Czytaj książkę: «Constitución de los Atenienses. Económicos.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 70


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CONCEPCIÓN SERRANO AYBAR .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1995.

PRIMERA EDICIÓN , 1984.

REF. GEBO192

ISBN: 9788424930905.

ARISTÓTELES

CONSTITUCIÓN DE LOS ATENIENSES


INTRODUCCIÓN
Escritos políticos del autor: influencia de Platón

De los escritos políticos de Aristóteles nos han llegado la Política y la mayor parte de la Constitución de los atenienses. Y no podemos considerarlos aislados: son unos testimonios más de su preocupación por la ciencia política y del proceso de su desarrollo intelectual en general. Por medio de ellos y de los fragmentos y noticias que tenemos de otras obras suyas de tema político, se pueden seguir los pasos dados por Aristóteles en su teoría política, desde sus comienzos en la Academia de Platón hasta su vejez. Teoría política que está entroncada con su pensamiento ético y metafísico que vemos cristalizado, especialmente, en la Ética a Nicómaco y en su «filosofía primera» o Metafísica: subyacen siempre en su pensamiento la idea de naturaleza humana y la idea de finalidad que le llevan a una consideración teleológica de la comunidad política.

Los autores antiguos conocían otros escritos 1 de Aristóteles que pertenecían a su primera época de producción, en la que su actitud intelectual parece que iba pareja con el platonismo. Es el período de los escritos, principalmente, en forma de diálogo, inspirados por la obra de Platón. Según su biógrafo Diógenes Laercio, Aristóteles tenía diecisiete años cuando entra en la Academia de Platón 2 , y a la muerte de su maestro él es un miembro de ella. Permanece dentro, por tanto, entre 368/7 y 348/7 a. C. Cuando Aristóteles se marcha, estaba cerca de los cuarenta años. Es importante hacer hincapié en este dato temporal, ya que nos permite situar el momento en que se encontraba el desarrollo del platonismo, cuando Aristóteles entra en contacto con él 3 , y nos deja intuir también la enorme influencia que tuvo que ejercer en el estagirita la permanencia al lado de Platón, desde los diecisiete a los cuarenta años de su vida.

La filosofía de Platón estaba muy lejos ya, en contenido y en método, de los problemas socráticos que había planteado en el Fedón, el Gorgias, la República y el Banquete. Las doctrinas clásicas mantenidas en ellos sobre el alma, sobre el placer y el dolor, sobre el Estado, sobre las Ideas, sobre la unidad y la multiplicidad eran sometidas a debate, defendidas y refutadas a través de profundos exámenes en torno a su validez lógica. La discusión de conceptos era el principio esencial de la Academia. Platón, durante aquellos años, escribía el Teeteto, el Sofista, el Político, el Parménides y el Filebo. Predominaba el pensamiento abstracto y el desarrollo de la dialéctica. La pura especulación sobre conceptos le llevaría a desarrollar el método de la división, tan importante para el estudio empírico posterior de Aristóteles.

En el Teeteto tenemos el modelo del filósofo antisocrático. Aparece el nuevo concepto de la vida teorética. El alma del filósofo se desentiende de la vida real y se eleva a las alturas, le interesa la geometría y la astronomía. Los contactos de Platón con los científicos de aquella época son continuos: las relaciones con matemáticos, como Teeteto, y con los pitagóricos de Tarento, con astrónomos, como Eudoxo de Cnido, quien traslada su escuela a Atenas para discutir con Platón y sus discípulos los problemas que les interesaban, con médicos, como Filistión de Sicilia, permiten deducir que la Academia de los últimos años de Platón manejaba gran cantidad de material e intercambiaba ideas con especialistas de todos los campos. Es más, incluso se llegó a considerar como ocupación peculiar y característica de la Academia, las clasificaciones (de plantas, etc.). Evidentemente, el interés no era por los objetos mismos, sino para comprender las relaciones lógicas entre los conceptos y llegar al ser transcendental. Pues Platón, no lo olvidemos, se interesaba por el ser, por la unidad y por lo suprasensible.

Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que, en la Academia de aquella época, se daba una estrecha relación entre lo empírico y lo teórico. Convivían la investigación del mundo real y concreto y la que lleva a la teoría y a la abstracción. Este ambiente es el que hace posible que Aristóteles siente unas bases metodológicas firmes. En él adquiere el hábito de abstraer y analizar que llevará al mundo de los individuos: al estudio de las plantas y de los animales y al mundo de la cultura. Y, en otras ocasiones, ese mismo hábito de analizar y abstraer lo conducirá a la investigación teórica pura.

Los primeros escritos 4 de Aristóteles con tema predominantemente político pertenecen a las obras exotéricas, es decir, aquellas dedicadas a un público amplio y que fueron publicadas por Aristóteles mismo. Su forma literaria y contenido están directamente inspiradas en su maestro y debieron ser escritas durante la estancia de Aristóteles en la Academia. Su forma literaria de diálogo y los mismos títulos, el Sofista, el Banquete, el Político, permiten deducir el carácter y la inspiración platónicos. De la mayoría de estas obras sólo conocemos el título y su cronología probable. No obstante, su pérdida está, en parte, atenuada por las citas textuales y referencia que hay de algunas 5 .

El Protréptico es una de las que se ha podido reconstruir el contenido, gracias a esa información fragmentaria. Su conocimiento aumentó sensiblemente al mostrar I. Bywater 6 que amplios extractos del Protréptico de Aristóteles se encontraban en la obra del mismo nombre del neoplatónico Jámblico. La primera cuestión que se plantea es la relativa a la forma. Según Jaeger era un discurso propagandístico en pro de la escuela de Platón. Otros autores 7 defienden la forma de diálogo, ya que Cicerón lo imita en su Hortensio que tiene tal forma. No parece éste un argumento convincente y, en todo caso, es dudosa la utilización del Protréptico en el Hortensio 8 . Pudo ser un discurso seguido de estilo epistolar. Está dirigido a Temisón, un príncipe de Chipre. Le exhorta a dedicarse al conocimiento filosófico, y proclama el ideal de la vida puramente filosófica que Platón exigía del hombre de acción. La forma es típica de la época: se hace notar la influencia de los pasajes protrépticos del Eutidemo platónico; y al modo de Isócrates, en su A Nicocles, se dirige Aristóteles a un magnate de Chipre con el ánimo de ejercer su influencia sobre él. Tales exhortaciones tienen como fin dar normas a los gobernantes sobre los mejores principios para un gobierno justo.

Aristóteles, ante el problema de las dos vidas, la del sabio y la del político, hace el elogio de la vida contemplativa como la única digna de ser vivida. El hombre es ante todo un alma unida a un cuerpo, y el alma es el intelecto cuya substancia está emparentada con la de las Ideas eternas que contempla 9 . De esta contemplación teórica el sabio deduce la norma político-moral de su actividad ordenadora práctica. Así, muestra a Temisón que tiene como deber el gobierno de los hombres y que, si no puede dedicarse únicamente a la filosofía, ésta le será muy útil para conducir rectamente la vida práctica y política. Aristóteles es fiel a su maestro. El concepto de sabiduría (phrónēsis) y la justificación de la filosofía y su lugar en la vida del hombre están muy dentro del platonismo. Se trata de un saber teórico y práctico a la vez. Aristóteles señala que sólo cuando la política se estudie a base de principios filosóficos quedará libre de su presente infecundidad e inestabilidad. Y sigue refutando a los simples empíricos que actúan imitando las constituciones de los lacedemonios, de los cretenses, o de cualquier otro pueblo 10 . Con estas indicaciones, Aristóteles parece aludir a Isócrates y a la teoría sofística del Estado, y critica la acumulación de conocimientos fragmentarios. La política, según Aristóteles, tiene necesidad de fundamentos filosóficos, es decir, sólo el conocimiento «de la naturaleza misma y de la verdad» (apò tês phýseōs autês kaì tês alētheías) 11 da al hombre de Estado las normas absolutas a partir de las cuales juzga lo que es justo, bueno y ventajoso y regula así su acción política. Esta concepción del hombre de Estado filósofo es próxima a la del Político de Platón.

Es conocido el diálogo Sobre la Justicia, en cuatro libros, gracias a la reconstrucción cuidadosa de P. Moraux 12 . Debía de tener gran semejanza con la República de Platón, pues Crisipo, el estoico, atacaba los dos al mismo tiempo y Cicerón los citaba a la vez 13 . Moraux, partiendo de una indicación que el mismo Aristóteles da en la Política (III 6, 1278b31-33) a propósito de las distintas formas de mando, trata de reconstruir el diálogo. Encuentra vestigios de él en las Éticas y en la Política. Aristóteles parece que reanudaba en él, para expresar sus opiniones, el esquema platónico de la analogía entre el alma y la ciudad. Establecía un paralelo entre las relaciones de las diversas partes del Estado y las mutuas relaciones de las diversas partes del ser humano, y llegaba así a la justicia ética y a la justicia política. La justicia individual la concibe como la virtud suprema sin la cual ninguna otra puede desarrollarse. El virtuoso es aquel cuyas diversas partes del alma viven en perfecta armonía y en perfecta amistad. La justicia política se caracteriza por la igualdad de los miembros de la comunidad y distingue en ella, basándose en las diversas partes del alma, tres formas fundamentales de mando. Luego establece una relación entre los tipos de mando y la naturaleza de las comunidades donde se ejercen esos mandos. La multiplicidad de las especies de comunidad y de autoridad tenía su correspondencia en la variedad de las especies de justicia. Otros fragmentos, según Moraux, muestran a un Aristóteles más pendiente de las realidades políticas.

El Político, en dos libros, se conoce sólo por algunas citas y referencias 14 . Se quiere ver en él el tipo de diálogo llamado «aristotélico», en el que se opone un discurso a otro, intentando reproducir la misma realidad de la investigación, en la que se daban demostraciones teoréticas y largos exámenes expuestos con un cierto método, cuya discusión dirigía el propio Aristóteles. El cambio en la forma se daba como reflejo del debate mismo; respondía a la nueva forma de las conversaciones. Lo que perdía en estética, como dice Jaeger 15 , ganaba en claridad. Según Cicerón 16 , este escrito trataba de las relaciones entre el hombre eminente y el Estado. Exponía en él posiblemente las relaciones de la filosofía con la política. Debía de tener alguna semejanza con el Político de Platón. Del libro segundo se conserva el fragmento «el bien es la medida más exacta de todo» 17 , que nos recuerda a aquella otra sentencia de las Leyes de Platón (IV 716c) «Dios es la medida de todas las cosas». Es arriesgado interpretar una frase aislada. Aubonnet 18 considera que tal cita parece insinuar que para Aristóteles la política, al igual que la ética, es una ciencia únicamente normativa.

Se conoce también el título de las Leyes, que comprendía cuatro libros, compuestos, según parece, con el fin de legislar para Estagira, su ciudad natal, situada en la costa oriental de la Calcídica. Otra obra de tema político es Sobre la monarquía, está dirigida a un príncipe joven que le pide consejos. Debe suponerse que pertenece al tiempo en que Aristóteles era preceptor del hijo de Filipo. Puede ser una memoria dirigida a Alejandro al ascender al trono, parecida a su Protréptico o al A Nicocles de Isócrates, en donde se daban consejos de orden moral y político 19 . En esta obra, tal vez, tuvo ocasión para profundizar y enriquecer las ideas tradicionales acerca de la realeza, e hizo una primera clasificación de las diversas formas de monarquía, ya que se observa que este tipo de gobierno tiene en la Política (III 14-18) una precisión y extensión mayores que las otras formas, que presenta mucho menos elaboradas.

Lamentamos especialmente la pérdida del escrito dirigido a su antiguo discípulo, titulado Alejandro o Sobre las colonias. En él podríamos tener un seguro testimonio para conocer en qué medida Aristóteles determinó la conducta política de Alejandro. Sólo nos quedan dos fragmentos 20 . Con todo, es bastante seguro que las ideas de Aristóteles sobre el Estado se movían dentro de los límites de la polis griega. No pudo comprender el proyecto de imperio que estaba en la mente de Alejandro, con la fusión de los griegos y macedonios con los orientales, que, para Aristóteles, no eran más que bárbaros. Tal vez esta misma falta de comprensión provocó el distanciamiento y muerte trágica de su sobrino Calístenes, historiador que acompañaba a Alejandro para narrar sus hazañas en campaña y que, tras haber caído en sospecha de participar en una conjura, es matado sin previo proceso. Se conserva un conocido pasaje del tratado en que Aristóteles aconseja a Alejandro «ser caudillo para los helenos, para los bárbaros señor, y tratar a los primeros como amigos e iguales, y a los segundos como a fieras o plantas». Tales ideas manifiestan claramente una reprobación de la política de asimilación practicada por Alejandro.

El testimonio más importante para conocer el pensamiento político de Aristóteles es el tratado la Política, compuesto de ocho libros 21 . Sobre la cronología y el orden en que se han escrito, hay numerosos y profundos trabajos. W. Jaeger, teniendo en cuenta referencias internas y contradicciones, ha logrado ordenarlos según el momento de su redacción y explicar así una evolución en el pensamiento de Aristóteles. Forman parte de la Política primitiva, según Jaeger, los libros II, III, VII y VIII; éstos siguen la línea platónica de una ciencia política abstracta. Los libros IV-VI formarían un tratado perteneciente a la última etapa de producción del autor, en la que predomina la línea de investigación empírico-positiva, momento en que llega al máximo distanciamiento de su maestro. Luego habría añadido, como prólogo, el libro I, que expone las condiciones sociales y económicas que sirven de base a toda la vida política.

En los estudios más recientes, no se pone en duda que en la obra hay tratados pertenecientes a épocas diferentes, materiales que formaban parte, incluso, de otros escritos, pero también se admite, en general, que el propio autor lo refunde todo, en una última revisión, en la Política con el orden tradicional en que nos ha llegado y que este orden ha sido escogido por el mismo Aristóteles, o según otros por algún editor de la escuela peripatética, fiel a la enseñanza de su maestro. Así, lo más aconsejable, teniendo en cuenta los últimos resultados de la investigación, es respetarlo y considerar la unidad de estructura de la obra que se descubre de su lectura. Ofrecemos un esquema mínimo de su contenido siguiendo a W. D. ROSS 22 :

1) La economía doméstica, preliminar al estudio del Estado, puesto que el Estado deriva de la casa (libro I).

2) Las repúblicas propuestas como ideales y las constituciones existentes más estimadas (libro II).

3) El Estado, el ciudadano y clasificación de los regímenes (libro III).

4) Los diversos regímenes y su realización, la inestabilidad de los regímenes, organización y seguridad de las democracias y oligarquías (libros IV, V, VI, respectivamente, que originariamente habrían sido un tratado independiente).

5) La felicidad y el régimen ideal, la educación de los jóvenes (libros VII y VIII, respectivamente, que habrían formado el tratado sobre el Estado ideal).

Nos referiremos de nuevo a la obra en el apartado dedicado a su relación con la Constitución de los atenienses.

Dentro de la actividad compiladora que, sin duda alguna, comienza ya en época temprana y cultiva en toda su vida, Aristóteles obtuvo muy interesantes resultados. Los frutos de esta actividad, con la hermosa excepción de la Constitución de los atenienses, se han perdido. En relación con el tema político figuraban Los usos y costumbres de los bárbaros (Nómima barbaricá), en cuatro libros. Aristóteles se interesaba, a juzgar por los fragmentos conservados, por las antigüedades, temas de folklore y de etnografía, instituciones sociales, la política y la fauna de los diversos países que trataba. Tal vez lo esencial de esta documentación lo haya recogido en su estancia en Aso y en Mitilene, así como en Macedonia. Su redacción parece tardía: un fragmento de los conservados menciona la expedición de Alejandro el Motoso al sur de Italia donde murió, hecho que se sitúa al final de los años treinta del siglo IV . Otra obra era Los pleitos de las ciudades (Dicaiṓmata póleōn) 23 , se trataba de una compilación de documentos jurídicos en los que se discutían las reivindicaciones de ciudades griegas sobre territorios y otras diferencias. Según la Vita Marciana 24 , este escrito sería anterior a los primeros estudios sobre las Constituciones, y Filipo de Macedonia, gracias a estos documentos, pudo dar fin a las disputas entre las ciudades griegas. Se habría impuesto como árbitro basándose en un derecho consuetudinario que Aristóteles le suministró con este trabajo. Según A. Tovar, los primeros materiales de esta compilación serían reunidos en su estancia en la Academia y luego lo habría modificado y completado varias veces, y publicado en los últimos años 24bis .

