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BLACK SABBATH

BLACK SABBATH
César Muela


Un sello de Redbook Ediciones
Indústria 11 (pol. Ind. Buvisa)
08329 Teiá (barcelona)
www.redbookediciones.com
© 2021, César Muela Ruiz
© 2021, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Regina Richling
Diseño de interior: Quim Miserachs
Fotografías interiores: APG images
Fotografía de cubierta: Shutterstock
ISBN: 978-84-9917-632-1
Producción del ePub: booqlab
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A mi madre
(aunque igual este no era el libro que esperabas de mí),
a mi padre y a mi hermano.
Os quiero.
Gracias a Leo, Txus y Paco por prestarse a colaborar y por seguir haciendo grande el rock en español; a Rafa Basa por servirme de faro en el periodismo musical y por dejarse engañar para esta aventura.
A los amigos que más me han apoyado mientras trabajaba en el libro:
Alber, Marta, Jose, Angelita, Jaime Camacho, Lorena, Jesús Pérez,
Eva López, Manu, Eva Correa y Oce. ¡Va por vosotros!
A mis compañeros de Xataka, porque hay pocas cosas más «heavy metal» que ellos.
A Martí y al equipo de Redbook Ediciones por pensar en mí para escribir todo esto.
Y a ti, que estás leyendo esto.
Índice
1. Introducción
2. Cuatro chavales humildes de Birmingham
La mala suerte de Tony
Tony conoce a Bill
La joyita de Aston: John Osbourne
La revelación de Ozzy y su incursión en el rock psicodélico
El famoso cartel con el que empezó todo
La Polka Tulk Blues Band
De cómo Jethro Tull impulsó el nacimiento de Black Sabbath
Un grupo llamado Black Sabbath
3. Los gloriosos y devastadores años setenta
Black Sabbath: la explosión que nadie se esperaba
Paranoid, la chispa que prendió todo
Master of Reality: el rayo que no cesa
Vol.4: oda al polvo blanco
Sabbath Bloody Sabbath: en busca de la obra maestra
Sabotage: el fin de la inocencia
Technical Ecstasy: la respuesta ante el punk
Never Say Die!: el primer aviso de Ozzy
Adiós a Ozzy
4. Años ochenta: el antes y después de Black Sabbath
Los años de Ronnie James Dio
Heaven and Hell: el rugido del heavy metal
Mob Rules: si algo funciona, no lo cambies
Live Evil: cuando la mezcla se te va de las manos
Un nuevo cantante para Black Sabbath
El turno de Ian Gillan
Born Again: una bizarrada desde la propia portada
Solo ante el peligro
Seventh Star: el disco de Schrödinger de Black Sabbath
The Eternal Idol: primer intento
Los años de Tony Martin (parte I)
The Eternal Idol, segundo intento
Headless Cross: un intento para regresar a la oscuridad
Tyr: el de la mitología nórdica
5. Años noventa: el principio del fin
El regreso de Ronnie James Dio
Dehumanizer: en busca de la esencia perdida
Los años de Tony Martin (parte II)
Cross Purposes: la gran reivindicación de Tony Martin
Forbidden: las cosas todavía podían ir peor
La esperada reunión con Ozzy
6. Años 2000: la gran traca final
Siguen los conciertos y Ozzy se hace una estrella de la televisión
Heaven and Hell, el último gran grupo con Dio
13: el último y nos vamos
Con Black Sabbath nunca se sabe
7. Anécdotas: las típicas cosas para decir que eres un experto en Black Sabbath
8. Las influencias de Black Sabbath en otros grupos
9. Discografía
10. Músicos hablan y reflexionan sobre Black Sabbath
11. Bibliografía
12. Videografía
13. Webgrafía
1. Introducción
La historia de Black Sabbath está teñida de la peor de las suertes, un festín de todo tipo de drogas y algún que otro triunfo. Es una especie de montaña rusa en la que han demostrado ser capaces de llegar a lo más alto, pero también de caer en lo más bajo. Y, además, paradójicamente, esto les pasaba de forma cíclica; siempre que alcanzaban un punto álgido, a continuación venía una enorme caída. Y, aunque el golpe fuera duro, volvían a la carga, se reponían y reiniciaban la partida, como si fuera un videojuego. Eso sí, cada vez con menos comodines y vidas extra.
Quizá ese afán de superación ha estado siempre en el ADN de esos cuatro chicos que vivían calle con calle en un barrio de Birmingham, y que a finales de los años sesenta decidieron empezar a tocar versiones de blues de grupos como Crow o The Aynsley Dunbar Retaliation. A decir verdad, la formación no prometía mucho.
Por un lado tenías a John, un chico que a los 18 años ya había estado seis semanas en la cárcel por robar en una tienda algo de ropa, y cuya única experiencia cercana a la música era haber trabajado en una fábrica afinando bocinas de coche. En el colegio le llamaban Ozzy y decidió que cantar podía ser una buena idea. Aparte de su nula experiencia o formación musical, había una pega: no se enteró hasta sus 30 años de que tenía dislexia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Ambas cosas le habían frustrado mucho porque le costaba leer y concentrarse y no supo por qué hasta que recibió el diagnóstico.
Al otro lado tenías a Tony, de abuelos heladeros que emigraron de Italia a Reino Unido para ganarse la vida. Era el tipo guay en el instituto porque tocaba la guitarra. Poco después llegó el momento que marcó su vida: un accidente que le amputó parte de los dos dedos centrales de su mano derecha. Coincidencias de la vida, los mismos que utiliza para presionar las cuerdas de la guitarra porque es zurdo. Para más inri, le sucedió justo el último día en la fábrica en la que trabajaba antes de que se fuera a dedicar plenamente a la música. Nadie se imaginaba que este hecho marcaría tanto su futuro y el de la historia de la música moderna.

Black Sabbath, cuatro tipo de Birmingham que acunaron el heavy metal.
También estaba Terence, al que todos llamaban Geezer. Era el bajista, aunque como no se podía permitir comprar la cuarta cuerda de su instrumento, tocó un tiempo solo con las tres primeras. Eso hasta que tuvo un bajo, claro, porque empezó tocando con una Fender a la que bajaba la afinación para simular ese sonido más grave.
Por último estaba Bill, que empezó a tocar la batería con 15 años influenciado por bateristas de jazz de los años cuarenta como Gene Kupra, o por figuras de los sesenta como Ringo Starr, John Bonham o Larrie Londin. Más que llenar de golpes cada compás, le gustaba mucho jugar con los silencios y el aire en las canciones.
Así que, sí, tenías una banda de versiones de blues con un cantante disléxico, un guitarrista con dos dedos de su mano principal amputados, un bajista sin dinero para comprar cuerdas para su instrumento y, al menos, para compensar, un baterista al que le gustaba tomarse las cosas en serio. Desde luego, con esta presentación nadie diría que estos cuatro ingleses acabarían haciendo historia en la música, llenando estadios, siendo escuchados por millones de personas y, sobre todo, poniendo los pilares de un estilo desconocido hasta entonces: el heavy metal.
Decir que la música heavy metal no existía antes de Black Sabbath puede ser algo atrevido. En los años sesenta el término «heavy metal» se había usado para referirse a los metales pesados de la tabla periódica de los elementos químicos, aunque también empezaron a aparecer referencias en la cultura popular. Es el caso de William S. Burroughs y sus novelas La máquina blanda (1961) o Expreso Nova (1964), en las que usaba «heavy metal» para referirse al consumo de drogas. En la música, la primera mención apareció justo por influencia de estas novelas de Burroughs en el disco Featuring the Human Host and the Heavy Metal Kids (1967), de Hapshash and the Coloured Coat, una formación inglesa de rock psicodélico y avant-garde que nada tiene que ver con lo que hoy conocemos como heavy metal.
Bandas de los años sesenta como Iron Butterfly, Cream o Blue Cheer sí se aproximaban más a esos sonidos duros, pero no fue hasta 1968 que empezó a fraguarse ese «metal pesado» musical. Curiosamente, justo en ese año, 1968, nacieron los tres grupos precursores del género: Black Sabbath, Deep Purple y Led Zeppelin. Cada uno a su manera y no sin ciertas rivalidades entre ellos, ayudaron a moldear un tipo de música que se erigía sobre un volumen brutal, riffs de guitarras muy distorsionadas, bases rítmicas pesadas, voces melódicas a la par que estridentes para el estándar de la época, y unas letras muy oscuras y melancólicas, que chocaban contra las más amables y superficiales sobre el amor, la felicidad y la no violencia del movimiento Flower Power de esa década.
Fue a partir de entonces cuando los periodistas musicales empezaron a definir esos nuevos sonidos como heavy metal. Tradicionalmente se ha señalado al californiano Lester Bangs como precursor del término para referirse al tipo de música, aunque no hay un consenso claro porque otros periodistas como Mike Saunders, que compartía revista con Bangs; Sandy Pearlman, que acabó siendo el productor y manager de Blue Öyster Cult; o Barry Gifford, por un artículo que escribió sobre Electric Flag en la revista Rolling Stone en 1968, también usaron «heavy metal» para describir la música que estaban escuchando entonces.

Las bases rítimicas del heavy metal y sus letras oscuras y melancólicas chocaron de frente con las más amables y superficiales del movimiento Flower Power que impregnó la música de finales de los sesenta.

Más de 25 músicos han desfilado por la formación desde sus inicios hasta su gira de despedida.
De hecho, se suele citar como el origen de la denominación de heavy metal en la música una crítica que hizo Bangs en la revista Creem al disco Paranoid (1970) de Black Sabbath. Sin embargo, en ese texto, que no era favorable al grupo precisamente, no aparece ni una sola vez el término «heavy metal». En su lugar, sí se puede leer «downer music», o música deprimente.
Paradójicamente, el propio Ozzy ha renegado en los últimos años de la vaguedad del concepto heavy metal «porque engloba tanto a Sabbath como a Poison» y, él, en una entrevista concedida a la revista Circus a mediados de los años setenta, definía la música de su banda como «Depression rock», rock depresivo, que se acerca a esa «música deprimente» que definía Bangs.
Sea como fuere y tanto si utilizamos heavy metal o su sinónimo, heavy rock, o, simplemente, metal, no hay duda de que Black Sabbath escribió las primeras páginas del género junto a sus coetáneos Deep Purple y Led Zeppelin, y sirvieron como referencia a las siguientes generaciones de grupos como Judas Priest, Iron Maiden, Metallica o incluso Nirvana (Kurt Cobain definía su sonido como un cruce entre los Beatles y Black Sabbath).

Kurt Cobain definía el sonido de Nirvana como un cruce entre los Beatles y Black Sabbath.
No obstante, lo que diferencia a Black Sabbath de Purple y Zeppelin es precisamente ese estado permanente de drama. Sí, hubo tragedias y cambios de formación en Deep Purple y Led Zeppelin, pero la palma se la lleva Black Sabbath con un histórico de más de 25 músicos pasando por su formación para la grabación de discos (sin contar músicos de sesión en conciertos), entre los que se incluyen titanes del rock como Ian Gillan (fichar al vocalista de sus «rivales» Deep Purple fue todo un acontecimiento), Glenn Hughes (que también fue cantante de Deep Purple) o Eric Singer, y, por supuesto, el eterno Ronnie James Dio, considerado uno de los mejores cantantes de heavy metal de todos los tiempos y clave en los Sabbath de los años ochenta.
Pardiez, la trayectoria de Black Sabbath es tan dramática que hubo unos años en los que no eran dueños ni de sus exitosas canciones. Vivieron en sus propias carnes las consecuencias de ser engañados y exprimidos por representantes, discográficas y abogados. Casi se arruinan en varias ocasiones. Y, por si fuera poco, la prensa y las críticas nunca les acompañaron. Sus discos fueron menospreciados, mientras que la gloria y las alabanzas se las llevaban Purple y Zeppelin, algo que sacaba de quicio a Tony Iommi, líder indiscutible y único miembro estable en todas las etapas de Sabbath.

