Czytaj książkę: «Poemas. Elegías.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 188


Asesores para la sección latina: JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por VICENTE CRISTÓBAL.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1993.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO291

ISBN 9788424932206.

CATULO

INTRODUCCIÓN GENERAL

Obligados a escribir una introducción a la obra de Catulo, la primera tentación que se tiene es la de remitir al lector a cualquiera de las muchas que hay ya, redactadas incluso en español. Así, para la biografía del poeta se pueden leer las que incluyen J. Petit en su edición y M. Dolç en la suya, o, si se prefiere manejar bibliografía más reciente, la del libro sobre Catulo de L. A. de Villena. Para comentarios sobre su poesía se puede acudir a la introducción del Catulo de Ramírez de Verger.

No obstante, al cabo de múltiples lecturas de la abundante bibliografía sobre nuestro poeta, uno cobra ánimos, aunque sólo sea para poner mesura a muchos comentarios. La traducción sosegada de la obra y su meditación consiguiente pueden originar ideas que, en su mayoría, ya se han dicho en las más variadas lenguas; pero siempre queda la esperanza de decir algo, por poco que sea, fuera del sendero habitualmente recorrido.

En ediciones bien recientes vemos con estupor que se confunde la sinceridad de la obra catuliana con su autobiografía, y a la hora de querer contarnos la vida del poeta se llega a una cita entrecomillada de la traducción de sus versos. Y hemos de agradecer que el Liber ofrezca un desorden cronológico más que regular, porque, en el caso contrario, habríamos llegado a ver la biografía de Catulo como una traducción ordenada de sus poemas. Muchos autores repiten, por ejemplo, una escena parecida a ésta: en la vida del poeta su amada acaba prostituyéndose por las calles y esquinas de Roma. Como veremos, no es más que la cita casi literal de los versos 4-5 del c. 58.

¿Se puede tomar al pie de la letra a un autor cuya personalidad, inmediata al lector atento, aparece siempre desgarrada entre dos polos: amor y odio? En los tiempos de amor, Lesbia es «radiante diosa»; en los tiempos de odio, por el contrario, «aquella Lesbia… por las esquinas y callejas glubit magnanimi Remi nepotes» . La conclusión más clara a la que puede llegar el lector de Catulo es que Lesbia no era ni una diosa ni una prostituta esquinera.

Cicerón, tanto en el discurso en defensa de Celio como en sus cartas, viene en ayuda del Catulo de los momentos de odio y de esos biógrafos que antes hemos mencionado. Partiendo de la base de que Lesbia es Clodia II, como más adelante veremos, esta mujer representa para él lo más odioso de la sociedad romana de su tiempo: es hermana del tribuno Clodio, que logró el destierro de Cicerón después de su consulado y fue cabecilla del partido popular, cuyas aspiraciones Clodia secunda. Si a esto añadimos razones psicológicas profundas para reforzar este odio, tal vez llevemos al lector al convencimiento de que los argumentos del orador no valen para reforzar los argumentos de Catulo.

Si reunimos los calificativos que Cicerón en sus obras 1 le dedica: Medea Palatina (era vecina suya en el Palatino), Boôpis («la de ojos bovinos o grandes»), que podría parecer un piropo si no fuera el calificativo de Homero para Juno, la hermana y esposa de Júpiter, y quadrantaria («de a real» por la facilidad en venderse y prostituirse), encontraremos todo el cúmulo de acusaciones que Cicerón quiere propalar en contra de ella: bruja hechicera, envenenadora de su esposo, incestuosa amante de su hermano, prostituta barata. Parece demasiado para que todo sea cierto.

Plutarco (Cicerón 29) presenta en este capítulo un cuadro de amistad entre Cicerón y sus vecinos los Clodios. Esta situación puede proporcionarnos pistas que nos lleven a descubrir la causa honda de por qué Cicerón odia tanto a Clodia. Cito por la traducción de Ranz Romanillos: «Yendo continuamente (Cicerón) a casa de Clodia y obsequiándole ésta…». Y sigue contándonos que Terencia, la mujer de Cicerón, siente celos de Clodia, hasta procurar la ruptura.

No tengo ninguna duda al sostener que ésta es la clave de las palabras de Cicerón en su carta a Ático II 1, 5: sed ego «illam» odi male consularem . Este intenso odio hacia la mujer del ex cónsul Metelo, Clodia, es el mismo odio de Catulo: odi et amo . La odiaba tan intensamente porque la amó de la misma forma. Las palabras de un despechado no deben ser muy tenidas en cuenta. Está claro que Clodia debió tener algo de lo que dice, pero no todo.

Querríamos, además, negarle al ciclo de poemas de Lesbia el carácter de diario amoroso que se le ha querido dar. Resulta evidente que el amor de Lesbia es el factor que da lugar a la cuarta parte de sus composiciones. Este porcentaje aumenta hasta llegar casi a la mitad cuando investigadores alemanes nos descubren que los llamados tradicionalmente «poemas doctos», el ciclo de los carmina longiora , encierran una maquinaria mitológica que no contiene más que «las máscaras» del poeta, otra forma de contarnos y de reflexionar sobre el amor de su vida. Ahora bien, si seguimos la anécdota de la «novela» de amor de Catulo y Lesbia, ésta reproduce el estereotipo de los amores que se dan en la elegía amorosa: aventura amorosa que comienza con la felicidad de los amantes, sigue con las traiciones de la amada –perdonadas al principio–, continúa con las consiguientes penas amorosas del poeta y con nuevas traiciones para concluir con la ruptura definitiva. El hecho de que esta anécdota amorosa reproduzca un estereotipo en todos los elegíacos nos hace pensar que no debe tomarse al pie de la letra.

En algunos elegíacos, como Tibulo, este estereotipo puede aplicarse a la pareja poeta – puer delicatus , y es curioso que en el caso de Catulo – Juvencio no se dé. El poeta parece interesado en velar por la integridad del joven, pero no hay desgarrón trágico en esta ruptura. Estamos muy lejos de poder ver aquí la intensidad del amor, romántico casi, que el poeta siente por Lesbia.

Cabe la misma mesura a la hora de valorar las invectivas contra figuras políticas y militares. El caso más claro es el ataque contra el propretor G. Memmio. Independientemente de la valoración que los historiadores nos hacen de este personaje, el hecho de que un poeta como Lucrecio le dedique su De Rerum Natura nos está descubriendo a un hombre de sensibilidad, a quien el poeta conceptúa como persona capaz de entender y valorar el monumento literario que se le dedica. Por tanto, el hecho de que Catulo injurie a Memmio de la forma en que lo hace por no haberle dejado enriquecerse en una provincia esquilmada como Bitinia, nos revela –por muy laxa que fuera la moral romana a la hora de juzgar el pillaje de las provincias– la faceta más irreflexiva de la personalidad del poeta, capaz de lanzar un ataque tan desproporcionado como injusto.

No nos resistimos a rechazar el tono de frivolidad que se suele dar a toda la vida de Catulo: gozó en Verona de una juventud sin preocupaciones, gracias al holgado «status» económico de su familia y después, en Roma, vivió de forma desenfrenada, entregado a toda clase de placeres. Según esto, ¿cuándo estudió este hombre? ¿En qué momento aprendió lo mucho que demuestra saber? ¿Cómo pudo alcanzar el calificativo de doctus que le dieron sus contemporáneos y sus seguidores? Porque, en efecto, Catulo está al día de todo el saber de su tiempo. Traducciones e imitaciones directas de autores griegos se prodigan en su obra con un acierto inigualable y demuestran un duro aprendizaje en su infancia y juventud, que debió prolongarse a lo largo de toda su vida. El viaje a Oriente en la cohorte de G. Memmio debió estar motivado, aparte de por razones económicas y afectivas (para honrar el sepulcro de su hermano y para huir de los escándalos amorosos y políticos de Clodia) por su intento de realizar un estudio serio del mundo continuamente evocado en su obra. Las ciudades grecoorientales, cuya visita anuncia con entusiasmo, son lugares idóneos para un estudio del mundo helénico y de Oriente, anticipando así tantos viajes de autores posteriores, como el de Virgilio, frustrado por su enfermedad mortal.

No es menos llamativo el deseo de ciertos filólogos de dar una interpretación sexual a muchos poemas que no la admiten. Se trata, además, de un terreno donde Catulo se desenvuelve con gran espontaneidad y en el que de ninguna forma trata de ser ambiguo. Por ejemplo, el c. 2, dedicado al pájaro de Lesbia. En el s. XV , a Poliziano se le ocurrió que el pájaro simbolizaba el miembro viril y su muerte en el c. 3 la impotencia. Esta interpretación ha dado origen a un río de comentarios. Parece claro que los romanos regalaban a sus amantes pájaros: gorriones, palomas, tórtolas, etc., y que su domesticidad les llevaba a realizar acciones como las que Catulo describe. La pintura griega que ilustra la edición de E. Mandruzzato en el apéndice correspondiente (pintura del s. V a. de C. sobre las bodas de Alcestis del Museo Nacional de Atenas) muestra una escena hogareña en un contexto de boda, donde una joven entrega la yema de su dedo a los picotazos de lo que parece una cotorra. El poeta romano pudo inspirarse del natural, de esta pintura o de otras semejantes. Por otra parte, epigramas a la muerte de animales domésticos hay en abundancia en la Antología Palatina .

Existen otras interpretaciones totalmente descabelladas, como, por ejemplo, la que se hace del v. 11 del c. 13, en el que Catulo habla del perfume de Lesbia con el que se va a obsequiar a Fabulo. En 1977 se ha escrito que este perfume simboliza la secreción sexual femenina. (Silenciemos aquí el nombre del autor del artículo que aparece en la Bibliografía.)

1. Vida de Catulo

No hay más referencias biográficas del poeta en biógrafos latinos que las de S. Jerónimo en su Crónica 2 , fiables en cuanto que sus datos se remontan a Suetonio. Concretamente, los de Catulo es posible que los haya tomado, además, de C. Nepote, contemporáneo y amigo del poeta. Según él, nació en el 87 y murió en el 57 a. C., a la edad de 30 años. La mejor tradición filológica 3 ofrece las fechas del 84-54 a. C., debido a que los testimonios tomados del propio Liber aluden a hechos posteriores al 57; así, la expedición de César a Britania, de la que hablan en los poemas 11 y 25, se efectúa en el 55 a. C. En el mismo 55 se inician las obras del Pórtico de Pompeyo (c. 111 y c. 55). Pompeyo fue cónsul por segunda vez también el 55 (c. 113, 2). Se completa la expansión del mundo en el 54 con los triunfos de César en Britania. La alusión a estos hechos es triple, en los poemas 11, 19 y 45.

La fecha de su nacimiento en el 87 a. C. aparece en S. Jerónimo como la del año del consulado de Cornelio Cinna y, como éste fue cónsul por cuarta vez en el 84 a. C., es fácil que este hecho haya ocasionado confusión en el propio Suetonio o en S. Jerónimo 4 . Se respeta el dato de haber vivido sólo 30 años, haciendo retrasar la fecha de su muerte al 54 a. C., y es que se es fiel a la tradición romana de hacer constar los años del muerto en las lápidas funerarias. Si los datos de S. Jerónimo se remontan a C. Nepote, parece indudable que el historiador, dada su amistad con el poeta, no podía olvidar sus pocos años de vida.

Que en Verona nació y se crió es algo que nadie duda. Catulo mismo habla de «mi Verona» y los autores posteriores que lo citan aluden a la patria chica del poeta de forma que Verona es para Catulo lo que Mantua fue para Virgilio 5 . En los mejores manuscritos 6 se le cita como Veronensis y Verona, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, siempre se ha sentido orgullosa de su poeta.

El nomen Valerius y el cognomen Catullus no ofrecen problemas. Sí los hay con respecto al praenomen , que sin duda fue Gaius y no Quintus , como en algún manuscrito y en un pasaje de algunos códices poco autorizados de Plinio el Viejo 7 se cita, probablemente por confusión con el praenomen de Quinto Lutacio Cátulo. La gens Valeria era una de las familias más afamadas de Roma. Los antepasados de Catulo debieron de trasladarse como colonos a Brescia y Verona y allí, gracias al comercio, lograr un capital que les permitió tener, además de su residencia en estas ciudades, una casa de campo (uilla) en Sirmión, junto al lago Garda. Catulo, por su parte, además de su casa en Roma, mantuvo otra uilla en Tívoli, donde las buenas familias romanas se daban cita sobre todo durante los veranos 8 . El alto status de que gozó la familia de Catulo lo conocemos también por Suetonio, de manera que César, de paso para las Galias, se alojaba siempre en casa del padre de Catulo 9 .

Después de una sólida formación en su provincia, probablemente bajo la férula de Valerio Catón, Catulo pasó a Roma 10 . El paso de este provinciano desde su ciudad natal a la Vrbs y su posterior entrada en los círculos intelectuales romanos debieron de verse facilitados por los muchos ciudadanos romanos de buena posición procedentes de la Cisalpina: gentes como Cornelio Nepote, Valerio Catón, Furio Bibáculo, Alfeno y Quintilio Varo, Cecilio y G. Helvio Cinna, casi todos de su misma edad y de parecidos intereses. A los citados en último lugar, los neotéricos de Cicerón, «los novísimos» de su tiempo, hay que unirles Calvo y Cornificio, los únicos que no son de la Transpadana 11 . Todos ellos representan un ideal de poesía y de vida en rotundo contraste con el modo tradicional de Roma, cuyo máximo representante puede ser Cicerón. Cicerón quiso ser siempre uir bonus , «un hombre de bien», entendiendo por tal al hombre respetuoso de las tradiciones religiosas, políticas y literarias, orgulloso de la moral romana: severidad de costumbres en hombres y mujeres. Conocedor y amante de la cultura griega, pero despectivo hacia todo lo que en ella pueda apartar a los romanos de su tradición.

El movimiento neotérico ama la cultura griega y trata de adaptar lo que en ella pueda haber de innovador. Se importan las nuevas normas de la literatura helenística, nuevos géneros, nuevas formas métricas, etc.; la música y la danza como elementos educativos; la mujer en cuanto integrante de cenáculos literarios e incluso políticos; los aristócratas al frente de la plebe, la libertad como bandera en todos los frentes.

Estas dos corrientes de opinión estaban abocadas a chocar repetidamente. El discurso de Cicerón en defensa de Celio 12 , joven romano ahijado suyo, pinta con tintes sombríos el ambiente en que se desenvuelve la juventud romana. Lo cierto es que los jóvenes del s. I a. C. gozaron en los años 60-50 de una libertad sin precedentes y quizá sin consecuentes. Concretamente, el grupo de los poetas «nuevos» hizo transcurrir sus días en un ambiente bohemio, alternando estudio, producción literaria y vida festiva y amorosa. En los poemas de Catulo están todos ellos, y muchos más, vivos, llenos de gracia, modernos, casi contemporáneos en su afán de vivir el instante al máximo. Nadie como Catulo ha identificado poesía y vida; nadie sacó con tanta intensidad la sustancia poética de sus vivencias. Amor y odio, alegría y dolor, entusiasmo y desesperación agitaron su alma de forma tal que contribuyeron, sin duda, a precipitar su muerte.

La muerte de su hermano mayor 13 en Oriente y su entierro en Troya sin las correspondientes honras fúnebres supusieron para Catulo un fuerte aldabonazo en su conciencia; la impresión lo llevó a refugiarse en su rincón provinciano, acudiendo, posiblemente también, a la llamada apremiante de su padre o de sus familiares para la organización definitiva del patrimonio. Las borrascosas relaciones con su amada harían esta marcha de Roma doblemente oportuna. De todo ello saldrían decisiones serias y responsables, como la de acompañar a Memmio en su viaje a Bitinia 14 formando parte de su séquito, con distintas finalidades: honrar a su hermano, profundizar en sus estudios para poder hacer más científicas las evocaciones de sus poemas (especialmente el grupo de los poemas llamados tradicionalmente «doctos») y, por último, aumentar su peculio, extremo éste en el que, como bien sabemos 15 , se vería defraudado por la honradez del propretor.

Especial atención deben merecernos sus amores. Catulo canta a Lesbia, pseudónimo tras el que, gracias a Apuleyo 16 , sabemos que se esconde el nombre de Clodia. El humanista del s. XVI Pedro Victorio (Petrus Victorius) fue el primero en identificar a Lesbia con Clodia II, la mujer de Metelo Céler, cónsul en el 60 a. de C. y muerto en el 59. Sabido es que en esta época la gens Claudia , una de las familias de mayor renombre en Roma (debido a su antepasado Appius Claudius Caecus , el famoso censor constructor de la vía Apia, del acueducto de su nombre, etc.) contaba con tres hermanas, bellas y de costumbres muy avanzadas para su época, de forma que hay identificaciones para todos los gustos, según la corriente filológica a la que uno se adhiera. En mi opinión, las tesis de L. Schwabe 17 , expuestas en 1862, son todavía irrefutables. La segunda mujer de la familia fue la de mayor personalidad, en cuanto que secundó los planes políticos de su hermano Clodio y, como él, popularizó su nomen reduciendo el diptongo au , de acuerdo con la pronunciación popular. La forma con diptongo había sido conservada por sus antepasados y transmitida por los restantes miembros de la familia. Ella padeció el matrimonio de Metelo, a quien su amigo Cicerón define en una carta como «un desierto» 18 . Era culta, admiradora de la poesía, de la música y de la danza, animadora de cenáculos políticos y tertulias literarias. Probablemente fue ella quien, acompañando a su marido, descubrió en Verona al poeta, todavía inseguro ante su proyectado viaje a Roma, enamoradizo, apasionado de las bellas artes y con extraordinarias dotes para la poesía. Los nueve años de diferencia que los cálculos más frecuentes 19 apuntan entre los dos debieron de ser más que un inconveniente un acicate para él. Un joven de alma romántica, educado en un ambiente severo y provinciano, vería como irresistibles las posibilidades de una aventura en Roma con aquella mujer, que ofrecía todos los atractivos que él hasta entonces sólo había podido entrever en su imaginación o en sus sueños.