La «Constitución de los atenienses»: autenticidad, época de composición y contenido

Dentro de esta actividad compiladora sobresalía, ante todo, el gran tratado de las Constituciones (Politeîai), grandiosa colección que pretendía recoger las constituciones de ciento cincuenta y ocho ciudades griegas y bárbaras. Según Filodemo 25 , tan inmenso trabajo fue hecho en colaboración con Teofrasto. Aristóteles, ciertamente, dirigía el trabajo de un gran número de colaboradores y aprobaba y corregía los diversos estudios particulares 26 . Tal proyecto no sabemos si llegó a terminarse. Por las citas de los autores antiguos se conoce el nombre de sesenta y ocho ciudades y pueblos griegos o bárbaros de los que eran descritas sus instituciones políticas 27 . Iban desde Sínope, en la costa del mar Negro, hasta Cirene al Norte de África, y Marsella al Sur de Francia. Según Diógenes Laercio, había cuatro tipos: democráticas, oligárquicas, tiránicas y aristocráticas, y estaban clasificadas por orden alfabético como lo atestigua el fragmento recogido por V. Rose (fr. 417, en la cita de Harpocración): la Constitución de Atenas era la primera y la de Ítaca ocupaba el lugar cuarenta y dos. A juzgar por los fragmentos que nos quedan, Aristóteles se interesaba por cuestiones muy variadas, aunque lo esencial en ellas parece que debían ser los estudios de orden histórico o jurídico y constitucional, como se puede deducir de la lectura del fragmento más amplio y completo de esta serie de monografías, la Constitución de los atenienses. Es bastante seguro que el mismo Aristóteles redactase varias, pues un comentarista griego habla de la claridad de exposición de este autor en las Constituciones auténticas suyas 28 ; y en el libro II de la Política, al hacer la crítica de los escritores anteriores de utopías, entre los que destaca a Platón, entra Aristóteles en una discusión sobre los tres estados ideales que, en el siglo IV , se consideraban como poseedores de constituciones ejemplares y trata de las constituciones de Esparta, Creta y Cartago.

Aubenque 29 cree que el interés de Aristóteles por la investigación sobre las constituciones tiene su origen en estudios del mismo tipo hechos en el seno de la Academia platónica. También Jaeger afirma, al referirse a los tres Estados ideales de Creta, Esparta y Cartago, que si la última redacción parece de poco después de 345 a. C. (basándose en el dato concreto de la huida del capitán focidio, Faleco, a Creta, hecho que se menciona como reciente), el material debió de recogerlo antes de su estancia en Aso, cuando Platón trabajaba en Las leyes, y las instituciones espartanas y cretenses eran tema favorito de discusión en la Academia 30 . Parece razonable situar la enorme empresa de la compilación de tan gran número de constituciones, como plan organizado y dirigido por el Estagirita, en los tiempos en que dispuso de la ayuda de muchos investigadores: cuando era jefe del Liceo en su segunda estancia en Atenas (335-323 a. C.), pero no cabe ninguna duda de que pudo darle comienzo en el período en que trabajó en la Academia y continuarla durante los doce años de su vida que transcurre en diversos lugares (347-335 a. C.), y especialmente en Aso, en la Eólide, donde se encuentra con Erasto y Corisco 31 , que habían sido miembros de la Academia platónica, a quienes se añaden otros discípulos: Jenócrates y, tal vez, también Teofrasto. Aquí Aristóteles encuentra un ambiente adecuado y una situación más segura que en Atenas, donde el partido antimacedónico crecía en importancia. Vive en la corte de Hermías de Atarneo, con cuya hija adoptiva se casa, en contacto directo con los problemas políticos de aquel mundo difícil, disputado por la ambición del rey macedonio y la del rey persa. Por otro lado, dentro del grupo de aquella oligarquía intelectual, recae la dirección en él y, durante los tres años que permanece allí, tiene seguramente comienzo lo que será la escuela científica de Aristóteles albergada en el Liceo. Continúa la labor del primitivo grupo platónico y desarrolla, sin duda ninguna, las posibilidades que le ofrece aquel escenario geográfico (Tróade, Eólide, tracios, persas, macedonios y colonias del mundo griego) de conocer realidades histórico políticas de otras comunidades griegas y bárbaras. Es muy probable que, en un lugar tan propicio, siguiese recopilando material que le sería necesario para componer las Constituciones.

La Constitución de los atenienses, como ya hemos dicho, era el primer libro que engrosaría esa gran colección. Es el ejemplo más acabado que tenemos para deducir el método adoptado en este tipo de investigación, y reconocer el valor que estos estudios tenían y la irreparable pérdida que su desaparición supuso. Es opinión generalizada que fue el mismo Aristóteles quien compuso el tratado que debía servir de modelo para los demás trabajos constitucionales del Liceo. Esto no quiere decir que sea una obra cuidada literariamente, como hemos dicho más arriba de los diálogos, y publicada por el propio autor para el público, sino que más bien sería, a juzgar por las contradicciones que hay en el texto, un manuscrito que el autor iría corrigiendo, añadiendo y cambiando adecuadamente en el tiempo 32 . No obstante, según la oportuna cita de Tovar, «en la ordenación y disposición de la materia reconocemos la mano de un sistematizador y, detrás de los juicios de instituciones y políticos, vemos al científico y al filósofo».

En cuanto a la forma, la «composición en anillo» está empleada como principal recurso estructural en la parte histórica (caps. 1-41) con habilidad y variedad, para poner énfasis en las principales etapas del desarrollo y evolución de las constituciones. Y también la usa de modo sistemático en la parte segunda, dedicada a exponer la organización del Estado ateniense. Como tal recurso formal alude continuamente al pasado y lo compara con el presente del autor, que es el que trata de reflejar en esta sección de la obra 33 . Existen pasajes que parecen interpolados, a los que hacemos referencia en las notas a la traducción. Pero tales datos fueron introducidos por Aristóteles mismo. El texto que leemos es el mismo, sin duda, que el que leía el último de los Atidógrafos, el historiador Filócoro, quien escribe antes de 306 a. C., menos de veinte años después de la composición de la obra, y la citaba como de Aristóteles 34 . Sobre su autenticidad nadie duda ya.

Si pasamos a establecer la fecha de su composición, dado el carácter del escrito, tiene sólo un valor relativo tratar de situarla en un año concreto: los datos más recientes que encontramos mencionados nos permiten deducir solamente que el autor se ocupó de poner al día su obra y, en todo caso, significarán el momento después y antes del cual hizo los últimos retoques. En este sentido, la revisión última está limitada por las referencias mismas que hay en el texto y parece que tuvo que ser bastante tardía. Existen unos datos que nos lo confirman: por una parte, la mención del magistrado ateniense de Samos (62, 2), que desaparece más tarde, en 322 a. C., y la referencia a la nave Amonia (61, 7), una de las naves sagradas que llevaba este nombre después de 324 35 a. C., permiten situar la redacción entre 324 y 322 36 a. C. Por otra parte, la referencia cronológica del arcontado de Cefisofonte (54, 7), que es en 329/8 a. C., y el no mencionar Aristóteles quinquerremes (46, 1), que se sabe que existen en servicio desde 326 37 a. C., pueden ser términos post quem y ante quem, respectivamente, para pensar en una redacción última entre 328 y 326 a. C. En todo caso, tales fechas ratifican la idea casi unánime de que la composición de las Constituciones tuvo lugar en la etapa en que dirigió el Liceo, es decir, durante su estancia en Atenas (335-323 a. C.). Y por ellas, es razonable pensar que la última revisión de la Constitución de los atenienses fue uno de los trabajos postreros del autor, ya que muere en 322 a. C.

En cuanto al contenido, el tratado está compuesto de dos partes bien diferentes. En la primera parte (1-41) expone la evolución del régimen político de Atenas desde una época anterior a Solón hasta el arcontado de Euclides (403 a. C.), es decir, hasta la restauración de la democracia en ese año. Se puede subdividir en un bosquejo de la sucesión de regímenes que llega hasta 411 a. C. (1-28), y un informe documental de las revoluciones oligárquicas y de la restauración (años 411-403 a. C.; caps. 29-40), con un resumen (41) de la visión histórica dada en los capítulos anteriores.

El plan completo de la primera parte comprende los cambios de régimen siguientes:

1) Los cambios con la entrada de Ión (1).

2) La constitución en tiempo de Teseo (2-3).

3) Reorganización constitucional de Dracón (4).

4) La Constitución de Solón (5-13).

5) La tiranía de Pisístrato y sus hijos (14-19).

6) Reformas de Clístenes (20-22).

7) La supremacía del Areópago (23-24).

8) Reformas de Efialtes y gobierno de Pericles: plena restauración y desarrollo de la democracia (25-28).

9) La revolución de los Cuatrocientos (29-32).

10) Gobierno de los Cinco Mil (33).

11) El gobierno de los Treinta y los Diez (34-38).

12) Restauración de la democracia (38-40).

La constitución establecida en 403 a. C. (con la paz de Euclides) permanecía en vigor en la época en que Aristóteles escribe el tratado, como él mismo dice: «añadiendo continuamente poder a las masas. Pues de todas las cosas el pueblo se ha hecho a sí mismo dueño, y todo lo gobierna mediante votaciones de decretos y por medio de los tribunales, en los que el pueblo es el soberano» (41, 2).

La segunda parte contiene una exposición de la organización del Estado ateniense en tiempo del autor (42-69): nos ofrece un cuadro de las instituciones del derecho positivo de Atenas en el siglo IV . Después de un preámbulo consagrado a la inscripción de los ciudadanos y a la efebía (42), trata de la estructura de las magistraturas, arkhaí, (43-62), primero las que son designadas por la suerte (43-60), y luego las que son elegidas por votación, las magistraturas para la guerra (61) y los sueldos (62). Una última sección de esta parte es la dedicada a la descripción de los tribunales (63-69) con la que finaliza el escrito.

Fuentes de la obra

Los únicos autores que Aristóteles nombra son Solón y Heródoto. De Solón cita gran número de versos en dos capítulos (5 y 12). A Heródoto lo menciona una vez (14, 4), pero parece seguirlo de cerca en la exposición sobre Pisístrato y Clístenes (14; 15; 20), con interesantes variantes 38 . En muchos pasajes, remite a la tradición anterior escrita por medio de expresiones generales como: «la mayoría afirma» (3, 3), «como dicen los partidarios del pueblo» o «según los que quieren difamarle» (6, 2), «todos los demás lo reconocen» (6, 4). En algunos pasajes, se conoce de modo seguro la fuente a la que alude: en «la historia que se cuenta de que Hipias…» (18, 4) se refiere a Tucídides en un pasaje del libro VI 58 de la Historia de la Guerra del Peloponeso. Disiente deliberadamente de él sobre algunos puntos importantes de la historia de Harmodio y Aristogitón. Coincide, en cambio, en gran parte de la narración de la revolución de los Cuatrocientos (29; 33), aunque la coincidencia no es completa, pues Aristóteles cita documentos originales con información que no recoge Tucídides. Parece que era norma común, dentro de la tradición historiográfica aristotélica, no citar las fuentes.

Con Jenofonte presenta semejanza en la narración del discurso de Terámenes (36) y en otros pasajes, pero, al mismo tiempo, las divergencias son suficientemente numerosas para sugerir que la fuente seguida por Aristóteles era la misma que la que más tarde sigue Diodoro Sículo. Ambos seguían a Éforo a quien Diodoro cita. Busolt 39 mantiene que el acuerdo entre Aristóteles y Diodoro (Éforo) se debe a que ambos, Aristóteles y Éforo, tienen como fuente común la Atthís de Androción.

Aristóteles sigue frecuentemente a los autores de historias locales, los Atidógrafos 40 : sigue a Adroción sobre el ostracismo de Hiparco, el hijo de Carmo (22, 3), y parece querer refutarlo en la reducción de deudas y la reforma monetaria de Solón (6; 10). Las concordancias con Plutarco, probablemente, son debidas a que los dos escritores manejan, la obra de Androción. La Constitución de los atenienses tiene en común con las Atthídes, historias locales de Atenas, el interés por señalar el origen de palabras y frases conocidas (2, 2; 6, 1; 13, 5; 21, 2; 21, 5; 43, 2), la procedencia de instituciones (7.4; 8.3) y la explicación de proverbios (16, 6; 18, 6; 21, 2).

Recoge, asimismo, información Aristóteles de obras semihistóricas y semipolíticas, panfletos, como G. Mathieu las califica, que muestran una tendencia política determinada. Unas eran de tendencia democrática; se hacen notar en los capítulos: 6, 1; 7, 2-3; 16, 4; 18; 20, 3; 25. Otras eran favorables a una política oligárquica; así, en los caps. 6, 2; 18; 20, 1; 24; 25; 27, 4-5, parece estar detrás el pensamiento del grupo político acaudillado por Critias. También se muestra una tendencia favorable a Terámenes (3, 6; 4; 8, 2-4; 9, 2; 16; 23, 1; 26, 1; 28-40, especialmente 28 y 36), que quizá depende de un tratado doctrinal compuesto entre 403 y 400 por un miembro del partido moderado de los oligarcas.

También recurre para sus fuentes a datos arqueológicos: «las tablas giratorias» de Solón, kýrbeis (7, 1), la acuñación de la moneda presoloniana (10), la inscripción de un relieve que representa a Dífilo al lado de un caballo, en la Acrópolis (7, 4). Otros testimonios los toma de los poemas de Solón 41 (5, 2-3; 12) o de la poesía popular, como los escolios en honor de los muertos al fortificar Lipsidrio (19, 3) y el cantado en honor de Cedón (20, 4). Cuando le faltan fuentes, toma como tales las deducciones que hace a partir de circunstancias concretas existentes en su tiempo. Es decir, infiere del presente el pasado: dada una situación en las instituciones, deduce las condiciones en que existían éstas en un tiempo más antiguo. En algunos casos, el autor menciona a otros que emplearon ese mismo método de reconstrucción de los hechos: acerca de los juramentos de los nueve arcontes (3, 3), sobre la calificación de la segunda clase del censo que cosechaba trescientas medidas (7, 4). Él mismo lo emplea en algunos casos: sobre la unión sagrada que tenía lugar entre la mujer del rey y Dioniso (3, 5), en la proposición de los nueve arcontes por sorteo en tiempo de Solón (8, 1), en el establecimiento por Pisístrato de «los jueces por demos» (16, 5).

A un lector moderno llama especialmente la atención la importante presencia que los documentos oficiales históricos tienen en el escrito. Aristóteles quiere apoyarse en documentos originales conservados, sin duda, en los archivos del Estado, guardados por los prítanes de turno: la referencia a la ley para la asignación de los tesoreros (8, 1) y la ley contra los que no se interesaban por los problemas de la ciudad (8, 5), la ley contra la tiranía (16, 10), los decretos propuestos por Aristión (14, 1) y Temístocles (22, 7), expresados en términos generales, y el propuesto por Pericles en 451/450 (26 al final). Los documentos oficiales relacionados con la revolución de los Cuatrocientos en 413 son recogidos en toda su extensión: la proposición de Pitodoro de Anaflisto para el nombramiento de los treinta consejeros con la enmienda de Clitofonte, los acuerdos formales preliminares y disposiciones de la constitución redactada por los treinta consejeros (29), las constituciones definitiva y provisional compuestas por los cien comisionados (30; 31) y los términos en los que se logra la reconciliación entre los partidos oligárquico y democrático en 403 a. C. (39).

En ocasiones, ese interés por el documento oficial le lleva a aceptar documentos falsificados como auténticos: es opinión generalizada considerar interpolada la supuesta constitución de Dracón (4). O bien incluye como documentos oficiales, textos de origen dudoso que parecen procedentes de alguna obra oligárquica 42 : en los caps. 28-40 sigue una fuente favorable al partido de Terámenes que representa una tendencia política por la que siente especial simpatía, pues la hace coincidir con la democracia moderada que expone en la Política, bajo el nombre de Politeía (IV 14, 1298b9). En estos casos, algunas veces, transmite información no conocida por otra fuente. Así, es indispensable para comprender los acontecimientos de 404-403, y para analizar la situación política en Atenas cuando se establecen los Treinta Tiranos 43 .

En el empleo de las fuentes, Aristóteles aplica su sentido crítico: cita las versiones diversas de un hecho (14, 7; 17, 4), intenta justificar los motivos que ocasionaron tales datos, y procura corregirlos y dar su versión armonizadora; en su búsqueda del término medio, acepta, a veces, parte de una versión y parte de otra. Este modo de proceder puede explicar contradicciones de fechas que se encuentran generalmente en este tratado (14; 15; 17; 19) 44 .

Para la segunda parte de la obra, las fuentes principales han tenido que ser los archivos mismos, que le suministraban los datos concretos y exactos, y los Atidógrafos, que le permitían comparar el estado presente y el estado anterior de las instituciones 45 . La precisión de los términos jurídicos y el detalle en la descripción de las magistraturas (43-62) y de los tribunales (63-69) aseguran la excelente calidad de las fuentes. Como muy agudamente observa Haussoullier 46 , se deduce, en esta sección de la obra, un espíritu irónico y crítico de la democracia ateniense del s. IV , al exponer tan minuciosamente los detalles materiales en torno a los tribunales: aparatos, cajas, urnas, bastones, bellotas, tableros, tablillas, salas, colores, letras. Ello apunta a las medidas extremas de precaución que se habían tomado, por el espíritu de desconfianza y el temor a las intrigas y a la corrupción de los miembros de los tribunales populares (63, 4-66) que habían llegado a tener todo el poder (41, 2). Sabemos que el autor de la Política considera el régimen democrático como una desviación del gobierno ideal para él (politeía), y no es una de las tres formas que reconoce como justas (Política IV 2, 1298a26).

