelo jocoso;
– las hondonadas difíciles o imposibles de drenar.
Sea cual fuere la tierra, será conveniente realizar un análisis químico y biológico completo, sobre todo si vemos que las hortalizas crecen mal o están invadidas por parásitos.
Las mejores tierras son aquellas que tienen un contenido medio en arcilla y un buen contenido en humus, y que son profundas y tienen buen drenaje.
• Las posibilidades de riego. Evidentemente es interesante disponer de una toma de agua próxima al huerto. En climas mediterráneos ello es indispensable, sin embargo en climas atlánticos se puede cultivar con buenos resultados con muy poca agua, justo la necesaria para regar las plantas durante el trasplante y algunas siempre delicadas.
La organización del huerto
El plano que detallamos es un ejemplo de huerto-tipo de 500 m2 de superficie total, de los cuales cerca de 400 m2 están cultivados realmente. Las calles permanentes, en clima húmedo están sembradas de hierba que se siega regularmente, proporcionando materia verde para el acolchado.
El huerto está dividido en parcelas de 1,20 m. de anchura y aproximadamente 9 m. de longitud. Los pasillos entre las parcelas tienen 35 cm. de anchura, la anchura de un rastrillo, para facilitar su mantenimiento. Para un huerto más pequeño, de 200 a 250 m2 cultivados, reduciremos la longitud de las parcelas a unos 5 m., siendo siempre la anchuira de 1,2 m.
En huertos muy grandes, de 1.000 m2 o más, cultivados con la ayuda de un motocultor y de herramientas del tipo de la sembradora de rueda y la azada de rueda, será interesante alargar las líneas de cultivo a 20 ó 30 m. y suprimir la división del terreno en parcelas de 1,20 m., sembrándose las líneas con su separación normal, una tras otra, sin dejar pasillos. La función principal de los pasillos es no compactar la tierra de las parcelas durnte la siembra y las labores de cultivo, pero si se trabaja con la sembradora de rueda y la azada de rueda, es necesario de todas formas caminar entre las hileras para sembrar y escardar. Por otro lado el número de pasadas, especialmente para la siembra, es menos elevado que en un huerto pequeño, lo que reduce los inconvenientes del pisoteo.
PLANO TIPO DE UN HUERTO DE 500 m2. de los que están cultivados 400
Ocupación del terreno a principios de agosto.
Dimensión entre el muro y los setos: 20 × 25 m.

La ocupación de las parcelas detallada en el plano corresponde a finales de julio o principios de agosto. Faltan los cultivos tempranos recolectados antes de finales de julio, como ajo, zanahorias tempranas, lechugas, coles de primavera, espinacas, habas, guisantes, patatas tempranas y abonos verdes de primavera. También faltan los cultivos tardíos sembrados o trasplantados a finales de verano, como achicorias y escarolas de otoño, espinacas, valerianela, cebollas blancas, nabos, lechugas y abonos verdes de otoño.
Claro está, no se trata nada más que de un esquema-tipo que cada cual puede modificar según sus necesidades y experiencia.
Sobre los tres lados Este, Oeste y Norte del huerto se podrán plantar árboles frutales en la parte exterior de las calles permanentes.
¿Cuánto tiempo es necesario para cuidar un huerto? Es preferible, también en este caso, cultivar bien un huerto pequeño que querer cultivar una gran extensión que luego no se podrá atender debidamente.
Para un huerto familiar, los dos meses más atareados son abril y mayo. Durante este período es necesario disponer, para un huerto de 400 m2 cultivados, de al menos 12 a 15 horas semanales. El resto del año, salvo el período de noviembre a febrero, durante el cual los trabajos son muy reducidos, basta de 8 a 10 horas semanales. Un horticultor principiante o mal equipado deberá calcular tiempos sensiblemente superiores.
¿Cómo transformar en huerto una tierra inculta?
Una tierra sin cultivar durante numerosos años no se transforma de la noche a la mañana en un huerto fértil. Pero la transformación puede hacerse rápidamente y sin demasiado esfuerzo si sabemos cómo hacerla.
Si se trata de un antiguo huerto abandonado, podrá cultivarse de nuevo sin dificultad. El único problema será el de las malas hierbas, de las que nos desharemos rápidamente si la tierra es rica en humus.