Las posibilidades que Roma le ofreció con sus numerosas relaciones amistosas desbordaron sus esperanzas: un amor con Clodia estable, en primera instancia, seguido de una adaptación rápida a las costumbres romanas, integración y éxito en los nuevos grupos literarios, aceptación de la moral de los nuevos ambientes en los que convive, comprensión de las primeras faltas de fidelidad de la amada…

Pero tras estos tiempos de gloria inicial la vida le fue descubriendo su lado amargo: muerte de su hermano, traiciones de sus amigos y de su amante en términos intolerables. Su alma pura y la severa educación que debió de recibir en Verona posiblemente le llevaron a pensar que, muerto Metelo, Clodia se casaría con él, reparándose con el matrimonio la situación en que se encontraban los amantes, escandalosa para él más que para nadie. No parece que sea fabular demasiado la exposición de nuestro convencimiento de que Clodia jamás alentó estas aspiraciones y esperanzas del poeta. Toda la reiterada formulación en sus versos de pactos de amistad y de amor entre ellos, con un ritual que es casi aplicación estricta del derecho consuetudinario romano 20 , no contiene más que deseos, por parte suya, el aflorar tardío del alma sencilla y piadosa de un provinciano puro, la nostalgia de la inocencia perdida (de ahí la reiteración de quondam en muchos de sus poemas). La religiosidad de los últimos cantos 21 de su vida demuestra que ve con claridad la inmediatez de su muerte y vuelve su mirada a los dioses de su niñez.

¿Qué fue él para Clodia? Sólo uno de sus caprichos, y la satisfacción de ser amada por uno de los más grandes poetas que tuvo Roma. Posiblemente, ni siquiera tuvo la culpa de haber provocado aquel «amor romántico», único en su época y aun en el mundo antiguo. Es posible, además, que Clodia no compartiese con él otros intereses que los literarios y culturales y la atracción física que inicialmente ella pudo sentir. Catulo, por su parte, jamás compartiría con Clodia los intereses políticos de ella, ni los de su familia.

El ciclo de poemas de Juvencio nos exige un pronunciamiento sobre lo real o ficticio de las relaciones de nuestro poeta con el joven. Parece de aceptación generalizada el rechazo a las teorías (cuyo más cualificado representante puede ser Gordon Williams 22 ) de que no existe en las relaciones Catulo-Juvencio más que una ficción literaria, producto de una imitación de Meleagro. Se nos recuerda 23 últimamente que la moral contemporánea no tiene nada que ver con la moral de los tiempos greco-latinos. Así, para los romanos de la época de Catulo, el que tomaba el papel activo en unas relaciones entre hombres demostraba su virilidad; los esclavos sufrían con frecuencia estas vejaciones consideradas normales. Lo escandaloso era que personajes públicos adoptasen el papel pasivo 24 y esto es lo que critica Catulo para regocijo de sus lectores. Las tendencias homosexuales del joven Catulo son evidentes en su poesía. Sus entusiasmos amistosos llevan a expresiones que descubren lo que puede haber de amor hacia el mismo sexo. Sin embargo, su relación con Juvencio, tal como aparece en el ciclo de sus poemas, dista mucho de parecerse a la tradicional poeta-puer delicatus . Catulo se preocupa por la integridad del joven y cuida de él, lamentando el rechazo de sus besos y sus traiciones. Pero una lectura atenta de estos poemas descubre mucha ironía y un distanciamiento tal que nadie, objetivamente, puede llegar a pensar que la traición de Juvencio fuera capaz de traumatizar al poeta como las infidelidades de Lesbia o incluso las de algunos de sus amigos más íntimos (Celio, por ejemplo). El poema 81, que señala la ruptura con Juvencio, no contiene el menor síntoma de dolor o de desesperación. La tranquilidad manifestada por el poeta hace comprensible el juicio de quienes opinan que los poemas del ciclo son meros ejercicios de poesía homoerótica.

Si bien es verdad que muchos de los poetas de su grupo sintieron veleidades políticas 25 , a veces de signo contrario, creemos que es real la indiferencia y la falta de ambiciones que tuvo Catulo en este sentido. De acuerdo con el ambiente en que se movió debería haberse identificado con César. Es un amigo de su padre, huésped suyo, pero lo cierto es que lo ataca con la misma independencia con que lo hace a otros como Pompeyo. Es más, lo hace con mayor encono y rabia. ¿Cuáles fueron las razones últimas de su rencor? Se nos escapan. Las explicaciones tradicionales de que Mamurra, praefectus fabrum de César, fue su rival en amores y, en consecuencia, mostró la misma animadversión por César, su protector, se nos antoja algo pueril. Está suficientemente atestiguado que César, herido por los yambos del poeta que circulaban con mucho éxito en Roma, sentó al poeta a su mesa en la casa de su padre 26 . ¿Se hizo la paz tras la comida? Lo más probable es que no. Los elogios a los triunfos de las armas romanas capitaneadas por César en las Galias y Britania debieron de obedecer más a patriotismo que a una identificación con su héroe.

Cuando Pighi 27 publicó su libro sobre Catulo, surgió el enigma del retrato de la finca de Sirmión, en el que se puede ver a un romano joven, que se asoma a la luz con un volumen en sus manos. Este rostro tiene tanta gracia y su mirada manifiesta tal intensidad, que queremos pensar que éste es el retrato de nuestro poeta. No hay nada en él que rechace su carácter abierto, espontáneo, sincero y apasionado.

2. Problemática del «Liber»

La división tradicional del Liber Catulli Veronensis se ha hecho atendiendo a la extensión de los poemas, de forma que hay un primer bloque de carmina minora: I (1-60), poemas breves en metros variados, «los polimétricos»; un segundo de carmina longiora: II (61-68), poemas más extensos, en los que predomina el metro dactílico; y un tercero de carmina minora: III (69-116), epigramas en dísticos elegíacos 28 .

En la misma colección hay testimonios de que los carmina minora debieron de circular copiados en ambientes literarios y de que gozaron de gran popularidad. Así, en el poema 1 (3-4), que encierra la dedicatoria a Cornelio Nepote, se dice: «tú solías estimar en algo mis bagatelas…»; en el 16 (3-4): «de mis versos, porque son muy blandos, habéis considerado que soy poco hombre»; 54 (6-7): «te irritas contra mis yambos… general sin par».

Admitido esto, uno de los problemas que se plantea a la crítica es determinar quién hizo la recopilación de los 116 poemas que han llegado hasta nosotros, quién los ordenó en la forma en que nos han llegado. ¿Fue el propio Catulo o se ocupó de ellos un editor póstumo? Sigamos, en primer lugar, el criterio de un representante destacado de la corriente de opinión que considera que Catulo no fue quien editó el Liber: A. L. Wheeler 29 .

Según este crítico, el libro de Catulo, tal como lo conocemos, debió de constituirse después de Marcial. Con sus 2.284 versos no pudo publicarse como una unidad, en un solo volumen, pues se habría ido en contra de una práctica tradicional. Catulo mismo publicó, al menos, un libro de poemas, el libellus dedicado a C. Nepote, que contenía nugae . Éste sería el libro al que Marcial 30 llamó passer . Es muy probable que C. Nepote se ocupara de recopilar todos los poemas de su amigo tras su muerte. En consecuencia, una parte de la crítica clásica ha considerado que la sucesión de los poemas no sigue un orden, ni cronológico ni de materias; esto es, que no hay un sistema coherente de ordenación, sino una organización caprichosa. La agrupación de un último libro, en dísticos elegíacos, debió de efectuarse para una publicación miscelánea de autores de dísticos, ya que estas publicaciones estuvieron de moda en la época de Augusto.

El que Catulo, en el poema 1, llame libellus a su libro y nugae a los poemas implica forzosamente la referencia a sólo una pequeña parte de la colección, porque una obra que contiene el c. 64 y 2.284 versos no puede ser llamada libellus , del mismo modo que no puede denominarse nugae a poemas como el 64 y el 68.

La corriente contraria, que supone a Catulo recopilador y autor de la organización de los poemas tal como nos han llegado, tiene el prestigio de haber tenido su origen en dos grandes filólogos: J. Vahlen y U. von Wilamowitz-Möllendorff 31 . E. Baehrens 32 , por su parte, sostiene que la primitiva colección la componían tres volúmenes: el formado por los poemas 1-60, que contiene unos 900 versos (en la transmisión textual se habrían perdido algunos); el constituido por los poemas 61-64 (unos 840 versos) y el integrado por los poemas 65-116 (unos 660 versos). Se considera probable que los tres rollos cupiesen en una caja, capsa , y que, en fecha posterior, fueran copiados en un codex . Los términos libellus y nugae , que tantas bazas han proporcionado a los filólogos contrarios para desarrollar sus argumentos, no serían más que términos de modestia, como sucede en tantos otros poetas latinos 33 .

K. Quinn 34 lleva adelante parte de la tesis de Baehrens, al fijarse en que el orden de los poemas de ninguna forma es azaroso; hay principios métricos que lo regulan y, en cuanto al contenido, existe un sistema de ordenación por semejanza y por contraste que rige la colección entera, como después veremos. K. Quinn continúa ocupándose del poema 1, el de la dedicatoria, para formular la siguiente hipótesis, que ha tenido éxito en publicaciones sucesivas: al dirigirse a Cornelio Nepote, Catulo destaca que ha expuesto la historia en tres libros y él le dedica una obra que tiene en común con la suya el tener también tres volúmenes. Además, las dos obras poseen semejante doctrina: el epíteto doctus , que le aplica Catulo a la historia de Nepote, es el que generaciones enteras le han dedicado al propio Catulo. El esfuerzo, labor , queda además enfatizado y, por supuesto, también es común a los dos autores.

T. P. Wiseman 35 señala que los poemas que inician cada uno de los tres volúmenes en la división de Baehrens hacen referencia a una de las Musas, así, 1, 9, y 61, 2, o a todas ellas, 65, 2-4.

Toda la fuerza de los argumentos últimamente aportados por Wiseman 36 radica en probar que la ordenación no es caprichosa, sino fruto de labor meditada, en la que, con técnica de mosaico romano, va combinando semejanzas y diferencias, yendo más allá de la poikilía alejandrina. Vamos a entresacar ejemplos para demostrar que sólo Catulo pudo desarrollar una técnica tan perfecta.

Los poemas 1-14 forman una secuencia completa. Nada más iniciarse la obra se tienen los datos esenciales sobre Catulo y su mundo: su amor (2, 3, 5, 7, 8, 11); sus amigos (1, 6, 9, 11, 13, 14) y sus costumbres (4, 10, 12). En esta primera unidad, el 4 y el 11 son hitos para los datos biográficos de Catulo y para entender poemas posteriores de la colección: el viaje a Bitinia y la novela de amor de Catulo y Lesbia. El poema 14b parece introducir un nuevo prólogo y el poema 27 anuncia veladamente ataques más fuertes. De los cuarenta y cinco poemas breves que siguen al 14b sólo cinco se refieren a Lesbia o a mea puella y otros tres pueden aludir a ella (36, 37, 43, 51 y 58; 38, 40 y 60); pero, incluso cuando aparece relegado su tema, está siempre presente en el pensamiento del lector, gracias al impacto de la secuencia primera. La primera referencia se produce en el poema 36. Como siempre, el contexto de la colección es importante y, particularmente, el grupo de los cinco poemas que comprende desde el 36 al 40. Las promesas de invectivas satíricas anunciadas en el 27 se cumplen sobradamente en los poemas 28, 29 y 33. Así podríamos multiplicar ejemplos. Del primer bloque del libro queremos llamar la atención, además, sobre el entramado de los últimos poemas: los que llevan por número el 50 y el 51, juntos parecen ejemplos de comentario del otium y sus efectos. Basta pasar a los poemas siguientes –el 52, 53 y 54– para encontrarnos en plena política romana, tres ejemplos de negotia , opuestos a los del otium anteriores.

En el segundo bloque del Libro, formado por los poemas 61-68, observamos la misma técnica de agrupación por semejanza y contraste: tras los dos epitalamios, como podemos considerar a los poemas 61 y 62, Catulo nos ofrece una especie de antiepitalamio, el 63, donde se reflexiona sobre el fracaso del ideal de la relación amorosa. Los poemas 65-66 constituyen una unidad en la que el primero justifica el envío a un amigo del segundo, que es una traducción de Calímaco; forman, pues, un conjunto comparable al poema 68, que comprende dos partes distintas, una carta personal a un amigo, seguida de una elegía. Entre el 65-66 y el 68 aparece el 67, que forma un contraste con ellos. Es un poema dialogado entre el poeta y una puerta, ejemplo típico de diffamatio latina: frente a la exaltación del hogar y de la familia que impera en los poemas de este segundo volumen, éste sería un ejemplo de un contenido «antifamilia» como el de los epigramas incestuosos. Por otra parte, el argumento de este poema enlaza con el final del poema 64, donde se describen los pecados de los humanos que obligan a los dioses a no visitar la tierra, pecados cuya descripción se identifica con los descritos en la diffamatio del 67.

Todavía podemos insistir en que la colocación del 67 tras el 66 no es arbitraria, ni casual. En los dos poemas, el papel protagonista se ha confiado a un objeto inanimado, la cabellera en el 66 y la puerta en el 67, y las dos cuentan secretos cotidianos, los de alcoba de palacio real, la cabellera de Berenice, la puerta las miserias humanas de la dueña de una casa de pueblo. Estas semejanzas contrastan con los sentimientos de las dos dueñas: fidelidad por parte de Berenice; adulterios por parte de la dueña de la casa en el 67.

En el tercer bloque del Liber descubrimos, extremando nuestra atención, la misma técnica que en los dos anteriores: el 69 y el 71 están dedicados a Rufo y a su mal olor; el 70 y 72 lo están a Lesbia, con un sistema de alternancia típico. El 73 descubre la clave: Rufo es el amigo que traiciona a Catulo con Lesbia. De este modo el poeta presenta el defecto del amigo en un ataque obstinado, intercala a Lesbia, que pretende quererle más que a nadie, y, por último, nos revela que este maloliente personaje es su amigo Celio Rufo, que le traiciona con Lesbia. Y así podríamos seguir; pero sólo quiero destacar, por no alargarme demasiado, que el último poema –el 116– descubre el carácter unitario de todo el libro: dedicado a Gelio, personaje desleal, constituye la antítesis del poema 1, dedicado a Nepote, el amigo leal. Es una réplica negativa del poema introductorio.

Estudios métricos han venido a dar un espaldarazo a las teorías que propugnaban ya Vahlen y Wilamowitz. O. Skutsch 37 ha descubierto que, salvo tres excepciones, los 253 primeros faléceos que se encuentran en la colección comienzan siempre con un espondeo, mientras que de los 279 siguientes, 59 empiezan por un yambo o por un troqueo. Esto hace más improbable la interpretación según la cual la colección se debe a un editor póstumo: «Es curioso constatar el interés en subrayar las secuencias de poemas en un mismo metro, el faléceo, con poemas escritos en otros ritmos, coliambos, yambos puros, asclepiadeos, etc., y que tratan asuntos completamente diferentes».

Los intentos de ordenación cronológica general de los poemas no han tenido éxito, ya que el número de obras que llevan consigo la datación es muy corto.

Se puede establecer una serie de jalones con los poemas que tratan acontecimientos fechados y, en torno a ellos, se pueden agrupar otros muchos poemas de la colección.

Metelo Céler, esposo de Clodia, casó con ella en el año 63, ejerció su consulado en el 60 y murió en el 59.

G. Memmio fue pretor en el 58 y estuvo al frente de Bitinia en el 57.

La expedición de César a Britania fue en el 55 y su pacificación fue en el 54.

De acuerdo con esto, el poema 83, en que se habla del marido de Lesbia como de un personaje vivo, hay que colocarlo entre el 62-59. Los poemas de Bitinia (4, 28, 46 y 101) son del año 57. El 11 es del 55-54, así como los poemas 29, 55 y 113.

Una vez comprobado que no se puede ordenar cronológicamente toda la obra, se ha intentado dotarla de una unidad conceptual: unidad filosófica (la colección sería una muestra de manifestaciones epicúreas); unidad religiosa (Catulo sería o un hombre puro perdido en los malos ambientes romanos o un iniciado en los misterios órficos); unidad política (la colección es la obra de un «ácrata» que ha perdido su confianza en la sociedad). Todos estos enfoques encierran la subjetividad del teórico de turno; nos parece más racional y más humilde la tarea del filólogo que se limita a estudiar los poemas individualmente y trata de agruparlos por círculos temáticos. Así, la agrupación de J. Granarolo 38 nos parece muy plausible. Vamos a resumirla, a la par que invitamos a la lectura atenta del capítulo conespondiente de su último libro.

Ciclo de Lesbia: pasión (51, 68 y 104); felicidad (5, 7, 68 y 107); rivales (37, 39, 77, 79, 80, 88, 89, 90, 91 y 116); sospechas, sueños y desesperación (8, 11, 58, 70, 72, 75, 85, 87, 109, 76).

Ciclo de Juvencio: 15, 21, 24 y 81.

Ciclo de la patria chica y de sus compatriotas: 17, 30, 31, 35, 59, 67, 68 y 86.

Ciclo de la vida cotidiana en Roma: 6, 9, 10, 12, 13, 25, 27, 32, 38, 41, 42, 45, 55, 58b, 69 y 71.

Ciclo de Bitinia: 4, 117, 28, 46 y 101.

Ciclo de los cesarianos: 19, 47, 52, 54, 57, 93, 94, 105, 114 y 115.

Ciclo de la vida literaria: 1, 14, 22, 34, 35, 36, 44, 49, 50, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 68, 84, 95, 96 y 105.

Quedan veinte poemas sin clasificar, de difícil agrupación temática.