Tonny Iommi fue el único miembro original de Black Sabbath que estuvo en todas sus etapas.
Ese sambenito de chicos pobres con complejo de inferioridad de Birmingham siempre les ha acompañado, aunque les salvó el boca a boca, que la gente comprara sus discos y fuera a sus conciertos a pesar de las malas críticas o de los constantes cambios de formación.
Tampoco ayudaron mucho las drogas. Llegaron a tal punto de abuso que decidieron llevar consigo a un camello propio en la gira de su álbum Vol.4 (1972) para que nunca les faltase cocaína. Eran tiempos en los que empezaban los conciertos con un Ozzy fuera de sí preguntando al público si estaban drogados. Cuando el respetable gritaba de vuelta con un rotundo sí, entonces el vocalista respondía, «genial, ¡porque yo también!», y empezaban con «Snowblind», célebre canción dedicada a la coca. Incluso en los agradecimientos del álbum dedicaron un apartado a «the great COKE-Cola Company of Los Angeles», y no se referían precisamente a la empresa del famoso refresco.

13 es el decimonoveno y último álbum de estudio de Black Sabbath, editado en 2013.
Cada cual tenía su vicio, pero, desde luego, la marihuana, el hachís, el LSD o la cocaína bien podrían considerarse como parte de la formación oficial de Black Sabbath, al menos durante las primeras y más alocadas décadas. No podemos olvidarnos del alcohol, motor de múltiples fiestas y sesiones de composición y grabación que, además, propició anécdotas curiosas, como cuando Ozzy casi prende fuego a un castillo del siglo XVIII porque metió demasiada madera en la chimenea y se quedó dormido al lado. Pero también hubo otras más tristes, como cuando le diagnosticaron hepatitis a Bill Ward a sus veintipocos años, algo que desencadenó en una depresión y en un infierno personal que tardó mucho tiempo en superar.
Y, como remate, la salud no siempre les acompañó. Desde depresiones, ansiedad, adicciones y otros problemas psicológicos, pasando por el grave accidente que tuvo Ozzy en 2003 con un quad y que casi le cuesta la vida, hasta el diagnosticado linfoma (un tipo de cáncer) de Tony Iommi en 2012, la aventura de la banda inglesa también se torció en este apartado.
A pesar de todo, Black Sabbath logró publicar 19 discos de estudio (el primero y homónimo en 1970, y el último, 13, en 2013), vender más de 70 millones de CD’s y, después de 31 giras y cientos de conciertos, fueron capaces de despedirse de los escenarios por todo lo alto en su Birmingham natal el 4 de febrero de 2017. No está mal para un grupo de desdichados que hacen «música deprimente», ¿no?

2. Cuatro chavales humildes de Birmingham
La historia de Black Sabbath comienza en Aston, un distrito al noreste de Birmingham, actualmente la segunda ciudad más importante de Reino Unido, después de Londres. Nos encontramos en los años sesenta, apenas dos décadas después de lo que se conoce como Birmingham Blitz, los bombardeos masivos de la Alemania nazi que asolaron la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, y que dentro del país también afectaron, sobre todo, a Londres y Liverpool.
El contexto político de esta década estuvo marcado por la Guerra Fría y la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con episodios como la Guerra de Vietnam (1955-1975), la construcción del Muro de Berlín y el Telón de Acero (1961), que dividió en dos Europa, o la Crisis de los misiles en Cuba (1962), que, según algunos historiadores, a punto estuvo de desembocar en la Tercera Guerra Mundial.
También fueron los años de la carrera espacial, esa obsesión por conseguir hazañas que demostraran la potencia y el progreso de cada uno de los bloques. Los soviéticos asestaron el primer golpe en 1961 poniendo en órbita al primer humano, Yuri Gagarin, aunque en 1969 Estados Unidos mandó al primer hombre a la Luna, Neil Armstrong.
En el ámbito socio-cultural las cosas no estaban mucho más tranquilas. A los asesinatos políticos (John F. Kennedy en 1963, Malcolm X en 1965 y Martin Luther King en 1968), se unieron movimientos sociales por todo el mundo, como la Primavera de Praga (1968); la segunda ola del feminismo, que se centraba en el derecho al trabajo, la sexualidad o el aborto; o las protestas contra la sociedad de clases de Mayo de 1968, que se originaron en Francia y que acabaron teniendo sus réplicas correspondientes por todo el mundo, incluyendo España, Italia, México, Chile o Argentina.
Una de las respuestas ante toda esta crispación fue el llamado movimiento contracultural Flower Power y la ideología hippie, basada en la no-violencia y en la resistencia pasiva. El amor libre, las drogas y la psicodelia constituyeron parte de sus pilares clave, con acontecimientos como el Verano del Amor (1967) o el Festival de Woodstock (1969), que encumbraron a referentes culturales como Janis Joplin, Jefferson Airplane, The Who, Jimi Hendrix y, por supuesto, a The Beatles, cuya canción «All You Need Is Love» se convirtió en el himno que representaba a esta generación. El cuarteto de Liverpool, como veremos, también tuvo un fuerte impacto en Black Sabbath.
Con este contexto, y volviendo a poner la mirada en Aston, hay que tener en cuenta que Birmingham se encontraba en plena regeneración posguerra y vivió un florecimiento que afectaba sobre todo a la industria, con un claro desarrollo de la metalurgia (el chiste con el heavy metal se hace solo) y las fábricas de coches y motos. Sin embargo, ese despunte económico no se traducía en optimismo, precisamente, y es que toda la situación geopolítica arrastraba a los más jóvenes a tener muchas dudas sobre el futuro. Corrían tiempos más bien grises. Bill Ward confiesa: «Éramos un caos en términos de dinero, propiedades o prestigio. No teníamos nada». Y añade: «Si crecías en Aston, tenías tres opciones: trabajar en una fábrica, unirte a un grupo de música o ir a la cárcel». Así, no es una sorpresa que los cuatro integrantes originales de Black Sabbath cumplieran con estas tres cosas.
La mala suerte de Tony
El jovencito Anthony Frank Iommi (Birmingham, 1948) llevaba toda su adolescencia tocando la guitarra, aunque su ilusión de pequeño era tocar la batería. No pudo cumplirla porque, al parecer, no le cabía en casa, así que siguió los pasos de su padre y sus tíos, que tocaban el acordeón. Pasó un tiempo hasta que su madre le compró su primera guitarra.
En 1965 tenía 17 años y se sacaba un dinero trabajando en una fábrica de chapa. En el instituto se ganó la fama de tipo duro porque tocaba en grupos y, de hecho, le iba bastante bien con uno en particular: The Birds and The Bees. La cosa iba tan en serio que hasta iba a empezar una gira por Europa con ellos, e incluso había decidido dejar su trabajo en la fábrica para dedicarse plenamente a la música.
Estaba eufórico. Era viernes y su último día de trabajo en la fábrica. Tony no quería ir porque ya tenía su cabeza puesta en la gira con su grupo, pero su madre le pide por favor que vaya porque estaba convencida de que lo mejor era acabar bien en todos los sitios. Le hizo caso y ese día le tocó sustituir a una compañera que trabajaba en una máquina que tenía una guillotina incorporada para cortar piezas de metal. Él nunca la había usado antes y fue entonces cuando sucedió EL ACCIDENTE, así, en mayúsculas.

Anthony Frank Iommi está considerado uno de los guitarristas más importantes de la historia del rock.
Quedaban pocas horas para que acabara su turno, pero un error de cálculo hizo que la guillotina cercenara las yemas de los dos dedos centrales de su mano derecha. Al ser zurdo, se trata de su mano importante, la que utiliza para tocar las notas y los acordes en las cuerdas de la guitarra.
Tras estabilizarle y sanearle las heridas en el hospital, los médicos le dieron una de las peores noticias posibles: que se olvidara de volver a tocar la guitarra. De hecho, le aconsejaron que se buscara otra cosa para vivir que no fuera la música. Un día estaba a punto de irse de gira por Europa con un grupo y al otro le dicen que no podrá volver a tocar jamás su instrumento. Fue un mazazo terrible para él, pero, cuando estaba recuperándose, el que había sido su jefe en la fábrica le llevó un disco de un tal Django Reinhardt.
Django fue un guitarrista franco-romaní tremendamente influyente en el jazz que se hizo famoso en la década de los años treinta y cuarenta. Durante una noche, su caravana se incendió y su lado derecho del cuerpo y su mano izquierda sufrieron graves daños. Él era diestro, así que, al contrario que Tony, era su mano importante. El fuego le dejó secuelas y a partir de ese momento solo podía utilizar el dedo índice y el corazón para tocar, cuando lo normal es utilizar todos menos el pulgar, que sirve para colocar la mano y navegar por el mástil. Sin embargo, Django solo podía utilizar los otros dos dedos, el anular y el meñique, como apoyo en algunos acordes, así que tuvo que inventarse una técnica de digitación nueva para poder seguir tocando.

