Czytaj książkę: «Fenómenos. Introducción a los fenómenos.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 178

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por DANIEL RIAÑO RUFILANCHAS .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1993.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO282
ISBN 9788424932114.
ARATO
FENÓMENOS
INTRODUCCIÓN
EL AUTOR
En Amores I 15, 9-18, Ovidio ofrece una significativa lista de los poetas griegos cuya fama ha de pervivir por siempre: Homero, Hesíodo, Sófocles en la Tragedia, Menandro en la Comedia y Calímaco entre los alejandrinos; y entre tan destacados autores cita la tan a menudo olvidada personalidad de Arato, de quien profetiza:
Arato siempre vivirá con el Sol y con la Luna 1 ;
es decir, Arato siempre estará asociado a un determinado tipo de poesía: la poesía didáctico-astronómica. Y no se equivocó Ovidio, ya que, aunque Arato fue un poeta muy erudito con una extensa gama de intereses, su fama literaria se ha perpetuado gracias a su poema titulado Fenómenos .
La vida de Arato se desarrolla en torno a los años 310-240 a. C. Nació en Solos (Cilicia), en Asia Menor, limítrofe con Siria, en el seno de una familia ilustre. Tan sólo un biógrafo, Asclepíades de Mirlea, lo hace natural de Tarso (Cilicia). Casi todas las fuentes están de acuerdo en llamar a su padre Atenodoro, como uno de sus hermanos, y una variante, la Vita IV 2 de Arato, afirma que, según algunos, era hijo de Mnaseo. Menos acuerdo hay en cuanto a la madre, ya que las fuentes la llaman Letófila o Latófila, Delitófila o Letodora. Tuvo tres hermanos: Miris, Calondas y Atenodoro. De Miris sabemos que Arato compuso un epicedio en su honor que se ha perdido; de Atenodoro, que mantuvo una polémica con Zoilo en torno a la poesía homérica; de Calondas, en fin, no sabemos absolutamente nada.
De su juventud hay pocas noticias que concuerden en sus biografías. Según la Vita IV , estudió en Atenas con el filósofo Perseo, con el cual pudo haber marchado a Macedonia, a la corte del rey Antígono II Gonatas 3 (276-239 a. C.), del que obtuvo su protección y se convirtió casi en su poeta oficial. La Vita III también refiere que Perseo el Estoico fue a la corte macedonia con Arato, Antágoras de Rodas (que compuso una Tebaida) y Alejandro de Etolia. Como se puede apreciar, a Antígono le gustaba relacionarse con círculos de ilustrados. El biógrafo añade la noticia de que Arato asistió a las bodas del monarca con la reina Fila, en cuyo honor compuso un Himno a Pan .
Según la Vita I , Arato también aprendió matemáticas con el filósofo hedonista Dionisio de Heraclea 4 ; hay que tener en cuenta que en la escuela griega no se concebía la formación filosófica separada del conocimiento de las matemáticas. No obstante, la Vita III afirma que algunos de sus intérpretes más superficiales sostenían que Arato no fue un matemático, sino que se limitó a traducir en verso El espejo (Cátoptron) de Eudoxo de Cnido. El gramático Aquiles (s. III a. C.) lo consideraba discípulo de Dionisio de Heraclea, sobre todo en lo concerniente al estudio de la lengua y del estilo de Homero, hasta el punto de ejercer la labor crítica (diórthōsis) y llevar a cabo en Pela una edición de la Odisea y, más adelante, según Antígono de Caristo 5 , otra de la Ilíada durante su estancia en Siria, en la corte del rey seléucida Antíoco I Soter 6 , noticia ésta que procede de Dosíteo de Pelusio 7 . No se sabe nada, por el contrario, de que viajase a Alejandría. También fue estudioso de Hesíodo, según se desprende del epigrama XXVII de Calímaco y de algunos motivos de inspiración de su poema astronómico, sobre todo el proemio.
Hay acuerdo entre las fuentes antiguas al considerar la estancia de Arato en la corte del rey macedonio Antígono y de su consorte Fila, hija de Seleuco y Estratónice, en calidad de poeta áulico. La corte de Pela se vio honrada con la presencia, además de Arato, de otras personalidades del mundo de las ciencias y de las letras, como Perseo el Estoico, Antágoras de Rodas, Alejandro de Etolia y, probablemente, Nicandro de Colofón. En la corte de Antígono Gonatas conoció a Menécrates de Éfeso, autor de un poema agrícola titulado Trabajos , de marcado sabor hesiódico, en el que se mostraba como una autoridad en apicultura 8 , a Menedemo de Eretria y al filósofo escéptico Timón de Fliunte 9 , por el que también fue influido. Según parece, fue el propio rey de Macedonia quien invitó a Arato a componer sus Fenómenos , a partir del tratado de Eudoxo del mismo título, después de haber escuchado la lectura del Himno a Pan que realizó el poeta de Solos; esto debió de ocurrir después del 276 a. C. 10 . Además, las citas de Calímaco y la imitación de Apolonio de Rodas invitan a pensar que el poema de Arato precede a la obra de ambos 11 . Si aceptamos la tradición biográfica, habrá que admitir que los Fenómenos fueron presentados entre el 276 y el 274 a. C. La primera fecha corresponde al acceso al trono de Antígono Gonatas y la segunda a la dispersión de la corte macedonia a causa de la invasión de Pirro, rey del Epiro 12 ; en el 274 a. C. Arato se refugió en la corte, entonces pacífica, de Antíoco I Soter, donde permaneció bastante tiempo.
No es descartable que el Arato del Idilio VII (= Talisias) de Teócrito sea el poeta de Solos 13 , pese a las reticencias que algunos autores han expresado en contra de identificaciones concretas de los personajes del Idilio 14 , algunas de ellas evidentes 15 . Ya los comentaristas antiguos afirmaban que se trataba del autor de los Fenómenos; así, los escolios de Teócrito. Por otra parte, es probable que, en el curso de su viaje a Siria, recalase en la isla de Cos y fuese huésped del siracusano; en este sentido, E. Maass 16 ha señalado un cierto número de rasgos en la obra de Arato que apuntan a Cos. Por otra parte, Q. Cataudella ha visto en el Filocles del epigrama Ant. Pal . XII 129 de Arato al Filino del Idilio VII, y en el Prieneo, un pseudónimo del poeta Riano 17 .
De su situación económica, de su estado civil y de su muerte, nada sabemos. De su popularidad da cuenta el hecho de que en las monedas de Solos —más tarde Pompeyópolis— aparecen dos personajes: uno de barba larga, que es Crisipo, y otro de barba corta y cabeza vuelta hacia arriba, que es Arato 18 ; según esto, la estatua del Museo del Louvre (inv. núm. 480) representaría a nuestro poeta-astrónomo 19 . También en un mosaico de Treves aparecen representados Arato y Urania, musa de la astronomía, tema que parece característico de la imaginería helenística 20 , tal y como demuestra esta misma representación (incluso, en vasos de plata 21 de esta época) del poeta y la musa en compañía de Licofrón y la profetisa Casandra, de Teócrito y la musa pastoril Talía, y Menedemo junto con otra musa.
Añadir que el epigramista Meleagro, en La guirnalda 22 , lo considera entre los más excelsos poetas y le otorga «los primiciales tallos de altísima palma» .
LA OBRA
A) LOS «FENÓMENOS »
a) La poesía didáctica
Aristóteles, en el comienzo de la Poética (1447b), establece la distinción entre poesía épica y poesía didáctica 23 :
En efecto, aquello que se expone en verso, sea un tema médico o sea un tema físico, se acostumbra llamarlo así 24 ; mas nada tienen en común Homero y Empédocles, excepto el metro; por eso, convendría llamar al uno poeta, y al otro, más que poeta, naturalista .
No obstante, Aristóteles todavía no establece una terminología específica para definir a ese tipo de poesía que no es propiamente épica.
Parece lógico que si el iniciador del género, Hesíodo, tenía la intención de ofrecer una exposición que fuese considerada y, a la vez, solemne y asequible a la tradición oral y memorística, no tenía otra opción que el hexámetro épico y la lengua de la épica 25 , con sus normas más rígidas; amén de la inexistencia de una prosa que ofreciera las suficientes garantías de difusión 26 , por tratarse más de un vehículo de comunicación informal. Éstos son, sin duda, los motivos de que existiera también una poesía filosófica como la de Parménides o la de Empédocles. En este sentido, ya Platón 27 recalca la importancia que tiene componer en verso para memorizar con más facilidad, cuando dice que Eveno de Paros compuso «vituperios indirectos en verso a fin de que pudieran memorizarse». Por otra parte, mientras que la épica goza de gran libertad de invención, el poema didáctico tiene como objetivo hablar de la realidad, aunque para ello se sirva de determinados mitemas. Complica el panorama la existencia de la llamada épica etiológica, que surge en la frontera entre la épica tradicional y el poema didáctico, y de la que son un botón de muestra los Aitia de Calímaco. En este sentido, es interesante saber que ya Goethe, en un opúsculo titulado Sobre el poema didáctico , incluido en sus Escritos sobre literatura (1827), opinaba que el poema didáctico, a diferencia de otros géneros poéticos, no se define por su forma, sino por su finalidad 28 .
Esta «tensión» entre forma y contenido ya la puso de manifiesto Lucrecio al comparar la primera con una copa de bordes untados con miel y el segundo con un amargo zumo, y añadir:
Así yo ahora, ya que nuestra doctrina por lo común parece en exceso amarga a quien no la ha tratado y el vulgo se echa atrás y se estremece ante ella, quise exponértela en la armoniosa lengua de la Piérides y como untarla con la dulce miel de las Musas, por si pudiera así retener tu ánimo suspenso de mis versos hasta que veas claramente toda la Naturaleza cómo está trabada y cuál es su figura 29 .
Otro poeta didáctico, Manilio, expresó también las dificultades para conciliar res y carmen con una metáfora: es como estar orando en dos templos 30 .
Llegado el momento en el que la amplitud y complicación de las actividades del campesino, del médico, del astrónomo, etc., no pueden ser ya expresadas en el poema didáctico, unido al desarrollo de la prosa, surge el manual científico y técnico; de hecho, en el s. v a. C. ya no encontramos una poesía didáctica —¡tampoco épica!—, sino una literatura especializada en prosa.
Aunque se tienen noticias de la existencia, tiempo atrás, de poemas didácticos, en concreto, de materia astronómica y meteorológica, como los de Cleóstrato de Ténedos o Foco de Samos, es necesario llegar al s. III a. C., época dorada de la poesía didáctica, para asistir a un nuevo florecimiento del género de manos de la filosofía estoica, que preconizaba una poética didáctica como cauce de una poesía cada vez más tecnificada. Además, lo característico de esta época es que no sólo se trata de un instrumento científico, sino también de un experimento poético: hasta la materia más árida es válida para ser ensayada poéticamente. Así, temas forzosamente prosaicos como la astronomía, la medicina, la farmacopea, la caza, la pesca, etc., fueron tratados por Menécrates, Arato, Numenio, Nicandro y Hegesianacte, entre otros, y, más tarde, por Opiano. Este tipo de poemas adquirió un gran éxito y difusión durante el Helenismo y durante gran parte del Imperio.
En este contexto —y es fundamental para entender a Arato— hay que tener en cuenta que los Fenómenos constituyen una larga ékphrasis (= descripción) 31 , semejante a las que los rétores componían en prosa. La ékphrasis retórica servía para evidenciar el talento literario del autor; el objeto descrito quedaba en segundo lugar, de ahí que la preocupación didáctica haya sido, en Arato, de segundo orden. No obstante, si bien el poema mantiene formalmente una exposición didáctica, Arato no se manifiesta como un esclavo del género, sino que es fiel a sus propias intenciones; de ahí que su obra constituya una mezcla de sutileza y de sobriedad 32 .
b) El contenido
La obra por la que Arato nos es conocido es por su poema didáctico titulado Fenómenos , referido a los fenómenos astronómicos y meteorológicos que son observables en el firmamento. Ciertamente, otros muchos autores compusieron unos Fenómenos: Eudoxo de Cnido, Laso de Magnesia, Hermipo, Hegesianacte, Cleóstrato, Artemidoro, Alejandro de Etolia, Alejandro de Éfeso, Aristófanes de Bizancio y otros más 33 , pero ninguno alcanzó el éxito de Arato de Solos, a quien el rey Ptolomeo III Evérgetes otorgó el cetro de la poesía astronómica en su célebre epigrama transmitido por la Vita I:
pues tiene el cetro Arato, el de palabras sutiles 34 .
Según la Vita II , lo más destacable de la obra aratea es la regulación de los años, meses, días y estaciones, de los ortos y ocasos del Sol, la Luna y los planetas; asimismo, se le atribuye la defensa de la esfericidad de la Tierra como cuerpo celeste inmóvil respecto al Universo, y que mide 2.025.000 estadios 35 .
El poema en su totalidad es un conjunto de luces y sombras, al presentar al hombre moviéndose entre la armonía con la divinidad y la lucha con una naturaleza incómoda y a menudo cruel, cuyas reacciones pueden ser escrutadas a través de signos celestes, que los dioses ofrecen graciosamente 36 , y de premoniciones que la propia naturaleza proporciona. En este sentido, Arato muestra una actitud semejante a la de Jenofonte, cuando este último dice que sólo son interesantes los signos situados en el cielo por las divinidades filantrópicas para permitir a los humanos «reconocer los momentos de la noche, del mes y del año con vistas a los viajes por tierra, a la navegación y al establecimiento de los servicios de guardia» 37 . El desvalimiento del ser humano frente a los elementos es cantado de modo insuperable a lo largo de estos versos. Arato escribe un poco antes de la invasión de las doctrinas caldeas en el mundo helenístico; ignora, por tanto, la astrología, y su poema es de inspiración netamente estoica: comienza por un himno a Zeus comparable al de Cleantes; la Providencia ha colocado en el firmamento las constelaciones como signos que guíen a la humanidad. Arato, con este comienzo teológico, deja expedito el camino al determinismo astrológico, que se desarrollará en los siglos siguientes, al revelar a los hombres la prónoia de Zeus.
c) Lengua y estilo
En el contexto de la poesía helenística, Arato ofrece una ventaja sobre la mayor parte de los poetas de esta época: la posibilidad de leer una obra suya completa, los Fenómenos . Y su lectura demuestra cómo un poeta cualificado tiene capacidad para convertir en obra maestra la materia más árida, tal y como también hará más tarde Virgilio con las Geórgicas . La poesía de Arato es, pues, austera, serena, impecablemente correcta y elegante, propia de un excelente versificador. En efecto, Hiparco 38 afirma que el atractivo del poema consiste en que su estilo es directo, llano y sin barnices, lo cual no es una falta de inventiva por parte del poeta, sino un elemento normal en la épica didáctica.
Como ha puesto de relieve B. A. van Groningen 39 , Arato utiliza por lo menos cinco recursos poéticos en la composición de sus Fenómenos: 1) la majestuosidad del cielo estrellado, como la inspirada descripción de la Vía Láctea (vv. 468-477); 2) la emoción religiosa, consecuencia de la identificación del cielo con Zeus, encuentra su máxima expresión en el proemio (vv. 1-18); 3) la representación de la mayoría de las constelaciones se corresponde con figuras míticas, lo que permite interesantes lugares narrativos de cierta extensión en algunas ocasiones, como el mito de Orión (vv. 635-642); 4) estas representaciones pueden ser a veces símbolos de valores esenciales para el hombre, como el mito de la Virgen, o la Justicia, recreación del célebre pasaje hesiódico de las edades 40 ; 5) por último, la aparición de determinadas constelaciones en determinadas estaciones del año marca importantes aspectos de la vida laboral humana: así, los peligros de la vida en la mar son tratados por el poeta con motivo de las constelaciones del Capricornio (vv. 286-298) y del Altar (vv. 407-434). Estos recursos no aparecen de forma regular y sistemática en todo el poema; más bien parecen ser una muestra que el poeta ofrece y que podía haber hecho extensiva a multitud de pasajes que pecan de cierta sobriedad y aridez.
Pero dejemos a un crítico contemporáneo suyo —Calímaco— opinar al respecto:
Son de Hesíodo el carácter y estilo; no sigue el de Solos, por tanto, al peor poeta y aun estimo
que ha imitado sus más dulces trozos. ¡Salud, finos versos que sois testimonios del insomnio de Arato ! 41
Se trata, con toda probabilidad, de un epigrama introductorio de un ejemplar del poema de Arato, en el que se alude al trabajo nocturno en un doble sentido: para pulir aún más sus versos y para observar el firmamento. Ciertamente, el trabajo en vela del último verso denota la meticulosa labor de un artesano del lenguaje: limar y corregir hasta lograr una obra de arte; algo que el portavoz de los poetas augústeos, Horacio, expresa como ars, studium, litura y limae labor 42 .
La importancia que tiene este epigrama es que coloca a Arato en el centro de una violenta polémica literaria, en la que intervino muy activamente Calímaco, entre poesía larga y poesía corta 43 . Se advierte en el poeta de Cirene una adhesión entusiasta, casi propia de un discípulo; lo mismo que Leónidas de Tarento, que llega a llamar a Arato segundo Zeus 44 porque, al igual que el dios, ha hecho brillar a las estrellas 45 . Los teóricos y los poetas se dividían a la hora de seguir su inspiración: ¿debían seguir a Homero o a Hesíodo? El epigrama es un episodio de la polémica, y en él Calímaco da una respuesta apasionada: Hesíodo es el modelo a seguir en la epopeya mítica o didáctica 46 . Lo cierto es que el s. III a. C. se caracterizó por la falta de unanimidad entre los críticos literarios —piénsese en el enfrentamiento entre Calímaco y Apolonio, a propósito de la épica—, de ahí que según las escuelas se le compare con Homero o con Hesíodo. Así, la Vita I lo llama imitador de Hesíodo, mientras que la Vita II dice que, según Boeto de Sidón 47 , era imitador de Homero, lo mismo que el léxico Suda. No obstante, la Vita IV se hace eco de esta vieja polémica afirmando:
dicen que fue imitador de Homero, pero según otros lo fue más todavía de Hesíodo.
Es innegable el influjo de la lengua homérica en la poesía de Arato. Por un lado, estamos frente a un poeta doctus que lee a Homero, lo interpreta e imita sus vocablos; por otro lado, la personalidad del poeta de Solos innova y somete la lengua de la épica para expresar conceptos diferentes de los originarios, los homéricos 48 . En el primer caso, Arato sirve para entender a Homero en algunos lugares controvertidos; en el segundo caso podemos seguir la evolución lingüística, lo que permite un mejor conocimiento del griego helenístico 49 . No obstante, en el caso de Arato se ha hecho hincapié en su imitación de Hesíodo, sobre todo a partir de la interpretación del epigrama XXVII de Calímaco, fundamentalmente en lo que al contenido se refiere 50 , aunque sin desdeñar algunos influjos en la forma 51 ; lo dice Calímaco en el primer verso de su epigrama.