K. Quinn 39 sugiere la agrupación en dos grandes núcleos: 1) núcleo prosopográfico (poemas agrupados por nombres de personas, sean identificables o no) y 2) núcleo de poemas de temas recurrentes: vino, mujeres, poetas, incesto, etc. Concluye con la afirmación siguiente: «Los poemas de Lesbia constituyen el tema de mayor importancia, el resto forman el contexto contrastante 40 .»

3. La poesía de Catulo

En los testimonios de los autores latinos 41 sobre Catulo, éste aparece definido de forma muy variada. El adjetivo que más se repite es doctus , seguido de lasciuus, argutus, lepidus, tener, facundus y urbanus .

Durante siglos se han distinguido dos Catulos 42 : uno, el de los carmina longiora , a quien convendría el apelativo de docto; otro, el de los carmina minora , a quien convendrían los restantes adjetivos: lascivo, tierno, gracioso, mundano, etc.

A la hora de una valoración estética, la crítica tradicional dejaba a un lado los poemas cultos alejandrinos, los longiora , y enfatizaba el valor de los epigramas y de los restantes poemas breves. El s. XX ha puesto las cosas en su sitio, al hacer ver que Catulo siempre es el mismo en los tres bloques que forman el Liber . Para mí, el mayor hallazgo de la crítica actual es haber descubierto que en la segunda parte del Libro, precisamente la que la tradición consideró siempre más alejada de su carácter, Catulo está escondido en todos los héroes y heroínas de sus poemas; éstos no son más que máscaras del poeta, el atuendo de que se reviste para expresar lo que siente.

Fue Fr. Klingner 43 el primero en darse cuenta de que el poema 64, El Epitalamio de Tetis y Peleo , es «una imagen mítica del amor de Catulo por Lesbia: realización divina, sublimación en el simbolismo de la fábula de su propio placer y de su propio sufrimiento».

Es ahora cuando se está de acuerdo en que el poema 68 es la primera elegía romana auténtica, donde se dan sus características fundamentales: el subjetivismo y el empleo de los mitos subordinados a los elementos de la narración del yo del poeta.

Pues bien, tradicionalmente se había considerado como un típico poema docto alejandrino. Así, se destacaban sus complicaciones, sus digresiones, su mezcla de temas eróticos, míticos y funerarios; y todo ello como fruto de su alejandrinismo. En la actualidad, se enfatiza el que el personaje de Laodamía surja por la necesidad de sublimar en él a Lesbia, una Lesbia idealizada en su fidelidad amorosa; pero también, y esto es lo auténticamente original, el personaje heroico aparece con el lastre de la realidad cotidiana, poseído por la pasión de un amor insaciable. Por otra parte, su figura moral, que es la que realmente ocupa el primer plano, permite su identificación con el poeta. Si en el Epitalamio (64) las quejas de Ariadna podían transferirse a Catulo, abandonado por Lesbia 44 , aquí, en el 68, la anécdota amorosa que vive el veronés permite identificar su fidelidad amorosa con la de Laodamía.

También ahora acudiremos a Fr. Klingner 45 , el primero que consideró como algo genuinamente romano y, al mismo tiempo, como una de las mayores originalidades de Catulo el que el poeta apareciese víctima de la pasión amorosa que convierte a la amada en un ser superior, en la domina que esclaviza al poeta. Tanto en el teatro como en la lírica griegas estas grandes pasiones amorosas eran propias de las mujeres. Este precedente catuliano va a tener infinidad de seguidores en los elegíacos romanos, sobre todo, y en la poesía europea posterior, desde la Edad Media hasta nuestros días.

Además de demostrar que los poemas cultos descubren los sentimientos personales de Catulo, se ha hecho ver que tampoco los carmina minora dejan de ofrecer muchos ejemplos de erudición. Así, el c. 31, el del elogio de Sirmión, ofrece muestras eruditas surgidas en medio de solemnes evocaciones: los dos Neptunos, la distinción entre Tinia y Bitinia, la alusión rápida al origen lidio de los etruscos, etc. En medio de un poema redactado en un registro conversacional, como es el 13, surge el toque selectivo, la evocación romántica de gran efecto. Catulo invita a cenar a su amigo Fabulo entre bromas, porque él no tiene nada y Fabulo tiene que ponerlo todo: vino, sal, etc. Y de repente surge el non sine candida puella . Sorprende la adjetivación, que es la misma empleada en 68, 70, cuando describe a su domina como a una diosa –mea candida diua –. Por último, citaremos el 58b, donde Catulo pone al servicio de lo burlesco todo un alarde de erudición, el mayor tal vez que se puede citar en los poemas breves: el guardián de Creta, Ladas, Perseo, Pegaso, Reso; toda una carga erudita imitando un formulario ritual en un poema que posiblemente no tenga más fin que el humorístico.

Independientemente de la unidad de estilo de las tres partes del Liber –Catulo siempre es el mismo–, tal como acabamos de ver, conviene dejar muy claro, antes de seguir adelante, que cada una de estas partes contiene unas características singulares frente a las demás, así, «los polimétricos», desde el punto de vista de la extensión, son equivalentes a los epigramas y opuestos a los poemas de la segunda parte; desde el punto de vista de la métrica, la polimetría es común a la primera y segunda parte que, en este aspecto, se oponen a la tercera.

Los metros más usuales en la primera parte (endecasílabos y escazontes) se adaptan de una forma natural al ritmo del latín hablado. Resultan poemas dramáticos llenos de vida. Dentro de este contexto dramático, nos vamos enterando de los sentimientos de Catulo indirectamente y el amor se ofrece en estos primeros poemas más sugestivo y más emotivo que en los epigramas, donde todo resulta más analítico. Asistimos en ellos a una especie de comedia humana. Observamos alegría, claridad, entusiasmo, pero, a medida que vamos avanzando, nos hundimos en acusaciones, tormentos y desesperación.

Al abordar el estudio de los carmina longiora , nos preguntamos si el interés esencial de ellos no radica en otra cosa que en mostrarnos la actitud del poeta ante la realidad. Se ha operado en él un cambio ante la observación de la realidad. Participamos en una reflexión sobre las condiciones de éxito o fracaso en la vida afectiva. Catulo no habla directamente de Lesbia más que en el último poema, el 68, pero en los primeros, 61-67, está siempre presente su aventura con ella. El tema del matrimonio, la muerte de su hermano, los mitos, etc., nos están descubriendo sus sentimientos personales bajo un nuevo enfoque, bajo una nueva luz, y en ello radica su interés. En cuanto al recurso de los mitos, están usados con tal libertad que más que una revelación sobre la divinidad constituyen una revelación de la riqueza de los sentimientos humanos.

Los epigramas son, tal vez, su obra más original. Es la forma que elige Catulo para su poesía analítica. El dístico elegíaco le ofrece las posibilidades no sólo de un breve análisis, sino de utilizar para sus propios fines la estructura antitética. Y su originalidad radica en haber sabido aprovechar algo que en principio se ofrecía como antipoético: el análisis de ideas y sentimientos, función más propia de la prosa. En los epigramas se procede al revés que en «los polimétricos»: el autor comienza en tono desesperado y avanza a poemas más serenos. Siempre dejando constancia de que estos poemas de la tercera parte, aun los más serenos, son más tristes que los de la primera. Lesbia recibe en el primer bloque los apelativos de puella y mea puella , jamás en el tercero.

Hemos hablado ya de la originalidad de Catulo. Ahora toca hablar del legado de que dispuso para alzarse como original o revolucionario, tal como ha sido llamado en más de una ocasión.

Son doscientos años los que separan los orígenes de la literatura latina y la poesía helenística del tiempo de Catulo. Un romano culto del s. I a. C. recibe influencia griega por dos caminos: directamente, a través de su conocimiento del griego –los romanos de la Cisalpina eran prácticamente todos bilingües–, e indirectamente, a través de la literatura romana, originada a expensas de la griega. Si concretamos más y nos centramos en el movimiento literario de los neotéricos, los poetas nuevos tienen a su disposición tres tradiciones: la que forman la comedia y la sátira, con un estilo coloquial y variado; la de la épica y la tragedia, con un lenguaje emotivo, lleno de dignidad y de patetismo; y la tradición lírica, con una gran preocupación por la forma, un técnica muy elaborada y una singular variedad métrica. Imitan la literatura helenística y adoptan el lema de Calímaco, según el cual un libro extenso es un gran mal 46 .

Al acercarnos a la obra de Catulo observamos el manejo de numerosas fuentes. Empezaremos por las propias latinas: en el círculo que forman Quinto Lutacio Cátulo, Valerio Edituo y Porcio Lícino se produce una poesía breve, precedente de la neotérica, con epigramas eróticos imitados de los que existen a cientos en la Antología Palatina . Precisamente una obra de Edituo ofrece una versión del famoso poema 31 de Safo, que Catulo adaptó directamente en el c. 51. El fragmento es el de los síntomas amorosos y, por cierto, también se trata de una adaptación, no de una traducción literal. Hay que destacar las muestras de refinamiento y sus preferencias por la imitación de la poesía de Meleagro.

Dignas de resaltar son las influencias del satírico Lucilio y del poeta Levio, casi contemporáneo. Los fragmentos de los Erotopaegnia de Levio demuestran que escribía en la misma línea que los neotéricos: poesía apasionada, trabajada con técnica sobresaliente, alternancia de refinada delicadeza y de burdos chistes, temperamento polémico, etc.

Pese al odio que demuestra tener a los discípulos de Ennio en su época 47 , no por ello Catulo se libra de la influencia del maestro. Así, el comienzo del poema 64 es una mezcla de la Medea de Eurípides y de la Medea exul de Ennio.

La poesía popular latina (diffamationes, fescennina iocatio, flagitationes, certationes , inscripciones de los «graffiti») tiene entrada abundantemente en su poesía. El poema 67, por ejemplo, es una diffamatio; los 21, 40 y 43 llevan la huella de las flagitationes; el 59 parece copiado de uno de los «graffiti» pompeyanos; el 67 también tiene de certatio , etc.

Las fuentes griegas del veronés son muy variadas: de un lado, Homero, Arquíloco, Hiponacte, Safo y Eurípides; y del otro, Antología , Calímaco, Apolonio y Teócrito.

En sus imitaciones de Homero se observa que, como después hará Virgilio, no se sirve del poeta griego como fuente única, sino que combina los préstamos homéricos con los de otros autores clásicos, Eurípides, por ejemplo, o bien hace fundir dos préstamos homéricos en una sola imagen. Podríamos multiplicar los ejemplos, pero nos bastará uno solo: así, el poema 60, que es la queja del poeta ante el comportamiento de la amada o de un amigo, reproducida después en los lamentos de Ariadna en tono más elevado (64, 154-157), imita en su comienzo el v. 1342 de la Medea de Eurípides. A su vez, los dos son reminiscencias de las quejas de Patroclo a Aquiles por su insensibilidad (Ilíada XVI 33-35).

En cuanto a la utilización de Arquíloco como fuente directa, se observa que muchas injurias y virulencias agresivas catulianas están calcadas de los insultos de Arquíloco a Neobula y Pasifila, «la amiga de todos». Lo mismo ocurre con Hiponacte, cuyas groserías tabernarias y de burdel se han querido comparar con las de Catulo, pero señalando afinidades y coincidencias mejor que imitaciones directas. Sin embargo, las de Safo son unas veces directas, como es el caso del poema 51, e indirectas: la melancolía de la de Lesbos, su asociación de los estados anímicos con los de la naturaleza, el entusiasmo por la pureza y la inocencia juveniles son siempre afines. Hay metáforas de Catulo traducidas de Safo: mellitos oculos (48, 1)… óppata… mellíchia (fr. 112), etc.

No puede sorprendernos que a la hora de imitar a los trágicos griegos, Catulo prefiera a Eurípides, porque no hace otra cosa que seguir el gusto de los poetas helenísticos. Las orgías de las galas en el poema de Atis (63, 21-34) son un recuerdo de las de Bacantes de Eurípides (20-64), de igual modo que los lamentos de Ariadna (64, 180-183) recuerdan a Medea (502-505).

Al pasar al estudio de las fuentes helenísticas lo primero que descubrimos es el influjo de los autores de la Antología Palatina , sobre todo de sus epigramatistas. Se ha repetido hasta la saciedad la influencia de Calímaco, al que en varias ocasiones cita y traduce en La Cabellera de Berenice (66). Gracias a los descubrimientos papirológicos de nuevos fragmentos podemos darnos cuenta de que no traduce, sino que recrea. Concretamente, los versos 79-80, donde el veronés maldice a las adúlteras, son creación personal de nuestro poeta. La imitación griega no la concibieron los poetas latinos como un plagio, sino como una emulación. Por otra parte, pese a la admiración que Catulo siente por Calímaco, son espíritus opuestos; nada hay en el poeta latino de la frialdad e insensibilidad del «Batíada». Había aprendido mucho de él: la condensación, la extraordinaria aplicación al trabajo de los versos, el esfuerzo estudioso, el manejo de la ironía y de la ambigüedad en el momento oportuno; y, sin embargo, su sensibilidad, su sentimiento de la naturaleza, su angustia ante la brevedad de la vida humana lo hacen alma gemela de Apolonio, de Teócrito y de los demás bucólicos griegos. Las asociaciones de imágenes, los símiles comparativos, las transiciones simuladas son de Apolonio; la precisión plástica y el patetismo sentimental son de Teócrito.

La lengua y el estilo de Catulo están naturalmente muy influidos por el alejandrinismo. El uso y abuso de la concinnitas o simetría procede de una influencia triple: la directa de la poesía helenística, la de los poetas latinos que delatan influencia griega, como Ennio y Lucilio, y la de los antiguos carmina itálicos. Así sucede con la anáfora evocativa y deíctica, la epanalepsis, los hexámetros espondaicos empleados consecutivamente. Como contraste, la variatio o poikilía . Con ello juega buscando uno de los mayores éxitos del estilo helenístico: el efecto sorpresa en los finales.

Como muestra de su inquietud creadora, incorpora a la alta poesía uno de los mayores recursos expresivos de la lengua hablada: el uso de los diminutivos, que tanto éxito tendrá entre los poetas augústeos. Estos diminutivos pueden ser hipocorísticos o despreciativos. En la segunda parte del Liber , una prueba más de la unidad de la obra catuliana, son abundantísimos los diminutivos, muy apropiados para el lenguaje amoroso y destacables en el episodio de Ariadna y Teseo. Los grecismos son también muy frecuentes. Hace de ellos un uso mayor que el de los prosistas de su tiempo. En cuanto a los arcaísmos, los hay directos, por su empleo instintivo, propios del sermo uulgaris , sobre todo en los carmina minora , y los hay indirectos, palabras arcaicas tomadas de la tradición épico-trágica, y de un uso mayor en los poemas extensos. El extraordinario empleo de la interrogación retórica ha sido muy bien estudiado por J. Granarolo 48 , que lo justifica por medio de dos causas distintas: la formación retórica de Catulo y su gusto por lo hiperbólico, tanto en la expresión de la alegría como en la de la queja. En los epigramas decrece el uso de las interrogaciones porque decrece la tensión afectiva. Aunque los abundantes hápax en su obra no deben considerarse todos como neologismos de Catulo, no cabe duda de que algunos muy expresivos son creación suya; así, abstractos como argutatio los creó Catulo, sin duda, según el modelo de inambulatio . En el orden de las palabras también se muestra inédito y magistral; por ejemplo, podemos observar que en el poema 64 se repite la estructura siguiente 49 : un verso está encerrado entre un adjetivo y su nombre (indomitos… furores , 54); además, la construcción de dos adjetivos y sus dos nombres (caerula uerrentes // abiegnis aequora palmis , 7).

A la hora de hacer una recapitulación final, debemos resaltar que la obra de Catulo es hija de una inspiración fértil, fruto, por una parte, de haber vivido su vida al máximo, siempre balanceándose entre dos extremos, amor y odio; y, por otro lado, del esfuerzo que supone la aplicación rigurosa de una técnica heredada de quienes él libremente ha elegido como sus maestros, pero siempre con un deseo vehemente de emular y superar a sus modelos. Ha vivido una época de máxima libertad y ha sabido aprovecharla descubriendo al paso un amor total que su tiempo no había conocido.

Por otra parte, es muy posible que el momento histórico que le tocó vivir no comprendiese la moral de su estética, y es eso lo que lo hace tan atractivo a finales del s. XX . Sus ediciones se multiplican en nuestros días y no es ajeno a este fenómeno el haberse sabido librar del barroquismo alejandrino, de las largas digresiones históricas, geográficas, míticas y culturales que tan difícil hacen hoy la lectura de tantos poetas clásicos griegos y latinos.

4. Breves notas para un «Catulo en España»

M. Menéndez Pelayo estudia las traducciones e imitaciones de Catulo en las págs. 8-100 del segundo tomo de su Bibliografía Hispano Latina Clásica y, recientemente, en 1989, J. L. Arcaz Pozo ha publicado un artículo, «Catulo en la literatura española», en el núm. 122 de Cuadernos de Filología Clásica , en el que, con acierto, se ocupa de la influencia de Catulo en España. Las carencias que las obras de E. R. Curtius, Literatura Europea y Edad Media Latina , y de G. Highet, La tradición clásica , ofrecen en el campo de las influencias clásicas griegas y latinas en la literatura española, y que Rosa Lida, con su artículo «La tradición clásica en España», pretendió corregir, estaban, en lo que a Catulo respecta, sin subsanar todavía.