En esta segunda parte, se ha notado habitualmente una laguna importante: no se dice nada de cuál es la magistratura a quien corresponde legislar. Y en la Política tampoco se subsana el olvido. Por otras fuentes sabemos que la función de legislar compete, en Atenas, a los «legisladores», nomothétai, un colegio de heliastas. Omite también, en el cap. 59, la revisión anual de las leyes, epikheirotonía tôn nómōn, que presidían los tesmótetas. La omisión de estas cuestiones, tal vez, se explique porque eran tratadas por su discípulo Teofrasto en las Leyes, tratado que figuraba en el programa de los trabajos dirigidos por el maestro. El lexicógrafo Harpocración, s. V . thesmothétai, dice que Teofrasto trataba de la revisión anual de las leyes en el libro III de las Leyes. Y esto hace suponer que también tratase de la competencia de dar leyes en otro capítulo.

A pesar de tales omisiones, en la segunda parte no hay contradicciones y presenta una mayor coherencia y seguridad metódica.

La «Política» y la «Constitución de los atenienses»: teoría y práctica

La composición de la Constitución de los atenienses transparenta una sólida base teórica que también se encuentra en la Política. En el primer capítulo del libro III de la Política define al ciudadano (1275a22 ss.) por participar en la administración de justica y en el gobierno (kríseōs kaì arkhḗs), y éstos son los epígrafes que podríamos dar a la segunda parte de la Constitución de los atenienses aunque invertidos: las magistraturas (42-62) y los tribunales para administrar la justicia (63-69). En el libro IV de la Política (IV 14, 1297b37 ss.), coincidiendo con la Constitución de los atenienses, detalla, en el mismo orden, los tres elementos que tiene todo régimen: el elemento que delibera sobre los asuntos de la comunidad (tò bouleuómenon); el de las magistraturas (tò perì tàs arkhás), es decir, cuáles deben ser, sobre qué asuntos deben tener autoridad y cómo debe hacerse su nombramiento; y el que debe administrar la justicia, esto es, el poder judicial (tò dikázon). Igualmente, la dura crítica que hace, en la Política, de la democracia radical (IV 4, 1292a5 y 23), en la que el soberano es el pueblo y no la ley, tiene su reflejo en la Constitución de los atenienses (41, 2, al final) al referirse a la democracia de la época del autor. En esta obra se pueden ver ejemplos de los regímenes tratados en los libros III, IV y VI de la Política: del régimen mixto o «república» (politeía), en la constitución de Dracón y en la de Solón; de democracia radical, en la que existe en los «últimos tiempos» en vida del autor; de la aristocracia, en la constitución del Areópago; de oligarquía radical, en el régimen de los Treinta; de la tiranía, de la que dice que es la forma más distante de una constitución, en el régimen de Hipias; de un tipo de monarquía, en el régimen de Pisístrato.

Creemos que teoría y experiencia están en estrecha relación y son una constante en el pensamiento político de Aristóteles. Ya hemos expuesto alguna idea de lo que se puede saber de las obras encuadradas bajo el término de «diálogos» con tema político, y vienen a apoyar la tesis de un Aristóteles que presenta, en sus escritos desde su etapa en la Academia platónica, los ingredientes de un desarrollo teorético del pensamiento y una investigación experimental de todo fenómeno natural. Su criticismo realista, unido a un moderado idealismo, son sus principales características. Debemos encajarlo en la tradición intelectual de la «política» en Grecia. Julián Marías 47 indica tres fuentes principales de inspiración que convergen en la composición de las obras más importantes de tema político: la actividad política misma, la actitud racionalista orientada a la pura especulación que busca lo mejor y lo ideal, sin tropezar con la realidad política, y la conciencia de que la comunidad política está en crisis y los peligros que esta situación conlleva.

La clasificación 48 que Aristóteles presenta de las Constituciones deja ver la tradición, coincide con Platón, salvo pequeñas diferencias, y nos la transmiten como una clasificación comúnmente admitida (Política IV 3, 1298a22-24); pero, además, Aristóteles se sitúa en el mundo real griego, atiende a los hechos y analiza un panorama histórico bien definido: las consecuencias de la guerra del Peloponeso y aparición de dos bloques políticos, representados por Atenas y Esparta que apoyan las democracias y las oligarquías respectivamente, las hegemonías sucesivas de bloques (Atenas, Esparta, Tebas, Macedonia), las luchas internas de Estados griegos y la crisis de la democracia de su tiempo. Esta realidad política induce a Aristóteles a presentar las constituciones como si hubiese sólo dos formas: oligarquía y democracia (III 9, 1280a7 y ss.; IV 4, 1290a24-30 ss.). Y como dice Moraux 49 , «de una feliz mezcla de instituciones democráticas y oligárquicas nace una forma de Estado que Aristóteles considera como excelente», a la que llama politeía (IV 8-9, 1293b22-1294b41). El escenario histórico de los hechos ha sido el motor de su pensamiento y la base de su teoría.

A su vez, las orientaciones teóricas del filósofo condicionan la interpretación de los hechos: busca la verdad estudiando el mayor número de testimonios, pero los interpreta según sus propias teorías, asume las tradiciones que concuerdan más con sus ideas. R. Weil 50 analiza una serie de pasajes que presentan diversas versiones en la Constitución de los atenienses y en la Política y nota la significativa elección que Aristóteles hace: 1.°) La historia de Solón en ambas obras es semejante, la única diferencia es que en la Política los arcontes eran elegidos y controlados por el pueblo (II 12, 1274a15 ss.; III 11, 1282b32 ss.), y en la Constitución de los atenienses los hace designar por la suerte sobre una lista preestablecida y su control pertenecía al Areópago (8, 1). La doble versión proviene de las fuentes: una procede de los autores del siglo IV y otra de los autores más antiguos. La historia de Solón en el siglo IV sirvió de propaganda y circulaban, entre otras versiones, la democrática y la oligárquica. Heródoto ve en él un sabio, un poeta y el autor de un código de leyes, pero no de una reforma constitucional. Aristóteles toma posición ante esta situación, y tras un primer trato objetivo de los hechos y escritos de Solón, pasa a considerar su régimen como el comienzo de la democracia, moderado y capaz de mantenerse en el medio: en la Constitución de los atenienses lo ve como ejemplo histórico del régimen «mixto» que en teoría había definido en la Política (IV 14, 1298b9), bajo el nombre de «república» (politeía), más constitucional que democrático. 2.°) Las preocupaciones políticas de su tiempo y su propia teoría explican la consideración de la constitución de Dracón como realmente existente (Constitución de los atenienses 4; 41, 2, con las notas respectivas); tal vez se basa Aristóteles para ello en algún documento forjado a fines del s. V (cf. R. Weil, art. cit., págs. 168-170). 3.°) Otro ejemplo de elaboración propia, basada en alguna fuente del siglo IV , es aquella en que supone el llamado gobierno del Areópago (23) como una constitución cierta (41, 2). Esta pretendida constitución, además de servirle como ejemplo de su preferida constitución «media», de la que dice que con ella los atenienses fueron muy bien gobernados en aquellos tiempos (23, 2), fortalecía la teoría del cambio progresivo, es decir, del crecimiento gradual de los elementos democráticos de la constitución (22; 23). Aristóteles, ante el complejo asunto de calibrar los méritos de unos y de otros en las guerras médicas, en tal pasaje (23, 1-2) toma partido y la justifica como resultado del protagonismo que el Consejo del Areópago tuvo en las guerras, mientras que en la Política expone la gran importancia del pueblo y cómo éste adquirió conciencia de haber sido fuerza decisiva en ellas (II 12, 1274a12-15).

En esta tendencia de Aristóteles a encuadrar la historia en su doctrina es significativo el cuidado que pone en las expresiones de cronología relativa para determinar el encadenamiento de los hechos y fijar los comienzos o puntos de partida. Al referirse a etapas históricas en las que los datos son muy escasos, se nota que hace grandes esfuerzos para presentar un plan cronológico y sistemático, poco convincente en algunos casos. Así ocurre en el tercer capítulo, al tratar de los tiempos anteriores a Dracón, donde explica las características de aquella forma de gobierno que, más adelante, asigna a Teseo (41, 2) y que considera como la primera que tomó forma de constitución.

Con esta visión no queremos dar una idea negativa del uso que Aristóteles hace de las fuentes, pues se ha comprobado que hay una total concordancia entre la información que él nos transmite y la que aparece en las inscripciones áticas, por un lado, y en los textos de leyes citados por los oradores, por otro. Hay que reconocer que tiene un contacto directo con las leyes y decretos y que utiliza los mismos archivos. Lo que sucede es que los datos y las distintas versiones de ellos los encaja en su desarrollo teórico complejo. Aubenque 51 , al referirse a la ciencia política aristotélica le parece ver en ella un deseo de doble síntesis: «síntesis de la ciencia y de la experiencia, de la política teórica y de la acción»; o dicho de otro modo: «síntesis entre la universalidad de la ciencia o de la ley y la singularidad de los individuos y de los casos concretos». La ley, según Aristóteles, se debe juzgar en su contenido, pero también en su contexto, es decir, en la constitución del Estado que tenga que aplicarla (Política IV 8, 1294a3-4). Vale más que existan instituciones mediocres que la falta total de ellas. De ahí se deduce el espíritu conservador del estagirita y su cuidado de contribuir a la salvación de las constituciones existentes.

La transmisión del texto

El texto de la Constitución de los atenienses es transmitido por un papiro y, en algunos pasajes, por dos. El redescubrimiento de esta obra es muy reciente. Antes de 1880 se conocía por citas y referencias de otros autores.

El «Papiro de Londres (British Museum 131) (L)». De los papiros encontrados entre las arenas de Egipto y adquiridos por el Museo Británico en enero de 1891, se identifican algunos con el tratado casi completo de la Constitución de los atenienses. El texto está escrito en el dorso de cuatro rollos de papiro, de desiguales dimensiones, en treinta y siete columnas: el primero contiene once columnas anchas de texto; el segundo, trece más estrechas; el tercero, con varias lagunas, tiene seis columnas anchas; el cuarto es muy fragmentario, ninguna columna está completa. El frente del papiro está ocupado con cuentas de un granjero de una pequeña granja egipcia, que han tenido el interés de ser datadas 52 en 78-79 d. C. El texto debió de ser copiado hacia el final del s. I d. C. Kenyon, por el estilo de la letra, considera que hay cuatro manos diferentes en la copia. El papiro fue publicado, por primera vez, por este mismo autor el 30 de enero de 1891, y unos meses más tarde el Museo Británico publicó un facsímil del manuscrito. El relato comienza con el proceso de los Alcmeónidas por sacrilegio (véase nota 1 de la traducción). La primera frase, incompleta, está precedida de un espacio en blanco, lo que muestra que el manuscrito proviene de un arquetipo mutilado ya. Y acaba con el texto, muy fragmentario, del cuarto rollo, que parece, en extensión, como el tercero, a juzgar por el espacio de las cuentas que se conservan mejor.

El «Papiro de Berlín (Museo Egipcio 163) (B)». En el Fayum, cerca de la antigua Arsínoe, en 1880, entre los fragmentos de papiro encontrados y adquiridos por el Museo Egipcio en Berlín, había dos hojas mutiladas que contienen los fragmentos siguientes: 12, 4; 13, 1-4; 21, 4; 22, 2; 22, 5-7. Fueron publicados por F. Blass («Neue Papyrusfragmente eines Historikers im Aegyptischen Museum zu Berlin», Hermes 15 [1880], 366-382. Otras notas del mismo autor sobre el papiro, en Hermes 16 [1881], 42-46; 18 [1883], 478-480), y su contenido fue identificado por Th. Bergk («Zur Aristotelischen Politie der Athener», Rheinisches Museum 36 [1881], 87-115) 53 .

Antes del descubrimiento de los papiros, la obra era conocida a través de fragmentos procedentes de citas y otras referencias de autores antiguos. C. F. Neumann, cuando publica en Munich (1827) su Aristotelis Rerumpublicarum Reliquiae, donde incluía fragmentos de cincuenta Constituciones, recogía 59 fragmentos de la Constitución de los atenienses. Y medio siglo más tarde (1886), Teubner publica la tercera edición de V. Rose, y el número de fragmentos era de 223, de los cuales pertenecen noventa y uno a la Constitución de los atenienses.

El texto de nuestra traducción

La base de nuestro texto es la excelente edición crítica de A. Tovar, Aristóteles. La Constitución de Atenas, Madrid, 1970 (= 1948), que ha tenido en cuenta la edición facsímil del Museo Británico y los trabajos y ediciones críticas recientes en aquel momento. Nos han sido de gran utilidad también para fijar el texto definitivo y para la elaboración de notas las ediciones, traducciones, artículos y comentarios que citamos en la bibliografía, especialmente los de J. E. Sandys, G. Mathieu-B. Haussoullier, M. A. Levi, F. G. Kenyon, y la reciente colación del Papiro de Londres y del Papiro de Berlín llevada a cabo por M. Chambers, cuyos resultados ha publicado en tres artículos sucesivos * .

Hemos procurado ajustarnos al fondo y a la forma del original. Respetamos el estilo del autor en gran medida, ya que el tratado lo permite por su carácter histórico e institucional. Los problemas mayores que se nos planteaban procedían del contenido: los objetivos del autor, muy esquemáticamente resumidos, se dirigen principalmente a presentar la sucesión de los regímenes políticos en Atenas desde los primeros tiempos, y las instituciones que hacen funcionar el mecanismo del Estado; éstos le llevan a tratar los hechos históricos superficialmente y a proporcionar un gran cúmulo de términos institucionales concretos que no tienen correspondencia entre la lengua de salida (el español) y la lengua de entrada (el griego). Consideramos que la adición de notas aclaratorias siempre que el texto lo exige hacen más comprensible el contenido. Ante el carácter específico y técnico que, en numerosos casos, tienen los términos de las instituciones, optamos, como norma general, por respetar la palabra griega y transcribirla al español resaltándola en cursiva, al menos la primera vez que aparece, con una nota a pie de página. En los casos en que existe correspondencia con términos españoles los hemos adoptado. Para los nombres propios nos hemos atenido a las indicaciones de M. F. GALIANO , en La transcripción castellana de los nombres propios griegos, Madrid, 19692 (= 1961).

Añadimos un índice de nombres propios que incluye los topónimos, y otro de términos de instituciones que consideramos útiles dado el carácter documental del escrito al que se acude como consulta.

Al transmitirse el texto entero por sólo un manuscrito y ser pequeños los fragmentos en que existen dos, son escasas las lecciones en las que nos separamos de la edición base, y son, en general, fruto de los resultados de la colación de los papiros llevada a cabo por M. Chambers:


BIBLIOGRAFÍA

Ofrecemos una bibliografía selectiva y breve referida a la obra. Remitimos a la Bibliografía General para Aristóteles, en el núm. 14 de esta colección (B.C.G.), Acerca del alma, por T. Calvo Martínez, págs. 80-94, donde presenta, además, información de repertorios bibliográficos para quienes deseen completarla (págs. 80-81).

No repetimos, por tanto, bibliografía que haga referencia a ediciones completas y grandes colecciones, léxicos, comentarios antiguos, obras de conjunto, vida y obras, escritos perdidos y evolución de su pensamiento, ya que se encuentra en la citada obra.

1. Ediciones, traducciones, comentarios, y artículos que suponen revisión del texto original

Aristotelis quae ferebantur librorum fragmenta, ed. V. ROSE , 2.a ed., Leipzig, 1886 (reimpr. Stuttgart, 1967).

Aristotle. On the Athenian Constitution, traducción en inglés por F. G. KENYON , Londres, 1891.

Aristotle on the Constitution of Athens, ed. F. G. KENYON , Londres, 1891 (18923 ).

Aristotle on the Constitution of Athens, ed. E. SCOTT , facsímil del Papyrus 131 del Brith. Museum, Londres, 1891 (18912 ).

Aristotelis Politeia Athenaion, ed. G. KAIBEL -U. VON WILAMOWITZ -MOELLENDORF , 3.a ed., Berlín, 1898.

Aristotele, la Costituzione degli Ateniesi, ed. C. FERRINI , Milán, 1891, con traducción en italiano.

Aristotelis Politeia Athenaion, ed. F. BLASS , Leipzig, 1892 (19034 ).

Aristotelis Respublica Atheniensium, texto por F. G. KENYON , testimonia por G. WENTZEL , índices por E. NEUSTADT , Berlín, 1903 (Oxford, 1920).

Aristotle’s Constitution of Athens, ed. J. E. SANDYS , Londres, 1893. (Texto revisado, con una introducción, aparato crítico, testimonia, comentario e índices en Nueva York, 1912; reimpresión, 1973.)