La lengua de Arato, por otra parte, no consiste en la mera erudición, sino en la expresión de un mundo de formas estéticas depuradas hasta un límite insospechado, de acuerdo con su concepción de la poesía. Su lengua tiene las peculiaridades dialectales de la koiné épica, además de otros elementos más complejos como son, por ejemplo, la tendencia a formar grupos fijos de palabras en determinadas sedes del verso 52 , comparable al lenguaje formular del epos , o de la tendencia a geminar las imágenes contraponiendo vocablos, o el proemio con una plegaria ritual. En el campo del léxico, ya hemos puesto de relieve en otro lugar 53 cómo, para indicar el movimiento circular de las constelaciones, Arato emplea una cuarentena de verbos diferentes; asimismo, utiliza 11 verbos distintos para expresar la idea de «indicar», y 16 para la idea de «esperar» 54 .
Algunos han visto en Arato un frío y precioso versificador de una materia áridamente prosaica. Sin embargo, en su poesía late la fe estoica en la providencia divina y su asistencia a los humanos que deambulan por este mundo en medio de un sinfín de dificultades 55 ; por no hablar de los pintorescos bocetos, agudos y vivaces, de la vida animal descrita en los Pronósticos . Pero, sobre todo, llama la atención la descripción de la penosa vida en la mar 56 y de la soledad que experimenta el hombre envuelto en el terror de la noche. En todas estas facetas el poeta se muestra cálidamente humano, al tiempo que reproduce una experiencia singular, casi única: la de una visión animada y fabulosa del firmamento nocturno, en cuyo oscuro fondo se representan los grandes dramas del amor y de la muerte en forma de eídōla luminosos 57 .
Por otro lado, el hexámetro de los Fenómenos de Arato es el más arcaizante de la poesía helenística 58 . Arato presenta 28 de los 32 esquemas del hexámetro homérico, lo mismo que Teócrito 59 ; por el contrario, Calímaco supone un ligero avance en la depuración del hexámetro helenístico, más evidente aún en Nicandro 60 . Es decir, el verso de Arato es el más «homérico» de todo este período. Todavía es útil el estudio comparativo de J. La Roche 61 , donde se puede comprobar que, por ejemplo, el hexámetro del poeta de Solos es más espondaico que el de Apolonio de Rodas, y el de éste, a su vez más, que el de Calímaco.
d) La estructura
Los Fenómenos de Arato constan de 1154 hexámetros. Tradicionalmente se ha dividido al poema en dos partes: los vv. 1-732 que corresponden a los Fenómenos propiamente dichos, y los vv. 733-1154 correspondientes a los Pronósticos . Esta división, errónea e infundada, parece haber favorecido una transmisión del poema en dos partes separadas.
Según Th. Birt 62 , los Fenómenos de Arato se transmitieron, al final de la época helenístico-romana y hasta el paso del uolumen al codex , en dos uolumina distintos debido a su extensión: los Fenómenos , hasta el v. 732, y los Pronósticos , con los 422 hexámetros restantes. Esta hipótesis se fundamenta en los escolios de Teón 63 al v. 733, que rezan así: «aquí comienza otro libro que se llama los Pronósticos» . No obstante, obras contemporáneas a la de Arato, superiores a los 1.000 versos, se transmitieron en un solo uolumen: por ejemplo, la Alejandra de Licofrón y cada uno de los libros de las Argonáuticas de Apolonio de Rodas 64 .
Esta división del poema de Arato, ya tradicional, se remonta al s. II a. C., época en que tuvieron lugar algunos debates sobre la obra de Arato. En efecto, los dos primeros siglos antes de nuestra era supusieron, para los estudios arateos, una época de controversia en lo relativo a la teoría de los signos celestes y a la función de la divinidad como providencia. Como consecuencia de este debate se aíslan los vv. 19-732, correspondientes al estudio de las constelaciones; esta separación ha dejado huella en la tradición manuscrita y en las ediciones modernas 65 .
Todo esto ha afectado notablemente a las versiones latinas de Arato. Así, los primeros fragmentos de los Pronósticos de Cicerón no se corresponden más que con los vv. 834-835, lo que permite suponer que Cicerón trabajaría sobre un texto con una división más razonable 66 , es decir, después del v. 757, lugar donde comienza la explicación de los signos de buen y mal tiempo; la traducción de Germánico sigue el texto arateo sólo hasta el v. 725, que se corresponde con el v. 731 de Arato. Más inquietante sería, en todo caso, la afirmación de Lactancio Plácido cuando al transmitir un fragmento de la traducción aratea de Ovidio 67 , correspondiente a los vv. 451-453, afirma que ahí acaba la versión ovidiana 68 ; es decir, el poeta latino omitió la parte referente a los círculos celestes, ortos y ocasos. No obstante, las fuentes griegas que atestiguan para la última parte el título de Pronósticos sitúan el comienzo en el v. 733; tal es el caso de la Vita II que supone dos partes: vv. 19-732 y vv. 733-1154. Esta bipartición es, en definitiva, artificial y un contrasentido, ya que la parte del poema consagrada a los fenómenos meteorológicos no comienza hasta el v. 758, con la inclusión, para ello, de un preámbulo (vv. 758-777) sobre la observación de signos que permiten prever el tiempo; este preámbulo está precedido por una introducción (vv.733-757), perfectamente delimitada, a la parte meteorológica del poema, y que sirve, a su vez, de conclusión sintética de la parte propiamente astronómica del poema 69 . De esta manera, los vv. 1142-1154 son otra conclusión, la de los Pronósticos , coincidente, en este caso, con el final de los Fenómenos . No se debe hablar, por tanto, de dos poemas independientes, pues la estructura interna de la obra lo desdice.
Los Fenómenos de Arato no son simplemente un tratado de astronomía en verso, como tampoco es, en realidad, una simple paráfrasis de Eudoxo. Es un poema religioso y filosófico, de inspiración estoica, cuyo sentido último se indica ya en el proemio (vv. 1-18) y se precisa en la introducción a la última parte (vv. 758-772). Arato toma de los astrónomos, especialmente de Eudoxo, aquellos elementos que juzga necesarios para leer en el firmamento la voluntad de Zeus. Por esta razón, rehúsa tratar in extenso sobre los planetas (vv. 454-461) y sólo se interesa por cuatro círculos: los dos trópicos, el Ecuador y la eclíptica, es decir, aquellos que le permiten determinar el curso anual del Sol y de las estaciones. Los meridianos, por tanto, no le interesan, ya que los considera formas puramente teóricas 70 . La última parte, de improbable influencia eudoxea, está dedicada a los signos del tiempo y puede estar relacionada con el tratado en prosa De signis tempestatum , atribuida al Pseudo-Teofrasto.
En la estructura del poema hay dos partes fácilmente aislables: una dedicada a la descripción de las constelaciones (vv. 19-450) y otra que corresponde a las previsiones meteorológicas (vv. 758-1154). Entre ambas partes hay una sección cuya interpretación se presta, como hemos visto, a opiniones a menudo contradictorias.
ESTRUCTURA
| 1-18: | Proemio, con invocación a Zeus y a las Musas. |
| 19-450: | Descripción del mapa celeste. A lo largo de la misma se encuentran observaciones meteorológicas y consejos para campesinos y navegantes; con ello preludia la última parte. |
| 451-461: | Versos de transición. |
| 462-558: | Descripción de los cuatro círculos útiles para el cómputo del año. A saber: |
| 469-479: Evocación de la Vía Láctea. | |
| 480-500: Descripción del Trópico del Cangrejo. | |
| 501-510: Descripción del Trópico del Capricornio. | |
| 511-524: Descripción del Ecuador. | |
| 525-558: Descripción del círculo zodiacal o eclíptica. | |
| 559-732: | Descripción del calendario zodiacal, útil para predicciones meteorológicas y para establecer el curso de los días, meses, estaciones y años. |
| 733-757: | Conclusión de la parte astronómica e introducción de la sección meteorológica. A saber: |
| 733-739: El día en el mes lunar. | |
| 740-751: Evocación del día sideral y del año solar. | |
| 752-753: Evocación del ciclo de Metón. | |
| 754-755: El movimiento diurno. | |
| 756-757: Separación de los reinos de Posidón y de Zeus. | |
| 758-772: | Preámbulo a los pronósticos. |
| 773-1154: | Predicciones meteorológicas. |
B) OTRAS OBRAS
También compuso tres poemas sobre medicina: Virtudes de la medicina 71 (Iatrikaì dynámeis), Osteología 72 (Ostología) y Compendio de fármacos 73 (Sýnthesis pharmákōn); tal vez una Anatomía 74 (Anatomḗ) , razón por la cual Aquiles (Vita I) asume una tradición que afirmaba que Antígono había encargado a Arato, que era médico 75 , componer un poema astronómico —los Fenómenos— , y que a Nicandro, que era astrónomo, le había encargado obras relacionadas con la medicina —Venenos (Thēriaká) y Contravenenos (Alexiphármaka) —; este dislate, tan común como antiguo en la Administración, justificaría los errores que ambos deslizan en sus obras 76 . No pasa de ser mera anécdota.
En lo que a la materia astronómica se refiere, los Fenómenos no fueron su única obra a tenor de algunos títulos que se nos han conservado, si bien nombres como Los ortos 77 , Pronósticos 78 o El canon 79 parecen hacer referencia a partes del poema anteriormente estudiado y no a obras diferentes. Distinto es el caso de unas Ástricas , compuestas en cinco libros por lo menos y de las que sólo conservamos un hexámetro 80 .
Compuso una colección poética titulada Catalepton 81 (o Miscelánea) y que debía ser una colección de poemas menores, bajo cuya advocación sólo se nos ha conservado un fragmento 82 , consistente en dos hexámetros en los que la isla Delos le dirige la palabra a Leto; tal vez formase parte de un Himno a Apolo .
Ya hemos hecho mención de un Himno a Pan , en el que, seguramente, el dios se presentaba con significación estoica. Para A. Barigazzi 83 , el fragmento conservado en el papiro de Hamburgo núm. 381 84 pertenecía a este Himno , de forma que el rey que allí aparece no es otro que Antígono Gonatas; y el motivo celebrado, su victoria sobre los celtas en Lisimaquia (277 a. C.), lo que le valió convertirse en el restaurador del orden en Macedonia, tras años de anarquía. La ocasión —bodas de Antígono y Fila— se explica porque Fila era hermanastra de Antíoco, y su matrimonio formaba parte de una cláusula del tratado de paz entre Antígono Gonatas y Antíoco I Soter, rey de Siria. La celebración de la boda coincidió con la toma de posesión del reino de Macedonia, de ahí su gran solemnidad. Para esta doble celebración 85 se compuso el Himno , en el que el dios Pan aparecería como protector del rey 86 en su lucha contra los celtas, a los que infundiría un terror pánico. Por otra parte, el culto de Pan en Macedonia está ampliamente documentado a través de la numismática y de la arqueología; por ejemplo, en las tetradracmas emitidas en el reinado de Antígono, con su inscripción, aparece una cabeza de Pan imberbe. La boda entre Antígono y Fila tuvo lugar en la primavera del 276 a. C. 87
También tenemos noticias de que dedicó Epicedios a algunos amigos, entre los que conocemos a Teópropo y a Cleómbroto 88 ; y también a su hermano Miris.
A decir de Macrobio 89 , Arato también compuso algunas Elegías . Sucede, sin embargo, que la cita de Macrobio está tomada no de una elegía, sino de un epigrama 90 . En efecto, en la Antología Palatina se conservan dos epigramas de nuestro autor: uno en el que habla de la belleza del argivo Filocles y de un anónimo Prieneo (Ant. Pal . XII 129), y otro dedicado a un pedagogo llamado Diotimo 91 (Ant. Pal . XI 437). Este epigrama, por ser un lamento, fue motivo de confusión para Macrobio.
C) ARATO Y LA POSTERIDAD
A lo largo de la Antigüedad clásica y en la Edad Media cristiana y árabe, el espléndido y sorprendente poema astronómico de Arato de Solos fue considerado como un modelo de poesía didáctica, una fuente de sabiduría y de ciencia. Sin duda alguna, la oscuridad típicamente alejandrina de Arato provocaba una serie de dificultades de sentido que no siempre supieron superar sus traductores latinos 92 , lo mismo que le sucedió a un traductor árabe del que conservamos algunos fragmentos 93 en el Tratado de la India de Al-Biruni († 1048); de su estudio se deduce que la traducción árabe se realizó a partir de un texto griego idéntico al que utilizó el traductor del Aratus Latinus 94 , al que nos referiremos más adelante.
No debe sorprender, por tanto, que haya manuscritos vaticanos 95 con listas de autores que escribieron sobre Arato; los comentarios en prosa o en verso suscitaron una curiosidad insaciable. En efecto, pocas piezas de la literatura griega han merecido tanta atención en la Antigüedad como la que aquí nos ocupa. Su poema fue leído y celebrado en toda la Antigüedad, imitado continuamente, y conoció más traducciones latinas que cualquier otro poeta griego. Al mencionar los 27 comentarios que hay del poema, no cabe más que darle la razón a J. Martin, cuando habla de «una historia de la literatura aratea» 96 .
Ya en el s. II a. C., Átalo de Rodas, contemporáneo de Aristarco, de Panecio y de Hiparco, había escrito un comentario a los Fenómenos de Arato, respondido por Hiparco 97 , que le echa en cara el haber comprendido mal a Arato, al considerar que éste había plagiado a Eudoxo 98 . También del s. II d. C. es el comentario de Esporo de Nicea. Así pues, se puede considerar que el poema del poeta de Solos constituyó un texto escolástico de astronomía, según se desprende del hecho de que el gramático alejandrino Aquiles (s. III d. C.) explicase Arato a sus alumnos sirviéndose de una esfera celeste correspondiente a la descripción del firmamento hecha por Ptolomeo 99 . De que era usada la esfera para explicar el poema de Arato, tenemos cumplido testimonio en la obra de Leoncio de Bizancio (o Leoncio Mecánico) titulada La construcción de una esfera aratea 100 , dedicada a su discípulo y amigo Teodoro. Aparte de los comentarios de Átalo y de Hiparco, cuyo Comentario a los Fenómenos de Eudoxo y de Arato es el único que se nos ha conservado íntegramente, hubo también comentarios filosóficos de los estoicos Boeto de Sidón y Diodoro de Alejandría.
La astronomía matemática también se sirvió de Arato y de los progresos de Hiparco, dando lugar a comentarios importantes como los de Gémino, discípulo de Posidonio, en el s. I a. C., de Aquiles Tacio en el s. III d. C., o el de Teón de Alejandría, filósofo platónico, matemático y astrónomo, que editó el texto de los Fenómenos 101 y lo comentó, en el s. IV d. C. 102 No obstante, estos comentarios científicos nunca tuvieron la popularidad del poema de Arato o de los Catasterismos de Eratóstenes, obras rebosantes de seductora mitología.
En época romana (s. I a. C.), debido al gusto que había por la astronomía literaria, Arato fue muy conocido, hasta el punto de que, según San Jerónimo 103 , fueron multi los que lo tradujeron. Ya Helvio Cinna trajo, a su vuelta de Bitinia, una copia un tanto especial de los Fenómenos escrita en corteza de malva, enviándosela a un amigo con un epigrama dedicatorio 104 . Las traducciones que se nos han conservado en mejor estado son las de Cicerón, Germánico y Avieno 105 .
Aunque Cicerón, en su última época, criticó los gustos alejandrinizantes de los poetae noui , en un principio no era así, hasta el punto de que él mismo practicó una suerte de «preneoterismo» 106 al llevar a cabo, ca . 90-88 a. C., una traducción de los Fenómenos de Arato 107 . Se trata de una versión bastante fiel, de manera que los primeros 470 versos de Arato se corresponden con 480 versos de Cicerón. No obstante, el concepto de traducción entre los romanos —cuestión en la que no vamos a entrar aquí— era diferente del que priva hoy día; así se pueden observar en las Aratea de Cicerón omisiones deliberadas, metáforas 108 , párrafos abreviados y breves explicaciones lingüísticas 109 ; tampoco están ausentes los lugares en que Cicerón, debido a sus insuficientes conocimientos astronómicos, ha interpretado erróneamente a Arato 110 .
De la traducción de Varrón Atacino se conservan dos fragmentos 111 de un poema de calendario titulado Epimenis y que se corresponden con pasajes de los Pronósticos de Arato 112 . También son dos los fragmentos que nos quedan de los Fenómenos de Ovidio 113 , con un total de cinco hexámetros, que representan un momento de su primera época, con toda probabilidad anteriores al gran poema astronómico de Ovidio, los Fastos 114 . Lactancio, que ha transmitido el fr. 2 (MOREL ), afirma que la traducción de Ovidio concluía con la breve recapitulación aratea de los versos 451-453, es decir, antes de tratar sobre los planetas; de manera que el poema ovidiano debía de tener unos 450 versos 115 , toda vez que en sus fragmentos no se observa la abundancia verbal de que hará gala en otras obras.
La traducción de Germánico, sobrino e hijo adoptivo de Tiberio y considerado el «Arato romano» 116 , debió de llevarse a cabo en torno al 14 d. C. 117 , por lo que es probable que aquél utilizase la versión ovidiana del poema de Arato, que es anterior al año 8 a. C. 118 . La versión del joven príncipe era contemporánea de la obra astronómica de Manilio 119 y factible en un ambiente social cada vez más deseoso de conocer los signos celestes y su interpretación astrológica 120 . Lo característico de Germánico es que trata de poner al día los datos astronómicos del poeta de Solos a partir de las críticas de Hiparco de Nicea 121 . No obstante, hay ocasiones en las que Germánico conserva los errores del modelo; esto es debido a que, probablemente, nunca leyó la versión original de Hiparco, sino que se limitó a utilizar el corpus de comentarios arateos, inspirados en las críticas del niceano, y que, por lógica, era más reducido. Germánico omite los Pronósticos y los reemplaza por aspectos de astrometeorología planetaria, de los que restan algunos fragmentos.
En el crepúsculo del Imperio romano tenemos la traducción de Avieno, que es la única que se nos ha conservado completa. Los 1154 hexámetros de Arato se corresponden a 1878 hexámetros de Avieno 122 ; este exceso se debe, fundamentalmente, al carácter de paráfrasis que tiene la versión de este último, que responde al gusto que en su época había por la abundancia verbal. La originalidad de Avieno consiste en haber puesto en verso todo un corpus de elementos exegéticos tomados de los Catasterismos de Eratóstenes, de la Astronomía de Higino y de los escolios de Arato y de Germánico 123 , incorporándolos a su versión.
Según Julio Capitolino 124 , también el emperador Gordiano I (159-238 d. C.) realizó una traducción de Arato. Otros autores lo han utilizado como fuente indiscutible.