J. L. Arcaz centra el problema de la influencia de Catulo en España con estas palabras: «No es demasiado profusa, debido ello, en gran parte, al propio carácter intimista de la poesía de Catulo y poco acorde con las buenas costumbres». Sentado esto, el que la obra de Catulo no tiene dentro de la literatura española el arraigo de autores como Virgilio y Horacio, hay que enfatizar, sin embargo, la brillantez de las recreaciones que nuestros autores hacen de los poemas del poeta latino, y la sorpresa surge cuando comprobamos que la influencia no se interrumpe a lo largo de los siglos, ni aun en el XIX , y alcanza un gran esplendor en nuestros días, sin duda, bajo el magisterio de nuestros humanistas de postguerra. Poetas brillantes y de una obra en constante renovación como Valverde y Colinas parafrasean en sus versos al mejor Catulo. Poetas, licenciados en Clásicas, lo traducen en verso o lo recrean en novela, y alguno de ellos, como Aníbal Núñez, consigue un hito en la traducción de Catulo en español, sin que se le pueda objetar otra cosa que el haber limitado su traducción a cincuenta poemas.

Vamos a hacer un recorrido a lo largo de la literatura española con la intención de hacer ver los logros que en la asimilación del espíritu catuliano han tenido nuestros autores.

La primera cita, según M. Pelayo, es la de Enrique de Villena en su Tratado de la consolación , en la que no merece la pena detenerse. Sólo dejar constancia del temprano resurgir de nuestro poeta en el medioevo español.

En nuestro Siglo de Oro los focos de atención dentro del Liber lo constituyen aquellos poemas que la tradición ha considerado como los mejores; así, los poemas 2 y 3 atraen a Rodrigo Caro (s. XVII ), del que escojo estos ejemplos: «de mi niña el pajarillo / que era toda su alegría…»; «llorad, Venus y Cupidos: / el pájaro de mi niña / se murió: más que a sus ojos / ella lo amaba o quería».

Del 4 tenemos la que es, para mí, la mejor recreación de Catulo en español y se debe a F. de Rioja (s. XVII). Es el soneto: «éste que ves, oh huésped, vasto pino…». Como es natural sigue sólo en parte su contenido, pero es un hermosísimo soneto que recoge por entero el encanto del poema latino. Basta leer los dos últimos tercetos: «Vientos, agua sufrió, llegó al aurora, / veloz nave, rompió luengos caminos, / y a su patria volvió soberbia y rica; / mas no firme a sufrir del mar ahora / los ímpetus, por voto a los marinos / dioses Cástor y Pólux se dedica».

El famoso poema de los besos, el 5, tiene dos destacados seguidores: Cristóbal de Castillejo (s. XVI) y F. de Quevedo (s. XVII). El poema de Castillejo titulado «A una dama llamada Ana» recrea no sólo el 5, sino el 51 y el 85. El de Quevedo es una traducción: «Vivamos, Lesbia, y amemos / y no estimemos en nada / los envidiosos rumores / de los viejos que nos cansan; / pueden nacer y morir / los soles: mas si la escasa / luz nuestra muere, jamás / vuelve a arder en viva llama…».

Quevedo traduce también el segundo poema de los besos, el 7: «Preguntas con cuántos besos / tuyos me contento, Lesbia?…».

Resulta lógico que el poema 64 haya atraído el mayor número de traductores e imitadores. De los del Siglo de Oro voy a ocuparme de Fr. Luis de León con una modesta aportación, por mi parte, al estudio de Catulo en España. Me había interesado la Oda a Santiago en sus estrofas 51-55, 56-60. En un contexto bíblico religioso veía un cuadrito pagano, muy «naïf»: las nereidas se turban al ver la navecilla que lleva el cuerpo del Apóstol a España, y pronto se disponen a ayudar, más a cuatro manos que a dos.

«Por los tendidos mares / la rica navecilla va cortando; / nereidas a millares / del agua el pecho alzando, / turbadas entre sí la van mirando; / y dellas hubo alguna / que, con las manos de la nave asida, / la aguija con la una / y con la otra tendida / a las demás que lleguen las convida».

Esto está tomado de Catulo, 64, 14-18, y de Virgilio, En . X 220-226. Como sus maestros, Fr. Luis no emplea una sola fuente en sus imitaciones. Dedica a Catulo la primera estrofa y a Virgilio la segunda, sin dejar de estar presentes en las dos ambos modelos. No en balde la escena de Virgilio también debe bastante a Catulo. Así, «Nereidas a millares del agua el pecho alzando, turbadas entre sí la van mirando…» es imitación de los versos de Catulo, 15 y 18: monstrum Nereides mirantes … y nutricum tenus extantes e gurgite cano … Por su parte, Virgilio nos cuenta que la diosa Cibeles ha convertido a las naves cercadas de Eneas en ninfas del mar; éstas se encuentran con la nave capitana, pilotada por el propio héroe; Cimodocea, la ninfa más elocuente, habla a Eneas, cogiéndose con la mano derecha a la popa, mientras que con la izquierda va ayudando a remar. Es evidente que la estrofa de la Oda de Fr. Luis, 56-60, es imitación de los versos 225-227 de Eneida X: quarum quae… Cymodocea / pone sequens, dextra puppim tenet, ipsaque dorso / eminet ac laeua tacitis subremigat undis .

El soneto de Juan de Arguijo, Ariadna dejada de Teseo , imitación de 64, 165-171, puede servir como última representación de las imitaciones de Catulo en el s. XVII . Como muestra de su valor cito el último terceto: «Tal se queja Ariadna en importuno / lamento al cielo; i entretanto lleva / el mar su llanto, el viento su deseo».

El s. XVIII , más ilustrado, logra en los traductores e imitadores de Catulo, con frecuencia, mayor precisión, pero, siempre, menos «gracia». Hay que destacar a J. Cadalso, hábil traductor del c. 3. El poeta neoclásico Quintana cuenta con un curioso monólogo titulado Ariadna , inspirado en el poema 64 de Catulo. También merecen citarse como catulianos a Nicolás Fdez. de Moratín y a Meléndez Valdés.

En el s. XIX abundan los traductores y un recreador excepcional, Juan Valera, que en estrofas sáficas canta la muerte del pajarillo de Lesbia (c. 3):

Llorad, oh Gracias, y plegad las alas ,

dulces Amores de dolor transidos ,

el avecilla de mi blanda Lesbia

lánguida expira …

Benjamín Jarnés inaugura la abundante cosecha de catulianos que aporta el s. XX . Los poetas acuden a buscar su inspiración al Liber de Catulo, pero no a sus poemas más manejados por la tradición, sino a los que alientan modernidad. Así, A. Colinas recrea el c. 31 en su obra Sepulcro en Tarquinia , del que escogemos la siguiente estrofa:

Sirmio, Sirmio de entonces, la dilecta

entre las islas bellas de aquel lago ,

cuando la flor llegaba a los almendros

tú, Catulo, poeta de Verona ,

viajabas a Asia, Sirmio, Sirmio ,

llena de labios rojos y de cráteras …

La recreación de J. A. Valente del poema 85 de Catulo en su Odio y amo es el mejor broche de oro con el que vamos a cerrar este resumen de los mejores catulianos de la literatura española. Sólo escogemos una estrofa:

Odio cuanto levanta al aire

una frente o un pétalo .

Cuanto he besado, cuanto

he querido besar y ha sido

materia o voz de mi deseo. Odio

y amo. (Amo

con demasiado amor) .

5. La transmisión del texto

El actual texto de Catulo tiene su origen en unos ciento diez manuscritos y en las más antiguas ediciones impresas. Todos ellos derivan más o menos directamente del códice llamado Veronensis (V), hoy perdido 50 ; quizá es el mismo que el obispo de Verona, Raterio, tuvo en sus manos por el año 965 51 .

Entre nuestras fuentes está también el Thuaneus (T), manuscrito del s. IX llamado así por su dueño, J. A. de Thou. Este Thuaneus no contiene más que el poema 62 y forma parte de una antología poética. Su interés radica en que, a diferencia de la tradición V, que no tiene el v. 14, éste ofrece el verso completo nec mirum, penitus quae tota mente laborant , además de una buena lectura de los versos 7, 9, 12, 17, etc.

Todos los editores dan una gran importancia a dos códices: el Sangermanensis (G) que perteneció a la abadía de Saint-Germain-des-Prés, escrito en Verona o en sus proximidades y fechado el 19 de octubre de 1375. El copista pide disculpas por las faltas achacables a la escasa calidad de su modelo y a no haber tenido otro para contrastar; y el Oxoniensis (O), conservado en Oxford, que también data del s. XIV y es originario, como el Sangermanensis del norte de Italia. El copista, más ignorante que el del G, es más fiel al original.

Al mismo siglo que G y O, o quizá un poco más tardío, corresponde el Vaticanus Ottobonianus o Romanus (R), perteneciente a la Biblioteca del Vaticano. Durante muchos años lo poseyó el florentino Coluccio Salutati, que murió en el 1406.

Se piensa actualmente que G y R descienden de una copia de V, X, hoy también desaparecida. De una segunda copia habría salido O.

H. Bardon 52 resalta la importancia de un manuscrito de Berlín, el Berolinensis Datanus (D), fechado en 1463. Según él, ofrece numerosas lecciones distintas de las familias O y X (= G más R), creyendo probar así un arquetipo distinto de V.

El centenar de codices recentiores de los siglos XV y XVI , agrupados bajo la denominación de Itali , apenas ofrece interés para la historia de la transmisión del texto de Catulo. Así, tenemos M = Marcianus Venetus Latinus , de la Biblioteca de S. Marcos de Venecia, y A = Ambrosianus , de Milán; los dos del s. XV .

En la edición de M. Dolç 53 se tiene en cuenta por primera vez el contenido de dos manuscritos deteriores de la Biblioteca de El Escorial. Los dos forman parte de un códice que comprende, además del Liber de Catulo, las elegías de Tibulo y Propercio. El primero lo designa X y el segundo Z . Los dos son de principio del s. XVI . El texto de X enlaza con el de G y el de Z , más defectuoso, enlaza con D, O y M.

NUESTRO TRABAJO

El Arte de Amar , el Satiricón , el Asno de Oro y los Poemas de Catulo son las obras latinas que gozan en estos momentos del favor de los lectores españoles. Esta preferencia se comprende, en parte, por los muchos años de censura padecidos hasta el 75.

El traductor, a la hora de abordar el Catullus lasciuus , se encuentra con que la edición de Lenchantin, siempre que alude a lo sexual en sus notas, lo hace en latín, Fordyce publica en 1961, en Inglaterra, una edición censurada. Petit y Dolç suavizan en sus traducciones determinados textos en la tradición de G. Lafaye, etc.

Aún más: las duras palabras del prof. Dolç en su edición: «La propia dignidad impone ciertos límites», así como el respeto que su magisterio me merece, estuvieron a punto de dar al traste con esta traducción. Porque una cosa tenía clara: a Catulo hay que traducirlo con toda su crudeza, sin duda como él hubiera querido, o no traducirlo.

C. J. Cela aborda en su Diccionario Secreto , Madrid, 1989 (1974), págs. 1-38, el problema de la pudibundez enarbolando el magisterio de Dámaso Alonso, cuyas palabras cita como lema de su libro: «… (hay que) tratar abiertamente esta cuestión y sin remilgos… Imaginad qué pasaría en medicina si los médicos negaran atención a muchas inmundicias (físicas y morales) que tienen que considerar». Cela sostiene que el supuesto lenguaje moral es ajeno a la expresión científica, literaria y coloquial, y continúa llamando la atención de que «la pudibundez española es un fenómeno tan reciente como disímil de nuestra originaria idiosincrasia».

Ante esto he seguido sus enseñanzas y he procurado sumergirme en Quevedo para acabar de quitarme los escrúpulos.

Podemos hablar de selva bibliográfica a la hora de referirnos a la bibliografía de nuestros clásicos en la actualidad. En esta ocasión creo que tuve los mejores guías: Kligner, Granarolo, Della Corte, Quinn, Ferguson, Wiseman, Ramírez de Verger, etc.

A los compañeros y amigos que me han ayudado con la aportación de libros y artículos y con la paciente lectura y corrección de mis escritos, gracias una vez más. Es de justicia destacar en esta ocasión a los profesores Salvador Núñez, Leonor Pérez, Rafael Rodríguez y Salvador Villegas.

Granada, marzo de 1992.

NOTA TEXTUAL

VARIANTES DE NUESTRO TEXTO EN RELACIÓN CON EL DE LA «BIBLIOTECA OXONIENSIS »




1 Medea Palatina en Pro Cael ., 18. Boôpis en Ep. Att . II 9, 1, y quadrantaria en Pro Cael . 62. Celio Rufo, ex amante de Clodia y defendido por Cicerón, le dedica el apelativo de Clitemnestra quadrantaria , recogido por QUINTILIANO , VIII 6, 53. Así, se hace eco del rumor de que había matado a su esposo Metelo. Quien quiera ver el mucho interés que el orador demuestra por la amante de Catulo puede leer, además de las citas anteriores, las siguientes: Pro Cael . 13, 15, 16, 20, 22, 23, 26, 29, 32, 36, 38, 78; Ep. Att . II 12, 2; 14, 1; Pro. Ses . 16, 39; Dom . 92; Ep. Fam . I 9, 15; Quin . I 3, 2.

2 Las palabras de S. Jerónimo en su Chronica (ed. HELM 150, 24; 154, 22), concretamente en ad Abr. ann. 1930, hoc est 667 ab V. cond. / 87 a. Chr. n ., son las siguientes: Gaius Valerius Catullus, scriptor lyricus, Veronae nascitur . Poco después, ad Abr. ann. 1959 (1960), hoc est 696 (697) ab V. cond. / 58 (57) a. Chr. n ., escribe: Catullus XXX aetatis anno Romae moritur . (Los números que aparecen entre paréntesis en el segundo párrafo obedecen a vacilaciones en los manuscritos de S. Jerónimo.)

3 Ya A. L. WHEELER , en Catullus and the tradition of ancient poetry , Berkeley y Los Ángeles, 1964, págs. 87-90, defiende con acierto esta hipótesis que, después, vemos repetida en autores posteriores. J. GRANAROLO , Catulle, ce vivant , París, 1982, págs. 17-49, resucita una propuesta de R. Schmidt de 1914 y traslada las fechas de nacimiento y muerte al 82-52, tomando como base de su argumentación las palabras de C. NEPOTE , Ático 12, 4: post Lucreti Catullique mortem . Los dos poetas, según él, morirían el mismo año.

4 Al ser cónsul Cinna en el 87 y en el 84 por cuarta vez, uno de los dos autores debió leer erróneamente consule Cinna IV por consule Cinna .

5 Además del testimonio de S. Jerónimo citado en la n. 2, tenemos el de OVIDIO , Amores III 15, 7-8:

Mantua Vergillio gaudet, Verona Catullo;

Paelignae dicar gloria gentis ego;

y el de MARCIAL , en I 61, 1-2; y XIV 195.

6 El códice G (Sangermanensis) , p. e., dice: Catulli Veronensis Liber incipit ; y el códice O (Oxoniensis): Catullus Veronensis poeta .

7 Cf. Hist. Natur . XXXVII, 81.

8 Cf. c. 31 y c. 44.

9 Cf. SUETONIO , Julio 74.

10 Es probable que tuviese residencia en Roma en el 66/65 a. C., a los veinte años de edad, a tiempo de arremeter contra Cominio en el c. 108, personaje que se había prestado a una maniobra de los aristócratas contra el tribuno de la plebe Cornelio.

11 Cisalpina = Cispadana más Transpadana.

12 Cf. CIC ., Pro. Cael . 28, 29 y 30.

13 Cf. c. 65, c. 68 y c. 101.

14 Cf. c. 10 y c. 28.

15 Cf. c. 10, 9-13; c. 28.

16 En Apología 10, dice: eadem igitur opera accusent C. Catullum quod Lesbiam pro Clodia nominarit …

17 Cf. L. SCHWABE , Quaestiones Catullianae , Giessen, 1862.

18 CICERÓN , en Att . I 18, dice textualmente de Metelo: «non homo, sed litus atque aer et solitudo mera» . Como era frecuente en él, hablaba bien de Metelo en público, pero mal en privado.

19 Partiendo de autores que están de acuerdo en fijar las fechas de nacimiento y muerte de Catulo en 84-54, hay una vacilación a la hora de fijar la diferencia de edad entre Clodia y Catulo. Yo sigo a P. GRIMAL , en L’amour à Rome , París, 1988, pág. 168. A. ROSTAGNI , Letteratura Latina , I, Turín, 1959, pág. 361, habla de una decena de años, y A. L. WHEELER , Catullus …, pág. 89, entre diez y once años.

20 La alusión al pactus puede verse entre otros en los siguientes poemas: 76, 3; 87, 3, y 109, 1-6.

21 J. GRANAROLO , en L’Oeuvre de Catulle , París, 1967, págs. 52-108, dedica un capítulo de su obra al estudio de la religiosidad del poeta y lo titula: Les constantes de la foi dans une âme inquiète . Sin necesidad de aceptar al pie de la letra lo que allí se dice, está claro que el poema 76, escrito sin duda a las puertas de la muerte, respira fe y pureza en sus creencias.

22 Cf. The nature of Roman poetry , Oxford, 1970, págs. 115-119.

23 La bibliografía sobre este tema es muy abundante, pero sólo quiero resaltar dos autores: K. QUINN y T. P. WISEMANN . El primero en su obra Catullus. An interpretation , Londres, 1972, págs. 242-256. El segundo en Catullus and his world Cambridge, 1985, págs. 10-15. De la bibliografía española queremos citar el artículo de C. ESPEJO MURIEL y F. SALVADOR VENTURA , «Veronae amantes: Catullus et Juventius», en Actas 1er Congreso Peninsular de Ha Antigua , Santiago de Compostela, 1988, págs. 61-78, cuyo contenido encierra una interpretación totalmente distinta a la nuestra con respecto a las relaciones Catulo-Juvencio. Sin embargo, los autores manejan una buena bibliografía que sostiene y divulga las mismas ideas de los dos autores en lengua inglesa destacados por mí. TÁCITO , Anales XI 2, al hablar de un personaje llamado Asiático, que es acusado de afeminado, cuenta que el reo no pudo contenerse ante esta acusación de parte de Suilio, favorito de Claudio, y le gritó: «pregunta a tus hijos, Suilio; ellos confesarán que soy un hombre». Cito por la traducción de J. L. MORALEJO , en C. TÁCITO , Anales , XI-XVI, Madrid, 1980, pág. 12, núm. 30 de esta colección. Moralejo dice en la n. 8: «el sarcasmo de Asiático parece comprenderse mejor si se admite con Koestermann que uno de los hijos de Suilio era el Cesonino citado en XI 36, 4, que habría desempeñado papel de mujer en las orgías de Mesalina y su círculo».