Aristote. Constitution d’Athènes, ed. G. MATHIEU -B. HAUSSOULLIER , París, 1922 (reimpr., con introducción y traducción en francés, 1972).

Aristòtil. Poetica, Constitució d’Atenes, texto y traducción en catalán por J. FARRAN I MAYORAL , Barcelona, 1926.

Aristotelis Athenaion Politeia, post F. BLASS -TH . THALHEIM , ed. H. Oppermann, Leipzig, 1928 (con bibliografía completa).

Constitution of Athens, texto y traducción inglesa por H. RACKHAM , Londres, 1942.

Aristóteles. La Constitución de Atenas, texto y excelente traducción por A. TOVAR , Madrid, 1948 (reimpr. 1970).

Constitution of Athens and related texts, traducción con notas por K. VON FRITZ -E. KAPP , Nueva York, 1950.

Aristóteles. Obras, traducción de F. SAMARANCH , Madrid, 1964. (Traducción poco fiable de la Constitución de los atenienses en págs. 1573-1616, y de Los Económicos en págs. 1375-1399.)

M. CHAMBERS presenta, en tres artículos, la colación, y comentario de lecciones del Papiro de Berlín y una revisión del Papiro de Londres, con notas críticas a numerosos pasajes: «Notes on the text of the Ath. Pol.», «The Berlin Fragments of the Ath. Pol.», y «More notes on the text of the Ath. Pol.», en Trans. Proceed. Amer. Philol. Assoc. 96 (1965), 31-47; 98 (1967), 49-66, y 102 (1971), 41-47, respectivamente.

Politica. Costituzione degli Ateniesi, ed. R. LAURENTI , Bari, 1972.

Commento storico alla Respublica Atheniensium di Aristotele, por M. A. LEVI , 2 vols., Varese-Milán, 1968, con amplia bibliografía en el vol. II, págs. 433-439.

P. J. RHODES , A Commentary on the Aristotelian «Athenaion Politeia», Oxford, 1981. (Excelente comentario que no me llegó a tiempo para tenerlo en cuenta en la traducción.)

2. Libros y artículos

Athènes au temps de Péricles (col. «Âges d’or et Réalités»), París, 1964.

R. J. BONNER , G. SMITH , The administration of Justice from Homer to Aristotle, 2 vols., Chicago, 1930-1938.

L. CANFORA , «Storici e società ateniese», Rend. Ist. Lombardo, 107 (1973), 1136-1173.

M.-G. COLIN , «Los siete últimos capítulos en la Constitución de los Atenienses: Rev. Ét. Grec. 30 (1917), 20-87.

M. CROSBY , «The Leases of the Laureion Mines», Hesperia 19 (1950), 189-312.

M. CHAMBERS , «Aristotle on Solon’s reform of coinage and weights», Calif. Stud. Class. Antiq. 6 (1973), 1-16.

M. CHAMBERS , J. DAY , Aristotle’s History of Athenian Democracy, Berkeley-Los Ángeles, 1962.

I. DÜRING , artículo «Aristoteles», en PAULY -WISSOWA , Real-EcycL, Suppl. XI, Stuttgart, 1968, con bibliografía bastante completa hasta 1968.

Entretiens sur l’Antiquité Classique. Vol. XI: La «Politique» d’Aristote, Fondation Hardt, Ginebra, 1965. (Ofrece una serie de estudios muy interesantes, algunos de ellos relacionados con la Constitución de los atenienses. Así la visión que presenta de la teoría y práctica políticas, e igualmente, de la filosofía e historia en Aristóteles.)

P. HARDING , «Atthis und Politeia [et Aristote]», Historia 26 (1977), 148-160.

G. HIGNETT , A history of the Athenian Constitution, Oxford, 1952.

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J. J. KEANEY , «Ring composition in Aristotle’s Athen. Pol.», Amer. Journ. Philol. 90 (1969), 406-423.

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—, «Hignett’s A history of Athenian constitution and the authorship of the Athen. Pol.», Liverp. Class. Monthly 5 (1980), 51-56.

A. LESKY , Geschichte der Griechischen Literatur = Historia de la literatura griega [trad. J. M.a DÍAZ REGAÑÓN , B. ROMERO ], Madrid, 1968, págs. 577-612.

G. E. R. LLOYD , Aristotle: the Growth and Structure of his Thought, Cambridge, 1968.

G. MADDOLI , Cronologia e storia. Studi comparati sull ’Athenaion Politeia di Aristotele, Perusia, 1975.

W. J. MC COY , «Aristotle’s Athenaion Politeia and the establishment of the Thirty Tyrants», Yale Class. Stud. 24 (1975), 131-145.

CL . MOSSÉ , La fin de la démocratie athénienne, París, 1962. (Hay trad. esp. en Edic. Guadarrama.)

—, Tyrannie dans la Grèce antique, París, 1969.

—, Histoire d’une démocratie: Athènes = Historia de una democracia: Atenas [trad. J. M. AZPITARTE ALMAGRO ], Madrid, 1981, con bibliografía reciente y muy interesante en págs. 147-148.

W. PEREMANS , J. SENCIE , «La jurisdiction pénale de la Boulé», Les Ét. Clas. 10 (1941), 193-201; 329-337.

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P. J. RHODES , «Athenaion Politeia 23-8», Liverp. Class. Monthly 1 (1976), 147-154.

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R. ZOEPFFEL , Historia und Geschichte bei Aristoteles, Heidelberg, 1975.


1 Sobre las tres listas antiguas de los escritos de Aristóteles: la de Diógenes Laercio, la que aparece dentro de la Vida de Aristóteles , que publicó Gil Menagio en sus Notas a Laercio, y la que se atribuye a Ptolomeo (s. II d. C.), transmitida por una traducción árabe, cf. P. MORAUX , Les listes anciennes des ouvrages d’Aristote , Lovaina, 1951.

2 Para los datos biográficos de Aristóteles, cf. T. CALVO MARTÍNEZ , Aristóteles. Acerca del alma , B.C.G. 14, Madrid, 1978 (reimpr. 1983), Introducción general, págs. 7-12.

3 W. JAEGER , Aristoteles = Aristóteles [trad. J. GAOS ], México, 1946, ha valorado de modo magistral estas circunstancias temporales y las consecuencias que, según él, ha tenido en el desarrollo posterior del espíritu más propiamente aristotélico; especialmente, en los cuatro primeros capítulos y en el décimo, que seguimos principalmente. Cf. también, A. TOVAR , Aristóteles. La Constitución de Atenas , Madrid, 1970 (= 1948), Introducción, págs. 8-11.

4 Para la producción aristotélica, su clasificación, cronología, contenido y forma, remitimos al lector al apartado «Obras» de la ya citada Introducción general de T. CALVO MARTÍNEZ , Aristóteles. Acerca del alma , págs. 12-23. Véase también, sobre los escritos de Aristóteles, A. LESKY , Geschichte der Griechischen Literatur = Historia de la literatura griega [trad. J. M.a DÍAZ REGAÑÓN , B. ROMERO ], Madrid, 1968, págs. 577-612, con amplia bibliografía hasta 1961. Cf., también, la excelente Introducción de J. AUBONNET a su texto y comentario en cuatro tomos: Aristote. Politique , vol. I (libros I y II), París, 1968, págs. VII-CXX, y W. D. Ross, Aristotle = Aristóteles [trad. DIEGO F. PRÓ ], 2.a ed., Buenos Aires, 1981, págs. 19-36.

5 Cf. W. D. Ross, Aristotelis Fragmenta Selecta , Oxford, 1970 (= 1955), y Prefacio, págs. VI-VII.

6 «On a lost dialogue of Aristotle», Journal of Philology 2 (1869), 55-59. Cf., además, JAEGER , Aristoteles …, págs. 69-121; I. DÜRING , Aristotle’s Protrepticus. An attempt at reconstruction , Gotemburgo, 1961, y MORAUX , Les listes anciennes …, págs. 28, 33-35 y 324-336. W. G. RABINOWITZ muestra una postura radical contra estas reconstrucciones hechas del «Aristóteles perdido», en Aristotle’s Protrepticus and the sources of its reconstruction , Berkeley-Los Ángeles, 1957. Sus hipótesis no parecen tener gran valor. P. MORAUX , en À la recherche de l’Aristote perdu. Le dialogue «Sur la Justice» , Lovaina-París, 1957, dice del Protréptico que es conocido solamente a través de «una adaptación en la que algunas partes del original han podido ser muy resumidas o incluso transformadas» (pág. 156). Las citas, referencias y adaptaciones están recogidas por Ross, Aristotelis Fragmenta …, págs. 26-56. Cf. S. GRIFFO , «Problemi di ricostruzione del Protrettico di Arist.», Annal. Scuol. Norm. Sup. Pisa 8 (1978), 375-392.

7 Cf. H. LANGERBECH , en reseña a D. J. ALLAN , The philosophy of Aristotle , Londres, 1952, en Gnomon 26 (1954), 1-8.

8 Para la relación entre estas dos obras, véase O. GIGON , «Cicero und Aristotelis», Hermes 87 (1959), 154. Aunque se admite, generalmente, que fue imitado por Cicerón en su obra, cuya lectura despertó la vocación filosófica de SAN AGUSTÍN (Confesiones III 4, 7).

9 No aparece explícitamente indicada la existencia de las Ideas transcendentales, pero el contexto parece implicarlas. Seguimos, en esta parte de exposición doctrinal derivada principalmente del Protréptico de Jámblico, a AUBONNET , Aristote. Politique …, págs. XIX-XXI. Cf. JAEGER , Aristóteles …, págs. 69-122; J. MOREAU , Aristote et son école = Aristóteles y su escuela [trad. M. AYERRA ], 2.a ed., Buenos Aires, 1979, págs. 18-20.

10 Precisamente a partir de este pasaje (JÁMBLICO , Protréptico X 55, 14 ss. PISTELLI , y Ross, Aristotelis Fragmenta …, pág. 48), Jaeger confirma su punto de vista genético evolutivo sobre el desarrollo del pensamiento político de Aristóteles: de un primer estado teórico y abstracto que sitúa en el Protréptico , evolucionaría hacia otro totalmente empírico —en el cual el conocimiento surge del análisis de las realidades concretas—, que se manifiesta en los libros IV-VI de la Política , en su vocación decidida a la investigación científica de la última etapa de su vida, y en la Ética a Nicómaco . Es decir, de un platonismo pasaría a un antiplatonismo, por medio de un proceso continuado de alejamiento. La postura jaegeriana, actualmente, no se acepta en tales términos. Si bien se admite una cierta evolución de una aceptación del platonismo a un sistema de ideas peculiar y propio, no cabe plantear una separación entre investigación teórico-metafísica e investigación empírico-positiva como dos extremos: del que parte y al que llega Aristóteles en su producción creadora. Ya R. STARK , Aristotelesstudien , en Zetemata , 8, Munich, 1954, se oponía a la tesis mantenida por Jaeger; considera que el Protréptico no es sólo contemplativo, sino que se prolonga naturalmente en acción, y ve en Aristóteles los dos polos, platonismo y empirismo, en toda su obra. Cf. I. DÜRING , «Aristotelis in the Protrepticus» , en Autour d’Aristote , Lovaina, 1955, pág. 89, y CALVO MARTÍNEZ , «Génesis y estructura del pensamiento aristotélico», en la Introducción general a Aristóteles. Acerca del alma , págs. 23-37.

11 No sabemos con certeza si Aristóteles con la expresión «el conocimiento de la naturaleza misma y de la verdad» hace referencia a las Ideas del mundo platónico. Así opina JAEGER (Aristoteles …, págs. 99-122). El pasaje entero parece bastante claro en ese sentido: los modelos que debe imitar el legislador son los de naturaleza divina y eternos. P. AUBENQUE , «Théorie et pratique politiques chez Aristote», en Entretiens sur l’Antiquité Classique , vol. IX: «Politique» d’Aristote , Fondation Hardt, Ginebra, 1965, pág. 103, basándose en la autoridad de otros intérpretes opina con reservas que en este pasaje la naturaleza a la que debe mirar el legislador designa ya, en el sentido aristotélico, la naturaleza de las cosas y del hombre, la verdadera realidad. En todo caso consideramos con Aubenque que no hay incompatibilidad entre la «contemplación» (theōría) y la «práctica» (empeiría) . Aristóteles parece rechazar la acumulación de conocimientos parciales y la erudición sin principio, propia de los sofistas. Según Aubenque, buscaría el esquema empeiría →theōría →prâxis , es decir, hechos dados→ puesta en orden de los datos empíricos en relación con la norma natural→actividad organizadora.

12 À la recherche de l’Aristote perdue. Le dialogue «Sur la justice» , ant. cit. Cf., también, JAEGER , Aristoteles …, pág. 42; Ross, Aristotelis Fragmenta …, págs. 96-99; V. ROSE , Aristotelis quae ferebantur librorum fragmenta, 2.a ed., Leipzig, 1886, frs. 82-90, y AUBONNET , Aristote. Politique …, Introducción, págs. XXIV-XXXII, a quien seguimos en estos diálogos de los que quedan muy escasos fragmentos.

13 Cf. PLUTARCO , De stoicorum repugnantiis (Sobre las contradicciones de los estoicos) 15, 1040; CICERÓN , De Republica III 8, 12.

14 Ross, Aristotelis Fragmenta …, págs. 63-67.

15 Cf. JAEGER , Aristoteles …, págs. 36-43.

16 Véase CICERÓN , Epist. ad Quintum fratrem III 5, 1.

17 Ross, Aristotelis Fragmenta …, 2 (ROSE 3 79), pág. 64.

18 Véase Aristote. Politique …, Introducción, págs. XXIV-XXV.

19 Véase Ross, Aristotelis Fragmenta …, pág. 61; CICERÓN , Ad Att . XII 40, 2, y XIII 28, 2; JAEGER , Aristoteles …, págs. 298-299, y AUBONNET , Aristote. Politique …, Introducción, págs. LIII-LIX.

20 Véanse MORAUX , Les listes anciennes …, págs. 344-346, y Ross, Aristotelis Fragmenta …, pág. 63.

21 Véanse las traducciones y estudios siguientes, en los que se encuentra abundante bibliografía, son tratados los problemas principales que la obra plantea y presentan introducciones muy interesantes: AUBONNET , Aristote. Politique , vol. I (libros I, II), ant. cit., Introducción, págs. VII-CCVI; vol. II (libros III, IV), 1971; vol. III (libros V, VI), 1973; Ross, Aristotle …, págs. 335-383; J. MARÍAS , Aristóteles. Política [trad. J. MARÍAS y M. ARAUJO ], Madrid, 1951, Introducción, págs. V-LXXII; C. GARCÍA GUAL , Introducción a Aristóteles. La Política [trad. C. GARCÍA GUAL y A, PÉREZ JIMÉNEZ ], Madrid, 1977; JAEGER , Aristoteles …, especialmente, págs. 298-336, y el vol. col. núm. IX de Entretiens … (Fond. Hardt): «Politique» d’Aristote …, ya citado.

22 Ross, Aristotle …, pág. 336.

23 Dicaíōma es, para Aristóteles, «la reparación de un acto injusto», cf. Ética a Nicómaco V 10, 1235a9 ss.

24 De la Vita Marciana se conserva un fragmento con indicaciones de esta obra: Cod. Matrit . 4676, estudiado por A. TOVAR , «Para la formación de la Vita Marciana de Aristóteles. Sobre un nuevo fragmento en el códice matritense 4676 (olim núm. 9)», Emerita 11, 1 (1943), 180-200.

24bis Ibid ., pág. 191.

25 Cf. FILODEMO , Retórica , vol. II, pág. 57 SUDHAUS .

26 Para la investigación llevada a cabo en el Liceo y acerca de lo que este centro supuso, véase JAEGER , Aristoteles …, en los capítulos «Aristóteles en Atenas» y «La organización de la ciencia», págs. 355-391.

27 Cf. MORAUX , Listes anciennes …, pág. 131, y R. WEIL , Aristote et l’histoire. Essai sur la «Politique’ , París, 1960. Se tienen numerosas indicaciones sobre las Constituciones en los Extractos del peripatético, del s. III a. C., Heraclides del Ponto (o Heraclides Lembos, según H. BLOCH , «Herakleides Lembos and his Epitome of Aristotle’s Politeiai», Trans, and Proceed, of the Amer. Philol. Assoc . 71 [1940] 27-39). Sobre las citas de los autores antiguos en las que aparecen las Constituciones como obra de Aristóteles, véase J. E. SANDYS , Aristotle’s Constitution of Athens , Nueva York, 1973 (= 1912), Introducción, págs. XXVIII-XXXIX.

28 SIMPLICIO , Comentario a las Categorías de Aristóteles (= Commentaria in Aristotelem Graeca , vol. VIII), Berlín, 1907, pág. 7 (cf. ROSE , Aristotelis Fragmenta …, pág. 259.