Han sido muchos los estudiosos que se han ocupado de establecer las características de Virgilio en relación con las fuentes literarias a las que acude, especialmente en lo concerniente a la composición de las Geórgicas y los préstamos arateos 125 . Virgilio utiliza el original de Arato y también lo lee a través de las traducciones de Varrón Atacino y de Cicerón 126 , adoptando el texto arateo con un espíritu de independencia superior al de sus inmediatos predecesores, al tiempo que los tiene presentes, como es de rigor en un poeta imbuido por la estética calimaquea y alejandrizante 127 . En este sentido, R. S. Fisher 128 ha querido identificar al misterioso autor asociado al astrónomo Conón, citado en Bucólicas III 40 ss., como el poeta Arato; ello sería un reconocimiento de los Fenómenos como fuente y un homenaje a su autor. Virgilio, en las Geórgicas , aborda una materia agrícola y en ella es imprescindible referirse a la astronomía 129 con objeto de fijar un calendario laboral; lo mismo sucede con el libro XI de la Agricultura de Columela y con el XVIII de la Historia Natural de Plinio el Viejo.
Higino, por su parte, redactó, en los últimos años del s. I a. C., una Astronomía con la intención de ofrecer una descripción del Universo más clara y más completa que la de Arato 130 , y que, además, permitiese su estudio compaginado con el de una esfera móvil. No obstante, la obra de Higino se inspira, más que en el poema de Arato, en la colección de Catasterismos de Eratóstenes de Cirene 131 (ca . 276-196 a. C.). Es probable que la obra de Higino nos ofrezca una idea más fidedigna de lo que fueron los Catasterismos que el epítome que se nos ha conservado 132 . Es más que probable que influyeran en su obra Átalo de Rodas y Gémino 133 ; asimismo se pueden encontrar influencias de autores latinos, sobre todo de las Aratea de Cicerón y de La esfera del senador y astrólogo Nigidio Fígulo (99-45 a. C.).
Nos queda, en fin, el famoso libro IX de la Arquitectura de Vitruvio, obra en la que se pueden detectar diversas fuentes, siendo la principal de ellas, sin duda alguna, el poema de Arato 134 , a quien aquél cita 135 al lado de Eudoxo, de Metón y de Hiparco, con su sucesión de comentarios y escolios. No hacemos mención, por prolijo, de Marciano Capela (s. V d. C.), que también trató de las constelaciones, de los ortos y de los ocasos.
Un testimonio de primer orden nos lo proporciona la colección aratea traducida al latín en época merovingia y conocida como el Aratus Latinus 136 . Entre los latinos parece que tuvo mucha importancia la mitografía estelar. De hecho, ya los escolios habían proporcionado un comentario a la traducción de Germánico; esta versión, enriquecida por los llamados escolios de Basilea 137 , constituyó una primera colección aratea latina que conocía Lactancio; este corpus de glosas parece ser que se conformó ca . el s. III d. C. Pues bien, el Aratus Latinus consistía en una colección bastante más completa.
El traductor merovingio conocía mal el griego y utilizaba un diccionario greco-latino que todavía conservamos 138 . Dicho traductor se limitaba a una versión palabra a palabra, a menudo errónea. El resultado fue una obra que los eruditos modernos han calificado de eximia barbaries 139 . Pero tiene una explicación. El Aratus Latinus no estaba destinado, en principio, a ser una edición separada, sino que, más bien, se consideraba como una glosa interlinear que facilitase la comprensión del texto griego. Por desgracia, esta traducción fue editada separadamente en una primera recensión de la que poseemos tres manuscritos, dos del s. IX y uno del s. XII . En una segunda recensión se suprimió la traducción de Arato; los escolios fueron publicados en una recensión simplificada, denominada por A. Breysing Escolios de Saint-Germain 140 , y posteriormente por Maass Recensio interpolata 141 , en razón de las interpolaciones de Plinio, Higino y San Isidoro 142 que contiene. Este segundo Aratus Latinus , enriquecido con imágenes de las constelaciones, tuvo tal éxito que se convirtió en la representación tradicional que ha llegado hasta nuestros días, lo mismo que sus nombres mitológicos.
Del Aratus Latinus se han conservado diversos extractos en numerosos manuscritos del s. IX y posteriores 143 . Uno de los más antiguos es el De Signis caeli , que consiste en un resumen de escolios del primer Aratus Latinus 144 , editado por J.-P. Migne en los Spuria uel Dubia de Beda el Venerable († 735) 145 , autor al que tradicionalmente se atribuye este opúsculo. Por otra parte, el De Signis caeli fue utilizado por el beato Rábano Mauro, en el año 820, para la composición de su obra De Computo , señalando el origen arateo de sus datos astronómicos: «así lo atestiguan los Fenómenos de Arato» 146 .
De esta manera, el poema de Arato traspasa, pues, la barrera de los siglos a través de las versiones latinas y de las sucesivas versiones que de éstas se realizaron. Tres fueron, básicamente, las razones del éxito de los Fenómenos . En primer lugar, el tema tratado —la astronomía— era muy popular entre el público culto; amén de que este tipo de astronomía empírica satisfacía la necesidad de establecer la duración exacta del año, de los meses y la llegada de las estaciones. En segundo lugar, el enfoque estoico 147 con que Arato trató el tema; el poema tiene un importante mensaje religioso: Zeus está presente a lo largo de toda la obra, como imagen benevolente y compasiva del dios, muy diferente de la que nos propone Hesíodo. Y, por último, los Fenómenos fueron un éxito también por sus cualidades literarias; no hay más que leer el epigrama XXVII de Calímaco 148 . Su decadencia ocurrió porque, frente a estas razones, su descripción astronómica se convirtió en obsoleta con las nuevas investigaciones; el Cristianismo desplazó al estoicismo y Dios a Zeus; al prescindir de lo anterior, sus valores literarios se tornaron insuficientes para continuar vigente. Todo esto unido a su innegable dificultad. A propósito de la dificultad que suponía su lectura para la posteridad, es un buen ejemplo esta afirmación de Ronsard:
J’ai l’esprit tout ennuyé
d’avoir trop étudié
les Phénomènes d’Arate 149 .
La suerte de los Fenómenos de Arato está, en gran medida, ligada a la simpatía con que, a pesar de todo, parece que fue considerado este poema por el Cristianismo. Baste citar aquí la cita textual que San Pablo hace de un verso del proemio 150 a propósito del discurso en el Areópago, precisamente para poner de relieve los más profundos sentimientos religiosos de los atenienses 151 , o las citas y referencias que de él se pueden encontrar en las obras de Clemente de Alejandría o de Paulino de Nola, por ejemplo. A ello contribuyó, innegablemente, el hecho de que los Fenómenos de Arato constituían una obra profundamente religiosa 152 .
D) EDICIONES Y TRADUCCIONES 153
El interés despertado por los Fenómenos de Arato es todavía patente a lo largo del Medievo y del primer Renacimiento, etapas en las que fueron continuamente transcritos y estudiados, si bien se percibe un cambio en el gusto crítico que, unido a sus evidentes dificultades, hace que el poema caiga en desuso. A partir del s. XV las ediciones y traducciones de Arato son pocas y en progresiva disminución.
Después de la editio princeps de Aldo Romano (Venecia, 1499), acompañada de la traducción latina de Cicerón, Germánico y Avieno, el s. XVI saludó la aparición de tres ediciones: la primera en París (1540), Joachimi Perionii opera , con las mismas traducciones de la edición Aldina; la segunda, también en París (1559), a cargo de Morel, aumentada, respecto a la precedente, por los escolios de Teón, más La construcción de una esfera aratea de Leoncio de Bizancio, los comentarios a Germánico y la Astronomía de Higino; y la tercera a cargo de Teodoro Gramineo (Colonia, 1569), que reproduce la precedente. Dos ediciones hay en el s. XVII : con los albores del siglo ve la luz la de Hugo van Groot (Leiden, 1600), seguida de las versiones de Cicerón, Germánico y Avieno; la segunda es la del obispo de Oxford John Fell (Oxford, 1672), seguida de los escolios de Teón y de los Catasterismos de Eratóstenes. En el s. XVIII sólo ven la luz dos ediciones: la de Bandini (Florencia, 1765), con traducción italiana en verso a cargo de A. M. Salvini, y la de I. T. Buhle (Leipzig, 1793, año en que está fechado el prefacio), acompañada de las versiones latinas mencionadas y de la obra de Leoncio de Bizancio. El florecimiento filológico del s. XIX benefició a Arato, del que se realizaron seis importantes ediciones: la de F. C. Matthiä (Frankfurt, 1817); la de Voss (Heidelberg, 1824), que incluye traducción al alemán; dos años después, la de Buttmann (Berlín, 1826), con notas críticas; la edición de Bekker (Berlín, 1828), que va acompañada de los escolios; la edición que preparó Köchly para la colección «Didot» (París, 1847), con traducción al latín; y, por último, culmina el siglo la fundamental edición de E. Maass (Berlín, 1893), que publicó poco después el corpus de comentarios (Berlín, 1898). Como se puede observar, el apogeo de la filología germana en el siglo pasado domina en las ediciones de Arato: todas, menos una, fueron publicadas en Alemania. Ya en nuestro siglo, contamos con la edición, y traducción en lengua inglesa, que realizó G. R. Mair para la «Loeb Classical Library» (1921); tuvieron que pasar casi una treintena de años para que viese la luz la edición con traducción italiana de G. Zannoni (Florencia, 1948), en ocasiones denostada 154 , aunque supone un meritorio esfuerzo por trasladar al italiano con una cierta elegancia el difícil texto de Arato; por otra parte, la edición de J. Martin (Florencia, 1956), discípulo de A. Dain, constituye el texto habitualmente citado por los filólogos modernos y se acompaña de abundantes notas explicativas y de traducción en lengua francesa; tenemos, en fin, la edición, con traducción alemana, notas y figuras, y sin aparato crítico ni introducción, de M. Erren y P. Schimmel (Munich, 1971), que no supera a su antecesora.
Aparte de las citadas traducciones, Arato ha sido traducido al francés por el abad N. B. Halma (París, 1823), en la colección de antiguos astrónomos griegos, y al inglés por J. Lamb 155 y, más recientemente, por S. F. Lombardo 156 . Desde la traducción de Voss (1824) tuvo que transcurrir más de un siglo para que los Fenómenos fuesen traducidos al alemán; se trata de la versión en alejandrinos alemanes de A. Schott completada con notas y apéndices de R. Böker 157 . También poseemos testimonios que demuestran que Arato fue traducido, al menos, al armenio clásico 158 y al árabe 159 .
En España tan sólo tenemos una antigua versión conjunta de varios profesores de Universidades españolas del pasaje relativo a la constelación de la Virgen 160 (vv. 95-137), consistente en una traducción en prosa castellana, a cargo de J. Banqué y Faliu, seguida de una versión en verso a cargo de A. González Garbín; una traducción catalana de D. Coraminas Prats; la versión gallega está a cargo de J. Barcia Caballero; y, por último, una traducción en lengua vasca realizada por J. M. Lerchundi Bastarrica.
E) NUESTRA TRADUCCIÓN
Ya se ha puesto en evidencia que Arato no ha sido, precisamente, uno de los autores favorecidos por la filología clásica en nuestro país, sino más bien todo lo contrario. La presente traducción es, por tanto, la primera que se realiza en lengua española. No es éste el lugar apropiado para señalar las enormes dificultades que supone verter a una lengua, por vez primera, un autor de las características de Arato; de la lectura de la introducción precedente pueden deducirse fáciles consecuencias. En cualquier caso, nuestra pretensión ha sido mantenemos, en la medida de lo posible, dentro de unos límites de máxima literalidad; no obstante, en ocasiones hemos renunciado a ello en aras de una mejor comprensión del texto. Está claro que las notas aclaratorias se podrían multiplicar y también simplificar; en este sentido, somos conscientes de que la presente traducción está más cerca del exceso que del defecto, pero creemos que un primer acercamiento a los Fenómenos requiere algo más que unas cuantas notas mitográficas, sobre todo si se piensa en facilitar ulteriores estudios. Sirvan estas palabras de captatio beneuolentiae 161 .
La traducción la hemos realizado sobre el texto fijado por A. Martin en su excelente edición (Florencia, 1956), última crítica que poseemos.

BIBLIOGRAFÍA
A) EDICIONES
ALDO ROMANO , Astronomi Veteres (ed. pr.), Venecia, 1499.
J. PERONIUS , ’Aράτου Σόλεως Φαινόμενα. Cic. in Arati Phaenomena interpretatio , París, 1540.
G. MORELIUS , Arati Solensis Phaenomena et Prognostica, interpretibus M. T. Cic., Rufo Festo Avieno, Germanico Caesare , París, 1559.
H. GROTIUS , Syntagma Arateorum. Opus poeticae et astronomicae studiosis utilissimum , Leiden, 1600.
J. FELL , ’Aράτου Σόλεως Φαινόμενα καì Διοσημεĩ α, Oxford, 1672.
A. M. BANDINI , Arati Solensis Phaenomena et Diosemea , Florencia, 1765.
I. T. BUHLE , Arati Solensis Phaenomena et Diosemea , Leipzig, 1793-1801.
F. C. MATTHIAE , Arati Phaenomena et Diosemea , Frankfurt, 1817.
I. H. VOSS , Des Aratos Sternerscheinungen und Wetterzeichen , Heidelberg, 1824.
PH. BUTTMANN , Arati Phaenomena , Berlín, 1826.
I. BEKKER , Aratus cum scholiis , Berlín, 1828.
A. KOECHLY , Aratus (en Poetae bucolici et didactici , Didot), París, 1847.
E. MAASS , Arati Phaenomena , Berlín, 1893.
— Commentariorum in Aratum reliquias , Berlín, 1898.
G. R. MAIR , Callimachus. Lycophron. Aratus , Londres-Nueva York, 1921.
G. ZANNONI , Arato di Soli: Fenomeni e Pronostici , Florencia, 1948.
J. MARTIN , Arati Phaenomena , Florencia, 1956.
— Scholia in Aratum vetera , Stuttgart, 1974.
M. ERREN -P. SCHIMMEL , Aratos, Phainomena. Sternbilder und Wetterzeichen , Munich, 1971.
B) ESTUDIOS SOBRE EL TEXTO
W. F. AKVELD , «Aratus Phaen. 198-9», Mnemosyne 16 (1963), 59.
A. BARIGAZZI , «Un frammento dell’inno a Pan di Arato», Rhein. Mus . 117 (1974), 221-246.
H. J. BELL , «An Aratus fragment in the British Museum (Pap. 273 b)», Class. Quart . 1 (1907), 1-3.
TH . BERGK , «Kritische Analecten (Aratus v. 965, 1002)», Philologus 16 (1860), 603-604.
M. G. BONANNO , «Un nuovo frammento di Cratete», Rhein. Mus . 107 (1964), 368-369.
A. BOUTEMY , «Le manuscrit 2194-5 de la Bibliothèque Royale de Bruxelles», Latomus 21 (1939), 128-137.
E. CALDERÓN DORDA , «Las citas de Arato en Plutarco», III Simposio Internacional sobre Plutarco , Oviedo, 1992 (en prensa).
P. COURCELLE , «Un vers d’Épimémide dans le Discours sur l’Aréopage», Rev. Étud. Gr . 36 (1963), 404-413.
J. FREY , «Zu Aratus. Miscellen zur Kritik und Erklärung», Rhein. Mus . 13 (1858), 132-136.
G. KAIBEL , «Aratea», Hermes 29 (1894), 82-123.
D. A. KIDD , «Notes on Aratus, Phaenomena», Class. Quart . 31 (1981) , 355-362.
B. KRAMER , «Arat, Phainomena 542-550», Zeitschr. Papyr. Epigr . 49 (1982) , 69-71.
J. LENAERTS , «Le papyrus des Phénomènes d’Aratos Pack2 115+116», Chronique d’Égypte 43 (1978), 356-362.
W. LUDWIG , «Nachtrag zu Arat, Phain, 949-953», Hermes 93 (1965), 132.
E. MAASS , «Das vaticanische Verzeichnis der Aratcommentatoren», Hermes 16 (1881), 385-392.
— «De Phaenomenis Arati recensendis», Hermes 19 (1884), 93-122.
— Aratea , Berlín, 1892.
M. MAEHLER , «Der wertlose Aratkodex P. Berol. Inv. 5865», Archiv Papyruforsch . 27 (1980), 19-32.
M. MARCOVICH , «Zu Arat. Phaenom. 56-57», Philologus 107 (1963), 314.
J. MARTIN , Histoire du texte des Phénomènes d’Aratos , París, 1956.
P. MORAUX , «Anecdota Graeca minora, IV: Aratea», Zeitschr. Papyr. Epigr . 42 (1981), 47-51.
R. A. PACK , The Greek and Latin literary Texts from greco-roman Egypt , Michigan, 1952, págs. 67-71.
P. RAINGEARD , «Le manuscrit grec 22 à la bibliothèque municipale de Caen», Mélanges Desrousseaux , París, 1937, págs. 393-399.
M. D. REEVE , «Some astronomical manuscripts», Class. Quart . 30 (1980), 508-522.
A. RONCONI , «Note al testo di Arato», Ann. Scuol. Norm. Pisa (1937), 153-157.
M. SALANITRO , «Aratea, II», Stud. Class. Orient . 15 (1966), 258-261.
M. SCHMIDT , «Zu Aratos», Philologus 9 (1854), 396-400; 551-555.
M. SCHNEIDER , Curae criticae in epicos graecos (Numenium, Aratum Claudianum) , Gota, 1891.
K. SCHWENCK , «Wohlgeruch der Götter (zu Arat v. 33)», Philologus 17 (1861), 451.
H. SILVESTRE , «Notices et extraits des manuscrits 5413-22, 10098-105 et 10127-44 de la Bibliothèque Royale de Bruxelles», Sacris Erudiri 5 (1953), 173-192.
C) ESTUDIOS SOBRE LA VIDA Y LA OBRA
M. L. AMERIO , «L’elogio di Arato composto da Leonida di Taranto (A. P. 9, 25) e la tradizione platonico-pitagorica della Magna Grecia in età ellenistica», Invig. Luc . 3-4 (1981-82), 111-160.
L. BACCHIELLI , «Arato e Crisippo. Nuove ipotesi per un vecchio problema», Quad. Arch. Libia 10(1979), 27-48.
— «La ricomposizione della statua dell’astronomo Arato», Studi Breglia , III, Roma, 1987, págs. 43-56.
F. BORMANN , «Appunti di lettura a poeti ellenistici e tardi». Munus amicitiae. Scritti A. Ronconi , II, Florencia, 1988, págs. 1-10.
F. BUECHELER , «Theocritus et Aratus», Rhein, Mus . 39 (1884), 274-292.
A. COUAT , «Les poèmes astronomiques d’Aratus», An. Fac. Lett. Bari 3 (1881), 318-355 (= La poésie alexandrine sous les trois premiers Ptolémées , París, 1882, págs. 445-489).