24 Ejemplo típico es el c. 57 contra César y Mamurra. Así como el 29.

25 Cornificio fue cesariano y Tícida fue víctima de los pompeyanos. Bibáculo, primero anticesariano, consagró después una epopeya a la guerra de las Galias. (Cf. M. DOLÇ , Retorno a la Roma clasica , Madrid, 1972, págs. 86-87.)

26 En SUETONIO , Julio 73, encontramos lo siguiente: V. Catullum a quo sibi uersiculis de Mamurra perpetua stigmata imposita non dissimilauerat, satis facientem eadem die adhibuit cenae hospitioque patris eius, sicut consuerat, uti perseuerauit .

27 Cf. G. B. PIGHI , Il libro di Gaio Valerio Catullo e i frammenti dei «poeti nuovi» , Turín, 1974, pág. 80. Se trata de una pintura parietal descubierta por el prof. Mirabella Roberti en 1963, precisamente en la parte más antigua de la uilla de Sirmión, que perteneció a Catulo. En la edición de Enzo Mandruzzato, citada en 5. Bibliografía , se ofrece entre sus ilustraciones esta pintura mural como presunto retrato de Catulo.

28 C. RAMBAUX , Trois analyses de l’amour , París, 1985, págs. 11-17, partiendo de que Catulo es el editor del Liber , sostiene que la división de los tres libros en 1-60, 61-68, 69-116, es consciente y de Catulo. Afirma que los poemas breves 1-60 están escritos en su mayoría en endecasílabos faléceos y los 69-116, todos en dísticos elegíacos para encerrar los poemas largos 61-68. La transición formal de una parte a otra está asegurada por el hecho de que los cuatro primeros poemas largos 61-64, están escritos en metros variados como los de la primera parte, sin que ninguno esté escrito en dísticos elegíacos, mientras que los cuatro siguientes, 65-68, están en este metro como los de la tercera parte. Está claro que corresponde a K. Quinn la originalidad de esta teoría, como el mismo Rambaux reconoce en n. 29 (cf. K. QUINN , Catullus …, págs. 15 y 257-258). La larga cita se justifica porque escrito este libro simultáneamente al de Wiseman, vemos cómo la filología en lengua romance se muestra más conservadora y apoya la tradición con el peso de los argumentos de un escritor en lengua inglesa. Para Wiseman y otros la división queda así: I 1-60, II 61-64, III 65-116, de modo que en el último volumen queden todos los dísticos y el reparto de versos de los tres volúmenes sea más equilibrado.

29 Cf. A. L. WHEELER , Catullus …, págs. 14-32.

30 Cf. MARCIAL , IV 14:

Sic forsan tener ausus est Catullus

magno mittere «passerem» Maroni.


31 Cf. J. VAHLEN , «Beiträge zur Berichtigung der römischen Elegiker, I: Catullus», en Sitzungsberichte der Preussischen Akademie der Wissenschaften , 1904, págs. 1067-78, y U. VON WILAMOWITZ -MÖLLENDORF , Sapho und Simonides , Berlín, 1913, pág. 292.

32 Cf. E. BAEHRENS , Catulli Veronensis Liber , II, Leipzig, 1885, págs. 57-61. Para él la dedicatoria atañe a un solo libro.

33 En MARCIAL , XIV 2, vemos que la palabra libellus tiene el sentido de antología o florilegio.

34 Cf. K. QUINN , Catullus …, págs. 14-17.

35 Cf. Catullus and his …, págs. 265-66.

36 Ibid ., págs. 147-57.

37 No conocemos directamente el artículo de OTTO SKUTSCH , «Metrical variations and some textual problems in Catullus» , citado y comentado en la pág. 93 del tan repetido libro de J. GRANAROLO , Catulle, ce vivant .

38 Cf. el capítulo III, págs. 63-68 de la obra Catulle, ce vivant .

39 Catullus. An interpretation , Nueva York, 1973.

40 Cf. Catullus …, págs. 49-52.

41 Calificado de doctus aparece en MARCIAL , I 61, 1-2; VII 99, 5-9; VIII 73, 5-10; XIV 100; en OVIDIO , Amores III 9, 62; TIBULO , III 6, 39-42. De lasciuus en PROP ., II 34, 87-8; OVID ., Tris . II 427-30. De argutus en MARC ., VI 34, 7-8. De lepidus en MARC ., XII 44, 5-6. De tener en MARC ., IV 14, 11-14. De facundus en MARC ., V 30, 1-4. De urbanus en JUV ., XIII 110.

42 K. QUINN , The Calullan Revolution , Cambridge, 1969 (1959), pág. 30, ofrece el testimonio de W. Kroll que en 1921 habla todavía del Catulo alejandrino y de «criatura primitiva de la naturaleza».

43 Cf. «Catull», en Römische Geisteswelt , Munich, 1956, pág. 211.

44 Cf. c. 64, 50-266. El famoso lamento de Ariadna comprende los versos 132-201, cuya primera parte, la de los versos 132-63, es una indignatio . Parte de su contenido es una repetición del poema 60, en el que reprocha el abandono de Lesbia o de un amigo.

45 Cf. Römische Geisteswelt …, págs. 200-220. En la obra que Fr. Klingner dedicó después a Virgilio repite estas ideas a propósito de su estudio del episodio de Dido en la Eneida (cf. Virgil, Bucolica, Georgica, Aeneis , Zúrich, 1967, págs. 464 y sigs.). R. Adrados, al hablar de la poesía de Arquíloco, concretamente de sus epodos, nos asegura que en ellos se encuentran los más antiguos versos de amor de la literatura griega. Es el propio poeta el que, al recordar a Neobula, describe un padecimiento de síntomas amorosos, precursores de los de Catulo y, en consecuencia, esta afirmación está en contra de nuestra teoría, tomada del filólogo alemán. Como el profesor español habla también de su tarea de reconstrucción de los epodos arquiloqueos, iniciada por F. Laserre, razones de prudencia nos hacen postergar la ocasión de dar al traste con la doctrina aceptada comúnmente. (Cf. «Lírica Griega», en Historia de la Literatura Griega , Madrid, 1988, págs. 129-30.)

46 Calímaco había dicho en el Epigrama XXVII: «odio el poema cíclico», en alusión a los poetas discípulos de Homero, quizá refiriéndose a la obra de Apolonio de Rodas. En el prólogo de los Aitía contra los Telquines dice: «tronar no es mi oficio, que es de Zeus». Mis citas de Calímaco se encuentran en el fr. 465 de la edición de Pfeiffer, que K. Quinn interpreta en Catullus …, pág. 11, como alusión al difícil manejo de los rollos, en contra de la interpretación tradicional que es a la que yo aludo (para la traducción de las citas anteriores de Calímaco me sirvo de las de L. A. DE CUENCA y M. BRIOSO , Calímaco , Madrid, 1980, núm. 33 de esta colec.).

47 Catulo, siguiendo a su maestro Calímaco, que como acabamos de ver odia a los discípulos de Homero, rechaza y se burla de los discípulos de Ennio como Volusio, cuyos Anales satiriza en el poema 36. En el 95, opone el destino de la Esmirna , epilio como la Hécale de Calímaco, al de los Anales de Volusio.

48 J. GRANAROLO , L’oeuvre de Catulle … págs. 310-369.

49 C. J. FORDYCE , Catullus. A commentary , Oxford, 1973 (1961), págs. 272-76.

50 Señala K. Quinn que editores modernos atribuyen a V muchas de las lecturas que corresponden a O, G y R, en testimonio combinado cuando nadie en unos 650 años ha visto V (cf. Catullus …, pág. 3). Está claro que yo también caigo en este defecto, al seguir a Mynors.

51 M. DOLÇ , G. V. Catulo. Poesías , Barcelona, 1963, pág. XLV.

52 Cf. Catullus. Carmina , Stuttgart, 1973, págs. XI-XIV.

53 Cf. G. V. Catulo …, págs. LII-LIII.

BIBLIOGRAFÍA
A) EDICIONES

R. A. B. Mynors 1 , cuya edición de Catulo en la Bibliotheca Oxoniensis es nuestro texto básico, asegura que la primera edición tipográfica de nuestro poeta es la de Venecia de 1472. Desde ella hasta la de G. P. Goold (1983), recibida por la crítica con gran alborozo, generaciones enteras de filólogos han rendido sus esfuerzos por llegar a una restitución del texto catuliano lo más perfecta posible. En la edición de Mynors, considerada conservadora, se han llegado a contar hasta 814 enmiendas muy valiosas, basadas en la labor filológica emprendida en las consecutivas ediciones desde las del Renacimiento. Así, del s. XVI destacamos la primera edición Aldina de 1502, con notas y enmiendas de Auantius y, sobre todo, las de Aquiles Estacio y Escalígero (Venecia, 1566, y París, 1577), cuyas notas son útiles todavía. A partir de esta última, los editores no recurren a los manuscritos, sino a las ediciones tipográficas anteriores, por lo que no merece la pena detenerse hasta las del s. XIX , que ya proceden con criterios modernos. En primer lugar, destacamos las de K. Lachmann (Berlín, 1829, 1861, 1874), L. Schwabe (Berlín, 1866), R. Ellis (Oxford, 1878, 1904, 1911), E. Baehrens (Leipzig, 1876, con comentario latino). Mejoró esta edición K. P. Schulze en 1893.

Enumeramos ahora aquellas ediciones que hemos manejado y que además nos han sido útiles para el estudio de variantes respecto al texto de la edición de Mynors. En otras hemos encontrado notas y comentarios valiosos para nuestra traducción y nuestros estudios.

C. PASCAL , Q. Valerii Catulli Carmina , Turín, 1916.

W. KROLL , C. Valerius Catullus: poemata , Berlín, 1980 (1923), con muy buenos comentarios.

G. LAFAYE , Catulle: poésies , París, 1984 (1923) con introducción y traducción, de mucha influencia en España.

M. LENCHANTIN DE GUBERNATIS , Il libro di Catullo Veronese , Turín, 1945 (1928), edición muy interesante aún hoy por sus notas.

J. PETIT y J. VERGÉS , G. Valeri Catul: Poesies , Barcelona, 1928.

J. PETIT , Catulo. Poesías , Barcelona, 1950. (Traducción española con un éxito extraordinario de venta. Se han hecho numerosas ediciones en distintas editoriales. La última, que yo conozca, en Planeta [1990] con una introducción de P. Quetglas, breve, pero muy interesante.)

R. A. B. MYNORS , C. Valerii Catulli Carmina , Oxford, 1989 (1958).

C. J. FORDYCE , Catullus , Londres, 1973 (1961). Se trata de una selección de los poemas del Catullus non lasciuus .

M. DOLÇ , G. Valerio Catulo. Poesías , Barcelona, 1963. Con introducción y traducción españolas. La más popular, sin duda, en ambientes universitarios.

K. QUINN , Catullus. The Poems , Londres, 1990 (1970). Con breve introducción y comentarios concisos y acertados.

H. BARDON , Catullus. Carmina , Stuttgart, 1973.

F. DELLA CORTE , Catullo. Le Poesie , Milán, 1990 (1977). Edición de gran interés, sobre todo por su exhaustividad en el manejo bibliográfico. Sus notas van precedidas de una enumeración completísima de los articulos publicados en todas las lenguas.

G. P. GOOLD , Catullus , Londres, 1983. Con introducción y traducción en lengua inglesa. El editor mismo considera que su texto es más auténtico que el de todas las ediciones precedentes.

W. EISENHUT , Catulli Veronensis liber , Leipzig, 1983.

B) TRADUCCIONES 2

F. W. CORNISH , Catullus , Londres, 1988 (1913). Edición bilingüe acompañada de las de Tibulo y Pervigilium Veneris .

J. LINDSAY , The complete Poetry of Gaius Catullus , Londres, 1929.

V. CIAFFI , Catullo e i poeti novi , Turín, 1951.

V. J. HERRERO LLORENTE , Catulo. Poesías , Madrid, 1967. Da entrada por primera vez en español al «Catulo lascivo».

J. TORRENS BÉJAR , Catulo y Tibulo , Barcelona, 1969.

H. BARDON , Catulli Carmina , Bruselas, 1970.

R. HELM , Catull , Berlín, 1971.

J. I. CIRUELO y J. JUAN , Catul. Poemes , Barcelona, 1982.

E. MANDRUZZATO , G. Valerio Catullo. I canti , Milán, 1986 (1982).

A. NÚÑEZ , Catulo. Cincuenta poemas , Madrid, 1984.

M. ROLDÁN , Catulo. Poemas , Barcelona, 1984. Traducción rítmica como la anterior. También es una selección, pero más amplia. Tiene gran interés.

A. RAMÍREZ DE VERGER , Catulo: Poesías , Madrid, 1988. La introducción y la traducción en prosa superan, a mi parecer, todo lo publicado anteriormente en español.

X. M. OTERO FERNÁNDEZ , Catulo. Poemas , Santiago de Compostela, 1988. Está claro que en gallego pueden traducirse los diminutivos catulianos, aunque no todos.

J. M. RODRÍGUEZ TOBAL , Catulo. Poesía completa , Madrid, 1991. Traducción rítmica, con la ventaja frente a las anteriores de que ésta sí es completa.

C) ESTUDIOS
Repertorios bibliográficos

K. QUINN , «Trends in Catullan Criticism», en Aufstieg und Niedergang der Römische Welt I 3 (1973), 369-90.

H. HARRAUER , A Bibliography to Catullus , Hildesheim, 1979.

J. P. HOLOKA , G. Valerius Catullus , Nueva York, 1985.

J. GRANAROLO , «Catulle 1960-1985» en Lustrum 86-87, págs. 65-106. Además de la obligada consulta a L’Année Philologique .

Trataremos de agrupar los estudios en libros y artículos sobre Catulo, de acuerdo con los capítulos de la Introducción general.

1. Vida de Catulo

F. DELLA CORTE , Personaggi Catulliani , Florencia, 1976.

L. A. DE VILLENA , Catulo , Barcelona, 1979.

J. GRANAROLO , Catulle, ce vivant , París, 1982.

T. P. WISEMAN , Catullus and his world , Cambrige, 1985.

E. A. SCHMIDT , Catull , Heidelberg, 1985.

V. CIAFFI , Il mondo di Valerio Catullo e la sua poesía , Bolonia, 1987.

F. CAVIGLIA , «Catullo», en Dizionario degli scrittori greci e lattini , Vol. I, Milán, 1988, págs. 411-441.

J. FERGUSON , Catullus , Oxford, 1988.

P. FEDELI , Introduzione a Catullo , Roma-Bari, 1990.

2. Problemática del «Liber»

A. L. WHEELER , Catullus and the Tradition of Ancient Poetry , Berkeley, 1964 (1934).

A. RONCONI , Studi Catulliani , Nápoles, 1966.

A. SALVATORE , Studi Catulliani , Nápoles, 1966.

K. QUINN , Catullus. An interpretation , Nueva York, 1973.

3. La poesía de Catulo

H. BARDON , L’art de la composition chez Catulle , París, 1943.

FR . KLIGNER , Römische Geisteswelt , Munich, 1956.

K. QUINN , The Catullan Revolution , Melburne, 1959.

J. GRANAROLO , L’oeuvre de Catulle. Aspects religieux, éthiques et stylistiques , París, 1967.

G. WILLIAMS , Tradition and Originality in Roman Poetry , Oxford, 1968.

R. O. A. M. LYNE , The Latin Love Poets from Catullus to Horace , Oxford, 1980.

Enumeramos a continuación, por orden cronológico, artículos publicados en revistas, actas de congresos, etc., correspondientes a los tres apartados.

C. SORIA , «Introducción al estudio de los diminutivos de Catulo», en Estudios Clásicos 2 (1946), 159-78.

R. AVALLONE , «Catullo ed Euripide», Antiquitas 25 (1947-50), 112-183.

A. LUPPINO , «Echi omerici in Catullo», en Rivista de Filologia e d’Istruzione Classica 93 (1965), 165-170.

F. O. COPLEY , «The new Poets and Catullus», en Latin Literature , Michigan, 1969, págs. 66-86.

J. E. G. ZETZEL , «A Homeric reminiscence in Catullus», American Journal of Philology 99 (1978), 323-333.

A. RAMÍREZ DE VERGER , «Una lectura de los poemas a Cintia y a Lesbia», en Estudios Clásicos 90 (1986), 67-84.

I. J. ADIEGO LAJARA , «Observaciones en torno al ciclo de Juvencio en Catulo», en Actas del VII C. E. E. C ., Madrid, 1989, págs. 427-433.

J. A. DELGADO SANTOS , «Una aproximación formal a los epigramas amorosos de Calímaco y Catulo», en Actas del VII C. E. E. C ., II, Madrid, 1989, págs. 141-146.

4. Estudios introductorios de los poemas del «Liber»

H. BARDON , Propositions sur Catulle , Bruselas, 1970.

J. FERGUSON , Catullus , Coronado, 1985.

E. MORENO CARTELLE , El Latín Erótico. Aspectos léxicos y literarios , Sevilla, 1991.

A continuación enumeramos por orden cronológico los artículos.

F. O. COPLEY , «Catullus c. 1», Transactions of the American Philological Association 83 (1951), 200-206.

M. DOLÇ , «Los noui poetae: su vinculación con la literatura nacional», en Actas del II C. E. E. C ., Madrid-Barcelona, 1961, págs. 341-376.