Django Reinhardt, un referente musical en la carrera de Iommi.
Acabó convirtiéndose en uno de los músicos más famosos de aquella época en Europa, aunque, por si el accidente no fuera suficiente drama en su vida, le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial y la correspondiente persecución nazi a los gitanos. Para rizar más el rizo, hubo un tiempo en el que Hitler consideraba el jazz, junto con otros estilos como el swing, «música degenerada» (Entartete Musik), que iba contra los principios de la Alemania nacionalsocialista y su obsesión por la pureza racial (el jazz, al fin y al cabo, era una música con origen afroamericano y con algunos máximos exponentes judíos, una tormenta perfecta que le granjeó al género la prohición durante parte del Tercer Reich). Por suerte, Reinhardt sobrevivió el azote nazi a pesar de ser un «músico gitano de jazz» y pudo continuar con su exitosa carrera hasta su muerte, en 1953.
Por supuesto, la historia del guitarrista gitano fue toda una revelación para Tony, que decidió volver a tocar. Era todo un reto porque sin la yema de los dos dedos dañados había perdido el tacto, por lo que le era complicado saber si estaba pulsando bien las cuerdas, así que tuvo que aprender a tocar desde cero y guiándose por el oído. El siguiente inconveniente es que, sin la yema, el agarre en las cuerdas era casi nulo. Esto es importante para tocar con claridad y contundencia (hay que apretar y sujetar fuerte las cuerdas, más en el rock, estilo en el que la característica distorsión de la guitarra se convierte en ruido si no se toca con precisión), y clave para técnicas como el vibrato o el bending, que consisten en pulsar una cuerda y estirarla hacia arriba o hacia abajo, algo casi imposible de hacer sin un agarre adecuado. Por último, estaba el dolor en cada pulsación. La punta de sus dos dedos accidentados era prácticamente la de sus falanges, es decir, hueso sin el acolchamiento que proporcionan las yemas. En otras palabras: usar esos dos dedos le dolía mucho y no podía controlar lo que estaba tocando con ellos.
Lejos de rendirse, Tony buscó una solución creativa cuanto menos. No podía hacer nada contra la falta de tacto porque no es posible regenerar las terminaciones nerviosas y la sensibilidad de las yemas, pero quizá sí para el resto de problemas. Empezó fabricándose unos dedales a base de trozos de una vieja chaqueta de cuero, tapones de bote de una conocida marca de lavavajillas y pegamento. Calentaba los tapones con una plancha y los amoldaba a la forma de sus dedos. Para que no se escurrieran al tocar, los recubrió con trozos de cuero y el citado pegamento.
Al principio se frustraba y se sentía torpe, pero poco a poco se acostumbró y le sirvió para ir recuperando la utilidad de sus dos dedos accidentados. Es más, el invento fue tan eficaz que siguió utilizándolo desde entonces y a lo largo del resto de su carrera cada vez que tocaba. Siempre llevaba recambios de sus dedales a sus conciertos por si acaso, incluso en los años de más éxito con Black Sabbath. De hecho, Tony asegura en sus memorias1 que aún conserva lo que queda de la vieja chaqueta de cuero de la que fue recortando moldes para sus dedos durante más de 50 años. Nadie podrá negar que eso sí que es aprovechar bien la ropa.
Los dedales no fueron su único invento. En aquella época no existía la enorme variedad de cuerdas de guitarra que hay en la actualidad. Ahora, además de distintos materiales, se pueden comprar en diferentes calibres. Hay quien prefiere que las cuerdas sean más gruesas o más finas, pero en los años sesenta había las que había y eran demasiado gruesas y duras para los delicados dedos de Tony, así que decidió ponerle varias cuerdas de banjo a su guitarra, que eran más blandas, y las combinó con las estándar de su instrumento. En palabras de Tony: «Pregunté a varios fabricantes si podían hacerme cuerdas de bajo calibre, pero me decían que no era posible. Yo les decía que sí... ¡porque yo mismo había podido hacerlo!, y entonces me decían que no se venderían bien. Al final encontré un fabricante en Gales que accedió a hacer para mí cuerdas de bajo calibre. Por supuesto, otros fabricantes empezaron entonces a vender cuerdas de bajo calibre».
Además de esta curiosa mezcla, que utilizó durante años, bajó la acción del puente de la guitarra (hacer que las cuerdas estén más pegadas al mástil para que haya menos tensión), y también empezó a jugar con afinaciones más bajas (a afinación más grave, más sueltas están las cuerdas y, por tanto, menos dureza al tocar). Desde luego, en aquel momento Tony no pensaba que iba a marcar la historia de la música con estas decisiones e inventos, pero, como veremos, acabarían moldeando un sonido único, aunque él solo quería volver a tocar como fuera.
Tony conoce a Bill
Fue alrededor de seis meses después del accidente cuando Tony confiesa que dejó de sentir lo peor del dolor y pudo retomar una mayor actividad con la guitarra. Un día, unos chicos vecinos de Aston fueron a buscarle y le propusieron entrar como guitarrista principal a su grupo, que se llamaba The Rest. A Tony le llamó la atención que tuvieran dos amplificadores de válvulas de la marca Vox, justo el mismo modelo que tenía él, y que era caro para la época. También tenían guitarras Fender, de gran prestigio, así que pensó que iban en serio y decidió probar suerte.
Uno de los integrantes se llamaba Bill Ward, que al principio cantaba y tocaba la batería, aunque terminaron fichando a un vocalista y Bill se acabó sentando tras los tambores. No tenía dinero para comprarse baquetas nuevas, así que usaba las que encontraba medio rotas o usadas de otros bateristas, pero a Tony le gustó su estilo tocando.
Cuando Iommi empezó a ensayar con ellos, se dio cuenta de que al otro guitarrista, Vic Radford, le faltaba el dedo corazón. Al parecer, había sufrido un accidente con una puerta y este hecho hizo que Tony fuera perdiendo la vergüenza que sentía tras su varapalo: «Que hubiera perdido su dedo fue de gran ayuda para mí porque nunca había conocido a nadie con ese problema. Pensé, “¡maldición, los dos en el mismo grupo!”», afirma Tony.
Su repertorio se componía de versiones de grupos como The Beatles, The Rolling Stones o The Shadows y lograron cierto éxito en la escena local de Birmingham, donde no les faltaron conciertos en pubs pequeños.
Pronto The Rest se le quedó pequeño a Tony, así que en 1968 hizo la prueba de acceso a una banda de mayor nivel. Se llamaba Mythology y se formó en Carlisle, al noroeste de Inglaterra, cerca de la frontera con Escocia, así que cuando le dijeron que había pasado la audición, Tony se fue a vivir allí. Poco después se unió a la banda Chris Smith, que era el vocalista de The Rest, un grupo que firmó su desaparición en cuanto Mythology necesitó nuevo baterista. ¿Quién fue el elegido? Efectivamente, Bill Ward.
La aventura con Mythology duró poco. Todos ellos compartían piso de alquiler en Carlisle. Una noche decidieron probar el hachís por primera vez en su vida (o eso dicen), y además de comprar un poco, el traficante que les vendió les preguntó si podían guardarle tres maletines llenos de la droga. Ellos, inocentes y quizá algo «perjudicados» en esos momentos, aceptaron confiando en que volvería pronto a recoger toda aquella marihuana. Error. La policía acabó haciendo una redada en su piso justo al amanecer, cuando ellos estaban dormidos. Probablemente fue por un chivatazo de la dueña de la propiedad, que vivía en el mismo bloque, junto a que la policía estaba buscando a ese traficante en concreto. Los cuatro integrantes de Mythology acabaron detenidos. «Salió en todos los periódicos porque era algo grave entonces: "Grupo de música pillado con drogas". Llegó a las noticias nacionales y a Birmingham, así que mis padres se enteraron. Imagina a los vecinos: "Ese chico Iommi es un drogadicto"», recuerda Tony.
Les acabaron poniendo una multa de 15 libras esterlinas a cada uno y les dejaron en libertad condicional. Afortunadamente, el mismo sargento que les detuvo les ayudó cuando la policía descubrió que ellos no eran el traficante que buscaban. Sin embargo, el daño para Mythology ya estaba hecho. Nadie quería que un grupo de supuestos drogadictos tocara en ningún sitio, así que se disolvieron y Tony y Bill regresaron a Birmingham.
La joyita de Aston: John Osbourne
John Michael Osbourne (Birmingham, 1948) vivió su infancia y adolescencia en Aston junto a sus padres, Jack y Lilian, y sus cinco hermanos y hermanas en una humilde casa de Aston de tan solo dos habitaciones. Decir que les costaba llegar a fin de mes quizá sea quedarse cortos.
Dejó el instituto a los 15 años, aunque no fue especialmente recordado por su excelencia académica ni por su actitud ejemplar. En su defensa hay que decir que le costaba mucho leer y concentrarse, algo que acabó teniendo su explicación cuando tenía 30 años, momento en el que le diagnosticaron dislexia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Ozzy Osbourne, también conocido como el «padrino» del heavy metal o el «príncipe de las tinieblas».
Sin embargo, algo que sí le gustaba de su etapa escolar era actuar y cantar en los teatrillos típicos en Navidad o fin de curso. Esto hizo que muchos se burlaran de él y le pusieron el mote de «Ozz-brain», una especie de juego de palabras fónico con su apellido, Osbourne, y lo que podríamos traducir como «cerebrito» (brain) en español. Entre que le costaba leer o prestar atención y que le gustaba hacer un poco el payaso en esas funciones escolares, algunos pensaron que tenía cierto retraso mental, de ahí lo de llamarle «cerebrito». Tan irónico como cruel. Sin embargo, el mote acabó derivando en algo más corto, «Ozzy», y así es como le conocía todo el mundo. «La gente me llama «Oz» u «Ozzy». Y si fuera por la calle y alguien dijera «John», no me pararía», reconoce él mismo. De hecho, solo en su casa le llamaban John.
Una vez que dejó los estudios, Ozzy empezó a buscar trabajo. Su currículum acabó siendo tan variopinto como extravagante. Fue ayudante de fontanero, operador de planta en una fábrica de piezas de coches (en la que empezó a «colocarse» delante de unas cubas con cloruro de metileno), afinador de claxons de coches en la misma planta donde trabajaba su madre (que Ozzy recuerda como su «primer trabajo en el negocio de la música») y, finalmente, el primero que él reconoce que disfrutó: ejecutor de vacas en un matadero. Este le duró 18 meses, que era todo un récord teniendo en cuenta que no solía durar mucho en el resto de trabajos. Muy a su pesar, le acabaron echando porque agredió a un compañero que supuestamente le molestaba.
Mientras engrosaba su ecléctica experiencia laboral, Ozzy pensó que sería buena idea robar para ganarse un dinero extra. Centró su objetivo en una tienda detrás de su casa, aunque le costó tres intentos conseguir algo de valor. En el primero, una vez dentro del establecimiento y totalmente a oscuras, echó mano de las primeras perchas que se cruzó, aunque al marcharse acabó dándose cuenta de que eran unos baberos y ropa interior de bebé. Al segundo intento fue directo a por una televisión de 24 pulgadas, pero pesaba tanto que, mientras escapaba por el muro de la parte de atrás de la tienda con ella a cuestas, se le acabó cayendo encima. «No me pude mover durante una hora», recuerda Ozzy. Al tercer intento, en el que ya nuestro torpe protagonista decidió ir equipado con unos guantes como un caco profesional, acabó robando varias camisetas. Sin embargo, a uno de sus guantes le faltaba un dedo, así que acabó dejando sus huellas por todos lados. Le acabaron deteniendo y le condenaron a tres meses de cárcel o a pagar una multa equivalente a 50 euros o 60 dólares. No tenía dinero y le pidió ayuda a su padre, que se negó a prestarle nada porque pensó que un tiempo en prisión le enseñaría una lección a su hijo. Y, efectivamente, acabó entre rejas.
Aunque los tres meses se redujeron a seis semanas por buen comportamiento, su estancia en la cárcel le marcó, literalmente. Fue allí donde decidió tatuarse él mismo las letras O-Z-Z-Y en los nudillos de su mano izquierda. También hubo momentos difíciles porque le intentaron pegar y violar, e incluso le llevaron a una celda solitaria por pelearse con otro prisionero. Ozzy reconoce en sus memorias2 que fue su sentido del humor el que le ayudó a superar el mal trago, aunque desde entonces, entre otras cosas, le da miedo quedarse a solas en cualquier sitio.
Al poco de ser puesto en libertad se metió en problemas de nuevo. Le acabaron deteniendo por armar jaleo en un bar mientras iba borracho. Esta vez sí pudo permitirse pagar la multa y se juró que nunca volvería ir a la cárcel otra vez. No lo consiguió.
La revelación de Ozzy y su incursión en el rock psicodélico
Ozzy asegura que recuerda perfectamente cómo surgió la chispa que le hizo querer dedicarse a la música. «Iba por la calle Witton Road en Aston, llevaba un radio transistor azul y, cuando empezó a sonar esa canción, supe qué quería hacer con mi vida a partir de entonces», confiesa. «Era algo tan nuevo y me hacía sentir muy bien. Me convertí en un ávido seguidor de los Beatles. Eran geniales». Y concluye sin miramientos: «Le debo mi carrera a ellos porque hicieron que deseara estar en el juego de la música».
Se refiere a la canción «She Loves You», perteneciente al disco Twist and Shout (1964) de los Beatles y, de hecho, le gustan tanto que ha llegado a confesar que en su funeral quiere que pongan música del cuarteto de Liverpool, probablemente «A Day In Life», o «alguna canción que no sea alegre de los discos Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) o Revolver (1966»). Quién le diría que décadas después conocería en persona a uno de sus ídolos, Paul McCartney, y que en ese encuentro el propio ex-Beatle le iba a reconocer que le encantaba la historia del robo y el guante roto. «Oh, sí, eso es muy típico de mí», contesta Ozzy con descaro en un momento que quedó inmortalizado en vídeo y que se puede encontrar en YouTube.3
Tras esa revelación -la de querer dedicarse a la música, no la de conocer a McCartney-, Ozzy decidió probar suerte y encontró un grupo en Birmingham que se llamaba The Rare Breed y que buscaba cantante. Allí conoció a Terence Michael Butler (Birmingham, 1949), que tocaba la guitarra rítmica y al que todo el mundo llamaba Geezer.
De familia humilde, irlandesa y católica y con otros seis hermanos, Geezer también formaba parte de ese Aston pobre, gris y alienado por las fábricas, aunque él quería evitar trabajar en una a toda costa, así que buscó el trabajo de oficina que «menos experiencia requería» y acabó siendo contable durante un tiempo. En la música era muy de escuchar a Frank Zappa, aprendió a tocar la guitarra y acabó creando su propio grupo a mediados de los sesenta: The Ruums, que acabaron cambiándose el nombre por The Rare Breed. Según el propio Geezer: «Estábamos un poco locos. Tocábamos cosas psicodélicas. Solíamos ir con las caras pintadas y formábamos un espectáculo psicodélico. Nunca nos solían llamar de vuelta para tocar en los sitios, así que éramos probablemente realmente una mier**. Pero Rare Breed era el único grupo que estaba haciendo eso en Birmingham. Todos los demás hacían soul y pop, y nosotros empezamos a hacer cosas más cercanas al blues, copiando a bandas como Art y Tomorrow».
Geezer conocía de vista a Ozzy del instituto, así que quizá por eso le cuadró que alguien tan pintoresco como él, que justo entonces iba con la cabeza totalmente rapada a lo skinhead, entrara a formar parte de una banda «de locos».
El famoso cartel con el que empezó todo
Aunque dieron algunos conciertos, la aventura con The Rare Breed no duró mucho y Ozzy se animó a poner un cartel en una tienda de música para buscar músicos con los que formar su propio grupo4. Decía así:
«OZZY ZIG REQUIRES GIG (OWN PA)»