Si se trata de una tierra pobre en humus, no fertilizada desde hace mucho tiempo o habiendo recibido fuertes dosis de abonos químicos, la transformación será más difícil.
El mejor período para comenzar la roturación (o la transformación) es el otoño.
• Si partimos de una vieja pradera o de un baldío, actuaremos de la forma siguiente:
En otoño
Si se cultiva a mano:
— segar la hierba lo más cerca posible del suelo;
— destruir la vegetación con la azada y recoger la más gruesa;
— mullir la tierra con la laya clásica o la laya de doble mango (ver el capítulo V);
— aportar abonos minerales naturales, según las indicaciones del análisis de tierra, y compost;
— mezclar con el garfio los abonos minerales y el compost con la capa superficial de la tierra;
— si el desbroce se ha efectuado antes de medidados de octubre, y si la tierra no debe ser sembrada temprano en primavera, entonces sembrar un abono verde;
— si la tierra es ligera y si no se siembra, acolcharla.
Si se poseen máquinas:
— pasar la segadora de césped o la desbrozadora;
— recoger la vegetación cortada si es muy abundante; o dejarla secar al sol si no lo es;
— destruir la vegetación con pasadas de la fresa sucesivas, a poca profundidad;
— cuando la vegetación está prácticamente descompuesta, al cabo de 2 a 3 semanas, aportar abonos minerales naturales y compost;
— realizar una última pasada con el motocultor, a mayor profundidad que las precedentes y con la fresa o con el arado;
— sembrar eventualmente un abono verde o acolcharla si la tierra es ligera, como para el cultivo manual.
En primavera
— destruir el abono verde (ver el capítulo VIII);
— retirar todos los materiales orgánicos no descompuestos, como el acolchado o las malas hierbas;
— mullir de nuevo la tierra, con el garfio si está bastante mullido, con la laya de doble mango, la clásica o el motocultor;
— preparar la tierra para la siembra;
— si el terreno está muy invadido por hierbas, no sembrar plantas fácilmente invadibles como zanahorias o cebollas;
— si el desbroce se ha empezado tarde en el otoño y si la vegetación antigua no está todavía completamente descompuesta, abstenerse de sembrar o trasplantar plantas demasiado exigentes o demasiado sensibles a la presencia de materia orgánica mal descompuesta, como sobre todo apio, coliflor, salsifí, lechuga o zanahoria;
— si no se cultiva toda la superficie el primer año, sembrar una mezcla a base de trébol —por ejemplo violeta y ray-grass— si hemos previsto dejar el abono verde todo el año; o bien una mezcla a base de veza —por ejemplo con avena— si se quiere utilizar la superficie para una siembra o un trasplante durante el verano.
• Si la tierra que queremos transformar en huerto era cultivada antes de forma química, procederemos básicamente de la misma forma, pero se aportará mayor cantidad de compost, ya que estas tierras son generalmente pobres en humus. En la medida de lo posible, se hará un segundo aporte de compost en primavera. Si la tierra es arcillosa, aportaremos el compost bien descompuesto.
Lógicamente, no podemos esperar obtener ya desde el primer año cosechas muy abundantes y libres de parásitos, sobre todo si partimos de una tierra pobre en humus por las malas técnicas de cultivo.
CAPÍTULO V
Las herramientas del horticultor
Las herramientas del horticultor deben responder a tres imperativos:
— permitir un trabajo lo más perfecto posible;
— ahorrar tiempo y esfuerzo;
— no ser demasiado costosas.
Los fabricantes proponen numerosas variantes de las herramientas básicas descritas aquí; cada cual ha de elegirlas de acuerdo con su gusto personal.