29 Cf. AUBENQUE , «Théorie et pratique politiques…», en el vol. col. núm. IX de Entretiens … (Fond. Hardt): «Politique» d’Aristote, págs. 99-123.

30 Cf. JAEGER , Aristoteles …, págs. 95 y 328-329.

31 Los discípulos de Platón, Erasto y Corisco, naturales de Escepsis (en la Tróade, próxima a Atarneo) entran en relación con Hermias sugiriéndole reformas políticas. Platón deseaba que se entablasen estas relaciones, una prueba la tenemos en la Carta VI dirigida a Hermias, Erasto y Corisco. En ella, Platón exhortaba al tirano y a sus discípulos a establecer una estrecha alianza que redundará en provecho de todos. Por el contexto de la carta y por los datos históricos de los personajes, se sitúa al final de la vida de Platón. Véase Platón. Cartas , trad. y prólogo de M. TORANZO , Madrid, 1954, págs. 57-59. Una vez más encontramos los consejeros filósofos junto al hombre de poder y ajeno a la filosofía. Por la influencia de ellos, Hermias cambió voluntariamente la tiranía «en un régimen más suave», cf. JAEGER , Aristoteles …, págs. 135-137.

32 Véanse A. TOVAR , «Sobre la naturaleza de la Constitución de Atenas , con algunas notas críticas», Rev. Est. Clás . 3 (1948), 153-166, y del mismo autor Aristóteles. La Constitución de Atenas …, Introducción, págs. 27-31, donde demuestra, con notas críticas a varios pasajes, la hipótesis de que la Constitución de los atenienses es un tratado semejante al resto del corpus aristotélico conservado en la traducción manuscrita. Es decir, pertenecería a los manuscritos que Aristóteles conservaba y que luego constituirían los archivos de la escuela. En él haría rectificaciones y añadidos que, en algunos casos, resultaron contradictorios con otros pasajes.

33 Cf. J. J. KEANEY , «Ring composition in Aristotle’s Athenaion Politeia», Amer. Journ. of Philol . 90 (1969), 406-423.

34 Cf. SANDYS , Aristotle’s Constitution …, Introducción, págs. XXVIII-XXIX, donde recoge las citas en orden cronológico, desde Filócoro hasta Eustacio de Constantinopla que muere en 1198 d. C. Sobre las primeras dudas de su autenticidad y planteamiento del problema, véanse F. G. KENYON , Aristotle. On the Athenian Constitution , Londres, 1891, Introducción, págs. XII-XVI; G. HIGNETT , A history of the Athenian constitution , Oxford, 1952; J. J. KEANEY , «Hignett’s HAC [A history of Athenian constitution ] and the authorship of the Athenaion politeia», Liverp. class. Mont . 5 (1980), 51-56.

35 Cf. H. WEIL , en Journal des Savants (1891), 189, y H. NISSEN , «Die Staatsschriften des Aristoteles», Rheinisches Museum 47 (1892), 197.

36 Véase AUBONNET , Aristote. Politique …, Introducción, pág. LXXXII, n. 3. B. HAUSSOULLIER , Aristote. Constitution d’Athènes , París, 1972 (= 1922), Introducción, págs. II-III y XV, data el tratado hacia el año 325, o más probablemente, según G. MATHIEU , coautor de la traducción, en 324 o 323 (pág. XIII).

37 Véase Inscrip. graecae II 809d90.

38 Véanse, en la traducción, las notas correspondientes a tales capítulos.

39 Cf. G. BUSOLT , «Aristoteles oder Xenophon?», Hermes 33 (1898), 71-86. Para este apartado de fuentes, véanse SANDYS , Aristotle’s Constitution …, Introducción, págs. LXV-LXXI, que seguimos principalmente, y MATHIEU -HAUSSOULLIER , Aristote. Constitution …, Introducción, págs. IV-XXX.

40 Véase P. HARDING , «Atthis und Politeia», Historia 26 (1977), 148-160.

41 Véase, para esta nueva fuente, A. SANTONI , «Aristotele, Solone e l’Athenaion Politeia», Annal, della Scuola Norm. Sup. di Pisa 9 (1979), 959-984.

42 De modo amplio y detallado está expuesta esta cuestión por MATHIEU -HAUSSOULLIER , Aristote. Constitution …, Introducción, págs. VI-VIII.

43 Cf. W. J. MC COY , «Aristotle’s Athenaion Politeia and the establishment of the Thirty Tyrants», Yale Class. Stud . 24 (1975), 131-145.

44 Sobre las contradicciones cronológicas, es interesante el libro de G. MADDOLI , Cronologia e storia. Studi comparait sull’Athenaion Politeia di Aristotele , Perusia, 1975, y la reseña de B. VIRGILIO , en Riv. di Filol. e di Istruz. Class . 104 (1976), 209-212. Numerosas incongruencias cronológicas de esta obra de Aristóteles se corrigen, si se tiene en cuenta que seguía a autores del siglo IV y que éstos utilizaban dos sitemas de cómputo, el inclusivo y el exclusivo, en el que el año primero contado es el que sigue al año del que se parte. Según Maddoli, Aristóteles utiliza el cómputo exclusivo antes del cap. 22 / año 480 a. C., y el cómputo inclusivo después del cap. 22 / año 480 a. C. Hecho que confirma, al compararlo con el sistema cronográfico del Marmor Parium , que es coherente con el de Aristóteles.

45 La comparación del estado presente y el estado anterior de las instituciones es constante y está expresada con los adverbios «antes» / «ahora» (próteron / nŷn ); puede verse en los capítulos 45, 1, 3; 49, 3; 51, 3; 53, 1; 54, 3; 55, 1, 2, 4; 56, 3; 60, 2; 63, 1.

46 Cf. MATHIEU -HAUSSOULLIER , Aristote. Constitution …, Introducción, pág. XXIX.

47 Véase la interesante introducción de J. MARÍAS , Aristóteles. La Política …, págs. XIV-XXIII.

48 Cf. Política III 7, 1279a22 ss., y IV 2, 1289a26 ss.: tres formas sanas, monarquía, aristocracia, república (politeía); y tres enfermas, derivadas de cada una de las anteriores, respectivamente, tiranía, oligarquía, democracia.

49 Véase P. MORAUX , «Quelques apories de la politique et leur arrière-plan historique», en el vol. col. núm. IX de Entretiens … (Fond. Hardt), págs. 127-148; con una discusión muy fecunda y sugerente para comprender la evolución de Aristóteles y la transformación de su platonismo dentro del marco histórico y de los acontecimientos de la Atenas de aquel tiempo, págs. 149-158.

50 Véanse R. WEIL , Aristote et l’histoire , París, 1960; del mismo autor, «Philosophie et Histoire. La vision de l’histoire chez Aristote», en el vol. col., ant. cit., de Entretiens … (Fond. Hardt), págs. 161-189, y R. ZOEPFFEL , Historia und Geschichte bei Aristoteles , Heidelberg, 1975.

51 «Théorie et pratique politiques…», en el vol. col. núm. IX, de Entretiens … (Fond. Hardt), págs. 99-113, a quien seguimos por su buena comprensión de lo que significan en Aristóteles las dos fuerzas: teoría y práctica.

52 Véase KENYON , Aristotle. On the Athenian Constitution , Introducción, págs. V-XLII. Una descripción muy completa del papiro se puede ver en la edición de SANDYS , Aristotle’s Constitution of Athens , Introducción, págs. XLIII-XLIX. M. CHAMBERS ha hecho la colación del papiro y están publicados los resultados en dos artículos: «Notes on the text of the Ath. Pol.» y «More notes on the text of the Ath. Pol.» , en Trans. and Proceed, of the Amer. Philol. Assoc . 96 (1965), 31-39, y 102 (1971), 41-47, respectivamente, que contribuyen a un conocimiento más riguroso del papiro con sus correcciones y nuevas lecturas.

53 Véase una revisión basada en el examen directo del papiro, llevada a cabo, asimismo, por M. CHAMBERS , «The Berlin Fragments of the Ath. Pol.», Trans, and Proceed, of the Amer. Philol. Assoc . 98 (1967), 49-66, donde recoge también las contribuciones de los primeros editores.

* Lamentamos no haber podido utilizar el comentario de P. J. RHODES (Oxford, 1981). Véase reseña crítica de J. J. KEANEY , en Amer. Journ. of Philol . 103, 4 (1928), 454-457.

(FRAGMENTOS DEL COMIENZO PERDIDO 1 )
1 2 (381 R)

«Los atenienses, desde el comienzo, disfrutaron de la realeza, y cuando Ión se estableció entre ellos, entonces recibieron, por primera vez, el nombre de jonios» 3 . Y Apolo fue llamado por ellos Paterno 4 , ya que Ión, el polemarco de los atenienses, nació de Apolo y Creúsa, la <mujer> de Juto.

2 5

«Pandión, que reinó después de Erecteo, repartió el imperio entre sus hijos» 6 , concediendo a Egeo la región de los alrededores de la ciudad, a Lico la zona montañosa, a Palante la zona del litoral, y a Niso la Megáride. «Y éstos pasaban la vida en discordias entre sí» 7 .

3

«Teseo hizo un pregón y reconcilió a éstos [los atenienses] con equidad e igualdad completas» 8 .

4 (384 R)

Que 9 «fue [Teseo] el primero que se inclinó al pueblo», como dice Aristóteles, y suprimió la monarquía, parece atestiguarlo también Homero en el catálogo de las naves [Il . II 547] al dar el nombre de pueblo sólo a los atenienses.

5 (385 R)

Genetas 10 . Antiguamente el pueblo de los atenienses, antes de que Clístenes organizase lo referente a las tribus, se dividía en agricultores y artesanos. Y las tribus de éstos eran cuatro, y cada una de las tribus contaba con tres partes, que llamaban fratrías y tritías. De éstas, cada una se componía de treinta linajes, y cada linaje tenía treinta hombres, que estaban organizados por linajes, y estos hombres se llamaban genetas; de entre ellos se sorteaban los cargos sacerdotales correspondientes a cada linaje, como son los Eumólpidas, Cerices y Eteobútadas, según cuenta Aristóteles en la Constitución de los atenienses con estas palabras: «[los atenienses] estaban repartidos en cuatro tribus, imitando las estaciones del año, cada una de las tribus se dividía en tres partes, de manera que resultasen en total doce partes, como los meses en el año, y éstas se llaman tritías y fratrías, en la fratría están ordenados treinta linajes, como los días en el mes, y el linaje es de treinta hombres».

Aristóteles dice 11 que, estando dividido todo el pueblo de Atenas en agricultores y artesanos, sus tribus eran cuatro, y de cada una de las tribus había tres partes, que llamaban tritías y fratrías, y cada una de éstas tenía treinta linajes, y cada linaje se componía de treinta hombres. A éstos que estaban organizados en linajes se les llamaba genetas.

Tritís 12 . Una tritís es la tercera parte de la tribu; ésta, en efecto, está dividida en tres partes: tritías, etnias y fratrías, según dice Aristóteles en la Constitución de los atenienses.

6

«Éste [Teseo], marchando a Esciros, murió despeñado por Licomedes, que temía que se apropiase la isla. Los atenienses, más adelante, después de las Guerras Médicas transportaron sus huesos» 13 .

Aristóteles cuenta 14 que, habiendo ido Teseo a Esciros en plan de reconocimiento, verosímilmente por su parentesco con Egeo, murió despeñado, a causa del temor del rey Licomedes. Los Atenienses, después de las Guerras Médicas, conforme a un oráculo, recogieron sus huesos y los enterraron.

7

«De entre los Códridas ya no se elegían reyes, por considerar que se habían vuelto afeminados y blandos. Hipómenes, uno de los Códridas, quiso quitarse de encima esta acusación, habiendo sorprendido a un amante con su hija Limone, dio muerte a éste unciéndolo al carro con su hija, y a ésta la encerró con un caballo hasta que murió» 15 .

8

«A los compañeros de Cilón que, por causa de la intentona de tiranía, se habían refugiado en el altar de la diosa, los mataron los de Megacles. Y a los que perpetraron esta muerte los desterraron como sacrílegos» 16 .


1 Véase la Introducción a este volumen. La referencia dada entre paréntesis en algunos de ellos corresponde a la numeración con que aparecen los fragmentos en V. ROSE , Aristotelis fragmenta , col. Teubner, Leipzig, 1886. Los fragmentos que están entre comillas son citas de otros autores. Las notas referentes a los fragmentos se limitan a indicar la fuente originaria del fragmento.

2 HERACLIDES , Epítome 1.

3 Cf. el lexicógrafo HARPOCRACIÓN , S . V . Apollōn patrôios .

4 Cf. Escolios a ARISTÓFANES , Aves 1527; BEKKER , Anecd. Graeca , 291 (= escolios a PLATÓN , Eutidemo 302c).

5 HERACLIDES , Epítome 1.

6 Escolios a ARISTÓFANES , Avispas 1223. Cf. ESTRABÓN , 392.

7 HERACLIDES , Epítome 2.

8 Ibidem .

9 PLUTARCO , Teseo 25.

10 Lexicon Patmense , pág. 152, ed. SAKKELION , Bull . de correspondence hellenique 1 (1877), s. v. gennêtai .

11 Cf. Escolios a PLATÓN , Axíoco 371d.

12 Cf. HARPOCRACIÓN , S . V . trittýs; MOERIS S . V . gennêtai; HARPOCRACIÓN , s. v. gennêtai; Suda , s. v. gennêtai , 1.

13 HERACLIDES , Epítome 2 .

14 Escolios Vaticanos a EURÍPIDES , Hipólito 11 SCHWARTZ .

15 HERACLIDES , Epítome 3.

16 Ibid ., 4.

(TEXTO CONSERVADO)

Alusión al juicio de los Alcmeónidas y sus consecuencias

*** 1 <acusando> Mirón 2 , <juzgaban [1 ] trescientos jueces elegidos> entre los mejores por méritos, después de jurar sobre las víctimas 3 . Tras sentenciar que hubo sacrilegio, ellos fueron desenterrados de sus tumbas y su linaje expulsado con destierro perpetuo. Epiménides de Creta 4 , con motivo de estos sucesos, purificó la ciudad.

Sobre el injusto estado social anterior a Solón

Más tarde, hubo discordias entre los [2 ] nobles y la masa durante mucho tiempo; pues su régimen político era en todas [2] las demás cosas oligárquico, y además los pobres eran esclavos de los ricos, ellos mismos y sus hijos y sus mujeres. Y se les llamaba clientes y seisavos 5 , pues por esta renta trabajaban las tierras de los ricos. Toda la tierra estaba en manos de pocos. Y si no pagaban las rentas, eran reducibles a la esclavitud, tanto ellos como sus hijos. Y los préstamos los obtenían todos respondiendo con sus personas 6 hasta el tiempo de Solón. Éste fue el primero [3] que llegó a ser jefe del pueblo. El más duro y más amargo de los males del régimen era para la mayoría del pueblo la esclavitud; no obstante, también estaban descontentos por los restantes, pues, por así decir, de nada participaban.

La constitución ateniense anterior al tiempo de Dracón

[3 ] El orden de la constitución antigua, anterior a Dracón 7 , era el siguiente: designaban las magistraturas por razón de la categoría social y de las riquezas. Ejercían el cargo, al principio, de por [2] vida 8 . Después, por diez años. Las más altas y primeras magistraturas eran: rey, polemarco y arconte 9 . De éstas, la primera fue la del rey (pues ésta era la tradicional); en segundo lugar se estableció la polemarquía porque algunos reyes fueron blandos para la guerra, por lo cual también hicieron venir a Ión 10 , dominados por la necesidad. La última fue la de arconte. La mayoría [3] afirma que ésta se creó en tiempos de Medonte 11 ; algunos, que en el de Acasto 12 , y aducen como prueba que los nueve arcontes juran que prestarán 13 los juramentos «del tiempo de Acasto»; esto querría decir que, en tiempos de éste, los Códridas habían renunciado al reino a cambio de los privilegios concedidos al arconte. De cualquiera de las dos maneras que esto sea, poca diferencia habría en el tiempo. Y que la última de las magistraturas es el arcontado lo prueba también que tampoco nada de lo tradicional es administrado por el arconte, como el rey y el polemarco, sino simplemente lo que iba añadiéndose. Por esto es recientemente cuando la magistratura se hizo importante, al acrecentarse [4] con las cosas añadidas 14 . Los tesmótetas 15 fueron creados muchos años después, cuando ya las magistraturas se elegían cada año, para que trasladasen a escrito las leyes y las guardasen para el dictamen de los casos dudosos. Por ello, fue la única de las magistraturas que [5] nunca duró más de un año. Respecto al tiempo, tal es el orden de precedencia de unas a otras.