El baterista Bill Ward es uno de los miembros originales de Black Sabbath.
Al traducirlo al español pierde la rima entre «zig» y «gig», aunque en inglés tampoco tenía mucho sentido («zig» no quiere decir nada). Más o menos, significaría algo así como: «Ozzy zig requiere gente para grupo de música (tengo equipo de sonido)».
Casualidades de la vida, ese cartel lo acabaron viendo Tony Iommi y Bill Ward, que acababan de volver de Carlisle tras su pequeño susto con las drogas con ganas de montar un nuevo grupo. «Yo conozco a un Ozzy, pero no puede ser él, ¡no sabe cantar!», le dijo Tony a Bill. Aun así, fueron hasta la casa de los padres de Ozzy, llamaron a la puerta y salió a abrir su madre. «Venimos por el anuncio», le dijo Tony. «¡John, es para ti!», gritó ella.
Cuando Ozzy apareció, la primera reacción de Tony fue decirle a Bill «¡olvídalo, olvídalo, te lo explico luego!». Le recordaba del instituto y, de hecho, Tony era uno de los chicos que solía burlarse de él. Sin embargo, ya que estaban allí, estuvieron charlando un rato los tres y la cosa se quedó ahí. Varios días más tarde, Ozzy contactó con Geezer y ambos acordaron empezar un grupo juntos, así que fueron hasta casa de Tony, que vivía muy cerca de la de Ozzy. «¿Conoces algún baterista?», le preguntaron. «Sí, Bill es baterista», respondió Tony.
Cuando Tony se lo contó a Bill, este le dijo que no iba a entrar a ningún grupo sin él, que lo que sea que hicieran tendría que ser juntos. Y así fue como empezó la aventura entre Tony, Bill, Ozzy y Geezer.
La Polka Tulk Blues Band
Tras pasarse una noche fumando y hablando de sus vivencias, los cuatro jóvenes acordaron que para empezar como grupo lo primero que necesitarían sería un nombre. Ozzy propuso The Polka Tulk Blues Band inspirado por una marca de polvo de talco que usaba su madre para sus axilas y por el nombre de una tienda de Aston regentada por un pakistaní. Todo muy glamuroso. Misteriosamente, a ninguno de sus compañeros se les ocurrió una mejor idea, y se pusieron manos a la obra aceptando ese nombre tan peculiar.

The Polka Tulk Blues Band.

Fleetwood Mac, uno de los grupos en los que se inspiraron los Black Sabbath primigenios.
Tocaban versiones de blues y, al parecer, la intención era seguir los pasos de Fleetwood Mac, cuyo segundo disco, Mr Wonderful (1968), acababa de publicarse y les encantó. Quizá por las ganas de hacer algo diferente, acabaron incorporando a la formación a dos músicos que recomendó Tony: un saxofonista (Alan Clarke) y un segundo guitarrista especializado en la técnica del slide (Jim Phillips).
Ya como sexteto, su primer concierto fue el 24 de agosto de 1968 en una ciudad que Tony y Bill conocían bien, Carlisle, la misma en la que vivieron durante un tiempo en la etapa con Mythology y donde tuvo lugar aquel episodio con la policía y las drogas. El único que tenía carnet de conducir entonces era Tony, así que fue él quien se encargó de manejar la vieja furgoneta durante las ocho horas que duró el accidentado trayecto desde Aston. Cuentan, por ejemplo, que el motor fallaba de vez en cuando y que la suspensión estaba rota, así que cada vez que había una curva tenían que impulsarse desde dentro en dirección contraria para evitar que el chasis chocara contra las ruedas. No se compaginaban para la maniobra, por lo que acabaron por aceptar el olor a neumático quemado durante el recorrido.
El concierto no pareció darse demasiado bien. Así lo recuerda Geezer: «Nos hundimos como el Titanic. Me dijeron que no sabía tocar bien el bajo y que Ozzy era un cantante de mier**. Y entonces nos metimos en una pelea con mucha gente mientras estábamos cargando la furgoneta con nuestras cosas. No fue una gran experiencia. Decidimos convertirnos en un cuarteto, en vez de seguir con seis integrantes». Así es, tras aquella experiencia y algunos conciertos más, Tony dijo que no le gustaban ni Alan ni Jim en la formación. El segundo guitarrista era un desastre en los ensayos y Tony no le veía sentido a tener a un saxofonista sin una sección entera de viento metal. ¿Resultado? Los echaron y volvieron a ser los cuatro.
Pero algo seguía sin convencerles.
De cómo Jethro Tull impulsó el nacimiento de Black Sabbath
«Es el nombre, es basura», dijo Tony en un ensayo. «¿Qué tiene de malo?», preguntó el orgulloso creador, Ozzy. «Cada vez que lo escucho, todo lo que me imagino es a ti con los pantalones bajados y plantando un pino», replicó Tony rememorando el épico momento de inspiración en el que a Ozzy se le ocurrió lo de The Polka Tulk Blues Band (yendo de vientre en el baño de casa de sus padres y viendo el bote de polvos de talco de su madre).
En medio de esa conversación, que parecía sacada de una comedia de situación, interrumpió Bill diciendo que justo llevaba un tiempo pensando en un nombre para el grupo: «Tenéis que imaginároslo en un cartel o en una gran valla publicitaria». Y entonces compartió su idea: Earth. Ozzy se burló de él durante un rato por la pronunciación de la palabra en inglés («URFFF», le restregaba con sorna), pero tanto a Geezer como a Tony les gustó. Era corto, fácil de recordar y, a todas luces, les iban a tomar más en serio que con The Polka Tulk Blues Band.