B. EFFE , «Προτέρη γενεή. Eine stoische Hesiodinterpretation in Arats Phainomena», Rhein. Mus . 113 (1970), 167-182.
— «Arat, ein medizinischer Lehrdichter?», Hermes 100 (1972), 500-503.
M. ERREN , Die Phainomena des Aratos von Soloi. Untersuchungen zum Sach- und Sinnverständnis , Wiesbaden, 1967.
R. P. LE FESTUGIÈRE , «Le sentiment religieux du Monde dans Aratos», La révélation d’Hermès Trismégiste , II, París, 1986, páginas 332-340.
J. FINK , «Die Inspiration des Dichters im Bild. Kritische Bemerkungen zu Arat und Muse», Gymnasium 66 (1959), 491-494.
R. S. FISCHER , «Conon and the poet. A solution to Eclogue III, 40-2», Latomus 41 (1982), 803-814.
G. O. HUTCHINSON , Hellenistic Poetry , Oxford, 1988, págs. 214-236.
H. INGHOLT , «Aratos and Chrysippos on a lead medallion from a Beirut collection», Berytus 17 (1967-68), 143-177.
D. A. KIDD , «The fame of Aratus», Austral. Univ. Liter. Assoc . 15 (1961), 5-18.
G. KNAACK , «Aratos», R. E. Pauly-Wissowa 2 (1895), 391-399.
F. KUDLIEN , «Zu Arats Όστολογία und Aischylos’ Όστολόγοι», Rhein. Mus . 113 (1970), 297-304.
W. LUDWIG , «Aratos», R. E. Pauly-Wissowa , suppl. 10 (1965), 26-39.
W. MAGASS , «Theologie und Wetterregel. Semiotische Variationen über Arats Phainomena», Ling. Bibl . 49 (1981), 7-26.
J. MARTIN , «Un fragment inédit de l’historien Phanodicos concernant la légende de Staphylos», Rev. Étud. Gr . 67 (1954), XVI.
E. OTTO , «Das goldene Zeitalter in einem ägyptischen Text», Religionsgeschichte des alten Orients , Leiden, 1964, 93-108.
M. L. B. PENDERGRAFT , Aratus as a poetic craftsman , tesis, Carolina del Norte, 1982.
G. M. A. RICHTER , «Some Italic and Roman engraved gems in Cambridge», Hommages à L. Herrmann , Berchem-Bruselas, 1960, 669-677.
A. RUIZ DE ELVIRA , «Introducción a la poesía clásica», An. Univ. Murcia 23 (1964-65), 7-29.
W. SALE , «The popularity of Aratus», Class. Journ . 61 (1966), 160-164.
F. SOLMSEN , «Aratus on the Maiden and the Golden Age», Hermes 94(1966), 124-128.
A. VENERI , «Oinopion e Anacreonte», Quad. Urb. Cult. Class . 26 (1977), 91-98.
H. WANKEL , «Arats Spottepigramm auf Diotimos», Zeitschr. Papyr. Epigr . 52 (1983), 67-68.
D) LENGUA Y ESTILO
J. ALMIRALL SARDÁ , Poesia i poètica en els «Fenomens» d’Arat , tesis, Barcelona, 1992.
A. BORGOGNO , «Esegesi ad Arato Phaen. 575», Stud. Ital. Filol. Class . 44(1972), 139-143.
F. BOSSI , «Arat. Phaen. 2-4», Mus. Critic . 13-14 (1978-79), 323-325.
E. CALDERÓN DORDA , «Lengua y estilo en Arato: la expresión del movimiento de las constelaciones», Actas del VIII Congreso de la S.E.E.C ., Madrid, 1991 (en prensa).
M. CAMPBELL , A word-index to Aratus’ Phaenomena , Hildesheim, 1988.
V. CITTI , «Lettura di Arato», Vichiana 2 (1965), 146-170.
B. EFFE , «Arat», en Dichtung und Lehre. Untersuchungen zur Typologie des antiken Lehrgedichts , Munich, 1977, págs. 40-56.
D. A. FROEVIG , «Das Aratoszitat in der Areopagrede des Paulus», Symb. Osloen . 15-16 (1936), 42-56.
B. A. VAN GRONINGEN , La poésie verbale grecque. Essai de mise au point , Amsterdam, 1953, págs. 74-88.
J. M. JACQUES , «Sur le sens des adjectifs άμυδρός et νωϑής (Nicandre, Thériaques 158 et Aratos, Phénomènes 228), Rev. Étud. Gr . 78(1965), XXXI.
— «Aratos et Nicandre. Νωϑής et άμυδρός», Rev. Étud. Anc . 71 (1969), 38-56.
A. W. JAMES , «Tradition and originality in the language of the Hellenistic poets», Austral. Univ. Lit. Assoc . 24 (1970), 87-89.
— «The Zeus Hymns of Cleanthes and Aratus», Antichthon 6 (1972), 28-38.
D. A. KIDD , «The pattern of Phaenomena 367-385», Antichthon 1 (1967), 12-15.
V. J. LOEBE , De Arati Solensis elocutione , tesis, Halle, 1864.
G. LUCK , «Aratea», Amer. Journ. Philol . 97 (1976), 213-234.
W. LUDWIG , «Die Phainomena Arats als hellenistische Dichtung», Hermes 91 (1963), 425-448.
J. MARTIN , «Les Phénomènes d’Aratos. Étude sur la composition du poème», L’astronomie dans l’antiquité , París, 1979, págs. 91-104.
I. OPELT , «In Gottes Namen beginnen», Rom. Barb . 1 (1976), 181-193.
E. DES PLACES , «Ipsius enim et genus sumus (Act . 17, 28)», Biblica 43 (1962), 388-395.
R. RENEHAN , «Acts 17, 28», Greek Rom. Byz. Stud . 20 (1979), 347-353.
A. RONCONI , «Arato interprete di Omero», Stud. Ital. Filol. Class . 14 (1937), 167-202; 237-259.
H. SCHWABL , «Zur Mimesis bei Arat. Prooimion and Parthenos», Antiosis Kraus , Viena, 1972, págs. 336-356.
M. TETI , La poesia dei Fenomeni di Arato , tesis, Bolonia, 1954-56.
R. F. THOMAS , «Unwanted mice (Arat. Phaen. 1140-1141)», Harv. Stud. Class. Philol . 90 (1986), 91-92.
A. TRAGLIA , «Reminiscenze empedoclee nei Fenomeni di Arato», Miscellanea Rostagni , Turín, 1963, págs. 382-393.
— «Aratea, I», Stud. Class. Orient . 15 (1966), 250-258.
A. TRAINA , «Variazioni omeriche in Arato», Maia 8 (1956), 39-48.
— «Note Aratea», Poeti latini (e neolatini). Note e saggi filologici , Bolonia, 1975, págs. 159-162.
E. VOGT , «Das Akrostichon in der griechischen Literatur», Antike und Abend . 13 (1967), 80-95.
J. J. WALSH , Variety and repetition in Hesiod and Aratus , tesis, Carolina del Norte, 1974.
H. WERNER , «Zur Bedeutung von άκούω bei Arat», Philologus 113 (1969), 281-282.
E) MÉTRICA
F. BENEKE , Beiträge zur Metrik der Alexandriner, 2: Die Elision bei Aratus , Bochum, 1884.
M. BRIOSO SÁNCHEZ , «Nicandro y los esquemas del hexámetro», Habis 5 (1974), 9-23.
— «Aportaciones al estudio del hexámetro de Teócrito», Habis 7 (1976), 21-56; 8 (1977), 57-75.
J. LA ROCHE , «Der Hexameter bei Apollonios, Aratos und Kallimachos», Wiener Studien 21 (1899), 161-197.
E. G. O’NEILL , «The localization of metrical word-types in the Greek hexameter. Homer, Hesiod and the Alexandrians», Yale Class. Stud . 8 (1942), 102-176.
H. N. PORTER , «Hesiod and Aratus», Transact. Amer. Philol. Assoc . 77(1946), 158-170.
F) ARATO Y SUS CONTEMPORÁNEOS
A. CAMERON , «Callimachus on Aratus’sleepless nights», Class. Rev . 22(1972), 169-170.
J. S. CAMPBELL , «Damoeta’s riddle. A literary solution», Class. Journ . 78(1982), 122-126.
Q. CATAUDELLA , «L’epigramma Ant. Pal . XII, 129 di Arato», Rev. Étud. Gr . 80 (1967), 264-281.
— «Ancora dell’epigramma di Arato, XII, 129, e di altri epigrammi», Rev. Étud. Gr . 82 (1969), 365-379.
B. EFFE , «Zum Eingand von Nikanders Theriaka», Hermes 102 (1974), 119-121.
M. FANTUZZI , «Έκ Διòς άρχώμεϑα Arat. Phaen. 1 e Theocr. XVII, 1», Material. Discuss . 5 (1980), 163-172.
— «Eutopia letteraria ed eutopia scientifica. L’habitat marino in Teocrito ed in Arato», Quad, di Storia 9 (1983), 189-208.
G. GIANGRANDE , «Trois épigrammes de l’Anthologie», Rev. Étud. Gr . 81 (1968), 47-66.
J. M. JACQUES , «Sur un acrostiche d’Aratos (Phén, 783-787)», Rev. Étud. Anc . 62 (1960), 48-61.
R. KOEPKE , De Arati Solensis aetate , Guben, 1867.
A. T. MURRAY , «Aratus and Theocritus», Transact. Amer. Philol. Assoc . 36(1905), LXV.
G. PASQUALI , «Das Proömium des Arat», Χάριτες für Fr. Leo , Berlín, 1911, págs. 113-122.
M. PENDERGRAFT , «Aratean echos in Theocritus», Quad. Urb. Cult. Class . 53 (1986), 47-54.
G. PERROTA , «Studi di poesia ellenistica. II. II carme XVII di Teocrito. Arato e Callimaco», Stud. Ital. Filol. Class. 4 (1927), 5-68.
CH . PICARD , «Un cénacle littéraire hellénistique sur deux vases d’argent du tresor de Berthouville-Bernay», Monum. Mém. Acad. Inscript . 44(1950), 53-82.
— «Du nouveau sur Lycophron et sur son Ménédémos d’après les monuments figurés», Actes I er Congr. Int. des Ét. class ., París, 1951, págs. 191-196.
G) ARATO Y SUS TRADUCTORES E IMITADORES (DESDE LA ANTIGÜEDAD HASTA EL RENACIMIENTO)
C. ATZERT , De Cicerone interprete Graecorum , tesis, Gotinga, 1908.
J. AXER , «La souris réintégrée parmi les étoiles», Meander 26 (1971), 136-141.
L. BALDINI MOSCADI , «Avieno, Phaen. 491. Genesi di un’immagine poetica», Prometheus 14 (1988), 81-86.
A. BARCHIESI , «Letture e trasformazioni di un mito arateo (Cic. Arat . XVII Tr.; Verg. Georg. 2, 473 sg.)», Material. Discuss . 6 (1981), 181-187.
R. M. BARTIK’AN , «Les traductions arméniennes classiques des oeuvres d’Aratos de Soles et de Paul d’Alexandrie», Problèmes d’histoire et de culture antique. Actes de la XVI e Conférence internationale Eirene des spécialistes de l’antiquité dans les pays socialistes , I, Jerevan, 1979, págs. 45-50.
G. L. BEEDE , Vergil and Aratus. A study in the art of translation , tesis, Chicago.
H. W. BENARIO , «Ecl. III, 69», Class. Rev . 47 (1954), 199.
B. BILINSKI , «Gli Aratea ciceroniani», Ciceroniana 5 (1984), 213-235.
— «Riflessi italiani nelle poesie di Cochanovio», Jan Kochanowski, Giovanni Cochanovio, poeta rinascimentale polacco 1530-1584 nel 450-mo anniversario della morte , Wraclaw, 1985, páginas 34-92.
G. BOCCUTO , «I segni premonitori del tempo in Virgilio ed in Arato», Atene e Roma 30 (1985), 9-16.
A. LE BOEUFFLE , «Recherches sur Hygin», Rev. Étud. Lat . 43 (1965), 275-294.
H. LE BOURDELLÈS , «Naissance d’un serpent. Essai de datation de l’Aratus Latinus mérovingien», Hommages à M. Renard , I, Bruselas, 1969, págs. 506-514.
— L’Aratus Latinus. Étude sur la culture et la langue latines dans le nord de la France au VIII e siècle ,
J. BOLLOCK , «Vergil and Cicero. The intepretation of Georgies 1, 231-258», Act. Ant. Hung . 30 (1982-84), 211-227.
M. VAN DEN BRUWAENE , «Influence d’Aratus et de Rhodes sur l’oeuvre philosophique de Cicéron», Festschrift Vogt , I, 4, Berlín, 1973, págs. 428-437.
E. CALDERÓN DORDA , «Traducciones latinas perdidas de los Fenómenos de Arato», Myrtia 5 (1990), 23-47.
I. CAZZANIGA , «A proposito di una presunta ironia vergiliana (Georg. I, 388-389)», Stud. Ital. Filol. Class . 32 (1960), 1-17.
L. CICU , «I Phaenomena di Ovidio», Sandalion 2 (1979), 117-128.
— «Il sintagma nella retorica classica e nel linguaggio dei Phaenomena di Germanico», Sandalion 4 (1981), 123-147.
W. CLAUSEN , «Cicero and the New Poetry», Harvard Stud. Class. Philol . 90(1986), 159-170.
F. DELLA CORTE , «Ovidiana deperdita», Euphrosyne 5 (1972), 475-482.
M. P. CUNNINGHAM , «Note on poetic imitation», en Class. Bulletin 30 (1954), 41-44.
G. DITTMANN , De Hygino Arati interprete , Leipzig, 1900.
A. DELL ’ERA , «Recentiores non deteriores nella tradizione dell’Arato latino interpolato», Riv. Cult. Class. Medioev . 21-22 (1979-80), 199-201.
W. FERRARI , «Cicerone e Arato», Stud. Ital. Filol. Class . 17 (1940), 77-96.
E. FLORES , «La dedica catulliana a Nepote e un epigramma di Cinna», Vichiana 5 (1976), 3-18.
L. GAMBERALE , «Cicerone, Aratea 55-61. Arato Phaenomena 282-286», Riv. Filol. Istruz. Class . 101 (1973), 414-441.
W. E. GILLESPIE , Vergil, Aratus and others. The weather-sign as a literary subject , tesis, Princeton, 1938.
A. GRILLI , «Virgilio e Arato (a proposito di Georg . I, 187 ss.)», Acme 23 (1970), 145-148.
H. HOFFMANN , «Ein Aratpapyms bei Vergil», Hermes 113 (1985), 468-480.
E. HONIGMANN , «The Arabic translation of Aratus’ Phaenomena», Isis 41 (1950), 30-31.
L. A. S. JERMYN , «Weather-signs in Virgil», Greece and Rome 20 (1951), 26-37; 49-59.
M. R. JONIN , «Cicéron et les Aratea», Ann. Fac. Lettr. Nice 21 (1974), 247-258.
A. KNOCHE , Vergilius quae Graeca exempla secutus sit in Georgicis , tesis, Leipzig, 1877
G. KROMER , «The didactic tradition in Vergil’s Georgies», Ramus 8 (1979), 7-21.
D. P. KUBIAK , «The Orion episode in Cicero’s Aratea», Class. Journ . 77 (1981), 12-22.
— «Cinna fragment 6 Morel», Class. Philol . 76 (1981), 296-297.
L. LANDOLFI , «Il modello e l’evocazione. Una ‘presenza’ aratea in Cicerone e Virgilio», Vichiana 15 (1986), 25-40.
— «Cicerone, Arato e il mito delle età», Quad. Urb. Cult. Class . 63 (1990), 87-98.
M. LARDILLON , L’imitation d’Aratos par Virgile , tesis, París, 1937.
LAURAND , «Sur un passage des Pronostics de Cicéron», Rev. Philol . 52(1924), 50-51.
C. LAUSDEI , «Nota a Cic. Arat . XXXIII 24-6», Giorn. Ital. Filol . 33 (1981), 221-226.
A. M. LEWIS , «Aratus, Phaenomena 443-49. Sound and meaning in a Greek model and its translations». Latomus 44 (1985), 805-810.
— «Rearrangement of motif in Latin translation. The emergence of a Roman Phaenomena». Studies in Latin literature and Roman History , IV, Bruselas, 1986, págs. 210-233.
G. MAURACH , «Aratos und Germanicus über den Schlangenträger», Gymnasium 84 (1977), 339-348.
— «Aratus and Germanicus on Altar and Centaur», Acta Class . 20 (1977), 121-139.
— Germanicus und sein Arat. Eine vergleichende Auslegung von v. 1-327 der Phaenomena , Heidelberg, 1978.
J. MAYBAUM , De Cicerone et Germanico Arati interpretibus , tesis, Rostock. 1889.
R. MONTANARI CALDINI , «Clavicula», Stud. Ital. Filol. Class . 44 (1972), 122-138.
— «L’astrologia nei Prognostica di Germanico», Stud. Ital. Filol. Class . 45 (1973), 137-204.
— «L’astrologia nella traduzione aratea di Germanico», Stud. Ital. Filol. Class . 48 (1976), 29-117.
— «Esegesi e fortuna di Virgilio, Georg . I, 335-337», Stud. Ital. Filol. Class . 53 (1981), 152-169.
A. MONTI , «Il mito negli Aratea di Germanico e nei Φαινόμενα di Arato», Class, e Neolat . 5 (1909), 190-197.
L. DE NEUBOURG , «Virgile et Aratos. Increpuit densis alis dans les Géorgiques I 382», en Rhein. Mus . 126 (1983), 308-320.
A. OLIVIERI , «Sulla tradizione di R. Festo Avieno dei vv. 1-732 di Arato», Riv. Stor. Antich . 3 (1898), 132-135.
C. PASCAL , «Un frammento di poemetto astronomico latino», Athenaeum (1919), 40-46.
C. PAVESE , «Due noterelle greco-latine», Stud. Ital. Filol. Class . 35 (1963), 117-119.
G. PERROTTA , «Virgilio e Arato», Atene e Roma 5 (1924), 3-19.
A. RUIZ DE ELVIRA , «Los problemas del proemio de las Geórgicas», Emerita 35 (1967), 45-54.
C. SANTINI , «Il salto delle costellazioni. Da Germanico ai glossatori», Giorn. Ital. Filol . 33 (1981), 177-191.
— «La versione in antico islandese dell’Excerptum de astrologia Arati», Giorn. Ital. Filol . 39 (1987), 197-210.