No estaban juntos todos los nueve arcontes, sino que el rey ocupaba el que ahora se llama Bucolio 16 , cerca del Pritaneo (y la prueba es que aún ahora se celebra allí la unión solemne y el matrimonio 17 de la mujer del rey con Dioniso); el arconte, el Pritaneo, y el polemarco, el Epilicio (que antes se llamaba Polemarqueo, y después que Epílico lo reconstruyó y decoró cuando fue polemarco, recibió el nombre de Epilicio); los tesmótetas ocupaban el Tesmoteteo. En tiempo de Solón todos se reunieron en el Tesmoteteo. Eran, además, soberanos y con atribuciones para juzgar los procesos por sí, y no como ahora sólo de instruirlos. Así pues, lo referente a las magistraturas era de la manera dicha.

El consejo de los Areopagitas 18 tenía la función de [6] conservar las leyes y dirigía la parte mayor y más importante de los asuntos de la ciudad, y castigaba con penas corporales y con penas pecuniarias, sin apelación, a todos los que delinquían. La elección de los arcontes se hacía en razón de su categoría social y de sus riquezas, de los cuales eran escogidos los Areopagitas. Por eso, es ésta la única de las magistraturas que se mantiene vitalicia aún ahora.

Reorganizacion constitucional de Dracón

[4 ] La primera constitución tenía el esbozo descrito. Después, pasado un tiempo, no mucho, siendo arconte Aristecmo 19 , Dracón dispuso sus leyes 20 , y su organización tenía la siguiente forma: [2] se concedía la ciudadanía a los que podían proveerse del armamento de hoplita 21 . Se elegían los nueve arcontes y los tesoreros entre los que tenían hacienda libre no inferior a diez minas, las demás magistraturas menores entre los que podían proveerse del armamento de hoplita; los estrategos y los jefes de la caballería debían probar hacienda libre no inferior a cien minas y tener de esposa legítima hijos legítimos mayores de diez años. Y éstos deben exigir fianza a los prítanes 22 , a los estrategos y a los jefes de caballería que dejan su cargo, hasta la rendición de cuentas, y deben recibir cuatro fiadores de la misma clase de que son los estrategos y jefes de la caballería.

Forman el Consejo cuatrocientos uno de los ciudadanos [3] de pleno derecho, elegidos por suerte. Se sorteaban para ésta y para las demás magistraturas los que han cumplido treinta años, y la misma persona no puede ser magistrado dos veces, antes de que les haya tocado a todos; sólo entonces vuelve a entrar en el sorteo como al principio. Si alguno de los consejeros, cuando había sesión del Consejo o de la Asamblea, faltaba a la reunión, había de pagar tres dracmas el pentacosiomedimno 23 , dos el caballero y una el zeugita.

[4] El consejo del Areópago era el guardián de las leyes 24 y vigilaba a los magistrados para que mandasen conforme a las leyes. El injuriado podía denunciar ante el consejo de los Areopagitas manifestando contra qué [5] ley se le hacía injusticia. Los préstamos eran con la fianza de la propia persona, como se ha dicho 25 , y la tierra estaba en manos de pocos.

El arcontado de Solón

[5 ] Siendo tal la estructura de la constitución, y como la mayoría era esclava de una minoría, el pueblo se levantó en [2] armas contra los nobles. Como la sublevación era violenta y los enfrentamientos mutuos durasen mucho tiempo, eligieron de común acuerdo a Solón como árbitro y arconte 26 , y le encomendaron la constitución a él que había compuesto el poema elegíaco cuyo comienzo es 27 :

Lo sé, y dentro de mi pecho las penas me agobian,

al ver la tierra más vieja de Jonia

asesinada,

en la cual contra unos y otros y a favor de unos y otros lucha y discute, y después de esto les exhorta en común a que acaben con la rivalidad existente. Solón era, por [3] nacimiento y por reputación, uno de los primeros, y por la hacienda y por sus ocupaciones, uno de los del medio 28 , según se reconoce por los demás y él mismo atestigua en estos versos, cuando exhorta a los ricos a no ser ambiciosos 29 :

Vosotros, sosegando en el pecho vuestro firme corazón

quienes llegasteis a la saciedad de muchos bienes,

contened en la medida vuestra arrogancia; ni nosotros

obedeceremos, ni a vosotros os saldrá bien todo.

Y, en general, asigna siempre a los ricos la causa de la discordia; por eso dice también, al comienzo de la elegía, que teme «la avaricia y la arrogancia», ya que a causa de ellas nació el odio.

Sobre las reformas de Solón y la valoración que han merecido

[6 ] Cuando Solón tuvo plenos poderes en los asuntos públicos, libertó al pueblo para el presente y para el futuro, al prohibir los préstamos con la fianza de la propia persona 30 , y promulgó leyes e hizo una cancelación de las deudas, tanto privadas como públicas, cancelación que llaman descarga 31 , porque es como si se hubieran descargado de un peso. En este punto intentan algunos calumniarle: [2] sucedió que cuando Solón iba a realizar la descarga, se lo dijo antes a algunos de los nobles; y luego, como dicen los partidarios del pueblo, fue víctima de las maniobras de sus amigos; o, según los que quieren difamarle, él mismo tomó parte en ellas. Aquéllos, en efecto, tomaron a préstamo y compraron muchas tierras, y no mucho después, al sobrevenir la cancelación de las deudas, se enriquecieron; de donde dicen que surgieron los que después se consideran «antiguos ricos». Ahora bien, es más convincente la explicación de los [3] partidarios del pueblo, pues no es verosímil que en lo demás haya sido tan comedido y sencillo, hasta el punto de que pudiendo hacerse tirano de la ciudad con solo someter a los demás, se dejó odiar por unos y otros y estimó en más el bien y la salvación de la ciudad que su propia ambición, y que en cosas tan pequeñas e indignas fuera a mancharse. Que tuvo la facultad de hacerse [4] tirano, las dolorosas circunstancias lo atestiguan, y él mismo en los poemas lo menciona muchas veces y todos los demás lo reconocen. Por consiguiente, hay que pensar que esta acusación es falsa.

Constitución de Solón: las cuatro clases del censo

Estableció una constitución y promulgó [7 ] otras leyes; dejaron de servirse de las disposiciones de Dracón 32 , excepto las referentes al homicidio. Inscribieron las leyes en las tablas giratorias 33 , las colocaron en el Pórtico Real 34 y juraron todos cumplirlas. Los nueve arcontes juraban tocando la piedra y prometían ofrecer una estatua de oro si transgredían alguna de las leyes 35 . De ahí que aún ahora juran así.

[2] Dio por firmes las leyes para cien años y dispuso [3] la constitución del modo siguiente: por censo los distribuyó en cuatro clases, como ya antes estaban divididos 36 : los pentacosiomedimnos 37 , los caballeros 38 , los zeugitas 39 y los tetes 40 . Y asignó el desempeño de las magistraturas más importantes a personas de entre los pentacosiomedimnos, los caballeros y los zeugitas, es decir, los nueve arcontes 41 , los tamías 42 , los poletas 43 , los Once 44 y los colacretas 45 , asignando una magistratura a cada uno en proporción a la cuantía del censo. A los que tributaban en el censo como tetes hizo que formaran parte solamente de la asamblea y de los [4] tribunales. Debía tributar como pentacosiomedimno el que sacaba de su propia tierra quinientas medidas entre productos secos y líquidos; como caballero el que sacaba trescientas medidas, o como dicen algunos, los que podían criar un caballo. Aducen como prueba el nombre de la clase, como derivado del mismo hecho, y las ofrendas de los antiguos: pues hay dedicada en la Acrópolis una imagen de Dífilo, en la que se lee la siguiente inscripción 46 :

Antemión, hijo de Dífilo, consagró ésta a los dioses,

al pasar de la clase de los tetes a la de caballero.

Y como testimonio junto a ella hay un caballo, para significar con ello la clase de los caballeros. Sin embargo, más razonable es que se definiera por las medidas de cosecha como los de quinientos medimnos. Pagaban tributo de zeugita los que cosechaban entre granos y líquidos doscientas medidas, los demás tributaban como tetes, sin participar de ninguna magistratura. Por eso aún ahora, cuando se pregunta al que va a ser sorteado para una magistratura qué tributo paga, nadie dirá que el de los tetes.

Las magistraturas

Estableció las magistraturas sorteables [8 ] entre los elegidos que cada una de las tribus había designado previamente: para los nueve arcontes cada tribu designaba diez 47 , y entre éstos se hacía el sorteo; de lo cual aún perdura en las tribus el sortear diez cada una, y luego entre éstos se sorteaba por medio de habas 48 . Una prueba de que los hizo sorteables entre las clases del censo, es la ley sobre los tesoreros 49 , de la que siguen sirviéndose ahora todavía, pues manda que los tesoreros se designen por sorteo entre los de quinientos medimnos 50 .

Así legisló Solón respecto a los nueve arcontes. Antiguamente [2] el consejo del Areópago convocaba y elegía por sí mismo al adecuado, y distribuyéndolos en cada una de las magistraturas les confiaba el cargo por un año 51 . Las tribus eran cuatro 52 , lo mismo que antes, y [3] también había cuatro reyes de tribu 53 . De cada una de las tribus se señalaban tres tritías y doce naucrarías 54 . Sobre las naucrarías había establecida la magistratura de los naucraros, que se encargaba de los impuestos y los gastos que ocurrían; por eso en las leyes de Solón que ya no se usan está muchas veces escrito que «los naucraros cobren» y «gástese el dinero de las naucrarías».

[4] Creó un Consejo de cuatrocientos 55 , cien de cada tribu, y al consejo de los Areopagitas lo puso como guardián de las leyes, igual que ya antes era inspector de la constitución 56 ; vigilaba la parte mayor y más importante de los asuntos de la ciudad, y corregía a los delincuentes con soberanía para multar y castigar; y depositaba las multas en la Acrópolis, sin escribir el motivo de las mismas; y juzgaba a los que conspiraban para disolver el poder del pueblo, por haber promulgado Solón contra ellos la ley de denuncia por conspiración 57 .

Viendo que la ciudad muchas veces tenía discordias [5] civiles y que algunos ciudadanos por indiferencia se contentaban con el mero azar, promulgó una ley especial contra éstos: «el que, estando dividida la ciudad, no tome las armas ni con unos ni con otros, quede condenado a la atimía 58 y deje de tener parte en la ciudad».

Las tres medidas más democráticas y la imprecisión de sus leyes

En cuanto a las magistraturas, de [9 ] esta manera dispuso. Del gobierno de Solón parece que estas tres cosas son las más democráticas 59 : lo primero y principal, el prohibir los préstamos con la fianza de la propia persona 60 ; después, que el que quisiera pudiese reclamar por lo que hubiera sido perjudicado; y, en tercer lugar, con lo que dicen que el pueblo consiguió mayor fuerza, la apelación al tribunal 61 , pues al ser el pueblo dueño del voto, se hace dueño del [2] gobierno. Además, por estar redactadas las leyes sin sencillez ni claridad, como la de las herencias e hijas herederas 62 , necesariamente surgieron muchas dudas, y todo, tanto lo común como lo privado, debía juzgarlo el tribunal. Algunos 63 piensan que él, deliberadamente, hizo las leyes poco claras, para que el pueblo fuese soberano en el juicio. Pero no es verosímil, sino la causa está en no poder definir la mejor en términos generales 64 ; pues no es justo considerar la intención de él por los actuales resultados sino por el resto de la constitución.

Reforma monetaria de Solón

En las leyes esto es lo que parece [10 ] haber dispuesto más democráticamente, y antes de su legislación el haber hecho la reducción de las deudas 65 y, después, el aumento de las medidas, pesos y monedas 66 . En su tiempo, en efecto, se hicieron [2] las medidas mayores que las de Fidón 67 , y la mina, que antes tenía un peso de setenta dracmas, subió hasta las cien. La acuñación antigua era de dos dracmas 68 . Hizo también los pesos en relación con la moneda, teniendo sesenta y tres minas el talento 69 , y las tres minas quedaron distribuidas entre el estater 70 y los demás pesos.

Solón, mal visto por el pueblo y los nobles, sale de su país para no cambiar las leyes

[11 ] Dispuesta la constitución del modo que se ha dicho, como le molestaban acudiendo a él en consultas sobre las leyes, criticando unas cosas y consultándole otras, y queriendo que aquéllas no cambiasen, ni hacerse odioso si estaba presente, emprendió un viaje a la vez con fines comerciales y por curiosidad a Egipto, después de decir que no volvería en diez años; pues creía que no era justo que por estar presente interpretase las leyes, sino que [2] cada uno cumpliese lo escrito 71 . Al mismo tiempo ocurría que muchos de los nobles se le habían vuelto hostiles por la reducción de las deudas, y los dos bandos habían cambiado de opinión porque la situación era para ellos contraria a lo que esperaban. Pues el pueblo pensaba que él iba a repartir de nuevo todo, y los nobles que lo volvería a la posición anterior o que lo cambiaría poco. Solón se opuso a unos y a otros, y pudiendo, con la ayuda de cualquiera de los dos bandos, establecerse como tirano, eligió hacerse odioso a ambos, salvando a la patria y legislando lo que fuera mejor.

Fragmentos de los poemas de Solón, como testimonios de su conducta

Que esto fue de este modo todos los [12 ] demás convienen en ello, y él mismo en sus poesías lo recuerda en estos versos 72 :

Al pueblo di tanto honor cuanto le basta,

sin nada quitarle de su dignidad, ni añadirle;

los que tenían la fuerza y eran sobresalientes en riquezas,

de éstos también cuidé para que nada vergonzoso sufrieran.

Y me mantuve firme, levantando fuerte escudo ante ambos bandos,

y no dejé ganar sin justicia a ninguno.

Y en otra ocasión declara sobre la muchedumbre de [2] qué manera debe ser tratada:

El pueblo así es como seguirá mejor a sus jefes,

ni demasiado suelto ni en exceso apretado.

Pues la hartura engendra el abuso, cuando una gran felicidad acompaña

a hombres que no tienen una mente recta.

[3] Y otra vez, en otra parte, habla sobre los que quieren que se reparta la tierra 73 :

Los que vinieron al saqueo, crecida esperanza tenían,

pensaba cada uno de ellos que mucha riqueza iba a encontrar,

y a mí, que les hablaba llanamente, cruel intención me iban a descubrir.

Vanamente pensaron entonces, y ahora, irritados contra mí,

de reojo me miran todos como a un enemigo.

No debían. Pues lo que dije, con la ayuda de los dioses lo cumplí,

lo demás no lo hice en vano, ni por la fuerza de la tiranía

me agrada obrar, ni que de la fecunda tierra

de la patria igual parte los malos que los buenos tengan.

[4] Y una vez más acerca de la reducción de las deudas y de la liberación de los que antes eran siervos, gracias a la descarga 74 :

Yo para cuantas cosas reuní

al pueblo, ¿en cuál de ellas me detuve antes de lograrla?

Podría testimoniar de esto en el tribunal del Tiempo

la suprema madre de los dioses olímpicos

muy bien, la negra Tierra 75 , de la que yo antaño

los mojones 76 arranqué en muchas partes hincados;

la que antes era esclava, es ahora libre.

A muchos, hacia Atenas, su patria fundada por los dioses,

traje que habían sido vendidos, unos sin justicia

otros justamente, a otros que por la apremiante

pobreza habían huido, y que ya la lengua ática

no hablaban, de haber rodado por tantos sitios.

A los que aquí mismo en servidumbre vergonzosa

estaban, temblorosos ante el semblante de sus dueños,

los hice libres. Esto con mi autoridad

juntando a la vez fuerza y justicia

lo realicé, y terminé como había prometido.

Escribí leyes igualmente para el pobre y el rico,

acomodando justicia recta para cada uno.

Si otro como yo tiene el aguijón 77 ,

malintencionado y hombre amigo de ganancias,

no habría contenido al pueblo; pues si yo decido

un día lo que entonces gustaba a los contrarios 78 ,

y al otro lo que contra éstos planeaban los del otro bando,

de muchos hombres habría quedado viuda esta ciudad.

Por ello, sacando vigor de todos lados,

como entre muchas perras un lobo, yo me revolví 79 .

[5] Y aún otra vez, reprobando los reproches de unos y otros después 80 :

Al pueblo, si hay que insultarlo claramente,

lo que ahora tienen, jamás con sus ojos

ni hubieran visto en sueños.

Y los más poderosos y quienes más fuerza tienen

me alabarían y harían su amigo 81 .

Y si algún otro, dice, hubiera alcanzado este cargo,

no habría contenido al pueblo, ni habría cesado,

hasta que batiendo la leche hubiese sacado la manteca.

Yo entre éstos, como entre dos ejércitos,

me establecí como límite.

Expatriado Solón, las discordias políticas se hacen más frecuentes: se forman tres partidos

[13 ] Salió, pues, de su patria por estas causas 82 . Solón partió cuando la ciudad aún estaba alborotada, luego pasaron cuatro años 83 con tranquilidad; y al quinto después del arcontado de Solón no nombraron arconte 84 debido a la disensión, y otra vez al quinto año por la misma causa estuvieron sin arconte. Después de esto, al cabo del [2] mismo tiempo, Damasias 85 elegido arconte, ejerció el mando dos años y dos meses, hasta que fue expulsado violentamente del poder. Después decidieron a causa de la discordia elegir diez arcontes, cinco de los eupátridas, tres de los labradores, dos de los artesanos 86 , y éstos ejercieron el mando durante el año que siguió al de Damasias. En esto se hace evidente que el mayor poder lo tenía el arconte, pues siempre aparecen en lucha por esta magistratura.