Jethro Tull, una de las bandas más longevas del rock progresivo británico.
Y así es como empezó la etapa con Earth, en la que siguieron haciendo versiones de blues, pero, al mismo tiempo, empezaron a hacer sus propias composiciones mientras intentaban tocar cada vez en más sitios.
No fueron momentos fáciles. No tenían dinero y se vieron obligados a dormir en la humilde furgoneta de Tony si tocaban fuera de Birmingham. Incluso los padres del propio guitarrista a menudo tenían que darles comida y un puñado de libras para seguir adelante. La situación era tan triste que a veces cargaban todo su equipo de instrumentos y amplificadores en la furgoneta y se iban hasta el sitio en el que tocaba un grupo grande por si no se presentaban y tenían que irrumpir ellos en su lugar para evitar el enfado de la gente. Con una mezcla de suerte y de «el que la sigue la consigue», se salieron una vez con la suya: actuaba Jethro Tull en Birmingham, uno de los grupos de rock revelación de la época. Sin embargo, su autobús se rompió por el camino y el grupo no pudo llegar a tiempo. El líder de la formación, Ian Anderson, llegó a mitad de concierto de unos desconocidos Earth, que alucinaron por lo surrealista de la situación y por poder tocar ante más de diez personas, que solía ser su aforo habitual.
Poco después, Earth empezó a ganar tracción en la escena de música local, y fue entonces cuando Tony reunió a sus compañeros y soltó la bomba: «se acaba de marchar el guitarrista de Jethro Tull y me han ofrecido el puesto». Paradojas de la vida, esa actuación que presenció Anderson fue clave para ello.
En la agenda de Jethro Tull estaba telonear a los Rolling Stones, así que era como pasar de tercera regional a codearse con los de primera división, y Tony no quiso dejar pasar esa oportunidad. Ozzy, Bill y Geezer lo aceptaron con resignación, pero también estaban contentos por él, como es normal en un grupo no solo de músicos, sino de amigos.
Tony empezó su periplo con Tull en diciembre de 1968, aunque decidió abandonarlo apenas un mes después. Lo que empezó como el argumento de la típica película americana de adolescentes se transformó en algo que le producía rechazo. Pudo ver cómo era la rutina de un grupo a un nivel profesional, con ensayos desde por la mañana temprano y con rigurosa puntualidad y disciplina, pero, sobre todo, con un jefe, Ian Anderson. Esto hizo que a Tony aquello le pareciera un trabajo sin más, y era algo que no le motivaba. Se hacía lo que el jefe decía y no había más discusión. Que Ian comiera separado de los demás miembros del grupo fue quizá la gota que colmó el vaso.
Tras la breve pero intensa experiencia con Jethro Tull, Tony quiso volver a Earth y convocó otra reunión con Ozzy, Bill y Geezer. En ella compartió todo lo que había aprendido, lo bueno y lo malo, y puso una condición para volver a Earth: que se tomaran todo tan en serio como lo hacía Jethro Tull. Eso implicaba ensayar más duro y… madrugar: «Solía ir en la maldita furgoneta a recogerles a las ocho menos cuarto de la mañana, que era, créeme, temprano para nosotros en aquella época. Les dije: "Así es como tenemos que hacerlo porque así es como lo hizo Jethro Tull"», recuerda Tony. Los demás, que siempre habían asumido indirectamente que Tony era el líder, aceptaron.
Con esta nueva filosofía algo parecía haber cambiado en el grupo. Retomaron la actividad con la moral alta, empezaron a dar conciertos y hasta ellos mismos sentían que la cosa avanzaba. Entonces apareció en su camino Jim Simpson, un promotor y hombre de negocios conocido en Birmingham que justo acababa de inaugurar una sala llamada Henry’s Blueshouse. Se acabó convirtiendo en uno de los pocos sitios en la ciudad donde se podía escuchar en directo a grupos de blues en vez del más extendido pop o soul. Y, claro, dos asistentes habituales del Henry’s eran Tony y Ozzy, por lo que Jim acabó hablando con ellos y descubrió que tenían un grupo. Les ofreció tocar y poco a poco lograron ser uno de los platos fuertes del club. Al ver el éxito, los chicos le propusieron a Jim que fuera su representante. Este aceptó y a partir de aquí la cosa escaló al siguiente nivel, incluyendo una gira por Europa.
Tocaron en multitud de sitios, aunque también probaron a hacer las conocidas como «residencias», es decir, actuar en el mismo sitio por un periodo de tiempo extendido. Era algo muy común en la época y ellos lo hicieron, por ejemplo, en la pequeña ciudad suiza de San Galo, donde estuvieron seis semanas ante la friolera de seis o siete personas cada noche. Su caché estaba compuesto de leche y salchichas, lo cual era ciertamente penoso, pero más para Geezer, que era vegetariano. Sin dinero y con muchas ganas de hacerse un hueco en la música, «iban hasta donde fuera y tocaban en cualquier sitio», como recuerda Jim Simpson.
No faltaron las anécdotas, como la afición de Bill por fumar piel de plátano, que era lo más exótico que podía permitirse entonces; que Ozzy salió de gira por toda Europa con tan solo una camiseta y unos vaqueros (que llevaba todo el rato puestos); o que a Tony le diera por tocar la flauta en algunos conciertos, a lo Jethro Tull, con la diferencia de que él iba tan fumado a veces que una vez estaba soplando al micro directamente pensando que era la propia flauta. Aunque la más trascendental es la que sucedió en Manchester, donde fueron contratados por error. Al parecer, el dueño de la sala quería a otra banda que se llamaba Earth y que tocaba canciones del estilo motown y pop. Tuvo que ser memorable su reacción y la del público cuando empezaron a ver a un grupo al que le gustaba subir el máximo el volumen, exprimir la distorsión de la guitarra y, en definitiva, hacer cuanto más ruido, mejor. Fue en este momento cuando Jim Simpson les dijo que tenían que cambiar de nombre, probablemente para evitar más errores como ese y líos legales, ya que los otros Earth habían publicado música e incluso estaban en las listas de ventas.
Mientras pensaban en una alternativa, ellos seguían tocando y haciéndose hueco, y llegaron a actuar en el mítico Marquee de Londres, cuna en la que dieron sus primeros pasos bandas como AC/DC, The Rolling Stones, The Who, Led Zeppelin, Yes o David Bowie, que militaba entonces en un grupo de blues llamado Manish Boys. Quizá para cerrar el círculo, justo en el Marquee fue el último concierto de Earth y el primero de Black Sabbath.
Un grupo llamado Black Sabbath
Después de unos cuantos conciertos, Tony propuso un día que deberían dejar de tocar blues y hacer canciones más oscuras y «malvadas». Lo recuerda Geezer: «Estábamos yendo a ensayar y, cruzando la carretera, había un cine en el que estaban proyectando una película de miedo. Tony dijo: "¿No os parece gracioso que la gente pague para ver una película que les asuste tanto? ¿Por qué no intentamos hacer eso con la música? Como un tipo de música malvada"».
Y así fueron aprovechando las citadas residencias, en las que muchas veces tenían que rellenar un repertorio diferente cada noche de 45 minutos. Ni la más prolífica banda novel podría contar con tantas canciones en tan poco tiempo, así que decidieron tomar esas actuaciones como «ensayos con público». Fueron surgiendo ideas de nuevas canciones cada vez más siniestras, pero seguían sin encontrar un nombre que les convenciera.
Decidieron reunirse un día para tratar este asunto. Ozzy, cumpliendo con el rol de payaso que asumió desde el principio, propuso «Jimmy Underpass And The Six Way Combo», aunque, afortunadamente, Geezer, que llegó tarde al encuentro y con cara de situación, dijo: «Lo tengo, tengo el nuevo nombre». Hizo una pausa dramática y disparó: «Black Sabbath». Se hizo el silencio y Jim Simpson, que también estaba allí, dice que los chicos tardaron dos segundos en gritar «¡sí!» a la propuesta del bajista. «El nombre sonaba misterioso, le daba a la gente algo en que pensar, y nos dio una dirección que seguir», confiesa Tony. Era como una declaración de principios. Mientras los Beatles cantaban optimistas «yeah, yeah, yeah», Ozzy gritaba «no, no, por favor, no».
Por supuesto, el contexto histórico y cultural hacía mucho. Era verano de 1969 cuando decidieron convertirse en Black Sabbath y, como ya repasamos en anteriores páginas, había un ambiente de crispación y agitación en todo el mundo, con la Guerra Fría por un lado y el movimiento hippie por otro.
Semánticamente, Black Sabbath, que se traduce en español como «Sabbat Negro», hace referencia al día sagrado de la semana para los judíos rabínicos y mesíanicos. Se celebra cada semana desde la tarde del viernes hasta la noche del sábado, y los judíos que lo practican deben seguir una serie de preceptos, como evitar cualquier tipo de trabajo. Esto va desde cocinar, lavar la ropa hasta incluso tocar un instrumento musical. Es el equivalente al domingo, el «Día del Señor» y del descanso en el cristianismo. De hecho, hasta la Revolución francesa (1789-1799), los países cristianos tenían por costumbre prohibir también el trabajo, salvo tareas urgentes, y en la actualidad suele ser considerado día no laborable en gran parte de la sociedad civil occidental.
¿Por qué usar un término religioso y ponerle el adjetivo «negro»? Aquí hay que remontarse a la inspiración que le sirvió a Geezer para proponer el nombre. El bajista cuenta que su hermano había visto a principios de los años sesenta la película de terror Black Sabbath, dirigida por Mario Bava, y que no dejaba de hablar de ella. Fue una cinta de bajo presupuesto que no funcionó demasiado bien cuando se estrenó en los cines entre 1963 y 1965, pero con los años se fue convirtiendo en una película de culto y es habitual verla en los listados de «mejores películas de terror de la historia». Sea como sea, Geezer afirma que siempre le había parecido un buen nombre para un grupo. Vale, ¿pero y lo del color negro de dónde viene? El título original de la película es I tre volti della paura, o Las tres caras del miedo en español, por lo que parece que aquí no hay ninguna referencia de la que tirar. Sin embargo, para el mercado inglés se tradujo como Black Sabbath como guiño a la película justo anterior de Bava, que se llamaba Black Sunday, y que fue su debut como director y un éxito de crítica y público. Una vez más, el título original era diferente, La maschera del demonio, La máscara del demonio en español, y aquí ya nos vamos aproximando al quid de la cuestión. Era una película gore muy explícita y fue censurada por ello durante un tiempo en Reino Unido, pero la clave está en esa mención al demonio en el título y a la brujería en su argumento, pues la protagonista es una bruja condenada a muerte que vuelve a la vida 200 años después para vengarse.
Siguiendo la pista del mismísimo Belcebú, encontramos el ritual sacrílego conocido como Misa negra, relacionado con el satanismo. Sus seguidores explican que consiste en invertir una misa católica convencional y burlarse de ella y de la crucifixión de Jesucristo, motivo por el que históricamente se han basado en ritos sexuales o de sangre, incluyendo a menudo sacrificios. Suele estar aceptado que la ceremonia concluye con la llegada del propio diablo, frecuentemente representado con forma humana y cabeza de chivo. Si seguimos buceando en el culto a Satán, nos toparemos con la Biblia Satánica de Anton LaVey, que es normal encontrarse con el apellido «negra» al final y también que sea el color de su portada. Tampoco podemos obviar la «magia negra», asociada a brujas, esoterismo y maldad. Por lo tanto, utilizar «Sabatt Negro» puede ser, como con todos los ejemplos que hemos comentado, una especie de símbolo para hacer todo lo contrario de lo que dice el Sabatt convencional. ¿No se pueden tocar instrumentos? Pues vamos a hacer un grupo de música y subir el volumen todo lo que podamos. Tiene una connotación de rebeldía, además de esoterismo y oscuridad.
Y este es el estandarte que irguieron Tony, Ozzy, Geezer y Bill a partir de entonces. Lejos de quedarse en una mera anécdota, el nombre sirvió para cimentar los pilares de toda la música de Black Sabbath.

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(1) Tony Iommi, T.J. Lammers, Iron Man: My Journey Through Heaven and Hell with Black Sabbath, Simon & Schuster Ltd, 2011
(2) Ozzy Osbourne, Chris Ayres, I Am Ozzy, Sphere, 2010
(3) https://youtu.be/AuV0GVVGlCw
(4) Hay varias versiones sobre esto: una, que el cartel lo puso antes de entrar en The Rare Breed y que fue así como conoció a Geezer; otra, la que establece que el cartel lo puso después de The Rare Breed. Opto por seguir esta última porque es la que parece tener más sentido según lo que cuentan sus protagonistas.
3. Los gloriosos y devastadores años setenta
La semilla de las primeras canciones de Black Sabbath surgió cuando la banda todavía se llamaba Earth. Los chicos tuvieron tiempo de practicar en esos conciertos de 45 minutos por noche, y en alguno de ellos fue cuando Tony se inspiró en la canción «Mars», del compositor británico Gustav Holst, para sacar un riff 5 que acabaría haciendo historia.
En términos musicales, la melodía de ese riff utiliza un recurso llamado tritono, un intervalo que utiliza tres tonos enteros. El resultado es disonante, raro para nuestros oídos, y se percibe como oscuro o siniestro, motivo por el cual se esquivaba desde la Edad Media en cualquier composición o interpretación. Ya a partir del siglo XVIII algunos teóricos etiquetaron el tritono como «Diabolus in musica» o el intervalo del diablo.
Al igual que le sucedía a los Beatles con algunas de sus más complejas canciones, Tony confiesa que no sabía lo que estaba haciendo en términos de teoría musical con ese riff, y menos que lo hubieran catalogado como algo demoníaco. Se dejó llevar y así fue como nació el muro sónico sobre el que acabó sustentándose la canción «Black Sabbath», la primera composición propia con el nuevo nombre de la formación.
Si la guitarra utilizaba una melodía ciertamente inquietante, la letra no se quedó atrás. La escribieron entre Ozzy y Bill, aunque parece que una extraña experiencia que vivió Geezer les inspiró para algunos versos. El bajista recuerda que en aquella época estaba obsesionado con el ocultismo y la magia negra, hasta tal punto que tenía cruces invertidas en su casa y usaba todo de color negro, incluyendo el edredón con el que se arropaba. Sin embargo, una noche se despertó de madrugada y cuenta que vio una sombra a los pies de su cama. Se llevó tal susto que a la mañana siguiente retiró todas las cruces invertidas y se acabó su interés por el ocultismo. De hecho, empezó a llevar un crucifijo convencional «por si acaso».
Esa vivencia, que Geezer compartió con sus compañeros, acabó de alguna manera trasladada en la letra de «Black Sabbath», en la que Ozzy empieza cantando «What is this that stands before me? / Figure in black which points at me» («¿Qué es eso que se encuentra ante mí? / Figura de negro que me señala»). Y aunque con el tiempo les acusaron de satánicos por la canción, en realidad su mensaje era más bien una advertencia contra la adoración al diablo. El verso «Oh, no, no, please, God, help me» («Oh, no, no, por favor, Dios, ayúdame»), que no parecía ironía por el contexto de las estrofas, podría haber sido suficiente para corroborarlo, pero eran otros tiempos y la gente sentía miedo con esta canción, más por lo tétrica que sonaba que por lo que decía la letra. De hecho, Ozzy recuerda que la primera vez que tocaron el tema en directo la gente alucinó, y remarca que «todas las chicas del público se fueron espantadas». Así, cumplieron con el objetivo que se propusieron: llevar a la música el susto y la tensión de las películas de miedo. Los chicos acordaron que ése era el camino que debían seguir a partir de ese momento con el resto de canciones.
Así, fueron componiendo otras como «N.I.B», que relata cómo sería una cita con el diablo, aunque su título es todo lo contrario a algo satánico. Al parecer, en aquella época se metían con Bill porque, según Ozzy, su cara y su afilada barba se parecían a la de la punta de un bolígrafo, que en inglés se dice «nib». «A Bill siempre le llamamos Nibby», recuerda Tony. «El título original de la canción era "Nib", pero acabamos poniéndole los puntos para hacer que fuera "N.I.B", aunque hay gente que pensaba que significaba "Nativity in Black" ("Natividad de negro"), que suena como la versión elegante, ¿verdad?», acaba bromeando el guitarrista. Y Geezer es más directo y reconoce que le pusieron los puntos para «sonar más misteriosos".
También escribieron «The Wizard», que trata sobre el encuentro del protagonista con un simpático brujo. «Nos metíamos mucha droga», confiesa sin tapujos Tony. «Una noche estábamos en un bar en medio de ningún sitio. Ozzy y Geezer vieron a alguien saltando fuera, haciendo el tonto. Para ellos era como un elfo o algo. Debieron ser las drogas, pero de ahí es de donde viene "The Wizard"», concluye. Geezer, autor de la letra, era muy fan de Tolkien en la época, por lo que es comprensible la influencia de obras como El Señor de los Anillos en este tema. No hay que pasar por alto que, aparte de su interés en el cine de terror, el coqueteo con metáforas satánicas o querer hacer música oscura, eran cuatro chavales de apenas veinte años que tenían muchas ganas de juerga.
Los grupos que empiezan suelen apoyarse en versiones de otros para rellenar repertorio y darse a conocer. Black Sabbath venía justo de una trayectoria de tocar solo versiones, por lo que acabaron sacando también covers como «Evil Woman» de Crow o «Warning» de Aynsley Dunbar Retaliation, que alargaron de los poco más de tres minutos y medio de la original hasta los más de diez minutos, varios de los cuales son acaparados por punteos y solos de guitarra de Tony.