F. SKUTSCH , Aus Vergils Frühzeit , Leipzig, 1901.
C. SPRINGUER , «Aratus and the cups of Menalcas. A note on Eclogue 3. 42», Class. Journ . 79 (1983), 131-134.
P. STEINMETZ , «Germanicus, der römische Arat», Hermes 94 (1966), 450-482.
A. TRAGLIA , «Il linguaggio poetico-astronomico di Germanico», Helikon 20-21 (1980-81), 43-62.
J. TUMOVÀ , «Antike Bearbeitung des Mythos von den vier zeitaltem», Graecolat. et Orient . 6 (1974), 3-46.
A. VIGEVANI , «Ricerche intorno agli Aratea del poeta Avieno e alle loro fonti», Ann. Sc. Norm. Sup. Pisa 16 (1947), 49-72.
L. VOIGT , «Arat und Germanicus über Lyra, Engonasin und Kranz», Würzb. Jahrb. Altertumswiss . 10(1984), 135-144.
E. WISTRAND , «De Lucretii prooemii interpretatione». Eranos 41 (1943), 43-47.
G. WITORT , «De Cicerone Arati interprete», Meander 14 (1959), 207-221.
H) ARATO Y LA ASTRONOMÍA
G. AUJAC , «Hipparque et les levers simultanés d’après le Commentaire aux Phénomènes d’Eudoxe et d’Aratos», L’astronomie dans l’antiquité classique , París, 1979, págs. 107-122.
— «Le zodiaque dans l’astronomie grecque», Rev. Hist. Scienc . 33 (1980), 3-32.
R. BOEKER , «Die Enstehung der Sternsphaere Arats», Ber. Sächs. Akad. Wiss. Leipzig 99 (1952), 1-68.
M. ERREN , «’Αστέρες άνώνυμοι (Zu Arat. 367-385)», Hermes 86 (1958), 240-243.
— «Die Bestimmung der Nachtzeit. Ein sehr frühes Scholion zu Arat Phaen . 556-558», Rhein. Mus . 113 (1970), 182-188.
B. HEMMERDINGER , «Théon d’Alexandrie et le Commentaire des Phénomènes d’Aratos», Rev. Étud. Gr . 70 (1957), 239.
J. HOEPKEN , Ueber die Entstehung der Phaenomena des Eudoxos-Aratos , Progr. Emden, 1905.
T. ITO , «Aratus’ Zeus and Nyx. An interpretation of Phaen. 15 f.», Journ. Class. Stud . 33 (1985), 49-57.
L. W. LABORDUS , De astronomische mythen in de grieksche literatuur van Homeros tot Aratos , tesis, Leiden-Amsterdam-París, 1946.
S. LOMBARDO , «Auriga reoriented. A note on constellation forms and Greek artistic imagination», The Anc. World 2 (1979), 107-109.
J. MARTIN , «La mort d’Ariane et de Dionysos», Rev. Étud. Gr . 76 (1963), XX.
R. MONTANARI CALDINI , «L’oscurità dell’Ariete da Arato ad Avieno», Prometheus 11 (1985), 151-167.
I. OPELT , «Eine Beschreibung des Himmelsglobus in Senecas Tragödie Hercules furens», Jahrb. Univers. Düsseldorf ( 1970-71 ), 433-438.
M. PENDERGRAFT , «On the Nature of the Constellations: Aratus, Ph . 367-85», Eranos 88 (1990), 99-106.
K. SCHUETZE , Beiträge zum Verständnis des Phainomena Arats , Leipzig, 1935.
A. STUECKELBERGER , «Stemgloben-Sternkarten: Zur wissenschaftlichen Bedeutung des Leidener Aratus», Mus. Helv . 47 (1990), 70-81.
E. SZABÓ & E. MAULA , Enkilma-’Έγχλιμα. Untersuchungen zur Frühgeschichte der griechischen Astronomie, Geographie und der Sehnentafeln , Atenas, 1982.
ZEHNACKER , «D’Aratos à Aviénus: astronomie et idéologie», Illinois Class. Stud . 14 (1989), 317-329.

1 Amores I 15, 16.
2 Cito las Vitae de Arato por la edición de J. MARTIN , Scholia in Aratum vetera , Stuttgart, 1974, págs. 6-22. También puede verse la edición de A. WESTERMANN , Biographi Graeci Minores , Amsterdam, 1845 [reimp. 1964], págs. 52-61, y la de E. MAASS , Commentariorum in Aratum reliquiae , Berlín, 1898 [reimp. 1958].
3 Hijo de Demetrio Poliorcetes y nieto de Antígono Monoftalmo, general de Alejandro Magno; fue el iniciador de la dinastía de los Antigónidas.
4 Llamado «El que se cambió», porque se pasó del estoicismo al hedonismo.
5 Cf. J. MARTIN , Histoire de texte des Phénomènes d’Aratos , París, 1956, pág. 175.
6 Cf. Vita I .
7 Vita III , pág. 16.
8 Cf. VARRÓN , Agricult . III 16, 18.
9 Cf. la Vita del léxico Suda , pág. 22, MARTIN .
10 Según el gramático Aquiles, la composición de los Fenómenos sería posterior a los estudios críticos sobre Homero, pues se suponía imprescindible una cierta cultura homérica para abordar un trabajo tal. No obstante, E. MAASS (Aratea , Berlín, 1892, págs. 243-248), entre otros, aboga en favor de la redacción en la corte de Pela.
11 Cf. U. VON WILAMOWITZ , Hellenistische Dichtung , II, Berlín, 1924, págs. 274-276. También A. RONCONI , [«Arato interprete di Omero», Stud. Ital. Filol. Class . 14 (1937), 167-202 y 237-259] ha señalado la anterioridad de Arato respecto a Calímaco, Apolonio y Teócrito, valorable en una mayor adhesión, por parte de Arato, al modelo homérico que sus sucesores. Sobre este mismo asunto, el extenso artículo de G. PERROTTA , «Studi di poesia ellenistica. II. Il carme XVII di Teocrito. Arato e Callimaco», Stud. Ital. Filol. Class. 4 (1927), 5-68, con similares conclusiones en este aspecto.
12 Antígono pierde el trono y no lo recuperará hasta el 272 a. C.
13 Q. CATAUDELLA [«L’epigramma Ant. Pal . XII 129 di Arato», Rev. Étud. Gr . 80 (1967), 264-281] ha repasado las objeciones que se han hecho en contra de esta hipótesis y se muestra decididamente partidario de esta identificación. Sobre la amistad entre Arato y Teócrito. ya A. T. MURRAY , «Aratus and Theocritus», Trans. Amer. Philol. Assoc . 36 (1905), LXV.
14 Cf. F. LASSERRE , «Les Thalysies de Théocrite», Rhein. Mus . 102 (1959), 308-330; M. PUELMA , «Die Dichterbegegnung in Theocrits Thalysien», Mus. Helv . 17 (1960), 144 ss.; S. HATZIKOSTA , A stylistic Commentary and Theocritus’Idyll VII , Amsterdam, 1982, pág. 43 s.
15 En general, se acepta que Sicélidas es Asclepíades de Samos [cf. V. BONGI , «Natura, poeti e personaggi nel VII Idilio di Teocrito», Ann. Scuola Norm. Pisa (1946), 149-158].
16 Aratea , Berlín, 1892, págs. 324 ss.
17 Cf. Art. cit ., págs. 275 ss. En el epigrama Ant. Pal . XII 93, Riano hace mención de Filocles y de la belleza. Crítica de G. GIANGRANDE , «Trois épigrammes de l’Anthologie», Rev. Étud. Gr . 81 (1968), 47-66 (en págs. 60-66), y réplica en contra de sus argumentos por parte de Q. CATAUDELLA , «Ancora dell’epigramma di Arato, XII 129, e di altri epigrammi», Rev. Étud. Gr . 82 (1969), 365-379.
18 Cf. L. BACCHIELLI , «Arato e Crissipo. Nuove ipotesi per un vecchio problema», Quad. Arch. Libia 10 (1979), 27-48. Anteriormente, H. INGHOLT [«Aratos and Chrysippos on a lead medallion from a Beirut collection», Berytus 17 (1967-68), 143-177] propugnaba que la moneda pudo ser acuñada en Solos o Tarso entre los siglos II y III d. C. Sobre la posible representación de Arato en gemas, cf. G. M. A. RICHTER , «Some Italic and Roman engraved gems in Cambridge», Hommages à L. Herrmann , Berchem-Bruselas, 1960, págs. 669-677.
19 Véase la reconstrucción hecha por L. BACCHIELLI , «La ricomposizione della statua dell’astronomo Arato», Studi Breglia , III, Roma, 1987, páginas 43-56.
20 Cf. J. FINK , «Die Inspiration des Dichters im Bild. Kritische Bemerkungen zu Arat und Muse», Gymnasium 66 (1959), 491-494.
21 Cf. CH . PICARD , «Un cénacle littéraire hellénistique sur deux vases d’argent du tresor de Berthouville-Bernay», Monum. Mém. Acad. Inscript . 44 (1950) 53-82. Del mismo autor, «Du nouveau sur Lycophron et sur son Ménédémos d’après les monuments figurés», Actes Ier Congr. Int. des Ét. Class ., París, 1951, págs. 191-196 [cf. I. WIKARJAK , «De Menedemo a Lycophrone in fabula satyrica irriso», Eos 43 (1948-49), 127-137].
22 Ant. Pal . IV 1, 50.
23 Es frecuente en nuestros manuales de historia de la literatura ver a la poesía didáctica englobada dentro de la épica.
24 Es decir, poesía épica.
25 Cf. J. DE Hoz, «Poesía oral independiente de Homero en Hesíodo y los Himnos Homéricos», Emerita 32 (1964), 283-298, y J. A. FERNÁNDEZ DELGADO , «La poesía sapiencial de Grecia arcaica y los orígenes del hexámetro», Emerita 50 (1982), 151-173.
26 A. KOERTE und P. HAENDEL , Die Hellenistische Dichtung = La poesía helenística [trad. J. GODÓ ], Barcelona, 1973, págs. 223 s.
27 Fedro 267a.
28 E. POEHLMANN , «Sabiduría útil: El antiguo poema didáctico», en Historia de la Literatura . I. El mundo antiguo , Madrid, 1988, pág. 135.
29 De la Naturaleza I 943-950 (traducción de E. VALENTÍ FIOL , T. Lucrecio Caro. De la Naturaleza , I, Barcelona, 1961).
30 Astron . I 20-24.
31 Cf. G. KNAACK , «Aratos», R. E . 2 (1895), 397, y W. FERRARI , «Cicerone e Arato», Stud. Ital. Filol. Class . 17 (1940), 77-96 (en pág. 79).
32 Cf. G. O. HUTCHINSON , Hellenistic Poetry , Oxford, 1988, pág. 236.
33 Una larga lista puede verse en J. MARTIN , Histoire.. ., págs. 182-185.
34 Cf. E. DIEHL , Anthologia Lyrica Graeca , II, Leipzig, 1942, fasc. 6, pág. 93.
35 Alrededor de la mitad de la extensión real de la Tierra.
36 Cf. T. ITO , «Aratus’ Zeus and Nyx. An interpretation of Phaen . 15 f.», Journ. Class. Stud . 33 (1985), 49-57 [en japonés, con un resumen en inglés en págs. 138-139].
37 Memorables IV 7, 2-5.
38 I 1, 4 y 7.
39 La poésie verbale grecque. Essai de mise au point . Amsterdam, 1953, pág. 75 s.
40 Trabajos 100-136.
41 Conocido epigrama XXVII (= Ant. Pal . IX 507) de CALÍMACO (la traducción que reproducimos aquí es la publicada en esta misma colección por M. FERNÁNDEZ -GALIANO , Antología Palatina , I, Madrid, Gredos, 1978, página 182).
42 Arte poética 408-9 y 291 -3.
43 A propósito de esta polémica pude verse: E. CALDERÓN DORDA , «Filetes de Cos, poeta doctus: las coordenadas de una época», Est. Clás . 93 (1988), 7-34; y también, «Ateneo y la λεπτότης de Filetas», Emerita 58 (1990), 125-129. Sobre el epigrama de Calímaco y las polémicas literarias, cf. M. BRIOSO SÁNCHEZ , «Los epigramas ‘literarios’ de Calímaco», Athlon in hon. F. R. Adrados , II, Madrid, Gredos, 1987, págs. 123-128.
44 Ant. Pal . IX 563. M. L. AMERIO [«L’elogio di Arato composto di Taranto (A. P . 9, 25) e la tradizione platonico-pitagorica della Magna Grecia in età ellenistica», Invig. Luc . 3-4 (1981-82), 111-160] ha estudiado ciertas ligerezas, por parte de Leónidas, al describir el contenido de los Fenómenos , y que entran en contradicción con lo expresado por el propio Arato en los versos 460-461.
45 MELEAGRO (Ant. Pal . IV 1, 49) le dará el apelativo de «experto en estrellas».
46 Cf. G. KAIBEL , «Die Epigramme auf Arat», Hermes 29 (1894), 120 ss.; E. REITZENSTEIN , «Zur Stiltheorie des Kallimachos», en Festschrift R. Reitzenstein , Leipzig, 1931. pág. 43 ss.; y B. A. VAN GRONINGEN , op. cit ., pág. 85 s. Sobre esta polémica, cf. M. BRIOSO SÁNCHEZ , «Algunas consideraciones sobre la ‘poética’ del Helenismo», en Cinco lecciones sobre la cultura griega , Sevilla, 1990, págs. 31-70 (en págs. 36-40).
47 Estoico del s. II a. C.
48 Este procedimiento ha sido estudiado especialmente en Calímaco (cf. É. CAHEN , Callimaque et son oeuvre poétique , París, 1929) y en Teócrito (cf. G. PERROTTA , «Teocrito interprete di Omero, Poesia ellenistica. Scritti minori , II, Roma, 1987, págs. 309-324; «Omero e il poeta dell' ‘Ηρακλῆς λεoντoφóνoς», ibid ., págs. 325-389). En el caso de Arato, cf. A. RONCONI , «Arato interprete di Omero», Stud. Ital. Filol. Class . 14 (1937), 167-202, y 237-259; A. TRAINA , «Variazioni omeriche in Arato», Maia 3 (1956), 39-48; y mi contribución al VIII Congreso de la S.E.E.C ., titulada «Lengua y estilo en Arato: la expresión del movimiento de las constelaciones» (en prensa).
49 A. RONCONI , art. cit., pág. 167 s.
50 Cf. E. MAASS , Aratea , Berlín, 1892, págs. 272-278; G. KAIBEL , «Aratea», Hermes 29 (1894), 83-93; G. PASQUALI , «Das Proömium des Arat», en Χάριτες für Fr. Leo , Berlín, 1911, págs. 113-122; y W. LUDWIG , «Die Phainomena Arats als hellenistische Dichtung», Hermes 91 (1963), 425-448.
51 Cf. H. N . PORTER , «Hesiod and Aratus», Transact. Am. Philol. Assoc . 77 (1946), 158-170, referente a la métrica.
52 V. CITTI , «Lettura di Arato», Vichiana 2 (1965), 146-170 (en página 159 ss.).
53 Nuestra comunicación al VIII Congreso de la S.E.E.C ., celebrado en Madrid en 1991, titulada «Lengua y estilo en Arato: la expresión del movimiento de las constelaciones» (en prensa).
54 Cf. D. A. KIDD , «The Fame of Aratus», Austral. Univ. Liter. Assoc . 15 (1961), 5-18, (en pág. 15 s.).
55 Arato filtra y corrige la religiosidad arcaica de Hesíodo mediante el racionalismo estoico, providencial y panteísta (cf. A. TRAINA , «Nota Aratea», en Poeti latini (e neolatini). Nota e saggi filologici , Bolonia, 1975, págs. 159- 162).
56 Cf. M. FANTUZZI , «Eutopia letteraria ed eutopia scientifica. L’habitat marino in Teocrito ed in Arato», Quad. di Storia 9 (1983), 189-208.
57 Cf. V. CITTI , art. cit., pág. 165.
58 H. N. PORTER [«Hesiod and Aratus», Transact. Amer. Philol Assoc . 77 (1946), 158-170] atribuye este conservadurismo a la influencia hesiódica.
59 Sobre el hexámetro de Teócrito y sus afinidades con el de Arato, cf. M. BRIOSO SÁNCHEZ , «Aportaciones al estudio del hexámetro de Teócrito», Habis 7 (1976), 21-56, y 8 (1977), 57-75.
60 Cf. M. BRIOSO SÁNCHEZ , «Nicandro y los esquemas del hexámetro», Habis 5 (1974), 9-23.
61 «Der Hexameter bei Apollonios, Aratos und Kallimachos», Wiener Studien 21 (1899), 161-197. Recogido y revisado con un nuevo método estadístico por F. P. JONES y F. E. GRAY , «Hexameter Patterns, statistical Inference, and the Homeric Question: An Analysis of the La Roche Data», Transact. Amer. Philol. Assoc . 103 (1972), 187-209.
62 Das antike Buckwesen in seinem Verhältniss zur Literatur , Berlín, 1882, pág. 297.
63 Cf. E. MAASS , Commentariorum.. ., pág. 473.
64 Ésta es la opinión de E. FLORES [«La dedica catulliana a Nepote e un epigramma di Cinna», Vichiana 5 (1976), 3-18], que discrepa de BIRT en cuanto a que la transmisión del poema de Arato en dos uolumina se debiese a la extensión del mismo (pág. 14).
65 Cf. J. MARTIN , Histoire.. ., pág. 22 ss. Esta huella puede verse, por ejemplo, en las ediciones de E. MAASS (1983) y de M. ERREN (1971).
66 J. MARTIN , Histoire.. ., pág. 9, n. 1.
67 Fr. 2, MOREL .
68 Inst. div . II 5, 24.
69 Para J. MARTIN («Les Phénomènes d'Aratos. Étude sur la composition du poème», en L'astronomie dans l'Antiquité , París, 1979, pág. 100 ss.), los vv. 733-757 no son una introducción, sino una conclusión.
70 Cf. J. MARTIN , art. cit., pág. 92.
71 Vita I , pág. 9, MARTIN . Sólo se conserva un fragmento, el 95 de la edición de H. LLOYD -JONES -P. PARSONS , Supplementum Hellenisticum , Berlín-Nueva York, 1983.
72 Vita I , pág. 9, MARTIN . Acaso formase parte del anterior poema. No obstante, F. KUDLIEN [«Zu Arats ’Οστολογία und Aischylos' ’Οστολόγοι», Rhein. Mus . 113 (1970), 297-304] ha postulado relacionar este poema , más que con la medicina, con el drama satírico de Esquilo titulado Ostológoi y con el rito funerario consistente en recoger la osamenta del difunto después de la incineración; en el caso de Arato, se trataría de un poema épico.
73 Según la Vita del Suda (pág. 22, MARTIN ) y el testimonio de GALENO (Antídotos XIV). Cf. fr. 98, LLOYD -JONES -PARSONS .