En general seguían resintiéndose, unos teniendo [3] como fundamento y pretexto la reducción de las deudas (pues como resultado les sobrevino la pobreza), otros disgustados por la constitución por el gran cambio ocurrido, algunos por la mutua rivalidad. Había tres partidos 87 [4] : uno el de los de la costa, que presidía Megacles, hijo de Alcmeón, quienes parecía que pretendían, sobre todo, una constitución moderada; otro el de los de la llanura, que procuraban la oligarquía, era su jefe Licurgo; el tercero el de los de la montaña, del que estaba encargado Pisísrtrato, que parecía ser el más demócrata [5] . Formaban junto a éstos los que habían sido privados de sus créditos 88 , debido a su pobreza, y los que no tenían pureza de linaje, por miedo 89 ; la prueba es que después de la caída de los tiranos hicieron una revisión del censo de ciudadanos 90 , y resultó que muchos participaban de la ciudadanía contra derecho. Cada partido tomaba su nombre de los lugares en que labraban la tierra.

Pisístrato toma por la fuerza el poder, a pesar de la oposición de Solón. Derrocamiento del tirano y su nueva entrada en la ciudad

Considerado Pisístrato 91 el más demócrata [14 ] y habiéndose distinguido mucho en la guerra contra los megareos, se hirió a sí mismo y persuadió al pueblo, con el pretexto de que le había pasado esto por obra de sus adversarios, a que se le concediese una guardia personal, siendo Aristión el que redactó el decreto. Y, tomando a los que recibieron el nombre de maceros 92 , se levantó con ellos contra el pueblo y ocupó la Acrópolis en el año trigésimo segundo después de la promulgación de las leyes, siendo arconte Comeas 93 . Se dice que Solón, cuando Pisístrato [2] pidió la guardia, se opuso diciendo que era más sabio que los unos y más valiente que los otros: más sabio que cuantos no veían que Pisístrato aspiraba a la tiranía, y más valiente que los que viéndolo se callaban 94 . Y como no convenció con sus palabras, colgó sus armas 95 delante de su puerta y dijo que él había ayudado a la patria en cuanto había podido (pues ya era muy viejo), y que consideraba digno que los demás [3] hiciesen también lo mismo. Solón nada consiguió entonces con sus exhortaciones: Pisístrato tomó el poder y regía los asuntos comunes más como ciudadano que como tirano 96 . Aún no había arraigado su mando cuando se pusieron de acuerdo los partidarios de Megacles y de Licurgo, y lo expulsaron en el sexto año después de su primera instalación en el poder, en el arcontado de Hegesias 97 .

[4] En el año duodécimo después de esto, acosado Megacles por la lucha de partidos 98 , de nuevo negoció, por medio de un heraldo, con Pisístrato con la condición de que se casase con su hija, y lo repatrió de manera primitiva y demasiado sencilla. En efecto, hizo correr el rumor de que Atenea traía a Pisístrato, y habiendo encontrado una mujer alta y hermosa, según dice Heródoto 99 , del demo de los Peanieos, o como algunos 100 dicen, una tracia del demo de Colito que vendía coronas, de nombre Fía 101 , la adornó a imitación de la diosa y la introdujo en la ciudad con él; y Pisístrato entraba en carro, con la mujer caminando a su lado, y los de la ciudad haciendo muestras de reverencia le recibieron con admiración.

Tras una nueva expatriación, acopia riqueza, soldados y ayuda exterior. Vence en Palénide y toma el mando de modo definitivo

Tal fue el primer regreso. Después [15 ] fracasó por segunda vez hacia el año séptimo después del regreso (pues no resistió mucho tiempo: al no querer unirse con la hija de Megacles, temiendo a ambos partidos se marchó) 102 , y primero fundó junto al golfo Termeo 103 [2] un lugar que se llama Recelo, de allí pasó a los lugares en torno al Pangeo 104 , de donde, una vez enriquecido y con soldados tomados a sueldo, fue a Eretria 105 , y al undécimo año de nuevo comenzó a intentar recuperar por la fuerza el poder, con el esfuerzo de otros muchos, y especialmente de los Tebanos y Lígdamis el de Naxos, además de los caballeros que gobernaban en Eretria.

[3] Después de vencer en la batalla de Palénide 106 , tomó la ciudad y quitó las armas al pueblo, y retuvo ya la tiranía con firmeza. Tomó Naxos y puso como jefe a [4] Lígdamis 107 . Quitó las armas al pueblo 108 del siguiente modo: después de hacer una revista en el Teseón 109 intentó arengar al pueblo, y habló un poco de tiempo. Diciéndole ellos que no le oían les ordenó que subieran hacia la entrada de la Acrópolis, para que se oyese mejor su voz. Y mientras él echaba tiempo hablando al pueblo, los designados para ello recogieron las armas y las encerraron en los edificios vecinos al Teseón, y volvieron [5] a avisar por señas a Pisístrato. Éste, cuando acabó el resto del discurso, les dijo también lo ocurrido con las armas y que no debían admirarse ni desanimarse, sino que se marcharan y cuidaran de sus cosas particulares, que de las comunes él se ocuparía de todas.

Modo de gobernar de Pisístrato: destacan su moderación y generosidad, su sometimiento a las leyes y el ser apreciado por los nobles y por el pueblo

La tiranía de Pisístrato se estableció [16 ] desde el comienzo de tal manera y tuvo tales vicisitudes. Gobernaba Pisístrato, [2] según se ha dicho 110 , los asuntos de la ciudad moderadamente y más como ciudadano que como tirano. En general, era humano, suave e indulgente con los que faltaban y, además, a los pobres les prestaba dinero para sus trabajos 111 , de manera que pudieran sostenerse cultivando la tierra. Hacía esto por dos motivos, [3] para que no pasaran el tiempo en la ciudad, sino que permanecieran dispersos por el campo, y para que, en una prosperidad moderada y dedicados a sus cosas, no desearan ni tuvieran tiempo de ocuparse de las comunes 112 . Al mismo tiempo le resultó que las rentas [4] eran mayores con el cultivo de la tierra, pues percibía la décima parte de lo que se producía. Por esto también [5] estableció los jueces por demos 113 , y él mismo salía muchas veces al campo para inspeccionar y conciliar a los que estaban en discordia, para que no descuidasen sus trabajos por bajar a la ciudad.

[6] Cuando Pisístrato hacía una salida de este tipo 114 , dicen que sucedió aquello con el que labraba en el Himeto un campo llamado después lugar inmune: vio a uno que cavaba y trabajaba en un puro pedregal, y sorprendido mandó a su esclavo a preguntar qué producía aquel lugar; y él dijo: «sólo males y dolores, y de estos males y dolores Pisístratos debe percibir el diezmo». El hombre respondió sin conocerlo, y Pisístrato sintiendo agrado por su franqueza y por su amor al trabajo lo hizo exento de todo impuesto.

[7] Además a la multitud no la molestaba en nada con su poder, siempre le procuraba paz y le mantenía la tranquilidad; por eso también se repetían muchos elogios significando que la tiranía de Pisístrato era la edad de Cronos 115 , pues sucedió después, cuando le heredaron sus hijos, que el poder se hizo mucho más duro.

Lo más importante de todo lo que se contaba, era el [8] ser democrático en sus costumbres y humano. Pues en general quería que todo se rigiera según las leyes, sin concederse a sí mismo ningún privilegio; y, una vez, acusado de homicidio ante el Areópago 116 , se presentó él personalmente para defenderse, pero el acusador, atemorizado, abandonó la causa. Por eso se mantuvo mucho [9] tiempo en el mando y, cada vez que era derribado, lo recobraba de nuevo fácilmente. Pues lo querían la mayoría de los principales y de los del pueblo. A unos los atrajo con su trato, y a otros con sus socorros en los asuntos particulares, y estaba dotado de buen natural para unos y para otros.

Eran, además, entre los Atenienses suaves las leyes [10] referentes a los tiranos en aquellos tiempos, todas y en particular la que precisamente se refería al establecimiento de la tiranía. Pues tenían la siguiente ley: «Esto es ley y tradición de los atenienses: si algunos se levantan para hacerse tiranos o ayuda alguno a establecer la tiranía, sea privado de derecho él y su estirpe» 117 .

Los hijos de Pisístrato

Así pues, Pisístrato envejeció en el [17 ] poder y murió de enfermedad, siendo arconte Filóneo 118 . Desde que se estableció como tirano por primera vez, vivió treinta y tres años, de los que permaneció en el mando diecinueve, pues estuvo en el destierro [2] los restantes. Por eso, evidentemente, hablan a [2] la ligera los que dicen que Pisístrato fue amado por Solón y que fue general en la guerra contra los megareos acerca de Salamina, pues no se acomoda a las edades, si se calcula la duración de la vida de uno y otro, y en tiempo de qué arconte murió.

[3] A la muerte de Pisístrato retuvieron el poder sus hijos, y llevaban adelante los asuntos públicos de la misma manera. Eran de su esposa legítima dos, Hipias e Hiparco, y dos de la argiva, Iofón y Hegesístrato 119 , cuyo [4] sobrenombre era Tésalo. Pues Pisístrato se había casado con la hija de un hombre argivo, de Argos, cuyo nombre era Górgilo, llamada Timonasa, con la que primero estuvo casado Arquino el Ampraciota, de la familia de los Cipsélidas 120 . De aquí surgió la amistad con los argivos y el que lucharan mil como aliados en la batalla de Palénide 121 , conducidos por Hegesístrato. Dicen que se casó con la argiva, unos, cuando fue expulsado por primera vez; otros, cuando tenía el poder.

Carácter de los hijos de Pisístrato. Conspiración de Harmodio y Aristogitón contra el tirano

Eran soberanos en los asuntos públicos, [18 ] por su dignidad y por su edad, Hiparco e Hipias; siendo el mayor Hipias 122 y de natural político y prudente, estaba al frente del poder. Hiparco era amigo de diversiones, enamoradizo y amante de las musas 123 (éste fue el que invitó a Anacreonte, a Simónides y a los demás poetas). Tésalo era mucho más joven 124 , y en sus maneras [2] atrevido e insolente, de lo cual les sobrevino el comienzo de todos los males. Pues se enamoró 125 de Harmodio y, fracasando en su amor, no contuvo la ira, sino que la manifestó amargamente en todo; y, por fin, cuando la hermana de aquél iba a llevar la canastilla 126 en las Panateneas, se lo impidió tildando a Harmodio de cobarde; de lo que sobrevino la exasperación de Harmodio y que con Aristogitón llevasen a cabo la hazaña con [3] la participación de muchos: en las Panateneas, vigilaban a Hipias en la Acrópolis (pues era éste casualmente el que recibía la procesión, e Hiparco era el que la conducía), y al ver a uno de los cómplices 127 en la traición que se comunicaba con Hipias afablemente, y pensando que los estaba denunciando, quisieron hacer algo antes de ser apresados, bajaron y se sublevaron antes de las ceremonias sagradas, y dieron muerte a Hiparco que ordenaba la procesión junto al Leocoreo, pero estropearon todo lo tramado. De ellos, Harmodio murió inmediatamente [4] a manos de los de la guardia, y Aristogitón fue apresado más tarde y durante mucho tiempo maltratado. Acusó en las torturas a muchos que eran por nacimiento distinguidos y amigos de los tiranos. Así no pudieron de momento encontrar ninguna huella de la conspiración; pero la historia que se cuenta 128 de que Hipias despojando de las armas a los de la procesión decubrió a los que tenían puñales, no es verdadera, pues no iban entonces en la procesión con armas, sino que esto lo dispuso el pueblo más tarde. Acusó a los amigos [5] del tirano, según dicen los de las clases populares, deliberadamente, para que incurrieran en impiedad 129 y, al mismo tiempo, se debilitaran, dando muerte a inocentes y a sus propios amigos; pero según algunos dicen, no inventó, sino que denunció a los cómplices. Finalmente, [6] viendo que no podía morir por mucho que hiciera, prometió que iba a denunciar a otros muchos y persuadió a Hipias de que, en prueba de confianza, le diera la mano. Una vez que la cogió, le reprochó el haber dado la mano al asesino de su hermano, y exasperó tanto a Hipias, que no se contuvo y sacando la espada lo mató.

Represalias de Hipias. Los desterrados intentan de varios modos el regreso. Intervienen los espartanos e Hipias es derrocado

[19 ] Después de esto, sucedió que la tiranía se hizo mucho mas dura 130 , pues por vengar a su hermano y por haber matado y desterrado a muchos, se hizo para todos no digno de fiar y cruel. [2] Hacia el año cuarto 131 después de la muerte de Hiparco, como iban mal las cosas en la ciudad, intentó fortificar Muniquia 132 , con la idea de trasladarse allí y estando en esto fue expulsado por Cleómenes 133 , rey de los Lacedemonios, pues llegaban oráculos 134 continuamente a los Laconios diciendo que derribasen la tiranía por esta causa.

Los desterrados, al frente de los cuales estaban los [3] Alcmeónidas, por sí mismos no podían efectuar el regreso y siempre fracasaban; en todos cuantos tramaban, fallaban, incluso cuando fortificaron, en el campo, Lipsidrio 135 , sobre el Parnes, en donde se habían refugiado algunos de los de la ciudad, fueron vencidos en asedio por los tiranos, por lo cual, más tarde, según esta desgracia cantaban siempre en los escolios 136 :

Ay, Lipsidrio, traidor de los amigos,

a qué hombres perdiste en la lucha

buenos y nobles,

que entonces demostraron de qué padres venían.

Así pues, al fracasar en todos los intentos, contrataron [4] la edificación del templo de Delfos 137 , de donde obtuvieron abundancia de dinero para el socorro de los laconios. La Pitia profería siempre a los lacedemonios, cuando le consultaban, que liberasen Atenas hasta que convenció a los espartiatas, aunque eran huéspedes suyos los Pisistrátidas 138 ; contribuyó no en la menor parte a la determinación de los laconios la amistad que los Pisistrátidas tenían con los argivos.

[5] Primeramente, enviaron por mar a Anquímolo con un ejército. Vencido éste y muerto, por haber acudido en socorro Cíneas de Tesalia con mil jinetes, se irritaron por lo sucedido y enviaron al rey por tierra 139 , con un ejército mayor, quien, tras vencer a los jinetes tesalios que le impedían llegar al Ática, encerró a Hipias en el llamado muro pelárgico 140 y le puso sitio de acuerdo con los atenienses 141 .

Durante su asedio aconteció que fueron capturados [6] los hijos de los Pisistrátidas, cuando intentaban escapar en secreto; y, al haber sido cogidos éstos, llegaron a un acuerdo para salvar a sus hijos y, después de recoger sus bienes en cinco días, entregaron la Acrópolis a los atenienses 142 , siendo arconte Harpáctides. Detentaron la tiranía, después de la muerte de su padre, unos diecisiete años, y, en total, con los que su padre mandó, fueron cuarenta y nueve 143 .

Intento fallido de Iságoras de hacerse con el poder. Clístenes es el jefe del partido popular

[20 ] Una vez derrocada la tiranía, tenían disensiones entre sí Iságoras, hijo de Tisandro, que era amigo de los tiranos 144 , y Clístenes, que era de la estirpe de los Alcmeónidas. Clístenes, vencido por las asociaciones 145 , se atrajo [2] al pueblo, entregando el gobierno a la multitud. Iságoras, entonces, encontrándose inferior en poder, llamó de nuevo a Cleómenes, que era huésped suyo 146 , y le convenció de que expulsara «lo sacrílego» 147 , porque los Alcmeónidas eran tenidos por «sacrílegos».

Clístenes se escapó a la llegada de Cleómenes quien [3] con unos pocos expulsó a setecientas familias atenienses 148 . Una vez hecho esto, intentó disolver el Consejo 149 y establecer con plenos poderes sobre la ciudad a Iságoras y a trescientos de sus amigos. Pero, en vista de que el Consejo se resistió y la masa se había reunido, los partidarios de Cleómenes e Iságoras se refugiaron en la Acrópolis, y el pueblo situándose al pie, los tuvo asediados durante dos días; al tercero, a Cleómenes y a todos los que estaban con él los dejaron salir por una capitulación; y a Clístenes y a los demás desterrados los mandaron llamar 150 .

[4] Dueño el pueblo del poder, Clístenes fue el jefe y el caudillo del pueblo 151 . Pues los Alcmeónidas habían sido de hecho los principales responsables de la expulsión de los tiranos y habían pasado la mayor parte del [5] tiempo en la oposición a aquéllos. Pero ya antes que los Alcmeónidas, Cedón 152 había atacado a los tiranos, y por eso cantaban a éste en los escolios:

Sirve también a Cedón, copero, no te olvides,

si es que se sirve vino a los hombres valientes 153 .