Para que resulten eficaces y económicas, las herramientas básicas, al igual que las pulverizadoras, motocultores, etc., deben ser cuidadas correctamente. Para ello será necesario:
— limpiarlas después de usarlas;
— guardarlas secas;
— protegerlas de la oxidación untándolas con grasa ante un período prolongado de inactividad, sobre todo si se guardan en un lugar húmedo;
— afilar regularmente las partes cortantes;
— vaciar y limpiar los pulverizadores después de su utilización, pulverizando agua limpia durante un minuto para limpiar los conductos;
— untar con vaselina las partes articuladas;
— al final de su temporada de uso vaciar las mangueras y colocarlas bajo abrigo; acordarse de vaciar las conducciones exteriores de agua para que no las rompa el hielo;
— algunos mangos de herramientas están tratados; aquellos que no lo estén pueden pintarse con un producto protector de la madera. Si el mango no es demasiado liso, se le pasa un papel de lija de grano fino.

LAS HERRAMIENTAS BÁSICAS PARA LAS LABORES (I)


LAS HERRAMIENTAS BÁSICAS PARA LAS LABORES (II)


LAS HERRAMIENTAS BÁSICAS PARA LAS LABORES (III)

Algunas herramientas útiles


Espolvoreadores: (1) uno de los varios modelos de fuelle; (2) de bomba; (3) ventral. Pulverizadores: (4) tipo jeringa; (5) de presión previa, de 8 litros;-(6) de presión constante, de 17 litros.
El material de riego
La regadera es irreemplazable para el riego de semilleros, el riego de las plantas inmediatamente después de su trasplante, o el riego a gollete de las hortalizas cuyo follaje no queremos mojar, como de tomates, berenjenas, etc.
La manguera de riego es sobre todo interesante para regar las siembras jóvenes. Tiene poco interés para el riego de cultivos en crecimiento, pues el chorro casi siempre es insuficiente o demasiado violento. Además, el agua no tiene tiempo para calentarse a la temperatura ambiente.
Los aspersores rotativos, colocados sobre el suelo o montados sobre un trípode y provistos de un brazo, son simples y robustos. Su principal inconveniente es regar superficies circulares, lo que no es muy cómodo para los huertos pequeños. Por el contrario, son muy adecuados para los céspedes y huertos grandes.
Los cañones de agua son aspersores rotativos un poco más complejos que los precedentes. Su movimiento rotativo es discontinuo y lento, pero su alcance es mucho más grande que el de los aspersores propiamente dichos. Son muy utilizados por los profesionales, ya que pueden regar varios centenares de metros cuadrados o más si se dispone de suficiente presión, sin que sea necesario desplazarlos; se dejan varias horas en el mismo lugar.
Los tubos plásticos perforados, colocados sobre el mismo suelo, son poco interesantes pues se obstruyen fácilmente y no son graduables.
Los aspersores oscilantes son muy interesantes para los pequeños horticultores. Son los únicos que permiten regar superficies rectangulares. Debe elegirse un modelo en el que la amplitud de movimiento de oscilación sea graduable, lo que permite regar exactamente la longitud deseada.
El material de lucha contra plagas y enfermedades
Todo horticultor biológico debe poseer un gran recipiente, preferiblemente un tonel de madera, para preparar el purín de ortigas y otras maceraciones de plantas.
También es necesario un espolvoreador para productos pulverulentos como el azufre y los polvos de rocas, y un pulverizador para los productos líquidos.
Existen numerosos modelos de espolvoreadores, de los más simples a los más perfeccionados; para los pequeños huertos bastará con uno de fuelle. Para un huerto de dimensiones medianas, los pequeños espolvoreadores manuales de tipo japonés son muy convenientes. Y para los grandes huertos, se escogerá un espolvoreador ventral, asimismo manual.
Los modelos de pulverizadores son igualmente numerosos; pueden distinguirse tres tipos principales. El tipo «jeringa», que funciona según el principio de las bombas de aire para bicicletas, es conveniente para huertos pequeños. El de presión previa —primero se le da presión y después se pulveriza, se le da presión de nuevo y así sucesivamente— es conveniente para los huertos de dimensiones medianas. Y el de mochila de presión constante, gracias a un balancín que se acciona con una mano mientras que la otra sostiene la lanza del pulverizador, es conveniente para los huertos grandes. Los pulverizadores clásicos de viñedos eran de este último tipo.