M. ESTÉVEZ MARTÍNEZ , «El himno nupcial de Manlio y Junia, de Catulo», en Humanidades XVI (1964), 147-154.

M. C. GARCÍA FUENTES , «Imitación de los Centum et mille basia catulianos en el Renacimiento», en Cuadernos de Filología Clásica IV (1972), 297-305.

L. P. WILKINSON , «Ancient and Modern: Catullus 51 again», en Greece and Rome 21 (1974), 82-85.

J. MOORE -BLUNT , «Catullus 31 and ancient generic composition», Eranos 72 (1974), 106-118.

P. PIERNAVIEJA , «En tomo al carmen 1 de Catulo», Estudios Clásicos 73 (1974), 411-17.

T. GONZÁLEZ , «En torno a los faléceos de Catulo», en Cuadernos de Filología Clásica VIII (1975), 227-238.

E. OTÓN SOBRINO , «Angustia y liberación de la palabra en Catulo», en Cuadernos de Filología Clásica IX (1975), 213-229.

H. J. HORN , «El carmen 65 de Catulo», en Helmántica 1975, 377-382.

R. J. LITTMAN , «The unguent of Venus “Catullus 13”», Latomus 37 (1977), 125-128.

C. CASTRILLO , R. CORTÉS y J. C. FERNÁNDEZ CORTE , «Lírica Latina. Catulo 5», en El comentario de textos griegos y latinos , Salamanca, 1979, págs. 47-88.

C. MIRALLES , «La lectura y lloc del carmen 68 catulliá en la història de l’elegia antiga», en Anuario de la F. de Filología de Barcelona , 1980, págs. 73-91.

P. COLACLIDES , “Odi et amo. Une lecture linguistique du c. LXXXV de Catulle», Herméneutique littéraire contemporaine et interprétation de textes clasiques , Ottawa, 1981, págs. 227-233.

ST . KRESIC , «Miser catulle… Obdura, Lecture poétique du poème VIII», Herméneutique littéraire contemporaine et interpretation del textes classiques , Ottawa, 1981, págs. 299-316.

P. J. MC CORMICK , «Reading and Interpreting Catullus 8», Herméneutique littéraire contemporaine et interprétation de textes classiques , Ottawa, 1981, págs. 317-326.

P. GRIMAL , «Catulle et les origines de l’élégie romaine», en Mélanges de l’École Française de Rome 99 (1987), 243-256.

C. ESPEJO MURIEL y F. SALVADOR VENTURA , «Veronae amantes: Catullus et Juventius», en Actas 1.er Congreso Peninsular de H.a Antigua , V. III (1988), 61-78.

J. L. ARCAZ POZO , «Catulo en la literatura española», en Cuadernos de Filología Clásica 22 (1989), 249-286.

V. CRISTÓBAL , «En las huellas del odi et amo: impacto del poema catuliano en las letras latinas», en Actas del VII C. E. E. C ., II, Madrid, 1989, págs. 567-574.


1 G. V. Catulli Carmina , Oxford, 1989 (1958), pág. XI.

2 Véase el apartado 4 de la Introducción, donde se podrá ampliar la lista de los traductores españoles en la bibliografía allí citada.

Cuando mi trabajo sobre Catulo estaba ya totalmente redactado, llega a mis manos una novela, Lesbia mía , de ANTONIO PRIANTE , publicada en Madrid, en 1992. Me alegra su publicación por muchas razones:

a) En España se escribe por primera vez una novela sobre Catulo y Lesbia cuando en otros países, como Inglaterra, existe una rica tradición.

b) Se ordenan cronológicamente sus poemas o, más bien, los esenciales para escribir una biografía más de nuestro poeta, basada en el Liber Catullianus , pero con inteligencia y con el tono mesurado que propugnamos en nuestra introducción.

c) Por caminos bien distintos llegamos, a veces, a conclusiones parecidas. Por citar un caso muy significativo, léanse las páginas sobre el amor de Cicerón por Clodia.

d) Ofrece una solución final a las relaciones Catulo-César muy aceptable. Yo no he sabido verla, porque lo que la tradición filológica aportaba no me satisfacía.

e) Margina las relaciones homosexuales del poeta, sin darle la importancia que hasta ahora se le ha venido dando, cosa que me parece muy acertada.

f) La evocación histórica de algunos ambientes romanos en determinados momentos nos parece exacta. Casos como la descripción de la casa de César con la figura de Aurelia, su madre, hilando arrinconada, fuente de inspiración de la escena de las Parcas en el c. 64, resultan altamente reveladores de lo que se puede hacer con una buena preparación en nuestros estudios.

Ahora bien, no son menos los desaciertos:

a) El sistema epistolar, que podría haber sido un hallazgo, se convierte en una trampa mortal, ya que las cartas de cuatro personajes están escritas con el mismo estilo (este defecto lo señaló G. Gual en su reseña de El País –16/5/92–).

b) Los diálogos entre Catulo y Lesbia carecen de veracidad y dramatismo. Para mi gusto resultan más falsos aún que las cartas.

c) Presentar a Cicerón como alguien en quien predomina, sobre todo, la bondad parece excesivo. La lectura de su epistolario rechaza esta valoración tan positiva.

d) Los dos personajes centrales, Catulo y Lesbia, no son los míos. «Mi Clodia» no habría soportado un solo momento de conversación con un personaje como este Catulo, triste y cursi.

1

Poema de dedicatoria a C. Nepote.

Contenido .– 1-2: pregunta retórica sobre el destino de la dedicatoria de su libro; 3-7: respuesta que encierra el nombre de C. Nepote con su correspondiente elogio; 8-11: formalización de la dedicatoria e invocación a una de las Musas.

El primer poema debe constituir una sorpresa para el lector no avisado: sencillo y encantador, encierra todo un programa o manifiesto literario. El poeta está construyendo entre la obra de Nepote y la suya un profundo paralelismo. Nepote es un innovador que introduce en Roma uno de los géneros literarios griegos, la historia, resumiendo todo el pasado en tres libros. Catulo hace lo mismo con la poesía griega y en tres libros también. Se enfatiza el esfuerzo y la erudición de la obra de su amigo, que son, precisamente, las características de la suya.

¿A quién le voy a dedicar este librito, nuevo y simpático, con la áspera piedra pómez recién alisados sus bordes? 1 . A ti, Cornelio 2 ; pues tú solías considerar de algún valor mis obrillas, [5] ya entonces cuando, el único entre los itálicos, te atreviste a explicar la historia universal en tres volúmenes, eruditos, por Júpiter, y laboriosos. Por ello, acepta este modesto librito, cualquiera [10] que sea su valor; que él, <oh> virgen protectora 3 , sobreviva intacto más de un siglo.

2

Himno al pájaro del Lesbia (parodia de los himnos a los dioses).

Contenido .– 1: invocación; 2-8: juegos del pájaro y la amada; 9-10: súplica del poeta.

Los poemas 2 y 3 enlazan con el 5, 7, 8 y 11. Los seis forman parte del ciclo de Lesbia, constituyendo una unidad dentro de él.

En la Antología Palatina hay muchos poemas dedicados a animales. Los de Catulo podrían relacionarse con los de Meleagro dedicados a un saltamontes y a una cigarra (Ant. Palatina I , núms. 787 y 788, edición de M. F. Galiano, Madrid, 1978, núm. 7 de esta col.).

Entre las imitaciones del poema de Catulo podemos citar: Ovid., Amores II 6; Est., Silv . II 4, y Marc., I 7.

Hay que destacar en él la ironía: un himno dirigido a un pájaro vivo, formalmente perfecto con su invocación al principio y su súplica final. En contraste con esta ironía descubrimos delicadeza expresiva e inquietud amorosa.

Resulta, además, inquietante iniciar el ciclo de Lesbia con un poema así, donde se acaba descubriendo que el poeta sobrelleva la separación de su amada con más dificultades que ella, divertida con su regalo. Queda el eco dramático del último verso: «pudiera aliviar yo también los tristes cuidados de mi alma». Y este deseo da el tono a todo el ciclo amoroso.

Gorrión 4 , objeto de las delicias de mi niña, con quien suele jugar y retenerlo en su regazo, a quien, en su agresividad, acostumbra a ofrecer la yema del dedo e incitar sus duros picotazos, cuando a mi radiante amor le gusta entregarse a no sé [5] qué apacible juego, pequeño consuelo a su dolor, para calmar, supongo, su ardiente pasión. Pudiera yo, como ella, jugar contigo y aliviar los tristes cuidados de mi alma. [10]

2 b

Estos tres versos, que encierran una comparación, están desconectados del poema anterior, pero, desde luego, no forman otro poema. Hemos mantenido el criterio de Mynors, que no hace más que seguir el del editor renacentista B. Guarino, al separar estos versos del poema 2, frente a otros editores contemporáneos, como P. Goold, que consideran estos tres versos los números 11-13 del poema anterior.

*** Me gustaría tanto, como dicen que a la joven 5 obstinada le gustó la manzana de oro que desató el cinturón tanto tiempo ceñido.

3

Treno por la muerte del pájaro.

Análisis del contenido .– 1-2: invitación al llanto; 3-5: muerte del pájaro; 6-10: sus gracias; 11-12: contraste con la realidad presente: su vagar por las tinieblas; 13-15: maldición del Orco; 16-18: dolor por la muerte.

Los epitafios por la muerte de animales son frecuentes en la Antología Palatina . Ovidio y Marcial también lo imitaron: Amores II 6, y Esp . 109.

Queremos destacar el patetismo del último verso, con diminutivos de auténtica ternura, sin olvidar la simpática evocación del pájaro en brazos de su dueña y la rememoración de su viaje por las tinieblas del Orco. Como en el c. 2, señalemos la ironía en el uso de un treno o nenia en honor de la muerte de un pájaro.

Llorad, ¡oh Venus y Cupidos! 6 , y vosotros, cuantos hombres hay sensibles al amor. El pájaro de mi niña ha muerto; el pájaro, objeto de las delicias de mi niña, a quien ella amaba [5] más que a sus propios ojos, pues era como de miel y la conocía tan bien como una hija a su madre y no se apartaba de su regazo, sino que, dando saltos de un lado para otro, sólo a su dueña [10] piaba siempre. Ahora avanza por aquel camino cubierto de tinieblas, de donde dicen que no vuelve nadie. Pero os maldigo, malditas tinieblas del Orco 7 , que todo lo bello devoráis. Tan [15] bonito pájaro me habéis robado. ¡Oh maldito crimen! ¡Oh gorrioncillo, digno de lástima! Ahora, por tu causa, los ojitos de mi niña enrojecen hinchados de llanto.

4

Poema epitafio dirigido a los visitantes de su casa en el lago de Garda, o el Lago Ascanio en Bitinia. Era tradicional colocar ex-votos a los Dioscuros en agradecimiento por una feliz travesía.

Estructura .– 1-9: apóstrofe a los visitantes; 10-24: paréntesis explicativo del origen de la barca; 25-28: consagración final a los dioses gemelos.

Hay numerosos epigramas votivos en la Antología, y es posible que se trate de un ex-voto consistente en la pintura de la barca, lo que explicaría el empleo de ille y de hunc con valor deíctico. Virgilio lo imitó en el Cat . 10.

Tenemos aquí, por otra parte, un monólogo dramático que puede encerrar un símbolo autobiográfico.

Este poema forma con el 31 y el 46 un pequeño ciclo.

La barca que estáis viendo, visitantes, nos dice que fue el más rápido de los navíos y que el ímpetu de ningún otro barco [5] la pudo adelantar, ya fuera necesario volar con remos o con velas. Y niega que lo niegue la costa del Adriático 8 amenazador, ni las islas Cícladas, ni la ilustre Rodas, ni la horrible Propóntida [10] tracia, ni la salvaje bahía del Ponto, en donde aquélla, barca después, fue antes frondoso bosque; pues en la cima del Cítoro muchas veces lanzó un silbido con su follaje locuaz. Amastris 9 del Ponto, y tú, Cítoro, cubierto de bojes, todo esto os ha sido [15] y os es muy conocido, asegura la barca: desde tiempo inmemorial afirma que se irguió en tu cumbre, en tus aguas empapó sus remos, y luego, a través de tantos mares borrascosos, trajo [20] a su dueño, ya la brisa la llamase a babor o a estribor, ya Júpiter favorable se hubiese abatido sobre ambas escotas al mismo tiempo. Ningún voto a los dioses de las costas 10 fue formulado por ella cuando llegaba desde el más remoto mar hasta este [25] lago 11 de limpias aguas; pero todo esto fue antes: ahora envejece en un tranquilo retiro y se consagra a vosotros. Cástor gemelo y gemelo de Cástor 12 .

5

Este es el primero de los poemas de los besos. El tema aparece también en el 7 y en el 48.

Estructura .– 1-3: grito de alegría amorosa; 4-6: brevedad de la vida / eternidad de la muerte; 7-9: los besos contados; 10-13: estratagema para evitar el «mal de ojo».

Se tocan los tres temas que son leit motiv en la poesía: el amor, la vida y la muerte.

Ha dilatado nombrar a su amada hasta el c. 5, para hacerlo con el posesivo mea y un grito de alegría que es una invitación al amor, frente a la moral tradicional. La evocación de la vida se hace primero con el plural soles como si sólo a la naturaleza le concerniese el mito de la reencarnación. La vida de Catulo y Lesbia, en cambio, será breve y les corresponderá una noche sin fin. En técnica de contrastes, la forma responde al contenido: la brevedad de la vida se expone mediante un sistema decreciente de sílabas: , mientras que a la perpetuidad de la muerte le corresponde un sistema creciente: .

Tras las cuentas de los besos que se pueden accionar con el sistema de contar de los romanos, acaba con un gesto humorístico para interceptar el posible mal de ojo.

¡Vivamos, Lesbia mía, y amemos, y todos los rumores de los viejos, demasiado severos, valorémoslos en un solo céntimo! 13 Los soles pueden morir y renacer; nosotros, cuando [5] haya muerto de una vez para siempre la breve luz de la vida, debemos dormir una sola noche eterna. Dame mil besos, luego cien, después otros mil, y por segunda vez ciento, luego hasta otros mil, y otros ciento después. Y cuando sumemos ya muchos [10] miles, los borraremos para olvidarnos de su número o para que ningún maligno pueda echarnos mal de ojo cuando sepa que fueron tantos nuestros besos.

6

Acusación a Fabio de ocultar una aventura amorosa.

Sinopsis .– 1-5: acusación del poeta; 6-14: enumeración de las pruebas que le acusan; 15-17: exhortación para que redima su culpa.

El poema es como una pequeña pieza de oratoria forense: acusación, pruebas de la acusación y exhortación final.

La amada del amigo del poeta es illepida atque inelegans , «sin gracia y sin elegancia», esto es, sosa y desgarbada. Dentro del círculo de los neotéricos son cualidades rechazables por completo. La amada, lo mismo que la poesía, tiene que tener gracia y elegancia, por lo menos.

Flavio, si la que hace tus delicias no fuera sosa y desgarbada, consentirías en contarle tu amor a Catulo y no podrías callártelo. [5] Pero no sé a qué puta enfermiza quieres: te da vergüenza admitirlo. Pues que tú no duermes las noches sólo lo dice a gritos tu dormitorio, silencioso en vano, con su olor a [10] guirnaldas y a aceite sirio, con este almohadón y aquel otro, hundidos por igual, y el chirrido de la cama desvencijada por movimientos de toda clase. <Pues de nada vale callar los amoríos> 14 de nada. ¿Por qué? No descubrirías tus flancos tan derrengados si no estuvieras haciendo ninguna tontería. Por ello, [15] todo lo que te pase, bueno o malo, dímelo. Quiero llamarte a ti y a tu amor a un lugar en el cielo con simpáticos versos.

7

Forma pareja con el 5.

Sinopsis .– 1-2: pregunta de Catulo a Lesbia; 3-8: segundo término de la comparación; 9-12: primer término de la comparación.

En este poema alterna el tono popular –satis superque , por ejemplo– con el «culterano»: laserpicio, templo de Zeus Amón, sepulcro de Bato, etc.

El poema, como tantos otros de la primera parte, está concebido como un drama, con la pregunta inicial que lo origina. Con cierta impaciencia, Lesbia pregunta y Catulo contesta candorosamente. Su respuesta equivale a infinitos besos, esto es, equivale a hacerle ver a su amante que es insaciable. Esta respuesta supone también, sobre todo en los vv. 7-8, una apelación a la ternura; quiere evitar de esta forma la contundencia del concepto. Los versos finales son una vuelta al humor. Tenemos aquí un drama persuasivo, con sus ingredientes de humor, extravagancia y sentimentalismo (cf. R. O. A. B. Lyne, The Latin Love Poets …, págs. 45-46).

Me preguntas cuántos besos tuyos, Lesbia, bastarían para saciarme. Pues bien: cuantos granos de arena libia hay en Cirene 15 fértil en laserpicio, entre el oráculo del ardiente Júpiter y [5] el venerable sepulcro del viejo Bato 16 , o cuantos astros, cuando calla la noche, vigilan los furtivos amores de los seres humanos, [10] tantos son los besos, dados por ti, que le bastan para saciarse al loco de Catulo, de forma que ni los curiosos podrían contarlos, ni hechizarlos una lengua maligna.

8

Poema típico de la renuntiatio amoris .

Estructura del contenido .– 1-2: planteamiento del conflicto; 3-8: sentimientos amorosos del pasado; 9-13: renuncia amorosa del presente; 14-18: futuro de la amada; 19: seguridad del poeta en su renuncia.

Monólogo del poeta renunciando a su amor, posiblemente inspirado en la Comedia Nueva, aunque se da en la épica y en la tragedia, sobre todo en Eurípides. Se citan de Menandro, Sicionio 397 y ss.; Díscolo 213 y ss.; Samia 111 y ss.

La sencillez con que está escrito el poema, su antirretórica, es lo que más nos interesa. Luego, su cuidada simetría que encierra una profunda y contenida emoción.