74 Léxico Suda , pág. 22, MARTIN .
75 Cf. B. EFFE , «Arat, ein medizinischer Lehrdichter?», Hermes 100 (1972), 500-503.
76 En el caso de Arato, los errores serían imputables, en su mayoría, a Eudoxo. Esta tradición parece que llega hasta CICERÓN , que afirma en El orador (I 16, 69): «Es algo conocido entre los eruditos que Arato, un hombre ignorante en astronomía, disertó sobre el firmamento y las estrellas con versos muy elegantes y bellos».
77 Cf. Vita II , pág. 11, MARTIN .
78 Cf. Vita I , pág. 9, MARTIN .
79 Cf. Vita II , pág. 11, MARTIN .
80 Cf. fr. 87, LLOYD -JONES -PARSONS .
81 Título copiado más tarde por Virgilio en la Appendix Vergiliana .
82 Fr. 109, LLOYD -JONES -PARSONS .
83 «Un frammento dell'Inno a Pan di Arato», Rhein. Mus . 117 (1974), 221-246.
84 Cf. I. U. POWELL , Collectanea Alexandrina , Oxford, 1925, pág. 131 s.; también E. DIEHL , Anthologia Lyrica Graeca , II, Leipzig, 1942, fasc. 6, pág. 89. Son, en total, 17 versos.
85 Cf. F. SUSEMIHL , Geschichte der Griechischen Literatur in der Alexandrinerzeit , I, Leipzig, 1891, pág. 288.
86 Recuérdese, en este sentido, la creencia popular de una intervención del dios Pan en la batalla de Maratón, como documenta SIMONIDES (V, PAGE = 143, DIEHL ).
87 A. BARIGAZZI , art. cit., pág. 237.
88 Cf. Suda , pág. 22, MARTIN .
89 V 20, 8.
90 Cf. W. LUDWIG , «Aratos», R. E . Suppl. X (1965), 29 s.
91 Cf. H. WANKEL , «Arats Spottepigramm auf Diotimos», Zeitschr. Papyr. Epigr . 52 (1983), 67-68.
92 Arato fue traducido al latín por Varrón Atacino, Cicerón, Ovidio, Germánico y Avieno (s. IV d. C.). También fue utilizado por Virgilio, Higino y Vitruvio, entre otros.
93 Una traducción árabe de Arato con comentarios fue realizada a finales del s. VIII [cf. E. HONIGMANN , «Arabic translation of Aratus' Phaenomena», Isis 41 (1950), 30-31],
94 Cf. H. LE BOURDELLÈS , «Naissance d'un serpent. Essai de datation de l'Aratus Latinus mérovingien», en Hommages à M. Renard , I, Bruselas, 1969, págs. 506-514 (en pág. 506).
95 Vaticanus Gr . 191 y Vaticanus Gr . 381.
96 Histoire.. ., pág. 5. El corpus de comentarios y de escolios fue imponente, como atestigua la incompleta recopilación de E. MAASS (Commentariorum in Aratum reliquiae , Berlín, 1895).
97 Floreció entre el 161 y el 127 a. C. y su logro más importante fue el descubrimiento de la precesión de los equinoccios.
98 E. MAASS , Commentariorum.. ., pág. XII s. El astrónomo Hiparco notó un número considerable de errores en el poema, achacables unos a Eudoxo y otros a Arato (cf. F. BOLL , Sphaera , Leipzig, 1903, pág. 60 ss.).
99 Cf. E. MAASS , Commentariorum …, pág. XVIII.
100 Cf. E. MAASS , Commentariorum.. ., pág. LXXI y 561. Es incierta la época de Leoncio.
101 Posiblemente el conservado en el cod. Marcianus 497; ésta es, al menos, la opinión de E. MAASS (Arati Phaenomena , Berlín, 1893 [reimp. 1964], pág. XI s.), si bien difícil de admitir (cf. G. ZANNONI , Arato di Soli. Fenomeni e Pronostici , Florencia, 1948, pág. XX).
102 Cf. B. HEMMERDINGER , «Théon d'Alexandrie et le Commentaire des Phénomènes d'Aratos», Rev. Étud. Gr . 70 (1957), 239. También puede verse: J. MARTIN , Histoire.. ., págs. 196-199.
103 Coment. Epíst. a Tito I 12 (Patrol. Lat . XXVI 607, MIGNE) .
104 W. MOREL , Fragmenta Poetarum Latinorum , Leipzig, 1927, pág. 89 (cf. C. PASCAL , «Un frammento di poemetto astronomico latino», Athenaeum 1919, 40-46).
105 Cf. A. M. LEWIS , «Rearrangement of motif in Latin translation. The emergence of a Roman Phaenomena», en Studies in Latin literature and Roman History , IV, Bruselas, 1986, págs. 210-233.
106 Cf. W. CLAUSEN , «Cicero and the New Poetry», Hell. Stud. Philol . 90 (1986), 159-170.
107 Sobre la naturaleza de los dioses II 104. Cf. M. VAN DEN BRUWAENE , «Influence d'Aratus et de Rhodes sur l'oeuvre philosophique de Cicéron», Festschrift Vogt , I, Berlín, 1973, págs. 428-437.
108 Cf. L. LANDOLFI , «Il modello e l'evocazione. Una ‘presenza’ aratea in Cicerone e Virgilio», Vichiana 15 (1986), 25-40.
109 A propósito, por ejemplo, del nombre de las Osas, las Híades, el Triángulo, etc., procedimiento ya empleado por Ennio (cf. A. MEILLET , Esquisse d’une histoire de la langue latine , París, 1948, pág. 143 ss.). Sobre el procedimiento de traducción de Cicerón, también M. R. JONIN , «Cicéron et les Aratea», Ann. Fac. Lettr. Nice 21 (1974), 247-258.
110 Cf. W. FERRARI , «Cicerone e Arato», Stud. Ital. Filol. Class . 17 (1940), 77-96.
111 Frs. 21 y 22, MOREL .
112 E. CALDERÓN DORDA , «Traducciones latinas perdidas de los Fenómenos de Arato», Myrtia 5 (1990), 23-47 (en págs. 32-38).
113 Frs. 1 y 2, MOREL . Cf. E. CALDERÓN DORDA , «Traducciones…», págs. 38-46. Puede verse, también, L. CICU , «I ‘Phaenomena’ di Ovidio», Sandalion 2 (1979), 117-128.
114 Cf. F. DELLA CORTE , «Ovidiana deperdita», Euphrosyne 5 (1972), 475-482 (en pág. 481).
115 Cf. L. CICU , art. cit., pág. 127.
116 P. STEINMETZ , «Germanicus, der römische Arat», Hermes 94 (1966), 450-482.
117 El término post quem es la consagración divina de Augusto, a la que Germánico hace referencia (vv. 558-560), y que tuvo lugar en septiembre del 14 d. C. (SUET . Aug . 100). Cf. C. SANTINI , Il segno e la tradizione in Germanico scrittore , Roma, 1977, pág. 15. Entre el 16 y el 17 d. C. para A. LE BOEUFFLE , Germanicus. Les Phénomènes d’Aratos , París, 1975, pág. X. Para L. CICU [«La data dei Phaenomena di Germanico», Maia 31 (1979), 139-144] la composición de los Fenómenos de Germánico se habría llevado a cabo durante el período de las guerras contra los germanos, es decir, hasta el comienzo del 17 d. C.
118 Cf. E. CALDERÓN DORDA , «Traducciones…», pág. 43.
119 Ésta se publicaría entre el 8 y el 14 d. C. [cf. E. FLORES , «Augusto nella visione astrologica di Manilio», Ann. Fac. Lett. Napoli 9 (1960-61), pág. 5 ss.]. En contra de esta datación: E. GEBKARDT , «Zur Datierungsfrage des Manilius», Rhein. Mus . 104 (1961), 278-286.
120 Sobre la profusión de estas doctrinas y de tratados cosmográficos bajo los reinados de Augusto y Tiberio: R. MONTANARI CALDINI , «L’astrologia nei Prognostica di Germanico», Stud. Ital. Filol. Class . 45 (1973), 137- 204 [cf. también de la misma autora, «L’astrologia nella traduzione aratea di Germanico», Stud. Ital. Filol. Class . 48 (1976), 29-117], El libro II de la Historia Natural de Plinio el Viejo representa una síntesis de los conocimientos astronómicos en Roma.
121 A. LE BOEUFFLE (op. cit ., pág. XIX) ha señalado numerosos pasajes en que Germánico tiene en cuenta las observaciones de Hiparco. W. LEUTHOLD (Die Übersetzung der Phaenomena durch Cicero und Germanicus , tesis, Zurich, 1942) ha estudiado las mejoras científicas de Germánico respecto a su modelo. Las ventajas que tiene un traductor que aborda un tema ya tratado han sido consideradas por SÉNECA , Epíst. mor. a Lucil . LXXIX 5-6.
122 La relación entre el original de Arato y la traducción de Avieno ha sido estudiada, entre otros, por A. OLIVIERI , «Sulla traduzione di R. Festo Avieno dei v. 1-732 di Arato», Riv. Stor. Antica 3 (1898), 132-135, y por A. VIGEVANI , «Ricerche intorno agli Aratea del poeta Avieno e alle loro fonti», Ann. Scuola Norm. Sup. Pisa 16 (1947), 49-72, que estudia las relaciones de la obra de Avieno con las de Eratóstenes, Higino, Aquiles Tacio e Hiparco.
123 Cf. J. SOUBIRAN , Aviénus. Les Phénomènes d’Aratos , París, 1981, pág. 54.
124 Gord . 3, 2 (Scriptores Historiae Augustae , II, Leipzig, 1971, HOHL ).
125 Cf. G. PERROTTA , «Virgilio e Arato», en Cesare, Catullo, Orazio e altri saggi , Roma, 1972, págs. 213-233; U. ALBINI , «Struttura e motivi del primo libro delle Georgiche», Stud. Ital. Filol. Class . 25 (1951), 49-64; G. L. BEEDE , Vergil and Aratus. A study in the art of translation , tesis, Chicago, 1936; W. F. GILLESPIE , Vergil, Aratus and others. The weather-sign as a literary subjet , tesis, Princeton, 1938; G. BOCCUTO , «I signi premonitori del tempo in Virgilio ed in Arato», Atena e Roma 30 (1985), 9-16, entre otros. Sobre el uso que hace Virgilio del lenguaje didáctico y sobre las posibles influencias de Arato y de Hesíodo, cf. G. KROMER , «The didactic tradition in Vergil’s Georgics», Ramus 8 (1979), 7-21. A propósito de la constelación de la Virgen (Justicia) y la representación de Augusto junto a ésta, cf, A. RUIZ DE ELVIRA , «Los problemas del proemio de las Geórgicas», Emerita 35 (1967), 45-54.
126 Según L. A. JERMYN [«Weather-signs in Vergil», Greece and Rome 20 (1951), 26-37 y 49-59], también tendría presente la obrita de Pseudo-Teofrasto De signis tempestatum . Sobre los procedimientos de traducción y de adaptación por parte de Virgilio teniendo presente no sólo a Arato, sino también a Cicerón y a Varrón, cf. M. P. CUNNINGHAM , «Note on poetic imitation», Class. Bulletin 30 (1954), 41-44. También puede verse A. GRILLI , «Virgilio e Arato» (a propósito di Georg . 1, 187 ss.)», Acme 23 (1970), 145- 148.
127 Cf. G. BOCCUTO , art. cit., pág. 16.
128 «Conon and the poet. A solution to Eclogue III, 40-2», Latomus 41 (1982), 803-814. También es ilustrativo, en este sentido, el trabajo de C. SPRINGER , «Aratus and the cups of Menalcas. A note on Eclogue 3, 42», Class. Journ . 79 ( 1983), 131-134.
129 Puede verse la obra de P. D’HÉROUVILLE , L’Astronomie de Virgile , París, 1940.
130 Cf. Praef . 6; II 2, 2; IV 1, 1. Todavía es útil el antiguo opúsculo de G. DITTMANN , De Hygino Arati interprete , Leipzig, 1900.
131 Cf. A. LE BOEUFFLE , Hygin. L’Astronomie , París, 1983, pág. XIII; del mismo autor, «Recherches sur Hygin», Rev. Étud. Lat . 43 (1965), 275-294; y G. AUJAC , «Ératosthène, premier éditeur de textes scientifiques?». Pallas 24 (1977), 3-24. Eratóstenes también compuso dos poemas astro-mitológicos: Hermes y Erígone (cf. J. U. POWELL , Collectanea Alexandrina , Oxford, 1925, págs. 58-65).
132 J. MARTIN , Histoire.. ., págs. 95-102. Dicho epítome se puede ver en K. ROBERT , Eratosthenis Catasterismorum Reliquiae , Berlín, 1878 (reed. 1963).
133 A. LE BOEUFFLE , Hygin.. ., pág. XV s.
134 Puede verse el estudio de fuentes realizado por J. SOUBIRAN , Vitruve. De l’architecture (libre IX) , París, 1969, págs. XXXVIII-LII. G. KAIBEL [«Aratea», Hermes 29 (1894), 93 s.] ha propuesto la hipótesis, por otra parte poco probable, de que Vitruvio tradujese a Eudoxo.
135 IX 6,3.
136 Un estudio general de la obra puede verse en H. LE BOURDELLÈS , L’Aratus Latinus. Étude sur la culture et la langue latines dans le Nord de la France au VIIIe siècle , Lille, 1985.
137 Estos escolios antiguos fueron publicados por F. EYSSENHARDT en su edición de Marciano Capela (Leipzig, 1866). Esta edición fue pronto superada por la de A. BREYSIG , Germanici Aratea cum scholiis , Berlín, 1867 (Hildesheim, 1967). Cf. A. DELL ’ERA , «Gli Scholia Basileensia a Germanico», Memoria dell’Accademia dei Lincei 23 (1979), 301-377.
138 La autoría de este diccionario, que parece remontarse al s. v, suele adjudicarse al Pseudo-Cirilo.
139 Cf. E. MAASS , Commentariorum.. ., pág. XXXVI ss.
140 Germanici Caesaris Aratea cum scholiis , Berlín, 1867.
141 Cf. A. DELL ’ERA , «Recentiores non deteriores nella tradizione dell’Arato Latino interpolato», Riv. Cult. Class. Medioev . 21-22 (1979-80), 199-201.
142 El caso de San Isidoro —mal llamado de Sevilla; en realidad era natural de Cartagena, al igual que sus hermanos, también santos, Fulgencio, Leandro y Florentina— es diferente, ya que parece que tuvo acceso al texto de Arato a través de Higino y de testimonios indirectos; ésta es la procedencia de sus interpolaciones (cf. J. FONTAINE , Isidore de Séville et la culture classique dans l’Espagne wisigothique, París, 1959, pág. 578).
143 Cf. H. LE BOURDELLÈS , art. cit., pág. 508.
144 E. MAASS , Commentariorum.. ., pág. XLII.
145 Patrologia Latina , París, 1850, t. XC, cols. 945-952.
146 Patrologia Latina , t. CVII, col. 695.
147 Éste fue uno de los principales motivos de la popularidad de Arato: la visión estoica del Universo. Cf. W. SALE , «The popularity of Aratus», Class. Journ . 61 (1966), 160-164.
148 Cf. D. A. KIDD , art. cit., pág. 7 ss.
149 Les Odes . À son laquais , 1-3. Las dificultades que ofrece la sutileza de Arato al traductor han sido puestas de relieve por V. CITTI (art. cit., página 169): «la λεπτότης di Arato sfugge di mano al traduttore, come ha eluso la maggior parte degli interpreti».
150 Hechos XVII 28.
151 Cf. Ed. DES PLACES , «Ipsius enim et genus sumus (Act , 17, 28)», Biblica 43 (1962), 388-395.
152 Cf. I. OPELT , «In Gottes Namen beginnen». Rom. Barb . 1 (1976), 181-193.
153 Normalmente citaré sólo el lugar y la fecha, ya que los datos completos pueden encontrarse en la bibliografía general.
154 Puede verse la dura crítica que le hace en su reseña J. MARTIN . Rev. Étud. Anc . 53 (1951), 356-357.
155 Phaenomena , Lexington, 1975 (reimpresión de la original de 1848).
156 Aratus’ Phaenomena. An Introduction and translation , tesis, Austin, 1976 [microf.].
157 A. SCHOTT und R. BÖKER , Aratos. Sternbilder und Wetterzeichen , Munich, 1958.
158 Cf. R. M. BARTIK’AN , «Les traductions arméniennes classiques des oeuvres d’Aratos de Soles et de Paul d’Alexandrie» [en ruso], en Problèmes d’histoire et de culture antique. Actes de la XIVe Conférence internationale Eirene des spécialistes de l’antiquité dans les pays socialistes , I. Jerevan, 1979, págs. 45-50.
159 Probablemente en las primeras décadas del s. IX , cf. E. HONIGMANN , «The Arabic translation of Aratus’ Phaenomena», Isis 41 (1950), 30-31.
160 Arato. Los Fenómenos (versos 96 a 137): la constelación Virgo , Barcelona, 1912.
161 Quiero expresar mi agradecimiento al Prof. M. Benavente y Barreda, de la Universidad de Granada, por sus sugerencias en el campo de la terminología griega de fauna y flora. La transcripción de los nombres de las constelaciones corresponde a la de J. L. COMELLAS , Astronomía , Madrid, 1987, pág. 211 s.
FENÓMENOS
Proemio 1
Comencemos por Zeus 2 , a quien jamás los humanos dejemos sin nombrar. Llenos están de Zeus 3 todos los caminos, todas las asambleas de los hombres, lleno está el mar y los puertos 4 . En todas las circunstancias, pues, estamos todos necesitados de Zeus. Pues también somos descendencia [5] suya 5 . Él, bondadoso con los hombres 6 , les envía señales favorables; estimula a los pueblos al trabajo recordándoles que hay que ganarse el sustento; les dice cuándo el labrantío está en mejores condiciones para los bueyes y para el arado, y cuándo tienen lugar las estaciones propicias tanto para plantar [10] las plantas como para sembrar toda clase de semillas. Pues él mismo estableció las señales en el cielo 7 tras distinguir las constelaciones, y ha previsto para el curso del año estrellas que señaten con exactitud a los humanos la sucesión de las estaciones, para que todo crezca a un ritmo continuo. A él siempre [15] lo adoran al principio y al final 8 . ¡Salud, padre, prodigio infinito, inagotable recurso para los hombres 9 , salud a ti y a la primera generación 10 ! ¡Salud, también, a las Musas, tan melifluas todas! Y en cuanto a mí que os pido poder hablar de las estrellas como es justo, orientad todo mi canto 11 .