El Señor de los Anillos, una influencia muy potente para Geezer a la hora de componer sus canciones.
Cuando ya tenían un buen repertorio listo, su representante, Jim, les sugirió que era momento de grabar.
Black Sabbath: la explosión que nadie se esperaba
Se metieron al estudio Regent Sound en Londres el día 16 de octubre de 1969, y en unas doce horas registraron los ocho cortes de lo que acabaría siendo su disco debut, que llamaron Black Sabbath para cerrar el círculo (era lo común entonces, y así lo hicieron también Led Zeppelin o Deep Purple con sus respectivos debuts). Estaban inmersos en una gira por Europa, por lo que el tiempo de grabación estaba marcado por los conciertos que tenían que dar, y al día siguiente tenían que actuar en Suiza. Grabaron todos a la vez, con Ozzy en una sala aparte para que no se colara el sonido de sus compañeros, y, como reconocen ellos mismos, casi del tirón, sin poder repetir muchas tomas ni regrabar prácticamente nada, algo poco habitual en la actualidad, donde los retoques o la grabación por partes están muy extendidas para conseguir resultados sin fallos y con todo medido al milímetro. Bill lo recuerda con cariño: «Es absolutamente increíble. Es ingenuo, y hay un absoluto sentido de unidad, no hay nada forzado. Éramos demasiado jóvenes para ser listos. Me encanta, ¡incluyendo los errores!».
Fue todo tan precipitado que los chicos ni siquiera estuvieron presentes mientras se mezclaba el disco, que es el proceso técnico que viene después a la grabación y que consiste básicamente en hacer que todo suene bien y uniforme, añadir efectos, seleccionar las mejores tomas, etc. Lo normal es que el grupo supervise esta fase para consensuar la dirección musical, pero confiaron todo en su representante Jim y en el productor que este eligió para ellos, Rodger Bain, que acabó trabajando con otros grupos como Judas Priest. También en la discográfica que se encargaría de publicar el álbum, Vertigo Records. El propio Bain recuerda que tuvo que discutir con ellos porque lo primero que hicieron fue subir el volumen a tope. «¡No podéis tocar tan alto en el estudio! ¡No vais a ser capaces de escuchar nada más, ni las baterías!», les decía. A lo que ellos respondieron: «No bajamos el volumen, tío, lo subimos».
A su regreso de Suiza, Jim les reunió para que escucharan y vieran por primera vez su disco. Para hacernos una idea, el gasto total en el álbum fueron unas 600 libras, que, ajustando la inflación al año 2020, equivaldrían a unos 1.500 euros, que es un presupuesto bastante humilde para grabar un trabajo de ocho canciones. Sin embargo, para estos cuatro chavales de Aston fue como un sueño hecho realidad. Cuando escucharon esa introducción hecha a base de lluvia, tormenta y campanas que se rompían de repente con ese tritono en «Black Sabbath», no se lo podían creer. Recordemos que ellos no habían participado para nada en el proceso de mezcla y, por tanto, fue la misma sorpresa para ellos que para cualquier otra persona que escuchara el disco por primera vez.

Black Sabbath, el disco debut con el que fueron acusados de satánicos y adoradores del diablo.
Su reacción no fue menos al ver la portada: una chica vestida de negro, con la piel muy pálida y merodeando cerca del molino de agua de la localidad inglesa de Mapledurham, que data del siglo XV y se encuentra a orillas del Támesis. Era una imagen tenebrosa, que parecía recrear una aparición fantasmal o una bruja dando un paseo.
Justo esa aura de misterio la aprovechó la propia discográfica como estrategia de promoción. Querían llamar la atención. Y vaya si lo hicieron. Sobre todo porque el libreto, la parte interior del disco, era... en forma de cruz invertida. En la parte vertical se podía leer un poema escrito por Roger Brown, asistente de Macmillan en la sesión de fotos, así como los créditos del álbum. A cada brazo de la cruz, las canciones que venían en cada cara del disco. Bill reconoce que no le gustó nada ese detalle: «Lo odié porque no representaba lo que éramos. Y nadie nos había preguntado sobre ello. Creo que querían ofrecer una cierta imagen. No sé qué pensaron, pero nos dieron una imagen contra la que tuvimos que luchar en la prensa durante quizás cuatro o cinco años». El baterista se refiere a las acusaciones de ser un grupo de satánicos, aunque Ozzy afirma en sus memorias que no recuerda que nadie estuviera molesto en aquel momento por esa cruz. En su defensa, el fotógrafo Macmillan, que también diseñó el libreto, dijo que su intención no era ofrecer una imagen anti-cristiana o satánica. «Después de todo, una cruz invertida también se asocia a la cruz de San Pedro».
Sea como fuere, lanzar un disco el 13 de febrero de 1970 tampoco fue casualidad. Si miramos con detalle el calendario, el disco debut de Black Sabbath, con la portada tenebrosa y una cruz invertida dentro, fue puesto a la venta en un viernes 13. El entonces presidente de Vertigo Records, Olav Wyper, reconoce que fue una decisión totalmente deliberada: «Supuestamente el viernes 13 era un día en el que no se hacían lanzamientos. No había que tomar riesgos. Te quedabas en casa. Es un día malo. Cosas terribles podían pasar», haciendo referencia a la superstición asociada a esta fecha en la sociedad occidental.

Cruz invertida en el interior del primer disco de Black Sabbath.
Parece claro, por tanto, que la discográfica quiso ofrecer una imagen muy concreta de Black Sabbath. Incluso le sumaron un toque gamberro y pretencioso promocionando el disco como «Louder than Led Zeppelin» («Más ruidoso que Led Zeppelin»), que era el grupo de rock de moda y que los propios Sabbath intentaron emular con su canción «Wicked World», que cerraba el álbum. Sin embargo, cuando salió al mercado empezaron a llegar las primeras críticas. Todas fueron muy negativas, aunque fue especialmente dura la de la prestigiosa revista Rolling Stone, firmada por Lester Bangs, que después de cebarse con malos adjetivos concluía diciendo: «es como Cream, pero peor»6. Eric Clapton era el guitarrista de Cream y también uno de los favoritos de Tony, pero que la revista que entonces todos consideraban referente hiciera tanta sangre fue doloroso para los chicos. Más graciosa fue la anécdota con el padre de Ozzy cuando le puso por primera vez el disco en el que cantaba su hijo: «John, ¿estás absolutamente seguro de que solo has estado bebiendo esa cervecita ocasional?», le dijo serio y con la cara pálida.
A pesar de esa negativa recepción de la prensa especializada, llegó la sorpresa: Black Sabbath entró en la lista de ventas de Reino Unido directamente al puesto número 28. Los conciertos y el boca a oreja entre el público lograron colocar a estos parias de Aston entre los más vendidos de su país, junto a titanes como los Beatles, los Rolling Stones o, paradójicamente, Cream. A finales de marzo de 1970 consiguieron escalar hasta el puesto número ocho, apenas dos posiciones por debajo del Abbey Road de The Beatles.
Por supuesto, este logro no pasó inadvertido en la industria y pronto vinieron buenas noticias desde el otro lado del charco. El vicepresidente y responsable de artistas y repertorio de Warner, Joe Smith, pidió que Black Sabbath entrara en su cartera de grupos para mover su música por Estados Unidos. Aparte de que su éxito en Reino Unido había llamado la atención, eran unos años en los que las discográficas intentaban reforzar su oferta musical con «melenudos» como The Grateful Dead o Van Morrison. Estaban de moda y querían aprovecharlo al máximo también con nuestros protagonistas. La estrategia de Jim para sacar a la venta el disco en Estados Unidos fue dividir en varios cortes las canciones más largas para hacerlas más «digeribles» para el público. Así, separaron la intro de bajo de «N.I.B» y la llamaron «Bassically»; el inicio acústico de «Behind The Wall of Sleep» acabó convirtiéndose en «Wasp»; y la cara B incluyó otra intro llamada «A Bit of Finger», que daba paso a «Sleeping Village», «The Warning» y «Wicked World». Jim también aprovechó para exigir que el álbum prescindiera de «Evil Woman», una versión de una canción muy trillada ya en aquel mercado, que además, según él, «no representaba el sonido de la banda» y que, para más inri, ellos mismos odiaban. Las cosas estaban yendo muy rápido y Black Sabbath acabó vendiendo más de un millón de discos entre Reino Unido y Estados Unidos a finales de 1970.
Sus conciertos ya no eran ante siete u ocho personas, y entonces fue cuando se cruzó en su camino una figura que marcó también la historia de la banda: Don Arden. Fue a verles a un concierto en el Marquee de Londres y entró al camerino tras la actuación. «Sois unas superestrellas y os voy a conseguir un millón de dólares». A los chicos eso les sonó de maravilla, más teniendo en cuenta que su entonces representante, Jim, estaba totalmente abrumado por la situación. Sus oficinas estaban en Birmingham, mientras todo el negocio se movía en Londres, sumado a que querían ir a tocar cuanto antes a Estados Unidos y él no lo conseguía y, lo más importante: su disco estaba vendiendo mucho y ellos no habían cobrado nada más allá del avance que les dieron al principio, unas cien libras para cada uno.

Don Arden, representante de músicos británicos conocido como el «Padrino inglés» por sus métodos poco ortodoxos.
Don, nacido como Harry Levy, era un conocido representante en la industria musical al que apodaban «Mr. Big», el «Padrino inglés» o el «Al Capone del rock». Sus métodos de negociación eran poco ortodoxos. Por ejemplo, el entonces baterista de The Who, Keith Moon, estaba montando un grupo aparte con Jeff Beck, Jimmy Page y John Paul Jones, guitarrista y bajista de Led Zeppelin, respectivamente, y necesitaban un vocalista. Se acercaron a Steve Marriott, cantante de Small Faces, cuyo representante era Don Arden. ¿Su respuesta? Una nota sencilla a la par que efectiva: «¿Qué te parecería tocar en un grupo con los dedos rotos?», firmaba Arden dirigiéndose a Keith. También cuentan que le apagó un cigarro en la frente al manager de Fleetwood Mac, Clifford Davis, cuando se enteró de que se interesó por The Move, otro de sus grupos representados. Por si fuera poco, solía presumir de «amigos fuertes y musculosos», que le acompañaban a cualquier negociación, y dicen que llevaba una navaja a todas las reuniones.
Tras el encuentro en el camerino con los chicos, Don les invitó a ir al día siguiente a su oficina de Londres a hablar de negocios. Aceptaron y a la mañana siguiente fueron a recogerles en un Rolls Royce, marca de coches de lujo no apta para todos los bolsillos, y, anonadados por el devenir de los acontecimientos, seguían dándole vueltas a lo del millón de dólares que el empresario les dijo la noche anterior. Es lógico teniendo en cuenta que unas semanas antes estaban tocando en cualquier sitio a cambio de unas salchichas y durmiendo en la vieja furgoneta de Tony, y ahora se les acababa de aproximar un magnate de la música ofreciéndoles ser millonarios.
Cuentan que la reunión fue surrealista, con un Don intentando convencerles como sea para unirse a su cartera de artistas, aunque ellos no lo veían nada claro, sobre todo porque ya les habían contado algunas de sus más famosas hazañas y, más que ilusión, sentían miedo de acabar en una ambulancia si se negaban a trabajar con él. Optaron por ser diplomáticos con un «encantados de conocerle, muchas gracias» y se marcharon diciendo que se lo iban a pensar. A la salida de la reunión se produjo otro encuentro que les marcaría a todos, en especial a Ozzy. Se trataba de la secretaria, Sharon, hija de Don, que les acompañó a la puerta y, tiempo después, jugaría un papel crucial para Black Sabbath.
Pero claro, Black Sabbath era un caramelito en la industria musical y, como es normal, no solo Arden quería trabajar con ellos. De hecho, pocos podían imaginarse que los que acabarían por llevarse el gato al agua fueran nada más y nada menos que dos pupilos del propio empresario: Wilf Pine y Patrick Meehan. Ambos llevaban un tiempo trabajando para Don y habían aprendido todo sobre el negocio gracias a él. Patrick empezó como su chófer, y Wilf, como su guardaespaldas, aunque fueron ascendiendo y se convirtieron en hombres de confianza y de poder dentro de la agencia de representación de Arden.
Cuando ambos se enteraron del caso de Black Sabbath y de que su entonces jefe quería representarles, empezaron a urdir su plan. Don tenía buen ojo para captar talentos y los números de ventas de Sabbath eran otro indicador claro del filón que suponía el grupo.
Primero movió ficha Patrick, que ya tenía cincuenta y pocos años y le dijo a Don que quería retirarse del negocio. Al «Padrino inglés» no le extrañó, pues a esa edad y en los años setenta era raro seguir en activo en una industria tan dinámica. Sin embargo, cuando a las pocas semanas Pine le anunció también su marcha, algo empezó a olerle mal, aunque tardaron un tiempo en dar su estocada.
Mientras tanto, Black Sabbath seguía en la cresta de la ola. El buen funcionamiento de su álbum en Estados Unidos había hecho que Warner lo apostara todo por ellos. Les cerraron un contrato con uno de los representantes más codiciados del momento, Frank Barsalona, que había descubierto a unos Led Zeppelin que estaban ya acostumbrados a reinar en las listas de ventas y a llenar en sus conciertos. Barsalona cerró una gira por Estados Unidos de 60 conciertos para Black Sabbath, aunque se canceló en el último momento porque las primeras fechas iban a coincidir con el mediático juicio contra Charles Manson, criminal y reconocido satánico que traumatizó a la opinión pública. ¿Y quiénes tenían la sombra del satanismo a sus espaldas? Efectivamente, nuestros chicos. Por eso mismo, Warner decidió evitar polémicas, a pesar de que la venta de entradas estaba yendo muy bien para un grupo que nunca había pisado suelo estadounidense. Seguro que ahora todos entendemos mejor por qué Bill Ward acabó renegando tanto de esa cruz invertida en el libreto del disco como de toda esa parafernalia misteriosa que Vertigo Records creó a su alrededor. Lo que con toda seguridad supuso un impulso inicial para su carrera, ahora les acababa de costar una enorme gira por el mercado musical más importante de la época.