Reformas de Clístenes

Así pues, por estos motivos el pueblo [21 ] confiaba en Clístenes. Entonces, puesto al frente del pueblo, en el año cuarto después de la caída de los tiranos, siendo arconte Iságoras 154 , primeramente [2] dividió a todos en diez tribus en lugar de las cuatro 155 , con la intención de mezclarlos, para que participase mayor número en el gobierno. Por eso se dice que no atiendan a las tribus los que quieran investigar los linajes 156 . Después, formó el consejo de quinientos [3] miembros en lugar de cuatrocientos 157 , cincuenta de cada tribu, hasta entonces habían sido cien. Por esto no los organizó en doce tribus, para que no resultara la división de acuerdo con las tritías preexistentes, pues de cuatro tribus había doce tritías 158 , y así no se hubiera mezclado la muchedumbre.

[4] Dividió 159 también el país por demos, en treinta partes, diez de los alrededores de la ciudad, diez de la costa y diez del interior, y dando a éstas el nombre de tritís, sacó a la suerte tres para cada tribu, con el fin de que cada una participase de todas las regiones. E hizo conciudadanos de demo a los que habitaban en cada uno 160 , para que no quedaran en evidencia los nuevos ciudadanos 161 al llevar el nombre de familia, sino que llevasen el nombre de los demos; por eso los atenienses se llaman todavía a sí mismos por los demos 162 .

Estableció demarcos con la misma función que los [5] antiguos naucraros, pues precisamente estableció los demos en lugar de las naucrarías 163 . Dio nombre a los demos, a unos por los lugares, a otros por sus fundadores, pues no todos los demos se correspondían ahora con los lugares 164 .

Respecto a las estirpes, las fratrías y los sacerdocios 165 [6] dejó que cada uno los conservase según la tradición. A las tribus les dio como sobrenombre, de entre cien héroes fundadores elegidos de antemano, los diez que la Pitia designó 166 .

La ley sobre el ostracismo. Elección de estrategos y arcontes. Preparativos para la batalla de Salamina

[22 ] Una vez realizado esto, la constitución resultó mucho más democrática que la de Solón; sucedió, en efecto, que la tiranía suprimió, por desuso, las leyes de Solón, y Clístenes dio otras nuevas para hacerse con el pueblo 167 , entre las cuales estableció también la ley sobre el ostracismo 168 .

[2] Por primera vez, en el año quinto del establecimiento de este sistema de gobierno, siendo arconte Hermocreonte 169 , impusieron al Consejo de los Quinientos el juramento que todavía ahora prestan 170 . Después eligieron a los estrategos 171 por tribus, uno de cada tribu, y el jefe de todo el ejército era el polemarco.

En el año duodécimo después de esto, vencieron en [3] la batalla de Maratón, bajo el arcontado de Fenipo; y dejando pasar dos años después de la victoria, cuando ya tenía confianza en sí el pueblo, aplicaron entonces por primera vez la ley sobre el ostracismo 172 ; la cual se estableció a causa de los recelos contra los poderosos, porque Pisístrato, siendo demagogo 173 y estratego, [4] se había convertido en tirano. El primero en ser desterrado por ostracismo fue uno de los parientes de aquél, Hiparco, hijo de Carmo, del demo de Colito 174 , para quien especialmente había promulgado la ley Clístenes, ya que quería expulsarlo.

Los atenienses, a los amigos de los tiranos que no habían delinquido tomando parte en los desórdenes, los habían dejado habitar en la ciudad, de acuerdo con la acostumbrada benevolencia del pueblo 175 , y el jefe y caudillo de éstos era Hiparco.

[5] Inmediatamente, al siguiente año, en el arcontado de Telesino 176 , sortearon mediante habas a los nueve arcontes, por tribus, de entre los quinientos elegidos previamente por los electores de los demos, lo que tuvo lugar entonces por primera vez después de la tiranía, pues los anteriores habían sido todos elegidos 177 ; y fue desterrado por ostracismo Megacles 178 , hijo de Hipócrates, del demo de Alópece. Durante tres años desterraban [6] por ostracismo a los amigos de los tiranos, a causa de los cuales había sido promulgada la ley; después de esto, al cuarto año, comenzaron a expulsar también a los otros, si alguno se mostraba con demasiado poder. El primero en sufrir el ostracismo de los que no tenían que ver con la tiranía fue Jantipo 179 , hijo de Arifrón.

Al tercer año después de esto 180 , en el arcontado de [7] Nicodemo, cuando fueron descubiertas las minas de Maronea 181 , y resultó para la ciudad un beneficio de cien talentos de su laboreo, como algunos aconsejaran repartir el dinero al pueblo, Temístocles 182 lo impidió, sin decir lo que iba a hacer con el dinero, y mandó prestar a los cien atenienses más ricos un talento a cada uno; y luego si era aprobado el gasto, que los costes fueran a cuenta de la ciudad, y si no, que se recobrase el dinero de los que lo habían tomado en préstamo. Recibiendo el dinero en estas condiciones construyó cien trirremes, haciendo uno cada uno de los cien ciudadanos; con ellos lucharon en Salamina contra los bábaros. Por este tiempo fue ostraquizado Arístides 183 , hijo de Lisímaco.

[8] Al cuarto año readmitieron a todos los desterrados, siendo arconte Hipsíquides 184 , a causa de la expedición militar de Jerjes; y de ahora en adelante fijaron a los desterrados los límites de habitar dentro de Geresto y Escileo 185 , o bien quedar privados definitivamente de sus derechos.

El gobierno del Areópago. Son arcantes Arístides y Temístocles

Hasta tal punto progresó entonces [23 ] la ciudad a la vez que la democracia 186 , creciendo poco a poco; pero después de las Guerras Médicas otra vez tomó fuerza el consejo del Areópago y gobernaba la ciudad, sin ningún decreto que le atribuyese el poder 187 , sino por haber sido la causa de la batalla naval de Salamina. En efecto, cuando los estrategos desesperando ya de la difícil situación proclamaron que cada uno se salvase a sí mismo, el Areópago procuró ocho dracmas 188 para cada uno, se las dio y los hizo [2] subir a las naves. Por esta causa reconocían la dignidad del Areópago, y fueron bien gobernados los atenienses en aquel tiempo 189 . Pues les sucedió en esta época que se ejercitaron en las cosas de la guerra, tuvieron prestigio entre los helenos y obtuvieron la supremacía del mar, en contra de la voluntad de los lacedemonios 190 .

[3] Eran caudillos del pueblo 191 , por este tiempo, Arístides, hijo de Lisímaco, y Temístocles, hijo de Neocles; el uno era considerado hábil en la guerra, el otro en los asuntos políticos y se distinguía por su justicia entre los de su época; por eso se servían del uno como general, del otro como consejero 192 . La reconstrucción [4] de los muros la hicieron en común 193 , aunque eran rivales entre sí; y el abandono de los jonios de la alianza con los lacedemonios fue Arístides el que la promovió, aguardando el momento en que los laconios estaban desacreditados a causa de Pausanias 194 . También fue [5] éste el que fijó los primeros tributos a las ciudades aliadas 195 , en el año tercero después de la batalla de Salamina, siendo arconte Timóstenes 196 , e hizo juramentos con los jonios de que tendrían al mismo enemigo y al mismo amigo, después de los cuales echaron al mar los trozos de hierro 197 .

Las contribuciones de los confederados mantienen a todos los funcionarios e instituciones de la vida política ateniense

[24 ] Después de esto, ganando ya confianza en sí misma la ciudad 198 y teniendo muchas riquezas acumuladas, les aconsejó que se hicieran con la hegemonía y que bajando de los campos habitasen en la ciudad 199 ; pues todos tendrían alimento, unos al servicio del ejército, otros de guardia en las fortificaciones, otros ocupados en los asuntos de la comunidad, y de esta manera asegurarían la hegemonía.

[2] Convencidos de esto, tomaron el poder y trataban a los aliados de manera más despótica 200 , excepto a los de Quíos, de Lesbos y de Samos 201 : a éstos los consideraban guardianes de su imperio, y les permitían su propio gobierno y mandar sobre los que eran ya sus súbditos.

Aseguraron, además, a la masa de la población abundancia [3] de alimento, como Arístides había propuesto. Ocurría, pues, que de los tributos 202 , de los impuestos y de los aliados se mantenían más de veinte mil hombres 203 : los jueces eran seis mil 204 , los arqueros mil seiscientos, y además de éstos mil doscientos de caballería, quinientos miembros del Consejo, y quinientos guardianes de los arsenales; además de éstos en la ciudadela había cincuenta guardias, las magistraturas dentro de la ciudad eran unos setecientos hombres, y fuera de las fronteras otros setecientos; además, cuando comenzaron la guerra 205 más tarde, había dos mil quinientos hoplitas, veinte naves de vigilancia, y otras naves que recogían los tributos*** 206 dos mil hombres elegidos por sorteo con habas, y, además, el Pritaneo 207 , los huérfanos 208 y los guardias de los presos: todos éstos tenían su manutención a expensas de las rentas de la comunidad.

Reforma de Efialtes: en colaboración con Temístocles priva al consejo del Areópago de sus atribuciones

Así pues, la alimentación al pueblo [25 ] se hacía por estos medios. Diecisiete años, aproximadamente, después de las Guerras Médicas 209 , duró el gobierno bajo la dirección de los del Areópago, aunque su influencia decaía poco a poco. Con el aumento de la plebe, llegó a ser jefe del pueblo Efialtes 210 , hijo de Sofónides, tenido por incorruptible y justo para el régimen, y atacó al Consejo. Primeramente eliminó a muchos de los Areopagitas, [2] entablando pleitos contra ellos por su administración. Después, siendo arconte Conón, quitó al consejo todas las funciones añadidas que le hacían guardián de la constitución, y unas las devolvió a los Quinientos, otras al pueblo y a los tribunales 211 .

[3] Llevó a cabo esto con la colaboración de Temístocles 212 , que se contaba entre los Areopagitas, pero iba a ser juzgado de estar en connivencia con los medos. Queriendo Temístocles que el Consejo fuera disuelto, dijo a Efialtes que el Consejo iba a arrestarlo, y a los Areopagitas que iba a denunciar a ciertos ciudadanos que se habían conjurado para derribar la constitución. Y llevando a los designados por el Consejo donde se encontraba Efialtes, con la intención de mostrarles a los conjurados, se puso a hablar con ellos agitadamente. Efialtes, al ver esto, sorprendido, se refugió con sólo la túnica en el altar 213 . Admirados todos de lo sucedido, [4] reunióse después de esto el Consejo de los Quinientos, y Efialtes y Temístocles acusaron a los Areopagitas, y de nuevo ante el pueblo dijeron lo mismo, hasta que les arrebataron el poder. Y*** 214 fue muerto también Efialtes, asesinado traidoramente no mucho tiempo después por Aristódico de Tanagra 215 .

Gobierno de Cimón. Se extienden los derechos políticos a la tercera clase y sólo se considera ciudadano al de padre y madre ciudadanos

[26 ] De este modo el consejo de los Areopagitas fue privado de sus responsabilidades. Después de esto, sucedió que la constitución se hizo más relajada 216 , debido al apasionamiento de los demagogos. Y, durante este período, ocurrió que los más distinguidos no tenían jefe, pues estaba al frente de ellos Cimón, hijo de Milcíades, que era bastante novato 217 y había llegado demasiado tarde a la ciudad; y además la mayoría de la gente había muerto en la guerra 218 , pues el servicio militar se cumplía, en aquel tiempo, según el censo, y se ponían al frente generales inexpertos en la guerra, aunque fueran estimados por sus glorias familiares, y sucedía que de los que salían morían cada vez dos o tres mil 219 , así se gastaban los bien dotados tanto del pueblo como de los ricos.

Todas las demás cosas las gobernaban no de la misma [2] manera que antes en que se atenían a las leyes 220 ; pero la elección de los nueve arcontes no la cambiaron, excepto que en el sexto año 221 después de la muerte de Efialtes, decretaron que también de entre los zeugitas fueran elegidos 222 los que iban a ser sorteados para los nueve arcontes, y el primer arconte de éstos fue Mnesitides 223 . Los anteriores a éste fueron todos de entre los caballeros y de los de quinientos medimnos, y los zeugitas desempeñaban las magistraturas ordinarias, a no ser que se descuidase alguna de las disposiciones legales.

[3] Al quinto año luego de estas cosas, en el arcontado de Lisícrates 224 , se establecieron de nuevo los treinta [4] jueces llamados de demos. Y al tercero después, siendo arconte Antídoto, debido al gran número de ciudadanos, decretaron, a propuesta de Pericles, que no participase de la ciudadanía el que no hubiera nacido de padre y madre ciudadanos 225 .

Pericles llega al poder. La guerra del Peloponeso y la rivalidad con Cimón hacen que tome medidas políticas que hacen la constitución más cercana al pueblo

Después de esto, cuando llega Pericles [27 ] a la jefatura del pueblo, quien primero había adquirido prestigio por haber acusado, siendo joven, la rendición de cuentas de Cimón como estratego 226 , ocurrió que la constitución aún llegó a ser más democrática; suprimió, en efecto, algunas atribuciones a los Areopagitas 227 y principalmente indujo a la ciudad hacia el poderío naval, del cual resultó que la plebe, al adquirir confianza en sí misma, acercó más a sí toda la vida política 228 .

En el año cuarenta y nueve después de la batalla [2] de Salamina, siendo arconte Pitodoro 229 , se presentó la guerra contra los Peloponesios, durante la cual el pueblo fue encerrado en la ciudad 230 y se acostumbró a cobrar soldada en las campañas militares, y, unas cosas a su gusto y otras en contra de su voluntad, determinó dirigir el gobierno por sí mismo.

[3] Pericles fue el primero que dio una retribución a los tribunales, para hacer frente a la popularidad de Cimón por su riqueza. Cimón, en efecto, en posesión de una hacienda principesca 231 , en primer lugar desempeñaba las cargas públicas con gran esplendidez, y además mantenía a muchos de los de su demo 232 : pues todo el que quería de los Lacíadas 233 podía ir a su casa diariamente y obtener una moderada provisión; incluso todas sus fincas estaban abiertas, de manera que el que quería podía disfrutar de la cosecha.

[4] Como Pericles era inferior en la hacienda para tales favores, siguió el consejo de Damónides de Oie 234 (que era considerado el inspirador de Pericles en muchos asuntos, y por ello más tarde sufrió el ostracismo) de que, como en la fortuna personal era vencido, diese a la muchedumbre lo que era de ella 235 , y así dispuso una retribución a los jueces; a esto algunos atribuyen la causa de que fue peor, ya que siempre tomaban más cuidado en entrar en el sorteo los hombres cualesquiera que los hombres de bien.

Después de esto comenzó incluso el soborno 236 , siendo [5] Ánito el primero que lo puso de manifiesto después de su generalato en Pilos 237 ; pues, acusado por algunos de haber abandonado Pilos, sobornó al tribunal y salió libre.

El orden de sucesión en el cargo de jefe del partido popular antes y después de Pericles

Mientras Pericles estuvo al frente [28 ] del pueblo los asuntos de la ciudad fueron mejor, cuando Pericles murió 238 mucho peor. Pues, por primera vez entonces, el pueblo aceptó a un jefe 239 no bien considerado entre los acomodados. En los tiempos anteriores, en cambio, siempre habían conducido al pueblo hombres de clase acomodada [2] . Desde el principio 240 , el primer jefe del pueblo fue Solón y el segundo Pisístrato, pertenecientes a los ciudadanos nobles y distinguidos. Una vez derribada la tiranía, lo fue Clístenes, que era de la familia de los Alcmeónidas, y contra éste no hubo ningún oponente, una vez fueron expulsados los partidarios de Iságoras. Después de esto, estuvo al frente del pueblo Jantipo, y al frente de los notables Milcíades; después, Temístocles y Arístides 241 . Tras éstos, fue jefe del pueblo Efialtes, y Cimón, hijo de Milcíades, de los ricos. Más tarde Pericles, del pueblo, y Tucídides de los otros, que era pariente [3] por afinidad de Cimón. A la muerte de Pericles, quedó al frente de los distinguidos Nicias, el que murió en Sicilia 242 , y del pueblo, Cleón, hijo de Cléneto, que se considera fue el que más dañó al pueblo con sus maneras apasionadas, y el primero que en la tribuna dio gritos 243 y profirió insultos, y habló ceñido 244 , cuando los demás habían hablado con decoro.

Posteriormente, después de éstos, fue jefe de los otros Terámenes, hijo de Hagnón, y del pueblo Cleofonte, el fabricante de liras, que fue el primero en proporcionar los dos óbolos 245 , y los repartió durante algún tiempo, después los suprimió Calícrates de Peania, prometiendo el primero añadir a los dos óbolos otro más. A estos dos los condenaron a muerte 246 más tarde, pues suele ocurrir que si el pueblo es engañado, odia después a los que le han inducido a hacer cosas que no estaban bien.

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