Eje del mundo y constelaciones circumpolares: Osas y Dragón
Todas sin excepción, cada una hacia un lado, al deslizarse son arrastradas con el [20] cielo todos los días sin cesar nunca; por el contrario, el eje no se traslada ni un poco siquiera, sino que está siempre bien fijado, mantiene en equilibrio la tierra, atravesándola toda por el centro, y él mismo hace girar en torno el cielo 12 . Dos polos lo limitan [25] por ambos lados: uno no es visible, y el otro está en el extremo opuesto en la región boreal 13 , encima del Océano. Las dos Osas que están en tomo suyo corren a una; razón por la cual se les llama Carros 14 . Por lo demás, tienen siempre las cabezas junto a los ijares la una de la otra, y siempre evolucionan espalda con espalda, vueltas en sentidos opuestos hombros [30] contra hombros. En caso de ser esto verdad, aquéllas subieron al cielo desde Creta por voluntad del gran Zeus, pues siendo todavía niño lo ocultaron en la perfumada gruta del Dicte 15 , no lejos del monte Ida, y lo alimentaron durante un año, cuando [35] los Curetes Dicteos engañaron a Crono 16 . A una se le da el sobrenombre de Cinosura 17 y a la otra el de Hélice 18 . Con Hélice los aqueos determinan en el mar el lugar donde hay que dirigir las naves; confiados en la otra, pues, atraviesan el mar los fenicios 19 . Pero si Hélice está clara, fácil de reconocer y muy [40] visible desde el comienzo de la noche, la otra, por el contrario, es pequeña pero mejor para los marinos 20 , porque gira toda ella en una órbita menor; con ella también los sidonios navegan sin torcerse lo más mínimo.
[45] Entre ambas, como la corriente de un río 21 , se revuelve el Dragón 22 , monstruo prodigioso, varias veces retorcido, inconmensurable; las Osas recorren su círculo desde uno y otro lado de su espiral, guardándose del azulado Océano. Pero aquél toca a una con la punta de la cola y rodea a la otra con su espiral 23 : [50] la punta de su cola descansa junto a la cabeza de la Osa Hélice; Cinosura tiene la cabeza en su espiral: ésta se enrolla exactamente en torno a su cabeza y desciende hasta el pie, después [55] retrocede de nuevo bruscamente. En la cabeza del Dragón brilla, en más de un punto, más de una estrella: dos en las sienes, dos en los ojos; y más abajo otra señala la parte más extrema de la mandíbula del terrible monstruo 24 . Su cabeza está inclinada: parece enteramente que mira hacia la punta de la cola de Hélice; su boca y su sien derecha 25 están completamente en [60] línea recta con la punta de la cola. La cabeza del Dragón casi va a parar allí donde se confunden los límites de los ocasos y de los ortos unos con otros 26 .
El Arrodillado
Allí mismo rueda una figura parecida a un hombre que se esfuerza 27 ; nadie es capaz de nombrarlo claramente ni decir por qué clase de trabajo está suspendido en el cielo, sino que simplemente le llaman «el [65] Arrodillado» 28 . Parece que al afanarse en algo dobla las rodillas; desde ambos hombros se elevan sus manos y se extienden los brazos en cruz. Tiene la punta del pie derecho 29 encima de [70] la cabeza del tortuoso Dragón.
La Corona
Allí mismo también la Corona 30 que colocó Dioniso para que fuese recuerdo insigne de la desaparecida Ariadna 31 , da la vuelta bajo la espalda de la sufriente figura 32 .
Ofiuco
La Corona está cerca de su espalda, pero cerca de su cabeza puedes observar la testa [75] de Ofiuco 33 , y a partir de ella te es posible reconocer al resplandeciente Ofiuco; sus hombros, que están debajo de su cabeza, aparecen rutilantes 34 . Éstos se pueden mostrar a la vista en la Luna llena 35 ; pero las manos no brillan del todo igual: un tenue resplandor recorre a una y a otra. No obstante, también éstas [80] son visibles: pues no son pequeñas. Ambas luchan con una serpiente que envuelve por la mitad a Ofiuco; éste, bien plantado y bien ajustado, aplasta con los dos pies una bestia enorme, el Escorpión 36 , a quien pisa en postura recta los ojos y el tórax. Pero la serpiente se le enrosca en ambas manos 37 , un poco [85] en la derecha, más en la izquierda que está en alto.
Las pinzas
La punta de su mandíbula 38 está situada junto a la Corona. Debajo de su espiral se pueden advertir las grandes Pinzas 39 ; pero [90] son de escasa luz y nada brillantes 40 .
El Boyero
Detrás de Hélice evoluciona, parecido a un conductor, Artofílace 41 , a quien los hombres dan el sobrenombre de Boyero 42 , porque hace el efecto de tocar con la aguijada el Carro de la Osa, y es todo él muy [95] brillante; debajo de su cintura da vueltas, clara entre las demás, la estrella Arturo 43 .
La Virgen
Bajo los pies del Boyero puedes observar a la Virgen 44 , que sostiene en la mano una Espiga floreciente 45 . Tanto si ella es del linaje de Astreo 46 , de quien dicen los antiguos que es el padre de los astros, como si lo es de algún otro, que siga tranquila su ruta. Pero entre los [100] hombres circula otra versión: que antes vivía en la tierra y venía abiettamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos, hombres o mujeres; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban [105] Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa, los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo 47 . Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del [110] combate; vivían sencillamente; el peligroso mar quedaba a un lado 48 , y las naves no iban lejos a buscar el sustento, sino que los bueyes, el arado y ella misma, la Justicia soberana de pueblos, suministraba todo abundamente, ella, la dispensadora de bienes legítimos. Esto duró mientras la Tierra 49 aún alimentaba [115] a la raza de oro 50 . Mas con la de plata, poco y de mala gana se relacionaba, pues echaba de menos la manera de ser de los pueblos antiguos. Pero a pesar de ello, todavía estaba presente durante la edad de plata: al atardecer descendía de los montes rumorosos, solitaria, y no se comunicaba con nadie con palabras amables, sino que cuando había cubierto de hombres inmensas [120] colinas, los increpaba entonces censurando su perversidad, y decía que ya no vendría más a la presencia de quienes la llamaran: «¡Cuán degenerada descendencia dejaron vuestros padres de la edad de oro! Pero vosotros engendraréis unos descendientes peores todavía. Entonces ocurrirá que habrá guerras y, de [125] cierto, también muertes impías entre los hombres: el dolor caerá sobre sus faltas». Después de hablar así, se encaminaba de nuevo a las montañas 51 y abandonaba a todas aquellas gentes que la seguían todavía con la mirada. Pero cuando aquéllos murieron, nacieron éstos, la raza de bronce, hombres aún más perversos [130] que los anteriores, los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos, los primeros que comieron la carne de los bueyes de labor 52 . Entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del esplendente [135] Boyero 53 .
Encima de sus dos hombros gira una estrella [cerca del ala derecha; y se llama el Heraldo de la Vendimia 54 ;] de tal magnitud, [140] y dotada de tal brillo, como la que se ve debajo de la cola de la Osa Mayor 55 ; ésta es deslumbradora, como también lo son las estrellas cercanas 56 ; una vez que las has visto no necesitas buscar otro punto de referencia 57 , tal y corno ruedan delante de sus patas, hermosas y grandes; hay una delante de las patas que prolongan los hombros, otra delante de las que descienden desde los ijares, y otra, en fin, debajo de las rodillas [145] posteriores. Pero todas evolucionan independientes, cada cual por su sitio y anónimas.
Gemelos, Cangrejo, León
Debajo de su cabeza están los Gemelos 58 , debajo de su parte central está el Cangrejo 59 ; bajo sus patas posteriores resplandece el León 60 . Allí la ruta del Sol marca el punto más cálido del verano; y los labrantíos aparecen casi vacíos de espigas 61 [150] cuando el Sol se junta por vez primera con el León. En esta época también los mugientes vientos etesios 62 se abaten incesantes sobre la vasta extensión del mar: en modo alguno es la estación para la navegación con remos; me parecen entonces [155] más apropiadas las anchas naves, y que los pilotes sostengan los timones según el sentido del viento.
El Cochero, la Cabra y los Cabritos
Mas si te parece oportuno observar al Cochero 63 y a las estrellas del Cochero, si hasta ti ha llegado el renombre de la Cabra 64 o el de sus Cabritos 65 , que a menudo contemplaron a los hombres esparcidos sobre el mar purpúreo 66 , lo encontrarás, enorme [160] todo él, apoyado en la parte izquierda de los Gemelos, mientras que el vértice de su cabeza gira enfrente de Hélice; encima de su hombro izquierdo se mueve la sagrada Cabra que, según la leyenda, ofreció su ubre a Zeus. Los intérpretes de Zeus 67 la llamaban Cabra Olenia 68 . Es grande y brillante; pero sus Cabritos [165] lucen levemente en la juntura de la mano.
El Toro y las Híades
A los pies del Cochero se puede escudriñar, extendido, al astudo Toro 69 ; las estrellas están dispuestas de una manera muy semejante a éste; así es como le ha sido perfectamente delimitada la cabeza. Y no hay quien precise descubrir la cabeza del buey con ayuda de otra constelación: tan bien lo modelan las estrellas mismas que [170] giran sobre sus dos lados. Su nombre se pronuncia a menudo: las nada desconocidas Híades 70 ; las cuales han sido esparcidas por toda la frente del Toro. Una misma estrella ocupa la punta [175] de su cuerno izquierdo y el pie derecho del vecino Cochero 71 , y marchan arrastradas al mismo tiempo; pero el Toro desciende siempre más rápido que el Cochero hacia el otro borde del horizonte, aunque se haya levantado al mismo tiempo.
Cefeo
Y no quedará tampoco en el olvido la [180] desgraciada familia de Cefeo 72 el Jásida, sino que también el nombre de éstos ha subido al cielo, ya que eran parientes consanguíneos de Zeus 73 . El mismo Cefeo, que está detrás de la Osa Cinosura, se asemeja a alguien que extiende ambas manos; desde la punta de la cola hasta los pies de Cefeo se extiende [185] una línea igual que la que se despliega de un pie al otro 74 . Por lo demás, con apartarte un poco de su cintura podrías ver la primera sinuosidad del tortuoso Dragón.
Casiopea
Delante de él avanza rodando la desventurada Casiopea 75 que apenas luce en las noches de Luna llena; pues la iluminan no muchas estrellas y, además, de una manera [190] alternante, que la delimitan toda ella con precisión. Como cuando al golpear con una llave una puerta de dos hojas, acerrojada por dentro, se empujan los pestillos, así aparecen dispuestas las estrellas por separado unas de otras. De este modo ella extiende los brazos en cruz desde sus débiles [195] hombros; se diría que llora por su hija.
Andrómeda
Allí mismo, pues, rueda también la terrible imagen de Andrómeda 76 , que se distingue bajo su madre. Creo que no tendrás que escrutar demasiado la noche para que la veas al poco: ¡tal es su cabeza, tales son sus dos hombros y las [200] puntas de sus pies y toda su cintura 77 ! Allí mismo está extendida con los brazos totalmente abiertos 78 ; también aparecen en el cielo sus cadenas y allí sus manos desplegadas se elevan todos los días.
El caballo
[205] Mas luego, con el bajo vientre sobre la cabeza de Andrómeda se extiende el enorme Caballo 79 ; una estrella común 80 resplandece a la vez sobre el ómbligo de éste y en el extremo de la cabeza de aquélla. Otras tres, sobre los flancos y los hombros del Caballo 81 , marcan distancias iguales; son hermosas y grandes. La cabeza 82 en modo alguno es [210] semejante, ni el cuello, aunque es largo; sin embargo, la estrella 83 situada en la punta de su quijada refulgente también podría rivalizar con las cuatro primeras, que lo circunscriben al ser muy visibles. Pero no tiene sus cuatro patas, pues el sagrado Caballo gira truncado por la mitad al nivel del ombligo. Dicen [215] que éste hizo bajar desde lo alto del Helicón la hermosa agua de la fertilizadora Hipocrene. Pues la cumbre del Helicón aún no destilaba por una fuente; pero el Caballo la golpeó, y de allí brotó agua en abundancia como consecuencia del golpe de su pezuña delantera. Los pastores fueron los primeros que dieron [220] el nombre de Hipocrene a esta agua potable. Y ésta gotea siempre de la roca, y no la verás lejos de los tespieos 84 ; no obstante, el Caballo rueda en la morada de Zeus 85 , donde se le puede contemplar.
El Carnero
Allí están también los vertiginosos caminos [225] del Carnero 86 , que, lanzándose a través de círculos enormes, no corre más lento que la Osa Cinosura 87 . Es tenue y oscuro al mirarlo con Luna, pero a pesar de eso lo podrías descubrir gracias a la cintura de Andrómeda 88 ; pues [230] está fijo un poco debajo de ella y pisa en la mitad 89 del cielo inmenso, precisamente donde giran las puntas de las Pinzas y la cintura de Orión.
El Triángulo (o Delta)
Cerca está situada otra constelación, más abajo que Andrómeda. La Delta 90 se mide [235] por tres lados; es semejante por sus dos lados, que son iguales; no así el tercero 91 , pero es muy fácil de encontrar; pues tiene estrellas más brillantes que muchas otras constelaciones 92 . Un poco más meridionales que éstas están las estrellas dei Carnero.
Los Peces
Todavía más adelante, ya en el umbral del hemisferio sur, están los Peces 93 . Pero [240] uno siempre es más rápido que el otro, y siente más de cerca a Bóreas 94 cuando comienza a descender. De sus dos colas se extienden como dos cordones 95 que de uno y otro lado se juntan en una sola línea. Y las une una sola estrella, hermosa y grande, a la cual llaman también el Nudo [245] Celeste 96 . En lo sucesivo, sea el hombro izquierdo de Andrómeda señal de reconocimiento del Pez más septentrional, ya que está muy próximo a ella.
Perseo
Ambos pies te podrán señalar a su esposo Perseo 97 , los cuales se arrastran siempre sobre [250] sus hombros. Por su parte, él gira en el hemisferio norte, más grande que otras constelaciones. Su diestra está extendida hacia el asiento del trono de su suegra 98 ; y como si persiguiese algo a sus pies, alarga el paso, cubierto de polvo 99 , en la morada de su padre Zeus.
Los Pléyades
Al lado de su musio izquierdo 100 evolucionan [255] en racimo todas las Pléyades 101 . Un reducido espacio las contiene todas, y por sí mismas son débiles para ser contempladas. Entre los hombres son celebradas como las Siete Vías, aunque sean solamente seis las que se ven con los ojos 102 . No es que, en modo alguno, una estrella ignorada ha desaparecido dei cielo, [260] pues también óimos hablar de ella desde su origen, sino que así se cuenta. Las siete son llamadas por un nombre distinto: Alcíone, Mérope, Celeno, Electra, Estérope 103 , Taígete y la venerable Maya. Son igualmente débiles y oscuras, pero son célebres por dar vueltas tanto por la mañana como por la tarde, [265] gracias a Zeus, que las hizo señalar el comienzo del verano y del invierno y la llegada de la labranza 104 .
La Lira y el Ave
Además está el Caparazón 105 , que es débil. A éste Hermes, todavía en la cuna, lo [270] agujereó y decidió que se le llamase Lira 106 ; después la introdujo en el cielo y la colocó delante de la Imagen Desconocida 107 . Éste, caído sobre sus piernas, la roza ligeramente con la rodilla izquierda; al otro lado gira el extremo de la cabeza del Ave 108 ; y [275] la Lira ha sido fijada entre la cabeza del Ave y la rodilla. Porque en verdad un Ave centelleante recorre la morada de Zeus; en cualquier otra parte es oscuro, mientras que en la parte superior está erizada de estrellas de no mucha magnitud, pero en ningún caso tenues 109 . Como un ave que emprende el vuelo por el buen tiempo, es arrastrado felizmente hacia poniente y extiende el extremo [280] de su ala derecha 110 hacia la mano diestra de Cefeo. Cerca de su ala izquierda 111 está situado el salto del Caballo.
El Acuario y el Capricornio
Detrás del Caballo que brinca están dispuestos los dos Peces; cerca de su cabeza se extiende la mano derecha del Acuario 112 .Éste se levanta detrás del Capricornio 113 ; [285] pues el Capricornio está situado delante y más abajo, en el lugar donde el vigoroso Sol da la vuelta 114 . En este mes 115 no te metas en el mar al hacer uso del vasto piélago. No hagas mucho camino durante el día, puesto que ahora son muy breves, ni en el caso de que te asustes de la noche [290] y aunque grites mucho, se acercará el día. Los funestos vientos del Sur irrumpen en ese momento, cuando el Sol entra en Capricornio; entonces un pernicioso frío desde la morada de [295] Zeus se abate sobre el navegante que se queda yerto. No obstante, ahora el mar se encrespa todo el año debajo de las quillas; y semejantes a gaviotas, estamos mirando a menudo en derredor el mar desde nuestros navíos, vueltos en dirección a la costa que, todavía lejos, es bañada por las olas. Un pequeño madero nos separa de la muerte 116 .
El Sagitario
[300] Y todavía en el mes precedente, cuando hayas padecido mucho en el mar, en la época en que el Sol quema el arco y al que blande el arco 117 , desembarca al atardecer y no te fíes de la noche. Sea para ti indicio de aquella estación y de aquel mes la salida del Escorpión al [305] final de la noche. Pues, en verdad, el Sagitario tiende la cuerda de su gran arco muy cerca del dardo; y el Escorpión, al salir, se levanta un poco delante de él; y sube más en seguida. En esta época también la cabeza de Cinosura gira muy en lo alto al final de la noche; se oculta Orión todo entero antes de la aurora, [310] y Cefeo desde la mano hasta el ijar 118 .
La Flecha y el Águila
Más adelante ha sido lanzada otra Flecha 119 , sola, sin arco; el Ave 120 despliega sus alas delante de él, más cerca de la región boreal. Cerca vuela batido por el viento otro pájaro no tan grande 121 , pero peligroso cuando se eleva desde el mar en el momento en que la noche se va 122 : le llaman el Águila 123 .
El Delfín
El Delfín 124 , que no es muy grande, se desliza encima del Capricornio, oscuro en su parte central; mas cuatro estrellas brillantes marcan su contorno, dispuestas dos a dos en líneas paralelas 125 .
Éstas son las constelaciones que se extienden entre Bóreas 126 [320] y la carrera del Sol; pero otras muchas se levantan más abajo, entre el Noto 127 y la ruta del Sol 128 .
Constelaciones australes. Orión
Orión 129 mismo se halla acostado oblicuo bajo la sección del Toro. El que en una noche clara, cuando aquél está extendido en lo alto, no repare en él, no confíe al levantar los ojos al cielo poder contemplar otras [325] constelaciones más notables 130 .
El Can
Tal es también 131 el Can 132 guardián suyo que, bajo la espalda de Orión que se eleva, aparece levantado en dos patas, abigarrado de estrellas, pero no brillante en su totalidad; pues es oscuro por el vientre, pero la punta de la mandíbula está marcada por una férvida estrella que arde con vehemencia, y a la que los hombres llaman [330] Sirio 133 . Cuando éste se levanta al mismo tiempo que el Sol, los árboles frutales ya no pueden burlarle cubriéndose con débiles hojas 134 ; pues penetrando agudo por las hileras fácilmente [335] los distinguió; a unos los robusteció, a otros, en cambio, les destruyó toda la corteza. También oímos hablar de su ocaso. Mas las otras estrellas que sirven de signo para marcar los miembros son más tenues 135 .