Frank Barsalona, manager y descubridor de Led Zeppelin.
Viendo el enorme éxito de su debut, la discográfica que primero apostó por ellos, Vertigo Records, no tardó en pedirle a la banda un nuevo disco. En palabras del entonces director del sello: «Lanzar un disco por año está bien cuando eres un grupo asentado, pero aquí teníamos a un grupo que había salido de la nada casi de repente, y habían conseguido una enorme comunidad de seguidores en Reino Unido y en Alemania. Para consolidar esa posición, necesitábamos un disco nuevo mucho más rápido de lo normal».
Tony, Ozzy, Geezer y Bill ya tenían nuevas canciones escritas, por lo que no tardaron en ponerse manos a la obra con su segundo álbum.
Paranoid, la chispa que prendió todo
Paradójicamente, uno de los temas que ya tenían hechos y que venían tocando en los conciertos se llamaba «War Pigs». Warner también sabía eso cuando decidió cancelar esa primera gira por Estados Unidos, y es que Charles Manson y sus seguidores llegaron a firmar con sangre alguno de los escenarios de sus crímenes usando la palabra «pigs» (cerdos, en español). Entre su imagen misteriosa, las asociaciones con el satanismo y «War Pigs», Black Sabbath era todo un riesgo de relaciones públicas para Warner en aquel momento.
Inicialmente, la canción se iba a llamar «Walpurgis» y estaba inspirada en la festividad pagana «Noche de Walpurgis» que Geezer, autor de la letra, había conocido a través de la novela The Devil Rides Out de Dennis Wheatley, que acabó teniendo su propia película protagonizada por Christopher Lee y conocida en español como La novia del Diablo (1968). El argumento consiste en dos amigos que rescatan de una secta satánica a otro colega, y la cosa acaba escalando hasta que el líder de esa secta les persigue y utiliza la magia negra para invocar al diablo. En esa enrevesada trama se basa la letra de «Walpurgis», en la que se mencionan brujas, pecadores, curas y a Satán. Llegaron a publicarla con ese nombre como rareza en vinilo, aunque finalmente, siguiendo los consejos de su discográfica para evitar más polémicas, acabaron cambiándole el título a «War Pigs» y Geezer modificó la letra, incluyendo ahora un mensaje contra los «políticos malvados» que «crean guerras por diversión». Desde luego, en plena Guerra de Vietnam, con miles de jóvenes estadounidenses esperando una llamada para ir a combatir, tenía un significado más vigente y un poder mayor de conexión con la sociedad de aquella época, y más con las imágenes tan explícitas que construían sus versos, que dibujaban «cuerpos ardiendo» en el campo de batalla y rodeados de «máquinas de guerra».

La novia del Diablo, un film del que Geezer extrajo la inspiración para «War Pigs».
Musicalmente es un corte que roza los ocho minutos, lo contrario a comercial para cualquier radio, y que se asienta en las mismas bases que la canción «Black Sabbath», a ritmo lento y pesado. Esta vez, unas sirenas suenan de fondo en la introducción hasta que aparece ese riff cortante sobre el que Ozzy, con Bill marcando el ritmo con el platillo, canta a capella la pegadiza melodía de las estrofas. Todo lo demás es un delirio instrumental en el que Tony lleva la batuta con pasajes de guitarra influenciados por el blues y la psicodelia que acabaron dando forma a otro clásico del rock.

Ozzy cantando a capella la melodía de las estrofas de «War Pigs»
En estos meses del año setenta empezaron a establecerse los roles que desempeñaba cada uno de ellos en el grupo y que se mantuvieron en el futuro: Geezer escribía las letras, Tony se encargaba de los riffs de guitarra sobre los que partían todas las canciones y luego Ozzy hacía las melodías vocales, aunque a veces se limitaba a seguir lo que hacía la guitarra pero más agudo. Bill, con su peculiar manera de tocar la batería, le daba mucho aire a los temas, con muchos silencios y una clara influencia del jazz. El resultado era una mezcla nunca antes escuchada en la música.
Otra de las composiciones que tenían a medio hacer era «Iron Bloke», que llamaban así porque a Ozzy aquel pesado riff del principio le recordaba a un «hombre de hierro andando muy lento». En realidad, se acabó llamando «Iron Man» porque Geezer estaba obsesionado por la literatura de fantasía y ciencia ficción. Si «The Wizard» estuvo influenciada por Tolkien, «Iron Man» parece un claro guiño a Tony Stark, el personaje que da vida a Iron Man en los famosos cómics de Marvel, aunque la letra no tiene nada que ver con él. Geezer quería mandar el mensaje de lo peligroso que puede ser para el hombre dejar que la tecnología tome el control, y por eso se inventó al protagonista, un viajero en el tiempo que vio el apocalipsis en el futuro y que volvió a su época para advertir del peligro. En el proceso se vuelve de acero y se queda mudo, por lo que acaba convirtiéndose en el hazmerreír de la sociedad. El giro de guion es que es él mismo, furioso por la impotencia y la reacción de sus congéneres, quien acaba provocando el apocalipsis. «La letra se basa en Jesucristo, que primero fue un héroe y luego un paria repudiado. La diferencia es que Iron Man se vengó en vez de perdonar a sus enemigos», acabó confesando tiempo después Geezer.
Otras letras que vinieron después tenían también ese componente de ciencia ficción, como es el caso de «Electric Funeral», en la que Geezer describe un futuro en el que la mitad del planeta ha sido aniquilado por la radiación de una guerra nuclear. Sin embargo, no se olvidaba del mundo actual y de los problemas del presente, como demuestra «Hand Of Doom», que habla sobre la adicción a la heroína.
Una de las que menos sonaban a los oscuros y pesados Black Sabbath era «Planet Caravan», una balada en la que la suave voz de Ozzy se desliza entre una sección de percusión, la línea de bajo y unos arpegios de guitarra eléctrica sonando en limpio. No hay ni rastro de la rudeza ni de la distorsión ni de las bases rítmicas atronadoras por las que el grupo se caracterizaba. Incluso hay un pequeño experimento con una flauta, que grabó Tony y que le da ese toque casi alien al tema, y ya al final, para rematar, aparece un piano. El esqueleto musical fue idea del propio Tony, que tuvo que explicarle a sus compañeros que una canción así de «suave» servía para hacer que el resto de canciones sonaran todavía más potentes de lo que eran. La letra, escrita por Geezer, habla de dos amantes flotando por el universo y, en general, el corte sirvió como prueba de la versatilidad que estos cuatro chicos escondían. Como curiosidad, Pantera, un grupo que apareció en los años noventa y que redefinió la música metal con la agresividad y brutalidad sonora como bandera, hizo una versión de esta pieza en su álbum Far Beyond Driven (1994), ayudando a alimentar eso que dicen de que las mejores baladas son las que hacen los grupos heavies.

Pantera, una banda de groove metal que permaneció activa entre 1981 y 2003.
Todo el proceso de preproducción y ensayos de estas canciones fue en un viejo granero de Monmouth, pequeña y tranquila ciudad al sureste de Gales. No querían repetir la sensación de agobio y falta de tiempo del primer álbum, y aprovechando que les dieron más recursos y presupuesto tras su éxito comercial, esta vez lo prepararon todo bien. Una vez que tuvieron siete canciones listas, en las que se despacharon a gusto incluso metiendo un corte instrumental con un solo de batería de un minuto («Rat Salad»), volvieron a los estudios Regent Sound de Londres, los mismos donde grabaron su debut.
Al terminar de grabar casi todos los brutos, se fueron hasta los lujosos estudios Basing Street de Notting Hill, en Londres, donde los propios Led Zeppelin, grupo de moda y éxito, acababan de grabar el que acabaría siendo uno de sus discos más míticos, Led Zeppelin IV. Allí nuestros protagonistas retocaron algunas pistas y se llevó a cabo el proceso de mezcla. Entonces el productor Rodger Bain les dijo que necesitaban llenar unos tres minutos más y les preguntó si se les había quedado alguna canción en el tintero. Les sugirió que una más comercial estaría bien. No tenían nada en reserva, por lo que aprovecharon para hacer una pausa para comer y, al parecer, ahí fue cuando a Tony se le ocurrió uno de sus riffs. Al volver al estudio, empezaron a tocar sobre esa melodía y en menos de media hora tenían compuesto «Paranoid». A Bain le encantó y pidió que la grabaran. «¿Estás de broma? Nos la acabamos de inventar», respondieron. El productor les insistió en grabarla, pero Geezer se negaba porque le recordaba mucho a Led Zeppelin. «Para mí, "Paranoid" era como un remake de "Communication Breakdown" de Led Zeppelin y no quería grabarla», confiesa el bajista. De hecho, ya miró para otro lado cuando grabaron aquel solo de batería de «Rat Salad», que le recordaba al que John Bonham grabó en «Moby Dick» para Led Zeppelin en su disco Led Zeppelin II, que había salido a la venta unos meses antes. Geezer reconoce que era uno de los grupos que más escuchaban entonces y, por tanto, una fuerte influencia, pero es que, además, él y Tony eran colegas del vocalista de la banda, Robert Plant, y del citado Bonham. Para un grupo que quería hacer las cosas diferentes no parecía muy lógico seguir los pasos de lo que hacían otros. No obstante, acabaron convenciendo a Geezer y, menos mal, porque la canción acabó convirtiéndose en el mayor hit en la historia de Black Sabbath. Y, sí, estuvieron a punto de no grabarlo.