El enunciado «romántico» del v. 5: amata nobis quantum amabitur nulla , se convertirá en un clásico lema de la poesía amorosa de todos los tiempos.

Desdichado Catulo, deja de cometer locuras y lo que ves perdido, dalo por perdido. Brillaron un día radiantes soles para [5] ti, cuando ibas y venías a donde te llevaba la joven, amada por mí como ninguna otra será amada. Cuando allí surgían aquellos numerosos juegos amorosos, que tú querías y la joven no desdeñaba, brillaron, en verdad, radiantes soles para ti. Ahora ella ya no los quiere. Tú, no seas débil; <no los quieras> tampoco. [10] Ni persigas a quien huye, ni vivas desdichado; resiste con obstinación, aguanta. Adiós, joven, ya Catulo resiste. No te buscará, ni irá a rogarte en contra de tu voluntad. Pero tú sufrirás, cuando nadie se dirija a ti. Maldita, ¡ay de ti! ¡Qué vida te [15] aguarda! ¿Quién se te va a acercar ahora? ¿A quién le parecerás hermosa? ¿A quién vas a amar ahora? ¿De quién se dirá que eres? ¿A quién vas a besar? ¿A quién le morderás los labios? Pero tú, Catulo, aguanta sin ceder.

9

Poesía de bienvenida a su amigo Veranio.

Estructura del contenido .– 1-2: saludo elogioso al amigo; 3-7: el encuentro familiar y anécdotas vividas; 8-10: evocación del encuentro entre los dos amigos y alegría final.

Desde la Odisea , con las sucesivas llegadas a Ítaca de Telémaco y Odiseo reconocidos y recibidos sucesivamente por el porquero, el aya, Penélope y Odiseo (XVI 11-67, 187-234; XVII 28-60; XXIII 205-230, y XXIV 345-412), la bienvenida se convierte en un tópos , cuyas derivaciones en la poesía latina las podemos encontrar también en HOR ., Od . I 36, y JUV ., Sát . 12.

Ésta es una de las muestras de la poesía de Catulo aparentemente llenas de una alegría espontánea, pero sometidas al control de su rigurosa perfección formal.

Veranio 17 , de todos mis amigos el preferido entre trescientos mil. ¿Has regresado a casa junto a tus penates 18 tus hermanos bien avenidos y tu anciana madre? Has regresado. ¡Oh feliz [5] noticia para mí! Volveré a verte sano y salvo y te oiré hablar de los lugares, de los acontecimientos y de los pueblos de Iberia, como es contumbre tuya, y abrazándome a tu cuello [10] besaré tu alegre boca y tus ojos. Oh, de cuantos hombres felices existen, ¿quién hay más dichoso y feliz que yo?

10

Poema anecdótico en contra de sí mismo.

Contenido .– A 1-4: presentación de los personajes; 5-13: Bitinia, tenía de conversación en estilo indirecto; B 14-24: estilo directo: mentira de Catulo; 25-27: la putilla le pide a Catulo sus supuestos esclavos; 28-34: salida chistosa de Catulo.

La anécdota, contada con gracia y con una gran sencillez, anticipa el tono de algunas sátiras de Horacio.

Es indudable que este poema forma pareja, por contraste, con el 6. Flavio no le habla a Catulo de su amante en el 6; Varo, en cambio, le lleva de visita a casa de la suya. La amiga de Flavio era illepida e inellegans , la de Varo es scortillum , pero non illepidam neque inuenustum , con uso de litotes afortunadas. El diálogo fluye en términos realistas, con ligero toque obsceno, propio de la lengua conversacional.

La justificación final sobre su mentira resulta maravillosa en la forma. Ha dicho: fugit me ratio y, a continuación, aparecen hipérbatos, disjunciones y homofonías en e; en el último verso podemos contar hasta ocho es .

Varo, mi amigo, desde el foro me ha llevado, ocioso, de visita a casa de su amante, una putilla a quien, según entonces me pareció a primera vista, realmente no le faltaba gracia y poseía [5] cierta sensibilidad. Cuando llegamos allí, nos surgieron variados temas de conversación, entre ellos cómo estaba Bitinia 19 ahora, en qué situación se encontraba, y cuánto dinero había sacado yo en limpio. Contesté lo que pasaba, que no había nada, ni para los propios pretores, ni para el séquito de sus amigos, de [10] forma que nadie volvía con la cabeza más perfumada 20 , sobre todo teniendo por pretor 21 a un maricón, a quien no le importaba nada su séquito. «Pero al menos», me dicen, «lo que se asegura [15] que tuvo su origen allí, conseguiste hombres para tu litera». Yo, por hacerme pasar ante la muchacha por el más afortunado, le dije: «no me fue tan mal porque, pese a haberme tocado en suerte una provincia esquilmada, pude conseguir [20] ocho hombres hechos y derechos». En realidad, yo, ni aquí ni allí, tenía a nadie sobre cuyos lomos pudiese transportar la pata quebrada de un viejo camastro. Entonces, ella, como convenía a una desvergonzada, me dijo: «Por favor, Catulo mío, préstamelos [25] un rato, pues quiero que me lleven al templo de Sérapis» 22 . «Espera –le contesté a la chica– en lo que hace poco dije que tenía, me distraje: un compañero mío que se llama Gayo Cinna 23 [30] fue quien los consiguió. Pero, suyos o míos, ¿qué más da? Los utilizo como si hubiese sido yo el que los hubiese conseguido, pero tú no tienes ninguna gracia y vives para molestar, pues contigo no es posible tener una distracción».

11

Como el 8, este poema pertenece al género de la renuntiatio amoris .

Contenido .– 1: exhortación a sus dos amigos; 2-14: pormenores geográficos; 15-24: mensaje de ruptura.

Está escrito en estrofas sáficas, como el 51, que marca el comienzo de las relaciones entre Catulo y Lesbia. Su lenguaje es elevado y arcaico. Se ha fechado en el invierno del 55-54, por sus alusiones a las campañas de César.

Con un solemne comienzo, en una gélida letanía se enumeran una serie de pueblos. Estos pueblos, el Oriente lejano, árabes y egipcios, y Galia y Britania. son las tres zonas principales en las que los romanos de su tiempo dividían el mundo conocido. El final lo forman los ruegos por el envío del mensaje a Lesbia. Este mensaje empieza siendo rudo y termina en un patetismo romántico. La imagen final es una fusión de Safo (fr . 105) e Ilíada VIII 306-8. Virgilio la heredará en En . IX 435-6. La misma imagen, pero más desarrollada, se encuentra en 62, 39-41.

Furio y Aurelio 24 , compañeros de Catulo, ya se aventure a penetrar en la India lejana, allí donde las costas son batidas por [5] las olas de Oriente que resuenan a lo lejos, ya en el territorio de los hircanos 25 o en el de los pacíficos árabes, ya en el territorio de los sagas o en el de los partos, portadores de flechas, ya en las aguas que tiñe el Nilo de siete desembocaduras, ya se [10] aventure a atravesar los elevados Alpes a ver los trofeos del gran César o el Rin de la Galia o [los terribles] 26 britanos en los confines del mundo, vosotros, dispuestos a afrontar juntos todo lo que disponga la voluntad de los dioses, anunciadle a mi [15] amada este corto y no agradable mensaje: que viva y lo pase bien con sus amantes, esos trescientos a los que estrecha a la vez con sus abrazos, sin querer a ninguno en realidad, pero rompiendo por igual los ijares de todos. Que no cuente, como [20] antes, con mi amor, que por su culpa cayó como la flor del más alejado lindero, una vez que fue tocada por el arado al pasar.

12

Poema flagitatio , lo mismo que el 25 y el 42.

Estructura del contenido .– 1-5: Asinio Marrucino roba pañuelos; 6-9: gravedad del defecto; 10-11: amenaza de castigo; 12-17: valor sentimental del pañuelo.

Es un poema ocasional. La exigencia de devolución del objeto robado, así como el ataque personal contra Asinio Marrucino, cesan de pronto y el poema se convierte en un cumplido a sus amigos, Fabio y Veranio.

Asinio Marrucino 27 , de tu mano izquierda no haces un uso correcto: en medio de las bromas del vino robas los pañuelos de los más distraídos. ¿Crees que esto tiene gracia? Se te borra [5] la razón, imbécil. No hay nada más sórdido y grosero. ¿No me crees? Cree a tu hermano Polión, que está dispuesto a cambiar tus robos por un talento 28 , pues es un joven repleto de todos los [10] encantos y de todas las gracias. Así que o espera trescientos endecasílabos o devuélveme el pañuelo, que no me interesa [15] por su valor, sino por ser recuerdo de un amigo. Pues me enviaron de regalo de Iberia unos paños de Játiva 29 Fabulo y Veranio. Es forzoso que yo los quiera como a mis amigos Veranio y Fabulo.

13

Este poema es una invitación, cuyo contenido es el siguiente: 1-2: invitación; 3-8: menú; 9-14: obsequio de Catulo.

Estamos ante un divertido poema ocasional. En medio de expresiones propias de la lengua coloquial surge su credo neotérico: uenuste, suauius elegantiusque .

Las exigencias iniciales de Catulo se compensan con el extravagante regalo del poeta al final, un perfume de Lesbia que lo convertirá en «un hombre a una nariz pegado».

Cenarás bien en mi casa, Fabulo querido –ojalá que con el favor de los dioses– dentro de unos pocos días, si traes contigo [5] comida buena y copiosa, no sin una muchacha guapa, vino, sal y risa en cantidad. Te digo que si traes todo esto, mi simpático amigo, cenarás bien, pues la bolsa de tu Catulo está llena de telarañas. [10] Por mi parte recibirás mi cariño puro o lo que es más suave o más exquisito: te regalaré un perfume con que le obsequiaron a mi amada las Venus y los Cupidos. Cuando tú lo huelas, pedirás a los dioses que te hagan, Fabulo, todo nariz.

14

Poema de contenido epigramático, que se estructura así: 1-5: indignación ante el regalo de Calvo; 6-11: dudas sobre el autor de este regalo a Calvo; 12-15: oportunidad en la elección del día del envío: las Saturnales; 16-20: venganza con otros malos poetas; 21-23: devolución del regalo y despedida.

Posiblemente es Licinio Calvo el mejor amigo de Catulo; así, la posteridad mantendrá siempre unidos los dos nombres.

Escrito, como tantos otros, en un lenguaje sencillo y espontáneo, cuida, sobre todo, el final. El metro empleado es el endecasílabo llamado faléceo.

Pes está usado en el sentido literal de «salir con mal pie» y también con el sentido de pie métrico. Nuestro poeta trata de reproducir la incompetencia de los malos poetas con la propia, al incluir dos palabras yámbicas, mắlūm p dēm , con heterodinia.

La aliteración final está subrayada con la homodinia: pḗssĭmī pŏḗtāē , precisamente las dos últimas palabras.

Si no te quisiera más que a mis propios ojos, simpatiquísimo Calvo, por ese regalo te odiaría con el odio de Vatinio 30 . Pues, ¿qué he podido hacer o decir yo para que me mates con [5] tantos malos poetas? ¡A ese cliente tuyo los dioses le otorguen toda clase de males, a ese que te ha enviado de regalo tal cúmulo de herejías! Y si, como sospecho, este nuevo y escogido [10] regalo te lo hizo el maestro Sila 31 , no lo tomo a mal; al contrario, tomo a bien y con felicidad el que no se malogren tus esfuerzos. ¡Grandes dioses!, ¡horrible y condenado librito! ¡Por cierto, se lo enviaste a tu querido Catulo, para matarlo al punto [15] en el mejor de los días, el de las Saturnales 32 ! No, no, falso; esto no se va a quedar así, pues en cuanto amanezca acudiré corriendo a las estanterías de los libreros, cogeré los Cesios, [20] los Aquinos, el Sufeno 33 , todos esos venenos y con ellos como tormentos te devolveré el regalo. Vosotros, por el momento, adiós. Idos de aquí, volved allí de donde habéis salido con pie maldito, castigos de mi generación, pésimos poetas.

14 b

En los manuscritos, estos tres versos aparecen unidos al poema anterior. Está claro que se trata de un breve fragmento de otro poema, quizá el comienzo de un Catulo más lascivo. Concretamente, T. P. Wiseman, Catullan Questions , Leicester, 1969, pág. XXX, sostiene la hipótesis de que este poema es un fragmento perteneciente a la composición introductoria del envío de una segunda parte (14b-26) de las nugae , cuyo tema central serían los amores de Catulo y de Juvencio y la rivalidad del poeta veronés con Furio y Aurelio.

Si casualmente algunos sois lectores de mis tonterías y no os asustáis de acercar vuestras manos a mí ***

15

Aurelio apareció junto con Furio, en el poema 11, que iniciaba el ciclo dedicado a ellos, y éste, a su vez, acababa el pequeño ciclo inicial de Lesbia. Realmente, Juvencio es quien se alza, por primera vez, como protagonista. El poema es una típica commendatio .

El contenido es el siguiente: 1-13: petición a Aurelio del favor; 14-19: amenaza en caso contrario.

Observamos, en primer lugar, una absoluta franqueza al tratar temas sexuales, con un acento que, si bien es nuevo, se repetirá después a lo largo de toda la colección. Estamos ante una nueva clase de poesía urbana. El lenguaje eufemístico que, por contraste, emplea en los dos últimos versos, resulta más efectivo, si cabe, que el empleado anteriormente.

Nos encomendamos a ti mi amor y yo, Aurelio 34 . Pido un favor insignificante: que, si con toda tu alma has deseado algo que querías que se mantuviera puro e íntegro, me guardes honestamente [5] a mi joven, no digo de la gente –nada temo a ésos que pasan por la plaza de un lado para otro ocupados en sus asuntos– sino de ti, te temo a ti y a tu pene, hostil a jóvenes [10] puros y depravados. Muévelo tú por donde quieras, como quieras, cuanto quieras, cuando esté fuera dispuesto al ataque: exceptúo a éste solo; discretamente, creo. Y si un mal pensamiento y un loco furor te empujan a una culpa tan grande, [15] maldito, como para herir mi vida a traición, ¡ah, desdichado de ti entonces y mal destino el tuyo! Con las piernas separadas y por la puerta abierta te subirán corriendo mújoles y rábanos 35 .

16

Ataque a sus dos amigos, Aurelio y Furio.

Contenido .– 1-4: amenazas y protestas en favor de su virilidad; 5-11: justificación de su poesía; 12-14: repite sus protestas y sus amenazas.

Es un poema anular: son iguales el primer y el último verso; el putastis del v. 3 se repite como putatis en el penúltimo.

Desde el punto de vista del contenido, este poema encierra su credo poético. El poeta, como sacerdote de las musas, es pius y castus , pero sus versos no tienen por qué serlo. En los poemas escritos al final de su vida volverá a aludir a su piedad y a su vida honrada.

Os sodomizaré y me la chuparéis, Aurelio bujarrón 36 y puto Furio, que me habéis considerado poco honesto por mis [5] ligeros versos, porque son muy sensuales. Es verdad que, si conviene que el poeta piadoso sea casto personalmente, en nada es forzoso que lo sean sus versos, ya que entonces al fin tienen sal y gracia, si son muy sensuales y poco pudorosos y [10] pueden provocar excitación, no digo a los jóvenes, sino a esos velludos que no pueden menear sus pesados lomos. ¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos, me consideráis poco macho? Os sodomizaré y me la chuparéis.

17

Tal vez estemos ante uno de sus carmina de juventud, ambientado en Verona o en Colonia Veneta , cerca de Verona.

Contenido .– 1-4: invocación; 5-11: petición de un favor por parte del poeta; 12-22: alusión de motivos; 23-26: nueva petición del favor.

Tenemos una ciudad llena de vida dispuesta a bailar sobre un puente desvencijado y una joven llena de gracia a quien su viejo esposo no le hace caso. Hay, como podemos ver, un claro simbolismo entre la ciudad y su puente y la joven y su viejo esposo.

Las imágenes de este poema, la del infantilismo del viejo, la de su postración, de resonancias épicas, y su caída final al cieno, como la mula que deja sus herraduras, se encuentran entre lo mejor de su poesía.

Oh, Colonia 37 , que deseas celebrar juegos sobre tu largo puente y estás preparada para el baile, pero tienes miedo de las inseguras patas del puentecillo que se alza sobre unas tablas viejas, no sea que se derrumbe y caiga en el profundo pantano. ¡Ojalá, según tus deseos, resulte para ti un buen puente, sobre [5] el que se puedan celebrar las danzas sagradas de los Salios! 38 . Obséquiame, Colonia, con este regalo de grandísima diversión. A cierto paisano mío quiero que desde tu puente vaya precipitado al lodo de cabeza y de pies, pero precisamente por donde [10] el abismo es más negro y, sobre todo, profundo de todo el río y de todo el estanque pestilente. Se trata de un hombre muy sin gracia y sin más discreción que la de un niño de dos años que duerme en la cuna que forman los brazos temblorosos de su padre. Éste, aunque está casado con una joven en la flor más [15] tierna de la vida, esto es, una niña más delicada que un tierno cabritillo, a la que hay que vigilar con más tiento que a las uvas más maduras, le permite divertirse como le place; para él no vale un comino, ni se levanta de su rincón, sino que se queda [20] echado como el olmo en el foso abatido por el hacha lígur, sintiéndolo todo tal como si no existiera nadie en ninguna parte. Así es ese estúpido paisano mío que ni ve nada, ni oye nada, ni sabe tampoco quién es él mismo, ni si existe o no existe. Ahora quiero lanzarlo de cabeza desde tu puente por si [25] es posible despertar de repente su estúpida modorra y dejar su vida vuelta del revés en el espeso cieno, como la mula deja sus herraduras en el légamo pegajoso.

21 39

Otro poema de ataque a Aurelio.

Contenido .– 1-6: apóstrofe a Aurelio; 7-8: amenaza: 9-11: persecución de Aurelio en contra del puer Juvencio; 12-13: variación de la amenaza contenida en 7-8.