La Liebre
Bajo los pies de Orión corre constantemente, [340] todos los días, la Liebre 136 . Por su parte, Sirio siempre va detrás en actitud de perseguirla; se levanta tras ella, y cuando ésta se oculta él la acecha.
Argo
Cerca de la cola del Can Mayor se desliza Argo 137 , del lado de la popa; pues no realiza su marcha según lo acostumbrado, sino que se desliza en sentido inverso, [345] como las naves auténticas cuando los marinos vuelven en dirección contraria la popa al entrar en puerto 138 ; cada uno hace virar en seguida la nave, y agitada por el flujo y reflujo toca tierra firme; de este modo, en el sentido de la popa, se desliza la Argo de Jasón. Es oscura y sin estrellas desde la proa hasta el mismo mástil, pero en el resto es totalmente [350] brillante. Y su timón 139 , suelto, está apoyado bajo las patas posteriores del Can, que va delante.
La Ballena
Aunque Andrómeda 140 está extendida a no poca distancia por delante, la gran Ballena 141 [355] sigue sus trazas y la hostiga. Pues ella está expuesta al viento del Bóreas tracio 142 , pero el Noto dirige contra ella, hostil, a la Ballena, colocada bajo el Carnero y los dos Peces, un poquito por encima del Río tachonado de estrellas 143 .
El Erídano
Pues allá, bajo los pies de los dioses, corre un simple residuo del Erídano 144 , el río [360] de inagotables lágrimas. Y se extiende bajo el pie izquierdo de Orión; los lazos de las colas, con los que los Peces se juntan por los extremos, se reúnen ambos saliendo de las colas, se entremezclan por detrás de la cerviz de la Ballena, llegando a ser uno solo 145 ; y terminan en una única estrella que está situada [365] en la primera vértebra de la Ballena.
Estrellas anónimas
Otras estrellas, de pequeña magnitud y dotadas de poco fulgor, giran entre el timón 146 y la Ballena, dispersas bajo los costados de la glauca Liebre, sin nombre; pues [370] por su posición no recuerdan los miembros de una figura determinada 147 , como las que, numerosas, recorren alineadas los mismos caminos, mientras que pasan los años. A éstas, un hombre de una generación ya desaparecida, las observó y concibió llamar a todas por un nombre diferente [375] e imaginó una forma bien definida; pues no hubiera podido decir ni conocer el nombre de todas las estrellas de haber estado separadas: hay muchas y por todas partes; se mueven en grandes grupos iguales en tamaño y color, y todas van rotando. [380] También le pareció conveniente reunir las estrellas, de manera que una colocada en fila con otra pueda formar una figura. Desde entonces, las estrellas han sido llamadas por su nombre, y ahora ya no se levanta una estrella entre el asombro, sino que brillan fijas en figuras de limpia traza. Todas las que están bajo [385] la Liebre que huye giran oscuras y sin nombre concreto 148 .
El Pez Austral
Más abajo del Capricornio, bajo los vientos del Noto, está suspendido un Pez 149 , vuelto hacia la Ballena 150 e independiente de los anteriores; le llaman austral 151 .
El Agua
Otras estrellas, dispersas bajo el Acuario, [390] flotan entre la Ballena celeste y el Pez, sin vigor y sin nombre 152 . Cerca de ellas, a mano derecha del resplandeciente Acuario, como una pequeña efusión de agua esparcida [395] aquí y allá, giran otras azuladas y pequeñas 153 . Entre ellas, dos estrellas 154 circulan más visibles, ni muy distantes ni muy cerca la una de la otra; una, bella y grande, bajo los pies del Acuario, la otra bajo la cola de la Ballena azul. A todas estas las llaman el Agua 155 . Otras pocas, desconocidas, giran debajo de los pies delanteros del Sagitario, dispuestas en círculo 156 . [400]
El Altar
Por otra parte, bajo el aguijón ardiente del gran monstruo que es Escorpión, por el lado del Noto, está suspendido el Altar 157 . Mas por poco tiempo podrás advertir que está en la parte superior; pues se levanta opuesto a Arturo 158 . Y [405] la ruta de Arturo es muy elevada, mientras que el Altar se sumerge más rápido en el mar occidental 159 . Pero también junto a este Altar la antigua Noche, que lloraba las desdichas de los hombres, [410] ha colocado un signo preciso de la tempestad en el mar; pues las naves dispersas 160 desagradan a su corazón; además, hizo brillar por otras partes diversas señales, compadecida de los hombres que luchan con las olas. Por eso, en el mar, no desees ver brillar [415] en medio de un cielo envuelto en nubes a esta constelación, despejada y esplendente, mientras que en lo más alto está rodeada por tumultuosas nubes, tal y como muchas veces está abrumada cuando el viento de otoño las empuja. Pues, a menudo, también la misma Noche dispone de esta señal para anunciar el Noto 161 , [420] haciendo un favor a los atribulados marineros. Si ellos hacen caso de sus indicaciones y ponen todo el aparejo en orden, su tribulación es en seguida más liviana. Pero si sobre la nave se precipita de pronto un vendaval terrible e imprevisto y desbarajusta [425] todo el velamen, unas veces navegan completamente sumergidos, otras, si obtienen con sus súplicas que Zeus 162 se acerque a ellos, y si relampaguea por el lado del viento Bóreas, tras sufrir muchas penalidades, no obstante, se pueden ver de nuevo unos a [430] otros sobre la nave. Con esta señal, teme, pues, al Noto, hasta que veas a Bóreas brillar como un relámpago.
El Centauro
Si el hombro del Centauro 163 dista lo mismo del mar occidental como del oriental, y una ligera bruma lo envuelve, y a continuación la noche muestra los mismos signos que sobre el resplandeciente Altar, no debes observar [435] al Noto, sino al viento Euro 164 . Hallarás esta constelación situada bajo otras dos 165 : la parte que se asemeja a un hombre yace debajo del Escorpión, y las Pinzas tienen debajo de ellas su cuarto trasero equino. Se parece, no obstante, a alguien que tiende siempre la mano derecha hacia el redondo Altar. Sobre éste, [440] oprimida por su mano, está sujeta muy fuertemente otra constelación: la Bestia 166 ; pues así es como la llamaron los antiguos.
La Hidra, la Copa, el Cuervo
Todavía más lejos gira otra constelacón: la llaman la Hidra 167 ; ésta, como si estuviera viva, culebrea de cabo a rabo 168 ; [445] su cabeza 169 llega bajo la mitad del Cangrejo, su espiral 170 bajo el cuerpo del León; su cola 171 cuelga sobre el mismo Centauro. En mitad de su espiral está situada la Copa 172 , y en el extremo la figura del Cuervo 173 en acción de picotear la espiral.
Proción
En fin, también Proción 174 brilla maravinosamente [450] debajo de los Gemelos 175 . Tales constelaciones puedes ver, en el discurrir de los años, volver una tras otra en el tiempo fijado; pues todas ellas han quedado engastadas de manera exacta en el cielo como ornato de la noche que se desliza 176 .
Los Planetas
Entremezcladas, otras cinco estrellas 177 , diferentes todas, giran aquí y allá entre las [455] doce figuras 178 . No podrías localizar dónde están situadas con sólo observar las otras, ya que todas cambian de lugar 179 . Largos son los períodos de sus revoluciones, y los puntos de referencia de sus conjunciones están situados lejos los unos de los otros 180 . Y como no estoy muy seguro en lo referente a estas cuestiones, me sentiré satisfecho con exponer los círculos de [460] las estrellas fijas 181 y las constelaciones que los señalan en el éter 182 .
Los Círculos
Son cuatro 183 , como si estuvieran hechos en torno, de los cuales tiene particular deseo y necesidad quien quiera medir el curso de los años. Los rodean a todos de [465] manera evidente numerosas constelaciones que se siguen de cerca de punta a cabo. Los círculos no tienen anchura y están todos unidos los unos a los otros 184 ; pero en tamaño se contraponen dos a dos 185 .
La Vía Láctea 186
Si alguna vez en una noche serena, [470] cuando la celeste Noche muestra a los hombres todas las refulgentes estrellas, y ninguna de ellas se oscurece a causa del plenilunio 187 , sino que todas lucen claramente a través de las tinieblas; si alguna vez la admiración cautivó tu corazón en ese momento al contemplar el cielo dividido en toda su extensión por un ancho círculo, o si algún [475] otro, próximo a ti, te señaló este anillo resplandeciente, sabe que lo llaman la Leche 188 . Ningún círculo gira semejante a éste en cuanto al color; pero en cuanto a la dimensión, dos de los cuatro precedentes son igual de grandes 189 ; los otros dos son mucho más pequeños 190 .
El Trópico del Cangrejo
Uno de estos últimos está cerca del punto [480] de donde desciende Bóreas 191 . Sobre él circulan las cabezas de los Gemelos 192 ; sobre él están también las rodillas del bien plantado Cochero, la pierna izquierda y el hombro izquierdo de Perseo; atraviesa el brazo derecho de Andrómeda por encima del codo: la palma de su mano está por encima del círculo, más cerca de Bóreas, mientras que su [485] codo está orientado hacia el Noto 193 . Los cascos del Caballo, el cuello del Ave con su cabeza, los hermosos hombros de Ofiuco, se deslizan a lo largo del círculo. La Virgen evoluciona [490] un poco más al Sur y no lo toca, pero sí el León y el Cangrejo. Ambos están situados juntos uno tras otro; por su parte, el círculo corta al primero por debajo del pecho y del vientre hasta las ingles 194 , y al Cangrejo, de parte a parte por debajo [495] de su caparazón 195 , donde lo puedes ver cortado en dos por una línea recta, a fin de que los ojos queden uno a cada lado del círculo. Cuando éste se divide, con la máxima precisión posible, en ocho partes, cinco evolucionan de día por encima [500] de la Tierra, y las tres restantes por el lado opuesto 196 ; allí se encuentra el solsticio de verano. Así pues, este círculo está fijado en el Norte y a lo largo del Cangrejo.
El Trópico del Capricornio
Otro círculo, que está en las antípodas 197 , corta al Capricornio por la mitad, y también los pies del Acuario y la cola de la Ballena; sobre él está también la Liebre 198 ; además, no recorre una gran parte del Can, sino sólo cuanto alcanza con las patas. En fin, en él están también Argo, la [505] vasta espalda del Centauro y el aguijón del Escorpión 199 ; y también el arco 200 del tenue Sagitario. Este círculo es el último 201 que alcanza el Sol cuando desciende del sereno Bóreas hacia el Noto, y allí, precisamente, cambia su ruta 202 en el solsticio de invierno. Las tres octavas partes del círculo realizan su revolución en lo alto, y las otras cinco giran bajo la Tierra 203 . [510]
El Ecuador
Entre ambos, tan grande como el de la blanca Leche, rueda bajo tierra otro círculo que parece estar dividido en dos 204 ; en él los días se hacen iguales a las noches dos veces al año: al final del verano y al comienzo de la primavera 205 . El Carnero y las rodillas del Toro [515] están puestos como señal suya: el Carnero 206 se desliza a través del círculo en toda su longitud, pero del Toro tan sólo es visible la curvatura de las patas 207 . Sobre dicho círculo también están situados la cintura 208 del centelleante Orión y la sinuosidad de la flamígera Hidra; sobre él están la tenue Copa, [520] el Cuervo 209 y las escasas estrellas de las Pinzas 210 ; sobre él, en fin, evolucionan las rodillas de Ofiuco 211 . También toma parte del Águila 212 , ya que el gran mensajero de Zeus vuela cerca de él. Sobre este círculo ruedan también la cabeza y la cerviz del Caballo 213 .
El Zodíaco
[525] El eje del mundo dispone en torno suyo, de forma paralela, a los tres círculos y es el centro de todos ellos; pero el cuarto está fijado de manera oblicua 214 entre los dos trópicos, que lo delimitan simétricamente por uno y otro lado, y el de en medio 215 lo corta en dos partes iguales. No de otra manera un obrero instruido en las artes manuales de Atenea hubiese adaptado entre ellos unos círculos [530] giratorios 216 , de este aspecto y de este tamaño, haciéndolos girar a todos en derredor a modo de esfera; así estas ruedas celestes, sólidamente unidas entre sí por un círculo oblicuo, son impulsadas todos los días desde la aurora hasta la noche 217 . Salen y se ponen, paralelamente, todos a la vez; pero es único, [535] a cada lado del horizonte, el lugar del ocaso y del orto, sucesivamente, de todos los puntos de cada uno de ellos 218 . Sin embargo, el oblicuo bordea tanta agua del Océano 219 como rodea desde el orto del Capricornio hasta la salida del Cangrejo: tanto [540] espacio cubre en todos los puntos al salir como al ponerse en el otro lado 220 . Seis veces un radio luminoso tan largo como el que parte de un ojo humano, podría subtenderlo 221 ; y cada uno de estos radios, que son de igual medida, delimita dos constelaciones 222 . A este círculo le dan el sobrenombre de [545] Zodíaco 223 . En él se halla el Cangrejo, a continuación el León y después la Virgen; también se encuentran las Pinzas y el propio Escorpión, el Sagitario y el Capricornio, y después del Capricornio, el Acuario; a continuación del cual se encuentra el resplandeciente asterismo de los dos Peces; después de ellos el [550] Carnero, el Toro y los Gemelos. El Sol los atraviesa a todos, a los doce, en su progresión anual completa, y al marchar en torno a este círculo prosperan todas las fructíferas estaciones 224 . Igual porción de círculo se sumerge en el cóncavo Océano, como gira por encima de la Tierra; todas las noches, sin falta, [555] seis doceavas partes 225 del círculo se ponen, y otras tantas se levantan. Cada noche dura siempre tanto tiempo como la mitad del círculo necesita, a partir de la caída de la noche, para elevarse por encima de la Tierra.
El Calendario
Es conveniente, para quien espera un nuevo día, observar en qué momento sale [560] cada uno de los signos del Zodíaco 226 ; ya que el propio Sol se levanta siempre con uno de ellos. Como mejor podrías observarlos es mirándolos directamente; pero en caso de que estuviesen oscuros por la presencia de nubes o realizasen su orto ocultos por una montaña, procede establecer puntos de referencia fijos [565] para los signos que salen. El mismo Océano, desde cada una de sus vertientes 227 , te podría proporcionar estos signos, los cuales lo coronan por todas partes cuando hace surgir del abismo a cada uno de ellos 228 .
El orto del Cangrejo
No están entre las más débiles las estrellas, [570] que, en su revolución, cuando el Cangrejo sale, lo rodean por ambos lados, unas ocultándose y otras surgiendo por el otro borde. Se pone la Corona y se pone el Pez hasta la espina 229 ; de la Corona en su descenso se puede ver la mitad por encima del horizonte, mientras que los límites del [575] mundo hacen ya descender a la otra mitad. Por otro lado, el que va detrás, vuelto en sentido inverso 230 , sumerge en la noche la parte superior de su cuerpo, no así hasta el bajo vientre. El Cangrejo hace bajar al esforzado Ofiuco desde las rodillas hasta los hombros y también hace bajar a la Serpiente hasta cerca del cuello. Y no se extiende mucho por ambos lados del [580] horizonte Artofílace: la parte más pequeña, de día; la mayor, ya de noche. Pues el Océano acoge al Boyero en su descenso al mismo tiempo que a otros cuatro signos 231 ; y cuando está saciado de luz, se queda hasta después de medianoche para desuncir los bueyes, mientras que se acuesta al declinar el Sol, Estas noches también son llamadas a causa suya «noches del [585] ocaso tardío» 232 . Así se ponen estas constelaciones; pero hay otra que está de frente y nada carente de resplandor, sino que es muy brillante en su cintura y en sus hombros 233 , Orión, confiado en la fuerza de su espada 234 y llevando consigo todo el Río 235 , se extiende desde el lado opuesto.
El orto del León
Con la llegada del León descienden todas [590] las constelaciones que empezaban a ponerse con el Cangrejo; también el Águila. Pero el hombre que está de rodillas hace girar bajo el proceloso Océano, salvo la rodilla y el pie izquierdos, al resto del cuerpo 236 . Salen la cabeza de la Hidra, la Liebre 237 de brillantes ojos, Proción y las patas [595] delanteras del ardiente Can 238 .
El orto de la Virgen
Por cierto, la Virgen con su salida hace descender no pocas estrellas a las profundidades de la Tierra. Se ponen entonces la Lira de Cilene 239 , el Delfín y la bien trabajada Flecha. Con éstos se ocultan el Ave, desde el comienzo de las alas hasta la cola 240 , y las riberas del [600] Río 241 . Se pone la cabeza del Caballo y se pone también su cuello 242 . La Hidra sale en gran parte hasta la misma Copa. Y delante de ésta el Can levanta sus otras patas 243 , arrastrando detrás la popa de Argo tachonada de estrellas. Ésta corre hacia [605] la Tierra, partida a la altura del mástil, cuando la Virgen ha salido en su totalidad por el lado opuesto.
El orto de las Pinzas
No se puede dejar sin mención la salida de las Pinzas, a pesar de su débil luz; ya que la gran constelación del Boyero sale entera 244 , incluido Arturo. Al punto, Argo se erige en su totalidad por encima del horizonte; [610] pero la Hidra, que está muy esparcida por el cielo, carece de cola. Las Pinzas traen sólo la pierna derecha, hasta el [615] muslo, del hombre que está siempre de rodillas 245 , siempre extendido cerca de la Lira, esa figura desconocida entre las imágenes celestes que vemos a menudo, en una sola noche, ponerse y salir por el lado opuesto 246 . De éste únicamente la pierna aparece al mismo tiempo que las dos Pinzas; el resto del cuerpo hasta la cabeza, vuelto en otra dirección, aguarda aún la salida [620] del Escorpión y del Sagitario; pues éstos son los que lo traen: aquél 247 lleva su tronco y todo lo demás, y el Arco 248 la mano izquierda junto con la cabeza. Así gira todo él en tres trozos. Las Pinzas con su llegada hacen salir, además, la mitad [625] de la Corona 249 y la punta de la cola del Centauro 250 En este momento el Caballo esconde su cabeza ya sumergida, y delante de él se arrastra la punta de la cola del Ave 251 . Se oculta la cabeza de Andrómeda 252 . El brumoso Noto coloca frente a [630] ella al enorme monstruo que es la Ballena; frente a él, por el lado de Bóreas, Cefeo en persona hace una señal con su gran mano 253 . Y la Ballena, vuelta del revés, se sumerge hasta la cerviz junto a ella, mientras que Cefeo oculta la cabeza, una mano y los hombros 254 .
Darmowy fragment się skończył.