Paranoid, el mayor hit en la historia de Black Sabbath.
Superado ese trámite para terminar de rellenar el álbum y dado que tanto Vertigo como Warner querían nuevo disco cuanto antes, empezaron a preparar la portada. Para nuestros chicos la canción que definía el álbum era «War Pigs», y así propusieron llamarlo. Encargaron la tarea de hacer la cubierta al mismo fotógrafo del anterior disco, Keith Macmillan, que volvió a contar también con su asistente, Roger Brown. Como el título era «War Pigs», a Keith se le ocurrió disfrazar a Roger de algo parecido a un cerdo, al menos por la ropa rosa que llevaba, y hacerle correr hacia la cámara de fotos con una espada y un escudo. La idea no era muy creativa.
Paralelamente, las discográficas decidieron que «Paranoid» era la mejor canción para publicar como adelanto. Se lanzó a finales de agosto de 1970 y la sorpresa fue que se coló en las listas de ventas de Reino Unido, donde llegó al puesto número cuatro, y de Estados Unidos, donde alcanzó la posición 61 de los Hot 100 de Billboard, la referencia de canciones más comerciales del país. El éxito fue aún mayor en territorios como Alemania o Dinamarca, donde acabó siendo número uno en ventas, seguido de otros mercados como Holanda o Suecia, en los que conquistó el segundo puesto.
A partir de aquí empezó la locura. Les llamaron para aparecer en el programa musical de televisión inglés Top of the Pops, que veían unos 15 millones de personas y era un auténtico fenómeno cultural. Ozzy recuerda que estaba aterrado porque tenía que cantar en directo y era su primera aparición televisiva, mientras que sus compañeros solo tenían que hacer playback. «Sentía la boca tan seca que parecía como si tuviera una bola de lana dentro». La actuación, disponible en el canal oficial de YouTube de Black Sabbath7, es digna de ver no solo por lo bien que cantó Ozzy, sino por lo gracioso de observar a Bill Ward «tocar» la batería sin apenas rozar los platos o la caja, quizá porque le dijeran que no podía hacer mucho ruido por si se colaba en el micro del vocalista.
«Paranoid» seguía triunfando en las listas de ventas, y entonces Vertigo decidió desechar el nombre original del álbum, War Pigs, para aprovechar el filón del single. A lo largo de los años se ha señalado a la Guerra de Vietnam como posible causa para evitar más polémicas con el título bélico original, aunque el propio Ozzy asegura en sus memorias que fue una decisión meramente comercial, no política. Era un reclamo llamar Paranoid al álbum que incluía esa misma canción que estaba dando la vuelta al mundo. «Tenía sentido poner el mismo nombre que el single para hacer que fuera más fácil promocionar el disco en las tiendas», sentencia Ozzy. El problema fue que, tal vez por las prisas, la discográfica decidió mantener la misma portada, la del pobre asistente Roger vestido de rosa con una espada y un escudo, que fue ideada para acompañar al título «War Pigs». En palabras de Geezer: «La portada ya era lo bastante mala cuando el disco se iba a llamar "War Pigs", pero cuando fue "Paranoid" no tenía ningún tipo de sentido». Y el bajista añade resignado: «¿Te imaginas las preguntas que nos hicieron a raíz de esto? ¿Qué tiene que ver eso con "Paranoid"? Bueno, nada, en verdad. Pero así es como fue.»
El siguiente acontecimiento llevaba un tiempo cociéndose a fuego lento. ¿Recuerdas a los dos pupilos de Don Arden? Durante el verano de 1970 siguieron muy de cerca el éxito de Black Sabbath y, ya con su propia agencia de representación creada, World Wide Artists, decidieron hacerle una oferta formal al grupo. Wilf Pine, Patrick Meehan y su hijo, Patrick Junior, les prometieron grandes giras y dinero. Mientras tanto, Jim Simpson, su entonces representante, les presentó una lista de conciertos en sitios más bien humildes de Reino Unido, algo que no convenció en absoluto al líder tácito del grupo, Tony, que tenía más altas aspiraciones. A las dos semanas de que Paranoid saliera a la venta en Reino Unido, Jim Simpson recibió una carta en la que se le informaba de que ya no era el representante de Black Sabbath porque «no estaba haciendo bien su trabajo». Jim no daba crédito: «Tenían un disco en las listas de ventas de Reino Unido y Estados Unidos, y un single en el Top 5 de Reino Unido. ¿Y yo no estaba haciendo bien mi trabajo», cuenta indignado.
Los Meehan y Pine se habían salido con la suya, pero cuando Arden se enteró de la maniobra, se enfureció y se puso en contacto con Jim Simspon. Le animó a denunciar al grupo por daños y le ofreció apoyo económico y legal. Este le hizo caso, aceptó su ayuda y así comenzó una batalla legal que se extendió durante casi quince años. Al final ambas partes llegaron a un acuerdo, pero Jim confiesa que de las 35.000 libras que acordaron pagarle, él acabó recibiendo tan solo unas 1.000. El resto se fueron en pagar gastos de abogados, juicios, etc. «Hasta hoy, me siento mal sobre lo que pasó con Jim Simpson. Creo que se llevó la peor parte. No acabó ganando al final», confiesa Ozzy, que reconoce que en la actualidad son amigos y le desea lo mejor.
Tras ese mal trago, Tony, Ozzy, Geezer y Bill empezaron a ver pronto los resultados de su nuevo acuerdo de representación. El trato era simple: podían pedir lo que quisieran que lo iban a tener. Así, Tony formó su propia colección de Lamborghinis, Bill optó por un Rolls Royce con chófer y Ozzy solo tenía que hacer una llamada de teléfono para tener al día siguiente aparcado en la puerta de su casa el convertible verde que se le había antojado. «Éramos veinteañeros y vivíamos como reyes. No teníamos que cargar con nuestro propio equipo ni instrumentos, no teníamos que hacer la comida, y apenas teníamos que atarnos nuestros propios cordones. Y, aparte de todo eso, podíamos pedir cualquier cosa que nos la acabarían trayendo en una bandeja de plata», recuerda Ozzy. El cantante cuenta que no solo se trataba de las grandes cosas: no les faltó cerveza, cigarros, botas de plataformas, chaquetas de cuero o cualquier otro capricho. Por supuesto, se acabó eso de dormir en la furgoneta de Tony. Ahora podían quedarse en hoteles.
Todo esto, que parece sacado de un cuento, acabó convirtiéndose en una pesadilla para Black Sabbath. No tanto por ellos, que decidieron atribuirse y repartirse todo a partes iguales (firmaban los temas los cuatro, aunque las letras las hiciera Geezer o los riffs Tony), sino por los Meehan, que se aprovecharon de la inocencia de cuatro jóvenes que sólo querían hacer música.
Hasta que descubrieron la estratagema de sus nuevos representantes, que explicaremos en su momento, nuestros chicos siguieron disfrutando de los lujos y el famoso tren de vida de «sexo, drogas y rock and roll», a lo que hay que sumar, por fin, su primera gira por Estados Unidos a finales de 1970. Para los posters de los conciertos utilizaron el reclamo de «Louder than Led Zeppelin!» («¡Más ruidosos que Led Zeppelin!»), que ya les funcionó bien en Reino Unido para promocionar su primer disco, y empezaron en Nueva Jersey, pasando por Miami hasta llegar a Nueva York, donde fueron los teloneros de Faces, la banda de Rod Stewart. Allí, según recuerda Tony, pasó algo inédito: «Cuando salimos al escenario la gente se volvió totalmente loca. Luego salió Rod Stewart y el público empezó a tirarle cosas. Fue increíble. A partir de entonces nos convertimos en "el grupo underground" de Estados Unidos».

El grupo sucumbió a un tren de vida en el que estaban presentes el «sexo, las drogas y el rock and roll».
Siguieron tocando por otras ciudades como Los Ángeles (donde abrieron para Alice Cooper durante una residencia de cinco noches con dos pases por día, y nada menos que en el famoso Whiskey A Go Go, uno de los clubs más importantes en el circuito musical californiano), San Francisco o Detroit.
Aparte del éxito tan inesperado para todos y la rapidez con la que estaban evolucionando los acontecimientos, no hay que pasar por alto que era la primera vez que Tony, Ozzy, Geezer y Bill viajaban a Estados Unidos, que en aquella época era casi como la tierra prometida para cualquier joven, no solo desde el punto de vista musical, sino también personal. La sociedad estadounidense era diferente a la británica y a la europea en general. Era menos tradicional, había menos tabúes y nadie te miraba mal en la ciudad por llevar unos pantalones de cuero o llevar el pelo largo. Eso en Europa todavía era «raro».
Ozzy recuerda que Patrick Meehan reunió a nuestros cuatro veinteañeros antes de volar a Estados Unidos y les dijo. «Vais a ser embajadores de la música británica». Esto, por supuesto, era una manera diplomática de pedirles que se comportaran civilizadamente. «Asentimos y le ignoramos», reconoce el vocalista. Dicho y hecho: cuando Ozzy se subió al avión ya estaba completamente borracho, y cuando llegaron a Nueva York, la azafata tuvo que ayudarle a levantarse, aunque acabó cayéndose en las escaleras al salir. Lo siguiente fue llegar al control de inmigración. Con la resaca que llevaba, Ozzy no recordaba que en el documento que hay que rellenar y presentar al agente del control fronterizo había escrito «satánico» en la casilla de religión. «Con qué satánico, ¿eh?», le preguntó el policía". Ozzy confiesa que se le vino el mundo encima y que fueron unos segundos de mucha tensión, aunque cuando el agente gritó «Next!» («¡siguiente!»), respiró aliviado. Por suerte para él, en Estados Unidos se cruzaban a tipos como él todos los días.
Acostumbrados al «anything and chips» (en Reino Unido muchos platos de comida del día a día llevan chips, patatas fritas, como el clásico «fish and chips», pescado rebozado con patatas fritas), alucinaron con la pizza, las hamburguesas por todas partes o los puestos de perritos calientes. La comida no fue lo único que descubrieron: bebida (cóctels), chicas que se les acercaban tras los conciertos para acostarse con ellos, el jet lag, las piscinas al aire libre y, por supuesto, la droga dura. Ellos eran consumidores de marihuana, speed y alcohol, pero fue en Estados Unidos donde descubrieron la cocaína que, como veremos, acabó siendo prácticamente una integrante más de la banda durante esos años.
También se dieron cuenta de lo heterogéneo que era el público, desde un concierto en Filadelfia en el que la mayoría de asistentes eran negros (que Ozzy recuerda como «el mayor shock cultural» de esa gira) o seguidores de sectas satánicas, que tenían a Black Sabbath como grupo de culto y que les seguían incluso hasta sus hoteles. En un concierto en Memphis uno de estos satanistas se subió al escenario. Iba con un manto negro y, Ozzy, que solía abrazar e interactuar a la gente que hacía eso, desconfió y le empujó hacia el lado, donde se encontraba Tony. Rápidamente uno de los roadies (o pipas, personas del equipo responsables de montar y desmontar el equipo de sonido, colocarlo, etc.), se abalanzó hacia ese extraño individuo y le golpeó. «¿Qué co** haces, tío? ¡No puedes hacer eso!», le recriminó Ozzy al pipa. «Sí, claro que puedo. Mira», respondió. Resulta que el satánico llevaba una daga en la mano derecha, por lo que la cosa podría haber acabado muy mal esa noche para Ozzy o Tony.
A Bill le daba miedo volar, por lo que mientras sus compañeros se movían por Estados Unidos en avión, él viajaba en una furgoneta GMC, que quizá sea más conocida por ser la que usaban los miembros del Equipo A, mítica serie de televisión de los años ochenta. Ozzy decidió unirse al baterista en estos roadtrips, aunque su motivación era distinta: era un transporte más lento, pero así tenía más tiempo para fumar, beber y pasarlo bien junto a Bill, su mejor amigo dentro de la banda. Mientras vivían todas estas emociones y se recorrían costa a costa Estados Unidos, unos en avión y otros en furgoneta, su primer disco seguía en las listas de ventas y Paranoid, que salió a la venta en Reino Unido en septiembre de 1970, se estaba convirtiendo en un mastodonte comercial en aquel país. De hecho, viendo el fenómeno, la discográfica Warner decidió retrasar el lanzamiento de Paranoid en Estados Unidos hasta enero de 1971 por lo bien que seguía funcionando el debut: querían exprimirlo más y preparar una mejor campaña de lanzamiento para el disco.
Pero la máquina tenía que seguir funcionando y, justo a principios de 1971, Black Sabbath empezó a preparar Master of Reality, su tercer álbum en poco más de doce meses.
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