Este poema forma pareja con el 15. El poema 17 contrasta con estos dos: así como el viejo no se preocupaba de su joven esposa, Catulo se desvive por cuidar de su puer . Tenemos una prueba más de que la colección está elaborada por el propio poeta.

El humor es lo que destaca en este poema: la caracterización heroica habitual, al estilo de la de Heródoto como «padre de la historia», la utiliza Catulo para ironizar con Aurelio, al que presenta como «padre de las hambres», con un plural enfático. Aurelio no tiene más categoría que un parásito de Comedia, y éste es precisamente el rival del poeta.

Aurelio, padre de todas las hambres –no sólo de éstas, sino de cuantas existieron, existen o existirán en años sucesivos–, deseas sodomizar a mi amor. Y no a escondidas: pues estás [5] con él, bromeas con él, pegado a su costado lo intentas todo. En vano, pues mientras tratas de tenderme trampas, te agarraré primero para que me la chupes. Y si estuvieras harto de comer, me callaría. Ahora me duelo de esto, precisamente de que mi [10] amante, <¡ay, pobre de mí!> 40 aprenda a pasar hambre y sed. Así que déjalo, mientras puedas, sin avergonzarte, no sea que tengas que dejarlo después de habérmela chupado.

22

Poema de crítica literaria, como la contenida en 14, 36 y 95.

Contenido .– 1-11: distinción entre Sufeno persona y Sufeno poeta; 12-17: difícil explicación del contraste; 18-21: moraleja final de aplicación a todos los humanos.

Poesía reflexiva y de madurez. Es curioso que, al distinguir entre Sufeno persona y Sufeno poeta, sus características personales son las que los neotéricos exigirían para sí mismos y para su poesía: venustos, dicax, urbanus y bellus . Frente a estas condiciones personales, las del poeta: caprimulgus, fossor e infacetior y, además, escribe por millares los versos creyendo que lo hace muy bien. Cuando esperamos un final de apoteosis climática contra Sufeno, Catulo da un quiebro y duda de la objetividad de las personas a la hora de juzgarnos, recordando la fábula de «las dos alforjas».

Ese Sufeno, Varo, a quien tú conoces bien, es un hombre sensible al amor, elocuente y educado y, al mismo tiempo, escribe muchísimos versos. Yo creo que él tiene escritos diez mil [5] o más y no copiados tal como suele hacerse en palimpsesto 41 : papeles de primera, libros nuevos, nuevos umbílicos, rojas las correas del pergamino, todo rayado con plomo y alisado con [10] piedra pómez. Cuando tú lo leas, el fino y educado Sufeno te parecerá, por el contrario, un auténtico cabrero o un sepulturero. Tan distinto es y tanto cambia. ¿Qué podemos pensar que es esto? Quien recientemente parecía refinado o algo más distinguido si lo hay, él mismo resulta más basto que un basto patán [15] en cuanto ha tocado la poesía y él, por su parte, jamás es tan feliz como cuando escribe versos: tanto goza de sí mismo y tanta admiración se tiene. Sin duda, todos nos engañamos y no hay nadie en quien, de alguna manera, no puedas ver un Sufeno. [20] A cada cual le ha sido otorgado su propio defecto, pero no vemos la alforja que hay en nuestras espaldas 42 .

23

Satírico elogio de la probreza.

Contenido .– 1-6: pobreza de Furio; 7-23: elogio de la pobreza; 24-27: consejo: no pidas dinero.

Está escrito en un tono jocoso, conseguido a base de crear clímax y anticlímax. Furio no posee nada, pero tiene padre y madrastra. Eran proverbiales las malas relaciones entre hijastros y madrastras: Furio se lleva bien. Como no tienen nada, no padecen los peligros de los ricos. Nuevo clímax: no padece las molestias de los que viven bien; sin sudor, sin saliva, sin mocos, etc., hasta llegar al sarcasmo en esta gradación climática al aludir al culus . El final anticlimácico es de pura lógica: no hay nadie tan feliz como Furio, por lo que no debe pedir dinero.

Furio, que no tienes esclavo, ni arca, ni chinches, ni arañas, ni fuego, pero sí padre y madrastra, cuyos dientes pueden masticar hasta pedernal, te va estupendamente con tu padre y con [5] el leño de la mujer de tu padre. No es extraño: pues gozáis de buena salud todos, digerís perfectamente, a nada tenéis miedo, ni a incendios, ni a duros derrumbamientos, ni a impiedades, ni [10] a las trampas de un veneno, ni a otros azares peligrosos. Sin embargo, tenéis los cuerpos más secos que el cuerno, o si hay algo más reseco por el sol, el frío o el hambre. ¿Por qué no estás [15] contento y feliz? Mantienes alejados de ti el sudor, la saliva, el moco y la enojosa coriza de nariz. A toda esta limpieza añade otra cosa más limpia: tienes el culo más brillante que un salero y no cagas diez veces en todo un año y esto más duro [20] que las habas y que los guijarros, de forma que si tú lo frotaras y lo trituraras con las manos, jamás podrías mancharte un dedo. Furio, estas ventajas tan dichosas no las desperdicies, ni [25] las estimes en poco y deja de pedir lo que sueles: cien mil sestercios; bastante feliz eres.

24

Poema dedicado a Juvencio, citándolo por su nombre. Aparece con su nombre en los poemas 24, 48, 81 y 99. El ciclo se completa con el 15 y 21, donde se alude a él sin nombrarlo. En este poema tampoco nombra a Furio, pero lo descubrimos por alusiones: no tiene esclavo, ni arca.

Contenido .– 1-6: quejas a Juvencio; 7-10: argumentos para que deje a Furio.

Comienzo retórico en alabanza de Juvencio. Toque alejandrino con alusión al rey Midas. Dramatización al hacer que Juvencio replique en estilo directo para defender a Furio porque es bellus , cualidad que un neotérico no puede reprochar. Final retórico al aconsejar el abandono del amante por su pobreza.

Oh, tú, que eres la más bella flor de los Juvencios, no sólo de éstos, sino de cuantos existieron o existirán después en años sucesivos. Preferiría que le hubieses dado las riquezas de Midas [5] a ese que no tiene esclavo ni arca, a que permitieras ser amado tanto por él. «¿Cómo? ¿No es un hombre distinguido?», contestarás. Sí, pero este distinguido ni tiene esclavo ni arca. [10] Quítale a esto la importancia que tú quieras y desprécialo. Sin embargo, él ni tiene esclavo, ni tiene arca.

25

Poema flagitatio .

Contenido .– 1-5: descripción de Talo; 6-8: uso de lo robado por parte de Talo; 9-13: amenaza.

La lectura atenta del poema nos descubre una serie de características sorprendentes en un poema aparentemente ocasional, que tendría que deslizarse en un tono de conversación: abundancia de diminutivos, cuatro en los dos primeros versos; en 10-11, tres; homofonías en lateral –ll– en nueve palabras. El nombre propio Thallus inicia la homofonía dominante. En la imagen última hay hasta armonías imitativas del uentus . ¿Quién podía esperar tal rigor en un poema así?

Puto Talo, más suave que el pelo de un conejo, que la manteca de ganso, que el lóbulo de una orejita, que el pene fláccido de un anciano o que un rincón de telarañas; tú mismo, Talo, más ladrón que un huracán de tormenta, cuando la diosa Luna [5] descubre desocupados <a los mujeriegos> 43 , devuélveme lo que me has robado: mi manto, un pañuelo de Játiva y bordados de Tinia 44 , que sueles, imbécil, mostrar en público como recuerdos de familia. Despégalos ahora de tus uñas y devuélvemelos, no sea que tus costillitas de lana y tus manos blandengues te [10] las señale ignominiosamente mi ardiente látigo y te agites de forma insólita, como barquilla apresada en el inmenso mar por viento enloquecido.

26

Último poema del ciclo de Furio y Aurelio.

Contenido .– 1-3: la casa de Furio no está expuesta a los vientos; 4-5: sino a una hipoteca.

El poema gira en torno a la ambigüedad de opposita est , que por una parte significa: «expuesta» y por otra «hipotecada». Los cuatro vientos están nombrados: dos a la griega y dos a la romana. El uso del segundo significado de opponere tras uerum crea el anticlímax en los dos últimos versos.

Furio, tu casita de campo no está expuesta a los soplos del austro 45 , ni a los del favonio, ni a los del bóreas cruel, ni a los [5] del afeliota, sino a quince mil doscientos sestercios. ¡Oh, viento horrible y pestilente!

27

Esta es una canción de banquete al estilo de las de Anacreonte.

Contenido .– 1-4: Catulo pide bebidas más fuertes; 5-7: fuera el agua ante el mejor vino.

No hay seguridad en la identificación de esta Postumia, la anfitriona del banquete. Si fuera la mujer de Servio Sulpicio Rufo y amante de César, este poema inauguraría el ciclo de los políticos. Se puede ver también una mueca humorística a la historia romana: esta graciosa lex Postumia estaría en contraste con la del famoso Postumio de Livio (IV 29, 5), que dio orden de matar a su propio hijo. Parece indudable que estamos ante un guiño de complicidad del poeta dirigido al culto lector.

Joven escanciador de añejo falerno, tráeme bebidas más fuertes, como manda la ley de Postumia, nuestra anfitriona, [5] más borracha que un grano de uva borracho. Pero tú, agua, vete de aquí adonde quieras, perdición del vino, y pásate a los sobrios. Éste es un vino de Tionio 46 .

28

Poema dirigido a sus amigos Veranio y Fabulo en contra de Memmio y Pisón.

Contenido .– 1-5: se dirige a sus amigos, miembros del séquito de Pisón; 6-13: la situación de Catulo con Memmio es igual a la de sus amigos bajo Pisón; 14-15: maldición a los dos pretores.

En los primeros versos llama la atención el empleo ambiguo de cohors y la acumulación posterior de palabras que evocan la milicia, sarcinulis et expeditis, frigora famemque , tópicos de la guerra. Ellos han ido a una misión civil, pero han padecido como si hubieran ido a la guerra. Lo mismo le ha pasado a Catulo. El poeta acude al lenguaje eufemístico, trabs, uerpa , para la designación del órgano sexual masculino; la imagen resulta todavía más gráfica que si hubiera usado el término real.

Para la maldición usa una fórmula ritual y solemne.

Compañeros de Pisón 47 , pobre séquito, con equipaje manejable y liviano, excelente Veranio y tú, mi querido Fabulo, ¿qué hacéis? ¿Habéis soportado con ese degenerado fríos y [5] hambre en abundancia? ¿Cuál es el gasto anotado en la columna de las ganancias, como me ocurre a mí, que, siguiendo a mi pretor, cuento por ganancias los gastos? Oh, Memmio, bien y por largo tiempo, boca arriba, me has hecho chupar despacio [10] esa viga entera. Pero por lo que veo habéis corrido igual suerte, pues estáis hartos de una verga no menor. ¡Busca amigos nobles! Pero a vosotros os abrumen con toda clase de desgracias [15] los dioses y las diosas, deshonra de Rómulo y Remo.

29

Ataque contra Mamurra, César y Pompeyo.

Contenido .– 1-20: retrato satírico de Mamurra, lleno de reproches a César, que es a quien dirige sus preguntas; 21-24: reproches a César y a Pompeyo.

Hay que advertir que Catulo no es un satírico político. Jamás veremos que sus versos expresen ideas políticas; expresan resentimiento contra las personas que ostentan el poder, pero no contra sus ideas.

La denuncia contra Mamurra está llena de pasión, de libertad y de fantasía en medio de una retórica exuberante. El que el poema esté escrito en yambos (concretamente en trímetros yámbicos puros) lo hace en forma y en contenido de la escuela arquiloquea.

Las tres palabras impudicus, uorax, aleo no van dirigidas a Mamurra directamente, pero es natural su implicación. Concretamente, se sabe con certeza que César no fue uorax , pero esta característica le cuadra a Mamurra perfectamente. La adjetivación superbus et superfluens , así como las homofonías subrayadas, preparan la imagen siguiente, donde el diminutivo albulus y la ironía que supone el empleo de la forma litúrgica Adoneus descubren al mejor Catulo, doctus et lepidus . Continúa la enumeración de sus excesos culpables en lenta complacencia, para acabar elevando el ataque hasta los que se los consienten.

¿Quién puede ver esto, quién puede sufrirlo, si no es un desvergonzado, glotón y truhán? ¿Que Mamurra 48 posea la grasa que untaba la Galia de los de larga cabellera y la Britania de los confines del mundo? Puto Rómulo 49 , ¿verás todo esto y [5] lo soportarás? ¿Y él, ahora, soberbio y cebado, recorrerá todos los lechos como un palomo blanco o un Adonis? Puto Rómulo, ¿verás todo esto y lo soportarás? Eres un desvergonzado, un [10] glotón y un truhán. ¿Con este pretexto, general sin par, estuviste en la última isla de occidente, para que ese jodido Carajo vuestro devorase doscientos o trescientos millones? ¿Qué otra [15] cosa es sino siniestra liberalidad? ¿Es que ha derrochado poco o es que ha engullido poco? Primero dilapidó los bienes paternos, luego, el botín del Ponto, y, en tercer lugar, el de Iberia, que conoce el aurífero río Tajo. Ahora se le teme en Galia y en [20] Britania. ¿Por qué alentáis semejante enfermedad? ¿Qué es lo que éste puede hacer sino devorar pingües patrimonios? ¿Con este pretexto, vosotros, <los más piadosos 50 de Roma>, suegro y yerno 51 , lo habéis perdido todo?

30

Poema de quejas ante la traición de un amigo.

Contenido .– 1-6: Alfeno ha abandonado la amistad del poeta; 7-12: ruptura del foedus amicitiae y seguridad del castigo de la diosa Fides .

En el poema 64, Ariadna se queja en términos semejantes ante el abandono de Teseo (132-142) e idéntico contenido es también el de la elegía 76.

Catulo establece en este poema (y lo va a repetir a lo largo de toda la colección, concretamente en los poemas antes apuntados), que las bases de la buena amistad son un foedus (pacto). La Fides es garante de dicho pacto. Némesis se encarga de castigar a los culpables.

Alfeno, desmemoriado y falso para tus amigos leales, ¿ya no te compadeces nada, cruel, de tu dulce amigo? ¿Ya no vacilas en traicionarme y en engañarme, pérfido? Las impiedades de los hombres engañosos no agradan a los habitantes del cielo. [5] Tú no les haces caso y me abandonas, desdichado de mí, en medio de desgracias. Ay, ¿qué pueden hacer los hombres? Di, ¿en quién pueden confiar? Realmente tú me forzabas a entregarte mi alma, malvado, induciéndo<me> a estrechar nuestra amistad, como si yo no tuviera nada que temer. Tú mismo, [10] ahora, te alejas de mí y permites que todas tus palabras y todas tus acciones las disipen los vientos y las ligeras nubes. Si tú te has olvidado, al menos los dioses se acuerdan, se acuerda la Fidelidad 52 , que va a lograr que tú te arrepientas de tu conducta de ahora en adelante.

31

Es un epibaterio o salutación dirigida a la tierra natal tras la vuelta de un viaje.

Contenido .– 1-6: palabras de saludo a Sirmión; 7-11: alegría del regreso; 12-14: palabras de alabanza.

Destaca la personificación de la península de Sirmión, a quien Catulo se dirige como a un ser humano. El diminutivo ocelle es típicamente amoroso. La misma emoción entrañable que usa para dirigirse a su amigo Veranio en el poema 9 la repite al dirigirse a Sirmión. Allí Veranio volvía a Catulo, aquí Catulo vuelve a Sirmión.

No faltan los toques «culteranos»: uterque Neptunus, Thyniam atque Bithynos y Lydiae… undae . El final, como siempre, es lo más cuidado: el saludo, con una más intensa personificación de la península, al dedicarle el epíteto que suele ser el más común a la hora de dirigirse a la amada uenusta y la imagen del contento y las risas, brillante y espontánea.

Sirmión 53 , perla de las penínsulas y de las islas, de todas las que en lagos de limpias aguas y en el dilatado mar ofrecen uno y otro Neptuno 54 . ¡Con cuánto gusto y con cuánta alegría te vuelvo a ver, creyéndome apenas que he abandonado Tinia 55 [5] y las llanuras de los bitinios y que te veo sin peligro! Oh, ¿qué dicha es mayor que la de la pérdida de los cuidados, cuando el pensamiento descarga su peso, y agotados del esfuerzo del viaje llegamos a nuestro hogar y descansamos en nuestro añorado [10] lecho? Este placer es la única recompensa por tantas fatigas. Oh, bella Sirmión, salud. Regocíjate con tu amo, y vosotras, aguas del lago lidio 56 , reíd con cuantas risas haya en casa.

32

Poema de ocasión.

Contenido .– 1-3: solicitud de invitación; 4-8: consejos; 9-11: urgencia.

Es un escrito que requiere respuesta, en el que late una dramatización.

Una vez más, su final es un quiebro anticlimácico . Cuando creíamos que Ipsitila era la protagonista, los dos últimos versos nos descubren que se trata realmente de la urgencia sexual del poeta. Por otra parte, no debemos olvidar que tras el nombre de Ipsitilla se esconde el de alguna mujer famosa romana, que para el lector de su época sería fácil desvelar. Los nombres femeninos acabados en -illa eran abundantes, como el de Aurelia Orestilla , citada en SALUSTIO , Cat . XV 2.

Por favor, mi dulce Ipsitila, objeto de mis delicias y de mis pasatiempos, invítame a que yo vaya a tu casa a pasar la siesta. [5] Y si lo haces, añade esto otro: que nadie eche el cerrojo de la puerta, ni se te ocurra salir fuera; al contrario, quédate en casa y preparémonos a joder nueve veces seguidas. Y si vas a hacerlo, [10] invítame en seguida: pues estoy echado recién comido y, saciado boca arriba, atravieso la túnica y el manto.

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