El motocultor
La superficie a partir de la cual está justificada la compra de un motocultor depende mucho del tiempo, la energía y el dinero de que dispon-gamos. Si estamos muy ocupados y si nuestra espalda soporta mal el tener que cavar el huerto, nos hará falta un pequeño motocultor para un huerto de algunos centenares de metros cuadrados. Si por el contrario el cavar no nos da miedo, y si disponemos de suficiente superficie, podemos trabajar a mano hasta 800 o 1.000 m2 o incluso más.
¿Qué potencia y qué tipo de motor elegir? Generalmente los pequeños motocultores están equipados con un motor de dos tiempos y los más grandes con un motor de cuatro tiempos, pero también hay motores de 3,5 ó 4 CV de cuatro tiempos. En general el de cuatro tiempos parece preferible, pues es menos ruidoso, menos contaminante y más económico. Los dos tiempos se imponen únicamente en las motoazadas muy ligeras y para el trabajo en terreno muy accidentado, pues la lubrificación del de cuatro tiempos es defectuosa cuando la pendiente es muy fuerte.
Una potencia de 3 a 4 CV basta para el mantenimiento de un huerto de dimensión media, de unos 500 m2., con tierra ligera o humífera.
Para los trabajos de roturación o para trabajar en terrenos arcillosos o pobres en humus, es necesaria una potencia de 5 a 6 CV.
Los aperos rotativos son varios tipos de fresas y constituyen el equipamiento básico de las motoazadas y de los motocultores ligeros. En las motoazadas estos aperos se montan directamente en los ejes accionados por el árbol motor. La motoazada así equipada no tiene ruedas motrices y avanza por la acción de las fresas sobre el suelo (ver ilustraciones en capítulo X).
En cuanto a los motocultores propiamente dichos, las fresas están a veces tapadas por un cárter de protección detrás del motocultor, y son accionadas por una toma de fuerza; las ruedas motrices aseguran el avance. En algunos tipos de motocultores es posible quitar las ruedas y colocar las fresas sobre el mismo eje.
Existen numerosos tipos de fresas que se diferencian por la forma de las cuchillas. No son recomendables las cuchillas acodadas en ángulo recto y las fresas de púas, pues giran a gran velocidad y desmenuzan demasiado la tierra.
Los motocultores y la mayoría de las motoazadas transformadas por el montaje de ruedas sobre el eje de motor, pueden equiparse con un cierto número de aperos de arrastre como arado, cultivador, reja profunda, grada, rodillo, escardadoras y binadoras, aporeador, etc.
La reja que mulle la tierra profundamente sin voltearla, es particularmente útil en agricultura biológica. Su único inconveniente es que exige una potencia bastante elevada: como mínimo 4 CV en tierras ligeras y 5 a 7 CV en tierras medias. No puede utilizarse en tierras pesadas a menos que el motocultor sea muy potente.
El arado es útil en las tierras arcillosas, pues éstas son difíciles de mullir con las fresas y los accesorios con dientes, como las rejas.
Los otros aperos sólo son necesarios en huertos grandes, de más de 1.000 m2, excepto tal vez el aporeador para aquellos que cultivan muchas patatas.
A los motocultores y motoazadas provistos de una toma de fuerza pueden además acoplárseles diversos accesorios: segadora, cortadora de césped, desbrozadora, bomba de agua, sierra circular, podadora de setos, etc. La desbrozadora de aspas es muy útil sobre todo para los que no poseen una cortadora de césped, pues corta y tritura finamente todo tipo de vegetación, lo que permite transformar en acolchado los abonos verdes y todos los residuos de cosecha.
Algunos puntos que no deben olvidarse al comprar:
— Si se trata de comprar una motoazada, vigilar que esté provista de una rueda que permita el desplazamiento del aparato.
— Preferir el modelo provisto de manillar que pueda desplazarse a derecha o a izquierda, para así no pisar sobre la tierra que acaba de ser trabajada.
— Antes de la compra asegurarse de que en caso de avería la reparación podrá ser efectuada con rapidez. ¡Los motocultores se averían cuando más necesitados estamos de ellos!
La trituradora
Es una máquina muy útil pero no indispensable (ver el capítulo VI). Existen trituradoras de mano, suficientes para los pequeños huertos. En los huertos grandes una trituradora a motor facilita la fabricación de compost y acelera grandemente su maduración. También facilita mucho la práctica del acolchado.
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